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ENTRE EL FASCISMO Y LA REVOLUCIÓN

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Variadas y encontradas opiniones se han suscitado a propósito de la política de pacificación impulsada por el Presidente Nicolás Maduro frente a los grupos de la derecha ultraconservadora que han ocasionado asesinatos de civiles y militares, además de los destrozos a edificaciones públicas y el aislamiento de zonas urbanas de clase media en algunas ciudades de Venezuela. Para un porcentaje significativo de revolucionarios y chavistas ello significaría una claudicación inaceptable, tomando en cuenta que los promotores de esta violencia fascista tienen como meta única el derrocamiento del gobierno venezolano y, con él, la desaparición de todas las conquistas sociales, culturales, económicas y políticas que le devolvieron la dignidad a los sectores populares que, por espacio de más de cuarenta años, fueran invisibilizados, explotados, marginados y masacrados por las élites dominantes. Por otra parte, los hay quienes justifican tal iniciativa presidencial, basándose en la necesidad de consolidar un clima de gobernalidad en el país que impida, eventualmente, cualquier otra tentativa injerencista de parte de Estados Unidos y sus lacayos en la región.

Sea como sea, lo cierto del caso es que este diálogo de paz adelantando por el Presidente Maduro ha dejado al descubierto a quienes, desde el bando opositor, se ubican en el fascismo más puro y quiénes están impulsados por una vocación democrática legítima. Esto no ha impedido, sin embargo, que el gobierno de Maduro sea víctima de una satanización a ultranza que lo presenta ante la opinión pública internacional como un gobierno altamente represor, una dictadura comunista que, día y noche, persigue, encarcela, tortura y asesina a sus opositores, violando sistemáticamente todos los derechos humanos y, por añadidura, comete toda suerte de crímenes de lesa humanidad; todo lo cual legitimaría la “resistencia cívica” de burgueses y pequeños-burgueses, en oposición a la mayoría de la población nacional que siempre ha respaldado el proceso revolucionario bolivariano socialista. Ahora bien, ¿a qué obedece esta disparidad de puntos de vista entre chavistas y revolucionarios? Aunque pocos gustan admitirlo y, menos, corregirlo, a la falta de una formación política-ideológica sostenida, autocrítica y propositiva, que, al mismo tiempo que sirve para afianzar la convicción y el compromiso entre revolucionarios y chavistas, permita la constitución de una verdadera vanguardia popular revolucionaria, la cual resulte capaz de llevar a cabo transformaciones revolucionarias realmente trascendentes y esté ligada a los sectores populares en todo momento.

Además de lo anterior, se palpa prácticamente la ausencia de unos objetivos concretos que reactiven el protagonismo, la participación, la movilización y la organización de los sectores populares, cumplida ya una primera fase del proceso revolucionario bolivariano socialista bajo el liderazgo indiscutible del Comandante Chávez. Es fundamental que se comprenda la necesidad histórica de modificar sustancialmente las estructuras económicas, la correlación de fuerzas y la herencia o realidad cultural existentes en Venezuela en oposición a la mezquindad consumista y excluyente, inducida y reforzada a través de su sistema de propaganda por el capitalismo mundial; todo lo cual tendría como su mayor soporte la acción revolucionaria de los sectores populares conscientes y organizados, lo que supondría entonces la conformación de una nueva hegemonía, esta vez de carácter popular, socialista y revolucionario.- 

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