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LA LUCHA POPULAR Y EL ENGRANAJE CAPITALISTA GLOBAL

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Como se sabe, el capitalismo euro-yanqui y, junto con él, todo sentido del modelo de sociedad occidental, se desarrolló a partir de 1492 a costa, principalmente, de la explotación de los ricos yacimientos minerales de nuestra Abya Yala, además de la mano de obra esclavizada y semi esclavizada, tanto de nuestros pueblos originarios como de los africanos secuestrados de su continente.

 

Este detalle histórico es importante enfatizarlo a la hora de determinar el por qué, pese a su diversidad de riquezas naturales, nuestras naciones acabaron siendo relegadas -luego de un proceso de recolonización que para muchos se hizo imperceptible y, en algunos casos, justificado- a la función de seguros proveedores de materias primas y mercados estables para la colocación de los productos manufacturados, primero en Europa occidental y posteriormente en territorio estadounidense; obteniendo sus empresarios fabulosos dividendos. Esto hizo que nuestras naciones -al conformar la periferia de este engranaje capitalista global- fueran regidas por elites sumisas a la voluntad e intereses de las grandes corporaciones europeas y estadounidenses, tras la fachada de una democracia "representativa", o "delegativa", supuestamente al servicio del pueblo, pero que -en la práctica- no escatimaba recurso alguno para aplacar y disolver cualquier intento por cambiar (por nimio que este fuera) el orden establecido y, de no lograrlo, siempre se contaría con una dictadura fascista siempre oportuna y hecha a la medida para lograr resultados más radicales, efectivos y expeditos. En el presente, el poder monopólico del capital es extensivo a toda la Tierra, independientemente de si existen regímenes que se proclamen contrarios a su hegemonía.

 

Para prolongar su existencia, el sistema capitalista global recurre a tres estrategias exitosas, según sus parámetros y objetivos: 1.- lograr que las personas centren sus vidas en el consumo, sin importar si el mismo es fundamental o no, haciéndolas aceptar sumisamente la realidad que las circunda; 2.- disminuir los salarios y causar desempleo, como reformas esenciales recomendadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, de manera que a los trabajadores asalariados les intimide reclamar mayores beneficios y padezcan la incertidumbre de no disponer de suficientes recursos económicos para subsistir y, menos, de un empleo medianamente remunerado; y 3.- producir crisis, de manera cíclica, que serán solventadas mediante el otorgamiento de ventajas preferenciales de todo tipo a quienes controlan el mercado y la propiedad privada de los diferentes medios de producción. A todo lo anterior, habrá que agregar la guerra como la forma más eficaz utilizada para ejercer control sobre territorios ricos en recursos naturales de interés estratégico. Esta última -ante los roces entre las grandes potencias, o entre éstas y algunas naciones consideradas de la periferia, pudiera desencadenarse en cualquier instante, repitiéndose la desastrosa experiencia de las dos Guerras Mundiales del siglo pasado. Algo que pocos, aún aquellos desprovistos de una experiencia y unos conocimientos militares mínimos, no descartan del todo.

 

Todo esto apunta, en una perspectiva que algunos calificarán, sin duda, exagerada, a la eventual conformación de una nueva modalidad de Estado supranacional bajo la égida directa de Estados Unidos (cuyos antecedentes podrían representarlos Puerto Rico y, en alguna proporción, el ALCA); lo que podrá alcanzarse tras cooptar, derrotar y/o neutralizar a movimientos de liberación nacional (revolucionarios y socialistas), o de gobiernos nacionalistas, progresistas y/o populistas en cada país objeto de la atención del poder monopólico capitalista.

 

Según revela Ladislau Dowbor, economista brasileño, en una de sus obras- «el poder mundial realmente existente está en gran parte en manos de gigantes que nadie eligió, y sobre los cuales cada vez hay menos control. Son billones de dólares en manos de grupos privados cuyo campo de acción es el planeta, mientras que las capacidades de regulación global van a gatas. Investigaciones recientes muestran que 147 grupos controlan el 40% del sistema corporativo mundial, siendo el 75% de ellos, bancos. Cada uno de los 29 gigantes financieros genera un promedio de 1,8 billones de dólares, más que el PIB de Brasil, octava potencia económica mundial. El poder ahora se ha desplazado radicalmente». Esto es algo serio que debiera preocupar sobremanera a quienes, desde los diferentes movimientos políticos y populares, cuestionan y combaten la lógica capitalista, en vista que su sola factibilidad supone una verdadera amenaza para la vigencia de los derechos democráticos de todos los pueblos e individuos.

 

En la circunstancia definitoria por la que atraviesa gran parte del planeta -frente a un aparentemente irrefrenable capitalismo global neoliberal, el cual ha subyugado (y busca subyugar) en mayores niveles y modalidades la soberanía de nuestros pueblos, independientemente de las garantías establecidas en sus constituciones y el derecho internacional, es imperativo que los diversos movimientos sociales y políticos revolucionarios que lo confrontan, activa y conceptualmente, lleguen a comprender que ya no basta con proclamar una unidad que, muchas veces, nunca pasa de ser un elemento meramente retórico o simbólico.

 

Hará falta apelar a la construcción orgánica y sostenida -desde abajo y en todos los frentes de lucha posibles- de una estructura de coordinación colectiva, basada en procedimientos y actuaciones de carácter consejista que conlleven al logro efectivo de tal unidad, la cual tendría, asimismo, un carácter vinculante para cada gobierno que se sume a esta lucha. En función de ello, habrá que comprenderse, además, que bajo la lógica perversa del capitalismo, la estructura social -muy distinta a la observada hace más de cien años y, más recientemente, hace unos treinta años- tiende a una amplia diversificación, a tal punto que no resulta ninguna novedad «descubrir» categorías y subcategorías sociales existentes en el mundo contemporáneo. Esto, ya de por sí, representa un alto desafío.

 

Desconocer dicha realidad será continuar manejando los esquemas simplistas y legitimadores que moldearon el actual modelo civilizatorio, o sistema-mundo heredado de Europa, el cual -por su origen «universalista» o, mejor expresado, eurocentrista- desconoce la existencia de pueblos, comunidades y culturas autónomos, sometiéndolos, subliminal o forzadamente, al rigor de unas mismas leyes y a un único patrón de conducta; incluso al margen de éstas.

 

De ahí que adquiera un relieve especial la transformación estructural del Estado liberal burgués, vigente, con escasas variaciones, en gran parte del planeta, determinándose con ella un importante porcentaje de la lucha emprendida desde diversos ángulos por sectores políticos y populares, pero todos convergiendo en un mismo objetivo: alcanzar un mejor nivel de vida (o lo que llamamos Buen Vivir en nuestra Abya Yala). El otro porcentaje está relacionado con el ámbito espiritual y/o cultural donde la lucha será más profunda, prolongada y nada fácil, dado que la ideología de los sectores dominantes fueron moldeando -con diversos instrumentos a su entera disposición- la conciencia de nuestros pueblos, a tal punto de lograr que éstos llegaran a justificar su hegemonía y a confrontar a quienes se atrevieron a desafiarla, pretendiendo alterar el orden establecido en beneficio de los sectores populares.

