Facebook Twitter Google +1     Admin

ABYA YALA Y LA CONSPIRACIÓN PERMANENTE

20170123185206-revolucionariossomosunasolapatria.jpg

Los pueblos de nuestra Abya Yala -desde la época colonial hasta el presente- han estado sometidos a una situación histórica concreta que se manifiesta a través de las diversas estructuras políticas, económicas, sociales y culturales que han prevalecido en medio de golpes de Estado, elecciones representativas, intervencionismo gringo, revueltas y revoluciones, acabando por institucionalizarse. Dicha situación conspira permanentemente contra la posibilidad de alcanzar nuestros pueblos una emancipación integral que les permita acceder a algo más que el mejoramiento de sus actuales condiciones materiales de vida. Trascenderla exige construir una opción auténticamente emancipadora -tanto en lo práctico como en lo teórico-, partiendo de lo existente como realidad en cada uno de ellos aunque concurran similitudes que hagan presuponer que tal opción es aplicable indiferentemente en los mismos, obviando sus peculiaridades; de modo que la estrategia a utilizar para ello cumpla sus objetivos.

 

Con el objetivo de preservar su hegemonía, los sectores (o clases) dominantes -tanto externas como internas- siempre han apelado a los recursos que generen división y confusión entre los sectores (o clases) subordinados. Cuando su eficacia disminuye, originando dudas y protestas entre estos últimos, entonces recurren a las amenazas, la represión y la guerra sucia, de modo que lleguen a aceptar la fatalidad de su destino, es decir, se resignen a no traspasar y, menos, a cambiar el marco de referencia que el que se fundan sus condiciones de vida. En contra de tal situación, quienes promuevan un verdadero cambio revolucionario del modelo civilizatorio vigente tendrán que comprender -aun cuando resulte un proceso lento y, en algunos casos, extenuante, frustrante y prolongado- que la dirección, la organización y la estrategia que apunten a crear el contexto objetivo y subjetivo de la revolución deben contener rasgos inéditos que diferencien sus postulados de todo aquello que se busca transformar.

 

En este caso, siendo la labor de los revolucionarios una labor primordialmente subversiva, orientada a demoler y a sustituir las viejas estructuras del orden establecido, ella debiera ayudar a conseguir que exista una unidad concreta de los diferentes movimientos que los aglutinan -sin perder ninguno de ellos su autonomía, pero todos guiados por planes comunes-, derivada de la claridad teórica y política que tengan sus militantes y/o integrantes para explicarse y explicar el momento histórico que se vive. Con ello, dicha unidad contribuirá a elevar la conciencia y el nivel organizativo de lucha de los sectores populares, pasando a una etapa más avanzada respecto a sus esperanzas y reivindicaciones, plateándose, en consecuencia, la toma del poder.     

 

En palabras de Juan Carlos Scannone, en Filosofía de la Liberación y Sabiduría Popular, «en América Latina son los pobres y empobrecidos -exteriores al sistema de dominación- quienes condensan mejor (junto a quienes, sin ser pobres, optan por los pobres) el éthos cultural, la memoria, la conciencia y el proyecto históricos latinoamericanos, centrados en la solidaridad y la justicia» Algo que supera la voluntad de poder que ha caracterizado (y caracteriza) generalmente el activismo político -sea éste tradicional o insurgente- en nuestra Abya Yala. De ello habrá que extraerse las nociones básicas -sin exclusión ortodoxa de aportes provenientes de luchadores y pensadores de otros lares y tiempos- que le darán forma y contenido a esta opción emancipadora nacida en nuestro continente, venciendo la conspiración permanente del imperialismo gringo, las grandes corporaciones transnacionales y las clases dominantes.-

Etiquetas: , , , ,

23/01/2017 13:52 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

¿ACOMODAMIENTO, ABANDONO O LUCHA REVOLUCIONARIA?

20170123184617-fb-img-14768897133217164.jpg

En Venezuela es innegable que se ha impuesto (o continuado, para ser algo más exacto) un marcado clientelismo político, el cual -sirviéndole de pivote a algunos gobernantes para la conformación de grupos y subgrupos con que arraigar su “liderazgo”- impide que se generen mejores condiciones para que haya una verdadera revolución popular, tanto en su aspecto organizativo como en lo teórico-ideológico. Al respecto, sería pertinente recurrir a las 20 tesis de Política elaboradas por el filósofo argentino Enrique Dussel para afirmar que el poder no es un ejercicio de dominación ni la política una administración burocrática, como se viene concibiendo en las diferentes naciones de nuestra Abya Yala desde sus albores republicanos, cosa que exige e impone la necesidad revolucionaria de modificar la manera y el entendimiento de hacer la política y, en consecuencia, de funcionar el poder, dado que una mayoría de quienes lo ejercen olvidan que éste les es delegado en nombre de la voluntad y los intereses de una colectividad de electores que confió en ellos, otorgándoles su voto.

 

¿Qué entrañaría, entonces, cambiar radicalmente la percepción común que se tiene en relación al modo de hacer política y de ejercer el poder, entendiendo que esto debe enmarcarse en la construcción colectiva de una revolución de carácter popular, socialista y antiimperialista, como lo sería, en este caso, el proyecto de la Revolución Bolivariana? Entrañaría (aunque suene bastante retórico y hasta utópico para algunos, sobre todo entre quienes han perdido su ímpetu revolucionario, decepcionados con la actuación reformista de determinados representantes del chavismo gobernante) oponer la ética de la solidaridad a la lógica del mercado. Es luchar denodadamente en oposición a la ideología imperante, según la cual nada podría cambiar en este mundo sin la anuencia de las elites dominantes. Así, en opinión del afamado pedagogo Paulo Freire, “el discurso de la imposibilidad de cambiar el mundo es el discurso de quien, por diferentes razones, aceptó el acomodamiento, incluso para lucrar con él. El acomodamiento es la expresión del abandono de la lucha por el cambio. Quien se acomoda carece de la capacidad de resistir, o la tiene muy débil. A quien ha dejado de resistir o a quien en algún momento pudo dejar de hacerlo, le es más fácil acomodarse en la molicie de la imposibilidad que asumir la lucha permanente y casi siempre desigual a favor de la justicia y de la ética”.

 

Por consiguiente, aquellos que se muestren incapaces de llevar a buen puerto la revolución popular -con su sustitución de paradigmas- y lo abrume el grave compromiso que la misma representa, también serán incapaces de confiar en la potencialidad creadora (y re-creadora), como sujetos históricos de vanguardia, de los sectores populares, en lucha por su propia emancipación. Entretanto, otros sólo se regocijarán con exhibir un radicalismo pasivo, cuyo rasgo más resaltante consiste en no sumar esfuerzos a una propuesta en concreto que haga viable la conciencia, la organización y la movilización revolucionaria de los sectores populares, con lo que logran afianzar -así sea en una expresión mínima y aparentemente insustancial- todo lo que critican. Será preciso que todo individuo que propugne la revolución socialista esté dispuesto a afrontar las diversas dificultades y desviaciones que pudieran surgir durante su curso de consolidación, conscientes de la eventualidad indudable que afloren inconsistencias y contradicciones, producto de la cultura política tradicional. Por esto es fundamental que, en vez de fortalecer las estructuras socio-ideológicas, políticas y económicas vigentes (creadas según los intereses burgueses, u oligárquicos), se desarrolle y se profundice la organización de un poder popular real, con características raigalmente revolucionarias, y totalmente autónomo respecto a cualquier tutela estatal y/o partidista que se le quiera imponer.-        

Etiquetas: , , , , , ,

23/01/2017 13:45 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN NO ES EL CAPRICHO DE UN SOLO INDIVIDUO

20170123184033-wiki.jpg

Gran parte de la estrategia desestabilizadora fraguada por la oposición y, así no se crea, por el imperialismo gringo, para acabar con el chavismo, saltándose todo tipo de normativa constitucional, legal, ética, moral y democrática existente, tiene como objetivo elemental -aparte del ya antes mencionado objetivo- que exista y se expanda una espiral degenerativa de la situación crítica que vendría atravesando Venezuela en los últimos años bajo la presidencia de Nicolás Maduro.  

