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BANDERA BLANCA PARA COLOMBIA

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Con unos antecedentes de lucha armada que ya suma 68 años, con secuelas de todo tipo que afecta a la mayoría de su población, especialmente rural, Colombia se apresta -después de cuatro años de conversaciones- a decidir la aprobación o no de los acuerdos de paz discutidos y suscritos por el gobierno de Juan Manuel Santos y el directorio de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Colombia - Ejército Popular (FARC-EP). Temas cruciales como la amnistía de los guerrilleros, su futura participación política y reincorporación a la vida civil, al igual que la violencia en campos y ciudades que ha producido miles de asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos, de desplazados, de desaparecidos, de víctimas muchas veces ajenas al conflicto armado, y la realidad macabra impuesta por el narcotráfico y el paramilitarismo amparados por las clases dominantes; fueron debatidos en La Habana a fin de cristalizar las negociaciones de paz.

 

Sin embargo, tales negociaciones no transcurrieron sin tropiezos, destacándose la hostilidad mostrada por el ex presidente Álvaro Uribe y sus partidarios, tratando de impedir que el gobierno de Santos y las FARC-EP arribaran a consensos definitivos. Para los guerrilleros de las FARC-EP habrá la oportunidad de participar civilmente en el escenario político colombiano, organizando y movilizando a los sectores populares, de manera que exista la posibilidad concreta de arrebatarles el poder político a los sectores dominantes tradicionales, con un riesgo no descartado de correr una igual suerte que sus compatriotas de la Unión Patriótica; lo que exigiría derechos y garantías efectivas de parte del Estado para que esto no ocurra. Por su parte, Santos conseguiría, con la victoria del Sí en el plebiscito convocado, legitimar políticamente los diálogos sostenidos en Cuba, logrando cimentar su imagen como mandatario y líder político, sin que ello signifique un cambio de mentalidad de su parte respecto al orden existente.

 

En su análisis “La Guerra y la Paz en Colombia”, el periodista y filósofo Eduardo Rothe indica que “el largo proceso de desmantelar la guerra civil y sus causas, es para hoy y para mañana, trabajo para las jóvenes generaciones de militares y guerrilleros, para la juventud que trabaja y estudia, que hereda una paz difícil y una reconstrucción compleja. Pero el paso principal está dado porque el fin de la guerra ya no es un sueño inalcanzable. La idea y la voluntad de una paz posible forma parte del nuevo imaginario colectivo y es, por lo tanto, una realidad política que nace con dinámica propia”. Esto, entendiéndolo en un mayor contexto, representa una seria amenaza para quienes, desde el momento inmediato a la disolución de la República de Colombia, conformada por Nueva Granada, Quito y Venezuela bajo los auspicios unionistas del Libertador Simón Bolívar, han detentado habitualmente la hegemonía política y económica en este país, sometiendo a la explotación, la pobreza y la marginación a millones de sus conciudadanos.

 

“El problema de Colombia -escribe Gabriel Ángel, escritor y analista insurgente, en artículo titulado Los silencios de los verdaderos enemigos de la paz- es que hay una casta enquistada en el poder, ligada a los más sucios negocios y la más descarada corrupción, con redes nefastas en todas las instituciones, acostumbrada a solucionar todos los problemas por medio de la violencia, la guerra y el crimen”. Resulta, por tanto, complicado anticipar un cambio inmediato en la manera como estos grupos entienden que debe ser el funcionamiento de la política y del Estado, es decir, en beneficio de los intereses de una minoría y no de una amplia mayoría, como lo demanda la población colombiana en general. En el plano regional, el final del conflicto colombiano podría derivar en un incremento de la ofensiva imperialista gringa y sus aliados contra el gobierno de Venezuela, asegurada en cierta forma la paz social del vecino país y habida cuenta que algunos grupos paramilitares serían utilizados para promover violencia, terrorismo y desestabilización de este lado de la frontera, buscando completar -obtenido el éxito de la derecha local en naciones como Argentina y Brasil- el arrinconamiento y la liquidación de los gobiernos progresistas y/o de izquierda que surgieran entre finales del siglo 20 e inicios del presente siglo, lo que representó para las elites dominantes de Estados Unidos un revés que disminuyó considerablemente su papel hegemónico en esta parte del continente americano y que ahora procura revertir de un modo definitivo.-   

   

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24/08/2016 14:47 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

EL “BIG BROTHER” NOS ACECHA

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Zbigniew Brzezinski, ex-consejero de Seguridad Nacional durante el mandato de James Carter, esbozó en su libro “Entre dos edades: El papel de Estados Unidos en la era tecnotrónica” (1971) que “la era tecnotrónica involucra la aparición gradual de una sociedad más controlada y dominada por una élite sin las restricciones de los valores tradicionales, por lo que pronto será posible asegurar la vigilancia casi continua sobre cada ciudadano y mantener al día los expedientes completos que contienen incluso la información más personal sobre el ciudadano, archivos que estarán sujetos a la recuperación instantánea de las autoridades”.

En consecuencia, de estarse encaminando el mundo contemporáneo a esta eventualidad nada imposible, se estaría presenciando la supresión de la democratización de internet, limitándose y censurándose la información compartida que circula por las diversas redes sociales existentes, gran parte de la cual (a excepción de algunas frivolidades) ha permitido que los pueblos adquieran una mejor conciencia respecto al contexto de opresión, desigualdad y explotación en que viven, rebelándose (individual y/o colectivamente) en contra de la historia, los enfoques y las versiones oficiales que ocultan verdades inconvenientes.

Lo que ya anticipara George Orwell en su conocida distopía “1984”, donde los seres humanos habitan un mundo controlado por un poder corporativo invisiblizado que los avasalla manteniéndolos en la más extremada estratificación social y subsistencia, al mismo tiempo que les exige una absoluta fidelidad “patriótica”, so pena de ser juzgados y ejecutados al transgredir, con su actitud, las normas del Estado, representado por el “Big Brother” omnipresente. Incluso, se ha planteado que - a semejanza de “1984”- el planeta sea regido por bloques de poder, los cuales estarían obligados a mantener un equilibrio geopolítico para impedir confrontaciones mayores entre los mismos.

En concordancia con lo anteriormente expuesto, “en el contexto de la confusión y sumisión de las conciencias -refiere Vicente Romano en su libro ‘La intoxicación lingüística. El uso perverso de la lengua’-, la manipulación se entiende como comunicación de los pocos orientada al dominio de los muchos. Se manipula cuando se producen deliberadamente mensajes que no concuerdan con la realidad social”. Con esta estratagema, los sectores dominantes se aseguran de conseguir la pasividad política de los sectores populares subordinados. Atendiendo a esto, la derecha neoliberal quiere desviar la atención respecto a los graves problemas originados por sus programas económicos hacia el logro de la eficacia, sorteando así el cotejo ideológico que podría dejar al desnudo sus verdaderos intereses.

Así que, en uno u otro sentido, las consignas repetitivas presentes en la sociedad orwelliana (“La guerra es la paz”, “La libertad es la esclavitud” y “La ignorancia es la fuerza”) estarían materializándose en el mundo de hoy; especialmente en Estados Unidos, a propósito de la Ley Patriota promulgada bajo el mandato de George W. Bush tras el derribo de las Torres del World Trade Center (Centro Mundial de Comercio) de Nueva York; amenazando con extenderse a otras naciones con la excusa de brindarle seguridad a una población que, eventualmente, sería blanco de los ataques del terrorismo, el cual -para mayor conveniencia de los sectores dominantes- resultaría ubicuo, pudiendo atribuírsele por igual a cualquier nación, gobierno o grupo que se resista a la hegemonía e intereses de los grandes centros de poder mundial.

