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LA SOCIALIZACIÓN DEL PODER Y LA EMANCIPACIÓN POPULAR

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El control absoluto del Estado no garantiza el éxito y la trascendencia (o dimensión) histórica de una revolución. De ello da cuenta una variedad de experiencias suscitadas en el transcurso de la historia humana, olvidando, en muchos casos, lo que determinara el Che Guevara respecto a que “para la Revolución se necesita pasión y audacia en gran dosis”. Pasión y audacia que contribuyan, cuando están guiadas por ideales firmemente establecidos, en hacer realidad la evolución y la consolidación -en gran medida, de manera sostenida- de los propósitos democráticos e igualitarios enarbolados.


Ambos elementos son, por tanto, harto necesarios para que tenga lugar una transformación estructural real del Estado, en un primer y decisivo momento, y posteriormente, el establecimiento de unos nuevos paradigmas sociales y políticos que den nacimiento, a su vez, a una conciencia y a una conducta que resulten efectivamente revolucionarias y nuevas. Ello no sucederá producto del voluntarismo y del pragmatismo, como alguna gente aún lo sigue creyendo, confiando en que esto será suficiente para la conformación de un bloque histórico, integrado básicamente por los sectores populares y que tenga por objetivo, en consecuencia, el reemplazo radical del modelo civilizatorio imperante. Se obvia -por interés o simple ignorancia- la cotidianidad creada entre las clases subordinadas por siglos de alienación, aculturación y dependencia inducida, la cual configura, por así decirlo, el primer elemento conspirativo contra todo cambio revolucionario que se pretenda al responder a la ideología de los sectores dominantes tradicionales.


Por consiguiente, la socialización del poder político entraña conquistar también la democracia en el orden económico. Sin ella, sería trunca la emancipación de los sectores populares. Mientras se viva esta transición entre el viejo modelo de Estado y de sociedad y aquel que lo reemplazará de forma definitiva, será preciso combinar la coacción y el consenso a favor de los intereses, las aspiraciones y las necesidades de las grandes mayorías, sin que esto suponga el aniquilamiento o la restricción de las libertades individuales, ya que instituiría la negación del carácter emancipatorio de cualquier proceso de transformación realmente democrático.

 

De esta forma, la influencia y los intereses populares prevalecerán tanto en lo que atañe al funcionamiento estricto de las diferentes instituciones del Estado que surjan (o se reformen) como en lo que atañe al régimen de propiedad y de producción capitalista se refiere. Algo que no se puede, ni se debe, acometer por separado, del mismo modo como ocurre en la actualidad bajo la hegemonía de los sectores oligárquicos. Es, pues, lógico e inevitable que toda transformación estructural (o radical, como algunos lo prefieren) deba manifestarse en el orden político y en lo económico, sin dejar de lado lo social y lo cultural, alterando -en este último caso- su vigencia, dada su función (o efectos) de disciplinamiento y adoctrinamiento colectivos que se expresa, generalmente, a favor de las clases dominantes.

 

Como lo resume Javier Biardeau en su escrito “Democracia socialista o socialismo burocrático”, publicado en 2010, “pensar la revolución implica revolucionar el pensamiento desde nuevas hipótesis estratégicas, apertura a lo intempestivo en el pensamiento, desorden instituyente contra las falsas seguridades, en fin ruptura de dogmas sacrosantos, de creencias ciegamente establecidas. Se trata de ideas revolucionarias, no de creencias revolucionarias. La revolución no avanza desde un marxismo religioso sino desde la demolición de viejas estructuras y construcción de nuevos espacios de liberación.” Semejante ruptura no debe ser condicionada ni acomodada por una minoría, aun cuando ella se muestre como representante del pueblo.

 

En momentos en que las demandas sociales exceden la capacidad de respuestas por parte del Estado, el esfuerzo creativo, instituyente y constituyente (o soberano) de las personas (colectiva e individualmente) deben orientarse a la búsqueda de caminos propios en materia de organización política y de eficacia social. Tiene que recurrirse, por ejemplo, a lo predicado durante más de diez años en Venezuela en relación con el papel determinante que debe cumplir el poder popular organizado para profundizar el ejercicio de la democracia participativa y producir, en consecuencia, los cambios revolucionarios todavía pendientes; cuestión que exige, además, adjudicarse el compromiso con un proyecto creíble de país y una claridad política para llegar a comprender que se impone la obligación de trascender cuanto antes, gústenos o no, el marco de civilización predominante.-  

 

 

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23/11/2017 12:03 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA COYUNTURA ACTUAL Y LA POTENCIALIDAD DE LA LUCHA POPULAR EN VENEZUELA

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Apartando lo hecho por los grupos de la oposición para tumbar al gobierno, asesorados, financiados y apoyados mediáticamente por el imperialismo gringo y sus aliados -algo que salta a la vista sin tanto detalle-, con todo lo acontecido hasta ahora en Venezuela (o, en la óptica de algunos, muy a pesar de ello) es inobjetable que cada día se percibe que algo no cuadra con el discurso (repetitivo y vacuo, muchas veces) de la dirigencia gobernante y la realidad crítica del país. Que algo, sencillamente, no funciona del todo bien en las diferentes estructuras del Estado, que en el partido mayor del chavismo (y con mayor razón en los partidos políticos de la derecha) siguen vigentes los arcaicos esquemas y vicios adeco-copeyanos, que la cacareada “revolución” únicamente ha servido de oportuno y eficaz trampolín para que un reducido grupo de “vivos” (políticos, empresarios y militares, mimetizados en un común objetivo) sea el beneficiario directo y casi permanente de todo aquello que se derive de la detentación del poder.

 

Esto explicaría -en un sentido general, sin muchos pormenores- el deterioro de la hegemonía chavista, todavía campante, sin duda, pero con unos flancos débiles -producto de todo lo anteriormente señalado- que han permitido el avance (balbuciente) de la derecha y el surgimiento (incipiente) de otras opciones realmente revolucionarias, algunas reivindicando el ideario bolivariano, otras a Hugo Chávez y, en muchos casos, marcando distancia respecto a éste y a sus sucesores en el ejercicio del poder. De ahí que -tanto chavismo como oposición, dueños y señores, en apariencia, del escenario político nacional, se muestren interesados en desviar el foco de atención de los sectores populares en relación con las verdaderas causas estructurales y coyunturales que han propiciado la asfixiante situación actual venezolana.

 

Esto explica (también en parte y sin profundizar) el por qué, ante los mismos problemas y las mismas necesidades, las reacciones y las actitudes de las venezolanas y los venezolanos difieren ostensiblemente entre sí. En ocasiones, de protesta y movilización, activando las alarmas en los operadores políticos del gobierno. Otras veces, de silente resignación (reforzando el estado de pasividad moral y política inducido por los grupos oligárquicos del pasado) cuando lo que debiera elevarse y concretarse es la potencialidad mostrada por los sectores populares para romper con las estructuras de dominación aún imperantes y darle espacio abierto a la práctica creadora de la democracia participativa y protagónica, de manera que ésta se transforme -de manera permanente- en democracia directa.

 

Repitiendo lo dicho en alguna oportunidad por el comandante guerrillero Douglas Bravo, “el desafío es, pues, la ruptura en el plano teórico y práctico con los conceptos que atrapan y domestican a las revoluciones, impidiéndoles trascender el marco de la civilización capitalista; es el de la ruptura con los mecanismos internos de funcionamiento que caracterizan a la vieja organización, los partidos políticos tradicionales y la ruptura con el tipo de relación que establecen éstos con las fuerzas sociales del cambio”.

 

Dicho desafío -haciendo uso de los diferentes mecanismos legales existentes, aun cuando se dude de su posible eficacia- podrá emprenderse y rendir sus frutos, primeramente actuando de modo realista, eludiendo la eventualidad de ser cooptados sus activadores por el sistema vigente. Luego, plasmando en un programa las diferentes propuestas que surjan, reelaborándolo a medida que el mismo se concrete, sin desvirtuar sus objetivos fundamentales. A su favor, se halla la evolución política observada en los mismos sectores populares a los cuales se dirige, un elemento que beneficia las condiciones requeridas para llevarlo a cabo.