 

Lo ocurrido con el desabastecimiento y encarecimiento inducido de una gran diversidad de productos, la falta de dinero en efectivo y el sabotaje de la plataforma de Internet de la banca pública, además del servicio de telecajeros, ocurridos en los meses finales de 2016, confirman las acciones de sectores interesados en que todo esto se agudice más cada día, endosándole la culpa de ello al gobierno de Nicolás Maduro, conscientes del grave daño que todo esto ocasiona a la generalidad de la población venezolana, cuya mayoría ha servido de soporte activo al chavismo durante dieciséis años consecutivos. Otros, siendo empresarios, simplemente buscan aprovecharse de la ocasión y así obtener ganancias. A éstos se unen quienes se la dan de “vivos”, explotando la necesidad padecida por sus mismos semejantes; confiados unos y otros en que ninguna ley les afectará o sancionará debido a la corrupción de las autoridades (civiles, militares y policiales) encargadas de hacer valer su estricto cumplimiento.

 

Al igual que años antes con el Presidente Hugo Chávez, la oposición ejecuta un golpe de Estado continuado (lo que otros identifican como guerra asimétrica o de cuarta generación y, también, golpe blando), dirigido principalmente a afectar a los sectores populares, de modo que estos se alcen en contra del chavismo gobernante y favorezcan un cambio de régimen. Sin embargo, con lo que no ha contado la dirigencia opositora es con la pertinaz resistencia popular para aceptar sus pretensiones, en vista que, a pesar de su discurso demagógico y de la notoria inconsistencia revolucionaria de muchos representantes del chavismo gobernante, la mayoría de los venezolanos no cree en sus ofertas engañosas.

 

Esta situación debiera motivar acciones puntuales entre quienes figuran como dirigentes del chavismo (al margen, incluso, de sus verdaderas convicciones ideológicas) antes que mantenerse en diatribas mediáticas que sólo sirven para promoverse a sí mismos y causar divisiones en las bases populares. Obviarla sería brindarle a la oposición en bandeja de plata la oportunidad de lograr mayores espacios, así como contribuir -de uno u otro modo- al incremento del descontento que podría anidar la población respecto a todo lo que viene ocurriendo. Pero, sobre todo, debiera conducir a propuestas y esfuerzos organizativos entre los revolucionarios que se concreten en la activación de un poder popular realmente revolucionario, socialista e independiente.

 

Cuando se proclama la urgente necesidad de una revolución popular se debe comprender que ésta no surge por simple capricho de uno o más individuos resentidos (o predestinados). Ella es fruto directo de las múltiples contradicciones e injusticias que caracterizan al sistema-mundo imperante, el cual, a pesar de las elecciones que se celebren y la adopción cada cierto tiempo de medidas coyunturales con que se busca aliviar las presiones reivindicativas de los sectores populares, no termina por satisfacer realmente las aspiraciones de todos, en un mismo nivel y al mismo tiempo. Por ello es importante determinar cuáles son los detonantes de una revolución y, en consecuencia, una vez iniciada, trabajar colectiva, creativa y denodadamente por lograr la transformación estructural que requiere, insoslayablemente, el modelo civilizatorio vigente, en beneficio de todos y no en beneficio exclusivo de una minoría privilegiada.- 

Etiquetas: , , ,

23/01/2017 13:40 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

MADURO: ¿SIMPLE ENROQUE O VIRAJE DECISIVO?

20170123183429-ajedrez-politico.jpg

A fin de cumplir efectivamente con las instrucciones impartidas por Nicolás Maduro al momento de juramentarlos como su nuevo tren ministerial en este comienzo de año, los «nuevos» integrantes del gobierno tendrían que propiciar un viraje decisivo y sostenido respecto al modo cómo se maneja el Estado y las diferentes relaciones de poder que, desde sus entrañas, se originan y condicionan la forma de ser y de hacer de los venezolanos.

 

Tendrían que romper con las viejas estructuras vigentes y trascender la disyuntiva que se le presenta a todo proceso revolucionario: estimular la organización de un poder popular (revolucionario, constituyente e independiente) o, contrariamente, negándose a sí mismo, inclinarse por el reforzamiento del Estado liberal burgués tradicional. Se trata, por lo tanto, de un reto definitorio que, de existir verdadera voluntad política y compromiso revolucionario por parte de quienes tienen la responsabilidad de dirigir las diferentes instituciones del Estado, representaría un avance importante en lo que sería la profundización del proyecto revolucionario bolivariano.

 

Sin embargo, en su contra existe un elemento que entorpece y hará fracasar este cometido: la burocracia. Un elemento que, de no haber de por medio esta voluntad política y compromiso revolucionario, hará que continúen las contradicciones, debilidades e inconsistencias (aparte de la corrupción existente desde largo tiempo en todas las instancias gubernamentales) que le permiten fortalecer su presencia y acciones a los sectores de la contrarrevolución. Por eso es fundamental que el nuevo tren ministerial elabore y ejecute políticas socioeconómicas dirigidas a darle consistencia a la actuación revolucionaria de los sectores populares organizados como primera línea de defensa de lo que sería la Revolución Bolivariana, gracias a lo cual estos podrán derrotar los efectos negativos del sabotaje económico y productivo al que se ha visto sometido desde hace ya tres años de parte de los grupos oligárquicos opositores y sus aliados internacionales en su persistente esfuerzo por derrocar al sucesor de Chávez.

 

Esto sería lo ideal, considerando que el chavismo requiere con sentido de urgencia renovar sus cuadros dirigenciales y concretar la transformación estructural que contempla, de modo general, el proyecto histórico de la Revolución Bolivariana Socialista; antes que la situación caótica termine por extenderse, acrecentándose el malestar y la desesperanza entre el pueblo. Además, a Maduro y a quienes le acompañan en las diversas tareas de control del gobierno les corresponde saber interpretar adecuadamente la protesta legítima de los sectores populares contra males y necesidades específicos en vez de descalificarla, sin indagar sobre sus causas, atribuyéndosela a factores de la oposición. Por otra parte, es vital que los diversos movimientos sociales y políticos revolucionarios lleguen a comprender cabalmente que ya no es suficiente con proclamar una unidad revolucionaria que, la mayoría de las veces, no pasa de ser un elemento meramente retórico y/o electoralista. Hace falta apelar a la construcción orgánica -desde abajo y en todos los frentes de lucha posibles- de una estructura de coordinación colectiva, basada en procedimientos y actuaciones de carácter consejista que conlleven al logro efectivo de tal unidad.

