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LA «SAGRADA MISIÓN» DE LA DERECHA EN VENEZUELA

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Con tanta apología de la violencia -promovida a diario por la derecha fascista en Venezuela-, sus ejecutores quizás se crean investidos de una misión sagrada que deben cumplir. Ya varios analistas se han encargado de ahondar en torno a este tema. Muchos de ellos, reconocen que ésta es una cuestión insólita en toda la historia política del país. Según otros, ella tiene sus antecedentes en la «cultura» estamental y/o segregacionista implantada durante el régimen colonial español. Otros lo atribuyen a la «reedición» de la ideología anticomunista que caracterizó las primeras décadas del siglo XX y, con un mayor énfasis, los años 60 y 70 de este mismo siglo cuando las fuerzas represivas del Estado puntofijista combatieron, encarcelaron, torturaron y asesinaron a los combatientes izquierdistas de entonces; despojándolos (al estilo nazi) de todo derecho y de todo rasgo de humanidad.

 

De este modo, simplificado el asunto, Venezuela se hallaría en la actualidad envuelta en una decisiva guerra entre el bien y el mal (como lo determinara el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, frente a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, antes de su eclosión, lo mismo que cuando ordenó el adiestramiento, el equipamiento y el financiamiento de la Contra en Nicaragua), donde los malos, los subhumanos y/o los demonios están representados por los chavistas y, por extensión, los sectores plebeyos y mestizos, es decir, los sectores populares, que son, para mayor precisión, la mayoría poblacional venezolana.

 

Los buenos, los humanos y/o los santificados serían, obviamente, quienes se encuentran en la acera de enfrente, es decir, los seguidores de la oposición antichavista. Para los primeros, nada está permitido, ni siquiera el derecho a la autodefensa, a pesar de la vigencia de la Constitución y las leyes que condenan cualquier tipo de agresión física y moral a las personas, así como el quebrantamiento de las garantías que preservan la continuidad del orden democrático instituido. Para los últimos, es todo lo contrario. Considerándose a sí mismos «luchadores por la paz, la libertad y la democracia» les es lícito entonces volcarse a las calles y crear zozobra entre la población, destruir instalaciones gubernamentales y comerciales, además de servicios públicos, necesarios para la gente de menores recursos económicos, a la que dicen defender; e incitan públicamente a las fuerzas castrenses nacionales a que derroquen y/o maten a Nicolás Maduro, al mismo tiempo que invocan y secundan una invasión militar de parte del imperialismo gringo junto con sus aliados del continente.

 

Visto así este escenario, al no imperar la sensatez entre las cúpulas derechistas locales y no pronunciarse éstas, abierta y sostenidamente, por un cese total de la violencia, será poco probable que los sectores populares dejen de reaccionar en igual medida, al margen de lo que haga o deje de hacer el gobierno nacional. Este convencimiento de la derecha respecto a su «misión sagrada» ha dejado aflorar resentimientos que, desgraciadamente, han desembocado en deplorables crímenes de odio, resultando lesionada y asesinada, incluso, gente de sus propias filas. Siendo esto cierto, la derecha fascista camina sobre una alfombrilla roja de muertes, buscando una ruta macabra que le conduzca finalmente hacia Miraflores.-

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08/06/2017 11:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

“INVENTAR” UN PODER POPULAR REVOLUCIONARIO

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De existir en Venezuela, como generalmente se proclama, un poder popular revolucionario que, además de verdadero, actuara de una manera totalmente autónoma frente a las diversas instituciones que conforman al Estado, hace largo tiempo se habría dilucidado el dilema en cuanto a continuar o no con las viejas estructuras políticas, económicas y sociales liberal-burguesas aún vigentes o, contrariamente, reemplazarlas de raíz, dando lugar a una transformación estructural y, por ende, produciendo una revolución popular que se extienda a todos los aspectos o ámbitos de la sociedad.

 

De resultar positiva esta segunda situación, jamás habría tenido efecto nada de lo hecho o pretendido por las agrupaciones opositoras y el imperialismo gringo para acabar con todo lo logrado en más de una década de gobierno chavista. Pero ello no ha sido posible en un cien por ciento gracias a la cooptación de dirigentes populares por parte de gobernantes locales que recurren con suma frecuencia al clientelismo político tradicional, evitando así que se incremente el protagonismo y el nivel de conciencia revolucionaria de los sectores populares y, adicionalmente, su organización revolucionaria independiente.

 

Cuestión que también es aprovechada por la oposición de derecha, alimentando la ilusión de una prosperidad a granel para todos a través del sistema capitalista (aunque no lo mencionen específicamente), dando por sentado que sólo se requiere renovar el antiguo sistema de élites gobernantes y seguir incondicionalmente las pautas dictadas por Washington para librar al país de las consecuencias de las políticas socioeconómicas del «nefasto régimen» que actualmente lo estarían destruyendo. Esto último, obviando, por supuesto, las causas que han llevado a Venezuela a la condición actual de dificultades productivas y económicas, con una propaganda negra internacional y nacional que busca acentuar el malestar y frustración del pueblo, mayoritariamente chavista.

 

Para reimpulsar y profundizar los objetivos primordiales del proyecto de la Revolución Bolivariana es necesario que se abandonen y se combatan en todo momento los patrones burocrático-representativos institucionalizados que impiden, confrontan, impugnan y buscan tutelar el surgimiento de un verdadero poder popular revolucionario.

 

Es preciso, por tanto, “inventar” un poder popular revolucionario. Asumir una mayor audacia revolucionaria para que se alcancen estos importantes objetivos, de modo que estos sirvan para desmantelar no solamente estos patrones contrarrevolucionarios sino también para fortalecer la organización y la conciencia de los sectores populares frente a las pretensiones derechistas de restaurar las distintas realidades del pasado. Esto implica adoptar posiciones radicales que cuestionen en todo momento las políticas de Estado que estarían afectando, de una u otra manera, la marcha de los cambios revolucionarios que anticipen este nuevo modelo de sociedad.-

 

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07/06/2017 12:28 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL ÚLTIMO CAMPO DE LA CONFRONTACIÓN EN VENEZUELA

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The New York Times publicó recientemente: «Las detenciones arbitrarias por motivos políticos son una constante en Venezuela, país que vive una de las peores crisis de derechos humanos de la región». Al respecto, una persona medianamente inteligente y con criterio propio se preguntaría: ¿Detenciones arbitrarias? ¿No son castigables los delitos de violencia terrorista, la destrucción de bienes públicos, las agresiones a funcionarios militares y policiales, la instigación pública a un golpe de Estado, la invocación de una intervención armada de una potencia extranjera y el asesinato deliberado de personas con propósitos políticos? ¿Son delitos lícitos y permitidos en el territorio de Estados Unidos y Europa sin actuación alguna de sus respectivos gobiernos?

