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LA LEALTAD REVOLUCIONARIA NO ES UNA LEALTAD A CIEGAS

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La lealtad revolucionaria no puede ni debe ser producto de la obtención o satisfacción particular de necesidades materiales, como siempre se acostumbró en el escenario político venezolano, sino que ella debe derivarse de la convicción y del compromiso de cada chavista y cada revolucionario de contribuir efectiva y permanentemente con el establecimiento de un nuevo modelo civilizatorio bajo los ideales del socialismo bolivariano. Entendida de esta forma, la lealtad revolucionaria será por tanto ajena a las imposiciones de una dirigencia sólo interesada en conservar a toda costa su estatus, por lo que no discriminaría los medios a su alcance para descalificar a quienes tienen la osadía de señalar sus errores, su ineficiencia y, lo que es peor, su falta de compromiso real para acometer los cambios que hagan posible la revolución, atendiendo a los reiterados llamados hechos en su momento por el Comandante y Presidente Hugo Chávez para configurar un nuevo Estado (esta vez de índole comunal) y se constituyera en toda su potencialidad creadora y re-creadora el poder popular.

Sin embargo, alguna dirigencia (incluida en ella aquellos que han tenido la “buena fortuna” de ser elegidos o llamados para ocupar cargos gubernamentales de cierta importancia en el ámbito nacional, regional o local) han convertido a la lealtad revolucionaria en una especie de exigencia que ha de cumplirse irrestrictamente, sin opinión propia y a ciegas, por parte de la militancia chavista, por lo que el ejercicio de la crítica y de la autocrítica que recomendara Chávez -salvo que implique elogios y ocultamiento de la realidad- no es permitida, a menos que se quiera merecer la descalificación de escuálido o, sencillamente, de contrarrevolucionario. Esto ha ocasionado que exista un creciente descontento entre muchos chavistas y revolucionarios, lo cual pudiera ser aprovechado oportunamente a su favor por la derecha que busca establecer cualquier circunstancia -inventada o real- para acabar con el proceso de cambios iniciado en 1999 en Venezuela. Tal cosa pareciera hacerse a propósito, dado que las bases chavistas, ya en tiempos de Chávez, así lo advirtieron en muchas oportunidades, a tal punto que un significativo porcentaje expresó su descontento y protesta mediante el voto en algunas de las últimas elecciones celebradas, permitiendo que los grupos opositores retomaran algunos espacios perdidos. De mantenerse inalterable dicha situación, aunada a la ineficiencia y a la corrupción de algunos funcionarios públicos que, prácticamente, se jactan de ello, confiados en que la ley nunca los alcanzará, no es descabellado vaticinar que los sectores contrarrevolucionarios pondrían en serio peligro la continuidad y avances del proceso revolucionario bolivariano socialista al no contar éste con un sólido bloque de apoyo popular. Al respecto, muchos chavistas y revolucionarios ya han alertado al Presidente Nicolás Maduro y a quienes le acompañan en el PSUV sobre lo que pudiera ocurrirle eventualmente al proceso revolucionario bolivariano socialista si no se corrigen a tiempo las inconsistencias, las debilidades y las incompetencias presentes en la gestión de gobierno.

Frente a semejante panorama no queda más que insistir, una vez más, en la necesidad de conformar, activar y movilizar a las diferentes organizaciones sociales que forman parte esencial del poder popular, como los consejos de trabajadores, las comunas y los consejos comunales. Asimismo, habría que fomentar espacios de discusión política y teórica que contribuyan al rearme ideológico de los sectores populares, incitándolos a la recuperación y superación del proyecto revolucionario bolivariano, de manera que éste sea guía constante de sus acciones revolucionarias y constituyentes.-       

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