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CHÁVEZ, EL SOCIALISMO Y LA DIGNIFICACIÓN DE LOS EXCLUIDOS

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Durante los diversos regímenes adecos y copeyanos -a su modo, demócratas de altos quilates y fieles representantes de la soberanía popular- hubo en Venezuela una deuda social (y moral) que fue en aumento a medida que transcurría el tiempo, tapada en discursos de ocasión que únicamente servían para disfrazar la realidad del país ante los ojos del mundo, pero que se hacía evidente por doquier. Trabajadoras y trabajadores, sobre todo de áreas rurales, que no gozaban de mejoras socioeconómicas, ni del derecho a la libre sindicalización; niños y jóvenes sin mayores posibilidades ni estímulos para proseguir sus estudios y superar la pobreza en que se encontraban; familias hacinadas en casuchas, o ranchos, olvidados en zonas marginales desprovistas de los más elementales servicios públicos; pueblos aborígenes utilizados como recreación de turistas y objeto de estudio de antropólogos y otros científicos sociales para sus publicaciones y tesis de grado, aplicando, por cierto, patrones aprendidos en universidades del extranjero; cultores y tradiciones populares que, por su extracción popular, no eran valorados a la par de manifestaciones artístico-culturales de la llamada civilización occidental, siendo relegados a un segundo plano, a tal punto que se consideró inaceptable e inconcebible que el Teatro Teresa Carreño sirviera de escenario para alguna de sus presentaciones al público.

 

Todo esto contrastaba con el mito creado alrededor del Pacto de Punto Fijo y de la ilusión de armonía nutrida generosamente por el rentismo petrolero que le daba existencia al clientelismo político ejercido indistintamente por AD y COPEI hasta, aparentemente, 1998 cuando el Comandante Hugo Chávez es electo presidente de la república. Sin embargo, todavía el diagnóstico de la fenecida era puntofijista resultará incompleto si no se menciona la situación de exclusión, vulnerabilidad y abandono padecida por miles y/o millones de venezolanos y venezolanas con algún tipo de discapacidad o con diversidad funcional, algunos encerrados en sus casas, sin derecho a vivir con la dignidad que todo ser humano se merece siempre, lo que repercutía negativamente en su autoestima y en la de sus familiares, mientras otros se hallaban en la indigencia, a la merced de la buena voluntad de instituciones benéficas y de quienes se cruzaran por su camino, en muchas ocasiones de modo esporádico.

 

Gracias a la comprensión de su papel histórico como líder popular, a su sensibilidad humana y a su empeño por construir una alternativa socialista de nuevo tipo en Venezuela, el Presidente Chávez comenzó a liquidar esa vieja deuda social (y moral) largamente acumulada, dando nacimiento a Misiones sociales dirigidas a atender a cada grupo poblacional y cada situación que requiriese la atención puntual del Estado. En este marco, dándosele cumplimiento al artículo 81 de la Carta Magna, aquellas personas con alguna clase de discapacidad o necesidades especiales comienzan a experimentar un proceso continuo de dignificación, desde la sustitución de términos que ya de por sí les imponían una condición de sub-humanos o en segundo grado como, por ejemplo, el de inválidas, luego, el de minusválidas e incapacitadas hasta llegar a definirlas como personas con discapacidad, cambiándose la concepción que se tenía respecto a las mismas. Este mismo proceso -que se busca profundizar a través de la Misión José Gregorio Hernández- ha logrado la visibilización, la equiparación de oportunidades, la inclusión en el sistema educativo, las condiciones laborales apropiadas y la promoción de una formación acorde con las capacidades particulares de cada una de estas personas.

 

En la actualidad, una gran porción de este importante sector de la población ha sido dignificado, tiene presencia social, económica y política, es protagonista de su propio desarrollo integral y mantiene activo su respaldo permanente al proyecto de la Revolución Bolivariana, como lo viene demostrando desde hace años atrás hasta el presente. Todo esto dado que el propósito del socialismo bolivariano está encuadrado en una visión humanista, totalmente distinta a la comúnmente subrayada bajo el régimen capitalista, la cual excluye, explota y degrada a las personas, independientemente de si les amparan o no derechos inalienables, establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos o en la Constitución del país.-   

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07/09/2016 15:10 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA CRISIS DEL MODELO CIVILIZATORIO OCCIDENTAL

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Aminorar los efectos negativos de la pobreza, la violencia y el deterioro de la naturaleza se ha convertido en un objetivo primordial que se han trazado lograr por igual gobiernos y pueblos de todo el mundo. Unos porque es parte de sus funciones, en el caso de los gobiernos, y otros por simple instinto de supervivencia y deseos de preservar su cosmovisión y la vida en un sentido amplio, en el caso de los pueblos (especialmente los de Nuestra América). Los más conscientes de la situación crítica que asola al planeta, evidenciada en los desplomes económicos que han condenado a la miseria y al desempleo a millares de personas en muchas naciones, además del cambio climático que afecta y amenaza destruir el delicado equilibrio ecológico en todos los continentes, saben que todo ello es consecuencia directa del sistema de explotación, de desigualdad social y de depredación salvaje de los recursos naturales que define al capitalismo. Otros aún creen que solo bastaría con que los dueños del capital globalizado redujeran sus avideces de lucro y se preocuparan algo más por “humanizar” este sistema.    

 

El modelo civilizatorio occidental, por tanto,  se halla envuelto en una crisis que tiende a agudizarse, sin solución aparente a corto plazo. ¿Quién entonces podría refutar esta afirmación de manera concluyente, sin verse como alguien tocado por la irracionalidad y la autocomplacencia, además de la tradición positivista occidental impuesta por Europa y secundada por Estados Unidos, acostumbrados a pensar de una misma forma y en una misma orientación? Se hace imprescindible, por consiguiente, el surgimiento inaplazable de unos nuevos paradigmas culturales, sociales y económicos que tengan como rasgos destacados la interculturalidad, una filosofía de vida alejada de la lógica del capitalismo y un nuevo patrón de relaciones armónicas entre los seres humanos -y entre éstos y la naturaleza de la cual dependen- que sirvan como muro de contención a las ambiciones hegemónicas de los grandes centros de poder político y económico existentes.

 

El historiador de la Universidad de Harvard Niall Ferguson alega en el rotativo británico 'The Financial Times' que "el breve período de paz", tal como él describe al período entre 1991 y 2010, ha llegado a su fin. "Occidente obtuvo beneficios de la paz después de 1991. Los dilapidamos en una fiesta de dos décadas de consumo, estancamiento y especulación. Primero llegó la resaca financiera; ahora llega el ajuste de cuentas geopolítico. Lidiar con esta situación significará volver a aprender las artes de la gran estrategia y de la guerra", sostiene el ensayista en su columna. Esta circunstancia, un tanto imprevista o escasamente presagiada, ha conducido al mundo actual a un estado de guerra tácito, con posibilidades nada lejanas de recurrir al uso de armas nucleares, promovido principalmente por el imperialismo gringo en contra de todo país y de todo gobierno que considere es una amenaza a sus intereses geopolíticos y económicos. Por su parte, la Red Nuevo Paradigma señala que “desde 1492, el ‘desarrollo’ ha sido la más atractiva y ambigua idea galvanizando la atención de gobiernos, líderes y sociedades independiente de raza religión e ideología.  Su promesa de un progreso positivo, gradual, lineal y acumulativo se transformó en la fuente de esperanza de la humanidad en los últimos cinco siglos. Irónicamente, a pesar que las promesas hechas en su nombre nunca son cumplidas, los valores, conceptos, premisas, etc., creados para sostener dicha idea, todavía dominan el imaginario social de los pueblos, el repertorio semántico de los expertos y las estrategias retóricas de los discursos oficiales y alternativos en el Norte, Sur, Este y Oeste”.