A ello se agrega la compulsión de seudo-necesidades de bienes y servicios, algunos de los cuales se inscriben en este complot para dominar a poblaciones enteras, como lo es el uso de las redes sociales de internet, con acceso a infinidad de datos suministrados voluntariamente por las personas que se valen de las mismas.

Gracias a este suministro voluntario, los comandos estratégicos y las agencias de inteligencia de los grandes centros de poder mundial (mayormente, estadounidenses) tienen la ocasión de estudiar la idiosincrasia y tendencias seguidas de quienes se hallan conectados a dichas redes, proveyéndoles los datos necesarios para el estudio y la ejecución de cualquier plan de desestabilización que les asegure obtener los objetivos trazados, es decir, el resguardo firme de su rol hegemónico.

Por ello, no sería ilógico conjeturar que la humanidad -con sus prejuicios, miedos y manipulaciones de toda índole- esté comenzando a ser acechada por un “Big Brother” omnipresente, omnímodo y omnipotente, desprovisto de una fisonomía visible, contra el cual pareciera estrellarse fatídicamente toda pretensión de vida democrática y de libertades constitucionalmente garantizadas, si éstas no encajan en el marco de intereses políticos y económicos de los sectores dominantes; lo que exigiría de los sectores revolucionarios adquirir una mayor conciencia de la realidad del sistema-mundo en que vivimos y de los mecanismos alternativos que habría que poner en marcha para alcanzar, sin divisiones de clases ni lógica capitalista, un mejor modelo civilizatorio.- 

 

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17/08/2016 16:51 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

DONALD O HILARY, EL MISMO

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En ocasión de las precandidaturas presidenciales en Estados Unidos de Hilary Clinton, por el Partido Demócrata, y Donald Trump, por el Partido Republicano, muchos son los analistas que vaticinan un endurecimiento de la política imperialista e injerencista de este país, envolviéndolo en un eterno estado de guerra y en abierta confrontación con los poderes fácticos representados por Rusia y China, lo que desencadenaría el estallido de una nueva confrontación mundial que pondría a la humanidad al borde de su total destrucción; cuestión que no se podría poner en duda de antemano, dados los discursos y posiciones adoptados por cada uno de ellos.

Todo esto repercutiría, sin duda, de inmediato al sur de las fronteras estadounidenses, buscando mantener la hegemonía tradicionalmente ejercida sobre los países de Nuestra América, sobre todo cuando tal hegemonía fuera desafiada por experiencias revolucionarias y/o progresistas brotadas a finales del siglo XX y comienzos del presente.   

Para la geopolítica imperial de Estados Unidos es vital el control directo de las riquezas de las naciones de Nuestra América. Con tal propósito, sus diferentes gobiernos se han encargado de diseminar estratégicamente a lo largo y ancho del territorio americano un conjunto de bases militares; al mismo tiempo que ponen en práctica estrategias diversas de manipulación y de respaldo activo (político y económico) a los sectores de la derecha asociados a sus intereses.

Contando con estos últimos, Washington consiguió trastocar el rumbo seguido por gobiernos y pueblos de Nuestra América durante las más recientes décadas mediante la activación de instrumentos de guerra no convencional y golpes «blandos» (como los aplicados en Honduras, Paraguay y, más cercanamente en Brasil), focalizando su atención en Bolivia, Ecuador y Venezuela; logrando que Argentina y Brasil hayan vuelto a su órbita, a pesar de la resistencia mostrada en las calles por sus pueblos. Esto le ofrece al régimen imperialista la oportunidad de abrir brechas que deshagan todo el proceso de integración latinoamericana y caribeña adelantado en contra de su hegemonía.

Sin embargo, esta ambiciosa pretensión imperialista no parece seguir un curso lineal y acertado como se esperaba en Washington, especialmente en lo relacionado con Venezuela. “Lo cierto es que este Estados Unidos en etapa preelectoral -como lo expone Aram Aharonian en su artículo ‘Venezuela: Entre el colapso anunciado y la realidad de la calle’ - teme la posibilidad de un estallido en Venezuela, sobre todo porque la paz en la región no la puede garantizar nadie: ni el enclenque gobierno interino brasileño ni el del “gerente” Mauricio Macri, de Argentina, preocupados por eventuales estallidos en sus propios países. EEUU no está en condiciones, tampoco, de afrontar otra zona de conflicto como la de Medio Oriente o la de África”.

Estas aprehensiones imperiales nacen de la factibilidad (nada descartable) de no poder controlar una situación que suscitaría una rebelión popular generalizada que podría, incluso, envolver a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en Venezuela; sin que haya un centro de mando único con el cual pactar algún tipo de gobernabilidad con que se restablezca el orden interno y, eventualmente, el aseguramiento del poder por parte de los sectores de la derecha.

Bajo tal circunstancia, el imperialismo gringo estará mejor dispuesto a emplear otros mecanismos para lograr la caída de Maduro, quizás ofreciendo acuerdos con garantías que animen al chavismo gobernante a salir del país y a facilitar un régimen de transición que restablezca el sistema de democracia representativa tan de su gusto; cuestión que le obligaría a fijar su atención en dirigentes opositores con una menor inclinación hacia el extremismo político mostrado por otros (ansiosos de desatar un baño de sangre, al estilo Daesh, para acabar con todo vestigio chavista y revolucionario).

Para las estructuras hegemónicas de poder de Estados Unidos, el plan fundamental continuará siendo el mismo, a excepción de sus tácticas, como lo ha hecho respecto a Cuba (a pesar del bloqueo económico, las agresiones y las amenazas yanquis durante más de cincuenta años consecutivos).

Esto debiera servir para prever escenarios. Amerita el diseño y puesta en marcha de un plan de acciones conjuntas que apunten al logro de verdaderos cambios revolucionarios. Por consiguiente, la lucha tendrá que apuntar a la construcción de un nuevo modelo civilizatorio, de unas nuevas relaciones de poder y de unas nuevas relaciones de producción; independientemente del “cambio” imperial encarnado por Donald Trump e Hilary Clinton-. 

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16/08/2016 18:41 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LOS PLANES IMPERIALISTAS Y LAS NUEVAS REVOLUCIONES

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“Golpes blandos”, “rebeliones populares”, “revoluciones de colores” y campañas de desinformación a gran escala son los elementos distintivos de los planes de desestabilización aplicados por el imperialismo gringo y sus aliados de la derecha en gran parte del mundo, ya sea en Oriente Medio, Europa del este o, más cercanamente, en Nuestra América; todos con un objetivo único: destruir toda posibilidad de independencia en cada uno de los países, cuyos gobiernos considera Washington como una amenaza inusual y extraordinaria a sus intereses.

Para cumplir esta meta, han sido útiles tanto los métodos convencionales (establecidos en leyes y constituciones) como aquellos que son, llanamente, crímenes políticos (aunque terminen siendo disfrazados por sus perpetradores e instigadores, resaltando la situación particular venezolana).

¿Qué ha supuesto todo esto para la estabilidad democrática de todos los países, ya sean aliados o estén “enfrentados” a Estados Unidos? En principio, un mayor clima de tensiones internas y externas. En este último caso, con Rusia y China, potencias que Estados Unidos tiene señalados en su agenda como sus principales rivales, sin dejar de lado a Irán, país al cual no deja de amagar de vez en cuando, lo mismo que a Corea del Norte. Sin embargo, la Casa Blanca se cuida de no incrementarlo, limitándose a proceder con tácticas que no lleguen a mayores consecuencias, pero actuando libremente en aquellas naciones que estima inferiores militarmente y, por tanto, más vulnerables a sus eventuales ataques.

Esto quizás se vea con una mayor preocupación del lado de Europa y Japón donde los Comandos Estratégicos (o Combatientes) gringos mantienen una presencia bélica más activa y amenazante, mientras que en la región del Oriente Medio -con Israel, Turquía y el Daesh sirviéndoles de apoyo en sus operaciones- existen circunstancias diferentes, luego de invadirse a Afganistán, Iraq y, últimamente, Siria (en esta última, contenidos por la determinación combinada de rusos y chinos).