 

En función de ello, hay que comprender que, además, bajo la lógica perversa del capitalismo, la estructura social se ha diversificado a tal punto que no resulta ninguna novedad «descubrir» categorías y subcategorías sociales existentes en el mundo contemporáneo. Esto, ya de por sí, representa un alto desafío. Desconocer dicha realidad será continuar manejando los esquemas simplistas y legitimadores que moldearon el actual modelo civilizatorio, o sistema-mundo; por lo que toda acción o iniciativa debiera orientarse al logro efectivo de los cambios revolucionarios que marcarán transformación estructural definitiva, no únicamente superar alguna coyuntura, a semejanza de lo que haría habitualmente cualquier gobierno para asegurar su continuidad o legitimidad frente a sus adversarios.-

 

Etiquetas: , , ,

23/01/2017 13:34 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

OTAN-COLOMBIA, ¿UN PELIGRO INMINENTE?

20170123182219-otan.jpg

No resulta ninguna novedad el anuncio hecho por el presidente José Manuel Santos respecto al acercamiento o acuerdo que adelantaría oficialmente su gobierno con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ya que tal cosa él lo había dado a conocer tiempo atrás. Según lo afirmado por el ministro de defensa, Colombia no pretendería formar parte de la OTAN, pero sí lograr que sus Fuerzas Armadas sean más modernas, transparentes y entrenadas en tecnologías, en «lucha contra el crimen organizado y acceso a la información». Este es el argumento que se esgrime.

 

Pero, para algunos gobiernos de la región, esta decisión del presidente Santos representa una seria amenaza a la paz continental, a la que se agrega el hecho que las fuerzas armadas de Estados Unidos se hallan presentes -con inmunidad incluida- en territorio colombiano. Al respecto, se debe advertir que la OTAN -como ha sido evidente en los últimos tiempos- tiene como puntos elementales de su agenda de seguridad la lucha contra el terrorismo internacional, la proliferación de armas de destrucción masiva, la piratería y la ciberdefensa; algo que amplía enormemente su teatro de operaciones, más allá de lo que sería, estrictamente, el océano Atlántico norte, abarcando la totalidad del planeta.

 

Como se sabe, ahora el papel de la OTAN se orienta a obviar las diferencias regionales y a establecer vínculos y/o mecanismos de consulta y operaciones combinadas con gobiernos con los que compartan intereses comunes. En el caso del convenio militar suscrito entre Estados Unidos y Colombia muchos analistas anticipan la posibilidad que el Comando Sur de EE.UU. (SOUTHCOM) decida utilizar, por ejemplo, Palanquero –una base colombiana a la que tienen acceso las tropas gringas– como un corredor aéreo de la OTAN para su desplazamiento desde América del Sur a África, considerando que las estructuras militares de un Estado miembro y las de la OTAN estarán siempre interrelacionadas, por lo que una base de EE.UU. en cualquier país del mundo también lo sería de la OTAN.

 

Visto en un amplio espectro de eventuales escenarios, la decisión colombiana le abriría las puertas a una injerencia militar imperialista en cualquier parte de nuestra Abya Yala, convirtiendo el Atlántico Sur en una nueva zona de guerra, en defensa de los intereses capitalistas y geopolíticos de los poderes hegemónicos que integran su comando, tal como ocurrió con la disputa entre Inglaterra y Argentina por la soberanía de las islas Malvinas durante la cual el gobierno gringo desconoció la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), parcializándose con su par inglés. Lo cierto es que la dupla Colombia-OTAN no deja de ser una realidad, justamente en un momento histórico donde los pueblos de nuestra Abya Yala luchan por acceder a niveles democráticos, sociales y económicos que les faciliten vivir de mejor manera.

 

Un momento histórico que también se caracteriza por la reacción victoriosa de la derecha en varias naciones, recuperando el poder constituido. Además, queda pendiente lo que será el nuevo gobierno de Estados Unidos presidido por Donald Trump, sin que se descarte la posibilidad que éste continúe la política injerencista de sus antecesores en la Casa Blanca.

 

Ante ello, los movimientos populares y revolucionarios de nuestro continente tendrán que articular acciones en defensa de la soberanía de cada una de nuestras naciones; incluso, independientemente del signo ideológico de sus gobiernos. Esto abarcaría, necesariamente, la constitución de redes informativas alternativas e independientes que revelen la verdadera realidad de los diversos acontecimientos que ocurren en toda la extensión de nuestra Abya Yala, de modo que nuestros pueblos lleguen a entender sus causas y sus consecuencias, creando sus propios discursos y realidades, desechando todo lo impuesto durante siglos por las élites dominantes. Quizás entonces situaciones como la creada por la intención del gobierno colombiano de establecer vínculos con la OTAN dejen de ser decisiones de gobiernos dedicados a preservar los intereses de las clases dominantes y sea posible la realidad de un continente libre de guerra y de hegemonía imperialista.-

Etiquetas: , , , ,

23/01/2017 13:22 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

LOS AUTOGOLES CHAVISTAS Y LA SUPUESTA CAÍDA DE MADURO

20161220224509-autogol.jpg

Pese a que el gobierno se jacta de haberle propinado un golpe contundente a las mafias que lucraban con los billetes de cien bolívares en la frontera colombo-venezolana, obligándolas a «devolverlos»- a un porcentaje creciente de la población le invade todavía la sensación que éste se halla en un callejón sin salida o, en el más benévolo de los casos, se mueve en medio de un mar de contradicciones que conspiran contra sí mismo, facilitándole las cosas a sus enemigos internos y externos.

 

Algunos no lo perciben así y desmienten tal aseveración tomando en cuenta la movilización y concentración logradas este 17 de diciembre en Caracas, pero ello no rebate la realidad caótica que se vive en Venezuela, lo que obliga a plantearse nuevos escenarios y nuevos actores que permitan resolver, así sea coyunturalmente, lo que está ocurriendo. Al respecto, cabe admitir que gracias a las inconsistencias, debilidades, desviaciones, inmadurez y sectarismo políticos exhibidos de una u otra forma por el chavismo gobernante, la oposición de derecha pudo remontar su situación de minusvalía hasta alcanzar la fisonomía y el nivel actuales, con el control de la Asamblea Nacional y la desestabilización económica como partes esenciales de su estrategia para derrocar a Nicolás Maduro y adueñarse de todo el poder constituido, (incluida la administración de la apetecida renta petrolera).

 

Los descuidos y el triunfalismo del chavismo gobernante allanaron la vía para que los opositores recuperaran el aliento perdido en 2002, no obstante sus múltiples errores y su falta de tino para saber aprovecharse de la ocasión de desestabilización creada por ellos desde hace mucho tiempo. Mientras esto ocurría, las bases populares -atendiendo las exhortaciones del Presidente Hugo Chávez- procedían a organizarse, enfrentando en muchos casos la resistencia del funcionarado «chavista» que, a la usanza y semejanza de sus antecesores puntofijistas, poco o nada se muestra comprometido en hacer realidad la Revolución Bolivariana y menos a subordinarse al nuevo paradigma que supone el ejercicio -con características constituyentes- de una democracia consejista, directa, participativa y protagónica.

 

Sin embargo, lo anterior no significa que el proyecto de la Revolución Bolivariana esté hundiéndose. Existe un alto porcentaje de chavistas y de revolucionarios que siguen aferrados a la vieja idea de producir una verdadera revolución popular socialista en este país, lo que le concede al chavismo una posibilidad abierta de rectificar y reimpulsar revolucionariamente lo alcanzado hasta la fecha.