 

En conjunto, ambos análisis dan cuenta de la crisis que atraviesa el modelo civilizatorio occidental. Los estallidos de protesta popular en diversas latitudes de la Tierra, enfrentando grupos variados la represión de los órganos de seguridad del Estado, así como la inestabilidad en el marco económico capitalista, son síntomas inequívocos de esta crisis a nivel general, lo que da pie para plantearse, con la debida seriedad y compromiso exigidos para lograrlo, el diseño de un amplio programa de contenido revolucionario que haga suyas las visiones de los distintos sectores sociales que confrontan, desde sus particulares trincheras de lucha, las acometidas del capital globalizado. No podrá, por tanto, suponerse que el Estado burgués liberal y el sistema capitalista resolverán los graves problemas brotados bajo su hegemonía, por lo que será necesario que los revolucionarios sepan asumir el nuevo desafío histórico que esto implica, dando nacimiento a un nuevo modelo civilizatorio centrado en las personas y el respeto a la naturaleza antes que en la satisfacción de la voracidad de las grandes corporaciones transnacionales del capitalismo neoliberal globalizado.-   

 

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07/09/2016 14:47 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA GENTE SABE

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Durante siglos, la larga historia de la humanidad (con sus diferencias étnicas, culturales y/o religiosas) ha oscilado entre padecer las normas arbitrarias de un régimen opresivo o, en vez de ello, luchar por alcanzar una emancipación real; lo cual -al no estar al tanto exactamente respecto al contexto en que cada acontecimiento tiene lugar- impulsa a muchos a considerar todo esto como una fatalidad insuperable. Hoy, esta percepción es estimulada a diario desde los grandes centros de poder hegemónicos, los mismos que, dueños de la banca y de los grandes medios de producción a escala internacional, hacen caer los mercados bursátiles y someten las economías de muchas naciones, a fin de incrementar, salvaguardar e imponer sus propios beneficios. Algo que viene intensificándose desde los años 80, cuando se impusiera el modelo capitalista neoliberal, y con un mayor énfasis desde la última década, llegándose a utilizar la fuerza militar para garantizar tal propósito, al igual que la influencia ejercida en los organismos multilaterales, tipo Banco Mundial o Fondo Monetario Internacional; de forma que toda la economía del planeta gire a su alrededor.

 

«La gente sabe -como bien lo desglosa Umberto Mazzei en un artículo suyo  titulado Aurora en Europa- que, si bien la tecnología y la globalización facilitan la producción y el comercio, los beneficios no se comparten con los empleados, sino se usan para aumentar el desempleo, desestabilizar puestos de trabajo y que enriquecen a los ricos. La gente sabe que la deuda pública emitida para mantener burbujas en los mercados financieros, disminuye el valor de los salarios, las pensiones y los activos tangibles del 99%. La gente sabe que la desregulación financiera y la inversión alargan la mano de los carteles empresariales. La gente sabe que el 1% quiere privatizar los servicios públicos -como educación o justicia- cuya eficiencia se mide por cobertura, para sacar provecho de ellos. La gente sabe que esas malas políticas pueden afirmarse, irreversiblemente, con acuerdos económicos internacionales”. La gente sabe todo esto y lo enfrenta aunque el resultado de sus luchas pareciera evaporarse en medio de acuerdos al nivel de elites (gubernamentales y económicas) que, a la final, restauran la situación denunciada y combatida, desconociendo las miserias y el gran malestar causados a los sectores populares. 

 

Al capitalismo neoliberal globalizado le interesa sobremanera que exista y se consolide una nueva forma de subjetividad entre las personas que, independientemente de cuáles sean las normas jurídicas, religiosas y/o institucionales que regulen su cotidianidad, resulte un elemento común en cada nación y en cada continente. A fin que esto sea factible, incita a cada humano a absorber valores hedonistas e individualistas (gracias al influjo de su industria ideológica y demás instrumentos doctrinarios a su servicio) y a alcanzar su máximo rendimiento y grado competitivo, convenciéndolo de sus potencialidades particulares, las cuales lo convertirán en un empresario de sí mismo, tal como se promueve a través de seminarios y otros medios. Con base en esta premisa, la realidad del mundo contemporáneo corrobora lo escrito en "La ideología alemana" por Carlos Marx hace más de cien años: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". De este modo, la clase dominante -transnacionalizada, puesto que ya no responde a los estereotipos conocidos- levanta muros visibles e invisibles que les impiden a las mayorías populares acceder a un mejor nivel de vida, muchas veces resignándose a la “mala suerte” que les ha correspondido sufrir e ilusionándose en cada proceso electoral con las ofertas oportunistas de los políticos de turno, ávidos de alcanzar y usufructuar el poder.

 

No obstante imperar esta circunstancia, estas mismas mayorías populares resisten, batallan y reclaman soluciones a sus problemas, lo que podría servir de punto de partida para que pasen a la ofensiva y asuman entonces un rol abiertamente revolucionario, planteándose -en consecuencia- una transformación estructural del modelo civilizatorio “occidental” vigente, como alternativa lógica frente al peligro inminente de destrucción masiva representado por el capitalismo globalizado, reemplazándolo subsiguientemente por uno más acorde con las aspiraciones comunes de un mayor grado de democracia, autodeterminación, soberanía, igualdad y redención social, en lugar de favorecer los intereses capitalistas de una minoría privilegiada; lo que tendría que verse entonces de una manera global y no de una manera únicamente aplicable fronteras adentro.-  

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31/08/2016 12:37 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LOS OLVIDADOS DE LA HUMANIDAD

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Víctima indirecta del antisemitismo y de cierto sesgo informativo a nivel mundial, sin justicia de parte de los organismos internacionales que, caso de la ONU, sólo de vez en cuando, esporádicamente, pareciera que sí les preocupara en algo, de verdad, la situación creada para luego voltear la mirada como si nada escandaloso ocurriera; sin leyes que les protejan como seres humanos, sin empatía y sin muestra alguna de humanidad de parte de sus agresores permanentes (por lo menos, hacia niños, adultos mayores y mujeres), y con la arbitrariedad perenne exhibida en su máximo grado, como lo atestiguan las detenciones de menores de edad y los asesinatos en masa perpetrados, desde hace más de medio siglo, mediante actos de guerra desproporcionados el Estado de Israel mantiene martirizado al pueblo de Palestina.

 

Dos elementos tergiversados afloran en esta realidad inhumana: por una parte, la negación sistemática de la igualdad de derechos que pesa sobre el pueblo palestino (equiparable a todo pueblo existente sobre la Tierra) y, por la otra, el rechazo legítimo de este mismo pueblo al colonialismo sionista, promovido y sostenido por las grandes potencias occidentales, particularmente por Estados Unidos.

 

Esto le ha permitido al régimen de Israel ignorar olímpicamente todas las resoluciones emanadas de la ONU en las cuales se proyecten el cese de toda violencia en los territorios ancestralmente ocupados por los palestinos, así como la devolución de aquellos territorios que, producto de las operaciones militares desplegadas desde 1948, viene ocupando Israel ilegalmente, desalojando brutalmente a familias enteras, sin disponer de una reubicación.

 

De esta manera, bajo la excusa propiciada a su medida por un tácito antisemitismo (o antijudaísmo), los sionistas más radicalizados del Estado de Israel han podido valerse del poderío de sus ejércitos para degradar la subsistencia de los palestinos. Contrario a esta percepción errada y manipulada por quienes favorecen el subimperialismo y expansionismo sionista en el Medio Oriente, Palestina y quienes respaldan su posición a nivel internacional sólo tratan de defender el derecho inalienable de los palestinos a existir como pueblo soberano, con respeto pleno a su integridad territorial y a su legado histórico-cultural; incluso, aceptando la existencia de Israel como Estado soberano.

 

Por ello, es importante hacer esta última acotación, dados los prejuicios divulgados y explotados por el sionismo a través de la gran industria ideológica asentada en Hollywood y replicados sin restricciones por las corporaciones televisivas y otros medios de información; justificando el derecho de conquista y la “autodefensa” que le asistiría, dadas las perversidades racistas que dispusiera el nazismo alemán en contra de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, lo que induce a subrayar que Israel no existiría entonces sino acaece el genocidio decretado por el régimen imperialista de Adolf Hitler.