 

La lucha tendrá entonces que orientarse en dos direcciones, ambas íntimamente conectadas aunque pocos lo crean y lo planteen de este modo. Una, la más generalmente admitida, en lo político y en lo económico. En el segundo caso, habrá que admitir que ésta se extiende más allá de cualquier manifestación artística-cultural e incluye lo religioso, en vista que gran parte de su vigencia se debe, primordialmente, al hecho de aliarse al poder constituido y ser un elemento altamente alienante, causando que muchos seres humanos se resignen a su suerte mientras se prodigan bendiciones a sus esquilmadores.-

 

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09/08/2017 13:48 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

¿ESPERANDO LA CAÍDA?

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Tantas veces ha anunciado la oposición de derecha la inminente caída del gobierno de Nicolás Maduro que muchos de sus partidarios -de oírlo tan reiterativamente en cada uno de los diferentes medios informativos existentes dentro y fuera del país- concluyen en admitirlo como un hecho, más que como una posibilidad. Con la excepción explicable de los chavistas, tal percepción es compartida, en uno u otro grado, por analistas, vista la situación de acoso violento que enfrenta desde hace más de cuatro meses consecutivos el gobierno a manos de grupos opositores extremistas. Tal situación quizás se agrave tras el triunfalismo electoral post-plebiscitario, pese a no contar con un resultado verificable y cuantificable, ya que la meta es proporcionarles un viso de legitimidad y legalidad a las aspiraciones de poder del sector antichavista. A tal grado, que ya muchos de sus representantes suponen que el «éxito» del plebiscito les estaría otorgando el derecho absolutista de gobernar a Venezuela, por encima del porcentaje contrario de ciudadanos que no votaron en su consulta ni forman parte de sus filas.

 

Esta convicción suya podría precipitar, indudablemente, una mayor escalada de violencia bajo la excusa interesada de desconocer al gobierno de Nicolás Maduro e imponer su propia agenda política, la cual sería, a juzgar por lo que expresan sus seguidores en redes virtuales y medios informativos, de un contenido totalmente contrario a los diferentes cambios suscitados en el país en beneficio de los sectores populares; a la manera de lo hecho por los nuevos regímenes de Argentina y Brasil. Este otro rasgo de la estrategia opositora (apoyada, de uno u otro modo, por la Fiscal General de la República) se ajusta a aquella previamente esperada por sus aliados extranjeros, sirviendo muy a propósito a lo intentado por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados en la Organización de Estados Americanos o en las Naciones Unidas, endilgándole la etiqueta de gobierno fallido al gobierno nacional y así justificar cualquier medida injerencista en territorio venezolano. Considerando este importante detalle, no es difícil suponer que la elección de la Asamblea Nacional Constituyente poco contribuirá a reducir la confrontación política en el país, sobre todo si los medios informativos a favor de la oposición disminuyen a diario su impacto e importancia, exaltando y explotando las deficiencias observadas en los distintos niveles de la administración pública, las cuales no podrían obviarse, creyendo que esto representa una traición y parcializarse con la oposición, cuestión que más bien le procura más argumentos a ésta en vez de fortalecer, como se juzga erróneamente, al chavismo.

 

Se debe tomar en cuenta que una revolución de rasgos populares y socialistas, como la que ha pretendido instaurar en Venezuela, ha de fundarse en todo instante sobre paradigmas totalmente distintos a los del orden establecido. Eso lo dicen quienes -de una u otra forma- contribuyeron a definirla, tanto en el aspecto político-filosófico como en el aspecto económico, sin olvidar lo propio en relación con la cultura y el nacimiento de una nueva conciencia social. Es lo que cualquiera pudiera resumir, o deducir, respecto a la propuesta revolucionaria del socialismo (de éste u otro siglo), sea donde sea que el mismo tenga altas probabilidades de iniciarse y de concretarse. ¿Qué les corresponderá cumplir a quienes se muestran dispuestos a impulsar un verdadero cambio revolucionario en Venezuela? Tendrán que contribuir efectivamente a la conformación inédita de instituciones de control populares -radicales- que logren la meta de erradicar la corrupción y el despotismo presentes en los diferentes niveles de lo que es actualmente el Estado, así como la influencia ejercida sobre el mismo por las corporaciones que manejan la economía, dentro y fuera del país. Quizás entonces pueda truncarse la aspiración de la derecha local y extranjera de disfrutar la caída de Maduro; dándosele un vuelco total a la presente situación de crisis por la que atraviesa Venezuela.-

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09/08/2017 13:27 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL PROBLEMA ES ESTRUCTURAL, NO COYUNTURAL

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Como lo refleja la historia, la ruptura de la «paz democrática» con los sucesos producidos en Venezuela en los años 1989 («El Caracazo») y 1992 (las insurrecciones cívico-militares del 4 de febrero y del 27 de noviembre) puso de relieve la existencia de grandes, continuadas y profundas contradicciones sociales, políticas, culturales y económicas que venían aflorando a lo largo del tiempo en este país. Contradicciones que, durante décadas, fueron «exitosamente» amortiguadas e invisibilizadas por la ilusión creada de un maná petrolero inagotable, en una versión tropicalizada de la Arabia Saudita, cuyos dividendos en dólares podrían extenderse a todos sin distinción (aunque esto sólo se concretara en el caso particular de las élites políticas y económicas privilegiadas, encargadas de la dirección del país). Esta se combinó con la represión sistemática de cualquier síntoma de rebeldía popular, en especial si éste era (o, simplemente, se sospechara que lo fuera) inspirado por los ideales marxistas leninistas; contando con la asesoría directa de la Agencia Central de Inteligencia y del Pentágono estadounidenses, para repeler y derrotar la lucha armada, emprendida -a imagen y semejanza de lo alcanzado por Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio en Cuba- por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y sus derivaciones, el Partido de la Revolución Venezolana-Ruptura (PRV-Ruptura) y la Organización de Revolucionarios (OR).

 

Estos antecedentes históricos debieron ser tomados en cuenta por Hugo Chávez, Nicolás Maduro y toda la gama de dirigentes chavistas a la hora de proclamar (y creer, además) que habría en Venezuela una experiencia revolucionaria sin ataques de la derecha tradicional y de los poderes fácticos de Estados Unidos. De una u otra manera, esta misma dirigencia se extravió en el discurso socialista y asentó las bases burocráticas para evitar, contradictoriamente, la concreción del socialismo que quiso diferenciarse llamándolo del siglo 21; recreándose, en su lugar, la vieja cultura política puntofijista, con todo lo que ella implica en cuanto a corrupción y clientelismo político.

 

En este caso, cada revolucionario y chavista debiera interrogarse a sí mismo respecto a cuál es su papel y en qué medida está contribuyendo efectivamente con hacer realidad la Revolución Socialista en este país. ¿Por qué asciende o es promovido a cargos de dirección o de confianza? ¿Porque se tiene una mayor capacidad, un mayor compromiso o una mayor formación que otros con iguales oportunidades? Si la respuesta es positiva, entonces ¿por qué sus acciones no reflejan algo de esto, es decir, por qué éstas no trascienden lo habitualmente hecho y aceptado, convirtiéndose cada una en una cotidianidad revolucionaria permanente? A todo ello hay que agregarle la ética como ingrediente básico, entendiendo que ella marcará y evidenciará una diferencia abismal en relación con el comportamiento observado entre aquellos que gobiernan y dirigen a los sectores populares, apegados a la usanza tradicional y jerárquica, sin atreverse a modificar de raíz las relaciones de poder que caracterizan desde hace siglos al sistema burgués representativo.