 

Innegablemente, cambiar por completo lo que tiene lugar ahora en Venezuela no será una tarea fácil, ni podrá ejecutarse exitosamente en un corto plazo, sin la participación efectiva y soberana del pueblo. Sin embargo, ello amerita su inicio cuanto antes.

 

Hará falta incitar entre el pueblo, de forma sostenida y retroalimentada, la propaganda, la agitación y la organización autónoma que le permita lograr una caracterización mejor definida del papel histórico que le corresponde asumir en la presente coyuntura; elevando la potencialidad de la lucha popular y, por consiguiente, de lo que entendemos por democracia participativa y protagónica.-  

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23/11/2017 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

AMAZON LOG 2017, EL ENSAYO DE INVASIÓN DE UNA “AMÉRICA UNIDA”

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Bajo la excusa de realizar el control de la migración ilegal, la asistencia humanitaria, mediaciones de paz, lucha contra el narcotráfico internacional y la protección del ambiente, Amazon Log, el más reciente de los ejercicios militares conjuntos ejecutados por las fuerzas armadas del imperialismo gringo en Sudamérica (ubicado en la ciudad de Tabatinga, fronteriza con Leticia, en Colombia, y con Santa Rosa, en Perú), tiene por epicentro el amplio territorio de la Amazonía.

 

Previamente, durante el transcurso de 2017, los estrategas del Comando Sur han desplegado sus tropas en ejercicios militares en la jurisdicción territorial de las islas de Barbados, de Trinidad y Tobago, el espacio aéreo de Colombia, y las costas de Chile y del Perú, en lo que muchos han interpretado como preparativos para una intervención directa -respaldada por los gobiernos conservadores o derechistas de la región- en los asuntos internos venezolanos, al mismo tiempo que se logra la restauración de la hegemonía perdida (o disminuida) en las dos últimas décadas por Estados Unidos; acentuando su presencia militar en el continente.

 

Si existe alguna duda al respecto, habría que recordar que entre el 23 y 24 de agosto del presente año, se llevó a cabo en Lima una reunión bajo la tutela del comandante general del Comando Sur, Kurt Tidd, con jefes militares provenientes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, Perú y Uruguay, cuyos regímenes son manifiestamente injerencistas y contrarios al gobierno venezolano, donde se fijaron nuevas estrategias para "enfrentar amenazas militares" y "atender" la crisis creada en Venezuela en estos últimos cuatro años; lo que se enlazaría con las amenazas proferidas por el presidente Donald Trump.

 

La conformación de una fuerza militar multiestatal, dirigida por el Comando Sur estadounidense, se comenzó a concebir en Estados Unidos desde la época del gobierno de George H. W. Bush (entre 1989 y 1993), lo que obligaría a los países al sur del río Bravo a desmantelar sus fuerzas armadas nacionales y limitarlas a un papel estrictamente policiaco; confiando en que ninguna otra potencia -extinta ya la URSS- habría de disputarle su dominio sobre el planeta. Ahora, con una situación geopolítica en la cual resalta la influencia creciente de Rusia y China, el imperialismo gringo vuelve su mirada hacia Nuestra América a fin de asegurar el control de sus mercados nacionales y el suministro seguro (y exclusivo) de sus materias primas estratégicas.

 

Al respecto, se debe recapitular también que el primer asomo de lo que sería luego el uso habitual de la guerra por parte del sistema capitalista global, abanderado por Estados Unidos, tuvo lugar en Afganistán en 2001, teniendo como chivos expiatorios a los talibanes y como oportuno telón de fondo la sospechosa implosión de las Torres Gemelas de Nueva York.

 

Después los escenarios se trasladarán -en un orden aparentemente aleatorio- a Iraq, Libia y Siria, perfeccionándose en cada uno los planes militares ideados por el Pentágono, junto con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), además de las acciones cumplidas por las diferentes agencias de inteligencia estadounidenses, cuya novedad más notoria es la contratación de ejércitos profesionales privados (con mercenarios de distintos orígenes), encargados de las tareas que no podrían asumir, sin consecuencias legales, de acuerdo a lo contemplado en la Convención de Ginebra, sus tropas regulares.

 

Para Estados Unidos, lo mismo que para el resto del mundo capitalista, tanto el cambio climático como la escasez de agua representan una seria amenaza a sus estándares de vida material, por lo que sus grandes corporaciones transnacionales se han expandido a diferentes regiones que se caracterizan por su biodiversidad y la abundancia de recursos naturales.

 

Por consiguiente, para el capitalismo corporativo global se hace imperativo que hayan regímenes democráticos de excepción con los cuales puedan asegurar sus intereses económicos y controlar y minimizar las diversas luchas sociales (sobre todo, de índole laboral) que socaven el desarrollo de sus iniciativas empresariales y la obtención invariable de ganancias.

 

La merma creciente de la supremacía económica euro-estadounidense tendrá como uno de sus transcendentales resultados que Europa y Estados Unidos (agrupados en la OTAN, con poder de veto en la ONU y bastante influencia en el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio y el Banco Mundial) dejarían de comportarse, en un futuro no lejano, como los grandes gendarmes “democráticos” de la Tierra, apuntando al establecimiento indisputable de un unilateralismo globalizador.-

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09/11/2017 11:57 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

A CIEN AÑOS DE UN «FRACASO» QUE ILUMINÓ AL MUNDO

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Muchos ignoran (a veces por gusto propio) lo que pocos quieren que se sepa y se divulgue entre los sectores populares (detalles, desarrollo y consecuencias históricas) respecto al mayor acontecimiento de repercusión mundial que tuvo lugar en la antigua y semifeudal Rusia de los Zares a comienzos del siglo XX: la Revolución Bolchevique y el surgimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas bajo el liderazgo de Vladimir Illich Uliánov, mejor conocido como Lenin.

 

Posición que es compartida, de un modo u otro, por algunos (aunque el porcentaje resulte todavía mayor) que se reconocen a sí mismos como revolucionarios, marxista-leninistas o, sencillamente, socialistas. Y todo por un simple motivo: la Revolución Bolchevique -tras la fallida experiencia revolucionaria de la Comuna de París- elevó la potencialidad que los sectores populares tienen la suficiente capacidad de ejercer autónomamente el poder y de suprimir radicalmente toda estructura política, social y económica que legitimara la explotación capitalista de los trabajadores y la diferenciación de clases sociales.

 

En lo que se ha catalogado como su Testamento político. Lenin, en una nota del 26 de diciembre de 1922, enunció: “es imposible modificar un aparato, en una medida suficiente, en cinco años, dadas, sobre todo, las condiciones en que se realizó entre nosotros la revolución”. En este mismo tenor, en otra nota escrita el 30 de diciembre, se refiere a la situación creada con el control del Estado: “Se afirma que era necesaria la unidad del aparato. ¿De dónde emanaban esas afirmaciones? ¿No provenían acaso del mismo aparato de Rusia que […] tomamos del zarismo, limitándonos a recubrirlo ligeramente con un barniz soviético?....” Unas líneas más adelante agregaba: “denominamos nuestro a un aparato fundamentalmente extraño y que represente una mezcolanza de supervivencia burguesas y zaristas; que nos fue en absoluto imposible transformarlo en cinco años”.

 

De una manera similar a la conclusión a que llegara tempranamente Alexandra Kollontai (destacada revolucionaria feminista electa Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública del nuevo gobierno socialista soviético) sobre este tema, Lenin reconocía la imposibilidad de transformar radicalmente -de la noche a la mañana- el conjunto de la sociedad y del anticuado régimen zarista y acceder en un periodo relativamente corto al Estado y al nuevo orden que sobrevendría con la construcción colectiva del comunismo.

 

Pese a ello, la  dirección del gobierno y del partido comunista de la Unión Soviética reflejaron todo lo contrario, lo que se reforzara con la situación de guerra interna y externa que ésta hubo de enfrentar, propiciada por los sectores dominantes del capitalismo, incluida la agresión del nazismo alemán y la confrontación política, económica y militar sostenida con el imperialismo gringo y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte durante la Guerra Fría.