 

En relación a esta temática, en su ensayo “Sionismo y antisemitismo, dos corrientes que se alimentan mutuamente”, Pierre Stambul refiere que “tanto los de izquierda como los de derecha propagan la misma fábula sobre la historia del judaísmo, olvidando incluso decir que una buena parte de las víctimas del genocidio no tenían nada que ver con su ideología y eran, a menudo, no creyentes. Para los sionistas, los judíos han sido, son y serán víctimas. Como resultado, son totalmente insensibles al dolor del otro o a la situación en la que se encuentra”.

 

Dicha fábula, sin embargo, ha tenido su costo reiterado en destrucción de poblaciones palestinas y vidas humanas, convirtiendo a los palestinos en los olvidados de la humanidad o, en el peor de los casos, en subhumanos o ciudadanos de segunda clase, despojados de todo derecho; algo en lo cual todos los revolucionarios, los pueblos y los gobiernos del mundo tendrían que coincidir en una misma causa de lucha y de solidaridad humana, emprendiendo acciones contundentes en favor de la vida, de la soberanía y de los derechos humanos del pueblo ancestral de Palestina.-

 

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31/08/2016 12:29 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL FASCISMO INEXISTENTE

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Se dice que la mayor habilidad de Satanás ha sido siempre la de hacerle creer a la mayoría de las personas que él no existe (complicando de alguna forma lo propio respecto al Dios de la cristiandad y del judaísmo). Esto mismo podría decirse de los grupos de la derecha que, con escasas diferencias, han surgido en los años recientes en la escena política de Nuestra América, conformando sin mucha dificultad lo que se ha dado en llamar, tomando en cuenta las características violentas, xenófobas y clasistas- como neofascismo, el cual -al igual que el emergido hace más de medio siglo en Italia y Alemania- tiende a mimetizarse mediante un discurso aparentemente democrático, pacifista y colmado de promesas de seguridad y de bienestar material para todos, pero que solo se orienta a la captación de la voluntad de las mayorías descontentas, ávidas éstas de disfrutar (sin mucho esfuerzo de su parte) de tales “bondades”. Tal como Arthur Rossemberg lo señalara en su obra El fascismo como movimiento de masas, “el fascismo no es más que una forma moderna de la contrarrevolución burguesa capitalista, disfrazada de movimiento popular”.

 

Así, aun cuando sean visibilizadas sus distintas atrocidades, el neofascismo (o fascismo) las endilgará a sus oponentes, a quienes responsabilizará en todo momento de las consecuencias de sus propias acciones, sean éstas represivas, de ser gobierno, o, de no serlo, como se estila en la actualidad política venezolana, implícitamente desestabilizadoras (siguiendo al pie del cañón el guión del golpe blando patrocinado por Estados Unidos). Este brote neofascista, por consiguiente, en Nuestra América no es casual. Coincide con la estrategia diseñada por los think tanks (o laboratorios de ideas) del Departamento de Estado, la CIA, el Pentágono y demás agencias u organismos de seguridad e inteligencia con que cuenta el imperialismo gringo, a los que se han sumado las cadenas empresariales de noticias y grupos de la derecha europea y latinoamericana; conjugados todos para combatir y derrotar los procesos emancipatorios surgidos al sur del río Bravo.

 

No obstante estos antecedentes, los gobiernos y los movimientos de tendencia revolucionaria poco han conseguido para evitar su avance, alterando la correlación de fuerzas a su favor. Unos, como en Argentina y Brasil, han dado paso a regímenes más inclinados a satisfacer los intereses del capitalismo neoliberal globalizado, abandonando los programas sociales que benefician a los sectores populares. Otros, como en Bolivia y Venezuela, han sufrido retrocesos favorables a los grupos conservadores; lo que hace que muchos anticipen una derrota inminente en cadena de todos estos procesos.

 

Pero ello no sería posible de no existir una ideología dominante que hace mella en la conciencia de quienes conforman las clases subordinadas, oprimidas y explotadas, ideología que es inculcada a través del tiempo por aquellas clases y fracciones de clases que son usufructuarias del orden establecido. “Los capitalistas no dominan el Estado sino por cuanto existen importantes sectores del pueblo que se consideran solidarios con su sistema y están dispuestos a trabajar para el capitalista, así como a votar y disparar a su favor, convencidos de que su propio interés exige el mantenimiento del orden económico capitalista”, nos dice el citado Rossemberg.

 

Esto vuelve la lucha revolucionaria en una empresa titánica y permanente que no solamente debe encauzarse a la conquista del poder político con intenciones de trascender el capitalismo, aplicando fórmulas reformistas que poco harán por transformar las distintas estructuras que soportan y caracterizan el modelo civilizatorio actual. Debe proyectarse igualmente a la consecución de una conciencia con nuevos valores, centrados en el bien común, el vivir bien y el respeto a la humanidad y a la naturaleza, incluso con una cosmogonía basada en la realidad histórica de nuestro continente hasta ahora subyugado; todo lo cual será producto de un esfuerzo colectivo y heterogéneo, de manera que sea posible la constitución de un modelo civilizatorio de nuevo tipo.-      

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31/08/2016 12:22 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

BANDERA BLANCA PARA COLOMBIA

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Con unos antecedentes de lucha armada que ya suma 68 años, con secuelas de todo tipo que afecta a la mayoría de su población, especialmente rural, Colombia se apresta -después de cuatro años de conversaciones- a decidir la aprobación o no de los acuerdos de paz discutidos y suscritos por el gobierno de Juan Manuel Santos y el directorio de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional de Colombia - Ejército Popular (FARC-EP). Temas cruciales como la amnistía de los guerrilleros, su futura participación política y reincorporación a la vida civil, al igual que la violencia en campos y ciudades que ha producido miles de asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos, de desplazados, de desaparecidos, de víctimas muchas veces ajenas al conflicto armado, y la realidad macabra impuesta por el narcotráfico y el paramilitarismo amparados por las clases dominantes; fueron debatidos en La Habana a fin de cristalizar las negociaciones de paz.

 

Sin embargo, tales negociaciones no transcurrieron sin tropiezos, destacándose la hostilidad mostrada por el ex presidente Álvaro Uribe y sus partidarios, tratando de impedir que el gobierno de Santos y las FARC-EP arribaran a consensos definitivos. Para los guerrilleros de las FARC-EP habrá la oportunidad de participar civilmente en el escenario político colombiano, organizando y movilizando a los sectores populares, de manera que exista la posibilidad concreta de arrebatarles el poder político a los sectores dominantes tradicionales, con un riesgo no descartado de correr una igual suerte que sus compatriotas de la Unión Patriótica; lo que exigiría derechos y garantías efectivas de parte del Estado para que esto no ocurra. Por su parte, Santos conseguiría, con la victoria del Sí en el plebiscito convocado, legitimar políticamente los diálogos sostenidos en Cuba, logrando cimentar su imagen como mandatario y líder político, sin que ello signifique un cambio de mentalidad de su parte respecto al orden existente.

 

En su análisis “La Guerra y la Paz en Colombia”, el periodista y filósofo Eduardo Rothe indica que “el largo proceso de desmantelar la guerra civil y sus causas, es para hoy y para mañana, trabajo para las jóvenes generaciones de militares y guerrilleros, para la juventud que trabaja y estudia, que hereda una paz difícil y una reconstrucción compleja. Pero el paso principal está dado porque el fin de la guerra ya no es un sueño inalcanzable. La idea y la voluntad de una paz posible forma parte del nuevo imaginario colectivo y es, por lo tanto, una realidad política que nace con dinámica propia”. Esto, entendiéndolo en un mayor contexto, representa una seria amenaza para quienes, desde el momento inmediato a la disolución de la República de Colombia, conformada por Nueva Granada, Quito y Venezuela bajo los auspicios unionistas del Libertador Simón Bolívar, han detentado habitualmente la hegemonía política y económica en este país, sometiendo a la explotación, la pobreza y la marginación a millones de sus conciudadanos.

