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Se muestran los artículos pertenecientes al tema LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA.

¿ACOMODAMIENTO, ABANDONO O LUCHA REVOLUCIONARIA?

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En Venezuela es innegable que se ha impuesto (o continuado, para ser algo más exacto) un marcado clientelismo político, el cual -sirviéndole de pivote a algunos gobernantes para la conformación de grupos y subgrupos con que arraigar su “liderazgo”- impide que se generen mejores condiciones para que haya una verdadera revolución popular, tanto en su aspecto organizativo como en lo teórico-ideológico. Al respecto, sería pertinente recurrir a las 20 tesis de Política elaboradas por el filósofo argentino Enrique Dussel para afirmar que el poder no es un ejercicio de dominación ni la política una administración burocrática, como se viene concibiendo en las diferentes naciones de nuestra Abya Yala desde sus albores republicanos, cosa que exige e impone la necesidad revolucionaria de modificar la manera y el entendimiento de hacer la política y, en consecuencia, de funcionar el poder, dado que una mayoría de quienes lo ejercen olvidan que éste les es delegado en nombre de la voluntad y los intereses de una colectividad de electores que confió en ellos, otorgándoles su voto.

 

¿Qué entrañaría, entonces, cambiar radicalmente la percepción común que se tiene en relación al modo de hacer política y de ejercer el poder, entendiendo que esto debe enmarcarse en la construcción colectiva de una revolución de carácter popular, socialista y antiimperialista, como lo sería, en este caso, el proyecto de la Revolución Bolivariana? Entrañaría (aunque suene bastante retórico y hasta utópico para algunos, sobre todo entre quienes han perdido su ímpetu revolucionario, decepcionados con la actuación reformista de determinados representantes del chavismo gobernante) oponer la ética de la solidaridad a la lógica del mercado. Es luchar denodadamente en oposición a la ideología imperante, según la cual nada podría cambiar en este mundo sin la anuencia de las elites dominantes. Así, en opinión del afamado pedagogo Paulo Freire, “el discurso de la imposibilidad de cambiar el mundo es el discurso de quien, por diferentes razones, aceptó el acomodamiento, incluso para lucrar con él. El acomodamiento es la expresión del abandono de la lucha por el cambio. Quien se acomoda carece de la capacidad de resistir, o la tiene muy débil. A quien ha dejado de resistir o a quien en algún momento pudo dejar de hacerlo, le es más fácil acomodarse en la molicie de la imposibilidad que asumir la lucha permanente y casi siempre desigual a favor de la justicia y de la ética”.

 

Por consiguiente, aquellos que se muestren incapaces de llevar a buen puerto la revolución popular -con su sustitución de paradigmas- y lo abrume el grave compromiso que la misma representa, también serán incapaces de confiar en la potencialidad creadora (y re-creadora), como sujetos históricos de vanguardia, de los sectores populares, en lucha por su propia emancipación. Entretanto, otros sólo se regocijarán con exhibir un radicalismo pasivo, cuyo rasgo más resaltante consiste en no sumar esfuerzos a una propuesta en concreto que haga viable la conciencia, la organización y la movilización revolucionaria de los sectores populares, con lo que logran afianzar -así sea en una expresión mínima y aparentemente insustancial- todo lo que critican. Será preciso que todo individuo que propugne la revolución socialista esté dispuesto a afrontar las diversas dificultades y desviaciones que pudieran surgir durante su curso de consolidación, conscientes de la eventualidad indudable que afloren inconsistencias y contradicciones, producto de la cultura política tradicional. Por esto es fundamental que, en vez de fortalecer las estructuras socio-ideológicas, políticas y económicas vigentes (creadas según los intereses burgueses, u oligárquicos), se desarrolle y se profundice la organización de un poder popular real, con características raigalmente revolucionarias, y totalmente autónomo respecto a cualquier tutela estatal y/o partidista que se le quiera imponer.-        

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23/01/2017 13:45 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN NO ES EL CAPRICHO DE UN SOLO INDIVIDUO

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Gran parte de la estrategia desestabilizadora fraguada por la oposición y, así no se crea, por el imperialismo gringo, para acabar con el chavismo, saltándose todo tipo de normativa constitucional, legal, ética, moral y democrática existente, tiene como objetivo elemental -aparte del ya antes mencionado objetivo- que exista y se expanda una espiral degenerativa de la situación crítica que vendría atravesando Venezuela en los últimos años bajo la presidencia de Nicolás Maduro.  

 

Lo ocurrido con el desabastecimiento y encarecimiento inducido de una gran diversidad de productos, la falta de dinero en efectivo y el sabotaje de la plataforma de Internet de la banca pública, además del servicio de telecajeros, ocurridos en los meses finales de 2016, confirman las acciones de sectores interesados en que todo esto se agudice más cada día, endosándole la culpa de ello al gobierno de Nicolás Maduro, conscientes del grave daño que todo esto ocasiona a la generalidad de la población venezolana, cuya mayoría ha servido de soporte activo al chavismo durante dieciséis años consecutivos. Otros, siendo empresarios, simplemente buscan aprovecharse de la ocasión y así obtener ganancias. A éstos se unen quienes se la dan de “vivos”, explotando la necesidad padecida por sus mismos semejantes; confiados unos y otros en que ninguna ley les afectará o sancionará debido a la corrupción de las autoridades (civiles, militares y policiales) encargadas de hacer valer su estricto cumplimiento.

 

Al igual que años antes con el Presidente Hugo Chávez, la oposición ejecuta un golpe de Estado continuado (lo que otros identifican como guerra asimétrica o de cuarta generación y, también, golpe blando), dirigido principalmente a afectar a los sectores populares, de modo que estos se alcen en contra del chavismo gobernante y favorezcan un cambio de régimen. Sin embargo, con lo que no ha contado la dirigencia opositora es con la pertinaz resistencia popular para aceptar sus pretensiones, en vista que, a pesar de su discurso demagógico y de la notoria inconsistencia revolucionaria de muchos representantes del chavismo gobernante, la mayoría de los venezolanos no cree en sus ofertas engañosas.

 

Esta situación debiera motivar acciones puntuales entre quienes figuran como dirigentes del chavismo (al margen, incluso, de sus verdaderas convicciones ideológicas) antes que mantenerse en diatribas mediáticas que sólo sirven para promoverse a sí mismos y causar divisiones en las bases populares. Obviarla sería brindarle a la oposición en bandeja de plata la oportunidad de lograr mayores espacios, así como contribuir -de uno u otro modo- al incremento del descontento que podría anidar la población respecto a todo lo que viene ocurriendo. Pero, sobre todo, debiera conducir a propuestas y esfuerzos organizativos entre los revolucionarios que se concreten en la activación de un poder popular realmente revolucionario, socialista e independiente.

 

Cuando se proclama la urgente necesidad de una revolución popular se debe comprender que ésta no surge por simple capricho de uno o más individuos resentidos (o predestinados). Ella es fruto directo de las múltiples contradicciones e injusticias que caracterizan al sistema-mundo imperante, el cual, a pesar de las elecciones que se celebren y la adopción cada cierto tiempo de medidas coyunturales con que se busca aliviar las presiones reivindicativas de los sectores populares, no termina por satisfacer realmente las aspiraciones de todos, en un mismo nivel y al mismo tiempo. Por ello es importante determinar cuáles son los detonantes de una revolución y, en consecuencia, una vez iniciada, trabajar colectiva, creativa y denodadamente por lograr la transformación estructural que requiere, insoslayablemente, el modelo civilizatorio vigente, en beneficio de todos y no en beneficio exclusivo de una minoría privilegiada.- 

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23/01/2017 13:40 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

MADURO: ¿SIMPLE ENROQUE O VIRAJE DECISIVO?

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A fin de cumplir efectivamente con las instrucciones impartidas por Nicolás Maduro al momento de juramentarlos como su nuevo tren ministerial en este comienzo de año, los «nuevos» integrantes del gobierno tendrían que propiciar un viraje decisivo y sostenido respecto al modo cómo se maneja el Estado y las diferentes relaciones de poder que, desde sus entrañas, se originan y condicionan la forma de ser y de hacer de los venezolanos.

 

Tendrían que romper con las viejas estructuras vigentes y trascender la disyuntiva que se le presenta a todo proceso revolucionario: estimular la organización de un poder popular (revolucionario, constituyente e independiente) o, contrariamente, negándose a sí mismo, inclinarse por el reforzamiento del Estado liberal burgués tradicional. Se trata, por lo tanto, de un reto definitorio que, de existir verdadera voluntad política y compromiso revolucionario por parte de quienes tienen la responsabilidad de dirigir las diferentes instituciones del Estado, representaría un avance importante en lo que sería la profundización del proyecto revolucionario bolivariano.

 

Sin embargo, en su contra existe un elemento que entorpece y hará fracasar este cometido: la burocracia. Un elemento que, de no haber de por medio esta voluntad política y compromiso revolucionario, hará que continúen las contradicciones, debilidades e inconsistencias (aparte de la corrupción existente desde largo tiempo en todas las instancias gubernamentales) que le permiten fortalecer su presencia y acciones a los sectores de la contrarrevolución. Por eso es fundamental que el nuevo tren ministerial elabore y ejecute políticas socioeconómicas dirigidas a darle consistencia a la actuación revolucionaria de los sectores populares organizados como primera línea de defensa de lo que sería la Revolución Bolivariana, gracias a lo cual estos podrán derrotar los efectos negativos del sabotaje económico y productivo al que se ha visto sometido desde hace ya tres años de parte de los grupos oligárquicos opositores y sus aliados internacionales en su persistente esfuerzo por derrocar al sucesor de Chávez.

 

Esto sería lo ideal, considerando que el chavismo requiere con sentido de urgencia renovar sus cuadros dirigenciales y concretar la transformación estructural que contempla, de modo general, el proyecto histórico de la Revolución Bolivariana Socialista; antes que la situación caótica termine por extenderse, acrecentándose el malestar y la desesperanza entre el pueblo. Además, a Maduro y a quienes le acompañan en las diversas tareas de control del gobierno les corresponde saber interpretar adecuadamente la protesta legítima de los sectores populares contra males y necesidades específicos en vez de descalificarla, sin indagar sobre sus causas, atribuyéndosela a factores de la oposición. Por otra parte, es vital que los diversos movimientos sociales y políticos revolucionarios lleguen a comprender cabalmente que ya no es suficiente con proclamar una unidad revolucionaria que, la mayoría de las veces, no pasa de ser un elemento meramente retórico y/o electoralista. Hace falta apelar a la construcción orgánica -desde abajo y en todos los frentes de lucha posibles- de una estructura de coordinación colectiva, basada en procedimientos y actuaciones de carácter consejista que conlleven al logro efectivo de tal unidad.

 

En función de ello, hay que comprender que, además, bajo la lógica perversa del capitalismo, la estructura social se ha diversificado a tal punto que no resulta ninguna novedad «descubrir» categorías y subcategorías sociales existentes en el mundo contemporáneo. Esto, ya de por sí, representa un alto desafío. Desconocer dicha realidad será continuar manejando los esquemas simplistas y legitimadores que moldearon el actual modelo civilizatorio, o sistema-mundo; por lo que toda acción o iniciativa debiera orientarse al logro efectivo de los cambios revolucionarios que marcarán transformación estructural definitiva, no únicamente superar alguna coyuntura, a semejanza de lo que haría habitualmente cualquier gobierno para asegurar su continuidad o legitimidad frente a sus adversarios.-

 

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23/01/2017 13:34 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS AUTOGOLES CHAVISTAS Y LA SUPUESTA CAÍDA DE MADURO

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Pese a que el gobierno se jacta de haberle propinado un golpe contundente a las mafias que lucraban con los billetes de cien bolívares en la frontera colombo-venezolana, obligándolas a «devolverlos»- a un porcentaje creciente de la población le invade todavía la sensación que éste se halla en un callejón sin salida o, en el más benévolo de los casos, se mueve en medio de un mar de contradicciones que conspiran contra sí mismo, facilitándole las cosas a sus enemigos internos y externos.

 

Algunos no lo perciben así y desmienten tal aseveración tomando en cuenta la movilización y concentración logradas este 17 de diciembre en Caracas, pero ello no rebate la realidad caótica que se vive en Venezuela, lo que obliga a plantearse nuevos escenarios y nuevos actores que permitan resolver, así sea coyunturalmente, lo que está ocurriendo. Al respecto, cabe admitir que gracias a las inconsistencias, debilidades, desviaciones, inmadurez y sectarismo políticos exhibidos de una u otra forma por el chavismo gobernante, la oposición de derecha pudo remontar su situación de minusvalía hasta alcanzar la fisonomía y el nivel actuales, con el control de la Asamblea Nacional y la desestabilización económica como partes esenciales de su estrategia para derrocar a Nicolás Maduro y adueñarse de todo el poder constituido, (incluida la administración de la apetecida renta petrolera).

 

Los descuidos y el triunfalismo del chavismo gobernante allanaron la vía para que los opositores recuperaran el aliento perdido en 2002, no obstante sus múltiples errores y su falta de tino para saber aprovecharse de la ocasión de desestabilización creada por ellos desde hace mucho tiempo. Mientras esto ocurría, las bases populares -atendiendo las exhortaciones del Presidente Hugo Chávez- procedían a organizarse, enfrentando en muchos casos la resistencia del funcionarado «chavista» que, a la usanza y semejanza de sus antecesores puntofijistas, poco o nada se muestra comprometido en hacer realidad la Revolución Bolivariana y menos a subordinarse al nuevo paradigma que supone el ejercicio -con características constituyentes- de una democracia consejista, directa, participativa y protagónica.

 

Sin embargo, lo anterior no significa que el proyecto de la Revolución Bolivariana esté hundiéndose. Existe un alto porcentaje de chavistas y de revolucionarios que siguen aferrados a la vieja idea de producir una verdadera revolución popular socialista en este país, lo que le concede al chavismo una posibilidad abierta de rectificar y reimpulsar revolucionariamente lo alcanzado hasta la fecha.

 

La «caída» de Maduro no se produciría por este motivo y hasta se podrá afirmar sin exageración alguna que tampoco por las acciones desquiciadas de la oposición. Su eventualidad depende de la superación pronta de las ambigüedades y falta de firmeza que corroe en general al chavismo gobernante. Pero, más importante aún es que los sectores populares logren comprender cuál es el verdadero papel que les corresponde desempeñar en la superación de los escollos que lo impiden y asumir entonces la construcción colectiva de esta revolución popular socialista, de una manera horizontal y diversificada.-

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20/12/2016 17:45 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA OPOSICIÓN Y LOS BILLETES DE A CIEN BOLÍVARES

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Quienes vaticinan situaciones peores para el país y critican la medida del presidente respecto a poner fuera de circulación legal los billetes de 100 bolívares son los mismos que comparten la idea de utilizar la crisis económica como herramienta política para acabar con el chavismo y toda expresión revolucionaria en Venezuela, además de aquellos que son artífices de todo lo ocurrido en esta materia en los últimos tres años.

 

Nada extraño resulta que lo hagan en vista que ellos no han aportado ninguna solución efectiva al grave problema que padece el pueblo, perjudicándose su poder adquisitivo, a pesar de elevarse el sueldo mínimo y el bono alimentario o de haberse implementado los Clap, de manera que no exista un mayor nivel de crisis y de desabastecimiento de productos básicos para las familias venezolanas. Al contrario de lo que pudiera esperarse de la gente de la oposición, ésta se ha afanado en tratar de destruir toda posibilidad de progreso y de recuperación económica de nuestra nación, creando matrices de opinión negativas que dan cuenta de una situación interna insegura e inestable para la inversión de capitales extranjeros, a lo que se une también la conspiración de gobiernos de la derecha que se plantearon la exclusión de Venezuela de Mercosur, alegando razones políticas sin bases suficientes.

 

Todo esto en conjunto nos demuestra a los venezolanos (y al mundo exterior) que no hay voluntad política ni una propuesta seria de parte de la oposición de ayudar a solventar los diversos problemas que confrontamos a diario, atribuyéndole sin mucho fundamento toda la responsabilidad de lo que pasa al gobierno de Nicolás Maduro. Incluso, azuza a gremios y sectores de la sociedad para que cerquen al gobierno con sus demandas, imponiendo un estado de ingobernabilidad donde los más afectados son, como siempre, los sectores populares, lo cual se incrementaría gracias a la ineficiencia y la corrupción de algunos funcionarios públicos, civiles, policiales y militares, que sólo velan por sus intereses particulares mientras el resto de la ciudadanía se queda en la intemperie, sin confianza en ninguna autoridad.

 

Por eso, a la oposición apátrida no le cae nada bien que Maduro asuma medidas, así sean algo tardías o de efectos moderados, que vayan en favor de los venezolanos, especialmente de los sectores populares, pues su obsesión compulsiva de tomar el poder la lleva a poner en práctica cualquier plan que precipite el caos en nuestro país y entonces salirse con la suya, es decir, ejercer el poder en función de sus propios intereses y del imperialismo gringo, a través de sus grandes corporaciones transnacionales que la respaldan financieramente desde hace ya diecisiete años consecutivos.-

 

 

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16/12/2016 11:24 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿UN «OBLIGADO» PASO ATRÁS DEL CHAVISMO?

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No obstante haber innumerables reflexiones críticas -todas válidas e igualmente importantes aunque difieran mucho entre sí- en torno a lo que es y ha sido el proceso de cambios producido en Venezuela, existe la tendencia generalizada entre el chavismo a no prestarle demasiada atención a lo que realmente impulsaría, de un modo más efectivo, la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas del actual modelo civilizatorio; es decir, a la teoría revolucionaria para lograr, justamente, la revolución bolivariana. Tal tendencia es percibida por muchos como el factor que fracturaría al chavismo (más que la estrategia opositora), haciendo posible que éste dé un paso atrás, tratando de mantener sus cuotas de poder, al modo de cualquier élite tradicional, sin llegar a producir -en consecuencia- ninguna revolución.

 La mayoría de los chavistas, por lo general, tiende -pese a los reiterados llamados de Hugo Chávez a la lectura crítica de la historia y a la formación teórica revolucionaria sostenida- a asumir un papel extremadamente pragmático, especialmente en época electoral, en la puesta en marcha de las Misiones sociales o cuando se hace necesaria una movilización popular que sirva de alguna forma para repeler el ímpetu desestabilizador de los grupos opositores; algo relevante, pero que deja en evidencia un flanco descuidado que es aprovechado por quienes solo están motivados por satisfacer sus intereses personales. Como respuesta y resistencia a esta última situación, desde lo interno del chavismo tendría que manifestarse en toda su dimensión creadora, subversiva y constituyente una revolución, cuyo objetivo fundamental sea trastocar y abolir las relaciones de poder habituales, las mismas que han perdurado a través de la historia y que representan un serio obstáculo a vencer si se mantiene vigente la idea colectiva de lograr una revolución de características socialistas.

Esto, por supuesto, agudizará las tensiones y contradicciones entre aquellos que ostentan el poder (al estilo poco diferenciado de sus antecesores adecos y copeyanos) y quienes, desde las bases, pugnan para que la revolución bolivariana se convierta en una realidad irreversible, sin verse disminuida o afectada significativamente por las agresiones de la derecha y de su mentor principal, el imperialismo gringo. Sin la disposición de una teoría política y una concepción teórica del poder que faciliten vías diversas para la construcción de una sociedad de nuevo tipo, se hará más difícil la posibilidad que haya una comprensión más cabal del por qué ocurre lo que ocurre actualmente en Venezuela y de los esfuerzos que tendrán que hacerse a favor del bienestar integral de la población.

Muchos pasan por alto, quizás irreflexivamente, lo que hizo posible a Hugo Chávez y al chavismo. Olvidan que fue la insurgencia de un pueblo largamente postergado en sus aspiraciones democráticas e igualitarias; un pueblo reprimido y manipulado por una élite parasitaria combinada de políticos demagogos, empresarios vividores del Estado, clérigos legitimadores del orden establecido, militares adoctrinados por la tenebrosamente célebre Escuela de las Américas y sindicaleros que siempre estuvieron pendientes de su propio bienestar que el de los trabajadores que decían representar.

Esta insurgencia, sin embargo, no fue algo inmediato. Fue una insurgencia popular que se fue fraguando a través del tiempo. Unas veces de una forma ruidosa, violenta y espontánea, como las originadas por diversas reivindicaciones (laborales, sociales, estudiantiles) y, en un mayor grado, el «Guarenazo», mejor conocido como el «Caracazo», del 27 de febrero de 1989. En otras, silenciosamente, replegándose sobre sí mismo, autoorganizándose y siempre resistiendo a través de sus diversas expresiones culturales; deslegitimando con su aparente anomia al statu quo regimentado bajo el pacto de Punto Fijo.

En el presente, esa misma insurgencia continúa latente. Para algunos, ella se halla contenida en la polarización aparente entre el chavismo y la oposición, cosa que es reforzada a diario por los distintos medios de información, tanto a favor como en contra de uno u otro bando, dando así por descontada la posibilidad de otras opciones político-partidistas. No obstante, la realidad cotidiana parece contradecir dicha polarización aunque intereses de por medio quieran hacerle creer al mundo todo lo contrario.-

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08/12/2016 11:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL CHAVISMO Y LA OMISIÓN DE LA LUCHA DE CLASES

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Muchos chavistas y revolucionarios han omitido -posiblemente de forma involuntaria, concediéndoseles el beneficio de la duda- que la lucha de clases y la movilización popular fueron elementos claves en los triunfos electorales consecutivos obtenidos por Hugo Chávez desde 1998, incluso en aquellos momentos coyunturales cuando los grupos de la oposición propiciaron y cristalizaron un golpe de Estado y un paro patronal, estimulados por Estados Unidos y su sed de poder.

 

Esta omisión propició que, de una u otra forma, el clientelismo político y la consiguiente conformación de una maquinaria electoral exitosa -representada inicialmente por el Movimiento V República (MVR) y, ahora, por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), resaltando ambos por encima del resto de partidos políticos identificadas con el chavismo-, ocasionaran la desmovilización popular. Esto sería aprovechado por la oposición de derecha, trastocando así la correlación de fuerzas que se inclinaba en su contra, lo que se manifestó en el control actual de la Asamblea Nacional, relegando al chavismo a un papel defensivo frente a la denominada guerra económica. Durante este tiempo, la oposición avivó -mediante una campaña mediática insistente, aunada a la crisis de abastecimiento y de especulación desmedida de productos- cierto descontento colectivo respecto a la efectividad del gobierno de Nicolás Maduro para paliar la nueva situación crítica padecida por el pueblo.

 

Si se hubiera entendido medianamente la necesidad de afrontar la lucha de clases en Venezuela de una forma sostenida, posiblemente no existirían las circunstancias por las que atraviesa el proceso de cambios revolucionario. Incluso, el gobierno de Maduro habría tenido una mejor posición para atajar, de manera contundente, las intenciones opositoras de desalojarlo del poder.

 

También pudo servir de escenario para definir el rumbo económico y teórico a seguir, teniendo en cuenta la exigencia de construir el socialismo bolivariano como una opción válida y factible frente a la lógica perversa del capitalismo y sus relaciones de producción y consumo. Algo que es determinante y está ligado, asimismo, al compromiso de disminuir enormemente la dependencia de la renta petrolera y tender al logro de una diversificación tangible de la economía nacional, como tantas veces fuera anunciado.

 

 

Ahora, con una economía sometida a la acción inmoral de bachaqueros y empresarios (internos y externos), que responden a intereses políticos, que se amplía con la carencia de dinero en efectivo (sometiendo a los ciudadanos a una usura legalizada que pareciera aceptarse ante la imposibilidad de alternativas inmediatas por parte de las autoridades), los chavistas y los revolucionarios debieran enarbolar, sin desechar lo adelantado por Chávez, una nueva referencia revolucionaria que contemple y garantice la posibilidad irrecusable de consentir que sea el pueblo quien ejerza el poder de un modo protagónico en lugar de permitir el empoderamiento de fracciones burocráticas político-partidistas que sólo actuarían en su propio beneficio.

 

En su análisis “La implosión de la Venezuela rentista”, Edgardo Lander determinó que “el gobierno del Presidente Chávez, lejos de asumir que una alternativa al capitalismo tenía necesariamente que ser una alternativa al modelo depredador del desarrollo, del crecimiento sin fin, lejos de cuestionar el modelo petrolero rentista, lo que hizo fue radicalizarlo a niveles históricamente desconocidos en el país. En los 17 años del proceso bolivariano la economía se fue haciendo sistemáticamente más dependiente del ingreso petrolero, ingresos sin los cuales no es posible importar los bienes requeridos para satisfacer las necesidades básicas de la población, incluyendo una amplia gama de rubros que antes se producían en el país. Se priorizó durante estos años la política asistencialista sobre la transformación del modelo económico, se redujo la pobreza de ingreso, sin alterar las condiciones estructurales de la exclusión”.

 

Sin embargo, en descargo de Chávez, éste había expuesto en el preámbulo del Plan de la Patria que “la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista”, por lo que el proyecto revolucionario en construcción tendría que estar “direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo.”

 

Aún con este importante detalle en contra, que se enlaza con la acción quintacolumnista de muchos burócratas, poco o nada involucrados con el chavismo o, en su defecto, con la simple gestión gubernamental, anclados como están en sus espacios de confort; los revolucionarios y los chavistas podrían emprender una estrategia orientada a la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas que caracterizan el viejo orden establecido. Éste sería, está demás decirlo, un buen momento para emprenderla y hacerla posible.-  

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08/12/2016 10:46 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

IMPERIALISMO, OPOSICIÓN Y REFERENDO

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Como cuestión habitual en ellos, los dirigentes de la oposición repiten el esquema de la manipulación mediática y del autoengaño para desmentir, a propósito de la realización de las mesas de diálogo con representantes del gobierno venezolano, el fracaso de su estrategia para acabar de modo definitivo con el chavismo mediante la convocatoria y celebración del referendo revocatorio en 2016. Con esto pretenden, evidentemente, evitar que ocurra una masiva desbandada de sus seguidores (sobre todo, de los extremistas “espontáneos” que hay en sus filas), decepcionados al no ver unos resultados inmediatos y concretos que colmen sus aspiraciones revanchistas. La situación actual, ubicados en el ojo del huracán de la opinión pública en general, pendiente de sus posturas ambivalentes, lejos de hacerlos desistir de sus propósitos, los induce a fijarse acciones lindantes con el terrorismo, como única opción a la mano para obligar a Nicolás Maduro a dimitir, teniendo en cuenta las recomendaciones de Gene Sharp en su manual de guerra no convencional, aprobadas y financiadas por Washington; todo lo cual no exime la posibilidad que sigan usando el referendo revocatorio como excusa, a pesar de la imposibilidad legal de formalizarlo en lo que resta del año, para mantener así un ambiente de protestas y de violencia política que pueda extenderse por todo el país.

 

Para el imperialismo gringo -con Barack Obama aún de inquilino de la Casa Blanca- esta situación luce oportuna e ideal para socavar las bases de apoyo del chavismo en Venezuela, aprovechando las debilidades mostradas en el área productiva que, sin embargo, no han mellado tales bases con la fuerza suficiente que permitan pronosticar su total derrumbe. Por tal motivo, enfila sus baterías mediáticas cada vez que percibe el agotamiento de la estrategia opositora, incluso haciéndose partícipe -desde lejos- del diálogo propiciado por Maduro con la oposición, brindándole un estímulo compartido con otros personajes de la farándula y de la derecha internacionales que obvian situaciones aún más conflictivas y abiertamente contrapuestas al ejercicio de la democracia y al respeto de los derechos humanos -como “normalmente” acaece en Estados Unidos, Palestina, Yemen, Siria, México, Argentina y España- sin dar lugar a unas actitudes similares al respecto.

 

Alfredo Serrano, en “Geopolítica de América latina: entre la esperanza y la restauración del desencanto”, explica que "el pesimismo reinante en algunas filas autodenominadas ’progresistas o de izquierdas’ allana el camino para aquellos que realmente sí desean la restauración conservadora. Los momentos de vacas flacas son siempre propicios para aquellos que se apean en la siguiente parada. El desencanto creciente en nuestras filas abona el terreno para el retorno de las carabelas en versión siglo XXI. Esto sería conceder demasiada ventaja al enemigo en estos tiempos de disputa. La crítica es bienvenida siempre y cuando venga acompañada de búsqueda de soluciones, de motores generadores de nuevas esperanzas, sin terminar cediendo al chantaje del desencanto". Esta mella renueva los bríos contrarrevolucionarios, elevando la confianza opositora en que el final del proceso revolucionario está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, pareciera presentarse una especie de pausa que trastocaría los planes de la derecha en Venezuela, dado el triunfo electoral de Donald Trump, franqueando el paso a especulaciones diversas respecto a sus posibles acciones como presidente de Estados Unidos; lo que serviría al chavismo en el gobierno -de saber interpretarlo y aprovecharlo de forma adecuada, con un respaldo popular activado en todas las esferas de la vida nacional- para contener y vencer las intenciones de quienes propician su eventual caída.-

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16/11/2016 12:30 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

POLARIZACIÓN MEDIÁTICA. NI LOS UNOS, NI… ¿LOS OTROS?

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Vista la situación creada en Venezuela a raíz de los acaecimientos en los espacios de la Asamblea Nacional, pocas personas se han pronunciado objetivamente respecto a lo que éstos revelarían aguas abajo, más allá del mero hecho noticioso. A simple vista, se podría concluir escuetamente en que todo es parte de la alta polarización alcanzada en el país entre los sectores de la derecha y los sectores de la izquierda (entendiéndose que entre estos está representado el chavismo), dejándose establecido de antemano que a lo interno de ambos sectores existe una unidad monolítica, es decir, sin fisura alguna.

 

Esto último, por supuesto, obvia la existencia de algunos grupos alternativos, más concretamente del lado que enarbola -a la par del chavismo- las banderas de una revolución popular y, por añadidura, de características anticapitalistas, nuestroamericanistas y antiimperialistas. Lo mismo podrá afirmarse en el caso de la derecha donde conviven extremistas “espontáneos”, inclinados sin mucho disimulo hacia el fascismo, y los moderados, favorecedores de consensos y fórmulas tradicionales como la socialdemocracia. Ello ha sido posible gracias al manejo mediático logrado por los representantes de cada uno de estos grupos antagónicos; reflejándose, a pesar de la diversidad de opciones candidaturales, en los votos obtenidos en todos los comicios realizados desde 1998 hasta el presente. Sin embargo, en la coyuntura actual pareciera que esta situación creada empezara a desdibujarse, dando paso al aparecimiento de propuestas novedosas, específicamente en el campo revolucionario, que suponen un cuestionamiento abierto en relación a la dirección política del proceso revolucionario bolivariano, siendo éste desvirtuado, en muchos casos, en función de intereses particulares, lo que es aprovechado por la derecha para obtener concesiones, mantenerse vigente y ocupar espacios, minando así la hegemonía chavista.

 

El problema de tales propuestas es que se concentran quizás demasiado en el marco electoral acostumbrado, desdeñando otras formas, igualmente legales y viables, de acceder al poder y de hacer la Revolución Bolivariana. Esto ha hecho que los chavistas y muchos en contra de las pretensiones de los grupos opositores (sin ser militantes activos) no puedan, o no sepan, distinguir las diferencias entre éstas y el Movimiento V República (MVR), en un primer momento, y, ahora, con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lo que ha permitido la preeminencia electoral y organizativa de este último. En este caso, la polarización mediática conspira contra estas propuestas. Sin embargo, es posible que la última coyuntura que viven el chavismo y la oposición, mesas de diálogo de por medio en búsqueda de un ambiente de gobernabilidad consensuado, permita que finalmente se den a conocer ampliamente estas nuevas propuestas, diversificando el escenario político nacional, lo que obligará a los dos principales factores de la política venezolana a plantearse una nueva estrategia de entendimiento (si aspiran conservar su estatus) o, contrariamente, abrirles campo, neutralizando su beligerancia.

 

Quizás esto lo perciban unos y otros como una amenaza. No obstante, debiera interpretarse como una manera de fortalecer y de ampliar el ejercicio democrático en Venezuela, tomando en cuenta el nivel de participación política alcanzado por la población venezolana, en especial aquella que durante más de tres décadas fuera invisibilizada y marginada por las élites gobernantes del pacto de Punto Fijo; reflejándose en una lucha de clases sociales a la que pocos aluden y, menos, atinan a definir. Lo que quedará pendiente será saber si así lo entenderán las dirigencias de la oposición y del chavismo, evitando su propio desgaste y la posibilidad nada ilógica de ser substituidos ambos por unos nuevos actores políticos que terminen por confinarlos al pasado.-   

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16/11/2016 12:20 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS EXTREMISTAS “ESPONTÁNEOS” Y LA OPOSICIÓN DICOTÓMICA

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La dirigencia de la derecha local comienza a sufrir los estragos de sus propios errores al calcar el libreto de las llamadas revoluciones de colores que hubo en Europa y Medio Oriente y de tratar de aplicarlo sin éxito en Venezuela. Esta es una situación extremadamente peligrosa para el país, más que para el gobierno, al existir entre la oposición algunos grupos espontáneos que no obedecerían líneas de esta dirigencia que, a sus ojos, resulta moderada e indecisa en cuanto a las vías violentas que se deben seguir para lograr el derrocamiento definitivo de Nicolás Maduro y asegurar la eliminación política, moral y, hasta, física de los chavistas, como muchos lo dejan traslucir a través de las redes sociales.

 

Como ya se vio en pasadas ocasiones, estos grupos se alimentan del odio verbal que suele emitir esta misma dirigencia, la cual, debido a la impunidad con que se expresa y actúa, termina por avalar la violencia generada, aun cuando ésta tenga un saldo trágico, atribuyéndole toda la culpa al gobierno, cosa que se replica sin comprobación alguna en medios de información extranjeros y nacionales, aumentando y manteniendo vivo el resquemor hacia todo lo que implique chavismo; así se obtenga alguno de los beneficios sociales promovidos en su momento por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro. Todo esto, al no ejercerse ningún tipo de control contra estos grupos violentos, causaría una situación similar a la producida en Colombia con las bandas criminales, no siendo casual que algunos integrantes de tales grupos estén alineados activa e ideológicamente con el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su política de agresiones constantes contra Venezuela.

 

Sin embargo, lo que llama más la atención es la actitud, llamémosla sumisa y hasta cobarde, de los muchos representantes opositores frente a estos grupos violentos, prefiriendo quedarse callados y escurriendo el bulto antes que condenar públicamente su prontuario criminal, temerosos de ser señalados de cómplices del régimen, ahora dictadura, como gustan llamar al gobierno, constitucional, gústenos o no, de Nicolás Maduro Moros. Saben que les resulta imposible deshacerse del gobierno por la vía constitucional al mismo tiempo que intuyen que forzar su salida supondría la posibilidad de un estallido social de incalculables proporciones, apenas entrevisto con la irrupción de grupos chavistas al hemiciclo de la Asamblea Nacional el pasado 24 de octubre, cuestión que sorprendió a propios y extraños, dando pie a diversidad de conjeturas, entre ellas que hay un pueblo que empezó a cansarse del comportamiento y de las provocaciones de la derecha parlamentaria y que, incluso, podría rebasar al mismo gobierno chavista.

 

Los políticos de la derecha han mostrado muy poco respeto por la capacidad intelectual del pueblo venezolano (incluyendo, lógicamente, a sus seguidores) al tratar de hacerle creer que su insistencia en la realización del referendo revocatorio tiene un objetivo altruista, en defensa de la constitucionalidad y la democracia, y solucionaría, en definitiva, todo tipo de problemas existentes en el país. Mediante tal manipulación obligan a los diversos medios de información, prácticamente, a instituir una exclusión de la diferenciación que pudiera existir tanto en sus filas como en el chavismo, reduciendo todo a un enfrentamiento exclusivo entre ambas agrupaciones, es decir, negándose la posibilidad de opciones igualmente válidas en uno u otro bando, más allá de la simplicidad o estandarización de verse a unos como los buenos y a los otros como los malos.

 

Por supuesto, esta es una situación que pone en entredicho la moral “democrática y pacifista” de la representación de la derecha en Venezuela, resultando ambivalente y/o dicotómica, ya que, por una parte, acusa de violentos y antidemocráticos a los chavistas, incluso de vender al país a potencias extranjeras, mientras mantiene una actitud irresponsable de complacencia con sus seguidores, sin deslindarse de sus acciones evidentemente terroristas y, por tanto, violatorias de las leyes nacionales vigentes.-

 

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16/11/2016 12:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA DIETA DE MADURO BENEFICIA AL PUEBLO

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La “dieta” de Maduro beneficia al pueblo de Venezuela. Al verdadero. Al de aguas y tierras profundas. Al que lucha -sin ninguna clase de egoísmo- por un mejor país. No a aquel que se presenta a sí mismo ante los diversos medios de información nacionales e internacionales como representante de la totalidad, del 100%, de la población del país, desconociendo la existencia de un porcentaje significativo de venezolanos que no comulgan con sus “filántropos” propósitos “democráticos”. Como tampoco a aquel que vive -parasitariamente- a expensas de las dádivas del Estado (aunque alegue hacerlo por su propia cuenta). Para muchos sonará objetable, cáustico y/o contradictorio. Dependerá del bando en que cada quien se ubique y qué tipo de intereses defiende. Sin embargo, ello es una realidad cotidiana irrefutable.

 

La llamada dieta de Maduro -metáfora ingeniosa para referirse a la situación de desabastecimiento y de especulación derivada de la estrategia desestabilizadora opositora para salir extraconstitucionalmente del gobierno de Venezuela, quizás surgida de alguno de sus laboratorios de manipulación social, tal como ocurriera con la expresión “pero tenemos Patria” ante la escasez de papel higiénico y de otros productos de consumo diario- nos da cuenta de la marcada asimetría existente a nivel comunicacional donde los factores de derecha tienen una cobertura cotidiana asegurada mientras que sus contrarios (los chavistas y los revolucionarios) apenas son visibilizados. Más aún: tal asimetría se profundiza a medida que surgen en el horizonte político nuevas opciones que, de una u otra forma, discrepan de los puntos de vista y de las acciones de la dirigencia de ambos bandos.  

 

Sin embargo, lo medular de toda esta situación adversa es que la gente percibe -aún con los pronósticos en contra- que debe organizarse y actuar por sí misma ante las embestidas del acaparamiento, desabastecimiento y especulación de diversidad de productos de consumo diario que protagonizan los denominados bachaqueros, funcionarios de distintas ramas del sector público y un porcentaje axiomático de empresarios nacionales y extranjeros que han obligado a muchos venezolanos a alterar sus patrones de consumo, como también a ingeniárselas para obtener todo aquello que requieren sus familias. Esta circunstancia podría servir para fomentar entre el pueblo una cultura del trabajo totalmente distinta a la seguida desde hace ya un siglo, sujeta a los vaivenes de la renta petrolera y, por tanto, escasamente acoplada a las nociones de una economía colaborativa, soberana y realmente diversificada. Hará falta que el gobierno nacional y, en general, la dirigencia chavista sepa comprender a tiempo la necesidad ineludible de generar cambios profundos en relación a la política y a la economía del país, contribuyendo a crear espacios de autonomía en donde los sectores populares organizados construyan, desde sus propios ámbitos y según sus propias experiencias de lucha, el socialismo bolivariano con que acontezca, entonces, la transformación estructural de todo el orden vigente.

 

En este caso, aquellos que disienten del proyecto de la revolución bolivariana (incorporados, obviamente, a las filas opositoras) verán en esta posibilidad una gran amenaza a sus intereses de clase e individuales, por lo que no resulta sorprendente que emprendan y sostengan una guerra abierta contra todo lo que se haga en esta dirección. Entretanto, quienes sólo ven un peldaño para sus aspiraciones de confort y poder (ataviados como chavistas y revolucionarios) tratarán de impedirlo a toda costa, recurriendo a los mismos procedimientos clientelares, coercitivos y administrativos utilizados en su momento por los antiguos gobernantes adecos y copeyanos. En medio de ambos segmentos se encontrarían, por lo tanto, los revolucionarios que se esfuerzan en debatir, elaborar y presentar alternativas viables con las cuales orientar el rumbo a seguir por los sectores populares para la construcción definitiva de la revolución bolivariana. Gracias a la “dieta” de Maduro se podría determinar con más propiedad en cuál bando ubicar a cada quien en Venezuela.-   

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16/11/2016 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA AN Y EL OTRO GOLPE DE ESTADO

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Si no quiere sufrir una experiencia traumática, la derecha local tendrá que limitar su prepotencia y sus pretensiones de repetir en Venezuela lo logrado por sus pares de Paraguay, Honduras y Brasil, puesto que acá hay un pueblo que tiene plena conciencia de lo que significaría volver al pasado con un gobierno que suprimiría en su totalidad las conquistas populares y que se pondría, sin duda, al servicio de los intereses de las grandes transnacionales capitalistas y del imperialismo gringo. Su temeridad al jugarse la carta del desconocimiento del gobierno de Maduro puso en movimiento a un grupo significativo de chavistas en lo que equivaldría a un contragolpe de Estado, originando una situación singular en el país.  

 

Los hechos ocurridos en los espacios de la Asamblea Nacional vienen a demostrarle al mundo que hay un pueblo que empezó a cansarse del comportamiento y de las provocaciones de la derecha parlamentaria y que, incluso, podría rebasar al mismo gobierno chavista, si éste no llegara a controlar la situación de inestabilidad que podría producirse en el país. Tal pareciera que a la oposición le gustara autocomplacerse, haciéndose sujeto de una estupidez planificada que les hace percibir a sus seguidores una realidad donde ellos, y nadie más, cuentan como ciudadanos dignos, desconociendo a la amplia mayoría que se contrapone a sus designios extraconstitucionales.

 

Es innegable que con este tipo de acciones -ajustadas a un plan preconcebido- lo que persigue la derecha parlamentaria es elaborarle un expediente de Estado forajido al gobierno de Nicolás Maduro, lo cual sería ideal para el imperialismo gringo y sus aliados internacionales a fin de imponerle sanciones de todo género a Venezuela, de una manera parecida a las sufridas por Cuba, Iraq, Libia y otros; de manera que éste se vea forzado a acordar cuotas de poder con la oposición o, en su defecto, sencillamente esté dispuesto a entregar el poder. Pero lo que obvia esta misma oposición (lo mismo que algunos jerarcas del chavismo) es que tenemos en frente a un pueblo consciente que, pese a toda su estrategia desestabilizadora, incluyendo el golpe de Estado de 2002 en contra del Presidente Chávez, se mantiene, no obstante, apoyando el proyecto de la revolución bolivariana. Esto hace cuesta arriba que la oposición logre sus objetivos.

 

Para los chavistas y los revolucionarios, la oposición -con sus furores fascistoides- brinda la oportunidad de recuperar y de profundizar los espacios perdidos. Hará falta promover una campaña de difusión sistemática y más amplia, de realizar movilizaciones y debates junto con el poder popular organizado, y de contribuir a que éste se radicalice y asuma, de una vez por todas, el protagonismo que le corresponde constitucionalmente, de manera que las diversas instituciones públicas se plieguen a la construcción revolucionaria del nuevo Estado comunal socialista en vez de continuar reforzando, con sus comportamientos burocratizados, el viejo Estado burgués liberal existente.-

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26/10/2016 10:46 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

CHÁVEZ, EL SOCIALISMO Y LA DIGNIFICACIÓN DE LOS EXCLUIDOS

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Durante los diversos regímenes adecos y copeyanos -a su modo, demócratas de altos quilates y fieles representantes de la soberanía popular- hubo en Venezuela una deuda social (y moral) que fue en aumento a medida que transcurría el tiempo, tapada en discursos de ocasión que únicamente servían para disfrazar la realidad del país ante los ojos del mundo, pero que se hacía evidente por doquier.

 

Trabajadoras y trabajadores, sobre todo de áreas rurales, que no gozaban de mejoras socioeconómicas, ni del derecho a la libre sindicalización; niños y jóvenes sin mayores posibilidades ni estímulos para proseguir sus estudios y superar la pobreza en que se encontraban; familias hacinadas en casuchas, o ranchos, olvidados en zonas marginales desprovistas de los más elementales servicios públicos; pueblos aborígenes utilizados como recreación de turistas y objeto de estudio de antropólogos y otros científicos sociales para sus publicaciones y tesis de grado, aplicando, por cierto, patrones aprendidos en universidades del extranjero; cultores y tradiciones populares que, por su extracción popular, no eran valorados a la par de manifestaciones artístico-culturales de la llamada civilización occidental, siendo relegados a un segundo plano, a tal punto que se consideró inaceptable e inconcebible que el Teatro Teresa Carreño sirviera de escenario para alguna de sus presentaciones al público.

 

Todo esto contrastaba con el mito creado alrededor del Pacto de Punto Fijo y de la ilusión de armonía nutrida generosamente por el rentismo petrolero que le daba existencia al clientelismo político ejercido indistintamente por AD y COPEI hasta, aparentemente, 1998 cuando el Comandante Hugo Chávez es electo presidente de la república. Sin embargo, todavía el diagnóstico de la fenecida era puntofijista resultará incompleto si no se menciona la situación de exclusión, vulnerabilidad y abandono padecida por miles y/o millones de venezolanos y venezolanas con algún tipo de discapacidad o con diversidad funcional, algunos encerrados en sus casas, sin derecho a vivir con la dignidad que todo ser humano se merece siempre, lo que repercutía negativamente en su autoestima y en la de sus familiares, mientras otros se hallaban en la indigencia, a la merced de la buena voluntad de instituciones benéficas y de quienes se cruzaran por su camino, en muchas ocasiones de modo esporádico.

 

Gracias a la comprensión de su papel histórico como líder popular, a su sensibilidad humana y a su empeño por construir una alternativa socialista de nuevo tipo en Venezuela, el Presidente Chávez comenzó a liquidar esa vieja deuda social (y moral) largamente acumulada, dando nacimiento a Misiones sociales dirigidas a atender a cada grupo poblacional y cada situación que requiriese la atención puntual del Estado.

 

En este marco, dándosele cumplimiento al artículo 81 de la Carta Magna, aquellas personas con alguna clase de discapacidad o necesidades especiales comienzan a experimentar un proceso continuo de dignificación, desde la sustitución de términos que ya de por sí les imponían una condición de sub-humanos o en segundo grado como, por ejemplo, el de inválidas, luego, el de minusválidas e incapacitadas hasta llegar a definirlas como personas con discapacidad, cambiándose la concepción que se tenía respecto a las mismas. Este mismo proceso -que se busca profundizar a través de la Misión José Gregorio Hernández- ha logrado la visibilización, la equiparación de oportunidades, la inclusión en el sistema educativo, las condiciones laborales apropiadas y la promoción de una formación acorde con las capacidades particulares de cada una de estas personas.

 

En la actualidad, una gran porción de este importante sector de la población ha sido dignificado, tiene presencia social, económica y política, es protagonista de su propio desarrollo integral y mantiene activo su respaldo permanente al proyecto de la Revolución Bolivariana, como lo viene demostrando desde hace años atrás hasta el presente.

 

Todo esto dado que el propósito del socialismo bolivariano está encuadrado en una visión humanista, totalmente distinta a la comúnmente subrayada bajo el régimen capitalista, la cual excluye, explota y degrada a las personas, independientemente de si les amparan o no derechos inalienables, establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos o en la Constitución del país.-   

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07/09/2016 15:10 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL MAYOR ESCOLLO DE LOS REVOLUCIONARIOS

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La influencia ejercida por la industria ideológica, el monopolio del saber, y la propiedad privada de los grandes medios de producción constituye, básicamente, el mayor escollo estructural con el que se tropezarán los revolucionarios para la realización y la consolidación de un nuevo modelo civilizatorio, cuyo eje central sea la emancipación integral de todas las personas. A fin de demoler esta difícil realidad, será preciso que las nuevas formas asociativas de producción que surjan (llámense mutualistas, colectivistas y/o comunistas), como también aquellas de origen particular, tiendan a romper -de raíz- la división jerárquica del trabajo y la concepción económica individualista impuestas por el sistema capitalista; todo lo cual tendría que ser acompañado, necesariamente, por la adopción de una nueva conciencia, (individual y colectiva) que se refleje también en el establecimiento de nuevas relaciones de poder que reduzcan la dicotomía entre gobernantes y gobernados, e impongan, por tanto, la práctica de una democracia consejista y directa. Esto obliga, por supuesto, sin concesiones ni excusas que la impidan o posterguen, a una redefinición de algunos conceptos relacionados con las nuevas realidades por conformar.

 

Así, el poder, la política y el Estado (lo mismo que la espiritualidad, la cultura, la economía y otros elementos que podrían abarcarse sin menoscabar el propósito central trazado) tendrían que observarse y comprenderse bajo la luz de nuevos paradigmas, todos ellos como resultado de la acción y de la revisión constante de organizaciones políticas revolucionarias de nuevo tipo. No se trataría de recurrir (como algunos proponen y muchos siguen mecánicamente) al uso de fórmulas desgastadas, cuyo objetivo es paliar la crisis por la que atraviesan el capitalismo y el Estado burgués liberal vigentes, todas ellas transitorias, que no erradicarían, por muchos esfuerzos que se hagan, las verdaderas causas que la originan, dando lugar -por ende- a su eventual resurgimiento; crisis que además, vale decirlo, es expresión visible de una profunda crisis civilizatoria.

 

Bajo este entendimiento, René Zavaleta nos dice en su libro «La autodeterminación de las masas», siguiendo a Carlos Marx, que «el modo de producción de la vida material determina (Bedingen) el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de éstos, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. […] Se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, todo el inmenso edificio erigido sobre ella».

 

Por ello, conceptos como la "selección natural" y la "lucha por la vida", convertidos ahora en dogmas económicos por obra y gracia de la dictadura corporativa que trata de dominar todo el escenario económico mundial, conspiran contra la posibilidad cierta de transformar radicalmente el modelo de civilización actual, según la visión de los sectores populares explotados, oprimidos y marginados de todo nuestro planeta. Esto evidencia el alto grado de manipulación ideológica desarrollado por los centros hegemónicos corporativos, de lo cual da cuenta Juan Pérez Ventura, Director de la web ‘El Orden Mundial en el S.XXI’, en su artículo ‘El club Bilderberg’, al afirmar que "la idea de un gobierno mundial controlado por una pequeña élite financiera y económica es cada vez más aceptada por la sociedad. Con la última crisis económica se ha puesto en evidencia que no son los gobiernos los que controlan los países, sino organismos de rango superior a los propios ministros y presidentes. Las decisiones que se toman en cualquier país parecen estar continuamente influenciadas (directa o indirectamente) por entidades como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC)… etc. Entidades cuyos líderes no han sido elegidos por la ciudadanía, y por lo tanto están tomando decisiones decisivas sin legitimidad democrática".

 

Esto obliga a los revolucionarios a producir alternativas que oscilen entre lo electoral y el ejercicio de poder territorial y hegemónico a manos de los sectores populares organizados, esto último sin que haya dependencia alguna respecto al Estado, dada su configuración burgués liberal, lo que se combatirá y erradicará, de modo que resulte factible la democracia consejista y directa. Por eso, cabe esperar que los revolucionarios usen su arsenal teórico, ausculten debidamente la realidad social y elaboren, lo más comprensiblemente posible, propuestas viables a ser asumidas y concretadas de manera constituyente por los sectores populares organizados, superando los límites, las contradicciones y los obstáculos que cercenan sus aspiraciones largamente excluidas y postergadas; además del escollo estructural, para lograr la revolución.-

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07/07/2016 11:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DE MASA ABSTRACTA A PUEBLO CONSCIENTE

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Gran parte de la derecha en Venezuela, considera a los sectores populares (en una amplia proporción, seguidores y sustentadores principales del proyecto revolucionario bolivariano) una masa abstracta, manipulable e incapaz de entender y de protagonizar el más sencillo avance en la construcción de un nuevo modelo democrático en el país, hasta el colmo de convertir a estos últimos en víctimas de ataques de todo tipo racista; negándoseles, incluso, la dignidad a la que tienen derecho. Algo que no les preocupa en modo alguno. Al contrario, se enorgullecen mucho del desprecio que sienten hacia los mismos, en una especie de sádica competencia por hacer ver -vía redes sociales- que sus mensajes fascistoides son los más virulentos de todos (especialmente, los dirigidos a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello u otro representante destacado del chavismo gobernante); equiparándose con ello a sus patrocinadores extranjeros. 