 

La «caída» de Maduro no se produciría por este motivo y hasta se podrá afirmar sin exageración alguna que tampoco por las acciones desquiciadas de la oposición. Su eventualidad depende de la superación pronta de las ambigüedades y falta de firmeza que corroe en general al chavismo gobernante. Pero, más importante aún es que los sectores populares logren comprender cuál es el verdadero papel que les corresponde desempeñar en la superación de los escollos que lo impiden y asumir entonces la construcción colectiva de esta revolución popular socialista, de una manera horizontal y diversificada.-

Etiquetas: , , ,

20/12/2016 17:45 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA AGENDA PRIMORDIAL DE CADA REVOLUCIONARIO

20161216162645-grcp.jpg

La generalidad de las veces se obvia que la demanda de los sectores populares de mayores atribuciones estatales para la solución puntual de los problemas y necesidades que los agobian es una parte consustancial al modo como se constituyó el Estado moderno y cómo ha sido entendida y practicada la cultura política de los dos últimos siglos. Nada debiera extrañar entonces que el pueblo haga exigencias constantes al estamento político gobernante, en razón que éste también alimenta sus ilusiones al hacerle creer -y casi exclusivamente- que todo dependerá de las decisiones paternales de quienes ejercen el poder; correspondiéndole al pueblo un papel pasivo, sin mucha inherencia en lo que se haga o se deje de hacer a nivel gubernamental.

 

Ello dificulta que, al proponerse echar adelante una revolución socialista (con la instauración de unos nuevos paradigmas que marquen la diferencia respecto al sistema-mundo imperante, a través del ejercicio cotidiano de una democracia consejista, directa, participativa y protagónica) ésta llegue a reflejarse plenamente en la organización, la formación teórica y la movilización revolucionaria autónoma de los sectores populares. Tal dificultad sólo podrá superarse de existir, igualmente, la intención de descolonizar y emancipar la conciencia popular, ya sea por medio de la educación o de una revolución cultural que permita revelar a todos la realidad de las diferentes condiciones de dominación que, hasta ahora, han caracterizado sus vidas, mayormente sometidas al imperio de la lógica capitalista. Esto demanda una acción decidida de quienes intentan llevar a cabo la revolución socialista. Sus parámetros, por tanto, no pueden ni deben igualarse -hasta donde sea posible, sin considerarlo nunca irrealizable- a aquellos que le han facilitado a las clases dominantes conservar y ejercer su hegemonía. Hará falta, insoslayablemente, educar al pueblo (sin pretensiones mesiánicas) de modo que él por sí mismo empiece a generar sus propias expresiones organizativas (políticas, económicas, culturales, sociales y militares), haciendo suyo, realmente, el conocido concepto de la soberanía popular, pero esta vez sin el componente demagógico de la política tradicional.

 

Ciertamente, muchos revolucionarios, también adoctrinados con la ideología de las clases dominantes, quizás adolezcan de la creatividad y de la formación teórica que exige tal tarea, pero ello no sirve de excusa alguna para que sean indolentes y no se esfuercen en tratar de lograrlo. En esto consiste la Revolución (con mayúscula), como lo definió magistralmente el Comandante Fidel Castro Ruz: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”. Contentarse con logros parciales, rompiendo algunas barreras que signifiquen inclusión, justicia social y equidad económica para los sectores populares antes discriminados y explotados, podrá enmarcarse en lo que son cambios revolucionarios, innegablemente, pero no es suficiente para que comprenda una revolución de estirpe verdaderamente socialista.

 

Es decir, evitar el reformismo, utilizando las mismas armas melladas del capitalismo, como lo advirtiera en su momento el Che Guevara. Se debe precisar, en consecuencia, las desventajas que supone el mantenimiento de las viejas estructuras del Estado burgués liberal para el avance y la consolidación de un proyecto revolucionario, dirigido -nominalmente- a transformar radicalmente el orden establecido. En tal sentido, la agenda primordial de cada revolucionario no debe contemplar nada más que la toma del poder constituido, conservarlo y realizar una distribución más equitativa de la riqueza social. Como efecto inmediato del conocimiento de estas desventajas, se ha de trabajar denodadamente porque los sectores populares rescindan para siempre su condición de minusvalía a que fuera acostumbrado, dejando de ser sujetos subordinados para erigirse como sujetos históricos de su propia emancipación, solventando por sí mismos los problemas y las necesidades que los aquejan; dando origen, además, a nuevas relaciones de poder, lo que estaría orientado a la construcción de un modelo civilizatorio de nuevo tipo.-    

 

Etiquetas: , , , ,

16/12/2016 11:26 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA OPOSICIÓN Y LOS BILLETES DE A CIEN BOLÍVARES

20161216162415-images.jpg

Quienes vaticinan situaciones peores para el país y critican la medida del presidente respecto a poner fuera de circulación legal los billetes de 100 bolívares son los mismos que comparten la idea de utilizar la crisis económica como herramienta política para acabar con el chavismo y toda expresión revolucionaria en Venezuela, además de aquellos que son artífices de todo lo ocurrido en esta materia en los últimos tres años.

 

Nada extraño resulta que lo hagan en vista que ellos no han aportado ninguna solución efectiva al grave problema que padece el pueblo, perjudicándose su poder adquisitivo, a pesar de elevarse el sueldo mínimo y el bono alimentario o de haberse implementado los Clap, de manera que no exista un mayor nivel de crisis y de desabastecimiento de productos básicos para las familias venezolanas. Al contrario de lo que pudiera esperarse de la gente de la oposición, ésta se ha afanado en tratar de destruir toda posibilidad de progreso y de recuperación económica de nuestra nación, creando matrices de opinión negativas que dan cuenta de una situación interna insegura e inestable para la inversión de capitales extranjeros, a lo que se une también la conspiración de gobiernos de la derecha que se plantearon la exclusión de Venezuela de Mercosur, alegando razones políticas sin bases suficientes.

 

Todo esto en conjunto nos demuestra a los venezolanos (y al mundo exterior) que no hay voluntad política ni una propuesta seria de parte de la oposición de ayudar a solventar los diversos problemas que confrontamos a diario, atribuyéndole sin mucho fundamento toda la responsabilidad de lo que pasa al gobierno de Nicolás Maduro. Incluso, azuza a gremios y sectores de la sociedad para que cerquen al gobierno con sus demandas, imponiendo un estado de ingobernabilidad donde los más afectados son, como siempre, los sectores populares, lo cual se incrementaría gracias a la ineficiencia y la corrupción de algunos funcionarios públicos, civiles, policiales y militares, que sólo velan por sus intereses particulares mientras el resto de la ciudadanía se queda en la intemperie, sin confianza en ninguna autoridad.

 

Por eso, a la oposición apátrida no le cae nada bien que Maduro asuma medidas, así sean algo tardías o de efectos moderados, que vayan en favor de los venezolanos, especialmente de los sectores populares, pues su obsesión compulsiva de tomar el poder la lleva a poner en práctica cualquier plan que precipite el caos en nuestro país y entonces salirse con la suya, es decir, ejercer el poder en función de sus propios intereses y del imperialismo gringo, a través de sus grandes corporaciones transnacionales que la respaldan financieramente desde hace ya diecisiete años consecutivos.-

 

 

Etiquetas: , , , ,

16/12/2016 11:24 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿UN «OBLIGADO» PASO ATRÁS DEL CHAVISMO?

