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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2019.

EL GÓLEM CAPITALISTA Y LA HEREJÍA DE LOS PUEBLOS

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Como una especie de dios engendrado y reverenciado por los seres humanos, el capital acaba por subyugar la voluntad de éstos, independizándose cual Gólem de su control. Es un fetiche que “ha cobrado vida y alma, se crea, alimenta y crece a partir de sí mismo de manera completamente autosuficiente, transformándose en causa y consecuencia, supuesto y producto, premisa y resultado de sí mismo, aparentemente sin ninguna mediación intermedia y ninguna molesta dependencia del trabajo humano vivo”, en consideración de Néstor Kohan en su libro “Nuestro Marx”, al referirse a la génesis del capital dinero explicada por Karl Marx. En la continuación de tal explicación, según este último, “de esta manera se convierte por completo en atributo del dinero el de crear valor, de arrojar interés, tal como el atributo de un peral es el de producir peras. Y el prestamista del dinero vende su dinero en su carácter de semejante cosa que devenga interés (…) Aquí queda consumada la figura fetichista del capital y la idea del fetiche capital”.


Esto, a pesar de los muchos estudios que demuestran su incongruencia, es comúnmente asumido como algo normal e inevitable. Así, con una poderosa y omnímoda industria ideológica que ha moldeado la opinión pública a su gusto, los dueños del capital deforman la realidad objetiva del mundo, por lo cual muchas personas -en contra de lo que debiera ser la defensa de sus propios derechos e intereses- acaban convenciéndose de que resulta inútil cualquier cambio significativo en sus vidas, especialmente si éstos entran en confrontación abierta con las normas impuestas; lo que tiene, indudablemente, un impacto negativo respecto al ser social y a la conciencia social de cada una de tales personas. La subjetividad alienada y domesticada de muchas de ellas responderá, parcial o totalmente, de una manera automática a los estímulos que accionen las clases dominantes, reflejándose ella en prejuicios y convicciones de carácter político, social, económico, cultural, nacionalista y religioso; entrecruzándose hasta formar un todo autodefensivo frente a cualquier asomo posible de herejía popular.


En su perenne propósito de maximizar ganancias, quienes rigen el sistema capitalista global han conseguido imponer un modelo de desarrollo basado en el extractivismo (lo que repercute de manera negativa en la conservación de la naturaleza), la flexibilidad laboral, la privatización de empresas y servicios públicos, la apertura incondicional de fronteras y mercados a productos y capitales transnacionales, la reducción de salarios, y el aumento de la deuda externa; conformando, en la práctica, una corporocracia, un gobierno supranacional, que desdibuja e irrespeta toda noción de soberanía y leyes. Con esto, se trata de convencer al resto de los seres humanos de las bondades de tales medidas. Sin embargo, los resultados están a la vista y desmienten contundentemente las ilusiones forjadas por el capitalismo, especialmente el de los últimos tiempos, el capitalismo neoliberal. Como se sabe, la materialización del capitalismo neoliberal coincidió con el desplome algo inesperado del Muro de Berlín y, junto con él, del hasta entonces denominado bloque soviético, lo que pudo permitir alcanzar -para todos en la Tierra- el estado de progreso, democracia y bienestar material que estuvieron vaticinando sus apologistas durante el apogeo de la Guerra Fría.


Adentrado el siglo 21, el estatismo autoritario y corporativo, cuyos rasgos rememoran la ideología nazi-fascista, representa la alineación y consolidación de un tipo de régimen malévolo y pernicioso que amenaza seriamente la posibilidad de una verdadera democracia participativa y protagónica, ejercida directa y permanentemente por el pueblo. Pese a ello, las múltiples organizaciones populares que se mantienen en lucha por sus derechos y la instauración de un mundo mejor develan que sus objetivos no tienen conexión con la vida colectiva como sí lo están con las ambiciones de las grandes corporaciones transnacionales; reflejando sus grandes contradicciones. En contraste con el nihilismo caotizante derivado de esta nueva realidad (en muchos casos, promovido deliberadamente por sus mayores beneficiarios políticos y económicos, hermanados en un solo propósito de dominación), estos movimientos populares apuntan al establecimiento de un nuevo patrón de civilización. Gracias a sus herejías emancipatorias, quedan al desnudo el falso dios del capital y el culto ciego a las bondades del mercado, al mismo tiempo que contribuyen a recuperar la tradición de luchas que dieran origen a la democracia y a todo lo que ella entraña para concretar una verdadera emancipación integral de todas las personas. -        

