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LA DOLARIZACIÓN DE FACTO DE VENEZUELA

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La dolarización de la economía venezolana -pese a los esfuerzos del gobierno nacional para impedirla, antes y ahora- se inició prácticamente con la campaña orquestada desde los diferentes medios de comunicación de los sectores de la ultraderecha, implantando un clima ficticio de inestabilidad económica apoyado por páginas como DolarToday, que permitió incrustar un dólar paralelo a su total conveniencia. Simultáneamente, se desarrolló una espiral descontrolada de acaparamiento, especulación y contrabando de productos de primera necesidad que han afectado, principalmente, a la población de menor poder adquisitivo, una porción de la cual se ha visto obligada a emigrar a otras naciones donde el trato recibido no es el mejor de todos, dada la xenofobia desatada en su contra, incluso desde instancias oficiales.

 

Como parte de su estrategia, la derecha local (estimulada y asesorada desde el exterior) inventó un culpable. Inmediatamente, la burguesía parasitaria señaló al gobierno como único responsable de la crisis que ella misma ideara y aupara. Sus más conspicuos representantes se dieron a la tarea de contactar a gobiernos (liderados por Estados Unidos) que incrementaran la presión sobre Venezuela, de modo que Nicolás Maduro se viera obligado a dimitir como única alternativa para sacar al país de los graves aprietos en que éste se halla. Esta degradación sistemática de la gobernabilidad y de la economía venezolanas -causada, como ya se sabe, por los enemigos del chavismo, pero también, no hay que dudarlo, ni porqué negarlo, por la codicia, la ineficiencia y la falta de visión política de muchos de sus principales actores- ha permitido que la dolarización sea un asunto cotidiano entre venezolanas y venezolanos, en tiempos pasados ajena al vaivén de los tipos de cambio de divisas extranjeras y, ahora, víctima de la especulación diaria de empresarios, con base en lo que el dólar sería respecto al bolívar; cuestión ésta que no se corresponde con la realidad, ya que la hiperinflación tiende a incrementarse más por razones particulares que por efecto del alza del dólar. Ahora esta misma oposición, estrechamente ligada a los factores de poder hegemónico estadounidense, se presenta ante el país como la única capaz de solucionar la crisis que ha tratado de agudizar por todos los medios, lo que, según sus propósitos, forzaría a los sectores populares a alzarse contra el chavismo, consintiendo revertir totalmente la situación creada por este durante estos últimos veinte años.

 

Refiriéndose a este tema, Pascualina Curcio, en su artículo “Nuevo orden económico mundial”, describe que “la hegemonía del dólar es un arma poderosa no solo por el dominio que puede ejercer Estados Unidos al tener el control del suministro de la moneda a nivel mundial y las transacciones financiera que con ésta se realicen, sino que, además, basar el sistema monetario en la ‘la confianza’ y no en activos reales y palpables, le ha permitido al país norteamericano accionar otra de las armas imperiales más poderosas: el ataque a las monedas de los países que no se alinean a sus intereses. Manipular los tipos de cambio resulta más sencillo cuando el precio depende de una variable tan etérea como es la fiducia”. Siguiendo el curso de esta aseveración, tendría que aceptarse que, pese al modelo económico fomentado por el chavismo, nominalmente socialista, la economía venezolana no alcanzó independizarse de esta hegemonía del dólar; al contrario, se estimuló la inversión de empresas transnacionales, sobre todo petroleras, con sede en Estados Unidos. A la par de ello, muchos gobernantes chavistas fundaron empresas bajo el esquema capitalista y, por ende, sometidas a las fluctuaciones de la moneda gringa, creando un escenario enteramente contrario a sus discursos. No es extraño, entonces, que la dolarización pregonada por varios dirigentes opositores tuviera alguna posibilidad de concretarse, llevando al país a lo que sería un inevitable callejón sin salida. No obstante, en medio de esta realidad, todavía cabe pensar en la perspectiva (nada ilusoria) de una democracia económica, incluso sin renegar del todo del capitalismo (para escándalo de algunos), en lo que sería la promoción de las economías productivas en sus niveles regionales y locales, con pequeños y medianos empresarios, además de emprendedores populares, más que basar cualquier medida en la flexibilización laboral y el apoyo financiero brindados a las grandes empresas, nacionales o extranjeras.

 

Esto exige que el liderazgo político del país (chavista y opositor) entienda como mínimo que la salida de la crisis creada impone la adopción de medidas orientadas a la producción interna, en especial de insumos agrícolas, medicinas y alimentos, evitando la libre importación de rubros que se elaborarían en Venezuela. Es decir, comprender la importancia de la producción social, lo que tendría un peso significativo en la economía venezolana si no se coarta su autonomía y no se le somete al absolutismo de engorrosos procedimientos administrativos que rezagan y frustran su pleno funcionamiento. Otro tanto debiera hacerse en lo que respecta a las diversas empresas en manos del Estado, poniendo al frente de las mismas a personas idóneas para su manejo en vez de activistas o simpatizantes del gobierno que solo se contentan con asumir el cargo, careciendo del perfil requerido y de la conciencia revolucionaria para medianamente entender el gran compromiso a asumir para hacerlas realmente productivas y sacarlas adelante, en bien de todos los venezolanos. -                

 

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01/10/2019 09:46 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

¿CONCIENCIA SOCIAL-ECOLOGISTA O IRRACIONALIDAD CAPITALISTA?

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Con un liberalismo pragmático individualista, cuya manifestación mejor acabada es Estados Unidos (superando en muchos aspectos al originado en Europa siglos atrás), resultaría difícil lograr -a corto plazo- que las fuerzas productivas y las relaciones de producción sirvan de catapultas para la emancipación integral de las personas y no continuar siendo, como hasta ahora, los factores que hacen posible su dominación y enajenación. Esto -a grandes rasgos- impondría la obligación de poner en práctica una conciencia social, humanista y nada centrada en un interés egoísta y mercantilista sino impulsado por una sana aspiración de justicia e igualdad sociales, intrínseca de toda lucha popular. Esto, a su vez, convertiría al pueblo en arquitecto de su propio destino, construyendo, en consecuencia, su propia historia, de manera consciente, sin las ataduras creadas por el capitalismo y el Estado burgués vigentes.

 

Dicha conciencia social y humanista, por otra parte, debe ser producto de una autotransformación humana constante, de modo que ella revolucione la realidad circundante, pero bajo parámetros novedosos que no entren en contradicción con el objetivo primordial de erigir un modelo civilizatorio de nuevo tipo; lo que implica trascender el marco limitado de los reformismos económicos y/o políticos con que se prolonga la existencia del viejo orden establecido. Así, las relaciones capitalistas de producción y de explotación del hombre por el hombre tenderían a eliminarse, en un periodo de tiempo que no puede fijarse de antemano, si no hay de por medio una acción revolucionaria coherente por parte de sus víctimas principales: los sectores populares. En este caso, se debe comprender que no podría proyectarse, perseguirse y alcanzarse un desarrollo multilateral, integral y emancipatorio, en beneficio de la sociedad y de cada individuo, manteniendo intactas las estructuras y valores que le dan vida al sistema capitalista. De ello da cuenta la historia de la extinta Unión Soviética, lo que debiera ser materia de estudio de todo aquel que pretenda llevar a cabo una revolución anticapitalista, democrática y profundamente humanista, a fin de no repetir (de forma inconsciente) sus mismos errores, omisiones y desviaciones.

 

Lejos de disminuir, esta resistencia global  tiende a multiplicarse, ahora con más fuerza al corroborarse las consecuencias apocalípticas de la continua acción depredadora del capitalismo sobre todos los recursos naturales existentes en nuestro planeta. Pese a la represión, la intimidación y el asesinato de dirigentes sociales y políticos comprometidos con dicha resistencia, esto último constituye el fundamento principal que anima la misma, cuestión que ha sumado a más personas, especialmente jóvenes, en una cruzada que une, o vincula, la defensa de los derechos humanos con la preservación apremiante de la naturaleza. Frente a ella, el capitalismo es el máximo responsable. En consecuencia, aun aquellas personas que en nada quieren identificarse con alguna tendencia político-ideológica, han terminado por entender que éste debe ser transformado antes que su voracidad cause un mayor desastre ecológico al causado durante más de un siglo. Esta toma de conciencia, llevada a una escala superior, motivaría la puesta en marcha de una cooperación global como jamás se vio en toda la historia de la humanidad. Con pueblos y gobiernos unidos en una misma causa. Gracias a ello, quizá, puedan cambiarse de raíz algunos paradigmas del modelo actual de sociedad, lo que valdría llamar una verdadera revolución, gestada entre todos, pero principalmente por quienes han sido víctimas reiteradas de la irracionalidad capitalista. -   

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24/09/2019 12:41 Homar Garcés #RyS. ECOLOGÍA No hay comentarios. Comentar.