20161208163420-soldado-sovietico-copia.jpg

No obstante haber innumerables reflexiones críticas -todas válidas e igualmente importantes aunque difieran mucho entre sí- en torno a lo que es y ha sido el proceso de cambios producido en Venezuela, existe la tendencia generalizada entre el chavismo a no prestarle demasiada atención a lo que realmente impulsaría, de un modo más efectivo, la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas del actual modelo civilizatorio; es decir, a la teoría revolucionaria para lograr, justamente, la revolución bolivariana. Tal tendencia es percibida por muchos como el factor que fracturaría al chavismo (más que la estrategia opositora), haciendo posible que éste dé un paso atrás, tratando de mantener sus cuotas de poder, al modo de cualquier élite tradicional, sin llegar a producir -en consecuencia- ninguna revolución.

 La mayoría de los chavistas, por lo general, tiende -pese a los reiterados llamados de Hugo Chávez a la lectura crítica de la historia y a la formación teórica revolucionaria sostenida- a asumir un papel extremadamente pragmático, especialmente en época electoral, en la puesta en marcha de las Misiones sociales o cuando se hace necesaria una movilización popular que sirva de alguna forma para repeler el ímpetu desestabilizador de los grupos opositores; algo relevante, pero que deja en evidencia un flanco descuidado que es aprovechado por quienes solo están motivados por satisfacer sus intereses personales. Como respuesta y resistencia a esta última situación, desde lo interno del chavismo tendría que manifestarse en toda su dimensión creadora, subversiva y constituyente una revolución, cuyo objetivo fundamental sea trastocar y abolir las relaciones de poder habituales, las mismas que han perdurado a través de la historia y que representan un serio obstáculo a vencer si se mantiene vigente la idea colectiva de lograr una revolución de características socialistas.

Esto, por supuesto, agudizará las tensiones y contradicciones entre aquellos que ostentan el poder (al estilo poco diferenciado de sus antecesores adecos y copeyanos) y quienes, desde las bases, pugnan para que la revolución bolivariana se convierta en una realidad irreversible, sin verse disminuida o afectada significativamente por las agresiones de la derecha y de su mentor principal, el imperialismo gringo. Sin la disposición de una teoría política y una concepción teórica del poder que faciliten vías diversas para la construcción de una sociedad de nuevo tipo, se hará más difícil la posibilidad que haya una comprensión más cabal del por qué ocurre lo que ocurre actualmente en Venezuela y de los esfuerzos que tendrán que hacerse a favor del bienestar integral de la población.

Muchos pasan por alto, quizás irreflexivamente, lo que hizo posible a Hugo Chávez y al chavismo. Olvidan que fue la insurgencia de un pueblo largamente postergado en sus aspiraciones democráticas e igualitarias; un pueblo reprimido y manipulado por una élite parasitaria combinada de políticos demagogos, empresarios vividores del Estado, clérigos legitimadores del orden establecido, militares adoctrinados por la tenebrosamente célebre Escuela de las Américas y sindicaleros que siempre estuvieron pendientes de su propio bienestar que el de los trabajadores que decían representar.

Esta insurgencia, sin embargo, no fue algo inmediato. Fue una insurgencia popular que se fue fraguando a través del tiempo. Unas veces de una forma ruidosa, violenta y espontánea, como las originadas por diversas reivindicaciones (laborales, sociales, estudiantiles) y, en un mayor grado, el «Guarenazo», mejor conocido como el «Caracazo», del 27 de febrero de 1989. En otras, silenciosamente, replegándose sobre sí mismo, autoorganizándose y siempre resistiendo a través de sus diversas expresiones culturales; deslegitimando con su aparente anomia al statu quo regimentado bajo el pacto de Punto Fijo.

En el presente, esa misma insurgencia continúa latente. Para algunos, ella se halla contenida en la polarización aparente entre el chavismo y la oposición, cosa que es reforzada a diario por los distintos medios de información, tanto a favor como en contra de uno u otro bando, dando así por descontada la posibilidad de otras opciones político-partidistas. No obstante, la realidad cotidiana parece contradecir dicha polarización aunque intereses de por medio quieran hacerle creer al mundo todo lo contrario.-

Etiquetas: , , , ,

08/12/2016 11:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿DE QUÉ SE PROTEGEN EE.UU. Y EUROPA?

20161208160310-latinos-vs-trump-pinche-gringo.jpg

Las cúpulas dominantes de Estados Unidos y Europa occidental -mayormente integradas por quienes representan a grandes corporaciones transnacionales capitalistas- han sabido cultivar y explotar a su favor el miedo u odio de la población a todo aquello que sea diferente. Una cuestión nada novedosa, dados los antecedentes históricos de la persecución y muertes de millares de fieles judíos, gitanos, anarquistas y comunistas, acusados de todos los males padecidos en su sociedad; sobre todo, en las naciones europeas, quedándole a los estadounidenses la nada honrosa «misión» de linchar en su territorio a aborígenes, negros, chicanos e inmigrantes «ilegales» por atreverse a anhelar (¡seres “inferiores”!) el disfrute de una cuota del sueño «americano».

 

En la actualidad (en realidad, desde hace ya varias décadas) el capitalismo corporativo transnacional ha enfilado todo el arsenal de su industria ideológica para convencer a los ciudadanos del mundo, ya no sólo de sus países de origen, que no les quedará más opción para sobrevivir que sacrificar sus derechos inalienables en las aras del mercado capitalista neoliberal. En función de esta meta, gobiernos y organismos multilaterales, tales como la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, coinciden en recomendar e imponer recetas económicas que merman enormemente la vigencia del Estado de bienestar como fórmula infalible para recuperar las deterioradas economías nacionales. El ejemplo más claro de esto es Grecia, víctima por igual de la ineficacia de diversos gobiernos y de la voracidad empresarial capitalista. No es casualidad, por tanto, notar elementos y circunstancias comunes en uno u otro lado del planeta que plantean la necesidad de confrontar y sustituir al capitalismo en todas sus variantes o expresiones.

 

El unilateralismo globalizador capitalista adopta así mecanismos de legitimación que le aseguran un desenvolvimiento menos traumático, a pesar del innegable impacto causado por el cese o disminución de la inversión gubernamental en materia social, de la desigualdad social, del incremento de los índices de desempleo y del endeudamiento externo. Todo esto tiende a expandirse a todas las naciones, creando en muchos casos la ilusión del desarrollo. Una ilusión del desarrollo según la cual todos los ciudadanos tendrían las mismas oportunidades, pero sin que lleguen a disfrutarlo de una igual manera y, sobre todo, al mismo tiempo, por lo que tendrán que fijarse en sus propios intereses y no en los colectivos. Por ello, la pregunta es pertinente: ¿de qué se protegen EE.UU. y Europa?