 

“El problema de Colombia -escribe Gabriel Ángel, escritor y analista insurgente, en artículo titulado Los silencios de los verdaderos enemigos de la paz- es que hay una casta enquistada en el poder, ligada a los más sucios negocios y la más descarada corrupción, con redes nefastas en todas las instituciones, acostumbrada a solucionar todos los problemas por medio de la violencia, la guerra y el crimen”. Resulta, por tanto, complicado anticipar un cambio inmediato en la manera como estos grupos entienden que debe ser el funcionamiento de la política y del Estado, es decir, en beneficio de los intereses de una minoría y no de una amplia mayoría, como lo demanda la población colombiana en general. En el plano regional, el final del conflicto colombiano podría derivar en un incremento de la ofensiva imperialista gringa y sus aliados contra el gobierno de Venezuela, asegurada en cierta forma la paz social del vecino país y habida cuenta que algunos grupos paramilitares serían utilizados para promover violencia, terrorismo y desestabilización de este lado de la frontera, buscando completar -obtenido el éxito de la derecha local en naciones como Argentina y Brasil- el arrinconamiento y la liquidación de los gobiernos progresistas y/o de izquierda que surgieran entre finales del siglo 20 e inicios del presente siglo, lo que representó para las elites dominantes de Estados Unidos un revés que disminuyó considerablemente su papel hegemónico en esta parte del continente americano y que ahora procura revertir de un modo definitivo.-   

   

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24/08/2016 14:47 Homar Garcés #RyS. NUESTRA AMÉRICA No hay comentarios. Comentar.

EL “BIG BROTHER” NOS ACECHA

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Zbigniew Brzezinski, ex-consejero de Seguridad Nacional durante el mandato de James Carter, esbozó en su libro “Entre dos edades: El papel de Estados Unidos en la era tecnotrónica” (1971) que “la era tecnotrónica involucra la aparición gradual de una sociedad más controlada y dominada por una élite sin las restricciones de los valores tradicionales, por lo que pronto será posible asegurar la vigilancia casi continua sobre cada ciudadano y mantener al día los expedientes completos que contienen incluso la información más personal sobre el ciudadano, archivos que estarán sujetos a la recuperación instantánea de las autoridades”.

En consecuencia, de estarse encaminando el mundo contemporáneo a esta eventualidad nada imposible, se estaría presenciando la supresión de la democratización de internet, limitándose y censurándose la información compartida que circula por las diversas redes sociales existentes, gran parte de la cual (a excepción de algunas frivolidades) ha permitido que los pueblos adquieran una mejor conciencia respecto al contexto de opresión, desigualdad y explotación en que viven, rebelándose (individual y/o colectivamente) en contra de la historia, los enfoques y las versiones oficiales que ocultan verdades inconvenientes.

Lo que ya anticipara George Orwell en su conocida distopía “1984”, donde los seres humanos habitan un mundo controlado por un poder corporativo invisiblizado que los avasalla manteniéndolos en la más extremada estratificación social y subsistencia, al mismo tiempo que les exige una absoluta fidelidad “patriótica”, so pena de ser juzgados y ejecutados al transgredir, con su actitud, las normas del Estado, representado por el “Big Brother” omnipresente. Incluso, se ha planteado que - a semejanza de “1984”- el planeta sea regido por bloques de poder, los cuales estarían obligados a mantener un equilibrio geopolítico para impedir confrontaciones mayores entre los mismos.

En concordancia con lo anteriormente expuesto, “en el contexto de la confusión y sumisión de las conciencias -refiere Vicente Romano en su libro ‘La intoxicación lingüística. El uso perverso de la lengua’-, la manipulación se entiende como comunicación de los pocos orientada al dominio de los muchos. Se manipula cuando se producen deliberadamente mensajes que no concuerdan con la realidad social”. Con esta estratagema, los sectores dominantes se aseguran de conseguir la pasividad política de los sectores populares subordinados. Atendiendo a esto, la derecha neoliberal quiere desviar la atención respecto a los graves problemas originados por sus programas económicos hacia el logro de la eficacia, sorteando así el cotejo ideológico que podría dejar al desnudo sus verdaderos intereses.

Así que, en uno u otro sentido, las consignas repetitivas presentes en la sociedad orwelliana (“La guerra es la paz”, “La libertad es la esclavitud” y “La ignorancia es la fuerza”) estarían materializándose en el mundo de hoy; especialmente en Estados Unidos, a propósito de la Ley Patriota promulgada bajo el mandato de George W. Bush tras el derribo de las Torres del World Trade Center (Centro Mundial de Comercio) de Nueva York; amenazando con extenderse a otras naciones con la excusa de brindarle seguridad a una población que, eventualmente, sería blanco de los ataques del terrorismo, el cual -para mayor conveniencia de los sectores dominantes- resultaría ubicuo, pudiendo atribuírsele por igual a cualquier nación, gobierno o grupo que se resista a la hegemonía e intereses de los grandes centros de poder mundial.

A ello se agrega la compulsión de seudo-necesidades de bienes y servicios, algunos de los cuales se inscriben en este complot para dominar a poblaciones enteras, como lo es el uso de las redes sociales de internet, con acceso a infinidad de datos suministrados voluntariamente por las personas que se valen de las mismas.

Gracias a este suministro voluntario, los comandos estratégicos y las agencias de inteligencia de los grandes centros de poder mundial (mayormente, estadounidenses) tienen la ocasión de estudiar la idiosincrasia y tendencias seguidas de quienes se hallan conectados a dichas redes, proveyéndoles los datos necesarios para el estudio y la ejecución de cualquier plan de desestabilización que les asegure obtener los objetivos trazados, es decir, el resguardo firme de su rol hegemónico.

Por ello, no sería ilógico conjeturar que la humanidad -con sus prejuicios, miedos y manipulaciones de toda índole- esté comenzando a ser acechada por un “Big Brother” omnipresente, omnímodo y omnipotente, desprovisto de una fisonomía visible, contra el cual pareciera estrellarse fatídicamente toda pretensión de vida democrática y de libertades constitucionalmente garantizadas, si éstas no encajan en el marco de intereses políticos y económicos de los sectores dominantes; lo que exigiría de los sectores revolucionarios adquirir una mayor conciencia de la realidad del sistema-mundo en que vivimos y de los mecanismos alternativos que habría que poner en marcha para alcanzar, sin divisiones de clases ni lógica capitalista, un mejor modelo civilizatorio.- 

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17/08/2016 16:51 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

DONALD O HILARY, EL MISMO

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En ocasión de las precandidaturas presidenciales en Estados Unidos de Hilary Clinton, por el Partido Demócrata, y Donald Trump, por el Partido Republicano, muchos son los analistas que vaticinan un endurecimiento de la política imperialista e injerencista de este país, envolviéndolo en un eterno estado de guerra y en abierta confrontación con los poderes fácticos representados por Rusia y China, lo que desencadenaría el estallido de una nueva confrontación mundial que pondría a la humanidad al borde de su total destrucción; cuestión que no se podría poner en duda de antemano, dados los discursos y posiciones adoptados por cada uno de ellos.

Todo esto repercutiría, sin duda, de inmediato al sur de las fronteras estadounidenses, buscando mantener la hegemonía tradicionalmente ejercida sobre los países de Nuestra América, sobre todo cuando tal hegemonía fuera desafiada por experiencias revolucionarias y/o progresistas brotadas a finales del siglo XX y comienzos del presente.   

Para la geopolítica imperial de Estados Unidos es vital el control directo de las riquezas de las naciones de Nuestra América. Con tal propósito, sus diferentes gobiernos se han encargado de diseminar estratégicamente a lo largo y ancho del territorio americano un conjunto de bases militares; al mismo tiempo que ponen en práctica estrategias diversas de manipulación y de respaldo activo (político y económico) a los sectores de la derecha asociados a sus intereses.

Contando con estos últimos, Washington consiguió trastocar el rumbo seguido por gobiernos y pueblos de Nuestra América durante las más recientes décadas mediante la activación de instrumentos de guerra no convencional y golpes «blandos» (como los aplicados en Honduras, Paraguay y, más cercanamente en Brasil), focalizando su atención en Bolivia, Ecuador y Venezuela; logrando que Argentina y Brasil hayan vuelto a su órbita, a pesar de la resistencia mostrada en las calles por sus pueblos. Esto le ofrece al régimen imperialista la oportunidad de abrir brechas que deshagan todo el proceso de integración latinoamericana y caribeña adelantado en contra de su hegemonía.