 

Como se detecta en diferentes medios informativos, la situación interna venezolana es tratada con una evidente parcialidad. Esto salta a la vista en el uso del lenguaje al referirse a las acciones violentas del antichavismo como protestas pacíficas, lo cual es reforzado con la selección de imágenes que exponen a policías y militares como represores que violan sistemáticamente los derechos humanos de todo el pueblo venezolano; sin identificar la fuente del efecto efusivamente reseñado. Se esquiva así, repetidamente, la violencia convocada y legitimada por la dirigencia derechista, dándole un carácter cotidiano, a fin de influir en la percepción que se tenga de todo lo generado en el territorio, de modo que no existan más salidas que las exigidas por los sectores opositores.

 

En todo este panorama se puede determinar la deficiencia comunicacional del gobierno y del chavismo en general, muchas veces centrados en apagar fuegos, pero sin manejar una estrategia comunicacional que no sólo esté dirigida a informar a la colectividad respecto a la gestión gubernamental cumplida, o a mantener viva la imagen del Comandante Hugo Chávez, transformado en ícono, incluso por encima del Libertador Simón Bolívar; lo cual no ha evitado que la oposición continúe en su empeño por minar la confianza en Nicolás Maduro como presidente y en su capacidad para contribuir realmente al logro de los objetivos primordiales de la Revolución Bolivariana, Socialista y Popular que se busca impulsar y arraigar en Venezuela desde hace más de una década.

 

No obstante reconocerse este innegable talón de Aquiles, los factores y funcionarios chavistas se empeñan en depender (casi de manera exclusiva) del centimetraje que puedan obtener en diarios y demás medios de información, así dispongan de aquellos que dependen del Estado o sean partidarios de su programa político. De este modo, terminan por aceptar las reglas de juego impuestas por la ideología antagónica de las élites dominantes en vez de producir y consolidar unos medios propios que sean capaces de contrarrestar las matrices de opinión opositoras, evitando que éstos se conviertan en meros instrumentos propagandísticos que, en lugar de aclarar y orientar, oscurezca más la verdad de las cosas.

 

Igual ocurre con el manejo de las diferentes redes virtuales a las que tiene acceso una gran cantidad de personas (mayormente jóvenes) en donde se difunden noticias falsas, en muchas ocasiones recicladas, sin comprobación previa, lacerando la credibilidad del gobierno, así como contribuyendo (quizás inconscientemente) con las metas trazadas por la derecha local y extranjera para acabar con el orden constitucional vigente, configurándose de tal forma en Venezuela el último campo de la confrontación.-

 

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07/06/2017 12:22 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA Y… LA «OTRA»VENEZUELA

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Respecto a la oposición, es lícito pensar (sin lugar a la duda ni a la chanza ni a la mala intención) que no es gente seria e inteligente al «drenar» sus manías callejeramente como expresión política.

 

Sus extravagancias -salvo las acciones terroristas, con su saldo de asesinatos, asaltos y destrucción de inmuebles (muchos pertenecientes a pequeños y medianos comerciantes), continuamente negadas por sus dirigentes y, en contrapartida, todas atribuidas al chavismo- han servido para reanimar su escuálida presencia en las calles del país, buscando causar más un impacto sicológico en la opinión pública exterior que una reacción política en la local, imitando lo hecho en otras épocas y en otras latitudes. Pero, al contrario de aquellos que imitan, combatiendo gobiernos y políticas públicas que afectan los derechos y el bienestar colectivos, acá el objetivo primario no es otro que la salida extraconstitucional (preferiblemente sangrienta) de Nicolás Maduro de la presidencia, sin disponer de otros elementos de causa que legitimen sus protestas «pacíficas y democráticas».

 

Siendo esto tan cierto, habrá que concluir, forzosamente que, con tantas gríngolas mediáticas, es difícil que un fanático derechista se anime a reconocer la verdad expuesta ante sus ojos. Ya esto sucede, en cualquier ambiente y a cualquier hora; complicando la posibilidad de lograr un mínimo de diálogo y de entendimiento respecto al tipo de país que se aspiraría -entre todos- compartir. Esto ha logrado que la dirigencia ultraderechista de la oposición mantenga una posición inflexible, confiada en que sus objetivos están pronto a alcanzarse, contando con el apoyo de sus aliados extranjeros, sobre todo de los regímenes de Argentina, Brasil, Colombia, Perú y, por supuesto, de Estados Unidos, dispuestos a emprender medidas coercitivas (económicas, diplomáticas y, sin exponerlo más explícitamente, militares) que obliguen a Maduro a renunciar. A esta posición de inflexibilidad extrema, se agrega la Conferencia Episcopal Venezolana en abierto desacato de lo expresado por su líder espiritual, el Papa Francisco, como de sus buenos oficios para contribuir a una solución consensuada (o negociada) entre todos los sectores involucrados. Lo mismo pasa con los gremios empresariales y profesionales que son controlados por la derecha, cada uno promoviendo pronunciamientos que produzcan la sensación que el chavismo gobernante ha caído en completa desgracia, restándole nada más que el respaldo interesado de la cúpula castrense.

  

En la concepción de la democracia de la derecha, ella representa la totalidad de la población de la nación. Así, aquellos que protestan «pacíficamente» por el respeto a la Constitución (la misma que ellos, por cierto, rechazaran a gritos en 1999 y luego abolieran mediante el gobierno de facto del empresario Pedro Carmona Estanga en 2002) serían entonces los que mejor podrán gobernar Venezuela para bien de todos. El resto (entiéndase, según su óptica clasista y racista, la chusma, los tierrúos, los pata en el suelo, los sectores populares) sólo tendrán que adaptarse y sobrevivir con las migajas que deje caer de sus mesas la nueva clase gobernante de la derecha mientras recupera el rumbo perdido e impulsa programas del neoliberalismo económico que satisfagan las apetencias de los grandes consorcios del capitalismo transnacional; al modo «democrático» de Argentina o Brasil.