 

En contraste, los sectores populares han dado un viraje ideológico y político muy importante, abandonando los patrones de sumisión y de apatía a que fueran habituados por más de medio siglo. Sin embargo, esto no significa que hayan dejado de ser objeto, como en el pasado, del oportunismo, la corrupción y la demagogia de aquellos que ambicionan convertirse en sus gobernantes. No obstante, dicha situación podría subsanarse mediante la aplicación de nuevos modelos de interpretación y de comprensión de la realidad venezolana, lográndose conjugar en un mismo esfuerzo y en un mismo proyecto político a los amplios conjuntos de proletarios y sectores sociales como vía para enfrentar y frenar el avance de la derecha capitalista.

 

Ello sería, a grandes rasgos, emprender una lucha constante contra la ineluctabilidad de la historia, la misma historia que legitimó durante siglos el poder sacrosanto de las clases dominantes y que les hizo sentir a los sectores populares que nunca serían capaces de asumir la construcción de su propio destino democrático, condenados -como se daba por descontado- a vivir una condición de minusvalía permanente. Sin embargo, la realidad forjada en las últimas décadas facilita la ocasión de dar nacimiento a nuevas formas de autodeterminación social, desestabilizando seriamente el orden establecido a favor de las amplias mayorías.

 

A diferencia de los sectores dominantes tradicionales, al nivel de los sectores populares, el ideal de democracia siempre ha estado asociado al ejercicio soberano de la democracia directa, a la participación autónoma en una asamblea popular y a la toma de decisiones políticas mediante discusiones abiertas, como expresión de la voluntad general. Sin embargo, los sectores dominantes lograron inculcarle su ideología, haciéndoles ver que serían incapaces de una democracia de este tipo y, por lo tanto, que sería imprescindible delegar en unos representantes electos el manejo del Estado, instaurándose en consecuencia la democracia representativa; con lo que aseguraban su hegemonía como clase social, generando igualmente relaciones de subordinación, garantizadas mayormente a través del clientelismo político. 

 

En esta importante coyuntura definitoria a favor de la estabilidad democrática de las naciones de Nuestra América, le tocará a los sectores populares de Venezuela actuar como verdadero poder popular organizado, con la determinación y conciencia que se requieren para reducir -hasta su más mínima expresión- los ejes de conflictividad social que tratan de explotar la derecha y el imperialismo gringo en su provecho. Tal cosa podrá lograrse disponiendo de suficiente comprensión y voluntad política, al mismo tiempo que se ataca -sin darle tregua alguna- al burocratismo exagerado e inoperante presente en la mayoría de las instituciones públicas. Con esto, además, las organizaciones populares dejarían de funcionar como simples correas de transmisión de algunos gobiernos y serían capaces de constituir sus propios espacios autogestionarios; construyendo, por consiguiente, una verdadera revolución social que trascienda el modelo civilizatorio imperante.

 

Para ello, es sumamente importante la incorporación de cuadros revolucionarios que sepan interpretar adecuadamente el momento histórico actual y antepongan los intereses colectivos a los suyos y a los de su partido político, sin dejar de lado la lucha que aún tendrá que librarse contra los planes desestabilizadores de una oposición francamente apátrida y, por supuesto, contra aquellos que tenga en agenda el imperialismo gringo.-


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07/07/2016 11:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA CONFIANZA DEL CHAVISMO Y EL ROL REVOLUCIONARIO

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Quienes no asumen la Revolución como un asunto vital y permanente siempre serán presas de las dudas, las inconsistencias, los resentimientos y las traiciones. Nadie que cultive su conciencia revolucionaria con verdaderos sentimientos de amor por la humanidad, como lo afirmara el Che Guevara, con suma perseverancia y una práctica revolucionaria sometida a un perfeccionamiento diario que implique superar la enajenación capitalista, jamás será doblegado durante el cumplimiento de su compromiso emancipatorio, por muchas decepciones y tentaciones que se le presenten en el camino.

 Ciertamente, para aquellos que únicamente vieron en el proyecto revolucionario bolivariano una oportunidad de oro para su ascenso social y económico estas palabras suenan huecas y carecen de algún valor moral substancial; cuestión entendible y que debiera motivar un cambio de actitud entre las bases chavistas que avalan su «liderazgo»; haciéndose responsables de la construcción real de su rol protagónico y participativo, de una forma completamente independiente y decidida. De ahí que se requiera interpretar y reinterpretar adecuadamente todo lo logrado y no logrado en nombre de la revolución bolivariana y del chavismo, buscando -en un primer momento- recuperar el hegemonismo popular inicial y trazar unas nuevas líneas de acción que permitan renovar los objetivos nacidos al calor de las luchas populares.

 Cambiado el escenario, no se puede intentar mantener el mismo ritmo seguido por Chávez. Si se atendiera a los supuestos puntos fuertes de la estrategia de los grupos opositores, se deduciría que éstos se afincan en lo que le es ya conocido, empalmado básicamente al funcionamiento institucional del Estado burgués liberal, el mismo al cual tuvieron libre acceso por muchos años. Así, en tanto el chavismo gobernante -con Hugo Chávez a la cabeza- pudo emprender una redistribución más equitativa de la riqueza generada por los excedentes petroleros y satisfacer la enorme deuda social largamente acumulada, los sectores populares pudieron resistir todas las maniobras manipuladoras de la oposición de derecha, a tal punto que revirtieron exitosamente y sin violencia el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, obligando, de paso, a la FANB a pronunciarse favorablemente por la reinstalación de Chávez en la Presidencia.

No obstante, lo que le sirvió a Chávez para obtener triunfos electorales adicionales, se convirtió, por distintas vías, en el principal talón de Aquiles del chavismo, a pesar de la prédica constante del Comandante para que sus seguidores comprendieran la necesidad histórica de trascender de manera simultánea el marco capitalista (a través de un desarrollo endógeno que se sustentara en la propiedad comunal y/o social) y la institucionalidad burgués liberal (a través de la activación de nuevas formas democráticas de organización popular); todo lo cual degeneró en un clientelismo y en un pragmatismo políticos que apuntalaron «liderazgos» basados, generalmente, en la demagogia y la corrupción más desvergonzadas, cerrándosele el paso a verdaderos revolucionarios.

Esto obliga a promover, en el caso específico de los revolucionarios, alternativas que oscilen entre lo electoral y el ejercicio de un poder territorial y hegemónico a manos de los sectores populares organizados, sin que exista dependencia alguna respecto al Estado, dada su configuración burgués liberal, lo que se combatirá y erradicará, de modo que resulte viable la democracia consejista y directa. Por tanto, de comprenderse la gravedad (aún no extrema) por la que atraviesa el proceso revolucionario, los chavistas cumplirían un mejor papel que el de contentarse con usufructuar el poder, confiando en la providencialidad de un incremento sostenido de los precios del petróleo, en el respaldo cautivo de una vasta cantidad de venezolanas y venezolanos, y en la torpeza de la dirigencia antichavista para mantenerse unida en un solo frente. Esta confianza del chavismo resulta, por demás, inusual, ilógica y excesiva, suponiendo que su razón de ser es hacer una revolución socialista inspirada en el ideario de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora.

Pero, fuera de ello, cabe esperar que los revolucionarios hagan uso de su arsenal teórico y lo plasmen, lo más inmediatamente posible, en propuestas potenciales que sean adoptadas y concretadas de forma constituyente por los sectores populares organizados, superando decididamente los límites, las contradicciones y los obstáculos que cercenan sus aspiraciones largamente excluidas y postergadas.-


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04/07/2016 16:28 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA DEMOCRACIA NUESTRA Y LA QUE DEFIENDE ALMAGRO

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La democracia que defiende Almagro y define la Carta Democrática Interamericana no es el tipo de democracia participativa y protagónica que se trata de construir en Venezuela desde 1999, por lo que su intención no refleja en ningún sentido el esfuerzo hecho por los sectores populares para acceder a un nivel mayor y más efectivo de democracia ni se ajusta a la realidad que sufre la población venezolana gracias a la violencia política y al desabastecimiento programado, puestos en marcha por la oposición apátrida para derrocar al Presidente Maduro.

 En esta maniobra injerencista, se nota a simple vista que tras lo dicho y hecho por el secretario general de la OEA se halla la mano peluda del imperialismo gringo, tratando así de legitimar sus planes neocolonialistas, diseñados para recuperar su hegemonía en toda la extensión de nuestro continente. Tal maniobra, pese a sufrir un traspié recientemente en en el seno mismo de la OEA, no podrá obviarse, a sabiendas que ella sólo es otro pretexto para acosar al gobierno de Maduro, aumentando la presión ejercida en su contra desde diversos frentes, tanto dentro como fuera de Venezuela; lo cual induce a pensar que tal cosa no será contenida, por mucho que todo el chavismo muestre una disposición conciliadora.

Así que, si el gobierno de Maduro quiere impulsar una verdadera rebelión popular que derrote por completo esta conjura de la oposición apátrida y de sus mentores del imperialismo gringo, tendrá que adoptar medidas que tiendan a darle verdadero realce al papel protagónico del poder popular en todas las instancias posibles, sin cooptación y/o subordinación, poniendo a su disposición todos los recursos legales y extralegales que lo hagan realidad. Sin excusas, obedeciendo a un mismo y único lineamiento político e institucional, de manera que exista una articulación efectiva entre el poder popular organizado y el poder constituido, evitándose en todo momento su burocratización, lo que, de producirse, anularía cualquier asomo de democracia participativa y, por consiguiente, de cambio revolucionario.

Además, es necesario que este poder popular organizado no únicamente ejerza funciones contraloras e influya decisivamente sobre la gestión cumplida, o por cumplir, de las diferentes instituciones públicas. Es preciso que éste ejerza también un control territorial realmente efectivo, incluyendo el ámbito económico-productivo, de un modo absolutamente diferente a la lógica y los paradigmas tradicionalmente aceptados y reproducidos, creyéndose que los mismos jamás podrán reemplazarse.

Para alcanzar dichas metas, hará falta que surja igualmente un nuevo tipo de liderazgo revolucionario, conscientemente formado, que actúe en calidad de vocero de los intereses y las decisiones de los sectores populares organizados, lo cual implica deslastrarse de los rasgos que legitiman las relaciones de poder habituales, con sus esquemas de representatividad, jerarquización y autoritarismo; contrarios a todo lo que signifique revolución y socialismo. Sin embargo, hay que ser consciente que esto tendrá sus contratiempos y resistencias entre quienes se hallan al mando de las diversas instancias del poder constituido (aún el de menor radio de acción), anticipando, con «justo» temor de su parte, que podrían ser desplazados, olvidándose que su responsabilidad principal debiera centrarse en lograr la transformación estructural del Estado y no únicamente en la satisfacción de sus intereses personales o, en el menor de los casos, en la preservación de la hegemonía político-partidista de la organización en la cual milita.

Con estas líneas generales de acción (más aquellas que se sumen durante su desarrollo y consolidación) se podría conseguir que los sectores populares, de una u otra forma, asuman la revolución bolivariana como un proyecto de creación democrática permanente y no como la simple posibilidad de convertirse en los beneficiarios mimados de la gestión social de un gobierno populista más, ajustado al concepto de democracia que prefieren Almagro, el imperialismo y la oposición.-

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04/07/2016 16:07 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿POR QUÉ ACONSEJAR AL GOBIERNO DE MADURO?

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Quizás resulte ingenuo, osado y hasta altanero creer que, de uno u otro modo, el gobierno venezolano (en sus diferentes escalas) pueda prestar algún tipo de atención a los análisis, los consejos o las recomendaciones que hacen públicos a diario tanto revolucionarios como chavistas, preocupados por el rumbo seguido por el proceso revolucionario bolivariano en su etapa actual.

Si tal cosa no es posible, le bastaría a los representantes del chavismo en posiciones de gobierno recapitular sus respectivos programas de gestión, sobre todo en lo que respecta al cambio estructural y al poder popular, entendiendo que ambos son factores primordiales para lograr la revolución bolivariana socialista; de manera que esto contribuya a que exista una corresponsabilidad efectiva con las diferentes organizaciones comunitarias y/o populares para impulsar los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que definirán esta revolución.

Por lo tanto, resulta incongruente que todavía se continúen solicitando nuevas acciones propositivas, sin antes verificar cuán exactamente se cumplieron, o dejaron de cumplir, aquellas que fueron promovidas bajo el liderazgo de Chávez, al igual que aquellas bajo Maduro, determinándose así cuáles han sido sus debilidades, fortalezas e inconsistencias durante su desarrollo.

Todo esto serviría para superar exitosamente la coyuntura por la que atraviesa el país, teniendo en cuenta que muchas de las iniciativas impulsadas por el Comandante Chávez no fueron abordadas y cumplidas adecuadamente por la gente designada para esta importante responsabilidad, dando lugar, en algunos casos, a hechos de corrupción y de despilfarro de recursos (totalmente condenables desde todo punto de vista) lo que impone dotarlas de una nueva visión y de unos nuevos ejecutores para su total consolidación.

Con esto, tanto chavistas como revolucionarios tendríamos que trabajar en conjunto para romper con la vieja cultura política que aún nos domina, con su secuela de sectarismo y su clientelismo político, heredada de adecos y copeyanos, cosa que se ha revertido en contra del gobierno y del proceso revolucionario bolivariano, resultando favorecida de esta forma la campaña demagógica montada por la oposición para culpar al gobierno de Maduro de todos los males causados por ella misma durante estos últimos tres años.

Por lo tanto, es una obligación moral ineludible que los chavistas y los revolucionarios demostremos una mejor disposición -indiferentemente de si aconsejamos o no a Nicolás Maduro y, junto con él, a toda la dirigencia y militancia chavista, o si los mismos lo soliciten- y nos encaminemos a desmontar realmente esta vieja cultura política, simultáneamente al desmantelamiento que se debe hacer del Estado burgués liberal todavía vigente. Sin ello en vía de concretarse, será una inmoralidad inaceptable que se le siga hablando al pueblo de revolución socialista si no existe ninguna disposición verdadera de llevarla a cabo.-

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15/06/2016 11:26 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿CÓMO AYUDA EL “CHAVISMO” A LA OPOSICIÓN?

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Al proclamar Hugo Chávez que su gestión de gobierno estaría enmarcada en una revolución de corte socialista, inspirada en el ideario revolucionario de Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez, muchos oportunistas de izquierda creyeron allanado el camino para alcanzar sus viejos objetivos, sin necesidad de enfrascarse en una aventura foquista, vanguardista o, simplemente, pustchista como se había pretendido desde los años 60 hasta 1992. Hasta ahí todo parecía marchar de maravilla, oyéndose hablar públicamente del Che Guevara, Fidel Castro, Antonio Gramsci, Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo y León Trotsky como si se tratara de viejos compatriotas ligados a la historia del país, sin el temor a las represalias anticomunistas del período adeco-copeyano.

Luego vendrían a agregárseles (casi en tropel) muchos militantes nada o poco destacados de los dos principales partidos políticos tradicionales, AD y COPEI, quienes en lo adelante estarían disertando respecto a las bondades del nuevo socialismo bolivariano, calcando discursos e indumentaria de su reciente líder, el Comandante Chávez. Entre unos y otros, los sectores populares optaron por los descollados por Chávez, independientemente de cuál fuera su perfil ideológico; conformándose entonces un estamento político-partidista que sustituirá al existente desde 1958 (insertándose en el mismo a muchos militares promocionados por Chávez, antes, y por Nicolás Maduro, ahora), pero que, en la práctica, escasamente se diferenciará de este último.

Este hecho, fácilmente demostrable y advertido por los mismos sectores populares, al no haber una vocación revolucionaria que les impulse a ir más allá de los triunfos electorales obtenidos y de ocupar hegemónicamente todos los cargos públicos existentes, aunado al mantenimiento y hasta el reforzamiento de las viejas estructuras del Estado burgués liberal (concebido desde sus inicios para legitimar y defender los intereses de los sectores oligárquicos parasitarios), le ha permitido a la derecha recuperarse, pasar a la ofensiva y ocupar espacios, viéndose, además, ampliamente respaldada por el gobierno estadounidense y demás aliados foráneos en su propósito por derrocar a Nicolás Maduro.

Mientras tanto, los sectores populares y movimientos revolucionarios continuaban movilizándose, apoyando y tratando de concretar las iniciativas de Chávez, encontrándose muchas veces en confrontación abierta con quienes ahora pasaron a dirigir (sin cuidarse de caer en la típica corrupción administrativa del pasado puntofijista) las diferentes instituciones del Estado, gracias a los votos de aquellos, sin corresponder a lo esencial de la democracia participativa, es decir, a la soberanía popular; cuestión ésta que, aún en medio de la coyuntura actual, no ha sido modificada de ninguna manera. Así, siendo ello parte resaltante de los muchos diagnósticos y reclamos presentados por las bases chavistas toda vez que son convocados por su dirigencia (más recientemente a través del Congreso de la Patria), al quedarse en el papel sin efecto pragmático que posibilite un verdadero cambio de situación, se está ayudando irresponsablemente a la oposición, avalando -por inercia- sus argumentos tendenciosos.

No obstante, las bases populares del chavismo, al margen de la posición acomodaticia de muchos de sus dirigentes nacionales, regionales y/o locales, del insensible desabastecimiento programado por los sectores empresariales de la oposición y del acoso mediático impuesto por la Casa Blanca y su séquito internacional de medios de información tarifados, continúan esperanzados en que la revolución bolivariana se convierta en un suceso cotidiano, capaz de superar el antiguo orden establecido y todas las dificultades padecidas; sin embargo, aún será preciso que ellas tomen plena conciencia de su papel histórico (lo mismo que los distintos movimientos revolucionarios existentes, independientemente de si puedan o no participar en cualquier contienda electoral) y se atrevan a gestionar sus propios espacios de poder constituyente, de manera que los cambios políticos, económicos, culturales y sociales implícitos en este singular proyecto de transformación revolucionaria tengan como características fundamentales su participación, su direccionalidad y su protagonismo.-

 

 

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15/06/2016 11:19 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

NUESTRO PEOR ESCENARIO

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Para los apocalípticos de la oposición, a los que se ha sumado cierto número de «chavistas» (afectado por las matrices de opinión emitidas en contra del gobierno de Nicolás Maduro, a propósito del acoso y las irregularidades sufridas por la economía nacional) la situación en Venezuela sería extremadamente inestable, lo que -según sus vaticinios, aupados, además, por Estados Unidos- conduciría a una guerra civil, si no son satisfechos por completo sus intereses políticos y económicos. Ello, por supuesto, es inmediatamente replicado y magnificado interesadamente desde mucho tiempo atrás por las distintas empresas de la información, principalmente extranjeras, estableciendo que las venezolanas y los venezolanos padecen las arbitrariedades de una dictadura inhumana a la cual sería preciso derrocar, sin importar el costo en vidas ni los medios a utilizar, incluyendo entre éstos una agresión militar directa del imperialismo gringo.

Éste podría ser -para muchos- el peor escenario por padecerse en Venezuela; no obstante, habría que advertir, en un sentido aún positivo, que el mismo es relativo, tomando en cuenta el temple mostrado por la población venezolana ante las adversidades inducidas por los grupos antichavistas a través del terrorismo, la violencia y el desabastecimiento sostenido de productos de primera necesidad.

El peor escenario posible sería, entonces, que los sectores populares optaran en lo adelante por abandonar cualquier posibilidad de participación política, repitiendo en algún grado lo observado electoralmente antes de 1998 cuando se registraron grandes porcentajes de abstención en cada uno de los comicios realizados. Esta sería una manera de deslindarse de los dos bandos políticos enfrentados, chavistas y antichavistas, en un gesto de protesta generalizado ante lo que representaría (en la visión popular) una lucha de élites poco diferenciadas en actitudes, ofrecimientos e intereses.

En consecuencia, para los sectores revolucionarios, lo que haga o deje de hacer el chavismo gobernante tendrá, sin duda, serias repercusiones respecto a la idoneidad de los ideales socialistas y la posibilidad de lograr un cambio estructural definitivo en Venezuela; sobre todo, si cunde la decepción y la frustración entre los sectores populares, los mismos que siempre respaldaron al Comandante Hugo Chávez y que enfrentan, por ahora pasivamente, las arremetidas de la derecha. Muchos de ellos entienden que si la gran mayoría del pueblo asume semejante deslinde, se estará perdiendo la oportunidad histórica de hacer la revolución y, con ella, de decidir un destino mejor para todos y todas, lo que podría incidir de un modo u otro en las luchas que libran los pueblos hermanos de Nuestra América.

Al contrario de algunos chavistas, para cualquier revolucionario comprometido esto es lo peor que llegaría a ocurrir en Venezuela, si se produce y evidencia un eventual desgaste de las esperanzas de los sectores populares en relación al gobierno de Nicolás Maduro y la construcción del socialismo, admitiendo así el fracaso difundido por la oposición, lo que contribuiría significativamente a reforzar (y confirmar) la propaganda de siglos en contra de la factibilidad de esta alternativa revolucionaria.-

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26/05/2016 12:41 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

MADURO, TENEMOS UN PROBLEMA

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Al hacer referencia a Maduro, no nos referimos únicamente al Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y líder (por designación directa del Presidente y Comandante Hugo Chávez) del proceso revolucionario bolivariano en su fase actual. Nos referimos por extensión (y no sin cierta preocupación, además) a todo el estamento dirigente del chavismo, aquel que tiene en sus manos la enorme responsabilidad histórica de propiciar en el país una verdadera revolución socialista y que hoy pareciera hallarse sumido en una especie de laberinto complicado al no atinar qué hacer para disminuir efectivamente la crisis creada por los grupos opositores a nivel de producción y abastecimiento de productos (especialmente alimenticios) y contener, al mismo tiempo, los amagos intervencionistas de Washington. Todo esto porque no vislumbra adecuadamente lo que está en juego, más allá de un eventual derrocamiento de Maduro; ya que su mayor preocupación es afianzar y/o conquistar las cuotas de poder que cree merecer.

Es preciso y, si se quiere, inevitable que este mismo estamento chavista entienda que su función primordial en esta crucial coyuntura de ataques de todo calibre contra Maduro y el proceso revolucionario bolivariano -dirigidos y monitoreados desde Estados Unidos- es la de sellar su compromiso con el pueblo mediante acciones efectivas orientadas a hacer realidad la expansión y actuación autónoma del poder popular; concretándose, por tanto, la posibilidad del cambio estructural que todavía se requiere.

El problema estaría focalizado, entonces, en la vigencia de la cultura política puntofijista, heredada, adoptada y reforzada por muchos de los que conforman la «vanguardia» del chavismo más que en la supuesta inhabilidad e ignorancia de los sectores populares para comprender y llevar a cabo los diversos cambios políticos, económicos, sociales y culturales que marcarán el rumbo definitivo de la revolución bolivariana; cosa que se ha puesto de manifiesto, desde el momento mismo que Hugo Chávez se convirtió en candidato presidencial en 1998. Así que la conclusión lógica es que esta pretendida vanguardia revolucionaria es la responsable, de una u otra forma, del avance obtenido por la contrarrevolución en estos últimos años, incluido el control de la Asamblea Nacional, pecando de ingenuidad y desidia al pensar que ésta y el imperialismo gringo respetarán el orden constitucional establecido.

En correspondencia con esto, los revolucionarios y chavistas de base tendrán que luchar por erradicar la modalidad verticalista y, en algunos casos autoritaria, que impusieran tiempo atrás los sectores dominantes tradicionales; sobre todo, lo que tiene que ver con la nueva costumbre política de delegar el trabajo de militantes revolucionarios entre quienes ocupan cargos de dirección en la administración pública, asegurándose de esta forma un mejor control de las instancias político-partidistas más que en la tarea de cumplir adecuadamente con las políticas revolucionarias en beneficio de los sectores populares a los cuales se deben. Esto ha tenido una alta incidencia, sin duda, en la inexistencia de esa fuerza social que actúe más allá de lo estrictamente electoral, del sectarismo y del clientelismo político hasta ahora observados.

Captando esto adecuadamente (expuesto y criticado desde largo tiempo por diversidad de intelectuales y analistas, quienes, en contrapartida, han merecido, como mínimo, la censura y el desdén de aquellos que debieran tomar en cuenta sus opiniones, observaciones y recomendaciones) se conseguiría armar una barrera sólida frente a la estrategia desestabilizadora de los sectores de la oposición. Según lo resume Marta Harnecker en su libro Reconstruyendo la izquierda, «lo fundamental es que quienes están en cargos de dirección hagan suya e implementen la línea de la organización política aunque no sean militantes de ella. Por el contrario, si se ha logrado conquistar muchos cargos en una determinada organización se debe estar atento a no caer en desviaciones hegemonistas. Es más fácil para quien tiene un cargo imponer sus ideas que arriesgarse al desafío que significa ganar la conciencia de la gente» 

Lamentablemente, esta percepción resulta ajena a la conducta, la inteligencia y la voluntad de un porcentaje significativo de dirigentes chavistas en todos sus niveles, habituados como lo están a cobijarse bajo las alas protectoras de quienes ocupan posiciones de poder (o están en vías de lograrlo), dado que no pueden ostentar un liderazgo propio, nacido del trabajo revolucionario constante y de la aceptación de las bases, cuestión que no los obliga, por otra parte, a exhibir una ética y una formación revolucionarias. Contrario a ello, cada uno de dichos personajes afortunados, desde sus cargos, debieran contribuir a la labor de conformar un Estado con hegemonía popular antes que dedicarse a mantener y a fortalecer al Estado burgués liberal vigente (como lo haría cualquier reformista). En ello radicaría parte importante del problema que confronta el proceso revolucionario bolivariano, aparte de no haber demolido a tiempo el viejo modelo económico rentista en aras de alcanzar una soberanía productiva total.-

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26/05/2016 12:34 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LAS RAZONES INCOMPRENDIDAS DE LA OPOSICIÓN

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A riesgo de provocar molestias e indignación justificadas en las filas chavistas y revolucionarias, se podrían entender (no compartir ni legitimar) los miedos, las razones y las ganas insatisfechas de la oposición antichavista por derrocar al gobierno constitucional de Nicolás Maduro.

Sin embargo, lo que jamás se podrá entender y, menos, aceptar de la gente de oposición (sin cometer el pecado de la más absoluta insensatez y más descabellado extremismo) son los métodos paramilitares y terroristas empleados, su odio fanático, su servilismo pitiyanqui y su sed homicida de sangre y violencia (verbal y física) para lograr sus objetivos; especialmente cuando el blanco constante de sus ataques son los servicios e instituciones públicas que benefician al pueblo (sobre todo, de bajos recursos económicos), causando sin muestras de remordimiento alguno males mayores que aquellos que buscaría solucionar y que atribuye al gobierno chavista.

Habrá alguien que justificará, no obstante, tales métodos y acciones aduciendo que se llevan a cabo por la inexistencia de garantías políticas y en defensa de la democracia contra el castrocomunismo, como si aún nos halláramos en las décadas de la Guerra Fría, dejando ver así de qué pie cojea, es decir, secundando y mostrando su parcialidad hacia el imperialismo gringo, ambicionando disfrutar el estilo de vida "americana" y, quizás, compensar posiblemente la baja autoestima que sufre, convirtiéndose en un subordinado incondicional del régimen estadounidense. Incluso, algunos llegarán a negar que todo esto es cierto y persistirán en su "verdad", no importa que acabe siendo afectado directa o indirectamente por los hechos violentos desatados por sus mismos compañeros, como les ocurriera a unos cuantos opositores el 11 de abril de 2002 y, más recientemente, durante las güarimbas.

A pesar del amor y de los beneficios materiales que se les brinde, además de los llamados al diálogo y la concordia, a aquellos que prefieren aferrarse al oscurantismo político-económico, haciendo realidad los postulados humanistas de cualquiera revolución verdadera, tal parece que su mezquindad y su terquedad seguirán manteniéndose por encima de cualquier consideración lógica, así como de cualquier lazo afectivo con la Patria donde les tocara nacer.

 

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26/05/2016 11:30 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

REVOLUCIÓN DESDE LA REALIDAD VENEZOLANA

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La articulación práctico-teórica de los saberes y las luchas populares es uno de los fundamentos sobre los que debería llevarse a cabo una verdadera revolución bolivariana, socialista y eminentemente popular en Venezuela. Sin ella -aunque se apele al conocimiento y práctica de experiencias históricas y aportes teóricos de otras latitudes y tiempos, todos importantes, sí, pero no totalmente adecuados a la realidad venezolana- todo proyecto revolucionario subsistirá como mera ilusión.

Así, es vital que se piense desde la realidad misma del país, recurrir a su memoria histórica de luchas, desde el momento en que nuestros pueblos originarios iniciaron su lucha de resistencia contra los invasores europeos hasta el presente, revisando las causas y las consecuencias de cada lucha emprendida, esencialmente, por los sectores populares, antes que fijarse mayormente en la figura de quienes se destacaron al frente de las mismas. Otro elemento fundamental a considerar es la comprensión respecto a la influencia ejercida por la ideología de los sectores dominantes sobre las capas y sectores subordinados, manifestada a través de diversos aspectos, pero escasamente percibida por estos últimos; contribuyendo dicha ideología a mantenerlos en un estado de indefensión, dependencia y sumisión perpetuo, pese a constituir el mayor porcentaje de la población y de atribuírseles el ejercicio inalienable de la soberanía nacional.

Desde este punto de vista, podríamos concordar absolutamente con lo expuesto por el Libertador Simón Bolívar ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819: “¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual? Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano, la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional”

Sin negar a rajatabla los estudios y orientaciones teóricos hechos con el propósito de darle explicaciones y viabilidad a lo iniciado por Hugo Chávez a partir de 1999, se hace preciso amalgamar en un todo -explicando, por supuesto, las diferencias existentes entre cada uno de los procesos históricos referidos, investigados o consultados- las resistencias y las rebeliones protagonizadas, en un amplio sentido, por el pueblo a través del tiempo, gran parte de las cuales estuvieron (y están) motivadas por demandas no siempre satisfechas en relación a obtener un mayor grado de mayor participación democrática y de justicia social.

Si todo esto fuera relevante y constante en la promoción y el desarrollo de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que tiendan a desembocar en una revolución popular irreversible, habría entonces un salto cualitativo, motorizado éste por un nivel de conciencia revolucionaria, forjado a través de la lucha y del debate constantes, algo que debiera reflejarse en la transformación estructural (en un sentido general) que se requiere para instaurar un nuevo modelo civilizatorio en el país.

Al respecto, habría que recordar con Chávez que “cada día habrá que construir más instrumentos para la democracia directa y romper la trampa de la democracia representativa, que termina siendo al final una dictadura, la dictadura de una élite en contra de los intereses del pueblo” Considerando estrictamente estas palabras de Chávez, se hace preciso que los movimientos populares se muestren capaces de trascender el viejo modelo representativo y asuman desde sus propios espacios, autónomamente, la definición, el diseño y la implementación de esta democracia directa. En la medida que los sectores populares estén dispuestos a alterar radicalmente las viejas reglas del juego de los sectores dominantes, imponiendo a cambio su hegemonía democratizadora y emancipadora, en términos de empoderamiento democrático, de disminución decidida de sus niveles de pobreza y de garantía efectiva de sus más elementales derechos humanos, existirá siempre la posibilidad de concretar la revolución bolivariana, socialista y popular que se procura hacer en Venezuela.- 

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07/04/2016 16:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DEFINAMOS: ¿REVOLUCIÓN O GOBERNABILIDAD PACTADA?

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Por voz y empeño del Presidente Hugo Chávez, el chavismo gobernante hizo suyos el discurso, los colores y la iconografía revolucionarios que, anteriores a la aparición pública del Comandante, identificaron por largas décadas a las distintas agrupaciones políticas de izquierda y que tanto escandalizaran e intimidaran a un grueso porcentaje de la población venezolana, gracias a la represión y a la propaganda constantes de los gobiernos de Ad y Copei, bajo el patrocinio del imperialismo gringo. En adelante, se observaría a muchos de los ex militantes de estos dos partidos políticos de la derecha venezolana pontificando sobre las bondades del socialismo revolucionario y citando literalmente a Marx, Lenin, Mariátegui, Gramsci, Che Guevara y Fidel Castro, los antiguos demonios que incitaban su odio; mientras obtenían su ascenso vertiginoso en la escala del poder, convirtiéndose en los representantes del nuevo estamento político gobernante, incluso con la deferencia acrítica de quienes provenían de las filas izquierdistas.

Esta nueva realidad en el país tuvo, sin embargo, una consecuencia positiva: parte importante de ese mismo porcentaje de la población venezolana entendió que el socialismo revolucionario sería la mejor opción presentada para resolver satisfactoriamente los niveles de pobreza, explotación laboral, desigualdad social y la falta parcial o absoluta de parte de las autoridades; todo lo cual había servido de caldo de cultivo para que ocurrieran el estallido popular del 27 de febrero de 1989 y las dos rebeliones cívico-militares de 1992. Lo resaltante es el hecho que los sectores populares han interpretado este socialismo de un modo distinto a lo que entiende y practica el estamento gobernante y partidista, determinándose una diferenciación abismal entre ambos, lo que ya ha tenido por efecto que la derecha fascistoide domine el Parlamento nacional y, desde sus curules, amenace con desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro.

Esto último ha situado al gobierno nacional ante la disyuntiva de avanzar sin titubeos por el camino revolucionario o, contrariamente, aceptar las reglas de juego de la burguesía parasitaria e instituir una gobernabilidad pactada que termine por desmantelar todo lo hecho y esbozado durante el período presidencial de Chávez, como única opción para sobreponerse al desabastecimiento y al asedio económico padecidos actualmente por la población venezolana en general. Tal cosa ha impulsado ya a varios movimientos políticos y sociales revolucionarios a fijar posiciones; unos (de forma interesada o no), a favor del gobierno de Maduro y, otros, planteándose alternativas revolucionarias que, sin renegar por completo de los logros del proceso revolucionario bolivariano liderado por Chávez, buscan profundizar y consolidar el avance, la conciencia, la autonomía y la organización de los sectores populares que tengan como objetivo fundamental la toma del poder.

Mientras Maduro y su equipo de ministros hacen malabarismos para lograr la puesta en marcha medidas que impulsen la actividad productiva del país, en alianza con los sectores empresariales (varios de los cuales auparon y financiaron los planes golpistas contra Chávez), estos movimientos políticos y sociales revolucionarios podrían representar el camino a seguir, tomando en cuenta que gran parte de sus postulados confrontan la lógica capitalista y el reformismo de Estado, elementos éstos que -en uno u otro sentido- se han convertido en grandes obstáculos a vencer; manteniendo aún vigente la responsabilidad histórica de llevar a cabo la Revolución Bolivariana, con toda la carga y el significado subversivos que la caracterizarían.-  

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02/03/2016 19:02 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EN LUCHA POR UNA REVOLUCIÓN CON OPCIONES PROPIAS

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De no ganar terreno el conjunto de medidas anunciadas por el Presidente Nicolás Maduro para superar exitosamente las dificultades creadas en el ámbito de la economía nacional, estaría por definirse si ello representa una crisis económica o, algo de mayor gravedad, una crisis de Estado. En cualquier caso, esta situación que padece Venezuela aumenta la necesidad de redefinir los valores culturales, políticos, sociales y económicos sobre los cuales se erigió el actual modelo de civilización u orden social, especialmente cuando se ha tenido la pretensión -hasta ahora, fallida- de constituir uno nuevo bajo la inspiración del “socialismo del siglo21” Comprometidos con la subversión del orden existente, a los revolucionarios les corresponde no solamente denunciar el contexto de injusticia, de explotación o de discriminación de cualquier tipo que soportan los sectores populares sino luchar por una revolución con opciones propias, proponiéndose seriamente derogar dicho contexto de una manera definitiva, teniendo en cuenta las causas históricas que la produjeron.

Por esto, es fundamental que el poder popular (armado de una organización y una verdadera conciencia revolucionaria) se movilice de un modo constituyente, destituyente e instituyente, con respuestas soberanas, creativas y audaces que tengan por meta asegurar la transformación estructural del Estado burgués liberal, la ideología dominante y la economía capitalista que rigen al país; creando opciones propias, desde abajo, y asociadas a principios subversivos, críticos y radicales que permitan -en consecuencia- la revolución. No se puede olvidar, bajo ningún concepto o circunstancia, que la lucha popular sigue siendo contra la hegemonía de los grupos oligárquicos parasitarios, usufructuarios del poder y de la renta petrolera en el pasado; lo cual obliga a librar batallas ideológicas y culturales que la neutralicen de manera categórica, promoviendo un vasto proceso de formación y debates que genere una nueva conciencia entre los sectores populares.

No hay que llamarse a engaño. No basta con un simple cambio de gobierno ni de representantes políticos. De hacerse con el poder, los partidos políticos de la derecha aplicarían la misma fórmula neoliberal que quiso imponerle Carlos Andrés Pérez al pueblo venezolano en 1989, cuando sucediera el Caracazo: privatizaciones de la salud, el agua, la electricidad y la educación, entre otros, además de una flexibilización laboral y una congelación general de salarios, liberación de precios, divisas e intereses que beneficiarían considerablemente a los grupos oligárquicos parasitarios; elevación de los impuestos y una disminución significativa de lo que llaman "gastos" sociales, afectando la continuidad de las distintas misiones sociales que iniciara el Comandante Chávez en beneficio de los sectores populares. 

Cuando se imponga finalmente la organización consciente, mayoritaria y pluralista de los sectores populares (y, con ellos, de la clase trabajadora), tanto en la estructura productiva como sobre el resto de las estructuras que conforman el orden establecido, se podrá hablar entonces de la instauración revolucionaria de una sociedad, de unos valores culturales y de un Estado de nuevo tipo; construyéndose, en consecuencia, una hegemonía popular que erradique las causas y las condiciones históricas de la situación actual del país.-

 

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02/03/2016 18:51 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LAS NUEVAS DEMANDAS DEL PROYECTO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

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Al reconocer el Presidente Nicolás Maduro y demás integrantes del gobierno nacional que se llegó al final del rentismo económico, se crea la necesidad inmediata del surgimiento de un liderazgo revolucionario colectivo en reemplazo de la dirigencia y funcionarado burocrático-cupular-clientelista que hizo posible, con su proceder reformista, el avance de los sectores de derecha, dando como resultado que ésta conquistara la mayoría de curules de la Asamblea Nacional.

Es importante que chavistas y revolucionarios entiendan que hay una intención, orientada desde Estados Unidos y otros centros de poder internacionales, de torcer el rumbo del proceso de cambios revolucionarios protagonizado por el pueblo venezolano en función de los intereses de la burguesía parasitaria y de los grandes consorcios económicos norteamericanos, en una especie de gobernabilidad pactada que deje a un lado a los sectores populares. De ahí que no sea nada extraño que en Venezuela se esté repitiendo el mismo formato desestabilizador aplicado en Chile durante la presidencia de Salvador Allende, con un desabastecimiento artificial de productos esenciales para la población, una hiper-inflación inducida por los mismos sectores empresariales que ahora cínicamente le reclaman al gobierno la implementación de medidas de emergencia económica, la posibilidad de un corralito bancario y la desvalorización de la moneda nacional, incitando con ello un malestar popular que, eventualmente, terminaría con el mandato de Nicolás Maduro y restituiría a las viejas élites puntofijistas en el poder.

Además, es pertinente que chavistas y revolucionarios tengan en cuenta que no se pueden mantener intactas las mismas estructuras gubernamentales y partidarias del pasado como hasta ahora se ha hecho, ya que ellas responden a una visión de la sociedad que resulta incompatible con la realidad surgida en nuestro país durante las décadas recientes. Por consiguiente, es preciso que surja y exista una organización socio-económico-político-cultural-militar revolucionaria que sepa orientar e interpretar la lucha popular en su dimensión transformadora, clasista y plebeya, evitando que en su seno aparezca alguna clase de pragmatismo electoral, de sectarismo y de vanguardismo que precipite su desviación y atomización, de modo que pueda alcanzarse verdaderamente el propósito fundamental de la Revolución Bolivariana, es decir, la transformación estructural del Estado y, en general, de todo aquello que comprende e identifica el actual orden establecido.

En tal sentido, se requiere mucha madurez y voluntad política para enfrentar con éxito las embestidas programadas por la oposición. Ello debe producir un saldo organizativo y una redefinición de los valores sobre los cuales se erigió el modelo civilizatorio vigente, en lo que podría llamarse una coalición social y política revolucionaria que dé nacimiento a una nueva ciudadanía política, capaz de cubrir y protagonizar las nuevas demandas del proyecto revolucionario bolivariano.-

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28/01/2016 14:11 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA CONSPIRACIÓN DE PRIMER ORDEN CONTRA LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

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Generalmente, las conspiraciones son auspiciadas por grupos que, a su entender y conveniencia, se muestran contrarios a las políticas y vigencia de un régimen determinado, sea cual sea su naturaleza. Esto es entendible, predecible y hasta justificable en muchos casos, si el régimen en cuestión es todo lo contrario al régimen de libertades y derechos democráticos al cual todo pueblo aspira. Esto sería aplicable, incluso, a aquellos sectores dominantes que, siendo desplazados del poder por cualquier circunstancia, anidan la esperanza de recuperarlo y usufructuarlo, tanto o más que en el pasado.

Sin embargo, en la historia reciente de la República Bolivariana de Venezuela, en medio de la difícil (mas no imposible) construcción de un singular proyecto de revolución inspirado en el ideario republicano de soberanía popular, igualdad y justicia social de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, pareciera existir otro tipo de conspiración, más velada y, por lo tanto, menos perceptible, esta vez dirigida a impedir que dicho proyecto adquiera forma y suficiente autonomía a manos de los sectores populares. Algunos lo considerarán escandaloso e inverosímil, sin embargo, esto podría verificarse sin necesidad de un análisis demasiado profundo. Bastaría observar sencillamente lo acontecido durante este último periodo de la historia venezolana cuando un considerable porcentaje de burócratas de partido y de gobierno se han dedicado a aprovecharse de la fe popular, enriqueciéndose desvergonzadamente y sin temor alguno a la acción de la justicia, desvirtuando absolutamente la esencia y el significado de lo que debiera ser la Revolución Bolivariana y/o socialista.

En atención a lo anterior, no extraña nada que la desconfianza de los grupos burocratizados esté orientada, principalmente y con mucho empeño, hacia los revolucionarios y los chavistas que cuestionan con argumentos sólidos en mano lo que es su proceder común y se atreven, además, a elaborar y a protagonizar otras alternativas revolucionarias para salir de las diversas situaciones conflictivas y de falta de definiciones por las que atraviesa el país; no sólo desde el momento en que Nicolás Maduro pasa a ejercer la presidencia sino desde mucho antes con Hugo Chávez como presidente.

Tal cosa ha exigido mucha voluntad política y conciencia revolucionaria entre quienes se han situado en contra de los sectores políticos tradicionales, con su apuesta a un pasado de país que pocos anhelarían en su sano juicio, y de aquellos que, manejando el «legado» de Chávez según sus intereses particulares, han terminado por parecerse demasiado a sus opositores. Por supuesto, para estos revolucionarios y chavistas la situación no es, ni ha sido, color de rosa, habida cuenta que no manejan los resortes del poder -con los recursos económicos que facilitan el oportunismo, la demagogia y el clientelismo político- y, muchas veces, el acceso a los diferentes medios de información en igualdad de condiciones con unos y otros, resultando así más dificultoso su accionar y la difusión de sus propuestas revolucionarias. Ellos serían los llamados a desenmascarar y a combatir esta conspiración de primer orden contra la Revolución Bolivariana.-

 

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28/01/2016 14:05 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA Y LA EXPLORACIÓN DE NUEVOS MODELOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD

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Gran parte de la oposición en Venezuela suele considerar a los sectores populares (quienes son, al fin y al cabo, en una significativa proporción, seguidores y sustentadores del proyecto revolucionario bolivariano) como una masa abstracta, inculta, despreciable, manipulable e incapaz de entender y de protagonizar el más sencillo avance en la construcción de un nuevo modelo democrático en el país. Según su apreciación, manifestada a través de las diferentes redes sociales a su alcance, los sectores populares no serían personas y carecerían de derechos, aún los más elementales, haciendo gala así de un exacerbado racismo (muchas veces, sin tomar en cuenta su propio origen étnico y/o social), por lo que las opiniones, las aspiraciones y la existencia de estos últimos no contarían para nada, siendo apenas visibilizados en su discurso aparentemente democrático.

Para los sectores de la derecha, las nuevas realidades históricas, sociales, políticas, jurídicas, ideológicas, educativas, religiosas, ecológicas, étnicas y culturales que han tenido lugar en América Latina y el Caribe recientemente, con su carga subversiva, antiimperialista y anticapitalista, resultan totalmente inaceptables y a-históricas. Desconocen abiertamente que éstas son el resultado de las dominantes relaciones capitalistas de producción que se instauraron en nuestro continente prácticamente desde el momento mismo en que sus naciones proclamaran su independencia del imperio español. A ello se une su alienación y cultura colonizada que les hace ver como ideales el sistema político, social y económico de Estados Unidos. En su colmo, hasta han demandado la intervención militar directa estadounidense para, según su mezquino deseo, acabar con la rochela o el bochinche de sus inferiores, los sectores populares.

Esta realidad, para algunos inusitada en el país, para otros exagerada, nos sitúa ante dos grandes bloques antagónicos (con sus matices, sin ser completamente homogéneos) en relación al control del poder y la construcción y fortalecimiento de una nueva visión de lo que debiera ser la sociedad venezolana en el futuro. De hecho, el antagonismo entre ambos suele atribuírselo la oposición al discurso de Hugo Chávez; sin embargo, los hechos históricos de abril de 2002 y de los últimos tres años de mandato de Nicolás Maduro dan cuenta de las acciones violentas, discriminatorias y antidemocráticas (aparte de subordinadas a los dictados e intereses extranjeros) de quienes pretenden presentarse como seres superiores, cristianos devotos y verdaderos demócratas, es decir, los únicos capacitados para ejercer el poder y de manejar la renta petrolera, según sus intereses particulares y su libre albedrío.

Ello contrasta palmariamente con las reivindicaciones largamente postergadas y los deseos de los sectores populares de ejercer la democracia directamente, haciendo obsoleta la representatividad acostumbrada, y de acceder a un mejor nivel material de vida. Algo que vienen demandando desde el primer momento que se instaurara en 1959 el pacto de élites de Punto Fijo. Sin embargo, hay que hacer notar que, a pesar de hablarse de revolución y de socialismo, no se ha producido todavía un viraje ideológico y político, significativo y profundo, que dé cuenta de un avance definitivo en esta dirección, lo que ha constituido desde hace mucho tiempo una debilidad entre los sectores populares. No obstante, es posible que la nueva coyuntura presente del país (independientemente de cuáles sean los resultados de las medidas auspiciadas por el gobierno de Nicolás Maduro para superar la situación crítica de la economía venezolana) termine por impulsarlos a una definición del papel fundamental que les toca representar para que la Revolución Bolivariana sea entonces una realidad, redefiniendo las relaciones de poder y las estructuras y funcionamiento del Estado burgués-liberal vigente, así como la moralización del ejercicio político mediante la designación de voceros que respondan, verdaderamente, a la voluntad popular y no a intereses grupales y/o individuales. Los grupos opositores ven en todo esto una grave amenaza y habría que entenderlos, ya que ello supondría eventualmente la pérdida de sus privilegios habituales, especialmente los de tipo económicos, dado su parasitismo, extrayendo del Estado los recursos que requieren para mantener su status.

De ahí que sea inevitable la exploración de nuevos modelos de interpretación de la realidad nacional, de la adopción y experimentación de nuevas formas organizativas que privilegien el ejercicio sin coacción de la democracia directa, y una toma de conciencia respecto a la necesidad de la Revolución Bolivariana por parte de las amplias mayorías de proletarios y demás colectivos sociales para combatir y derrotar la barbarie capitalista en cualquiera de sus expresiones, nacionales e internacionales. Al hacerlo posible, el pueblo organizado y consciente hará efectiva su soberanía, asumiendo un carácter constituyente vinculante y permanente.-

 

28/01/2016 13:49 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN Y LA CUESTIÓN DEL PODER EN VENEZUELA

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La cuestión del Estado es la cuestión del poder. No se podrá avanzar en la transformación estructural del modelo civilizatorio actual sin la toma del poder. Por eso es importante entender que, básica y generalmente, el Estado burgués liberal (tal como se conoce en la mayoría de las naciones del planeta) responde a intereses de clase, siendo éste, en consecuencia, la forma política del capital dominante, como bien ya lo determinaran en su momento los principales teóricos de la revolución anticapitalista o comunista mundial.
 
Por ello, es significativo que mucha gente, con la finalidad de impulsar la revolución socialista bolivariana de un modo que no admita retrocesos, termine sumándose al juego electoral implantado por las elites gobernantes, confiando así en acceder al poder y permitirse entonces cambiar el orden establecido mediante algunas iniciativas de gobierno. Sin embargo, como lo expondría V. I. Lenin en su obra El Estado y la revolución, "la esencia de la cuestión no radica, ni mucho menos, en si seguirán existiendo los ’ministerios’, o habrá ’comisiones de especialistas’ u otras instituciones; esto no tiene importancia alguna. La esencia de la cuestión radica en saber si se conserva la vieja máquina estatal (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta la médula de rutina e inercia) o si se la destruye, sustituyéndola por otra nueva. La revolución no debe consistir en que la nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina del Estado, sino en que destruya esta máquina y mande y gobierne con ayuda de otra nueva". 
 
Esto, por supuesto, exige -forzosamente- la redefinición de algunos conceptos frente a las nuevas realidades que se pretenden crear. Así, el poder, la política y el Estado (lo mismo que la espiritualidad, la cultura, la economía y otros elementos que podrían abarcarse) tendrían que observarse y comprenderse bajo la luz de nuevos paradigmas, todos ellos como resultado de la acción y de la revisión constantes de organizaciones políticas revolucionarias de nuevo tipo. En consecuencia, el desarrollo de las fuerzas productivas, la conversión de las relaciones de producción capitalistas, la revolución cultural antiburocrática y el nuevo sistema político (invirtiendo radicalmente la pirámide de las relaciones de poder tradicionales) tendrían que ser el resultado de un esfuerzo colectivo creativo que no se limite a un reparto más equitativo de la riqueza social o a retribuir, desde el Estado, a un pueblo demandante de derechos. 
 
Se hace preciso inhabilitar el sello de la vieja sociedad a reemplazar. Esta es una cuestión que muchas veces se tiende a ignorar, calificándose algunas de sus expresiones cotidianas como inofensivas o irrelevantes. De ahí que se requiera instaurar un sentido común revolucionario, es decir, un nuevo esquema espiritual que facilite las condiciones adecuadas para reestructurar de una forma trascendente, ética y lógica el modelo de sociedad vigente. La conciencia revolucionaria es, por consiguiente, un elemento imprescindible e ineludible para alcanzar efectivamente todos aquellos propósitos que conduzcan a la realización definitiva de la Revolución Bolivariana en Venezuela, de manera que ella contribuya a evitar la subordinación apática de los movimientos populares en función de los intereses de una minoría.
 