Sin embargo, esta ambiciosa pretensión imperialista no parece seguir un curso lineal y acertado como se esperaba en Washington, especialmente en lo relacionado con Venezuela. “Lo cierto es que este Estados Unidos en etapa preelectoral -como lo expone Aram Aharonian en su artículo ‘Venezuela: Entre el colapso anunciado y la realidad de la calle’ - teme la posibilidad de un estallido en Venezuela, sobre todo porque la paz en la región no la puede garantizar nadie: ni el enclenque gobierno interino brasileño ni el del “gerente” Mauricio Macri, de Argentina, preocupados por eventuales estallidos en sus propios países. EEUU no está en condiciones, tampoco, de afrontar otra zona de conflicto como la de Medio Oriente o la de África”.

Estas aprehensiones imperiales nacen de la factibilidad (nada descartable) de no poder controlar una situación que suscitaría una rebelión popular generalizada que podría, incluso, envolver a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en Venezuela; sin que haya un centro de mando único con el cual pactar algún tipo de gobernabilidad con que se restablezca el orden interno y, eventualmente, el aseguramiento del poder por parte de los sectores de la derecha.

Bajo tal circunstancia, el imperialismo gringo estará mejor dispuesto a emplear otros mecanismos para lograr la caída de Maduro, quizás ofreciendo acuerdos con garantías que animen al chavismo gobernante a salir del país y a facilitar un régimen de transición que restablezca el sistema de democracia representativa tan de su gusto; cuestión que le obligaría a fijar su atención en dirigentes opositores con una menor inclinación hacia el extremismo político mostrado por otros (ansiosos de desatar un baño de sangre, al estilo Daesh, para acabar con todo vestigio chavista y revolucionario).

Para las estructuras hegemónicas de poder de Estados Unidos, el plan fundamental continuará siendo el mismo, a excepción de sus tácticas, como lo ha hecho respecto a Cuba (a pesar del bloqueo económico, las agresiones y las amenazas yanquis durante más de cincuenta años consecutivos).

Esto debiera servir para prever escenarios. Amerita el diseño y puesta en marcha de un plan de acciones conjuntas que apunten al logro de verdaderos cambios revolucionarios. Por consiguiente, la lucha tendrá que apuntar a la construcción de un nuevo modelo civilizatorio, de unas nuevas relaciones de poder y de unas nuevas relaciones de producción; independientemente del “cambio” imperial encarnado por Donald Trump e Hilary Clinton-. 

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16/08/2016 18:41 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LOS PLANES IMPERIALISTAS Y LAS NUEVAS REVOLUCIONES

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“Golpes blandos”, “rebeliones populares”, “revoluciones de colores” y campañas de desinformación a gran escala son los elementos distintivos de los planes de desestabilización aplicados por el imperialismo gringo y sus aliados de la derecha en gran parte del mundo, ya sea en Oriente Medio, Europa del este o, más cercanamente, en Nuestra América; todos con un objetivo único: destruir toda posibilidad de independencia en cada uno de los países, cuyos gobiernos considera Washington como una amenaza inusual y extraordinaria a sus intereses.

Para cumplir esta meta, han sido útiles tanto los métodos convencionales (establecidos en leyes y constituciones) como aquellos que son, llanamente, crímenes políticos (aunque terminen siendo disfrazados por sus perpetradores e instigadores, resaltando la situación particular venezolana).

¿Qué ha supuesto todo esto para la estabilidad democrática de todos los países, ya sean aliados o estén “enfrentados” a Estados Unidos? En principio, un mayor clima de tensiones internas y externas. En este último caso, con Rusia y China, potencias que Estados Unidos tiene señalados en su agenda como sus principales rivales, sin dejar de lado a Irán, país al cual no deja de amagar de vez en cuando, lo mismo que a Corea del Norte. Sin embargo, la Casa Blanca se cuida de no incrementarlo, limitándose a proceder con tácticas que no lleguen a mayores consecuencias, pero actuando libremente en aquellas naciones que estima inferiores militarmente y, por tanto, más vulnerables a sus eventuales ataques.

Esto quizás se vea con una mayor preocupación del lado de Europa y Japón donde los Comandos Estratégicos (o Combatientes) gringos mantienen una presencia bélica más activa y amenazante, mientras que en la región del Oriente Medio -con Israel, Turquía y el Daesh sirviéndoles de apoyo en sus operaciones- existen circunstancias diferentes, luego de invadirse a Afganistán, Iraq y, últimamente, Siria (en esta última, contenidos por la determinación combinada de rusos y chinos).

Nuestra América, considerada desde siglos como el patio trasero de Estados Unidos, no escapa a tales planes. La mayoría de sus naciones son escenarios de un injerencismo yanqui nada disimulado, estimulado y legitimado desde las grandes cadenas noticiosas, pasando por alto el derecho a la autodeterminación y la voluntad de nuestros pueblos; procurando así acabar con las corrientes revolucionarias socialistas de nuevo signo que surgieran como reacción al neoliberalismo económico de finales del siglo pasado, con la perspectiva de poder cambiar el cariz de simples proveedores de materias primas que se les asignara en función de la división internacional del trabajo instaurada por el sistema capitalista, en un estado de dependencia casi absoluto.

De ahí que cualquier proyecto revolucionario serio que se trace el objetivo de la transformación estructural del modelo civilizatorio imperante, más allá de una mera participación electoral, tendrá que lidiar -inevitablemente- con dicha realidad y desechar de antemano la probabilidad de obtener concesiones en un ambiente ideal de paz social, lo cual sólo se producirá mediante una nueva conciencia, una vasta organización democrática (de índole horizontal) y una autonomía económico-productiva real de parte de los sectores populares revolucionarios, incluso, a pesar de no contar éstos con espacios del poder constituido en qué apoyarse.

Además, dicho proyecto revolucionario no deberá pasar por alto que el imperialismo gringo (y sus adláteres locales) tiene en mira aprovecharse del desdibujamiento creciente de las diferencias entre izquierda y derecha, promoviendo opciones aparentemente prácticas y eficaces para solventar los diversos problemas que aquejan a nuestros pueblos, -aunque tendrá que distinguirse que, al hablar de esta izquierda, se alude a la socialdemocracia y, en cuanto a la derecha, sería más exactamente el neoliberalismo- lo que coadyuvaría a hacer desaparecer, también las contradicciones de clase existentes y, por consiguiente, a neutralizar las protestas y las luchas sociales.-  

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08/07/2016 17:21 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

CUANDO LA DERECHA SE HACE SUBVERSIVA

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La derecha comenzó a hacerse subversiva -si le es aplicable el término- a partir de su tardía comprensión de la realidad que venía suscitando mediante la hegemonía creada, sustentada y legalizada por sus gobiernos representativos, de acuerdo a la lógica capitalista y las estructuras vigentes del Estado burgués liberal.

 

Al ocurrir el ascenso de gobiernos antineoliberales de signo progresista y/o izquierdista, cundió el espanto entre muchos miembros de las clases dominantes -antes apátridas o indiferentes a participar directamente en el escenario político, pero ahora animadas a defender a cualquier costo sus privilegios, sobre todo de tipo económico, ante el avance sostenido de los sectores populares por acceder a mejores niveles de vida- lo cual coincidió con las preocupaciones tempranas de Washington (estancado en su guerra contra Iraq y Afganistán) frente a las muestras crecientes de independencia y de antiimperialismo de tales gobiernos, respaldados, por si fuera poco, por un amplio porcentaje de la población. Todo esto comenzó a configurar una situación transformadora que los más optimistas entrevieron como una situación revolucionaria de corte socialista.

 

Esto último hizo que diferentes organizaciones e individualidades de izquierda se adhirieran de inmediato a dichos gobiernos, quizás confiando demasiado en orientarlos e influir en sus decisiones, pasando por alto que mucho de lo logrado, o por lograrse, estaría limitado por el Estado burgués liberal vigente, en un primer momento, y por el régimen económico capitalista, aun cuando se respetase éste en esencia. Algo que luego (algunos) advirtieron como irreal e ingenuo, dado su carácter reformista, a pesar del discurso “revolucionario” de sus nuevos representantes.