 

Como se podrá concluir, el problema es estructural, no coyuntural. Como en todo sistema contradictorio, la crisis social, política, económica, moral y, en términos más amplios, de gobernabilidad que envuelve a Venezuela desde 2014 (estableciendo una corta cronología aunque pudiera retrotraerse a años anteriores a éste) básicamente tiene que ver con el dilema constante entre satisfacer las aspiraciones de los sectores tradicionalmente dominantes o, contrariamente, las aspiraciones de los sectores tradicionalmente dominados o subordinados. Aceptando esto como algo cierto, el movimiento popular, en un sentido amplio, se plegó -sin lucha alguna- a las decisiones adoptadas desde el palacio de Miraflores, perdiendo así la suficiente autonomía para iniciar, protagonizar y profundizar los cambios que harán falta en materia política, económica, social y cultural para transformar estructuralmente el Estado y el modelo de sociedad venezolanos vigentes.-

 

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09/08/2017 13:20 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL ESTADO COMO ELEMENTO DEL PODER POPULAR

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Para muchos burócratas (incluyendo a aquellos que suelen presentarse como revolucionarios, de los cuales cabría un comportamiento de conformidad con los ideales expresados) lo que más importa es rendir cuentas a sus superiores, olvidando -adrede- que le deben lealtad al pueblo que (directa e indirectamente) les delega su soberanía. Ello no sería nada extraño, de estar conscientes que el funcionamiento del Estado es, en términos amplios, contrario a los postulados democráticos y, en especial, respecto a las demandas ciudadanas de mayores controles, transparencia, efectividad y, más recientemente, de protagonismo y de participación populares.

 

El Estado, por tanto, tendrá que convertirse en foco de la atención, la reflexión y la acción de todo movimiento popular democrático dispuesto a cambiar radicalmente las estructuras sobre las que existe el modelo civilizatorio (dominado por la lógica capitalista) en el cual se desenvuelve una gran parte de la población global. El Estado burgués liberal -tal como lo concebimos en su forma actual- sólo ha servido para empoderar elites que, en general, se mantienen abismalmente separadas de la gran masa de gobernados que constituye la mayoría; asumiendo éstas que todas sus decisiones son (y serán) incuestionablemente correctas y, en consecuencia, harto beneficiosas para todos, cosa que la clase subordinada ha de aceptar resignadamente por su propio bienestar.  

 

En relación a éste, habrá que aprender a ser radicalmente innovador y revolucionario, sobre todo, en lo que concierne al ejercicio de la democracia por parte de los sectores populares organizados. De igual forma, es de esperarse (y de estimularse en su grado máximo posible) una comprensión crítica cabal de la realidad histórica que le ha correspondido en suerte vivir a los pueblos bajo las estructuras que legitiman el sistema de Estado burgués liberal, aún en sus modalidades o expresiones más “democráticas” y “revolucionarias”.  Para las personas habituadas a percibir y a entender el poder desde una óptica altamente jerarquizada, resulta infructuoso cualquier intento por alterar (aunque sea en su mínimo aspecto) el sistema establecido. En tal caso, mostrarles y demostrarles que la soberanía les es algo completamente inherente en vez de observarla como potestad plena del Estado y de tales elites implica, de por sí, una acción revolucionaria y subversiva.

 

Sobre esta percepción y convicción generalizadas se legitima la hegemonía de los sectores dominantes, por lo cual ha de cuestionarse, en un primer momento, su vigencia, develando su origen histórico. Logrado este propósito, nada raro sería (como ocurriera en el pasado) que, a la par de dicho cuestionamiento, surjan y se impongan posiciones que acaben por repetir los mismos esquemas que dieran nacimiento a esta hegemonía, solo que esta vez se hará en nombre de una presunta revolución y de los derechos del pueblo. Frente a ello, se debe resaltar la potencialidad del carácter asociativo de toda comunidad, tanto en sus distintos grados de convivencia diaria como en la lucha por sus reivindicaciones, cuestión que estaría amenazada por el nuevo Leviatán que comienza a erigirse en algunas naciones bajo el argumento de garantizarles a los ciudadanos un nivel mayor de seguridad y de vida tranquila.

 

Dado este paso, podrá afirmarse -sin mucho análisis- que esto derivaría, tarde o temprano, en una negación total del tipo de poder que nos ha regido (y rige) a lo largo de la historia, independientemente de cual sea, o haya sido, su categorización u origen. Así, al contrario de lo hecho por el poder institucionalizado y usufructuado por las oligarquías y los modernos feudos político-empresariales, cabe abarcar y darle espacios de autonomía a las diferentes expresiones plurales y heterogéneas que identifican a los sectores populares, partiendo del compromiso y/o programa compartido para lograr una verdadera emancipación, individual y colectiva. Todo aquello que configura el sistema de dominación imperante debe, por consiguiente, cuestionarse y abolirse en función de la autodeterminación de los pueblos; lo que exige “crear y recrear -según Amedeo Bertolo, colaborador de la prensa anarquista italiana,- sociabilidad, inventando, transmitiendo y modificando normas”; institucionalizando un poder popular, o colectivo, en lugar de uno simplemente personalista u oligárquico.-     

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19/07/2017 12:37 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL TOTALITARISMO CORPORATIVO Y LA NOVEDAD DE LA GUERRA

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«En una guerra siempre pierden los mismos» es una frase que se deja oír en una escena de la película española «Soldados de Salamina» y refleja lo que ha sido una constante en cada conflicto bélico que se produzca en cualquier lugar de nuestro planeta; es decir, pierden aquellos que tienen la desgracia de no contar con los recursos suficientes para no ser víctimas de la violencia y de la destrucción desatadas.

 

Lo que en épocas pasadas se catalogó como métodos correctos de hacer la guerra han sido sustituidos por otros que, en estas mismas épocas, resultaran condenables desde todo punto de vista eético y moral, dado el exceso innecesario de crueldad, de destrucción y de muertes de personas de cualqucualquier edad, observado durante la Segunda Mundial y, posteriormente, en la guerra de Vietnam. En la actualidad no sorprende a nadie que se cometan desmanes a diario contra poblaciones enteras indefensas, convertidas en blancos y escenarios de conflictos bélicos, generalmente azuzados por las potencias occidentales, con Estados Unidos al frente, como ocurre desde hace décadas en la región del Medio Oriente, sin visualizarse una solución definitiva.

 

Todo esto representa una nueva metodología para la dominación. Aunque suene inverosimil. No se puede ignorar la utilización de nuevos y mejorados engranajes de control de la vída de poblaciones enteras; muchas veces sin que éstas se den por enteradas. La evolución de la política a una economía-política (basada, sobre todo, en los postulados de la economía neoliberal) impulsa, puesto que le es necesaria, la homogenización de los diversos grupos sociales, al margen de sus características étnicas, antropológicas, culturales y/o religiosas; lo que explicaría, en parte, las expresiones xenófobas y racistas que han aflorado con fuerza en Europa y Estados Unidos durante las dos ultimas décadas, legitimadas por una guerra contra el terrorismo que, por cierto, solo sus gobiernos están autorizados a decretar y llevar a cabo.