Todo esto plantea que los movimientos, grupos, sectores y/o colectivos revolucionarios y chavistas asuman el reto de desarrollar entre sí la capacidad de integrarse en una plataforma unitaria para el logro de objetivos comunes, algunos de ellos apenas diferenciados -en condiciones de pluralismo, autonomía, igualdad, reciprocidad, respeto y complementaridad-, lo que les posibilitaría establecer y ejercer en todo momento la democracia consejista, o directa; prefigurando, de una u otra forma, el nuevo poder y el modelo civilizatorio que surgirían bajo los ideales de la Revolución Bolivariana.

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28/01/2016 13:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

SI LE TOMÁRAMOS LA PALABRA AL PRESIDENTE MADURO...

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El diálogo propuesto por el Presidente Nicolás Maduro debiera incluir, forzosamente, a todos los movimientos e individualidades, políticos y sociales, de un modo amplio, pronto y efectivo. De lo contrario, podría perderse, una vez más, la oportunidad de reimpulsar definitivamente el proceso de revolución bolivariana que, pese a este revés electoral, mantiene plenamente su vigencia, toda vez que el pueblo venezolano enfrentaría una contraofensiva de la reacción al sentirse ésta fortalecida con el control de la Asamblea Nacional.

Es decir, no se puede confiar únicamente a los factores que controlan el poder del Estado la tarea de revisar los hechos cumplidos, dada la posibilidad que no ahonden en las causas que precipitaron la derrota en estas últimas elecciones, acusando a elementos externos de algo que pudieron evitar a tiempo, si realmente hubieran estado compenetrados con los objetivos estratégicos, ideales y perspectivas inherentes a la consolidación y profundización del proceso revolucionario bolivariano; máxime al ya no estar presente físicamente su máximo líder, Hugo Chávez.

Sin embargo, es bueno advertir que este diálogo no podría ni debería limitarse exclusivamente a quienes dirigen las instituciones públicas y los diversos partidos políticos que conforman el Gran Polo Patriótico, excluyendo a aquellos que han mantenido posiciones críticas al modo cómo ellos han cumplido sus respectivas funciones; cuestión que podría imponerse, a fin de no ser víctimas de las críticas y las autocríticas a las cuales cada uno deberá enfrentarse, si realmente están comprometidos con la revolución bolivariana y quieren que ésta se desarrolle de acuerdo a los parámetros revolucionarios de la democracia participativa y protagónica.

También es preciso que se entienda en esta nueva coyuntura que se le presenta al avance del proceso revolucionario bolivariano la necesidad de deslastrarse de los modos y concepciones representativas que aún imperan en muchas de las instituciones del Estado, especialmente en las organizaciones políticas, donde se observan grupos y subgrupos en pugna por mayores espacios de poder, pero en definitiva alejados de una conducta realmente revolucionaria y socialista, lo que ha incidido en la atomización de los movimientos populares, a tal punto que frenan su desarrollo y total autonomía organizativa y funcional.

Principalmente, quienes integran lo que llamaríamos el chavismo gobernante tendrían que aceptar la existencia y accionar de un chavismo popular, conformado básicamente por personas y movimientos sociales que sí han entendido el legado de Chávez, interpretando adecuadamente lo establecido en las distintas leyes del poder popular, más aún la exigencia de transformar estructuralmente la economía rentista y el Estado burgués-liberal heredados del puntofijismo y que representan los principales obstáculos a vencer para acceder finalmente a la transición hacia el socialismo bolivariano.

Al mismo tiempo, chavistas y revolucionarios tendrían que prepararse en lo inmediato para confrontar las acciones reaccionarias de la oposición desde la Asamblea Nacional, ya que se requiere de nuevos actores y escenarios políticos que sirvan para consolidar y profundizar, verdaderamente, los logros revolucionarios junto al pueblo.
De ahí que veamos este momento coyuntural como una oportunidad para recuperar, redefinir y reimpulsar la esencia, los ideales y los objetivos de la Revolución Bolivariana, tal como se dieron a conocer en 1992 y que el Comandante Chávez buscó concretar en todo momento en beneficio de los sectores populares y no únicamente a favor de una minoría; cuestión que no podrá obviarse en ningún momento y bajo ninguna excusa.-

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16/12/2015 13:14 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

REVOLUCIÓN, SIN CONVOCATORIA PREVIA Y SIN ANUNCIO OFICIAL, O MÁS “MAREO” PARA LAS BASES

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Frente al nuevo escenario político creado por los resultados de las elecciones legislativas del 6 de diciembre en Venezuela, algunos revolucionarios y chavistas exponen la necesidad inmediata de revisar, rectificar y reimpulsar el curso del proyecto revolucionario bolivariano, tal como lo propusiera en su momento el Presidente Chávez.

 

A favor de ello se ha pronunciado un enorme porcentaje de individuos y movimientos sociales revolucionarios, pero cabría interrogarse: ¿desde cuál perspectiva, desde el chavismo gobernante o desde el chavismo popular? Porque se debe reconocer que hay dos vertientes, ambas chavistas, prácticamente enfrentadas ideológicamente a lo largo de la última década, buscando cada una imponerse a la otra, aunque existan matices que impiden ser categóricos a la hora de definirlos puntualmente. En el primer caso, un chavismo instalado en las cúpulas del poder burocrático mientras que, el segundo, se mantiene en la calle, en cada espacio de lucha reivindicativa, tratando de trascender los marcos de referencia establecidos por el modelo de sociedad erigido y sostenido a través del Pacto de Punto Fijo desde 1959.

 

Es decir, esta confrontación a lo interno del chavismo tiene su punto central en la concepción del poder y lo que el mismo debiera representar para acceder finalmente a la transición hacia el socialismo revolucionario. Esto pasa por la exigencia imperativa, y largamente postergada, de modificar radicalmente el tipo de Estado burgués-liberal imperante, al cual muchos “chavistas” burócratas han accedido, aprovechándose de las diversas coyunturas electorales producidas en el país, en su deseo particular de enriquecerse y de mejorar su status de vida; Estado que tantos buenos dividendos les dió a las cúpulas empresariales, políticos, militares, sindicales y eclesiásticas hasta que Chávez fuera elegido Presidente.

 

Por eso es pertinente y hasta obligatorio plantearse en estos momentos de definiciones trascendentales si el llamado a reimpulsar y profundizar el proyecto de revolucion bolivariana en Venezuela será acatado por todos los chavistas y los revolucionarios, sin convocatoria previa y sin anuncio oficial, distanciándose ostensiblemente de aquellos que no admiten sus culpas, sus inconsistencias y sus errores como “vanguardia revolucionaria”, tanto los que surgieran con Chávez como con Nicolás Maduro.

 

Otra cosa que debe tomarse en cuenta es que los sectores transnacionalizados siguen siendo minoría, por muchos votos obtenidos, tanto en las elecciones realizadas en Argentina como en Venezuela. Si se cae en un análisis sectario, endilgando culpas y responsabilidades a quienes ostentan cargos de dirección política y de gobierno, sin admitir lo propio de parte de aquellos que integran movimientos y grupos sociales de base, éste no serviría de nada. Ya otros momentos en el pasado merecieron un tratamiento similar sin producir ningún saldo organizativo significativo, incidiendo de alguna forma en la conducción, fortalecimiento y caracterización del proceso de cambios revolucionarios en Venezuela.

 

De ahí que sea una exigencia ineludible que la Revolución Bolivariana tenga una visión clara de los objetivos estratégicos y tácticos que, en lo adelante, debe alcanzar, considerando que muchas de las observaciones, críticas y propuestas que se han dado a conocer tras la derrota electoral del 6 de diciembre tienen como fin primordial hacer que ésta se convierta en una realidad alcanzable y concreta, dejando de ser simple discurso y/o aspiración utópica.

 

Pero ello tendrá como principal fundamento el ejercicio pleno de la soberanía popular, conformando un poder popular constituyente en actividad permanente, el cual pueda manifestarse en nuevas formas organizativas y en la transformación radical de las relaciones de producción capitalistas; lo que, en resumidas cuentas, representa el núcleo central de los reclamos, denuncias y propuestas de quienes se mantienen firmes en su determinación de luchar por la liberación nacional y el socialismo bolivariano, más allá de reformas y paliativos que terminan por abonar el camino de la contrarrevolución y la pérdida (total o gradual) de las diversas conquistas logradas por el pueblo venezolano.-

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16/12/2015 12:58 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS TROYANOS DE LA REVOLUCIÓN

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El embate sostenido de una campaña mediática engañosa (dentro y fuera del país), el desabastecimiento planificado, el encarecimiento desmedido de los precios y el incremento (o sensación) de la inseguridad ciudadana, además de la percepción generalizada respecto a la corrupción en que estarían envueltos gobernantes y dirigentes del chavismo, tuvo su impacto, indudablemente, en la intención de voto de mucha gente en estas últimas elecciones parlamentarias en Venezuela; partiendo, quizás, de una visión muy particularizada que le impidió entender lo que se estaba poniendo en juego, de resultar triunfadores los candidatos opositores.

 

Como siempre, una gran parte del chavismo gobernante obviará irresponsablemente las causas reales de los resultados electorales del 6-D y acusará, como otras veces, a factores externos por la derrota sufrida, sin revisar -autocríticamente, como le corresponde asumir a un verdadero revolucionario- tanto su gestión como su comportamiento personal, en sintonía con el discurso aparentemente socialista del cual hace gala en mítines y medios de información. Esto ocurrirá, sin duda, independientemente de su responsabilidad directa o indirecta en este hecho que amenaza con destruir todo lo alcanzado por los sectores populares en Venezuela desde 1999. Es indudable que algunos representantes (destacados o no) de este chavismo gobernante se han dado a la tarea de desviar y truncar el avance revolucionario del pueblo, actuando como verdaderos troyanos de la revolución, controlando la maquinaria estatal y partidista, según su capricho e intereses.

 

Como lo dijera Miguel Ángel Pérez Pirela (conductor del programa televisivo Cayendo y corriendo), ya basta de ver bajo sospecha a quienes hacen críticas a la gestión cumplida, ignorando que el propósito de estas críticas es ayudar a consolidar y profundizar los verdaderos logros revolucionarios junto al pueblo organizado y consciente. No basta con tener el control absoluto de una institución ni de una estructura partidista si se mantiene una postura reformista con el simple deseo de obtener beneficios personales, con un séquito de aduladores alrededor que jamás le harán ver la realidad a quienes ejercen la dirección del Estado y buscarán mantenerlos alejados de aquellos que consideran extremistas o radicales, es decir, peligrosos para sus posiciones privilegiadas, por ser sencillamente revolucionarios.

 

Si habría que cobrarle esta derrota electoral a alguien, tendría que ser, principalmente, a quienes creen que la formación revolucionaria es cosa de una clase de catecismo acrítico, haciendo de la conciencia revolucionaria un elemento opcional, poco útil, y no un elemento altamente necesario para hacer realmente la Revolución Bolivariana. Aparte de ello, a la porfía de los diversos representantes gubernamentales en no producir el cambio estructural del Estado y de la economía rentista, no obstante las constantes arengas del Presidente Chávez para que se actuara a tiempo en tal sentido. Resulta, por lo tanto, absolutamente contradictorio que se hable en cada ocasión contra el régimen capitalista y aún así haya quienes terminan por legitimarlo mediante una conducta materialista y altamente consumista, que es inducida y reflejada, a su vez, entre quienes constituyen las bases populares de la revolución; las cuales optan por esperar todo del Estado y son escasamente estimuladas a la producción por su propia mano, con una visión bastante diferenciada de lo que es el capitalismo. Otra cosa innegable y resaltante es que muchos de estos formadores ideológicos mantienen intacta su formación socialdemócrata y/o socialcristiana, elemento que contribuye a prolongar la existencia del viejo Estado burgués-liberal en lugar de transformarlo de raíz.

 

Quienes quieran saber qué ocurrió en estas elecciones parlamentarias, vuelvan a la lectura y comprensión (si es que alguna vez lo hicieron o intentaron hacer) del Libro Azul, de la Agenda Alternativa Bolivariana, del Plan de la Patria y, para aquellos que militan en el PSUV, del Libro Rojo. Comparen lo que allí está plasmado con la realidad vivida hasta ahora. Especialmente en lo que tiene que ver con la transformación estructural del Estado y del capitalismo rentista que aún imperan en Venezuela, del ejercicio pleno de la democracia directa y el nivel de conciencia revolucionaria del pueblo organizado y consciente.

 

Para los otros que quedamos, nos corresponde recuperar aquella consigna de "propaga, agita y organiza", ya que ésta nunca perdió su vigencia en ningún instante, a pesar del alejamiento de algunos. Esta coyuntura fue anticipada por muchos, así que nos llegó el turno de actuar y de reimpulsar el avance revolucionario logrado, con sus retrocesos y empujones, a partir de 1989, 1992 y 2002, contando esta vez con las experiencias (buenas y malas) adquiridas.-

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11/12/2015 16:05 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DEFENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA O FACILITARLE EL CAMINO A LA OPOSICIÓN

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En un sentido casi general, por no decir absoluto, la oposición antichavista quiere demostrarnos a todos los venezolanos que, de obtener la mayoría de los escaños del parlamento nacional, sería automáticamente derrumbado el gobierno constitucional de Nicolás Maduro y todo cambiaría inmediata y favorablemente en el país, incluyendo el bachaqueo que la misma promoviera; aún más, dejando entrever que se conservarán, en esencia, todos los logros impulsados por el Comandante Hugo Chávez para favorecer a los sectores sociales más necesitados.

 

Sin embargo, la realidad es otra. Su oferta electoral no pasa de ser más que las mismas expresiones contradictorias que han hecho conocer a lo largo de más de 15 años, quizás con un mayor énfasis en el desprecio hacia quienes representan el principal soporte del proceso de cambios revolucionarios que tiene lugar en Venezuela, es decir, hacia los sectores populares que buscan empalagar con promesas fáciles que ni siquiera estaría dispuesta a cumplir. Asimismo, las expresiones contradictorias de la oposición rebasan los niveles de la sensatez. Por una parte, se hacen eco a diario de mensajes de burlas, odio y muerte hacia los chavistas y, por otra, presenta una imagen sonriente, como si no tuviera culpabilidad alguna en los diversos hechos de violencia y sabotaje económico que ha generado, especialmente en estos dos últimos años.

 

Para quienes estén “confundidos” al respecto, sólo hay que rememorarles lo hecho por los “demócratas” de la oposición entre 2002 y 2003 cuando promovieron un golpe de Estado fascista, con su secuela de violaciones a los derechos humanos, y un paro empresarial que casi acaba con la economía venezolana. Si a estos antecedentes le anexamos lo hecho luego del triunfo electoral de Nicolás Maduro, con su saldo de violencia, destrucción y muerte de hombres, mujeres y niños, únicamente porque no quisieron reconocer su derrota a manos del pueblo, entonces cada quien podría deducir qué hará realmente la oposición, una vez que retome el poder en Venezuela.

 

Por tales motivos, es fundamental que todos los factores políticos y sociales revolucionarios y chavistas sepan discernir entre defender la revolución bolivariana o creer equivocadamente que se puede emitir un voto castigo, eligiendo a candidatos opositores, lo que equivaldría a darle un respaldo a la contrarrevolución, así éste se justifique haciendo resaltar los errores, las deficiencias y las contradicciones presentes en la gestión pública y en las actitudes evidentes de muchos de los dirigentes chavistas que no entienden mínimamente que se deben a la voluntad del pueblo, olvidando de paso que, gracias a ese mismo pueblo, detentan sus cargos actuales.

 

Además, es preciso no olvidar que la oposición sigue manteniendo bajo la manga un plan desestabilizador, el cual apenas retoca en algunos detalles, instigada cada vez por sus mentores extranjeros, principalmente por el régimen estadounidense, a través del Comando Sur y las cadenas empresariales de noticias, para que enfilen sus ataques mediáticos contra el proceso revolucionario bolivariano, tratando de socavar el nivel de apoyo popular que éste aún mantiene y, eventualmente, liquidarlo, como han sido sus aspiraciones no alcanzadas desde hace 17 años.-

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01/12/2015 12:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿SE SOLVENTARÍA LA “CRISIS” EN VENEZUELA CON LAS ELECCIONES DEL 6-D?

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De cara a las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre, la oposición ha insistido en presentarse demagógicamente como la panacea de la “crisis” en Venezuela, atribuyéndole la responsabilidad de todo lo que ocurre al gobierno de Maduro. Bajo esa óptica, muchos “chavistas revolucionarios” se han dejado envolver, coincidiendo con el punto de vista de la oposición, algunas veces impulsados por algún tipo de resentimiento contra quienes dirigen al Psuv y las instituciones del Estado, mientras que en la generalidad de los casos sólo es producto de su inconsistencia ideológica o de su evidente inmadurez política.

Sin embargo, se podría ser aún optimista respecto a la situación que vive el país, considerándola con criterios de urgencia y, si se quiere, con criterios realmente socialistas, de manera que se entienda que no basta con que el Presidente Maduro adopte medidas de tipo coyuntural que baje el clima de ingobernabilidad que pretende imponer la oposición y sus mentores imperialistas, o anhelar que ocurra un golpe de suerte que permita recuperar los precios del petróleo en corto tiempo y así disponer de los recursos económicos necesarios para mantener a salvo la economía del país.

De ahí que la desarticulación de las matrices de opinión elaboradas por los grupos opositores requiere de mayor contundencia del chavismo gobernante, siendo uno de sus pilares fundamentales lo logrado en la última década a favor de la inclusión y justicia social mediante una mejor redistribución de los dividendos de la industria petrolera. Esto podría lograrse sin mucho afán, pero lamentablemente quienes dirigen los partidos políticos y las diversas instituciones del Estado poco han hecho para fomentar un acompañamiento político-ideológico respecto a las misiones sociales ideadas por Hugo Chávez, siendo el eslabón más débil de todo este proceso de cambios en Venezuela, lo que ha contribuido -directa e indirectamente- a posicionar las matrices opositoras.

Por otra parte, la escasa efectividad que muchos perciben respecto al combate serio y firme que debiera sostenerse contra el flagelo de la corrupción y la impunidad fomenta disgustos y desconfianzas entre la población. Esto exige -si se comprendiese cabalmente la situación creada- un equipo político y económico que recupere y asuma decididamente el rumbo marcado por el Presidente Chávez en su alocución del golpe de timón, cuando fustigó a ministros y seguidores a efectuar las correcciones necesarias para profundizar las transformaciones pautadas por la revolución bolivariana, así como a no temerle a la crítica y la autocrítica.

Por ello, el reto de oxigenar la marcha del proceso revolucionario bolivariano, creando la transición hacia el modelo de civilización del vivir bien, obliga a derribar definitivamente el viejo orden establecido, no a maquillarlo. Para alcanzar tal objetivo es vital el ejercicio de la democracia directa por parte de los sectores populares mayoritarios, superando el marco meramente electoral.

No obstante, aún hará falta que quienes impulsen la revolución bolivariana en Venezuela, comprendan que se debe sobrepasar el marco de referencia creado bajo el chavismo; por lo que tienen que plantearse situaciones, estrategias y visiones que permitan superar el actual orden de cosas, sabiendo de antemano que -pese a los avances hechos en materia de redistribución de la riqueza nacional y de inclusión social- aún faltaría mucho por definir y por hacer respecto a lo que ha de ser realmente el socialismo bolivariano en Venezuela.

Aquellos que confían ilusamente en que un triunfo mayoritario de los candidatos y las candidatas de la oposición en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre sería la solución a lo que ellos llaman crisis, habría que decirles que no bastará con un simple cambio de gobierno mientras persistan la lógica, las relaciones de producción y las mismas estructuras del viejo sistema capitalista. En cuanto a revolucionarios y chavistas, habría que reiterarles que toda revolución que se pretenda socialista supone una transformación radical del modelo de civilización imperante, lo cual no se realizará jamás si no existe un nivel de conciencia revolucionaria, en contínua evolución y revisión crítica, entre quienes han llegado (o llegarían) a conformar su vanguardia.-

 

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01/12/2015 11:55 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA PLATAFORMA DE CUADROS REVOLUCIONARIOS EN MEDIO DE LA COYUNTURA ELECTORAL

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En esta nueva coyuntura electoral, los revolucionarios y chavistas tendrían que fijar su atención especial en lograr definitivamente la consolidación del proyecto de la revolución bolivariana socialista y así derrotar con sus esfuerzos diarios a quienes, desde adentro y desde afuera de Venezuela, se mantienen conspirando sin descanso contra los logros del pueblo y la gobernabilidad de nuestro país.

En tal sentido, se requiere ir conformando en todo el país una Plataforma de Cuadros Revolucionarios, con gente realmente comprometida ética y moralmente con la revolución socialista bolivariana, la cual sirva también para aportar propuestas que trasciendan el simple marco electoral, puesto que, más allá de ello, se necesita fijar estructuras, tácticas y estrategias que le permitan al pueblo organizado avanzar en la profundización de la democracia participativa y del poder popular.

De ahí que -coincidiendo con analistas nacionales e internacionales- deba considerarse de vital importancia el triunfo electoral del chavismo el próximo 6 de diciembre en todas las circunscripciones, en vista de hallarse en riesgo todo lo logrado durante más de una década bajo el liderazgo del Presidente Hugo Chávez, sea en materia social, económica y/o política, al depender las decisiones legislativas de la contrarrevolución y de aquellos que, proclamándose chavistas, se han dejado guiar por sus ambiciones, resentimientos y falta de consistencia ideológica, sirviéndole ambos elementos de peones a los intereses hegemónicos del imperialismo gringo.

Por eso no puede desestimarse que, al igual que en las demás elecciones anteriores, estas elecciones de diputados a la Asamblea Nacional representan una nueva oportunidad para que el pueblo revolucionario sea capaz de establecer su hegemonía y de acabar con la permanente campaña de desestabilización que los sectores de la oposición, junto con sus mentores extranjeros, sobre todo, mantienen contra la economía y la soberanía del país.

De este modo, no sólo se dispondrá de una Asamblea Nacional con mayoría chavista que respalde las iniciativas y el gobierno del Presidente Nicolás Maduro sino que también se podrá contar con esta misma mayoría de diputados (lo quieran algunos o no) para impulsar decididamante los cambios estructurales que aún requiere Venezuela, especialmente en lo que se relaciona al orden político como también económico, de manera que la revolución socialista y el poder popular dejen de ser realidades retóricas para convertirse en realidades históricas concretas.

Asimismo, la actual conjunción de partidos políticos y de movimientos sociales en el Gran Polo Patriótico (GPP) podría ser aprovechada para delinear y poner en práctica un liderazgo de carácter colectivo e inclusivo, donde se manifiesten y respeten todas las tendencias ideológicas existentes en función de trabajar activamente por la construcción de un nuevo modelo de Estado, al igual que en fortalecer de forma sincera al poder popular.

Para ello es imprescindible que el GPP (superando los sectarismos de sus componentes) pase a ser una instancia revolucionaria de consultas, propuestas y debates que sirvan para orientar la gestión de gobierno en todos sus niveles y, por supuesto, para blindar al proceso revolucionario bolivariano socialista contra los ataques de los factores de la contrarrevolución endógena y exógena. Esto le exigiría a todos los partidos políticos y movimientos sociales plantearse una integración efectiva y no meramente electoral, cosa que se dificulta aún más si su interés primordial es lograr cuotas de poder y no en fortalecer el avance revolucionario del pueblo venezolano.-



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03/11/2015 19:34 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA VERDAD RELATIVA DEL SOCIALISMO EN VENEZUELA

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El derroche de discursos y propaganda oficiales respecto a la existencia del socialismo en Venezuela ha causado que alguna gente sea pasto de la demagogia de los grupos opositores al gobierno chavista. Esto, por una sencilla y evidente razón: no existe tal socialismo en Venezuela. Algo escandaloso, si se quiere, pero que es preciso desnudar sin tapujos, de modo que ello provoque una reacción en cadena propositiva entre quienes aspiran y luchan por ver convertida en realidad plena esa alternativa utopista frente al modelo de civilización capitalista actual. Sería obligatoria la generación de un debate serio y profundo que dé cuenta del tipo de socialismo revolucionario que responda a la idiosincracia, las costumbres y las necesidades materiales y espirituales del pueblo venezolano, entendido éste como los sectores populares mayoritarios, los mismos que identificaron en Hugo Chávez la encarnación de sus luchas y esperanzas de siglos.

 

Ahora que la derecha nacional e internacional han enfilado con mayor énfasis sus ataques contra el gobierno de Nicolás Maduro, creando situaciones de proto-guerra que, de alguna forma, posibiliten una intervención abierta y a gran escala por parte del imperialismo gringo, se hace más que necesario ahondar más en las definiciones, las características y los objetivos de ese socialismo que muchos etiquetan como bolivariano y otros del siglo 21, pero que, en un sentido amplio y general, representa la mejor opción que tienen ante sí los sectores populares para acceder a un nivel superior de bienestar material, cosa que se les haría prácticamente imposible bajo el régimen de la lógica capitalista, sobre todo de estirpe neoliberal.

 

Es por eso que se replantea tal debate. Sin embargo, muchos lo limitan a los espacios de sus respectivas organizaciones partidistas, donde todos sus militantes estarían automáticamente de acuerdo, sin dejar lugar a una crítica y a una autocrítica reales que pudieran esclarecer y resolver las deficiencias, las inconsistencias y las contradicciones de las que adolecería la construcción y conceptualización de este nuevo socialismo bolivariano, o del siglo 21. Lo que conspira contra ello es el pragmatismo dominante en los partidos políticos, en los colectivos populares y, destacando por encima de éstos, en las instituciones (viejas y nuevas) del Estado demo-liberal-burgués, como lo denominara muchas veces en sus escritos José Carlos Mariátegui; prevaleciendo en todos el tareísmo, especialmente electoral, sin permitirse crear plataformas innovadoras desde las cuales se puedan anticipar y concretar espacios de protagonismo y participación popular que den nacimiento a una democracia más directa y, por tanto, socialista. Este sería un compromiso largamente diferido con el proceso de revolución patriótico-popular que habría en Venezuela, beneficiando especialmente a aquellos que ocupan y dirigen las diversas estructuras que conforman el Estado demo-liberal-burgués, incluyendo a sus partidos políticos legalmente constituidos.

 

Por supuesto, tal compromiso implica mantener una posición explícitamente subversiva, o subvertora, que demanda -a su vez- no sólo el cuestionamiento radical de todo lo que representa el orden establecido sino también, y fundamentalmente, elaborar una propuesta revolucionaria a ser adoptada, comprendida, compartida y enriquecida por los sectores populares que serán -al fin y al cabo- sus destinatarios y protagonistas principales; aun cuando la misma dinámica política oscile, por ahora, entre la oferta opositora y la oferta chavista, sin que (aparentemente) haya otras en perspectiva.

 

Al mismo tiempo, este compromiso con la revolución patriótico-popular no puede estancarse en resaltar únicamente lo hecho y lo dicho por Hugo Chávez (sin hacerlo a un lado). Tiene que extenderse al rescate y valorización del ideal bolivariano, de la fe popular en el ideal socialista y de la capacidad creadora del pueblo venezolano para asumir el desafío de instaurar un nuevo orden social, económico y político donde su influencia, su cultura, su historia de luchas, sus decisiones y su participación sean elementos insoslayables en todo momento; evitando lo más que se pueda que el pragmatismo (a pesar de sus muchas justificaciones) termine por diluirlos y pervertirlos, haciendo del socialismo revolucionario una verdad relativa, pero jamás una realidad concreta (e inmediata) en Venezuela.-

 

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02/10/2015 17:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA: ENTRE LA REVOLUCIÓN Y LA BURGUESÍA ESTÉRIL Y PARASITARIA

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Según se desprende de su historia, desde la época de Antonio Guzmán Blanco hasta el presente, lo que podría calificarse como burguesía en Venezuela no ha sido más que una burguesía (u oligarquía) parasitaria, estéril y antinacional que poco tendría en común con la existente en otras latitudes, salvo su propensión por obtener ganancias fáciles y cuantiosas. Así, su existencia se debe básicamente a las conexiones establecidas con quienes administran las diversas instituciones del Estado venezolano, ejerciendo un control sobre las leyes y medidas que éstas pudieran adoptar en algún momento, a fin de no afectar sus intereses; intereses que, al mismo tiempo, están ligados a los de las grandes corporaciones transnacionales capitalistas. Esta historia es interesante que se conozca y divulgue, ya que explicaría suficientemente el carácter «capitalista» de la economía nacional, además de lo que ha sido la lucha de «resistencia» que esta burguesía mantiene desde hace años contra un proyecto transformador, revolucionario y nacionalista que, de concretarse en un futuro inmediato, significará darle un mejor y seguro nivel de vida a la amplia mayoría que estuvo largamente excluida del goce de los dividendos obtenidos de la renta petrolera.

Recurriendo a lo escrito en “Venezuela violenta“ por Orlando Araujo, esta burguesía “no es una clase creadora de riqueza como históricamente fue la burguesía en las primeras etapas del capitalismo. Esta clase no imita el capitalismo en Venezuela, es sencillamente la proyección colonial de un sistema capitalista foráneo más avanzado. Su papel es el de un agente de ese capitalismo, su función es intermediaria y su poder económico es derivado de otro fundamental y mayor. Sus ingresos no provienen de una combinación arriesgada de factores de producción sino de una comisión: la comisión del intermediario que compra afuera y vende adentro. No es, pues, una burguesía productora sino una burguesía estéril». Como es fácil de deducir, su ideología está subordinada a los intereses de aquellos que rigen el sistema capitalista global, reflejada en la exigencia de una no intervención del Estado en el orden económico, las prácticas monopolísticas y la demanda permanente de divisas, créditos, exoneraciones y normas legales que vayan siempre en favor de sus objetivos, influencia e intereses como clase dominante; todo lo cual se halla en sintonía con el capital extranjero.

Por ello, apelando a lo puntualizado por Lenin en su obra clásica “El Estado y la Revolución” -y considerando las especificidades de Venezuela-, es fundamental que se actúe con resolución en la transformación de este modelo rentista en que se encuentra esta nación; hace falta que se pase a organizar la gran producción con “los obreros, partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo, basándonos en nuestra propia experiencia obrera, estableciendo una disciplina rigurosísima, férrea, mantenida por el poder estatal de los obreros armados; reduciremos a los funcionarios del Estado a ser simples ejecutores de nuestras directivas, ’inspectores y contables’ responsables, amovibles y modestamente retribuidos (en unión, naturalmente, de técnicos de todas clases, de todos los tipos y grados): he ahí nuestra tarea proletaria, he ahí por dónde se puede y se debe empezar al llevar a cabo la revolución proletaria. Este comienzo, sobre la base de la gran producción, conduce por sí mismo a la ’extinción’ gradual de toda burocracia, a la creación gradual de un orden -orden sin comillas, orden que no se parecerá en nada a la esclavitud asalariada-, de un orden en que las funciones de inspección y de contabilidad, cada vez más simplificadas, se ejecutarán por todos siguiendo un turno, acabarán por convertirse en costumbre, y, por fin, desaparecerán como funciones especiales de una capa especial de la sociedad.”

Esto, que pudiera sonar a utopía para muchos, incluso para quienes se identifican como revolucionarios, pudiera iniciarse bajo el esquema de una economía comunal, estableciendo la propiedad social o colectiva de algunos (por no decir, todos) los medios de producción, salvo los estratégicos que aún, durante algún tiempo que no podríamos precisar, estarán en manos del Estado; dándose cabida a lo que ha de ser la democracia directa, revolucionaria y socialista.-

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02/09/2015 12:13 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA ULTRADERECHA Y SUS “NUEVOS” PLANES DE DESESTABILIZACIÓN

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No causa sorpresa alguna, ni se puede dudar, que la ultraderecha busca reavivar nuevamente sus planes en contra de la estabilidad del país, por lo que sus dirigentes querrán relativizar y normalizar la violencia en todas sus formas, haciéndole creer al mundo que todo esto responde a una reacción espontánea del pueblo como parte de la supuesta descomposición social que se estaría sufriendo ante la situación creada por la especulación, el desabastecimiento programado y el contrabando de productos nacionales hacia la frontera colombo-venezolana.


Esto se haría tratando de inculcar miedo entre los electores e influir en su intención de voto para las elecciones parlamentarias de este año, desde luego, endosándole al gobierno venezolano la falta de un control efectivo sobre la violencia que causarían grupos paramilitares o, más bien, mercenarios, asociados a sus organizaciones partidistas reaccionarias, y haciendo ver que el Presidente Maduro boicotearía estas elecciones, a pesar de sus afirmaciones públicas en cuanto a que éstas se harán en la fecha determinada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), así “llueve, truene o relampaguee”.


Ante este posible escenario, no le quedará más alternativa a las autoridades nacionales y regionales sino redoblar sus esfuerzos a través de permanentes Operativos de Liberación y Protección del Pueblo, de manera que sean detectados a tiempo los grupos que estarían fomentando la violencia al estilo de lo ocurrido desde hace tiempo en Colombia y aspiran someter a la población venezolana a un estado generalizado de inseguridad.


Esto, sin embargo, no debiera quedarse en el papel. Tales operativos tendrían que estar ampliamente respaldadas por todos los sectores sociales en vista que cada uno de ellos es, directa e indirectamente, afectado por las acciones violentas y delictivas de los grupos de la oposición, por lo que no se puede desconocer el origen y el propósito de las mismas, aun cuando otros (ubicados en el bando opositor, se entiende; pero sin descartar a otros supuestamente revolucionarios o chavistas) prefieran aprovecharse de la ocasión para acusar al gobierno nacional, una vez más, de estar violando los derechos humanos, en una presunta escalada hacia el fascismo, sin tomar en cuenta que tales derechos son violados por aquellos que procuran repetir el formato de la para-política colombiana a través de asesinatos supuestamente aislados o circunstanciales, además de las güarimbas.


Adicionalmente, sería oportuno determinar si, en el contexto venezolano, cabe hablar aún de paramilitares, en vista que -como lo define el antropólogo y sociólogo mexicano Gilberto López y Rivas en su artículo “Paramilitarismo y contrainsurgencia en México, una historia necesaria”, publicado en www.telesurtv.net, “los grupos paramilitares son aquellos que cuentan con organización, equipo y entrenamiento militar, a los que el Estado delega el cumplimiento de misiones que las fuerzas armadas regulares no pueden llevar a cabo abiertamente, sin que eso implique que reconozcan su existencia como parte del monopolio de la violencia estatal. Los grupos paramilitares son ilegales e impunes porque así conviene a los intereses del Estado. Lo paramilitar consiste, entonces, en el ejercicio ilegal e impune de la violencia del Estado y en la ocultación del origen de esa violencia”. Algo que se ha evidenciado profusamente en México y Colombia, del mismo que ocurriera en Venezuela y el cono sur del continente entre las décadas de los 60 y los 90 del siglo pasado. Éste no sería, al menos hasta donde se conoce, el caso actual de Venezuela, por lo que el término más exacto a utilizar sería, más bien, el de mercenarios, dado que la mayoría de quienes actúan bajo esta modalidad para-política (siguiendo lo impuesto) sirve en la guerra a un poder extranjero (léase, sectores reaccionarios, nacionales e internacionales) a cambio de una paga o remuneración por sus servicios.-


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27/08/2015 13:10 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS OTROS SUJETOS DEL CAMBIO REVOLUCIONARIO

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Para reforzar y ampliar las potencialidades del proyecto transformador de la revolución bolivariana en Venezuela, lo ideal sería fomentar el surgimiento de novedosas formas de organización popular, que reflejen la idiosincracia heterogénea del pueblo venezolano, siendo ésta -como lo es- producto del entrelazamiento étnico que hubo en este territorio luego de la invasión europea y la importación forzada de negros africanos esclavizados. Esto, además, contribuiría a desarrollar una identidad popular completamente diferente a aquella que quiso imponerse bajo los parámetros desarrollistas y reformistas que prevalecieron en el país durante los cuarenta años del régimen bipardista surgido del Pacto de Punto Fijo. Esto llevaría a replantearse, ineludiblemente, marcos teóricos que sirvan de orientadores respecto a las situaciones, tensiones y contradicciones surgidas en el camino transitado hasta ahora, proclamando la necesidad histórica del socialismo revolucionario, pero curtido y abonado con las experiencias extraidas del devenir venezolano.

 

Ello ha de conducir -aún sin quererlo- a un cuestionamiento y desplazamiento radical de la universalización del mercado y de la lógica capitalistas, las que han demostrado ser las causas de la problemática generalizada y los conflictos que aquejan a los pueblos en todo el planeta; incluyendo en esto la realidad y vigencia del Estado-nación, ya que ambos elementos están imbricados de tal modo que es difícil separar a uno del otro. De hecho, se debe objetar todo lo referente a estos elementos característicos del modelo de civilización actual, entendiendo de antemano que los mismos no son totalmente uniformes, pese a sus raíces comunes, sobre todo en las naciones de nuestra América.

 

Al mismo tiempo, aunque existan marcadas deficiencias teóricas respecto a cómo lograr una transición segura y enmarcada en un proyecto de revolución real, los excluidos y humildes (aquellos que sólo han servido para enriquecer a una minoría y encumbrar a unos oportunistas y demagogos en el poder) con todo lo que ello implica en su contra, podrían convertirse en sujetos del cambio revolucionario, configurando así una nueva situación desde la cual plantearse -en el terreno económico y productivo- una lucha de resistencia frente al sistema capitalista existente, excediendo la vigencia e influencia del sistema de partidos políticos. Para muchos, esto representaría una vuelta a la utopía que tanto combatieran en el pasado los seguidores del materialismo histórico, sin embargo, es una opción que abre posibilidades de engendrar algo más que la simple satisfacción de una necesidad política o material coyuntural; llegando a promover formas de propiedad social/comunitaria que allanen el camino hacia un modo de vida radicalmente distinto, basado en principios de reciprocidad, redistribución y/o autoabastaecimiento. Una buena oportunidad la ofrecen las comunas y los consejos comunales, si se les diera -sin disminuir el paso- esa visión revolucionaria de ir sustituyendo las estructuras y las relaciones de poder vigentes; transformando (a pesar de los remanentes de democracia representativa que todavía subsisten) la concepción que se tiene de la democracia participativa y protagónica a una de mayor significación y efectividad: la democracia directa.

 

Por tal motivo, es imprescindible generar enclaves de poder soberanos y subversivos del orden establecido, lo cual tendrá que ser acompañado por nuevos valores individuales y colectivos que moldeen esa nueva cosmovisión enraizada en lo que se es, y se ha sido, históricamente como pueblo, en constante lucha por mejores niveles de vida, la igualdad social y la soberanía popular, entre otras aspiraciones legítimas, que den nacimiento a un nuevo tipo de modelo civilizatorio donde no sólo se restituya la dignidad de los seres humanos sino que sea restituida también su relación armónica con la naturaleza que lo sustenta.-

 

 

 

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17/08/2015 21:05 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

REQUERIMIENTO DE UNA ANTIÉLITE GENERACIONAL E IDEOLÓGICA

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Vivo Hugo Chávez, en Venezuela algunos de los revolucionarios que lo respaldaran quisieron que éste acelerara los cambios que, según su parecer, serían necesarios para consolidar y profundizar lo iniciado en lo económico, lo político y lo social desde 1999, especialmente lo que contenía el paquete de leyes generadas por medio de la Ley Habilitante que, entre otras legislaciones relevantes, incluyó la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la Ley de Pesca, la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas, la Ley General de Puertos y la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario; con las cuales empezó a delinearse una nueva realidad en el país, al mismo tiempo que escandalizaron a los sectores tradicionalmente dominantes, viéndose afectados en sus intereses. En algunos casos, esto los llevó a entablar -prácticamente- un enfrentamiento con el mismo Chávez, sobre todo en el campo electoral, al postular candidaturas opuestas a la línea oficial.

Es fundamental tener en cuenta que se impone cambiar en Venezuela no sólo ciertas formas políticas o económicas tradicionales, sino la forma de vivir y de entender la vida, con una visión multidimensional que dé vigencia real y duradera al socialismo bolivariano, o del siglo 21, del cual hablara siempre Hugo Chávez; yendo a la raíz de los problemas y no sólo a los síntomas. Por esto es imprescindible recuperar la voluntad y la tarea revolucionaria de construir unos nuevos valores y unas nuevas formas de organización sociales que reemplacen los valores hegemónicos y las instituciones vigentes sobre los que se ha erigido el modelo civilizatorio actual, reactualizando la necesidad histórica de la utopía subversiva. No son suficientes las pequeñas mejoras en materia de participación política, de legislación laboral o educativa, de vivienda o de salud, mientras el Estado y, con él, el modelo civilizatorio que le acompaña, no sean totalmente cambiados, privilegiándose la democracia directamente ejercida por una mayoría consciente y organizada.

De allí que se imponga el requerimiento del surgimiento -de ser posible, simultáneo- de una antiélite generacional y de una antiélite ideológica que puedan asumir, con la responsabilidad histórica que les corresponde, el estudio, la conducción y la orientación del proceso revolucionario emprendido en este país, de modo que haya un salto cualitativo que facilite la transición esperada mediante la instauración de paradigmas alternos que nazcan de una praxis formativa realmente revolucionaria; así como de nuevas estructuras autónomas, comunitarias y ecológicas que perfilen un nuevo Estado (hasta donde éste aún sea necesario) y un nuevo modelo civilizatorio, evitando la implantación imitativa de ideas y experiencias ajenas a la realidad particular venezolana, sin que ello signifique caer en un chovinismo trasnochado.

Tocará entonces a esta antiélite generacional e ideológica promover cambios, incluso al margen (y en contra) del Estado y del marco legal ahora vigentes. Cambios que podrán sustentarse en un mutualismo autogestionario, de un modo semejante al de las antiguas civilizaciones aborígenes de nuestro continente. Esto les permitirá convertirse en referencia de otros grupos que, al igual a ellos, exigen resolver satisfactoriamente las contradicciones e incongruencias contra las que se lucha y son herencia del viejo orden establecido.

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03/08/2015 14:58 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿QUÉ CAMBIARÍAMOS EN VENEZUELA: AL GOBIERNO O AL SISTEMA?

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Con los acontecimientos en pleno desarrollo, como diría el periodista y analista Walter Martínez cada noche en su programa televisivo Dossier, plantear una solución viable e inmediata ante el actual escenario económico venezolano es algo que se antoja difícil de hacer. Muchos economistas y analistas coinciden en la necesidad de aplicar medidas contundentes que frenen la ola especulativa, el contrabando de extracción y el acaparamiento de diversidad de productos de consumo masivo, pero éstas se estrellan ante la aparente imposibilidad de aplicarlas con los resultados esperados, dada la maraña de corrupción existente en diferentes niveles, incluyendo empresarios, autoridades civiles y militares, sin dejar a un lado lo propio de los sectores populares que se han sumado a la misma como manera fácil e inmediata de obtener ganancias y/o de mercancías necesarias para sus hogares. La situación, sin embargo, revela algunas incongruencias en la construcción de un modelo económico alternativo al capitalismo, incongruencias que surgen en vista que -básicamente- toda la estructura económica del país tiene su soporte principal en la renta petrolera, lo cual ha permitido que exista una "burguesía" parasitaria o bodeguera que naciera a la sombra del Estado.


Como lo resume el economista argentino Claudio Katz en su artículo Las batallas de Venezuela, "el proyecto socialista implica saltar el escalón inicial de reformas que introdujo el chavismo, para diversificar la economía, modificar la gestión del Estado y reducir la atadura a la factura petrolera. El logro de esas metas exige erradicar los privilegios de la burguesía". Esta sencilla reflexión recuerda lo afirmado en su momento por el Presidente Hugo Chávez en el Plan de la Patria: "No nos llamemos a engaño: la formación socio-económica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo".

 

Con esto presente, quienes le han relevado en la conducción del proceso revolucionario y del Estado debieran entender que no bastan las fórmulas populistas para acabar y reemplazar el sistema capitalista en Venezuela. Hace falta, como lo expuso Chávez en la introducción de dicho Plan, "un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política".

 

Por eso la pregunta a responder sería más bien, ¿qué cambiaríamos en Venezuela: al gobierno o al sistema? A la oposición le resulta más cómodo hablar de cambio de gobierno y de fracaso del modelo económico, a sabiendas que el mismo es, fundamentalmente, capitalista. Para el gobierno, la tarea tendría que ser la de impulsar una verdadera transformación estructural en el campo político y económico, de modo que existan esas nuevas formas de gestión pública de las cuales habló Chávez y sean modificadas las relaciones sociales de producción. Para los sectores populares -comprometidos con la subversión del orden existente- es la oportunidad de cuestionar y transformar radicalmente todas las estructuras que distinguen al modelo societario o de civilización imperante en Venezuela, desnudando sus verdaderos intereses e ideología, es decir, los mismos intereses e ideología que legitiman a la clase y los grupos dominantes.-

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03/08/2015 14:35 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA "GRANDEZA PATRIÓTICA" DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

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Ajustada a un guión de mentiras preestablecido, con el que persigue disminuir el efecto causado por sus innegables acciones desestabilizadoras entre la opinión pública, sobre todo exterior, la oposición venezolana no deja de ser noticia. De una u otra forma, sus representantes se hacen notar, ya sea a través de matrices de opinión difundidas en todos los medios de información que están a su entera disposición, con sus actitudes y mensajes abiertamente fascistoides, además de la violencia callejera con que intentan intimidar al pueblo, o lo más cumbre de su comportamiento, con el desprecio reiterado a todo aquello que simbolice de algún modo positivo un sentimiento patriótico.


Esto último no es cuento. Es una verdad verificable. La oposición siempre ha mostrado un desdén por los símbolos patrios, a tal punto que la Bandera tricolor sufrió una alteración de sus colores tradicionales, reemplazándose su azul por el negro, y colocándola en forma invertida para, aparentemente, manifestar su protesta contra el régimen que, según su mentalidad de clase, está acabando con los derechos del pueblo; negándose a aceptar la inclusión de una octava estrella, tal como lo solicitara Simón Bolívar y lo cumpliera el pueblo de Venezuela bajo el liderazgo de Hugo Chávez. Otro tanto ocurre con el término Patria, ahora revestido de una connotación más apropiada y más sentida que en el pasado, igualándolo con la necesidad de adquirir papel higiénico y otros productos de consumo masivo, acaparados, justamente, por quienes le siguen el juego a la oposición, sin considerar sus efectos nocivos a largo plazo en el país.


Y si le sumamos a esta breve relación de la "grandeza patriótica" opositora el hecho histórico terrible del 12 de abril de 2002, cuando arrumaron el cuadro del Libertador Simón Bolívar en un baño del palacio de gobierno de Miraflores sólo porque el Presidente Hugo Chávez lo situara en un lugar de honor, como merece estarlo siempre, y lo catalogara de ser el inspirador fundamental del proyecto transformador e ideológico que, desde 1999, adoptaron y han defendido los sectores populares venezolanos. Esto sería la guinda del pastel, como se dice, pero no ha sido así. Nuevamente, con su torpeza característica, la oposición se anota otro punto en eso de mantenerse vigente mediáticamente. Esta vez haciéndole comparsa a las intenciones gringas cuando Obama dió a conocer su decreto ejecutivo sobre Venezuela, calificándola de ser una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad y los intereses de Estados Unidos. Quizás sus máximos representantes pensaron en la inminencia de una invasión gringa que desalojara a Nicolás Maduro de la presidencia y les sería traspasada a ellos como garantes de la "pax" imperial y de la vuelta al pasado en territorio venezolano.


Hasta allí podría limitarse el expediente de actitudes y acciones que nos hablan de la "grandeza patriótica" de la oposición. Sin embargo, tal parece que su objetivo final es derruir por completo todo lo que cause orgullo entre quienes se consideran patriotas, ridiculizando a los próceres que identifican la gesta independentista, sin que haya una medida contundente de las autoridades para impedirlo. Como puede deducirse fácilmente, a la oposición no la motiva sino su mezquina ambición de poder. Si para satisfacerla tiene que lamer los zapatos de los poderes fácticos del imperio gringo, lo hará sin mostrar ningún empacho.

 

No en balde, durante cuarenta años sus "prohombres" del Pacto de Punto Fijo se amoldaron sin remilgos a la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos y fueron capaces de mantener una política oficializada de hambre, miseria y represión, sin que ninguna jerarquía eclesiástica u organismo internacional condenara en algún momento la barbarie encubierta instaurada en Venezuela. Así que la oposición, al reivindicar este pasado nefasto para los sectores populares, no podría asumir otra condición distinta a la exhibida hasta ahora, es decir, ésa que surge de la contrahistoria y le hace ir contra la corriente, a pesar de todos sus errores.-

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27/07/2015 13:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN Y EL PAVOR ATÁVICO DE LA BURGUESÍA

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   Para alguien cuerdo en Venezuela u otra nación de este planeta, resultaría incomprensible y hasta extravagante el comportamiento disociado y la intolerancia extrema de la oposición venezolana (expresada en un discurso clasista y racista que los lleva a ignorar -tajantemente- la existencia de los sectores populares que eligieron a Chávez y a Maduro), cuando sus propósitos estarían apuntando a la conquista del poder constituido. Sus máximos representantes, tanto los que se hallan en el territorio nacional como aquellos que disfrutan de un auto-exilio dorado en el extranjero, principalmente Miami, han instigado sabotajes de servicios públicos, boicot económico, atentados terroristas, financiamiento de bandas de agitadores, asesinatos selectivos de dirigentes chavistas destacados, y desmoralización mediática, entre otras cosas, en un raro intento por captar la voluntad del pueblo y así lograr la meta que se han trazado de acabar con el proceso de revolución bolivariana, iniciado bajo el liderazgo del Comandante Hugo Chávez.

     En algunos casos (verificables, sobre todo en las redes sociales), hacen gala de un sifrinaje político con el cual parecen auto-congraciarse, queriendo demostrar una superioridad racial y social, remedando anacrónicamente a los mantuanos, sus antecesores de la época colonial, creyéndose estar por encima de la mayoría de la población, a la cual someten a todo tipo de insultos y descalificaciones. Esto los ha conducido a juzgar que sus intereses particulares son los mismos de la mayoría, además de estar revestidos de una inmunidad absoluta ante la aplicación de las leyes, de modo que cualquier acción del Estado para que paguen por los delitos cometidos (incluyendo un golpe de Estado mediante el cual quedaron abolidos todos los derechos constitucionales establecidos, violencia callejera, destrucción de edificaciones y vehículos públicos) es automáticamente desacreditada, culpándose al gobierno chavista de violar sistemáticamente los derechos humanos y de acosarlos y encarcelarlos por disentir de su ideología política.

     Por eso, cuando Chávez empezó a cambiar la correlación de fuerzas existente en el país, aplicando una redistribución de la riqueza social generada por la renta petrolera, sonaron las alarmas de la burguesía, una burguesía que a todas luces siempre ha sido parasitaria, obteniendo y asegurando su fortuna gracias al contubernio sostenido con los diversos gobiernos del pasado, además de su empalme con los intereses imperialistas de Estados Unidos. Como bien lo reconoce David Frum, en su artículo Venezuela: ¿abandonará el chavismo?: “Venezuela tiene una amarga historia nacional, y nadie había sido mejor vocero de los resentimientos y anhelos de sus clases subordinadas que Hugo Chávez. En una nación cuya élite históricamente parecía europea, el rostro de Chávez proclamaba su ascendencia indígena y esclavos africanos. Él bromeaba, se enfurecía, le concedía favores a los barrios y se hizo enemigo de las tradicionales clases altas”.

