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VENEZUELA Y LA REVOLUCIÓN DEL PODER POPULAR SOBERANO

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Aunque se crea arcaico, innecesario y/o irrelevante, si no se promueve efectivamente una revolución en la conciencia de los sectores populares (habituados a aceptar la subordinación impuesta por los sectores dominantes como algo natural e irremediable), no habrá entonces ninguna revolución en el plano político, como tampoco en los planos social y económico, que pueda profundizar y, en consecuencia, ampliar la clásica definición y práctica de la democracia. Así de simple. Dicha revolución tendrá que abarcar, necesariamente, lo cultural y lo espiritual, de modo que se cuestione y se desplace la ideología de los sectores dominantes, cuyos conceptos y prejuicios, de uno u otro modo, terminan por truncar las luchas y las aspiraciones emancipatorias de los pueblos, haciéndolos dependientes de algo totalmente ajeno a sí mismos. Sobre todo, si quienes los dirigen logran convencerles de ser la encarnación de sus largamente postergadas aspiraciones.

Esta revolución tiene, por consiguiente, una trascendencia motivadora y de suma importancia para que se consolide cualquier transformación estructural propuesta. Pero también es vital que se propicie una actitud revolucionaria consecuente que abarque, forzosamente, el combate y la denuncia de las tendencias negativas que puedan distorsionar, en algún momento, el avance y la organización democrática de los sectores populares.

Es fundamental incentivar, al mismo tiempo, el establecimiento de un tejido productivo autónomo de los sectores populares. La actual coyuntura económica, sin ser del todo caótica (como algunos desearían y otros perciben), le da cabida a todas las propuestas y las advertencias hechas por diferentes movimientos sociales y políticos revolucionarios, de forma que éstas puedan servir de instrumento orientador para la lucha. Todo lo anterior, en conjunto, implica asumir un serio cuestionamiento a todo el modelo civilizatorio implantado en nuestro territorio desde hace siglos, en especial, la vigencia del Estado burgués liberal y las relaciones de poder que dimanan del mismo, contradictorias con la esencia vital de la democracia.

Bajo el entendimiento de que todo lo relacionado con la administración pública resulta indefectiblemente ineficiente y corrupto, muchas personas tienden a dejar esta cuestión en manos de quienes, precisamente, critican (solapada o abiertamente), obviando su corresponsabilidad en el manejo de los asuntos de Estado, los que, aún sin quererlo, afectan su vida cotidiana. Ello ha facilitado desde siempre que los destinos nacionales sean controlados y decididos por gente incapaz, cuyo mayor interés está centrado en usufructuar el poder y en obtener, sin mucho esfuerzo de su parte, una fortuna exorbitante. Esta realidad, sin embargo, podrá cambiar radicalmente si se comienzan a generar condiciones y espacios donde se manifieste el poder popular soberano en su dimensión creadora, constituyente e instituyente. Para los escépticos y los condicionados por el orden establecido ello representa una absurda quimera. Muy contrario a lo que piensan quienes están convencidos de la necesidad de transformar radicalmente -no de reformar- el orden vigente. Para extender y hacer entender una propuesta que contemple este objetivo estratégico hará falta emplear todas las opciones legales e ilegales que se presenten para concretarla, teniendo especial cuidado en que sea asumida, dinamizada y enriquecida, en todo momento, por el poder popular soberano, abarcando todos los planos de la cotidianidad social.

En la situación específica actual de Venezuela se impone lograr el rescate y el reimpulso de la propuesta de transformación derivada del ideario bolivariano, robinsoniano y zamorano, con acciones y un discurso extraído de la larga historia de lucha de los sectores populares. Es decir, se requiere que las distintas organizaciones que conformen el poder popular soberano tendrán que desprenderse del tutelaje de quienes, en su nombre, solo han contribuido con el reforzamiento de las viejas estructuras del Estado burgués representativo, impidiéndoles así la participación y el protagonismo que les corresponde ejercer. Bajo esta consideración, el momento histórico en el cual se halla el país exige que se abandonen los esquemas políticos representativos del puntofijismo y, en su lugar, se acompañen las iniciativas autogestionarias del poder popular, de manera que éste ejerza su soberanía en un ciento por ciento.-

 

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18/09/2017 12:19 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DE LA "RUANDIZACIÓN" A LA "CUBANIZACIÓN" DE VENEZUELA

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Resulta absolutamente reprobable y lamentable confirmar que el odio inculcado por la dirigencia ultraderechista durante todos estos últimos años en Venezuela se exprese en agresiones irracionales (físicas, psicológicas y verbales) de sus respectivos seguidores hacia la población en general, incluyendo a vecinos y familiares, en un escenario de creciente conflictividad que afecta, en un amplio sentido, la estabilidad del país. Contribuyendo a acentuar dicho contexto, The New York Times publicó en semanas recientes: «Las detenciones arbitrarias por motivos políticos son una constante en Venezuela, país que vive una de las peores crisis de derechos humanos de la región». Una persona medianamente inteligente y con criterio propio se preguntaría: ¿Detenciones arbitrarias? ¿No son castigables los delitos de violencia terrorista, la destrucción de bienes públicos, las agresiones a funcionarios militares y policiales, la instigación a un golpe de Estado, la invocación de una intervención armada de una potencia extranjera y el asesinato deliberado de personas con propósitos políticos? ¿Son delitos lícitos y permitidos en el territorio de Estados Unidos y Europa sin actuación alguna de sus respectivos gobiernos? Por último, ¿a qué conduce esta campaña de desinformación abierta contra el gobierno venezolano?

Donald Trump admitió sin eufemismo alguno su intención de ordenar una invasión militar al territorio de Venezuela para desalojar del poder al chavismo. Algo que, indudablemente, tendrá sus repercusiones altamente negativas en toda la región, si se diera, creando una situación similar a la producida durante la guerra de Vietnam; afectando al conjunto de naciones que, de una u otra forma, tienen graves problemas sociales y económicos por remediar, ensanchándose la conflictividad interna en cada una de ellas. Quizás esta eventualidad motivó una reacción en cadena de varios gobiernos del continente, incluyendo a aquellos que han manifestado una declarada hostilidad hacia el de Venezuela, lo cual ha servido para resaltar el carácter neoimperialista y neocolonialista del régimen actual gringo.

Todo lo anterior sería el epilogo de una estrategia largamente diseñada, financiada y ejecutada, pero cuyos frutos no han sido los apetecidos por los grupos de la derecha local y su mentor, el imperialismo yanqui, no tanto por los aciertos de la dirigencia chavista sino, más bien, por el nivel de conciencia adquirido por los sectores populares que los ha inducido a mantener una resistencia hasta ahora pasiva, en vista de los continuos ataques racistas y clasistas propiciados por los opositores extremistas. Como ya se vio en los meses precedentes, se pretendió envolver al país en unas circunstancias semejantes a las padecidas durante el genocidio de Ruanda en 1994, devolviéndose golpe por golpe, en una guerra fratricida, cuyo final sería difícil de profetizar. Ahora que se realizara la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, pareciera disipado este eventual panorama. Sin embargo, la intransigencia de Trump ha devuelto al chavismo a la realidad, una que podría repetir la amarga experiencia padecida por más de cincuenta años por el pueblo de Cuba, con reducción de insumos diversos que, eventualmente, causarían más penurias a la población venezolana, avasallada como está por el desabastecimiento y la especulación desbocados de todo tipo de productos, especialmente alimenticios.