LA REBELIÓN PLEBEYA ANTE EL CAPITALISMO GLOBAL

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El orden de dominación (el régimen hegemónico del capital, para una mayor precisión) confronta sin un éxito total el desorden causado por la rebelión plebeya (protagonizada por los excluidos, política, económica, social y culturalmente) alrededor del planeta. Esta -a pesar de la dispersión de las luchas- es una amenaza que frecuentemente le impone reacomodos a las clases dominantes con que conjurarla, producto, entre otras cosas, de las crisis cíclicas que sufre el capitalismo, las cuales suelen arrastrar consigo a los países periféricos y dependientes, cargando éstos con el mayor peso de tales crisis. Sobre esta base, el profesor Diego Guerrero, al prologar el libro “Valor, mercado mundial y globalización” de Rolando Astarita, opina que “los problemas que tiene la humanidad no derivan de la violencia y el poder políticos, sino de su base económica: el capitalismo”. Una certeza que, poco a poco, se ha extendido a un contingente creciente de personas ante el carácter excluyente y destructivo de semejante sistema.   

Lejos de manifestarse en beneficio de la satisfacción de las necesidades colectivas, el crecimiento capitalista global se orientó al enriquecimiento superlativo de unos pocos, a tal grado que sus fortunas particulares superan en mucho los presupuestos juntos de varias naciones. La expansión ilimitada del capital -en su acepción y praxis neoliberales- ha marcado también una profunda diferenciación en relación con la soberanía de muchos países, especialmente los ubicados en el rango de países subdesarrollados y dependientes, que se ven obligados a acatar las “recomendaciones” del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, las cuales, generalmente, obedecen a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales antes que a un deseo humanitario por solventar las crisis económicas por las que éstos atraviesan; lo que -al final de cuentas- contribuye a una mayor dominación monopólica de economías, recursos naturales, bienes y servicios contra la que, dicho sea de paso, poco o nada lograrían hacer, de manera aislada, dichos países al estar obligados a minimizar sus problemas de producción, de miseria y de desempleo.

De todos es conocido que la vacua esperanza sembrada hace más de tres décadas atrás por los apologistas del capitalismo neoliberal supuso la posibilidad, en un corto plazo y a manos llenas, de alcanzar el mismo grado de desarrollo de Europa occidental, Japón, Canadá y Estados Unidos. Nada de esto ocurrió. La pobreza, el desempleo, la carencia y el encarecimiento de servicios públicos (en manos del sector privado) y, por añadidura, la incapacidad del Estado para resolver la acuciante problemática social fueron el resultado de la implementación de este capitalismo neoliberal. Entonces, como ahora, se obvió que la reproducción de tal capitalismo es factible mediante la explotación indiscriminada de la plusvalía producida por trabajadoras y trabajadores, además de los recursos naturales, sin que en ello medie un atisbo de moralidad, ni la pretensión real de una distribución más equitativa. De esta forma, el capital pasó a tener una preponderancia aún mayor que en el pasado respecto a lo que representan la naturaleza y los seres humanos. Sin embargo, muchos lo consideran un mal necesario e insalvable, sin el cual el desarrollo anhelado seguirá siendo una quimera. A estos se agregan quienes, aparentemente, desde la acera de enfrente, comparten los ideales socialistas, dispuestos a secundar, bajo control estatal, toda media en esta dirección, cuestión que sólo ha servido para ensanchar también las brechas socio-económicas existentes.

Algo que suele pasarse por alto es el hecho que el interés que mueve al capital es su propia expansión. En palabras del filósofo italiano Giordano Amgaben, “la separación entre lo humano y lo político que estamos viviendo en la actualidad es la fase extrema de la escisión entre los derechos del hombre y los derechos del ciudadano”, que se expresa en que todo lo colectivo tenga que claudicar ante el interés individual del capital, imponiéndose, en consecuencia, que una minoría decida por su cuenta, prácticamente, el destino de la humanidad entera. A la falta de un modelo económico coherente que permita superar las crisis recurrentes del sistema capitalista y resarcir las necesidades y las dificultades sufridas por los sectores populares, se impone que éstos tiendan a su autogestión, a través de formas organizativas propias y articuladas entre sí, cuyas relaciones -obviamente- se diferencien de las relaciones sociales de producción y de las estructuras de poder y de explotación generadas por dicho sistema. En otras palabras: definición y construcción de un verdadero poder popular. -        

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18/09/2019 13:13 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EN POS DEL PENSAMIENTO DESCOLONIZADO DE NUESTRA AMÉRICA

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Transcurridas las primeras décadas del presente siglo, se puede repetir con igual intención lo que el Apóstol de la independencia cubana, José Martí, dijera sobre los gobernantes yanquis: “Creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho: ‘esto será nuestro, porque lo necesitamos’. Creen en la superioridad incontrastable de la ‘raza anglosajona contra la raza latina’. Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india, que exterminan. Creen que los pueblos de Hispanoamérica están formados, principalmente, de indios y de negros”. En razón de semejante derecho, los imperialistas gringos enarbolan la doctrina Monroe y su “destino manifiesto” para usufructuar a su libre antojo las riquezas naturales y mantener una hegemonía indisputable sobre los mercados existentes al sur del río Bravo. Con la finalidad de asegurar tal cometido, se procede a la negación de lo autóctono, de las raíces históricas de nuestros pueblos mestizos -en complicidad con las clases dominantes endógenas- lo que significa negarles el derecho de reconocerse en su propia historia, y aceptándose fatalmente, en consecuencia, como válida la estrategia de occidentalización de nuestra América, la cual -entre otras cosas- apenas permite visibilizar algunas manifestaciones artístico-culturales bajo la clasificación genérica de tradiciones y folklore. Esto se acentuó con la implantación del modelo capitalista neoliberal, haciéndose creer que es imprescindible (e ineludible) desprenderse de cualquier tipo de identidad localista o nacionalista para acceder, por la puerta grande, al ansiado mundo desarrollado del capitalismo contemporáneo.

En abierto contraste con esta realidad recurrente de nuestra América (víctima, primero, del colonialismo y la expoliación de España y, luego, del neocolonialismo y la expoliación de Estados Unidos) se impone, como ya lo determinaran algunos estudiosos de tal realidad, la búsqueda incesante y diversificada de un pensamiento autónomo que, sin dejar de estar enlazado con el pasado de luchas de los sectores populares marginados, sea también cosmopolita. Ahondando algo en este punto, a la globalización neoliberal habría que oponérsele una globalización emancipatoria contrahegemónica, entendida como una globalización plural y pluralista, contraria al pensamiento único que acompaña a aquella, por lo que se requiere una alta dosis de creatividad, innovación, herejía y subversión. Esto pasa, igualmente, por el reconocimiento entre los diversos movimientos que la integren de nexos afines, sin perder por ello su autonomía.

¿Contra qué podría rebelarse este pensamiento autónomo y, por tanto, descolonizado de nuestra América? En primera instancia, contra la alienación y la cosificación de las cuales son objeto sus pobladores bajo el régimen capitalista, en lo que representa -por sus muchas implicaciones- un formidable desafío en el orden teórico. Luego, quizás de una manera más inmediata, se haría lo propio respecto al ejercicio de la democracia, partiendo del cuestionamiento reiterado de sus deficiencias y formalidades. En esta reflexión, podría recurrirse a lo producido intelectualmente desde nuestra América, incluyendo, entre otros aportes producidos en esta vasta región, lo relacionado con la teoría de la dependencia,  liberación, la teología de la liberación y la filosofía de la liberación, en lo que conformaría un conjunto de búsquedas de cambios dirigidos a una emancipación más plena e integral.

Como parte de este proceso en pos del pensamiento descolonizado de nuestra América, habría que entender y afianzar la política bajo una nueva concepción, esto es, hacer de ésta un proyecto ético, en vez de la práctica tradicional de control de la ciudadanía o como escenario de lucha de intereses encontrados. Lo mismo habrá que entender respecto a lo social como práctica política. De acuerdo con Leonardo Boff, habrá que forjar una ciudadanía activa que se exprese creadoramente en una serie de dimensiones que permitan concretar un modelo civilizatorio verdaderamente humanizado: 1) Político-participativa, 2) económico-productiva, 3) popular-incluyente, 4) con-ciudadana, 5) ecológica y 6) terrenal. Es, en resumidas cuentas, una subversión generalizada en abierta oposición a la hegemonía del capital y su garante, el Estado burgués-liberal, en todas sus formas. Esto impulsaría una radicalización profunda de la práctica y el concepto de la democracia desde el punto de vista de lo social, en lo que sería más bien una teorización ecologista, pragmática además, ajena a las diversas estructuras de poder vigentes; lo que implica poner en marcha un serio cuestionamiento de las mismas y la búsqueda de opciones válidas que contribuyan efectivamente al logro de la descolonización cultural-ideológica y, por ende, a una liberación menos retórica (y más real) de los pueblos de nuestra América. - 

 


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03/09/2019 12:14 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

EL CHAVISMO COMO CONSTRUCCIÓN IDEOLÓGICA DE NUEVA GENERACIÓN

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Tal cual se ha considerado al leninismo como el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, el chavismo podría presentarse como la postura bolivariana del período histórico correspondiente a la lucha por obtener y completar la absoluta descolonización de Venezuela, esta vez en un amplio sentido cultural y económico, así como de emancipación política frente a la hegemonía imperialista de Estados Unidos (ejercida sin mucha oposición a lo largo de la geografía nuestraamericana) y de la construcción y práctica de una nueva clase de democracia, la democracia participativa y protagónica. Estos rasgos serían suficientes para anexarle al chavismo la categoría de ideología (como algunos ya lo reconocen), a pesar de estar compuesto por diferentes aportaciones revolucionarias extraídas de experiencias y teóricos de otras épocas y latitudes; lo cual -visto con objetividad- no hace mella en su singularidad.