Nuestra América, considerada desde siglos como el patio trasero de Estados Unidos, no escapa a tales planes. La mayoría de sus naciones son escenarios de un injerencismo yanqui nada disimulado, estimulado y legitimado desde las grandes cadenas noticiosas, pasando por alto el derecho a la autodeterminación y la voluntad de nuestros pueblos; procurando así acabar con las corrientes revolucionarias socialistas de nuevo signo que surgieran como reacción al neoliberalismo económico de finales del siglo pasado, con la perspectiva de poder cambiar el cariz de simples proveedores de materias primas que se les asignara en función de la división internacional del trabajo instaurada por el sistema capitalista, en un estado de dependencia casi absoluto.

De ahí que cualquier proyecto revolucionario serio que se trace el objetivo de la transformación estructural del modelo civilizatorio imperante, más allá de una mera participación electoral, tendrá que lidiar -inevitablemente- con dicha realidad y desechar de antemano la probabilidad de obtener concesiones en un ambiente ideal de paz social, lo cual sólo se producirá mediante una nueva conciencia, una vasta organización democrática (de índole horizontal) y una autonomía económico-productiva real de parte de los sectores populares revolucionarios, incluso, a pesar de no contar éstos con espacios del poder constituido en qué apoyarse.

Además, dicho proyecto revolucionario no deberá pasar por alto que el imperialismo gringo (y sus adláteres locales) tiene en mira aprovecharse del desdibujamiento creciente de las diferencias entre izquierda y derecha, promoviendo opciones aparentemente prácticas y eficaces para solventar los diversos problemas que aquejan a nuestros pueblos, -aunque tendrá que distinguirse que, al hablar de esta izquierda, se alude a la socialdemocracia y, en cuanto a la derecha, sería más exactamente el neoliberalismo- lo que coadyuvaría a hacer desaparecer, también las contradicciones de clase existentes y, por consiguiente, a neutralizar las protestas y las luchas sociales.-  

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08/07/2016 17:21 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

CUANDO LA DERECHA SE HACE SUBVERSIVA

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La derecha comenzó a hacerse subversiva -si le es aplicable el término- a partir de su tardía comprensión de la realidad que venía suscitando mediante la hegemonía creada, sustentada y legalizada por sus gobiernos representativos, de acuerdo a la lógica capitalista y las estructuras vigentes del Estado burgués liberal.

 

Al ocurrir el ascenso de gobiernos antineoliberales de signo progresista y/o izquierdista, cundió el espanto entre muchos miembros de las clases dominantes -antes apátridas o indiferentes a participar directamente en el escenario político, pero ahora animadas a defender a cualquier costo sus privilegios, sobre todo de tipo económico, ante el avance sostenido de los sectores populares por acceder a mejores niveles de vida- lo cual coincidió con las preocupaciones tempranas de Washington (estancado en su guerra contra Iraq y Afganistán) frente a las muestras crecientes de independencia y de antiimperialismo de tales gobiernos, respaldados, por si fuera poco, por un amplio porcentaje de la población. Todo esto comenzó a configurar una situación transformadora que los más optimistas entrevieron como una situación revolucionaria de corte socialista.

 

Esto último hizo que diferentes organizaciones e individualidades de izquierda se adhirieran de inmediato a dichos gobiernos, quizás confiando demasiado en orientarlos e influir en sus decisiones, pasando por alto que mucho de lo logrado, o por lograrse, estaría limitado por el Estado burgués liberal vigente, en un primer momento, y por el régimen económico capitalista, aun cuando se respetase éste en esencia. Algo que luego (algunos) advirtieron como irreal e ingenuo, dado su carácter reformista, a pesar del discurso “revolucionario” de sus nuevos representantes.

 

Sin embargo, otros continuaron junto a los mismos, conformándose con únicamente compartir, de algún modo, cualquier cuota de poder que se les permitiera. Ahora que la realidad económica y política se halla aparentemente en reversa, ampliando las perspectivas de restauración de los sectores de la derecha, muchos revolucionarios están reevaluando, con criterios más objetivos, la experiencia común vivida por los pueblos de Nuestra América, especialmente en Venezuela, tendiendo puentes con organizaciones e individualidades dispuestas a reimpulsar el auge logrado por las luchas populares durante las dos últimas décadas, pero esta vez buscando alejarse -sin excluir del todo su posibilidad- de los parámetros electorales habituales (campo éste propicio para que los reformistas y los aprovechadores de oficio desvirtúen cualquiera intención revolucionaria).

 

Incluso, en este mismo proceso de reevaluación, destaca la propuesta de racionalizar la revolución y el socialismo sin los dogmatismos dados a luz en otras latitudes y épocas, sin que ello signifique desechar absolutamente los aportes teóricos de sus principales representantes, ya que muchos podrían servir para el despeje de algunas interrogantes respecto a cómo sería su implementación y consolidación.

 

El problema a resolver sería el hecho que una mayoría de los sectores populares todavía responde a una cultura política basada, principalmente, en la demagogia y el clientelismo representados por muchos dirigentes, algo que, en vez de superarse, fue reforzado por algunos gobiernos de la región (fundamentalmente, locales), dejándose a un lado un necesario proceso de politización social, como lo reconociera de manera autocrítica el Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera; dedicándose a preservar los espacios del poder constituido logrados.

 

Resolverlo será una cuestión de vital importancia para el futuro de la revolución, lo que implicará disponer de una alta capacidad para el debate ideológico y político, para aceptar el ejercicio ineludible de la crítica y de la autocrítica, además de recurrir y poner en práctica una teoría creadora que se esparza desde lo macro hasta lo micro de la cotidianidad que vivamos y queramos todos vivir; lo que supondrá -sin duda- un salto cualitativo respecto a la concepción que se tiene de la revolución en términos socialistas.

 

Ello contribuiría a que el socialismo sea la alternativa con que se pueda trascender al socialismo, en oposición al capitalismo, a sus patrones de desigualdad y de discriminación sociales, de dependencia económica, de explotación y de otros aspectos negativos derivados del mismo (en lo político, lo cultural, lo espiritual, lo geopolítico, lo ecológico) que caracterizan al mundo contemporáneo.- 

 

 

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07/07/2016 11:47 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN FRENTE A LA ENAJENACIÓN MEDIÁTICA

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Enajenadas por la industria ideológica al servicio de los grandes intereses hegemónicos a nivel mundial, muchas personas se hacen eco -de forma no pocas veces de manera involuntaria y/o automática- de las matrices de opinión que moldean a diario sus acciones, sus palabras y sus pensamientos, creyendo que lo hacen como respuesta de su libre albedrío. De ahí que las guerras y los conflictos internos de algunas naciones sean observados y calificados en atención a tales intereses, legitimándolos aún en contra de sus creencias más arraigadas. Gracias a esta habilidad manipuladora de la realidad, tienden a reducirse los grados de antagonismo existentes entre los sectores populares y los sectores acostumbrados a subyugarlos social, económica, cultural y políticamente, en un proceso reactivo subjetivo -previamente inducido- frente a cualquiera coyuntura que se viva, como acontece con la situación crítica de desabastecimiento y de bloqueo económico presente en Venezuela desde hace tres años.