 

De esta forma, la derecha representa una Venezuela que confronta a la «otra» Venezuela, la conformada por el chavismo, que es -básicamente, aunque muchos lo cuestionen- la mayoría de la población, los sectores populares, de los cuales -por cierto- se expresan en términos bastante degradantes y despectivos, copiando la jerga bravucona neo-nazi. Algo que se deja ver en los sitios escogidos por la derecha para llevar a cabo su ahora cotidiana labor de «protestas pacíficas» contra el régimen de Maduro, dejando tras su paso de hordas enfurecidas una estela de destrucción y muerte; a diferencia de lo que ocurre normalmente en las movilizaciones chavistas (invisibilizada en la mayoría de las cadenas empresariales informativas), con sus expresiones de alegrías, cantos y bailes, irradiando optimismo y, muy especialmente, un profundo amor por la Patria bolivariana, en vez de prodigar -como su contraparte- una excesiva admiración y dependencia emocional respecto a la potencia tutelar del continente, Estados Unidos.

 

Esto marca, indudablemente, una diferenciación de clases sociales, profunda, que se ha manifestado con todo lo que ella implica, ya no sólo en el plano político o económico, sino muy especialmente en lo cultural, ideológico y/o espiritual de cada persona, independientemente del hecho evidente que gente de los estratos más bajos acompañen a los representantes oligárquicos y apátridas de la derecha; como también en sentido contrario. Aun así, habría espacio para determinar, con algo más de precisión que esta simple categorización, la existencia de la «otra» Venezuela, aquella a la que tanto temen por igual la derecha (local y extranjera) como los que gobiernan en su nombre.-

 

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07/06/2017 12:14 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA PAZ, LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA… DE LAS “ELITES”

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¿Qué diferencia en Venezuela a los ricos (y quienes ambicionan serlo) de los pobres (y quienes no quieren serlo)? Desde la época colonial, la degradación moral es uno de los estereotipos creados y atribuidos generalmente a estos últimos, calificados de gente de baja calaña (en otros casos, ralea), producto de su falta de autoestima, su ignorancia y su convivencia diaria con la pobreza. Arriba estaría la gente de bien, ejemplar, ilustrada y de altos quilates éticos y morales, llamada a dirigir, por ende, el destino común de la nación. Sin embargo, frente a los acontecimientos producidos en los últimos meses, toda esta visión sesgada tradicional de la realidad socioeconómica nacional se ha venido a pique.

 

Quienes se jactan de pertenecer a los altos estratos sociales y económicos han dejado ver, públicamente, de qué madera están hechos, actuando con la mayor impudicia posible, a tal nivel que muchas personas no saben si reír o escandalizarse ante sus extravagancias cada vez que la dirigencia antichavista les convoca a protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro; repitiendo imágenes y esquemas que bien pudieron funcionar en otras latitudes, pero que son ajenas a la idiosincrasia venezolana.

 

Aun así, diferentes medios destacan este tipo de actuaciones como algo absolutamente válido en la lucha contra la «dictadura madurista» y la defensa de la Constitución; dejando entrever, además, que ella cuenta con el ciento por ciento del apoyo del pueblo mientras el chavismo gobernante carece de un mínimo porcentaje de apoyo, lo que implica que -en un corto plazo, según el vaticinio de los expertos consultados en dichos medios- éste sería derrocado y reemplazado por un gobierno de verdaderos propósitos políticos democráticos, a la usanza de los existentes en Argentina o Brasil, por no mencionar los de Colombia y Estados Unidos, paradigmas de lo que debiera ser uno similar en este territorio bolivariano.

 

Por eso, estas personas (luciéndose ante las cámaras de sus amigos y periodistas) suponen y están convencidas que lo justo de esta lucha les permite echar mano de todos los recursos disponibles, sin importar que los mismos atenten contra la ley y causen la muerte de sus semejantes, muchos de ellos ajenos al escenario de confrontación política que se intenta generalizar.

 

Dicho comportamiento evidencia, sin duda, una psicopatía o idiocia, no obstante los títulos universitarios que algunas de estas personas puedan exhibir con justificado orgullo; lo cual es digno de estudio de parte de las diferentes ciencias sociales, sirviendo de base para un mejor entendimiento respecto a los motivos reales que impulsan la «resistencia» opositora. Cabe entender si el hecho de desnudarse y defecar en la vía pública, a la vista de todo el mundo, refleja o no algún tipo de daño cerebral o, sencillamente, es parte de un deseo largamente reprimido que, en las circunstancias actuales, pudo al final aflorar, liberando a sus protagonistas de una pesada carga emocional. También se podrá concluir, someramente, que se tenga la intención que entre los chavistas ocurra algo parecido; igualándose ambos bandos en un torneo de nunca acabar en cuanto a muestras de estupidez y de falta de valores, convirtiendo la convivencia y la tolerancia democráticas en una cuestión inexistente y despojada de significado alguno.

 

Posiblemente esto sea parte del mensaje que se le quiere transmitir a las nuevas generaciones, sin estimar sus eventuales consecuencias, en una tierra de nadie, donde -pese al orden jurídico vigente- toda inmoralidad, toda violencia terrorista y toda violación de los derechos humanos de quienes no comparten sus intereses y su ideología, es impunemente permitida. Para los ricos (y quienes ambicionan serlo), lo mismo que para la élite gobernante estadounidense, esto será lo mejor que suceda, en bien de sus respectivos intereses. ¿Qué relevancia tiene la matanza de unos «cuantos» demonios chavistas si la misma se produce en beneficio de su altruismo y su «fe» democrática?

 

Cosa semejante se hizo sin escándalo alguno (incluso de la jerarquía eclesiástica católica, convertida en un factor político innegable) en Alemania bajo el régimen nazi, en Italia con el fascismo, en España con Franco, su «caudillo por la gracia de dios» y en Chile, sometido -por voluntad del imperialismo gringo- al mando «benévolo» del general Pinochet. De este modo, cualquier tentativa de agresión física y de asesinato, independientemente de cuál sea la edad y la condición social de las víctimas (seleccionadas o al azar), la solicitud a gritos (y oída con suma atención en Washington) de una invasión militar yanqui que extermine de raíz al chavismo plebeyo; la destrucción deliberada de bienes públicos que benefician, principalmente, a los sectores populares de bajos recursos económicos; y las faltas a la moral y las buenas costumbres, tendrán un asidero, más que legal o legítimo, irreprochable. Todo sea -según su punto de vista- por la consecución de la paz, la libertad, la democracia y el derrocamiento final de la «dictadura madurista».-

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07/06/2017 12:08 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA NECESIDAD REVOLUCIONARIA DE LA DEMOCRACIA DIRECTA

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En la coyuntura actual de enfrentamiento y terrorismo alentada por grupos ultraderechistas en Venezuela, los revolucionarios tendrán que asumir como línea fundamental de combate la organización y la movilización revolucionaria del pueblo como pasos trascendentales que aceleren la praxis de la democracia directa por parte de los sectores populares. Se impone así, como agenda primordial de los distintos factores revolucionarios, la consolidación del poder constituyente del pueblo, a fin de que sea éste quien determine realmente la transformación estructural del vigente Estado burgués liberal, las nuevas relaciones de producción bajo una óptica postcapitalista y la evolución democrática del país, y no una minoría que nada más vele por sus propios intereses.