Más allá del aspecto ideológico, el imperialismo gringo -al plantearse eliminar al chavismo y, junto con él, toda perspectiva de índole revolucionaria en Venezuela- busca recuperar, de manera definitiva y sin barreras, su habitual hegemonía en nuestra Abya Yala. Por ello, se propone sitiar a sus habitantes con una intención muy clara: destruir -a gran escala, como lo logró en otros países- los diferentes avances obtenidos en materia política, cultural, económica y social, de manera que se resignen a cumplir el dócil papel de masa trabajadora y consumidora que incremente las arcas de sus explotadores capitalistas; sin mayor aspiración que la de poder sobrevivir.-

 

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18/09/2017 11:57 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA OPCIÓN A CONTRACORRIENTE DE TIRIOS Y TROYANOS

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Nuestro pueblo no debe dejarse entrampar nuevamente por la demagogia y los intereses particulares de los representantes de la MUD y del gobierno (ligados, generalmente, al logro, mantenimiento y disfrute de prerrogativas económicas) ya que esto significaría una involución fatídica en materia política, económica, social y cultural en vez del avance y la consolidación -mediante un poder popular organizado autónomo- de un verdadero sistema de democracia participativa y protagónica que viabilice la transformación estructural del Estado liberal burgués existente.

La historia reciente de Venezuela nos revela que cada una de las coyunturas presentadas durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro ha exigido de los sectores populares una adhesión inmediata (y muchas veces acrítica) que no se traduce en una reciprocidad ni en un cambio de comportamiento por parte de las cúpulas chavistas gobernantes, lo que ha producido la deserción y el descontento de un significativo número de personas que confiaron en su «liderazgo». Sin embargo, a pesar de reflejarse esta deserción y descontento en los últimos eventos electorales realizados, se pretende ignorarlos, apelando a una lealtad y a una disciplina partidista que más semejarían la obediencia debida aplicada en otros tiempos en el ámbito castrense que algo absolutamente revolucionario; cuestión que más bien contribuye a acelerar el «auge de masas» ligeramente alcanzado por la derecha al neutralizar el debate (crítico y autocrítico, invocado de manera reiterada por el presidente Chávez) y el activismo constituyente, soberano y, además, creador, de las bases militantes del chavismo, de acuerdo a lo que debiera ser -más allá, incluso, de lo contemplado en el texto constitucional actual- una democracia participativa y protagónica, con una vinculación directa en la toma de decisiones en los diferentes entes del Estado.

Si se continúa transitando este camino, a contracorriente de las expectativas y luchas populares, nada extraño será que la minoría dirigente termine ejerciendo un papel autocrático insostenible, al creerse poseedora de la única razón verdadera, lo que la induciría a desconocer olímpicamente las advertencias y las propuestas de los factores externos al chavismo, a los cuales etiquetaría, sencillamente, de traidores y contrarrevolucionarios. Aún bajo tal perspectiva, no se excluye la probabilidad de rescatar y poner al servicio de los intereses populares aquellos canales de representación y de mediación frente al Estado que fueron, prácticamente, secuestrados por tirios y troyanos.

Se requiere construir e implementar, por tanto, una opción orientada a desmantelar las diferentes estructuras de dominación imperantes, llámense políticas, económicas, sociales y culturales; reemplazando la hegemonía de las élites burguesas dominantes por una nueva hegemonía, esto es, por una de verdadero carácter popular y bolivariano, lo que debe propiciar el surgimiento de un modelo civilizatorio dotado de valores éticos y morales opuestos a la lógica capitalista y a la cultura eurocentrista (que excluyen e invisibilizan a los sectores populares desde largo tiempo). En tal opción deben prevalecer, como elementos completamente esenciales, los intereses, la participación y el protagonismo directo de los sectores populares. Ha de ser, en consecuencia, una propuesta contraria a la idea jerárquica de una «vanguardia esclarecida» (considerándose sus integrantes prácticamente arribados del monte Olimpo), que debe ser objeto de reverencia o hallarse por encima de esta condición primaria, es decir, del poder popular soberano, imponiéndose, en su lugar, una horizontalidad (u horizontalización) que privilegie lo colectivo frente a lo individual, sin que esto signifique negar ni suprimir la presencia y los derechos de toda individualidad y de toda minoría (social o política). En una propuesta así, no habrá una verdad oficial absoluta, al modo de los Estados Unidos, la Alemania nazi y la Unión Soviética, aduciendo razones de Estado -en cualquier caso, «irrefutables»- que impidan el cuestionamiento de los dirigentes, convertidos desde ahora en voceros y delegados del poder popular, a quienes se les juzgará no solamente por su grado de ineficiencia y corrupción (usufructuando el poder) sino también por las omisiones cometidas durante la gestión encomendada, evitándose de este modo que se propague e institucionalice una cultura política delictiva sin castigo alguno.-

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18/09/2017 11:43 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UN "ALZAMIENTO" A FAVOR DEL GOBIERNO

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Lo extraordinario del «alzamiento militar» recientemente escenificado en el Fuerte Paramacay, en el estado Carabobo, es que, contrariamente a las presuntas aspiraciones de sus perpetradores, éste no produjo ninguna onda expansiva que pusiera en graves aprietos al gobierno de Nicolás Maduro. Antes que eso, abrieron mayores posibilidades a favor del gobierno, ahora con un as efectivo en la mano (la Asamblea Nacional Constituyente) con el cual podría deshacerse -a riesgo de extralimitarse- de todo aquello que le impide lograr un mejor nivel de estabilidad. Posiblemente este no será el caso de aquellos que, llevados por su fanatismo extremo, crean que esta clase de acciones, malamente calcadas de algún videojuego o guión cinematográfico, sean las más apropiadas para salir del «régimen» chavista, tal como lo han hecho exaltando a sus pretendidos «libertadores» cuando insultan, aterrorizan, linchan y queman a toda persona que señalen de ser militares y chavistas.

Se obvia que, no importa que haya sanciones del gobierno estadounidense o ataques mediáticos de la derecha local y extranjera, la Asamblea Nacional Constituyente -controlada por el chavismo- le otorga a éste un barniz de legalidad que induciría a un número significativo de venezolanos a aceptarla como lo menos malo que pudiera ocurrir en este país (aunque se continúe cuestionando su modo de convocarla y de elegirla), tal vez esperanzado en que sus decisiones reduzcan el clima de violencia impuesta por la ultraderecha, lo mismo que el desabastecimiento y la especulación descontrolada de diversidad de productos. Paradójicamente, pareciera que la dirigencia opositora estuviera en contubernio con el régimen que aparentemente busca derrocar, en un extraño juego de roles con el cual mantener en ascuas al pueblo, impidiéndosele, al mismo tiempo, que inicie por sí solo una verdadera democracia participativa y protagónica, alejado -por consiguiente- de todo dominio partidocrático.