 

Para los puristas (especialmente quienes siguen el ideario bolivariano), el chavismo sería una aberración al unir los ideales encarnados por Simón Bolívar con aquellos representados por Marx, Engels y Lenin, aduciendo que entre los mismos existiría una incompatibilidad insuperable. Igual ocurre con las referencias al Evangelio, al ubicar a Jesús de Nazaret como el precursor del socialismo revolucionario, lo que le produce urticaria a la jerarquía eclesiástica, habituada a condenar -junto con las clases dominantes- cualquier tentativa por hacer posibles sus postulados fundamentales, explotando, al mismo tiempo, el anticlericalismo de muchos marxistas. Otro tanto sucede entre aquellos que profesan el marxismo leninismo, el trotskismo y el anarquismo, al cuestionar el militarismo presente en un gran porcentaje de cargos de gobierno, compartidos con ex militantes de los principales partidos políticos tradicionales (AD y COPEI), así como el reformismo, traducido en la falta de medidas realmente anticapitalistas y el fortalecimiento del viejo Estado burgués liberal.

 

No obstante, en medio de todo, el chavismo representa para los sectores populares una opción válida, la cual -entre otras cosas positivas- les permitió visibilizarse e intervenir de manera decisiva en los asuntos del Estado, asumiendo una posición protagónica que siempre les fue negada por los regímenes anteriores, a pesar de los discursos rimbombantes que, en toda fecha patria, ensalzaran su soberanía. Pero no es esta la única circunstancia que le dio base popular al chavismo. Chávez entendió la importancia de saldar la enorme deuda social acumulada durante más de cuarenta años con el pueblo venezolano, lo que comenzó a hacer mediante la implementación de las diferentes Misiones de inclusión social, aprovechando los cuantiosos dividendos generados por la renta petrolera. Si bien es cierto que los cambios cuantitativos producidos a partir de estas Misiones se palpan en un mejoramiento sustancial de las condiciones materiales de vida de la gran mayoría excluida (cuestión negada reiteradamente por los grupos de la oposición), sería necio admitir que algo similar se logró también en materia económica, implantando el socialismo revolucionario en las instituciones y empresas pertenecientes al Estado como en aquellas que se expropiaron y crearon bajo la figura de propiedad social y comunal. Es decir, en un plano político-ideológico pudo avanzarse en la idea de construir lo que Hugo Chávez denominó el socialismo del siglo 21, pero poco (o nada) se concretó bajo tal orientación en el orden económico; convirtiéndose esto último en el talón de Aquiles del chavismo, sobre todo en lo que respecta a la socialización, diversificación e intensificación de la actividad productiva nacional.

 

Como explicación de esta realidad contradictoria, en «Razones de una revolución», Mario Sanoja e Iraida Vargas Arenas concluyen que «la casualidad de nuestro atraso y de nuestra crisis social es de carácter estructural e histórico: sus raíces se afincan en la condición colonial que nos fue impuesta en el siglo XVI y en la condición semicolonial y dependiente en la cual vivimos desde 1810». Por tanto, le toca al chavismo (entendido desde abajo) librar una crucial batalla de índole cultural e ideológica para extirpar esta rémora histórica, la cual -ahondando en sus repercusiones a través del tiempo- se mantiene viva en el comportamiento dual, despótico y servil, de dirigentes, funcionarios y gobernantes. Circunstancia que conspira permanentemente contra la posibilidad real de alcanzar una democracia participativa y protagónica, al modo de la consagrada en la Constitución de 1999, obligando al pueblo a trazarse metas que la superen definitivamente, incluyendo la estigmatización excluyente y racista de que ha sido víctima por parte de los sectores dominantes y de sus ideólogos orgánicos. En este punto, la descolonialidad del pensamiento es una tarea impostergable del chavismo, sin excluir la visión emancipatoria del socialismo, si se detecta en él elementos que definen al eurocentrismo; una cuestión que pocos se atreven a abordar con la seriedad y la objetividad que merece, contentándose con sólo hacer alardes de un conocimiento escolástico y una retórica vacua, sin asidero alguno con la realidad a transformar.

 

Aún con sus muchas debilidades a cuestas, no se puede desmeritar del todo al chavismo. Tiene a su favor la virtud de haber motivado y movilizado a un amplio segmento de la población tras un proyecto de redención social y de soberanía nacional que no pudieron articular los grupos de la izquierda tradicional, independientemente de su constancia, sacrificios y heroísmo, plasmados, básicamente, en la época de la lucha guerrillera. Gran parte de sus postulados recogen las aspiraciones y experiencias heterogéneas de movimientos sociales y políticos de una diversidad de países, lo que atrae la atención a nivel mundial, suponiendo que estos orientan la transición a una sociedad de tipo socialista y, por ende, anticapitalista. Sin menoscabo de lo hecho y pregonado por veinte años consecutivos, es factible que el chavismo (entendido y erigido desde abajo) pueda percibirse y admitirse como una construcción ideológica de nueva generación. O, por lo menos, servir de inspiración y de base para que surja y se consolide un amplio movimiento popular pluralista que, quizá, lo trascienda. En lo que ha sido y tendría que ser. -

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02/09/2019 12:37 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS BURÓCRATAS ESTÁN SIEMPRE DEMASIADO OCUPADOS

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Las fallas, las omisiones y las negligencias del Estado (sea cual sea su denominación) les son atribuidas comúnmente al burocratismo presente en cada una de sus estructuras. En esencia, de una forma generalizada, puede determinarse que la subjetividad y la rutina diaria (cumplida sin mucha alteración durante tantos años de permanencia en el cargo) hacen de los burócratas, incluso aquellos que, en apariencia, no lo harían de una manera consciente, unos elementos perniciosos que conspiran constantemente contra el ejercicio democrático del pueblo, contra la transparencia administrativa que debiera caracterizar al Estado en todo momento y contra la posibilidad real de concretar cualquier experiencia revolucionaria orientada a su logro pleno. A ello se une la centralización operativa que, en la mayoría de las ocasiones, retrasa la iniciativa que pudiera tomarse con la finalidad de solventar cualquier problema o necesidad existente. Muchas veces por motivos futiles a los cuales se les otorga una importancia cardinal, justificados en procedimientos administrativos demasiado engorrosos y lentos. Esto, con el tiempo, produce cierto conformismo entre la gente que acude a los organismos públicos al percatarse que estos procedimientos seguramente no servirán de nada para encarar satisfactoriamente una situación determinada.


Según lo notara Ernesto Che Guevara, «el burocratismo es la cadena del tipo de funcionario que quiere resolver de cualquier manera sus problemas, chocando una y otra vez contra el orden establecido, sin dar con la solución. Es frecuente observar cómo la única salida encontrada por un buen número de funcionarios es el solicitar más personal para realizar una tarea, cuya fácil solución sólo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario». También existe la duplicación de funciones, lo que surge de la falta de normas de organización precisas entre las diferentes instituciones públicas, replicándose en cuanto a los mismos objetivos. En este sentido, los sectores populares debieran comprender que si existiera verdaderamente una burocracia funcional y eficaz, se harían expeditos los diferentes procesos o trámites que ha de cumplir el Estado. Además, a fin de disminuir y erradicar la mala influencia del burocratismo, el pueblo está llamado a gestar sus propios espacios de organización soberanos. Así evitaría que sus derechos sean conculcados por una minoría bajo la excusa de estarse velando sus intereses colectivos; lo que ha servido para el fomento y el ocultamiento de complicidades, incompetencias y corrupciones institucionalizadas de toda clase. Es decir, se requiere estimular la capacidad instituyente y autónoma de los sectores populares para crear mecanismos de control democráticos que le permitan a toda la población ser protagonista consciente y activo de su propio destino. Sin embargo, hay que acotar que esto será una tarea difícil, de larga duración, mientras existan el Estado y el modelo de sociedad vigentes, ambos erigidos según la lógica capitalista. Es algo que no se podrá obviar.