 

Evidentemente, se protegen de la oleada de inmigrantes provenientes de las naciones periféricas del sistema capitalista, mismos que han sido -de una u otra manera- expoliados por éstos durante siglos, terminando desalojados de sus propios territorios sea por acción directa de las grandes corporaciones transnacionales o por el efecto atroz de las guerras que éstas han promovido para asegurarse el control de los recursos naturales estratégicos de sus países. Las cúpulas dominantes de Estados Unidos y Europa, simplemente, resguardan sus fronteras y se aseguran de continuar disfrutando, como siempre, las delicias materiales producidas por la explotación y la dominación sobre el resto de la humanidad.- 

Etiquetas: , , ,

08/12/2016 11:03 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

La práctica revolucionaria no es cualquier práctica

20161208155815-revolucionariossomosunasolapatria.jpg

En correspondencia con lo escrito por Karl Marx en 1843 respecto a que «la teoría logra realizarse en un pueblo sólo en la medida en que es la realización de sus necesidades» habría que afirmar -revalidando lo señalado por Lenin en su tiempo- que la teoría revolucionaria no será posible ni verificable sin una adecuada práctica revolucionaria. Es decir, si no resulta complicado entenderlo, la práctica revolucionaria no podría circunscribirse estrictamente a lo que sería una gestión típica de gobierno y/o el reclamo constante de reivindicaciones de todo tipo (sin menoscabar su importancia), puesto que ello será actuar en el terreno movedizo del reformismo, sin proponerse mayores metas y, menos, avances que permitan hablar con propiedad de una revolución popular y socialista en marcha.

Esto es algo que comúnmente se pasa por alto a la hora de exigírseles a algunos revolucionarios destacados en el estudio, el debate, la difusión y la formación teórica que se dediquen a la práctica; desdeñándose el papel que ellos cumplen, habida cuenta de los efectos perdurables de la ideología de las clases dominantes que podrían aflorar a cada rato en la mentalidad de los sectores populares, haciendo dificultoso, por consiguiente, la construcción socialista.

Bajo este esquema, la práctica revolucionaria no es, ni podrá ser, cualquier tipo de práctica, sino aquella que, de un modo subversivo y constituyente, contribuya a demoler las viejas estructuras y subestructuras sobre las que se asienta el orden establecido. Es una práctica orientada a definir y a enriquecer las luchas tendentes a modificar radicalmente todo lo existente, no únicamente al ejercicio y fiel cumplimiento de las reglas de juego impuestas por las élites gobernantes y/o dominantes. Caer en esto autolimitaría enormemente la capacidad popular de impulsar y de protagonizar cambios revolucionarios en función de asegurar su propio destino y beneficio, como tendrá lugar en el desarrollo y la consolidación de una revolución verdadera. Al respecto, «es necesario -como lo refleja Ludovico Silva en su Teoría del Socialismo Humanista- guiarse por una teoría que sea expresión de la práctica social en la que vivimos». Este detalle es muy importante a la hora de determinar qué clase de teoría revolucionaria y qué clase de práctica revolucionaria es la que encaja con nuestro objetivo de llevar a cabo una revolución popular y socialista, diferenciándola en todos los aspectos a lo que distorsionada e históricamente se identifica como tal. Algo poco sencillo, ciertamente, pero que no se puede ni se debe eludir por razones diversas, aún las de Estado que suelen invocarse para eliminar cualquier eventual cuestionamiento a quienes conforman el estamento político gobernante. Volviendo a Ludovico Silva y su obra citada, «no se trata, digámoslo de una vez, de la idea simple de que la cátedra o el libro se conviertan en instrumentos subversivos, aunque en un momento dado pueda ser ello conveniente. Se trata, más bien, de que el hombre que enseña teorías a través de una tribuna pública, enseñe también la relación que hay entre sus teorías y la práctica social. Si se procede de acuerdo a este criterio, la enseñanza será forzosamente una actividad práctica revolucionaria, pues será la enseñanza de la verdad, y la verdad, como la belleza, es siempre revolucionaria, aunque sólo sea por el hecho de que no persigue el falseamiento ideológico, sino la denuncia científica, que es un modo de despertar a las conciencias».

Por eso, lo aseverado por Marx en relación a que «los filósofos no han hecho sino interpretar de diversas maneras el mundo, se trata ya de transformarlo» tiene que insertarse en esa búsqueda y compartir de saberes que debe propiciarse de forma constante a lo interno de las diferentes organizaciones que promueven la Revolución. Y al mencionar a los filósofos hay que entender que eso no excusa a todo aquel dotado con algún grado de conocimiento, académico o no. Pero, es pertinente aclarar, asimismo, que esta transformación del mundo no puede propiciarse bajo los mismos esquemas de desarrollo del llamado mundo moderno, dominado en gran parte por la lógica perversa del capitalismo. Esto no disminuye del todo los aportes que se pudieran extraer y utilizar del conocimiento general del cual somos todos receptores, cosa que se extiende, lógicamente, a lo propio en el campo revolucionario. La práctica revolucionaria, en tal caso, habría de comprenderse como aquella que se cuestiona, se enriquece y se revisa a la luz de los cambios revolucionarios que origina, logrando que éstos se hagan irreversibles y, por tanto, tengan repercusiones significativas en relación al modelo civilizatorio de nuevo tipo que se estaría erigiendo mediante un poder popular actuando de forma totalmente autónoma, subversiva y constituyente.-

Etiquetas: , , , , ,

08/12/2016 10:58 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL CHAVISMO Y LA OMISIÓN DE LA LUCHA DE CLASES

20161208154619-img-20161115-215919-copia.jpg

Muchos chavistas y revolucionarios han omitido -posiblemente de forma involuntaria, concediéndoseles el beneficio de la duda- que la lucha de clases y la movilización popular fueron elementos claves en los triunfos electorales consecutivos obtenidos por Hugo Chávez desde 1998, incluso en aquellos momentos coyunturales cuando los grupos de la oposición propiciaron y cristalizaron un golpe de Estado y un paro patronal, estimulados por Estados Unidos y su sed de poder.

 

Esta omisión propició que, de una u otra forma, el clientelismo político y la consiguiente conformación de una maquinaria electoral exitosa -representada inicialmente por el Movimiento V República (MVR) y, ahora, por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), resaltando ambos por encima del resto de partidos políticos identificadas con el chavismo-, ocasionaran la desmovilización popular. Esto sería aprovechado por la oposición de derecha, trastocando así la correlación de fuerzas que se inclinaba en su contra, lo que se manifestó en el control actual de la Asamblea Nacional, relegando al chavismo a un papel defensivo frente a la denominada guerra económica. Durante este tiempo, la oposición avivó -mediante una campaña mediática insistente, aunada a la crisis de abastecimiento y de especulación desmedida de productos- cierto descontento colectivo respecto a la efectividad del gobierno de Nicolás Maduro para paliar la nueva situación crítica padecida por el pueblo.

 

Si se hubiera entendido medianamente la necesidad de afrontar la lucha de clases en Venezuela de una forma sostenida, posiblemente no existirían las circunstancias por las que atraviesa el proceso de cambios revolucionario. Incluso, el gobierno de Maduro habría tenido una mejor posición para atajar, de manera contundente, las intenciones opositoras de desalojarlo del poder.

 

También pudo servir de escenario para definir el rumbo económico y teórico a seguir, teniendo en cuenta la exigencia de construir el socialismo bolivariano como una opción válida y factible frente a la lógica perversa del capitalismo y sus relaciones de producción y consumo. Algo que es determinante y está ligado, asimismo, al compromiso de disminuir enormemente la dependencia de la renta petrolera y tender al logro de una diversificación tangible de la economía nacional, como tantas veces fuera anunciado.

