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LOS TROYANOS DE LA REVOLUCIÓN

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El embate sostenido de una campaña mediática engañosa (dentro y fuera del país), el desabastecimiento planificado, el encarecimiento desmedido de los precios y el incremento (o sensación) de la inseguridad ciudadana, además de la percepción generalizada respecto a la corrupción en que estarían envueltos gobernantes y dirigentes del chavismo, tuvo su impacto, indudablemente, en la intención de voto de mucha gente en estas últimas elecciones parlamentarias en Venezuela; partiendo, quizás, de una visión muy particularizada que le impidió entender lo que se estaba poniendo en juego, de resultar triunfadores los candidatos opositores.

 

Como siempre, una gran parte del chavismo gobernante obviará irresponsablemente las causas reales de los resultados electorales del 6-D y acusará, como otras veces, a factores externos por la derrota sufrida, sin revisar -autocríticamente, como le corresponde asumir a un verdadero revolucionario- tanto su gestión como su comportamiento personal, en sintonía con el discurso aparentemente socialista del cual hace gala en mítines y medios de información. Esto ocurrirá, sin duda, independientemente de su responsabilidad directa o indirecta en este hecho que amenaza con destruir todo lo alcanzado por los sectores populares en Venezuela desde 1999. Es indudable que algunos representantes (destacados o no) de este chavismo gobernante se han dado a la tarea de desviar y truncar el avance revolucionario del pueblo, actuando como verdaderos troyanos de la revolución, controlando la maquinaria estatal y partidista, según su capricho e intereses.

 

Como lo dijera Miguel Ángel Pérez Pirela (conductor del programa televisivo Cayendo y corriendo), ya basta de ver bajo sospecha a quienes hacen críticas a la gestión cumplida, ignorando que el propósito de estas críticas es ayudar a consolidar y profundizar los verdaderos logros revolucionarios junto al pueblo organizado y consciente. No basta con tener el control absoluto de una institución ni de una estructura partidista si se mantiene una postura reformista con el simple deseo de obtener beneficios personales, con un séquito de aduladores alrededor que jamás le harán ver la realidad a quienes ejercen la dirección del Estado y buscarán mantenerlos alejados de aquellos que consideran extremistas o radicales, es decir, peligrosos para sus posiciones privilegiadas, por ser sencillamente revolucionarios.

 

Si habría que cobrarle esta derrota electoral a alguien, tendría que ser, principalmente, a quienes creen que la formación revolucionaria es cosa de una clase de catecismo acrítico, haciendo de la conciencia revolucionaria un elemento opcional, poco útil, y no un elemento altamente necesario para hacer realmente la Revolución Bolivariana. Aparte de ello, a la porfía de los diversos representantes gubernamentales en no producir el cambio estructural del Estado y de la economía rentista, no obstante las constantes arengas del Presidente Chávez para que se actuara a tiempo en tal sentido. Resulta, por lo tanto, absolutamente contradictorio que se hable en cada ocasión contra el régimen capitalista y aún así haya quienes terminan por legitimarlo mediante una conducta materialista y altamente consumista, que es inducida y reflejada, a su vez, entre quienes constituyen las bases populares de la revolución; las cuales optan por esperar todo del Estado y son escasamente estimuladas a la producción por su propia mano, con una visión bastante diferenciada de lo que es el capitalismo. Otra cosa innegable y resaltante es que muchos de estos formadores ideológicos mantienen intacta su formación socialdemócrata y/o socialcristiana, elemento que contribuye a prolongar la existencia del viejo Estado burgués-liberal en lugar de transformarlo de raíz.

 

Quienes quieran saber qué ocurrió en estas elecciones parlamentarias, vuelvan a la lectura y comprensión (si es que alguna vez lo hicieron o intentaron hacer) del Libro Azul, de la Agenda Alternativa Bolivariana, del Plan de la Patria y, para aquellos que militan en el PSUV, del Libro Rojo. Comparen lo que allí está plasmado con la realidad vivida hasta ahora. Especialmente en lo que tiene que ver con la transformación estructural del Estado y del capitalismo rentista que aún imperan en Venezuela, del ejercicio pleno de la democracia directa y el nivel de conciencia revolucionaria del pueblo organizado y consciente.

 

Para los otros que quedamos, nos corresponde recuperar aquella consigna de "propaga, agita y organiza", ya que ésta nunca perdió su vigencia en ningún instante, a pesar del alejamiento de algunos. Esta coyuntura fue anticipada por muchos, así que nos llegó el turno de actuar y de reimpulsar el avance revolucionario logrado, con sus retrocesos y empujones, a partir de 1989, 1992 y 2002, contando esta vez con las experiencias (buenas y malas) adquiridas.-

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