 

En medio de este escenario de agudización de confrontación política -predispuesto, primordialmente, por la dirigencia derechista-, tendrá que llevarse a cabo un debate abierto respecto al desarrollo, los alcances y las debilidades de la Revolución Bolivariana, con la intención de reorientar y reimpulsar el avance de las fuerzas revolucionarias populares en vez de continuar fortaleciendo, en algunos casos inconscientemente, el viejo modelo de Estado burgués liberal y el clientelismo político que lo obstruyen. Tal propuesta se enlaza con la necesidad de elevar la conciencia revolucionaria de los sectores populares, de modo que les sirva para desmantelar el acoso mediático y las apetencias de poder de los grupos apátridas y fascistas del país, lo mismo que la injerencia descarada del imperialismo gringo y de sus satélites internacionales en los asuntos internos venezolanos.

 

Al respecto, cabe decir que, independientemente de las previsiones gubernamentales, legítimas y normales en cualquiera nación del mundo, incluida la convocatoria hecha por Nicolás Maduro para una Asamblea Nacional Constituyente, son los diversos factores políticos y sociales de la Revolución los llamados a mantener un perfil vigilante y de lucha constante frente a la estrategia de desestabilización ejecutada por los grupos oligárquicos en Venezuela, ahora magnificada y rebotada simultáneamente por redes virtuales y demás medios de información, siendo esto último, por cierto, su principal soporte, ya que no cuenta con un masivo y decidido respaldo popular, como lo hacen ver a diario; pese a las innegables deficiencias presentes en muchas instituciones públicas.

 

Por consiguiente, se debe entender que el papel de los factores revolucionarios no sólo se refiere a simplemente salvaguardar la estabilidad del gobierno nacional y la existencia política del chavismo sino el de defender, en un primer plano, la soberanía nacional al estar la oposición aspirando y exhortando a que las tropas del Comando Sur de Estados Unidos le faciliten lo que no han conseguido con su sabotaje económico continuado, sus noticias falsas recicladas y sus incesantes violaciones al orden constitucional vigente, todo avalado por una Asamblea Nacional en desacato.

 

En un segundo plano, sin dejar de ser importante por ello, se requiere activar mayores mecanismos de participación y protagonismo de los sectores populares hasta lograr, en consecuencia, el ejercicio revolucionario de la democracia directa por parte de éstos, lo que definirá el carácter socialista del proyecto de transformación de la Revolución Bolivariana. Todo ello podrá iniciarse y obtenerse, a pesar de la autocensura y las limitaciones impuestas por algunos medios informativos privados a la difusión de noticias y declaraciones favorables al gobierno, a través de campañas divulgativas y foros públicos donde se dé a conocer cuáles son sus fuentes, sus instigadores y sus intereses reales.-

 

 

 

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07/06/2017 12:04 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA «MODA» FASCISTA Y EL SILENCIO DE LA VERDAD

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Hay una frase de Marcel Proust, plasmada en su obra «Sodoma y Gomorra», que bien podrá ilustrar la situación presente en Venezuela: «Sólo el mal hace observar y aprender, y permite descomponer los mecanismos que no conoceríamos si no fuera por él». De una forma que reconocemos simple, pero pertinente, ésta daría cuenta del carácter de los hechos violentos, presuntamente espontáneos, ocurridos en fechas recientes, con gente de la derecha que recurre sin remordimiento alguno al terrorismo y al asesinato como armas políticas.

 

Sin embargo, ello es obviado adrede por algunos responsables de la prensa nacional y extranjera, sin medir sus consecuencias, resaltando como absolutamente negativa y condenable la actuación seguida por los organismos de seguridad del Estado, cuyos integrantes -contrario a lo comúnmente observado en otras naciones del mundo- son víctimas de insultos, agresiones físicas y hasta de asesinatos; cosa muchas veces estimulado y celebrado por quienes se proponen acabar, a cualquier precio, con todo vestigio de la experiencia chavista en el país.

 

Esta tendencia se ha generalizado sin límites, reduciendo, soslayando y suavizando la crudeza de los acontecimientos suscitados, pese a la existencia de evidencias fotográficas y audiovisuales que la refutan.

 

Un balance serio en relación con la cobertura noticiosa del acontecer venezolano determinaría que un número abultado de medios dejó de ser imparcial y ahora actúa frontalmente como emisor de propaganda antichavista. Éstos emiten juicios de valor, lo que no solamente se transmite a través de titulares y calificativos aparentemente objetivos e inocuos, sino también mediante el uso de imágenes, mensajes y noticias que induzcan a creer que Venezuela es un caos total, envuelta en una atroz guerra civil. Ello bajo la advocación del derecho a la libre expresión que les asiste por vía constitucional.

 

Dicha situación rememora mucho el escenario previo a la guerra y limpieza étnica sufridas en la antigüa Yugoslavia y en Ruanda cuando los diferentes medios de información avivaron odios racistas y ultranacionalistas dormidos, lo que fuera sancionado por el Tribunal Penal Internacional, en el último caso, como responsabilidad intelectual directa de dueños y directivos de estos medios. Se observa un empeño diario en conformar las condiciones ideales para que caiga finalmente la «dictadura» chavista, desdeñándose la normativa constitucional que avala al gobierno actual como un gobierno legítimo, producto de un proceso electoral que fuera, además, supervisado por la comunidad internacional.

 

En este balance cabe incluir necesariamente la estrategia fraguada desde Washington para impedir la factibilidad de una verdadera revolución popular socialista que termine por afectar su hegemonía geopolítica; amenazada, asimismo, por Rusia y China, cuyas cuantiosas inversiones han traspasado sus antiguas áreas de influencia, rivalizando con el capital estadounidense. Este importante elemento, negado o puesto en duda por muchos de los patrocinadores de las acciones opositoras emprendidas, explicaría en una gran proporción el auge de las mismas, sustentadas mayormente a través de las redes virtuales y las grandes corporaciones mediáticas, cuestión que ha obstaculizado las iniciativas de diálogo de Nicolás Maduro para restablecer la paz y el orden constitucional.

 

En lo inmediato, en Venezuela se libra una verdadera guerra mediática donde la verdad es la primera víctima. Un elemento secundario y moldeado por medios prácticamente corporativizados que adoptan una línea editorial ostensiblemente hostil al gobierno, según los intereses opositores perseguidos.