   Tal cosa era, y es, demasiado de soportar para una clase social que poco se involucraba directamente en la política y escasamente llegó a preocuparse por la suerte que corrieran sus "compatriotas" marginales. Máxime al oír de Chávez que se iniciaba en este país una revolución bolivariana, de carácter socialista, que les hizo revivir en esta burguesía parasitaria las viejas consignas anticomunistas de la Guerra Fría con que se atacaba a Cuba y a la URSS, destapando miedos atávicos que la impulsaron a respaldar alegremente el derrocamiento del gobierno en 2002. De ahí en adelante, ella activaría todo mecanismo de desestabilización diseñado por sus mentores gringos; a lo que se agrega el estrangulamiento y acoso económicos con que busca soliviantar, precisamente, a los sectores populares que tanto desdeñan. Hasta ahora, sus representantes se han mantenido en ese trance, absortos en su mundo de irrealidades, aún cuando manifiestan sus intenciones de participar en las elecciones parlamentarias que se realizarán este año, al mismo tiempo que acusan al CNE de fraude electoral, en una paradoja que no parece importarles mucho.-

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17/07/2015 12:44 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

TRES FRENTES FUNDAMENTALES PARA LOGRAR LA REVOLUCIÓN

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 Una medida revolucionaria de gran impacto en la coyuntura actual de Venezuela sería profundizar la organización popular a través de los consejos comunales, las comunas, los colectivos sociales, los sindicatos, los consejos de trabajadoras y toda otra forma de estructura político-territorial popular que surja, o haya surgido, al calor de la lucha revolucionaria, en tres frentes fundamentales: 1) El control directo de los medios de producción, modificando radicalmente las relaciones de producción y el sistema económico capitalista. 2) La constitución de un nuevo Estado, reemplazando las relaciones de poder vigentes mediante la práctica de la democracia directa. 3) La formación de una nueva ética político-ecológica, en función de los intereses colectivos, sin que ello signifique restringir la singularidad de las personas, la pluralidad y el debate del pensamiento, incluyendo las controversias que ello podría generar.


Esto debiera impulsarse mediante un amplio programa revolucionario que sea enriquecido, sin sectarismo alguno, por aportes provenientes de diversidad de corrientes ideológicas, al margen del escenario electoral clásico, bajo la comprensión que sin un poder popular organizado y consciente no habrá revolución posible. En este sentido, la consolidación de la movilización popular, lo mismo que la cristalización del proceso de concienciación al cual se debe todo revolucionario, tiene que materializarse en el fortalecimiento del poder de los sectores populares frente a las instituciones y estructuras que caracterizan al Estado liberal-burgués. Ella sería una vía apropiada para desmantelar la influencia perniciosa de la burocracia político-corporativa que administra el Estado, entendiendo que sus intereses son antagónicos al poder popular.


A la par de ello, habría que proponerse la construcción de una economía y de una producción social que, en un primer momento, sirvan para construir y asegurar, de manera verificable y constante, la soberanía alimentaria y la soberanía productiva que requiere el país, con lo cual se vencerían todas las estrategias implementadas por la contrarrevolución (externa e interna) para ahogar la economía nacional y, en consecuencia, impedir la estabilización definitiva de la revolución. En este caso, se impone la necesidad de desplegar modelos de desarrollo territoriales o comunales, con énfasis en el crecimiento agroecológico y la transferencia -incluso- de aquellas empresas socio-productivas en manos del Estado, donde se ponga en práctica esa nueva ética político-ecológica que debe distinguir el nuevo modelo civilizatorio por construir.


Si -como afirma la oposición en Venezuela- el escenario de transición post-chavista está montado, gracias a la campaña de desinformación generada con apoyo extranjero, los ataques de la derecha internacional, la corrupción administrativa, el desabastecimiento, la especulación y el contrabando continuados de diversidad de productos de consumo masivo; los sectores revolucionarios están obligados a fijarse una estrategia que resulte eficaz y pueda ser compartida por la población venezolana.


Como lo refiere Gramsci, "la particular cuestión del malestar o bienestar económico como causa de nuevas realidades históricas es un aspecto parcial del problema de la correlación de fuerzas en sus varios grados. Pueden producirse novedades, ya porque una situación de bienestar quede amenazada por el nudo egoísmo de un grupo adversario, ya porque el malestar se haya hecho intolerable y no se vea en la vieja sociedad ninguna fuerza capaz de mitigarlo y de restablecer una normalidad con medios legales. Por tanto, se puede decir que todos esos elementos son manifestación concreta de las fluctuaciones de coyuntura del conjunto de las correlaciones sociales de fuerza, en cuyo terreno se produce el paso de esas correlaciones sociales a correlaciones políticas de fuerza, para culminar en las correlaciones militares decisivas”. Esto implica superar el tareísmo y la militancia administrada, de manera que no existan frenos que obstaculicen el avance y la consolidación del poder popular, dando lugar al surgimiento de un tejido social que, a la larga, terminará por afectar la lógica capitalista en detrimento de la hegemonía ejercida por la clase dominante; siendo ello el objetivo primordial de la revolución.-

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16/07/2015 17:40 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL PUEBLO PARECE ESTAR MEJOR DEFINIDO

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Si se pudiera extraer algo relativamente positivo de la posición sostenida durante década y media por la gente que desea destruir los avances sociales, políticos, culturales y económicos que prefigurarían la realización plena de la Revolución Bolivariana Socialista en Venezuela, sin duda alguna, ésta se comprendería y se incorporaría como un elemento más a esta lucha transformadora. Sin embargo, hasta ahora lo que ha dejado traslucir la oposición es una irracionalidad extrema que apenas permite plantearse el asumir como propia alguna de sus «propuestas democráticas».

Al contrario de lo que pudiera ser «su» proyecto de país, la oposición sólo ha mostrado un odio de clase, racista y fascista en muchos casos, que poco tendría que envidiarle al existente en Estados Unidos y Europa; siendo en consecuencia una mácula que pareciera más bien traspasarse de generación en generación desde los tiempos de la colonia española, a pesar de las consecuencias igualitarias de la guerra de independencia y de las guerras civiles que acá ocurrieron durante gran parte del siglo XIX e inicios del siglo XX. Una realidad que resulta completamente distinta entre los sectores populares, quizás debido a la persistencia de la ideología de los sectores hegemónicos que les hizo no tener conciencia de clase o, sencillamente, al hecho de no albergar en su ser íntimo resentimiento alguno, a pesar de la explotación, la opresión y la discriminación de las cuales fueran víctimas por largo tiempo.

Tal cosa no ocurre con el programa de cambio presentado originalmente por Hugo Chávez a los venezolanos, donde la creación y existencia del poder popular constituye un elemento medular y, por tanto, difícil de extirpar. Recogiendo, consolidando y, por supuesto, ampliando lo que allí propone Chávez, se podrían recuperar el estímulo y los compromisos que requiere el pueblo para avanzar decididamente en la construcción socialista de un nuevo orden social, político y económico en Venezuela basado en una nueva concepción del socialismo revolucionario; evitándose así la eventualidad nada improbable que todo colapse y sea restituido el viejo orden puntofijista, con predominio de una élite burocrático-capitalista eminentemente neoliberal, vinculada a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales que rigen el sistema capitalista global.

Así, entre quienes ejercen el poder en nombre del chavismo y aquellos que representan a las cúpulas tradicionales, muy escasamente se ha hecho para romper la polarización que podrían éstos representar mediante una alternativa política válida que contribuya a dinamizar -sin demagogia- el avance revolucionario popular. En cuanto a ello, alguien podría oponer el argumento que existe una diversidad de organizaciones partidistas en lo que se considera el chavismo, pero ello no es suficiente, dada la hegemonía ejercida sin resistencia por el Psuv; cuestión que se observa en cada proceso electoral y que escasamente permite afrontar los desafíos de la oposición de una manera contundente.

En medio de ambos extremos, los sectores populares parecen estar mejor definidos en cuanto a mantener el rumbo trazado desde 1999 por Hugo Chávez. Esto confunde a propios y extraños, cayendo en una lectura demasiado simple de la realidad venezolana; lo que obligaría a adoptar entre los estudiosos de este tema una nueva forma de abordarlo, hurgando en su historia profunda, aquella que está enlazada, de una forma u otra, con las luchas que tempranamente se desarrollaron en el territorio nacional contra los primeros invasores europeos y que se extienden hasta nuestros días.-

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02/07/2015 12:40 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

PEDRO CAMEJO Y LA IGNORANCIA DE LA HISTORIA

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El interés y el conocimiento de la historia están por encima de cualquier ideología y conveniencia política. Por ello, es inaceptable que algunos pretendan imponer a otros su ignorancia y desprecio de la historia, escudándose tras el pueril argumento que vivimos nuevos tiempos y, por lo tanto, que no existe conexión alguna entre el pasado y el presente que nos motive a estar recordando acontecimientos y personajes que jamás conocimos, como lo hiciera saber el presidente Obama en la última Cumbre de las Américas celebrada en Panamá.

Esto se pudo observar en redes sociales en la ocasión del traslado y siembra de los restos simbólicos de Pedro Camejo, el Negro Primero, al Panteón Nacional. Algunas personas hicieron gala de su ignorancia y hasta dieron muestras innegables de racismo, a tal punto que acusaron al Presidente Nicolás Maduro de desviar la atención del pueblo venezolano en relación a la problemática que se padece en el ámbito económico-productivo, resaltando especialmente lo que sucede con la especulación, el contrabando y las colas sin control en gran parte del país. Tales muestras son, sin duda, resabios de la cultura colonial, la misma que los avatares de la independencia y las sucesivas guerras civiles que se produjeron en Venezuela durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XIX no pudieron extirpar del todo y que en la actualidad exhiben sin rubor aquellos que se oponen tercamente a reconocer el derecho de los sectores populares a un mejor nivel de vida y de democracia participativa.

Lo positivo de todo el revuelo causado por la decisión del Presidente Nicolás Maduro, es que Pedro Camejo obligó a muchos conocedores de la historia a replantearse su significado histórico y hasta se podría afirmar también que su significado sociológico, al igual que el de otros hombres y mujeres de su condición que comenzaron a ser reconocidos por todos en Venezuela gracias al Presidente Hugo Chávez. En el caso de Negro Primero es algo muy significativo, pero hay que aclarar también que Camejo no fue el único oficial negro del Ejército Libertador, como se ha pregonado en algunos medios de información, pues sería desconocer que hubo otro, de igual origen llanero, arrojo y patriotismo, como lo es el Coronel Juan José Rondón, héroe destacado de la batalla de Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819, a quien Simón Bolívar apreció mucho y cuyos restos se encuentran en el Panteón Nacional desde el 25 de agosto de 1896.

Este acontecimiento es, por consiguiente, un justo y merecido reconocimiento a los hombres y a las mujeres del pueblo que esparcieron su sangre en los campos de batalla y en las calles de nuestras ciudades en lucha por una plena igualdad y libertad, además de una mayor participación democrática, para todos y no de forma mezquina para una minoría, como lo pretendieron algunos en el pasado y aún siguen pretendiendo otros en el presente, sin considerar que mucho de lo que disfrutan en la actualidad se debe al esfuerzo y a la voluntad de quienes tanto han despreciado; como el Negro Camejo.-

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26/06/2015 16:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA URGENCIA DE UNA VOLUNTAD POLÍTICA PARA VENCER EL ASEDIO ECONÓMICO

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Gracias al asedio impuesto por el sector privado de la economía, jugando una peligrosa estrategia desestabilizadora con que persigue destruir el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, se impone la necesidad —digamos, con carácter de urgencia— que sean los trabajadores y las diferentes organizaciones del poder popular quienes asuman tareas de control directo de la producción, la distribución y la comercialización de los productos de consumo masivo. Esta tarea tendría que estar, por supuesto, ampliamente respaldada por las diversas instituciones del Estado, a fin de reducir y dominar los efectos nocivos que tal asedio estaría ocasionando sobre la población, gran parte de la cual se ha visto obligada por las circunstancias a hacerse partícipe (y en algunos casos, cómplice) de la cadena de especulación, contrabando y acaparamiento que se ha extendido, prácticamente, a todo el país, complicando aún más las cosas.

Se requiere, por consiguiente, de una voluntad política por parte del estamento gobernante que sea determinante para facilitar la aplicación de mecanismos legales que contemplen la corresponsabilidad del poder popular organizado en esta materia. Esto debe expresarse en un mayor nivel de compromiso revolucionario de todos para que se impida que los grupos minoritarios de la oposición continúen distorsionando el panorama económico nacional y logren finalmente sus objetivos desestabilizadores. De igual modo, es preciso que esta corresponsabilidad no se halla subordinada a intereses sectarios o de segundo orden, en momentos que la derecha internacional enfila sus baterías hacia Venezuela con la clara intención de propiciar la realineación de las fuerzas antichavistas internas.

Además, hay que tener en cuenta -como lo apunta el economista argentino Claudio Katz en artículo de su autoría, Las batallas de Venezuela- "el modelo económico actual permitió grandes mejoras populares, pero no transformó la estructura improductiva, ni permite afrontar los desequilibrios actuales. La confrontación por el destino de la renta petrolera es la causa de las tensiones cambiarias y la conducta de los capitalistas impide gestar una economía industrializada". En este sentido, existe una brecha muy importante entre lo político y lo económico que no se ha cerrado, cuestión que no ha sido abordada con la suficiente determinación para transformar realmente el aparato productivo y las relaciones de producción al modo socialista; lo que también ha incidido en el desconocimiento popular respecto a quiénes son los verdaderos responsables de lo que sucede con esta "guerra económica".

Por supuesto, esta tarea compartida entre las autoridades, los trabajadores y las diferentes expresiones del poder popular no es nada fácil. Ella tiene que ser manifestación de una conciencia revolucionaria y social plena, de forma que se entienda que si no se actúa a tiempo y con la contundencia requerida, podría acelerarse (sin ánimo fatalista) el eventual desgaste de todo lo que implicaría la construcción real del proyecto revolucionario bolivariano.-

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22/06/2015 18:16 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

NUESTRA PELEA SIGUE SIENDO LA MISMA

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Los revolucionarios y chavistas no debemos olvidar que nuestra pelea sigue siendo contra los sectores oligárquicos del país, los mismos que en el pasado hicieron todo lo posible por disminuir la dignidad del pueblo venezolano y que ahora, con el bachaqueo, la desaparición y la especulación abusiva de productos de primera necesidad, han buscado estimular entre toda nuestra población la descomposición y desaparición absoluta de los valores revolucionarios y morales enarbolados por el Comandante Hugo Chávez.

 

Así, frente a la situación de constante asedio que se ha desatado contra el proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, los revolucionarios y chavistas no podemos cruzarnos de brazos, viendo cómo el cinismo de la oposición procura imponerse a través de las colas de los consumidores, cayendo en la trampa de creer que todo lo que ocurre en el orden económico y productivo se debe exclusivamente a la ineficiencia y la corrupción de las autoridades nacionales.

 

Con esto último, los opositores mantienen una estrategia de largo alcance, obligando al gobierno de Maduro a estar enfrentando a tiempo completo coyunturas de todo tipo, sin mucho margen para dedicarse a cumplir con su mandato constitucional; a lo que se añade la campaña mediática incesante de la derecha internacional y las acusaciones recurrentes del gobierno de Estados Unidos y países de Europa respecto a la presunta violación de los derechos humanos en nuestro país, desconociéndose todo lo hecho hasta ahora por quienes se dicen "presos y perseguidos políticos del régimen".

 

Por tales motivos, los revolucionarios y chavistas debiéramos enfocarnos en la defensa a ultranza del proyecto de revolución bolivariana para lo que se hará necesario emprender acciones radicales que contribuyan a disminuir -en corto y mediano plazo- el clima creado por los sectores económicos y comprender que toda esta situación tiene un claro objetivo político como es el de facilitarles la victoria a sus candidatos en las elecciones parlamentarias a celebrarse este año. Y esta comprensión debe abarcar el papel jugado por las distintas organizaciones partidistas del chavismo en la promoción y desarrollo del poder popular, por cuanto su misión principal debiera manifestarse en todo momento en el desmontaje simultáneo de las estructuras políticas del Estado burgués-representativo y de las estructuras de explotación económica del régimen capitalista.-

 

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19/06/2015 14:49 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN COMO EXPRESIÓN CONSTANTE DE RESISTENCIA

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Para enfrentar con éxito las tramoyas de la contrarrevolución y hacer irreversible la transición hacia el socialismo revolucionario en Venezuela, se hace necesario que los sectores populares creen redes de organización propias, dotadas de una autonomía suficiente -tanto en el sentido político como en el sentido económico- que les permita asumir un papel protagónico preponderante en la institución de un nuevo Estado, de un nuevo modelo económico y de un nuevo tipo de sociedad. Aunque habrá voces en contra (producto, básicamente, de la hegemonía ideológica capitalista), se debe insistir en ello, toda vez que sin el pueblo cualquier cambio estructural que se plantee realmente podría sufrir desviaciones y, eventualmente, obstáculos que lo harían algo imposible.


Esto nos hace rememorar lo dicho por el Comandante Hugo Chávez en 2006 en Barquisimeto, cuyas palabras mantienen total vigencia ahora: “La Revolución verdadera no es la de los fusiles, sino la de las ideas, la del estudio; ¡profundicemos la revolución moral!, ¡avancemos en la revolución social para que todos seamos iguales!, ¡potenciemos la revolución económica para que todos podamos vivir dignamente!”. Son tres los aspectos que resalta Chávez, todos unidos y orientados a asegurar que sean los sectores populares quienes finalmente dirijan, ejecuten y delineen los objetivos a cumplir por la Revolución Bolivariana, gracias a su participación y protagonismo permanentes. Logrados tales aspectos -fundamentales desde todo punto de vista- será posible transformar de una forma radical las relaciones de poder y de producción actualmente existentes, las mismas que soportan el modelo de sociedad basado en el auge del capitalismo; razón por la cual todas las luchas populares tendrían que enfocarse hacia su sustitución y demolición absolutas. Tal cosa hay que ubicarla -forzosamente- en una lucha de clases que ha de partir del carácter revolucionario que se le imprima, más aún si ésta se enmarca en la construcción del socialismo bolivariano.


Toca, por tanto, conseguir que la teoría revolucionaria del socialismo bolivariano sea ampliamente difundida, debatida y enriquecida con sus aportes prácticos y teóricos por los sectores populares organizados, confrontando la realidad de las cosas y tensionando, incluso, sus relaciones con el poder constituido. No debe ser un simple ejercicio retórico sino causa y efecto de ese deseo ancestral de alcanzar una emancipación integral, en este caso particular, de cada venezolano, al mismo tiempo que se refuerza y se sustenta el concepto de soberanía nacional. Debe ser expresión constante de resistencia y de cimarronaje frente a las pretensiones hegemónicas del capitalismo internacional, tomando en cuenta que Venezuela representa una presa codiciada por las grandes corporaciones transnacionales, por lo que no es simple casualidad la serie de ataques mediáticos emprendidos, primero, contra el gobierno de Hugo Chávez y, en la actualidad, contra el de Nicolás Maduro; divulgándose en todos los medios de información controlados por la derecha local y extranjera situaciones inexistentes que buscan explotar el malestar creado entre la población por los mismos que diariamente denuncian la ineficacia y el fracaso gubernamentales, además de una violación de los derechos humanos que sólo tiene lugar en sus mentes disociadas y en los informes emanados del gobierno imperialista de Estados Unidos.


Es cosa fácil decirlo, ciertamente, pero en todo ello radica la posibilidad de triunfo y de consolidación del proyecto emancipatorio de la Revolución Bolivariana. Quienes están al frente de las diferentes instituciones del Estado tendrían que contribuir a que esta meta pueda cumplirse en un corto plazo, acelerando los cambios revolucionarios que cada uno pueda propiciar desde los cargos que ejercen. En combinación con las organizaciones del poder popular, éstos harían más efectiva y palpable la acción revolucionaria en todos los órdenes de la vida social, lo que implicaría entonces el avance seguro de la Revolución Bolivariana con tinte socialista.-

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13/05/2015 17:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS RECETARIOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

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En Venezuela es cosa común que mucha gente se muestre preocupada por la suerte que corra el proceso revolucionario bolivariano socialista o, más sencillamente, la Revolución Bolivariana, máxime ahora cuando su conducción está en manos del Presidente Nicolás Maduro. Gran parte de esta gente espera que sus diagnósticos, advertencias y propuestas tengan eco en algún oído receptivo entre quienes asumieron la responsabilidad de dirigir las instituciones del Estado; confiada en que sus palabras servirán de algo para profundizar los diversos cambios adelantados hasta ahora y para deslastrarse de todo vicio burocrático-clientelar-cupular que se halle presente en los entes públicos. Todos apuntan a las estructuras, la composición y al modo de cómo se conduce el Estado liberal-burgués vigente, pero obvian (casi a propósito) el vital papel que le toca jugar al pueblo organizado en toda revolución que se considere verdadera, por lo cual sus recetarios para llevarla a cabo se limitan a ser un mero ejercicio retórico.


Ante ello, es importante entender que mucho de lo planteado respecto a la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo bajo el socialismo bolivariano debe diferenciarse ampliamente de las experiencias históricas sucedidas en otros tiempos y otros países, aunque existan similitudes que nos hagan creer que deba hacerse lo mismo en Venezuela. Ya en su momento, el Libertador Simón Bolívar, al igual que organizaciones revolucionarias de la época de la lucha guerrillera de las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado, como el PRV-Ruptura, los Comandantes Hugo Chávez y William Izarra, y el General Francisco Visconti, llegarían a la conclusión que la revolución venezolana tendría que nutrirse esencialmente de la historia de las luchas populares ocurridas desde el momento mismo que Guaicaipuro y los pueblos aborígenes se enfrentaran a los invasores europeos, pasando por la lucha de resistencia protagonizada por los negros esclavizados. En este entendimiento compartido pudiera rastrearse lo que requiere la Revolución Bolivariana para consolidar y ampliar sus grandes objetivos de transformación, sin que ello represente un desprecio total respecto a los aportes teóricos y prácticos provenientes de otras experiencias revolucionarias volcadas también a la construcción de una verdadera alternativa revolucionaria frente al capitalismo imperante.


Es más: todos los recetarios recomendados debieran partir de lo que hace, o buscan hacer, los sectores populares organizados y no sólo de la lectura fascinante de algún autor revolucionario afamado. Lo que se precisa es, en un primer plano, desmontar todo el andamiaje cultural levantado desde la época colonial hasta ahora, cuando la gran maquinaria propagandística que es Hollywood ha convencido a un número considerable de personas sobre las bondades del “american way of life” y de la fatalidad del imperialismo gringo. Esto nos conduciría a explicarnos desde nuestra propia historia lo que intentamos constituir en suelo venzolano, con nuevos paradigmas que den cuenta de la necesidad urgente de definir nuestra democracia mestiza, con conceptos endógenos que se desarrollen y revisen continuamente, de manera que se concrete -definitivamente- la nueva realidad creada por la Revolución Bolivariana Socialista.-

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13/05/2015 17:28 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DESPLIEGUE CHAVISTA Y REPLIEGUE OPOSITOR

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El reciente despliegue del chavismo en las calles y plazas Bolívar del país -a propósito de la conmemoración de los sucesos trágicos del Caracazo y la siembra del Comandante Hugo Chávez- le ha cerrado el paso a los fines desestabilizadores de los grupos de la oposición, demostrándose lo errado de su estrategia al querer envolver a los venezolanos en una “transición” que sólo existe en sus mentes disociadas. Esta recuperación de la iniciativa por parte del gobierno y de las fuerzas chavistas y revolucionarias ha servido también para enviarle un mensaje tácito a aquellos que, desde el extranjero, principalmente desde Estados Unidos, Colombia y España, se empeñan en distorsionar la realidad existente en Venezuela, colocando a los dirigentes opositores como paladines de la democracia y los derechos humanos a los cuales supuestamente se les somete a vejámenes de todo tipo y ni siquiera se les permite expresarse libremente a través de los medios de información.
 
Quizás la oposición esté rogándole al gobierno de Estados Unidos que invada nuestro territorio, confiados en que únicamente así podrá tomar el poder, sin considerar por un momento que una acción de este tipo sería el detonante de unas nuevas situaciones que forzarían a los factores revolucionarios y chavistas a una radicalización mayor. Posiblemente supongan sus dirigentes que el imperialismo gringo volvería a salirse con la suya, violentando nuestro derecho a la autodeterminación, tal como lo viene haciendo impunemente en otras naciones del mundo, subestimando la reacción patriótica del pueblo bolivariano y chavista.
 
Sin embargo, el repliegue de la oposición no supone que ésta vaya a desistir en sus planes conspirativos, así se muestre de acuerdo en participar en las próximas elecciones parlamentarias y hasta anuncie la celebración de unas elecciones primarias para la escogencia de sus candidatos. En tal sentido, el gobierno y las diversas fuerzas que apoyan al proceso revolucionario bolivariano socialista tienen ante sí la responsabilidad de contribuir a profundizar los cambios producidos en el orden político, económico, social y cultural del país, de modo que fracase por completo cualquier intento por perturbar el avance revolucionario de los sectores populares, garantizándose la paz, el desarrollo integral y la estabilidad que merecemos por igual todos los ciudadanos venezolanos.

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13/03/2015 17:24 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA UTOPÍA NADA ILUSORIA

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      Los sectores populares confrontan desde hace ya quince años en Venezuela todas las maniobras inventadas y por inventarse de los grupos de la oposición, por lo que sería completamente estúpido confiar que mediante llamados al amor y a la paz, o dándole dólares a granel, éstos recapacitarían y abandonarían sus planes para desequilibrar y eliminar el gobierno actual. Sin duda, esta es una confrontación entre dos concepciones: una que defiende a ultranza la soberanía nacional y el derecho de los venezolanos a la autodeterminación mientras que la otra, defendida por la oposición, nada más plantea vivir de las migajas del imperialismo yanqui, imitando el estilo de vida estadounidense, revistiéndose de un complejo de superioridad como jamás se había observado antes desde la época colonial.

      Pero, si se escudriña bien en la lectura de los diferentes acontecimientos históricos sucedidos en este país de nuestra América, se notará que ellos se originan del hecho que las elites dominantes mantuvieron invisibilizados, explotados, discriminados y marginalizados a la gran mayoría -constituida por los sectores populares-, aun cuando adujeran representar y ser la mejor dirigencia democrática de este lado del planeta, contando siempre con el beneplácito del imperialismo gringo y de sus grandes corporaciones petroleras. Esto produjo conflictos de todo tipo a lo largo del tiempo, magnificándose luego que Hugo Chávez obtuviera por voluntad popular la banda presidencial en las elecciones de 1998, promoviendo una Constitución que modificó el esquema tradicional de las relaciones de poder en Venezuela y una revolución bolivariana, nacionalista, latinoamericanista y de corte socialista todavía en construcción.

         Tal realidad no se puede dejar pasar por debajo de la mesa. Más cuando la clase dominante desplazada no se resigna tan fácilmente a su nuevo status, calculando que el incremento de sus caudales ya no se hará más a la sombra de la renta petrolera. Por ello, echa mano a clichés pasados de moda, pero que, en su presunción, debieran reflejar los mismos miedos e intereses de la mayoría poblacional. Este conocimiento de las cosas que pasan en Venezuela habría que profundizarlo en cada espacio del territorio nacional.

       Para lograrlo, es necesario que así lo hagan las diversas Misiones sociales creadas por el Presidente Chávez, de modo que se entienda cabalmente la existencia de una lucha de clases perdurable que -a pesar del dominio cultural-ideológico ejercido por muchas décadas por la clase dominante- no podrá desconocerse bajo ningún concepto, especialmente cuando se considera que la misma ya se hizo evidente el 27 de febrero de 1989 al aplicarse el paquete de medidas económicas neoliberales impuestas por el FMI, así como durante los sucesos acaecidos tras el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y del sabotaje económico de 2002-2003 cuando se sometió al pueblo a un desabastecimiento general de mercancías y servicios que causó a la nación grandes pérdidas económicas, de las que apenas se ha recuperado, sin castigo aún para los culpables. Estos acontecimientos han de refrescarse para que se tenga en cuenta lo que está en juego actualmente y no dejar todo al azar, esperando que las cosas se resuelvan por sí solas, sin contar con una movilización y un protagonismo permanentes de los sectores populares, los que, al fin y al cabo, harán posible la utopía nada ilusoria de una revolución bolivariana socialista.-       

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17/02/2015 18:32 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

CUANDO LA OPOSICIÓN SE DESESPERA

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El magnicidio programado este 12 de febrero contra del Presidente Nicolás Maduro, nos da a entender que la oposición está desesperada, echando a un lado cualquier tipo de racionalidad y de garantía de paz social en nuestro país. Su conducta es, indudablemente, fascista al menospreciar la vida, no sólo del Presidente Maduro, sino de todo venezolano, puesto que su plan sería ejecutado en un acto público, algo que jamás se había visto en Venezuela desde la década de los sesenta del pasado siglo.

Ahora volverá la oposición a negar una vez más su vinculación con este y otros planes terroristas, haciendo ver que todo es producto de la fantasía gubernamental y sin concederle ningún grado de veracidad a las evidencias recabadas, ya que su estrategia es hacerle creer al pueblo que su único interés y su lucha es en defensa de la democracia y las libertades públicas cuando todos sabemos que ella responde a los lineamientos imperialistas de Estados Unidos.

Con este nuevo intento desestabilizador, la dirigencia derechista le hace el juego a lo previsto por el gobierno de Estados Unidos en su documento de Estrategia de Seguridad Nacional 2015, cuyo presidente, Barack Obama, adelantó la pretensión de torcerles el brazo a algunos países cuando no hacen lo que quiere el régimen imperialista estadounidense a través de métodos económicos, diplomáticos y a veces militares.

No se puede obviar este último elemento al medir el eventual escenario de una crisis de ingobernabilidad que pueda presentarse en territorio venezolano. En todas las circunstancias en que la oposición derechista se impuso el acoso y derrocamiento del Presidente Chávez -lo mismo que ahora con Nicolás Maduro- siempre hubo la injerencia imperialista de Estados Unidos. Es frecuente la alusión de sus funcionarios gubernamentales respecto a la violación de los derechos civiles, la persecución política y la vinculación con el terrorismo y el narcotráfico internacionales por parte del gobierno chavista, de modo cíclico, buscando influir en la opinión pública y así disponer de los argumentos requeridos para una intervención más directa en los asuntos internos venezolanos.

De igual forma hay que considerar que a la oposición le carcome la posibilidad de perder los escaños que ocupa en el parlamento nacional, además de no obtener los resultados esperados con el sabotaje económico al cual ha sometido a la población venezolana. Ambas cosas le han hecho precipitarse con este atentado, contando con un escenario de crisis generalizada que obligara a las fuerzas armadas a exigirle la dimisión inmediata de Maduro. Sin embargo, no han sabido calibrar el verdadero espíritu popular, lo que les conduce una y otra vez al fracaso en su ambición de adueñarse del poder y de los dividendos de la renta petrolera.-

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13/02/2015 14:53 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL DISFRAZ OPOSITOR Y LA PRIMERA LÍNEA DE COMBATE

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La burguesía comercial y financiera parasitaria y especuladora del país disfraza sus intereses particulares de clase como ‘causa de todo el pueblo venezolano’, de modo que éste crea que sus principales representantes están dispuestos a compartir sus ganancias y, de ser gobierno, a hacer más equitativa la distribución de la renta petrolera.

De ahí que las manipulaciones, las mentiras y los engaños planificados por los grupos opositores deben desmontarse a través de una campaña informativa a ser desarrollada de modo conjunto e inmediato por las diversas organizaciones populares, revolucionarias y chavistas, puesto que toda la estrategia opositora está dirigida a producir la alteración del orden público, obligando al gobierno a ejecutar medidas represivas para acusarlo luego ante instancias internacionales de estar violando los derechos humanos. En relación a ello, las diversas autoridades del país debieran conformar la primera línea de combate en esta ofensiva opositora, que ya se hace permanente, poniendo en práctica todo aquello instruido por el Comandante Hugo Chávez para que el pueblo consciente y organizado se convierta en poder popular constituyente.

Por consiguiente, le corresponde a la dirigencia política del chavismo resaltar los intereses sociales, la emancipación integral y las luchas de clase de los sectores populares como principales elementos de su agenda de trabajo, con lo cual podría adelantarse mucho en el desarrollo y conquistas políticas, sociales y económicas del proceso revolucionario bolivariano socialista. Para que esto sea posible se impone romper con las barreras teóricas-intelectuales que imposibilitan una mejor comprensión de la coyuntura que se nos presenta actualmente en el país y de la necesidad de profundizar las condiciones que faciliten la transición hacia el socialismo bolivariano.

Por otra parte, en esta nueva coyuntura, caracterizada por un desabastecimiento, una especulación y un contrabando de productos que busca cercar económicamente a la población de menores recursos para que se genere la inestabilidad del país y, eventualmente, la caída del gobierno del Presidente Nicolás Maduro, nuestro pueblo debe darse perfecta cuenta que lo de la 'libertad, igualdad y democracia' no es algo que la oposición piense que sea aplicable para él. Todo el empeño de la oposición se limita al goce del poder, satisfaciendo sus propios intereses y someter a los sectores populares a los dictados del neoliberalismo capitalista, tal como ya se ha visto en diversidad de naciones que sufren los estragos del recetario fondomonetarista.

Por tales motivos, se hace preciso pasar cuanto antes a la ofensiva revolucionaria en vez de mantenerse en una posición defensiva que sólo estimula a la oposición a redoblar sus planes conspirativos, confiada en que ya le llegó la hora de adueñarse del poder, pero ésta debe ser acompañada activamente, en todo momento, por las diferentes organizaciones del poder popular revolucionario. Al mismo tiempo, debiera facilitársele a estas últimas la conformación de espacios propios, con la mayor independencia posible, donde puedan desarrollar todo su potencial creativo respecto a la construcción del socialismo bolivariano del siglo XX y, de esta forma, asegurar la continuidad y profundización de las iniciativas trazadas con este propósito por el Presidente Hugo Chávez.-

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13/02/2015 14:38 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

VENEZUELA Y LA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL DE ESTADOS UNIDOS

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Es completamente inaceptable, desde todo punto de vista, que el gobierno de Estados Unidos pretenda imponer a Venezuela sus criterios imperialistas, tal como se desprende de la lectura del documento “Estrategia de Seguridad Nacional 2015″, emitido recientemente por la Casa Blanca. Con dicho documento, el gobierno estadounidense vuelve a inmiscuirse en los asuntos internos del país, buscando animar una vez más a los sectores reaccionarios de la oposición en sus propósitos de acabar con el gobierno nacional y el proceso revolucionario bolivariano.

Todo esto lo esconde el gobierno de Obama bajo un supuesto impulso “a los valores universales de democracia y derechos humanos”, además de “empoderar a futuros líderes” que sigan los dictados del imperialismo yanqui, abandonando toda noción de soberanía que entorpezca esta intención. Como se podrá deducir, nada de esto es simple coincidencia con lo adelantado por los grupos opositores en su sabotaje a la normalización del abastecimiento de productos a la población y menos cuando no disimulan su complacencia al ver cómo continúan formándose las colas en los establecimientos comerciales, esperando que todo esto desemboque en güarimbas y saqueos. De ahí que no sea exagerado advertir que se trata de desencadenar hechos de esta naturaleza en territorio venezolano, antes y durante las elecciones parlamentarias próximas, algo que ha sido calculado por la dirigencia opositora desde el año pasado, repitiendo el mismo esquema aplicado luego de las elecciones presidenciales y del Día de la Juventud, con sus secuelas de asesinatos de civiles y militares, destrucción de edificios públicos y violencia fascista.

Además, resulta bastante grotesco que Estados Unidos hable de riesgos a su seguridad nacional en un mundo inseguro cuando todo el mundo conoce que su injerencia en los asuntos de otros países es la causante directa de la violencia y destrucción que sufren estos países, especialmente en aquellos que poseen petróleo. Ahora buscan legitimar esta injerencia en Venezuela con la aplicación de sanciones a funcionarios del Estado y amenazas que van en contra del derecho internacional. Así, quienes se manifiestan entusiasmados por la posición estadounidense estarán entonces también de acuerdo en que se someta a Venezuela a la misma situación caótica de otras naciones como resultado de la política imperialista de la Casa Blanca. Con esto demuestra la oposición el nulo o escaso valor que le otorga a la soberanía nacional y al hecho que una mayoría de los venezolanos sigue respaldando al proceso revolucionario bolivariano socialista, a pesar de todo lo que han hecho para revertir esta realidad.-

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12/02/2015 10:40 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL 4-F NO ES UN SIMPLE ACONTECIMIENTO PARA RECORDAR

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La rebelión cívico-militar del 4 de febrero de 1992 no es un acontecimiento cualquiera que se deba recordar sin tener en cuenta la relevancia histórica que el mismo reviste, aún más de la que puedan prestarle los chavistas en el presente, ya que no sólo sirvió para darle nuevas esperanzas al pueblo de Venezuela sino que le ha permitido a otros pueblos de América Latina y del mundo emprender sus propios procesos revolucionarios, siguiendo el ejemplo de lo hecho por el proceso revolucionario bolivariano socialista liderado por el Comandante Hugo Chávez Frías.

Ahora es cuando se manifiesta con más fuerza la vigencia de esta rebelión y el proyecto de transformación estructural que surge con ella, rompiendo radicalmente con ese pasado de pasividad y de invisibilización al que fueran condenados los sectores populares por las cúpulas corruptas, apátridas y antinacionales que gobernaron por más de cuatro décadas este país, beneficiándose ampliamente del manejo de la renta petrolera. Bajo su influjo, surgió una nueva realidad socio-política, con un poder popular organizado y una Constitución y unas leyes que les garantizan a todos los venezolanos una participación y un protagonismo que antes eran ámbito exclusivo de las clases dominantes.

Por supuesto, para los enemigos eternos de la revolución bolivariana el 4-F siempre representará una fecha nefasta para todos ellos, dado que fue el puntillazo que puso fin al pacto de Punto Fijo, lo que quedaría demostrado años más tarde con la elección del comandante Chávez como Presidente de Venezuela. No asimilan todavía el impacto producido en el espíritu rebelde del pueblo venezolano y, por ello mismo, no atinan en su estrategia conspirativa para convencerlo de sus "bondades democráticas", utilizando calumnias recurrentes, inspiradas y respaldadas al cien por ciento por el imperialismo yanqui, empeñado como está en lograr el control directo de la riqueza petrolera de este país.-

 

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12/02/2015 10:32 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA EXIGENCIA DE UN PROGRAMA SOCIALISTA DE TRANSICIÓN

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Se deben convertir los problemas creados por la oposición en ventajas y actuar de acuerdo con lo que le es ventajoso a la marcha segura de la revolución bolivariana. Para esto se ha de hacer uso de una valoración adecuada de la coyuntura que se presente, tanto en el terreno político como en el terreno económico, sin olvidar que gracias a la toma de conciencia y a la masiva participación de los sectores populares se pudo derrotar exitosamente a las elites dominantes en la elecciones presidenciales de 1998 y al golpe fascista-empresarial del 11 de abril de 2002.

Por consiguiente, es asunto prioritario no confiar más con que el adversario dejará de atacar porque se le complazca en sus peticiones y aspiraciones inmediatas en materia económica sino más bien lograr que los mismos sectores populares que respaldaron ampliamente al Presidente Chávez durante todo su mandato recuperen por completo la esperanza en un destino mejor para todos y no sean víctimas de los dardos mediáticos opositores. Pero, sobre todo, no confiar excesivamente en que todo se reduce a preservar los espacios conquistados del poder constituido mediante la práctica del clientelismo político tradicional hasta el colmo de tratar a las personas como niños mimados que, de no ser consentidos en todos sus gustos, amenacen con cambiar la intención de voto y, de esta manera, calcular que sólo así será segura la obtención de más victorias electorales. Esto disminuye enormemente las potencialidades de los sectores populares para avanzar decididamente hacia la conquista del poder y convertirlo en poder ciudadano revolucionario, constituyente, de modo que el ejercicio de la democracia directa sea un hecho irreversible y sirva de vehículo idóneo para alcanzar finalmente la emancipación integral a que todos tenemos derecho. Además, esto supone disponer de la suficiente claridad político-ideológica para comprender cuáles son los pasos necesarios que aún han de darse en Venezuela para llegar a una revolución socialista efectiva.

Por otra parte, se hace vital la coherencia entre el discurso y la práctica revolucionaria. Aunque esto suene repetitivo no deja de tener plena vigencia si se considera que la patria bolivariana se halla en un momento histórico decisivo, especialmente cuando se plantea el reemplazo total y permanente del sistema capitalista por uno de carácter socialista. De igual modo, cabe preguntarse con absoluta franqueza si se está llevando a cabo una revolución social o, por el contrario, sólo se está embarcado en el logro de una simple reforma social, tal como fuera común en el pasado en Venezuela.

Por consiguiente, se requiere un programa socialista de transición bien definido y bien dirigido, contando para ello con verdaderos cuadros revolucionarios, extraídos principalmente de la clase trabajadora (tanto del campo como de la ciudad), capaces de protagonizar un proceso emancipatorio integral que tenga en perspectiva la transformación de las relaciones sociales de producción y la erradicación de la reproducción y la acumulación del capital. Dicho programa tendrá como centro fundamental la satisfacción de las necesidades reales de la población y la defensa del equilibrio ecológico, lo cual debe impulsar un cambio radical en la manera de concebir la sociedad y el mundo.

Asimismo, tiene que tomar en cuenta el enlace indisoluble que asumen, entre otras, las nociones de clase/género/etnia/colonialidad en la definición y en el desarrollo del proceso emancipatorio que tendrá lugar, sin duda, en Venezuela, por lo que será necesario trascender también los diferentes marcos referenciales existentes respecto a lo que habría de ser la revolución socialista. Cuestión esta última que exigiría de todo revolucionario comprometido a confrontar permanentemente su formación teórico-intelectual frente a la realidad revolucionaria que contribuye a construir, venciendo así, creativamente, todas las dificultades prácticas que puedan presentársele en cualquier momento.-

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12/02/2015 10:29 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿CÓMO DEFENDER EL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO SOCIALISTA?

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No es, ciertamente, contando con golpes de suerte para conjurar las amenazas y las pretensiones desestabilizadoras de la derecha como debiera "defenderse" el proceso revolucionario bolivariano en Venezuela. Quienes adopten esta posición acomodaticia, endilgándole toda la responsabilidad al gobierno nacional para actuar contundentemente frente a la estratagema opositora, le hacen un flaco servicio a la defensa y a la profundización del proceso revolucionario bolivariano socialista, demostrando con ello carecer de la suficiente claridad ideológica para entender a plenitud cuál habría de ser su papel en la actual coyuntura. Es momento de acabar con ese proceder reactivo que cada tanto se hace sentir cuando la oposición vuelve a sus andadas. Lo que se necesita es que los sectores populares sean movilizados en función de la construcción de un poder popular constituyente que termine por armar la estructura del nuevo Estado revolucionario y, en consecuencia, sea capaz de formar una sociedad y una economía de nuevo tipo bajo el ideario socialista bolivariano.

De esta forma, podrán reactivarse dinámicamente la participación y el protagonismo con que ha venido actuando el pueblo venezolano desde las elecciones presidenciales de 1998 y durante todo el mandato del Comandante Hugo Chávez, incluyendo las masivas movilizaciones en ocasión de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, la aprobación de la nueva Carta Magna y la derrota del golpe fascista empresarial de 2002. En relación a ello, es preciso que así lo entiendan los distintos factores revolucionarios y chavistas, estando dispuestos a cambiar radicalmente la visión electoralista que tienen del proceso revolucionario bolivariano socialista y planteándose, en consecuencia, un trabajo organizativo y reivindicativo que favorezca en todo instante esa participación y protagonismo populares, sin buscar tutelarlas del mismo modo clientelar y demagógico que en el pasado. Por lo tanto, es hora de rescatar la esencia del proyecto revolucionario bolivariano y no permitir que éste se pierda en medio de componendas político-partidistas que podrían desvirtuar por completo la orientación transformadora y refundadora del proyecto de la revolución bolivariana socialista en Venezuela.

Asimismo, en la era de la globalización del capitalismo corporativo encabezado por las transnacionales de Estados Unidos, no se puede desconocer que existen fuerzas contrarrevolucionarias dedicadas, dentro y fuera de Venezuela, a agudizar las condiciones críticas que sufren actualmente los venezolanos, por lo que se debe denunciar en todos sus detalles el plan orquestado y desarrollado por la oposición para ocasionar un caos económico en el país, lo que es acompañado desvergonzadamente por la corrupción impune de muchos funcionarios públicos, por lo que sería más que necesario la promoción permanente de la participación activa del pueblo organizado como contralor social como una de las maneras de defender el proceso revolucionario bolivariano socialista.

En esta coyuntura de guerra y de sabotaje económicos es necesario emprender una contraofensiva revolucionaria desde todos los frentes posibles y no quedarse a la espera de soluciones mágicas mientras los enemigos ideológicos del proceso revolucionario bolivariano socialista continúan fraguando sus acciones de perversión para acabar totalmente con cada una de las conquistas sociales, económicas, culturales y políticas que le han devuelto la dignidad y le han mejorado sustancialmente las condiciones materiales de vida al pueblo venezolano en general.-

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12/02/2015 10:25 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL PRIMER ESCALÓN PARA LA TRANSFORMACIÓN DEL ESTADO

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A fin de darle una mayor consistencia al proceso de constitución de las comunas es imprescindible que las diferentes organizaciones populares se integren a ello de una manera conjunta, contando con el apoyo irrestricto de quienes se hallan al frente de las diferentes instituciones públicas. Algo que debe ser promovido con la convicción que ello es una tarea revolucionaria que no puede dejarse al azar ni en manos exclusivamente del gobierno sino que tiene llevarse a cabo con el propósito deliberado de profundizar el proceso revolucionario bolivariano socialista, teniendo en cuenta que las comunas pasarían a ser el primer escalón para la transformación estructural del actual Estado liberal-burgués.

Tal proceso requiere, por tanto, que todos los comprometidos en ello tienen que dotarse de una conciencia plenamente revolucionaria y socialista que impida la reproducción automática de los vicios burocráticos, representativos y clientelares que caracterizan todavía a la administración pública, los cuales son -a grandes rasgos- los obstáculos principales que dificultan la organización autónoma del poder popular. Por ello es básico que en el seno de las comunas se ejerza la democracia directa, de modo que éstas actúen de acuerdo a las particularidades del espacio geográfico que ocupan y a la idiosincrasia de sus habitantes, en un ejercicio de soberanía permanente. Así, las comunas se orientarían al logro efectivo de un sistema económico propio, endógeno y distinto al capitalismo, puesto que su objetivo máximo es el bien común, es decir, de toda la colectividad y no simplemente de una minoría dedicada a la obtención de ganancias, como lo establece la lógica del capital.

De ahí que sea preciso también determinar cuánto y cómo se ha realizado el proceso de conformación de las comunas. Esto permitiría evaluar de una manera imparcial si éstas responden efectivamente a un esquema socialista o si sus objetivos han sido distorsionados en función de otros intereses, lo que debiera ser parte, entonces, de un debate serio -impostergable- entre todos los factores revolucionarios y chavistas, separándolo del proselitismo político, de manera que sus acciones estén encaminadas a hacer irreversible el proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como lo anticipara en su momento el Comandante Hugo Chávez.

En resumen, a pesar de la resistencia desplegada desde algunas instancias gubernamentales, chavistas y revolucionarios tienen que caracterizarse por hacer realidad la transición al socialismo bolivariano. Para que dicha empresa sea finalmente alcanzada, es necesario que la democracia directa comience a delinear lo que serán en lo adelante las nuevas relaciones de poder y, en consecuencia, el nuevo Estado revolucionario, diferenciándolo ampliamente del Estado burgués-liberal; configurando las comunas su primer escalón. -

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12/02/2015 10:16 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL FERMENTO REVOLUCIONARIO Y LA REVOLUCIÓN CULTURAL PERMANENTE

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Aun hay quienes creen (a veces de una forma “sospechosamente” ingenua, quizás “demasiado” ingenua) que la revolución socialista bolivariana ya es un hecho en Venezuela. A ello se suma la propaganda oficial que da cuenta de esta “realidad” mientras que la práctica nos revela todo lo contrario. Ciertamente, el proceso revolucionario bolivariano socialista iniciado con Hugo Chávez no ha transitado un camino fácil, desprovisto de amenazas, confusiones y traiciones. Esto lo sabemos todos, dentro y fuera del país. A su favor podemos afirmar que -a partir de 1999- este proceso ha tenido que librar una batalla tremenda contra el bagaje cultural que arrastra consigo el pueblo venezolano desde el momento que se instauró el sistema de democracia representativa con predominio de grupos políticos y empresariales que lograron inculcarle su ideología al mismo tiempo que lo explotaran, manipularan y reprimieran sistemáticamente durante cuatro décadas consecutivas. En esta persistencia de un tipo de cultura que se remonta a lo hecho por los invasores europeos en nuestro actual territorio nacional se halla en gran parte el origen y las causas de las múltiples contradicciones que frenan el avance firme del proceso revolucionario bolivariano socialista, extendiendose a la manera como está estructurado y se conduce el Estado liberal-burgués vigente.

Así que la revolución bolivariana (para ser considerada como tal) debiera enfocarse en este aspecto trascendental y adoptar medidas pertinentes que contribuyan a modificar sustancialmente esa visión del mundo enraizada con el capitalismo y, en consecuencia, librar una revolución cultural permanente que influya en el nacimiento de la nueva conciencia revolucionaria que habría de caracterizar en lo adelante a venezolanas y venezolanos. Esto nos lleva, por supuesto, a un cuestionamiento general del modelo civilizatorio en el cual vivimos, lo que nos conduce, a su vez, (gústenos o no) a cuestionar seria y profundamente la existencia del capitalismo y proponer en su lugar un mejor sistema económico donde prevalezca el bien común, siendo abolida la plusvalía que va a manos llenas de los dueños del capital.

Esta circunstancia no supone que el pueblo venezolano, a pesar de las contradicciones, debilidades e inconsistencias habidas a lo interno del proceso revolucionario bolivariano socialista, esté en total desacuerdo con lo hecho por Chávez durante catorce años de gobierno. Sin embargo, sí hay que decir que el pueblo está muy consciente sobre quiénes son los dirigentes y los gobernantes del chavismo que no cumplen cabalmente con las directrices de Chávez. Esto no le ha impedido mantenerse expectante y dispuesto a asumir el protagonismo que le corresponde en la conducción y la construcción de una verdadera patria socialista. Es decir, contrariamente a los anhelos opositores y de alguna gente “revolucionaria” interesada en que esto nunca ocurra, existe en Venezuela un importante fermento revolucionario que sólo requiere expresarse orgánicamente, contando con liderazgos propios, extraidos de sus raíces y dotados de una conciencia revolucionaria que los haga inmunes ante las múltiples tentaciones del poder. El modo, uso y costumbre de la revolución bolivariana estaría, por tanto, perfilándose en dicho fermento, diferenciándose amplia y significativamente de lo que ha sido hasta ahora la política clientelar tradicional; razón de más para que revolucionarios y chavistas acentúen su responsabilidad ante la historia, esforzándose cada día para que la emancipación integral del pueblo de Venezuela se convierta en una utopía finalmente realizada.-

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16/01/2015 13:52 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL "PARO" DE LA OPOSICIÓN: UN ENSAYO A DESTIEMPO

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Ante el complot psico-terrorista que viene desarrollando a través de las redes sociales, tratando de generar desconfianzas de todo tipo en la población mediante convocatorias aparentemente anónimas a un paro nacional que derrocaría al gobierno de Nicolás Maduro, la oposición está confirmándole al mundo que vive en una realidad virtual que es exclusiva de ella, muy diferente a la realidad vivida por los venezolanos en general. Sólo en las mentes disociadas de los grupos opositores cabe suponer que ellos representan la totalidad del país, por lo que cualquier acción que inventen para tumbar al gobierno tendría que entenderse como conveniente para todos los venezolanos, aun cuando siempre se les ha demostrado su craso error en todas las elecciones celebradas en Venezuela desde 1998, incluso durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y el paro patronal de 2002-2003. Sin embargo, no es sensato hacerse de la vista gorda ante sus pretensiones desestabilizadoras, puesto que cada cierto tiempo éstas afloran con alguna intensidad, quedando más que demostrado que la oposición siempre ha manejado un mismo guión, sin importarle las consecuencias que lleguen a sufrir los sectores populares, a quienes desprecian haciendo gala de su odio de clase.