 

Sin embargo, otros continuaron junto a los mismos, conformándose con únicamente compartir, de algún modo, cualquier cuota de poder que se les permitiera. Ahora que la realidad económica y política se halla aparentemente en reversa, ampliando las perspectivas de restauración de los sectores de la derecha, muchos revolucionarios están reevaluando, con criterios más objetivos, la experiencia común vivida por los pueblos de Nuestra América, especialmente en Venezuela, tendiendo puentes con organizaciones e individualidades dispuestas a reimpulsar el auge logrado por las luchas populares durante las dos últimas décadas, pero esta vez buscando alejarse -sin excluir del todo su posibilidad- de los parámetros electorales habituales (campo éste propicio para que los reformistas y los aprovechadores de oficio desvirtúen cualquiera intención revolucionaria).

 

Incluso, en este mismo proceso de reevaluación, destaca la propuesta de racionalizar la revolución y el socialismo sin los dogmatismos dados a luz en otras latitudes y épocas, sin que ello signifique desechar absolutamente los aportes teóricos de sus principales representantes, ya que muchos podrían servir para el despeje de algunas interrogantes respecto a cómo sería su implementación y consolidación.

 

El problema a resolver sería el hecho que una mayoría de los sectores populares todavía responde a una cultura política basada, principalmente, en la demagogia y el clientelismo representados por muchos dirigentes, algo que, en vez de superarse, fue reforzado por algunos gobiernos de la región (fundamentalmente, locales), dejándose a un lado un necesario proceso de politización social, como lo reconociera de manera autocrítica el Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera; dedicándose a preservar los espacios del poder constituido logrados.

 

Resolverlo será una cuestión de vital importancia para el futuro de la revolución, lo que implicará disponer de una alta capacidad para el debate ideológico y político, para aceptar el ejercicio ineludible de la crítica y de la autocrítica, además de recurrir y poner en práctica una teoría creadora que se esparza desde lo macro hasta lo micro de la cotidianidad que vivamos y queramos todos vivir; lo que supondrá -sin duda- un salto cualitativo respecto a la concepción que se tiene de la revolución en términos socialistas.

 

Ello contribuiría a que el socialismo sea la alternativa con que se pueda trascender al socialismo, en oposición al capitalismo, a sus patrones de desigualdad y de discriminación sociales, de dependencia económica, de explotación y de otros aspectos negativos derivados del mismo (en lo político, lo cultural, lo espiritual, lo geopolítico, lo ecológico) que caracterizan al mundo contemporáneo.- 

 

 

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07/07/2016 11:47 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN FRENTE A LA ENAJENACIÓN MEDIÁTICA

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Enajenadas por la industria ideológica al servicio de los grandes intereses hegemónicos a nivel mundial, muchas personas se hacen eco -de forma no pocas veces de manera involuntaria y/o automática- de las matrices de opinión que moldean a diario sus acciones, sus palabras y sus pensamientos, creyendo que lo hacen como respuesta de su libre albedrío. De ahí que las guerras y los conflictos internos de algunas naciones sean observados y calificados en atención a tales intereses, legitimándolos aún en contra de sus creencias más arraigadas. Gracias a esta habilidad manipuladora de la realidad, tienden a reducirse los grados de antagonismo existentes entre los sectores populares y los sectores acostumbrados a subyugarlos social, económica, cultural y políticamente, en un proceso reactivo subjetivo -previamente inducido- frente a cualquiera coyuntura que se viva, como acontece con la situación crítica de desabastecimiento y de bloqueo económico presente en Venezuela desde hace tres años.

 

Gracias al acceso a Internet, da lo mismo extasiarse y compartir fotografías o grabaciones de torturas y asesinatos de infortunados a manos de militares, policías, narcotraficantes, paramilitares o hampa común, que hacer lo mismo con alguna situación cómica. Este tipo de socialización de la comunicación ha terminado por banalizar cualquier tema de interés general, aceptándose incluso cualquier rumor o mentira como una verdad inapelable, lo que para algunas personas sonará desquiciado e inaceptable, a pesar de las muchas evidencias que se le presenten. En el peor de los casos, como ocurre en Estados Unidos y parte de Europa, el precio de la libertad es la vigilancia ejercida por los diversos organismos de inteligencia del Estado, obligando a los ciudadanos a sacrificar sus derechos más elementales en función de la seguridad que éste pueda brindarle ante un enemigo potencial, interno o externo.

 

Randolph Hearst, periodista, editor, publicista, empresario, inversionista, político y magnate de la prensa estadounidense, quien descubrió la importancia de la mentira para reforzar sus dividendos y resguardar intereses políticos, jamás encubrió el menosprecio que sentía por la población que consumía sus mentiras a través de su cadena de periódicos. Su máxima era simple y clara: "Nadie ha perdido dinero invirtiendo en la poca inteligencia de los lectores". El mundo contemporáneo ve sin mucho estupor cómo esta máxima de Hearst se extiende por todas partes, a tal grado que Paul Joseph Goebbels, el ministro para la ilustración pública y propaganda de la Alemania nazi, queda plenamente reivindicado por quienes en la actualidad se encargan de mantenernos bien “informados”.

 

En contraste, «la actividad ideológica revolucionaria no puede ser esquemática o dogmática -como lo señala Fabián Escalona en La guerra sicológica y la lucha ideológica- y debe conocer cuáles son los ejes de la guerra sicológica para, en consecuencia, tenerlas en cuenta en su accionar que, por supuesto, persigue objetivos más abarcadores, en tanto expone las ideas sociales más avanzadas de nuestra era. Para ello será necesario que se apoye en nuestros medios de comunicación, las organizaciones políticas y de masas, canales insustituibles para dialogar con el pueblo, persuadir y convencer acerca de nuestras verdades y razones».

 

Persuadidos de la importancia de la comunicación a todos los niveles para impulsar y orientar la lucha popular, los movimientos revolucionarios tienen ante sí la responsabilidad inmediata de neutralizar la guerra sicológica diseñada y puesta en práctica por los centros de poder hegemónicos, ya que -de no hacerlo- se corre el riesgo de perder toda posibilidad de vencer sus pretensiones, ya sea a corto o a largo plazo.

 

En su artículo «La falsificación de El Caracazo como nuevo método golpista», Bruno Sgarzini explica que «precisamente en América Latina es donde este modelo se encuentra en plena sofisticación para intentar darle el interesado carácter popular al golpe, ya no con la variante de manitos blancas sino con movimientos como en el que Brasil irrumpió en 2013 con una supuesta protesta espontánea contra la suba de pasajes, que terminó por ser el inicio de un complejo e imbricado proceso golpista contra Dilma Rousseff».

 

Precisamente, la derecha ha entendido que puede revertir el avance revolucionario de los pueblos con una tergiversación continuada de experiencias históricas y, últimamente, de conceptos que pudieran reforzar las posiciones de las fuerzas revolucionarias. Es por eso que existe una sincronización -casi perfecta- de la derecha para mantener a flote sus matrices de opinión, contando para ello con los avances en materia comunicacional; lo que exige de una mayor creatividad y asertividad de parte de los movimientos revolucionarios para defender sus propuestas y alterar a su favor la correlación de fuerzas existente, pero sobre todo develarle al pueblo la realidad que hará totalmente posible su verdadera emancipación.-   

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07/07/2016 11:38 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA RECOMPOSICIÓN IMPERIAL SOBRE NUESTRA AMÉRICA

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Al margen de todo razonamiento ideológico que lo justifique a plenitud, Estados Unidos inició y mantiene una militarización generalizada en todo el continente americano bajo la excusa, primero, de la guerra contra las drogas y, posteriormente, contra el terrorismo internacional. No obstante, la propaganda a su favor no ha podido evitar establecer una relación entre la guerra contra las drogas y la escalada de violencia que se vive en cada país involucrado en la misma, además del alto consumo de drogas que se produce en el mismo territorio estadounidense.