 

Es un proceso de disciplinamiento que recurre a todo tipo de recursos jurídico-legales, religiosos, propagandísticos, mediáticos, ideológicos y sicológicos que terminen por moldear a cada individuo a la medida de los requerimientos del nuevo poder corporativo económico-político. Dicho por Michel Foucault, "la disciplina, desde luego, analiza, descompone a los individuos, los lugares, los tiempos, los gestos, las operaciones. Los descompone en elementos que son suficientes para percibirlos, por un lado, y modificarlo, por otro". Para esto es esencial inculcar entre las personas el afán compulsivo por obtener y disfrutar bienes materiales, aún por encima de su propia dignidad, lo cual las empuja al egoísmo y al abandono de cualquier expresión de humanidad y de solidaridad respecto a sus semejantes.

 

Lejos de preservar y resaltar la particularidad de las personas (en un amplio y deseable sentido) lo que se pretende es que ellas sean y actúen como masa, lográndose su encauzamiento colectivo, de manera que respondan más dócil y resignadamente a los designios de aquellos que los gobiernan. El actual predominio de los dispositivos de seguridad contribuye con este propósito, justificado por el temor a convertirse eventualmente en víctimas de terroristas que, como se ha demostrado desde hace tiempo, son estimulados, respaldados, entrenados, financiados y armados por los gobiernos de Estados Unidos y Europa occidental. Todo en nombre de la libertad y la democracia.

 

El enorme crecimiento demográfico experimentado en los últimos cien años y las migraciones masivas hacia Estados Unidos y países de Europa ha hecho que algunos políticos, economistas y asesores de seguridad se planteen incrementar los controles ejercidos mediante genocidios sistematizados. Esto haría más accesible la posibilidad anhelada de influir, dominar y controlar a individuos y grupos sociales en todas sus facetas.

 

De este modo, los sectores dominantes, los usufructuarios de este poder económico-político globalizador, se garantiza a sí mismo la salvaguardia de su hegemonía y la estructura de dominación que la hace factible. Esto, como se puede concluir, conduciría al mundo a un totalitarismo corporativo, quizás no a la manera como lo describe George Orwell en su distopía "1984", pero sí muy cercanamente, el cual le impondría a la humanidad una misma lógica o identidad.-

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19/07/2017 12:32 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA Y LA CONSPIRACIÓN SIN PAUSA DE LA DERECHA

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Como se revelara luego, los asesinatos durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 fueron premeditadamente planificados por quienes conspiraban desde hacía tiempo para derrocar al gobierno de Hugo Chávez. Algo que fuera fomentado sin censura alguna por diferentes medios impresos, televisivos y radiales con el claro objetivo de preparar y explotar los resentimientos albergados por las otrora “indiferentes” burguesía y clase media del país; en una confabulación multifactorial que hizo pensar a muchos en una reedición exitosa de lo ocurrido al Presidente Salvador Allende en Chile.

 

En la actualidad, sin pausa alguna, los mismos actores de la conspiración antichavista de 2002 siguen el mismo guión aplicado entonces, buscando multiplicar esta vez las movilizaciones y la violencia homicida de sus seguidores, a tal grado que sus motivaciones políticas dieron paso a un juego macabro en el cual resaltan el racismo y el sadismo como rasgos más visibles de su estrategia para acabar con Nicolás Maduro y el chavismo. En correspondencia con esto, es apropiado citar lo escrito por Luis Britto García en su libro Dictadura mediática en Venezuela (Investigación de unos medios por encima de toda sospecha) respecto a que “los medios de comunicación de masas tienen como figura retórica favorita la reiteración: la infinita repetición de un contenido. Una vez que se articula la estrategia de culpar al gobierno de los muertos que la oposición causa, el procedimiento se repite hasta el cansancio”. Dicha afirmación refleja una situación que permanece inalterable, replicada por medios y redes virtuales locales e internacionales, contribuyendo a distorsionar y encubrir la verdad de los sucesos, siguiendo esquemas aplicados en Ruanda, Yugoslavia y otras naciones envueltas en guerras y limpiezas étnicas.

 

Se instaura así una polarización mediática, sin espacio para la disidencia existente en relación a uno u otro bando en pugna. Se cumple, en este caso, algo ya referido por Gabriel Levinas, en Periodismo, la obsecuencia debida, donde “los multimedios deciden, por ejemplo, a qué políticos se les otorga espacio y a cuáles se oculta o disminuye su presencia en los medios”; una cuestión nada novedosa, pero que tiene sus efectos -quiérase o no- en la psiquis colectiva, dando por hecha, o deducida, la inexistencia de otras opciones políticas factibles, persuadiendo a la colectividad en general sobre la inviabilidad de soluciones legales, pacíficas y consensuadas respecto a la conflictividad producida.- 

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19/07/2017 12:26 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN Y LA REALIDAD DE UNA SOCIEDAD ASUSTADA

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El capitalismo euro-yanqui y, junto con él, todo sentido del modelo de sociedad occidental, se desarrolló a costa, principalmente, de los ricos yacimientos minerales de nuestra Abya Yala, relegando luego a esta extensa región a la función de proveedora de materias primas y mercados estables para la colocación de sus productos manufacturados; enriqueciéndose y obteniendo grandes dividendos. Tal circunstancia histórica hizo que las naciones de este continente -al ser parte de este engranaje capitalista- fueran luego regidas, sobre todo a partir de las primeras décadas del siglo 20, por elites sumisas a la voluntad e intereses de las grandes corporaciones estadounidenses, lo que se escudó tras la fachada de una democracia “representativa”, o “delegativa”, teóricamente al servicio del pueblo, que no escatimaba recurso alguno (legal o represivo) para aplacar cualquier intento por cambiar (por menudo que fuera) el orden establecido.

 

Apoyado en las estrategias de manipulación diseñadas por los grandes conglomerados del entretenimiento y de las comunicaciones al servicio de sus intereses, el imperio global (representado, principalmente, por Estados Unidos, y en un segundo plano, sin dejar de ser importante su cuota de participación, sus aliados de Europa occidental) paulatinamente impusieron en nuestras naciones la realidad de una sociedad asustada, víctima del miedo generado por un terrorismo de Estado, carente de rostro, el cual podrá ser identificado -en cualquier momento y en cualquier latitud- con el rostro de quien decidan los poderes hegemónicos. Todo esto supone un gran desafío para quienes proclaman la necesidad de una verdadera revolución en nuestras naciones.

 

A ello se suma el clima creciente de inestabilidad interna y externa, patrocinado por las potencias occidentales, con Estados Unidos al frente, que obligaría a poblaciones enteras a preferir regímenes de derecha que ofrezcan aparentemente una mayor seguridad ciudadana, pese a la restricción tácita o expresa que esto supondría respecto a las garantías constitucionales de las libertades colectivas e individuales. Tal realidad obliga a promover -desde ya- un serio cuestionamiento y una demolición substancial de las estructuras que sirven de base al sistema de cosas imperante y formular, en consecuencia, una propuesta de transformación integral del mismo, privilegiando en todo aspecto y en todo momento la soberanía de los sectores populares, evitando de esta manera que sean presas fáciles de oportunistas, demagogos y empresarios ávidos de grandes ganancias.-

 

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19/07/2017 12:24 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA «SAGRADA MISIÓN» DE LA DERECHA EN VENEZUELA

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Con tanta apología de la violencia -promovida a diario por la derecha fascista en Venezuela-, sus ejecutores quizás se crean investidos de una misión sagrada que deben cumplir. Ya varios analistas se han encargado de ahondar en torno a este tema. Muchos de ellos, reconocen que ésta es una cuestión insólita en toda la historia política del país. Según otros, ella tiene sus antecedentes en la «cultura» estamental y/o segregacionista implantada durante el régimen colonial español. Otros lo atribuyen a la «reedición» de la ideología anticomunista que caracterizó las primeras décadas del siglo XX y, con un mayor énfasis, los años 60 y 70 de este mismo siglo cuando las fuerzas represivas del Estado puntofijista combatieron, encarcelaron, torturaron y asesinaron a los combatientes izquierdistas de entonces; despojándolos (al estilo nazi) de todo derecho y de todo rasgo de humanidad.