 

Gracias al acceso a Internet, da lo mismo extasiarse y compartir fotografías o grabaciones de torturas y asesinatos de infortunados a manos de militares, policías, narcotraficantes, paramilitares o hampa común, que hacer lo mismo con alguna situación cómica. Este tipo de socialización de la comunicación ha terminado por banalizar cualquier tema de interés general, aceptándose incluso cualquier rumor o mentira como una verdad inapelable, lo que para algunas personas sonará desquiciado e inaceptable, a pesar de las muchas evidencias que se le presenten. En el peor de los casos, como ocurre en Estados Unidos y parte de Europa, el precio de la libertad es la vigilancia ejercida por los diversos organismos de inteligencia del Estado, obligando a los ciudadanos a sacrificar sus derechos más elementales en función de la seguridad que éste pueda brindarle ante un enemigo potencial, interno o externo.

 

Randolph Hearst, periodista, editor, publicista, empresario, inversionista, político y magnate de la prensa estadounidense, quien descubrió la importancia de la mentira para reforzar sus dividendos y resguardar intereses políticos, jamás encubrió el menosprecio que sentía por la población que consumía sus mentiras a través de su cadena de periódicos. Su máxima era simple y clara: "Nadie ha perdido dinero invirtiendo en la poca inteligencia de los lectores". El mundo contemporáneo ve sin mucho estupor cómo esta máxima de Hearst se extiende por todas partes, a tal grado que Paul Joseph Goebbels, el ministro para la ilustración pública y propaganda de la Alemania nazi, queda plenamente reivindicado por quienes en la actualidad se encargan de mantenernos bien “informados”.

 

En contraste, «la actividad ideológica revolucionaria no puede ser esquemática o dogmática -como lo señala Fabián Escalona en La guerra sicológica y la lucha ideológica- y debe conocer cuáles son los ejes de la guerra sicológica para, en consecuencia, tenerlas en cuenta en su accionar que, por supuesto, persigue objetivos más abarcadores, en tanto expone las ideas sociales más avanzadas de nuestra era. Para ello será necesario que se apoye en nuestros medios de comunicación, las organizaciones políticas y de masas, canales insustituibles para dialogar con el pueblo, persuadir y convencer acerca de nuestras verdades y razones».

 

Persuadidos de la importancia de la comunicación a todos los niveles para impulsar y orientar la lucha popular, los movimientos revolucionarios tienen ante sí la responsabilidad inmediata de neutralizar la guerra sicológica diseñada y puesta en práctica por los centros de poder hegemónicos, ya que -de no hacerlo- se corre el riesgo de perder toda posibilidad de vencer sus pretensiones, ya sea a corto o a largo plazo.

 

En su artículo «La falsificación de El Caracazo como nuevo método golpista», Bruno Sgarzini explica que «precisamente en América Latina es donde este modelo se encuentra en plena sofisticación para intentar darle el interesado carácter popular al golpe, ya no con la variante de manitos blancas sino con movimientos como en el que Brasil irrumpió en 2013 con una supuesta protesta espontánea contra la suba de pasajes, que terminó por ser el inicio de un complejo e imbricado proceso golpista contra Dilma Rousseff».

 

Precisamente, la derecha ha entendido que puede revertir el avance revolucionario de los pueblos con una tergiversación continuada de experiencias históricas y, últimamente, de conceptos que pudieran reforzar las posiciones de las fuerzas revolucionarias. Es por eso que existe una sincronización -casi perfecta- de la derecha para mantener a flote sus matrices de opinión, contando para ello con los avances en materia comunicacional; lo que exige de una mayor creatividad y asertividad de parte de los movimientos revolucionarios para defender sus propuestas y alterar a su favor la correlación de fuerzas existente, pero sobre todo develarle al pueblo la realidad que hará totalmente posible su verdadera emancipación.-   

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07/07/2016 11:38 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA RECOMPOSICIÓN IMPERIAL SOBRE NUESTRA AMÉRICA

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Al margen de todo razonamiento ideológico que lo justifique a plenitud, Estados Unidos inició y mantiene una militarización generalizada en todo el continente americano bajo la excusa, primero, de la guerra contra las drogas y, posteriormente, contra el terrorismo internacional. No obstante, la propaganda a su favor no ha podido evitar establecer una relación entre la guerra contra las drogas y la escalada de violencia que se vive en cada país involucrado en la misma, además del alto consumo de drogas que se produce en el mismo territorio estadounidense.

 

Con ello, el imperialismo gringo ha ido conformando en Nuestra América un colonialismo sin territorialidad, contando con el beneplácito de algunos gobiernos confabulados con sus intereses económicos, ideológicos y geopolíticos. Además, en la actualidad, se observa cómo Estados Unidos -en un ejercicio de malabarismo legal para eludir cualquier tipo de acusación respecto a la violación de sus propias leyes, especialmente en materia de derechos humanos- le ha permitido a sus grandes corporaciones transnacionales contar con ejércitos privados, autorizados para supervisar y perpetrar operaciones militares en reemplazo de sus tropas regulares; todo lo cual procura minimizar el impacto que esto podría causar entre la opinión pública interna.

 

Este sería el gran paso a dar por el imperialismo gringo para ejercer un dominio indiscutible en toda Nuestra América, salvada las situaciones planteadas por los gobiernos progresistas y/o izquierdistas surgidos, principalmente, en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela, los cuales dieran muestras de independencia y, de uno u otro modo, deshicieron los propósitos hegemonistas estadounidenses contemplados en el ALCA, formulando en su lugar la creación de organismos multilaterales (ALBA-TCP, CELAC, UNASUR) que incluyeran sólo a naciones caribeñas y latinoamericanas.

 

Controlado nuestro continente, Estados Unidos extendería su autoridad imperial al resto de los continentes, utilizando todos los recursos a su disposición, sean éstos militares, diplomáticos o económicos, como ya lo ha hecho y aspira hacerlo exitosamente respecto a China y Rusia; integrando con sus aliados europeos de la OTAN lo que ya algunos denominan un imperialismo colectivo, destinado a gobernar el planeta entero, sin la existencia de mecanismos arbitrales independientes que cuestionen y sancionen sus actuaciones en contra de gobiernos y pueblos, como ocurre con la ONU y, más cercanamente, la OEA.   

 

En este sentido, como lo reseña Juan Pérez Ventura, “la idea de un gobierno mundial controlado por una pequeña élite financiera y económica es cada vez más aceptada por la sociedad. Con la última crisis económica se ha puesto en evidencia que no son los gobiernos los que controlan los países, sino organismos de rango superior a los propios ministros y presidentes. Las decisiones que se toman en cualquier país parecen estar continuamente influenciadas (directa o indirectamente) por entidades como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC)… etc. Entidades cuyos líderes no han sido elegidos por la ciudadanía y, por lo tanto, están tomando decisiones decisivas sin legitimidad democrática”. Para ello, explotan en su provecho el estado de incertidumbre y de indefensión en que se encuentra un porcentaje creciente de la población -ocasionado, entre otras cosas, por el ciclo de militarización (interna y externa), de ofensiva contra diversas regiones del mundo y las crisis económico-financieras protagonizadas y estimuladas periódicamente por las grandes corporaciones transnacionales- induciendo de esa manera la necesidad de elegir gobiernos más identificados con sus líneas económicas neoliberales y conformados, esencialmente, por funcionarios extraídos de sus nóminas; asegurándose de esta manera que sus inversiones no corran ningún riesgo a manos de gobernantes progresistas, nacionalistas y/o izquierdistas, respaldados por los sectores populares.