 

Con ello, el imperialismo gringo ha ido conformando en Nuestra América un colonialismo sin territorialidad, contando con el beneplácito de algunos gobiernos confabulados con sus intereses económicos, ideológicos y geopolíticos. Además, en la actualidad, se observa cómo Estados Unidos -en un ejercicio de malabarismo legal para eludir cualquier tipo de acusación respecto a la violación de sus propias leyes, especialmente en materia de derechos humanos- le ha permitido a sus grandes corporaciones transnacionales contar con ejércitos privados, autorizados para supervisar y perpetrar operaciones militares en reemplazo de sus tropas regulares; todo lo cual procura minimizar el impacto que esto podría causar entre la opinión pública interna.

 

Este sería el gran paso a dar por el imperialismo gringo para ejercer un dominio indiscutible en toda Nuestra América, salvada las situaciones planteadas por los gobiernos progresistas y/o izquierdistas surgidos, principalmente, en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela, los cuales dieran muestras de independencia y, de uno u otro modo, deshicieron los propósitos hegemonistas estadounidenses contemplados en el ALCA, formulando en su lugar la creación de organismos multilaterales (ALBA-TCP, CELAC, UNASUR) que incluyeran sólo a naciones caribeñas y latinoamericanas.

 

Controlado nuestro continente, Estados Unidos extendería su autoridad imperial al resto de los continentes, utilizando todos los recursos a su disposición, sean éstos militares, diplomáticos o económicos, como ya lo ha hecho y aspira hacerlo exitosamente respecto a China y Rusia; integrando con sus aliados europeos de la OTAN lo que ya algunos denominan un imperialismo colectivo, destinado a gobernar el planeta entero, sin la existencia de mecanismos arbitrales independientes que cuestionen y sancionen sus actuaciones en contra de gobiernos y pueblos, como ocurre con la ONU y, más cercanamente, la OEA.   

 

En este sentido, como lo reseña Juan Pérez Ventura, “la idea de un gobierno mundial controlado por una pequeña élite financiera y económica es cada vez más aceptada por la sociedad. Con la última crisis económica se ha puesto en evidencia que no son los gobiernos los que controlan los países, sino organismos de rango superior a los propios ministros y presidentes. Las decisiones que se toman en cualquier país parecen estar continuamente influenciadas (directa o indirectamente) por entidades como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC)… etc. Entidades cuyos líderes no han sido elegidos por la ciudadanía y, por lo tanto, están tomando decisiones decisivas sin legitimidad democrática”. Para ello, explotan en su provecho el estado de incertidumbre y de indefensión en que se encuentra un porcentaje creciente de la población -ocasionado, entre otras cosas, por el ciclo de militarización (interna y externa), de ofensiva contra diversas regiones del mundo y las crisis económico-financieras protagonizadas y estimuladas periódicamente por las grandes corporaciones transnacionales- induciendo de esa manera la necesidad de elegir gobiernos más identificados con sus líneas económicas neoliberales y conformados, esencialmente, por funcionarios extraídos de sus nóminas; asegurándose de esta manera que sus inversiones no corran ningún riesgo a manos de gobernantes progresistas, nacionalistas y/o izquierdistas, respaldados por los sectores populares.

 

En el caso de la recomposición imperial proyectada por Estados Unidos sobre Nuestra América, hará falta que se comprenda la necesidad perentoria de configurar amplios movimientos sociales y políticos revolucionarios decididos a luchar por el establecimiento de un nuevo modelo civilizatorio, a articular acciones de integración efectivas y a frenar, colectivamente, los procesos contra-revolucionarios actuales.-

  

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07/07/2016 11:29 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL MAYOR ESCOLLO DE LOS REVOLUCIONARIOS

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La influencia ejercida por la industria ideológica, el monopolio del saber, y la propiedad privada de los grandes medios de producción constituye, básicamente, el mayor escollo estructural con el que se tropezarán los revolucionarios para la realización y la consolidación de un nuevo modelo civilizatorio, cuyo eje central sea la emancipación integral de todas las personas. A fin de demoler esta difícil realidad, será preciso que las nuevas formas asociativas de producción que surjan (llámense mutualistas, colectivistas y/o comunistas), como también aquellas de origen particular, tiendan a romper -de raíz- la división jerárquica del trabajo y la concepción económica individualista impuestas por el sistema capitalista; todo lo cual tendría que ser acompañado, necesariamente, por la adopción de una nueva conciencia, (individual y colectiva) que se refleje también en el establecimiento de nuevas relaciones de poder que reduzcan la dicotomía entre gobernantes y gobernados, e impongan, por tanto, la práctica de una democracia consejista y directa. Esto obliga, por supuesto, sin concesiones ni excusas que la impidan o posterguen, a una redefinición de algunos conceptos relacionados con las nuevas realidades por conformar.

 

Así, el poder, la política y el Estado (lo mismo que la espiritualidad, la cultura, la economía y otros elementos que podrían abarcarse sin menoscabar el propósito central trazado) tendrían que observarse y comprenderse bajo la luz de nuevos paradigmas, todos ellos como resultado de la acción y de la revisión constante de organizaciones políticas revolucionarias de nuevo tipo. No se trataría de recurrir (como algunos proponen y muchos siguen mecánicamente) al uso de fórmulas desgastadas, cuyo objetivo es paliar la crisis por la que atraviesan el capitalismo y el Estado burgués liberal vigentes, todas ellas transitorias, que no erradicarían, por muchos esfuerzos que se hagan, las verdaderas causas que la originan, dando lugar -por ende- a su eventual resurgimiento; crisis que además, vale decirlo, es expresión visible de una profunda crisis civilizatoria.

 

Bajo este entendimiento, René Zavaleta nos dice en su libro «La autodeterminación de las masas», siguiendo a Carlos Marx, que «el modo de producción de la vida material determina (Bedingen) el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de éstos, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. […] Se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, todo el inmenso edificio erigido sobre ella».

 

Por ello, conceptos como la "selección natural" y la "lucha por la vida", convertidos ahora en dogmas económicos por obra y gracia de la dictadura corporativa que trata de dominar todo el escenario económico mundial, conspiran contra la posibilidad cierta de transformar radicalmente el modelo de civilización actual, según la visión de los sectores populares explotados, oprimidos y marginados de todo nuestro planeta. Esto evidencia el alto grado de manipulación ideológica desarrollado por los centros hegemónicos corporativos, de lo cual da cuenta Juan Pérez Ventura, Director de la web ‘El Orden Mundial en el S.XXI’, en su artículo ‘El club Bilderberg’, al afirmar que "la idea de un gobierno mundial controlado por una pequeña élite financiera y económica es cada vez más aceptada por la sociedad. Con la última crisis económica se ha puesto en evidencia que no son los gobiernos los que controlan los países, sino organismos de rango superior a los propios ministros y presidentes. Las decisiones que se toman en cualquier país parecen estar continuamente influenciadas (directa o indirectamente) por entidades como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC)… etc. Entidades cuyos líderes no han sido elegidos por la ciudadanía, y por lo tanto están tomando decisiones decisivas sin legitimidad democrática".

 

Esto obliga a los revolucionarios a producir alternativas que oscilen entre lo electoral y el ejercicio de poder territorial y hegemónico a manos de los sectores populares organizados, esto último sin que haya dependencia alguna respecto al Estado, dada su configuración burgués liberal, lo que se combatirá y erradicará, de modo que resulte factible la democracia consejista y directa. Por eso, cabe esperar que los revolucionarios usen su arsenal teórico, ausculten debidamente la realidad social y elaboren, lo más comprensiblemente posible, propuestas viables a ser asumidas y concretadas de manera constituyente por los sectores populares organizados, superando los límites, las contradicciones y los obstáculos que cercenan sus aspiraciones largamente excluidas y postergadas; además del escollo estructural, para lograr la revolución.-

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07/07/2016 11:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DE MASA ABSTRACTA A PUEBLO CONSCIENTE

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Gran parte de la derecha en Venezuela, considera a los sectores populares (en una amplia proporción, seguidores y sustentadores principales del proyecto revolucionario bolivariano) una masa abstracta, manipulable e incapaz de entender y de protagonizar el más sencillo avance en la construcción de un nuevo modelo democrático en el país, hasta el colmo de convertir a estos últimos en víctimas de ataques de todo tipo racista; negándoseles, incluso, la dignidad a la que tienen derecho. Algo que no les preocupa en modo alguno. Al contrario, se enorgullecen mucho del desprecio que sienten hacia los mismos, en una especie de sádica competencia por hacer ver -vía redes sociales- que sus mensajes fascistoides son los más virulentos de todos (especialmente, los dirigidos a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello u otro representante destacado del chavismo gobernante); equiparándose con ello a sus patrocinadores extranjeros. 