 

En tal contexto, resulta adecuado citar lo dicho por la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, durante la 39 sesión del Comité de Información Pública de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas: «Con más frecuencia la libertad de expresión, la imparcialidad y la objetividad se sacrifican a la coyuntura política». Una «moda» fascista que conspira contra el logro de la paz y el respeto de la democracia como rasgos de una verdadera sociedad igualitaria, tolerante y pluralista.-

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07/06/2017 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA ILUSORIA EXISTENCIA DE UNA DERECHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

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Para evitar una mayor escalada de violencia que pueda revertirse en su contra, la dirigencia de la derecha democrática en Venezuela (si acaso existe) tendría que recapacitar y desmarcarse de los grupos violentos y fascistas que buscan aterrorizar a toda la población. No debería, por tanto, hacerse cómplice silenciosa de los desmanes cometidos por tales grupos, ya que de esta manera estaría estimulándolos para que continúen generando una reacción similar de parte del chavismo (ya no de los cuerpos de seguridad del Estado), envolviendo a todo el país en una situación lamentable, con víctimas de ambos bandos. Sin embargo, parece bastante ilusorio que semejante cosa ocurra, dado que desde hace tiempo los grupos más radicalizados (como Primero Justicia y Voluntad Popular) han sido los artífices y protagonistas principales de esta estrategia desestabilizadora, bendecidos y financiados, además, por la extrema derecha internacional.

 

Si diera señales de vida y de verdad estuviera interesada en defender la paz, la soberanía y la constitucionalidad de Venezuela, lo menos que podría avalar esta presunta oposición democrática es la destrucción nada espontánea de las edificaciones públicas, unidades de transporte de pasajeros, instituciones educativas y centros de salud, cuyos mayores beneficiarios son los sectores populares.

 

Si se le aceptara que su lucha es justa y democrática, tendría que exigírsele a los seguidores de este tipo de oposición que, en correspondencia con las banderas que enarbolan, adecuaran su lenguaje a la búsqueda real de soluciones ante la situación que denuncian, especialmente en lo concerniente al odio mostrado hacia los chavistas, con expresiones abiertamente racistas y homicidas. Esto implica, lógicamente, dejar de alimentar actitudes que predisponen un escenario de violencia, con lo cual solo estarían de acuerdo sicópatas y sociópatas.

 

En contraposición, a los chavistas, lo mismo que a los revolucionarios, les toca contribuir a que las medidas adoptadas por el gobierno nacional se concreten en beneficio del pueblo, condenando y denunciando todo aquello que sirva para justificar las acciones opositoras, tomando como primera referencia la gestión deficiente que puedan presentar algunas instituciones del Estado, sean éstas nacionales, regionales o municipales, y hacer todo lo posible porque se constituya y funcione un poder popular verdaderamente revolucionario e independiente, siendo éste capaz de marcar el rumbo en la transición hacia el socialismo.-

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07/06/2017 11:56 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

RAZONAR CON QUIEN NO RAZONA

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Con su violencia irracional de los últimos días, la oposición de derecha -estimulada por las diferentes empresas de la información, la jerarquía eclesiástica católica local y factores extranjeros interesados en incrementar los niveles de desestabilización del país- le demuestra una vez más al pueblo venezolano (como al resto del mundo sensato que observa) que al chavismo le será imposible razonar con quienes no entienden de razones ni están dispuestos a establecer y a respetar algún entendimiento mínimo posible entre ambos sectores, especialmente cuando todo lo negativo que es, piensa y hace lo atribuyen sin diferencia ni miramientos al gobierno y a sus seguidores, haciendo de la mentira una herramienta política cotidiana.

 

Esto desdice muchísimo de su pretendida vocación democrática y pacifista porque no se explica que se pueda lograr una paz y una democracia estables en Venezuela cuando quienes «protestan», aún siendo una minoría, fomentan terror, disturbios, odios y destrucción. ¿Acaso se puede calificar de demócratas a aquellos que desconocen adrede el orden constitucional y pretenden alterarlo para satisfacer sus propósitos particulares, lo que implica, además, despreciar -de un modo racista y clasista superlativo- a los sectores populares que representan la mayoría del país?

 

También vale preguntarse si es lícito y racional que algún «patriota» secunde la loca idea de una invasión armada foránea que destruya al país, únicamente porque no logra su meta «democrática» anhelada de obtener y usufructuar elitescamente el poder. ¿Será que amenazando sádicamente con matar a chavistas y a revolucionarios, como lo hacen saber los opositores a diario a través de las diferentes redes sociales, éstos le permitirán a los chavistas y a los revolucionarios que hagan también en su contra lo que actualmente hacen para tumbar al gobierno?

 

Si alguien osara responder afirmativamente estas interrogantes, sin darle oportunidad a la inteligencia, algo está definitivamente fuera de lugar, evidentemente, y constituye una invitación abierta para que se desencadene una confrontación de clases sociales en Venezuela, posiblemente más atroz que la producida en otras naciones y a lo que pudo ser el Caracazo en 1989.

 

En las circunstancias especiales por las que atraviesa este país, tiene que imponerse, forzosamente, la sensatez en vez de la intolerancia y el odio. Tanto el chavismo gobernante como la misma oposición de derecha tienen que asumir la responsabilidad compartida respecto a la situación de crisis que afecta por igual a todos los venezolanos. Ello no obvia que en medio de estas circunstancias especiales los sectores populares revolucionarios tengan que tomar plena conciencia también sobre la necesidad inmediata de organizarse de manera totalmente diferente y autónoma, contando con un programa revolucionario unitario que les permita llevar a cabo los cambios que se requieren para hacer posible la Revolución Socialista.

 

En relación con ello, los revolucionarios tendrán que deslindarse del reformismo dominante, responsable en gran medida del avance de la derecha y de los demás males que, de una u otra forma, han terminado por generalizarse, como el clientelismo político, la corrupción y la ineficacia gerencial de aquellos que integran el estamento gobernante. Logrado esto, los revolucionarios podrán cumplir con el papel que les corresponde, esto es, contribuir a que el pueblo ejerza realmente su soberanía y no sea más víctima de la manipulación de la demagogia acostumbrada de los dirigentes de la derecha como de aquellos que se dicen revolucionarios, pero que poco se diferencian de sus contendores por el control del poder constituido.-

 

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20/04/2017 14:14 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

TRUMP, DABIQ Y ARMAGEDÓN

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Finalmente, el gobierno de Estados Unidos decidió ejecutar un ataque aéreo directo en contra de Siria, en vez de continuar haciéndolo de forma no oficial, aduciendo que lo hacía como represalia al presunto uso de armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad para reprimir a la población civil que lo adversaría. Al mismo tiempo, hizo detonar lo que se ha calificado como la madre de todas las bombas (Massive Ordnance Air Blast - MOAB) en suelo afgano. Esto constituiría un plan largamente calculado, tratando de contener la injerencia de Rusia y, en un grado menor, de China en esta nación del Oriente Medio.