 

En el caso de la recomposición imperial proyectada por Estados Unidos sobre Nuestra América, hará falta que se comprenda la necesidad perentoria de configurar amplios movimientos sociales y políticos revolucionarios decididos a luchar por el establecimiento de un nuevo modelo civilizatorio, a articular acciones de integración efectivas y a frenar, colectivamente, los procesos contra-revolucionarios actuales.-

  

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07/07/2016 11:29 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL MAYOR ESCOLLO DE LOS REVOLUCIONARIOS

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La influencia ejercida por la industria ideológica, el monopolio del saber, y la propiedad privada de los grandes medios de producción constituye, básicamente, el mayor escollo estructural con el que se tropezarán los revolucionarios para la realización y la consolidación de un nuevo modelo civilizatorio, cuyo eje central sea la emancipación integral de todas las personas. A fin de demoler esta difícil realidad, será preciso que las nuevas formas asociativas de producción que surjan (llámense mutualistas, colectivistas y/o comunistas), como también aquellas de origen particular, tiendan a romper -de raíz- la división jerárquica del trabajo y la concepción económica individualista impuestas por el sistema capitalista; todo lo cual tendría que ser acompañado, necesariamente, por la adopción de una nueva conciencia, (individual y colectiva) que se refleje también en el establecimiento de nuevas relaciones de poder que reduzcan la dicotomía entre gobernantes y gobernados, e impongan, por tanto, la práctica de una democracia consejista y directa. Esto obliga, por supuesto, sin concesiones ni excusas que la impidan o posterguen, a una redefinición de algunos conceptos relacionados con las nuevas realidades por conformar.

 

Así, el poder, la política y el Estado (lo mismo que la espiritualidad, la cultura, la economía y otros elementos que podrían abarcarse sin menoscabar el propósito central trazado) tendrían que observarse y comprenderse bajo la luz de nuevos paradigmas, todos ellos como resultado de la acción y de la revisión constante de organizaciones políticas revolucionarias de nuevo tipo. No se trataría de recurrir (como algunos proponen y muchos siguen mecánicamente) al uso de fórmulas desgastadas, cuyo objetivo es paliar la crisis por la que atraviesan el capitalismo y el Estado burgués liberal vigentes, todas ellas transitorias, que no erradicarían, por muchos esfuerzos que se hagan, las verdaderas causas que la originan, dando lugar -por ende- a su eventual resurgimiento; crisis que además, vale decirlo, es expresión visible de una profunda crisis civilizatoria.

 

Bajo este entendimiento, René Zavaleta nos dice en su libro «La autodeterminación de las masas», siguiendo a Carlos Marx, que «el modo de producción de la vida material determina (Bedingen) el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de éstos, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. […] Se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, todo el inmenso edificio erigido sobre ella».

 

Por ello, conceptos como la "selección natural" y la "lucha por la vida", convertidos ahora en dogmas económicos por obra y gracia de la dictadura corporativa que trata de dominar todo el escenario económico mundial, conspiran contra la posibilidad cierta de transformar radicalmente el modelo de civilización actual, según la visión de los sectores populares explotados, oprimidos y marginados de todo nuestro planeta. Esto evidencia el alto grado de manipulación ideológica desarrollado por los centros hegemónicos corporativos, de lo cual da cuenta Juan Pérez Ventura, Director de la web ‘El Orden Mundial en el S.XXI’, en su artículo ‘El club Bilderberg’, al afirmar que "la idea de un gobierno mundial controlado por una pequeña élite financiera y económica es cada vez más aceptada por la sociedad. Con la última crisis económica se ha puesto en evidencia que no son los gobiernos los que controlan los países, sino organismos de rango superior a los propios ministros y presidentes. Las decisiones que se toman en cualquier país parecen estar continuamente influenciadas (directa o indirectamente) por entidades como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC)… etc. Entidades cuyos líderes no han sido elegidos por la ciudadanía, y por lo tanto están tomando decisiones decisivas sin legitimidad democrática".

 

Esto obliga a los revolucionarios a producir alternativas que oscilen entre lo electoral y el ejercicio de poder territorial y hegemónico a manos de los sectores populares organizados, esto último sin que haya dependencia alguna respecto al Estado, dada su configuración burgués liberal, lo que se combatirá y erradicará, de modo que resulte factible la democracia consejista y directa. Por eso, cabe esperar que los revolucionarios usen su arsenal teórico, ausculten debidamente la realidad social y elaboren, lo más comprensiblemente posible, propuestas viables a ser asumidas y concretadas de manera constituyente por los sectores populares organizados, superando los límites, las contradicciones y los obstáculos que cercenan sus aspiraciones largamente excluidas y postergadas; además del escollo estructural, para lograr la revolución.-

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07/07/2016 11:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DE MASA ABSTRACTA A PUEBLO CONSCIENTE

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Gran parte de la derecha en Venezuela, considera a los sectores populares (en una amplia proporción, seguidores y sustentadores principales del proyecto revolucionario bolivariano) una masa abstracta, manipulable e incapaz de entender y de protagonizar el más sencillo avance en la construcción de un nuevo modelo democrático en el país, hasta el colmo de convertir a estos últimos en víctimas de ataques de todo tipo racista; negándoseles, incluso, la dignidad a la que tienen derecho. Algo que no les preocupa en modo alguno. Al contrario, se enorgullecen mucho del desprecio que sienten hacia los mismos, en una especie de sádica competencia por hacer ver -vía redes sociales- que sus mensajes fascistoides son los más virulentos de todos (especialmente, los dirigidos a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello u otro representante destacado del chavismo gobernante); equiparándose con ello a sus patrocinadores extranjeros. 

 

En contraste, los sectores populares han dado un viraje ideológico y político muy importante, abandonando los patrones de sumisión y de apatía a que fueran habituados por más de medio siglo. Sin embargo, esto no significa que hayan dejado de ser objeto, como en el pasado, del oportunismo, la corrupción y la demagogia de aquellos que ambicionan convertirse en sus gobernantes. No obstante, dicha situación podría subsanarse mediante la aplicación de nuevos modelos de interpretación y de comprensión de la realidad venezolana, lográndose conjugar en un mismo esfuerzo y en un mismo proyecto político a los amplios conjuntos de proletarios y sectores sociales como vía para enfrentar y frenar el avance de la derecha capitalista.

 

Ello sería, a grandes rasgos, emprender una lucha constante contra la ineluctabilidad de la historia, la misma historia que legitimó durante siglos el poder sacrosanto de las clases dominantes y que les hizo sentir a los sectores populares que nunca serían capaces de asumir la construcción de su propio destino democrático, condenados -como se daba por descontado- a vivir una condición de minusvalía permanente. Sin embargo, la realidad forjada en las últimas décadas facilita la ocasión de dar nacimiento a nuevas formas de autodeterminación social, desestabilizando seriamente el orden establecido a favor de las amplias mayorías.

 

A diferencia de los sectores dominantes tradicionales, al nivel de los sectores populares, el ideal de democracia siempre ha estado asociado al ejercicio soberano de la democracia directa, a la participación autónoma en una asamblea popular y a la toma de decisiones políticas mediante discusiones abiertas, como expresión de la voluntad general. Sin embargo, los sectores dominantes lograron inculcarle su ideología, haciéndoles ver que serían incapaces de una democracia de este tipo y, por lo tanto, que sería imprescindible delegar en unos representantes electos el manejo del Estado, instaurándose en consecuencia la democracia representativa; con lo que aseguraban su hegemonía como clase social, generando igualmente relaciones de subordinación, garantizadas mayormente a través del clientelismo político. 

 

En esta importante coyuntura definitoria a favor de la estabilidad democrática de las naciones de Nuestra América, le tocará a los sectores populares de Venezuela actuar como verdadero poder popular organizado, con la determinación y conciencia que se requieren para reducir -hasta su más mínima expresión- los ejes de conflictividad social que tratan de explotar la derecha y el imperialismo gringo en su provecho. Tal cosa podrá lograrse disponiendo de suficiente comprensión y voluntad política, al mismo tiempo que se ataca -sin darle tregua alguna- al burocratismo exagerado e inoperante presente en la mayoría de las instituciones públicas. Con esto, además, las organizaciones populares dejarían de funcionar como simples correas de transmisión de algunos gobiernos y serían capaces de constituir sus propios espacios autogestionarios; construyendo, por consiguiente, una verdadera revolución social que trascienda el modelo civilizatorio imperante.