Para quienes lo ignoran (o no desean saberlo y, menos aún, comprenderlo), citando al compañero Antonio Gramsci: “La burocracia es la fuerza conservadora más peligrosa”. Si ella, como secularmente sucede, se independiza de los sectores populares y se arroga un papel preponderante en la administración y el funcionamiento estatales, termina por generar más problemas que soluciones. Una cuestión que se repite en todo el mundo. Y esto se palpa a diario, incluso, mediante la actitud despótica y displicente que suelen adoptar secretarios y ayudantes personales (entre los cuales cabe incluir a los guardias de seguridad) de quienes ejercen los cargos de representación popular; los cuales establecen una especie de estratificación en cada antesala, en donde algunas personas (estimadas social, económica y políticamente inferiores) deben esperar mientras que otras (vistas como superiores) tienen libre acceso. De igual modo, cuando los burócratas alegan estar siempre ocupados, pero «extrañamente» aligeran los trámites de amigos, colaboradores y gente de «mayor rango».

Por todos estos rasgos visibles, el burocratismo debe calificarse como antidemocrático y contrarrevolucionario. Sabiéndolo, muchos movimientos sociales y políticos luchan por trascenderlo, poniendo en práctica estrategias y concepciones distintas a las establecidas que amplíen positivamente todo lo referente a la vigencia de la democracia y el papel a cumplir por la ciudadanía, lo que sería una conquista saludable para todos, independientemente de cuáles sean nuestras convicciones personales. -

22/08/2019 09:04 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

TRUMP Y EL TERRORISMO RACIAL GRINGO

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El belicismo que caracteriza su historia y la venta de armas de distintos calibres, sin muchas limitaciones en varios estados de la unión estadounidense explicarían en gran parte las causas de las masacres perpetradas en Texas y Ohio, como antes con las escenificadas en diversas localidades de este país. Con Donald Trump de presidente, esto parece incrementarse. Los ciudadanos provenientes de otras nacionalidades y grupos étnicos han visto resurgir con fuerza el odio visceral de aquellos que proclaman que la identidad nacional estadounidense debe definirse a partir de la población blanca y de lo que ésta representa, por lo que a ella le corresponde -cual mandato divino- mantener una presencia demográfica hegemónica y el dominio absoluto de la cultura y de la vida pública de su país.

A este nacionalismo blanco (sentido y visto como patriotismo por sus partidarios) se une, con poca diferencia, la acción de los supremacistas blancos quienes, por su parte, proclaman la creencia racista de que las personas blancas son superiores al resto de la humanidad. Entre unos y otros, el discurso extremista del actual inquilino de la Casa Blanca ha tenido buena receptividad, estimulándolos a actuar. De hecho, su discurso (insensato para muchos, deliberado para otros) ha contribuido a generar temores de todo tipo y a reforzar la matriz de opinión referente a la necesidad de muros infranqueables que contengan el flujo de inmigrantes que osen presentarse en las fronteras gringas, sobre todo si son gentes oriundas del Sur atraídas por la perspectiva de vivir el «sueño americano».

Siendo una nación con un amplio mosaico de inmigrantes, Estados Unidos implementa medidas que restrinjan el acceso y la permanencia de aquellas personas que, por diversos motivos, abandonan sus países de origen, a riesgo de perder la vida, en búsqueda de un mejor porvenir en la tierra del Tío Sam. Trump los tilda de criminales que no merecen vivir en este país, llegándose al caso de ordenar la movilización de tropas en los pasos fronterizos con Méxic, encerrar a niños en jaulas y separar familias, con desenlperdítales que son reseñados por la prensa sin mucho escándalo. Este comportamiento se halla en sintonía con el trato discriminatorio dado a las poblaciones autóctonas de lo que hoy comprende el territorio estadounidense, tanto como al dispensado a la población negra, aún en tiempos modernos, lo que se extendió al amplio territorio arrebatado a México (como lo prueba la masacre en El Paso, Texas).

Aún más: se podría razonar que ello obedece a la convicción teológica de cumplir un «destino manifiesto», como nuevo pueblo elegido del dios de Israel, al cual le toca el rol de llevar la civilización a todos los rincones de la Tierra, según sus propios patrones culturales. Quizás por esto mismo no les es aceptable la coexistencia con otros modelos culturales en desmedro de lo particularmente estadounidense, lo que se reitera en series televisivas donde familias negras, hispanas y asiáticas sólo conservan sus rasgos físicos, pero en todo lo demás actúan igual que sus pares blancos, en un proceso de asimilación total que apenas deja espacio a un mínimo grado de diferenciación.

No es difícil sustraerse a la idea que lo acaecido en Texas y Ohio responde a una manipulación emocional de los ciudadanos estadounidenses, identificando enemigos que atentan contra la estabilidad y continuidad de su modo de vida, lo que obligaría a muchos a respaldar cualquier medida que se implemente para preservar, incluyendo la pérdida de sus derechos constitucionales, como se aceptó con la Ley Patriota tras el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York. En este contexto, no podrían resultar más oportunos los sucesos de Texas y Ohio, dada la urgencia de Donald Trump de convencer a los electores de la necesidad de mantenerlo en la Casa Blanca para librarlos de estos y otros enemigos, declarados o potenciales, incrementado sus prejuicios y temores, como lo hace su gran industria ideológica a través de los diversos medios audiovisuales a su disposición.-

 

15/08/2019 11:12 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL GÓLEM CAPITALISTA Y LA HEREJÍA DE LOS PUEBLOS

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Como una especie de dios engendrado y reverenciado por los seres humanos, el capital acaba por subyugar la voluntad de éstos, independizándose cual Gólem de su control. Es un fetiche que “ha cobrado vida y alma, se crea, alimenta y crece a partir de sí mismo de manera completamente autosuficiente, transformándose en causa y consecuencia, supuesto y producto, premisa y resultado de sí mismo, aparentemente sin ninguna mediación intermedia y ninguna molesta dependencia del trabajo humano vivo”, en consideración de Néstor Kohan en su libro “Nuestro Marx”, al referirse a la génesis del capital dinero explicada por Karl Marx. En la continuación de tal explicación, según este último, “de esta manera se convierte por completo en atributo del dinero el de crear valor, de arrojar interés, tal como el atributo de un peral es el de producir peras. Y el prestamista del dinero vende su dinero en su carácter de semejante cosa que devenga interés (…) Aquí queda consumada la figura fetichista del capital y la idea del fetiche capital”.


Esto, a pesar de los muchos estudios que demuestran su incongruencia, es comúnmente asumido como algo normal e inevitable. Así, con una poderosa y omnímoda industria ideológica que ha moldeado la opinión pública a su gusto, los dueños del capital deforman la realidad objetiva del mundo, por lo cual muchas personas -en contra de lo que debiera ser la defensa de sus propios derechos e intereses- acaban convenciéndose de que resulta inútil cualquier cambio significativo en sus vidas, especialmente si éstos entran en confrontación abierta con las normas impuestas; lo que tiene, indudablemente, un impacto negativo respecto al ser social y a la conciencia social de cada una de tales personas. La subjetividad alienada y domesticada de muchas de ellas responderá, parcial o totalmente, de una manera automática a los estímulos que accionen las clases dominantes, reflejándose ella en prejuicios y convicciones de carácter político, social, económico, cultural, nacionalista y religioso; entrecruzándose hasta formar un todo autodefensivo frente a cualquier asomo posible de herejía popular.


En su perenne propósito de maximizar ganancias, quienes rigen el sistema capitalista global han conseguido imponer un modelo de desarrollo basado en el extractivismo (lo que repercute de manera negativa en la conservación de la naturaleza), la flexibilidad laboral, la privatización de empresas y servicios públicos, la apertura incondicional de fronteras y mercados a productos y capitales transnacionales, la reducción de salarios, y el aumento de la deuda externa; conformando, en la práctica, una corporocracia, un gobierno supranacional, que desdibuja e irrespeta toda noción de soberanía y leyes. Con esto, se trata de convencer al resto de los seres humanos de las bondades de tales medidas. Sin embargo, los resultados están a la vista y desmienten contundentemente las ilusiones forjadas por el capitalismo, especialmente el de los últimos tiempos, el capitalismo neoliberal. Como se sabe, la materialización del capitalismo neoliberal coincidió con el desplome algo inesperado del Muro de Berlín y, junto con él, del hasta entonces denominado bloque soviético, lo que pudo permitir alcanzar -para todos en la Tierra- el estado de progreso, democracia y bienestar material que estuvieron vaticinando sus apologistas durante el apogeo de la Guerra Fría.