 

 

Ahora, con una economía sometida a la acción inmoral de bachaqueros y empresarios (internos y externos), que responden a intereses políticos, que se amplía con la carencia de dinero en efectivo (sometiendo a los ciudadanos a una usura legalizada que pareciera aceptarse ante la imposibilidad de alternativas inmediatas por parte de las autoridades), los chavistas y los revolucionarios debieran enarbolar, sin desechar lo adelantado por Chávez, una nueva referencia revolucionaria que contemple y garantice la posibilidad irrecusable de consentir que sea el pueblo quien ejerza el poder de un modo protagónico en lugar de permitir el empoderamiento de fracciones burocráticas político-partidistas que sólo actuarían en su propio beneficio.

 

En su análisis “La implosión de la Venezuela rentista”, Edgardo Lander determinó que “el gobierno del Presidente Chávez, lejos de asumir que una alternativa al capitalismo tenía necesariamente que ser una alternativa al modelo depredador del desarrollo, del crecimiento sin fin, lejos de cuestionar el modelo petrolero rentista, lo que hizo fue radicalizarlo a niveles históricamente desconocidos en el país. En los 17 años del proceso bolivariano la economía se fue haciendo sistemáticamente más dependiente del ingreso petrolero, ingresos sin los cuales no es posible importar los bienes requeridos para satisfacer las necesidades básicas de la población, incluyendo una amplia gama de rubros que antes se producían en el país. Se priorizó durante estos años la política asistencialista sobre la transformación del modelo económico, se redujo la pobreza de ingreso, sin alterar las condiciones estructurales de la exclusión”.

 

Sin embargo, en descargo de Chávez, éste había expuesto en el preámbulo del Plan de la Patria que “la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista”, por lo que el proyecto revolucionario en construcción tendría que estar “direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo.”

 

Aún con este importante detalle en contra, que se enlaza con la acción quintacolumnista de muchos burócratas, poco o nada involucrados con el chavismo o, en su defecto, con la simple gestión gubernamental, anclados como están en sus espacios de confort; los revolucionarios y los chavistas podrían emprender una estrategia orientada a la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas que caracterizan el viejo orden establecido. Éste sería, está demás decirlo, un buen momento para emprenderla y hacerla posible.-  

Etiquetas: , , ,

08/12/2016 10:46 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

TRUMP, ¿UN APOCALIPSIS MENOS DESTRUCTIVO?

20161117172008-imperialismo-sin-dolares-copia.jpg

A vuelo de pájaro, la elección del multimillonario Donald Trump como el sucesor de Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos ha sido catalogada como una revuelta de la población “blanca, anglosajona y protestante” (en algunos casos, percibida como una minoría) contra las élites políticas, económicas y financieras identificadas con el capitalismo neoliberal, cansada de ser víctima constante de sus manipulaciones y demás acciones para asegurar sus patrimonios particulares y/o grupales en detrimento de los ingresos, necesidades e intereses de la amplia masa laboral estadounidense. En consecuencia, su discurso antiglobalización tuvo un primer efecto en el ánimo de esta población, pero no podría interpretarse, a priori, como algo totalmente en su contra.

 

Atendiendo a sus palabras durante la campaña electoral, con Donald Trump en la Casa Blanca, según lo vaticinan algunos estudiosos del tema, todos los proyectos de la restauración económica neoliberal a nivel global podrían desbaratarse en función de una política económica nacional más proteccionista y, por ende, aislacionista. Así, los tratados de libre comercio que promovieran y suscribieran los gobiernos posteriores a la era de Ronald Reagan fueron satanizados y culpados de suprimir una cantidad considerable de puestos de trabajo tuvo su eco efectivo en las áreas más empobrecidas de Estados Unidos, lo que -de algún modo- sirvió para apuntalar el ascenso de Trump a la presidencia estadounidense.

 

Adicionalmente, la postura conservadora del nuevo presidente ha hecho suponer el inicio de un período que hará retroceder y limitar muchos avances en materia de derechos humanos. Por ejemplo, Emilio Marín, en su artículo “Un ‘remedio’ peor que las enfermedades del imperio”, describe que “dentro y fuera de EE UU el resultado supone un espaldarazo a políticas de derecha y ultraderecha, de limitación de los derechos civiles y avances elementales en cuestiones como el aborto, cambio climático y matrimonio igualitario, exacerbación de la xenofobia, sobre todo contra los mexicanos y musulmanes (estos, ‘el último orejón del tarro’ para el magnate y sobre lo cual los medios mucho no hablan) y la vilipendiada mujer, tocable y violable”.

 

Claudio Katz, por su parte, hace notar que “el nuevo presidente exhibe con orgullo su condición de potentado y reforzó la idealización del capitalista que impera en Estados Unidos. Reavivó también la fábula que asimila el éxito en los negocios con la capacidad para dirigir un país”.  Sin embargo, como lo menciona Katz, “olvidó recordar cómo refutaron esa creencia los últimos millonarios que habitaron la Casa Blanca”. Esto, obviamente, tendrá sus repercusiones en el caldo de cultivo explosivo que representa la gigantesca crisis política y social que embarga desde hace varios años a los Estados Unidos y, más allá de sus fronteras nacionales, a todo el sistema imperialista mundial, envuelto en toda clase de acciones intervencionistas y agresiones militares contra gobiernos y naciones opuestos a sus designios hegemónicos.

 

No hay que olvidar que desde hace siglos, el imperialismo gringo ha explotado e inculcado el excepcionalismo o destino manifiesto que les concierne por la gracia divina para civilizar al mundo; lo que podría precipitar una situación quizás más extrema y belicista frente a las dos potencias que ahora le disputan la hegemonía global a Estados Unidos, Rusia y China, lo mismo que con aquellas naciones que han sido objeto de su constante atención, entre ellas algunas pertenecientes a nuestra Abya Yala.  Nada de esto significa que Trump sea un apocalipsis menos destructivo que el simbolizado por Hillary Clinton, incluyendo al saliente premio Nobel de la “paz”, Obama, con su estela de destrucción, violación de derechos humanos (dentro y fuera de suelo estadounidense) y guerras imperiales.-  

Etiquetas: , , , ,

17/11/2016 12:18 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

IMPERIALISMO, OPOSICIÓN Y REFERENDO

20161116173121-img-20161115-215841.jpg

Como cuestión habitual en ellos, los dirigentes de la oposición repiten el esquema de la manipulación mediática y del autoengaño para desmentir, a propósito de la realización de las mesas de diálogo con representantes del gobierno venezolano, el fracaso de su estrategia para acabar de modo definitivo con el chavismo mediante la convocatoria y celebración del referendo revocatorio en 2016. Con esto pretenden, evidentemente, evitar que ocurra una masiva desbandada de sus seguidores (sobre todo, de los extremistas “espontáneos” que hay en sus filas), decepcionados al no ver unos resultados inmediatos y concretos que colmen sus aspiraciones revanchistas. La situación actual, ubicados en el ojo del huracán de la opinión pública en general, pendiente de sus posturas ambivalentes, lejos de hacerlos desistir de sus propósitos, los induce a fijarse acciones lindantes con el terrorismo, como única opción a la mano para obligar a Nicolás Maduro a dimitir, teniendo en cuenta las recomendaciones de Gene Sharp en su manual de guerra no convencional, aprobadas y financiadas por Washington; todo lo cual no exime la posibilidad que sigan usando el referendo revocatorio como excusa, a pesar de la imposibilidad legal de formalizarlo en lo que resta del año, para mantener así un ambiente de protestas y de violencia política que pueda extenderse por todo el país.