De acuerdo al artículo «Ataque armado al Fuerte Paramacay: análisis y contexto», publicado por Misión Verdad, «Esta operación con ribetes de falsa bandera (pues intenta simular un "alzamiento militar"), no sólo ha servido para que la mediática transnacional imponga una narrativa con coordenadas simbólicas similares a la de "los rebeldes sirios o libios" (fachadas mercenarias de Al Qaeda y el Estado Islámico que han destruido a estas dos naciones), al mismo tiempo legitima y aumenta el alcance del hecho colocándolo como una respuesta, casi espontánea y sobre todo `razonable´, a la Asamblea Nacional Constituyente. Por ende, la mediática internacional ha insistido en blanquear la información alegando que hubo una "rebelión militar", otorgándole respaldo y promoción». En el fondo, se trata de imponer como cierta e inevitable la percepción expuesta por muchos, fuera y dentro de Venezuela, en relación con el agravamiento de la confrontación política que conduciría al país, fortuitamente, a una guerra civil sangrienta. Esto último (en el cálculo de quienes diseñaron tal estrategia desestabilizadora) obligaría al gobierno a refrendar un pacto de gobernabilidad con sus enemigos políticos, según podría extraerse de las manifestaciones de algunos dirigentes opositores de participar en las próximas elecciones de gobernadores y legisladores regionales; lo que estaría ligado al hecho («extraño» para muchos) que antes de este 6 de agosto no hubo reportes en todo el territorio nacional de grandes disturbios por parte de los grupos de la derecha.

Por ello, este «alzamiento» tendría como derivación favorecer más bien al gobierno antes que fracturarlo, como muchos aspiran desde las filas de la derecha; creando, en su lugar, un efecto boomerang, con el ingrediente adicional de ser un elemento estimulado desde Washington. Igualmente, podría utilizarse para cohesionar las fuerzas del chavismo, evitando el surgimiento y la influencia creciente de aquellos que, sin mucha base, son rotulados de traidores y contrarrevolucionarios, por divergir abiertamente del comportamiento clientelar, nepótico, corrupto y burocrático de una inmensa porción de sus dirigentes actuales.-

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18/09/2017 11:36 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL MOMENTO HISTÓRICO Y EL ABANDONO DE LA REPRESENTATIVIDAD

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En su obra «Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias», Zygmunt Bauman deja reflejada las vicisitudes, muchas veces angustiantes y llenas de incertidumbre que colman la realidad del mundo contemporáneo, con particular interés en lo que concierne a las necesidades y las preocupaciones económicas de la mayoría de las personas. Según sus observaciones, “las causas de la exclusión pueden ser distintas, pero, para quienes la padecen, los resultados vienen a ser los mismos. Enfrentados a la amedrentadora tarea de procurarse los medios de subsistencia biológica, al tiempo que despojados de la confianza en sí mismos y de la autoestima, necesarias para mantener su supervivencia social, no tienen motivo alguno para contemplar y saborear las sutiles distinciones entre sufrimiento intencionado y miseria por defecto. Bien cabe disculparlos por sentirse rechazados, por su cólera y su indignación, por respirar venganza y por su afán de revancha; aun habiendo aprendido la inutilidad de la resistencia y habiéndose rendido ante el veredicto de su propia inferioridad, apenas podrían hallar un modo de transmutar todos esos sentimientos en acción efectiva".

Muchos quizás secunden el pesimismo que se extraería de tal aseveración; sin embargo, hay que precisar (sobre todo, frente a algunos escépticos), que semejante realidad comienza a hacerse patética y habitual en una gran parte del planeta, con cierta unanimidad en la resistencia mostrada por los diversos pueblos que lo habitan ante lo que consideran, no sin razón, el despojo y la violación de sus derechos fundamentales -en su doble condición de seres humanos y ciudadanos- a manos de aquellos que controlan el engranaje capitalista global. En dirección contraria, casi todos los gobiernos se muestran dispuestos a promocionar e implementar toda ley e iniciativa que sea requerida para abrir las economías de sus naciones al capital transnacional, sin que existan regulaciones de por medio, a fin de atraer a inversionistas extranjeros y garantizarles que ninguna cosa amenazará sus aspiraciones de obtener grandes ganancias.

En el caso concreto de Venezuela, enfrentando semejante eventualidad, cada revolucionario y chavista debiera interrogarse a sí mismo respecto a cuál es su papel y en qué medida está contribuyendo efectivamente con hacer realidad el Proyecto de la Revolución Bolivariana; no únicamente en el aspecto político sino también en lo que se relaciona a lo cultural, lo social y lo económico. Entre otras, preguntarse: ¿Por qué asciende o es promovido a cargos de dirección o de confianza? ¿Porque posee una mayor capacidad, un mayor compromiso o una mayor formación que otros con iguales oportunidades? Si la respuesta es positiva, entonces ¿por qué sus acciones no reflejan algo de esto, es decir, por qué éstas no trascienden lo habitualmente hecho y aceptado, convirtiéndose cada una en una cotidianidad revolucionaria permanente? A todo ello hay que agregarle la ética como ingrediente básico ineludible, entendiendo que ella marcará y evidenciará una diferencia abismal en relación con el comportamiento observado entre aquellos que gobiernan y dirigen a los sectores populares, apegados como están a la usanza tradicional y jerárquica, sin atreverse a modificar de raíz las relaciones de poder que caracterizan desde hace siglos al sistema burgués representativo. 

El momento histórico actual exige que se abandonen los esquemas políticos representativos del puntofijismo y, en su lugar, propiciar y acompañar las diversas iniciativas autogestionarias que pueda adelantar el poder popular, ejerciendo su autonomía en un ciento por ciento.-

 

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18/09/2017 11:34 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL FASCISMO LOCAL Y LA TEORÍA DE LAS VENTANAS ROTAS

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En 1969, el profesor de la Universidad de Stanford (EEUU), Philip Zimbardo, llevó a cabo un experimento de psicología social -que diera origen a la teoría de las ventanas rotas- en dos escenarios completamente diferentes: uno, el Bronx, por aquella época una zona pobre y conflictiva de Nueva York, y el otro, Palo Alto, una zona rica y tranquila del estado de California. En cada uno, colocó un automóvil, abandonado en la calle, de iguales características en cuanto a marca, modelo y color. A las pocas horas de dejar el auto en el Bronx, éste fue completamente desvalijado y, lo que no pudo llevarse, se destruyó. Al contrario del carro en Palo Alto, el cual se mantuvo intacto, sin daño alguno.

En el primer caso, sería fácil concluir que tal comportamiento se debe a la pobreza, predisponiendo a quienes la sufren al delito. No obstante, esta aseveración se debilitó cuando los investigadores decidieron romper un vidrio del automóvil de Palo Alto, con un resultado igual al proceso delictivo observado en el Bronx: robo, violencia y vandalismo.

El experimento demostró que esta conducta negativa o antisocial no aflora exclusivamente entre aquellos que viven entre la pobreza, sea moderada o extrema, sino algo enlazado con las relaciones sociales, sobre todo, si ellas reflejaban una ruptura creciente y escasamente atendida de los códigos de convivencia, escritos o tácitos, que debieran respetar los ciudadanos de una nación o de una comunidad determinada; causada, básicamente, por la ausencia de leyes y la convicción generalizada respecto a que todo es permitido, independientemente de si nuestros actos perjudican a otras. Si nadie toma acciones correctoras y sancionadoras al respecto, especialmente las autoridades encargadas de hacerlo, nada extraño será que los hechos delictivos (estén o no en el catálogo de delitos condenados por la sociedad en general) acaben por imponerse peligrosamente como una realidad cotidiana irremediable, con la que habría que convivir forzosamente, a pesar nuestro.

Algo similar sucede en Venezuela con las acciones violentas (terroristas, en todo caso) de la derecha, instigadas y ejecutadas por personas que, presuntamente, tendrían -según la percepción de sí mismas, como rasgo sobreviviente del régimen colonialista de castas- un mayor grado de moralidad y de raciocinio, dado su rango social privilegiado y sus pomposos títulos universitarios.