 

Suele atribuírsele de forma exclusiva a Stalin (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili) la responsabilidad de los errores, las desviaciones y las contradicciones que, siete décadas después, bajo el liderazgo de Mijaíl Gorbachov, darían al traste con el desarrollo y consolidación de esta experiencia revolucionaria que serviría de base de la Revolución Proletaria Mundial.

 

Sin embargo, se pasa por alto el hecho la influencia ejercida por la socialdemocracia en muchos de los militantes y dirigentes del Partido Comunista, lo que permitió el ascenso de una burocracia (integrada por individuos en los puestos de dirección del aparato administrativo, productivo y distributivo del Estado) que, según León Trotsky, era el “grupo dirigente” en la URSS que, a la postre, terminaría por usurpar la soberanía del pueblo. Stalin estaba consciente respecto a la posibilidad de restauración del capitalismo, por ello apuntará: “no hemos extirpado las raíces del capitalismo. ¿Dónde anidan estas raíces? Anidan en la producción mercantil, en la pequeña producción de la ciudad y, sobre todo, del campo”. Sin embargo, no se previó que dicha restauración se daría de la mano de la nueva clase burguesa que surgió y se expandió al calor de la edificación socialista, apropiándose de la plusvalía creada por los obreros manuales; además por el detalle que aún pervivía la división social del trabajo y el trabajo asalariado.   

 

A cien años de producirse la Revolución Bolchevique, los propagandistas anticomunistas siguen (y seguirán) difundiendo la matriz que ésta fue un total fracaso, que su modelo económico sólo serviría para hundir a los pueblos en la más extrema miseria y su régimen político es todo lo contrario a un régimen de libertades públicas. Todo esto se ha repetido incesantemente, sin ubicarse en el contexto de los acontecimientos que marcaron su historia y los factores reales que la condujeron a su eclosión en 1991.

 

Se busca disminuir de este modo su posible influencia (no obstante sus distorsiones y corrupción por parte de la burocracia corporativa que la rigiera) en las luchas populares de la actualidad, especialmente en aquellas naciones donde algunos gobiernos se presentan a sí mismos como revolucionarios y socialistas, pasando éstos por algunas situaciones parecidas a las experimentadas en su tiempo por los soviéticos.

 

Podrá decirse, en consecuencia, que este «fracaso» de hace cien años continúa iluminando al mundo, esta vez con el conocimiento exacto de lo que pudo ser y de los errores cometidos, en función de alcanzar la verdadera emancipación de la especie humana; despojada de toda pretensión mesiánica y de todo tipo de control por parte de una minoría dominante. Este sería otro legado de la Revolución de Octubre para los pueblos que ahora confrontan al capitalismo neoliberal globalizado y sus planes de dominación mundial.-

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26/10/2017 12:44 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

DE LA ÉTICA DEL MERCADO A LA ÉTICA DE LA SOLIDARIDAD

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En términos generales, frente a la realidad convulsiva del mundo contemporáneo, habrá que imponerse como meta la abolición y la superación de la competencia fragmentadora del capitalismo, centrada en su lógica de obtención de exorbitantes e ilimitadas ganancias, con la finalidad de enfocarse en la construcción nada imposible de un nuevo modelo civilizatorio, en el cual tengan cabida -sin contradicción alguna- las diversas aspiraciones emancipatorias de la humanidad. Para ello es preciso que las personas dispuestas a emprender este camino de luchas comprendan que son parte esencial de una hegemonía popular en incesante construcción, sin mesianismos de por medio que desvíen sus objetivos fundamentales.

Esto requiere evitar que surjan multiparcelamientos -como sucede con muchas luchas sociales que podrían unificarse frente al mismo enemigo que enfrentan de manera aislada- producto de esa subjetividad fraccionada que le impide a muchos asimilar que sus esfuerzos tendrían que orientarse hacia el logro de un objetivo común, esto es, la emancipación integral de todos. ¿Que esto es algo difícil y llevará tiempo lograrlo? Sí. No se niega.

No obstante, los sectores populares (agrupados o individualizados) tienen ahora mejores oportunidades de liberación que sus antepasados. Sólo tendrían que recurrir a su memoria histórica de luchas, como también aprovechar en su beneficio colectivo las diversas ventajas materiales propiciadas por el sistema capitalista, haciendo realidad (aunque algunos no deseen admitirlo, por los prejuicios que albergan) lo anticipado por Karl Marx y Friedrich Engels a finales del siglo XIX, sólo que de una forma más amplia al afincarse en su propia realidad.

Hoy (como muchos lo sienten en carne propia), todos los pueblos del mundo, incluidos los de las naciones desarrolladas, enfrentan por igual la grave amenaza que representa para su supervivencia la ley del mercado capitalista. Esta ha llegado a ser -de cualquier manera- la medida de todas las cosas, a tal punto que los recursos naturales, lo mismo que las personas, son considerados como mercancías y, por tanto, susceptibles de comprarse y venderse, al margen de cualquier contemplación ética y moral; incluso, violando todo tipo de ley vigente.

El drama adquiere un mayor impacto si se miden los efectos del cambio climático y del incremento de los niveles de pobreza que impulsan a millones de personas a emigrar de sus naciones de origen, unos a Europa, otros a Estados Unidos, tras la ilusión de bienestar creada por las vidrieras del capitalismo. Ambos elementos -degradación ambiental y empobrecimiento crecientes- son las caras visibles de lo que es y significa la hegemonía del capitalismo globalizado. Algo en lo que muchos concuerdan a nivel mundial, pero no atinan aún en atacar y resolver de forma unánime, vistos los intereses que deben sortearse.

Referente a esto último, en su artículo “Globalización o globocolonizacón”, Frei Betto destaca que “no es la economía que se mundializa, es el mundo que se ‘economiza’, reduciendo todos los valores materiales y simbólicos al precio del mercado. Tal fenómeno somete a la cultura y la política a la ley de la oferta y la demanda. Como la teoría económica no fija ningún límite al imperio del mercado, todo lo que es objeto de deseo humano es reducido a las relaciones de intercambio, según las reglas del sistema: uno de los socios lleva más ventaja que el otro”.

Se hace imperioso, en consecuencia, oponer la ética de la solidaridad (engendrada y preservada por nuestros pueblos) a la ética del mercado; lo que exige el surgimiento de un sujeto histórico colectivo, activo y autoconsciente, capaz de promover y de consolidar un régimen socioecológico y profundamente diferenciado de lo que han sido las alternativas surgidas (hasta ahora), cuyas raíces se ubican, sustancialmente, en la vieja Europa.

Frente a esta eventualidad nada descartable, extrapolando lo escrito por Enrique Dussel en su libro “Un Proyecto Ético y Político para América Latina”, en relación con lo que el filósofo francés Jacques Maritain proponía, surge la necesidad histórica de construcción de un “comunitarismo (desde la primacía del bien común), un pluralismo (en cuanto a la distribución de los bienes producidos en común) y un personalismo (en cuanto a la realización concreta de cada persona particular)”. Razonando sobre tal materia, se tendría entonces a la mano una amplia posibilidad de diseñar y llevar a la práctica un programa de transformación revolucionaria que tienda a la edificación de un modelo civilizatorio radicalmente diferente al actualmente vigente.-           

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18/10/2017 14:07 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

NUEVA DEMOCRACIA, NUEVA CIUDADANÍA

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La sumisión y el fatalismo que suelen adoptar los sectores populares frente a los grupos oligárquicos dominantes no es un proceso surgido de la noche a la mañana. Éste se fue cimentando paulatinamente a través del tiempo mediante una diversidad de mecanismos de adoctrinamiento y/o alienación (en su mayoría, invisibilizados) que, de un modo reiterativo, convence a un amplio número de personas de lo irremediable (y hasta deseable) que son las circunstancias negativas en que viven. Sobre esta base se legitimó el estado de cosas imperante, convirtiendo la posibilidad de su transformación en algo dificil y, en muchos casos, imposible de lograr. Por ello, el cuestionamiento profundo de las estructuras sobre las cuales se erige este orden exige derribar esta falsa conciencia de los sectores populares, animándolos a comprender la verdadera naturaleza de su soberanía y el papel histórico que les correspondería cumplir.