Adentrado el siglo 21, el estatismo autoritario y corporativo, cuyos rasgos rememoran la ideología nazi-fascista, representa la alineación y consolidación de un tipo de régimen malévolo y pernicioso que amenaza seriamente la posibilidad de una verdadera democracia participativa y protagónica, ejercida directa y permanentemente por el pueblo. Pese a ello, las múltiples organizaciones populares que se mantienen en lucha por sus derechos y la instauración de un mundo mejor develan que sus objetivos no tienen conexión con la vida colectiva como sí lo están con las ambiciones de las grandes corporaciones transnacionales; reflejando sus grandes contradicciones. En contraste con el nihilismo caotizante derivado de esta nueva realidad (en muchos casos, promovido deliberadamente por sus mayores beneficiarios políticos y económicos, hermanados en un solo propósito de dominación), estos movimientos populares apuntan al establecimiento de un nuevo patrón de civilización. Gracias a sus herejías emancipatorias, quedan al desnudo el falso dios del capital y el culto ciego a las bondades del mercado, al mismo tiempo que contribuyen a recuperar la tradición de luchas que dieran origen a la democracia y a todo lo que ella entraña para concretar una verdadera emancipación integral de todas las personas. -        

 

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15/08/2019 11:10 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

REALIDAD FICTICIA Y REALIDAD REAL DEL ANTICHAVISMO

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El antichavismo -tanto el profesado dentro como el profesado fuera de Venezuela- parte de una convicción que se pretende universal, única y, por ende, verdadera. Dicha convicción, como lo muestra la historia reciente del país, se sustenta en los prejuicios inculcados, legitimados y divulgados por los sectores dominantes de la sociedad venezolana, los cuales apenas han sido matizados por el tiempo; todos centrados en negar la condición humana y el acceso amplio a la democracia de los sectores populares.

Siendo ello cierto, a los grupos antichavistas les anima un espíritu revanchista, deseosos de revertir, por cualquier vía a su alcance, la realidad trastocada bajo el influjo del presidente Hugo Chávez que le da al pueblo la posibilidad de ser el sujeto histórico de su emancipación integral en vez de resignarse a la soberanía retórica a la que se le acostumbrara durante la hegemonía bipartidista del pacto de Punto Fijo.

De esta forma, la oposición ha echado mano de los terrores atávicos que fueran alimentados y difundidos por medio de la gran industria ideológica de Estados Unidos para contener el avance del comunismo, en muchos casos con la abierta complicidad militante de la alta jerarquía católica (como se constató en pleno apogeo de las dictaduras del cono sur de nuestra América), lo que convirtió cualquiera referencia a la revolución bolivariana o al socialismo en blanco de anatemas, rechazos y odios, a pesar de contemplar el bienestar general de las venezolanas y los venezolanos. Esto se exacerbó más cuando la clase gobernante estadounidense percibió que sus intereses peligraban en la amplia región sudamericana de expandirse la influencia de los cambios revolucionarios suscitados en Venezuela, por lo que propició el golpe de Estado de 2002, así como el sabotaje petrolero, con la intención nada disimulada de acabar con esta experiencia. 

Desde entonces hasta ahora, la derecha local (orientada y respaldada por sus mentores del exterior) se ha empeñado reiteradamente en convencer la opinión pública que sus propios intereses están asociados a los del pueblo venezolano, así como al altruista deseo de recuperar la economía, la democracia y la independencia del país, de lo cual acusan a una supuesta dictadura que le permite maniobrar sin muchas limitaciones, pese a los flagrantes delitos cometidos, conformando éstos, en muchos casos, delitos de lesa humanidad y de traición a la Patria. Los hechos ocurridos en esta última década desmienten totalmente este supuesto deseo. En medio de ello, la oposición diseñó a su medida una realidad ficticia donde sus representantes son los máximos héroes mientras que los chavistas representan todo lo malo que pudiera existir sobre la faz de la Tierra, tan al gusto de los imperialistas gringos al auto atribuirse la condición de defensores de la libertad y endilgarle a sus rivales la odiosa tendencia de causar pobreza, represión y destrucción a granel. Visto tal escenario, la derecha estaría exenta de responsabilidad de todo bloqueo económico, de toda amenaza de invasión militar gringa, de toda intolerancia política y de toda la violencia y las muertes causadas en estos últimos años, pues su simple intención de sacar del poder al chavismo justificaría cualquier acción que se ejecute por lograrla.

Esta realidad ficticia, afincada mayormente en las razones especialmente particulares de quienes la crean y la creen, choca, sin embargo, con la realidad real del país, con un pueblo que ha soportado estoicamente, aparentemente sin mucho razonamiento ideológico de su parte, las estocadas mortales de la dirigencia opositora. Esta realidad -grandemente ininteligible para los enemigos del gobierno- conforma una enorme barrera ante la realidad irracional que éstos aspiran instituir en Venezuela, con lo que tendrían que admitir, como cosa mínima, que les tocaría en suerte coexistir con ella y asumir, de verdad, un mejor papel del hasta ahora representado, en sintonía con los intereses compartidos de la mayoría de las venezolanas y los venezolanos.

19/07/2019 16:26 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

PALESTINA Y LA NUEVA VERDAD DEVELADA DEL SIONISMO

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Shlomo Sand, profesor de Historia de Europa en la Universidad de Tel Aviv y autor, además, del libro "La invención del pueblo judío", ha cuestionado algunos principios de la historia sionista oficial, lo que -aparte de los ataques de quienes se sienten afectados por sus afirmaciones- ha generado polémicas de diversos tonos en torno a lo que constituye el soporte principal de esta ideología supremacista; ganándose descalificaciones que, incluso, lo equiparan con un nazi.

El controvertido profesor no solo osa expresar públicamente que «el Estado de Israel dice que es el Estado del pueblo judío y que es un Estado democrático y judío, y eso es un oxímoron, una contradicción. Un Estado democrático pertenece a todos sus ciudadanos. Una cuarta parte de los ciudadanos de Israel no son judíos, pero el Estado dice que pertenece sólo a los judíos. Hay leyes que dicen que el Estado es judío, y que el Estado no está abierto a los demás». También ha sido capaz de establecer una raíz común que uniría al judaísmo con el pasado del pueblo palestino, siendo éste descendiente de los judíos (hebreos o israelíes) originarios, y rebate la historia difundida  de que haya se producido un exilio forzado por el Imperio romano que dispersó a éstos por gran parte del mar Mediterráneo, como aparente castigo por la crucifixión sufrida por Jesús de Nazaret.

Tales elementos socavan las bases presuntamente históricas del sionismo. Incluso permite establecer el origen del judaísmo en Europa, en los tiempos iniciales de la cristiandad, luego que el emperador Constantino percibió la ventaja política que obtendría al decretarla religión oficial. Ello sirvió de base para establecer que los judíos conforman un pueblo y no simplemente profesan una religión (el judaísmo), por lo que, en una vasta parte de Europa se les segregó, expulsó y masacró hasta llegar al nefasto capítulo de la Segunda Guerra Mundial cuando Hitler y sus seguidores pretendieron borrarlos definitivamente de la faz del planeta; lo que motivó su asentamiento (por convenio del imperio británico con banqueros de origen judío) en territorios ancestralmente ocupados por el pueblo de Palestina, convirtiendo, de paso, la región del Medio Oriente en un polvorín con pocas opciones de paz.

Si se consideraran válidas tales afirmaciones, quizás cambiara la percepción de mucha gente en relación con el conflicto palestino-israelí, enfocándose en lo que es su raíz política y cultural más que en el aditivo seudo religioso con que se pretende disminuir y obviar, atribuyéndose a un dios que, aparentemente, no discrimina a ninguna persona por su color de piel u origen étnico, pero que mantiene una relación muy especial con los descendientes de Abraham y de sus hijos. Más aún al determinarse que una parte significativa de quienes han ocupado a sangre y fuego, con la complicidad tácita y directa de los gobiernos de Occidente, provienen de naciones diversas de Europa oriental y Estados Unidos, de donde aprendieron y asimilaron los principios racistas y colonialistas insertados en el eurocentrismo.

De todo esto se puede extraer que los teóricos del sionismo manipularon la historia a su conveniencia, así como supieron aprovechar las conexiones políticas con gobiernos que quisieron, en apariencia, resarcir el daño cometido por los nazis. Su propaganda ha sido tan efectiva que muchas personas creen que la maquinaria de guerra impulsada por Hitler tuvo como único objetivo la liquidación física y cultural del judaísmo, pasando por alto lo sufrido por los pueblos eslavos (incluida la URSS), los militantes comunistas, los gitanos, los homosexuales y otras personas que no suelen figurar de modo protagónico en la cinematografía hollywoodense; logrando simultáneamente que toda alusión crítica o condenatoria respecto a esta realidad sea tildada de antisemita y se legitime el derecho invocado por el sionismo desde hace más de medio siglo de tomar posesión total del territorio palestino aunque esto suponga desplazar a familias enteras de sus legítimos hogares y el hostigamiento criminal contra éstas, sin que la comunidad internacional intervenga de forma efectiva y permanente para impedir este constante atropello.