 

Para muchos analistas, dicha acción bélica implica el desencadenamiento de una guerra de mayores proporciones en la que combatirían, además de Estados Unidos y Rusia, Irán, Arabia Saudita (que mantiene una agresión militar desproporcionada contra Yemen, sin mucha objeción de la llamada comunidad internacional), e Israel, siendo éste el mayor beneficiario de este conflicto mundial en potencia, lo que le permitiría expandir sus actuales fronteras, liberarse de la existencia del pueblo ancestral de Palestina y ocupar el amplio territorio que formó el reino de David y, luego, de su hijo Salomón.

 

En su primera orden de tipo militar, Donald Trump alega que el ataque del martes 4 de abril en contra de la provincia rebelde de Idlib, aparentemente perpetrado con gas sarín, con el saldo trágico de más de 80 civiles muertos, le impulsó a “prevenir y disuadir el uso de armas químicas mortíferas es en el interés nacional de Estados Unidos”.

 

Lo que no se revela es que tal ataque coincide con la derrota en ascenso de sus mercenarios del Daesh, así como con el atentado terrorista en San Petersburgo, Rusia. Tampoco se dice que desde hace décadas, en Estados Unidos, la clase gobernante -la más fanática en sentido religioso- se trazó la meta de contribuir con el pronto advenimiento de la guerra de Armagedón prevista en la Biblia, por lo que sus promotores y soldados no sienten ningún remordimiento, dado que están haciendo lo programado hace miles de años por su dios y creador; cuestión paralela a lo pretendido por el Daesh con Dabiq, sitio éste donde habría la batalla final entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.

 

Sin embargo, la situación general en el conflicto sirio no resulta tan simple, combinándose elementos diversos en  el mismo, pero entre los cuales destaca el interés geopolítico del imperialismo gringo de control directo de los ricos yacimientos de hidrocarburos que allí se hallan, además de los pertenecientes a Irak y Libia.

 

Debiera llamar la atención que esto suceda cuando las fuerzas mercenarias del Daesh han tenido un importante repliegue del territorio sirio y la diplomacia rusa ha logrado cierto consenso respecto a la necesidad de un cese total de la guerra, ya que, de no lograrse en un corto plazo, sus consecuencias podrían manifestarse con creciente intensidad en las naciones europeas, gran parte de las cuales han respaldado, en diferentes niveles, los ataques a Siria.

 

La decisión de Trump no obedece a un hecho aislado ni está inspirada por una vocación justiciera, como se quiere hacer ver a través de las grandes corporaciones de la información, implantando matrices de opinión favorables a los planes desestabilizadores desarrollados en suelo sirio. Ello va más allá. Tiene como objetivo estratégico desplazar la presencia e influencia de Rusia y de cualquier otra potencia que represente una amenaza (cierta o eventual) para los intereses estadounidenses en una región que es vital para el estilo de vida capitalista de su población.

 

En todo caso, la agresión militar estadounidense a Siria no puede simplificarse ni observarse bajo los criterios manejados por la industria ideológica del imperialismo gringo. Hay que entender que sus efectos -de una u otra manera- se harán extensivos a todo el planeta, independientemente de si se origina o no, como en el siglo pasado, una nueva guerra de alcance global.-

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20/04/2017 14:10 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA LEGALIDAD TAMBIÉN SIRVE PARA SOCAVAR LA DEMOCRACIA

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La legalidad también sirve de instrumento para socavar y destruir los derechos democráticos de cualquier sociedad. Como sucediera a comienzos del siglo pasado en Italia y en Alemania bajo el nazi-fascismo, los ejemplos más emblemáticos de lo que puede hacer una élite usufructuaria del poder del Estado, al igual que en Sudáfrica, con su sistema de apartheid, e Israel con sus leyes arbitrarias en contra de los derechos y la existencia del pueblo ancestral de Palestina, el orden establecido se arropa de legalidad, aún cuando se haga evidente que vulnera e ignora los más elementales derechos ciudadanos, estén o no reflejados en las distintas leyes imperantes.

 

Algo semejante se presenta en diversas naciones del mundo, invocándose generalmente razones de seguridad del Estado, las cuales -tarde o temprano- le impondrán a los ciudadanos el sometimiento a un régimen policíaco-militar omnímodo y omnipresente que vigilará, de ser posible, hasta el más insignificante detalle de sus vidas; lo que pudiera percibirse sobre todo en Estados Unidos (recordemos la Ley Patriota) y Europa occidental, donde el terrorismo internacional es el leitmotiv que justifica las acciones emprendidas en este sentido por sus respectivos gobiernos.

 

Un primer paso en esta dirección es la instauración de medidas económicas que, supuestamente, tienen por objetivo recuperar la estabilidad del régimen económico y brindarle a toda la población mejoras en sus condiciones materiales de vida, por lo que ésta debiera resignarse a perder gran parte de sus derechos y beneficios disfrutados en función de los grandes intereses del sector financiero-empresarial, causante (¡vaya ironía!) de las crisis que mitigarían tales medidas.

 

De este modo, se induce a las personas (agobiadas por una cotidianidad sumamente difícil) a aceptar el manejo del poder por parte de las élites, inoculándoles la idea respecto a que los sectores populares son totalmente incapaces de ejercer exitosamente funciones de gobierno, por lo que sería recomendable dejar tan importante tarea en manos de quienes sí pueden lograrlo, a semejanza de Donald Trump y otros empresarios elegidos presidentes.

 

Cuando esto resulta infructuoso, entonces se recurre al bombardeo de falsas noticias que distorsionen la realidad de la nación, cuyo gobierno se trata de subordinar y derrocar; algo que ya probó su efectividad en naciones de Oriente Medio y que, pese a su intensidad creciente, no ha surtido los mismos efectos en nuestra Abya Yala, en los casos concretos de Bolivia, Ecuador y Venezuela, frenándose los propósitos desestabilizadores de los grupos oligárquicos que aspiran recuperar el control del poder constituido.