 

En tal contexto, es imprescindible que quienes impulsen este cuestionamiento y aspiren que el mismo sirva de fundamento para concretar una revolución realmente emancipatoria e integral, deban hacer acopio de toda una creatividad teórica, aún cuando su originalidad esté condicionada por la formación recibida. Entre éstos ha de manifestarse de un modo siempre constante el compromiso teórico-práctico para transformar realmente la realidad política, económica, social, y cultural -elevando, simultáneamente, su propia conciencia- sin la interferencia de dogma alguno; lo que deberá conducir a la construcción de unos nuevos paradigmas. Por consiguiente, ha de haber espacios para que se exprese la conciencia crítica -más la acción revolucionaria, por supuesto- de los sectores populares, de forma que entre ellos se fomente la cultura del debate como un rasgo distintivo de la nueva democracia y la nueva ciudadanía por crearse; sin reducirla al ámbito meramente reivindicativo, como suelen hacerlo los demagogos y oportunistas.

 

Producir una revolución social, política, económica y cultural de un nuevo tipo -desde las raíces mismas de las luchas populares- es sostener de manera contíinua el cuestionamiento a lo ahora existente, no sólo en lo simplemente discursivo. Caso contrario, sólo habrá el entronizamiento de una nueva casta gobernante (con los mismos vicios y prejuicios de su predecesora), las mismas relaciones de poder denunciadas y cierta frustración y/o decepción por los limitados resultados alcanzados Como diría el prócer cubano José Martí, “con Guaicaipuro, Paramaconi, los desnudos y heroicos Caracas hemos de estar y no con las llamas que los quemaron, ni con las cuerdas que los ataron, ni con los aceros que los aceros que los degollaron, ni con los perros que los mordieron”. Esto nos lleva a citar también, con su peculiar forma de escribir, al inquieto pensador Simón Rodríguez cuando plantea: “¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original= ORIGINALES han de ser sus instituciones y su Gobierno= y ORIGINALES los medios de fundar uno y otro. O Inventamos o Erramos”.

 

Obviamente, un proceso de transformación de este estilo supone la cimentación de un nuevo sistema de valores como también de un nuevo sistema de relaciones de producción sobre el cual prive la satisfacción de las necesidades primordiales de la población y no la lógica egoista del capital. Ello exige, por consecuencia, la puesta en marcha de innovaciones en el plano de la producción y la propiedad. No es reeditar la Tercera Vía con la que el Primer ministro Tony Blair, junto al economista Anthony Giddens, combinó los postulados del neoliberalismo capitalista ortodoxo con un espíriti “socialista” de bienestar colectivo, concebida para el contexto específico de Gran Bretaña. Al respecto, se debe entender que la construcción del poder popular tiene que enlazarse -necesaria e ineludiblemente- la construcción de nuevas relaciones sociales y economicas alternativas a las generadas por el regimen capitalista. Para su concreción real vital la autonomía del poder popular, de forma que la practica de la democracia sea autenticamente participativa y protagonica, manifestándose de un modo directo y soberano.-   

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18/10/2017 13:47 Homar Garcés #RyS. TEMAS SOCIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

EL SISTEMA Y LA PUJA DEMOCRATIZADORA DEL PUEBLO

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La categorización del sociólogo alemán Max Weber, según la cual “el político por vocación está al servicio de ideales mientras que el político profesional hace de esta noble actividad una carrera para mejorar su status social mediante el dinero y el poder”, tiene -de una u otra manera- raíces en el modelo de Estado burgués liberal heredado de Europa y las relaciones jerarquizadas de poder derivadas de éste, limitando enormemente la existencia de una democracia ejercitada efectivamente y en tiempo real por el pueblo. Con muy reducidas excepciones, cabe aseverar que esta es una situación común en todas nuestras naciones a través de las diversas etapas de su historia, convirtiéndola en una fatalidad aparentemente inexorable. Sin embargo, han surgido métodos y líneas teóricas que tienen por objetivo la construcción de un género de democracia que responda verdaderamente a los intereses y las necesidades de las mayorías y no únicamente sirva de instrumento para satisfacer las ambiciones egoístas de una minoría.

Si bien es cierto que las crisis económicas producidas cíclicamente por el capitalismo afectan considerablemente a millones de personas en todo el planeta, obligándolas a sobrevivir de cualquier forma, en algunos casos, en condiciones extremas de explotación y de semi esclavitud, éstas han facilitado la elaboración de diversas propuestas que tienden, en un primer plano, a deslegitimar todo lo existente y, en un plano más profundo, a la sustitución absoluta del sistema múltiple de dominación engendrado por el capitalismo y su par, el Estado burgués liberal. Algunas de ellas, echando mano a las tesis del socialismo revolucionario mientras otras pretenden resultar más originales respecto a sus fuentes de inspiración (como el nacionalismo y la socialdemocracia); lo que dificulta -de alguna manera- la convergencia de voluntades y de esfuerzos contra dicho sistema, cayendo en sectarismo y dogmatismos que, en vez de dirigirse a su destrucción y reemplazo, conspiran contra sus propios objetivos; desenmascarándose, incluso, contradictoriamente, su carácter antidemocrático. En cuanto a este punto, vale citar a Oscar Enrique León, quien en su libro “Democracia burguesa, fascismo y revolución”, expone que “el papel de la revolución no es salvar a la democracia burguesa, mucho menos haciendo causa común a tales efectos con una derecha moderada. El papel histórico de la revolución es destruir la democracia burguesa, única forma real y realista de acceder a la democracia participativa y el poder popular que ella postula como forma política. En la medida que lo logre, y sólo en tal medida, habrá derrumbado el orden burgués”.   

Aun cuando ésta no sea la aspiración de los políticos profesionales (llámense de derecha o de izquierda), los sectores populares tendrán que entender que ya no es suficiente el voto ni el logro de ciertas reformas (económicas, políticas y sociales) mientras se mantengan inalterables las estructuras y subestructuras que sostienen y legitiman al Estado burgués liberal. Ellos tienen que vencer el condicionamiento ideológico que les hace desconfiar de sí mismos y depender de esta clase de políticos, proponiéndose actuar un modo autónomo en la concepción del poder popular soberano, así como de nuevos paradigmas que marquen el comienzo de un modelo civilizatorio diferente al existente. Ello representa una necesidad histórica impostergable. En especial, cuando el gobierno de Estados Unidos amenaza con arremeter contra los pueblos y los gobiernos que se muestren reacios a someterse a su estrategia de dominación imperial.

Para aquellos que lo dudan, o sencillamente no comparten tal punto de vista, les bastará tener presente (y comprender, si se empeñan un poco) que el mayor cuestionamiento a este sistema múltiple de dominación lo realizan, justamente, los sectores populares por la vía de los hechos. Por consiguiente, la confrontación que estos llevan a cabo -en su triple condición de oprimidos, explotados y excluidos- sin ser teórica (o teorizada), deja al descubierto la escasez de argumentos sólidos por parte de los defensores del sistema actual, ya que niega (en muchas situaciones, por medio de la fuerza) la posibilidad de hacer realidad los postulados democráticos, igualitarios y emancipatorios que suelen esgrimirse para perpetuarlo y presentarlo como la mejor opción. En el otro extremo, quienes se oponen obcecadamente a la transformación estructural, implícita en las demandas populares, se hallan al margen de una correcta interpretación de la realidad que tomara forma bajo el capitalismo globalizado en los últimos treinta años. Por ello, ante la inutilidad de su discurso político y de sus acciones violentas para contener la puja democratizadora de los sectores populares, optan por plegarse a los proyectos neoimperialistas estadounidenses, esperanzados en su eficacia para preservar el poder usufructuado. No obstante, la presente etapa de luchas por objetivos comunes constituye un fundamento sólido para impulsar y concretar, como debiera ser, el poder popular soberano y tender a la edificación dinámica de un nuevo modelo civilizatorio, en simbiosis armónica con la naturaleza y el resto de las personas.-    

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18/10/2017 13:42 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

TRUMP Y EL NEOIMPERIALISMO EN NUESTRA ABYA YALA

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Las sanciones y amenazas proferidas por Donald Trump en contra de Nicolás Maduro y su gobierno no representan novedad alguna. El máximo funcionario militar de Estados Unidos para América Latina, el Almirante Kurt W. Tidd, Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, ya había presentado previamente un informe al Comité de Servicios Militares del Senado de su país el pasado 6 de abril, advirtiendo que Venezuela podría ser un factor «desestabilizador» en la región. Según él, «Venezuela atraviesa un período de inestabilidad significativa el año en curso debido a la escasez generalizada de medicamentos y comida, una constante incertidumbre política y el empeoramiento de la situación económica». Con tales palabras, confirmó lo que ha sido señalado previamente por el gobierno venezolano y por analistas internacionales respecto al plan imperialista concebido décadas atrás para desestabilizar y neutralizar por completo al régimen de Nicolás Maduro, teniendo como base jurídica el decreto ejecutivo de Barack Obama que tilda a Venezuela de ser una «amenaza inusual y extraordinaria a la Seguridad Nacional de los Estados Unidos».