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04/06/2019 12:38 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA REBELDÍA POPULAR COMO ANTESALA DE UN NUEVO MODELO CIVILIZATORIO

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Es harto significativo que en el relato inicial de la Biblia la primera reseña sobre la rebeldía humana se asocie a la adquisición de conocimiento. Queda así registrado que la inquietud y la búsqueda del conocimiento del bien y del mal provino, primeramente, de Eva, lo cual es doblemente un elemento relevante por las consecuencias derivadas de su acción, lo que acarreó no únicamente sus dolores de parto sino su subordinación como cónyuge de Adán, sentándose el precedente sagrado y, por consiguiente, totalmente "incuestionable" respecto al rol que les correspondería asumir, desde entonces hasta nuestros días, a las mujeres en la sociedad patriarcal.

En el mismo relato queda en evidencia, por otra parte, que “el Dios de la cristiandad -como lo enuncia José Romero Lossaco en La invención de la exclusión- no dialoga con nadie, no necesita el acuerdo creador, él es uno, es la verdad y la verdad no dialoga, es única”; un rasgo que se extenderá a la colonialidad, desde el arribo de Colón y sus huestes a lo que sería América hasta el siglo presente, conformando un modelo civilizatorio basado en el racismo y el eurocentrismo, lo que, redundando, hará ver como inferior ante Europa la cultura de los demás pueblos del mundo. 

La noción de rebeldía sería entonces algo condenable, si atendemos a tal relato, al igual que el mito griego referido al titán Prometeo, especialmente por lo que ella representa -no sólo en el plano estrictamente teológico- también para las clases gobernantes y el orden establecido. Sean cuales sean las épocas y el espacio geográfico donde ésta se haga sentir y adquiera fisonomía.

El cuestionamiento resultante es reprimido, generalmente de un modo cruento y, en otras ocasiones, de un modo sutil, apenas percibido por la mayoría de las personas. En todo caso, desde las alturas del poder se pretende que los rebeldes reparen y se convenzan por sí mismos de la inutilidad de su esfuerzo por transformar lo existente. De no prosperar tal propósito, se le somete a la misma suerte padecida por Eva y Adán al expulsárseles del Paraíso, sólo que en los tiempos modernos esta medida puede entrañar la persecución y el encarcelamiento de los involucrados (con su respectiva dosis de aislamiento y torturas) y, en situaciones extremas, asesinatos y desapariciones; como acaece de manera cotidiana en nuestra América; sin mucho escándalo de la gente de "bien". Además de tales medidas, las clases dominantes han conseguido que los mismos sectores populares (a favor de los cuales está dirigida la acción liberadora de quienes encarnan la rebeldía, sobre todo, de carácter político) se hagan eco de la condena en contra de todo aquel que intente deslegitimar su régimen de dominación; aún en las circunstancias más inocuas.

Por eso la rebeldía (con causa, dirán algunos) debe entenderse en un plano que supere la mera reivindicación de lo individual. Ella está llamada a generar una reacción general que permita cambiar no sólo el factor que la desencadena sino todo el sistema vigente. Al plantearse tal situación, hay que reflexionar (sin ser cosa nada novedosa) que toda rebeldía tiene un punto de partida. Cada gesto, cada acción y cada pensamiento. No es casual, por tanto, que ésta se manifieste contraria a un orden injusto, ya sea político, económico, social, cultural o religioso; extendiéndose tanto en el ámbito familiar como al resto de los ámbitos en que se desenvuelve cada ser humano. Pero, esta rebeldía carecerá de una base de sustentación sólida si no desentraña a profundidad el dónde, cuándo, cómo, porqué y para qué de todo aquello que llegue a cuestionar.

Ello facilitaría que mucha de esta rebeldía se canalice apropiadamente -sin consentir en la coptación de los poderes fácticos, como ocurre en muchas ocasiones, de forma que su accionar contribuya al logro de una verdadera emancipación social de la humanidad.No fueron los conformistas quienes abrieron, por cierto, los caminos de la evolución social. Tampoco las minorías dominantes (al menos, no de una manera del todo desinteresada). Fueron los rebeldes. Cada uno de un modo distinto, pero efectivo; a pesar del tiempo que pudo mediar entre su momento inicial y el resultado final, como ocurriera con Mahatma Gandhi, Martin Luther King o Nelson Mandela, aplicando métodos de lucha similares.

De igual forma, podrán citarse como ejemplos aquellos que recurrieron al uso de las armas o a quienes -desde el campo científico, artístico e intelectual- contribuyeron a modelar, de uno u otro modo, la sociedad presente. La rebeldía, por tanto, no se limita a un orden, una edad, una nacionalidad, una religión o un grupo social específicos. En la era de la globalización y de la utilización de las tecnologías de la información -con un sujeto de rendimiento, ajustado a los esquemas de explotación favorables al capitalismo neoliberal- es necesario que este tipo de rebeldía se interconecte con otras expresiones válidas de rebeldía, ya no por lo que tienen en común (enfrentando cada una a su modo y según sus visiones particulares las estrategias de dominación que atentan contra la autodeterminación, la paz y la libertad de los pueblos en todo el orbe) sino porque, juntas, harán más factible el logro de sus propias metas.

No obstante la diversidad de hechos y luchas distantes y distintas, se puede concluir que éstas apuntan al desmontaje y/o la reestructuración de todo el modelo civilizatorio contemporáneo, marcado y sustentado de una forma general por la lógica capitalista. Una muestra de ello es la rebeldía popular protagonizada, desde finales de 2018, por los chalecos amarillos en Francia. Una rebeldía generalizada que derrumbaría, de proponérselo, toda la armazón del orden vigente de la nación francesa, el cual -básicamente, como pasa en casi la totalidad de la geografía terrestre- impide el reconocimiento del "otro" como ser humano que es, al que le es lícito, además, reconocerle sus aspiraciones de vivir en unas condiciones plenamente garantizadas de igualdad, fraternidad y libertad. -

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01/05/2019 10:54 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

LA DIVERSIDAD SOCIOCULTURAL Y EL DECLIVE DEL SISTEMA-MUNDO

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En «Ernesto Che Guevara y las fuerzas morales de la historia. Prólogo a la edición boliviana de En la selva. Los estudios desconocidos del Che Guevara (A propósito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia)», Néstor Kohan nos descubre que «en la tradición de la memoria popular, se encuentra resumido “el ADN” de las luchas presentes y futuras. No son slogans ni imágenes publicitarias retocadas con los programas de computación Photoshop o Affter Effects, videoclips de marketing electoral, consignas de ocasión o discursos fabricados en serie para medir en las volátiles encuestas de opinión. No tiene que ver con un corto número de caracteres de Twitter, dos fotos de Instagram, tres mensajes de Whatsapp ni cualquier recurso de la última red social de moda. No. Se trata de algo infinitamente más simple e inconmensurable: ejemplos de vida que marcan al rojo vivo las decisiones vitales de millones de personas cada mañana, cada mes, cada año. Coherencia entre el sentir, el pensar, el decir y el ser. Unidad viviente de proyectos imaginados, objetivos propuestos y planes terrenales para llevarlos a la práctica jugándose el pellejo en lo que se predica, se escribe y se dice».

 

Una cadena de eventos suscitados en, por lo menos, los últimos treinta años de historia de la humanidad corroboran dicha afirmación; en el caso de nuestra América, la insurgencia popular del «Caracazo» en Venezuela en 1989 que hizo añicos la ilusión de armonía creada por las minorías dominantes gracias a la renta petrolera y la protagonizada, a su vez, a comienzos de 1994 por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México, lo que supuso el abordaje de la realidad política, económica, cultural y social de este país de un modo novedoso, según la perspectiva de aquellos que, desde la época colonial, siempre fueran invisibilizados por las minorías hegemónicas de la sociedad mexicana. Igual podrá citarse la larga lucha emprendida por los movimientos campesinos y ambientalistas por la posesión de las tierras y la preservación de la naturaleza frente a la insaciable voracidad mercantilista de los grandes consorcios transnacionales, responsables en gran parte de la catástrofe climática que se cierne sobre todo nuestro planeta. A ellos se suman, en un sentido más general, las organizaciones feministas, sexo-diversas, estudiantiles, gremiales y, más recientemente, los «chalecos amarillos» en Francia, entre otras más que pudieran resaltarse, en constante defensa de sus derechos.