Por lo tanto, al chavismo en general le corresponde estudiar en profundidad el escenario político que nos busca imponer la oposición en el país con su ensayo a destiempo de un “paro nacional” para cambiar al gobierno y resolver los problemas económicos actualmente padecidos. No puede enfrascarse únicamente en el tema electoral y las componendas políticas del momento cuando se evidencia que la persistencia de la especulación y el acaparamiento de productos, así como la reanudación de la violencia de las güarimbas en San Cristóbal y otras ciudades venezolanas, tienen como objetivo provocar una situación que justifique la actuación de sus amos imperialistas mediante la aplicación de las medidas que éstos acordaran recientemente en Washington y ello obligue al pueblo a una elección forzada de los candidatos opositores cuando se realicen los comicios parlamentarios de este año. En este sentido, hay que tomar con seriedad el papel a cumplir por el imperialismo gringo en esta nueva etapa de agresiones de la oposición, dado su cambio de actitud respecto a Cuba, con lo que la Casa Blanca buscaría fomentar en las naciones de la región latinoamericana una división que favorezca sus intereses geopolíticos y económicos, al mismo tiempo que se aislaría a Venezuela en cuanto a su política antiimperialista e integracionista.

Así, tanto revolucionarios como chavistas tienen que armar estrategias que minimicen el desasosiego causado por la oposición desde las redes sociales y los diferentes medios empresariales de información, aprovechándose del impacto emocional que causaría una disminución de los precios del petróleo en la economía nacional, algo directamente conectado a las maniobras llevadas a cabo por el gobierno estadounidense para proteger sus reservas petroleras y disponer del control de los yacimientos existentes, tal como lo ha logrado a través de la guerra en naciones como Irak y Libia. No se puede desconocer, por ende, tal cosa ni pensar en que esto simplemente pasará y no afectará de ninguna forma el avance del proceso revolucionario bolivariano socialista. Se hace necesario, por tanto, que la clase política chavista sea conscientemente responsable de lo que pasa en la actualidad y sepa responder adecuadamente al desafío impuesto por esta coyuntura, asumiendo en consecuencia la obligación revolucionaria de trascender el actual sistema capitalista y promover en su lugar un sistema verdaderamente socialista y alternativo.

Asimismo, se impone desmontar sistemáticamente toda la estrategia comunicacional de la oligarquía financiera y comercial parasitaria, ahora centrada en incrementar informaciones que hagan ver el desabastecimiento artificial de algunos productos como culpa exclusiva del gobierno, teniendo como objetivo inmediato convencer a la gente sobre la conveniencia de cambiar el gobierno, sea mediante elecciones o un golpe de Estado, dada su supuesta ineficiencia para superar los problemas habidos en materia económica. En relación a ello, es importante que se desmitifique la idea según la cual sólo el sector privado, y no el gobierno, está en capacidad de llevarnos al progreso, que el socialismo bolivariano es un total fracaso y que, además, deben adoptarse como solución medidas capitalistas neoliberales, entre ellas la dolarización, la liberación de precios y la autonomía del Banco Central de Venezuela. En vista de esto, las diversas fuerzas revolucionarias y chavistas tendrían que fusionarse en un mismo esfuerzo divulgativo y no seguir simplificando las cosas, pensando más en las elecciones próximas que en anticipar y en vencer todas las estratagemas desestabilizadoras del imperialismo yanqui, la oligarquía parasitaria y las demás agrupaciones de la oposición.-

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16/01/2015 13:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

POR ENCIMA DE TODO, PRIVILEGIAR LA ACCIÓN REVOLUCIONARIA DEL PUEBLO

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En ocasión de la construcción del gobierno comunista en lo que sería la Unión Soviética, Trotsky decía que: "Las tareas del nuevo régimen son tan complejas que no se podrían resolver más que por la competencia entre diferentes métodos de construcción económica y política, más que por largas ‘discusiones’, más que por la lucha sistemática, lucha no sólo del mundo socialista con el capitalista sino también lucha de diversas corrientes y tendencias al interior del socialismo". Esto podría generalizarse a todo gobierno y Estado que procure diferenciarse del orden capitalista establecido, apelando al socialismo revolucionario. De igual modo, valdría también para justificar las torpezas, las ineficiencias e, incluso, las desviaciones ideológicas del nuevo estamento gobernante.

Sin embargo, lo más resaltante de la reflexión de Trotsky es el reconocimiento de la necesidad de aplicar fórmulas o alternativas simultáneas, dirigidas todas ellas a la construcción social, cultural, económica y política del socialismo. Es decir, para Trotsky (al igual que para otros teóricos revolucionarios luego de Marx y Engels) es saludable que dicho proceso de construcción esté caracterizado por luchas de corrientes y tendencias ideológicas, impulsadas por un propósito común, pero sin ningún espíritu sectario, puesto que las mismas servirían para obtener un modelo más acabado de lo que sería, finalmente, este socialismo revolucionario. Una posición más cercana a la realidad de las cosas, en contraste a lo que fuera -en la URSS y demás naciones bajo su órbita- la ortodoxia oficial, la misma que condenara al ostracismo y a la muerte a muchos que tuvieron la audacia de develar las inconsistencias, errores y desviaciones observadas, lo cual causó que éstas se prolongaran sin la más mínima revisión crítica, produciéndose -en su caso- un colapso total.

Como podrá deducirse, la vitalidad del ideario socialista no proviene -como muchos estiman equivocadamente- de la hegemonía alcanzada (copando todas las estructuras del poder constituido) sino de la diversidad que lo sustente. Pocos logran entender que la sociedad de nuevo tipo será producto de la transformación estructural de la actualmente existente, cosa que será difícil de alcanzar de recurrirse a las fórmulas gastadas de la socialdemocracia o, más concretamente, a las concepciones neoliberales capitalistas.

En opinión de Rosa Luxemburgo, "históricamente los errores cometidos por un movimiento verdaderamente revolucionario son más fructíferos que la infalibilidad del mejor Comité Central". Esto nos conduce a privilegiar la acción revolucionaria de los sectores populares aunque de manera general se invoque -desde las alturas del poder constituido- la conveniencia de la disciplina, puesto que son éstos quienes mejor conocen las vicisitudes que les ha tocado afrontar desde siempre bajo la expoliación capitalista y, por tanto, los mejor identificados con la exigencia de levantar en su lugar un régimen y un nuevo modelo civilizatorio más adecuados a sus intereses y a sus necesidades primordiales. Al hacerlo, los sectores populares conscientes y organizados no estarían más que ratificando su papel protagónico y participativo en el ejercicio constituyente de la democracia directa, derivada ella (como ha de ser) de la forja colectiva del socialismo revolucionario.-

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16/01/2015 13:38 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

REVOLUCIÓN DESDE LAS BASES

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La falta de una conexión orgánica permanente de las diferentes instituciones del Estado venezolano con los sectores populares organizados, especialmente con aquellos que respaldan decididamente el actual proceso revolucionario bolivariano socialista, podría provocar escenarios adversos a la marcha de este proceso; sobre todo si tomamos en cuenta la proximidad de las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional y la persistencia de un desabastecimiento no resuelto de productos esenciales para la familia venezolana que minaría la confianza popular en la eficacia del gobierno nacional para contenerladel todo. Esto es algo que amerita cuanto antes la intervención activa de revolucionarios y chavistas para derrotar cualquier estratagema opositora, tanto la de aquella que propiciaría más violenciaen el país como la que simula ser democrática y pacífica. Además, cada colectivo revolucionario y chavista tiene ante sí un debate objetivo y constante, a fin de detectar cuáles son las fallas y los errores cometidos en lo que se refiere a la puesta en marcha de las diversas misiones sociales y la gestión de gobierno en todos sus niveles.

En este sentido, quienes se hallan actualmente al frente de las instituciones públicasserían los mejor llamados a una discusión seria y abierta sobre la realización de acciones a las que se sumarían los movimientos populares, lo mismo que los partidos políticos que respaldan al proceso revolucionario bolivariano socialista. De este modo, sería altamente posible no sólo enfrentar exitosamente a la oposición en cualquier evento futuro sino también crear las condiciones ideales para que exista entonces una verdadera unidad revolucionaria,desde las bases mismas, sin las apetencias personalistas y el comportamiento sectario que la han impedido hasta ahora. En esta situación, se requiere una revolución desde las bases populares que deje atrás los criterios de la democracia representativa einstituya en su lugar los correspondientes a una democracia directa, extendiéndose a todos los ámbitos de la vida en sociedad.

A todo ello hay que agregar la necesidad de poner en práctica los postulados fundamentales del socialismo bolivariano, de modo que esto sirva para determinar su viabilidad, sobre todo en materia económica, sin tener que recurrir a la lógica del capital cuando lo que se impone es su completa sustitución. Esto es algo que, de alguna forma, ha sido obviado, dándosele más énfasis a la política social del gobierno (lo que no podría descalificarse por completo del mismo modo como lo hacen los enemigos del proyecto revolucionario bolivariano) que a la implementación de una economía de tipo socialista, teniendo a la mano los ingentes recursos provenientes de la renta petrolera. Éste sería un gran reto por conquistar del gobierno de Nicolás Maduro y, con él, de todas las fuerzas chavistas y revolucionarias; máxime cuando se enfrentan las consecuencias de un desabastecimiento artificial de productos orquestado por el sector empresarial opositor. Por consiguiente, el gobierno no debiera confiar en soluciones parciales que no llegan al meollo del asunto, que no es otro que la existencia del capitalismo rentista y dependiente que desde siempre ha existido en Venezuela. Esto supone la ejecución de medidas revolucionarias que privilegien la acción directa de trabajadores y productores, estableciéndose unas nuevas relaciones de producción y una orientación de la economía que modifique radicalmente los paradigmas impuestos por la lógica capitalista.

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16/01/2015 13:35 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

2015: EL ÚLTIMO AÑO DE LAS DEFINICIONES

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2015 tendría que ser abordado como el año de la definición y de la construcción definitiva de la transición al socialismo bolivariano. Entendido este planteamiento, toda acción de gobierno se ajustaría por completo a este objetivo fundamental, puesto que las arremetidas imperialistas y opositoras no dejarán de manifestarse con alguna intensidad a fin de evitar que los sectores populares sigan apoyando el proceso revolucionario bolivariano socialista. Esto es algo que debe comprometer la conciencia y el comportamiento de quienes dirigen las instituciones del Estado y los diferentes partidos políticos identificados con la revolución bolivariana, tomando en cuenta que su primer deber es asegurar la transformación estructural de dicho Estado, de manera que exista entonces uno más ajustado al ejercicio pleno de la democracia directa.

Este nuevo año del proceso revolucionario bolivariano socialista debe orientarse, asimismo, a la construcción de un modelo económico verdaderamente socialista y no continuar aplicando medidas capitalistas, como en el caso de la guerra económica provocada por la oligarquía financiera y comercial del país, las cuales no hacen más que estimular la corrupción, la usura y la especulación. Por consiguiente, en esta fase los trabajadores revolucionarios tienen un papel esencial que cumplir y no atenerse a la conquista de mejoras salariales que, a la final, no hacen más que profundizar el consumismo y aumentar las ganancias de los capitalistas. Éstos debieran hacerse protagonistas y sujetos históricos de tal modelo económico socialista, ya que resulta altamente contradictorio hablar de socialismo y de revolución en Venezuela cuando la realidad es otra, es decir, una realidad económica netamente capitalista, dependiente en gran medida de la renta petrolera manejada por el Estado venezolano.

Hace falta, por tanto, que los venezolanos, en especial los revolucionarios y los chavistas, tomemos plena conciencia de lo que está ocurriendo en nuestra nación como consecuencia de la ambición de poder de los grupos de oposición, queriendo éstos recuperar por cualquier vía a su alcance la administración del Estado para así disfrutar de los beneficios económicos generados por la industria petrolera nacional, algo que ya evidenciaron en su momento cuando sabotearon el suministro de gas y gasolina al producirse el paro empresarial promovido por Fedecámaras, la CTV y la Coordinadora Democrática para derrocar al Presidente Hugo Chávez. Esto último no lo podemos olvidar los venezolanos de ningún modo, ya que ello permitió desenmascarar a los grupos opositores en cuanto a sus intereses y odio de clase al utilizar la escasez de productos como arma política para desestabilizar, como ahora, al gobierno chavista.

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16/01/2015 13:29 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL GRAN PROBLEMA DE LA REVOLUCIÓN EN VENEZUELA

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Si se abandona y no se le presta la debida atención a la brecha ideológica que debiera definir a quienes buscan precipitar la derrota total del proceso revolucionario bolivariano socialista y aquellos que, simplemente, se esfuerzan cada día por apuntalarlo -estableciendo una clara diferenciación entre unos y otros, sacando a la luz a los oportunistas y demagogos que se aprovechan vilmente de la confianza popular- será difícil que este proceso no sufra alguna alteración sustancial que lo desvíe de sus objetivos fundamentales. Esto (más allá de los discursos acostumbrados) servirá de fuerza centrífuga para determinar el grado de compromiso de los hombres y las mujeres que se dicen revolucionarios y revolucionarias, estimulando en aquellos/aquellas que sí lo son a emprender acciones que mantengan y/o aceleren el ritmo del avance del proceso revolucionario bolivariano socialista, tomando en cuenta que se ha de impulsar y afianzar en todo momento la transformación estructural del viejo Estado de estirpe burgués-liberal y, junto con ella, la garantía absoluta de la práctica de la democracia directa fórmula efectiva y constante que, dirigida por el pueblo consciente y organizado, permita producir entonces los cambios que aún hacen falta para la definitiva transición al socialismo.

Mediante tal cosa, podrá impedirse el estado de desaceleración y de desviación que presenta el proceso revolucionario bolivariano socialista, una vez sufrida la derrota electoral del 2 de diciembre de 2007, el cual -de no actuarse con verdadero espíritu patriótico y revolucionario- tendería a agravarse, sin una aparente solución inmediata. Esto exige, por otra parte, mayores esfuerzos y propósitos políticos, ideológicos, culturales, económicos, sociales y militares, encaminados a devolverle al proceso revolucionario bolivariano socialista el dinamismo y la espontaneidad de sus inicios. Esta vez, con el conocimiento suficiente del camino recorrido desde 1998 hasta el presente, lo cual contribuiría a visualizar mejor en qué se ha fallado y qué podría hacerse al respecto para que ello no vuelva a repetirse jamás en el futuro.

El gran problema que se presenta es, justamente, cómo profundizar el nivel de formación teórica de los sectores populares, de modo que éstos comprendan adecuadamente el escenario actual del país y abandonen toda manifestación de pragmatismo reformista, toda vez que no existe el mismo liderazgo carismático del Comandante Hugo Chávez que pueda auspiciar mayores acciones revolucionarias desde el alto gobierno. Más ahora cuando los sectores opositores amenazan la hegemonía chavista mediante la implementación de una agenda de caos y violencia política que tratan de imponer con la finalidad de reducir el respaldo popular al proceso revolucionario bolivariano socialista, aprovechándose de la escasez inducida de diversos productos indispensables para las familias venezolanas, sometiéndolas a una economía de guerra, prácticamente, desde hace más de un año, a pesar de las medidas conciliatorias del gobierno nacional. Resolver semejante problema supone, entre otras cosas, asumir un gran desafío de parte de los revolucionarios, incluso de aquellos chavistas que nada más aspiran a que todo marche bien en Venezuela, sin que existan las secuelas nefastas del pasado puntofijista, por lo que se tendría que iniciar, desde ya, la reivindicación y la repotenciación del proyecto revolucionario original y nutrirlo con las experiencias de lucha acumuladas por los sectores populares revolucionarios y chavistas.-     

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04/12/2014 13:47 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA A LA DEMOCRACIA DIRECTA

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Con Hugo Chávez, el concepto y la percepción de la democracia dan un giro inusitado, sorprendiendo y alarmando a quienes -desde 1958 bajo el amparo del Pacto de Punto Fijo- habían usufructuado el poder en Venezuela al margen de las necesidades y aspiraciones de los sectores populares. Mucha gente para entonces -incluidos algunos de los participantes en los dos movimientos insurreccionales de 1992- se habían mostrado escépticos al respecto, creyendo que cualquier cambio que se planteara en referencia a las relaciones de poder sería cosa más que difícil, imposible. Sin embargo, la tesis de Chávez para impulsar un proyecto revolucionario en el país y tomar el poder mediante las mismas reglas de juego del sistema democrático representativo demostraría a la postre ser la más acertada, estimulando la participación popular más alta que haya consignado la historia electoral venezolana.

Luego vendría su convocatoria a la elección de una asamblea nacional constituyente, lo que para Chávez fuera su promesa electoral más importante y a través de la cual millones de venezolanas y venezolanos pudieron acceder a un debate sobre el tipo de república y de sociedad que debía construirse a partir de ese momento. El resultado sería una nueva Constitución que recogería y plasmaría (a grosso modo) los mayores aportes de la ciudadanía, convertida ahora en protagonista de su propia historia colectiva. El sistema democrático representativo que ya venía haciendo aguas desde algo más de una década atrás, producto de la inmoralidad manifiesta de una dirigencia política cleptocrática, unida a una burguesía parasitaria y antinacional, se vio cuestionado seriamente desde sus cimientos ante las exigencias de participación y protagonismo de los sectores populares altamente excluidos (social, política, cultural y económicamente), quienes empezaron a movilizarse, a debatir asuntos de interés colectivo y a organizarse en función de la defensa de los diversos cambios revolucionarios, destacando la aprobación del nuevo texto constitucional en 1999 y el respaldo decidido a todas las acciones de gobierno impulsadas por el Presidente Chávez.

La democracia, hasta entonces un concepto y una praxis restringidos, de uso casi exclusivo de las elites gobernantes, tuvo un salto cualitativo fundamental al convertirse en una democracia participativa y protagónica en manos del pueblo. De esta manera, la democracia participativa y protagónica se hizo carne y verbo entre el pueblo venezolano. A ello ayudó, sin duda, la pedagogía política puesta en práctica por Chávez desde Miraflores. En especial, cuando decretó la creación de las diferentes Misiones sociales que coadyuvarían a saldar una gran deuda social con el pueblo irredento de Venezuela en cuanto a salud, educación, vivienda, dotación de tierras, reivindicaciones laborales y reconocimiento de las culturas autóctonas y afro-descendientes, entre otros aspectos y elementos que le restituirían la dignidad perdida y mejorarían ampliamente sus condiciones materiales de vida. Ahora, consolidados estos cambios revolucionarios, en uno y otro sentido, el concepto y el ejercicio de la democracia tendrían que trascenderse, vivir una transformación que resulte esencial para hacer perfeccionar y fortalecer definitivamente el proceso revolucionario bolivariano socialista en el amplio territorio venezolano: volverse democracia directa, cuyo ejercicio pleno por parte del pueblo consciente y organizado haga realidad un nuevo modelo de civilización, con una nueva concepción del mundo y una nueva conciencia social, en beneficio de cada uno de sus integrantes.

Esto es algo insoslayable. Aunque algunos quieran represarlo y disfrazarlo con medidas y discursos aparentemente revolucionarios que apenas llegan a rozar las estructuras del viejo orden representativo (capitalismo y democracia representativa, básicamente); lo que explica las grandes contradicciones, debilidades e inconsistencias presentes en el proceso revolucionario bolivariano socialista. Empero, a pesar de esto último, se nota un cambio positivo en la conciencia popular, aunque ayuna aún de liderazgos propios que luchen por sus más sentidas reivindicaciones y no sucumban ante las tentaciones materialistas del capitalismo. Tal cosa, sin embargo,  posibilita extensamente que la democracia directa no sea una concepción política abstracta sino que, al igual que la democracia participativa y protagónica, llegue a ser el instrumento cotidiano para el fortalecimiento y las conquistas del proceso revolucionario bolivariano socialista y sirva así de farol luminoso para el resto de la humanidad que lucha por su emancipación integral contra su mayor enemigo: el imperialismo gringo y el capitalismo globalizado.-     

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02/12/2014 13:11 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DEL ESTALINISMO A LA CRIOLLA Y LA PREOCUPACIÓN DE CHAVISTAS Y REVOLUCIONARIOS

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EL ESTALINISMO A LA CRIOLLA Y LA PREOCUPACIÓN DE CHAVISTAS Y REVOLUCIONARIOS 
Homar Garcés 

Es imperativo que revolucionarios y chavistas estén dispuestos a rescatar el paradigma político del cual hiciera uso Hugo Chávez para las elecciones presidenciales de 1998 en relación a que la lucha electoral puede abrir nuevas vías democráticas y, junto con ellas, cambios realmente revolucionarios que beneficien a los amplios sectores populares desposeídos, explotados y excluidos del país. Especialmente ahora cuando se advierte cierta descomposición moral del chavismo (aún no totalmente extendida), producto de la práctica reformista (o cuartorrepublicana, como algunos gustan catalogarla) de quienes tienen la alta responsabilidad de dirigir las instituciones políticas, sean nacionales, regionales o locales, negándose a dar un paso decidido (y decisivo) para que la revolución bolivariana socialista termine por profundizarse y afianzarse. Esto exige, de paso, procesar y documentar todo lo realizado hasta el presente en nombre de la revolución. Cuestionar lo que haya que cuestionarse y poner en práctica algunas de las propuestas que muchos chavistas y revolucionarios creen necesarias para evitar que dicha descomposición se extienda por completo y se diluya entonces -con más pena que gloria- el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela, frustrándose, una vez más, las expectativas populares.

Por ello, es comprensible la preocupación mostrada en algunos medios de información por una variada gama de revolucionarios y chavistas con respecto a la tendencia conciliadora y reformista que parece orientar a la dirigencia política del chavismo, a lo cual esta última sólo responde con una condena inquisitorial a la crítica, aduciendo que quienes lo hacen son unos resentidos sociales y representan la quinta columna que perjudica el avance revolucionario. Así, muchos de estos chavistas y revolucionarios son víctimas constantes de esta especie de estalinismo a la criolla, tratando de acallar sus voces y su contacto cara a cara con los sectores populares revolucionarios organizados. Esto se pone de manifiesto sobre todo cuando se echa mano a lo expuesto, sugerido y exigido por el Comandante Chávez a lo largo de su mandato presidencial, algo que pone al descubierto el profundo abismo que separa a tal dirigencia de lo que ha de ser el proceso revolucionario bolivariano socialista al contrastarse su comportamiento pequeño-burgués frente al de los sectores populares.

A la par de todo esto, es ineludible tener presente que el proceso revolucionario bolivariano socialista sólo será posible en tanto la organización, la participación, la conciencia y el protagonismo del pueblo lo caractericen en todo momento. Suponer algo ajeno a esta condición, o reducirla a una representación meramente simbólica, sería contradecir totalmente la naturaleza fundamental del socialismo bolivariano. Por ello mismo, se debe reconocer la diversidad ideológica y política que éste contiene y origina, por lo que el espíritu de partido que algunos buscan imprimirle resulta indiscutiblemente inadecuado, ya que lo que tendría que predominar es la construcción de la hegemonía popular, de forma que se terminen por desmantelar las relaciones de poder tradicionales y se pueda erigir en consecuencia un nuevo tipo de Estado. Esto será un proceso que contribuirá, sin duda, al empoderamiento colectivo, constituyendo la mejor garantía que se pueda tener para la consolidación y la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista.-     

 

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11/11/2014 14:34 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LO QUE AMENAZA EL AVANCE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

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La falta de claridad ideológica por parte de quienes se mantienen al frente de las distintas instancias del poder constituido respecto a cuáles serían las causas que originan los distintos problemas coyunturales y estructurales que afectan a la población venezolana es lo que ha permitido la persistencia de los mismos, lo que tiende a agravarse más al mantenerse prácticamente inalterables los métodos administrativos existentes en el pasado, cuestión ésta que impide grandemente el avance cualitativo -como las condiciones subjetivas y objetivas- que facilitarían la construcción socialista de un nuevo tipo de sociedad en el país. Tal falta es la piedra angular sobre la cual se asentaría eventualmente la ofensiva de los enemigos del proceso revolucionario bolivariano socialista, confiados en que ello les permitirá acceder al poder en cualquier momento, dada la separación evidente entre quienes ocupan cargos de gobierno y de dirección política y aquellos que, desde las bases chavistas, aún mantienen su empeño en hacer realidad la revolución bolivariana en Venezuela.

Al desdeñar de manera sistemática la formación ideológica y política de los sectores populares (al igual que el debate revolucionario permanente), optándose -básicamente- por la atención y la satisfacción primaria de sus necesidades materiales, la dirigencia del chavismo (sobre todo, aquella en influyentes cargos de gobierno) da pie para que el arraigo del proceso revolucionario bolivariano socialista se sostenga en base a promesas y gratificaciones económicas, especialmente en épocas electorales, empleando el clientelismo político clásico de adecos y copeyanos. Esto ha ocasionado que el entusiasmo y el compromiso revolucionario del pueblo en torno a la figura de Hugo Chávez esté, de alguna forma, diluyéndose paulatinamente, a tal punto que pudiera vaticinarse, con más pena que gloria, el fin del proceso revolucionario bolivariano socialista, por lo menos en lo que fuera su esencia fundamental en el comienzo, extraviándose, por tanto, su razón de ser.  

Ciertamente, el error de muchos de nuestros gobernantes "revolucionarios" es creer que al pueblo venezolano sólo le basta disponer de un mínimo de recursos económicos mediante los cuales satisfaga su largamente postergada hambre consumista. Esto los ha convencido además que el tema de la formación teórica es algo secundario, inútil y poco menos que incomprensible y aburrido para los sectores populares, minimizando y olvidando la tarea pedagógica emprendida por el Comandante Hugo Chávez a lo largo y ancho de Venezuela en todas sus intervenciones públicas, como también el importante papel cumplido por la gente de a pie en la defensa en todo momento de la constitucionalidad y de la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista; lo que contraría totalmente su posición reformista. Es así entonces que, por un lado, observamos a una dirigencia ensimismada en la conservación de sus privilegios y, por el otro, a un significativo contingente de revolucionarios y chavistas que continúan enfrascados en no permitir que el proceso revolucionario bolivariano socialista fracase de cualquier modo. En la definición y superación de esta contradicción, se halla contenida la sobrevivencia y vigencia del proceso revolucionario bolivariano socialista, cuestión que no podría prolongarse interminablemente, consumiéndose a sí mismo y reduciendo entonces las posibilidades de su triunfo definitivo.-   

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11/11/2014 14:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA PUNTA DE LANZA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO SOCIALISTA

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Cada uno de los factores de la revolución bolivariana tendría que acompañar desde ya y decididamente la conformación de las comunas. Sin embargo, los mismos deben tomar en cuenta que ello no significa en modo alguno que las comunas y, por extensión, las demás formas organizativas del poder popular tengan que subordinarse, en parte o por entero, a aquellos intereses que serán siempre ajenos al ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica, ya que esto sería retrasar insensatamente el protagonismo del poder popular y, por consiguiente, sería darle vida a las mismas prácticas clientelares y burocráticas que caracterizaron en el pasado a los gobiernos reformistas de AD y COPEI. Para que tal cosa no ocurra, las comunas y las demás formas organizativas del poder popular están obligadas a adoptar una fisonomía y un contenido verdaderamente socialistas, con lo cual podrán entonces incidir directa y decisivamente en los diversos cambios que tienen que implementarse y que transformarán radicalmente al Estado burgués-liberal vigente, convertido en uno más cónsono con la práctica y el discurso revolucionarios. Las comunas representan, en este momento, la punta de lanza para la consolidación definitiva del proceso revolucionario bolivariano socialista, conformando espacios de convivencia, participación, solidaridad y acción revolucionaria en continuo debate y renovación.

De ahí que sea importante saber interpretar el momento histórico por el cual atraviesa Venezuela en la actualidad, considerando el malestar innegable que existe a nivel de las bases populares respecto a la actuación de los burócratas y oportunistas de la administración pública; sobre todo, conocer algo más de más cerca los errores, las deficiencias y las debilidades del proceso revolucionario bolivariano socialista, lo que le permitiría a cada chavista y revolucionario determinar con una mayor exactitud la manera de enfrentar las arremetidas de la contrarrevolución, tanto las internas como las externas, así como establecer una estrategia y unas tácticas que coadyuven a superar la coyuntura creada por ésta, especialmente en materia económica. Al respecto, chavistas y revolucionarios deben mancomunar esfuerzos y respaldar, si se quiere, de forma extrema, las medidas hasta ahora implementadas por las autoridades nacionales, a fin que se reduzcan los problemas suscitados, por ejemplo, con el abastecimiento de varios productos en el país y recuperar los espacios que, por una u otra razón, se habrían abandonado, dándole oportunidades a la oposición.

Por ello, la constitución de las comunas -lo mismo que las diferentes formas organizacionales del poder popular- tendrían que alterar significativamente todo lo existente, haciendo prevalecer en todo momento la soberanía del pueblo, y aprestarse, además, a defender con mucho celo la independencia que ha de caracterizarlas respecto al Estado. Esta tendría que ser entonces su orientación principal. De ser otra, el viejo sueño socialista no será jamás posible, aun cuando exista la mayor disposición para alcanzarlo, reduciéndose todo a un simple reformismo que no afectará en nada el modelo de civilización vigente, construido a imagen y semejanza de la lógica capitalista y, por consiguiente, incompatible con las aspiraciones populares de beneficiarse de un mayor grado de democracia, igualdad, justicia social y libertad, sin exclusiones de ninguna clase.-

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07/11/2014 09:30 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

UNA SITUACIÓN AÚN MÁS RIESGOSA PARA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

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      La construcción del socialismo revolucionario nunca debiera verse como un asunto u objetivo extraño y diferenciado de la experiencia y de la cotidianidad práctica de los sectores populares y, más concretamente, de los trabajadores. Esto obligaría a quienes se planteen la transformación radical del actual modelo civilizatorio a recurrir a un constante debate teórico -sin olvidar por ello la praxis- con la finalidad inmediata de contrastar el discurso frente a la realidad de las cosas, con lo que se logrará, sin duda alguna, eliminar y evitar todas las deficiencias, los errores y las debilidades durante el proceso de cimentación de la revolución socialista. Sin embargo, a pesar de reconocerse la necesidad de tal debate, muchos de aquellos que ejercen el poder en nombre de la revolución socialista prefieren ignorarlo y descalificarlo sin disponer de muchas razones de peso. Algunos de ellos simplemente aducen que ésta es una artimaña de los enemigos de la revolución para debilitar y dividir las fuerzas revolucionarias, lo que les facilita salvaguardar el poder conquistado para beneficio propio e inculcar en los sectores de base el convencimiento generalizado que nada podría cambiar y que, por consiguiente, cualquier esfuerzo tendente a ello resultará completamente inútil.

      A simple vista, dicha situación es aún más riesgosa que las producidas por la contrarrevolución, ya que desmoraliza y desmoviliza a la militancia revolucionaria, restándole un importante apoyo a la revolución en marcha. Muy escasamente, quienes se hallan frente a esta situación llegan a comprender cabalmente la necesidad de la organización y de la difusión masiva de sus propuestas respecto a la revolución, forzando así al debate a sus detractores. Esto permite que prevalezca una dirigencia de estirpe reformista, cuyo interés fundamental es la preservación y ampliación de sus cuotas de poder, muy contrariamente a las expectativas creadas entre el pueblo, de tal manera que pocos llegan a creer que exista algún tipo de socialismo revolucionario en todo lo que se hace desde las esferas de gobierno.

     No obstante, los únicos modos de asegurar el avance y la consolidación del proceso de cambios revolucionarios en cualquier latitud de nuestro planeta siguen siendo la toma de conciencia, la organización autónoma y la movilización permanente de los sectores populares. No hay otros. Esto, por supuesto, exige producir una forma política que garantice y vele por la emancipación colectiva y no solamente asumir el control de todas las instancias del viejo Estado liberal-burgués al cual estamos todos acostumbrados. La idea primordial en cada uno de los revolucionarios conscientes es que la construcción del socialismo revolucionario no es nada abstracto sino expresión viva de las experiencias acumuladas en la lucha de clases y de la acción práctica emancipatoria de todos los sectores populares. Al plasmarse esto en nuestra realidad cotidiana, su consecuencia visible tendría que manifestarse de lo interior de cada persona a lo exterior de la vida social, dando origen, por tanto, a una revolución de contenido e inspiración verdaderamente socialistas.-

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06/11/2014 15:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL ESTADO COMUNAL, UNA REALIDAD REVOLUCIONARIA PENDIENTE

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El Comandante Hugo Chávez, reflexionando sobre el avance del proceso de constitución de las comunas en Venezuela como nueva realidad de la transformación política, social, cultural y económica a la cual debieran sumarse todos los revolucionarios y chavistas del país, indistintamente de su posición jerárquica y de su capacidad intelectual, expresó con cierta dureza a sus ministros el 20 de octubre de 2012: “Creo que tenemos unos nuevos códigos; creo que tenemos una nueva arquitectura legal, jurídica, empezando por la Constitución; tenemos leyes de consejos comunales, leyes de comunas, economía comunal, las leyes de los distritos motores de desarrollo; pero no le hacemos caso a ninguna de esas leyes; nosotros, que somos los primeros responsables de su cumplimiento Yo espero ver respuestas a estas reflexiones y a esta autocrítica pública que estoy haciendo.” Este ejercicio frontal de crítica y autocrítica revolucionaria del Comandante Chávez sólo tuvo un eco en los sectores populares, siendo un simple saludo a la bandera para quienes ostentan cargos gubernamentales y partidistas, quedando todo en una aspiración inconclusa. Sin embargo, las palabras de Chávez aún resuenan entre aquellos revolucionarios y chavistas que no claudican, a pesar de los múltiples obstáculos y adversidades que enfrentan en su empeño por hacer realidad los cambios y las condiciones que servirán de fundamentos para la construcción revolucionaria y socialista del Estado Comunal que regiría Venezuela en los próximos años.

Teniendo en cuenta la vigencia de las Leyes del Poder Popular, las cuales comprenden la Ley Orgánica del Poder Popular, la Ley Orgánica de Comuna, la Ley Orgánica de Contraloría Social, la Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal y la Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular, además de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que consagra el ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica por parte del pueblo organizado, es de comprenderse la indignación de Chávez, puesto que su aplicación es muchas veces saboteada por aquellos que dicen responder a la voluntad del poder popular, cuestión que ha dificultado sumamente que éste último pueda asumir el protagonismo que le corresponde y, en consecuencia, convertirse en el artífice de la nueva realidad por construirse en el país. Aun así, existen organizaciones e individualidades revolucionarias y chavistas que pugnan por llevar a cabo este importante cometido, tomando en sus manos el legado del Comandante Chávez.  

Convencidos de su tarea revolucionaria, estas organizaciones e individualidades chavistas y revolucionarias han delineado lo que serían los rasgos distintivos del Estado Comunal: 1.- El poder es ejercido directamente por el pueblo (Democracia directa). 2.- Conformación de un modelo económico de propiedad social y  de desarrollo endógeno sustentable (Bien común). 3.- La célula fundamental de conformación del Estado Comunal es la comuna (Transformación estructural del Estado). Su puesta en práctica, indudablemente, supone una confrontación con el viejo modelo civilizatorio existente; de ello dependerá que continúe y se fortalezca el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela para ejemplo de los pueblos de nuestra América y del mundo.-

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06/11/2014 14:58 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA LEALTAD REVOLUCIONARIA NO ES UNA LEALTAD A CIEGAS

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La lealtad revolucionaria no puede ni debe ser producto de la obtención o satisfacción particular de necesidades materiales, como siempre se acostumbró en el escenario político venezolano, sino que ella debe derivarse de la convicción y del compromiso de cada chavista y cada revolucionario de contribuir efectiva y permanentemente con el establecimiento de un nuevo modelo civilizatorio bajo los ideales del socialismo bolivariano. Entendida de esta forma, la lealtad revolucionaria será por tanto ajena a las imposiciones de una dirigencia sólo interesada en conservar a toda costa su estatus, por lo que no discriminaría los medios a su alcance para descalificar a quienes tienen la osadía de señalar sus errores, su ineficiencia y, lo que es peor, su falta de compromiso real para acometer los cambios que hagan posible la revolución, atendiendo a los reiterados llamados hechos en su momento por el Comandante y Presidente Hugo Chávez para configurar un nuevo Estado (esta vez de índole comunal) y se constituyera en toda su potencialidad creadora y re-creadora el poder popular.

Sin embargo, alguna dirigencia (incluida en ella aquellos que han tenido la “buena fortuna” de ser elegidos o llamados para ocupar cargos gubernamentales de cierta importancia en el ámbito nacional, regional o local) han convertido a la lealtad revolucionaria en una especie de exigencia que ha de cumplirse irrestrictamente, sin opinión propia y a ciegas, por parte de la militancia chavista, por lo que el ejercicio de la crítica y de la autocrítica que recomendara Chávez -salvo que implique elogios y ocultamiento de la realidad- no es permitida, a menos que se quiera merecer la descalificación de escuálido o, sencillamente, de contrarrevolucionario. Esto ha ocasionado que exista un creciente descontento entre muchos chavistas y revolucionarios, lo cual pudiera ser aprovechado oportunamente a su favor por la derecha que busca establecer cualquier circunstancia -inventada o real- para acabar con el proceso de cambios iniciado en 1999 en Venezuela. Tal cosa pareciera hacerse a propósito, dado que las bases chavistas, ya en tiempos de Chávez, así lo advirtieron en muchas oportunidades, a tal punto que un significativo porcentaje expresó su descontento y protesta mediante el voto en algunas de las últimas elecciones celebradas, permitiendo que los grupos opositores retomaran algunos espacios perdidos. De mantenerse inalterable dicha situación, aunada a la ineficiencia y a la corrupción de algunos funcionarios públicos que, prácticamente, se jactan de ello, confiados en que la ley nunca los alcanzará, no es descabellado vaticinar que los sectores contrarrevolucionarios pondrían en serio peligro la continuidad y avances del proceso revolucionario bolivariano socialista al no contar éste con un sólido bloque de apoyo popular. Al respecto, muchos chavistas y revolucionarios ya han alertado al Presidente Nicolás Maduro y a quienes le acompañan en el PSUV sobre lo que pudiera ocurrirle eventualmente al proceso revolucionario bolivariano socialista si no se corrigen a tiempo las inconsistencias, las debilidades y las incompetencias presentes en la gestión de gobierno.

Frente a semejante panorama no queda más que insistir, una vez más, en la necesidad de conformar, activar y movilizar a las diferentes organizaciones sociales que forman parte esencial del poder popular, como los consejos de trabajadores, las comunas y los consejos comunales. Asimismo, habría que fomentar espacios de discusión política y teórica que contribuyan al rearme ideológico de los sectores populares, incitándolos a la recuperación y superación del proyecto revolucionario bolivariano, de manera que éste sea guía constante de sus acciones revolucionarias y constituyentes.-       

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26/10/2014 11:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL RESPETO A LA DIVERSIDAD DEL PENSAMIENTO CHAVISTA Y REVOLUCIONARIO

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Tomando en consideración que han transcurrido quince años de haberse iniciado el proceso de cambios revolucionarios liderado por el Comandante Hugo Chávez es fundamental que se promueva la diversidad del pensamiento chavista y revolucionario como una manera de evitar que sigan suscitándose situaciones que atenten contra la continuidad del proyecto chavista en Venezuela y éste acabe por convertirse en una versión “modernizada” de lo hecho por adecos y copeyanos en el pasado. En este sentido, las distintas fuerzas revolucionarias debieran dar un paso adelante, despojándose de su carácter esencialmente electoralista, e iniciar un diagnóstico descarnado del momento histórico que vive Venezuela, entendiendo que de la fortaleza del proceso revolucionario bolivariano dependerá mucho de lo que se haga o se deje de hacer a nivel de nuestra América, especialmente en lo tocante a la lucha que aún se ha de librar contra el imperialismo yanqui en pro de la emancipación de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños.

Hay que conjugar nuestras acciones políticas con aquella afirmación del Comandante Chávez cuando exhortaba que el pensamiento crítico, para que lo fuera plenamente, tendría que convertirse en propuesta revolucionaria para la transformación socialista de la sociedad actual, lo que implica darle espacio a la confrontación de ideas entre revolucionarios y chavistas, de modo que dicha confrontación sea un hecho cotidiano y permita corregir las fallas y las desviaciones que pudieran detectarse respecto al avance, la continuidad y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista. No hay otro modo y esto debieran comprenderlo quienes se presentan como líderes y dirigentes del chavismo en todos sus niveles, sea partidista o de gobierno, puesto que los sectores opositores tratan de obtener espacios de apoyo entre los sectores populares a consecuencia de la ineficiencia y la corrupción administrativa que identifican a algunas instituciones públicas, a pesar de los reiterados llamados del Presidente Chávez en su momento y del Presidente Nicolás Maduro en la actualidad para que el poder popular active la contraloría social y se castigue oportunamente a los responsables.

Por tales motivos, los distintos factores revolucionarios y chavistas tienen que contribuir al fortalecimiento de la conciencia revolucionaria del pueblo mediante un programa permanente de debates y de formación teórica que le permita distinguir, en una primera instancia, cuáles son los verdaderos propósitos de la oposición y, en una segunda instancia, descubrir y execrar  a quienes, desde sus posiciones de dirección partidista y de gobierno, solamente están motivados por sus apetencias grupales y personalistas. Esto, por supuesto, no tendrá ningún apoyo de parte de estos últimos, sin embargo, es lo más inmediato y lo más práctico que pueden idear y ejecutar los revolucionarios y chavistas en beneficio del proceso revolucionario bolivariano socialista en nuestro país, impidiendo que el mismo acabe siendo más de lo mismo, es decir, que se restaure el pasado.-

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23/10/2014 17:09 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿CON QUÉ CUENTA LA OPOSICIÓN?

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            En su terquedad para derrotar y derogar todo lo hecho por el proceso revolucionario bolivariano socialista, la oposición ha ideado una y otra fórmula a lo largo de quince años, tropezando siempre con el fracaso. Sin embargo, esto no amilana sus intenciones, contando con el auxilio siempre a la mano de representantes de la extrema derecha internacional y -cosa nada rara- del imperialismo yanqui. Para la contrarrevolución resulta más efectivo que dicha situación sea permanente, con sus altibajos, de manera que el gobierno venezolano tenga que ocuparse de ella mientras la población chavista -a pesar de conocer lo que debe hacer para expandir los logros revolucionarios- tiene que lidiar con los problemas estructurales generados por el sistema capitalista impuesto en el país, de tal suerte que la mayoría de las veces tiene que confrontar a una dirigencia y a un funcionariado sólo ocupados en su propio bienestar. Esto último pareciera constituir la baraja de triunfo de los grupos opositores, apostando éstos a que ello cause un mayor descontento del existente entre los sectores populares, quienes se verían defraudados y dispuestos a emitir un voto masivamente contrario a la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como se estilaba en el escenario electoral antes de la victoria de Hugo Chávez en 1998.

            No obstante, hay que considerar que, aun con las fallas presentes en la gestión gubernamental en sus diferentes niveles, un amplio segmento de la población sigue respaldando el proyecto político diseñado por el Comandante Chávez, lo que hace ilusoria cualquier tentativa de parte de la contrarrevolución para acabar con el mismo. Esta feliz circunstancia choca con los intereses de un estamento político que también maniobra con todos los recursos a su alcance para impedir que la revolución bolivariana sea una realidad cotidiana, sobre todo en lo que respecta a la organización del poder popular por medio de las comunas, cuestión que coloca a las bases chavistas entre dos aguas, por lo que estarían obligadas a definir su rol revolucionario, a pesar de todos los obstáculos con que puedan tropezar debido a unos u otros, “chavistas” u opositores.

            Ahora la oposición pretende, una vez más, conseguir unas elecciones presidenciales anticipadas, por lo que su anuncio de recolectar firmas para lograr la convocatoria a una nueva asamblea nacional constituyente representaría un primer paso en esta dirección, lo cual serviría de excusa para provocar mayores disturbios callejeros al no ver satisfecho su objetivo, ya sea porque el Consejo Nacional Electoral no reconozca la validez de dicha convocatoria o porque, sencillamente, no alcance el resultado electoral esperado. ¿Con qué contaría entonces la oposición? Inevitablemente habría que suponer que con una agenda extraconstitucional, acelerando las condiciones de ingobernabilidad en Venezuela que harían desear un cambio para conjurarlas, si antes las fuerzas revolucionarias no saben interpretar el momento histórico en que se halla este país y actúan en consecuencia para hacer la revolución popular y socialista que se procura.-  

 

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19/10/2014 13:38 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

FRENTE A LA OFENSIVA OPOSITORA, UNA REVOLUCIÓN MAYOR

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Tanta es la preocupación que siempre ha embargado a los grupos opositores por derrocar al Presidente Nicolás Maduro que ya no la disimulan y por eso, llevados por su extremado fanatismo (alimentado a través de diferentes medios de información), no toman partido por ninguna medida que éste implemente en beneficio de la población venezolana en general. Así, buscan sembrar en el ánimo popular la idea que Venezuela está arruinada, en un callejón sin salida y al borde de un caos social, político y económico por culpa exclusiva de los desaciertos de Maduro, a pesar que éste promovió diálogos de entendimiento con el sector privado y la misma oposición para capear la crisis que estos últimos iniciaran desde el año pasado. Esto, lamentablemente, no ha podido conjurarse por completo. Hasta ahora, muchos chavistas y revolucionarios se han limitado al discurso, pero poco a las acciones que fomenten el poder popular en toda su dimensión creadora, sin atarlo a intereses grupales o personalistas que resulten totalmente contrarios a lo que debe ser la revolución bolivariana socialista en definitiva. Al mismo tiempo, éstos tendrían que contribuir a la contraofensiva del gobierno nacional en la guerra económica montada por los grupos de la oposición, ejerciendo la contraloría social y evitando que alguna gente inescrupulosa se dé a la tarea de aprovecharse de la necesidad de usuarios y consumidores sin pensar que están ayudando inconscientemente a crear las condiciones que aumentarían las posibilidades de una explosión social que, a la larga, los afectaría a todos por igual.

Indudablemente, esta situación de guerra económica ha podido ser contrarrestada de alguna forma, gracias a las previsiones estratégicas del Comandante Chávez, las cuales facilitaron una redistribución más equitativa de la renta petrolera en Venezuela, resultando así beneficiado un amplio porcentaje de la población, especialmente aquella que fuera marginada durante décadas por las elites gobernantes. Esto habría que enfatizarlo toda vez que se pueda, a pesar de las innegables deficiencias y contradicciones que presente el proceso revolucionario bolivariano socialista.

De ahí que sea necesario que los diversos factores revolucionarios lleguen a comprender que, frente a la ofensiva opositora y la falta de un verdadero compromiso político con el proceso revolucionario bolivariano socialista entre muchos de los funcionarios de la administración pública, se impone desarrollar unitariamente una política revolucionaria junto al pueblo en la calle. Al mismo tiempo, es preciso que se promueva un rearme político-ideológico de los sectores populares, de manera que estos ayuden a determinar objetivamente cuáles son aquellos elementos que pudieran estar afectando el avance revolucionario en todas las instancias posibles, lo cual le daría, sin duda, un reimpulso significativo a todas las conquistas alcanzadas durante estos últimos quince años, abarcando todos los ámbitos de la vida nacional y combinando lo político con lo social.-

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22/09/2014 16:32 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN: UNA GUERRA EN DIFERENTES FRENTES

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Tras ser regida durante un tiempo prolongado gracias a una concepción eminentemente elitista y autoritaria que le permitió a los sectores dominantes del país asegurarse -a sangre y fuego, incluso- el usufructúo del poder, Venezuela transita ahora la búsqueda y construcción colectiva de un nuevo tipo de sociedad y de Estado, esta vez de carácter socialista. Esto ha conseguido remecer los cimientos del orden establecido (ya agrietado desde 1989), dado el impulso que le imprimió en todo tiempo el Comandante Hugo Chávez a los sectores populares para alcanzar sus viejos sueños de liberación y de justicia social, cuestión que supone librar mayores luchas y cambios que terminen por profundizar y consolidar los cambios logrados hasta ahora. No obstante, la vieja cultura populista y demagoga aún se mantiene viva, mermando las potencialidades de la democracia participativa y protagónica establecida constitucionalmente al dársele cabida al clientelismo político, a la mediocridad intelectual y al burocratismo ineficiente, representados por muchos gobernantes y dirigentes políticos.

Por eso, el proceso revolucionario bolivariano socialista ha enfrentado, desde un primer momento, una guerra en diferentes frentes, tanto externos como internos, siendo éstos últimos los de mayor dificultad, en vista que sus protagonistas asumen ser revolucionarios y chavistas, muchos ubicados en posiciones de dirección política y de gobierno, que con su doble moral causan mayores estragos entre las bases militantes del chavismo que las mismas acciones desestabilizadoras de la contrarrevolución. En relación a ello, vale la pena citar lo escrito por Farruco Sesto en sus notas sobre el arte de gobernar en revolución escritas con la ayuda de un diablillo al oído “el uso del poder es una verdadera radiografía de la condición revolucionaria de quien lo ejerce. Porque el poder es del pueblo. Quien se lo devuelve cada día, está en la revolución. Quien cada día lo secuestra, esta con la revolución. Quien cada día ejerce el poder con sabiduría y humildad acierta. Quien lo ejerce con torpeza y soberbia (que suelen ir juntas) se equivoca de pleno. (…) hay algunos cuadros en funciones de gobierno que no merecen estar allí. Pues en el uso del poder han revelado su verdadera naturaleza reaccionaria”. Más claro no canta un gallo. Esto ha impactado de modo negativo en la percepción que se tiene respecto a la viabilidad del socialismo revolucionario en Venezuela, causando algunas deserciones y decepciones atentan contra el mismo al dejarle espacios vacíos a la derecha, lo cual es reflejo de la falta de un compromiso revolucionario acérrimo que impida alguna restauración del viejo régimen puntofijista o su versión remozada.

Por supuesto, en esta guerra que se libra en diferentes frentes -que es la revolución socialista bolivariana- se debe exigir un mayor nivel de formación de una conciencia revolucionaria que facilite atacar las desviaciones, inconsistencias y debilidades presentes en el proceso revolucionario socialista y, en consecuencia, aportar propuestas factibles que permitan superarlas y erradicarlas de modo definitivo. Sin embargo, esto no debe ser algo transitorio sino una iniciativa permanente de parte de todos los revolucionarios, cuya meta no sea otra que la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo, inclusiva, democrática, participativa y, por supuesto, socialista.-

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06/09/2014 14:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

REVOLUCIÓN vs. ESTADO. LA CONFRONTACIÓN PENDIENTE.

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Es muy fácil formular conjeturas respecto a la suerte futura de la revolución bolivariana, en especial cuando estás nacen de la incertidumbre creada por la desaparición física de un líder carismático como lo fue, sin duda alguna, Hugo Rafael Chávez Frías, un subversivo en Miraflores que supo entender su papel histórico en la conducción de un proceso de cambios que ya venía gestándose en Venezuela mucho antes de 1992. Ahora, frente a la coyuntura creada, básicamente, por la crisis en el orden productivo nacional y en el abastecimiento de ciertos rubros necesarios, la escasez y especulación en relación al dólar, además del burocratismo y la corrupción administrativa, no son pocos los analistas que ya anticipan, no sin cierta resignación, que estaría pronto el final de todo el proceso revolucionario bolivariano socialista al observarse que gran parte de lo hecho y predicado por el Comandante Chávez sólo ha servido para apuntalar el caduco Estado liberal-burgués bajo la dirección de una burocracia político-partidista corporativa que busca minimizar e impedir de cualquier modo y por alguno u otro motivo todo lo referente a la organización y a la activación protagónica de los sectores populares revolucionarios.