 

De este modo, simplificado el asunto, Venezuela se hallaría en la actualidad envuelta en una decisiva guerra entre el bien y el mal (como lo determinara el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, frente a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, antes de su eclosión, lo mismo que cuando ordenó el adiestramiento, el equipamiento y el financiamiento de la Contra en Nicaragua), donde los malos, los subhumanos y/o los demonios están representados por los chavistas y, por extensión, los sectores plebeyos y mestizos, es decir, los sectores populares, que son, para mayor precisión, la mayoría poblacional venezolana.

 

Los buenos, los humanos y/o los santificados serían, obviamente, quienes se encuentran en la acera de enfrente, es decir, los seguidores de la oposición antichavista. Para los primeros, nada está permitido, ni siquiera el derecho a la autodefensa, a pesar de la vigencia de la Constitución y las leyes que condenan cualquier tipo de agresión física y moral a las personas, así como el quebrantamiento de las garantías que preservan la continuidad del orden democrático instituido. Para los últimos, es todo lo contrario. Considerándose a sí mismos «luchadores por la paz, la libertad y la democracia» les es lícito entonces volcarse a las calles y crear zozobra entre la población, destruir instalaciones gubernamentales y comerciales, además de servicios públicos, necesarios para la gente de menores recursos económicos, a la que dicen defender; e incitan públicamente a las fuerzas castrenses nacionales a que derroquen y/o maten a Nicolás Maduro, al mismo tiempo que invocan y secundan una invasión militar de parte del imperialismo gringo junto con sus aliados del continente.

 

Visto así este escenario, al no imperar la sensatez entre las cúpulas derechistas locales y no pronunciarse éstas, abierta y sostenidamente, por un cese total de la violencia, será poco probable que los sectores populares dejen de reaccionar en igual medida, al margen de lo que haga o deje de hacer el gobierno nacional. Este convencimiento de la derecha respecto a su «misión sagrada» ha dejado aflorar resentimientos que, desgraciadamente, han desembocado en deplorables crímenes de odio, resultando lesionada y asesinada, incluso, gente de sus propias filas. Siendo esto cierto, la derecha fascista camina sobre una alfombrilla roja de muertes, buscando una ruta macabra que le conduzca finalmente hacia Miraflores.-

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08/06/2017 11:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

“INVENTAR” UN PODER POPULAR REVOLUCIONARIO

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De existir en Venezuela, como generalmente se proclama, un poder popular revolucionario que, además de verdadero, actuara de una manera totalmente autónoma frente a las diversas instituciones que conforman al Estado, hace largo tiempo se habría dilucidado el dilema en cuanto a continuar o no con las viejas estructuras políticas, económicas y sociales liberal-burguesas aún vigentes o, contrariamente, reemplazarlas de raíz, dando lugar a una transformación estructural y, por ende, produciendo una revolución popular que se extienda a todos los aspectos o ámbitos de la sociedad.

 

De resultar positiva esta segunda situación, jamás habría tenido efecto nada de lo hecho o pretendido por las agrupaciones opositoras y el imperialismo gringo para acabar con todo lo logrado en más de una década de gobierno chavista. Pero ello no ha sido posible en un cien por ciento gracias a la cooptación de dirigentes populares por parte de gobernantes locales que recurren con suma frecuencia al clientelismo político tradicional, evitando así que se incremente el protagonismo y el nivel de conciencia revolucionaria de los sectores populares y, adicionalmente, su organización revolucionaria independiente.

 

Cuestión que también es aprovechada por la oposición de derecha, alimentando la ilusión de una prosperidad a granel para todos a través del sistema capitalista (aunque no lo mencionen específicamente), dando por sentado que sólo se requiere renovar el antiguo sistema de élites gobernantes y seguir incondicionalmente las pautas dictadas por Washington para librar al país de las consecuencias de las políticas socioeconómicas del «nefasto régimen» que actualmente lo estarían destruyendo. Esto último, obviando, por supuesto, las causas que han llevado a Venezuela a la condición actual de dificultades productivas y económicas, con una propaganda negra internacional y nacional que busca acentuar el malestar y frustración del pueblo, mayoritariamente chavista.

 

Para reimpulsar y profundizar los objetivos primordiales del proyecto de la Revolución Bolivariana es necesario que se abandonen y se combatan en todo momento los patrones burocrático-representativos institucionalizados que impiden, confrontan, impugnan y buscan tutelar el surgimiento de un verdadero poder popular revolucionario.

 

Es preciso, por tanto, “inventar” un poder popular revolucionario. Asumir una mayor audacia revolucionaria para que se alcancen estos importantes objetivos, de modo que estos sirvan para desmantelar no solamente estos patrones contrarrevolucionarios sino también para fortalecer la organización y la conciencia de los sectores populares frente a las pretensiones derechistas de restaurar las distintas realidades del pasado. Esto implica adoptar posiciones radicales que cuestionen en todo momento las políticas de Estado que estarían afectando, de una u otra manera, la marcha de los cambios revolucionarios que anticipen este nuevo modelo de sociedad.-

 

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07/06/2017 12:28 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL ÚLTIMO CAMPO DE LA CONFRONTACIÓN EN VENEZUELA

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The New York Times publicó recientemente: «Las detenciones arbitrarias por motivos políticos son una constante en Venezuela, país que vive una de las peores crisis de derechos humanos de la región». Al respecto, una persona medianamente inteligente y con criterio propio se preguntaría: ¿Detenciones arbitrarias? ¿No son castigables los delitos de violencia terrorista, la destrucción de bienes públicos, las agresiones a funcionarios militares y policiales, la instigación pública a un golpe de Estado, la invocación de una intervención armada de una potencia extranjera y el asesinato deliberado de personas con propósitos políticos? ¿Son delitos lícitos y permitidos en el territorio de Estados Unidos y Europa sin actuación alguna de sus respectivos gobiernos?

 

Como se detecta en diferentes medios informativos, la situación interna venezolana es tratada con una evidente parcialidad. Esto salta a la vista en el uso del lenguaje al referirse a las acciones violentas del antichavismo como protestas pacíficas, lo cual es reforzado con la selección de imágenes que exponen a policías y militares como represores que violan sistemáticamente los derechos humanos de todo el pueblo venezolano; sin identificar la fuente del efecto efusivamente reseñado. Se esquiva así, repetidamente, la violencia convocada y legitimada por la dirigencia derechista, dándole un carácter cotidiano, a fin de influir en la percepción que se tenga de todo lo generado en el territorio, de modo que no existan más salidas que las exigidas por los sectores opositores.