 

Todas ellas coincidentes en cuanto al principal enemigo a atacar: el viejo Estado burgués liberal como soporte visible del sistema capitalista mundial. O lo que otros, sin carecer de razón, denominan el sistema-mundo.Tal cadena de eventos, también pone sobre el tapete un rasgo común aunque se trate de soslayar, convirtiéndolo en algo meramente circunstancial y, en algunos casos, simplemente emocional: El temperamento revolucionario de los sectores populares aflora y se somete a prueba toda vez que las distintas instituciones del Estado fallan en el cumplimiento de sus deberes y dejan de ser, así, garantes confiables de sus derechos constitucionales.

 

Por otra parte, vale resaltar que, debido a la lógica del capitalismo neoliberal, la cual tiende a imponer la preeminencia del éxito individual frente a las necesidades y los intereses colectivos, estos movimientos y grupos se han visto obligados a confrontar igualmente la creciente depreciación de los valores de la convivencia que han sido patrimonio intangible de los pueblos. Esto concuerda con la conclusión a que llegara Murray Bookchin, historiador, profesor universitario, investigador, ideólogo y activista ecologista de origen estadounidense, respecto a que «la vida urbana en la metrópolis moderna vive una situación de anonimato, de atomización social y de aislamiento espiritual que prácticamente no tiene precedente en la historia humana. Hoy en día, la alienación humana es casi total. En el espacio urbano, las prácticas de cooperación, de ayuda mutua, de simple hospitalidad y de decencia se han reducido de manera alarmante». Toda esta descomposición no parece casual. Ella le conviene hartamente a quienes controlan el mercado capitalista global por lo que la diversidad sociocultural de nuestros pueblos es vista como una seria amenaza que debe conjurarse a corto o mediano plazo, con cualquier recurso, incluyendo el asesinato selectivo de dirigentes populares (como sucede de un modo habitual en México, Centroámerica y Colombia) y la promoción sistemática de noticias falsas que desencadenen revueltas y atentados terroristas que deslegitimen a cualquier régimen que se oponga a sus pretensiones hegemónicas.

 

Cuestionadas y puestas en tensión, las estructuras de dominación establecidas(siendo, en su mayoría, muy similares entre sí) tienden a vincularse y a reforzarse bajo el pretexto permanente de una lucha interminable contra factores que van cambiando, incluso, de fisonomía, pero casi siempre externos, a los cuales es preciso erradicar para devolverles la paz y la seguridad a los ciudadanos, aun cuando ello suponga violar todo precepto y todo derecho conocidos. Esto complica el accionar de los distintos movimientos que, en un grado menor o mayor, son estigmatizados como subversivos y/o terroristas (como sucede de forma habitual con los mapuches en Chile y, extremando el ejemplo, con los palestinos), aprovechándose de los mecanismos de control y represión a disposición del Estado. Ya esto no se limita a acciones encubiertas, al estilo del Plan Cóndor ejecutado durante los años setenta por las dictaduras del cono sur latinoamericano bajo el patrocinio y la asesoría de la CIA estadounidense. 

 

Ahora se configura de una manera pública y abierta una internacional autoritaria pro fascista (otros la definen con términos diferentes, pero todos coincidentes en cuanto a lo que ésta representa), con Estados Unidos al frente, que podría precipitar situaciones graves en el terreno interno y externo de cada país al acordar y ejecutar acciones extraterritoriales y extralegales en beneficio de sus objetivos e intereses (del modo como se hace con Cuba, Nicaragua y Venezuela, por decisión unilateral de Donald Trump y su equipo de gobierno ultra reaccionario); conformando un gobierno corporativo que abarque toda la extensión de la Tierra. Esta última amenaza pudiera contenerse de una manera más efectiva que el poder de disuasión militar conjunto de China y Rusia si la diversidad de grupos, movimientos y organizaciones sociales armaran una estrategia común, extraída de lo que hasta ahora se les niega y del conocimiento adquirido respecto a lo que son, principalmente, el Estado burgués liberal y la economía capitalista, dada su estrecha conexión e historia. 

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24/04/2019 16:57 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL SOCIALISMO "CON CARACTERÍSTICAS CHINAS": ¿SOCIALISMO DE MERCADO O RESTAURACIÓN CAPITALISTA?

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Tras la muerte de Mao Tse-Tung, en China se fue instaurando lo que sus gobernantes comenzaron a denominar un modelo de “socialismo de mercado”, lo que ha obligado a muchos economistas y analistas políticos de todo el mundo a dilucidar en qué consiste y cómo éste le ha permitido al gigante asiático erigirse como la mayor potencia económica, por encima de aquellas que, como Estados Unidos, ocuparan desde mucho tiempo atrás los primeros lugares en el sistema económico capitalista mundial, amenazando su hegemonía.

En apariencia, este “socialismo de mercado” no estaría contraviniendo los principios fundamentales del marxismo aunque se evidencien al mismo tiempo unos crecientes grados de explotación, plusvalía y desigualdad social que lo equiparan con el neoliberalismo capitalista. A ello se añade el surgimiento de una clase privilegiada, integrada por la alta burocracia del Estado y del Partido Comunista, lo que -a la luz de los teóricos clásicos del socialismo- constituiría una desviación de los parámetros revolucionarios tradicionales.

Como destaca Claudio Katz en su artículo China: Un socio para no imitar, “toda la generación de ahijados del viejo liderazgo comunista maneja las grandes compañías. Allí se concentra la nueva élite. Basta observar que un tercio de los 800 individuos más ricos del país son miembros del PCCH (Partido Comunista de China)”. Este último elemento es lo que hace conjeturar a muchos analistas económicos que en la República Popular China se produjo un renuevo capitalista, pero con unos ribetes propios, dada la singularidad de su historia política o lo que algunos también llaman “socialismo con características chinas”.

Este socialismo "con características chinas" no deja de llamar la atención a nivel mundial gracias al extraordinario desarrollo económico alcanzado desde 1978 cuando comenzaran las reformas impulsadas bajo el liderazgo pragmático de Den Xiaoping, cuya frase emblemática “no importa que el gato sea blanco o negro, mientras pueda cazar es un buen gato” marcó el ascenso de su país como nueva potencia en el panorama mundial. Si bien es cierto que el conjunto de reformas adoptadas en el terreno de la economía auguraba una expansión del capitalismo neoliberal en el inmenso territorio chino, facilitándole condiciones más lucrativas a las empresas que allí funcionaran, el Estado mantuvo un control indiscutible de elementos económicos fundamentales; diferenciándose en este aspecto de la ortodoxia aplicada en la extinta Unión Soviética y las naciones bajo su órbita.

Sin embargo, en su artículo El “socialismo de mercado” chino, Alejandro Teitelbaum refiere que “China, no constituye una alternativa al neocolonialismo -económico, político y militar- practicado por las grandes potencias occidentales, con USA a la cabeza, y sufrido por numerosos países de todas las regiones del mundo, sino que es un relativamente nuevo y poderoso actor -con características y estrategias específicas- en el bando de las potencias neocoloniales. Dentro del cual se disputan zonas de influencia y ámbitos económicos y financieros sobre el fondo de una cierta convivencia pacífica basada en la necesidad de preservar el statu quo capitalista a escala mundial”.

En el presente, con Xi Jinping se estableció oficialmente adecuar los aportes teóricos de Karl Marx al contexto chino. Con tal propósito, se impone el cumplimiento de una agenda durante los próximos años, cuyo contenido, entre otras cosas, resalta el papel preponderante del Partido Comunista de China sobre las fuerzas armadas y todo el proceso del trabajo; así como la garantía que cada dimensión de la gobernanza esté basada en la ley; un enfoque centrado en el pueblo, de modo que éste sea quien administre la nación; la profundización de la reforma de una manera integral, aumentando la calidad de vida, acompañada de una nueva visión para el desarrollo, y la defensa del principio de "un país, dos sistemas", tendente al logro de la reunificación nacional. En el plano internacional, China promovería la construcción de una comunidad de destino en la cual se inserte toda la humanidad, sin que signifique asumir el rol imperialista de otras potencias, cosa que la clase política de Estados Unidos ve con mucho recelo, desatando una guerra comercial contra ésta a fin de contener su auge económico y preservar su habitual hegemonía.

Según la visión de los gobernantes chinos, la economía de mercado sería un instrumento, no un fin en sí mismo, dotado de autonomía o independencia frente al resto del conjunto social, como ocurre regularmente en las naciones situadas en Occidente. Esto, sin embargo, no terminaría de explicar el gran auge económico, tecnológico y militar que se observa en China y que mantiene en expectativa a sus mayores competidores, resaltando Estados Unidos entre los más destacados, mientras en algunas naciones de nuestra América (entre ellas, Venezuela) se busca adoptar sus esquemas de crecimiento, obviando todo lo referente al acervo cultural acumulado por dicho país, el cual ha resultado ser un elemento primordial a la hora de colocarlo en el sitial que ahora éste ocupa en el escenario internacional, incluyendo lo iniciado por Mao Tse-Tung.