 

En contraste, los sectores populares han dado un viraje ideológico y político muy importante, abandonando los patrones de sumisión y de apatía a que fueran habituados por más de medio siglo. Sin embargo, esto no significa que hayan dejado de ser objeto, como en el pasado, del oportunismo, la corrupción y la demagogia de aquellos que ambicionan convertirse en sus gobernantes. No obstante, dicha situación podría subsanarse mediante la aplicación de nuevos modelos de interpretación y de comprensión de la realidad venezolana, lográndose conjugar en un mismo esfuerzo y en un mismo proyecto político a los amplios conjuntos de proletarios y sectores sociales como vía para enfrentar y frenar el avance de la derecha capitalista.

 

Ello sería, a grandes rasgos, emprender una lucha constante contra la ineluctabilidad de la historia, la misma historia que legitimó durante siglos el poder sacrosanto de las clases dominantes y que les hizo sentir a los sectores populares que nunca serían capaces de asumir la construcción de su propio destino democrático, condenados -como se daba por descontado- a vivir una condición de minusvalía permanente. Sin embargo, la realidad forjada en las últimas décadas facilita la ocasión de dar nacimiento a nuevas formas de autodeterminación social, desestabilizando seriamente el orden establecido a favor de las amplias mayorías.

 

A diferencia de los sectores dominantes tradicionales, al nivel de los sectores populares, el ideal de democracia siempre ha estado asociado al ejercicio soberano de la democracia directa, a la participación autónoma en una asamblea popular y a la toma de decisiones políticas mediante discusiones abiertas, como expresión de la voluntad general. Sin embargo, los sectores dominantes lograron inculcarle su ideología, haciéndoles ver que serían incapaces de una democracia de este tipo y, por lo tanto, que sería imprescindible delegar en unos representantes electos el manejo del Estado, instaurándose en consecuencia la democracia representativa; con lo que aseguraban su hegemonía como clase social, generando igualmente relaciones de subordinación, garantizadas mayormente a través del clientelismo político. 

 

En esta importante coyuntura definitoria a favor de la estabilidad democrática de las naciones de Nuestra América, le tocará a los sectores populares de Venezuela actuar como verdadero poder popular organizado, con la determinación y conciencia que se requieren para reducir -hasta su más mínima expresión- los ejes de conflictividad social que tratan de explotar la derecha y el imperialismo gringo en su provecho. Tal cosa podrá lograrse disponiendo de suficiente comprensión y voluntad política, al mismo tiempo que se ataca -sin darle tregua alguna- al burocratismo exagerado e inoperante presente en la mayoría de las instituciones públicas. Con esto, además, las organizaciones populares dejarían de funcionar como simples correas de transmisión de algunos gobiernos y serían capaces de constituir sus propios espacios autogestionarios; construyendo, por consiguiente, una verdadera revolución social que trascienda el modelo civilizatorio imperante.

 

Para ello, es sumamente importante la incorporación de cuadros revolucionarios que sepan interpretar adecuadamente el momento histórico actual y antepongan los intereses colectivos a los suyos y a los de su partido político, sin dejar de lado la lucha que aún tendrá que librarse contra los planes desestabilizadores de una oposición francamente apátrida y, por supuesto, contra aquellos que tenga en agenda el imperialismo gringo.-


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07/07/2016 11:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA CONFIANZA DEL CHAVISMO Y EL ROL REVOLUCIONARIO

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Quienes no asumen la Revolución como un asunto vital y permanente siempre serán presas de las dudas, las inconsistencias, los resentimientos y las traiciones. Nadie que cultive su conciencia revolucionaria con verdaderos sentimientos de amor por la humanidad, como lo afirmara el Che Guevara, con suma perseverancia y una práctica revolucionaria sometida a un perfeccionamiento diario que implique superar la enajenación capitalista, jamás será doblegado durante el cumplimiento de su compromiso emancipatorio, por muchas decepciones y tentaciones que se le presenten en el camino.

 Ciertamente, para aquellos que únicamente vieron en el proyecto revolucionario bolivariano una oportunidad de oro para su ascenso social y económico estas palabras suenan huecas y carecen de algún valor moral substancial; cuestión entendible y que debiera motivar un cambio de actitud entre las bases chavistas que avalan su «liderazgo»; haciéndose responsables de la construcción real de su rol protagónico y participativo, de una forma completamente independiente y decidida. De ahí que se requiera interpretar y reinterpretar adecuadamente todo lo logrado y no logrado en nombre de la revolución bolivariana y del chavismo, buscando -en un primer momento- recuperar el hegemonismo popular inicial y trazar unas nuevas líneas de acción que permitan renovar los objetivos nacidos al calor de las luchas populares.

 Cambiado el escenario, no se puede intentar mantener el mismo ritmo seguido por Chávez. Si se atendiera a los supuestos puntos fuertes de la estrategia de los grupos opositores, se deduciría que éstos se afincan en lo que le es ya conocido, empalmado básicamente al funcionamiento institucional del Estado burgués liberal, el mismo al cual tuvieron libre acceso por muchos años. Así, en tanto el chavismo gobernante -con Hugo Chávez a la cabeza- pudo emprender una redistribución más equitativa de la riqueza generada por los excedentes petroleros y satisfacer la enorme deuda social largamente acumulada, los sectores populares pudieron resistir todas las maniobras manipuladoras de la oposición de derecha, a tal punto que revirtieron exitosamente y sin violencia el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, obligando, de paso, a la FANB a pronunciarse favorablemente por la reinstalación de Chávez en la Presidencia.

No obstante, lo que le sirvió a Chávez para obtener triunfos electorales adicionales, se convirtió, por distintas vías, en el principal talón de Aquiles del chavismo, a pesar de la prédica constante del Comandante para que sus seguidores comprendieran la necesidad histórica de trascender de manera simultánea el marco capitalista (a través de un desarrollo endógeno que se sustentara en la propiedad comunal y/o social) y la institucionalidad burgués liberal (a través de la activación de nuevas formas democráticas de organización popular); todo lo cual degeneró en un clientelismo y en un pragmatismo políticos que apuntalaron «liderazgos» basados, generalmente, en la demagogia y la corrupción más desvergonzadas, cerrándosele el paso a verdaderos revolucionarios.

Esto obliga a promover, en el caso específico de los revolucionarios, alternativas que oscilen entre lo electoral y el ejercicio de un poder territorial y hegemónico a manos de los sectores populares organizados, sin que exista dependencia alguna respecto al Estado, dada su configuración burgués liberal, lo que se combatirá y erradicará, de modo que resulte viable la democracia consejista y directa. Por tanto, de comprenderse la gravedad (aún no extrema) por la que atraviesa el proceso revolucionario, los chavistas cumplirían un mejor papel que el de contentarse con usufructuar el poder, confiando en la providencialidad de un incremento sostenido de los precios del petróleo, en el respaldo cautivo de una vasta cantidad de venezolanas y venezolanos, y en la torpeza de la dirigencia antichavista para mantenerse unida en un solo frente. Esta confianza del chavismo resulta, por demás, inusual, ilógica y excesiva, suponiendo que su razón de ser es hacer una revolución socialista inspirada en el ideario de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora.

Pero, fuera de ello, cabe esperar que los revolucionarios hagan uso de su arsenal teórico y lo plasmen, lo más inmediatamente posible, en propuestas potenciales que sean adoptadas y concretadas de forma constituyente por los sectores populares organizados, superando decididamente los límites, las contradicciones y los obstáculos que cercenan sus aspiraciones largamente excluidas y postergadas.-


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04/07/2016 16:28 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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