 

Sin embargo, en Paraguay, Honduras y Brasil los resultados fueron otros, utilizando recursos legales para destituir a sus presidentes, a pesar de las masivas manifestaciones en contra de lo que se ha denunciado, con mucha razón, como golpes parlamentarios; cuestión que se quiso repetir vanamente también en Venezuela. En todas estas circunstancias, con sus lógicas excepciones, los sectores populares conforman, básicamente, una masa pasiva y expectante, muchas veces objeto de manipulación, lo cual le permite a las clases dominantes alcanzar sus metas, alejándolas de cualquier posibilidad real de emprender y protagonizar una revolución de corte socialista o, por lo menos, de ampliar sus derechos democráticos.

 

No obstante, este panorama pudieran modificarlo sustancialmente los movimientos populares revolucionarios mediante una contraofensiva mediática que evite la propaganda y sirva para ilustrar al pueblo respecto a las intenciones ocultas de sus enemigos de clase, incluyendo a aquellos que, validos de una simbología y un discurso revolucionarios, terminan por ser más de lo mismo, convertidos -por obra y gracia del poder delegado por dicho pueblo- en unos nuevos burgueses, sólo interesados en preservar los privilegios obtenidos, nunca en hacer una verdadera revolución socialista, ssobre todo, si ésta supone invertir las relaciones de dominación habituales.-

 

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20/04/2017 14:05 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA OEA Y EL COLONIALISMO IDEOLÓGICO DE LA DERECHA

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Aplaudir, aspirar y compartir la posibilidad, inminente o no, de una injerencia extranjera más directa en los asuntos internos de Venezuela no sólo merece que se le condene desde todo punto de vista sino que debe resaltarse como una muestra evidente del colonialismo ideológico de quienes lo hacen.

 

El reconocimiento tácito del derecho imperial de Estados Unidos de imponer en nuestro país un gobierno a su gusto y medida descalifica de por sí cualquier gesto o acción de la oposición en su supuesta defensa de la democracia y de los derechos humanos, lo que se cae por su propio peso cuando, además, se favorecen hechos violentos que atentan contra la paz y la vida del pueblo venezolano. Esto es algo sumamente grave, sobre todo si se calculan las consecuencias de lo que algo así generaría en nuestro país, sin que el sector gubernamental o la MUD, juntos o por separado, tengan un control real de la situación desatada.

 

Por eso resulta absurda la fanfarria opositora respecto a que una eventual aplicación de la Carta Democrática Interamericana por parte de la OEA al gobierno de Venezuela será la culminación triunfal de su estrategia desestabilizadora, ya que, lejos de solucionar la crisis creada, causaría males mayores a los existentes en la actualidad. Si realmente hubiera suficiente voluntad y compromiso entre estos bandos políticos para solventar sus diferencias en función del bienestar colectivo, sin interferencias foráneas, hace tiempo lo habrían logrado, sin arriesgarse ambos a ser rebasados por el pueblo que afirman representar y defender.

 

Para los revolucionarios, esta sería una coyuntura ideal y oportuna para formular y poner en práctica una propuesta revolucionaria que de verdad profundice los cambios alcanzados hasta ahora y le permita al pueblo movilizado, como debe ser, asumir el papel de sujeto histórico de la transformación estructural de todo el orden social, económico, cultural y político vigente.-         

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20/04/2017 12:59 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

PALABRAS Y ACTITUDES QUE NO CUADRAN

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En general, la gente suele considerarse solidaria, pero sólo con aquellos que pueden devolverle el favor recibido. «Cristianos» (lo mismo que otros creyentes) que dicen amar a su dios, a quien no ven, pero matan, odian, insultan o menosprecian a sus semejantes, a los cuales sí pueden ver cada día, dotado de un rostro diferente. Sacerdotes y pastores que olvidan adrede la crítica de Jesucristo a escribas y fariseos, arrodillados devotamente ante el becerro de oro que les induce a olvidar su principal función religiosa.

 

Gobernantes que afirman ejercer sus cargos en favor de la soberanía y los intereses de los sectores populares, pero sucumben sin ninguna resistencia ante las tentaciones y exigencias de las élites. «Demócratas» que se esfuerzan en planificar y en lograr, por cualquier vía extralegal, incluso mediante el uso de la violencia, la caída de un gobierno legalmente constituido. «Patriotas» que reconocen tácitamente la tutela extranjera del país que proclaman defender, olvidando, por conveniencias personales, lo que representa y significa la soberanía nacional.

 

«Socialistas» (por no decir «revolucionarios») que predican un comportamiento fanáticamente anticapitalista, pero exhiben sin pudor alguno los mismos símbolos, aficiones y afán de lucro de la burguesía que suelen condenar en sus discursos. Militares y policías que se presentan a sí mismos como lo más inmaculado de la sociedad, pero no tienen ningún empacho en utilizar el rango de autoridad que se les delega para delinquir impunemente en todas las modalidades posibles. Jueces y fiscales que continúan aplicando una justicia clasista, movida por intereses políticos y sociales antes que por el saludable deseo de corregir y sancionar los delitos cometidos.

 

«Maestros» que limitan la inteligencia de sus estudiantes, armados de catecismos con que les obligan a obedecer y a actuar mecánicamente, sin que se les reconozca su derecho a cuestionar todo aquello que se le «enseña». Médicos que ven en sus pacientes algo ajeno a su sensibilidad humana, por lo que no dudan en aprovechar la ocasión que se les presenta de obtener mejores dividendos, sin importar que puedan contribuir a la recuperación de su salud. Periodistas, opinadores de oficio y empresarios de la información, cuya distorsión de la verdad los equipara con criminales de guerra, promoviendo odios irracionales con el fin de lograr beneficios personales.

 

Empresarios y «sindicalistas» que ondean sus banderas de triunfo a costa de la plusvalía generada por una masa uniforme de trabajadores, condenados a vender su fuerza de trabajo a cambio de salarios con los cuales reproducen la miseria en que «viven». Mujeres y hombres «feministas» que en sus hogares dan vida -a veces, de modo inconsciente- a los mismos patrones patriarcales que combaten. Padres y madres que manifiestan amar a sus hijos, pero que los arrojan irresponsablemente a la vida, sin dotarlos de los suficientes valores éticos y morales con que puedan enfrentar exitosamente las vicisitudes que les surjan diario. Hijos que lloran a sus padres y madres desaparecidos, pero que, vivos, jamás o escasamente supieron honrar dignamente.

