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RAZONAR CON QUIEN NO RAZONA

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Con su violencia irracional de los últimos días, la oposición de derecha -estimulada por las diferentes empresas de la información, la jerarquía eclesiástica católica local y factores extranjeros interesados en incrementar los niveles de desestabilización del país- le demuestra una vez más al pueblo venezolano (como al resto del mundo sensato que observa) que al chavismo le será imposible razonar con quienes no entienden de razones ni están dispuestos a establecer y a respetar algún entendimiento mínimo posible entre ambos sectores, especialmente cuando todo lo negativo que es, piensa y hace lo atribuyen sin diferencia ni miramientos al gobierno y a sus seguidores, haciendo de la mentira una herramienta política cotidiana.

 

Esto desdice muchísimo de su pretendida vocación democrática y pacifista porque no se explica que se pueda lograr una paz y una democracia estables en Venezuela cuando quienes «protestan», aún siendo una minoría, fomentan terror, disturbios, odios y destrucción. ¿Acaso se puede calificar de demócratas a aquellos que desconocen adrede el orden constitucional y pretenden alterarlo para satisfacer sus propósitos particulares, lo que implica, además, despreciar -de un modo racista y clasista superlativo- a los sectores populares que representan la mayoría del país?

 

También vale preguntarse si es lícito y racional que algún «patriota» secunde la loca idea de una invasión armada foránea que destruya al país, únicamente porque no logra su meta «democrática» anhelada de obtener y usufructuar elitescamente el poder. ¿Será que amenazando sádicamente con matar a chavistas y a revolucionarios, como lo hacen saber los opositores a diario a través de las diferentes redes sociales, éstos le permitirán a los chavistas y a los revolucionarios que hagan también en su contra lo que actualmente hacen para tumbar al gobierno?

 

Si alguien osara responder afirmativamente estas interrogantes, sin darle oportunidad a la inteligencia, algo está definitivamente fuera de lugar, evidentemente, y constituye una invitación abierta para que se desencadene una confrontación de clases sociales en Venezuela, posiblemente más atroz que la producida en otras naciones y a lo que pudo ser el Caracazo en 1989.

 

En las circunstancias especiales por las que atraviesa este país, tiene que imponerse, forzosamente, la sensatez en vez de la intolerancia y el odio. Tanto el chavismo gobernante como la misma oposición de derecha tienen que asumir la responsabilidad compartida respecto a la situación de crisis que afecta por igual a todos los venezolanos. Ello no obvia que en medio de estas circunstancias especiales los sectores populares revolucionarios tengan que tomar plena conciencia también sobre la necesidad inmediata de organizarse de manera totalmente diferente y autónoma, contando con un programa revolucionario unitario que les permita llevar a cabo los cambios que se requieren para hacer posible la Revolución Socialista.

 

En relación con ello, los revolucionarios tendrán que deslindarse del reformismo dominante, responsable en gran medida del avance de la derecha y de los demás males que, de una u otra forma, han terminado por generalizarse, como el clientelismo político, la corrupción y la ineficacia gerencial de aquellos que integran el estamento gobernante. Logrado esto, los revolucionarios podrán cumplir con el papel que les corresponde, esto es, contribuir a que el pueblo ejerza realmente su soberanía y no sea más víctima de la manipulación de la demagogia acostumbrada de los dirigentes de la derecha como de aquellos que se dicen revolucionarios, pero que poco se diferencian de sus contendores por el control del poder constituido.-

 

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