 

Para ello, es sumamente importante la incorporación de cuadros revolucionarios que sepan interpretar adecuadamente el momento histórico actual y antepongan los intereses colectivos a los suyos y a los de su partido político, sin dejar de lado la lucha que aún tendrá que librarse contra los planes desestabilizadores de una oposición francamente apátrida y, por supuesto, contra aquellos que tenga en agenda el imperialismo gringo.-


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07/07/2016 11:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA CONFIANZA DEL CHAVISMO Y EL ROL REVOLUCIONARIO

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Quienes no asumen la Revolución como un asunto vital y permanente siempre serán presas de las dudas, las inconsistencias, los resentimientos y las traiciones. Nadie que cultive su conciencia revolucionaria con verdaderos sentimientos de amor por la humanidad, como lo afirmara el Che Guevara, con suma perseverancia y una práctica revolucionaria sometida a un perfeccionamiento diario que implique superar la enajenación capitalista, jamás será doblegado durante el cumplimiento de su compromiso emancipatorio, por muchas decepciones y tentaciones que se le presenten en el camino.

 Ciertamente, para aquellos que únicamente vieron en el proyecto revolucionario bolivariano una oportunidad de oro para su ascenso social y económico estas palabras suenan huecas y carecen de algún valor moral substancial; cuestión entendible y que debiera motivar un cambio de actitud entre las bases chavistas que avalan su «liderazgo»; haciéndose responsables de la construcción real de su rol protagónico y participativo, de una forma completamente independiente y decidida. De ahí que se requiera interpretar y reinterpretar adecuadamente todo lo logrado y no logrado en nombre de la revolución bolivariana y del chavismo, buscando -en un primer momento- recuperar el hegemonismo popular inicial y trazar unas nuevas líneas de acción que permitan renovar los objetivos nacidos al calor de las luchas populares.

 Cambiado el escenario, no se puede intentar mantener el mismo ritmo seguido por Chávez. Si se atendiera a los supuestos puntos fuertes de la estrategia de los grupos opositores, se deduciría que éstos se afincan en lo que le es ya conocido, empalmado básicamente al funcionamiento institucional del Estado burgués liberal, el mismo al cual tuvieron libre acceso por muchos años. Así, en tanto el chavismo gobernante -con Hugo Chávez a la cabeza- pudo emprender una redistribución más equitativa de la riqueza generada por los excedentes petroleros y satisfacer la enorme deuda social largamente acumulada, los sectores populares pudieron resistir todas las maniobras manipuladoras de la oposición de derecha, a tal punto que revirtieron exitosamente y sin violencia el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, obligando, de paso, a la FANB a pronunciarse favorablemente por la reinstalación de Chávez en la Presidencia.

No obstante, lo que le sirvió a Chávez para obtener triunfos electorales adicionales, se convirtió, por distintas vías, en el principal talón de Aquiles del chavismo, a pesar de la prédica constante del Comandante para que sus seguidores comprendieran la necesidad histórica de trascender de manera simultánea el marco capitalista (a través de un desarrollo endógeno que se sustentara en la propiedad comunal y/o social) y la institucionalidad burgués liberal (a través de la activación de nuevas formas democráticas de organización popular); todo lo cual degeneró en un clientelismo y en un pragmatismo políticos que apuntalaron «liderazgos» basados, generalmente, en la demagogia y la corrupción más desvergonzadas, cerrándosele el paso a verdaderos revolucionarios.

Esto obliga a promover, en el caso específico de los revolucionarios, alternativas que oscilen entre lo electoral y el ejercicio de un poder territorial y hegemónico a manos de los sectores populares organizados, sin que exista dependencia alguna respecto al Estado, dada su configuración burgués liberal, lo que se combatirá y erradicará, de modo que resulte viable la democracia consejista y directa. Por tanto, de comprenderse la gravedad (aún no extrema) por la que atraviesa el proceso revolucionario, los chavistas cumplirían un mejor papel que el de contentarse con usufructuar el poder, confiando en la providencialidad de un incremento sostenido de los precios del petróleo, en el respaldo cautivo de una vasta cantidad de venezolanas y venezolanos, y en la torpeza de la dirigencia antichavista para mantenerse unida en un solo frente. Esta confianza del chavismo resulta, por demás, inusual, ilógica y excesiva, suponiendo que su razón de ser es hacer una revolución socialista inspirada en el ideario de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora.

Pero, fuera de ello, cabe esperar que los revolucionarios hagan uso de su arsenal teórico y lo plasmen, lo más inmediatamente posible, en propuestas potenciales que sean adoptadas y concretadas de forma constituyente por los sectores populares organizados, superando decididamente los límites, las contradicciones y los obstáculos que cercenan sus aspiraciones largamente excluidas y postergadas.-


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04/07/2016 16:28 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA DEMOCRACIA NUESTRA Y LA QUE DEFIENDE ALMAGRO

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La democracia que defiende Almagro y define la Carta Democrática Interamericana no es el tipo de democracia participativa y protagónica que se trata de construir en Venezuela desde 1999, por lo que su intención no refleja en ningún sentido el esfuerzo hecho por los sectores populares para acceder a un nivel mayor y más efectivo de democracia ni se ajusta a la realidad que sufre la población venezolana gracias a la violencia política y al desabastecimiento programado, puestos en marcha por la oposición apátrida para derrocar al Presidente Maduro.

 En esta maniobra injerencista, se nota a simple vista que tras lo dicho y hecho por el secretario general de la OEA se halla la mano peluda del imperialismo gringo, tratando así de legitimar sus planes neocolonialistas, diseñados para recuperar su hegemonía en toda la extensión de nuestro continente. Tal maniobra, pese a sufrir un traspié recientemente en en el seno mismo de la OEA, no podrá obviarse, a sabiendas que ella sólo es otro pretexto para acosar al gobierno de Maduro, aumentando la presión ejercida en su contra desde diversos frentes, tanto dentro como fuera de Venezuela; lo cual induce a pensar que tal cosa no será contenida, por mucho que todo el chavismo muestre una disposición conciliadora.

Así que, si el gobierno de Maduro quiere impulsar una verdadera rebelión popular que derrote por completo esta conjura de la oposición apátrida y de sus mentores del imperialismo gringo, tendrá que adoptar medidas que tiendan a darle verdadero realce al papel protagónico del poder popular en todas las instancias posibles, sin cooptación y/o subordinación, poniendo a su disposición todos los recursos legales y extralegales que lo hagan realidad. Sin excusas, obedeciendo a un mismo y único lineamiento político e institucional, de manera que exista una articulación efectiva entre el poder popular organizado y el poder constituido, evitándose en todo momento su burocratización, lo que, de producirse, anularía cualquier asomo de democracia participativa y, por consiguiente, de cambio revolucionario.

Además, es necesario que este poder popular organizado no únicamente ejerza funciones contraloras e influya decisivamente sobre la gestión cumplida, o por cumplir, de las diferentes instituciones públicas. Es preciso que éste ejerza también un control territorial realmente efectivo, incluyendo el ámbito económico-productivo, de un modo absolutamente diferente a la lógica y los paradigmas tradicionalmente aceptados y reproducidos, creyéndose que los mismos jamás podrán reemplazarse.

Para alcanzar dichas metas, hará falta que surja igualmente un nuevo tipo de liderazgo revolucionario, conscientemente formado, que actúe en calidad de vocero de los intereses y las decisiones de los sectores populares organizados, lo cual implica deslastrarse de los rasgos que legitiman las relaciones de poder habituales, con sus esquemas de representatividad, jerarquización y autoritarismo; contrarios a todo lo que signifique revolución y socialismo. Sin embargo, hay que ser consciente que esto tendrá sus contratiempos y resistencias entre quienes se hallan al mando de las diversas instancias del poder constituido (aún el de menor radio de acción), anticipando, con «justo» temor de su parte, que podrían ser desplazados, olvidándose que su responsabilidad principal debiera centrarse en lograr la transformación estructural del Estado y no únicamente en la satisfacción de sus intereses personales o, en el menor de los casos, en la preservación de la hegemonía político-partidista de la organización en la cual milita.