Todo lo atribuido al pueblo, en un extendido sentido peyorativo, es exhibido sin rubor alguno por aquellos que se han fijado la meta de aniquilar al chavismo gobernante: lenguaje soez, cargado, además, de odio racista y clasista; violencia sádica, vandalismo, consumo de drogas y utilización de bandas criminales, encargadas de aterrorizar a la población indefensa, sin importarles la edad ni las condiciones físicas de sus víctimas.

Esto es algo que llama poderosamente la atención, puesto que no forma parte de la idiosincrasia del pueblo venezolano. Prueba de ello es su conducta durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002. En vez de tomar represalias contra los diferentes representantes de la oligarquía golpista, se limitó a celebrar el regreso de Hugo Chávez a la presidencia. Igual pasa en fechas recientes, a pesar del acoso, los destrozos y los asesinatos causados por estos mismos representantes oligárquicos.

Vista en conjunto, la actual situación de crisis política y económica que golpea a Venezuela exhibe una impúdica anulación de valores éticos, una práctica clientelar escasamente diferenciada de la fomentada por el régimen puntofijista en cuanto a métodos y resultados, que afecta, además, todo sentido de responsabilidad ciudadana; y una hipertrofia de la presunción y del egoísmo (el síndrome de Hubris, heredado, entre otras cosas, de la vieja España monárquica) que se observa, sin mucho escudriñar, entre una gran parte del estamento gobernante (entendiendo por éste a quienes dominan, desde aparentes posiciones antagónicas e irreconciliables, el escenario político nacional).

Todo esto desemboca en una realidad fatal que quizás convenza a la mayoría de los venezolanos en relación a que ningún cambio positivo será eventualmente alcanzable; cuestión que conviene, por igual, a los bandos políticos que se disputan el poder, por lo que será necesario impulsar una verdadera propuesta de transformación que, sin descartar los avances logrados en Venezuela, motive el protagonismo y la participación de los sectores populares en la construcción y la consolidación de un modelo civilizatorio emancipatorio, soberano y de democracia plena.-

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18/09/2017 11:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA LUCHA POPULAR Y EL ENGRANAJE CAPITALISTA GLOBAL

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Como se sabe, el capitalismo euro-yanqui y, junto con él, todo sentido del modelo de sociedad occidental, se desarrolló a partir de 1492 a costa, principalmente, de la explotación de los ricos yacimientos minerales de nuestra Abya Yala, además de la mano de obra esclavizada y semi esclavizada, tanto de nuestros pueblos originarios como de los africanos secuestrados de su continente.

 

Este detalle histórico es importante enfatizarlo a la hora de determinar el por qué, pese a su diversidad de riquezas naturales, nuestras naciones acabaron siendo relegadas -luego de un proceso de recolonización que para muchos se hizo imperceptible y, en algunos casos, justificado- a la función de seguros proveedores de materias primas y mercados estables para la colocación de los productos manufacturados, primero en Europa occidental y posteriormente en territorio estadounidense; obteniendo sus empresarios fabulosos dividendos. Esto hizo que nuestras naciones -al conformar la periferia de este engranaje capitalista global- fueran regidas por elites sumisas a la voluntad e intereses de las grandes corporaciones europeas y estadounidenses, tras la fachada de una democracia "representativa", o "delegativa", supuestamente al servicio del pueblo, pero que -en la práctica- no escatimaba recurso alguno para aplacar y disolver cualquier intento por cambiar (por nimio que este fuera) el orden establecido y, de no lograrlo, siempre se contaría con una dictadura fascista siempre oportuna y hecha a la medida para lograr resultados más radicales, efectivos y expeditos. En el presente, el poder monopólico del capital es extensivo a toda la Tierra, independientemente de si existen regímenes que se proclamen contrarios a su hegemonía.

 

Para prolongar su existencia, el sistema capitalista global recurre a tres estrategias exitosas, según sus parámetros y objetivos: 1.- lograr que las personas centren sus vidas en el consumo, sin importar si el mismo es fundamental o no, haciéndolas aceptar sumisamente la realidad que las circunda; 2.- disminuir los salarios y causar desempleo, como reformas esenciales recomendadas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, de manera que a los trabajadores asalariados les intimide reclamar mayores beneficios y padezcan la incertidumbre de no disponer de suficientes recursos económicos para subsistir y, menos, de un empleo medianamente remunerado; y 3.- producir crisis, de manera cíclica, que serán solventadas mediante el otorgamiento de ventajas preferenciales de todo tipo a quienes controlan el mercado y la propiedad privada de los diferentes medios de producción. A todo lo anterior, habrá que agregar la guerra como la forma más eficaz utilizada para ejercer control sobre territorios ricos en recursos naturales de interés estratégico. Esta última -ante los roces entre las grandes potencias, o entre éstas y algunas naciones consideradas de la periferia, pudiera desencadenarse en cualquier instante, repitiéndose la desastrosa experiencia de las dos Guerras Mundiales del siglo pasado. Algo que pocos, aún aquellos desprovistos de una experiencia y unos conocimientos militares mínimos, no descartan del todo.

 

Todo esto apunta, en una perspectiva que algunos calificarán, sin duda, exagerada, a la eventual conformación de una nueva modalidad de Estado supranacional bajo la égida directa de Estados Unidos (cuyos antecedentes podrían representarlos Puerto Rico y, en alguna proporción, el ALCA); lo que podrá alcanzarse tras cooptar, derrotar y/o neutralizar a movimientos de liberación nacional (revolucionarios y socialistas), o de gobiernos nacionalistas, progresistas y/o populistas en cada país objeto de la atención del poder monopólico capitalista.

 

Según revela Ladislau Dowbor, economista brasileño, en una de sus obras- «el poder mundial realmente existente está en gran parte en manos de gigantes que nadie eligió, y sobre los cuales cada vez hay menos control. Son billones de dólares en manos de grupos privados cuyo campo de acción es el planeta, mientras que las capacidades de regulación global van a gatas. Investigaciones recientes muestran que 147 grupos controlan el 40% del sistema corporativo mundial, siendo el 75% de ellos, bancos. Cada uno de los 29 gigantes financieros genera un promedio de 1,8 billones de dólares, más que el PIB de Brasil, octava potencia económica mundial. El poder ahora se ha desplazado radicalmente». Esto es algo serio que debiera preocupar sobremanera a quienes, desde los diferentes movimientos políticos y populares, cuestionan y combaten la lógica capitalista, en vista que su sola factibilidad supone una verdadera amenaza para la vigencia de los derechos democráticos de todos los pueblos e individuos.

 

En la circunstancia definitoria por la que atraviesa gran parte del planeta -frente a un aparentemente irrefrenable capitalismo global neoliberal, el cual ha subyugado (y busca subyugar) en mayores niveles y modalidades la soberanía de nuestros pueblos, independientemente de las garantías establecidas en sus constituciones y el derecho internacional, es imperativo que los diversos movimientos sociales y políticos revolucionarios que lo confrontan, activa y conceptualmente, lleguen a comprender que ya no basta con proclamar una unidad que, muchas veces, nunca pasa de ser un elemento meramente retórico o simbólico.

 

Hará falta apelar a la construcción orgánica y sostenida -desde abajo y en todos los frentes de lucha posibles- de una estructura de coordinación colectiva, basada en procedimientos y actuaciones de carácter consejista que conlleven al logro efectivo de tal unidad, la cual tendría, asimismo, un carácter vinculante para cada gobierno que se sume a esta lucha. En función de ello, habrá que comprenderse, además, que bajo la lógica perversa del capitalismo, la estructura social -muy distinta a la observada hace más de cien años y, más recientemente, hace unos treinta años- tiende a una amplia diversificación, a tal punto que no resulta ninguna novedad «descubrir» categorías y subcategorías sociales existentes en el mundo contemporáneo. Esto, ya de por sí, representa un alto desafío.

 

Desconocer dicha realidad será continuar manejando los esquemas simplistas y legitimadores que moldearon el actual modelo civilizatorio, o sistema-mundo heredado de Europa, el cual -por su origen «universalista» o, mejor expresado, eurocentrista- desconoce la existencia de pueblos, comunidades y culturas autónomos, sometiéndolos, subliminal o forzadamente, al rigor de unas mismas leyes y a un único patrón de conducta; incluso al margen de éstas.

 

De ahí que adquiera un relieve especial la transformación estructural del Estado liberal burgués, vigente, con escasas variaciones, en gran parte del planeta, determinándose con ella un importante porcentaje de la lucha emprendida desde diversos ángulos por sectores políticos y populares, pero todos convergiendo en un mismo objetivo: alcanzar un mejor nivel de vida (o lo que llamamos Buen Vivir en nuestra Abya Yala). El otro porcentaje está relacionado con el ámbito espiritual y/o cultural donde la lucha será más profunda, prolongada y nada fácil, dado que la ideología de los sectores dominantes fueron moldeando -con diversos instrumentos a su entera disposición- la conciencia de nuestros pueblos, a tal punto de lograr que éstos llegaran a justificar su hegemonía y a confrontar a quienes se atrevieron a desafiarla, pretendiendo alterar el orden establecido en beneficio de los sectores populares.

 

La lucha tendrá entonces que orientarse en dos direcciones, ambas íntimamente conectadas aunque pocos lo crean y lo planteen de este modo. Una, la más generalmente admitida, en lo político y en lo económico. En el segundo caso, habrá que admitir que ésta se extiende más allá de cualquier manifestación artística-cultural e incluye lo religioso, en vista que gran parte de su vigencia se debe, primordialmente, al hecho de aliarse al poder constituido y ser un elemento altamente alienante, causando que muchos seres humanos se resignen a su suerte mientras se prodigan bendiciones a sus esquilmadores.-

 

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09/08/2017 13:48 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

¿ESPERANDO LA CAÍDA?

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Tantas veces ha anunciado la oposición de derecha la inminente caída del gobierno de Nicolás Maduro que muchos de sus partidarios -de oírlo tan reiterativamente en cada uno de los diferentes medios informativos existentes dentro y fuera del país- concluyen en admitirlo como un hecho, más que como una posibilidad. Con la excepción explicable de los chavistas, tal percepción es compartida, en uno u otro grado, por analistas, vista la situación de acoso violento que enfrenta desde hace más de cuatro meses consecutivos el gobierno a manos de grupos opositores extremistas. Tal situación quizás se agrave tras el triunfalismo electoral post-plebiscitario, pese a no contar con un resultado verificable y cuantificable, ya que la meta es proporcionarles un viso de legitimidad y legalidad a las aspiraciones de poder del sector antichavista. A tal grado, que ya muchos de sus representantes suponen que el «éxito» del plebiscito les estaría otorgando el derecho absolutista de gobernar a Venezuela, por encima del porcentaje contrario de ciudadanos que no votaron en su consulta ni forman parte de sus filas.

 

Esta convicción suya podría precipitar, indudablemente, una mayor escalada de violencia bajo la excusa interesada de desconocer al gobierno de Nicolás Maduro e imponer su propia agenda política, la cual sería, a juzgar por lo que expresan sus seguidores en redes virtuales y medios informativos, de un contenido totalmente contrario a los diferentes cambios suscitados en el país en beneficio de los sectores populares; a la manera de lo hecho por los nuevos regímenes de Argentina y Brasil. Este otro rasgo de la estrategia opositora (apoyada, de uno u otro modo, por la Fiscal General de la República) se ajusta a aquella previamente esperada por sus aliados extranjeros, sirviendo muy a propósito a lo intentado por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados en la Organización de Estados Americanos o en las Naciones Unidas, endilgándole la etiqueta de gobierno fallido al gobierno nacional y así justificar cualquier medida injerencista en territorio venezolano. Considerando este importante detalle, no es difícil suponer que la elección de la Asamblea Nacional Constituyente poco contribuirá a reducir la confrontación política en el país, sobre todo si los medios informativos a favor de la oposición disminuyen a diario su impacto e importancia, exaltando y explotando las deficiencias observadas en los distintos niveles de la administración pública, las cuales no podrían obviarse, creyendo que esto representa una traición y parcializarse con la oposición, cuestión que más bien le procura más argumentos a ésta en vez de fortalecer, como se juzga erróneamente, al chavismo.

 

Se debe tomar en cuenta que una revolución de rasgos populares y socialistas, como la que ha pretendido instaurar en Venezuela, ha de fundarse en todo instante sobre paradigmas totalmente distintos a los del orden establecido. Eso lo dicen quienes -de una u otra forma- contribuyeron a definirla, tanto en el aspecto político-filosófico como en el aspecto económico, sin olvidar lo propio en relación con la cultura y el nacimiento de una nueva conciencia social. Es lo que cualquiera pudiera resumir, o deducir, respecto a la propuesta revolucionaria del socialismo (de éste u otro siglo), sea donde sea que el mismo tenga altas probabilidades de iniciarse y de concretarse. ¿Qué les corresponderá cumplir a quienes se muestran dispuestos a impulsar un verdadero cambio revolucionario en Venezuela? Tendrán que contribuir efectivamente a la conformación inédita de instituciones de control populares -radicales- que logren la meta de erradicar la corrupción y el despotismo presentes en los diferentes niveles de lo que es actualmente el Estado, así como la influencia ejercida sobre el mismo por las corporaciones que manejan la economía, dentro y fuera del país. Quizás entonces pueda truncarse la aspiración de la derecha local y extranjera de disfrutar la caída de Maduro; dándosele un vuelco total a la presente situación de crisis por la que atraviesa Venezuela.-

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09/08/2017 13:27 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL PROBLEMA ES ESTRUCTURAL, NO COYUNTURAL

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Como lo refleja la historia, la ruptura de la «paz democrática» con los sucesos producidos en Venezuela en los años 1989 («El Caracazo») y 1992 (las insurrecciones cívico-militares del 4 de febrero y del 27 de noviembre) puso de relieve la existencia de grandes, continuadas y profundas contradicciones sociales, políticas, culturales y económicas que venían aflorando a lo largo del tiempo en este país. Contradicciones que, durante décadas, fueron «exitosamente» amortiguadas e invisibilizadas por la ilusión creada de un maná petrolero inagotable, en una versión tropicalizada de la Arabia Saudita, cuyos dividendos en dólares podrían extenderse a todos sin distinción (aunque esto sólo se concretara en el caso particular de las élites políticas y económicas privilegiadas, encargadas de la dirección del país). Esta se combinó con la represión sistemática de cualquier síntoma de rebeldía popular, en especial si éste era (o, simplemente, se sospechara que lo fuera) inspirado por los ideales marxistas leninistas; contando con la asesoría directa de la Agencia Central de Inteligencia y del Pentágono estadounidenses, para repeler y derrotar la lucha armada, emprendida -a imagen y semejanza de lo alcanzado por Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio en Cuba- por el Partido Comunista de Venezuela (PCV), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y sus derivaciones, el Partido de la Revolución Venezolana-Ruptura (PRV-Ruptura) y la Organización de Revolucionarios (OR).

 

Estos antecedentes históricos debieron ser tomados en cuenta por Hugo Chávez, Nicolás Maduro y toda la gama de dirigentes chavistas a la hora de proclamar (y creer, además) que habría en Venezuela una experiencia revolucionaria sin ataques de la derecha tradicional y de los poderes fácticos de Estados Unidos. De una u otra manera, esta misma dirigencia se extravió en el discurso socialista y asentó las bases burocráticas para evitar, contradictoriamente, la concreción del socialismo que quiso diferenciarse llamándolo del siglo 21; recreándose, en su lugar, la vieja cultura política puntofijista, con todo lo que ella implica en cuanto a corrupción y clientelismo político.

 

En este caso, cada revolucionario y chavista debiera interrogarse a sí mismo respecto a cuál es su papel y en qué medida está contribuyendo efectivamente con hacer realidad la Revolución Socialista en este país. ¿Por qué asciende o es promovido a cargos de dirección o de confianza? ¿Porque se tiene una mayor capacidad, un mayor compromiso o una mayor formación que otros con iguales oportunidades? Si la respuesta es positiva, entonces ¿por qué sus acciones no reflejan algo de esto, es decir, por qué éstas no trascienden lo habitualmente hecho y aceptado, convirtiéndose cada una en una cotidianidad revolucionaria permanente? A todo ello hay que agregarle la ética como ingrediente básico, entendiendo que ella marcará y evidenciará una diferencia abismal en relación con el comportamiento observado entre aquellos que gobiernan y dirigen a los sectores populares, apegados a la usanza tradicional y jerárquica, sin atreverse a modificar de raíz las relaciones de poder que caracterizan desde hace siglos al sistema burgués representativo.

 

Como se podrá concluir, el problema es estructural, no coyuntural. Como en todo sistema contradictorio, la crisis social, política, económica, moral y, en términos más amplios, de gobernabilidad que envuelve a Venezuela desde 2014 (estableciendo una corta cronología aunque pudiera retrotraerse a años anteriores a éste) básicamente tiene que ver con el dilema constante entre satisfacer las aspiraciones de los sectores tradicionalmente dominantes o, contrariamente, las aspiraciones de los sectores tradicionalmente dominados o subordinados. Aceptando esto como algo cierto, el movimiento popular, en un sentido amplio, se plegó -sin lucha alguna- a las decisiones adoptadas desde el palacio de Miraflores, perdiendo así la suficiente autonomía para iniciar, protagonizar y profundizar los cambios que harán falta en materia política, económica, social y cultural para transformar estructuralmente el Estado y el modelo de sociedad venezolanos vigentes.-

 

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09/08/2017 13:20 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL ESTADO COMO ELEMENTO DEL PODER POPULAR

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Para muchos burócratas (incluyendo a aquellos que suelen presentarse como revolucionarios, de los cuales cabría un comportamiento de conformidad con los ideales expresados) lo que más importa es rendir cuentas a sus superiores, olvidando -adrede- que le deben lealtad al pueblo que (directa e indirectamente) les delega su soberanía. Ello no sería nada extraño, de estar conscientes que el funcionamiento del Estado es, en términos amplios, contrario a los postulados democráticos y, en especial, respecto a las demandas ciudadanas de mayores controles, transparencia, efectividad y, más recientemente, de protagonismo y de participación populares.

 

El Estado, por tanto, tendrá que convertirse en foco de la atención, la reflexión y la acción de todo movimiento popular democrático dispuesto a cambiar radicalmente las estructuras sobre las que existe el modelo civilizatorio (dominado por la lógica capitalista) en el cual se desenvuelve una gran parte de la población global. El Estado burgués liberal -tal como lo concebimos en su forma actual- sólo ha servido para empoderar elites que, en general, se mantienen abismalmente separadas de la gran masa de gobernados que constituye la mayoría; asumiendo éstas que todas sus decisiones son (y serán) incuestionablemente correctas y, en consecuencia, harto beneficiosas para todos, cosa que la clase subordinada ha de aceptar resignadamente por su propio bienestar.  

 

En relación a éste, habrá que aprender a ser radicalmente innovador y revolucionario, sobre todo, en lo que concierne al ejercicio de la democracia por parte de los sectores populares organizados. De igual forma, es de esperarse (y de estimularse en su grado máximo posible) una comprensión crítica cabal de la realidad histórica que le ha correspondido en suerte vivir a los pueblos bajo las estructuras que legitiman el sistema de Estado burgués liberal, aún en sus modalidades o expresiones más “democráticas” y “revolucionarias”.  Para las personas habituadas a percibir y a entender el poder desde una óptica altamente jerarquizada, resulta infructuoso cualquier intento por alterar (aunque sea en su mínimo aspecto) el sistema establecido. En tal caso, mostrarles y demostrarles que la soberanía les es algo completamente inherente en vez de observarla como potestad plena del Estado y de tales elites implica, de por sí, una acción revolucionaria y subversiva.

 

Sobre esta percepción y convicción generalizadas se legitima la hegemonía de los sectores dominantes, por lo cual ha de cuestionarse, en un primer momento, su vigencia, develando su origen histórico. Logrado este propósito, nada raro sería (como ocurriera en el pasado) que, a la par de dicho cuestionamiento, surjan y se impongan posiciones que acaben por repetir los mismos esquemas que dieran nacimiento a esta hegemonía, solo que esta vez se hará en nombre de una presunta revolución y de los derechos del pueblo. Frente a ello, se debe resaltar la potencialidad del carácter asociativo de toda comunidad, tanto en sus distintos grados de convivencia diaria como en la lucha por sus reivindicaciones, cuestión que estaría amenazada por el nuevo Leviatán que comienza a erigirse en algunas naciones bajo el argumento de garantizarles a los ciudadanos un nivel mayor de seguridad y de vida tranquila.

 

Dado este paso, podrá afirmarse -sin mucho análisis- que esto derivaría, tarde o temprano, en una negación total del tipo de poder que nos ha regido (y rige) a lo largo de la historia, independientemente de cual sea, o haya sido, su categorización u origen. Así, al contrario de lo hecho por el poder institucionalizado y usufructuado por las oligarquías y los modernos feudos político-empresariales, cabe abarcar y darle espacios de autonomía a las diferentes expresiones plurales y heterogéneas que identifican a los sectores populares, partiendo del compromiso y/o programa compartido para lograr una verdadera emancipación, individual y colectiva. Todo aquello que configura el sistema de dominación imperante debe, por consiguiente, cuestionarse y abolirse en función de la autodeterminación de los pueblos; lo que exige “crear y recrear -según Amedeo Bertolo, colaborador de la prensa anarquista italiana,- sociabilidad, inventando, transmitiendo y modificando normas”; institucionalizando un poder popular, o colectivo, en lugar de uno simplemente personalista u oligárquico.-     

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19/07/2017 12:37 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL TOTALITARISMO CORPORATIVO Y LA NOVEDAD DE LA GUERRA

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«En una guerra siempre pierden los mismos» es una frase que se deja oír en una escena de la película española «Soldados de Salamina» y refleja lo que ha sido una constante en cada conflicto bélico que se produzca en cualquier lugar de nuestro planeta; es decir, pierden aquellos que tienen la desgracia de no contar con los recursos suficientes para no ser víctimas de la violencia y de la destrucción desatadas.

 

Lo que en épocas pasadas se catalogó como métodos correctos de hacer la guerra han sido sustituidos por otros que, en estas mismas épocas, resultaran condenables desde todo punto de vista eético y moral, dado el exceso innecesario de crueldad, de destrucción y de muertes de personas de cualqucualquier edad, observado durante la Segunda Mundial y, posteriormente, en la guerra de Vietnam. En la actualidad no sorprende a nadie que se cometan desmanes a diario contra poblaciones enteras indefensas, convertidas en blancos y escenarios de conflictos bélicos, generalmente azuzados por las potencias occidentales, con Estados Unidos al frente, como ocurre desde hace décadas en la región del Medio Oriente, sin visualizarse una solución definitiva.

 

Todo esto representa una nueva metodología para la dominación. Aunque suene inverosimil. No se puede ignorar la utilización de nuevos y mejorados engranajes de control de la vída de poblaciones enteras; muchas veces sin que éstas se den por enteradas. La evolución de la política a una economía-política (basada, sobre todo, en los postulados de la economía neoliberal) impulsa, puesto que le es necesaria, la homogenización de los diversos grupos sociales, al margen de sus características étnicas, antropológicas, culturales y/o religiosas; lo que explicaría, en parte, las expresiones xenófobas y racistas que han aflorado con fuerza en Europa y Estados Unidos durante las dos ultimas décadas, legitimadas por una guerra contra el terrorismo que, por cierto, solo sus gobiernos están autorizados a decretar y llevar a cabo.

 

Es un proceso de disciplinamiento que recurre a todo tipo de recursos jurídico-legales, religiosos, propagandísticos, mediáticos, ideológicos y sicológicos que terminen por moldear a cada individuo a la medida de los requerimientos del nuevo poder corporativo económico-político. Dicho por Michel Foucault, "la disciplina, desde luego, analiza, descompone a los individuos, los lugares, los tiempos, los gestos, las operaciones. Los descompone en elementos que son suficientes para percibirlos, por un lado, y modificarlo, por otro". Para esto es esencial inculcar entre las personas el afán compulsivo por obtener y disfrutar bienes materiales, aún por encima de su propia dignidad, lo cual las empuja al egoísmo y al abandono de cualquier expresión de humanidad y de solidaridad respecto a sus semejantes.

 

Lejos de preservar y resaltar la particularidad de las personas (en un amplio y deseable sentido) lo que se pretende es que ellas sean y actúen como masa, lográndose su encauzamiento colectivo, de manera que respondan más dócil y resignadamente a los designios de aquellos que los gobiernan. El actual predominio de los dispositivos de seguridad contribuye con este propósito, justificado por el temor a convertirse eventualmente en víctimas de terroristas que, como se ha demostrado desde hace tiempo, son estimulados, respaldados, entrenados, financiados y armados por los gobiernos de Estados Unidos y Europa occidental. Todo en nombre de la libertad y la democracia.

 

El enorme crecimiento demográfico experimentado en los últimos cien años y las migraciones masivas hacia Estados Unidos y países de Europa ha hecho que algunos políticos, economistas y asesores de seguridad se planteen incrementar los controles ejercidos mediante genocidios sistematizados. Esto haría más accesible la posibilidad anhelada de influir, dominar y controlar a individuos y grupos sociales en todas sus facetas.

 

De este modo, los sectores dominantes, los usufructuarios de este poder económico-político globalizador, se garantiza a sí mismo la salvaguardia de su hegemonía y la estructura de dominación que la hace factible. Esto, como se puede concluir, conduciría al mundo a un totalitarismo corporativo, quizás no a la manera como lo describe George Orwell en su distopía "1984", pero sí muy cercanamente, el cual le impondría a la humanidad una misma lógica o identidad.-

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19/07/2017 12:32 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA Y LA CONSPIRACIÓN SIN PAUSA DE LA DERECHA

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Como se revelara luego, los asesinatos durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 fueron premeditadamente planificados por quienes conspiraban desde hacía tiempo para derrocar al gobierno de Hugo Chávez. Algo que fuera fomentado sin censura alguna por diferentes medios impresos, televisivos y radiales con el claro objetivo de preparar y explotar los resentimientos albergados por las otrora “indiferentes” burguesía y clase media del país; en una confabulación multifactorial que hizo pensar a muchos en una reedición exitosa de lo ocurrido al Presidente Salvador Allende en Chile.

 

En la actualidad, sin pausa alguna, los mismos actores de la conspiración antichavista de 2002 siguen el mismo guión aplicado entonces, buscando multiplicar esta vez las movilizaciones y la violencia homicida de sus seguidores, a tal grado que sus motivaciones políticas dieron paso a un juego macabro en el cual resaltan el racismo y el sadismo como rasgos más visibles de su estrategia para acabar con Nicolás Maduro y el chavismo. En correspondencia con esto, es apropiado citar lo escrito por Luis Britto García en su libro Dictadura mediática en Venezuela (Investigación de unos medios por encima de toda sospecha) respecto a que “los medios de comunicación de masas tienen como figura retórica favorita la reiteración: la infinita repetición de un contenido. Una vez que se articula la estrategia de culpar al gobierno de los muertos que la oposición causa, el procedimiento se repite hasta el cansancio”. Dicha afirmación refleja una situación que permanece inalterable, replicada por medios y redes virtuales locales e internacionales, contribuyendo a distorsionar y encubrir la verdad de los sucesos, siguiendo esquemas aplicados en Ruanda, Yugoslavia y otras naciones envueltas en guerras y limpiezas étnicas.

 

Se instaura así una polarización mediática, sin espacio para la disidencia existente en relación a uno u otro bando en pugna. Se cumple, en este caso, algo ya referido por Gabriel Levinas, en Periodismo, la obsecuencia debida, donde “los multimedios deciden, por ejemplo, a qué políticos se les otorga espacio y a cuáles se oculta o disminuye su presencia en los medios”; una cuestión nada novedosa, pero que tiene sus efectos -quiérase o no- en la psiquis colectiva, dando por hecha, o deducida, la inexistencia de otras opciones políticas factibles, persuadiendo a la colectividad en general sobre la inviabilidad de soluciones legales, pacíficas y consensuadas respecto a la conflictividad producida.- 

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19/07/2017 12:26 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN Y LA REALIDAD DE UNA SOCIEDAD ASUSTADA

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El capitalismo euro-yanqui y, junto con él, todo sentido del modelo de sociedad occidental, se desarrolló a costa, principalmente, de los ricos yacimientos minerales de nuestra Abya Yala, relegando luego a esta extensa región a la función de proveedora de materias primas y mercados estables para la colocación de sus productos manufacturados; enriqueciéndose y obteniendo grandes dividendos. Tal circunstancia histórica hizo que las naciones de este continente -al ser parte de este engranaje capitalista- fueran luego regidas, sobre todo a partir de las primeras décadas del siglo 20, por elites sumisas a la voluntad e intereses de las grandes corporaciones estadounidenses, lo que se escudó tras la fachada de una democracia “representativa”, o “delegativa”, teóricamente al servicio del pueblo, que no escatimaba recurso alguno (legal o represivo) para aplacar cualquier intento por cambiar (por menudo que fuera) el orden establecido.

 

Apoyado en las estrategias de manipulación diseñadas por los grandes conglomerados del entretenimiento y de las comunicaciones al servicio de sus intereses, el imperio global (representado, principalmente, por Estados Unidos, y en un segundo plano, sin dejar de ser importante su cuota de participación, sus aliados de Europa occidental) paulatinamente impusieron en nuestras naciones la realidad de una sociedad asustada, víctima del miedo generado por un terrorismo de Estado, carente de rostro, el cual podrá ser identificado -en cualquier momento y en cualquier latitud- con el rostro de quien decidan los poderes hegemónicos. Todo esto supone un gran desafío para quienes proclaman la necesidad de una verdadera revolución en nuestras naciones.

 

A ello se suma el clima creciente de inestabilidad interna y externa, patrocinado por las potencias occidentales, con Estados Unidos al frente, que obligaría a poblaciones enteras a preferir regímenes de derecha que ofrezcan aparentemente una mayor seguridad ciudadana, pese a la restricción tácita o expresa que esto supondría respecto a las garantías constitucionales de las libertades colectivas e individuales. Tal realidad obliga a promover -desde ya- un serio cuestionamiento y una demolición substancial de las estructuras que sirven de base al sistema de cosas imperante y formular, en consecuencia, una propuesta de transformación integral del mismo, privilegiando en todo aspecto y en todo momento la soberanía de los sectores populares, evitando de esta manera que sean presas fáciles de oportunistas, demagogos y empresarios ávidos de grandes ganancias.-

 

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19/07/2017 12:24 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA «SAGRADA MISIÓN» DE LA DERECHA EN VENEZUELA

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Con tanta apología de la violencia -promovida a diario por la derecha fascista en Venezuela-, sus ejecutores quizás se crean investidos de una misión sagrada que deben cumplir. Ya varios analistas se han encargado de ahondar en torno a este tema. Muchos de ellos, reconocen que ésta es una cuestión insólita en toda la historia política del país. Según otros, ella tiene sus antecedentes en la «cultura» estamental y/o segregacionista implantada durante el régimen colonial español. Otros lo atribuyen a la «reedición» de la ideología anticomunista que caracterizó las primeras décadas del siglo XX y, con un mayor énfasis, los años 60 y 70 de este mismo siglo cuando las fuerzas represivas del Estado puntofijista combatieron, encarcelaron, torturaron y asesinaron a los combatientes izquierdistas de entonces; despojándolos (al estilo nazi) de todo derecho y de todo rasgo de humanidad.

 

De este modo, simplificado el asunto, Venezuela se hallaría en la actualidad envuelta en una decisiva guerra entre el bien y el mal (como lo determinara el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, frente a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, antes de su eclosión, lo mismo que cuando ordenó el adiestramiento, el equipamiento y el financiamiento de la Contra en Nicaragua), donde los malos, los subhumanos y/o los demonios están representados por los chavistas y, por extensión, los sectores plebeyos y mestizos, es decir, los sectores populares, que son, para mayor precisión, la mayoría poblacional venezolana.

 

Los buenos, los humanos y/o los santificados serían, obviamente, quienes se encuentran en la acera de enfrente, es decir, los seguidores de la oposición antichavista. Para los primeros, nada está permitido, ni siquiera el derecho a la autodefensa, a pesar de la vigencia de la Constitución y las leyes que condenan cualquier tipo de agresión física y moral a las personas, así como el quebrantamiento de las garantías que preservan la continuidad del orden democrático instituido. Para los últimos, es todo lo contrario. Considerándose a sí mismos «luchadores por la paz, la libertad y la democracia» les es lícito entonces volcarse a las calles y crear zozobra entre la población, destruir instalaciones gubernamentales y comerciales, además de servicios públicos, necesarios para la gente de menores recursos económicos, a la que dicen defender; e incitan públicamente a las fuerzas castrenses nacionales a que derroquen y/o maten a Nicolás Maduro, al mismo tiempo que invocan y secundan una invasión militar de parte del imperialismo gringo junto con sus aliados del continente.

 

Visto así este escenario, al no imperar la sensatez entre las cúpulas derechistas locales y no pronunciarse éstas, abierta y sostenidamente, por un cese total de la violencia, será poco probable que los sectores populares dejen de reaccionar en igual medida, al margen de lo que haga o deje de hacer el gobierno nacional. Este convencimiento de la derecha respecto a su «misión sagrada» ha dejado aflorar resentimientos que, desgraciadamente, han desembocado en deplorables crímenes de odio, resultando lesionada y asesinada, incluso, gente de sus propias filas. Siendo esto cierto, la derecha fascista camina sobre una alfombrilla roja de muertes, buscando una ruta macabra que le conduzca finalmente hacia Miraflores.-

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08/06/2017 11:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

“INVENTAR” UN PODER POPULAR REVOLUCIONARIO

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De existir en Venezuela, como generalmente se proclama, un poder popular revolucionario que, además de verdadero, actuara de una manera totalmente autónoma frente a las diversas instituciones que conforman al Estado, hace largo tiempo se habría dilucidado el dilema en cuanto a continuar o no con las viejas estructuras políticas, económicas y sociales liberal-burguesas aún vigentes o, contrariamente, reemplazarlas de raíz, dando lugar a una transformación estructural y, por ende, produciendo una revolución popular que se extienda a todos los aspectos o ámbitos de la sociedad.

 

De resultar positiva esta segunda situación, jamás habría tenido efecto nada de lo hecho o pretendido por las agrupaciones opositoras y el imperialismo gringo para acabar con todo lo logrado en más de una década de gobierno chavista. Pero ello no ha sido posible en un cien por ciento gracias a la cooptación de dirigentes populares por parte de gobernantes locales que recurren con suma frecuencia al clientelismo político tradicional, evitando así que se incremente el protagonismo y el nivel de conciencia revolucionaria de los sectores populares y, adicionalmente, su organización revolucionaria independiente.

 

Cuestión que también es aprovechada por la oposición de derecha, alimentando la ilusión de una prosperidad a granel para todos a través del sistema capitalista (aunque no lo mencionen específicamente), dando por sentado que sólo se requiere renovar el antiguo sistema de élites gobernantes y seguir incondicionalmente las pautas dictadas por Washington para librar al país de las consecuencias de las políticas socioeconómicas del «nefasto régimen» que actualmente lo estarían destruyendo. Esto último, obviando, por supuesto, las causas que han llevado a Venezuela a la condición actual de dificultades productivas y económicas, con una propaganda negra internacional y nacional que busca acentuar el malestar y frustración del pueblo, mayoritariamente chavista.

 

Para reimpulsar y profundizar los objetivos primordiales del proyecto de la Revolución Bolivariana es necesario que se abandonen y se combatan en todo momento los patrones burocrático-representativos institucionalizados que impiden, confrontan, impugnan y buscan tutelar el surgimiento de un verdadero poder popular revolucionario.

 

Es preciso, por tanto, “inventar” un poder popular revolucionario. Asumir una mayor audacia revolucionaria para que se alcancen estos importantes objetivos, de modo que estos sirvan para desmantelar no solamente estos patrones contrarrevolucionarios sino también para fortalecer la organización y la conciencia de los sectores populares frente a las pretensiones derechistas de restaurar las distintas realidades del pasado. Esto implica adoptar posiciones radicales que cuestionen en todo momento las políticas de Estado que estarían afectando, de una u otra manera, la marcha de los cambios revolucionarios que anticipen este nuevo modelo de sociedad.-

 

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07/06/2017 12:28 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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