 

En todo este panorama se puede determinar la deficiencia comunicacional del gobierno y del chavismo en general, muchas veces centrados en apagar fuegos, pero sin manejar una estrategia comunicacional que no sólo esté dirigida a informar a la colectividad respecto a la gestión gubernamental cumplida, o a mantener viva la imagen del Comandante Hugo Chávez, transformado en ícono, incluso por encima del Libertador Simón Bolívar; lo cual no ha evitado que la oposición continúe en su empeño por minar la confianza en Nicolás Maduro como presidente y en su capacidad para contribuir realmente al logro de los objetivos primordiales de la Revolución Bolivariana, Socialista y Popular que se busca impulsar y arraigar en Venezuela desde hace más de una década.

 

No obstante reconocerse este innegable talón de Aquiles, los factores y funcionarios chavistas se empeñan en depender (casi de manera exclusiva) del centimetraje que puedan obtener en diarios y demás medios de información, así dispongan de aquellos que dependen del Estado o sean partidarios de su programa político. De este modo, terminan por aceptar las reglas de juego impuestas por la ideología antagónica de las élites dominantes en vez de producir y consolidar unos medios propios que sean capaces de contrarrestar las matrices de opinión opositoras, evitando que éstos se conviertan en meros instrumentos propagandísticos que, en lugar de aclarar y orientar, oscurezca más la verdad de las cosas.

 

Igual ocurre con el manejo de las diferentes redes virtuales a las que tiene acceso una gran cantidad de personas (mayormente jóvenes) en donde se difunden noticias falsas, en muchas ocasiones recicladas, sin comprobación previa, lacerando la credibilidad del gobierno, así como contribuyendo (quizás inconscientemente) con las metas trazadas por la derecha local y extranjera para acabar con el orden constitucional vigente, configurándose de tal forma en Venezuela el último campo de la confrontación.-

 

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07/06/2017 12:22 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA Y… LA «OTRA»VENEZUELA

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Respecto a la oposición, es lícito pensar (sin lugar a la duda ni a la chanza ni a la mala intención) que no es gente seria e inteligente al «drenar» sus manías callejeramente como expresión política.

 

Sus extravagancias -salvo las acciones terroristas, con su saldo de asesinatos, asaltos y destrucción de inmuebles (muchos pertenecientes a pequeños y medianos comerciantes), continuamente negadas por sus dirigentes y, en contrapartida, todas atribuidas al chavismo- han servido para reanimar su escuálida presencia en las calles del país, buscando causar más un impacto sicológico en la opinión pública exterior que una reacción política en la local, imitando lo hecho en otras épocas y en otras latitudes. Pero, al contrario de aquellos que imitan, combatiendo gobiernos y políticas públicas que afectan los derechos y el bienestar colectivos, acá el objetivo primario no es otro que la salida extraconstitucional (preferiblemente sangrienta) de Nicolás Maduro de la presidencia, sin disponer de otros elementos de causa que legitimen sus protestas «pacíficas y democráticas».

 

Siendo esto tan cierto, habrá que concluir, forzosamente que, con tantas gríngolas mediáticas, es difícil que un fanático derechista se anime a reconocer la verdad expuesta ante sus ojos. Ya esto sucede, en cualquier ambiente y a cualquier hora; complicando la posibilidad de lograr un mínimo de diálogo y de entendimiento respecto al tipo de país que se aspiraría -entre todos- compartir. Esto ha logrado que la dirigencia ultraderechista de la oposición mantenga una posición inflexible, confiada en que sus objetivos están pronto a alcanzarse, contando con el apoyo de sus aliados extranjeros, sobre todo de los regímenes de Argentina, Brasil, Colombia, Perú y, por supuesto, de Estados Unidos, dispuestos a emprender medidas coercitivas (económicas, diplomáticas y, sin exponerlo más explícitamente, militares) que obliguen a Maduro a renunciar. A esta posición de inflexibilidad extrema, se agrega la Conferencia Episcopal Venezolana en abierto desacato de lo expresado por su líder espiritual, el Papa Francisco, como de sus buenos oficios para contribuir a una solución consensuada (o negociada) entre todos los sectores involucrados. Lo mismo pasa con los gremios empresariales y profesionales que son controlados por la derecha, cada uno promoviendo pronunciamientos que produzcan la sensación que el chavismo gobernante ha caído en completa desgracia, restándole nada más que el respaldo interesado de la cúpula castrense.

  

En la concepción de la democracia de la derecha, ella representa la totalidad de la población de la nación. Así, aquellos que protestan «pacíficamente» por el respeto a la Constitución (la misma que ellos, por cierto, rechazaran a gritos en 1999 y luego abolieran mediante el gobierno de facto del empresario Pedro Carmona Estanga en 2002) serían entonces los que mejor podrán gobernar Venezuela para bien de todos. El resto (entiéndase, según su óptica clasista y racista, la chusma, los tierrúos, los pata en el suelo, los sectores populares) sólo tendrán que adaptarse y sobrevivir con las migajas que deje caer de sus mesas la nueva clase gobernante de la derecha mientras recupera el rumbo perdido e impulsa programas del neoliberalismo económico que satisfagan las apetencias de los grandes consorcios del capitalismo transnacional; al modo «democrático» de Argentina o Brasil.

 

De esta forma, la derecha representa una Venezuela que confronta a la «otra» Venezuela, la conformada por el chavismo, que es -básicamente, aunque muchos lo cuestionen- la mayoría de la población, los sectores populares, de los cuales -por cierto- se expresan en términos bastante degradantes y despectivos, copiando la jerga bravucona neo-nazi. Algo que se deja ver en los sitios escogidos por la derecha para llevar a cabo su ahora cotidiana labor de «protestas pacíficas» contra el régimen de Maduro, dejando tras su paso de hordas enfurecidas una estela de destrucción y muerte; a diferencia de lo que ocurre normalmente en las movilizaciones chavistas (invisibilizada en la mayoría de las cadenas empresariales informativas), con sus expresiones de alegrías, cantos y bailes, irradiando optimismo y, muy especialmente, un profundo amor por la Patria bolivariana, en vez de prodigar -como su contraparte- una excesiva admiración y dependencia emocional respecto a la potencia tutelar del continente, Estados Unidos.

 

Esto marca, indudablemente, una diferenciación de clases sociales, profunda, que se ha manifestado con todo lo que ella implica, ya no sólo en el plano político o económico, sino muy especialmente en lo cultural, ideológico y/o espiritual de cada persona, independientemente del hecho evidente que gente de los estratos más bajos acompañen a los representantes oligárquicos y apátridas de la derecha; como también en sentido contrario. Aun así, habría espacio para determinar, con algo más de precisión que esta simple categorización, la existencia de la «otra» Venezuela, aquella a la que tanto temen por igual la derecha (local y extranjera) como los que gobiernan en su nombre.-

 

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07/06/2017 12:14 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA PAZ, LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA… DE LAS “ELITES”

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¿Qué diferencia en Venezuela a los ricos (y quienes ambicionan serlo) de los pobres (y quienes no quieren serlo)? Desde la época colonial, la degradación moral es uno de los estereotipos creados y atribuidos generalmente a estos últimos, calificados de gente de baja calaña (en otros casos, ralea), producto de su falta de autoestima, su ignorancia y su convivencia diaria con la pobreza. Arriba estaría la gente de bien, ejemplar, ilustrada y de altos quilates éticos y morales, llamada a dirigir, por ende, el destino común de la nación. Sin embargo, frente a los acontecimientos producidos en los últimos meses, toda esta visión sesgada tradicional de la realidad socioeconómica nacional se ha venido a pique.