 

Al mismo tiempo, Todd refirió que las relaciones promovidas por Rusia, China e Irán con los países de la región constituyen una amenaza para los intereses estadounidenses. De todo el informe presentado por este alto jefe militar gringo puede extraerse también la pretensión imperial, en lo que podría denominarse neoimperialismo, de montar el escenario requerido para recuperar y asegurar la hegemonía que, desde comienzos del siglo pasado, ha ejercido tradicionalmente sobre todas las naciones al sur de sus fronteras. En su artículo «La exportación del Plan Colombia al Triángulo Norte y la Triple Frontera», Álvaro Verzi Rangel, sociólogo venezolano, resalta que se adelanta la conformación de una fuerza militar multinacional latinoamericana con el propósito fundamental de asegurar esta hegemonía imperial estadounidense en nuestra América. «Sería -explica- la unificación del Plan Colombia, la Iniciativa Mérida y la Iniciativa para la Seguridad Regional de Centroamérica, ya mostrado en los documentos del Comando Sur de EEUU "Plan 2018", y el "Operation Freedom II". No hay quiebres entre las administraciones de Obama y Trump: por encima de ellos, el poder fáctico lo comparten el Pentágono y el complejo industrial militar, que pueden garantizar a las corporaciones trasnacionales el acceso a los recursos de la región».

 

Por su parte, el periodista francés Thierry Meyssan también hace referencia a esta estrategia de control geopolítico, la cual estaría basada en los postulados del influyente estratega gringo-israelí y asesor del Departamento de Defensa,Thomas P. M. Barnett, autor del best-seller «The Pentagon´s New Map», que contempla la reconstrucción, ampliación y consolidación del espacio de seguridad de Estados Unidos. Resalta Meyssan: «Para el imperialismo se trata de dividir el mundo en dos: una zona estable que goza de los beneficios del sistema y otra zona donde el caos alcanza proporciones tan espantosas que nadie piensa ya en resistir sino sólo en sobrevivir, zona donde las transnacionales pueden extraer las materias primas que necesitan sin rendir cuentas a nadie».

 

Sería bastante necio, por tanto, ignorar que se busca sin disimulo alguno una agresión militar directa al territorio soberano de la Patria de Bolívar. Aún más, al pensar que ello no tendrá ninguna consecuencia negativa para el país y para el resto de las demás naciones de nuestra Abya Yala, particularmente en aquellas cuyos gobiernos se esforzarían (con apoyo de sus pueblos) en mantener una posición de dignidad e independencia en relación con la clase gobernante estadounidense. Esto es lo que se ha divulgado extensamente, sin embargo, la realidad va más allá de lo que se discierne o percibe a simple vista, suponiendo que el interés imperialista por Venezuela tiene que ver exclusivamente con el control de los yacimientos petrolíferos. El objetivo central de Estados Unidos no es sólo derrocar los gobiernos considerados progresistas y/o izquierdistas, lo que ya es algo recurrente y tradicional por parte del imperialismo yanqui, o apoderarse por la fuerza del petróleo. Con ello, el neoimperialismo -de la mano de Trump- apunta a hacer realidad en nuestro continente la recomposición de los Estados-nación diseñada durante el gobierno de George W. Bush en el caso de Oriente Medio, lo que comenzó a concretarse con las invasiones a Irak, Libia y, ahora, Siria.-

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18/10/2017 13:29 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

LA CENSURA GLOBAL Y LA MANIPULACIÓN DE LOS PUEBLOS

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La imposición de una cartelización global de la información, o de una censura corporativa mundial, tendría como resultado directo la manipulación más perfeccionada de la opinión pública, ya sea de una nación o de grupos sociales específicos, incluso en contra de sus propios intereses. De esto se encargarían las grandes cadenas informativas (principalmente, estadounidenses), cuyas fuentes, a pesar de no citarse en muchos casos, serían incuestionables y las únicas autorizadas para validar o no cualquier noticia difundida. Así, las operaciones mediáticas en contra de países, gobiernos y personas, además de movimientos sociales y políticos, que resulten contrarios a las agendas políticas y económicas de los grupos de poder mundiales podrán propagarse sin mucha dificultad, obstruyendo a su vez cualquier posibilidad de obtener una información más veraz y fidedigna.      

 

A ello se agregan diversos sitios en Internet que presuntamente censurarían la difusión de ‘noticias falsas’, o que induzcan odios étnicos, políticos y de otra índole, lo que estaría sujeto a la subjetividad de sus dueños o patrocinadores. De este modo, la verdad estará condicionada por lo que los sectores dominantes (locales y mundiales) juzguen como algo apropiado para toda la sociedad, independientemente de si existen elementos reales y cotidianos que la contradigan. Todo esto hace rememorar lo escrito en algunas obras distópicas, como “1984”, “Un mundo feliz” o “Fahrenheit 451”, entre las más conocidas, que dan cuenta del amplio control ejercido por gobiernos futuros sobre la población subordinada, restándole o anulándole la capacidad que puedan poseer para diferenciar la verdad de la mentira.

 

Ha surgido -como lo refieren en su artículo “Profetas del Odio”, Ava Gómez y Bárbara Ester- “una constelación de representaciones sociales de fuerte contenido político que se propaga con rapidez, va conformándose como sentido común y normalizando simbólicamente situaciones de violencia física y exclusión extrema. A este fenómeno se lo conoce como “aporofobia”, en alusión al rechazo, miedo y desprecio hacia el pobre, al desamparado, ese amplio segmento social que queda fuera del contrato tácito entre individuo y sociedad, en el que hay que dar para recibir. Ellos no dan, ergo, no merecen. Y, en consecuencia, hay que anular a sus líderes y derribar o impedir gobiernos que los incluyan”. Consecuentes con dicho propósito, quienes integran los poderes fácticos del planeta desencadenan campañas mediáticas dirigidas a incriminar dirigentes y regímenes diversos, de manera que se justifique, como en los casos de Iraq, Libia y Siria, cualquier acción militar, financiera, económica y/o diplomática que contribuya a su debilitamiento y destrucción.

 

Gracias al consumismo compulsivo -inculcado durante un largo tiempo en un amplio y cada vez creciente segmento de personas a nivel planetario por la gran industria ideológica a su total servicio- el capitalismo (ahora en su ciclo neoliberal y/o posneoliberal, como algunos analistas prefieren denominarlo) ha podido presentarse como la única alternativa existente para elevar las condiciones materiales de vida de todos. Herbert Marcuse, sociólogo y filósofo alemán, se refirió décadas antes a esta situación de manipulación de las personas por el capitalismo en su obra «El hombre unidimensional», publicada en 1964. En ella, Marcuse escribe que «la función básica de los medios es desarrollar seudo necesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política». Con ello, logran la ocultación total de las causas que producen los diferentes acontecimientos y crisis que agobian, en mayor o menor proporción, a la humanidad entera, sin dar cabida a un análisis real y concreto de los mismos. En el fondo, lo que persiguen estos censores globales es la promoción y el reforzamiento de leyes y medidas liberticidas -al estilo de la Patriot Act estadounidense- y así imposibilitar cualquier disidencia o rebelión de parte de los sectores populares, aún las más justas, al mismo que impedir la posibilidad que estos últimos puedan construir por sí mismos todos los espacios potenciales de solidaridad económica y social.-

 

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18/10/2017 13:25 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA HEGEMONÍA “OCCIDENTAL” Y LA DISOLUCIÓN DEL SENTIDO DE COMUNIDAD

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Existe a nivel mundial una disolución creciente del sentido de comunidad, estimulada de diversos modos por los grandes centros del poder mundial. Esto se manifiesta en la intolerancia (racial, religiosa, clasista y/o ideológica) hacia personas que son, o se consideran, diferentes, eliminando cualquier posibilidad para la convivencionalidad y dando lugar a crímenes de odio que se propagan ante la mirada cómplice y/o indolente de quienes ejercerían algún tipo de autoridad (instigándolos muchas veces), haciéndolos ver como una situación normal que no merece demasiada atención. La concentración monopólica tanto del conocimiento como de la información ha facilitado modelar la política y la vida sociocultural, en general, de la humanidad, a tal punto que todo debe calibrarse y adaptarse de acuerdo a los patrones que identifican a la cultura occidental, representada por Estados Unidos y sus aliados europeos, estableciendo su hegemonía sobre el resto del planeta.