Esta situación bizarra en un proceso revolucionario, como el bolivariano socialista, que se estaría fundamentado esencialmente en el protagonismo y la participación del pueblo, sustituyendo al Estado tradicional por otro más adecuado a la nueva realidad venezolana, estaría conspirando contra la posibilidad de concretar realmente una revolución de carácter popular y socialista. Tal pareciera que al nuevo estamento político poco le importara lo que ocurre aguas abajo, de ahí que pareciera no acertar con medidas eficaces que reduzcan el impacto de las maniobras desestabilizadoras de la oposición y de sus mentores extranjeros. Por ello, mucha gente del chavismo de base comienza a decepcionarse y a apartarse del activismo político al percibir en el comportamiento de sus dirigentes la misma ambición de poder de sus enemigos ideológicos, a tal punto que semejante decepción -de extenderse masivamente entre las filas chavistas- podría precipitar situaciones que, en el corto tiempo, harían inestable el gobierno de Nicolás Maduro Moros (lo mismo que el proceso revolucionario bolivariano socialista).

Haría falta (si así llegaran a entenderlo alguna vez, con sensatez, quienes representan la dirigencia chavista) un sacudón hacia lo interno y jugarse el todo por el todo con el protagonismo y el debate crítico y propositivo de las bases chavistas, como lo manifestara recientemente este 6 de junio el Presidente Maduro en asamblea celebrada con las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH) del estado Miranda. Y entender que esto significará, en cualquier nivel y propósito, una confrontación pendiente e inevitable entre la Revolución y el viejo Estado que se niega a desaparecer, producto de la inmadurez de las condiciones subjetivas necesarias de aquellos que tienen la responsabilidad de administrar las diferentes estructuras públicas. De otra forma, se correría el riesgo de condenar al proceso revolucionario bolivariano socialista a su total extinción, por lo que la advertencia hecha por Chávez en su alocución del golpe de timón resultaría algo más pertinente en éste y en todo otro momento.-  

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02/07/2014 11:08 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

CUANDO BAJEN LOS CERROS

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Si algo ha quedado palpablemente demostrado en Venezuela durante las últimas décadas del siglo pasado y lo que va del siglo XXI es la voluntad y la conciencia asumidas por los sectores populares en un abierto cuestionamiento al sistema de cosas imperante, expresado mayormente en su rechazo a lo que han sido elementos característicos de la actividad política tradicional: la corrupción y el burocratismo, elementos que acabaron por desparramarse -prácticamente- a la sociedad venezolana en general. Ello ha permitido que -con Hugo Chávez de Presidente desde 1998 hasta 2012-  estos sectores populares se hayan convertido, por obra y gracia de su voluntad y conciencia, en protagonistas de primera línea de la construcción de su propio destino. Sin embargo, en el transcurso de este tiempo, las cúpulas de todo tipo que usufructuaron el poder a sus anchas desde 1958 bajo el amparo del Pacto de Punto Fijo se han dedicado a idear y a ejecutar toda suerte de planes conspirativos, esperando que en algún momento caiga el gobierno y se restituya por completo el viejo orden, tal como se lo propusieron de un modo inmediato tras el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, siendo derrotados, de una u otra manera, por esa voluntad y esa conciencia de lucha del pueblo que por tanto tiempo sojuzgaron, marginaron, masacraron y explotaron en nombre de una democracia totalmente excluyente y subordinada a los intereses estadounidenses.

            A pesar de tales antecedentes históricos, la oposición de derecha mantiene intacto su empeño en derrocar -esta vez por la vía de la violencia terrorista- al Presidente Nicolás Maduro, contando con el ya nada disimulado respaldo de Washington y de sus satélites en nuestra América. Para obtener este objetivo la oposición fascista no escatima esfuerzo ni recursos económicos tratando de generalizar en todo el país un clima de terror que inmovilice a la colectividad venezolana (en especial a la chavista) al momento de defender al proceso revolucionario bolivariano socialista y, por ende, al gobierno de Maduro, implantándosele la matriz de opinión que responsabiliza al mismo gobierno de ser el causante del desabastecimiento de alimentos y otros productos necesarios, además de la violencia y las muertes causadas en algunas ciudades.

            Frente a semejante panorama, quienes constituyen el mayor porcentaje de toda la población nacional se mantienen expectantes y, en muchos casos, dispuestos a entablar la batalla, pero aún contenidos, aguardando que Maduro logre conjurar exitosamente la estrategia golpista opositora; lo que ha hecho preguntarse cuándo bajarán los cerros (igual que el 27 de febrero de 1989 y el 12 y 13 de abril de 2002). Al respecto, no sería nada aventurado vaticinar que ello ocurrirá, sin duda, cuando haya que refrenar y derrotar a la oposición fascista por la fuerza, lo que implicará un avance significativo en lo que corresponde a la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista, permitiéndose -al mismo tiempo- la erradicación de aquellos dos elementos que ya mencionáramos inicialmente y que también atentan, quizás con mayor contundencia, contra este proceso histórico de cambios revolucionarios: la corrupción y el burocratismo institucionalizados.-    

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02/07/2014 11:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL ARDID DEL GOLPE BLANDO

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Mucho se ha reseñado respecto al llamado golpe blando aplicado para producir el derrocamiento de algún régimen determinado, resaltando el cambio cualitativo en cuanto a lo que fuera siempre un golpe de Estado tradicional, con despliegue de tropas y exilio consiguiente de los gobernantes derrocados, en el mejor de los casos, y, si no, su asesinato. Sin embargo, sus manifestaciones (manejadas y tergiversadas abundantemente por los grandes centros de información a escala mundial, especialmente de Estados Unidos) son poco percibidas por la población, lo que exige desarrollar una amplia estrategia comunicacional de parte de los gobiernos y movimientos revolucionarios y progresistas que son víctimas de tal estrategia. Así, en palabras de Luis Bruschtein, “el golpe blando consiste en travestir a una minoría en mayoría, amplificar sus reclamos, crispar las controversias y enfrentamientos y desgastar a la verdadera mayoría que gobierna, hasta hacerla caer por medio de alguna farsa judicial como fue en Honduras, o parlamentarista, como en Paraguay o forzando una intervención extranjera, como se pretende hacer en Venezuela. Es más complicado que los golpes militares, pero, a diferencia de ellos, tiene el colorido de estos tiempos, con sus arquetipos de tiranuelos bananeros en el bando de los malos, y un bando de los buenos con sus arquetípicos luchadores por la libertad, con sus simulacros de épicas remasterizadas y con sus falsos discursos de heroísmos ciudadanos, todos ellos, buenos y malos, diseñados como protagonistas de una película de acción clase Z por las grandes herramientas de dominación: las corporaciones mediáticas”.

Obviamente, frente a una embestida innegablemente terrorista de los grupos derechistas y ultraderechistas, tanto en Venezuela como en cualquier otra nación del mundo, no hay mejor respuesta que la unidad y la movilización de toda la militancia popular revolucionaria, lo que supondrá también la activación de una fuerte campaña divulgativa que contribuya a definir más objetivamente la realidad artificialmente creada a través de los grandes medios de información, sin contentarse con una simple negación de los hechos.

Esta situación obliga entonces a activar mecanismos de desmontaje mediático que contribuyan a esclarecer los hechos que se distorsionan a diario para favorecer las intenciones desestabilizadoras de la oposición y de sus tutores internacionales. Tal cosa debe hacerse en cada espacio de la administración pública, de las diferentes Misiones sociales y, por supuesto, en cada comunidad, aprovechando todas las oportunidades que se presenten, de modo que la población venezolana en general llegue a entender las razones, por ejemplo, del desabastecimiento de algunos productos de consumo masivo, incluyendo alimentos y productos de higiene diaria. Sin embargo, la mayor responsabilidad le corresponde al gobierno nacional, por lo que debe tener en cuenta que cualquier concesión a los sectores contrarrevolucionarios en vez de disminuir su agresividad y apetencias de poder sólo producirá un efecto totalmente contrario, a tal punto que puede afectar la credibilidad de los sectores populares en sus propósitos de continuar el legado del Comandante Chávez.-

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02/07/2014 10:57 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

GANÓ LA OPOSICIÓN ¿DIREMOS LO MISMO EN 2015?

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Para muchos, los recientes triunfos electorales de la oposición en San Diego y San Cristóbal vienen a representar una alerta temprana para el chavismo sobre lo que pudiera acontecer en Venezuela al momento de elegir a los diputados a la Asamblea Nacional en 2015. Sin embargo, pocos han acertado respecto a las causas probables que determinaron dichos triunfos, contentándose otros en señalar la transparencia del Consejo Nacional Electoral (CNE) como una manera de obligar a la oposición a un reconocimiento similar, de modo que ésta se vea precisada a bajar la guardia y a desmontar los grupos terroristas que ha estimulado desde comienzos de este año. En este último caso, es un pecado de ingenuidad creer que la oposición (sobre todo, las más inclinada al fascismo) esté dispuesta a abandonar la estrategia de hostigamiento permanente hacia el proceso revolucionario bolivariano socialista, instigada y financiada desde Estados Unidos y, ahora, desde Colombia.

Néstor Francia, en uno de sus más recientes artículos, describe que “no se trata de que los electores no entiendan que están votando por los guarimberos, es que no lo saben. Piensan que están votando contra el Gobierno. Y eso no significa otra cosa que el hecho de que estamos perdiendo la batalla mediática. La gente ha sucumbido a la falsa matriz que diferencia a los estudiantes de los guarimberos. Del mismo modo está siendo manipulada para que los actos de justicia sean identificados con represión. En San Diego y San Cristóbal, Vicencio Scarano y Daniel Ceballos aparecen como víctimas y no como victimarios. Y aún más sus esposas, dos pobres mujeres que han sido privadas de sus maridos y que valientemente ocupan sus lugares ¡Vaya manipulación exitosa!”. Y allí reside el meollo del asunto. Si la gente vota en contra del gobierno, entonces hay que revisar en qué se fallando, puesto que no se puede pensar que parte de la misma sea burguesa, masoquista o fascista para hacerlo, lo cual exige una explicación todavía más profunda, además de una autocrítica por parte de quienes se mantienen al frente del chavismo.

Para ello sería positivo tomar en cuenta lo escrito por Íñigo Errejón hace algún tiempo cuando establece “tres tareas de gran envergadura: la formación de la siguiente ola de intelectuales-gestores; la fragua de una nueva épica que nutra a las generaciones que no han vivido los hitos históricos que estructuran y cohesionan el relato chavista ni tampoco el pasado oneroso frente al cual la revolución es lo nuevo; y el trabajo en el estudio, la discusión, sistematización y desarrollo del chavismo, no como un viejo y querido álbum de fotos, ni tampoco como un conjunto de dogmas -recordemos al Marx de yo nunca sería marxista-, sino como los lazos y elementos que han articulado un sujeto político que desafió el fin de la historia y, a contrapelo de la evolución internacional, rescató la política como el arte de tomar las riendas del destino común por parte de los que no se tienen más que a sí mismos”. Quizás armados de esta idea, chavistas y revolucionarios pudieran recuperar los espacios, la mística y el ímpetu perdidos, renovando así las fuerzas que permitieron la insurgencia chavista en Venezuela.-  

 

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30/05/2014 10:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL SOCIALISMO BOLIVARIANO Y SU DEBIDA EXPRESIÓN EN LA ECONOMÍA

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El fracaso histórico del Estado burgués-liberal en garantizar y promover el ejercicio democrático de todos los estratos y las clases sociales -marcado, además, por el paradigma desarrollista que busca equiparar las economías de países, como los de nuestra América, con la gran potencia capitalista de Norteamérica- obliga a plantearse un cambio realmente revolucionario, el cual debe forjarse por igual en el terreno económico, social, político y cultural, basándose en la efectiva participación y el protagonismo del pueblo organizado y consciente. Este fracaso histórico es visible al constatarse la existencia de problemas irresolutos, tales como la pobreza, la delincuencia, el tráfico de drogas y la corrupción política, que responden a causas estructurales y no coyunturales como generalmente se piensa y son abordados por quienes dirigen, precisamente, el Estado burgués-liberal, algunas veces con políticas sancionatorias y represivas que, a la larga, resultan poco eficientes o, sencillamente, absolutamente nulas.

Por ello, la democracia participativa y protagónica que se halla implícita en la propuesta del socialismo revolucionario bolivariano debe concretarse y expresarse simultáneamente en lo económico, en lo social, en lo político y en lo cultural, de manera que pueda romperse con los parámetros impuestos por la democracia representativa y, en virtud de esto, lograr un mayor nivel de consenso entre la ciudadanía en beneficio de sus intereses colectivos. Así, por ejemplo, en el plano de la economía la democracia participativa y protagónica debe significar algo más que el control general del funcionamiento de una empresa por parte de sus trabajadores a través de la autogestión, si en dicha empresa persiste la lógica capitalista y no se rompe el carácter de mercancía adquirido por la fuerza de trabajo bajo el capitalismo. Esto es algo fundamental, a pesar de existir la propiedad social de los medios de producción. Además, la democracia participativa y protagónica debiera expresarse en el control social del plan de inversión de dichas empresas, sirviendo de contrapunto a la dinámica del mercado capitalista, en vista que éste tiende fundamentalmente a la obtención de ganancias por encima de las necesidades humanas y lo que se requiere es, precisamente, que la producción satisfaga tales necesidades, sin que ello represente mantener una economía subsidiada por el Estado, puesto que, de hacerlo así, no importaría entonces si ésta fracasa o es exitosa.

A la par de lo que sería, en consecuencia, la democracia participativa y protagónica en el ámbito político, ésta deberá extenderse a lo económico, creando un binomio prácticamente indisoluble que tenga sus efectos en el amplio mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, del entorno natural y en la consolidación de un modelo de sociedad de nuevo tipo; lo que exige de los trabajadores, en un primer plano, proponerse un debate profundo respecto a lo que son como clase social explotada bajo el capitalismo, de modo que asuman el papel que les corresponde en la transformación socialista de la sociedad en que viven.-

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30/05/2014 10:07 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA VIRTUD HISTÓRICA DE HUGO CHÁVEZ

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Aun cuando el mismo Hugo Chávez en su momento y sus seguidores han hecho valer la afirmación respecto a que “Chávez somos todos”, lo cierto del caso es que la misma adolece de una evidente debilidad, digamos conceptual y/o ideológica, que es preciso enmendar, puesto que son muchos quienes la utilizan sin sopesar la gran carga de responsabilidad revolucionaria que implica dicha frase, sobre todo, proviniendo de aquellos que ejercen funciones de dirección política, gremial y de gobierno. Cada uno de ellos (incluyendo a los voceros del poder popular) debiera entender como mínimo que la virtud histórica de Hugo Chávez fue saber interpretar y trazar adecuadamente el destino de Venezuela en un momento de su historia en que todo parecía no tener más salida que la violencia en tanto una militancia de izquierda se ensimismaba en lo ocurrido fronteras afuera, en la Unión Soviética, en lo que muchos aceptaron como el fin de la historia al abortarse el sueño de la revolución socialista.

Sin embargo, se debe enfatizar que todo ello no fue producto del azar ni del empeño (en todo caso, sumamente valioso) de un hombre predestinado. Como tantas veces lo dijera Chávez, las insurrecciones cívico-militares del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992 no habrían sido posibles sin que se hubiera producido previamente la rebelión popular del 27 de febrero de 1989, lo cual refleja -de una u otra manera- la acumulación de fuerzas que venía manifestándose cada día en Venezuela al calor de las luchas libradas por el pueblo, deslegitimando así, con sus acciones reivindicativas, el dominio de los sectores gobernantes.

Como bien lo hace ver el periodista venezolano residenciado en Argentina Modesto Emilio Guerrero en su libro ¿Quién inventó a Chávez?, “el surgimiento de Hugo Chávez como la más relevante superestructura ideológica venezolana desde el año 1992, es un hecho progresivo en sí mismo. El punto débil de ese fenómeno asombroso es que el héroe nacional no fue acompañado por una organización revolucionaria fuerte que tuviera una sólida vanguardia politizada y educada en la democracia de base. Estas condiciones hubieran permitido que el mito -con toda su fuerza propulsora- funcionara como un instrumento del poder social y la organización, y no al revés, como resultó. En lugar de un mito asociado a, y regulado por, una fuerte estructura de cuadros políticos y organismos sociales probados en la lucha y las ideas, la historia venezolana tomó el camino del individuo sobredeterminado en el escenario”.

Este hecho, no obstante, pudiera revertirse a tiempo. Mucho de lo expuesto por Chávez cobra aun mayor vigencia que en el momento mismo que lo diera a conocer. Es por eso que Chávez trasciende las fronteras nacionales y es una referencia obligada de las luchas de emancipación que tienen lugar en nuestra América. El detalle está en conocer acertadamente lo que ha de hacerse para lograr -junto al pueblo organizado y consciente- el socialismo revolucionario en este país, teniendo como punto de partida lo iniciado ya por Chávez, correspondiendo a la virtud histórica que éste encarnara.-   

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29/04/2014 14:43 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA RESPONSABILIDAD DE TRANSFORMAR EL ESTADO BURGUÉS-LIBERAL

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Frente a las diversas coyunturas creadas recientemente por la oposición fascista en Venezuela, los revolucionarios y chavistas tenemos la obligación ética y moral, (si es que somos realmente leales al legado político, ideológico e histórico del comandante Hugo Chávez) de cumplir con la gran responsabilidad de transformar de raíz el Estado burgués-liberal en uno esencialmente popular y participativo, convirtiendo al pueblo organizado y consciente en el eje central de todas sus acciones y decisiones.

Esto es algo en lo que se debe insistir a diario y aun en contra de quienes  actualmente ejercen funciones directivas y de gobierno que solo estarían interesados –egoístamente- en obtener su propio provecho sin proponerse en ningún momento en hacer realidad las ideas primordiales de la revolución bolivariana socialista que afirman defender.

Al respecto, hay que decir que esta circunstancia (de mantenerse por más tiempo sin una definición favorable y orientada a la plenitud del protagonismo del poder popular y a esa transformación necesaria del Estado vigente), le estaría dando mayores posibilidades a los enemigos de la revolución bolivariana socialista para que prosigan activando sus planes desestabilizadores, produciendo frustraciones y desencantos entre los sectores populares al no verse reflejados éstos en la conducta reformista de aquellos que se hallan al frente de las diversas instituciones públicas.

Aun así, chavistas y revolucionarios debemos mantener en alto la esperanza y anticipar que todo esto pudiera servir de caldo de cultivo para que se produzca un avance cualitativo de las fuerzas revolucionarias del pueblo venezolano, en el entendido que éste llegue finalmente a comprender cuál es su papel fundamental en todo lo que se refiere a la continuidad y al fortalecimiento de los cambios económicos, políticos, culturales y sociales que ya se han reflejado en la Constitución y demás leyes de la república, además de otros que se mantienen pendientes y que son altamente necesarios para consolidar la revolución en el país.

Lo mismo vale para el caso de la aplicación del Plan de la Patria 2013-2019 que precisa de mejores niveles de formación, de organización y de participación de quienes defendemos el proceso revolucionario socialista. Esto nos permite ser optimistas, sin pecar de idealistas, conscientes del largo y tortuoso camino todavía por recorrer para hacer entonces posible el socialismo revolucionario en Venezuela. Por ello ciframos nuestra confianza en los sectores populares organizados, ya que son ellos quienes conocen a profundidad la problemática que pueda aquejarles y pueden, además, ser parte significativa de su solución. Sólo faltaría que aquellos que dirigen al Estado en sus diferentes modalidades entendieran que sin la participación popular efectiva no se conseguirían jamás los objetivos revolucionarios bolivarianos socialistas y, menos, la construcción de un verdadero Estado comunal.-

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26/04/2014 15:39 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿SE VIOLAN LOS DERECHOS HUMANOS EN VENEZUELA?

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En atención al guion diseñado por los sectores más recalcitrantes de la oposición, podríamos concordar en que, ciertamente, en Venezuela se violan los más elementales derechos humanos: se viola el derecho a la autodeterminación de un pueblo que siempre ha luchado por preservar el legado histórico de sus libertadores; se viola el derecho de una gran mayoría de venezolanas y venezolanos a vivir en paz; el derecho a la vida; al respeto a su integridad física, psíquica y moral; el derecho a la información oportuna, veraz e imparcial; el derecho a reunirse con fines lícitos y sin armas; a la protección por parte del Estado a través de los órganos de seguridad; a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas y opiniones; al libre tránsito por el territorio de la república; a decidir democráticamente quiénes pueden gobernarlo; a mejorar sustancialmente sus condiciones materiales de vida a través del acceso a la educación gratuita en todos sus niveles y al trabajo; a servicios de salud; a una vivienda digna y a una alimentación garantizada y a bajos precios; sin olvidar el derecho al respeto a su diversidad cultural y étnica.

 Así, desde el 12 de febrero de 2014 (por citar una fecha más próxima en el tiempo), todos estos derechos han sido violentados salvajemente por aquellos que dicen defenderlos, en un evidente ejercicio de manipulación de la realidad que busca mantenerse y multiplicarse mediáticamente con el objetivo único de derrocar al Presidente Nicolás Maduro e implantar en su lugar un régimen neo-conservador, de características fascistas, directamente conectado a los intereses económicos y geoestratégicos de Washington. De esta forma, grupos terroristas de la oposición se han dado a la tarea de repetir en territorio venezolano lo mismo que se hizo ya en otras naciones, entre ellas Libia, Siria y Ucrania, los casos más recientes de la acción injerencista y neocolonial de Estados Unidos y de sus aliados de la OTAN.

 Todo esto, sin embargo, ha sido reiteradamente negado por los representantes de la oposición, sin importar que ello sea desmontado y revelado en todos sus detalles. A ello han contribuido, sin duda, las empresas privadas de información que satanizan todo lo concerniente al gobierno de Maduro y al proceso revolucionario bolivariano socialista mientras santifican y excusan a aquellos que han provocado zozobra, destrucción y muertes en algunas zonas del país, resaltando sus “méritos” en la lucha heroica por la paz, la democracia y la libertad de Venezuela. No obstante, es importante acotar que, a pesar de la aparente impotencia de Maduro y de los sectores populares revolucionarios para contener el odio homicida de la oposición, la casi totalidad de la población venezolana se mantiene al margen de estos acontecimientos, siempre a la expectativa ante cualquier eventualidad que pudiera presentarse y dispuesta a defender -como el 12 y el 13 de abril de 2002- las conquistas del proceso revolucionario bolivariano socialista.-

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01/04/2014 10:49 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS SANTOS TERRORISTAS

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Quienes se han dedicado a distorsionar y a ocultar la verdad de los hechos violentos suscitados en algunas ciudades de Venezuela en contra del gobierno y del pueblo venezolano, son tan culpables de las muertes de efectivos militares y de civiles como quienes perpetraron estos asesinatos al querer sembrar el miedo entre toda la colectividad nacional.

En este sentido, debemos considerar que esta actitud manipuladora de mucha gente de oposición (supuestamente inteligente y educada) es parte del guión montado desde el extranjero para crear una matriz de opinión basada en la difusión de montajes fotográficos y noticias tendenciosas, del mismo modo que lo hecho en otros países que sufrieron la desgracia de ser invadidos por tropas de la OTAN y de Estados Unidos bajo el pretexto de defender la democracia y la libertad.

Esto, por supuesto, no debe quedarse sólo en la denuncia sabiendo de antemano que algunas empresas privadas de comunicación social no le darán cabida alguna a chavistas y revolucionarios para dejar saber sus puntos de vista respecto a lo que ocurre en Venezuela, ya que su interés principal es mantener esta matriz de opinión que equipara al gobierno del Presidente Nicolás Maduro con una dictadura salvaje que reprime sin compasión cualquier tipo de disidencia interna.

Por ello se requiere la movilización permanente de los sectores sociales revolucionarios, dado que los sectores más reaccionarios de la oposición están planteando una guerra de clases, sin prever que el resultado de la misma puede ser completamente contrario a sus apetencias de poder. De ahí que no quepa abrigar ilusiones respecto a que haya alguna reflexión objetiva de aquellos que han incitado a algunos jóvenes a cometer delitos penados por las leyes nacionales, tal como lo manifiestan a diario públicamente, haciendo uso, precisamente, de la libertad de expresión que supuestamente es censurada y violentada por el gobierno chavista.

Al respecto, hay que resaltar que tales personajes están haciéndoles creer a sus seguidores que solamente bastará con cambiar al gobierno de Maduro para solucionar los problemas estructurales y coyunturales existentes, sin considerar que gran parte de ellos son herencia directa del modelo de Estado instaurado en 1958. Por ello no escatiman esfuerzos para implantar en la mente de la mayoría venezolana que la violencia, la quema de vehículos y propiedades públicas, la tala inconsciente de árboles, el bloqueo de calles y los asesinatos causados desde el 12 de febrero son responsabilidad única y exclusiva del gobierno y de los colectivos revolucionarios, a tal punto que las mismas víctimas serian culpables de sus muertes, por lo que a sus asesinos habría que considerarlos entonces unos santos terroristas que no pueden ser detenidos ni mucho menos juzgados por tribunal alguno de la república.-

 

 

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01/04/2014 10:31 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

ENTRE EL FASCISMO Y LA REVOLUCIÓN

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Variadas y encontradas opiniones se han suscitado a propósito de la política de pacificación impulsada por el Presidente Nicolás Maduro frente a los grupos de la derecha ultraconservadora que han ocasionado asesinatos de civiles y militares, además de los destrozos a edificaciones públicas y el aislamiento de zonas urbanas de clase media en algunas ciudades de Venezuela. Para un porcentaje significativo de revolucionarios y chavistas ello significaría una claudicación inaceptable, tomando en cuenta que los promotores de esta violencia fascista tienen como meta única el derrocamiento del gobierno venezolano y, con él, la desaparición de todas las conquistas sociales, culturales, económicas y políticas que le devolvieron la dignidad a los sectores populares que, por espacio de más de cuarenta años, fueran invisibilizados, explotados, marginados y masacrados por las élites dominantes. Por otra parte, los hay quienes justifican tal iniciativa presidencial, basándose en la necesidad de consolidar un clima de gobernalidad en el país que impida, eventualmente, cualquier otra tentativa injerencista de parte de Estados Unidos y sus lacayos en la región.

Sea como sea, lo cierto del caso es que este diálogo de paz adelantando por el Presidente Maduro ha dejado al descubierto a quienes, desde el bando opositor, se ubican en el fascismo más puro y quiénes están impulsados por una vocación democrática legítima. Esto no ha impedido, sin embargo, que el gobierno de Maduro sea víctima de una satanización a ultranza que lo presenta ante la opinión pública internacional como un gobierno altamente represor, una dictadura comunista que, día y noche, persigue, encarcela, tortura y asesina a sus opositores, violando sistemáticamente todos los derechos humanos y, por añadidura, comete toda suerte de crímenes de lesa humanidad; todo lo cual legitimaría la “resistencia cívica” de burgueses y pequeños-burgueses, en oposición a la mayoría de la población nacional que siempre ha respaldado el proceso revolucionario bolivariano socialista. Ahora bien, ¿a qué obedece esta disparidad de puntos de vista entre chavistas y revolucionarios? Aunque pocos gustan admitirlo y, menos, corregirlo, a la falta de una formación política-ideológica sostenida, autocrítica y propositiva, que, al mismo tiempo que sirve para afianzar la convicción y el compromiso entre revolucionarios y chavistas, permita la constitución de una verdadera vanguardia popular revolucionaria, la cual resulte capaz de llevar a cabo transformaciones revolucionarias realmente trascendentes y esté ligada a los sectores populares en todo momento.

Además de lo anterior, se palpa prácticamente la ausencia de unos objetivos concretos que reactiven el protagonismo, la participación, la movilización y la organización de los sectores populares, cumplida ya una primera fase del proceso revolucionario bolivariano socialista bajo el liderazgo indiscutible del Comandante Chávez. Es fundamental que se comprenda la necesidad histórica de modificar sustancialmente las estructuras económicas, la correlación de fuerzas y la herencia o realidad cultural existentes en Venezuela en oposición a la mezquindad consumista y excluyente, inducida y reforzada a través de su sistema de propaganda por el capitalismo mundial; todo lo cual tendría como su mayor soporte la acción revolucionaria de los sectores populares conscientes y organizados, lo que supondría entonces la conformación de una nueva hegemonía, esta vez de carácter popular, socialista y revolucionario.- 

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01/04/2014 10:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

POR ENCIMA DE TODO, REVOLUCIÓN Y SOBERANÍA

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La necesidad de garantizar la soberanía nacional y la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista requiere de un debate político e ideológico que resulte prospectivo, propositivo y proactivo, de modo que no solamente contribuya a definir situaciones puntuales en cuanto a la gestión pública y la gestión política, sirviendo de soporte a las acciones que habrían de emprenderse de acuerdo a una estrategia revolucionaria a largo plazo en cuanto a lo que sería entonces la construcción del socialismo bolivariano en Venezuela. Sin embargo, ello es visto con sumo recelo por quienes ejercen cargos de dirección política y de gobierno, impidiendo que esto tenga alguna trascendencia respecto al nivel de conciencia, de organización y de movilización de los sectores populares como actores principales en el desarrollo y profundización del proceso revolucionario bolivariano socialista, aun cuando se recurra al discurso y la imagen del Comandante Hugo Chávez como forma legitimadora de sus actuaciones.

Por esto, el debate político e ideológico debiera constituir la mejor herramienta a utilizar para fortalecer la convicción y el compromiso de la militancia chavista y revolucionaria en todos los niveles posibles. De ahí su importancia en la tarea del diseño e implementación de un vasto proyecto histórico de transformación de la sociedad venezolana que, en los momentos actuales, es fuertemente combatido por los sectores reaccionarios del país y por sus mentores extranjeros, ya que entienden que éste tendería a fortalecerse y, por consiguiente, a instaurar un nuevo orden social, político y económico que los desplazaría, el cual se asentaría en la hegemonía del poder popular, dándosele cumplimiento a lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela respecto al ejercicio de la democracia participativa y protagónica.

En la introducción de la Agenda Alternativa Bolivariana, de 1996, el Comandante Hugo Chávez, refiriéndose a la multiplicidad de factores que engendraron la crisis política, económica, social, moral y militar que padeciera Venezuela en las últimas décadas del siglo pasado y la imposibilidad del Estado burgués-liberal para resolverla satisfactoria y plenamente, dejó asentado: "El poder constituido no tiene, a estas alturas, la más mínima capacidad para hacerlo, por lo que habremos, necesariamente, de recurrir al Poder Constituyente, para ir hacia la instauración de la Quinta República: la República Bolivariana". Esta comprensión de Chávez de cuál sería la alternativa a seguir hizo que millones de venezolanos y venezolanas confiaran en su liderazgo para salir del laberinto al cual las élites les habían arrastrado de forma totalmente irresponsable, cuestión que logró más allá de su fallecimiento, al implementar una serie de leyes y medidas que favorecieron ampliamente a los sectores populares antes marginados. Por ello, la estrategia de desgaste llevada a cabo por los grupos minoritarios de la oposición busca que este mismo Estado deje de funcionar bajo la orientación que le diera Chávez, de modo que la lucha de clases (aun sin tener conciencia de ello) halle otros cauces y sea el detonante de una mayor injerencia de factores externos, entre ellos el gobierno de Estados Unidos, evaluando así que todo se reduce a atacar al gobierno y demás instituciones, pero sin entender que enfrenta a un pueblo decidido a defender el proyecto de revolución bolivariana y a reivindicar su soberanía por encima de todo.-

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29/03/2014 10:10 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN FRENTE A LA GUERRA "POPULAR" DE LA BURGUESÍA

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Se ha hecho evidente que el accionar violento de los grupos más extremistas de la oposición en Venezuela viene a cumplir el papel de detonante de una situación que obligue al gobierno de Nicolás Maduro a bajar la guardia y, eventualmente, a dimitir en función de alcanzar un estado de paz y gobernabilidad mediante un aparente nuevo gobierno democrático. En todo caso, ello comprende, sencillamente, un deseo de poder que les hace disfrazar sus discursos, propagando sin rubor alguno mentiras deliberadas y conscientemente tramadas, con evidente asesoramiento de sus mentores yanquis, lo que ya deja mucho que decir sobre lo que quizás ellos pudieran entender eventualmente como libertad y como democracia.

Así, el hecho concreto que el Comandante Hugo Chávez haya planteado una revolución de carácter socialista en Venezuela, restableciendo los ideales de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, encendió las alarmas de la Casa Blanca, pero más aún de aquellas capas sociales que hasta entonces se habían dedicado a usufructuar el poder y suponían que jamás el pueblo venezolano habría de reaccionar de una u otra forma, ante su indiferencia su corrupción y sus arbitrariedades. Por ello, resulta irónico que la burguesía haya emprendido una guerra “popular” en contra del mismo pueblo venezolano al atacar y al negarse a aceptar los diversos logros del proceso revolucionario bolivariano socialista.

Desde entonces, los sectores oligárquicos y ultraderechistas han apelado a la violencia extrema, al sabotaje económico, a la manipulación informativa y al golpe de Estado para imponerle al pueblo venezolano su agenda particular y restablecer el viejo orden existente antes de 1999. Todo ello estimulado por la falta de resolución de un estamento político chavista que no ha sabido y, en algunos casos, no ha querido, corresponder a las expectativas y al carácter subversivo de las luchas populares, impidiendo -de una u otra manera- que se hagan letra viva la práctica y los espacios democráticos participativos contenidos en la Constitución Bolivariana y en las diversas leyes del poder popular. A ello se agrega la indolencia y la incapacidad de un Estado adecuado para una realidad nacional que ya dejó de existir, que -por sus características- resulta anacrónico para dar respuestas puntuales a los problemas y necesidades generados por la dinámica social actual, por lo que se hace más que necesaria su total transformación; pero sin obviar (bajo ningún criterio) la participación y el protagonismo efectivos inherentes a las organizaciones y/o colectivos del poder popular, ya que, de no hacerlo así, cundiría la indiferencia entre éstos por la suerte que le tocaría enfrentar al gobierno chavista, incrementándose entonces la espiral de terrorismo y violencia desatada por los grupos más reaccionarios de la oposición.-

 

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29/03/2014 10:08 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

NO HAY MÁS OPCIÓN QUE PROFUNDIZAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO

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Intolerancia, fanatismo, racismo, violencia, odio, xenofobia y disociación son los rasgos más evidentes observados a través del tiempo entre los grupos más radicalizados de la oposición antichavista en Venezuela. A tales rasgos se añade su empeño en hacer creer a la opinión pública internacional toda una realidad virtual, presentando hechos generados por ellos mismos como si fueran ocasionados por adeptos del gobierno presidido por Nicolás Maduro, incluso recurriendo a la descarada manipulación de fotografías pertenecientes a otros hechos acaecidos en diversos países, u ocurridos anteriormente en Venezuela durante los gobiernos que precedieron al mandato de Hugo Chávez. Todo esto, en medio de una guerra económica que ha afectado la distribución y adquisición oportuna por parte del pueblo de aquellos productos de primera necesidad, en una gran parte acaparados por empresarios y comerciantes inescrupulosos, ocasionando malestar y zozobra entre la población, sin que las medidas adoptadas por el gobierno de Maduro hayan tenido los efectos deseados.

En general, la arremetida opositora busca poner en jaque al gobierno chavista, exigiéndole su dimisión e imponiéndole condiciones secundadas desde Washington, según el mismo guión aplicado en algunas naciones del Este europeo (como actualmente en Ucrania), lo mismo que en varias del Medio Oriente, incluso con el asesoramiento, financiamiento y apoyo político a grupos de mercenarios que han asolado diversas poblaciones en Siria. Como se podrá deducir, lo que acontece en esta patria bolivariana tiene demasiadas similitudes con dichas situaciones, lo que indica que tras todo ello se halla la mano del imperio yanqui, lo cual debiera motivar al Presidente Maduro y al estamento político chavista en general a entender que la opción revolucionaria que les queda aplicar es la profundización y el aseguramiento permanentes de las iniciativas y cambios impulsados por Hugo Chávez desde la presidencia, puesto que las mismas contribuyeron a la movilización y a la organización a los sectores populares al mismo tiempo que se elevaba su conciencia política, siendo el soporte principal que hizo el triunfo de Chávez en cada elección realizada. Maduro tendría que convencerse que no hay más opción que ésta en vista que su llamado al diálogo y a la paz hecho a quienes lo adversan acérrimamente sólo ha servido para que éstos se hayan radicalizado, sin importarles los graves daños causados al patrimonio público ni las diferentes muertes de ciudadanos venezolanos que han causado, tanto en abril del año pasado como ahora en febrero de 2014.

Todo este plan de desestabilización, sin embargo, pudo evitarse a tiempo si el Presidente y las diferentes organizaciones político-sociales del chavismo se habrían aprestado a contrarrestarlo a tiempo, a través de una amplia y sostenida movilización popular y manteniendo sin pausa alguna el avance revolucionario de los sectores populares. Aun con ello, se puede llevar a cabo, pero contando siempre con la participación y el protagonismo del pueblo organizado y consciente, de modo que éste resulte ser un dique imbatible ante las pretensiones antidemocráticas de los grupos opositores.-

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29/03/2014 10:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS MEJORES CÓMPLICES DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

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La ineficiencia administrativa, la falta de visión política y el bajo nivel de compromiso y de formación revolucionarios que exhiben muchos de los responsables de la dirección del Estado venezolano podrían convertirse, a la larga, en los mejores cómplices de la oposición fascistoide para dar al traste con todo aquello que ha significado el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela e, incluso, en las demás naciones de nuestra América.

Por ello mismo, el debate político e ideológico debiera constituir la mejor herramienta a utilizar para fortalecer la convicción y el compromiso de la militancia chavista y revolucionaria en todos los niveles posibles, lo cual serviría, a su vez, para lograr los avances necesarios que establezcan las condiciones objetivas y subjetivas que aseguren la continuidad y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista, sin que sus enemigos de clase puedan aprovecharse de sus debilidades, inconsistencias y contradicciones. Al respecto, los militantes chavistas y revolucionarios, en especial aquellos con responsabilidades de dirección política y de gobierno, tendrían que esforzarse algo más en comprender que el escenario político nacional, con el resurgimiento de algunos hechos violentos aislados y minúsculos de parte de los grupos fascistas de la oposición, exige actuar -ahora con mayores razones que antes- con determinación para concretar la transición al socialismo bolivariano revolucionario.

Esto último obliga -ineludiblemente- a hacer realidad, de manera consciente y sostenida- la democracia participativa y protagónica, de manera que la soberanía popular sea capaz de influir en los cambios estructurales que deben producirse a lo interno del Estado venezolano, transformándolo, en consecuencia, en un Estado socialista y comunal que corresponda fielmente a la voluntad soberana de las amplias mayorías populares y no de una minoría social, política o económica. Hace falta, por tanto, empezar a cumplir con seriedad y suficiente voluntad política para concretar todos los propósitos inconclusos del Comandante Hugo Chávez. No puede haber, entonces, comportamientos irresponsables y cuartorepublicanos por parte de quienes ejercen cargos de elección gracias al liderazgo carismático de Chávez, limitándose éstos a darle más vida a las viejas prácticas demagógicas y clientelares que tanto caracterizaron a los gobiernos y a la dirigencia política del pasado puntofijista. Es hora que el pueblo consciente y organizado sepa distinguir entre quienes se afanan en satisfacer sus mezquinos intereses y aquellos que buscan definir y construir un nuevo orden social, económico, cultural y político, inspirado en los ideales e historias de luchas de resistencia de nuestros pueblos.-

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12/02/2014 13:45 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN NO ES GOBIERNO

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Al considerarse los quince años transcurridos desde el momento en que el Comandante Hugo Chávez Frías asumiera la presidencia de la República de Venezuela, generalmente se resaltan los diversos logros materiales e, incluso, culturales que fueran impulsados y consolidados durante este período. Sin embargo, ello reduce la trascendencia de lo hecho por Chávez, limitándolo a unas acciones de gobierno que bien pudieron implementarse antes bajo el bipartidismo derivado del Pacto de Punto Fijo mediante una redistribución equitativa y efectiva de los ingresos nacionales, sobre todo de la renta petrolera. Al hacerlo de esta manera, se tiende a confundir que el proceso revolucionario bolivariano socialista es nada más que el control absoluto de las diferentes estructuras que componen el Estado vigente, obviándose que, al plantearse la construcción de un socialismo bolivariano, éste abarcaría también la deslegitimación y la sustitución radical del sistema capitalista, de modo que existan las condiciones subjetivas que permitan el surgimiento de nuevos paradigmas que caractericen-en lo adelante- a las nuevas ciudadanas y a los nuevos ciudadanos del país.
           
De ahí que sea necesario insistir en que la Revolución no es simplemente ser gobierno. A ésta le atañe sustentarse en la práctica cotidiana de la democracia participativa y protagónica por parte del pueblo organizado, en la transformación estructural del Estado y en el desarrollo de unas nuevas relaciones de producción. En esta situación, el dominio hegemónico del Estado debería servir para el impulso y consolidación de estos objetivos mínimos, apartándose en un cien por ciento de aquellas normativas burocráticas que fueron sostén de la democracia representativa que se instauró en este país a partir de 1.958, impidiéndole a las amplias mayorías ejercer su plena soberanía. A ello hay que agregarle el obligatorio nivel de compromiso y de madurez revolucionarios al cual se deben todos aquellos servidores públicos que, identificados con el proceso revolucionario bolivariano socialista, estarían- aparentemente- mejor dispuestos en hacer la Revolución socialista junto con el pueblo revolucionario.

Si tal cuestión pudiera ser cabalmente comprendida por revolucionarios y chavistas, en especial de quienes ostentan cargos de elección popular, se podría trascender todo aquello que ahora se enmarca en lo que se ha dado en llamar el legado de Chávez. Esto implicaría, por supuesto, adoptar cambios de actitud, una ética y una voluntad política decididamente revolucionarios, esto es, la disposición de producir verdaderos cambios revolucionarios, quedando el gobierno subordinado a su papel de vocero del poder popular, tal como debiera ocurrir según los ideales y la praxis del socialismo.- 

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10/02/2014 18:17 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA JUVENTUD Y EL OBJETIVO GRANDE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

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Es hora de definir, en este año decisivo para el logro de muchos cambios aún pendientes, el objetivo grande de la Revolución Bolivariana. Para ello es necesario asegurar -desde ya- el relevo generacional que se encargue de acentuar y de darle la continuidad requerida a los diversos cambios producidos en Venezuela bajo la tutela del Comandante Hugo Chávez, lo cual podrá producirse si a este mismo relevo lo caracteriza -además de una práctica revolucionaria- una verdadera formación teórico-política revolucionaria, siendo entonces capaz de entender cuál es su papel a cumplir en el desarrollo de los futuros acontecimientos que definirán el curso de la revolución socialista bolivariana en este país.

Aunque algunos quizás piensen que es prematuro plantearlo, hay que tomar en cuenta que la población juvenil en Venezuela (en una gran mayoría) ha vivido estos cambios propiciados por Chávez, algo que le permitiría admitir con una mayor facilidad la necesidad de consolidarlos y de ampliarlos al hallarse ésta dotada de mejores herramientas de conocimientos que sus antecesoras. Esto último -por supuesto- no implica que muchos de los revolucionarios y chavistas provenientes de las primeras generaciones ya no tengan nada que aportar al proceso revolucionario bolivariano socialista. Al contrario. De muchos de estos dependerá también que este proceso avance y se concrete, dada su innegable experiencia y sus conocimientos, sobre todo en el área formativa, un talón de Aquiles que es preciso fortalecer cuando se ha propuesto la construcción socialista de las comunas en todo el territorio nacional; evitándose así que todo se limite a discursos y a propaganda oficiales, sin conexión con la realidad imperante.

De ahí que le corresponda a la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista retomar la senda iniciada por Chávez, esta vez con la convicción de ser la continuadora de su obra y de su pensamiento, pero imprimiéndole su propia dinámica subversiva, de manera que exista siempre esa posibilidad de agotar etapas en la búsqueda permanente de condiciones objetivas y subjetivas que precisen mejor lo que será el socialismo bolivariano en Venezuela. Por ello mismo, los y las jóvenes revolucionarios/as y chavistas no deberían sujetarse a las viejas reglas políticas heredadas del pasado, reglas que sólo conducirían a una restauración firme del antiguo régimen, con una democracia representativa que sólo representa los intereses de una minoría dominante y una dependencia semicolonial con el imperio estadounidense. De hacerlo, se convertirían entonces en unos viejos prematuros, enredados en un conservadurismo totalmente inapropiado para echar adelante la revolución socialista, en lugar de ser los motores impulsores de la organización, la movilización y la concientización de los sectores populares, conformando por consiguiente la vanguardia de esta revolución aún incipiente.

Consecuentemente, la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista tiene ante sí el formidable desafío de desplegar toda su potencialidad creadora y re-creadora en función de alcanzar y afianzar el objetivo grande de la Revolución Bolivariana que es la institucionalización de un Estado comunal en el cual predomine la voluntad, el interés, la toma de decisiones vinculantes y la influencia de los sectores populares. Esto tendrá que ser acompañado -ineludiblemente- por un cambio significativo de las actuales relaciones de producción, de manera que surjan y se impongan unos nuevos valores sociales, espirituales y culturales que permitan, a su vez, propagar un nuevo tipo de ciudadanía en la Patria chica de Bolívar. Por ello, no resultaría desmedido afirmar que gran parte de este compromiso revolucionario le toca en suerte ser asumido conscientemente -a partir del presente año- por la juventud revolucionaria, bolivariana y chavista de Venezuela.- 

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07/01/2014 09:51 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA DEMOCRACIA CONSEJISTA Y EL PORVENIR DE LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA

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Un amplio conjunto de circunstancias históricas, económicas, políticas, sociales y culturales han permitido que en Venezuela -en uno u otro aspecto- se esté definiendo y construyendo lo que podría llamarse una democracia consejista, producto ella de ese ejercicio pleno de la soberanía popular que se desprende de lo establecido en la Constitución Bolivariana y que se traduciría en acciones puntuales de transformación estructural del viejo Estado burgués-liberal que aún persiste, a pesar del andamiaje legal que le da protagonismo y participación a las diferentes organizaciones del poder popular. Debido a ello (más la infeliz situación creada por algunos jerarcas políticos y gobernantes en cuanto a los viejos vicios de la política tradicional que los convierte en arribistas de nuevo cuño, obsesionados por un enriquecimiento súbito, amparado en la legalidad), se impone la necesidad insoslayable de profundizar en el avance y en la organización revolucionarios de los sectores populares, de modo que exista la posibilidad inmutable de hacer irreversible el proceso revolucionario bolivariano socialista, no obstante las evidentes contradicciones e inconsistencias ideológicas que acusa en su interior.

Bajo tal perspectiva, la democracia consejista representaría ese salto cualitativo que requiere con sentido de urgencia el proceso revolucionario bolivariano socialista, convirtiéndose sin demagogia alguna en una democracia directa que haga realidad la emancipación integral del pueblo venezolano y asiente, de una vez por todas, las bases de un nuevo modelo civilizatorio totalmente opuesto al impuesto por el sistema capitalista. De ahí que, junto con la transformación estructural del Estado vigente y el surgimiento de un nuevo modelo económico que rompa con los paradigmas capitalistas, la participación protagónica del pueblo organizado es elemento fundamental para asegurar entonces el porvenir de la revolución venezolana, venciendo todas las resistencias y todas las contradicciones que han impedido -por ahora- su definitiva realización.

Esta democracia consejista, por supuesto, exige de los sectores revolucionarios populares que asuman con conciencia socialista la comprensión objetiva del importante momento histórico que les corresponde vivir, dotados ellos de una formación teórica revolucionaria sostenida, de manera que contribuyan a la transición al socialismo bolivariano, más allá de los discursos oficiales o de moda, permitiéndose a sí mismos el control definitivo del poder, ejerciendo el autogobierno, en vez de ser actores pasivos y dependientes de aquellos que ocupan cargos de gobierno y de dirección político-partidista.  Ello haría posible, además, una efectividad real en la solución de los problemas coyunturales y estructurales que presenta la sociedad venezolana desde antes que Hugo Chávez irrumpiera en la escena política del país en 1992, los cuales resultarán difíciles de reducir y/o eliminar sin esa participación cierta de dichos sectores.

Al respecto, hay que admitir que el control total del poder constituido no es una condición sine qua non para que se lleve a cabo la revolución socialista, aunque la facilite en muchos casos, si dicho control se basa en una simple reproducción y acentuación de las relaciones y de las estructuras de poder que usurparan por tanto tiempo las minorías dominantes ahora desplazadas. El hecho mismo que personas sin la debida capacidad, integridad y formación revolucionaria hayan copado este poder constituido, hace más urgente este cometido de vital importancia para la evolución y porvenir del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela.-        

 

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30/12/2013 17:18 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

A PROPÓSITO DEL TRIUNFO CHAVISTA EL 8-D

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        Es innegable que, con los resultados de las recientes elecciones municipales en Venezuela donde las opciones del chavismo obtuvieron el triunfo mayoritario, se abren algunas interrogantes respecto a si dicho triunfo responde a un avance firme del proceso revolucionario bolivariano socialista o si, por el contrario, es simplemente algo que encaja en lo que siempre han sido las elecciones en cualquier lugar del mundo según las reglas burguesas tradicionales, sin mayores consecuencias respecto a los cambios que han de producirse todavía a la luz del Plan de la Patria que se heredara de las manos del Comandante Hugo Chávez. Hasta ahora, algunos dirigentes chavistas y analistas políticos sólo se han limitado a resaltar el porcentaje de votos de diferencia en relación a elecciones pasadas, pero sin explicar -con un mínimo de objetividad- qué pasó en aquellos municipios donde venció la oposición, incluso en aquellos donde la gestión de alcaldes de la derecha no es nada satisfactoria, según la percepción generalizada de sus habitantes.

        Quizás valga la pena rememorar a propósito lo afirmado por Chávez en el Encuentro de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad en 2004 en Caracas: “No hace falta ser militar para saber que la mejor defensa es el ataque. Por eso, la humanidad debe pasar a la ofensiva. Pero toda ofensiva requiere un plan, una estrategia, unos actores coordinados, estructurados conscientes. Y también se requiere saber hacia dónde va la ofensiva, quién es el oponente principal o los oponentes principales”. Tal ofensiva, tal plan y tales actores no pueden (ni deben) responder a coyunturas que se presenten eventualmente, sin disponer de una comprensión cabal de las mismas, evitándose con ello la improvisación. Esto no ocurriría si se contara con una conciencia revolucionaria sistemática y sensatamente formada, la cual advertiría perfectamente quiénes son los oponentes a vencer, de modo que se garantice la continuidad y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista; erigiéndose, en consecuencia, todas las condiciones subjetivas y objetivas requeridas para que surja con toda su potencialidad creadora y re-creadora el poder popular, además del Estado comunal o consejista que se derivaría de su accionar revolucionario.