 

Quienes se jactan de pertenecer a los altos estratos sociales y económicos han dejado ver, públicamente, de qué madera están hechos, actuando con la mayor impudicia posible, a tal nivel que muchas personas no saben si reír o escandalizarse ante sus extravagancias cada vez que la dirigencia antichavista les convoca a protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro; repitiendo imágenes y esquemas que bien pudieron funcionar en otras latitudes, pero que son ajenas a la idiosincrasia venezolana.

 

Aun así, diferentes medios destacan este tipo de actuaciones como algo absolutamente válido en la lucha contra la «dictadura madurista» y la defensa de la Constitución; dejando entrever, además, que ella cuenta con el ciento por ciento del apoyo del pueblo mientras el chavismo gobernante carece de un mínimo porcentaje de apoyo, lo que implica que -en un corto plazo, según el vaticinio de los expertos consultados en dichos medios- éste sería derrocado y reemplazado por un gobierno de verdaderos propósitos políticos democráticos, a la usanza de los existentes en Argentina o Brasil, por no mencionar los de Colombia y Estados Unidos, paradigmas de lo que debiera ser uno similar en este territorio bolivariano.

 

Por eso, estas personas (luciéndose ante las cámaras de sus amigos y periodistas) suponen y están convencidas que lo justo de esta lucha les permite echar mano de todos los recursos disponibles, sin importar que los mismos atenten contra la ley y causen la muerte de sus semejantes, muchos de ellos ajenos al escenario de confrontación política que se intenta generalizar.

 

Dicho comportamiento evidencia, sin duda, una psicopatía o idiocia, no obstante los títulos universitarios que algunas de estas personas puedan exhibir con justificado orgullo; lo cual es digno de estudio de parte de las diferentes ciencias sociales, sirviendo de base para un mejor entendimiento respecto a los motivos reales que impulsan la «resistencia» opositora. Cabe entender si el hecho de desnudarse y defecar en la vía pública, a la vista de todo el mundo, refleja o no algún tipo de daño cerebral o, sencillamente, es parte de un deseo largamente reprimido que, en las circunstancias actuales, pudo al final aflorar, liberando a sus protagonistas de una pesada carga emocional. También se podrá concluir, someramente, que se tenga la intención que entre los chavistas ocurra algo parecido; igualándose ambos bandos en un torneo de nunca acabar en cuanto a muestras de estupidez y de falta de valores, convirtiendo la convivencia y la tolerancia democráticas en una cuestión inexistente y despojada de significado alguno.

 

Posiblemente esto sea parte del mensaje que se le quiere transmitir a las nuevas generaciones, sin estimar sus eventuales consecuencias, en una tierra de nadie, donde -pese al orden jurídico vigente- toda inmoralidad, toda violencia terrorista y toda violación de los derechos humanos de quienes no comparten sus intereses y su ideología, es impunemente permitida. Para los ricos (y quienes ambicionan serlo), lo mismo que para la élite gobernante estadounidense, esto será lo mejor que suceda, en bien de sus respectivos intereses. ¿Qué relevancia tiene la matanza de unos «cuantos» demonios chavistas si la misma se produce en beneficio de su altruismo y su «fe» democrática?

 

Cosa semejante se hizo sin escándalo alguno (incluso de la jerarquía eclesiástica católica, convertida en un factor político innegable) en Alemania bajo el régimen nazi, en Italia con el fascismo, en España con Franco, su «caudillo por la gracia de dios» y en Chile, sometido -por voluntad del imperialismo gringo- al mando «benévolo» del general Pinochet. De este modo, cualquier tentativa de agresión física y de asesinato, independientemente de cuál sea la edad y la condición social de las víctimas (seleccionadas o al azar), la solicitud a gritos (y oída con suma atención en Washington) de una invasión militar yanqui que extermine de raíz al chavismo plebeyo; la destrucción deliberada de bienes públicos que benefician, principalmente, a los sectores populares de bajos recursos económicos; y las faltas a la moral y las buenas costumbres, tendrán un asidero, más que legal o legítimo, irreprochable. Todo sea -según su punto de vista- por la consecución de la paz, la libertad, la democracia y el derrocamiento final de la «dictadura madurista».-

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07/06/2017 12:08 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA NECESIDAD REVOLUCIONARIA DE LA DEMOCRACIA DIRECTA

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En la coyuntura actual de enfrentamiento y terrorismo alentada por grupos ultraderechistas en Venezuela, los revolucionarios tendrán que asumir como línea fundamental de combate la organización y la movilización revolucionaria del pueblo como pasos trascendentales que aceleren la praxis de la democracia directa por parte de los sectores populares. Se impone así, como agenda primordial de los distintos factores revolucionarios, la consolidación del poder constituyente del pueblo, a fin de que sea éste quien determine realmente la transformación estructural del vigente Estado burgués liberal, las nuevas relaciones de producción bajo una óptica postcapitalista y la evolución democrática del país, y no una minoría que nada más vele por sus propios intereses.

 

En medio de este escenario de agudización de confrontación política -predispuesto, primordialmente, por la dirigencia derechista-, tendrá que llevarse a cabo un debate abierto respecto al desarrollo, los alcances y las debilidades de la Revolución Bolivariana, con la intención de reorientar y reimpulsar el avance de las fuerzas revolucionarias populares en vez de continuar fortaleciendo, en algunos casos inconscientemente, el viejo modelo de Estado burgués liberal y el clientelismo político que lo obstruyen. Tal propuesta se enlaza con la necesidad de elevar la conciencia revolucionaria de los sectores populares, de modo que les sirva para desmantelar el acoso mediático y las apetencias de poder de los grupos apátridas y fascistas del país, lo mismo que la injerencia descarada del imperialismo gringo y de sus satélites internacionales en los asuntos internos venezolanos.

 

Al respecto, cabe decir que, independientemente de las previsiones gubernamentales, legítimas y normales en cualquiera nación del mundo, incluida la convocatoria hecha por Nicolás Maduro para una Asamblea Nacional Constituyente, son los diversos factores políticos y sociales de la Revolución los llamados a mantener un perfil vigilante y de lucha constante frente a la estrategia de desestabilización ejecutada por los grupos oligárquicos en Venezuela, ahora magnificada y rebotada simultáneamente por redes virtuales y demás medios de información, siendo esto último, por cierto, su principal soporte, ya que no cuenta con un masivo y decidido respaldo popular, como lo hacen ver a diario; pese a las innegables deficiencias presentes en muchas instituciones públicas.

 

Por consiguiente, se debe entender que el papel de los factores revolucionarios no sólo se refiere a simplemente salvaguardar la estabilidad del gobierno nacional y la existencia política del chavismo sino el de defender, en un primer plano, la soberanía nacional al estar la oposición aspirando y exhortando a que las tropas del Comando Sur de Estados Unidos le faciliten lo que no han conseguido con su sabotaje económico continuado, sus noticias falsas recicladas y sus incesantes violaciones al orden constitucional vigente, todo avalado por una Asamblea Nacional en desacato.