 

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15/08/2019 11:10 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

TRUMP Y EL TERRORISMO RACIAL GRINGO

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El belicismo que caracteriza su historia y la venta de armas de distintos calibres, sin muchas limitaciones en varios estados de la unión estadounidense explicarían en gran parte las causas de las masacres perpetradas en Texas y Ohio, como antes con las escenificadas en diversas localidades de este país. Con Donald Trump de presidente, esto parece incrementarse. Los ciudadanos provenientes de otras nacionalidades y grupos étnicos han visto resurgir con fuerza el odio visceral de aquellos que proclaman que la identidad nacional estadounidense debe definirse a partir de la población blanca y de lo que ésta representa, por lo que a ella le corresponde -cual mandato divino- mantener una presencia demográfica hegemónica y el dominio absoluto de la cultura y de la vida pública de su país.

A este nacionalismo blanco (sentido y visto como patriotismo por sus partidarios) se une, con poca diferencia, la acción de los supremacistas blancos quienes, por su parte, proclaman la creencia racista de que las personas blancas son superiores al resto de la humanidad. Entre unos y otros, el discurso extremista del actual inquilino de la Casa Blanca ha tenido buena receptividad, estimulándolos a actuar. De hecho, su discurso (insensato para muchos, deliberado para otros) ha contribuido a generar temores de todo tipo y a reforzar la matriz de opinión referente a la necesidad de muros infranqueables que contengan el flujo de inmigrantes que osen presentarse en las fronteras gringas, sobre todo si son gentes oriundas del Sur atraídas por la perspectiva de vivir el «sueño americano».

Siendo una nación con un amplio mosaico de inmigrantes, Estados Unidos implementa medidas que restrinjan el acceso y la permanencia de aquellas personas que, por diversos motivos, abandonan sus países de origen, a riesgo de perder la vida, en búsqueda de un mejor porvenir en la tierra del Tío Sam. Trump los tilda de criminales que no merecen vivir en este país, llegándose al caso de ordenar la movilización de tropas en los pasos fronterizos con Méxic, encerrar a niños en jaulas y separar familias, con desenlperdítales que son reseñados por la prensa sin mucho escándalo. Este comportamiento se halla en sintonía con el trato discriminatorio dado a las poblaciones autóctonas de lo que hoy comprende el territorio estadounidense, tanto como al dispensado a la población negra, aún en tiempos modernos, lo que se extendió al amplio territorio arrebatado a México (como lo prueba la masacre en El Paso, Texas).

Aún más: se podría razonar que ello obedece a la convicción teológica de cumplir un «destino manifiesto», como nuevo pueblo elegido del dios de Israel, al cual le toca el rol de llevar la civilización a todos los rincones de la Tierra, según sus propios patrones culturales. Quizás por esto mismo no les es aceptable la coexistencia con otros modelos culturales en desmedro de lo particularmente estadounidense, lo que se reitera en series televisivas donde familias negras, hispanas y asiáticas sólo conservan sus rasgos físicos, pero en todo lo demás actúan igual que sus pares blancos, en un proceso de asimilación total que apenas deja espacio a un mínimo grado de diferenciación.

No es difícil sustraerse a la idea que lo acaecido en Texas y Ohio responde a una manipulación emocional de los ciudadanos estadounidenses, identificando enemigos que atentan contra la estabilidad y continuidad de su modo de vida, lo que obligaría a muchos a respaldar cualquier medida que se implemente para preservar, incluyendo la pérdida de sus derechos constitucionales, como se aceptó con la Ley Patriota tras el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York. En este contexto, no podrían resultar más oportunos los sucesos de Texas y Ohio, dada la urgencia de Donald Trump de convencer a los electores de la necesidad de mantenerlo en la Casa Blanca para librarlos de estos y otros enemigos, declarados o potenciales, incrementado sus prejuicios y temores, como lo hace su gran industria ideológica a través de los diversos medios audiovisuales a su disposición.-

 

15/08/2019 11:12 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.