Con estas líneas generales de acción (más aquellas que se sumen durante su desarrollo y consolidación) se podría conseguir que los sectores populares, de una u otra forma, asuman la revolución bolivariana como un proyecto de creación democrática permanente y no como la simple posibilidad de convertirse en los beneficiarios mimados de la gestión social de un gobierno populista más, ajustado al concepto de democracia que prefieren Almagro, el imperialismo y la oposición.-

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04/07/2016 16:07 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

ERRORES REVOLUCIONARIOS, GANANCIA DERECHISTA

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     Al analizar Álvaro García Linera, Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, en un reciente foro internacional las causas que le facilitaron a la derecha recuperar fuerzas, derrotar y poner en jaque a los distintos gobiernos progresistas y/o izquierdistas surgidos durante las dos últimas décadas en Nuestra América, admitió: "Nuestro error fue que enfrentamos la redistribución de la riqueza sin politización social". Es decir, se hizo una gestión de justicia social hacia los sectores populares largamente postergados de la inclusión en términos sociales, políticos y económicos, pero se obvió la necesidad de conducirlos a un nivel de comprensión de la realidad para trascenderla y reemplazarla radicalmente, además de ayudarlos a convertirse en sujetos históricos de su propia emancipación.

 

     Aunque algo a destiempo, pero no innecesario, esta autocrítica no deja de ser bastante interesante. Máxime al saber que quien la emite es uno de los sociólogos que ha estudiado de cerca la actualidad de nuestro continente, comprometiéndose con su vida a gestar el cambio estructural en su nación, al lado del Presidente Evo Morales y los movimientos campesinos y aborígenes que insurgieran contra los remanentes del colonialismo hispano y el imperialismo gringo. Ella es, además, la aceptación de un error muy común entre quienes asumen la revolución -en especial, la socialista- como un proceso de transformaciones que, como se está desarrollando, o trata de desarrollarse, en el marco legal vigente, será íntegramente respetado por las clases sociales y sectores políticos despojados del control del poder estatal y económico; olvidándose de la ingrata experiencia padecida por el Presidente Salvador Allende y el pueblo de Chile.

 

     Hubo entre éstos, por decirlo de algún modo, cierta ingenuidad de su parte, quizás por no entender cabalmente que toda revolución verdadera apunta a una transformación estructural permanente que debe ser protagonizada, en un primer nivel, por un pueblo realmente consciente y organizado. Sin embargo, no sería algo del todo exacto. Muchos de éstos, posiblemente de buena fe, estaban convencidos de que lo que hacían desde el gobierno y partidos políticos era parte determinante de la acción revolucionaria, bastando nada más con seguir asegurándose el voto de las mayorías para disponer del poder y satisfacer cada cierto tiempo las demandas que éstas les presentaran; repitiéndose un ciclo que ya se había vivido bajo los gobiernos reformistas tradicionales (salvo durante la etapa dictatorial, auspiciada por Washington).

 

     De esta forma se podría explicar, someramente, cómo teniendo un amplio respaldo popular ahora estén tales gobiernos sometidos a los embates de la derecha, sin hallar una fórmula efectiva que pueda contenerlos exitosamente, si no es alguna apegada a las establecidas por las leyes y la Constitución; lo que aumenta las posibilidades de la derecha de lograr su único y mayor objetivo: el poder constituido. Esto reduce enormemente el grado de maniobrabilidad de cada gobierno izquierdista y/o progresista mientras sus enemigos hacen acopio de todos los recursos disponibles para hostigarlos y vencerlos, así ello implique colocarse al margen de la democracia y de las leyes, como se evidencia a diario en Venezuela, secundados por una campaña mediática abiertamente injerencista, cuyos núcleos se ubican en Bogotá, Madrid y Miami, distorsionando desvergonzadamente la realidad de cada una de nuestras naciones.

 

     De ahí que sea imperativo que la dirigencia de estos procesos de cambios revolucionarios sepa entender e implementar a tiempo las medidas que se requieren para conjurar las amenazas crecientes y nada disimuladas de la derecha fascistoide y, por supuesto, del imperialismo gringo, ansioso por ejercer un control exclusivo y directo de los diversos recursos estratégicos que se hallan en Nuestra América; medidas que únicamente resultarán eficaces si los sectores populares se organizan, actúan y crean sus propios espacios autogestionarios, dando nacimiento a unas nuevas relaciones de poder y, en consecuencia, a un modelo civilizatorio de nuevo tipo (aunque suene utopista).

 

     En resumen, entretanto se mantenga sin afectación alguna el viejo régimen burgués liberal -no obstante la existencia de leyes que harían factible su transformación de raíz mediante la activación contínua del poder popular constituyente- jamás se podrá consolidar ninguna revolución (sobre todo, de carácter socialista) en Nuestra América. Es aún necesario, como lo reconoce García Linera, que al gobierno con pretensiones revolucionarias lo acompañe un vasto movimiento social organizado, sin cooptación o dependencia de por medio que invalide su accionar revolucionario y constituyente; lo que permitiría vencer efectivamente (ojalá para siempre) los planes desestabilizadores y neocolonialistas del imperialismo yanqui y de sus acólitos locales.-

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15/06/2016 11:56 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

¿POR QUÉ ACONSEJAR AL GOBIERNO DE MADURO?

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Quizás resulte ingenuo, osado y hasta altanero creer que, de uno u otro modo, el gobierno venezolano (en sus diferentes escalas) pueda prestar algún tipo de atención a los análisis, los consejos o las recomendaciones que hacen públicos a diario tanto revolucionarios como chavistas, preocupados por el rumbo seguido por el proceso revolucionario bolivariano en su etapa actual.

Si tal cosa no es posible, le bastaría a los representantes del chavismo en posiciones de gobierno recapitular sus respectivos programas de gestión, sobre todo en lo que respecta al cambio estructural y al poder popular, entendiendo que ambos son factores primordiales para lograr la revolución bolivariana socialista; de manera que esto contribuya a que exista una corresponsabilidad efectiva con las diferentes organizaciones comunitarias y/o populares para impulsar los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que definirán esta revolución.

Por lo tanto, resulta incongruente que todavía se continúen solicitando nuevas acciones propositivas, sin antes verificar cuán exactamente se cumplieron, o dejaron de cumplir, aquellas que fueron promovidas bajo el liderazgo de Chávez, al igual que aquellas bajo Maduro, determinándose así cuáles han sido sus debilidades, fortalezas e inconsistencias durante su desarrollo.

Todo esto serviría para superar exitosamente la coyuntura por la que atraviesa el país, teniendo en cuenta que muchas de las iniciativas impulsadas por el Comandante Chávez no fueron abordadas y cumplidas adecuadamente por la gente designada para esta importante responsabilidad, dando lugar, en algunos casos, a hechos de corrupción y de despilfarro de recursos (totalmente condenables desde todo punto de vista) lo que impone dotarlas de una nueva visión y de unos nuevos ejecutores para su total consolidación.

Con esto, tanto chavistas como revolucionarios tendríamos que trabajar en conjunto para romper con la vieja cultura política que aún nos domina, con su secuela de sectarismo y su clientelismo político, heredada de adecos y copeyanos, cosa que se ha revertido en contra del gobierno y del proceso revolucionario bolivariano, resultando favorecida de esta forma la campaña demagógica montada por la oposición para culpar al gobierno de Maduro de todos los males causados por ella misma durante estos últimos tres años.