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15/04/2019 10:45 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

CRISIS ECONÓMICA Y CRISIS ECOLÓGICA: MANIFESTACIONES DE UNA CRISIS CIVILIZATORIA GLOBAL

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Expuesta a una vulnerabilidad ascendente y extrema, a la humanidad entera se le plantea actualmente resolver con diligencia y sensatez los graves problemas de contaminación ambiental causados -principalmente- por el sistema capitalista. Algo que no se podrá obviar aunque sus apologistas afirmen todo lo contrario. La prueba es el cambio climático (más bien, la catástrofe climática) que amenaza con barrer todo vestigio de vida sobre la Tierra. Esto, no obstante, es reiteradamente negado por sus principales beneficiarios -representados por las grandes corporaciones transnacionales que explotan recursos naturales de una diversidad de naciones y controlan a su antojo el mercado internacional capitalista- haciendo creer que todo ello es normal y es el precio que se ha de pagar para alcanzar y disfrutar las bondades del progreso.Mientras algunos dirigentes políticos, algo más conscientes que otros, probablemente presionados por la opinión pública, consideran que sólo bastan algunas regulaciones acordadas por los gobiernos, al estilo del Protocolo de Kioto o la Convención sobre Cambio Climático, otros hacen gala de una completa ignorancia respecto a dicho tema, cuyo ejemplo más inmediato es el presidente Donald Trump.

Posiciones que no ayudan a definir con mayor claridad el meollo de este delicado asunto, dejándolo en un segundo plano. En este caso, la solución implica una revolución en términos absolutos que transforme por completo el modelo civilizatorio actual, el cual -no está de más recordarlo- se basa en la lógica capitalista y crea un cúmulo de contradicciones y de relaciones de poder que pone en constante tensión a la mayoría de los ciudadanos, afectados, directa e indirectamente, por éste. 

Tal como lo denota Win Direckxsens en La transición hacia el postcapitalismo: el socialismo del siglo XXI, “el incremento en la velocidad de la rotación del capital significa una intensificación en la explotación de recursos naturales. El ritmo de reproducción de capital supera cada vez más el ritmo de reproducción en la naturaleza. Esta tendencia se desarrolla a costa de la naturaleza y en detrimento del medio ambiente, algo que ya se manifiesta a gritos a partir de los años setenta”. Como se ve comúnmente en el caso de las naciones sudamericanas que comparten la variada y rica extensión territorial de la Amazonía (preservada desde hace siglos por los pueblos originarios que la habitan), la cual es blanco de la mirada codiciosa de las grandes corporaciones transnacionales por la biodiversidad y la gran porción de recursos minerales estratégicos que alberga, todos indispensables para la continuidad del estilo de vida consumista de Occidente, causante principal del alarmante deterioro medioambiental sufrido a escala mundial.

Para muchos analistas, la crisis económica a nivel global se revela paralelamente con la crisis ecológica suscitada, de un modo general y constante, por el capitalismo, lo que conduciría, a su vez, a entablar un serio cuestionamiento de lo que representa el modelo civilizatorio actual para la sobrevivencia de todo género de vida en la Tierra. Es vital comprender que el     sistema capitalista es víctima de la paradoja de no poder no expandirse; es decir, si éste permanece estable, se estanca y muere, cuestión que no importara mucho si la misma no representara un holocausto general, de incalculables proporciones. Es imperativo que se geste cuanto antes una justicia social y ambiental en armonía con la naturaleza. No sólo en interés del beneficio humano.

Hacen falta, por tanto, unas nuevas o renovadas cosmovisiones que hagan parte a los seres humanos de la naturaleza, de un modo similar a las observadas en todos los pueblos originarios que han mantenido un estrecho vínculo con su entorno, sin que ello se interprete como una regresión utópica automática sino como la necesidad de emprender un nuevo rumbo civilizatorio, diferente en mucho (o en todo) al existente. 

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07/04/2019 12:21 Homar Garcés #RyS. ECOLOGÍA No hay comentarios. Comentar.

EL GUAIDONISMO, ELEMENTOS DE UNA «DOCTRINA» SERVIL

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Sea o no un producto de las escuelas o agencias de adoctrinamiento proimperialista (tipo USAID o NED), el autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, inició lo que sería en lo adelante un elemento importante de las estrategias injerencistas diseñadas por el imperialismo gringo para preservar su hegemonía en la amplia región de nuestra América; mostrando así, sin ningún disimulo, el alto grado de servilismo, dependencia y/o identidad ideológica de la derecha local con respecto a la clase dominante de Estados Unidos.

En consecuencia, la "doctrina" guaidonista está orientada, fundamentalmente, en reivindicar la política permanente de agresión y de tutelaje del imperialismo gringo en cuanto al derecho a la autodeterminación de nuestros pueblos, sintetizada en el monroísmo y el corolario Roosevelt. Gracias a ello, el gobierno de Donald Trump ha podido mantener y extender los planes de desestabilización contra el gobierno de Venezuela, contando esta vez con la incondicionalidad de los sectores derechistas internos, así como con la complicidad de los gobiernos de naciones vecinas, interesados como están en destruir cualquier referencia de origen izquierdista que pueda afectar el curso de sus respectivas gestiones. Además, esta parcialidad de los grupos opositores puso sobre el tapete su falta de conciencia patriótica y/o nacionalista y su completa disposición en ejercer el poder en Venezuela de una manera excluyente y totalmente subordinada a los dictados y a los intereses geopolíticos y económicos estadounidenses, como nunca se mostraran antes las clases dominantes de este país. 

El "guaidonismo" vendría a ser, por consiguiente, una negación abierta a todo lo que es el bolivarianismo, aún más que el rechazo visceral a lo simbolizado por el chavismo. De ser lo contrario, sus principales personeros no habrían concordado, de ningún modo, en avalar, al precio que fuera, las intenciones belicistas del inquilino de la Casa Blanca, dadas las graves repercusiones que éstas tendrían para la población venezolana como también para la paz del  hemisferio. En lugar de ello, habrían hecho valer en todo momento el Estado de derecho y de justicia social contemplado en la Constitución venezolana, pero prefirieron -como siempre lo han hecho, desde 1999, incluyendo la ejecución de un golpe de Estado mediático de escasa duración- saltarse los mecanismos tradicionales de la democracia e interpretar a su modo aquellos que puedan servirles para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro.

Otros de sus elementos característicos son la constante negación de la democracia ejercida por los sectores populares y la justificación de la violencia como herramienta política. Según sus representantes, la división y la violencia sociales provendrían de quienes respaldan a Maduro (como antes con Hugo Chávez), por lo que las acciones terroristas emprendidas por los grupos extremistas opositores serían una respuesta lógica (y hasta plausible) ante un régimen dictatorial que no tiene contemplaciones a la hora de impedir cualquier asomo de disidencia y de reclamo de los derechos constitucionales vigentes. Una tramoya que tiene su base de sustentación en la generación y repetición de noticias falsas a través de redes sociales y medios informativos de toda índole, nacionales e internacionales, que superan lo logrado hace casi un siglo atrás por el ministro de propaganda del régimen nazi de Alemania. Su continuidad y sistematización, sin embargo, no han logrado convencer a la mayoría de la población sobre la bondad de sus acciones, pese a las quejas legítimas que ella expresa ante los innegables niveles de corrupción y de desabastecimiento existentes en el país; cuestión que Guaidó y su gente buscan precipitar valiéndose de las amenazas de intervención militar proferidas de manera reiterada por la administración Trump. 

Como un común denominador, entre los guaidonistas existe la convicción que la situación de crisis económica en que se encuentra Venezuela (causada, precisamente, por los sectores de la derecha que decretaron el sabotaje de PDVSA y el paro empresarial contra Chávez, entre otras iniciativas de igual propósito) se podrá superar mediante la aplicación de las medidas económicas recomendadas, tan a su gusto, por el capitalismo neoliberal globalizado. Su efecto propagandístico ha permeado con más eficacia la mentalidad de las capas medias, las cuales, por cierto, reproducen sin mucho empacho el discurso racista y anticomunista de quienes secundan el intervencionismo imperialista en este país. Su apuesta al capitalismo neoliberal es, por demás, notoria, negando de plano las diversas medidas de inclusión y justicia social, de redistribución de la renta petrolera a favor de los sectores sociales más necesitados, de soberanía nacional y de transformación del aparato productivo, entre otros elementos que contradicen la política de ajustes auspiciada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, de acuerdo a los parámetros neoliberales. Quizás éste sea el elemento aglutinador de mayor relevancia del guaidonismo: la ilusión de vivir el "american way life" en suelo venezolano, así ello signifique eliminar la democracia y la soberanía del país en beneficio del mercado, como lo dejan entrever la dirigencia opositora y sus patrocinadores extranjeros en sus declaraciones a los diferentes medios de información. -

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15/03/2019 08:44 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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