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Se muestran los artículos pertenecientes al tema EL MUNDO DEL CAPITALISMO.

LOS OTROS MUROS QUE NADIE VE

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Ahora la moda es repudiar la decisión del nuevo presidente gringo de construir un muro que separe a su nación de México, que es decir de todo el resto del continente, cuyos habitantes cruzan de cualquier modo la frontera en busca del anhelado «sueño americano». Sin embargo, poco se habla (quizás por ser menos conocidos o publicitados) de los demás muros existentes desde largo tiempo que cumplen igual intención, incluso con el objetivo deliberado de exterminar a todo un pueblo, como ocurre con Palestina, víctima del sionismo. En situaciones más locales, se pasa por alto los otros muros que dividen urbanizaciones y barrios (o zonas marginales), con los cuales se evidencia el contraste de las clases sociales y pone en el tapete la necesidad revolucionaria de la transformación estructural que requiere el modelo civilizatorio vigente en nuestra Abya Yala y el resto del planeta.
 
Escasamente se conoce algo respecto a los muros construidos en Uzbekistán o Belfast, Irlanda del Norte; en Chipre; en Melilla, a orillas del mar Mediterráneo, el cual separa Españadel norte de África, o el que erigiera Marruecos en el Sahara Occidental; Egipto en su frontera con la Franja de Gaza; entre Iraq y Kuwait; entre Iraq y Arabia Saudita; entre Turquía y Siria; entre Zimbabwe y Botswana; entre India y Pakistán; y la candente zona desmilitarizada establecida desde hace décadas entre Corea del norte y Corea del Sur. Cada uno de ellos bajo diferentes razones, pero con propósitos similares, es decir, servir de instrumentos visibles de la dominación, la xenofobia, el odio, el racismo y la discriminación, algunas revestidas con elementos religiosos prejuiciosos, practicadas por unas naciones sobre otras, lo mismo que por unas clases sociales sobre otras. Entre estos cabe incluir (aunque no se vea o palpe) el bloqueo económico cincuentenario desplegado por Estados Unidos contra Cuba a fin de someterla y recuperarla como parte de su dominio imperial.
 
A todos ellos se suman los muros creados por las grandes trasnacionales de la información y la comunicación (secundadas por los demás agentes de la industria ideológica imperial-capitalista) que le impiden a un amplio porcentaje de la población mundial enterarse de las verdaderas causas de los acontecimientos que -de una u otra forma- afectan su destino, siendo víctima de una manipulación mediática descarada que se ajusta a los intereses de quienes representan y dominan el sistema capitalista global.  
 
Por eso resulta válido lo afirmado por Fernando Buen Abad respecto a que el muro propuesto por Donald Trump no tapará “el drama del desempleo, la barbarie de la humillación, el infierno del hambre y la monstruosidad del despojo. Todo lo contrario. Deja a la vista la barbarie, la aberración y la bofetada auspiciadas por la burguesía que no tiene límites ni frenos en la fase depredadora en que se encuentra el imperio. El Muro es su espejo. Ellos ponen el Muro para callarnos y para acallar toda rebeldía, nosotros (todos) podemos poner el ejemplo y transformar al mundo. Que reviente el Muro con las luchas indígenas, campesinas y obreras... desde abajo y hasta el cielo. Que reviente el Muro antes, durante y después de que lo completen. Que reviente el Muro por obra y gracia de los trabajadores, de aquí́ de allá, inmigrantes y no inmigrantes... unidos esta vez para siempre” Los pueblos oprimidos, explotados y discriminados del mundo están obligados, por tanto, a derribar en conjunto los otros muros que nadie ve, incluso aquellos que -sin conciencia plena de lo que representan- justifican, incitados por la ideología dominante.-

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01/03/2017 09:49 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

TRUMP, ¿UN APOCALIPSIS MENOS DESTRUCTIVO?

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A vuelo de pájaro, la elección del multimillonario Donald Trump como el sucesor de Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos ha sido catalogada como una revuelta de la población “blanca, anglosajona y protestante” (en algunos casos, percibida como una minoría) contra las élites políticas, económicas y financieras identificadas con el capitalismo neoliberal, cansada de ser víctima constante de sus manipulaciones y demás acciones para asegurar sus patrimonios particulares y/o grupales en detrimento de los ingresos, necesidades e intereses de la amplia masa laboral estadounidense. En consecuencia, su discurso antiglobalización tuvo un primer efecto en el ánimo de esta población, pero no podría interpretarse, a priori, como algo totalmente en su contra.

 

Atendiendo a sus palabras durante la campaña electoral, con Donald Trump en la Casa Blanca, según lo vaticinan algunos estudiosos del tema, todos los proyectos de la restauración económica neoliberal a nivel global podrían desbaratarse en función de una política económica nacional más proteccionista y, por ende, aislacionista. Así, los tratados de libre comercio que promovieran y suscribieran los gobiernos posteriores a la era de Ronald Reagan fueron satanizados y culpados de suprimir una cantidad considerable de puestos de trabajo tuvo su eco efectivo en las áreas más empobrecidas de Estados Unidos, lo que -de algún modo- sirvió para apuntalar el ascenso de Trump a la presidencia estadounidense.

 

Adicionalmente, la postura conservadora del nuevo presidente ha hecho suponer el inicio de un período que hará retroceder y limitar muchos avances en materia de derechos humanos. Por ejemplo, Emilio Marín, en su artículo “Un ‘remedio’ peor que las enfermedades del imperio”, describe que “dentro y fuera de EE UU el resultado supone un espaldarazo a políticas de derecha y ultraderecha, de limitación de los derechos civiles y avances elementales en cuestiones como el aborto, cambio climático y matrimonio igualitario, exacerbación de la xenofobia, sobre todo contra los mexicanos y musulmanes (estos, ‘el último orejón del tarro’ para el magnate y sobre lo cual los medios mucho no hablan) y la vilipendiada mujer, tocable y violable”.

 

Claudio Katz, por su parte, hace notar que “el nuevo presidente exhibe con orgullo su condición de potentado y reforzó la idealización del capitalista que impera en Estados Unidos. Reavivó también la fábula que asimila el éxito en los negocios con la capacidad para dirigir un país”.  Sin embargo, como lo menciona Katz, “olvidó recordar cómo refutaron esa creencia los últimos millonarios que habitaron la Casa Blanca”. Esto, obviamente, tendrá sus repercusiones en el caldo de cultivo explosivo que representa la gigantesca crisis política y social que embarga desde hace varios años a los Estados Unidos y, más allá de sus fronteras nacionales, a todo el sistema imperialista mundial, envuelto en toda clase de acciones intervencionistas y agresiones militares contra gobiernos y naciones opuestos a sus designios hegemónicos.

 

No hay que olvidar que desde hace siglos, el imperialismo gringo ha explotado e inculcado el excepcionalismo o destino manifiesto que les concierne por la gracia divina para civilizar al mundo; lo que podría precipitar una situación quizás más extrema y belicista frente a las dos potencias que ahora le disputan la hegemonía global a Estados Unidos, Rusia y China, lo mismo que con aquellas naciones que han sido objeto de su constante atención, entre ellas algunas pertenecientes a nuestra Abya Yala.  Nada de esto significa que Trump sea un apocalipsis menos destructivo que el simbolizado por Hillary Clinton, incluyendo al saliente premio Nobel de la “paz”, Obama, con su estela de destrucción, violación de derechos humanos (dentro y fuera de suelo estadounidense) y guerras imperiales.-  

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17/11/2016 12:18 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA IDEOLOGÍA COMO FACTOR DE LA DOMINACIÓN

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Generalmente, el pueblo siempre ha sido sugestionado -en un grado u otro- por las clases dominantes para que reproduzca una autoestima atrofiada y un endorracismo, de los cuales apenas tendría conciencia plena, generando en él un sentimiento extendido de impotencia y de incapacidad para enfrentar con éxito (así sea relativo) la realidad de injusticias, de desigualdades y de explotación en que éste se desenvuelve. De este modo, prosiguiendo las pautas impuestas por el colonialismo hispano en estas tierras de Abya Yala, las clases dominantes consiguieron que una gran mayoría (si no la totalidad) del pueblo se valorara a sí mismo como un elemento negativo -a pesar de sus cualidades, que las tiene, indudablemente-, induciendo en algunos individuos la preferencia por modos de pensar y estilos de vida foráneos; especialmente los provenientes de Estados Unidos, que dan cuenta de un tipo de sociedad moderna, mejor administrada, culta, pujante y donde se hallan a la mano (aparentemente) todas las oportunidades para superar la pobreza estructural de la que se es víctima y parte involuntaria.

 

Para ello, las elites dominantes recurrieron a la ideología, adoctrinando al pueblo según sus principios de clase, a través de la cultura, la instrucción, la religión y las leyes dictadas a su favor; todo lo cual convergió en la adopción de una visión fatalista de un mundo que jamás podría alterarse, por muchas rebeliones y revoluciones que se gestaran para lograrlo, persuadiendo a los sectores subordinados respecto al papel pasivo que les tocaría cumplir en éste. En referencia a este tema, explica Juan Carlos Barajas Martínez en “Las tres ideologías básicas del Homo Hispanicus”, que “la ideología, desde el punto de vista sociológico, no es simplemente que una persona sea socialdemócrata o liberal, esa sería una visión política. Para los sociólogos la ideología tiene que ver más con una visión del mundo, construida desde la infancia, sujeta a cambios a lo largo de la vida y con una clara influencia del entorno social y familiar. Pero se trata de una visión completa del mundo que rodea al individuo construida socialmente, al menos en parte. Si se trata de una visión completa convendremos en que la ideología contendrá a la ideología política, pero también una ética, formas culturales y económicas, hábitos o costumbres, leyes no escritas más o menos inquebrantables y formas religiosas y supersticiones más o menos asumibles”.

 

Adicionalmente, la realidad del mundo contemporáneo corrobora lo escrito puntualmente por Carlos Marx en "La ideología alemana" hace ya más de cien años: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". Para conseguirlo, esta clase dominante no precisa de ejércitos exclusivamente para implantar su modelo político, económico y social. Ahora lo obtiene mediante el control desplegado sobre las redes sociales y los medios de entretenimiento y de información masivos, convirtiéndolos en elementos no convencionales de contienda, en lo que muchos concuerdan en designar guerra de cuarta generación, superando en mucho lo hecho por sus predecesores a través del tiempo. De este modo, se han asegurado que el control sobre los sectores dominados no dependa únicamente de agentes externos sino de la complicidad subconsciente de estos mismos, al hacerlos admitir la legitimidad e inevitabilidad del orden establecido, en un proceso de alienación que se reproduce de forma variada y permanente.

 

Por supuesto, para los beneficiarios directos de la globalización capitalista, lo ideal es lograr sin resistencia una uniformidad total de pensamiento, conciencia, lenguaje y patrones de vida de quienes habitamos este mundo, aceptándola como algo inevitable y altamente beneficioso para nosotros; claro está, incrementando día a día, sin restricción moral o legal alguna, su patrimonio particular. En contrapartida, cualquier afirmación de soberanía, de identidad cultural, de lucha anticapitalista y/o de libertad económica que lesione, contraríe e impugne los métodos, la lógica y los objetivos de la globalización capitalista será móvil para que el imperialismo gringo y sus asociados promuevan una estrategia en su contra, de forma que no exista nada fuera de su dominio. Es por eso que se requiere echar mano a un cuestionamiento generalizado del modelo civilizatorio actual y no contentarse con reformas que no eliminan del todo las causas de los diversos problemas que aquejan a la humanidad, solucionando parcialmente sus secuelas; lo que sería -aun cuando no lo desearan algunos de sus promotores- una revolución postcapitalista, sea que se le califique de socialista o no, pero revolución en un sentido bastante amplio y pluralista, a tal punto de incluir en ella a todos aquellos sectores sociales que combaten, desde sus trincheras particulares, las amenazas y la hegemonía devastadora de la globalización capitalista.-    

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26/10/2016 10:42 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA DERECHA Y SU IDEOLOGÍA DE LA BANALIZACIÓN

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A nivel nacional e internacional, los políticos de la derecha (y, en algunos casos, también de la llamada izquierda tradicional) han optado por banalizar, prácticamente, todo aspecto de la vida social, restándole la importancia y la seriedad con que debería abordarse cada uno, en función de sus carreras políticas y apetencias particulares de poder. Se ve tanto en Estados Unidos como en Europa y, más cercanamente, en Venezuela donde sus adalides parecen enfrascarse en una competencia por sobresalir en cuanto a la falta de inteligencia y a la escasa, por no decir inexistente, trascendencia de sus actitudes y afirmaciones. Esto, de alguna manera u otra, ha marcado la percepción de algunas personas respecto a los problemas coyunturales y/o estructurales que estarían padeciendo, sin indagar mucho sobre cuáles son sus causas reales y dejándose llevar por lo que se entiende frecuentemente por opinión pública.

 

Así, los políticos de la derecha en Venezuela (calco y copia de sus pares en otras latitudes) muestran repetidamente muy poco respeto por la capacidad intelectual de los sectores populares al insistir en hacerles creer que su solicitud del referendo revocatorio contra Nicolás Maduro tiene un objetivo altruista (incongruente, por demás), como lo sería la defensa de la constitucionalidad y de la democracia, lo que -según indican- solucionaría, en definitiva y de una manera instantánea, todos los problemas existentes en el país. Incluso obligando a los diversos medios de información a instituir, prácticamente, una exclusión de la diferenciación, tanto de aquella que pudiera surgir en sus filas como de la que se hallaría presente en las filas del chavismo, substrayendo la atención sobre sus debilidades ideológicas y haciendo ver que existe una alta polarización de fuerzas, sin opciones igualmente válidas más allá de unas y de otras. Tal situación se extiende y se mantiene sin mucha discrepancia, forzando al chavismo gobernante a mantenerse en esta misma línea, contrapunteando mediáticamente, sin plantearse un debate más profundo y, por consiguiente, sin suscitar una mejor conciencia y un decidido avance revolucionario de los sectores populares.

 

Es por eso que resulta vital entender que la lucha revolucionaria (lo mismo en territorio venezolano que en otros de nuestra Abya Yala) implica crear no sólo mejores condiciones sociales de vida y de trabajo, necesarias desde todo punto de vista, sino -básicamente- despojar al discurso de la derecha de ese carácter de ilusión redentora con que aún atrae a un porcentaje no desdeñable de personas descontentas o que, sencillamente, ansían igualarse algún día con los sectores tradicionalmente dominantes, en vista que el mismo le causa un enorme daño al ejercicio crítico y protagónico de la democracia por parte del pueblo organizado, sobre todo, si se apela a sus mismos recursos, incluyendo el clientelismo político. Es importante entonces que se plantee entre los revolucionarios la construcción de un nuevo lenguaje político con el cual se rearme teóricamente al pueblo, teniendo como consecuencia esperada la revolución socialista en todos los órdenes, no únicamente en cuanto a las formalidades políticas, de manera que exista una verdadera transformación estructural del modelo civilizatorio actual y se logre la supresión de las distintas repercusiones que tendría la ideología de la banalización de los sectores dominantes en los modos de pensar y de vivir de los sectores subordinados, ahora emancipados o en proceso de emancipación.-

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17/10/2016 15:36 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA DERECHA Y LOS ALQUIMISTAS DE LA «REVOLUCIÓN»

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En coincidencia con Marcelo Colussi, escritor y politólogo de origen argentino, habría que admitir que «la derecha política se ha ido apropiando paulatinamente de lo que años atrás era el discurso de la izquierda. Eso es gatopardismo: cambiar algo para que no cambie nada. Hoy, sin ningún temor, los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional pueden denunciar la situación económica del mundo y hablar de lucha contra la pobreza. Eso puede parecer loable; pero ¡cuidado! Luchar contra la pobreza no es lo mismo que luchar contra la injusticia, contra las verdaderas causas que producen la pobreza».

 

Mediante este mimetismo, la derecha explota a su favor el hecho innegable que todos los pueblos de Nuestra América (y de una vasta porción del planeta) han sido -en uno u otro sentido- permeados y adoctrinados secularmente por la creencia generalizada que el capitalismo y, con él, todo lo que conforma el orden social vigente, jamás podría modificarse, por muchos esfuerzos que se hagan para conseguirlo. Esto ha inducido la aparición de quienes se granjearían la denominación de “alquimistas de la revolución” (entendiendo ésta como algo que parece revolución, pero que no lo es, siendo más bien simple reformismo), distorsionando dicho concepto en función de una práctica totalmente ajena a lo que el mismo conlleva y debe entenderse, sobre todo, cuando éste se acompaña con un discurso de carácter socialista.

 

Además de lo anteriormente expuesto, podríamos agregar lo concluido por Marcos Roitman, sociólogo y ensayista chileno-español, en un análisis titulado “El triunfo cultural del neoliberalismo" respecto a que “el éxito cultural del neoliberalismo consiste en desvirtuar los proyectos sociales democráticos, emancipadores y de izquierda en una opción dependiente del mercado, los medios de disuasión y desinformación social y la telefonía móvil. Un mundo despolitizado y desideologizado es la mejor garantía para el gobierno de la derecha, que hace posible que proyectos considerados transformadores puedan declamar, como un dogma de fe, no ser ni de derecha ni de izquierda. Todo un éxito del neoliberalismo cultural".

 

Ello se puede percibir en la posición adoptada por muchas personas que piensan sólo en sí mismas, sin importarles la suerte corrida por los demás, lo que las hace estar predispuestas a aceptar cualquier régimen en tanto él no afecte sus intereses particulares y se les permita aprovecharse de la ocasión, así esto contribuya a agudizar las tensiones sociales, las desigualdades y la inestabilidad económica en un sentido general. Esto explica el por qué este tipo de personas son renuentes a reconocer lo que es y podría significar el pasado histórico en el impulso de las diversas transformaciones que se requieren en el presente, aduciendo (cuando cree que es necesario) que éste es algo obsoleto, sin nada práctico que aportar al mundo moderno donde lo meritorio es alcanzar el éxito individual, social, política y económicamente, así se carezca de una moral mínima que lo realce.