LOS BURÓCRATAS ESTÁN SIEMPRE DEMASIADO OCUPADOS

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Las fallas, las omisiones y las negligencias del Estado (sea cual sea su denominación) les son atribuidas comúnmente al burocratismo presente en cada una de sus estructuras. En esencia, de una forma generalizada, puede determinarse que la subjetividad y la rutina diaria (cumplida sin mucha alteración durante tantos años de permanencia en el cargo) hacen de los burócratas, incluso aquellos que, en apariencia, no lo harían de una manera consciente, unos elementos perniciosos que conspiran constantemente contra el ejercicio democrático del pueblo, contra la transparencia administrativa que debiera caracterizar al Estado en todo momento y contra la posibilidad real de concretar cualquier experiencia revolucionaria orientada a su logro pleno. A ello se une la centralización operativa que, en la mayoría de las ocasiones, retrasa la iniciativa que pudiera tomarse con la finalidad de solventar cualquier problema o necesidad existente. Muchas veces por motivos futiles a los cuales se les otorga una importancia cardinal, justificados en procedimientos administrativos demasiado engorrosos y lentos. Esto, con el tiempo, produce cierto conformismo entre la gente que acude a los organismos públicos al percatarse que estos procedimientos seguramente no servirán de nada para encarar satisfactoriamente una situación determinada.


Según lo notara Ernesto Che Guevara, «el burocratismo es la cadena del tipo de funcionario que quiere resolver de cualquier manera sus problemas, chocando una y otra vez contra el orden establecido, sin dar con la solución. Es frecuente observar cómo la única salida encontrada por un buen número de funcionarios es el solicitar más personal para realizar una tarea, cuya fácil solución sólo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario». También existe la duplicación de funciones, lo que surge de la falta de normas de organización precisas entre las diferentes instituciones públicas, replicándose en cuanto a los mismos objetivos. En este sentido, los sectores populares debieran comprender que si existiera verdaderamente una burocracia funcional y eficaz, se harían expeditos los diferentes procesos o trámites que ha de cumplir el Estado. Además, a fin de disminuir y erradicar la mala influencia del burocratismo, el pueblo está llamado a gestar sus propios espacios de organización soberanos. Así evitaría que sus derechos sean conculcados por una minoría bajo la excusa de estarse velando sus intereses colectivos; lo que ha servido para el fomento y el ocultamiento de complicidades, incompetencias y corrupciones institucionalizadas de toda clase. Es decir, se requiere estimular la capacidad instituyente y autónoma de los sectores populares para crear mecanismos de control democráticos que le permitan a toda la población ser protagonista consciente y activo de su propio destino. Sin embargo, hay que acotar que esto será una tarea difícil, de larga duración, mientras existan el Estado y el modelo de sociedad vigentes, ambos erigidos según la lógica capitalista. Es algo que no se podrá obviar.


Para quienes lo ignoran (o no desean saberlo y, menos aún, comprenderlo), citando al compañero Antonio Gramsci: “La burocracia es la fuerza conservadora más peligrosa”. Si ella, como secularmente sucede, se independiza de los sectores populares y se arroga un papel preponderante en la administración y el funcionamiento estatales, termina por generar más problemas que soluciones. Una cuestión que se repite en todo el mundo. Y esto se palpa a diario, incluso, mediante la actitud despótica y displicente que suelen adoptar secretarios y ayudantes personales (entre los cuales cabe incluir a los guardias de seguridad) de quienes ejercen los cargos de representación popular; los cuales establecen una especie de estratificación en cada antesala, en donde algunas personas (estimadas social, económica y políticamente inferiores) deben esperar mientras que otras (vistas como superiores) tienen libre acceso. De igual modo, cuando los burócratas alegan estar siempre ocupados, pero «extrañamente» aligeran los trámites de amigos, colaboradores y gente de «mayor rango».

Por todos estos rasgos visibles, el burocratismo debe calificarse como antidemocrático y contrarrevolucionario. Sabiéndolo, muchos movimientos sociales y políticos luchan por trascenderlo, poniendo en práctica estrategias y concepciones distintas a las establecidas que amplíen positivamente todo lo referente a la vigencia de la democracia y el papel a cumplir por la ciudadanía, lo que sería una conquista saludable para todos, independientemente de cuáles sean nuestras convicciones personales. -

22/08/2019 09:04 Homar Garcés #RyS. TEMAS REVOLUCIONARIOS No hay comentarios. Comentar.


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