            Si los resultados electorales del 8 de diciembre apuntan a esto último, entonces quienes ahora ejercen cargos de dirección política y de elección popular tendrán que coadyuvar al surgimiento de unas nuevas relaciones de poder, con evidente hegemonía popular, sin que exista una posibilidad minúscula de reproducción de los viejos vicios clientelares que aún persisten en muchas instituciones públicas. Su compromiso como revolucionarios (y chavistas, en el caso de considerarse como tales) sería -más que todo- favorecer los cambios estructurales de las instituciones que dirigen y no permitirse que sus intereses estén centrados en sí mismos, coartando toda expresión de participación y protagonismo del movimiento popular revolucionario, sobre todo, cuando éste debe orientarse a la construcción revolucionaria de las comunas socialistas. Esto no puede sujetarse, por supuesto, a una cotidianidad meramente pragmática, reduciéndose todo al cumplimiento de una gestión eficaz, pero que no armoniza con el propósito primordial de hacer una verdadera revolución socialista, de manera que ella sea entonces la nueva realidad que construya el pueblo organizado, dotado de las herramientas teóricas y legales que la harán permanente.-

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28/12/2013 18:09 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL LEGADO DE CHÁVEZ: ¿REVOLUCIÓN O GOBERNABILIDAD REFORMISTA?

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En su fase actual, el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela -de continuar fortaleciéndose en su seno una tendencia pro capitalista y reformista, tanto en la dirección política como en las diversas estructuras de gobierno- podría derivar en una versión remozada del antiguo Pacto de Punto Fijo  (con inclusión de sectores abiertamente contrarios a los ideales socialistas pregonados por Hugo Chávez). Esto precipitaría, en alguna forma, la agudización de las múltiples contradicciones que pudieran existir, muchas de las cuales fueran contenidas durante algún tiempo gracias al liderazgo carismático de Chávez, pero que, al desaparecer éste sin poder darle bases sólidamente sustentadas al proyecto de la revolución bolivariana mediante el papel protagónico y decisivo de los sectores populares, aflorarían sin mayores controles frente a quienes le han sucedido en el poder.

Siendo ello posible, no es descartable que la dirigencia de tal tendencia se esté planteando a sí misma optar explícitamente por esta vía, a fin de preservar los espacios conquistados y continuar explotando a su favor el fervor popular despertado por el Comandante Chávez, pero ahora contando con el apoyo de quienes están en la acera de enfrente aunque esto se niegue -por ahora- de manera rotunda y reiterada. Todo esto bajo el argumento de preservar la gobernabilidad del país, asegurar el cumplimiento de los acuerdos comerciales internacionales y reducir las amenazas potenciales de una mayor injerencia del imperio estadounidense en los asuntos internos de Venezuela.

Con base a este somero análisis, podría deducirse que ya no serían entonces las acciones desestabilizadoras de los grupos opositores las que obliguen al gobierno y a la dirección política chavistas a definir posiciones respecto a darle o no la continuidad y la profundización de los cambios iniciados por Chávez  o, por el contrario, los frenarían para conservar -sencillamente- el estatus alcanzado. En este caso, serían los mismos sectores populares organizados que respaldaron siempre el liderazgo y toda iniciativa de Chávez, a pesar de conocer o entrever que muchos de sus partidarios en el poder no tienen su mismo nivel de compromiso revolucionario.

Como lo sugiriera Íñigo Errejón en su artículo “Chávez somos todos”, “la elevación de la figura del Comandante por encima de la disputa política, ya sea por la hipócrita condescendencia a posteriori o por una sincera nostalgia militante, puede contribuir a convertirlo en un ´transversal ideológico’: un referente central en la cultura política venezolana, que ya no suscita choques y que es un consenso conjugado en pasado, pero de poco impacto político en el presente. Tras su fallecimiento, la figura de Chávez es tan solo abiertamente rechazada por la minoría que aún sueña con volver, pacíficamente o no, al país anterior a la irrupción de masas en el Estado. Cuando estos sectores acusan a la revolución bolivariana de polarización la están acusando de politizar la pobreza y la exclusión, esto es: volverlas un asunto público, discutible y solucionable, en lugar de un dolor sordo y privado”.

Esta nueva situación pudiera desencadenarse a través de protestas aisladas, exigiendo algunas reivindicaciones básicas no satisfechas, pero que -generalizándose-  tendrían visos de una amplia rebelión popular en vista del estancamiento y retroceso que afectaría la marcha del proceso revolucionario bolivariano socialista. Aunque también sería posible que la misma sea superada, adoptando sin pudor los parámetros capitalistas para compensar las demandas de bienestar de la población venezolana y recurriendo entonces a medidas que aseguren su poder adquisitivo y otros bienes materiales, lo que significaría el abandono de los elementos ideológicos y políticos que alimentaron inicialmente el proyecto de revolución bolivariana que enarbolara Chávez con todo aquello que había enfrentado el pueblo consecutivamente desde 1989.-   

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03/12/2013 18:32 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA INSURRECCIÓN CÍVICO-MILITAR DEL 27 DE NOVIEMBRE DE 1992

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La insurrección cívico-militar del 27 de noviembre de 1992 en contra del régimen puntofijista representó la evidencia más palpable del grado de deterioro moral y de falta de legitimidad popular que éste ya venía sufriendo desde hace algunas décadas atrás, cuyos rasgos más resaltantes eran el parasitismo empresarial, la impunidad y la corrupción política generalizada. Para entonces, las luchas populares fueron moldeando e incrementando un estado tal de resistencia, incluyendo la resistencia pasiva expresada en la abstención electoral que se mantenía en persistente ascenso, sin que las elites dominantes llegaran a imaginar y a comprender cabalmente la magnitud del deterioro continuo de la hegemonía largamente ejercida sobre los sectores populares; una cuestión que debió ponerlas en alerta inmediata luego de producirse la rebelión popular del 27 de febrero de 1989 cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez quiso implementar obedientemente el recetario neoliberal recomendado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para remediar el serio declive sufrido por la economía rentista venezolana.  

Sin embargo, citando a uno de sus líderes militares principales, el General Francisco Visconti, de la Fuerza Aérea, “siendo la insurgencia cívico-militar del 27 de noviembre de 1992 un acontecimiento de extraordinaria trascendencia en la historia contemporánea de nuestra Patria, este capítulo no ha sido analizado, estudiado ni registrado con suficiente interés, atención y profundidad: sin el 27-N no hubiese sido sometido a juicio y finalmente removido de la presidencia de la República el ciudadano Carlos Andrés Pérez; sin el 27-N no se hubiese consolidado la opinión y la voluntad nacional por el cambio y la transformación político-social de nuestro país. Tampoco habríamos logrado, sin el 27-N, una matriz de opinión favorable al proceso de cambio venezolano a nivel internacional y obtenido los sobreseimientos de las causas de los compatriotas combatientes del 4-F que se encontraban presos y, en general, no habríamos fortalecido férreamente el gran sentimiento nacional por el proceso revolucionario bolivariano que los venezolanos estamos construyendo hoy día”.

Teniendo en cuenta este breve análisis del General Visconti, habría que reivindicar esta importante insurrección cívico-militar, puesto que sin ella quizás la historia fuera otra. Aquella unidad de patriotas civiles y militares tenía como orientación principal el rescate de la dignidad y de la soberanía nacional frente a un sistema de exclusión social, cuyos planes contemplaban la privatización de todas las empresas públicas y de los servicios básicos de la población, la apertura del mercado nacional al capital transnacional estadounidense sin protección legal para los trabajadores venezolanos y la posible negociación de los recursos existentes en el Golfo de Venezuela, sin que en nada de ello se tuviera en cuenta la opinión del pueblo.

Según lo señalara el Comandante y Presidente Hugo Chávez, quienes protagonizaron esta acción subversiva “tuvieron el valor y la dignidad de no ser cómplices de aquella dictadura con careta democrática”. Gracias a su rebeldía, el pueblo venezolano pudo confiar más plenamente en su capacidad de lucha, animándolo a emprender un camino distinto al que se le hiciera transitar durante cuarenta años consecutivos sólo para beneficiar a una minoría parasitaria y pro-imperialista que no tuvo empacho alguno en ordenar el asesinato sistemático de todos aquellos que pudieran cuestionar su corrupción y hegemonía (incluyendo a los miles de venezolanos que fueran masacrados durante la lucha armada de las décadas de los 60 y 70).

Tal confianza se ha manifestado grandemente, en un primer momento, en el apoyo masivo a los insurgentes del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992; luego en la elección de Hugo Chávez como presidente constitucional de Venezuela, lo que se ha mantenido casi de forma inalterable hasta el momento, a pesar de algunos desaciertos e inconsistencias ideológicas, lo cual ha perfilado que este país sea hoy por hoy una referencia mundial en cuanto a la experiencia revolucionaria socialista que acá tiene lugar de manera inédita.-  

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27/11/2013 13:29 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL 8-D Y EL LEGADO DE CHÁVEZ

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Quienes sentimos esa vocación patriótica y revolucionaria que cultivara siempre el Comandante Hugo Chávez por hace de nuestra nación un lugar digno donde vivir, rescatando la esencia revolucionaria de nuestro Libertador Simón Bolívar e impulsando la puesta en marcha de una propuesta socialista inédita y basada en el poder creador del pueblo, no podemos ni debemos -en consecuencia- distraernos más en lo adelante con aquellas personas que siguen ignorando a propósito la trascendencia histórica y política de las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre en Venezuela, al evidenciarse que sólo les anima un revanchismo político y deseo pequeño-burgués de satisfacer sus propios intereses personales en vez de mantenerse leales a un proyecto revolucionario que aún requiere consolidarse y profundizarse en función de lograr, de modo definitivo, la transición al socialismo.

En tal sentido, las bases del chavismo tendrán que evaluar concienzudamente cuáles de las opciones electorales actuales están inscritas en los planes de la oposición para causar, sencillamente, la división, la desorganización y el debilitamiento de las fuerzas revolucionarias en cada municipio y estado del país, o si, por el contrario, éstas buscan consolidar y profundizar los logros revolucionarios junto al pueblo organizado. Para ello bastaría conocer de qué manera algunas candidaturas tienen o no un perfil realmente revolucionario y si su propuesta de gestión contiene o no la construcción autónoma y socialista de las comunas y la restitución del poder al pueblo como sus objetivos revolucionarios fundamentales.

Por tales motivos, los revolucionarios y chavistas estamos en la obligación moral y revolucionaria de preservar y apuntalar el legado de Chávez por encima de los enemigos declarados de este proceso revolucionario bolivariano socialista, así como también de aquellos que, llamándose chavistas, únicamente acuden al pueblo en épocas electorales, prometiendo villas y castillos, manteniendo sin solución los diversos problemas que aquejan a las comunidades. Entre ambos grupos, el pueblo debe optar por las candidatas y los candidatos que se identifiquen con sus intereses colectivos, sin quejarse embaucar con promesas fáciles, como siempre sucedió bajo el régimen del puntofijismo.

Asimismo, hay que tener en cuenta que la derecha fascista mantiene inalterable su guión desestabilizador, como lo demuestran sus contactos en el extranjero con personeros de esta ideología retrógrada y contrarrevolucionaria en busca del respaldo necesario para cualquier eventualidad que signifique la ruptura del hilo constitucional en el país. Esto se ha puesto de manifiesto últimamente en el acaparamiento de algunos alimentos y otros productos de uso cotidiano, a pesar de las medidas coyunturales adoptadas por el gobierno nacional, lo cual exige un mayor nivel de organización, de movilización y de madurez política e ideológica de los movimientos sociales y políticos del chavismo que neutralice cualquier acción opositora dirigida a crear un clima de ingobernabilidad. Esta es una cuestión que no puede perderse de vista bajo ninguna circunstancia. De ello dependerá en gran medida la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela, de un modo quizás mucho más amplio y acentuado que antes, obligándose el pueblo a convertirse en el protagonista fundamental del mismo, en todo espacio y en todo momento.

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31/10/2013 10:27 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

SÍ, HACE FALTA UN VERDADERO GOLPE DE TIMÓN EN VENEZUELA

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            Desaparecido físicamente Hugo Chávez, no ha existido -a pesar del esfuerzo de Nicolás Maduro- un liderazgo capaz de evitar y disminuir las contradicciones, fracturas y controversias que se suscitan en el chavismo, lo que ha sido un caldo de cultivo bien aprovechado por quienes han sido sus enemigos políticos e ideológicos, obteniendo algunos espacios de aceptación que presagian una eventual correlación de fuerzas a su favor si no se profundizan los cambios revolucionarios hasta ahora alcanzados. Pareciera que la dirigencia chavista no atinara a vislumbrar alguna estrategia efectiva que contenga tal eventualidad, limitándose tan sólo a continuar administrando lo adelantado por Chávez, pero sin el mismo ímpetu ni la audacia de éste. Quizás no quieran darse cuenta que la única fórmula a la mano para trascender lo hecho en catorce años de gobierno de Chávez es la restitución efectiva y sin condicionamientos del poder al pueblo, lo cual -de momento- podría ser posible por medio de las comunas, los consejos comunales, los consejos de trabajadores y otras expresiones organizativas populares.

            Haría falta un golpe de timón, tal como lo planteara el Presidente Chávez el 20 de octubre de 2012, el cual tiene que abarcar aspectos y procedimientos relativos a lo político, lo económico, lo social, lo ético y lo moral. Esto haría mermar la confianza recuperada por los grupos de la oposición que actualmente enfilan todas sus baterías en conseguir que estalle en el país una crisis generalizada que obligue a claudicar al gobierno de Nicolás Maduro al no mantenerse la hegemonía popular que se impusiera bajo el liderazgo de Chávez desde 1998.

            A ello ha contribuido, sin duda, el hecho de sólo instruir y comprometer a las bases del chavismo para su participación exitosa en cada contienda electoral celebrada, pero sin ahondar mucho en su formación teórica, de modo que haya un proceso de desalienación de las mismas que les permita plantearse, en consecuencia, la deslegitimación continua del capitalismo y de los esquemas representativos de la democracia burgués-liberal que, en una fase posterior, dé paso, por consiguiente, a la construcción colectiva del socialismo revolucionario.

            Es preciso entonces que el Presidente Maduro y todos los que le acompañan en los diferentes niveles de gobierno y de dirección política acepten y se convenzan que sin la participación real del pueblo, tanto en la toma de decisiones como en la creación socialista de una nueva institucionalidad, el proceso revolucionario bolivariano socialista podría naufragar con más penas que glorias. Sin este elemento primordial, se tendería a precipitar en el vacío todo el esfuerzo y el sacrificio del pueblo venezolano en estas dos últimas décadas de su historia de luchas, y -junto con ello- de las esperanzas de una humanidad subyugada por los intereses hegemónicos de un imperio gringo que ha hecho del mundo entero su coto de caza exclusivo, en complicidad con los grupos antinacionales que le siguen, en una clara demostración de su subordinación colonial.-  

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11/10/2013 17:53 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA SEGÚN LA VISIÓN SOCIALISTA DEL CHE

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Desglosando parte de lo escrito en 1965 por Ernesto Che Guevara en su obra “El Socialismo y el hombre en Cuba”, al referirse a esa etapa de transición entre el viejo modelo de sociedad capitalista y burguesa y la que se estaba gestando en Cuba bajo las banderas del socialismo, se podría establecer un paralelo (salvando las distancias y algunas circunstancias muy particulares) con el desarrollo del proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela.  Revelaba el Che, entre otras cosas de importancia: “La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia”. Vistos los resultados de las políticas económicas implementadas durante su mandato presidencial por el Comandante Hugo Chávez y continuadas por el Presidente Nicolás Maduro se pudiera inferir que hay algo chueco en la construcción y consolidación de un modelo de sociedad realmente socialista. Basta ver cómo muchos sectores sociales se han conformado con imitar el consumismo que caracteriza a la sociedad capitalista a nivel mundial, dejando a un lado lo relativo a una nueva conciencia social o colectiva, labrada bajo los valores del socialismo revolucionario, quedándose esto último en un discurso que no es compatible con la praxis revolucionaria que debe prevalecer en todos aquellos que se dicen revolucionarios y seguidores de Chávez.

Más adelante, el Che define con una mayor claridad la situación creada en aquellas naciones donde se ha planteado realizar una revolución de carácter socialista: “En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo, por un lado, y la habitual fuga de capitales hacia países «civilizados», por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios. Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande. Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo”.

Aplicando lo expresado por el Che al caso venezolano, hay, por tanto, razones para cuestionar mucho de lo hecho y de lo que se ha dejado de hacer en esta larga transición para la construcción de la sociedad de nuevo tipo que emergerá, tarde o temprano, de la lucha por el socialismo revolucionario en Venezuela, considerando las evidentes contradicciones existentes al mantenerse intactas las estructuras del viejo Estado burgués-liberal (no obstante llamarlas socialistas) y las relaciones de producción derivadas del capitalismo. Esto explicaría en parte lo que está ocurriendo actualmente cuando la derecha intenta cuajar sus intenciones de acabar con el proceso revolucionario bolivariano socialista, valiéndose de ese afán casi natural de muchas personas identificadas con el chavismo de querer acceder a mejores estándares de vida, producto de esa falta de formación de una conciencia revolucionaria y de la alienación infundida durante décadas por la propaganda capitalista. Haría falta, entonces, aprovechar las circunstancias que parecieran cercar en estos momentos al proceso revolucionario bolivariano socialista y optar decididamente por su radicalización, definiéndolo en medio de una lucha de clases que no podría postergarse por más tiempo, so pena de sufrir un revés definitivo, truncándose las esperanzas de todo un pueblo y, más allá, de una humanidad que aún sueña con otro mundo posible sin las rémoras nefastas del capitalismo.-

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09/10/2013 21:50 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

SEGURO MATÓ A CONFIADO, O LA HORA “TRIUNFANTE” DE LA OPOSICIÓN

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            Con la implementación de una estrategia perversa que persigue estrangular la economía venezolana y así causar disturbios que se generalizarían en todo el país, de forma que éstos conduzcan a una salida anticonstitucional que acabe, finalmente, con el proceso revolucionario bolivariano socialista, los sectores más reaccionarios de la oposición presienten que esta vez sí les llegó la hora de coronar con éxito todas sus acciones desestabilizadoras, a tal punto de sentirse impunes y triunfantes. Hasta ahora pareciera que pocos revolucionarios y chavistas han llegado a entender las estratagemas opositoras al provocar el desabastecimiento y especulación de algunos productos de consumo masivo, al igual que la imposición de un mercado financiero paralelo con un dólar que escapa a los controles gubernamentales hasta ahora adoptados. Frente a ello, algunas personas han terminado por pensar seriamente que Nicolás Maduro y el equipo político-militar que le acompaña están perdiendo la batalla que afrontan al recurrir a medidas que, aparentemente, no tienen el efecto deseado.

             Esto comienza a minar la confianza de alguna gente, especialmente chavista, que es -al fin y al cabo- lo que se ha planteado la oposición como un primer paso para recuperar el poder perdido. Mientras tanto, gran parte del movimiento popular revolucionario pareciera no contar con una orientación adecuada y articulada mediante la cual se conjure lo adelantado por los sectores de la contrarrevolución, tanto dentro como fuera de Venezuela. Muchos perciben que no existe suficiente voluntad política ni claridad ideológica para abordar objetivamente lo que ocurre y echar por tierra la desestabilización del país. Quizás haya una confianza demasiada ingenua respecto a la lealtad y unidad inquebrantable del estamento militar o en el control casi absoluto de las instituciones públicas claves, como la Asamblea Nacional, olvidando lo hecho por la oposición el 11 de abril de 2002. Ya lo dice el viejo adagio popular: “seguro mató a confiado”. Y esto es aplicable a la situación actual venezolana.

             Lo cierto del caso es que, indiferentemente de lo que se afirme a favor o en contra, el proceso revolucionario bolivariano socialista se encuentra ante una coyuntura que puede determinar o no su definitiva consolidación y avance indetenible o, en su defecto, que facilite la restauración del viejo sistema de elites que prevaleciera hasta 1998 cuando Hugo Chávez fuera electo Presidente de la República, instaurándose -subsiguientemente- una socialdemocracia reciclada que daría al traste con todos los cambios alcanzados en la construcción revolucionaria del socialismo. Esto -de no actuarse con la contundencia revolucionaria que la situación del país amerita- podría convertirse en una trampa de arena de la que resultaría difícil de salir, si no se apela a la disposición revolucionaria de los sectores populares, quienes, en definitiva, son los verdaderos sustentadores de este proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como quedó demostrado en cada contienda electoral ganada y más durante los aciagos momentos que hubo de enfrentar el Presidente Chávez, desbaratando las diversas embestidas de los grupos fascistas del país.-

           

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04/10/2013 18:09 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA RECAPITULACIÓN INMEDIATA DEL LEGADO DE CHÁVEZ

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La necesidad de avanzar en Venezuela en el logro de una institucionalidad realmente revolucionaria y participativa que tienda, además, al establecimiento de unas nuevas relaciones de poder, se ha convertido en un asunto público que debe discutirse ampliamente en el seno de las filas chavistas, de modo que éstas sepan discernir a ciencia cierta lo que está en juego actualmente si se desperdicia la oportunidad de llevar a cabo, decididamente, la revolución bolivariana socialista; colocándose al poder popular como la pieza fundamental de dicha institucionalidad.

 Por eso, teniendo en cuenta la perspectiva de unas nuevas elecciones de alcaldes y concejales en el país, las candidaturas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) no pueden verse como un simple concurso de preferencias personales o como la oportunidad de zanjar algún un compromiso político o un favor recibido, lo cual hace que se olvide grandemente la existencia de un proyecto de transformación socialista. Esto impone una recapitulación inmediata y sostenida de todo aquello que planteara el Comandante Hugo Chávez desde el primer momento que hablara del socialismo del siglo XXI, no obstante la mucha resistencia que el mismo iba a generar entre muchos de sus seguidores de entonces.

 Ahora que no se cuenta con la presencia física de Chávez como máximo líder del proceso revolucionario bolivariano socialista, hay que resaltar su empeño en que los consejos comunales y las comunas pasaran a ser las organizaciones rectoras de la transformación socialista, tanto en lo que respecta al Estado como a la sociedad entera. Para ello es imprescindible retomar la formación teórica, dirigida por igual a la dirigencia y a las bases del chavismo, de modo que ella contribuya a caracterizar objetivamente el curso histórico del proceso revolucionario bolivariano socialista, definiendo y atacando las diferentes contradicciones existentes y aquellas que, eventualmente, pudieran detectarse en lo futuro. La misma serviría de herramienta eficaz para vencer las diversas tácticas y estrategias desarrolladas por la contrarrevolución, las cuales tienen como designio inmediato causar el descontento y el desmoronamiento moral de las bases chavistas que legitime luego sus acciones desestabilizadoras de acuerdo al plan trazado en unión con el régimen de Estados Unidos.

 Sin embargo, todavía será preciso que quienes ahora se atribuyan la condición de legatarios de Chávez estén abiertos a la comprensión de lo que implica echar adelante el proyecto revolucionario bolivariano socialista de la mano con el pueblo organizado, lo que impone deslastrarse de las concepciones, los comportamientos y los esquemas de la democracia liberal-representativa que son, al fin y al cabo, los que han permeado todas las estructuras del Estado, a pesar del aparente cambio socialista que se les ha aplicado. Esto es algo que, aun sin el visto bueno de la dirigencia partidista y los gobernantes chavistas actuales, tendrá que ocurrir forzosamente, de manera que el proyecto revolucionario bolivariano socialista pueda concretarse sobre bases sólidas y no meramente retóricas. Para ello es vital la conformación de equipos políticos con un propósito común y pertenezcan a organizaciones que actúen de forma estructurada para alcanzar unas metas específicas que contribuyan a definir y a afianzar, en consecuencia, el rumbo a seguir para asegurar la construcción definitiva del socialismo bolivariano.-

 

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25/09/2013 15:45 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LAS COMUNAS Y LA NUEVA INSTITUCIONALIDAD REVOLUCIONARIA

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       De acuerdo al marco jurídico actual en Venezuela, así como al imperativo existente de profundizar el proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como lo planteara en su momento el Comandante Hugo Chávez, la conformación, la activación y el desarrollo de las comunas tendrían que orientarse forzosamente hacia la transformación estructural del Estado y del modelo de civilización capitalista dominantes, alterándolos significativamente, de modo que las diferentes instituciones públicas se conviertan en escenario propicio para el pleno ejercicio de la democracia participativa y protagónica; generando, en un primer momento, una institucionalidad revolucionaria, adaptada a los requerimientos de participación y toma de decisiones por parte de los sectores populares. Siendo ello así, habría que interrogarse si esta nueva institucionalidad que impondría la existencia de las comunas definiría objetivamente la construcción del socialismo revolucionario en Venezuela y en qué medida contribuiría a su definitivo arraigo, dada la innegable debilidad y/o inconsistencia ideológica que muestran algunos de sus propulsores, creyéndose que sólo bastaría enunciarla para lograrla. En lo que sí se podría coincidir con muchos revolucionarios y chavistas es que las comunas serían el punto de no retorno respecto a la transición al socialismo y la edificación de un nuevo tipo de sociedad. Para esto último es esencial comprender que se requieren condiciones objetivas y subjetivas que lo hagan realidad, sin que exista la amenaza latente de la restauración del sistema capitalista y la reproducción inadvertida de los viejos esquemas representativos; quedándose todo en sólo reformas parciales y/o superficiales que, a la larga, mantendrían intacta la situación que se pretende revolucionar junto con el pueblo.

    Tal como lo enuncia el artículo 11 de la Ley Orgánica del Poder Popular, “las organizaciones y expresiones organizativas del poder popular tienen como fines: 1.- Consolidar la democracia participativa y protagónica, en función de la insurgencia del poder popular como hecho histórico para la construcción de la sociedad socialista”. No obstante, cabría preguntarse un tanto ingenuamente cómo alcanzar este primer e importante objetivo cuando aún -desde muchos organismos públicos- se desestimula tal insurgencia, sometiendo a controles previos y clientelares a las diferentes organizaciones y expresiones organizativas populares. Existe, por tanto, una antítesis respecto a este punto, la cual pudiera contrarrestarse y abolirse mediante un mayor nivel de conciencia policía e ideológica que se manifieste de forma contundente frente a aquellos que, con su conducta reformista o pequeño-burguesa, impiden el avance revolucionario de los sectores populares, ahogándolos en un mar de procedimientos burocráticos que resultan inadecuados respecto a la realidad revolucionaria del socialismo.

       Haría falta entonces reemprender, ampliar y afianzar la formación teórico-práctica del socialismo revolucionario, sobre todo entre las nuevas generaciones, sin que esto signifique la imposición de dogmas incuestionables; cuestión ésta que debe tener como primera consecuencia la conformación de una verdadera vanguardia revolucionaria que le dé nacimiento a una nueva institucionalidad, de indudable contenido y características socialistas (no maquillada de “socialismo”) que allane el camino a las comunas y a la sociedad de nuevo tipo que las mismas deben prefigurar.-

 

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21/09/2013 15:00 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

ALCALDÍAS, ¿PIVOTES PARA LA REFUNDACIÓN DE LA PATRIA?

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Bien lo dijo alguna vez el Presidente Hugo Chávez Frías: “Es el pueblo el que decide; es la comunidad la que decide; no somos nosotros, no es Chávez el que va a decidir… son ustedes los que deciden, es el poder popular, es la democracia directa, a través de las asambleas populares, a través de la participación, el protagonismo”.

Sus palabras siguen siendo una exhortación constante -más dirigida a los diversos sectores populares organizados que a aquellos que tuvieron la buena fortuna de ocupar cualquier cargo de gobierno gracias al carisma de Chávez- en previsión que el proceso revolucionario bolivariano socialista pudiera sucumbir, eventualmente, víctima de la corrupción, de la mediocridad y de la falta de compromiso revolucionario de una dirigencia incapaz de entender medianamente la trascendencia del momento histórico que se desarrolla ante sus ojos.

Más aún en la coyuntura representada por las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre cuando el electorado tenga la ocasión de escoger candidatas y candidatos a las alcaldías y los concejos municipales de todo el país que faciliten al poder popular las condiciones objetivas para disponer de espacios de mayor amplitud e influencia a los conquistados hasta ahora. De ahí que tales elecciones sirvan de excelente oportunidad para adecuar las instancias del poder público municipal a las exigencias de una realidad todavía por transformarse, ciertamente, pero que ya se avizora de profundizarse el ejercicio de la democracia participativa y protagónica, de modo que ésta resulte más directa, convirtiéndose las alcaldías (y concejos municipales) en pivotes para la refundación de la patria bolivariana con una concepción nueva, audaz, socialista y revolucionaria.

Por consiguiente, el alcance de esta línea de acción revolucionaria no debe depender exclusivamente de la voluntad política de quienes asumirían estos cargos de elección popular, puesto que ello podría limitarla y desviarla, acabando por ser una simple referencia retórica, sin ninguna base de sustentación ni trascendencia. Son los sectores populares quienes no deben desperdiciar tal oportunidad de producir un impulso decisivo hasta lograr su completa realización. Para ello es necesario que incrementen su capacidad organizativa, formativa, de lucha y de movilización en función de cambiar la realidad circundante y de plantearse la cogestión y la autogestión no sólo en el plano socio-productivo sino también en el ámbito político, de forma que sean erradicados el burocratismo, la verticalidad jerárquica y la corrupción administrativa que caracteriza al Estado burgués-liberal.

Correspondería, en consecuencia, a quienes ejerzan la responsabilidad del gobierno municipal cumplir con lo establecido en la Constitución referente a la refundación de la república, sólo que ello tiene que ir de la mano con las diversas formas organizativas que conforman el poder popular. Esto es algo que no se limita a los nuevos gobernantes locales sino que se extiende a todo el conglomerado del poder constituido, a fin de consolidar, de ampliar, de diversificar y de profundizar los diferentes logros que han prefigurado la revolución bolivariana socialista, de manera que ésta se convierta en una realidad irreversible.

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26/08/2013 21:18 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LAS TRES R Y LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

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Las recientes detenciones de funcionarios de relieve de diferentes organismos públicos nacionales, acusados de incurrir en hechos de corrupción administrativa, deben estimular entre los sectores revolucionarios la necesidad de acompañar activamente al Presidente Nicolás Maduro en la lucha frontal contra tal flagelo, independientemente de la jerarquía y de la militancia partidista que tengan quienes deban ser investigados por este delito contra el patrimonio público. Se trata entonces de articular esfuerzos que hagan realidad la unidad del pueblo organizado y el gobierno, a fin de detectar los posibles focos de corrupción que existan en las diferentes Misiones sociales y en cualquier instancia gubernamental, sobre todo, considerando el estilo de vida adoptado por aquellos que se dicen revolucionarios, pero actúan como un burgués común y corriente.

Hace falta, por tanto, retomar las tres R (revisión, rectificación y reimpulso) que propusiera en su momento el Comandante Hugo Chávez, de manera que se produzca una mayor efectividad en el combate a la corrupción, tal como se desprende de lo realizado hasta ahora por el Presidente Maduro Moros, sin limitarse a la difusión de chismes o rumores infundados, sino entablando una verdadera batalla por el adecentamiento del proceso revolucionario bolivariano socialista, de modo que no existan más obstáculos en su profundización y consolidación. Al respecto, se debe recordar que, precisamente, el desborde de la corrupción administrativa de los gobiernos conservadores de AD y COPEI fue una de las causas que originaron y justificaron las dos insurrecciones cívico-militares de 1992, por lo que en la actualidad ésta representaría una grave amenaza que, si no se contiene a tiempo, afectaría seriamente la estabilidad democrática de Venezuela.

Es así que se requiere promover -en todo nivel y en todo momento- una contraloría social que someta a revisión exhaustiva a todas las instituciones públicas (sean municipales, regionales y/o locales), de manera que se genere una amplia confianza respecto al estricto cumplimiento de las leyes, como también en lo relacionado con la viabilidad, el avance y la consolidación del proyecto revolucionario bolivariano socialista. De ahí que resulte imprescindible para ello que los diversos sectores populares revolucionarios asuman sin temor ni condicionamientos de ningún tipo el protagonismo en la lucha contra este comportamiento asocial y contrarrevolucionario, aplicándole todo el rigor de las leyes venezolanas a quienes caigan en él, incluyendo el decomiso inmediato de los bienes y dinero mal habidos, tanto los que se hallan a su nombre como de sus familiares inmediatos.-

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19/07/2013 12:50 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA ESCISIÓN DE HUGO CHÁVEZ

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En Venezuela vuelve a ocurrir un fenómeno social que ha sido recurrente a lo largo de su historia y que, en muchos casos, tiene sus coincidencias con otros que tienen lugar en diferentes tierras de nuestra América. Esta vez, tal fenómeno se centra en la personalidad y obra de un militar singular, preconizador de un nuevo tipo de socialismo para el siglo XXI y que trascendió toda frontera: Hugo Rafael Chávez Frías. Ciertamente, en torno al Comandante y Presidente Chávez se ha originado una situación análoga a la suscitada respecto a algunos de los íconos de la fe católica, como Jesús de Nazaret, Santa Bárbara o el doctor José Gregorio Hernández, escindidos entre el culto oficial decretado por la jerarquía eclesiástica y el culto profesado a su modo por los amplios sectores populares, quienes depositan en ellos sus esperanzas en una especie de trueque ingenuo en el cual se funden -sin contradicción aparente- divino y lo terrenal, en una relación íntima que podría calificarse de amistosa y/o familiar.

Esta situación escasamente explorada se pone de manifiesto en lo que Chávez significa o representa para quienes han usufructuado el poder bajo su liderazgo carismático mientras que el pueblo lo hace parte importante de sus luchas y anhelos de redención social, del mismo que ya lo hiciera con el Libertador Simón Bolívar. Esta escisión de Hugo Chávez, en uno de signo gubernamental (legitimador éste de la posición de poder y/o de dirección política de quienes se consideran, con o sin razón legítima, sus herederos directos e indirectos) y otro de raigambre popular (con su discurso frontalmente subversivo y altamente cuestionador del burocratismo, la corrupción y la ineficiencia presentes en las diversas estructuras que conforman el Estado burgués-liberal actual), pudiera verse paradójico y hasta contraproducente en vista del aparente avance logrado por la contrarrevolución en la recién finalizada elección presidencial.

Sin embargo, la misma refleja -de una u otra forma- la diversidad ideológica que caracteriza al chavismo, entendiéndolo como una corriente política que amalgama, sin jerarquías especificas ni contradictorias, lo más resaltado del pensamiento revolucionario, ligando en un todo a Jesucristo, Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora, Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin, León Trostky, Rosa Luxemburgo, Mao Tse-Tung, José Carlos Mariátegui, Che Guevara y otros tantos luchadores y pensadores socialistas, extendiéndose a los aportes que pudieran extraerse de nuestras comunidades indígenas y de nuestra africanidad; en un crisol de ideas y vivencias sobre el cual se erige la construcción de un proyecto revolucionario socialista, cuyo eje central es la participación y el protagonismo de los sectores populares. No obstante, habrá que alertar sobre la posibilidad que a Hugo Chávez le sobrevenga una muerte segunda, producto de esta escisión, de no ser trascendida su figura emblemática por los cambios políticos, económicos y sociales impulsados en primer plano por el pueblo al que dedicó gran parte de su vida. De esta manera, se le evitará el triste destino de muchos que sólo son recordados cada cierto tiempo, pero que -en cuanto a su ejemplo e ideales revolucionarios- son ignorados prácticamente. Esto último pudiera evitarse, ubicando a Chávez en su justa dimensión en la historia común de las luchas populares. En este caso, el pueblo tendrá -como se dice- la última palabra.

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05/07/2013 12:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

La necesidad de la coherencia entre la praxis y el discurso revolucionario

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Dentro del chavismo se debe observar y obtener una coherencia real entre la praxis y el discurso revolucionarios, puesto que muchos de los actuales actores políticos usufructuarios del poder constituido tendrían que ser relevados necesariamente de sus funciones en vista que los mismos no han contribuido en nada en hacer realidad la revolución bolivariana socialista, tal como lo ha esperado la amplia mayoría del pueblo venezolano y lo predicó siempre su primer impulsor, el Comandante Hugo Chávez Frías.

Precisamente, ahora que hay en perspectiva unas elecciones de alcaldes y de concejales el 8 de diciembre de este año, se presta la ocasión para producir lo que resultaría ser una revolución en la revolución que le dé al proceso revolucionario bolivariano socialista una verdadera vanguardia revolucionaria en lugar de la caterva de demagogos, oportunistas y adeco-copeyanos convertidos de la noche a la mañana en todos unos revolucionarios, cuyos máximos ideales se resumen en la obtención de cargos públicos a través de los cuales enriquecerse sin mucho esfuerzo, como cualquier capitalista. De ahí que la selección de candidatos a alcaldes y concejales no pueda ni deba basarse nada más que en la amistad o la simpatía se le profese a algunos compañeros, ya sean del PSUV u otro partido político chavista, o porque -sencillamente- haya la obligación de devolver un favor concedido, cuando lo propio de un revolucionario es apelar a sus convicciones revolucionarias para calibrar si quienes aspiran a estos cargos de elección popular corresponden o no a la necesidad insoslayable de concretar el sueño de Chávez de darle poder al pueblo y construir realmente el socialismo revolucionario bolivariano.

En este último aspecto, hay que recordar que la migración de una importante cuota de votos chavistas y/o pro-chavistas al bando opositor fue consecuencia directa de la corrupción, la inconsistencia ideológica y la negligencia indiscutible de quienes están enchufados en muchas de las instituciones del Estado, disfrazados de revolucionarios, cuestión que pudiera revertirse favorablemente si hay una mejor disposición política de las bases del chavismo por lograrlo. De igual forma, la presente coyuntura (en la cual se proyecta una estrategia abiertamente hostil y desestabilizadora de parte del sector más derechista de la oposición con evidente apoyo extranjero) obliga a todos los revolucionarios a estar alertas ante las ofertas engañosas de aquellos que son chavistas por conveniencia, puesto que son tan enemigos del proceso revolucionario bolivariano socialista como quienes buscan su total destrucción. Esto implica, en consecuencia, que los revolucionarios deben encabezar una defensa consciente de este proceso de cambios revolucionarios más que desesperarse por favorecer a un determinado candidato a las elecciones municipales de diciembre próximo (a menos que el mismo asuma un compromiso verificable y franco de hacer posible la revolución bolivariana socialista y el activismo protagónico del poder popular en el desarrollo de su plan de gestión de gobierno), aunque muchos de los enchufados se esfuercen por impedirlo.-

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25/06/2013 15:57 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

DEL GRAN POLO PATRIÓTICO AL PODER PATRIÓTICO CONSTITUYENTE

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El Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) debiera convertirse con el tiempo -si es que los diversos factores políticos que lo conforman no frustran y desvían su propósito original- en un poder patriótico constituyente, al modo como el Presidente Hugo Chávez lo instaló en Caracas el 4 de enero de 1999, con la responsabilidad de motorizar, coordinar, promover e impulsar el proceso constituyente que abarcase todos los sectores sociales del país. Mediante su decidida activación, los cinco objetivos históricos que integran el Plan de la Patria heredado de Chávez -sumados a las iniciativas asumidas por el gobierno de Nicolás Maduro para saldar la deuda social existente aún en Venezuela- tendrán una mayor fortaleza y mejores posibilidades de cumplirse al trascenderse su marco meramente institucional y trocarse en herramientas de alto contenido político e ideológico para el avance revolucionario socialista en este país bolivariano.

 De esta forma, el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) dejaría de ser un botín harto apetecido por las organizaciones político-partidistas del chavismo para obtener ciertas prebendas y nominaciones candidaturales para las elecciones venideras. En vez de ello, es fundamental que todos los frentes y movimientos sociales revolucionarios adscritos al GPP-SB comprendan que su participación, protagonismo y autonomía resultan imprescindibles en el diseño, debate, ejecución, control y seguimiento de las diferentes políticas públicas que se lleven a cabo en los niveles de gobierno locales, regionales y nacionales con la finalidad de darle continuidad y solidez al proceso revolucionario socialista bolivariano. En consecuencia, cada uno de estos frentes y movimientos sociales revolucionarios tendrían una misión cardinal que cumplir, sin limitarse a un simple respaldo al Presidente Maduro, siendo actores pasivos, puesto que su visión particular respecto a la realidad venezolana actual contribuiría en mucho a definir de modo más amplio y democrático lo que deba hacerse para conseguir definitivamente la transición al socialismo revolucionario.

 Esto es más que necesario, en vista de mantenerse todavía vigentes las viejas estructuras del Estado burgués-liberal, con todas sus trabas burocrático-representativas que obstruyen, limitan e invisiblizan el protagonismo, la participación, la independencia y la organización revolucionaria de los sectores populares. Esta situación tiene que ser revertida, ya que -de mantenerse intacta- sería inevitable que los grupos de la reacción sigan consiguiendo más niveles de aceptación entre la ciudadanía resentida por la negligencia gubernamental, viéndose frustrada e impotente ante lo que muchos vienen cuestionando (incluso Chávez) desde hace algún tiempo.

 Por todo lo anterior, quienes integran el GPP-SB no deben dejar pasar la oportunidad brindada por el Presidente Maduro de ser co-partícipes de su gobierno, ejerciendo una contraloría social suficientemente objetiva y audaz, además de elaborar propuestas viables que beneficien la conformación de un poder popular realmente revolucionario y socialista. Todo ello en consonancia con la necesidad impostergable de darle vida y espacios adecuados (en lo subjetivo y en lo objetivo) a un poder patriótico constituyente, a fin de satisfacer las expectativas populares y trascender el legado del Comandante Hugo Chávez Frías.-

 

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17/06/2013 12:12 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

SIN PODER POPULAR NO HABRÁ REVOLUCIÓN NI ESTADO COMUNAL SOCIALISTA

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En su fase actual, consideramos que el proceso revolucionario bolivariano socialista requiere hoy más que nunca de la amplia y decisiva participación de los sectores populares organizados, de manera que los mismos ejerzan un papel protagónico más activo en los asuntos públicos, transformando las estructuras burocratizadas del Estado burgués-liberal que aún rige en Venezuela. Se hace preciso, por consiguiente, que las diferentes entidades gubernamentales quieran transferirle realmente al pueblo gran parte de sus funciones administrativas y de la autoridad que ahora desempeñan, ya que, por razones lógicas, quienes padecen la incompetencia institucionalizada estarían más dispuestos a remediar los problemas y las necesidades que confrontan a diario sus comunidades que aquellos que usufructúan el poder. Esto representaría, sin duda, un avance significativo, un importantísimo salto adelante, en la construcción del socialismo bolivariano y en la conformación de un verdadero Estado Comunal socialista, contando siempre para ello con la participación y el protagonismo del poder popular.

En este sentido, el Presidente Nicolás Maduro tiene ante sí el reto fundamental de hacer realidad la vieja consigna socialista de “todo el poder para el pueblo” y no quedarse nada más que en realizar un buen gobierno porque en esta coyuntura, con una oposición envalentonada, es necesario que el pueblo chavista tenga espacios propios de autogobierno mediante los cuales se sienta identificado con el proceso revolucionario bolivariano socialista y pueda contrarrestar, además, la ofensiva derechista. De ahí que todo chavista que se considere a sí mismo revolucionario tendría que activarse en beneficio de esta iniciativa, puesto que de ella dependerá en gran medida la continuidad del legado político del Presidente Hugo Chávez, siendo insuficiente el control total de las instituciones del Estado si el pueblo se muestra descontento ante el comportamiento aburguesado y la mala gestión cumplida de sus gobernantes, independientemente de cuál sea su nivel jerárquico y su militancia partidista.

Para los revolucionarios, el momento histórico que nos toca vivir, sin Hugo Chávez en la presidencia de la república, nos plantea la construcción inmediata de la unidad revolucionaria, al margen de cualquiera otra consideración que no sea la de hacer realmente la revolución bolivariana socialista. Esto, así no se quiera, pasa por realizar previamente un debate serio y objetivo que nos sirva para aclarar muchos puntos de vista y, claro, para la elaboración conjunta de una propuesta revolucionaria y socialista que todos utilicemos de guía de acción, sin estancarnos en lo meramente retórico y electoral. Sería, por tanto, un plan de acción que se sostenga en el tiempo, de forma que el mismo pueda ser adoptado en todas sus partes por las organizaciones del poder popular, aún en contra de la voluntad de aquellos que tratarían de impedirlo desde las instancias de gobierno que controlan por temor a ver amenazados sus intereses egoístas de constituirse en Venezuela un Estado Comunal de verdad.-

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05/06/2013 14:17 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

ENTRE EL CONTROL DESDE ARRIBA Y EL RECLAMO CONSTANTE DE LAS BASES

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Entre el control desde arriba y el reclamo constante de las bases populares para que se les respete cabalmente su participación, su protagonismo y su soberanía, se debate -ahora sin su líder fundamental- la continuidad y la profundización del proceso revolucionario bolivariano socialista. Esta situación (siempre latente, aun en vida del Presidente Hugo Chávez) ha sido hábilmente aprovechada por la contrarrevolución que, segura del éxito de su estrategia desestabilizadora, no ha menguado en sus arremetidas mediáticas, habiendo obtenido su primer efecto en la significativa migración de votos nominalmente chavistas que incrementaron el tope electoral de la oposición el 14 de abril de 2013. Esto ha generado, como lógica consecuencia, algunos debates serios entre la militancia revolucionaria a nivel nacional, preocupada, sobre todo, por la aparente conciliación de clases adelantada por el Presidente Nicolás Maduro, aunque -hasta ahora- los mismos no han concretado una propuesta factible, a corto y mediano plazo, con la cual materializar sólidamente la revolución bolivariana socialista y que entusiasme y comprometa a los amplios sectores populares de la misma manera como lo hicieran, desde un primer momento, al favorecer al Presidente Chávez con sus votos, su amor y su lealtad.

Para algunos, éste sería el epílogo del proceso revolucionario bolivariano socialista, teniendo en cuenta el cúmulo de debilidades, corrupción administrativa e inconsistencias ideológicas que el mismo ha arrastrado consigo, lo cual fuera reiteradamente criticado en su momento por Chávez, pero que jamás motivaron una acción sostenida en el tiempo que pudiera minimizarlas y erradicarlas por completo. En la actualidad, éstas representan un lastre muy pesado respecto al papel que debe asumir Nicolás Maduro como heredero político del Presidente Chávez, cuestión que -de no asumirla y afrontarla con la firmeza y la seriedad revolucionaria que ella requiere- precipitaría eventualmente la caída del chavismo como factor de poder en Venezuela, dando al traste con catorce años de esperanzas, avances y conquistas políticas, sociales, culturales y económicas que resaltaran la dignidad del pueblo venezolano y optimizaran sus condiciones de vida, habiendo servido de ejemplo para los demás pueblos de nuestra América.

No obstante, aún existe la oportunidad de no dejar que ello ocurra. Lo que haría falta es que los diversos movimientos revolucionarios populares sean capaces de comprender la necesidad de promover, desde ya, un viraje crítico del proceso revolucionario bolivariano socialista, sin que el mismo dependa exclusiva y necesariamente de la voluntad del gobierno, por lo que tendrían que plantearse a sí mismos la autogestión en todos los ámbitos posibles hasta conformar lo que sería entonces un autogobierno; dando paso al establecimiento de un nuevo Estado, de carácter participativo, socialista y popular, que sustituya de forma radical el Estado burgués-liberal todavía vigente. De esta manera, los augurios pesimistas que ahora se ciernen sobre el proceso revolucionario bolivariano socialista serían disipados, recuperándose -en consecuencia- ese nivel de compromiso revolucionario, de activismo político y de entusiasmo popular que originara Hugo Chávez desde su primera aparición pública el 4 de febrero de 1992.-

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05/06/2013 14:14 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LO QUE BUSCA LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

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Es indudable que los sectores de la oposición buscan generar las condiciones que propicien el intervencionismo de poderes extranjeros en los asuntos internos de Venezuela, aduciendo que el gobierno presidido por Nicolás Maduro es ilegítimo y que en nuestro país se estarían cercenando las libertades públicas. Con estas intenciones, sus representantes iniciaron una gira por algunos países con la finalidad de obtener apoyo internacional y así acusar al gobierno nacional de estar transgrediendo la carta democrática interamericana de la Organización de Estados Americanos (OEA), con lo cual se abrirían las puertas para que el imperialismo yanqui, el cual no reconoce al Presidente Nicolás Maduro, despliegue sus tropas y someta a nuestro país a un control directo, del mismo modo que el logrado en varias naciones del Medio Oriente, luego de haber desarrollado una permanente campaña mediática que condicionó la opinión pública internacional.

 Frente a este hecho que atenta abiertamente contra la soberanía nacional y pretende imponer el total desconocimiento de todos los poderes públicos por parte de los gobiernos de otras naciones, el pueblo venezolano y los sectores revolucionarios estamos obligados a activar de inmediato un plan de contingencia conjunto que minimice y neutralice de manera efectiva el plan desestabilizador montado por la oposición desde el año pasado, el cual se ha manifestado a través del desabastecimiento de varios productos, sobre todo alimenticios, y el desencadenamiento de acciones violentas que, hasta la fecha, han causado once muertes de ciudadanos a manos de los opositores, instigados por Henrique Capriles Radonski, manteniéndose impunes. Este plan incluiría, de ser posible, la activación de un boicot en contra de aquellas empresas que estarían propiciando dicho desabastecimiento, así como el control, seguimiento y decomiso de los productos de consumo masivo que estarían siendo acaparados por comerciantes inescrupulosos, incorporados al plan desestabilizador de la oposición, incluyendo a los minoristas que incurran en este tipo de delito.

 Esta situación, por otra parte, nos obliga a revisar también la gestión cumplida en algunas instituciones del Estado venezolano, puesto que la negligencia y la falta de compromiso revolucionario de quienes se hallan al frente de las mismas los convierte en cómplices de los planes de la oposición, como se ha evidenciado en el caso del servicio eléctrico, lo cual debe poner en práctica la contraloría social de parte de toda la ciudadanía, de los consejos comunales y otras formas organizativas revolucionarias del poder popular. A ello deben sumarse la militancia de todas las organizaciones partidistas que respaldan el proceso revolucionario bolivariano socialista, conformando un Estado Mayor revolucionario que sea capaz de advertir la naturaleza de la presente coyuntura política y de orientar adecuadamente a los sectores populares en la defensa de la constitucionalidad y de la seguridad alimentaria, actualmente vulneradas por los grupos políticos y empresariales de la oposición que con esto reeditan la estrategia aplicada en 2002 que culminó en el derrocamiento del Presidente Hugo Chávez, contando para ello con la complicidad de los mismos poderes extranjeros que ahora invocan para legitimar su malsana ambición de poder, sin importarles en modo alguno los intereses ni la voluntad soberana del pueblo venezolano.-

 

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10/05/2013 05:16 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

MENSAJE QUE QUIZÁS LLEGUE A LEER NICOLÁS MADURO

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Con tantas evidencias a la mano, a alguna gente “ingenua” aún le sorprende que los diversos factores opositores en Venezuela continúen campantes en su propósito único de desestabilizar el país y, cual fruto a punto de caer del árbol, adueñarse del poder. Esta situación consuetudinaria ha terminado por legitimar todas las tretas utilizadas por la oposición, incluyendo las acciones vandálicas que, de vez en cuando, protagoniza en algunas localidades del país, aparentando luego ser víctimas del acoso y de la represión desplegados por el gobierno chavista, contando para ello con la complicidad de varias empresas informativas que optan por presentar sólo la versión que favorezca sus fines contrarrevolucionarios.

Se reproducen así los mismos discursos y los mismos personeros opositores en radio, prensa y televisión, echando mano a un guión preconcebido, con asesoría irrefutable de la USAID estadounidense, tratando de repetir en Venezuela lo logrado en algunos países de Europa oriental mediante las llamadas revoluciones de colores. De esta forma, lejos de resaltar alguna verdad posible sobre sus intenciones “democráticas”, al igual que los sucesivos gobiernos gringos con los cuales ha tenido que lidiar el proceso revolucionario bolivariano socialista desde sus inicios, promueve mentiras recurrentes que apoyen su agenda oculta. Por lo demás, hasta ahora muchos de los dirigentes chavistas han subestimado irresponsablemente la habilidad de la oposición para captar a quienes, por diversidad de causas, ya no quieren apoyar al proceso revolucionario bolivariano socialista, especialmente luego del fallecimiento de su máximo líder, como también la injerencia de poderes extranjeros en la ejecución de sus planes desestabilizadores. Con esta displicencia, tales dirigentes le están abriendo las puertas a la conspiración, confiando quizás en que, como en 2002, el pueblo saldrá a las calles a derrotar, otra vez, al fascismo opositor; cuestión que no pudiera suceder, dada la ausencia del Comandante Chávez.