 

Para quienes promueven la imposición del neoliberalismo económico y el imperialismo corporativo a escala planetaria, este sería el estado ideal de la sociedad que aspiran regir indefinidamente y sin contratiempos de ninguna especie, esperando que sus integrantes -a pesar de las diversas destrezas y altos grados académicos que exhiban- actúen de una manera equivalente a la de unos zombis, absortos únicamente en su autocomplacencia e incapaces de ejercitar su libre albedrío frente a las realidades re-creadas y manipuladas a su antojo por los sectores dominantes, a través de sus cadenas informativas y la gran industria ideológica a su entero servicio.

 

Por eso, al plantearse la puesta en marcha de un necesario proyecto revolucionario en estos y otros países del mundo, inevitablemente se tendrá que lidiar sostenidamente con esta ideología inculcada a través de largos años por las clases dominantes, lo que exigirá de sus conductores emprender una revolución cultural que reivindique la idiosincrasia y la memoria histórica de sus pueblos.

 

No podría ser de otra manera, asumiendo que la revolución tiene como objetivo fundamental lograr la transformación estructural del actual modelo civilizatorio. No otra cosa podría acometerse en momentos que el discurso aparentemente incoloro y desprovisto de contenidos clasistas revolucionarios, tanto de los grupos de la derecha como de los “alquimistas de la revolución”, está enfilado a desarmar, básicamente, a los sectores populares, ilusionándolos con soluciones cortoplacistas en relación a la serie de problemas que confrontan a diario, sobre todo si éstos -como ocurre actualmente- son de género económico.-

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28/09/2016 11:23 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA CRISIS DEL MODELO CIVILIZATORIO OCCIDENTAL

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Aminorar los efectos negativos de la pobreza, la violencia y el deterioro de la naturaleza se ha convertido en un objetivo primordial que se han trazado lograr por igual gobiernos y pueblos de todo el mundo. Unos porque es parte de sus funciones, en el caso de los gobiernos, y otros por simple instinto de supervivencia y deseos de preservar su cosmovisión y la vida en un sentido amplio, en el caso de los pueblos (especialmente los de Nuestra América). Los más conscientes de la situación crítica que asola al planeta, evidenciada en los desplomes económicos que han condenado a la miseria y al desempleo a millares de personas en muchas naciones, además del cambio climático que afecta y amenaza destruir el delicado equilibrio ecológico en todos los continentes, saben que todo ello es consecuencia directa del sistema de explotación, de desigualdad social y de depredación salvaje de los recursos naturales que define al capitalismo. Otros aún creen que solo bastaría con que los dueños del capital globalizado redujeran sus avideces de lucro y se preocuparan algo más por “humanizar” este sistema.    

 

El modelo civilizatorio occidental, por tanto,  se halla envuelto en una crisis que tiende a agudizarse, sin solución aparente a corto plazo. ¿Quién entonces podría refutar esta afirmación de manera concluyente, sin verse como alguien tocado por la irracionalidad y la autocomplacencia, además de la tradición positivista occidental impuesta por Europa y secundada por Estados Unidos, acostumbrados a pensar de una misma forma y en una misma orientación? Se hace imprescindible, por consiguiente, el surgimiento inaplazable de unos nuevos paradigmas culturales, sociales y económicos que tengan como rasgos destacados la interculturalidad, una filosofía de vida alejada de la lógica del capitalismo y un nuevo patrón de relaciones armónicas entre los seres humanos -y entre éstos y la naturaleza de la cual dependen- que sirvan como muro de contención a las ambiciones hegemónicas de los grandes centros de poder político y económico existentes.

 

El historiador de la Universidad de Harvard Niall Ferguson alega en el rotativo británico 'The Financial Times' que "el breve período de paz", tal como él describe al período entre 1991 y 2010, ha llegado a su fin. "Occidente obtuvo beneficios de la paz después de 1991. Los dilapidamos en una fiesta de dos décadas de consumo, estancamiento y especulación. Primero llegó la resaca financiera; ahora llega el ajuste de cuentas geopolítico. Lidiar con esta situación significará volver a aprender las artes de la gran estrategia y de la guerra", sostiene el ensayista en su columna. Esta circunstancia, un tanto imprevista o escasamente presagiada, ha conducido al mundo actual a un estado de guerra tácito, con posibilidades nada lejanas de recurrir al uso de armas nucleares, promovido principalmente por el imperialismo gringo en contra de todo país y de todo gobierno que considere es una amenaza a sus intereses geopolíticos y económicos. Por su parte, la Red Nuevo Paradigma señala que “desde 1492, el ‘desarrollo’ ha sido la más atractiva y ambigua idea galvanizando la atención de gobiernos, líderes y sociedades independiente de raza religión e ideología.  Su promesa de un progreso positivo, gradual, lineal y acumulativo se transformó en la fuente de esperanza de la humanidad en los últimos cinco siglos. Irónicamente, a pesar que las promesas hechas en su nombre nunca son cumplidas, los valores, conceptos, premisas, etc., creados para sostener dicha idea, todavía dominan el imaginario social de los pueblos, el repertorio semántico de los expertos y las estrategias retóricas de los discursos oficiales y alternativos en el Norte, Sur, Este y Oeste”.

 

En conjunto, ambos análisis dan cuenta de la crisis que atraviesa el modelo civilizatorio occidental. Los estallidos de protesta popular en diversas latitudes de la Tierra, enfrentando grupos variados la represión de los órganos de seguridad del Estado, así como la inestabilidad en el marco económico capitalista, son síntomas inequívocos de esta crisis a nivel general, lo que da pie para plantearse, con la debida seriedad y compromiso exigidos para lograrlo, el diseño de un amplio programa de contenido revolucionario que haga suyas las visiones de los distintos sectores sociales que confrontan, desde sus particulares trincheras de lucha, las acometidas del capital globalizado. No podrá, por tanto, suponerse que el Estado burgués liberal y el sistema capitalista resolverán los graves problemas brotados bajo su hegemonía, por lo que será necesario que los revolucionarios sepan asumir el nuevo desafío histórico que esto implica, dando nacimiento a un nuevo modelo civilizatorio centrado en las personas y el respeto a la naturaleza antes que en la satisfacción de la voracidad de las grandes corporaciones transnacionales del capitalismo neoliberal globalizado.-   

 

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07/09/2016 14:47 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA GENTE SABE

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Durante siglos, la larga historia de la humanidad (con sus diferencias étnicas, culturales y/o religiosas) ha oscilado entre padecer las normas arbitrarias de un régimen opresivo o, en vez de ello, luchar por alcanzar una emancipación real; lo cual -al no estar al tanto exactamente respecto al contexto en que cada acontecimiento tiene lugar- impulsa a muchos a considerar todo esto como una fatalidad insuperable. Hoy, esta percepción es estimulada a diario desde los grandes centros de poder hegemónicos, los mismos que, dueños de la banca y de los grandes medios de producción a escala internacional, hacen caer los mercados bursátiles y someten las economías de muchas naciones, a fin de incrementar, salvaguardar e imponer sus propios beneficios. Algo que viene intensificándose desde los años 80, cuando se impusiera el modelo capitalista neoliberal, y con un mayor énfasis desde la última década, llegándose a utilizar la fuerza militar para garantizar tal propósito, al igual que la influencia ejercida en los organismos multilaterales, tipo Banco Mundial o Fondo Monetario Internacional; de forma que toda la economía del planeta gire a su alrededor.

 

«La gente sabe -como bien lo desglosa Umberto Mazzei en un artículo suyo  titulado Aurora en Europa- que, si bien la tecnología y la globalización facilitan la producción y el comercio, los beneficios no se comparten con los empleados, sino se usan para aumentar el desempleo, desestabilizar puestos de trabajo y que enriquecen a los ricos. La gente sabe que la deuda pública emitida para mantener burbujas en los mercados financieros, disminuye el valor de los salarios, las pensiones y los activos tangibles del 99%. La gente sabe que la desregulación financiera y la inversión alargan la mano de los carteles empresariales. La gente sabe que el 1% quiere privatizar los servicios públicos -como educación o justicia- cuya eficiencia se mide por cobertura, para sacar provecho de ellos. La gente sabe que esas malas políticas pueden afirmarse, irreversiblemente, con acuerdos económicos internacionales”. La gente sabe todo esto y lo enfrenta aunque el resultado de sus luchas pareciera evaporarse en medio de acuerdos al nivel de elites (gubernamentales y económicas) que, a la final, restauran la situación denunciada y combatida, desconociendo las miserias y el gran malestar causados a los sectores populares. 

 

Al capitalismo neoliberal globalizado le interesa sobremanera que exista y se consolide una nueva forma de subjetividad entre las personas que, independientemente de cuáles sean las normas jurídicas, religiosas y/o institucionales que regulen su cotidianidad, resulte un elemento común en cada nación y en cada continente. A fin que esto sea factible, incita a cada humano a absorber valores hedonistas e individualistas (gracias al influjo de su industria ideológica y demás instrumentos doctrinarios a su servicio) y a alcanzar su máximo rendimiento y grado competitivo, convenciéndolo de sus potencialidades particulares, las cuales lo convertirán en un empresario de sí mismo, tal como se promueve a través de seminarios y otros medios. Con base en esta premisa, la realidad del mundo contemporáneo corrobora lo escrito en "La ideología alemana" por Carlos Marx hace más de cien años: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". De este modo, la clase dominante -transnacionalizada, puesto que ya no responde a los estereotipos conocidos- levanta muros visibles e invisibles que les impiden a las mayorías populares acceder a un mejor nivel de vida, muchas veces resignándose a la “mala suerte” que les ha correspondido sufrir e ilusionándose en cada proceso electoral con las ofertas oportunistas de los políticos de turno, ávidos de alcanzar y usufructuar el poder.

 

No obstante imperar esta circunstancia, estas mismas mayorías populares resisten, batallan y reclaman soluciones a sus problemas, lo que podría servir de punto de partida para que pasen a la ofensiva y asuman entonces un rol abiertamente revolucionario, planteándose -en consecuencia- una transformación estructural del modelo civilizatorio “occidental” vigente, como alternativa lógica frente al peligro inminente de destrucción masiva representado por el capitalismo globalizado, reemplazándolo subsiguientemente por uno más acorde con las aspiraciones comunes de un mayor grado de democracia, autodeterminación, soberanía, igualdad y redención social, en lugar de favorecer los intereses capitalistas de una minoría privilegiada; lo que tendría que verse entonces de una manera global y no de una manera únicamente aplicable fronteras adentro.-  

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31/08/2016 12:37 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL FASCISMO INEXISTENTE

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Se dice que la mayor habilidad de Satanás ha sido siempre la de hacerle creer a la mayoría de las personas que él no existe (complicando de alguna forma lo propio respecto al Dios de la cristiandad y del judaísmo). Esto mismo podría decirse de los grupos de la derecha que, con escasas diferencias, han surgido en los años recientes en la escena política de Nuestra América, conformando sin mucha dificultad lo que se ha dado en llamar, tomando en cuenta las características violentas, xenófobas y clasistas- como neofascismo, el cual -al igual que el emergido hace más de medio siglo en Italia y Alemania- tiende a mimetizarse mediante un discurso aparentemente democrático, pacifista y colmado de promesas de seguridad y de bienestar material para todos, pero que solo se orienta a la captación de la voluntad de las mayorías descontentas, ávidas éstas de disfrutar (sin mucho esfuerzo de su parte) de tales “bondades”. Tal como Arthur Rossemberg lo señalara en su obra El fascismo como movimiento de masas, “el fascismo no es más que una forma moderna de la contrarrevolución burguesa capitalista, disfrazada de movimiento popular”.

 

Así, aun cuando sean visibilizadas sus distintas atrocidades, el neofascismo (o fascismo) las endilgará a sus oponentes, a quienes responsabilizará en todo momento de las consecuencias de sus propias acciones, sean éstas represivas, de ser gobierno, o, de no serlo, como se estila en la actualidad política venezolana, implícitamente desestabilizadoras (siguiendo al pie del cañón el guión del golpe blando patrocinado por Estados Unidos). Este brote neofascista, por consiguiente, en Nuestra América no es casual. Coincide con la estrategia diseñada por los think tanks (o laboratorios de ideas) del Departamento de Estado, la CIA, el Pentágono y demás agencias u organismos de seguridad e inteligencia con que cuenta el imperialismo gringo, a los que se han sumado las cadenas empresariales de noticias y grupos de la derecha europea y latinoamericana; conjugados todos para combatir y derrotar los procesos emancipatorios surgidos al sur del río Bravo.

 

No obstante estos antecedentes, los gobiernos y los movimientos de tendencia revolucionaria poco han conseguido para evitar su avance, alterando la correlación de fuerzas a su favor. Unos, como en Argentina y Brasil, han dado paso a regímenes más inclinados a satisfacer los intereses del capitalismo neoliberal globalizado, abandonando los programas sociales que benefician a los sectores populares. Otros, como en Bolivia y Venezuela, han sufrido retrocesos favorables a los grupos conservadores; lo que hace que muchos anticipen una derrota inminente en cadena de todos estos procesos.

 

Pero ello no sería posible de no existir una ideología dominante que hace mella en la conciencia de quienes conforman las clases subordinadas, oprimidas y explotadas, ideología que es inculcada a través del tiempo por aquellas clases y fracciones de clases que son usufructuarias del orden establecido. “Los capitalistas no dominan el Estado sino por cuanto existen importantes sectores del pueblo que se consideran solidarios con su sistema y están dispuestos a trabajar para el capitalista, así como a votar y disparar a su favor, convencidos de que su propio interés exige el mantenimiento del orden económico capitalista”, nos dice el citado Rossemberg.

 

Esto vuelve la lucha revolucionaria en una empresa titánica y permanente que no solamente debe encauzarse a la conquista del poder político con intenciones de trascender el capitalismo, aplicando fórmulas reformistas que poco harán por transformar las distintas estructuras que soportan y caracterizan el modelo civilizatorio actual. Debe proyectarse igualmente a la consecución de una conciencia con nuevos valores, centrados en el bien común, el vivir bien y el respeto a la humanidad y a la naturaleza, incluso con una cosmogonía basada en la realidad histórica de nuestro continente hasta ahora subyugado; todo lo cual será producto de un esfuerzo colectivo y heterogéneo, de manera que sea posible la constitución de un modelo civilizatorio de nuevo tipo.-      

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31/08/2016 12:22 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

CUANDO LA DERECHA SE HACE SUBVERSIVA

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La derecha comenzó a hacerse subversiva -si le es aplicable el término- a partir de su tardía comprensión de la realidad que venía suscitando mediante la hegemonía creada, sustentada y legalizada por sus gobiernos representativos, de acuerdo a la lógica capitalista y las estructuras vigentes del Estado burgués liberal.

 

Al ocurrir el ascenso de gobiernos antineoliberales de signo progresista y/o izquierdista, cundió el espanto entre muchos miembros de las clases dominantes -antes apátridas o indiferentes a participar directamente en el escenario político, pero ahora animadas a defender a cualquier costo sus privilegios, sobre todo de tipo económico, ante el avance sostenido de los sectores populares por acceder a mejores niveles de vida- lo cual coincidió con las preocupaciones tempranas de Washington (estancado en su guerra contra Iraq y Afganistán) frente a las muestras crecientes de independencia y de antiimperialismo de tales gobiernos, respaldados, por si fuera poco, por un amplio porcentaje de la población. Todo esto comenzó a configurar una situación transformadora que los más optimistas entrevieron como una situación revolucionaria de corte socialista.

 

Esto último hizo que diferentes organizaciones e individualidades de izquierda se adhirieran de inmediato a dichos gobiernos, quizás confiando demasiado en orientarlos e influir en sus decisiones, pasando por alto que mucho de lo logrado, o por lograrse, estaría limitado por el Estado burgués liberal vigente, en un primer momento, y por el régimen económico capitalista, aun cuando se respetase éste en esencia. Algo que luego (algunos) advirtieron como irreal e ingenuo, dado su carácter reformista, a pesar del discurso “revolucionario” de sus nuevos representantes.

 

Sin embargo, otros continuaron junto a los mismos, conformándose con únicamente compartir, de algún modo, cualquier cuota de poder que se les permitiera. Ahora que la realidad económica y política se halla aparentemente en reversa, ampliando las perspectivas de restauración de los sectores de la derecha, muchos revolucionarios están reevaluando, con criterios más objetivos, la experiencia común vivida por los pueblos de Nuestra América, especialmente en Venezuela, tendiendo puentes con organizaciones e individualidades dispuestas a reimpulsar el auge logrado por las luchas populares durante las dos últimas décadas, pero esta vez buscando alejarse -sin excluir del todo su posibilidad- de los parámetros electorales habituales (campo éste propicio para que los reformistas y los aprovechadores de oficio desvirtúen cualquiera intención revolucionaria).

 

Incluso, en este mismo proceso de reevaluación, destaca la propuesta de racionalizar la revolución y el socialismo sin los dogmatismos dados a luz en otras latitudes y épocas, sin que ello signifique desechar absolutamente los aportes teóricos de sus principales representantes, ya que muchos podrían servir para el despeje de algunas interrogantes respecto a cómo sería su implementación y consolidación.

 

El problema a resolver sería el hecho que una mayoría de los sectores populares todavía responde a una cultura política basada, principalmente, en la demagogia y el clientelismo representados por muchos dirigentes, algo que, en vez de superarse, fue reforzado por algunos gobiernos de la región (fundamentalmente, locales), dejándose a un lado un necesario proceso de politización social, como lo reconociera de manera autocrítica el Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera; dedicándose a preservar los espacios del poder constituido logrados.

 

Resolverlo será una cuestión de vital importancia para el futuro de la revolución, lo que implicará disponer de una alta capacidad para el debate ideológico y político, para aceptar el ejercicio ineludible de la crítica y de la autocrítica, además de recurrir y poner en práctica una teoría creadora que se esparza desde lo macro hasta lo micro de la cotidianidad que vivamos y queramos todos vivir; lo que supondrá -sin duda- un salto cualitativo respecto a la concepción que se tiene de la revolución en términos socialistas.

 

Ello contribuiría a que el socialismo sea la alternativa con que se pueda trascender al socialismo, en oposición al capitalismo, a sus patrones de desigualdad y de discriminación sociales, de dependencia económica, de explotación y de otros aspectos negativos derivados del mismo (en lo político, lo cultural, lo espiritual, lo geopolítico, lo ecológico) que caracterizan al mundo contemporáneo.- 

 

 

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07/07/2016 11:47 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA MUTACIÓN "REVOLUCIONARIA" DEL CAPITALISMO

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Ciertamente, es la hora de aullar -como lo expresara José Saramago-, denunciando y confrontando las intenciones y los intereses de quienes, de manera corporativa, buscan controlar los destinos de nuestros pueblos, fingiendo hacerlo -en nombre de los derechos humanos, de la libertad y de la democracia-, pero que, en realidad, lo hacen para satisfacer su gula capitalista.

En la actualidad, muchos analistas observan una mutación en el discurso y la praxis capitalistas (entendiéndolos como discurso y praxis de los sectores tradicionalmente dominantes, internos y externos) al reflejarse en éstos las acciones y las fórmulas contraculturales que fueron conocidas durante las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado. Así, se ha enaltecido una libertad individual y una crítica al sistema imperante (generalmente violenta) dirigida, básicamente, por los amos del capital a través de su industria ideológica; enmascarando -en consecuencia- las intenciones escondidas tras esta estrategia de manipulación, sobre todo de los estamentos juveniles, donde se evidencia con mayor fuerza. Ello ha conformado una nueva subjetividad, asociada a los intereses materiales del capitalismo, haciendo que muchas personas piensen de una forma mezquina más que en cualquier expresión de solidaridad con los demás seres humanos, a tal grado de insensibilizarse frente a la tragedia, las necesidades y el dolor ajenos. Esto ha servido para desvirtuar los procesos de cambios iniciados en gran parte del continente americano (como sucede, con un mayor énfasis, en Venezuela), notándose grandes antagonismos y/o contradicciones en los argumentos y los conflictos generados por aquellos que se amotinan abiertamente a los mismos, en comparsa con los objetivos fijados por el imperialismo gringo y sus aliados para recuperar la hegemonía perdida en los últimos veinte años.

A pesar de la percepción negativa que parece apoderarse de mucha gente respecto a la posibilidad real de hacer la revolución popular y socialista en Nuestra América, dado el avance logrado por los sectores de la derecha en Argentina, Bolivia y Venezuela (sin obviar que puedan lograr lo mismo en Brasil y Ecuador), es imperativo que los revolucionarios sigan enarbolando las banderas de lucha que han caracterizado nuestra historia común, las mismas que frenaron las apetencias insaciables del capitalismo neoliberal e imperialista cuando casi todo el mundo suponía que ya no habría más alternativas con qué oponérsele. Se requiere, por supuesto, de una subversión y de una descolonización sostenida del pensamiento tradicional y de la cultura en que se sustenta el capitalismo para producir una verdadera transformación revolucionaria que se manifieste, en un primer término, en la ética que debe caracterizar la conducta de quienes asuman la responsabilidad de encaminar este proceso re-creativo y, en un segundo e igualmente importante término, la conquista de una emancipación integral, compartida por todos.

La realidad actual del capitalismo global impone la urgencia de una redefinición de las luchas emprendidas y de las propuestas teóricas que buscan explicarlas y orientarlas; cuestión que requiere de mucha audacia de parte de los sectores populares y revolucionarios para soñar con los pies sobre la tierra, con raíces propias, cortando así el cordón umbilical que nos pudiera atar a las realidades importadas de Europa y de Estados Unidos, cuyas clases dominantes (sobre todo, estadounidenses) hacen todo lo posible por mantener a nuestros países subyugados, convertidos en simples suministradores de materias primas para incrementar sus ganancias y mantener su estilo de vida.

Esto significa el surgimiento de nuevos desafíos estratégicos que se le impone resolver -con criterios amplios y propios- a las fuerzas revolucionarias, lo que se alcanzará si se cuenta en todo momento con la participación efectiva de los sectores populares.-

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26/05/2016 12:12 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA IMPERIAL DE DOBLE PROPÓSITO

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La guerra, desde finales del pasado siglo, ha sido utilizada por el complejo financiero-industrial-militar gringo (junto a sus aliados de la OTAN) como elemento disuasivo de doble propósito. Mediante ella, el derecho internacional -lo mismo que las acciones e influencia de la ONU y de otros organismos multilaterales- fueron puestos a la orden de los requerimientos de los grandes capitales corporativos transnacionales; situación que es disfrazada (gracias a la industria ideológica a su servicio) bajo argumentos contradictorios de defender la libertad, la democracia y los derechos humanos, pero cuyo saldo visible resulta completamente lo contrario. Pero, la guerra ya no es la típica guerra, presente a lo largo de la historia humana. Es una guerra sin fronteras territoriales, siendo perfeccionada en muchos campos, a los cuales se extiende sin que los ciudadanos, en su gran mayoría, lo admitan y se percaten de ello.

Con esto, el complejo financiero-industrial-militar gringo (como adalid del capitalismo global) obtiene una ventaja significativa de alcance mundial, a tal punto de consolidar lo que muchos señalan como dictadura o imperio a escala planetaria, permitiéndose la decisión arbitraria de desestabilizar cualquier nación y/o gobierno que ose ir en contra de sus intereses; entablándose una lucha desigual entre quienes defienden su soberanía y aquellos que pretenden arrebatársela.

Esta lucha desigual, sin embargo, podría reforzar (de haber la suficiente madurez y voluntad política para hacerlo, sin desmayar en el esfuerzo)  la necesidad de una organización y de una conciencia populares orientadas a romper, por un lado, la dependencia tradicionalmente aceptada respecto a Estados Unidos (“la nación indispensable”) y, por otro, emprender un vasto movimiento emancipatorio capaz de trascender el marco capitalista y crear, en su lugar, uno de características colectivas o comunistas, donde se deje de cosificar a la naturaleza y a los seres humanos. No obstante, para que esto llegue a suceder es ineludible que haya un proceso revolucionario que agrupe en igualdad de importancia, sin que se aísle uno de otro, tres grandes objetivos: 1.- justicia social, 2.- independencia económica, y 3.- soberanía política. Cada uno protagonizado e influenciado en todo momento por los sectores populares. Sabiendo de antemano que la conquista de mercados y de recursos naturales estratégicos, a fin de asegurar e incrementar sus ganancias multimillonarias (sin importar para nada el bienestar de los pueblos) constituye la razón principal por la que el capitalismo global recurre a la guerra, no podría hallarse otra forma de confrontarlo y vencerlo que el impulso de este proceso, oponiéndose frontalmente al esquema de especialización de la producción por parte de regiones y países que pretende imponerse desde los centros de poder hegemónicos.

Hay que rememorar que el imperialismo gringo ya había perfilado su remozado papel dominante en el documento “Proyecto para un nuevo siglo (norte) americano” que, tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, debía comportarse, como nunca antes lo hiciera potencia alguna en el pasado, “como imperio mundial de pleno derecho, poseedor único de la responsabilidad y la autoridad como policía planetario”, al decir de Miguel Ángel Contreras Natera en su obra “Geopolítica del Espíritu”. Para los ideólogos del imperio yanqui, “la gran estrategia de Estados Unidos -según lo reflejan en el antemencionado documento- debe perseguir la preservación y la extensión de esta ventajosa posición durante tanto tiempo como sea posible. Nuevos métodos de ataque electrónicos, no letales, biológicos serán más extensamente posibles; los combates igualmente tendrán lugar en nuevas dimensiones por el espacio, por el ciber-espacio y quizás a través del mundo de los microbios; formas avanzadas de guerra biológica que puedan atacar a genotipos concretos, pueden hacer del terror de la guerra biológica una herramienta políticamente útil”.

Con todo esto en mente, los apologistas obviaron, no obstante, dos obstáculos que -de una u otra manera- limitarían y cambiarían su meta (aunque sólo fuera momentáneamente): la resistencia de los pueblos, básicamente de nuestra América, y el progreso tecno-científico, económico y militar logrado por Rusia y China, dos rivales de cuidado en el actual escenario internacional.

¿Qué queda entonces por hacer?

La lucha de resistencia ejemplificada por los pueblos de nuestra América, tanto antes como después del paréntesis neoliberal de las décadas de los 80 y los 90, podría servir de clave para interpretar el momento histórico actual y prefigurar la estrategia a seguir frente a la guerra imperial de doble propósito de los grandes centros de poder; así como la posibilidad de delinear nuevas formas organizativas de vida, justicia y reivindicación cultural que le den una nueva significación a la democracia como práctica cotidiana emancipatoria.-     

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07/04/2016 16:21 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA ARREMETIDA DEL CAPITAL CONTRA LOS PUEBLOS

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Hay -sin duda alguna- un choque tácito entre la realidad del capitalismo y la realidad de la democracia, siendo comprobable en todo momento y en cualquiera nación. Esto se ve reflejado en la multiplicidad de acontecimientos que han derivado en crisis económicas sufridas en diversidad de naciones (incluido el paladín universal del capitalismo, Estados Unidos), algunas apenas paliadas por los gobernantes de turno, las mismas que han causado una depreciación significativa del poder adquisitivo de las personas mientras se incrementan los niveles de protestas populares, desempleo, pobreza y desigualdad social en cada nación afectada.

Los usufructuarios de los grandes capitales asociados buscan acelerar la reconfiguración de un mundo totalmente ajustado a sus intereses. Así, desde la era en que Ronald Reagan y Margaret Thatcher impusieron su visión política neoconservadora, políticos y empresarios forjaron una dupla encargada de establecer gobiernos y políticas públicas que beneficiaran altamente el modelo capitalista neoliberal a nivel mundial a costa de los recursos, bienes y los logros de los pueblos, tal como ocurriera en gran parte de nuestra América bajo gobiernos y dictaduras al servicio, primordialmente, de Estados Unidos.

Para alcanzar sus propósitos, las grandes corporaciones multinacionales (a través de la OTAN, el Pentágono y el Departamento de Estado gringo) han promovido la desestabilización y derrocamiento de regímenes considerados como hostiles a los mismos, así como guerras imperialistas bajo la excusa de defender la democracia y los derechos humanos, pero que tienen un objetivo bien claro: apoderarse de las riquezas existentes en sus países.

Durante tres décadas consecutivas, el capitalismo globalizado se ha dirigido a conseguir el control de la población mundial por medio de una estrategia de propaganda, caos y terror que induzca a las personas a sacrificar sus derechos democráticos por un clima de seguridad, así esto produzca la criminalización de los reclamos populares, la aplicación de leyes como la Ley Patriota, la guerra antiterrorista y aberraciones como la detención arbitraria de supuestos extremistas islámicos en la base naval de Guantánamo, ocupada ilegítimamente por Estados Unidos. Esto se refuerza a diario gracias a la industria ideológica, la cual contribuye a afianzar los valores que distinguen el modelo civilizatorio estadounidense-europeo mientras se empequeñecen, desvirtúan y ridiculizan aquellos pertenecientes a culturas y pueblos periféricos; desconociendo frontalmente cualquier tentativa por instaurar un mundo pluricéntrico y pluripolar, respetuoso del derecho internacional y toda soberanía.

Por tanto, la columna vertebral de la arremetida del capital contra los pueblos está conformada, principalmente, por esta industria ideológica, cuyas expresiones más visibles son la industria cinematográfica y de entretenimiento general, que influyen notablemente en la imposición de modas y consumo de drogas de todo tipo, sobre todo al nivel juvenil. Además de ello, las corporaciones cuentan con ejércitos privados, facultados para fiscalizar y ejecutar operaciones militares que normalmente estarían a cargo de los ejércitos regulares, una cuestión adecuada a los gobiernos que actúan a su favor para eludir las normas que restringen y penan la violación de los derechos humanos (casos de Afganistán e Iraq).   

En palabras de Michael Löwy y Samuel González (El capitalismo contra la democracia en Europa y América Latina, revista Memoria, México), “hay una necesidad apremiante de profundizar la democracia mediante la construcción de poder popular; un ejemplo muy significativo al respecto son las comunas generadas en Venezuela desde 2009. Es importante remodelar los Estados desde una visión que sobrepase y rompa con los designios de la democracia liberal y los dictados del gran capital. Las experiencias conquistadas en las asambleas constituyentes resultan fundamentales, sin perder de vista la necesidad de construir poder popular más allá de sus formas estatales, generando un puente y vínculo entre lo democrático y lo comunitario, como demuestran diversas experiencias en la actualidad, para repensar los horizontes anticapitalistas y comunistas de nuestro siglo”.

Esto nos coloca a los seres humanos en una disyuntiva muy importante para la sobrevivencia, la paz y la libertad de toda la humanidad. Ello implica emprender movilizaciones, nuevas formas de organización popular y una lucha sostenida contra las pretensiones del capital corporativo, echando mano al mismo desarrollo tecnológico e informático que éste ha promovido, de forma que exista una democratización comunicacional que trascienda las fronteras nacionales y permita el desenmascaramiento de la estrategia utilizada por los capitalistas en contra de los intereses de los sectores populares.

La principal línea de combate sería, entonces, en el rango ideológico-cultural, precisando modos nuevos de comprensión, desalienación y educación que fomenten, en primera instancia, un sentido de pertenencia en las personas y, en una segunda instancia, la firme convicción de poder resistir y vencer las ambiciones del capital corporativo de apoderarse de todo.-    

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07/04/2016 16:18 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA GUERRA MULTIDIMENSIONAL DEL CAPITALISMO IMPERIAL

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El sistema capitalista mundial podría enfrentar la posibilidad inminente de una desaceleración económica, lo que plantearía consecuencias graves para las naciones periféricas, además de las principales naciones desarrolladas capitalistas (entre ellas, Francia y Alemania) que padecen en el presente los costos sociales de las recomendaciones neoliberales del FMI y del Banco Mundial para superar sus crisis internas; afectando también la estabilidad democrática y la garantía de respeto a las soberanías y los derechos humanos.

Es evidente que la economía global -centrada en el dólar- se duplicó durante los últimos 30 años, sin embargo, esto no significa que la riqueza se haya distribuido de un modo equitativo entre trabajadores y dueños de capital, lo que se traduce en mayores niveles de desigualdad económica y social, reflejándose en la situación desigual de un 1% que acumula diariamente más riquezas que el resto del 99% de la población mundial; lo cual supone la redefinición de la correlación de fuerzas, aparte de una situación signada de luchas y retos a asumir por los sectores populares empobrecidos, tomando en cuenta que la mayoría de los gobiernos favorecen políticas que le dan prioridad a las reglas del mercado, incluyendo aquellos que podrían señalarse de progresistas.

Esto obliga al diseño y debate de novedosas propuestas políticas y económicas que tengan, desde una óptica particular, pero sin obviar lo que acontece fronteras afuera, como eje central deslegitimar, enfrentar y derrotar a quienes pretenden controlar al sistema económico mundial, pasando por alto el respeto a los derechos humanos y la soberanía de los países víctimas de su apetencia de grandes ganancias. De ahí que no sean casuales situaciones como la disminución de los precios de productos primarios, como el petróleo en el caso venezolano, la aplicación estricta de planes de ajustes de gasto público y las solicitudes de préstamos de algunos gobiernos a las instituciones de crédito subrogadas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; todo esto orientado a mantener la hegemonía de las grandes corporaciones transnacionales y a frenar el avance de las economías emergentes, además del potencial de preeminencia que China y Rusia representan en un futuro inmediato.

Todos conocemos que la expansión incesante del mercado capitalista requiere de territorios, de recursos naturales y de mano de obra barata que le aseguren la obtención segura de ganancias, lo que ha colocado a la humanidad (junto con toda otra forma de vida) al borde de un colapso total. Sin embargo, poco se ha hecho para contener esta apetencia desbocada de los grupos capitalistas corporativos y para eliminar, por parte de las economías periféricas, la dependencia primario-exportadora tradicional a que parecen estar condenadas indefinidamente, en lo que muchos califican de subdesarrollo; lo que representa un serio problema para todo régimen que aspire saltarse tal realidad.

En consecuencia, se ha ido desarrollando a la vista de todo el mundo una guerra multidimensional -con dispositivos de manipulación y de agresión de toda clase que lesionan gravemente la vigencia del derecho a la autodeterminación de los pueblos- por parte del capitalismo imperial. Para justificarla, cualquier argumento es válido: combate al narcotráfico y al terrorismo, ayuda humanitaria o, simplemente, la amenaza inusual y extraordinaria de un gobierno catalogado de dictatorial y violador de los derechos humanos fundamentales. Todo en función de defender, asegurar y reproducir la hegemonía del capitalismo. Por ello, todo gobierno de izquierda, centro-izquierda y/o progresista que quiera abandonar el redil, estará siendo condenado a sufrir las consecuencias. A fin de lograr sus propósitos, este capitalismo imperial dispondrá, sin rubor alguno, de los organismos multilaterales existentes, llámense FMI, Banco Mundial, ONU o, su brazo armado, la OTAN; lo que importa es el sometimiento incondicional de los gobiernos y pueblos a sus intereses económicos y geopolíticos, así esto cause un genocidio irreversible a escala planetaria.-

 

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10/03/2016 14:48 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA ACULTURACIÓN Y LA REVOLUCIÓN ESPIRITUAL PERMANENTE

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A fin de ganar una legitimidad indeleble e incuestionable, el capitalismo requiere una cultura estandarizada que le facilite presentarse ante el mundo como una realidad irrevocable, por lo que sus agentes mantendrán activado, bajo distintos procederes (algunos perceptibles, otros no) un proceso de aculturación, en un manejo de códigos de manipulación, con la finalidad de imponer una sola visión o pensamiento a escala mundial, lo que convierte a los valores culturales de los pueblos originarios en algo prescindible y arcaico.

Quizás resulte vano y necio afirmarlo, pero es una imperiosa necesidad confrontar la subjetividad estructural que conforma la cultura del pillaje capitalista para asegurar el avance revolucionario de los sectores populares, que se genere una reflexión crítica respecto a este tema y se pueda reescribir la historia de nuestros pueblos bajo una perspectiva propia, sin el toque positivista, evolucionista, eurocentrista y/o estadounidense con que se reviste tradicionalmente el conocimiento adquirido en los centros educativos o académicos (externos y locales), tomando en cuenta que gran parte del mismo conduce a posiciones de corte racista y desvalorizadoras de las culturas autóctonas, en función de los intereses económicos y políticos de las clases dominantes.  

Según lo determinara el sociólogo mexicano Pablo González Casanova, los pueblos de nuestra América  vieron alterada su propia percepción en función de las ideologías, las utopías y las creencias culturales europeas, lo cual hizo que su identidad e historia no fueran explicadas a partir de la realidad vivida y sufrida por ellos, sino que se extrapolaban las ideas de la civilización europea, “cargando su visión de errores, prejuicios y carencia de análisis críticos”.

También, en este caso, bien se podrá compartir con Ludovico Silva, hablando de la plusvalía ideológica, “que la forma como el capitalismo suministra esa ideología es pocas veces la de mensajes explícitos doctrinales, en comparación con la abrumadora mayoría de mensajes ocultos, disfrazados de miles de apariencias y ante los cuales sólo puede reaccionar en contra, con plena conciencia, la mente lúcidamente entrenada para la revolución espiritual permanente. Y no sólo el hombre medio, sin conciencia revolucionaria, vive inconscientemente infiltrado de ideología, sino también todos aquellos revolucionarios que, como decía Lenin, se quedan en las consignas o en el activismo irracional, pues tienen falsa conciencia, están entregados ideológicamente al capitalismo, sin saber que lo están; la razón por la cual todos estos revolucionarios se precipitan en el dogmatismo es precisamente su falta de entrenamiento teórico para la revolución interior permanente”.

Con esto, la acción transformadora de la realidad del mundo en que vivimos tendría que revelarse, en un primer plano, en lo que querríamos ser como personas y naciones, es decir, convertirnos en reflejo de esta acción transformadora; en lo que sería entonces una revolución espiritual permanente. Esta visión o concepción de un nuevo modelo civilizatorio requiere, por tanto, de un esfuerzo constante, dirigido a evitar y a descubrir la aculturación inducida desde los grandes centros hegemónicos, centrándolo en la revalorización de los elementos culturales característicos de nuestros pueblos. Ello contribuiría a la abolición de la lógica, de las clases sociales y de las relaciones de producción originadas por el capitalismo por medio de su industria ideológica. En consecuencia, el desarrollo de las fuerzas productivas, la conversión de las relaciones de producción capitalistas, la revolución cultural antiburocrática y el nuevo sistema político (invirtiendo radicalmente la pirámide de las relaciones de poder tradicionales) tendrían que ser el resultado de una voluntad colectiva que se manifieste en lo creativo y no se limite a un reparto algo más equitativo de la riqueza social o a retribuir, desde el Estado, a un pueblo demandante de derechos.-   

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02/03/2016 18:46 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA BARBARIE "CIVILIZADA" DEL CAPITALISMO

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El escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura, auguró hace algún tiempo: “El desplazamiento del sur al norte es inevitable; no valdrán alambradas, muros ni deportaciones: vendrán por millones. Europa será conquistada por los hambrientos. Vienen buscando lo que les robamos. No hay retorno para ellos porque proceden de una hambruna de siglos y vienen rastreando el olor de la pitanza. El reparto está cada vez más cerca. Las trompetas han empezado a sonar. El odio está servido y necesitaremos políticos que sepan estar a la altura de las circunstancias”.


Los pueblos de Afganistán, Irak, Libia, Siria y Yemen -víctimas desde 2001 de la codicia inconmensurable de las grandes corporaciones transnacionales petroleras que operan desde Estados Unidos y Europa occidental- se han visto obligados a sufrir penurias de todo tipo, gracias a la cruzada protagonizada por estos países “civilizados” en su combate sin límites ni fecha de terminación contra el “terrorismo internacional”, el cual sólo tiene como enemigos presuntos o potenciales a aquellos pueblos y regímenes que no comulgan con su credo de superioridad racial, religiosa y/o cultural, ni aceptan continuar sometidos a una tiranía mundial compartida donde sobresale Estados Unidos -con su mando de la OTAN- como el policía de mayor rango. Esto sin incluir la ofensiva militar de Arabia Saudita a Yemen o las decenas de miles de muertos y heridos provocados por los bombardeos y ataques de Israel a zonas residenciales de Gaza y Cisjordania en su empeño por exterminar de la faz de la tierra al pueblo ancestral de Palestina, condenado a sufrir privaciones de toda clase bajo el régimen sionista israelí.


Con Libia, Estados Unidos y la OTAN cambiaron en parte el formato de agresiones aplicado en el resto de naciones invadidas. Esta vez la agresión a Libia (a diferencia de Afganistán e Irak) estuvo concentrada en los bombardeos y el uso de mercenarios pro-occidentales, los mismos que darían nacimiento al grupo Al Qaeda, acaudillado por Osama Bin Laden, ex pupilo de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) durante la Guerra Fría, del cual -a su vez- deriva el denominado Estado Islámico (ISIS o Dáesh).


Además, se debe mencionar que dicha agresión neo-imperialista se basó en dos resoluciones de la ONU, las números 1970 y 1973, emanadas del Consejo de Seguridad, con lo que sus acciones adquirían cierta dosis de legitimidad ante el mundo, ya que se trataba de “proteger a los civiles y a las áreas pobladas bajo amenaza de ataques” por parte de las fuerzas leales a Muamar el Gadafi. Esto ha servido de fundamento para aspirar en hacer lo mismo en territorio sirio. No obstante, ni Estados Unidos ni Europa occidental supieron calcular las consecuencias de sus acciones belicistas en Oriente Medio y África subsahariana.


Al producirse abruptamente la disminución de sus condiciones materiales de vida, con destrucción sistemática de toda la infraestructura existente hasta entonces y, además, padecer el terrorismo y la inestabilidad política en sus países, viendo completamente trastornada la realidad socio-política, socio-económica y socio-histórica en la cual se desenvolvieran toda su vida, muchos de sus habitantes optaron por migrar en masa a las naciones responsables de su nueva condición, convertidos así en una "onda expansiva" de migrantes, al parecer incontrolable, que ahora sí preocupa a los gobiernos europeos.


Éstos son los residuos poblacionales que antiguamente constituían el ejército de reserva del sistema capitalista avanzado y periférico; y que hoy, a riesgo de perder la vida -como pasó con muchos durante la travesía por el mar Mediterráneo, incluyendo a niños que no rebasan la edad de tres años- prácticamente, ante la indiferencia absoluta de la ONU y la opinión pública mundial, constituyen la mayor demostración respecto a que el sistema capitalista no contabiliza como haberes la dignidad ni los sueños rotos de los demás seres humanos; incluyendo en ello la destrucción irracional de poblaciones enteras y de vestigios de civilizaciones antiguas, en una estrategia por acabar con cualquier sentido nacionalista y/o de pertenencia de quienes resisten la barbarie civilizada del capitalismo actual.-

 


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24/09/2015 10:57 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LOS CRÍMENES HUMANITARIOS DEL CAPITALISMO

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Frente a una realidad excluyente en un amplio sentido, cuyo signo más resaltante (y oculto) es la eutanasia social aplicada desde los grandes centros económicos del planeta, evidenciada en los crímenes "humanitarios" causados por el capitalismo neoliberal desde hace algo más de treinta años -éxodos masivos, hambre, pobreza extrema, explotación laboral abusiva y guerras-, principalmente en naciones del Medio Oriente y norte de África (donde yace una enorme cantidad de minerales estratégicos, necesarios todos para el estilo de vida consumista de las potencias capitalistas occidentales), se hace vital abrir un camino de resistencia colectiva que haga factible un cambio estructural al servicio de la vida en general y no únicamente de los grandes capitales. Esta nueva realidad del mundo ha comenzado a ser parte de la cotidianidad de los países de Europa, sacudidos por el arribo de miles de inmigrantes provenientes de estas regiones en búsqueda de un mejor nivel de vida para sus familias, y que coloca a los gobiernos de tales países ante un dilema que no hallan cómo resolver satisfactoriamente, sin que se vean afectados la visión y los intereses que defienden.

Esto va en consonancia con lo que ya describiera Atilio Boron en artículo publicado en 2006: “cien mil muertos diarios a causa del hambre o enfermedades perfectamente prevenibles y curables es la cifra que, según el PNUD, se requiere para sostener la globalización neoliberal; y la acelerada destrucción de bosques y selvas, así como la contaminación del aire y del agua, y el agotamiento de estratégicos recursos no renovables, constituyen el saldo negativo del ecosidio que reclama el capitalismo contemporáneo. El orden jurídico internacional, laboriosamente construido luego de la Segunda Guerra Mundial, yace despedazado ante la prepotencia imperialista, y la militarización de la escena internacional preanuncia nuevos y más letales conflictos. Este es el necesario telón de fondo de cualquier discusión seria sobre el tema del imperialismo hoy”. Esta nefasta situación representa una grave amenaza para la autodeterminación de los pueblos que es preciso abordar y anticipar, dada la conflictividad existente entre Estados Unidos y Rusia, por una parte, y Estados Unidos y China, por la otra; más aún al considerar el surgimiento de alianzas estratégicas entre unos y otros, conformando bloques de naciones de diversos continentes, cuyos objetivos económicos, geopolíticos y militares difieren entre sí.


De ahí que las naciones de la Unión Europea sean hoy receptáculo (Estados Unidos lo es desde su frontera sur con México) de los efectos de la voracidad del capitalismo financiero neoliberal, obligadas por las circunstancias, muy a su pesar, a brindarle cobijo a la gran ola inmigratoria que toca a sus puertas. Sin embargo, la opción que no han considerado hasta ahora sus gobiernos sería la de acabar de raíz con los conflictos armados que ellos mismos han protagonizado y aupado en los últimos treinta años. Cuando no pueden enviar a sus tropas oficiales, optan por financiar, entrenar y pertrechar a grupos mercenarios (o paramilitares, en los casos de México y Colombia), como el denominado Estado Islámico (punta de lanza del anexionismo sionista en el Cercano Oriente), para que lleven a cabo sus guerras neocolonialistas y proimperialistas en contra de aquellos gobiernos etiquetados de forajidos e inconvenientes para sus intereses.


Para los capitalistas (especialmente los neoliberales), la guerra siempre es un negocio altamente lucrativo. Su dividendo más evidente y apetecible sería la eliminación de las soberanías y de las fronteras nacionales, de modo que sólo exista un suprapoder, regido por las grandes corporaciones transnacionales, las cuales tratarán de hallar y aplicar la fórmula que les permita vencer cualquier tipo de resistencia popular, a través de la combinación de bases militares más Tratados de libre comercio, como lo ha hecho Estados Unidos en nuestra América y en otras latitudes del planeta; buscando así mantener y ampliar su hegemonía mundial en nombre de "la democracia y los derechos humanos".-

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16/09/2015 11:40 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

SI EL SOCIALISMO FRACASÓ, ¿PARA QUÉ DEFENDER TANTO AL CAPITALISMO?

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Una vez triunfante la Revolución Bolchevique en Rusia, quedó abierta la posibilidad a los diferentes pueblos oprimidos de la Tierra de emprender un camino totalmente distinto al trazado desde hace siglos por el capitalismo. Setenta años luego, la eclosión soviética fue tomada como un hecho irrebatible respecto a su fracaso y a la inviabilidad del régimen creado por sus impulsores; coincidiendo esto con lo que el apologista del imperialismo gringo, Francis Fukuyama, habría de señalar pomposamente en esa época como el fin de la historia.

Desde entonces, muchos se aferran obcecadamente a tal afirmación para refutar y demoler los planteamientos y las realidades históricas actuales, muchas de las cuales han rescatado -cada una respondiendo a sus particularidades nacionales- la alternativa revolucionaria del socialismo, con sujetos históricos que no fueron considerados en un primer momento por sus principales teóricos.

Estos nuevos movimientos -escribe Martha Harnecker en su artículo ’Los movimientos sociales y sus nuevos roles frente a los gobiernos progresistas’, publicado en ww.rebelión.com- en no pocos casos partieron de dinámicas de resistencia originadas en sus comunidades o espacios locales, y en otros lo hicieron desde temáticas de género, de derechos humanos, de preocupaciones ambientalistas. Los desastrosos efectos del neoliberalismo los condujo, en muchos casos, a pasar de la preocupación por temas puntuales a la preocupación por temas nacionales.

Esto no solo enriqueció sus luchas y sus demandas sino que, además, les permitió convocar en torno ellas a los sectores sociales muy diversos, todos afectados por el mismo sistema”. La decepción y el empobrecimiento causados por la aplicación irrestricta de las medidas económicas neoliberales en nuestra América, emanadas del FMI, con su mandamiento absoluto de obtener grandes ganancias por encima de cualquier otra posible consideración, incluyendo el desmantelamiento del Estado de bienestar, hizo que estos nuevos movimientos emergieran con fuerza telúrica inusitada en algunas de sus naciones, a tal punto que sus movilizaciones masivas dieron al traste con algunos gobiernos, como ocurriera en Argentina, Ecuador o Bolivia, mientras que en otras, como Venezuela, se produjeron verdaderas insurrecciones populares que terminaron por deslegitimar a las elites dominantes.

Sin embargo, muchos de los que confrontan la opción socialista apenas pueden exponer las bondades del capitalismo sin que se les cuestione la explotación, la opresión y la exclusión (además de las guerras) que éste genera en todos las naciones del planeta. Generalmente, sus argumentos se basan en lo que éste representa en sus vidas, en lo individual, pasando por alto la miseria y desplazamiento de vastos sectores de la población mundial, la explotación de los trabajadores y el impacto altamente negativo en lo que a la naturaleza se refiere.

Es decir, a su modo, aún inconscientemente, se hacen eco de la lógica capitalista y, en consecuencia, defienden lo que creen es lo más razonable y beneficioso para todos, así se les explique pormenorizada y sensatamente el por qué resulta altamente perjudicial el sistema capitalista para el mundo. Lo más gracioso del caso es que, si el socialismo fracasó, como afirman algunos, ¿de qué vale defender al capitalismo, atacando con tanto afán al socialismo revolucionario?. Muchos “olvidan” que el socialismo revolucionario, pese a las diferentes experiencias históricas que buscaron concretarlo durante el siglo XX, aún no ha sido posible en ninguna nación de la Tierra (al menos, como se extrae de la teoría socialista), por lo que su “fracaso” está basado en una irrealidad, por muy racional que pueda parecer. Pero, también “olvidan” que este resurgimiento del socialismo revolucionario, especialmente entre los pueblos de nuestra América, se debe en gran parte al fracaso del Estado burgués-liberal y de las economías de mercado que éste adoptara, un punto más en contra del capitalismo que pocos admiten como tal.-

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10/09/2015 13:05 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

¿AGONIZA REALMENTE EL CAPITALISMO?

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Pudiéramos suponer y desear que después de contínuas décadas de gran inestabilidad en diversas latitudes del planeta, el sistema capitalista neoliberal sucumbirá víctima de las convulsiones políticas, económicas y sociales que él mismo ha generado al impedir que la gran mayoría de los pueblos disfruten de la riqueza generada entre todos. Sin embargo, esto pareciera no representar un hecho histórico inmediato, dados los reacomodos que estarían impulsando algunos gobiernos en unión simbiótica con los grandes consorcios económicos para evitar la hecatombe capitalista que muchos -de una u otra forma- ya anticipan; lo que, incluso, tendría entre otras opciones estudiadas el desencadenamiento de una nueva guerra mundial, a fin de erigir un nuevo orden mundial menos convulsivo que el existente. De ahí que, en algunos casos, se estén promoviendo bloques de integración comerciales, sobre todo con China, el nuevo gigante capitalista del mundo, lo que tiende a desequilibrar la hegemonía económica europeo-estadounidense, extendiéndose no solamente al área asiática sino también a las naciones de nuestra América, como se evidencia con Mercosur, Alba-TCP, y Petrocaribe, entre las más resaltantes. A ello se añade la vinculación con Rusia, otra economía fuerte en competencia con Europa y Estados Unidos.

 

Consciente de esta situación desventajosa para Estados Unidos frente a sus rivales, la administración Obama apela a la conformación del Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP), estableciendo una zona de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, el cual estaría negociándose de espaldas a la población, secretamente. Al mismo tiempo, proyecta el Acuerdo de Comercio de Servicios (Trade In Services Agreement, TISA en sus siglas en inglés), que tendría como uno de sus metas esenciales la liberalización de todos los servicios -incluyendo salud, educación, comunicaciones, agua, energía y comercio digital, entre otros-, y viene negociándose desde 2013. De entrar en vigencia, el mismo estaría por encima de los gobiernos de los países signatarios, preservando los intereses de las empresas corporativas, cuestión que vulneraría enormemente los derechos fundamentales de las personas y del ambiente. En una dirección semejante, se sitúa el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Strategic Economic Partnership, o Trans-Pacific Partnership, TPP), dirigido por Washington, como un elemento clave del “giro” estadounidense hacia los países del continente asiático, sirviendo de muro de contención a la expansión china. Esta fórmula inspira poca confianza. Al contrario de ella, muchas de las naciones de Asia prefieren ubicarse en la Asociación Económica Regional Integral (Regional Comprehensive Economic Partnership, RCEP), dirigida fundamentalmente por China, con la posibilidad cierta de convertirse en el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, al cual se adherirían, además de China, Japón, Corea del Sur, India, Australia y Nueva Zelanda. La RCEP tendría, prácticamente, influencia determinante en un 46% de toda la población mundial, aparte de un PIB que abarcaría la cifra astronómica de unos 17 billones de dólares, aproximadamente, y el manejo de casi la mitad de todo el comercio generado a escala internacional. Esto, sin contar las economías emergentes del grupo BRICS.

 

Ante este panorama, donde el capitalismo busca subsitir, mutando, pero sin perder su esencia expoliadora, especuladora y depredadora, se requiere construir con sentido de urgencia alternativas viables, revestidas de un significado político e histórico con el cual se identifique cada pueblo y que sirvan para enfrentar -desde su diversidad inherente- los tratados de libre comercio o bloques de integración comerciales que se proponen como panaceas para la amplia variedad de problemas y necesidades que caracterizan al modelo civilizatorio actual, regido (a grandes rasgos) por la globalización neoliberal.-

 


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07/09/2015 20:12 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA TRETA DEL DÓLAR Y LA "CATÁSTROFE" ECONÓMICA DEL SOCIALISMO

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Una de las matrices de opinión que ha tratado de imponer insistentemente desde hace algún tiempo la oposición en Venezuela es la relativa a un supuesto fracaso del modelo económico socialista implantado por Hugo Chávez. Así, representantes de los diversos gremios del sector privado y voces agoreras del capitalismo neoliberal se unen en coro para anunciar que el país se halla al borde de una catástrofe económica inminente, por lo que se requeriría que el gobierno de Nicolás Maduro implemente la dolarización y  elimine todos los controles existentes para que se acabe entonces la ola de desabastecimiento, acaparamiento e inflación inducida que azota a la familia venezolana. Todo eso a pesar de disfrutar de la asignación de divisas para importaciones fraudulentas y permitirse imponer un tipo de cambio al margen de los controles establecidos por las autoridades nacionales, de modo que termina por afectarse el poder de compra de todos los trabajadores.

Hasta ahora, tal estrategia no ha funcionado a plenitud. El pueblo, a pesar de las colas cotidianas, se mantiene esperanzado en que Maduro resuelva finalmente esta situación. Sin embargo, sí se nota cierta erosión en el ánimo de alguna gente, lo que debiera activar las alarmas del gobierno y de quienes dirigen al Psuv y resto de partidos políticos aliados del chavismo, al percibirse que a las autoridades se les escapó de las manos el control de la situación, en especial sobre el mercado paralelo de dólares que tanto ha desequilibrado a la economía nacional.

Todo lo que ocurre en el orden económico no puede, en consecuencia, atribuírsele al fracaso del socialismo bolivariano. Como lo refiere Antonio J. González Plessmann, “la experimentación de una democracia socialista, a la venezolana, nace justamente del fracaso de las democracias liberales, representativas, de las economías de mercado. Estas fueron incapaces de generar igualdad sustantiva, participación real de las mayorías en los asuntos públicos, protección a los derechos humanos y garantías de preservación de la vida en el planeta. El modelo que realmente fracasó es aquel que divide en dos la riqueza mundial: 'casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante [lo que implica] el secuestro de los procesos democráticos por parte de la élites' (Informe Oxfam). Quienes denuncian 'fracaso' son justamente los operadores de unas elites que secuestran a las mayorías su poder de decidir”.

    Se debe tener en cuenta que la oposición siempre ha jugado al sico-terrorismo. Sus tretas se enfocan al desgaste moral de quienes luchan por la Revolución Bolivariana Socialista, por lo que su campaña mediática persigue neutralizar cualquier apoyo que ésta requiera, ya sea ante una agresión directa del imperialismo gringo o desde dentro del territorio venezolano. Para impedir que esto suceda eventualmente, el poder popular organizado tiene que empezar a crear y a manejar espacios autogestionarios desde los cuales se promuevan nuevas formas de hacer política y, en consecuencia, se haga posible construir un Estado totalmente nuevo, ajustado al ideario revolucionario socialista.-

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25/05/2015 14:57 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

BRICS: ¿EL TURNO DEL SUR?

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A grosso modo, las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica constituyen nada menos que el 43% de la población mundial, con un PIB mundial tan elocuente de un 21%, cuyo valor tiende a incrementarse anualmente, aparte de activar el 20% de la inversión mundial. Este hecho ya de por sí le otorga una importancia capital a dichas economías, especialmente cuando se observa el declive de las economías europeas y estadounidense, a pesar que sus grandes empresas transnacionales ejercen, prácticamente, un control dictatorial sobre todo el sistema capitalista mundial, asistidas en todo momento por el poderío militar de sus respectivos gobiernos. Por ello, cualquier iniciativa del grupo BRICS tendría su repercusión inmediata en el sistema económico del planeta, afectando sobre todo la preeminencia estadounidense, la cual ha buscado apuntalarse a través de la guerra y de los Tratados de Libre Comercio establecidos con algunas naciones de nuestra América. 

De allí que la declaración conjunta de los BRICS en la cumbre realizada en Brasil, donde asumen el compromiso de respeto al derecho internacional (hoy vulnerado impunemente por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN ante la mirada impávida y cómplice de la ONU), el multilateralismo político (estimulado desde nuestra América por Hugo Chávez, Fidel Castro, Rafael Correa, Evo Morales y otros mandatarios de la región, impulsando la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, el Mercado Común del Sur, la Unión de Naciones Suramericanas, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), el desarrollo económico, la equidad social, el crecimiento sostenible y la preservación del medio ambiente, viene a ser un hito importante en la búsqueda de un equilibrio económico que beneficio especialmente a los países del sur. En este sentido, la posición de los BRICS respecto al Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (surgidos de los acuerdos de Bretton Woods), que son organismos que defienden únicamente los intereses económicos norteamericanos y de los países industrializados, proyecta un cambio de primer orden en cuanto a las relaciones económicas internacionales, dándoles un nuevo tinte que supera el estado de dependencia y de explotación a que fueran sometidos nuestros países durante siglos a manos de los grandes países industrializados. Tal como lo reconoce Fidel Castro: “En la Declaración de los BRICS, aprobada el 15 de julio de 2014 en Fortaleza, se aboga por una mayor participación de otros países, especialmente los que luchan por su desarrollo con miras a fomentar la cooperación y la solidaridad con los pueblos y de modo particular con los de América del Sur, se señala en un significativo párrafo que los BRICS reconocen en particular la importancia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la promoción de la paz y la democracia en la región y en el logro del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza”.

Si todo esto llega a cumplirse a cabalidad y la preponderancia de los BRICS se consolida a través del tiempo, podríamos ser optimistas respecto al destino de nuestros países y concluir en que, finalmente, le llegó el turno al sur.-

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06/09/2014 13:37 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL ORDEN NATURAL CAPITALISTA Y LA ACCIÓN REVOLUCIONARIA

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De acuerdo a la lógica del sistema capitalista, el orden natural de la sociedad supone la existencia de una jerarquización que no debe alterarse entre una minoría dominante y una amplia mayoría dominada; la primera con todos los privilegios posibles, así estos rebasen el sentido común y busquen justificarse de un modo carente de racionalidad, y la segunda, ahogada en miseria, explotación y opresión, aun cuando todo el discurso burgués-liberal le da preeminencia a la soberanía popular. De este modo, el capitalismo ha impuesto (o reacomodado) aquella concepción del mundo que legitimó el poderío de castas, estamentos y clases sociales presentes en las sociedades antiguas, en algunos casos con reyes y emperadores, cuyo poder se derivaba directamente de sus dioses o por su linaje divino, cosa que se mantuvo por largo tiempo y fue reforzado -de una u otra forma- por los jerarcas y teólogos de la iglesia católica, apostólica y romana.

Así, disponiendo de los recursos de la educación y de la religión, del control ejercido sobre las estructuras del Estado y del uso manipulador de los medios masivos de información, el sistema capitalista ha podido expandirse y consolidarse, a tal punto que mucha gente (incluyendo a la que se autoproclama revolucionaria) lo ve como un mal necesario, difícil de transcender y, por ende, de eliminar por completo. Algunos, incluso, lo defienden con argumentos similares a los esgrimidos por quienes se benefician del mismo, a pesar de saberse explotados, en vista que su nivel de conciencia de clase es muy precario todavía, no obstante la instrucción avanzada que puedan mostrar.

Esto ha hecho que la resistencia a los cambios revolucionarios que se proponen para erradicar las injusticias, desigualdades, guerras imperialistas, depredación del ambiente y exclusiones de todo tipo causadas por el capitalismo se manifieste de una manera permanente, máxime cuando no hay una vanguardia de verdaderos cuadros revolucionarios que oriente a los sectores populares en el logro de su autonomía frente al Estado y la lógica capitalista, evitando su burocratización y su aburguesamiento.

A pesar de dicha realidad, el mundo contemporáneo es testigo de las luchas diarias en contra de la hegemonía capitalista, dada su naturaleza expoliadora y destructora de las soberanías y las identidades nacionales, lo cual impone la urgencia de  una acción revolucionaria impostergable  Esto ya habla, ciertamente, de la necesidad histórica de plantearse sin dudas la construcción de una sociedad de nuevo tipo bajo la inspiración del socialismo revolucionario como alternativa posible e inmediata.

 Por supuesto, de ello han de  ser protagonistas fundamentales quienes ahora son víctimas del capitalismo: los trabajadores con conciencia de clase y, junto a ellos, todos los extractos sociales que aspiren emanciparse de forma integral y definitiva, haciendo posible, en consecuencia, la sociedad democrática por la cual tanto se ha luchado tanto a través del tiempo en todo el planeta.-

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30/05/2014 10:12 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL SOCIALISMO SIGUE SIENDO LA ALTERNATIVA AL CAPITALISMO

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Quienes se han afanado inútilmente desde siempre en anatematizar los ideales revolucionarios del socialismo parten de un razonamiento (si es que alguna vez el fanatismo extremo llegara ser racional) totalmente equivocado. Acusan -siempre- al socialismo revolucionario de ser un fracaso histórico a nivel mundial, olvidando a propósito que nada de lo previsto por los teóricos socialistas -con Marx y Engels en primera fila- ha podido concretarse debido a múltiples factores, pero principalmente por la alienación y la fetichización del poder de las cuales ha sido víctima la humanidad entera, sobre todo, luego de producirse la Revolución Francesa de 1789, cuyo epílogo fue el surgimiento de la burguesía como clase dominante. A partir de este importante hecho histórico, la burguesía no basó su poder -como lo hicieran reyes y “nobles” invocando la sacrosanta voluntad de un dios conveniente que legitimara su lugar en la pirámide social- sino que lo hizo a través del capital y de las relaciones sociales y productivas que de él se derivarían, ejerciendo el control de las distintas instituciones del Estado en su propio beneficio. Para alcanzar este propósito, la burguesía inculcó entre los sectores populares que explota la ilusión de armonía entre ambas clases sociales, en un modelo de sociedad que garantiza la igualdad de oportunidades para escalar social y económicamente, bastando para ello trabajar arduamente y respetar las leyes existentes. Sin embargo, la realidad cotidiana revela la verdad de las cosas que niega y oculta el capitalismo, como ocurriera en Venezuela en 1989 y, luego de ese año emblemático hasta ahora, a escala planetaria.

Por lo tanto, aquellos que vilipendian al socialismo revolucionario buscan minimizar el impacto negativo de todo lo sucedido en nuestros países para que exista el capitalismo, siendo una evidencia innegable de ello, por ejemplo, el cambio climático, llegándose al colmo de pretender imponer que el mismo es algo natural, un ciclo que se cumple por leyes inexorables de la naturaleza. Para esto le es indispensable al capitalismo que haya entre los seres humanos cierta plasticidad de sus conciencias que los impulse a renunciar a su propia identidad y que esto se sujete posteriormente a una conveniente ausencia de memoria crítica de la realidad que les rodea. Este tipo de personas es el que legitima las relaciones sociales, de poder y de producción engendradas bajo el sistema capitalista, viéndolas y sintiéndolas de modo fatalista e imposibles de trascender y de reemplazar, aun cuando las resienta y combata al verse afectado en su condición individual.

Tal alienación se manifiesta en la aceptación tácita de la propiedad privada, la división del trabajo y la producción mercantil, siendo entonces necesario que tales elementos sean radicalmente transformados mediante una revolución de signos socialista y popular que permita, en consecuencia, que los cambios culturales, espirituales, económicos, sociales y políticos se manifiesten igualmente en el desarrollo integral de la individualidad de cada persona, sin que ello signifique la reproducción y permanencia de los antivalores capitalistas que siempre han menoscabado el deber social y el interés colectivo. Por consiguiente, ante la devastación causada por el capitalismo en muchos aspectos de la vida en sociedad, la alternativa revolucionaria al mismo seguirá siendo el socialismo (así continúen recurriendo los apologistas del capitalismo a la experiencia fallida de la URSS para convencernos de lo contrario).-

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23/01/2014 13:40 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

¿TELEVISORAS POR “LA PAZ SOCIAL”?

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No se puede censurar a priori la solicitud hecha por el presidente Nicolás Maduro a los propietarios de las empresas televisivas venezolanas para que contribuyan a crear un clima de paz a través de su programación diaria, de manera que ésta incida positivamente en la disminución de hechos violentos que afectan a la ciudadanía en general. Con esta descalificación tendenciosa se pretende inculcar la idea de un control de los canales de televisión por parte del gobierno chavista, ignorando adrede la responsabilidad social que los mismos deben cumplir, de acuerdo a lo establecido en la ley que regula su actuación en Venezuela.

En este sentido, es difícil hacerse de la vista gorda y desconocer la influencia que tiene la televisión al inducir un patrón de vida entre quienes recurren a ella diariamente, lo que muchas veces se ajusta al moldeamiento de una conducta que termina por legitimar la lógica del capitalismo, imponiéndonos modelos ajenos a nuestra realidad. De esta forma, se nota a leguas que quienes opinan en contra de esta solicitud del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, sean o no expertos en esta materia, están sencillamente ocultando que algunas de estas televisoras privadas del país frecuentemente difunden programas que estimulan antivalores entre la población, así como su actuación determinante en el desencadenamiento de los hechos violentos que indujeron el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en contra del Presidente Hugo Chávez cuando manipularon un video sobre quienes se hallaban situados en Puente Llaguno, defendiendo ese día el proceso revolucionario bolivariano.

Así que no puede ni debe confundirse libertad de expresión con este tipo de cosas que contradicen la objetividad y la imparcialidad que le corresponde asumir a todo medio de comunicación, incluyendo, por supuesto, a aquellos que están en manos del gobierno.

Lo que se requiere es que cada ciudadano venezolano, aun cuando milite en la oposición, esté ciertamente dispuesto a aportar su granito de arena en el logro de una sociedad cuyos valores se basen en el respeto mutuo, la paz, la seguridad personal, la igualdad y la justicia social, entre otros, mediante los cuales se formen y/o eduquen a las nuevas generaciones.

En consecuencia, todos los venezolanos estarían obligados moralmente a apoyar esta petición del Presidente Nicolás Maduro, puesto que la misma está sustentada en un sentimiento generalizado de la población venezolana, víctima de una programación televisiva que desdibuja tanto la realidad del país como del mundo y que refuerza cierto desprecio hacia nuestro rico patrimonio artístico-cultural en función de modas e intereses meramente económicos.

Esto jamás podría calificarse como una amenaza a la libertad de expresión, como se acostumbra decir cada vez que se le ha pedido a algún medio de comunicación que cumpla con su deber de informar de modo veraz o que no se parcialice demasiado con una postura política determinada, como muchos lo hacen sin ser sancionados por la ley.

En vez de ello, debiera promoverse un debate abierto sobre el papel cumplido y a cumplir por las diferentes empresas de comunicación, de manera que el pueblo tenga una opinión mejor sustentada al respecto, sin manipulación de ningún tipo.-      

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05/06/2013 14:12 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

CON EL CAPITALISMO NO BASTAN LAS BUENAS INTENCIONES (AUNQUE LO VISTAN DE SEDA)

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Se dice que la mayor mentira de Satanás, es hacerle creer a la gente que él no existe, habiendo sido un recurso eficaz para evitar que muchos cayeran en la senda del pecado al aterrorizarlos con su figura y sus sádicas torturas de nunca acabar en el infierno hasta que la filosofía y el psicoanálisis lo hicieron parte de sus elucubraciones, invalidando entonces las supersticiones inculcadas por la religión. Al margen de estas consideraciones teológicas, algo similar se pudiera afirmar respecto al capitalismo y la secuela de desigualdades, guerras, injusticias y explotación indiscriminada de la naturaleza  y de los trabajadores que tiene tras de sí, a tal punto que un gran porcentaje de personas lo aceptan cono un mal necesario, inevitable y poco menos que reformable, obligándose a una resignación que les niega la dignidad y la plenitud de sus vidas.

Aun así, en oposición a esta realidad , millares de seres humanos protestan, baten sus cadenas y se hermanan en una lucha asimétrica a nivel mundial contra el sistema capitalista, sometiéndolo a presiones, cuestionamientos y reacomodos que obligan a plantearse su total eliminación y la fundación de un nuevo tipo de sociedad que -hasta el presente- se definiría como socialista, haciendo propios los aportes teóricos y las experiencias de muchos de los revolucionarios socialistas de los dos últimos siglos. En esta coyuntura histórica, los defensores del capitalismo, sobre todo en nuestra América, recurren a la misma estrategia aplicada en el pasado por sus antecesores: “humanizar” al capitalismo, llegándose al colmo de las “innovaciones” al referirse a un capitalismo serio y a un capitalismo popular, amén de otros que proponen un socialismo “productivo”, en un esfuerzo por hacerlo digerible para los sectores populares que son, precisamente, las victimas permanentes de la usura y de la explotación capitalistas, sea cual sea la modalidad de gobierno y/o Estado vigente.

Por consiguiente, aunque lo vistan de seda, sería sumamente ingenuo y escasamente inteligente suponer que, en relación al capitalismo, sólo bastan las buenas intenciones. Según esta posición, bastaría con darles oportunidades de superación a quienes han tenido la mala ventura de empobrecerse o de nacer en la pobreza, sometidos -como han estado- a las grandes limitaciones socioeconómicas que ello implica. Es lo que afirman muchos políticos, despertando ilusiones que luego se estrellan contra la realidad de las medidas gubernamentales mediante las cuales se intenta capear la situación de crisis prolongada que sufre el capitalismo, como ocurre en muchas naciones actualmente. Lo único cierto de todo esto es que el capitalismo no podría entrar en contradicciones consigo mismo. Su naturaleza no va de la mano con ese sempiterno deseo humano de vivir en una sociedad de iguales, donde se manifieste la democracia participativa en toda su dimensión creadora y emancipadora. Entender lo contrario sería negar tercamente todo lo que ha significado este sistema para la humanidad oprimida, discriminada y expoliada a lo largo de la historia, contribuyendo al enriquecimiento cínico de una minoría.-   

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20/09/2012 06:42 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL NUEVO CAMPO DE BATALLA A NIVEL MUNDIAL

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Los sucesos históricos de las últimas décadas del siglo XX y las primeras de este siglo han configurado -en uno u otro sentido- un mundo que se debate entre las viejas formas de dominación y la necesidad urgente de una emancipación integral de la humanidad, logrando por medio de ella sus aspiraciones de un orden social, político y económico realmente democrático, soberano, justo e igualitario. A esto último se agrega la fatalidad que se cierne sobre todo el planeta de continuar inalterable el sistema de explotación irracional implantado por los capitalistas, el cual afecta enormemente el delicado equilibrio ecológico y cuya consecuencia inmediata es el cambio climático que sufrimos todos por igual. Esta situación generalizada ha obligado a las cúpulas de poder a nivel mundial a plantearse estrategias y mecanismos que les permitan conservar y consolidar su hegemonía. Para ello, el imperialismo gringo y sus aliados de la OTAN han recurrido tanto a las armas como a recursos menos visibles, pero igualmente efectivos para sus propósitos, entre estos la transculturización y la manipulación informativa, lograda a través de los distintos medios de comunicación masiva.

            Esto ha colocado a los movimientos populares frente a una gran desventaja, obligándose a hallar maneras de contrarrestar sus efectos, entendiendo que tales cúpulas hegemónicas tienen como objetivo establecer el capitalismo como sistema único y universal en beneficio de sus propios intereses y en perjuicio abierto de las soberanías, las culturas y la biodiversidad de nuestros pueblos. De ahí que “el conocimiento y la interpretación de la vida de nuestros pueblos, lo cual determina su conciencia histórica, -tal como lo reseñan Iraida Vargas-Arenas y Mario Sanoja Obediente, en su obra `La Revolución Bolivariana. Historia, Cultura y Socialismo´- es el campo de batalla donde se pelea su presente y su futuro. La narración del pasado se convierte en verdadera conciencia histórica cuando podemos comprender su vinculación con los eventos que marcan nuestro presente y que darán sentido a nuestro futuro”. Por ello mismo, se habla de una guerra de cuarta generación donde las armas utilizadas son la publicidad y la propaganda, buscando neutralizar con ellas la conciencia crítica de los sectores dominados, de modo que éstos adopten como propia la ideología dominante y den por sentado que ningún cambio estructural es realizable.

             Sin embargo, este nuevo campo de batalla puede alterarse a favor de la soberanía, la dignidad, la identidad y las expectativas de justicia social de nuestros pueblos. El fin de la hegemonía imperialista -no obstante su indudable poderío militar y el manejo de instituciones internacionales, como la ONU, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otras, según su capricho e intereses- es algo que comienza a delinearse en el horizonte, gracias a la heterogeneidad y simultaneidad de luchas populares, sostenidas a través del tiempo y en todas las latitudes, que cuestionan la existencia del capitalismo. En este escenario juega un papel primordial la conciencia emancipada de los sectores populares, asumiendo estos -a su vez- el protagonismo y la participación democrática como prácticas cotidianas ineludibles para alcanzar la mayor suma de felicidad y de bienestar posibles, de acuerdo al ideario socialista.-

23/06/2012 17:06 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL SEÑUELO DEL "PROGRESO"

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En numerosas circunstancias en la historia, las clases dominantes y sus representantes intelectuales y políticos han logrado enganchar a los sectores populares en el logro de sus objetivos, atrayéndolos con ofertas de igualdad de oportunidades, libertad política y progreso económico. Así, se ha hablado de vías y de “alianzas para el progreso” (como la sugerida por el presidente John F. Kennedy para afianzar la hegemonía estadounidense sobre nuestra América y evitar una nueva experiencia revolucionaria como la de Cuba en alguno de sus países), el recetario neoliberal del Fondo Monetario Internacional y los Tratados de Libre Comercio con los países industrializados. Sin embargo, la misma historia se ha encargado de desmentir contundentemente la “sinceridad democrática” de la clase dominante, incluso de aquellos que, proclamándose socialistas (como en España), le hacen el juego. Esto último ya lo habían advertido Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista cuando escriben que “los burgueses socialistas quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas. Quieren perpetuar la sociedad actual sin los elementos que revolucionan y descomponen. Quieren la burguesía sin el proletariado”. De ahí que el señuelo del “progreso” sea una constante cada vez que la clase dominante pretende extender su potestad sobre la sociedad, explotando las necesidades básicas y creadas de una vasta porción de la población que no halla mejor forma de satisfacerlas que secundarla, producto de la alienación inducida en la misma durante décadas.

Esto ha logrado que, en la mayoría de las veces, los grupos revolucionarios caigan en semejante trampa, tratando de captar las simpatías populares, pero sin plantearse contribuir sostenidamente a darle al pueblo las herramientas ideológicas y políticas que lo hagan superar este ciclo de dependencia que sólo profundiza su malestar y su impotencia, haciéndolo presa fácil de todo tipo de demagogia. Por ello es fundamental que quienes enarbolan las banderas revolucionarias tengan presente que el objetivo primordial de la revolución socialista es la transformación radical del orden imperante, de otro modo se estarían ubicando en el campo común del reformismo liberal-burgués, sin producir cambio socialista alguno. Por lo tanto, la promesa de progreso de la clase dominante tiene que combatirse con el respaldo de la historia de aquellos acontecimientos que pudieron resolverse a favor de los intereses populares y fueron frustrados, combatidos y distorsionados por quienes ocuparon las posiciones de poder en su nombre. Demás está afirmar que es necesario esclarecerle al pueblo cuáles son los verdaderos intereses que persigue dicha clase social al convidarlo a “compartir” este “progreso”. Para muestra, bastaría recapitular lo vivido en Chile, Argentina y México, por citar algunas de las naciones de nuestra América donde se “modernizó” la economía, según la tesis neoliberal muy en boga durante las dos últimas décadas del siglo XX.

Es difícil creer que la lógica capitalista podría resolver los graves problemas estructurales que padecen nuestros pueblos. Sólo quienes legitimen el individualismo (el patrón se queda con la mayor parte del fruto del esfuerzo productivo de los trabajadores), la economía del mercado (maximización del lucro, la ganancia y la rentabilidad a través de la explotación indiscriminada de la fuerza de trabajo asalariada), la responsabilidad individual y la libertad empresarial sin control alguno del Estado, estarán de acuerdo en que dicho “progreso” es posible. Lamentablemente, dicha fábula sólo ha engendrado mayores niveles de desempleo, pobreza, miseria y exclusión social que no pueden reducirse ni eliminarse únicamente con buenos deseos. No se puede obviar, por consiguiente, que “el mercado sin restricciones -como lo refiriera David Korten- tiende a funcionar como una institución profundamente antidemocrática. En tanto que la democracia confiere derechos a las personas vivientes, el mercado sólo otorga reconocimiento al dinero, no a la gente”. En tal sentido, se debe desenmascarar tal “progreso” e impulsar, contrariamente, el desarrollo integral de las personas, al mismo tiempo que se crean las condiciones para la construcción del socialismo revolucionario.-

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25/05/2012 07:52 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA FUSIÓN POLÍTICO-ECONÓMICA, LA NUEVA REGLA DEL CAPITAL GLOBALIZADO

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La fragilidad del sistema económico capitalista a nivel global se hace cada vez más notoria a medida que la crisis de los países de Europa se asemeja mucho a la sufrida durante las últimas décadas del siglo XX por los países periféricos, entre éstos los de nuestra América. Así, la actual inseguridad laboral, con sus efectos colaterales, patentizados en elevados porcentajes de familias con ingresos económicos inestables o inexistentes, además de mayor delincuencia, dan cuenta del caos social producido por las imposiciones del capital globalizado. De esta forma, muchas personas a nivel mundial han descubierto que, entre la producción social y el consumo social, se encuentra la explotación capitalista como elemento único y característico de la sociedad humana en general. Esto ha generado en mucha de la gente afectada la convicción que el capitalismo es absolutamente criminal y depredador, implantándose en ella la necesidad de remplazarlo decididamente por un modelo alternativo que centre sus objetivos en el bienestar colectivo y no en el de un reducido número de personas.

Para el capitalismo neoliberal o globalizado, la idea de un proyecto nacional es interpretada como un obstáculo a la libre expansión y control del mercado internacional que debe eliminarse a cualquier costo, desatando la guerra, incluso, bajo argumentos infundados, sin base alguna. Por tal motivo, le resulta más práctica la efectividad de gobiernos que actúen como gestores de su voluntad e intereses que la acción de un Estado nacional esgrimiendo su soberanía. Ahora, el capitalismo neoliberal o globalizado ha establecido una nueva modalidad en su estrategia de dominio mundial, tímidamente asomada en la década de los noventa del siglo pasado, pero que ha pasado a ser una regla de primer orden en el presente siglo: la fusión político-económica, es decir, el intercambio de roles políticos y empresariales. Dicha fusión político-económica pone su interés central en las ganancias del capital más que en crear condiciones de vida digna para la población que gobierna.

De esta manera, las grandes corporaciones transnacionales tienen un mayor control de la economía mundial y se aseguran, al mismo tiempo, el fiel cumplimiento del recetario impuesto por el Fondo Monetario Internacional para minimizar el impacto de las crisis provocadas por sus ambiciones y obtener los pagos puntuales de las naciones endeudadas; lo mismo que el respeto de los tratados bilaterales de libre comercio, de promoción y de garantía de las inversiones extranjeras. Algo que, incluso, comienza a manifestarse y a extenderse en los diferentes órganos que conforman la Organización de las Naciones Unidas, llegando a “coincidir” con las sugerencias, expresamente neoliberales, hechas por dichas corporaciones. Esto último explica el por qué la ONU legitima y es tan flexible con las acciones saqueadoras de gobiernos dominados por el gran capital en contra del derecho internacional y de la autodeterminación de los pueblos, violando así su propia acta constitutiva.-

30/04/2012 01:33 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL DOMINIO IMPERIALISTA DE LAS TRANSNACIONALES

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El mundo contemporáneo es, sin duda alguna, víctima de una expoliación global planificada, cuyos antecedentes se pueden rastrear en la última década del siglo pasado, teniendo como primer escenario las naciones endeudadas de nuestra América. Desde entonces, los grandes centros de poder -manejados por quienes integran las grandes corporaciones transnacionales, siendo el caso más representativo el gobierno de George W. Bush, cuyos miembros provenían de las nóminas de algunas empresas petroleras- han impuesto sus condiciones a casi la totalidad del planeta, en un juego que pretende salvar las economías en crisis a cambio de concesiones que, en la práctica, significan hipotecar la soberanía y el futuro de muchos países. En todo ello, los grandes ganadores son las transnacionales, a tal punto que se han dado el lujo de colocar directamente en el poder en algunos países de Europa a personeros formados bajo sus directrices.

Esta situación coloca al planeta en un escenario de alta conflictividad social, como ha quedado evidenciado suficientemente con el movimiento de los indignados, tanto en Europa como en Estados Unidos, lo que da cuenta de las consecuencias desfavorables que tienen en las personas las medidas adoptadas por sus gobiernos en beneficio de los intereses de las grandes corporaciones. En este caso, ya poca gente da cuenta de los beneficios inherentes al capitalismo, pero tal cosa no significa que exista aún una conciencia revolucionaria que postule al socialismo como su contrapartida. Quizás ello pueda derivar más tarde en una lucha social que vaya transformándose en política, cuestión ésta que pretende minimizarse alegando que son ajustes necesarios que se deben implementar para rescatar y consolidar las economías nacionales en bancarrota, quedándole a los ciudadanos la amarga convicción de ser manipulados por los grupos empresariales en connivencia con el estamento gobernante.

Ya en nuestra América la experiencia neoliberal demostró que a los empresarios sólo les importa disponer de mecanismos flexibles para la obtención segura y a corto plazo de mayores ganancias, dejando en la intemperie -literalmente- a familias enteras, cuyos ingresos económicos rozan los niveles de sobrevivencia. Esto se ha extendido a otros continentes, siendo ya una situación común en todo el mundo, asignando al sector privado de la economía un papel destacado como agente del desarrollo de cada país en llave con sus gobiernos, en lo que algunos han llamado capitalismo inclusivo, capitalismo real y, hasta, capitalismo popular, buscando hacer menos visible el carácter depredatorio y anti-ecológico de tal sistema.

Como lo hace ver C.K. Prahalad, en su libro La fortuna en la base de la pirámide: Cómo crear una vida digna y aumentar las opciones mediante el mercado, “el compromiso activo de las empresas privadas con la base de la pirámide es un elemento esencial para la creación de un capitalismo incluyente en la medida en que la competencia del sector privado por dicho mercado fomenta la atención hacia los pobres como consumidores y crea opciones para ellos”. Ésta es la esencia real de tal preocupación empresarial: disponer de un mercado de consumo. Allí no entra ninguna otra consideración, así se esté a las puertas de un gran cataclismo mundial, como parecen estar animadas a provocarlo las transnacionales que controlan la economía global, en su empeño por tener en sus manos los recursos estratégicos de cada nación y obtener grandes ganancias, como lo han estado haciendo en los países árabes invadidos por el imperialismo gringo y sus aliados en las últimas décadas.-

20/01/2012 18:04 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA CAUSA PRINCIPAL DE TODAS LAS INJUSTICIAS Y DESIGUALDADES

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El escenario de pauperismo extremo que se cierne apocalíptico sobre muchas naciones otrora caracterizadas por sus altos niveles de prosperidad material, así como el desempleo masivo al cual están condenados millones de hombres y mujeres que sólo disponen de su fuerza de trabajo para sobrevivir dignamente, las protestas callejeras de igual cantidad de personas en contra de las medidas económicas adoptadas por sus gobiernos siguiendo las recomendaciones de quienes produjeron las crisis que sufre el sistema capitalista en su empeño por mantener y reforzar la injusta forma de distribución de la riqueza generada entre todos; sin olvidar la degradación y explotación irracional del medio ambiente que ha provocado un cambio climático que amenaza la existencia de toda forma de vida, sitúan al capitalismo  como la causa principal de todas las injusticias y desigualdades padecidas en todo nuestro planeta. Todo ello representa el sometimiento de más de la mitad de la humanidad a condiciones de vulnerabilidad que ponen en entredicho la soberanía, los derechos humanos, la seguridad y bienestar que le corresponde. Para la ética del mercado son daños colaterales que no pueden impedir su finalidad suprema: la obtención pronta y segura de mayores ganancias. Así, “las bases individualistas, utilitaristas y pragmáticas que fundamentan filosóficamente el capitalismo”, al decir de Pedro Henríquez Ureña, justifican que tal panorama sea visto por muchos ciudadanos del mundo como un mal necesario ante la carencia de fórmulas inmediatas que lo superen exitosamente, cosa que afecta, incluso, a quienes propugnan su liquidación mediante la implantación del socialismo revolucionario, vistos los cambios habidos en aquellos países que, como China, Vietnam y Cuba, lo asumen como su sistema político.

No obstante, hay una realidad creciente en oposición a las injusticias y desigualdades derivadas del capitalismo, extendida ahora a Europa y Estados Unidos donde sus poblaciones resienten lo que se está haciendo para salvarlo de la crisis en que se halla. Esto impone en algunos la convicción que el sistema capitalista se halla en su fase final, sin embargo, las guerras neocoloniales asumidas conjuntamente por las camarillas gobernantes de Europa y Estados Unidos buscan suministrarle nuevos aires de vida, lo cual supone que nada impedirá que la entidad burocrático-financiera transnacional que representan avasalle a cualquier nación del mundo en su interés mercantil por controlar los recursos naturales estratégicos que ésta posea. De esta manera, las potencias capitalistas, con Estados Unidos a la cabeza, buscan asegurar su preponderancia por encima del resto del planeta, así ello implique el desconocimiento y la violación sistemática del derecho internacional.

Como lo indica Wim Dierckxsens, en su obra La transición hacia el postcapitalismo: el socialismo del siglo XXI, “la relación mercantil, al totalizarse, produce distorsiones graves en la vida humana y en la naturaleza. La relación mercantil totalizadora se fundamenta en la ética `sálvese quien pueda’, que finalmente no salvará a nadie. Esta ética constituye una amenaza para toda la vida humana y natural. En la guerra económica por el reparto del mercado mundial no cabe ni siquiera todo el gran capital. Con ello la guerra por el reparto del mercado mundial sobrepasa el ámbito económico y tiende a alcanzar dimensiones militares. Esta ética de salvarse a toda costa de todo y todos no salvará a nadie, aunque generará un sufrimiento cada vez más amplio e insoportable para amplias mayorías. En medio de este dolor se genera la resistencia mundial contra la globalización. Esta resistencia no solo deslegitima al propio sistema sino además genera una ética alternativa: la ética solidaria”. Esto último es lo que forja algunas esperanzas. Mientras, identificado el causante principal de todas las injusticias, explotaciones y desigualdades por la humanidad en su conjunto, es necesario trabajar concienzudamente respecto a su alternativa revolucionaria, el socialismo, de modo que no se apele simplemente a ilusiones filantrópicas, cuyo efecto es sólo apariencia, sin soluciones definitivas, sino que se tienda a su realización plena y a su consolidación.-           

17/01/2012 06:23 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

UN MODELO ECONÓMICO CENTRADO EN LAS PERSONAS

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Ahora que la alianza de las potencias industrializadas se ha propuesto revitalizar el sistema capitalista por medio de sus guerras de conquista a nivel mundial, sobre todo, al proponerse el control directo de los yacimientos gasíferos y petrolíferos tan necesarios para su estilo de vida, es importante que los diversos movimientos políticos y sociales enfrentados a la hegemonía del capital, tanto en nuestra América como en el resto del planeta, tengan muy presente la necesidad urgente de establecer un modelo económico centrado en las personas y la protección del medio ambiente más que en la ganancia de grandes capitales. Por ello es importante que tales movimientos generen un debate que desnude la perversidad intrínseca del capitalismo, así haya defensores que divulguen la creencia de una auto regeneración del sistema que luego redundaría en el bienestar de toda la sociedad.

En este caso, el actual extremado afán destructor del capitalismo ha reivindicado con creces al socialismo revolucionario como la alternativa para frenar sus desmanes y establecer en su lugar algo totalmente diferente que tenga como su principal base de sustentación el accionar de las comunidades organizadas en unidades socioproductivas autónomas, sumadas a una planificación económica de carácter nacional, de manera que su inserción en el proceso productivo tenga realmente un efecto transformador, tanto en las relaciones de producción como en las relaciones de poder, puesto que tal inserción implica también posesionarse de un papel político activo, participativo y protagónico. Esto, sin embargo, no es suficiente. Hace falta romper con los viejos esquemas de la división del trabajo, así como la propiedad social de los medios de producción donde los trabajadores tengan la oportunidad de tomar decisiones, tanto en su rol de ciudadanos como productores. Sin este último elemento cualquier cambio que se proponga no podría calificarse de socialista o revolucionario. Por consiguiente, éste representaría un cambio trascendental que marcaría el avance y consolidación del socialismo revolucionario en contraposición al capitalismo depredador.

Aun así, es de reconocerse que la construcción de un modelo económico basado en el socialismo revolucionario no resulta nada fácil. Sin embargo, algunas iniciativas -como la propiedad social de los medios de producción- podrían contribuir a ello. Como lo expone Michael Lebowitz en su obra El camino al desarrollo humano, ¿capitalismo o socialismo?, “la propiedad social de los medios de producción es fundamental porque es la única forma de garantizar que nuestra productividad comunal y social sea dirigida hacia el libre desarrollo de todos en lugar de utilizarse para cumplir los objetivos privados de los capitalistas, grupos de personas, o burócratas del Estado”. Lograr este cometido revolucionario envuelve comprender que no se trata de una simple propiedad estatal, como lo anticipan los apologistas del capitalismo en base a la experiencia distorsionada de la URSS, sino trascender el marco tradicional de la democracia representativa, haciéndola participativa y protagónica, un elemento primordial que no puede obviarse a la hora de hablar de socialismo, menos cuando se trata de un nuevo tipo de economía dirigido a satisfacer las necesidades básicas de las mayorías.-

29/12/2011 14:56 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL MUNDO CAPITALISTA SE TAMBALEA

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Durante varias décadas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) enarboló las banderas del Consenso de Washington promoviendo privatizaciones, reducción del papel de los gobiernos en la economía de sus países, disciplina fiscal sin déficit, reformas impositivas, liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas, reordenamiento de las prioridades del gasto público, auge de los mercados financieros, liberalización del comercio exterior, desregulación para suscitar la competencia, liberalización de las tasas de interés, promulgación de tasas de cambio competitivas y el reconocimiento de derechos de propiedad. También impuso los famosos programas de ajuste estructural (PAE),  convocados a “apretar el cinturón” a los pueblos de los países en quiebra para que sus gobiernos pudieran pagar sus deudas a sus pares desarrollados.

Esto trajo como consecuencia que las crisis cíclicas del capitalismo a nivel planetario se resolvieran a expensas de las economías de los países periféricos, sin que se vieran grandemente afectadas las economías de las metrópolis. Sin embargo, ahora el panorama es otro. A pesar de mantenerse aferrados a sus viejos esquemas, los capitalistas de Europa y Estados Unidos observan -no sin temor- cómo la crisis económica también se ha hecho presente en sus propios países, obligándolos a desenmascararse tal cual son frente a las mayorías, demostrando que sus intereses particulares son más importantes que los del resto del mundo.

Así, el mundo del capitalismo se tambalea. Tal como lo reseña Marco A. Gandásegui, docente de la Universidad de Panamá, “la perdida de hegemonía de EE.UU. se ha agudizado dentro de sus propias fronteras. Los estados federales experimentan un giro político hacia la extrema derecha creando una nueva legislación orientada a expropiar a los trabajadores de sus derechos y beneficios sociales. La excusa que se utilizó en cada uno de estos casos era que las arcas estatales se estaban vaciando y había que eliminar de los presupuestos las conquistas laborales que se remontaban a más de medio siglo. Mientras que el segmento más rico de EEUU tiende a aumentar sus ingresos, producto de las leyes que lo beneficia, las capas medias y los trabajadores pierden sus empleos, sus beneficios sociales y jubilaciones, así como sus viviendas. En los estados del sur de EE.UU, donde no existe una historia de conquistas sociales, la política de “desposesión” de la extrema derecha se dirigió a los trabajadores inmigrantes que ocupaban los empleos menos remunerados, pero que reciben beneficios sociales. La táctica es continuar explotando a los trabajadores extranjeros, pero eliminando sus beneficios sociales”. Igual cosa pudiera adjudicársele a los países europeos, buscando la manera de mantenerse a flote, en especial de aquellos que integran la euro-zona, tratando de fortalecer el euro, antes que la rebelión iniciada por los pueblos de nuestra América y retomada con fuerza por los pueblos de África y Asia, termine por arroparlos, produciendo una verdadera revolución social.

De esta forma, por su extensión mundial, la actual crisis capitalista impone nuevas perspectivas de lucha y de comprensión del momento histórico que vivimos. En palabras de Víctor Álvarez, ex Ministro de Industrias Básicas del Presidente Hugo Chávez, “la visión productivista, economicista o mercantilista del modelo productivo que aún prevalece, es precisamente la que hay que superar para extender la mirada hacia los demás ámbitos, áreas, esferas y dimensiones en los que pueden encontrarse nuevas claves para la masiva inclusión social y el desarrollo humano integral. La posibilidad real de abatir las causas de la pobreza y la miseria y abrir nuevas vías para la participación e inclusión de la gente, pasa por marcar una clara diferencia con esa escueta visión productivista, economicista o mercantilista de lo que significa un modelo productivo”. En esta perspectiva tendrían que insertarse las luchas que se libran masivamente contra los desmanes del sistema capitalista en gran parte del mundo, sin limitarse al ámbito meramente reivindicativo, como la falta de empleo, por ejemplo. Ello exige un ejercicio dialéctico de comprensión de todos los elementos involucrados, incluyendo -por supuesto- el rol cumplido hasta ahora por los diferentes regímenes a favor de los privilegiados de siempre del capitalismo y en perjuicio de quienes sólo cuentan con su fuerza de trabajo para sobrevivir, lo que desembocará, sin duda, en una mayor demanda de espacios de participación política por parte de las grandes mayorías, del mismo modo como ocurriera en Venezuela y en otras naciones de nuestra América en esta última década de importantes rebeliones sociales.-

14/08/2011 12:29 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA REBELIÓN DE LOS PUEBLOS FRENTE A LA HEGEMONÍA DEL MERCADO CAPITALISTA

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Las rebeliones populares que parecen esparcirse desde nuestra América al resto de los continentes (incluyendo a Estados Unidos) tienen sus raíces en el orden capitalista sobre el cual se estructuraron estas sociedades. Así, las exigencias legítimas de estos pueblos de una democracia, justicia e igualdad realmente efectivas, sin subordinaciones de ningún tipo a poderes extranjeros; tienen un común denominador: la economía de mercado, esto es, la maximización del lucro, la ganancia y la rentabilidad a través de la explotación de la fuerza de trabajo asalariada que impuso el neoliberalismo económico a nivel mundial durante la última década del siglo pasado.

Sin este elemento, la comprensión de estos sucesos que sacuden al mundo quedaría incompleta. Aunque los fenómenos sociales tienen su traza propia, determinada por características específicas, no menos es cierto que, en este caso, existen características comunes que podrían inducirnos a conclusiones apenas diferenciadas. Esto, no obstante, dependerá en gran medida de la capacidad política de los nuevos liderazgos que emerjan de estas manifestaciones populares, evitando las tradicionales manipulaciones de los sectores dominantes.

Lo que salta a la vista es que los pueblos ya no serán los mismos. Al miedo y a la sumisión, que tan buenos resultados les brindara a las minorías conservadoras, le han sucedido la indignación y la conciencia organizada. Los mismos han llegado a comprender que la soberanía les pertenece y pueden ejercerán directamente en las calles. Tal convicción popular, de por sí, mejora y extiende el viejo concepto de democracia formal y pone contra la pared a los gobernantes que pretenden desconocer los reclamos y expectativas colectivos en aras de los intereses de quienes dominan el mercado capitalista.

Para el gobierno estadounidense, lo mismo que para sus pares de Europa y Japón, tales rebeliones encarnan un serio revés a su política neoimperialista luego de la implosión de la URSS. Frente a ello, las tácticas del Imperio podrían sufrir algún cambio, no así su visión estratégica. Para los grupos hegemónicos de Estados Unidos es vital asegurarse el control directo de las economías nacionales, los recursos naturales y los recursos energéticos existentes a nivel planetario; para lograrlo, cuenta con un conjunto de acciones económicas, diplomáticas y militares, todas dirigidas a evitar el derrumbe de su rol hegemónico. Algo que podría agudizar la situación interna de muchas naciones, avivando, en consecuencia, una revolución popular indetenible y de signo radicalmente distinto a las anteriormente conocidas.

Esta rebelión de los pueblos frente a la hegemonía del mercado capitalista se caracteriza esencialmente por la presencia dinamizadora de sectores sociales que hasta ahora se mantenían al margen de la escena, pero que siempre desconfiaron de la honestidad y capacidad del estamento político. Esto se palpa por igual en Medio Oriente, Europa y nuestra América, por citar los casos más emblemáticos de la actualidad. En cada uno, el desprestigio y corrupción impune de quienes tradicionalmente detentaron el poder (incluso aquellos de tendencia aparentemente progresista y/o revolucionaria), sin producir mejoras significativas que repercutieran positivamente en la calidad de vida de la población, lo cual ha dado paso a la emergencia de un liderazgo nuevo en muchos aspectos, pero mejor identificado con las expectativas populares. Un hecho común simple de enormes repercusiones en lo futuro que obliga a repensar -con esquemas absolutamente nuevos- lo que será la historia de la humanidad y su emancipación integral.-   

10/06/2011 19:11 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

¿ADELANTAMOS EL APOCALIPSIS?

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Los últimos desastres naturales ocurridos a nivel mundial han hecho reflexionar a mucha gente sobre sus causas, llegando a concluir que el estilo de vida adoptado bajo los parámetros del capitalismo sería una de las principales, dado que su afán depredador de ganancias inmediatas y fáciles no repara en los daños que pudiera ocasionar al ambiente en cualquiera de nuestras naciones. Sin embargo, aún existen posiciones interesadas que pretenden reducir el impacto de estas afirmaciones, incluso apelando a elementos de carácter religioso, que son difundidas sin ahondar. 

Así, la contaminación del aire, del agua y de los suelos, el saqueo de los recursos naturales, la deforestación incontrolada y los problemas de acceso a los recursos vitales para la subsistencia y el mejoramiento de la calidad de vida de muchos pueblos ubicados en Asia, África y nuestra América tienen su origen -indudablemente- en la persistencia de un modelo económico voraz e incontenible. En este aspecto, cabe citar lo expuesto por Carlos Marx al referirse a la gran industria y la agricultura en el tomo I de El Capital: “Al igual que en la industria urbana, en la moderna agricultura la intensificación de la fuerza productiva y la más rápida movilización del trabajo se consiguen a costa de devastar y agotar la fuerza de trabajo del obrero. cada progreso de la agricultura capitalista es un progreso no solamente en el arte de explotar al trabajador [para mejorar la productividad], sino también en el arte de desvalijar al suelo; cada progreso en el arte de acrecentar su fertilidad por un tiempo, es la ruina de sus recursos duraderos de fertilidad. La producción capitalista no desarrollará la técnica y la combinación del proceso de producción social más que minando al mismo tiempo las dos fuentes de donde surge toda riqueza: la tierra y el trabajador”. Tales palabras tienen una plena vigencia en este siglo cuando se mantiene una constante lucha contra la explotación y los estragos originados por el sistema capitalista a escala mundial, lo cual ha hecho que se retome al socialismo como la alternativa revolucionaria a dicho sistema, ahora dotado de una visión más integral de lo que ello debiera ser, con elementos que anteriormente fueron obviados o desestimados.

De ahí que ya se hable sin sorpresa de un adelantamiento del apocalipsis bíblico, incluso adosándole la teoría de un conspiración perpetuada desde los grandes centros de poder mundial que estaría dirigida a provocar un caos generalizado en aquellos países con suficientes recursos estratégicos que les sería necesario controlar de forma directa, estableciendo un nuevo orden internacional. Los más conscientes de ello -aún sin racionalizarlo del mismo modo que éste y otros análisis similares- son las comunidades empobrecidas de nuestros países al enlazar sus luchas sociales con la defensa del uso de los recursos naturales al margen de la lógica del mercado capitalista actual (o fuera de la administración estatal), lo que representa una imagen contrapuesta a la que se ha querido imponer respecto a que la pobreza es la causa fundamental de la degradación ambiental.

Ahora, teniendo presente la tragedia que padece Japón, al igual que lo sucedido en Chernóbil, en Ucrania, durante el siglo pasado, muchas personas han tomado conciencia de las graves consecuencias del avanzado cambio climático que sufre nuestro planeta, derivadas del desarrollo económico capitalista, planteándose nuevos enfoques sobre su relación con la naturaleza. Esto pudiera suscitar -de algún modo- una nueva percepción respecto a los hábitos consumistas que afectan directa e indirectamente a nuestro medio ambiente, modificándolo de modo irreversible. Sin embargo, en los grandes centros de poder mundial esto no parece tener demasiada importancia. Así, su irracionalidad nos expone a todos los seres vivos de La Tierra (sin que sea simple exageración) a una situación bastante cercana a la extinción total, lo cual amerita mayores acciones de manera colectiva que la reduzcan y eliminen, en beneficio de la vida.-

26/05/2011 15:24 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA INSURGENCIA SOCIAL Y EL QUEBRANTAMIENTO DEL MODELO DE ESTADO VIGENTE

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La tarea de definir (y de establecer) el poder en función de los intereses colectivos de un pueblo y, aun, de un grupo social determinado, marginado, explotado u oprimido siempre ha tropezado -de uno u otro modo- con la concepción que se tiene de éste como dominación o hegemonía de una minoría que asume para sí la representación de todos. No obstante, entre finales del siglo pasado y comienzos del presente siglo han surgido corrientes de pensamiento que buscan modificar radicalmente tal concepción, convirtiéndola en una noción positiva, diferente en todos sus aspectos a lo que ha sido tradición inalterable entre la humanidad. Como evidencia palpable de este hecho está el reclamo generalizado de la gente en diferentes naciones del mundo en relación a la existencia e influencia de un Estado omnipresente, pero que es incapaz de darle satisfacción plena a sus necesidades y expectativas, aún cuando sea su obligación constitucionalmente establecida.

Esto supone -en consecuencia- una abierta confrontación con los valores que sustentan al Estado como “la matriz de la regulación de toda la conducta humana”, en palabras de Michel Foucault, lo que implicaría, a su vez, un cuestionamiento de aquellos valores que han perdurado a través del tiempo, caracterizando la sociedad actual. Así, el poder -como regla y prohibición- está siendo quebrantado de manera cada vez más constante por los ciudadanos, tanto en nuestra América como en Europa y el resto del planeta, puesto que ya han comprobado que el mismo se ejerce en función de los intereses capitalistas de unos cuantos, afectando inmisericordemente al conjunto social, sin que haya retribución alguna. De este modo, muchos ciudadanos han terminado por manifestar en las calles su malestar y enojo ante lo que consideran (no sin cierta razón legítima) un atropello a sus vidas de parte de quienes manejan el Estado. En tal sentido, si coincidimos con Jean Jacques Rousseau, según el cual  “cada uno de nosotros pone en común su persona y su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general”, no podría afianzarse, ni reconocerse -en consecuencia- ningún poder extraño a esa voluntad general, así éste obre aparentemente bajo tal premisa; justamente lo que ha estado ocurriendo al originarse una insurgencia social en variadas direcciones, pero con un común denominador: la acción del Estado.

Si ampliamos esto en el campo político, tendríamos que admitir que el viejo modelo de Estado imperante en nuestras naciones requiere de su eliminación y sustitución, provocando una revolución en todo el sentido de la palabra, capaz de transformar las relaciones de poder existentes. Aun cuando éste se renueve, prolongando su vigencia, es inevitable su total agotamiento, especialmente cuando el mismo responde a patrones originados por el capital para su propia sobrevivencia. La revolución, en este caso, estaría dirigida a dos focos fundamentales de la desigualdad, la opresión y la injusticia: el Estado y el capital. Ambos imbricados de tal forma que muchos dan por sentado que ninguno puede existir independientemente del otro. Obviamente, algunos creerán que sólo basta con proporcionarles “un rostro humanizado” para revertir sus efectos nocivos sobre la sociedad, cuestión que se demuestra imposible de alcanzar en vista de su naturaleza jerárquica, perniciosa y totalitaria. 

Como lo asegurara Joseph R. Strayer, autor de Los orígenes medievales del Estado, “la sociedad sin Estado, sin poder político o dominación, es una forma nueva a conquistar. Ella está en el futuro”. Esta posibilidad nada utopista ha logrado conglomerar a los diferentes grupos hegemónicos a nivel mundial en el aseguramiento del control desplegado sobre el Estado, en una especie de imperio corporativo, lo que explica las coincidencias observadas en las protestas populares en uno y otro continente tras cada medida antipopular y antidemocrática adoptada por dichos grupos. Aunque esta es una realidad que apenas se está abriendo pasos entre algunos que la perciben y la entienden, otros en cambio optan por ignorarla. Sin embargo, ella marca el contexto en que se desarrolla esta singular confrontación entre los ciudadanos (mediante una insurgencia social sin disiparse y con un marco teórico parcialmente definido) y un viejo modelo de Estado que remienda sus costuras (con cierto éxito relativo). Todo ello exigirá, en algún momento, re-concebir las instituciones públicas al nivel de todo el Estado (nacionales, estatales y municipales), de manera que se generen unas nuevas relaciones de poder bajo los ideales de una democracia efectivamente participativa, en una primera fase, para acceder finalmente a un nuevo modelo civilizatorio, totalmente diferenciado del existente.-

  

13/12/2010 13:01 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA DESHUMANIZACIÓN Y LA DEGRADACIÓN DE LOS INMIGRANTES

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            Luego de sembrarles durante decenios la ilusión de una vida de bienestar material bajo el capitalismo, ahora los países capitalistas industrializados se muestran reacios a admitir en su seno a millares de personas del aún mal llamado Tercer Mundo, alegando para ello una diversidad de argumentos legales y extralegales, pero que, en el fondo, se resume a una palabra: xenofobia.

            Ciertamente, tal xenofobia no es algo inusitado ni nuevo en Europa y en Estados Unidos, sólo que se ha manifestado con una virulencia nada disimulada en los últimos tiempos, coincidiendo con el hecho que el capitalismo padece una de sus crisis cíclicas más profundas y prolongadas, siendo algo compartido en ambos lados del Atlántico norte. Esto ha convertido a los inmigrantes en parias sin derecho alguno, como ocurre en la frontera sur de Estados Unidos al pretender éstos ingresar desde el territorio mexicano, arriesgando sus vidas o ser asesinados impunemente durante la travesía.