 

Para el imperialismo gringo -con Barack Obama aún de inquilino de la Casa Blanca- esta situación luce oportuna e ideal para socavar las bases de apoyo del chavismo en Venezuela, aprovechando las debilidades mostradas en el área productiva que, sin embargo, no han mellado tales bases con la fuerza suficiente que permitan pronosticar su total derrumbe. Por tal motivo, enfila sus baterías mediáticas cada vez que percibe el agotamiento de la estrategia opositora, incluso haciéndose partícipe -desde lejos- del diálogo propiciado por Maduro con la oposición, brindándole un estímulo compartido con otros personajes de la farándula y de la derecha internacionales que obvian situaciones aún más conflictivas y abiertamente contrapuestas al ejercicio de la democracia y al respeto de los derechos humanos -como “normalmente” acaece en Estados Unidos, Palestina, Yemen, Siria, México, Argentina y España- sin dar lugar a unas actitudes similares al respecto.

 

Alfredo Serrano, en “Geopolítica de América latina: entre la esperanza y la restauración del desencanto”, explica que "el pesimismo reinante en algunas filas autodenominadas ’progresistas o de izquierdas’ allana el camino para aquellos que realmente sí desean la restauración conservadora. Los momentos de vacas flacas son siempre propicios para aquellos que se apean en la siguiente parada. El desencanto creciente en nuestras filas abona el terreno para el retorno de las carabelas en versión siglo XXI. Esto sería conceder demasiada ventaja al enemigo en estos tiempos de disputa. La crítica es bienvenida siempre y cuando venga acompañada de búsqueda de soluciones, de motores generadores de nuevas esperanzas, sin terminar cediendo al chantaje del desencanto". Esta mella renueva los bríos contrarrevolucionarios, elevando la confianza opositora en que el final del proceso revolucionario está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, pareciera presentarse una especie de pausa que trastocaría los planes de la derecha en Venezuela, dado el triunfo electoral de Donald Trump, franqueando el paso a especulaciones diversas respecto a sus posibles acciones como presidente de Estados Unidos; lo que serviría al chavismo en el gobierno -de saber interpretarlo y aprovecharlo de forma adecuada, con un respaldo popular activado en todas las esferas de la vida nacional- para contener y vencer las intenciones de quienes propician su eventual caída.-

Etiquetas: , , , ,

16/11/2016 12:30 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA DE DOS: O CAPITULAMOS O RECAPITULAMOS

20161116172633-img-20161115-215919-copia.jpg

Es necesario que los revolucionarios de nuestra Abya Yala sean capaces de luchar por crear un mundo posible donde quepan muchos otros mundos (al decir de los zapatistas y de otros demandantes de la alteridad) no puramente el que ahora habitamos, donde sólo es permitido y estimulado el ‘american way life’ como muestra avanzada de civilización y de modernidad. Uno de los objetivos que debiera imponerse, por tanto, cualquier proyecto de emancipación revolucionaria es refutar y derrotar la hegemonía euro-yanqui que ha pretendido, desde hace cinco siglos, representar a todo el mundo mediante una universalidad y una modernidad que sólo se ajustan a los patrones emanados de Europa y Estados Unidos, gracias a los cuales a estos les correspondería la misión de civilizar al mundo bárbaro que no conoce lo que es la libertad, la libre economía y la democracia, permitiéndose reconfigurar, incluso, sus fronteras nacionales en función de optimizar sus supremos intereses geopolíticos y económicos. De allí que sea inaplazable fraguar -hasta donde ello sea factible, siendo conscientes, por supuesto, de las múltiples dificultades y de las limitaciones que la misma implicaría- la construcción de una fundamentación teórica de una nueva lógica (anticapitalista y antipatriarcal), de unos nuevos paradigmas y, en general, de una nueva cultura social, económica y política; extraídos de la realidad específica de las naciones nuestraamericanas, pero que no por eso suprimiría completamente la realidad experimentada en común con los demás pueblos periféricos del planeta.    

 

En tal sentido, es fundamental entender que “en América latina nos encontramos -tal como lo describe Juan José Bautista Segalés en su obra ¿Qué significa pensar desde América Latina? Hacia una racionalidad transmoderna y postoccidental- en una coyuntura histórica sin igual en la cual estamos empezando a producir no sólo otra idea de economía, política y sociedad, sino también el conocimiento con el que esta otra idea de vida, distinta de la forma de vida que los modernos nos han impuesto durante 500 años, sea posible. Ya no basta con producir los conceptos y categorías con los cuales hacer inteligible, pensable y posible este otro proyecto. El problema no está en cuestionar solamente el capitalismo, el modelo neoliberal o, si se quiere, el socialismo real del siglo XX, sino en problematizar y criticar la racionalidad que los presupone y les da sentido, para no recaer en lo que siempre criticamos y que queremos superar”.

 

Tal cuestión impone no escasos desafíos conceptuales, además de prácticas que evidencien la posibilidad real de concretarlos. Es importante comprender, además, que una revolución que se plantee reemplazar el sistema capitalista por uno más enfocado hacia los seres humanos y la naturaleza, estableciendo una simbiosis beneficiosa para ambos, lo cual no podría lograrse si aún se apela a la racionalidad que lo engendró y justifica, aun cuando se diga que es parte del cambio sugerido y anhelado por muchos a nivel mundial. Ante tamaño reto no sería extraño que algunos claudicaran mientras otros, quizás, sencillamente recapitulen y retomen la lucha bajo unos nuevos parámetros, esta vez mejor compenetrados con la realidad particular de cada pueblo y/o nación. Ello resulta más urgente cuando se observa la arremetida de los grupos y gobiernos conservadores de derecha, incluyendo triunfos electorales y los denominados golpes blandos -en lo que se considera el final del denominado ciclo progresista, tomando en cuenta lo ocurrido en Argentina y Brasil, buscando extenderse a Bolivia, Ecuador y Venezuela- en contra de las reivindicaciones de los sectores populares, restaurando y reelaborando el esquema neoliberal capitalista que tutelaba, hace tres décadas atrás, la economía mundial, sobre todo en los países de nuestra Abya Yala.

 

Este último escenario (que algunos perciben irreversible) obliga a los revolucionarios a definir posiciones. Una de dos: o capitulamos o recapitulamos. No podría confiarse en algo intermedio al respecto, si no existen criterios precisos que permitan ahondar y darle continuidad a un proyecto de transformación estructural que abarque la totalidad del modelo civilizatorio vigente. Tal cosa exige, obviamente, determinar los cambios que se harán en el campo político y su reflejo inmediato en lo económico, de manera que exista una compatibilidad entre ambos, trascendiendo el marco reformista tradicional. Pero ello requiere en todo momento que los sectores populares adquieran plena conciencia del rol histórico que les tocará cumplir para alcanzar sus aspiraciones de emancipación integral, organizándose de forma independiente en relación al Estado, con sus propias normativas y liderazgos, sin que esto signifique caer en un idealismo que, luego, al no producir resultados tangibles, haga que muchos se decepcionen y abandonen la lucha, reflejándose en la desmovilización social y el abstencionismo electoral que asegurarían -eventualmente- la restauración de las clases oligárquicas y proimperialistas.-      

Etiquetas: , , , , ,

16/11/2016 12:26 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris