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¿UN «OBLIGADO» PASO ATRÁS DEL CHAVISMO?

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No obstante haber innumerables reflexiones críticas -todas válidas e igualmente importantes aunque difieran mucho entre sí- en torno a lo que es y ha sido el proceso de cambios producido en Venezuela, existe la tendencia generalizada entre el chavismo a no prestarle demasiada atención a lo que realmente impulsaría, de un modo más efectivo, la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas del actual modelo civilizatorio; es decir, a la teoría revolucionaria para lograr, justamente, la revolución bolivariana. Tal tendencia es percibida por muchos como el factor que fracturaría al chavismo (más que la estrategia opositora), haciendo posible que éste dé un paso atrás, tratando de mantener sus cuotas de poder, al modo de cualquier élite tradicional, sin llegar a producir -en consecuencia- ninguna revolución.

 La mayoría de los chavistas, por lo general, tiende -pese a los reiterados llamados de Hugo Chávez a la lectura crítica de la historia y a la formación teórica revolucionaria sostenida- a asumir un papel extremadamente pragmático, especialmente en época electoral, en la puesta en marcha de las Misiones sociales o cuando se hace necesaria una movilización popular que sirva de alguna forma para repeler el ímpetu desestabilizador de los grupos opositores; algo relevante, pero que deja en evidencia un flanco descuidado que es aprovechado por quienes solo están motivados por satisfacer sus intereses personales. Como respuesta y resistencia a esta última situación, desde lo interno del chavismo tendría que manifestarse en toda su dimensión creadora, subversiva y constituyente una revolución, cuyo objetivo fundamental sea trastocar y abolir las relaciones de poder habituales, las mismas que han perdurado a través de la historia y que representan un serio obstáculo a vencer si se mantiene vigente la idea colectiva de lograr una revolución de características socialistas.

Esto, por supuesto, agudizará las tensiones y contradicciones entre aquellos que ostentan el poder (al estilo poco diferenciado de sus antecesores adecos y copeyanos) y quienes, desde las bases, pugnan para que la revolución bolivariana se convierta en una realidad irreversible, sin verse disminuida o afectada significativamente por las agresiones de la derecha y de su mentor principal, el imperialismo gringo. Sin la disposición de una teoría política y una concepción teórica del poder que faciliten vías diversas para la construcción de una sociedad de nuevo tipo, se hará más difícil la posibilidad que haya una comprensión más cabal del por qué ocurre lo que ocurre actualmente en Venezuela y de los esfuerzos que tendrán que hacerse a favor del bienestar integral de la población.

Muchos pasan por alto, quizás irreflexivamente, lo que hizo posible a Hugo Chávez y al chavismo. Olvidan que fue la insurgencia de un pueblo largamente postergado en sus aspiraciones democráticas e igualitarias; un pueblo reprimido y manipulado por una élite parasitaria combinada de políticos demagogos, empresarios vividores del Estado, clérigos legitimadores del orden establecido, militares adoctrinados por la tenebrosamente célebre Escuela de las Américas y sindicaleros que siempre estuvieron pendientes de su propio bienestar que el de los trabajadores que decían representar.

Esta insurgencia, sin embargo, no fue algo inmediato. Fue una insurgencia popular que se fue fraguando a través del tiempo. Unas veces de una forma ruidosa, violenta y espontánea, como las originadas por diversas reivindicaciones (laborales, sociales, estudiantiles) y, en un mayor grado, el «Guarenazo», mejor conocido como el «Caracazo», del 27 de febrero de 1989. En otras, silenciosamente, replegándose sobre sí mismo, autoorganizándose y siempre resistiendo a través de sus diversas expresiones culturales; deslegitimando con su aparente anomia al statu quo regimentado bajo el pacto de Punto Fijo.

En el presente, esa misma insurgencia continúa latente. Para algunos, ella se halla contenida en la polarización aparente entre el chavismo y la oposición, cosa que es reforzada a diario por los distintos medios de información, tanto a favor como en contra de uno u otro bando, dando así por descontada la posibilidad de otras opciones político-partidistas. No obstante, la realidad cotidiana parece contradecir dicha polarización aunque intereses de por medio quieran hacerle creer al mundo todo lo contrario.-

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08/12/2016 11:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿DE QUÉ SE PROTEGEN EE.UU. Y EUROPA?

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Las cúpulas dominantes de Estados Unidos y Europa occidental -mayormente integradas por quienes representan a grandes corporaciones transnacionales capitalistas- han sabido cultivar y explotar a su favor el miedo u odio de la población a todo aquello que sea diferente. Una cuestión nada novedosa, dados los antecedentes históricos de la persecución y muertes de millares de fieles judíos, gitanos, anarquistas y comunistas, acusados de todos los males padecidos en su sociedad; sobre todo, en las naciones europeas, quedándole a los estadounidenses la nada honrosa «misión» de linchar en su territorio a aborígenes, negros, chicanos e inmigrantes «ilegales» por atreverse a anhelar (¡seres “inferiores”!) el disfrute de una cuota del sueño «americano».

 

En la actualidad (en realidad, desde hace ya varias décadas) el capitalismo corporativo transnacional ha enfilado todo el arsenal de su industria ideológica para convencer a los ciudadanos del mundo, ya no sólo de sus países de origen, que no les quedará más opción para sobrevivir que sacrificar sus derechos inalienables en las aras del mercado capitalista neoliberal. En función de esta meta, gobiernos y organismos multilaterales, tales como la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, coinciden en recomendar e imponer recetas económicas que merman enormemente la vigencia del Estado de bienestar como fórmula infalible para recuperar las deterioradas economías nacionales. El ejemplo más claro de esto es Grecia, víctima por igual de la ineficacia de diversos gobiernos y de la voracidad empresarial capitalista. No es casualidad, por tanto, notar elementos y circunstancias comunes en uno u otro lado del planeta que plantean la necesidad de confrontar y sustituir al capitalismo en todas sus variantes o expresiones.

 

El unilateralismo globalizador capitalista adopta así mecanismos de legitimación que le aseguran un desenvolvimiento menos traumático, a pesar del innegable impacto causado por el cese o disminución de la inversión gubernamental en materia social, de la desigualdad social, del incremento de los índices de desempleo y del endeudamiento externo. Todo esto tiende a expandirse a todas las naciones, creando en muchos casos la ilusión del desarrollo. Una ilusión del desarrollo según la cual todos los ciudadanos tendrían las mismas oportunidades, pero sin que lleguen a disfrutarlo de una igual manera y, sobre todo, al mismo tiempo, por lo que tendrán que fijarse en sus propios intereses y no en los colectivos. Por ello, la pregunta es pertinente: ¿de qué se protegen EE.UU. y Europa?

 

Evidentemente, se protegen de la oleada de inmigrantes provenientes de las naciones periféricas del sistema capitalista, mismos que han sido -de una u otra manera- expoliados por éstos durante siglos, terminando desalojados de sus propios territorios sea por acción directa de las grandes corporaciones transnacionales o por el efecto atroz de las guerras que éstas han promovido para asegurarse el control de los recursos naturales estratégicos de sus países. Las cúpulas dominantes de Estados Unidos y Europa, simplemente, resguardan sus fronteras y se aseguran de continuar disfrutando, como siempre, las delicias materiales producidas por la explotación y la dominación sobre el resto de la humanidad.- 

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08/12/2016 11:03 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

La práctica revolucionaria no es cualquier práctica

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En correspondencia con lo escrito por Karl Marx en 1843 respecto a que «la teoría logra realizarse en un pueblo sólo en la medida en que es la realización de sus necesidades» habría que afirmar -revalidando lo señalado por Lenin en su tiempo- que la teoría revolucionaria no será posible ni verificable sin una adecuada práctica revolucionaria. Es decir, si no resulta complicado entenderlo, la práctica revolucionaria no podría circunscribirse estrictamente a lo que sería una gestión típica de gobierno y/o el reclamo constante de reivindicaciones de todo tipo (sin menoscabar su importancia), puesto que ello será actuar en el terreno movedizo del reformismo, sin proponerse mayores metas y, menos, avances que permitan hablar con propiedad de una revolución popular y socialista en marcha.

Esto es algo que comúnmente se pasa por alto a la hora de exigírseles a algunos revolucionarios destacados en el estudio, el debate, la difusión y la formación teórica que se dediquen a la práctica; desdeñándose el papel que ellos cumplen, habida cuenta de los efectos perdurables de la ideología de las clases dominantes que podrían aflorar a cada rato en la mentalidad de los sectores populares, haciendo dificultoso, por consiguiente, la construcción socialista.

Bajo este esquema, la práctica revolucionaria no es, ni podrá ser, cualquier tipo de práctica, sino aquella que, de un modo subversivo y constituyente, contribuya a demoler las viejas estructuras y subestructuras sobre las que se asienta el orden establecido. Es una práctica orientada a definir y a enriquecer las luchas tendentes a modificar radicalmente todo lo existente, no únicamente al ejercicio y fiel cumplimiento de las reglas de juego impuestas por las élites gobernantes y/o dominantes. Caer en esto autolimitaría enormemente la capacidad popular de impulsar y de protagonizar cambios revolucionarios en función de asegurar su propio destino y beneficio, como tendrá lugar en el desarrollo y la consolidación de una revolución verdadera. Al respecto, «es necesario -como lo refleja Ludovico Silva en su Teoría del Socialismo Humanista- guiarse por una teoría que sea expresión de la práctica social en la que vivimos». Este detalle es muy importante a la hora de determinar qué clase de teoría revolucionaria y qué clase de práctica revolucionaria es la que encaja con nuestro objetivo de llevar a cabo una revolución popular y socialista, diferenciándola en todos los aspectos a lo que distorsionada e históricamente se identifica como tal. Algo poco sencillo, ciertamente, pero que no se puede ni se debe eludir por razones diversas, aún las de Estado que suelen invocarse para eliminar cualquier eventual cuestionamiento a quienes conforman el estamento político gobernante. Volviendo a Ludovico Silva y su obra citada, «no se trata, digámoslo de una vez, de la idea simple de que la cátedra o el libro se conviertan en instrumentos subversivos, aunque en un momento dado pueda ser ello conveniente. Se trata, más bien, de que el hombre que enseña teorías a través de una tribuna pública, enseñe también la relación que hay entre sus teorías y la práctica social. Si se procede de acuerdo a este criterio, la enseñanza será forzosamente una actividad práctica revolucionaria, pues será la enseñanza de la verdad, y la verdad, como la belleza, es siempre revolucionaria, aunque sólo sea por el hecho de que no persigue el falseamiento ideológico, sino la denuncia científica, que es un modo de despertar a las conciencias».

Por eso, lo aseverado por Marx en relación a que «los filósofos no han hecho sino interpretar de diversas maneras el mundo, se trata ya de transformarlo» tiene que insertarse en esa búsqueda y compartir de saberes que debe propiciarse de forma constante a lo interno de las diferentes organizaciones que promueven la Revolución. Y al mencionar a los filósofos hay que entender que eso no excusa a todo aquel dotado con algún grado de conocimiento, académico o no. Pero, es pertinente aclarar, asimismo, que esta transformación del mundo no puede propiciarse bajo los mismos esquemas de desarrollo del llamado mundo moderno, dominado en gran parte por la lógica perversa del capitalismo. Esto no disminuye del todo los aportes que se pudieran extraer y utilizar del conocimiento general del cual somos todos receptores, cosa que se extiende, lógicamente, a lo propio en el campo revolucionario. La práctica revolucionaria, en tal caso, habría de comprenderse como aquella que se cuestiona, se enriquece y se revisa a la luz de los cambios revolucionarios que origina, logrando que éstos se hagan irreversibles y, por tanto, tengan repercusiones significativas en relación al modelo civilizatorio de nuevo tipo que se estaría erigiendo mediante un poder popular actuando de forma totalmente autónoma, subversiva y constituyente.-

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08/12/2016 10:58 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL CHAVISMO Y LA OMISIÓN DE LA LUCHA DE CLASES

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Muchos chavistas y revolucionarios han omitido -posiblemente de forma involuntaria, concediéndoseles el beneficio de la duda- que la lucha de clases y la movilización popular fueron elementos claves en los triunfos electorales consecutivos obtenidos por Hugo Chávez desde 1998, incluso en aquellos momentos coyunturales cuando los grupos de la oposición propiciaron y cristalizaron un golpe de Estado y un paro patronal, estimulados por Estados Unidos y su sed de poder.

 

Esta omisión propició que, de una u otra forma, el clientelismo político y la consiguiente conformación de una maquinaria electoral exitosa -representada inicialmente por el Movimiento V República (MVR) y, ahora, por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), resaltando ambos por encima del resto de partidos políticos identificadas con el chavismo-, ocasionaran la desmovilización popular. Esto sería aprovechado por la oposición de derecha, trastocando así la correlación de fuerzas que se inclinaba en su contra, lo que se manifestó en el control actual de la Asamblea Nacional, relegando al chavismo a un papel defensivo frente a la denominada guerra económica. Durante este tiempo, la oposición avivó -mediante una campaña mediática insistente, aunada a la crisis de abastecimiento y de especulación desmedida de productos- cierto descontento colectivo respecto a la efectividad del gobierno de Nicolás Maduro para paliar la nueva situación crítica padecida por el pueblo.

 

Si se hubiera entendido medianamente la necesidad de afrontar la lucha de clases en Venezuela de una forma sostenida, posiblemente no existirían las circunstancias por las que atraviesa el proceso de cambios revolucionario. Incluso, el gobierno de Maduro habría tenido una mejor posición para atajar, de manera contundente, las intenciones opositoras de desalojarlo del poder.

 

También pudo servir de escenario para definir el rumbo económico y teórico a seguir, teniendo en cuenta la exigencia de construir el socialismo bolivariano como una opción válida y factible frente a la lógica perversa del capitalismo y sus relaciones de producción y consumo. Algo que es determinante y está ligado, asimismo, al compromiso de disminuir enormemente la dependencia de la renta petrolera y tender al logro de una diversificación tangible de la economía nacional, como tantas veces fuera anunciado.

 

 

Ahora, con una economía sometida a la acción inmoral de bachaqueros y empresarios (internos y externos), que responden a intereses políticos, que se amplía con la carencia de dinero en efectivo (sometiendo a los ciudadanos a una usura legalizada que pareciera aceptarse ante la imposibilidad de alternativas inmediatas por parte de las autoridades), los chavistas y los revolucionarios debieran enarbolar, sin desechar lo adelantado por Chávez, una nueva referencia revolucionaria que contemple y garantice la posibilidad irrecusable de consentir que sea el pueblo quien ejerza el poder de un modo protagónico en lugar de permitir el empoderamiento de fracciones burocráticas político-partidistas que sólo actuarían en su propio beneficio.

 

En su análisis “La implosión de la Venezuela rentista”, Edgardo Lander determinó que “el gobierno del Presidente Chávez, lejos de asumir que una alternativa al capitalismo tenía necesariamente que ser una alternativa al modelo depredador del desarrollo, del crecimiento sin fin, lejos de cuestionar el modelo petrolero rentista, lo que hizo fue radicalizarlo a niveles históricamente desconocidos en el país. En los 17 años del proceso bolivariano la economía se fue haciendo sistemáticamente más dependiente del ingreso petrolero, ingresos sin los cuales no es posible importar los bienes requeridos para satisfacer las necesidades básicas de la población, incluyendo una amplia gama de rubros que antes se producían en el país. Se priorizó durante estos años la política asistencialista sobre la transformación del modelo económico, se redujo la pobreza de ingreso, sin alterar las condiciones estructurales de la exclusión”.

 

Sin embargo, en descargo de Chávez, éste había expuesto en el preámbulo del Plan de la Patria que “la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista”, por lo que el proyecto revolucionario en construcción tendría que estar “direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo.”

 

Aún con este importante detalle en contra, que se enlaza con la acción quintacolumnista de muchos burócratas, poco o nada involucrados con el chavismo o, en su defecto, con la simple gestión gubernamental, anclados como están en sus espacios de confort; los revolucionarios y los chavistas podrían emprender una estrategia orientada a la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas que caracterizan el viejo orden establecido. Éste sería, está demás decirlo, un buen momento para emprenderla y hacerla posible.-  

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08/12/2016 10:46 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

TRUMP, ¿UN APOCALIPSIS MENOS DESTRUCTIVO?

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A vuelo de pájaro, la elección del multimillonario Donald Trump como el sucesor de Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos ha sido catalogada como una revuelta de la población “blanca, anglosajona y protestante” (en algunos casos, percibida como una minoría) contra las élites políticas, económicas y financieras identificadas con el capitalismo neoliberal, cansada de ser víctima constante de sus manipulaciones y demás acciones para asegurar sus patrimonios particulares y/o grupales en detrimento de los ingresos, necesidades e intereses de la amplia masa laboral estadounidense. En consecuencia, su discurso antiglobalización tuvo un primer efecto en el ánimo de esta población, pero no podría interpretarse, a priori, como algo totalmente en su contra.

 

Atendiendo a sus palabras durante la campaña electoral, con Donald Trump en la Casa Blanca, según lo vaticinan algunos estudiosos del tema, todos los proyectos de la restauración económica neoliberal a nivel global podrían desbaratarse en función de una política económica nacional más proteccionista y, por ende, aislacionista. Así, los tratados de libre comercio que promovieran y suscribieran los gobiernos posteriores a la era de Ronald Reagan fueron satanizados y culpados de suprimir una cantidad considerable de puestos de trabajo tuvo su eco efectivo en las áreas más empobrecidas de Estados Unidos, lo que -de algún modo- sirvió para apuntalar el ascenso de Trump a la presidencia estadounidense.

 

Adicionalmente, la postura conservadora del nuevo presidente ha hecho suponer el inicio de un período que hará retroceder y limitar muchos avances en materia de derechos humanos. Por ejemplo, Emilio Marín, en su artículo “Un ‘remedio’ peor que las enfermedades del imperio”, describe que “dentro y fuera de EE UU el resultado supone un espaldarazo a políticas de derecha y ultraderecha, de limitación de los derechos civiles y avances elementales en cuestiones como el aborto, cambio climático y matrimonio igualitario, exacerbación de la xenofobia, sobre todo contra los mexicanos y musulmanes (estos, ‘el último orejón del tarro’ para el magnate y sobre lo cual los medios mucho no hablan) y la vilipendiada mujer, tocable y violable”.

 

Claudio Katz, por su parte, hace notar que “el nuevo presidente exhibe con orgullo su condición de potentado y reforzó la idealización del capitalista que impera en Estados Unidos. Reavivó también la fábula que asimila el éxito en los negocios con la capacidad para dirigir un país”.  Sin embargo, como lo menciona Katz, “olvidó recordar cómo refutaron esa creencia los últimos millonarios que habitaron la Casa Blanca”. Esto, obviamente, tendrá sus repercusiones en el caldo de cultivo explosivo que representa la gigantesca crisis política y social que embarga desde hace varios años a los Estados Unidos y, más allá de sus fronteras nacionales, a todo el sistema imperialista mundial, envuelto en toda clase de acciones intervencionistas y agresiones militares contra gobiernos y naciones opuestos a sus designios hegemónicos.

 

No hay que olvidar que desde hace siglos, el imperialismo gringo ha explotado e inculcado el excepcionalismo o destino manifiesto que les concierne por la gracia divina para civilizar al mundo; lo que podría precipitar una situación quizás más extrema y belicista frente a las dos potencias que ahora le disputan la hegemonía global a Estados Unidos, Rusia y China, lo mismo que con aquellas naciones que han sido objeto de su constante atención, entre ellas algunas pertenecientes a nuestra Abya Yala.  Nada de esto significa que Trump sea un apocalipsis menos destructivo que el simbolizado por Hillary Clinton, incluyendo al saliente premio Nobel de la “paz”, Obama, con su estela de destrucción, violación de derechos humanos (dentro y fuera de suelo estadounidense) y guerras imperiales.-  

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17/11/2016 12:18 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

IMPERIALISMO, OPOSICIÓN Y REFERENDO

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Como cuestión habitual en ellos, los dirigentes de la oposición repiten el esquema de la manipulación mediática y del autoengaño para desmentir, a propósito de la realización de las mesas de diálogo con representantes del gobierno venezolano, el fracaso de su estrategia para acabar de modo definitivo con el chavismo mediante la convocatoria y celebración del referendo revocatorio en 2016. Con esto pretenden, evidentemente, evitar que ocurra una masiva desbandada de sus seguidores (sobre todo, de los extremistas “espontáneos” que hay en sus filas), decepcionados al no ver unos resultados inmediatos y concretos que colmen sus aspiraciones revanchistas. La situación actual, ubicados en el ojo del huracán de la opinión pública en general, pendiente de sus posturas ambivalentes, lejos de hacerlos desistir de sus propósitos, los induce a fijarse acciones lindantes con el terrorismo, como única opción a la mano para obligar a Nicolás Maduro a dimitir, teniendo en cuenta las recomendaciones de Gene Sharp en su manual de guerra no convencional, aprobadas y financiadas por Washington; todo lo cual no exime la posibilidad que sigan usando el referendo revocatorio como excusa, a pesar de la imposibilidad legal de formalizarlo en lo que resta del año, para mantener así un ambiente de protestas y de violencia política que pueda extenderse por todo el país.

 

Para el imperialismo gringo -con Barack Obama aún de inquilino de la Casa Blanca- esta situación luce oportuna e ideal para socavar las bases de apoyo del chavismo en Venezuela, aprovechando las debilidades mostradas en el área productiva que, sin embargo, no han mellado tales bases con la fuerza suficiente que permitan pronosticar su total derrumbe. Por tal motivo, enfila sus baterías mediáticas cada vez que percibe el agotamiento de la estrategia opositora, incluso haciéndose partícipe -desde lejos- del diálogo propiciado por Maduro con la oposición, brindándole un estímulo compartido con otros personajes de la farándula y de la derecha internacionales que obvian situaciones aún más conflictivas y abiertamente contrapuestas al ejercicio de la democracia y al respeto de los derechos humanos -como “normalmente” acaece en Estados Unidos, Palestina, Yemen, Siria, México, Argentina y España- sin dar lugar a unas actitudes similares al respecto.

 

Alfredo Serrano, en “Geopolítica de América latina: entre la esperanza y la restauración del desencanto”, explica que "el pesimismo reinante en algunas filas autodenominadas ’progresistas o de izquierdas’ allana el camino para aquellos que realmente sí desean la restauración conservadora. Los momentos de vacas flacas son siempre propicios para aquellos que se apean en la siguiente parada. El desencanto creciente en nuestras filas abona el terreno para el retorno de las carabelas en versión siglo XXI. Esto sería conceder demasiada ventaja al enemigo en estos tiempos de disputa. La crítica es bienvenida siempre y cuando venga acompañada de búsqueda de soluciones, de motores generadores de nuevas esperanzas, sin terminar cediendo al chantaje del desencanto". Esta mella renueva los bríos contrarrevolucionarios, elevando la confianza opositora en que el final del proceso revolucionario está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, pareciera presentarse una especie de pausa que trastocaría los planes de la derecha en Venezuela, dado el triunfo electoral de Donald Trump, franqueando el paso a especulaciones diversas respecto a sus posibles acciones como presidente de Estados Unidos; lo que serviría al chavismo en el gobierno -de saber interpretarlo y aprovecharlo de forma adecuada, con un respaldo popular activado en todas las esferas de la vida nacional- para contener y vencer las intenciones de quienes propician su eventual caída.-

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16/11/2016 12:30 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA DE DOS: O CAPITULAMOS O RECAPITULAMOS

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Es necesario que los revolucionarios de nuestra Abya Yala sean capaces de luchar por crear un mundo posible donde quepan muchos otros mundos (al decir de los zapatistas y de otros demandantes de la alteridad) no puramente el que ahora habitamos, donde sólo es permitido y estimulado el ‘american way life’ como muestra avanzada de civilización y de modernidad. Uno de los objetivos que debiera imponerse, por tanto, cualquier proyecto de emancipación revolucionaria es refutar y derrotar la hegemonía euro-yanqui que ha pretendido, desde hace cinco siglos, representar a todo el mundo mediante una universalidad y una modernidad que sólo se ajustan a los patrones emanados de Europa y Estados Unidos, gracias a los cuales a estos les correspondería la misión de civilizar al mundo bárbaro que no conoce lo que es la libertad, la libre economía y la democracia, permitiéndose reconfigurar, incluso, sus fronteras nacionales en función de optimizar sus supremos intereses geopolíticos y económicos. De allí que sea inaplazable fraguar -hasta donde ello sea factible, siendo conscientes, por supuesto, de las múltiples dificultades y de las limitaciones que la misma implicaría- la construcción de una fundamentación teórica de una nueva lógica (anticapitalista y antipatriarcal), de unos nuevos paradigmas y, en general, de una nueva cultura social, económica y política; extraídos de la realidad específica de las naciones nuestraamericanas, pero que no por eso suprimiría completamente la realidad experimentada en común con los demás pueblos periféricos del planeta.    

 

En tal sentido, es fundamental entender que “en América latina nos encontramos -tal como lo describe Juan José Bautista Segalés en su obra ¿Qué significa pensar desde América Latina? Hacia una racionalidad transmoderna y postoccidental- en una coyuntura histórica sin igual en la cual estamos empezando a producir no sólo otra idea de economía, política y sociedad, sino también el conocimiento con el que esta otra idea de vida, distinta de la forma de vida que los modernos nos han impuesto durante 500 años, sea posible. Ya no basta con producir los conceptos y categorías con los cuales hacer inteligible, pensable y posible este otro proyecto. El problema no está en cuestionar solamente el capitalismo, el modelo neoliberal o, si se quiere, el socialismo real del siglo XX, sino en problematizar y criticar la racionalidad que los presupone y les da sentido, para no recaer en lo que siempre criticamos y que queremos superar”.

 

Tal cuestión impone no escasos desafíos conceptuales, además de prácticas que evidencien la posibilidad real de concretarlos. Es importante comprender, además, que una revolución que se plantee reemplazar el sistema capitalista por uno más enfocado hacia los seres humanos y la naturaleza, estableciendo una simbiosis beneficiosa para ambos, lo cual no podría lograrse si aún se apela a la racionalidad que lo engendró y justifica, aun cuando se diga que es parte del cambio sugerido y anhelado por muchos a nivel mundial. Ante tamaño reto no sería extraño que algunos claudicaran mientras otros, quizás, sencillamente recapitulen y retomen la lucha bajo unos nuevos parámetros, esta vez mejor compenetrados con la realidad particular de cada pueblo y/o nación. Ello resulta más urgente cuando se observa la arremetida de los grupos y gobiernos conservadores de derecha, incluyendo triunfos electorales y los denominados golpes blandos -en lo que se considera el final del denominado ciclo progresista, tomando en cuenta lo ocurrido en Argentina y Brasil, buscando extenderse a Bolivia, Ecuador y Venezuela- en contra de las reivindicaciones de los sectores populares, restaurando y reelaborando el esquema neoliberal capitalista que tutelaba, hace tres décadas atrás, la economía mundial, sobre todo en los países de nuestra Abya Yala.

 

Este último escenario (que algunos perciben irreversible) obliga a los revolucionarios a definir posiciones. Una de dos: o capitulamos o recapitulamos. No podría confiarse en algo intermedio al respecto, si no existen criterios precisos que permitan ahondar y darle continuidad a un proyecto de transformación estructural que abarque la totalidad del modelo civilizatorio vigente. Tal cosa exige, obviamente, determinar los cambios que se harán en el campo político y su reflejo inmediato en lo económico, de manera que exista una compatibilidad entre ambos, trascendiendo el marco reformista tradicional. Pero ello requiere en todo momento que los sectores populares adquieran plena conciencia del rol histórico que les tocará cumplir para alcanzar sus aspiraciones de emancipación integral, organizándose de forma independiente en relación al Estado, con sus propias normativas y liderazgos, sin que esto signifique caer en un idealismo que, luego, al no producir resultados tangibles, haga que muchos se decepcionen y abandonen la lucha, reflejándose en la desmovilización social y el abstencionismo electoral que asegurarían -eventualmente- la restauración de las clases oligárquicas y proimperialistas.-      

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16/11/2016 12:26 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

POLARIZACIÓN MEDIÁTICA. NI LOS UNOS, NI… ¿LOS OTROS?

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Vista la situación creada en Venezuela a raíz de los acaecimientos en los espacios de la Asamblea Nacional, pocas personas se han pronunciado objetivamente respecto a lo que éstos revelarían aguas abajo, más allá del mero hecho noticioso. A simple vista, se podría concluir escuetamente en que todo es parte de la alta polarización alcanzada en el país entre los sectores de la derecha y los sectores de la izquierda (entendiéndose que entre estos está representado el chavismo), dejándose establecido de antemano que a lo interno de ambos sectores existe una unidad monolítica, es decir, sin fisura alguna.

 

Esto último, por supuesto, obvia la existencia de algunos grupos alternativos, más concretamente del lado que enarbola -a la par del chavismo- las banderas de una revolución popular y, por añadidura, de características anticapitalistas, nuestroamericanistas y antiimperialistas. Lo mismo podrá afirmarse en el caso de la derecha donde conviven extremistas “espontáneos”, inclinados sin mucho disimulo hacia el fascismo, y los moderados, favorecedores de consensos y fórmulas tradicionales como la socialdemocracia. Ello ha sido posible gracias al manejo mediático logrado por los representantes de cada uno de estos grupos antagónicos; reflejándose, a pesar de la diversidad de opciones candidaturales, en los votos obtenidos en todos los comicios realizados desde 1998 hasta el presente. Sin embargo, en la coyuntura actual pareciera que esta situación creada empezara a desdibujarse, dando paso al aparecimiento de propuestas novedosas, específicamente en el campo revolucionario, que suponen un cuestionamiento abierto en relación a la dirección política del proceso revolucionario bolivariano, siendo éste desvirtuado, en muchos casos, en función de intereses particulares, lo que es aprovechado por la derecha para obtener concesiones, mantenerse vigente y ocupar espacios, minando así la hegemonía chavista.

 

El problema de tales propuestas es que se concentran quizás demasiado en el marco electoral acostumbrado, desdeñando otras formas, igualmente legales y viables, de acceder al poder y de hacer la Revolución Bolivariana. Esto ha hecho que los chavistas y muchos en contra de las pretensiones de los grupos opositores (sin ser militantes activos) no puedan, o no sepan, distinguir las diferencias entre éstas y el Movimiento V República (MVR), en un primer momento, y, ahora, con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lo que ha permitido la preeminencia electoral y organizativa de este último. En este caso, la polarización mediática conspira contra estas propuestas. Sin embargo, es posible que la última coyuntura que viven el chavismo y la oposición, mesas de diálogo de por medio en búsqueda de un ambiente de gobernabilidad consensuado, permita que finalmente se den a conocer ampliamente estas nuevas propuestas, diversificando el escenario político nacional, lo que obligará a los dos principales factores de la política venezolana a plantearse una nueva estrategia de entendimiento (si aspiran conservar su estatus) o, contrariamente, abrirles campo, neutralizando su beligerancia.

 

Quizás esto lo perciban unos y otros como una amenaza. No obstante, debiera interpretarse como una manera de fortalecer y de ampliar el ejercicio democrático en Venezuela, tomando en cuenta el nivel de participación política alcanzado por la población venezolana, en especial aquella que durante más de tres décadas fuera invisibilizada y marginada por las élites gobernantes del pacto de Punto Fijo; reflejándose en una lucha de clases sociales a la que pocos aluden y, menos, atinan a definir. Lo que quedará pendiente será saber si así lo entenderán las dirigencias de la oposición y del chavismo, evitando su propio desgaste y la posibilidad nada ilógica de ser substituidos ambos por unos nuevos actores políticos que terminen por confinarlos al pasado.-   

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16/11/2016 12:20 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS EXTREMISTAS “ESPONTÁNEOS” Y LA OPOSICIÓN DICOTÓMICA

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La dirigencia de la derecha local comienza a sufrir los estragos de sus propios errores al calcar el libreto de las llamadas revoluciones de colores que hubo en Europa y Medio Oriente y de tratar de aplicarlo sin éxito en Venezuela. Esta es una situación extremadamente peligrosa para el país, más que para el gobierno, al existir entre la oposición algunos grupos espontáneos que no obedecerían líneas de esta dirigencia que, a sus ojos, resulta moderada e indecisa en cuanto a las vías violentas que se deben seguir para lograr el derrocamiento definitivo de Nicolás Maduro y asegurar la eliminación política, moral y, hasta, física de los chavistas, como muchos lo dejan traslucir a través de las redes sociales.

 

Como ya se vio en pasadas ocasiones, estos grupos se alimentan del odio verbal que suele emitir esta misma dirigencia, la cual, debido a la impunidad con que se expresa y actúa, termina por avalar la violencia generada, aun cuando ésta tenga un saldo trágico, atribuyéndole toda la culpa al gobierno, cosa que se replica sin comprobación alguna en medios de información extranjeros y nacionales, aumentando y manteniendo vivo el resquemor hacia todo lo que implique chavismo; así se obtenga alguno de los beneficios sociales promovidos en su momento por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro. Todo esto, al no ejercerse ningún tipo de control contra estos grupos violentos, causaría una situación similar a la producida en Colombia con las bandas criminales, no siendo casual que algunos integrantes de tales grupos estén alineados activa e ideológicamente con el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su política de agresiones constantes contra Venezuela.

 

Sin embargo, lo que llama más la atención es la actitud, llamémosla sumisa y hasta cobarde, de los muchos representantes opositores frente a estos grupos violentos, prefiriendo quedarse callados y escurriendo el bulto antes que condenar públicamente su prontuario criminal, temerosos de ser señalados de cómplices del régimen, ahora dictadura, como gustan llamar al gobierno, constitucional, gústenos o no, de Nicolás Maduro Moros. Saben que les resulta imposible deshacerse del gobierno por la vía constitucional al mismo tiempo que intuyen que forzar su salida supondría la posibilidad de un estallido social de incalculables proporciones, apenas entrevisto con la irrupción de grupos chavistas al hemiciclo de la Asamblea Nacional el pasado 24 de octubre, cuestión que sorprendió a propios y extraños, dando pie a diversidad de conjeturas, entre ellas que hay un pueblo que empezó a cansarse del comportamiento y de las provocaciones de la derecha parlamentaria y que, incluso, podría rebasar al mismo gobierno chavista.

 

Los políticos de la derecha han mostrado muy poco respeto por la capacidad intelectual del pueblo venezolano (incluyendo, lógicamente, a sus seguidores) al tratar de hacerle creer que su insistencia en la realización del referendo revocatorio tiene un objetivo altruista, en defensa de la constitucionalidad y la democracia, y solucionaría, en definitiva, todo tipo de problemas existentes en el país. Mediante tal manipulación obligan a los diversos medios de información, prácticamente, a instituir una exclusión de la diferenciación que pudiera existir tanto en sus filas como en el chavismo, reduciendo todo a un enfrentamiento exclusivo entre ambas agrupaciones, es decir, negándose la posibilidad de opciones igualmente válidas en uno u otro bando, más allá de la simplicidad o estandarización de verse a unos como los buenos y a los otros como los malos.

 

Por supuesto, esta es una situación que pone en entredicho la moral “democrática y pacifista” de la representación de la derecha en Venezuela, resultando ambivalente y/o dicotómica, ya que, por una parte, acusa de violentos y antidemocráticos a los chavistas, incluso de vender al país a potencias extranjeras, mientras mantiene una actitud irresponsable de complacencia con sus seguidores, sin deslindarse de sus acciones evidentemente terroristas y, por tanto, violatorias de las leyes nacionales vigentes.-

 

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16/11/2016 12:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA DIETA DE MADURO BENEFICIA AL PUEBLO

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La “dieta” de Maduro beneficia al pueblo de Venezuela. Al verdadero. Al de aguas y tierras profundas. Al que lucha -sin ninguna clase de egoísmo- por un mejor país. No a aquel que se presenta a sí mismo ante los diversos medios de información nacionales e internacionales como representante de la totalidad, del 100%, de la población del país, desconociendo la existencia de un porcentaje significativo de venezolanos que no comulgan con sus “filántropos” propósitos “democráticos”. Como tampoco a aquel que vive -parasitariamente- a expensas de las dádivas del Estado (aunque alegue hacerlo por su propia cuenta). Para muchos sonará objetable, cáustico y/o contradictorio. Dependerá del bando en que cada quien se ubique y qué tipo de intereses defiende. Sin embargo, ello es una realidad cotidiana irrefutable.

 

La llamada dieta de Maduro -metáfora ingeniosa para referirse a la situación de desabastecimiento y de especulación derivada de la estrategia desestabilizadora opositora para salir extraconstitucionalmente del gobierno de Venezuela, quizás surgida de alguno de sus laboratorios de manipulación social, tal como ocurriera con la expresión “pero tenemos Patria” ante la escasez de papel higiénico y de otros productos de consumo diario- nos da cuenta de la marcada asimetría existente a nivel comunicacional donde los factores de derecha tienen una cobertura cotidiana asegurada mientras que sus contrarios (los chavistas y los revolucionarios) apenas son visibilizados. Más aún: tal asimetría se profundiza a medida que surgen en el horizonte político nuevas opciones que, de una u otra forma, discrepan de los puntos de vista y de las acciones de la dirigencia de ambos bandos.  

 

Sin embargo, lo medular de toda esta situación adversa es que la gente percibe -aún con los pronósticos en contra- que debe organizarse y actuar por sí misma ante las embestidas del acaparamiento, desabastecimiento y especulación de diversidad de productos de consumo diario que protagonizan los denominados bachaqueros, funcionarios de distintas ramas del sector público y un porcentaje axiomático de empresarios nacionales y extranjeros que han obligado a muchos venezolanos a alterar sus patrones de consumo, como también a ingeniárselas para obtener todo aquello que requieren sus familias. Esta circunstancia podría servir para fomentar entre el pueblo una cultura del trabajo totalmente distinta a la seguida desde hace ya un siglo, sujeta a los vaivenes de la renta petrolera y, por tanto, escasamente acoplada a las nociones de una economía colaborativa, soberana y realmente diversificada. Hará falta que el gobierno nacional y, en general, la dirigencia chavista sepa comprender a tiempo la necesidad ineludible de generar cambios profundos en relación a la política y a la economía del país, contribuyendo a crear espacios de autonomía en donde los sectores populares organizados construyan, desde sus propios ámbitos y según sus propias experiencias de lucha, el socialismo bolivariano con que acontezca, entonces, la transformación estructural de todo el orden vigente.

 

En este caso, aquellos que disienten del proyecto de la revolución bolivariana (incorporados, obviamente, a las filas opositoras) verán en esta posibilidad una gran amenaza a sus intereses de clase e individuales, por lo que no resulta sorprendente que emprendan y sostengan una guerra abierta contra todo lo que se haga en esta dirección. Entretanto, quienes sólo ven un peldaño para sus aspiraciones de confort y poder (ataviados como chavistas y revolucionarios) tratarán de impedirlo a toda costa, recurriendo a los mismos procedimientos clientelares, coercitivos y administrativos utilizados en su momento por los antiguos gobernantes adecos y copeyanos. En medio de ambos segmentos se encontrarían, por lo tanto, los revolucionarios que se esfuerzan en debatir, elaborar y presentar alternativas viables con las cuales orientar el rumbo a seguir por los sectores populares para la construcción definitiva de la revolución bolivariana. Gracias a la “dieta” de Maduro se podría determinar con más propiedad en cuál bando ubicar a cada quien en Venezuela.-   

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16/11/2016 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA AN Y EL OTRO GOLPE DE ESTADO

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Si no quiere sufrir una experiencia traumática, la derecha local tendrá que limitar su prepotencia y sus pretensiones de repetir en Venezuela lo logrado por sus pares de Paraguay, Honduras y Brasil, puesto que acá hay un pueblo que tiene plena conciencia de lo que significaría volver al pasado con un gobierno que suprimiría en su totalidad las conquistas populares y que se pondría, sin duda, al servicio de los intereses de las grandes transnacionales capitalistas y del imperialismo gringo. Su temeridad al jugarse la carta del desconocimiento del gobierno de Maduro puso en movimiento a un grupo significativo de chavistas en lo que equivaldría a un contragolpe de Estado, originando una situación singular en el país.  

 

Los hechos ocurridos en los espacios de la Asamblea Nacional vienen a demostrarle al mundo que hay un pueblo que empezó a cansarse del comportamiento y de las provocaciones de la derecha parlamentaria y que, incluso, podría rebasar al mismo gobierno chavista, si éste no llegara a controlar la situación de inestabilidad que podría producirse en el país. Tal pareciera que a la oposición le gustara autocomplacerse, haciéndose sujeto de una estupidez planificada que les hace percibir a sus seguidores una realidad donde ellos, y nadie más, cuentan como ciudadanos dignos, desconociendo a la amplia mayoría que se contrapone a sus designios extraconstitucionales.

 

Es innegable que con este tipo de acciones -ajustadas a un plan preconcebido- lo que persigue la derecha parlamentaria es elaborarle un expediente de Estado forajido al gobierno de Nicolás Maduro, lo cual sería ideal para el imperialismo gringo y sus aliados internacionales a fin de imponerle sanciones de todo género a Venezuela, de una manera parecida a las sufridas por Cuba, Iraq, Libia y otros; de manera que éste se vea forzado a acordar cuotas de poder con la oposición o, en su defecto, sencillamente esté dispuesto a entregar el poder. Pero lo que obvia esta misma oposición (lo mismo que algunos jerarcas del chavismo) es que tenemos en frente a un pueblo consciente que, pese a toda su estrategia desestabilizadora, incluyendo el golpe de Estado de 2002 en contra del Presidente Chávez, se mantiene, no obstante, apoyando el proyecto de la revolución bolivariana. Esto hace cuesta arriba que la oposición logre sus objetivos.

 

Para los chavistas y los revolucionarios, la oposición -con sus furores fascistoides- brinda la oportunidad de recuperar y de profundizar los espacios perdidos. Hará falta promover una campaña de difusión sistemática y más amplia, de realizar movilizaciones y debates junto con el poder popular organizado, y de contribuir a que éste se radicalice y asuma, de una vez por todas, el protagonismo que le corresponde constitucionalmente, de manera que las diversas instituciones públicas se plieguen a la construcción revolucionaria del nuevo Estado comunal socialista en vez de continuar reforzando, con sus comportamientos burocratizados, el viejo Estado burgués liberal existente.-

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26/10/2016 10:46 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA IDEOLOGÍA COMO FACTOR DE LA DOMINACIÓN

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Generalmente, el pueblo siempre ha sido sugestionado -en un grado u otro- por las clases dominantes para que reproduzca una autoestima atrofiada y un endorracismo, de los cuales apenas tendría conciencia plena, generando en él un sentimiento extendido de impotencia y de incapacidad para enfrentar con éxito (así sea relativo) la realidad de injusticias, de desigualdades y de explotación en que éste se desenvuelve. De este modo, prosiguiendo las pautas impuestas por el colonialismo hispano en estas tierras de Abya Yala, las clases dominantes consiguieron que una gran mayoría (si no la totalidad) del pueblo se valorara a sí mismo como un elemento negativo -a pesar de sus cualidades, que las tiene, indudablemente-, induciendo en algunos individuos la preferencia por modos de pensar y estilos de vida foráneos; especialmente los provenientes de Estados Unidos, que dan cuenta de un tipo de sociedad moderna, mejor administrada, culta, pujante y donde se hallan a la mano (aparentemente) todas las oportunidades para superar la pobreza estructural de la que se es víctima y parte involuntaria.

 

Para ello, las elites dominantes recurrieron a la ideología, adoctrinando al pueblo según sus principios de clase, a través de la cultura, la instrucción, la religión y las leyes dictadas a su favor; todo lo cual convergió en la adopción de una visión fatalista de un mundo que jamás podría alterarse, por muchas rebeliones y revoluciones que se gestaran para lograrlo, persuadiendo a los sectores subordinados respecto al papel pasivo que les tocaría cumplir en éste. En referencia a este tema, explica Juan Carlos Barajas Martínez en “Las tres ideologías básicas del Homo Hispanicus”, que “la ideología, desde el punto de vista sociológico, no es simplemente que una persona sea socialdemócrata o liberal, esa sería una visión política. Para los sociólogos la ideología tiene que ver más con una visión del mundo, construida desde la infancia, sujeta a cambios a lo largo de la vida y con una clara influencia del entorno social y familiar. Pero se trata de una visión completa del mundo que rodea al individuo construida socialmente, al menos en parte. Si se trata de una visión completa convendremos en que la ideología contendrá a la ideología política, pero también una ética, formas culturales y económicas, hábitos o costumbres, leyes no escritas más o menos inquebrantables y formas religiosas y supersticiones más o menos asumibles”.

 

Adicionalmente, la realidad del mundo contemporáneo corrobora lo escrito puntualmente por Carlos Marx en "La ideología alemana" hace ya más de cien años: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". Para conseguirlo, esta clase dominante no precisa de ejércitos exclusivamente para implantar su modelo político, económico y social. Ahora lo obtiene mediante el control desplegado sobre las redes sociales y los medios de entretenimiento y de información masivos, convirtiéndolos en elementos no convencionales de contienda, en lo que muchos concuerdan en designar guerra de cuarta generación, superando en mucho lo hecho por sus predecesores a través del tiempo. De este modo, se han asegurado que el control sobre los sectores dominados no dependa únicamente de agentes externos sino de la complicidad subconsciente de estos mismos, al hacerlos admitir la legitimidad e inevitabilidad del orden establecido, en un proceso de alienación que se reproduce de forma variada y permanente.

 

Por supuesto, para los beneficiarios directos de la globalización capitalista, lo ideal es lograr sin resistencia una uniformidad total de pensamiento, conciencia, lenguaje y patrones de vida de quienes habitamos este mundo, aceptándola como algo inevitable y altamente beneficioso para nosotros; claro está, incrementando día a día, sin restricción moral o legal alguna, su patrimonio particular. En contrapartida, cualquier afirmación de soberanía, de identidad cultural, de lucha anticapitalista y/o de libertad económica que lesione, contraríe e impugne los métodos, la lógica y los objetivos de la globalización capitalista será móvil para que el imperialismo gringo y sus asociados promuevan una estrategia en su contra, de forma que no exista nada fuera de su dominio. Es por eso que se requiere echar mano a un cuestionamiento generalizado del modelo civilizatorio actual y no contentarse con reformas que no eliminan del todo las causas de los diversos problemas que aquejan a la humanidad, solucionando parcialmente sus secuelas; lo que sería -aun cuando no lo desearan algunos de sus promotores- una revolución postcapitalista, sea que se le califique de socialista o no, pero revolución en un sentido bastante amplio y pluralista, a tal punto de incluir en ella a todos aquellos sectores sociales que combaten, desde sus trincheras particulares, las amenazas y la hegemonía devastadora de la globalización capitalista.-    

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26/10/2016 10:42 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA PELIGROSA METAMORFOSIS IMPERIALISTA

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Aunque resulte inverosímil para algunas personas, la élite corporativa que rige Estados Unidos ha tenido siempre como una de sus metas más anheladas el dominio del mundo. Para lograrla, no ha escatimado recursos ni esfuerzos -sean diplomáticos, políticos, económicos, ideológicos y militares- tendentes a imponer sus intereses económicos y geopolíticos, por encima del derecho internacional, ahora amoldado a lo que sus regentes determinen como legítimo o apropiado para todas las naciones del planeta, independientemente de sus derechos y soberanía. Esta especial circunstancia es reforzada cada día, a tal punto que constituye una seria amenaza para la paz global, cosa que no podría abordarse de manera simple y aislada, especialmente cuando ésta ya ha provocado un ambiente generalizado de inestabilidad en las regiones de Oriente Medio y Europa del Este, lo que causaría un eventual enfrentamiento militar con Rusia y, algo no muy remoto, con China, cuya expansión el imperialismo gringo busca refrenar, previendo su declive inminente.     

 

Pero, por otra parte, esta clase corporativa que se ha erigido como gendarme único a nivel global, gracias a las acciones imperialistas y neocolonialistas de Estados Unidos -luego de la implosión de la URSS- “ignora” que el sistema multilateral establecido, cuyas bases de sustentación son la Organización de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y otros organismos de corte similar, está haciendo aguas ante el empuje de potencias económicas emergentes como el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuyo PIB común excede los 15,5 billones de dólares. Algo que preocupa sobremanera a los estadounidenses y a los europeos, empeñados en mantener intacta su hegemonía geopolítica y capitalista. Esto no le impide, sin embargo, que se pretenda la aplicación de las leyes estadounidenses de manera extraterritorial, sea que se esté de acuerdo o no con ello, como sería el caso, por ejemplo, de la Ley contra el Tráfico de Droga Transnacional presentada en el Senado de Estados Unidos por la legisladora californiana demócrata Dianne Feinstein, con el apoyo del republicano por Iowa Chuck Grassley, la cual estaría dirigida, según afirman en su exposición,  a conferir “a las fuerzas del orden las herramientas necesarias para reducir el volumen de droga que cruza nuestras fronteras", aparte de permitirles la persecución del crimen transnacional "para reducir el flujo de drogas ilegales que llegan a EE.UU. desde terceros países", con lo que se estaría vulnerando la soberanía de otras naciones, de un modo semejante a lo contemplado en la Ley Helms-Burton empleada contra Cuba. Tal cuestión, obviamente, podría desencadenar aún mayores conflictos en los que estarían envueltos Rusia y China defendiendo sus intereses, potencias militares y económicas contra las cuales el imperialismo gringo ha enfilado su estrategia de contención, tratando de evitar su expansión hacia territorios, como nuestra Abya Yala, donde éste ha ejercido su influencia de forma omnímoda, despótica e incuestionable.   

 

Ante esta peligrosa metamorfosis imperialista -donde la soberanía de cualquier nación dependerá de la clasificación que ésta merezca de parte de los jerarcas de Washington, según sea la actitud de su gobierno y población respecto a los intereses y la hegemonía estadounidenses- otra debe ser la condición antiimperialista a asumir por los revolucionarios y por aquellos que defienden su derecho a la autodeterminación de los pueblos y a la preservación de su economía, integridad territorial e identidad cultural.

 

Ello implicaría asumir, en el caso particular de nuestra Abya Yala, la unidad continental como primera trinchera de lucha contra las pretensiones neo-imperialistas de Estados Unidos, sin que afloren posturas chovinistas de las cuales pueda aprovecharse la potencia del norte. Ser antiimperialista no se limitará, entonces, simplemente a proferir una disconformidad con los designios y las realidades de dominación creadas por los distintos gobiernos de Estados Unidos en diversas latitudes del planeta. Implica también cuestionar, desterrar y reemplazar la racionalidad “occidental” que justifica y le da forma a dichos designios y realidades imperialistas, dado que la misma -pretendiéndose universal, como lo establecieran los europeos, a partir de su Modernidad- niega con soberbia y somete al desprecio los universos (dotados de mayores expresiones humanistas) de los diversos pueblos que integran nuestra Abya Yala y el resto del planeta.-

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26/10/2016 10:38 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA DERECHA Y SU IDEOLOGÍA DE LA BANALIZACIÓN

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A nivel nacional e internacional, los políticos de la derecha (y, en algunos casos, también de la llamada izquierda tradicional) han optado por banalizar, prácticamente, todo aspecto de la vida social, restándole la importancia y la seriedad con que debería abordarse cada uno, en función de sus carreras políticas y apetencias particulares de poder. Se ve tanto en Estados Unidos como en Europa y, más cercanamente, en Venezuela donde sus adalides parecen enfrascarse en una competencia por sobresalir en cuanto a la falta de inteligencia y a la escasa, por no decir inexistente, trascendencia de sus actitudes y afirmaciones. Esto, de alguna manera u otra, ha marcado la percepción de algunas personas respecto a los problemas coyunturales y/o estructurales que estarían padeciendo, sin indagar mucho sobre cuáles son sus causas reales y dejándose llevar por lo que se entiende frecuentemente por opinión pública.

 

Así, los políticos de la derecha en Venezuela (calco y copia de sus pares en otras latitudes) muestran repetidamente muy poco respeto por la capacidad intelectual de los sectores populares al insistir en hacerles creer que su solicitud del referendo revocatorio contra Nicolás Maduro tiene un objetivo altruista (incongruente, por demás), como lo sería la defensa de la constitucionalidad y de la democracia, lo que -según indican- solucionaría, en definitiva y de una manera instantánea, todos los problemas existentes en el país. Incluso obligando a los diversos medios de información a instituir, prácticamente, una exclusión de la diferenciación, tanto de aquella que pudiera surgir en sus filas como de la que se hallaría presente en las filas del chavismo, substrayendo la atención sobre sus debilidades ideológicas y haciendo ver que existe una alta polarización de fuerzas, sin opciones igualmente válidas más allá de unas y de otras. Tal situación se extiende y se mantiene sin mucha discrepancia, forzando al chavismo gobernante a mantenerse en esta misma línea, contrapunteando mediáticamente, sin plantearse un debate más profundo y, por consiguiente, sin suscitar una mejor conciencia y un decidido avance revolucionario de los sectores populares.

 

Es por eso que resulta vital entender que la lucha revolucionaria (lo mismo en territorio venezolano que en otros de nuestra Abya Yala) implica crear no sólo mejores condiciones sociales de vida y de trabajo, necesarias desde todo punto de vista, sino -básicamente- despojar al discurso de la derecha de ese carácter de ilusión redentora con que aún atrae a un porcentaje no desdeñable de personas descontentas o que, sencillamente, ansían igualarse algún día con los sectores tradicionalmente dominantes, en vista que el mismo le causa un enorme daño al ejercicio crítico y protagónico de la democracia por parte del pueblo organizado, sobre todo, si se apela a sus mismos recursos, incluyendo el clientelismo político. Es importante entonces que se plantee entre los revolucionarios la construcción de un nuevo lenguaje político con el cual se rearme teóricamente al pueblo, teniendo como consecuencia esperada la revolución socialista en todos los órdenes, no únicamente en cuanto a las formalidades políticas, de manera que exista una verdadera transformación estructural del modelo civilizatorio actual y se logre la supresión de las distintas repercusiones que tendría la ideología de la banalización de los sectores dominantes en los modos de pensar y de vivir de los sectores subordinados, ahora emancipados o en proceso de emancipación.-

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17/10/2016 15:36 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL CHE Y LOS BUENA GENTE “REVOLUCIONARIOS”

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Ángel Arcos Bergnes relata en el capítulo 15 del libro “Evocando al Che”, lo expresado en una reunión por el Comandante y entonces Ministro de Industrias, Ernesto Che Guevara, en relación a las cualidades a tomar en cuenta para ser militantes del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC): “Señores, los buena gente no son buenos revolucionarios. Los buena gente, señores, son los que dejan hacer y deshacer, los que no exigen, los que no discuten los problemas, los que no controlan, los que no depuran las responsabilidades, los que les importa lo mismo cumplir como no cumplir, los que no les duelen los problemas, los que no les duele el hígado cuando algo sale mal, los que no chocan con lo mal hecho; ésos, señores, son los buena gente. Y los revolucionarios son los que al revés de los buena gente, discuten, controlan, depuran, cumplen, tienen responsabilidad, sensibilidad, les duelen todos los problemas y cuando ven algo que no está bien hecho les duele el hígado, esos, señores son los revolucionarios”. Es raro que muchos de los nuevos revolucionarios tengan presente esta realidad en su accionar cotidiano y traten de no parecerse demasiado a lo que Che llamara “buena gente”, pero más paradójico aún es que esta “buena gente” sea la encargada de representar, definir y conducir una revolución desde las instancias de gobierno que ocupa.

 

Quizás por ello las múltiples advertencias del Che mantienen una vigencia plena en el mundo contemporáneo y llamen especialmente la atención de muchos jóvenes que asumen la revolución como una vocación de vida y no como un trampolín más para encumbrarse -política, económica y socialmente- por encima del resto de la gente. A ello contribuye, por supuesto, su desprendimiento personal, a tal punto de sumarse a la lucha revolucionaria en otras latitudes sin otro propósito que el de “luchar contra el imperialismo dondequiera que esté”, reafirmando así su condición de revolucionario internacionalista, tal como lo demostrara inicialmente en Guatemala y luego en Cuba junto con Fidel Castro.

Con esto exteriorizaba una unidad de pensamiento y práctica, de experiencias y reflexiones, de un modo muy distinto, por cierto, a los “buena gente” que él criticara y que creen hacer revolución únicamente con discursos que pocas veces saben explicar y, menos, comprenden. Por eso algunos prefieren al Che icónico, al reflejado en fotos, colocando sus afiches en sitios visibles, como una muestra de su filiación socialista, sin embargo, son incapaces de acercarse a sus escritos de modo acucioso para extraer de éstos alguna reflexión que les sirva de guía en algún momento, estimulándolos a madurar y a evolucionar como revolucionarios plenos, en vez de convertirse en figuras mediáticas que compiten en iguales términos con sus pares contrarrevolucionarios.

 

La ventaja que caracteriza al Che, por ende, respecto a la de otros luchadores y teóricos de la revolución socialista, es la de ubicarse fuera de todo dogma que pretenda limitarlo. Esto le otorga también una ventaja a quienes alcanzan a comprender y aplicar sus enseñanzas, propuestas y cuestionamientos sobre la manera de lograr el socialismo revolucionario, permitiéndoles abrir nuevas posibilidades por explorar y por labrar. Nadie dudaría, por tanto, de la intención revolucionaria implícita al especificar en qué sentido los “buena gente” serían lesivos a los intereses colectivos y a la revolución, por mucho carisma que ellos puedan revelar.-             

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13/10/2016 10:34 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.


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