De acuerdo a lo determinado por el sociólogo polaco-británico Zygmunt Bauman, el mundo actual se encuentra envuelto en lo que él denominara modernidad tardía (también conocida como modernidad líquida), caracterizada por una economía capitalista global que no distingue, ni pretende distinguir, fronteras y, de serle siempre posible, recurre a la guerra como opción válida para imponer sus intereses; una modernidad que requiere la privatización creciente de los servicios públicos (otrora en manos del Estado) y donde se manifiesta la tendencia a resaltar como valores básicos ideales el individualismo y, por efecto de éste, la falta de solidaridad, dando fin al compromiso mutuo que se mantuvo presente en la cultura y en la historia de una gran parte de la humanidad.  Cuestión ésta que tiende a ampliarse cada día gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en auge, desarrolladas, justamente, bajo el patrocinio capitalista. De esta forma, los sectores dominantes se aseguran de obtener también una plusvalía ideológica mayor a la obtenida por los grupos de poder del pasado, al mismo que se permiten destruir los cimientos históricos, educativos y culturales de los pueblos a fin de congregarlos en torno a una misma forma de concebir el mundo.


Así, en contraste con lo que caracterizara durante siglos a muchos pueblos de la Tierra, especialmente a los de nuestra América, "el sistema alienta -refiere Javier Tolcachier en su artículo Las nuevas narrativas revolucionarias- una lógica individualista, atomizadora, competitiva y excluyente que aumenta el grado de segmentación y un emplazamiento mental donde la felicidad aparece ligada al éxito, la fama y la singularidad. El ideal es ser diferente, aunque todos crean exactamente lo mismo. La verdad común es reemplazada por verdades particulares, en las que entronca el aparato publicitario, el misil teledirigido de la posverdad a medida. La generalización es pecaminosa y fútil, lo “cool” es lo específico y especial. Todo ello debilita las opciones colectivas, sobre todo, las asentadas en pertenencias y permanencias orgánicas, que hoy son reemplazadas por el vaivén de mareas sociales huracanadas, pero impermanentes”. De esta forma, quienes detentan el poder (lo mismo que aquellos que aspiran obtenerlo) prometen soluciones simples a problemas intrincados, generalmente dejando de lado la importancia del sentido de comunidad que habría de existir y consolidarse en cualquier sociedad para concentrarse en el interés privativo de cada persona, lo que eventualmente tendrá sus efectos negativos respecto a la organización autónoma y solidaria de los sectores populares.


El axioma del prócer y presidente mexicano Benito Juárez, «la paz es el respeto al derecho ajeno», debiera entenderse también como el respeto al derecho de los «otros» a ser tratados realmente en pie de igualdad, sin que salga a relucir ninguna muestra de discriminación. Su comprensión y discernimiento contribuirían, sin dudas, a que los seres humanos, en un sentido bastante amplio, puedan finalmente convivir en paz, haciendo realidad todos aquellos ideales que han nutrido sus aspiraciones compartidas de morar en un mundo cada día mejor. Lamentablemente, este es un asunto de primera importancia que es obstaculizado -de variadas formas- por los diferentes paradigmas impuestos por la ideología de las élites dominantes, llámense nacionalismo, Estado, mercado o religión (y sus derivaciones); los cuales han sido los detonantes principales de cada conflicto ocurrido en la larga historia compartida de la humanidad.-

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29/09/2017 11:23 Homar Garcés #RyS. TEMAS ANTIIMPERIALISTAS No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA Y LA REVOLUCIÓN DEL PODER POPULAR SOBERANO

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Aunque se crea arcaico, innecesario y/o irrelevante, si no se promueve efectivamente una revolución en la conciencia de los sectores populares (habituados a aceptar la subordinación impuesta por los sectores dominantes como algo natural e irremediable), no habrá entonces ninguna revolución en el plano político, como tampoco en los planos social y económico, que pueda profundizar y, en consecuencia, ampliar la clásica definición y práctica de la democracia. Así de simple. Dicha revolución tendrá que abarcar, necesariamente, lo cultural y lo espiritual, de modo que se cuestione y se desplace la ideología de los sectores dominantes, cuyos conceptos y prejuicios, de uno u otro modo, terminan por truncar las luchas y las aspiraciones emancipatorias de los pueblos, haciéndolos dependientes de algo totalmente ajeno a sí mismos. Sobre todo, si quienes los dirigen logran convencerles de ser la encarnación de sus largamente postergadas aspiraciones.

Esta revolución tiene, por consiguiente, una trascendencia motivadora y de suma importancia para que se consolide cualquier transformación estructural propuesta. Pero también es vital que se propicie una actitud revolucionaria consecuente que abarque, forzosamente, el combate y la denuncia de las tendencias negativas que puedan distorsionar, en algún momento, el avance y la organización democrática de los sectores populares.

Es fundamental incentivar, al mismo tiempo, el establecimiento de un tejido productivo autónomo de los sectores populares. La actual coyuntura económica, sin ser del todo caótica (como algunos desearían y otros perciben), le da cabida a todas las propuestas y las advertencias hechas por diferentes movimientos sociales y políticos revolucionarios, de forma que éstas puedan servir de instrumento orientador para la lucha. Todo lo anterior, en conjunto, implica asumir un serio cuestionamiento a todo el modelo civilizatorio implantado en nuestro territorio desde hace siglos, en especial, la vigencia del Estado burgués liberal y las relaciones de poder que dimanan del mismo, contradictorias con la esencia vital de la democracia.

Bajo el entendimiento de que todo lo relacionado con la administración pública resulta indefectiblemente ineficiente y corrupto, muchas personas tienden a dejar esta cuestión en manos de quienes, precisamente, critican (solapada o abiertamente), obviando su corresponsabilidad en el manejo de los asuntos de Estado, los que, aún sin quererlo, afectan su vida cotidiana. Ello ha facilitado desde siempre que los destinos nacionales sean controlados y decididos por gente incapaz, cuyo mayor interés está centrado en usufructuar el poder y en obtener, sin mucho esfuerzo de su parte, una fortuna exorbitante. Esta realidad, sin embargo, podrá cambiar radicalmente si se comienzan a generar condiciones y espacios donde se manifieste el poder popular soberano en su dimensión creadora, constituyente e instituyente. Para los escépticos y los condicionados por el orden establecido ello representa una absurda quimera. Muy contrario a lo que piensan quienes están convencidos de la necesidad de transformar radicalmente -no de reformar- el orden vigente. Para extender y hacer entender una propuesta que contemple este objetivo estratégico hará falta emplear todas las opciones legales e ilegales que se presenten para concretarla, teniendo especial cuidado en que sea asumida, dinamizada y enriquecida, en todo momento, por el poder popular soberano, abarcando todos los planos de la cotidianidad social.