Por lo tanto, es una obligación moral ineludible que los chavistas y los revolucionarios demostremos una mejor disposición -indiferentemente de si aconsejamos o no a Nicolás Maduro y, junto con él, a toda la dirigencia y militancia chavista, o si los mismos lo soliciten- y nos encaminemos a desmontar realmente esta vieja cultura política, simultáneamente al desmantelamiento que se debe hacer del Estado burgués liberal todavía vigente. Sin ello en vía de concretarse, será una inmoralidad inaceptable que se le siga hablando al pueblo de revolución socialista si no existe ninguna disposición verdadera de llevarla a cabo.-

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15/06/2016 11:26 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿CÓMO AYUDA EL “CHAVISMO” A LA OPOSICIÓN?

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Al proclamar Hugo Chávez que su gestión de gobierno estaría enmarcada en una revolución de corte socialista, inspirada en el ideario revolucionario de Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez, muchos oportunistas de izquierda creyeron allanado el camino para alcanzar sus viejos objetivos, sin necesidad de enfrascarse en una aventura foquista, vanguardista o, simplemente, pustchista como se había pretendido desde los años 60 hasta 1992. Hasta ahí todo parecía marchar de maravilla, oyéndose hablar públicamente del Che Guevara, Fidel Castro, Antonio Gramsci, Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo y León Trotsky como si se tratara de viejos compatriotas ligados a la historia del país, sin el temor a las represalias anticomunistas del período adeco-copeyano.

Luego vendrían a agregárseles (casi en tropel) muchos militantes nada o poco destacados de los dos principales partidos políticos tradicionales, AD y COPEI, quienes en lo adelante estarían disertando respecto a las bondades del nuevo socialismo bolivariano, calcando discursos e indumentaria de su reciente líder, el Comandante Chávez. Entre unos y otros, los sectores populares optaron por los descollados por Chávez, independientemente de cuál fuera su perfil ideológico; conformándose entonces un estamento político-partidista que sustituirá al existente desde 1958 (insertándose en el mismo a muchos militares promocionados por Chávez, antes, y por Nicolás Maduro, ahora), pero que, en la práctica, escasamente se diferenciará de este último.

Este hecho, fácilmente demostrable y advertido por los mismos sectores populares, al no haber una vocación revolucionaria que les impulse a ir más allá de los triunfos electorales obtenidos y de ocupar hegemónicamente todos los cargos públicos existentes, aunado al mantenimiento y hasta el reforzamiento de las viejas estructuras del Estado burgués liberal (concebido desde sus inicios para legitimar y defender los intereses de los sectores oligárquicos parasitarios), le ha permitido a la derecha recuperarse, pasar a la ofensiva y ocupar espacios, viéndose, además, ampliamente respaldada por el gobierno estadounidense y demás aliados foráneos en su propósito por derrocar a Nicolás Maduro.

Mientras tanto, los sectores populares y movimientos revolucionarios continuaban movilizándose, apoyando y tratando de concretar las iniciativas de Chávez, encontrándose muchas veces en confrontación abierta con quienes ahora pasaron a dirigir (sin cuidarse de caer en la típica corrupción administrativa del pasado puntofijista) las diferentes instituciones del Estado, gracias a los votos de aquellos, sin corresponder a lo esencial de la democracia participativa, es decir, a la soberanía popular; cuestión ésta que, aún en medio de la coyuntura actual, no ha sido modificada de ninguna manera. Así, siendo ello parte resaltante de los muchos diagnósticos y reclamos presentados por las bases chavistas toda vez que son convocados por su dirigencia (más recientemente a través del Congreso de la Patria), al quedarse en el papel sin efecto pragmático que posibilite un verdadero cambio de situación, se está ayudando irresponsablemente a la oposición, avalando -por inercia- sus argumentos tendenciosos.

No obstante, las bases populares del chavismo, al margen de la posición acomodaticia de muchos de sus dirigentes nacionales, regionales y/o locales, del insensible desabastecimiento programado por los sectores empresariales de la oposición y del acoso mediático impuesto por la Casa Blanca y su séquito internacional de medios de información tarifados, continúan esperanzados en que la revolución bolivariana se convierta en un suceso cotidiano, capaz de superar el antiguo orden establecido y todas las dificultades padecidas; sin embargo, aún será preciso que ellas tomen plena conciencia de su papel histórico (lo mismo que los distintos movimientos revolucionarios existentes, independientemente de si puedan o no participar en cualquier contienda electoral) y se atrevan a gestionar sus propios espacios de poder constituyente, de manera que los cambios políticos, económicos, culturales y sociales implícitos en este singular proyecto de transformación revolucionaria tengan como características fundamentales su participación, su direccionalidad y su protagonismo.-

 

 

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15/06/2016 11:19 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

NUESTRO PEOR ESCENARIO

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Para los apocalípticos de la oposición, a los que se ha sumado cierto número de «chavistas» (afectado por las matrices de opinión emitidas en contra del gobierno de Nicolás Maduro, a propósito del acoso y las irregularidades sufridas por la economía nacional) la situación en Venezuela sería extremadamente inestable, lo que -según sus vaticinios, aupados, además, por Estados Unidos- conduciría a una guerra civil, si no son satisfechos por completo sus intereses políticos y económicos. Ello, por supuesto, es inmediatamente replicado y magnificado interesadamente desde mucho tiempo atrás por las distintas empresas de la información, principalmente extranjeras, estableciendo que las venezolanas y los venezolanos padecen las arbitrariedades de una dictadura inhumana a la cual sería preciso derrocar, sin importar el costo en vidas ni los medios a utilizar, incluyendo entre éstos una agresión militar directa del imperialismo gringo.

Éste podría ser -para muchos- el peor escenario por padecerse en Venezuela; no obstante, habría que advertir, en un sentido aún positivo, que el mismo es relativo, tomando en cuenta el temple mostrado por la población venezolana ante las adversidades inducidas por los grupos antichavistas a través del terrorismo, la violencia y el desabastecimiento sostenido de productos de primera necesidad.

El peor escenario posible sería, entonces, que los sectores populares optaran en lo adelante por abandonar cualquier posibilidad de participación política, repitiendo en algún grado lo observado electoralmente antes de 1998 cuando se registraron grandes porcentajes de abstención en cada uno de los comicios realizados. Esta sería una manera de deslindarse de los dos bandos políticos enfrentados, chavistas y antichavistas, en un gesto de protesta generalizado ante lo que representaría (en la visión popular) una lucha de élites poco diferenciadas en actitudes, ofrecimientos e intereses.

En consecuencia, para los sectores revolucionarios, lo que haga o deje de hacer el chavismo gobernante tendrá, sin duda, serias repercusiones respecto a la idoneidad de los ideales socialistas y la posibilidad de lograr un cambio estructural definitivo en Venezuela; sobre todo, si cunde la decepción y la frustración entre los sectores populares, los mismos que siempre respaldaron al Comandante Hugo Chávez y que enfrentan, por ahora pasivamente, las arremetidas de la derecha. Muchos de ellos entienden que si la gran mayoría del pueblo asume semejante deslinde, se estará perdiendo la oportunidad histórica de hacer la revolución y, con ella, de decidir un destino mejor para todos y todas, lo que podría incidir de un modo u otro en las luchas que libran los pueblos hermanos de Nuestra América.

Al contrario de algunos chavistas, para cualquier revolucionario comprometido esto es lo peor que llegaría a ocurrir en Venezuela, si se produce y evidencia un eventual desgaste de las esperanzas de los sectores populares en relación al gobierno de Nicolás Maduro y la construcción del socialismo, admitiendo así el fracaso difundido por la oposición, lo que contribuiría significativamente a reforzar (y confirmar) la propaganda de siglos en contra de la factibilidad de esta alternativa revolucionaria.-

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26/05/2016 12:41 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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