 

En un segundo plano, sin dejar de ser importante por ello, se requiere activar mayores mecanismos de participación y protagonismo de los sectores populares hasta lograr, en consecuencia, el ejercicio revolucionario de la democracia directa por parte de éstos, lo que definirá el carácter socialista del proyecto de transformación de la Revolución Bolivariana. Todo ello podrá iniciarse y obtenerse, a pesar de la autocensura y las limitaciones impuestas por algunos medios informativos privados a la difusión de noticias y declaraciones favorables al gobierno, a través de campañas divulgativas y foros públicos donde se dé a conocer cuáles son sus fuentes, sus instigadores y sus intereses reales.-

 

 

 

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07/06/2017 12:04 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA «MODA» FASCISTA Y EL SILENCIO DE LA VERDAD

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Hay una frase de Marcel Proust, plasmada en su obra «Sodoma y Gomorra», que bien podrá ilustrar la situación presente en Venezuela: «Sólo el mal hace observar y aprender, y permite descomponer los mecanismos que no conoceríamos si no fuera por él». De una forma que reconocemos simple, pero pertinente, ésta daría cuenta del carácter de los hechos violentos, presuntamente espontáneos, ocurridos en fechas recientes, con gente de la derecha que recurre sin remordimiento alguno al terrorismo y al asesinato como armas políticas.

 

Sin embargo, ello es obviado adrede por algunos responsables de la prensa nacional y extranjera, sin medir sus consecuencias, resaltando como absolutamente negativa y condenable la actuación seguida por los organismos de seguridad del Estado, cuyos integrantes -contrario a lo comúnmente observado en otras naciones del mundo- son víctimas de insultos, agresiones físicas y hasta de asesinatos; cosa muchas veces estimulado y celebrado por quienes se proponen acabar, a cualquier precio, con todo vestigio de la experiencia chavista en el país.

 

Esta tendencia se ha generalizado sin límites, reduciendo, soslayando y suavizando la crudeza de los acontecimientos suscitados, pese a la existencia de evidencias fotográficas y audiovisuales que la refutan.

 

Un balance serio en relación con la cobertura noticiosa del acontecer venezolano determinaría que un número abultado de medios dejó de ser imparcial y ahora actúa frontalmente como emisor de propaganda antichavista. Éstos emiten juicios de valor, lo que no solamente se transmite a través de titulares y calificativos aparentemente objetivos e inocuos, sino también mediante el uso de imágenes, mensajes y noticias que induzcan a creer que Venezuela es un caos total, envuelta en una atroz guerra civil. Ello bajo la advocación del derecho a la libre expresión que les asiste por vía constitucional.

 

Dicha situación rememora mucho el escenario previo a la guerra y limpieza étnica sufridas en la antigüa Yugoslavia y en Ruanda cuando los diferentes medios de información avivaron odios racistas y ultranacionalistas dormidos, lo que fuera sancionado por el Tribunal Penal Internacional, en el último caso, como responsabilidad intelectual directa de dueños y directivos de estos medios. Se observa un empeño diario en conformar las condiciones ideales para que caiga finalmente la «dictadura» chavista, desdeñándose la normativa constitucional que avala al gobierno actual como un gobierno legítimo, producto de un proceso electoral que fuera, además, supervisado por la comunidad internacional.

 

En este balance cabe incluir necesariamente la estrategia fraguada desde Washington para impedir la factibilidad de una verdadera revolución popular socialista que termine por afectar su hegemonía geopolítica; amenazada, asimismo, por Rusia y China, cuyas cuantiosas inversiones han traspasado sus antiguas áreas de influencia, rivalizando con el capital estadounidense. Este importante elemento, negado o puesto en duda por muchos de los patrocinadores de las acciones opositoras emprendidas, explicaría en una gran proporción el auge de las mismas, sustentadas mayormente a través de las redes virtuales y las grandes corporaciones mediáticas, cuestión que ha obstaculizado las iniciativas de diálogo de Nicolás Maduro para restablecer la paz y el orden constitucional.

 

En lo inmediato, en Venezuela se libra una verdadera guerra mediática donde la verdad es la primera víctima. Un elemento secundario y moldeado por medios prácticamente corporativizados que adoptan una línea editorial ostensiblemente hostil al gobierno, según los intereses opositores perseguidos.

 

En tal contexto, resulta adecuado citar lo dicho por la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, durante la 39 sesión del Comité de Información Pública de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas: «Con más frecuencia la libertad de expresión, la imparcialidad y la objetividad se sacrifican a la coyuntura política». Una «moda» fascista que conspira contra el logro de la paz y el respeto de la democracia como rasgos de una verdadera sociedad igualitaria, tolerante y pluralista.-

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07/06/2017 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA ILUSORIA EXISTENCIA DE UNA DERECHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

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Para evitar una mayor escalada de violencia que pueda revertirse en su contra, la dirigencia de la derecha democrática en Venezuela (si acaso existe) tendría que recapacitar y desmarcarse de los grupos violentos y fascistas que buscan aterrorizar a toda la población. No debería, por tanto, hacerse cómplice silenciosa de los desmanes cometidos por tales grupos, ya que de esta manera estaría estimulándolos para que continúen generando una reacción similar de parte del chavismo (ya no de los cuerpos de seguridad del Estado), envolviendo a todo el país en una situación lamentable, con víctimas de ambos bandos. Sin embargo, parece bastante ilusorio que semejante cosa ocurra, dado que desde hace tiempo los grupos más radicalizados (como Primero Justicia y Voluntad Popular) han sido los artífices y protagonistas principales de esta estrategia desestabilizadora, bendecidos y financiados, además, por la extrema derecha internacional.

 

Si diera señales de vida y de verdad estuviera interesada en defender la paz, la soberanía y la constitucionalidad de Venezuela, lo menos que podría avalar esta presunta oposición democrática es la destrucción nada espontánea de las edificaciones públicas, unidades de transporte de pasajeros, instituciones educativas y centros de salud, cuyos mayores beneficiarios son los sectores populares.

 

Si se le aceptara que su lucha es justa y democrática, tendría que exigírsele a los seguidores de este tipo de oposición que, en correspondencia con las banderas que enarbolan, adecuaran su lenguaje a la búsqueda real de soluciones ante la situación que denuncian, especialmente en lo concerniente al odio mostrado hacia los chavistas, con expresiones abiertamente racistas y homicidas. Esto implica, lógicamente, dejar de alimentar actitudes que predisponen un escenario de violencia, con lo cual solo estarían de acuerdo sicópatas y sociópatas.

 

En contraposición, a los chavistas, lo mismo que a los revolucionarios, les toca contribuir a que las medidas adoptadas por el gobierno nacional se concreten en beneficio del pueblo, condenando y denunciando todo aquello que sirva para justificar las acciones opositoras, tomando como primera referencia la gestión deficiente que puedan presentar algunas instituciones del Estado, sean éstas nacionales, regionales o municipales, y hacer todo lo posible porque se constituya y funcione un poder popular verdaderamente revolucionario e independiente, siendo éste capaz de marcar el rumbo en la transición hacia el socialismo.-

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07/06/2017 11:56 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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