En la situación específica actual de Venezuela se impone lograr el rescate y el reimpulso de la propuesta de transformación derivada del ideario bolivariano, robinsoniano y zamorano, con acciones y un discurso extraído de la larga historia de lucha de los sectores populares. Es decir, se requiere que las distintas organizaciones que conformen el poder popular soberano tendrán que desprenderse del tutelaje de quienes, en su nombre, solo han contribuido con el reforzamiento de las viejas estructuras del Estado burgués representativo, impidiéndoles así la participación y el protagonismo que les corresponde ejercer. Bajo esta consideración, el momento histórico en el cual se halla el país exige que se abandonen los esquemas políticos representativos del puntofijismo y, en su lugar, se acompañen las iniciativas autogestionarias del poder popular, de manera que éste ejerza su soberanía en un ciento por ciento.-

 

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18/09/2017 12:19 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DE LA "RUANDIZACIÓN" A LA "CUBANIZACIÓN" DE VENEZUELA

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Resulta absolutamente reprobable y lamentable confirmar que el odio inculcado por la dirigencia ultraderechista durante todos estos últimos años en Venezuela se exprese en agresiones irracionales (físicas, psicológicas y verbales) de sus respectivos seguidores hacia la población en general, incluyendo a vecinos y familiares, en un escenario de creciente conflictividad que afecta, en un amplio sentido, la estabilidad del país. Contribuyendo a acentuar dicho contexto, The New York Times publicó en semanas recientes: «Las detenciones arbitrarias por motivos políticos son una constante en Venezuela, país que vive una de las peores crisis de derechos humanos de la región». Una persona medianamente inteligente y con criterio propio se preguntaría: ¿Detenciones arbitrarias? ¿No son castigables los delitos de violencia terrorista, la destrucción de bienes públicos, las agresiones a funcionarios militares y policiales, la instigación a un golpe de Estado, la invocación de una intervención armada de una potencia extranjera y el asesinato deliberado de personas con propósitos políticos? ¿Son delitos lícitos y permitidos en el territorio de Estados Unidos y Europa sin actuación alguna de sus respectivos gobiernos? Por último, ¿a qué conduce esta campaña de desinformación abierta contra el gobierno venezolano?

Donald Trump admitió sin eufemismo alguno su intención de ordenar una invasión militar al territorio de Venezuela para desalojar del poder al chavismo. Algo que, indudablemente, tendrá sus repercusiones altamente negativas en toda la región, si se diera, creando una situación similar a la producida durante la guerra de Vietnam; afectando al conjunto de naciones que, de una u otra forma, tienen graves problemas sociales y económicos por remediar, ensanchándose la conflictividad interna en cada una de ellas. Quizás esta eventualidad motivó una reacción en cadena de varios gobiernos del continente, incluyendo a aquellos que han manifestado una declarada hostilidad hacia el de Venezuela, lo cual ha servido para resaltar el carácter neoimperialista y neocolonialista del régimen actual gringo.

Todo lo anterior sería el epilogo de una estrategia largamente diseñada, financiada y ejecutada, pero cuyos frutos no han sido los apetecidos por los grupos de la derecha local y su mentor, el imperialismo yanqui, no tanto por los aciertos de la dirigencia chavista sino, más bien, por el nivel de conciencia adquirido por los sectores populares que los ha inducido a mantener una resistencia hasta ahora pasiva, en vista de los continuos ataques racistas y clasistas propiciados por los opositores extremistas. Como ya se vio en los meses precedentes, se pretendió envolver al país en unas circunstancias semejantes a las padecidas durante el genocidio de Ruanda en 1994, devolviéndose golpe por golpe, en una guerra fratricida, cuyo final sería difícil de profetizar. Ahora que se realizara la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, pareciera disipado este eventual panorama. Sin embargo, la intransigencia de Trump ha devuelto al chavismo a la realidad, una que podría repetir la amarga experiencia padecida por más de cincuenta años por el pueblo de Cuba, con reducción de insumos diversos que, eventualmente, causarían más penurias a la población venezolana, avasallada como está por el desabastecimiento y la especulación desbocados de todo tipo de productos, especialmente alimenticios.

Más allá del aspecto ideológico, el imperialismo gringo -al plantearse eliminar al chavismo y, junto con él, toda perspectiva de índole revolucionaria en Venezuela- busca recuperar, de manera definitiva y sin barreras, su habitual hegemonía en nuestra Abya Yala. Por ello, se propone sitiar a sus habitantes con una intención muy clara: destruir -a gran escala, como lo logró en otros países- los diferentes avances obtenidos en materia política, cultural, económica y social, de manera que se resignen a cumplir el dócil papel de masa trabajadora y consumidora que incremente las arcas de sus explotadores capitalistas; sin mayor aspiración que la de poder sobrevivir.-

 

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18/09/2017 11:57 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA OPCIÓN A CONTRACORRIENTE DE TIRIOS Y TROYANOS

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Nuestro pueblo no debe dejarse entrampar nuevamente por la demagogia y los intereses particulares de los representantes de la MUD y del gobierno (ligados, generalmente, al logro, mantenimiento y disfrute de prerrogativas económicas) ya que esto significaría una involución fatídica en materia política, económica, social y cultural en vez del avance y la consolidación -mediante un poder popular organizado autónomo- de un verdadero sistema de democracia participativa y protagónica que viabilice la transformación estructural del Estado liberal burgués existente.

La historia reciente de Venezuela nos revela que cada una de las coyunturas presentadas durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro ha exigido de los sectores populares una adhesión inmediata (y muchas veces acrítica) que no se traduce en una reciprocidad ni en un cambio de comportamiento por parte de las cúpulas chavistas gobernantes, lo que ha producido la deserción y el descontento de un significativo número de personas que confiaron en su «liderazgo». Sin embargo, a pesar de reflejarse esta deserción y descontento en los últimos eventos electorales realizados, se pretende ignorarlos, apelando a una lealtad y a una disciplina partidista que más semejarían la obediencia debida aplicada en otros tiempos en el ámbito castrense que algo absolutamente revolucionario; cuestión que más bien contribuye a acelerar el «auge de masas» ligeramente alcanzado por la derecha al neutralizar el debate (crítico y autocrítico, invocado de manera reiterada por el presidente Chávez) y el activismo constituyente, soberano y, además, creador, de las bases militantes del chavismo, de acuerdo a lo que debiera ser -más allá, incluso, de lo contemplado en el texto constitucional actual- una democracia participativa y protagónica, con una vinculación directa en la toma de decisiones en los diferentes entes del Estado.

Si se continúa transitando este camino, a contracorriente de las expectativas y luchas populares, nada extraño será que la minoría dirigente termine ejerciendo un papel autocrático insostenible, al creerse poseedora de la única razón verdadera, lo que la induciría a desconocer olímpicamente las advertencias y las propuestas de los factores externos al chavismo, a los cuales etiquetaría, sencillamente, de traidores y contrarrevolucionarios. Aún bajo tal perspectiva, no se excluye la probabilidad de rescatar y poner al servicio de los intereses populares aquellos canales de representación y de mediación frente al Estado que fueron, prácticamente, secuestrados por tirios y troyanos.

Se requiere construir e implementar, por tanto, una opción orientada a desmantelar las diferentes estructuras de dominación imperantes, llámense políticas, económicas, sociales y culturales; reemplazando la hegemonía de las élites burguesas dominantes por una nueva hegemonía, esto es, por una de verdadero carácter popular y bolivariano, lo que debe propiciar el surgimiento de un modelo civilizatorio dotado de valores éticos y morales opuestos a la lógica capitalista y a la cultura eurocentrista (que excluyen e invisibilizan a los sectores populares desde largo tiempo). En tal opción deben prevalecer, como elementos completamente esenciales, los intereses, la participación y el protagonismo directo de los sectores populares. Ha de ser, en consecuencia, una propuesta contraria a la idea jerárquica de una «vanguardia esclarecida» (considerándose sus integrantes prácticamente arribados del monte Olimpo), que debe ser objeto de reverencia o hallarse por encima de esta condición primaria, es decir, del poder popular soberano, imponiéndose, en su lugar, una horizontalidad (u horizontalización) que privilegie lo colectivo frente a lo individual, sin que esto signifique negar ni suprimir la presencia y los derechos de toda individualidad y de toda minoría (social o política). En una propuesta así, no habrá una verdad oficial absoluta, al modo de los Estados Unidos, la Alemania nazi y la Unión Soviética, aduciendo razones de Estado -en cualquier caso, «irrefutables»- que impidan el cuestionamiento de los dirigentes, convertidos desde ahora en voceros y delegados del poder popular, a quienes se les juzgará no solamente por su grado de ineficiencia y corrupción (usufructuando el poder) sino también por las omisiones cometidas durante la gestión encomendada, evitándose de este modo que se propague e institucionalice una cultura política delictiva sin castigo alguno.-