 

Son palabras y actitudes que no cuadran. Ellas reflejan, sin mucho análisis científico, la crisis invisible (o invisibilizada) que recorre todo el espectro de la civilización en que nos desenvolvemos; así como también la necesidad -compartida o no- de cuestionarla y de transformarla radicalmente. Por el bien de todos, así suene para algunos ilusorio, desfasado o utópico.-

 

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20/04/2017 12:54 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

CUANDO LA VERDAD YA NO IMPORTA

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En la era actual, a millones de personas a nivel mundial poco les importa constatar el origen y veracidad de las informaciones que conocen a diario por vía de la prensa escrita, la radio, la televisión o las redes sociales existentes en Internet, tampoco interpretar los hechos que estas difunden, aun las más increíbles o absurdas. Esto ha dado origen a lo que muchos llaman falsa información, des-información o post verdad, coincidiendo en que ésta se ha convertido en una herramienta muy eficaz a la hora de descalificar a cualquier movimiento (político o social), persona o gobierno, según el parecer de los agentes imperialistas.

 

En este caso, la falsa información, des-información o post verdad cumple un propósito abiertamente desestabilizador contra gobiernos y naciones que son foco de la atención de los poderes hegemónicos, encabezados por el imperialismo gringo y sus acólitos de Europa occidental (agrupados en la OTAN), interesados en lograr el control de estos y utilizarlos en beneficio de su conglomerado de corporaciones globales capitalistas. Iraq, Afganistán, Libia y Siria han sido pasto de esta des-información -al igual que ha ocurrido con los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Venezuela-, señalándoseles de cometer toda clase de barbaridades, a fin de obtener el visto bueno de la opinión pública local e internacional para, luego, iniciar un ataque más frontal, esta vez de naturaleza militar. Mediante esta estrategia, se instigan coyunturas insostenibles y comportamientos completamente disociados que, pese a quitársele la máscara a las mentiras divulgadas, continuarán su curso, pues de lo que se trata es de justificar sus acciones, violentas o no, contra determinado régimen o país. 

 

Esto lo ha refrendado el nuevo gobierno de Estados Unidos al disponer la creación de un “Centro de Compromiso Global”, cuyo objetivo es tutelar, sincronizar y conjugar los esfuerzos del gobierno federal para reconocer, comprender, exponer y contrarrestar, en perfecta sincronización con sus aliados de la OTAN, toda la propaganda y desinformación emanada de parte de -potenciales o declarados- Estados enemigos, lo mismo que de actores sociales y políticos, que representen una amenaza a “sus intereses de seguridad nacional”. Con ello pretenden afectar a su favor la opinión y las emociones de los receptores de su mensaje, de una forma que Paul Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich nazi, o George Orwell, autor de la novela distópica “1984”, con su personaje del Big Brother (o Gran Hermano), jamás hubieran concebido en su momento la posibilidad de una perfeccionada y masiva manipulación mediática como la que se halla en curso.

 

Frente a ello, en su análisis “Homo Post-verdadero”, Rodrigo Fresán apunta que “las `masas silenciosas´ ya no hacen lo que se espera de ellas por lógica y tradición. Se actúa por reflejo y no por reflexión. Se dispara primero y se apunta después. Se comment(a) antes de informarse. Y el modo de informarse previamente pasa por lo no verificado ni autenticado, pero sí por lo más post-verdadero. Es decir: por lo más gracioso, ocurrente, loco, imprevisible. Por el rumor, el insulto, la descalificación, lo falso y lo chistoso y pesado antes que por lo certero y auténtico”. Dicha realidad, justamente, es un campo abonado para que los poderes fácticos logren -en distintos grados- sus objetivos de dominación y de manipulación, aun cuando muchos aleguen que sus decisiones y reacciones ante acontecimientos que apenas conocen sean independientes, no sujetas al control de ninguna industria ideológica. A ello se agrega el hecho que la plataforma tecnológica utilizada, en el caso específico de Internet, no se origina en las naciones que son blancos de esta manipulación, manteniendo al respecto una dependencia que constantemente conspira en su contra.-  

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20/04/2017 12:39 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA MUJER Y LA LUCHA POR SU AUTODETERMINACIÓN INTEGRAL

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Un rasgo (o conclusión) constante respecto al tema de la liberación de las mujeres es la convicción que esta no resulta suficiente con la obtención de algunos planos de igualdad -en lo laboral, lo académico, lo político y lo jurídico, entre otros también importantes- frente a su contraparte masculina. Esto podrá ampliarse aún más si consideramos que muchas veces esta lucha por la liberación de las mujeres no cuestiona en profundidad los fundamentos mismos del sistema que las oprime, no simplemente el machismo o patriarcado, lo que en las naciones periféricas del capitalismo se plasma en un contexto de miseria, de explotación laboral y de desigualdad social donde éstas llevan la peor parte, habitualmente convertidas -por diversidad de circunstancias- en sostenes de sus familias.

 

Dentro de esta perspectiva, durante los debates del Tercer Congreso de la Internacional Comunista, Lenin expone que “el derecho electoral no suprime la causa primordial de la servidumbre de la mujer en la familia y en la sociedad y no soluciona el problema de las relaciones entre ambos sexos. La igualdad no formal sino real de la mujer solo es posible bajo un régimen donde la mujer de la clase obrera sea la poseedora de sus instrumentos de producción y distribución, participe en su administración y tenga la obligación de trabajar en las mismas condiciones que todos los miembros de la sociedad trabajadora. En otros términos, esta igualdad sólo es realizable luego de la derrota del sistema capitalista y su reemplazo por las formas comunistas”. Algo que se concretará sin que surjan en el camino distintas dificultades y prejuicios, dada la enorme carga ideológica (reforzada en mayor o menor medida por los preceptos religiosos usuales) que dan cuenta de la minoridad de la mujer, situándola en un plano de subordinación e inferioridad respecto al hombre.

 

La lucha por la autodeterminación integral femenina adquiere de esta forma una perspectiva de clase, transformándose en parte esencial e insoslayable de la revolución socialista (o postcapitalista), apuntando a una ruptura con todos los paradigmas, usos y costumbres que sustentan el estado de sumisión al cual se ha condenado a la mujer a través de los siglos, incluso el comportamiento al que se han visto obligadas, de una u otra manera, a asumir en funciones que antes eran exclusividad de los hombres.

 

Ello pasa -y así habrá que entenderlo, sobre todo bajo la inspiración de los ideales revolucionarios socialistas- por cambiar el modo de pensar, lo mismo que la división de roles de acuerdo al sexo de cada quien, puesto que todo esto no es otra cosa que la reproducción inducida de las relaciones de poder existentes en el orden social burgués establecido, algo que muchas veces se obvia, pensando que todo dependerá automáticamente del mejoramiento de las condiciones materiales en que se viva.-  

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20/04/2017 12:32 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.


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