            Otro tanto ocurre con las legislaciones promovidas en los países industrializados, entre éstas la Directiva Retorno de la Unión Europea, en la cual se incluye detener, deportar y hasta encarcelar por un periodo máximo de dieciocho meses a los inmigrantes considerados ilegales, ignorando y violando las disposiciones contempladas en el Convenio Europeo de Derechos Humanos y en la Carta de los Derechos Fundamentales de la misma Unión Europea, además de aquellas que han sido consagradas por el Derecho internacional y las Naciones Unidas. En Estados Unidos se procede de igual manera, si no, recordemos la ley SB 1070 en Arizona y otras de similares intenciones en Alabama, Arkansas, Carolina del Sur, Colorado, Florida, Idaho, Indiana, Maryland, Michigan, Minnesota, Missouri, Nebraska, Nevada, Nueva Jersey, Ohio, Oklahoma, Pennsylvania, Rhode Island, Tennessee, Texas y Utah; medidas jurídicas y administrativas que representan la deshumanización y la degradación de los inmigrantes, lo que equivale a una criminalización de la pobreza que éstos arrastran desde sus países de origen.

            Como lo reclamara el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, “¿con qué calidad moral se puede sostener una globalización que cada vez busca más la libre movilidad de mercancías, la inmediata movilidad de capitales, pero criminaliza la movilidad de seres humanos?”. Habría que recordarles entonces a europeos y estadounidenses la historia de explotación colonial, semicolonial y capitalista a que han sometido a las naciones asiáticas, africanas y americanas por igual, lo que potenció enormemente su actual nivel de riquezas al costo del genocidio de millones de seres humanos. De ahí que la emigración ilegal sea consecuencia de la asimetría económica que prevalece entre las naciones industrializadas y aquellas dependientes, reservándoseles la función de proveedoras de materias primas. Por ello mismo no es extraño que europeos y estadounidenses hayan terminado por adoptar la misma mentalidad xenófoba de sus antepasados durante su Edad Media, erigiendo los llamados muros de la vergüenza entre uno y otro mundo.-

14/09/2010 11:07 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL COLAPSO CAPITALISTA Y LAS NUEVAS REALIDADES

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             La más reciente crisis del mundo capitalista -con Estados Unidos a la cabeza- augura un panorama mundial sombrío en el cual serán rasgos constantes los aumentos de inflación, las salidas de capital, la caída del crecimiento y la elevación del índice de desempleo en muchas de las naciones afectadas por dicha crisis. Algunos estudiosos se animan a afirmar que el capitalismo financiero, tal como fuera conocido desde los años 70 del siglo pasado, ha culminado estrepitosamente, a pesar de los recursos que desea inyectarle el gobierno de Bush en su pretensión de hacer menos traumática la situación creada por la ambición y la irresponsabilidad de entidades bancarias que no midieron el desenlace de sus acciones.

En el caso estadounidense, las repercusiones de tamaña crisis tocan los cimientos de una sociedad que se sintió segura, producto de la explotación y la dependencia de los países del Tercer Mundo, pero que -ahora- es víctima de la incertidumbre. Sus ciudadanos saben que esta crisis capitalista no se limita nada más al mercado hipotecario sino que se extiende también a todas las formas de crédito al consumo, las tarjetas de crédito, los créditos a las empresas, el mercado de acciones y su financiamiento y, en un nivel superior, la financiación de la compra, liquidación y reestructuración de muchas corporaciones. Esto los hace mostrarse renuentes a aceptar el plan de rescate o de salvataje presentado por la administración Bush, ya que la consideran una privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas derivadas de esa crisis, o lo que es lo mismo, un rescate de los banqueros ricos y no de los deudores pobres. En esencia, algunos economistas estadounidenses se oponen al concepto del rescate bancario porque el plan es un subsidio a los inversionistas al costo de los contribuyentes.

De todo esto, se concluye en que el neoliberalismo económico ha quedado al descubierto, resultando ser una gran falacia para el progreso. Al mismo tiempo, las secuelas negativas del libre mercado echan por tierra la presunta eficacia de las recetas del llamado Consenso de Washington, diseñado y puesto en marcha a principios de los años 90 del siglo pasado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Con esta iniciativa neoliberal se pretendía alcanzar el crecimiento de los países en desarrollo, recomendándoles, entre otras cosas, la flexibilización laboral y la privatización de las empresas del Estado y de los servicios públicos, incluida la educación y la salud. Ahora el Presidente Bush y sus asesores económicos piden intervenir el mercado, contrariamente a las recomendaciones hechas a los países víctimas de la debacle de sus economías dependientes, lo cual confirma la tesis esgrimida por algunos gobernantes de tendencias izquierdistas y progresistas de controlar el aparato económico y sus fluctuaciones.

Asimismo, está demostrado que el viejo Estado burgués sólo responde a intereses de la clase capitalista, por lo que será necesario sustituirlo por completo por uno que sí responda a la gran mayoría de los ciudadanos. Tal como lo indica Jorge Altamira en uno de sus análisis, “bancos, mercados de capitales y sistemas monetarios han servido para separar hasta proporciones o niveles desconocidos, el valor de cambio de las mercancías producidas (y de toda actividad social en general) de su valor de uso social; al capital del trabajo; a la producción de la acumulación, para darle en definitiva esta dimensión colosal a la crisis. El Estado no es la solución del problema sino parte de él, y es por eso que el derrumbe actual es, ya mismo, potencialmente revolucionario”. Esto último pudiera promover conflictos a escala interna y, posiblemente, mundial porque sería preciso tratar de represar la alta conflictividad social que impondría el surgimiento de nuevas realidades, entre las de mayor peso, el derrumbe del capitalismo, cuestión que -a pesar de lucir remota- cambiaría radicalmente la sociedad que conocemos.-



02/10/2008 23:11 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL CAMINO HACIA LA ECONOMÍA SOCIALISTA

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Hasta ahora, la propuesta venezolana del socialismo en el siglo XXI se basa –fundamentalmente- en la consecución de tres ejes o elementos básicos: el Bien Común, la producción social y el poder popular. En torno de los mismos orbitan el cambio estructural del Estado y de la sociedad misma, la solidaridad, la igualdad, el respeto a la soberanía, la inclusión social, la pluripolaridad internacional, el antiimperialismo, la integración latino-caribeña y el desarrollo endógeno, entre otros aspectos o condiciones no menos importantes que, en conjunto y de manera óptima, preludian la conformación de un nuevo orden social, económico y político, asentado principalmente en la toma de decisiones por parte de las amplias mayorías populares. Éste es el norte al cual conduce este nuevo socialismo, puesto que la incorporación protagónica y decisiva del pueblo hace que el mismo se diferencie en mucho a los modelos elaborados en, por ejemplo, Europa del Esta, incluso, en Cuba; no obstante las posibles referencias y experiencias coincidentes con aquellos. Aún así, es preciso adelantar que el rasgo anticapitalista atribuido a este socialismo en el siglo XXI impone que se comience por deslegitimar al capitalismo como sistema económico regente, ya que en el plano político la democracia representativa que lo acompaña y lo cobija está en franco retroceso frente a la desconfianza de los sectores populares y sus exigencias de participación y de protagonismo en los asuntos públicos. Esto requiere, necesariamente, una revisión profunda y objetiva de los aportes del materialismo histórico y de las experiencias que, en su nombre, se trataron de concretar en el pasado, a fin de evitar sus mismas desviaciones y desconstruir, realmente, las relaciones de producción capitalista y, con ellas, la alienación y la explotación de los trabajadores.           

Resultaría contradictorio que, al igual como sucede con la democracia y el capitalismo que –llevados a su máxima expresión- se negarían, se hable de socialismo y se mantengan inalterables las estructuras capitalistas, ya que éstas son excluyentes y privilegian la ganancia por encima de la condición humana. Por supuesto, hará falta que la producción social tienda a diferenciarse de aquello que sólo beneficia a un pequeño grupo de privilegiados y guiarse por la obtención del Bien Común, lo que implica adquirir un nuevo tipo de conciencia, más solidaria, equitativa y humanista, en resumidas cuentas, una nueva espiritualidad que sirva de soporte a la ética y a la moral socialista. Quizás, en lo inmediato, haya que seguir la recomendación hecha por Heinz Dieterich de “construir un circuito económico productivo y de circulación paralelo al de la economía de mercado capitalista. La economía de las entidades estatales y sociales puede desplazarse paso a paso hacia la economía de valor y ganándole terreno al circuito de reproducción capitalista, hasta desplazarlo en el futuro. Dado que las escalas de valorización por precios, valores y, también, volúmenes son conmensurables, no hay rupturas en los intercambios económicos que podrían causarle un problema político al gobierno”.

No obstante, tal economía socialista tiene sus escollos en la forma como la conciben muchos de los profesionales en funciones de gobierno, lo mismo que en la gente sencilla que se organizó en cooperativas o participa en la cogestión de empresas recuperadas por el Estado venezolano. No hay, por consiguiente, un recetario sencillo que facilite la implementación de tal economía porque mucho de lo que se prefigura (y se teme, sin sentido) tiene su origen en las experiencias del extinto socialismo real europeo, el cual no pudo o no supo desarrollar un modelo verdaderamente alternativo al capitalismo.Se impone, entonces, superar los antagonismos existentes entre el capital y el trabajo,  el valor de cambio frente al valor de uso, la apropiación privada capitalista frente a la alienación de los trabajadores, de tal forma que se pueda hablar propiamente de socialismo. Si ello no es posible, en vista de lo arraigado del capitalismo en nuestras sociedades y mentes, es mejor que no se hable de socialismo y se acepte abiertamente al capitalismo, ya que el socialismo no podría existir de otra manera si nada más se atiende el eliminar o disminuir la propiedad privada de los medios de producción, olvidando las perniciosas relaciones de producción que alienan y cosifican a los trabajadores, lo mismo que aquellas derivadas del poder económico y político.

28/06/2007 22:28 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

EL DESPLOME CAPITALISTA Y EL NUEVO ESCENARIO CONTINENTAL

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       En la sociedad capitalista -además de caracterizarse por garantizar la propiedad privada de los medios de producción- la distribución y el intercambio se disciplinan mediante mercados competitivos y un sistema regulador aceptado por todo, correspondiéndole al Estado “la noble y oportuna tarea de contribuir a superar el comportamiento irregular y las crisis recurrentes del capitalismo. Todo en función de la preservación de los intereses de una minoría y en desmedro de una amplia mayoría. Cuestión que se acentuó aún más en las últimas décadas, siendo un hecho común que los gobernantes son, al mismo tiempo, socios o representantes de grandes corporaciones nacionales y trasnacionales, por lo que se vieron obligados a tratar de conservar, a toda costa, el control del poder constituido, creando ilusiones de prosperidad compartida entre sus gobernados que -al cabo- resultaron un fiasco. Ello, no obstante, logró que las amplias mayorías populares expresasen su descontento, su apatía y, en algunos casos, su voluntad de cambiar; oscilando entre la revolución violenta y la revolución pacífica, ésta última a través del voto. Éste es el signo común que se manifiesta en los pueblos de nuestra América, acontecimiento que no es simple casualidad, sino que es prueba irrefutable de que el capitalismo (aún con su portentoso despliegue bélico en muchas partes del mundo) comienza a ser visto como un elemento extraño en nuestras latitudes que ya precisa ser superado y eliminado.           

       Sin embargo, el proceso no resulta fácil. El principal mentor del capitalismo en nuestra América, el gobierno de Estados Unidos, se mantiene prevenido frente a la ola de deslegitimación que éste sufre, sobre todo, al iniciarse el siglo XXI con la elección de Presidentes de orientación progresista e izquierdista. Y más aún cuando, desde Venezuela, de la mano del Presidente Hugo Chávez, se apunta de modo decidido a la construcción de una sociedad socialista totalmente diferente e inédita. Esto nos obliga a ver en las convulsiones generalizadas en nuestro Continente, una reacción en cadena anticapitalista y en contra de las medidas extremas recomendadas del Fondo Monetario Internacional y adoptadas sumisamente por los gobiernos nacionales para paliar la agobiante carga de la deuda externa. Si a ello le agregamos el alto grado de exclusión social generado y el envilecimiento de la democracia representativa, se podrá concluir en que todo lo que ocurre en la actualidad es el desplome de un modelo económico, social y político que, difícilmente, podrá revertirse. Al menos, por las buenas.           

       Semejante situación tiene contra las cuerdas a los sectores y grupos dominantes conservadores. Como se palpa en Venezuela. Su única esperanza la depositan en la desestabilización interna, el intervencionismo del imperialismo yanqui y la manipulación mediática de las masas populares, cuyos votos y movilizaciones son determinantes a la hora de inclinar la balanza a uno u otro lado. Aparte de ello, la cultura arraigada del reformismo representa un aliado importante de las oligarquías desplazadas al no propiciar el cambio estructural y no afectar, radicalmente, la manera tradicional de ejercer el poder. Cuestión que pudiera inducir a las masas a creer que todo pasado fue mejor y a no arriesgarse a confiar en cambios que sólo generen incertidumbre. La reacción se aprovechará de ello para jugar al desgaste, logrando que las fuerzas revolucionarias se distraigan de su objetivo fundamental y pierdan terreno al pactar con ella. Lo ideal es que las fuerzas revolucionarias no frenen su primer impulso, pero ello requiere de mucha audacia, de mucha voluntad política para desmantelar el viejo Estado y de mucha confianza en la capacidad creadora del pueblo para establecer nuevas relaciones de poder.

            Aún así, hay una cosa innegable: el capitalismo no ha muerto, lo mismo que el socialismo, a pesar de las enormes contradicciones en su seno, contradicciones de las cuales se han percatado bien las masas populares. Sin embargo, su resistencia agónica se afinca en el hecho cierto de no haber -todavía, con pie firme- una alternativa que lo trascienda de modo definitivo, como se plantea con el nuevo socialismo en construcción en Venezuela. En algunos casos, resurgirá, como en el pasado, tras una de sus crisis cíclicas. Pero, en otros, su condena histórica y desaparición será absoluta.-

05/01/2007 20:16 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.

LA PESADILLA DEL PRIMER MUNDO

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            Primero fue Francia y, ahora, Estados Unidos. En ambos casos, los ilusionados del Tercer Mundo, los que sucumbieron a la tentación de una vida de oportunidades materiales en el Primer Mundo, están reclamando con voces cada vez más fuertes su cuota en el disfrute de las maravillas capitalistas que han ayudado a construir. La pesadilla por tanto tiempo temida por las elites dominantes de los países industrializados ha comenzado y amenaza con trastocar todo el orden establecido. Miles y miles de inmigrantes indocumentados, lo mismo que sus hijos, exigen que se les reconozca como seres humanos y como trabajadores que son. Al fin y al cabo, ellos han sido quienes se ocupan de los oficios menos deseados por los ciudadanos legales de estos países, la mayoría de las veces, con una remuneración muy por debajo de lo normal y bajo constante amenaza de ser deportados a sus naciones de origen.

 

            En Francia, las protestas fueron incendiarias y se prolongaron por varios días, destapando una realidad que no se quería admitir, pero que sufre por igual cualquier inmigrante en cualquier latitud del mundo: la de no existir oficialmente, careciendo de todo derecho mínimo. En Estados Unidos, la cosa es diferente, pero igualmente impactante: los inmigrantes ilegales perdieron el miedo y se atreven a demandar acciones que los ubiquen en carne y hueso en su sociedad. Ambas situaciones sirven para ilustrar el drama de quienes, a riesgo de sus vidas, abandonan el estado de miseria y limitaciones en que se hallaban, sobreviviendo apenas, y anhelan alcanzar el estado de bienestar existente en el Primer Mundo industrializado.
            Más de un millón de inmigrantes –gran parte de ellos, de ascendencia latinoamericana- se hicieron sentir en las calles estadounidenses, al igual que Martin Luther King y el movimiento por los derechos civiles de los negros durante la década de los sesenta, en procura de un status que les reconozca sus derechos humanos y laborales, en momentos en que un proyecto de ley, aprobado por la Cámara de Representantes en diciembre de 2005, los convierte en criminales, así como a quienes les faciliten cualquier tipo de ayuda. Esto ha logrado que el resto de inmigrantes, ya convertidos en ciudadanos estadounidenses, se sensibilicen con la suerte de sus compatriotas y muestren su solidaridad, como ha ocurrido con los locutores de radio. Según Miguel Tinker Salas, profesor de la Universidad de Pomona, en California, “la ausencia de líderes comunitarios ha sido llenada por los medios en español, sirven de enlace y eco de sus preocupaciones y han dado fuerza a esos indocumentados que ahora están protestando en público, en plena calle”. Esta avalancha humana hace temblar las carnes de los grupos neoconservadores que dominan la política y las finanzas de Estados Unidos, a tal grado que no desisten (a semejanza de sus aliados sionistas en Palestina) de su intención demencial de erigir una cerca en su frontera con México y evitar que los “espaldas mojadas” y demás inmigrantes puedan organizarse e influir en el escenario político interno. Al parecer, las reglas del juego de exclusión, explotación y discriminación comienzan a ser cambiadas en un país que le debe muchísimo a la inmigración, construido por inmigrantes, desde los tiempos del May Flower.
            Lo peor es que Estados Unidos (al igual que el resto de las naciones industrializadas de Europa) no puede prescindir de estos extranjeros no autorizados. Al decir de Luís Navarro Hernández, “en la metrópoli, los brazos y la fuerza de esos millones de hombres y mujeres son necesarios de manera permanente y no un recurso temporal. Puesto que existe una profunda identificación entre trabajo precario y trabajo migrante, la labor de los indocumentados no es la excepción, sino la norma. Satisfacen la escasez de mano de obra. Aceptan salarios baratos y duras condiciones laborales. Están dispuestos a laborar horas extras y cubrir los turnos de noche”. Pero no pueden acceder a los derechos de un ciudadano común y corriente, por lo que no son tratados siquiera como humanos, siempre acosados. Sin embargo, se han levantado y esto representa el comienzo de una amarga pesadilla para Estados Unidos: quienes creyeron el “american way life” están a las puertas y no piensan claudicar.-         
18/04/2006 00:32 Homar Garcés #RyS. EL MUNDO DEL CAPITALISMO No hay comentarios. Comentar.


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