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18/09/2017 11:43 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UN "ALZAMIENTO" A FAVOR DEL GOBIERNO

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Lo extraordinario del «alzamiento militar» recientemente escenificado en el Fuerte Paramacay, en el estado Carabobo, es que, contrariamente a las presuntas aspiraciones de sus perpetradores, éste no produjo ninguna onda expansiva que pusiera en graves aprietos al gobierno de Nicolás Maduro. Antes que eso, abrieron mayores posibilidades a favor del gobierno, ahora con un as efectivo en la mano (la Asamblea Nacional Constituyente) con el cual podría deshacerse -a riesgo de extralimitarse- de todo aquello que le impide lograr un mejor nivel de estabilidad. Posiblemente este no será el caso de aquellos que, llevados por su fanatismo extremo, crean que esta clase de acciones, malamente calcadas de algún videojuego o guión cinematográfico, sean las más apropiadas para salir del «régimen» chavista, tal como lo han hecho exaltando a sus pretendidos «libertadores» cuando insultan, aterrorizan, linchan y queman a toda persona que señalen de ser militares y chavistas.

Se obvia que, no importa que haya sanciones del gobierno estadounidense o ataques mediáticos de la derecha local y extranjera, la Asamblea Nacional Constituyente -controlada por el chavismo- le otorga a éste un barniz de legalidad que induciría a un número significativo de venezolanos a aceptarla como lo menos malo que pudiera ocurrir en este país (aunque se continúe cuestionando su modo de convocarla y de elegirla), tal vez esperanzado en que sus decisiones reduzcan el clima de violencia impuesta por la ultraderecha, lo mismo que el desabastecimiento y la especulación descontrolada de diversidad de productos. Paradójicamente, pareciera que la dirigencia opositora estuviera en contubernio con el régimen que aparentemente busca derrocar, en un extraño juego de roles con el cual mantener en ascuas al pueblo, impidiéndosele, al mismo tiempo, que inicie por sí solo una verdadera democracia participativa y protagónica, alejado -por consiguiente- de todo dominio partidocrático.

De acuerdo al artículo «Ataque armado al Fuerte Paramacay: análisis y contexto», publicado por Misión Verdad, «Esta operación con ribetes de falsa bandera (pues intenta simular un "alzamiento militar"), no sólo ha servido para que la mediática transnacional imponga una narrativa con coordenadas simbólicas similares a la de "los rebeldes sirios o libios" (fachadas mercenarias de Al Qaeda y el Estado Islámico que han destruido a estas dos naciones), al mismo tiempo legitima y aumenta el alcance del hecho colocándolo como una respuesta, casi espontánea y sobre todo `razonable´, a la Asamblea Nacional Constituyente. Por ende, la mediática internacional ha insistido en blanquear la información alegando que hubo una "rebelión militar", otorgándole respaldo y promoción». En el fondo, se trata de imponer como cierta e inevitable la percepción expuesta por muchos, fuera y dentro de Venezuela, en relación con el agravamiento de la confrontación política que conduciría al país, fortuitamente, a una guerra civil sangrienta. Esto último (en el cálculo de quienes diseñaron tal estrategia desestabilizadora) obligaría al gobierno a refrendar un pacto de gobernabilidad con sus enemigos políticos, según podría extraerse de las manifestaciones de algunos dirigentes opositores de participar en las próximas elecciones de gobernadores y legisladores regionales; lo que estaría ligado al hecho («extraño» para muchos) que antes de este 6 de agosto no hubo reportes en todo el territorio nacional de grandes disturbios por parte de los grupos de la derecha.

Por ello, este «alzamiento» tendría como derivación favorecer más bien al gobierno antes que fracturarlo, como muchos aspiran desde las filas de la derecha; creando, en su lugar, un efecto boomerang, con el ingrediente adicional de ser un elemento estimulado desde Washington. Igualmente, podría utilizarse para cohesionar las fuerzas del chavismo, evitando el surgimiento y la influencia creciente de aquellos que, sin mucha base, son rotulados de traidores y contrarrevolucionarios, por divergir abiertamente del comportamiento clientelar, nepótico, corrupto y burocrático de una inmensa porción de sus dirigentes actuales.-

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18/09/2017 11:36 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL MOMENTO HISTÓRICO Y EL ABANDONO DE LA REPRESENTATIVIDAD

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En su obra «Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias», Zygmunt Bauman deja reflejada las vicisitudes, muchas veces angustiantes y llenas de incertidumbre que colman la realidad del mundo contemporáneo, con particular interés en lo que concierne a las necesidades y las preocupaciones económicas de la mayoría de las personas. Según sus observaciones, “las causas de la exclusión pueden ser distintas, pero, para quienes la padecen, los resultados vienen a ser los mismos. Enfrentados a la amedrentadora tarea de procurarse los medios de subsistencia biológica, al tiempo que despojados de la confianza en sí mismos y de la autoestima, necesarias para mantener su supervivencia social, no tienen motivo alguno para contemplar y saborear las sutiles distinciones entre sufrimiento intencionado y miseria por defecto. Bien cabe disculparlos por sentirse rechazados, por su cólera y su indignación, por respirar venganza y por su afán de revancha; aun habiendo aprendido la inutilidad de la resistencia y habiéndose rendido ante el veredicto de su propia inferioridad, apenas podrían hallar un modo de transmutar todos esos sentimientos en acción efectiva".

Muchos quizás secunden el pesimismo que se extraería de tal aseveración; sin embargo, hay que precisar (sobre todo, frente a algunos escépticos), que semejante realidad comienza a hacerse patética y habitual en una gran parte del planeta, con cierta unanimidad en la resistencia mostrada por los diversos pueblos que lo habitan ante lo que consideran, no sin razón, el despojo y la violación de sus derechos fundamentales -en su doble condición de seres humanos y ciudadanos- a manos de aquellos que controlan el engranaje capitalista global. En dirección contraria, casi todos los gobiernos se muestran dispuestos a promocionar e implementar toda ley e iniciativa que sea requerida para abrir las economías de sus naciones al capital transnacional, sin que existan regulaciones de por medio, a fin de atraer a inversionistas extranjeros y garantizarles que ninguna cosa amenazará sus aspiraciones de obtener grandes ganancias.

En el caso concreto de Venezuela, enfrentando semejante eventualidad, cada revolucionario y chavista debiera interrogarse a sí mismo respecto a cuál es su papel y en qué medida está contribuyendo efectivamente con hacer realidad el Proyecto de la Revolución Bolivariana; no únicamente en el aspecto político sino también en lo que se relaciona a lo cultural, lo social y lo económico. Entre otras, preguntarse: ¿Por qué asciende o es promovido a cargos de dirección o de confianza? ¿Porque posee una mayor capacidad, un mayor compromiso o una mayor formación que otros con iguales oportunidades? Si la respuesta es positiva, entonces ¿por qué sus acciones no reflejan algo de esto, es decir, por qué éstas no trascienden lo habitualmente hecho y aceptado, convirtiéndose cada una en una cotidianidad revolucionaria permanente? A todo ello hay que agregarle la ética como ingrediente básico ineludible, entendiendo que ella marcará y evidenciará una diferencia abismal en relación con el comportamiento observado entre aquellos que gobiernan y dirigen a los sectores populares, apegados como están a la usanza tradicional y jerárquica, sin atreverse a modificar de raíz las relaciones de poder que caracterizan desde hace siglos al sistema burgués representativo. 

El momento histórico actual exige que se abandonen los esquemas políticos representativos del puntofijismo y, en su lugar, propiciar y acompañar las diversas iniciativas autogestionarias que pueda adelantar el poder popular, ejerciendo su autonomía en un ciento por ciento.-

 

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18/09/2017 11:34 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.


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