Ante esta situación evidentemente desestabilizadora, con un desconocimiento en marcha de todos los poderes del Estado venezolano, al gobierno de Nicolás Maduro no le queda más alternativa que activar los mecanismos legales que limite, sancione y haga desistir a la oposición de sus propósitos anticonstitucionales. En ningún caso podría confiar en obtener un diálogo sincero con los personeros opositores que garantice, de alguna forma, la paz democrática en todo el territorio nacional. Sería de ilusos creer que esto sería posible. La única manera de alcanzarla es renunciando al legado histórico de Hugo Chávez, revirtiendo todos los cambios alcanzados en materia política, social y política que han beneficiado ampliamente a los sectores populares, y reeditar el Pacto de Punto Fijo con unos nuevos actores políticos y empresariales, marginando nuevamente al pueblo venezolano. Lo otro es acelerar el avance revolucionario del poder popular, siendo éste -por demás- la mejor garantía para la continuidad adecuada del proceso revolucionario bolivariano socialista y la opción que habría preferido el Presidente Chávez, antes que sucumbir al chantaje de la oligarquía.-     

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04/05/2013 03:18 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA VOLUNTAD “PACÍFICA, CRISTIANA Y DEMOCRÁTICA” DE LA OPOSICIÓN

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Le guste o no a la oposición derechista encabezada por Henrique Capriles Radonski, la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano se expresó a favor de Nicolás Maduro Moros en la elección presidencial del 14 de abril de 2013. Esto no lo podrá cambiar jamás, así genere actos de vandalismo, muertes y agresiones de todo tipo que pudieran desembocar, eventualmente, en un cruento golpe de Estado, tal como ocurriera hace once años atrás contra el Presidente Hugo Chávez Frías. Así, desde el instante que el Consejo Nacional Electoral emitiera el boletín de los resultados electorales, la oposición derechista ha demostrado un patrón de conducta reñido con los ideales que afirma defender, ya que sus objetivos inmediatos de agresión lo han constituido los Centros de Diagnóstico Integral (CDI), en donde personal cubano presta servicios médicos, y los Mercados de Alimentos (Mercal); siendo éstos destinados a la atención de los sectores populares de limitados recursos económicos. El colmo de esta situación desestabilizadora es que Capriles Radonski y sus seguidores han terminado por calificar a los chavistas de fascistas, violentos y mentirosos, utilizando los diferentes medios de información de su propiedad que difunden sin ningún pudor noticias tendenciosas, convirtiéndolos en una caja de resonancia sin mucha diferenciación.
 De igual manera, la telefonía celular e Internet se han visto inundados de rumores y mensajes abiertamente discriminatorios mediante los cuales se estimula el resentimiento y la violencia de opositores fanatizados que no han dudado en agredir y asesinar a militantes del chavismo en diversas localidades de Venezuela ante la indiferencia de sus dirigentes, sobre todo de Capriles Radonski, quienes han manejado un doble discurso ante la opinión pública, confiando en que sus prédicas lograrán el efecto largamente deseado: la caída del proceso revolucionario bolivariano.
 No obstante, la mayoría del pueblo venezolano ha mantenido una posición de defensa de su voluntad soberana. En muchos casos, se ha movilizado para resguardar los CDI, haciéndose presente en plazas y calles, demostrando un alto nivel de conciencia política revolucionaria frente a la cual se ha estrellado la provocación y la manipulación opositora. Asimismo, los anuncios hechos recientemente por el Presidente Nicolás Maduro Moros permiten confiar en que no quedará impune la ola de violencia y asesinatos generada por el mensaje desestabilizador de la oposición derechista. Ello contribuiría, sin duda, a restablecer la paz interrumpida y a resguardar la continuidad del hilo constitucional en Venezuela. Sin embargo, hay que acotar que -paralelamente a las medidas a tomar por el nuevo mandatario nacional para enfrentar la estrategia golpista de la oposición- éste debe proceder a una revisión, a una rectificación y a un reimpulso de lo que han sido los logros del proceso revolucionario bolivariano durante la gestión del Presidente Hugo Chávez Frías; especialmente tomando en cuenta las denuncias y las sugerencias de las organizaciones de base, más dispuestas éstas a profundizar y a ampliar dichos logros que el actual estamento gobernante chavista. En esto último radicaría su mayor éxito y la derrota definitiva del fascismo en el país.-

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22/04/2013 15:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

GOLPE POR GOTEO

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La situación de violencia creada por el candidato presidencial de la oposición Henrique Capriles Radonski al desconocer la legitimidad de los resultados electorales que dieron como ganador a Nicolás Maduro el 14 de abril de 2013 configura a todas luces la implementación de un plan deliberadamente desestabilizador que busca crear las condiciones para un golpe de Estado en Venezuela. Algo que ya se presagiaba durante la campaña electoral cuando los voceros antichavistas generaban dudas entre sus seguidores respecto a la transparencia del ente rector, el Consejo Nacional Electoral. Para ello, la mayoría de los medios de información se han hecho eco de las posiciones asumidas por los grupos opositores, repitiendo el mismo esquema desarrollado en 2002 que desembocó en el derrocamiento y el secuestro del Presidente Hugo Chávez Frías. Al mismo tiempo, desde hace algunos meses atrás los grupos empresariales han estado provocado un desabastecimiento de diversos productos, sobre todo alimenticios, de modo que la población lo atribuya a la ineficacia del gobierno nacional y se susciten protestas en las calles. A esto último ha contribuido la misma población venezolana al adquirir los mismos en grandes cantidades, convirtiéndose -hasta cierto punto- en acaparadores, ayudando inconscientemente a quienes están obteniendo beneficios, tanto de tipo económico como de tipo político, puesto que gran parte de la producción nacional se halla en manos del sector privado de la economía, el mismo que ha adversado al proceso revolucionario bolivariano y promovió -entre 2002 y 2003- el sabotaje de la industria petrolera y el paro empresarial, causando grandes pérdidas económicas al país y sometiendo al pueblo venezolano a una escasez extrema.

A grandes rasgos, este panorama encaja sin dificultad en lo que podríamos llamar un golpe de Estado por goteo. Esta ofensiva golpista está llevándose a cabo en la confianza que, sin Chávez, el pueblo sería fácilmente atraído por la oferta demagógica de la oposición. Sin embargo, no contó nunca con la reacción popular en contrario, la cual -pese a las muertes y a los hechos vandálicos causados en varias ciudades del país- ha acatado el llamado del Presidente Nicolás Maduro a no caer en provocaciones y a estar alerta ante la eventualidad de un golpe de Estado. Esta respuesta ha dejado en evidencia a la oposición (azuzada por Washington y sectores fascistas internacionales) respecto a cuáles son sus verdaderos propósitos, desenmascarando su discurso “democrático”, “pluralista”, “cristiano” y “popular”.

Aun así, el reto por asumir de Nicolás Maduro no resulta fácil, pero tampoco imposible de alcanzar, en relación a la radicalización de los cambios sociales, económicos, políticos y culturales promovidos por el Presidente Chávez, tal como lo demandan los sectores populares. Más todavía en vista de la situación implantada por los grupos antidemocráticos de desconocimiento del orden constitucional, no sería posible creer que estos lleguen a respetar la soberanía popular y acepten que son minoría en Venezuela. El hecho mismo que se haya incrementado el porcentaje de votos a favor del candidato de la extrema derecha conlleva a pensar que esta radicalización tendría que iniciarse en un corto plazo, con la participación activa del poder popular y con cambios estructurales puntuales de las instituciones públicas y del sistema económico, como pasos ineludibles para lograr la continuidad, la consolidación y la profundización del proceso revolucionario bolivariano.-      

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18/04/2013 09:23 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LO QUE VENDRÍA LUEGO DEL 14-A EN VENEZUELA

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LO QUE VENDRÍA LUEGO DEL 14-A EN VENEZUELA

Superada favorablemente la coyuntura electoral del 14 de abril de 2013 con la elección de Nicolás Maduro como nuevo Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, los sectores populares organizados tendrían que asumir responsablemente, en lo inmediato, la construcción de nuevas instancias organizativas de poder de carácter socialista, de manera que existan realmente las condiciones objetivas y subjetivas que garanticen y propicien el avance y la profundización del proyecto revolucionario bolivariano, tal cual lo anheló y aupó siempre el Comandante Hugo Chávez. Pero ello no puede, ni debe, improvisarse. Tiene que ser producto de la convicción y del compromiso revolucionario de cada venezolana/venezolano que quiera darle la necesaria continuidad a dicho proyecto, tomando en cuenta que su principal impulsor ya no podrá orientarlo físicamente aunque existe un legajo amplio de escritos e intervenciones públicas que servirán, indudablemente, para suplir tan importante falta.

Ciertamente, la nueva fase del proyecto bolivariano socialista que se inicia luego del 14-A con Nicolás Maduro de Presidente constitucional de Venezuela requiere tapizarse de un alto contenido revolucionario, popular, democrático y participativo, puesto que a la revolución política y social iniciada bajo el liderazgo de Chávez debe sucederle otra que forzosamente tendrá que suscitarse en todos los ámbitos institucionales, económicos, culturales, sociales, militares y políticos, de manera que la revolución socialista sea un hecho concreto, tangible e irreversible, a pesar de los intereses en su contra, tanto de parte de los chavistas por conveniencia en posiciones de gobierno y de dirección partidista como de parte de sus adversarios declarados. Es obvio que en esta nueva fase se generará una inédita dinámica de lucha, sacando a flote muchas contradicciones que será imperativo enfrentar y vencer, de modo que haya una rebelión y un poder constituyente popular en constante ebullición que contribuya a desmantelar las viejas estructuras que caracterizan al Estado burgués-liberal que aún subsiste en Venezuela. Sin embargo, no se puede ignorar que hay personeros del chavismo por conveniencia que pretenden limitar esta eventualidad, haciendo uso de sus prerrogativas como dirigentes políticos y gobernantes, dado que entienden la magnitud de la misma cuando está planteada la autogestión y el autogobierno de los sectores populares mediante la construcción de las comunas, algo que se reflejará inevitablemente en el surgimiento de unas nuevas relaciones de poder, en las cuales prevalezca el interés colectivo por encima del individual y se exprese considerablemente el ejercicio de la democracia participativa, protagónica y directa, como elemento esencial del socialismo bolivariano.

Así, no obstante las deficiencias observadas respecto al aparato burocrático del Estado vigente y la escasa o nula formación político-ideológica de una porción importante de dirigentes político-partidistas y gobernantes chavistas, Venezuela sería entonces, luego del 14-A, escenario de una ardua lucha revolucionaria por echar abajo el viejo régimen heredado del Pacto de Punto Fijo. Habría que fomentar, en consecuencia, posiciones anticapitalistas, antimperialistas y antiburocráticas radicales entre el pueblo, de forma que las mismas ayuden a definir el rumbo a seguir para hacer de la revolución bolivariana socialista una realidad cotidiana y permanente contra la cual se estrellen todos los planes conspirativos de la ultraderecha (ya sea interna o externa). De igual manera, mediante ello se evitarían las desviaciones propiciadas por los reformistas, consolidándose contrariamente los cambios revolucionarios y rompiendo con todo aquello que entorpezca la emancipación integral de los sectores populares.-     

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12/04/2013 04:07 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS CHAVISTAS POR CONVENIENCIA Y LA NUEVA MAQUINACIÓN OPOSITORA

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Fallecido el Presidente Hugo Chávez Frías, la oposición apátrida en Venezuela inició de inmediato una nueva maquinación en su propósito de acabar con el proceso revolucionario bolivariano, cuya meta primordial es neutralizar la gran influencia que éste tuviera en la conciencia de los sectores populares que -desde su primera aparición pública en 1992- siempre lo respaldaran. De ahí que uno de sus blancos sea captar a los chavistas por conveniencia, aquellos que jamás compartieron seria y convincentemente los ideales socialistas que enarbolara el Comandante Chávez Frías (incluyendo a muchos que resultaran electos a diferentes cargos de elección popular), pero que -de una u otra manera- fueron beneficiados por las políticas públicas que él implementara. Así, el accionar mediático de los grupos opositores se ha enfocado a resaltar, hipócritamente, que el Presidente Chávez Frías era el único líder al que seguía el pueblo venezolano, pero no al equipo político que ahora encabeza Nicolás Maduro, dando a entender que la situación política en el país sería de total negligencia gubernamental y de inestabilidad política y económica en el futuro. Esto ha tenido un primer impacto, precisamente, en los chavistas por conveniencia, dada su escasa o nula formación revolucionaria, quienes -quizás de un modo inconsciente, otorgándoles el beneficio de la duda- se han encargado de repetir los mensajes de la oposición, sin detenerse a pensar sobre el daño que causarían entre el pueblo venezolano.

Frente a esta nueva maquinación de los grupos opositores, caracterizada por la adopción oportunista y demagógicas de algunas expresiones que recuerdan en mucho el lenguaje político de Hugo Chávez Frías, así como la utilización del nombre del Libertador Simón Bolívar y los colores de la bandera nacional que tanto vilipendiaron, les corresponde a los sectores populares revolucionarios contraponer un discurso coherente, bien argumentado, basado en todo aquello que impulsara el máximo líder del proceso revolucionario bolivariano. Algo que no resulta difícil, puesto que el nivel actual de conciencia política e ideológica del pueblo venezolano permite encarar sin miedo la crítica y la autocrítica que haga falta para comprender cabalmente la coyuntura histórica que representa la elección presidencial del 14 de abril próximo. Para ello es preciso también que se recuerde todo lo hecho y predicado por Chávez Frías durante su gestión de gobierno, de manera que se frene la influencia que tendrían los chavistas por conveniencia entre los sectores populares, secundando el juego manipulador de la oposición, dada su evidente falta de identificación y compromiso con el proyecto de la revolución bolivariana socialista, como ya mencionáramos antes. 

En resumen, muy contrariamente a la voluntad revolucionaria expresada a viva voz por los sectores populares, los chavistas por conveniencia se han dado a la tarea de sembrar dudas respecto a la capacidad gerencial de Nicolás Maduro ser el nuevo Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y cumplir el compromiso revolucionario de continuar y profundizar el legado de Hugo Chávez Frías. Por ello, los movimientos sociales y políticos que impulsan la revolución bolivariana socialista no pueden confiarse en la inocuidad de sus acciones contrarrevolucionarias, ya que éstas tienen un claro propósito de minar la confianza manifestada a favor del candidato presidencial del chavismo, aliándose en consecuencia con las fuerzas derechistas en Venezuela. En tal sentido, se hace necesario identificar y confrontar en lo inmediato la maniobra que estos chavistas por conveniencia están llevando a cabo, al mismo tiempo que se hace lo propio respecto a los adversarios del proceso revolucionario bolivariano, a fin de preservar, ahondar y consolidar la obra y pensamiento del Comandante Chávez Frías, haciendo realidad los cinco objetivos históricos que conforman su Propuesta para la Gestión Bolivariana Socialista para el período 2013-2019.-     

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21/03/2013 09:38 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA NUEVA LÍNEA PROGRAMÁTICA DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA SOCIALISTA

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Si continuamos personalizando el proceso revolucionario bolivariano nada más que en la singularidad extraordinaria de Hugo Chávez, no estaremos contribuyendo a que éste se mantenga en el tiempo y en el espacio, puesto que la prédica constante de nuestro Comandante estuvo siempre relacionada con la construcción y fortalecimiento del Poder Popular como único medio para hacer la revolución bolivariana socialista en Venezuela. Así, cada revolucionario tiene una obligación moral con esta línea de acción, para lo cual es preciso tender a la fusión de los poderes creadores del pueblo con las diversas instancias del poder constituido, con inclusión efectiva y permanente de vocerías del poder popular, colectivizando de esta forma la función y la responsabilidad de la administración pública, lo cual hará que el Estado vigente sea totalmente transformado, convirtiéndose entonces en el Estado Comunal Socialista que se ha proyectado hasta ahora. Por consiguiente, la dirección a seguir en esta nueva etapa del proceso revolucionario bolivariano tendría que enmarcarse, hacia la construcción, desarrollo y consolidación del Poder Popular a todos los niveles, al mismo tiempo que gobernantes y funcionarios estatales cambian sus normas de conducta burocrático-representativas, puesto que ellas no coinciden en nada con lo que debe ser una democracia participativa y protagónica.

 

En tal sentido, el poder debe fluir desde abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, como se estila tradicionalmente bajo cualquier régimen de democracia representativa. Para ello es fundamental respetar y asegurar la autodeterminación de los sectores populares y el ejercicio pleno de la democracia directa como mecanismos de participación y protagonismo que rebasen y cambien radicalmente las estructuras limitantes del Estado burgués-liberal todavía vigente en el país. Adicionalmente a ello, tiene que activarse de forma sencilla e inmediata el derecho revocatorio del pueblo con la finalidad de sancionar moral y políticamente a quienes defrauden la confianza popular, estando los mismos obligados a trabajar en función de los intereses colectivos con un sentido realmente patriótico y social.

 

Por eso, el fortalecimiento y la continuidad del proceso revolucionario bolivariano aunque tenga, por lo pronto, un compromiso electoral muy importante que conquistar mediante la candidatura presidencial de Nicolás Maduro, además de las diferentes candidaturas a las alcaldías y a los concejos municipales, tiene que basarse más en la participación, la formación y el protagonismo de los sectores populares chavistas. Ésta es la línea programática que se debe adoptar de ahora en adelante, incluyendo a las diversas organizaciones políticas que respaldan al proceso revolucionario bolivariano. En su caso, ellas están obligadas a despojarse de sus clásicas actitudes sectarias y trabajar por alcanzar, eventualmente, la unidad definitiva y no limitarse a lo meramente electoral, sin que ello excluya la responsabilidad que tienen de ejercer la contraloría social sobre la gestión de gobierno al lado de las diferentes organizaciones del poder popular.- 

11/03/2013 11:12 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿CUÁL ES EL VERDADERO LEGADO DE HUGO CHÁVEZ?

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Al rememorar los años de gestión de gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías, el alcance de sus iniciativas sociales, su empeño en lograr la integración efectiva y complementaria de nuestra América (sin subordinaciones a ningún poder hegemónico) y la revitalización que le dio al socialismo revolucionario en el cual ya pocos creían, se podría extraer la esencia de su pensamiento revolucionario, de modo que no sea la simple referencia de un momento histórico determinado sino la resolución de llevar a cabo la titánica labor de construcción de un modelo de sociedad realmente emancipatorio, incluyente y democrático. Cierto, no será tarea fácil sistematizar todo lo hecho y proyectado por Chávez al frente del gobierno y del proceso revolucionario venezolano, sin embargo, es una tarea que no puede obviarse si estamos convencidos de la necesidad de profundizar y de consolidar sus logros, teniendo en cuenta que los mismos deben sustentarse, de forma permanente, en el accionar constituyente del poder popular.

En verdad, una de las más constantes preocupaciones del Presidente Chávez se centró en la organización de un poder popular dotado de una efectiva conciencia revolucionaria que le permitiera, además, darle direccionalidad y sustentabilidad al proceso revolucionario bolivariano. Ello podría abarcar el legado más importante de Chávez al hacerle ver a los sectores populares excluidos la posibilidad de ser actores de los cambios políticos, sociales, culturales, institucionales y económicos que definirían finalmente lo que es el socialismo bolivariano. En tal sentido, se hace imprescindible emprender una labor de formación sostenida que contribuya a derribar aquellos parámetros inculcados por los sectores dominantes que le hicieran creer al pueblo la imposibilidad de ser protagonistas de su propio destino. Sin embargo, dicha formación tiene que orientarse hacia  la promoción, la activación, la conciencia y la organización autónoma y revolucionaria del poder popular, de modo que éste consolide y profundice lo iniciado por Chávez. Corresponde, por tanto, al pueblo organizado (más que a los partidos políticos y a los gobiernos chavistas) concretar esta importante línea de acción revolucionaria, impulsando al mismo tiempo el desmontaje definitivo de las bases económicas y las relaciones de dominación impuestas desde hace siglos por el sistema capitalista. Sin la participación efectiva y constante de los sectores populares se hará imposible, más que difícil, la transición hacia el socialismo bolivariano, lo cual representa una cuestión medular que no se puede evadir en ningún momento o circunstancia.

Todo lo anterior -sumado a la preservación y defensa de la soberanía de nuestros pueblos- constituye, sin duda, el mayor legado de Hugo Chávez a las venezolanas y a los venezolanos de esta era, extendiéndose más allá de sus fronteras. Difundirlo, ampliarlo, definirlo y ponerlo en práctica será el mejor homenaje que se le pudiera hacer, creando en todo momento las condiciones objetivas y subjetivas que harán del socialismo bolivariano la guía necesaria para alcanzar la emancipación integral de las personas y de los pueblos en general.-        

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09/03/2013 04:43 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¡HASTA SIEMPRE, COMANDANTE!

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Es difícil resignarse ante la muerte de un líder que despertó pasiones, emociones y conciencias entre millones de personas como nunca había ocurrido antes, tanto en Venezuela y en nuestra América como en el resto del mundo. Un líder que supo interpretar las necesidades, el sentimiento y las esperanzas de un pueblo que fuera engañado, humillado, marginado y masacrado a lo largo de cuarenta años por las elites gobernantes. Un líder que reavivó la confianza en el socialismo como alternativa revolucionaria frente a la depredación, el intervencionismo militar, las injusticias y las desigualdades generadas por el capitalismo cuando muchos aceptaron sin chistar el veredicto de sus apologistas al desmoronarse la Unión Soviética. Un líder, en fin, que supo comprender la trascendencia de su papel histórico y lo asumió a plenitud -sin mezquindad y a tiempo completo- en beneficio de aquellos que jamás perdieron la fe respecto a que él sabría y haría mucho por dignificar sus condiciones de vida. Por eso, decir que Hugo Chávez Frías ha muerto es una mala jugada de quienes, de una u otra forma, le acompañamos en este arduo camino de construir la patria nueva y la revolución bolivariana socialista. Sería concederles la razón a aquellos que, enceguecidos por sus apetencias personales de poder, mantuvieron posiciones de evidente lacayismo, subordinados siempre a los intereses del imperialismo gringo, con la vana ilusión de parecerse a sus amos capitalistas.

En retribución a esa dedicación de Chávez en hacer realidad los anhelos republicanos, independentistas, igualitarios, integracionistas, ciudadanos y democráticos de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, además de otros próceres de la amplia geografía latinoamericana y caribeña, a los cuales se sumaran (sin contradicción) los contenidos en el socialismo revolucionario; los chavistas tienen ante sí el reto de mantener, profundizar y consolidar los cambios necesarios para que la revolución bolivariana socialista no naufrague y no se pierda ese gran esfuerzo hecho por el Presidente. Para ello es fundamental que se alcance la unidad orgánica de los revolucionarios sobre un programa común, sin los sectarismos partidistas que desde siempre han obstaculizado este propósito que -ahora más que nunca- es harto necesario para la continuidad del proceso revolucionario bolivariano. Dicho propósito, sin embargo, no podrá cumplirse sin que exista sinceridad de parte de todas las organizaciones sociales y políticas que respaldaron a Chávez en cuanto a la promoción, activación, formación teórica y organización autónoma del poder popular, con énfasis especial respecto al pleno ejercicio de la democracia participativa y protagónica, en una primera fase, para luego convertirse, en una fase posterior, en democracia directa, transformando radicalmente todas las estructuras de la sociedad existente.

Ahora sólo nos resta exclamar ¡Hasta siempre, Comandante!, reafirmando con ello el compromiso revolucionario que debe caracterizarnos a quienes hemos luchado por forjar una sociedad de nuevo tipo bajo los ideales del socialismo revolucionario, poniendo todo nuestro empeño en que dicha sociedad (incluyente, de unidad en la diversidad e internacionalista) sea algo posible y no simple discurso de demagogos y oportunistas.-

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06/03/2013 03:11 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA NUEVA HOJA DE RUTA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

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En la fase actual del proceso revolucionario bolivariano venezolano se impone la necesidad de  concebir y ampliar mecanismos de institucionalización y legitimación del poder popular/comunal a través del ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica, sin que exista algún tipo de tutelaje de los entes oficiales que coarte y desnaturalice su esencia y logros. Esto implica extender los cambios estructurales en el aparato productivo que hagan efectiva la transición hacia el socialismo revolucionario en vez de darle continuidad a la lógica y a las relaciones de producción capitalistas. Más aún, hará falta promover y consolidar también un cambio cultural que se manifieste en la adopción de nuevos patrones de conductas individuales y colectivas que enfrenten y sustituyan a los tradicionalmente admitidos por la sociedad de consumo.

En este caso, es ineludible que las distintas formas organizativas asumidas por los sectores populares converjan en la formación de un autogobierno que sea capaz de tomar decisiones vinculantes en relación a la gestión de las instituciones públicas, lo mismo que en relación a sus propias necesidades y anhelos, pero sin la práctica ni las peculiaridades de la democracia representativa, dejando en manos de unos pocos la responsabilidad de construir nuevas relaciones de poder. Como lo refiere la propuesta presentada por el General Francisco Visconti sobre el Poder Popular Comunal, “se trata de otra relación con el Estado, en tanto el pueblo ya no lo asume como un aparato dador de recursos. Se trata de que el pueblo, en el marco de una real conciencia colectiva (lograda a través de la formación social y política del colectivo venezolano) asuma lo que otrora se le impidió. Se trata de impulsar un gran plan de contingencia para la edificación del poder popular comunal, que se vuelva luego un plan estructural en el que estén armónicamente articulados civiles, militares, religiosos, organizaciones de base y otras formas de organización social y política, entre muchas, para lograr los fines que persiguen el Estado y el pueblo: lograr la construcción, desarrollo y consolidación de nuestro bien común”.

Ello debiera complementarse, por supuesto, con el establecimiento de un nuevo modelo económico, distinto en todo al modelo capitalista existente, donde los trabajadores tengan un papel primordial sobre los procesos de producción, distribución y administración de bienes y servicios, mediante la propiedad social y/o colectiva de los medios de producción; incidiendo de esta manera en la dinámica social, política, económica y cultural que debe caracterizar al proceso revolucionario bolivariano venezolano. En el logro de este nuevo modelo económico, los trabajadores tienen que despojarse de esa conciencia subordinada al capital que limita enormemente sus luchas, reduciéndolas a lo meramente reivindicativo, sin plantearse ir más allá de ello. Por lo mismo, se requiere un cambio cultural a través del cual exista la convicción revolucionaria de construir una sociedad de nuevo tipo, desechando -por consiguiente- aquellos (anti)valores inculcados al pueblo por las clases dominantes, los cuales se tradujeron en una anomia casi absoluta por más de cuarenta años. 

Con esta nueva hoja de ruta, el proceso revolucionario bolivariano tendría mayores posibilidades de profundizarse y consolidarse. Basta que así lo entiendan quienes conforman las diferentes estructuras del poder popular, de manera que sus acciones y propuestas orientadas a la construcción del socialismo bolivariano tengan un efecto práctico e inmediato entre aquellos que, por ahora, ejercen responsabilidades de Estado; incluso con un carácter constituyente que modifique sustantivamente la historia republicana del país.-

 

 

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01/03/2013 06:13 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA NECESIDAD HISTÓRICA DEL 4F

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A pesar de la aparente estabilidad que arropaba al régimen representativo en Venezuela, en medio de dictaduras patrocinadas por el Departamento de Estado, el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, ¿quién imaginaría que en 1992, un 4 de febrero, un grupo de batallones comandados por una elite de brillantes oficiales de las Fuerzas Armadas Nacionales se desplazarían desde sus sedes hacia diversos sitios de Venezuela y estremecerían la conciencia de todos los sectores sociales, reprimidos, fatalizados y, hasta, adormecidos por la corrupción administrativa de los estamentos gobernantes desde 1958? Alguna gente preocupada por la grave descomposición moral, social, política y económica del país había advertido previamente tal eventualidad, tratando de influir en el ánimo de la clase gobernante para que se pusieran en ejecución los correctivos pertinentes, evitándose así una situación mayor a la ocurrida el 27 y el 28 de febrero de 1989 cuando los sectores populares enfrentaron en la calle la aplicación a rajatabla de las medidas económicas neoliberales que le impusiera el Fondo Monetario Internacional (FMI) al entonces presidente Carlos Andrés Pérez para capear la crisis económica nacional, acrecentando aún más la deuda externa, a pesar de los ingresos generados por la venta de petróleo. Tal descomposición generalizada también se manifestó en los cuarteles. Muchos oficiales con méritos profesionales vieron truncadas sus carreras militares al favorecerse a otros con vinculaciones con los partidos políticos gobernantes, Ad y Copei, incluso sabiéndose de su incapacidad y de su falta de integridad y de formación castrense para dirigir las Fuerzas Armadas; teniendo muchos que solicitar su pase a retiro ante la imposibilidad de ascender sin someterse a lo que consideraban una humillación ante congresistas indudablemente corruptos. Además de ello, estaba el factor social, ya que la mayoría de los oficiales y suboficiales, a diferencia de otros países, provenían de estratos medios y bajos de la sociedad venezolana, lo cual influyó en la decisión tomada, inspirados en las ideas y ejemplos del Libertador Simón Bolívar, el Maestro Simón Rodríguez y el General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora. Esto último fue compartido por los combatientes del Partido de la Revolución Venezolana y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (PRV-FALN), entre otros, que forjaron la guerra de guerrillas contra el bipartidismo adeco-copeyano desde los años sesenta hasta los años ochenta del siglo pasado, redefiniendo ideológicamente la lucha revolucionaria que debía emprenderse en Venezuela.

La fragua de la insurgencia del 4F no obedecía, por tanto, a una simple ambición de poder, tan típica del generalato de las fuerzas armadas de nuestra América, azuzados, entrenados y legitimados por el gobierno estadounidense. Esto cambió totalmente el panorama nacional al comprenderse los verdaderos objetivos que inspiraron a los integrantes del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), comandados por los Tenientes Coroneles Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta Hernández, además de oficiales medios y suboficiales, en conexión con algunos grupos políticos de izquierda.  Ello fue programándose desde hacía una década. Sin embargo, ya habían experiencias previas de captación de militares activos por parte del Partido Comunista de Venezuela (PCV), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y, finalmente, el PRV-FALN con el deliberado propósito de producir una insurrección cívico-militar-religiosa que permitiera causar cambios sustantivos en la nación venezolana bajo la perspectiva del nuevo socialismo revolucionario, enriquecido con el ideario de Bolívar, Rodríguez y Zamora, además de otros teóricos y combatientes revolucionarios de nuestra América y el mundo.

       Kléber Ramírez Rojas, ex combatiente del PRV-FALN ligado en un principio al MBR-200 durante la clandestinidad, autor del libro Venezuela, la Cuarta República (o la total transformación del Estado) en 1991, que sirvió de guía de formación y discusión a los militares rebeldes, y redactor de algunos decretos que se pondrían en vigencia con el nuevo gobierno revolucionario, explica en su obra Historia documental del 4 de Febrero, que “el 4F no coronó el propósito inmediato de la toma del poder, pero puso al descubierto el mar de fondo de las contradicciones con que se dirige a la nación venezolana y fue una sacudida política de tal magnitud que revitalizó la potencialidad de este pueblo imaginativo y peleador. Desde este punto de vista, ese acontecimiento fue una necesidad histórica. El 4F dotó a la nación de un objeto estratégico en lo político: la nueva democracia, y anuló la validez de los viejos planteamientos de todos los partidos existentes”. En tal sentido, los hechos posteriores han justificado plenamente esta primera insurrección cívico-militar (luego acontecería la del 27 de noviembre). Justificación que se expresa a través de los diferentes logros populares que han modificado la realidad social, política, cultural y económica de Venezuela bajo el liderazgo del ahora Presidente Hugo Chávez, pero que todavía requieren de mayores niveles de participación, de organización y de toma de conciencia revolucionaria, de modo que se alcance definitivamente la emancipación integral del pueblo venezolano.-    

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04/02/2013 12:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿SERÁ CAPAZ EL CHAVISMO DE EMULAR A CHÁVEZ?

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La incógnita originada a raíz del estado de salud del Presidente Hugo Chávez y la perspectiva de unas nuevas elecciones presidenciales ante la imposibilidad que éste no pueda seguir dirigiendo el gobierno de Venezuela obliga a todos sus seguidores a plantearse seriamente si le darán o no continuidad al proceso revolucionario bolivariano, generando mayores mecanismos de participación popular y unas relaciones de producción que ayuden a erradicar la explotación capitalista. Con mayor énfasis en ello debiera actuar la actual dirigencia chavista, tomando en cuenta que -tras más de una década ininterrumpida- el proceso revolucionario bolivariano produjo mejoras sustanciales de las condiciones de vida de una amplia gama de familias venezolanas (incluso de aquellas que son propietarias de grandes medios de producción, las cuales han incrementado sus ganancias anuales, y aun así siguen adversando abiertamente al régimen de Chávez). Pero ello no es suficiente ni debe ser lo máximo que se podría aspirar alcanzar, a imitación de cualquier otro proceso de carácter nacionalista y socialdemócrata. La interrogante, por consiguiente, tendería a despejarse en la misma medida que el chavismo sea capaz de asumir decididamente el compromiso histórico de construir el socialismo revolucionario del siglo XXI.

El chavismo entonces tendrá que comprender que la unidad lograda por el carisma de Chávez debe concretarse mediante la elaboración, el debate y la ejecución de propuestas revolucionarias viables, a fin de asegurar la transición que haga definitivo el socialismo, en las cuales se remarque y respete la vital importancia de los sectores populares en la sustentación y orientación del proceso revolucionario bolivariano. Tratar de convivir con el enemigo ideológico que ansía su fin, sería un error táctico que acarrearía graves consecuencias a este último para que se mantenga en el tiempo, acabando por reproducir los mismos vicios y corruptelas administrativos existentes al amparo del pacto de Punto Fijo. En vez de esto, aquellos que se hallan al frente del gobierno, de los partidos políticos y de las diferentes organizaciones de base tienen ante sí el reto de refundar la República venezolana en lo que implicaría una real transformación socialista de la sociedad en todos sus órdenes, de una manera revolucionaria verdaderamente radical. Para ello es imprescindible sistematizar, extender y profundizar la formación de una conciencia realmente revolucionaria y socialista (no retórica) entre los sectores populares, sin dogmas y en medio de un debate abierto y constante como elemento característico del pensamiento y la práctica del socialismo bolivariano. Al mismo tiempo, tendría que abocarse al establecimiento de una dirección colegiada del proceso revolucionario bolivariano, provista de un programa revolucionario común que incluya todos los criterios y expresiones de las diversas agrupaciones políticas y sociales que lo impulsan.

Toda esta coyuntura representa una extraordinaria oportunidad para que el chavismo -en todas sus vertientes existentes- demuestre hasta qué nivel está dispuesto a llevar a cabo la revolución socialista bolivariana en Venezuela, y si es capaz de emular o no a Chávez, dedicando todas sus energías vitales a dicha meta a tiempo completo, y de medir sus potencialidades creadoras frente a las amenazas enemigas, jugándose no sólo el destino del país sino el de todos los demás pueblos de nuestra América que confían en su ejemplo y perseverancia.-          

      

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31/01/2013 02:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LOS PERDEDORES QUE SIEMPRE GANAN

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Una de las características particulares más resaltantes de los grupos opositores a Hugo Chávez y al proceso revolucionario bolivariano es la tozudez con que se niegan a admitir la realidad imperante en Venezuela desde hace más de una década ininterrumpidamente. Tal tozudez -producto de una inducción constante a través de medios informativos parcializados y carentes de toda objetividad periodística, además de redes de difusión creadas por internet- les ha hecho convencerse, por ejemplo, que son víctimas de reiterados fraudes electorales, por lo que en Venezuela habría entonces un régimen de tipo autoritario y/o dictatorial, con secuestro de la autonomía de los poderes públicos, una libertad de expresión cercenada y una subordinación política respecto al gobierno de Cuba. Todo esto lo han repetido una y otra vez, persuadidos de conseguir que los gobiernos extranjeros y el pueblo venezolano terminen por desconocer y derrocar -algún día- a Chávez. También se han hecho eco de las matrices generadas desde Washington que dan cuenta de los vínculos estrechos que el gobierno chavista tendría con grupos narcotraficantes y terroristas, etiquetando como tales a los movimientos insurgentes de Colombia y al gobierno islámico de Irán, con el deliberado propósito de desacreditar al gobierno de Venezuela ante la comunidad mundial y así obtener un resultado intervencionista similar al de Panamá en 1989.

Esta falta de sintonía de la oposición con la realidad nacional le ha hecho sumarse y celebrar sin rubor alguno al golpe de Estado y al sabotaje empresarial que se escenificaron en 2002 y 2003, así como a buscar asesoramiento y financiamiento en Washington en una clara demostración de sumisión a las directrices e intereses disociación,imperialistas estadounidenses. A tal grado ha llegado su irracionalidad que no le ha importado desatar -prácticamente- una guerra civil, al mostrar un total desprecio racista y clasista hacia los sectores populares que apoyan mayoritariamente a Chávez, en un juego suicida del cual no parecen tener conciencia alguna. A ello se han unido quienes podrían integrar lo que sería el extremo democrático y consciente de la oposición, quizás entendiendo que cualquier asomo de aceptación de la legitimidad del gobierno de Chávez y de sus medidas sería interpretado como signo de debilidad y no como realismo político.

Así, con todas las derrotas sufridas a manos de la gran mayoría popular -en una realidad virtual que hace de los perdedores quienes siempre ganen, a pesar de las contundentes evidencias en contra- los grupos opositores no cejan en su empeño por liquidar en todos sus aspectos al proceso revolucionario bolivariano, ahora utilizando argucias leguleyas, acusando de inconstitucional al nuevo período presidencial de Hugo Chávez; de manera que se produzca eventualmente un escenario de protestas aparentemente ciudadanas, lo mismo que un pronunciamiento militar que termine con la “inestabilidad” política existente. Algo que exterioriza la disociación de la cual han sido protagonistas recurrentes.-  

       

 

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18/01/2013 00:59 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL SALTO AL VACÍO DE LA OPOSICIÓN APÁTRIDA

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Es evidente que los grupos contrarrevolucionarios en Venezuela han tratado de crear, desde finales del año pasado, quizás contando para ello con el apoyo de organizaciones y algunos gobiernos extranjeros, las condiciones que propicien una salida extra-constitucional, a propósito de la imposibilidad momentánea del Presidente reelecto Hugo Chávez Frías de asumir su nuevo mandato el 10 de enero, como lo establece la Constitución venezolana vigente. Condiciones que desembocarían en una situación de ingobernabilidad, aduciéndose que existe un vacío de poder similar al argumentado en ocasión del golpe de Estado del 11 de abril de 2002. De este modo, la dirigencia opositora está presentándole a la opinión pública nacional e internacional su interpretación del texto constitucional, tratando de forzar un ambiente político adverso al chavismo que le permita recuperar el poder perdido, aun cuando la voluntad del pueblo venezolano quedó plasmada mayoritariamente en la reelección de Chávez el 7 de octubre último. Es un riesgo que pareciera no calibrar juiciosamente, empeñándose en un salto al vacío que precipitaría una radicalización del proceso revolucionario bolivariano que, a la larga, terminará por arroparla, haciéndola desaparecer por completo del mapa político.  

Al respecto, es preciso recordarle a la oposición apátrida que la reelección presidencial de Chávez tiene una lectura especial que pone de relieve cuál es el camino a seguir decidido por los venezolanos y las venezolanas. Algo que nadie -en su sano juicio- podría ignorar, a menos que sus intenciones estén enmarcadas en un absoluto desconocimiento de la soberanía popular. En tal caso, la minoría opositora intenta implantar en la mente de los sectores populares su propia visión en relación al momento histórico que está viviendo la nación bolivariana, inculcándoles fallidamente la sensación que habrá caos y una lucha intestina por el poder que encabezaría, por una parte, el Vice-Presidente Ejecutivo Nicolás Maduro y el Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, por la otra; cosa que afectaría enormemente -según sus cálculos- la paz social, la economía nacional y la continuidad del hilo constitucional.

En cierta forma, esta minoría (contando con una representación en el seno de la Asamblea Nacional) estaría repitiendo la misma estrategia desestabilizadora aplicada entre 2002 y 2003 cuando derrocaron a Chávez con apoyo de miembros del Alto Mando Militar y luego quisieron lograr su objetivo de desplazarlo del poder a través de un paro patronal que causó grandes pérdidas económicas al país, aunadas a un desabastecimiento generalizado de gasolina, gas doméstico y alimentos que puso en grave riesgo la vida de miles de familias venezolanas, sobre todo de aquellas de escasos recursos económicos. Asimismo, estaría echando mano a una interpretación sesgada de la misma Constitución que antes adversara con tanta virulencia, buscando establecer un paralelismo con lo sucedido en Honduras y Paraguay cuando, utilizando un tecnicismo legal se procedió a la destitución de los presidentes de estos países.

Vistas así las cosas, la dirigencia opositora se muestra dispuesta a desencadenar algunos acontecimientos extremos, sin considerar que los sectores populares afectos a Chávez tienen ahora una mejor conciencia política y pudieran desarrollar, en consecuencia, una contraofensiva que rompa definitivamente el delicado equilibrio político que -de una u otra manera- se ha mantenido en el país bajo el liderazgo de Hugo Chávez.-     

 

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10/01/2013 18:21 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LAS TAREAS AÚN PENDIENTES DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

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Si se anhela lograr, en verdad, el cambio estructural que exige el pueblo venezolano y que contempla el proyecto revolucionario bolivariano, habrá que pensar en la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal, institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas. Para ello será imprescindible que hombres y mujeres con una evidente formación revolucionaria asuman la dirección de las instituciones públicas, con el compromiso de trabajar realmente por el cumplimiento de esta tarea, de modo que los postulados fundamentales de la Constitución en cuanto a la soberanía, la participación y el protagonismo del pueblo se conviertan en rasgos constantes del ejercicio del poder en la Patria chica de Simón Bolívar.

Se impone entonces que sean los mismos sectores populares quienes se planteen a sí mismos el pleno ejercicio de sus derechos constitucionales y, al mismo tiempo, el combate frontal y decidido a toda manifestación de reformismo que posibilite la reproducción de las viejas estructuras puntofijistas que aún sobreviven y obstaculizan el avance y fortalecimiento de la democracia directa. En tal situación, es necesaria una revisión objetiva de las gestiones de gobierno y cuál ha sido su contribución real para adelantar la transición hacia el socialismo revolucionario que todos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en una condición larvaria, lo cual pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. Esto amerita promover en todo el territorio nacional debates abiertos que fortalezcan la convicción revolucionaria de los movimientos populares, con propuestas generadas entre todos y una crítica que desnude los vicios y desviaciones que pudiera estar sufriendo el proceso revolucionario bolivariano, sin que ello sea descalificado como una acción contrarrevolucionaria, encaminada a dañarlo.

Es preciso, por consiguiente, que los movimientos revolucionarios y progresistas emprendan igualmente una labor a favor de una eficiente y transparente gestión administrativa, la contraloría social y la democracia directa. De ahí que la actual coyuntura política deba contribuir a despejar la incógnita que se presenta entre unas y otras organizaciones políticas y sociales respecto a la profundización del  proceso revolucionario venezolano. Esto requiere la mayor movilización de los revolucionarios para evitar que todo caiga en el vacío, desperdiciándose catorce años de protagonismo popular y de confrontación con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. No será una tarea fácil, dado que una gran parte de la dirigencia chavista -extraída de partidos políticos tradicionales y renuente a suscitar cambios y saltos cualitativos que consoliden el avance revolucionario- no estará dispuesta a perder los privilegios que ahora goza, lo que determinará ineludiblemente un enfrentamiento y una agudización de las contradicciones que tienen en relación a los movimientos revolucionarios y populares. Esta última situación -postergada en base al liderazgo desempeñado por Hugo Chávez y a la necesidad de preservar y de ampliar los espacios de poder conquistados- impone la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista que puedan ser implementadas por las diferentes organizaciones del poder popular y sirvan de punto de partida para alcanzar el cambio estructural del Estado venezolano, unas nuevas relaciones de poder basadas en la participación popular y, por supuesto, la expansión democrática del proceso revolucionario bolivariano.-

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09/01/2013 10:32 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL PODER POPULAR Y LA CONTINUIDAD DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

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La garantía del avance, la consolidación y la permanencia del proceso de cambios revolucionarios en Venezuela -dirigido a instaurar una revolución realmente socialista, bolivariana y popular- dependerá en gran medida de las condiciones objetivas y subjetivas que puedan generarse simultáneamente con la deslegitimación y el desmantelamiento del orden burgués capitalista imperante, ya que su persistencia adulteraría enormemente cualquier tipo de acción e iniciativas bajo tal orientación, por mucho esfuerzo que se haga al respecto. Se hace imprescindible, en consecuencia, que los sectores populares manifiesten la capacidad de asumir (sin reformismo ni clientelismo político de por medio) la trascendental  responsabilidad de transformar e invertir las relaciones de poder actuales, de modo que sean eliminados los antiguos patrones de conducta observados y criticados entre quienes ejercen cargos gubernamentales. En este sentido, la organización, la formación teórica y la reproducción del poder popular bajo esquemas ciertamente socialistas resultan ser un factor decisivo, una cuestión fundamental -e ineludible- para alcanzar estos propósitos. Sin ello, el proceso revolucionario bolivariano tendería a paralizarse, sin descartarse la posibilidad de una restauración de los viejos factores de poder, revirtiendo todos los cambios conquistados; lo cual requiere de un mayor compromiso revolucionario y de una mejor visión política para entender y llevar a cabo los nuevos retos que impidan este último escenario.

En todo esto, es primordial que el poder popular, en sus distintas diversificaciones, tome decisiones que contribuyan a definir el proceso revolucionario bolivariano en cuanto a lo político, lo social, lo cultural, lo militar y lo económico, sin que ello signifique conservar rasgos del antiguo orden, haciendo del ejercicio de la democracia participativa y protagónica un mecanismo permanente de construcción de la nueva sociedad socialista (incluyendo en ello a niños y adolescentes), puesto que éste permitiría la socialización necesaria del poder y un mejor modo de desplegar la contraloría social sobre las diferentes instancias del poder constituido.

Además, en algo que se debe insistir (con reiteración casi obsesiva) es la formación de una conciencia revolucionaria reflexiva que no sucumba a las tentaciones del poder, tal como ha sido tradicional, sino que -contrariamente- sea el arma más eficaz para acabar con las posibles desviaciones, contradicciones, debilidades y corrupciones que pueda sufrir el proceso revolucionario bolivariano como secuela de la conducta reformista de sus dirigentes. Esto nos conduciría a la formulación de nuevas actitudes, al desarrollo de nuevas identidades y de nuevas subjetividades; además de una ética y de una moral basadas en la solidaridad, en la igualdad y en la justicia social, en abierta oposición a la lógica dominante del capitalismo.-         

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30/12/2012 21:40 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

SIGNIFICACIÓN HISTÓRICA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

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Una de las cosas más resaltantes del proceso revolucionario bolivariano -proyectado, liderado y encarnado por Hugo Chávez Frías- es, sin duda alguna, la reivindicación del socialismo revolucionario, en momentos cuando mucha gente de izquierda se rendía ante lo que se creyó el triunfo definitivo del capitalismo (con Estados Unidos al frente) al producirse el derrumbe del bloque soviético. Además de ello, desde el primer momento en que se diera a conocer el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), los ideales del Libertador Simón Bolívar, del Maestro Simón Rodríguez y del General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora sirvieron de motores ideológicos para lo que sería en lo adelante la fragua de un proyecto político inédito en nuestra América, a tal punto de inspirar corrientes similares en muchos de sus países que coronaron sus esfuerzos con la instalación de gobiernos progresistas y/o de izquierda, causando una conmoción no superada aún entre la clase gobernante de Estados Unidos. Ambos elementos representan una cuota fundamental de lo que es el proceso revolucionario bolivariano, caracterizándolo sobremanera, por lo que ninguno podría aislarse respecto al otro, aun cuando haya alguna gente interesada en lograrlo, olvidando adrede que el ideario republicano bolivariano es parte esencial de la idiosincrasia popular, incluso más allá de las fronteras venezolanas, y que el socialismo revolucionario es intrínsecamente participación y poder popular; complementándose con aportes teóricos y experiencias revolucionarias antiimperialistas, tanto del pasado como del presente, muy importantes. De ahí que exista la imperiosa necesidad de profundizar ambos elementos, de forma que haya una interiorización y un empoderamiento de parte de los sectores populares que haga irreversible el avance y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano.

Esto supone, en una primera instancia, adecuar las estructuras del Estado vigente en beneficio del protagonismo y la participación popular, haciendo de la cotidianidad un campo propicio para los diversos cambios que han de producirse a fin de transformar el modelo de sociedad actual, lo que conlleva a plantearse igualmente un cambio cultural amoldado a los intereses colectivos en vez de servir de vehículo de legitimación de la clase dominante. Esto último representa una importante conquista de quienes fueron excluidos e invisibilizados desde hace siglos por aquellos que ejercieron el poder bajo una óptica eurocentrista (ahora anglosajona) que negó la existencia y significado de una cultura de resistencia (protagonizada por nuestros pueblos aborígenes, africanos esclavizados y sus descendientes marginalizados) que, en la actualidad, recobra su espacio vital y tiende a caracterizar el momento histórico que se vive en Venezuela, al igual que en otros países de nuestra América, aunada a una espiritualidad ajena a los aparatos eclesiásticos tradicionales.

Por ello, la significación histórica del proceso revolucionario bolivariano no podría aprehenderse a la luz de la llamada cultura occidental, ya que sus rasgos esenciales son (y debieran ser) precisamente aquellos que siempre fueron combatidos y execrados por los sectores dominantes, lo cual explica el por qué gran parte de sus herederos actuales no atinan a comprender, por ejemplo, la conexión emocional y/o sentimental del pueblo venezolano con su Presidente Hugo Chávez. Sin embargo, es preciso que se comience a ahondar -de manera exhaustiva y objetiva- en sus raíces, su evolución, sus potencialidades, sus características y sus perspectivas; concretándose en consecuencia la revolución socialista bolivariana que se aspira.-        

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26/12/2012 11:44 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿CUÁL ES EL PAPEL REVOLUCIONARIO A CUMPLIR AHORA POR EL PSUV?

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La conformación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) representó, en su momento inicial, la posibilidad de crear una organización política revolucionaria que -a lo interno, en su concepción teórica, su estructura, toma de decisiones y procedimientos- fuera capaz de prefigurar la sociedad socialista del futuro. Esto, a la luz de los diversos acontecimientos desarrollados con posterioridad, sobre todo, en lo que respecta a la escogencia de candidatos a los diferentes cargos de elección popular y de dirección partidista, no resultó como tal. Una prueba de ello es la reactivación de partidos políticos aliados de Hugo Chávez con ex dirigentes del PSUV, así como la dualidad de candidaturas surgidas del chavismo en las elecciones de gobernadores y legisladores regionales del 16 de diciembre pasado. Tales antecedentes han reducido el papel revolucionario e innovador a cumplir por el PSUV, convirtiéndolo en una eficiente maquinaria electoral difícil de vencer, pero incapaz de provocar una correlación de fuerzas que le permita a los sectores populares incidir en la transformación estructural del Estado liberal-burgués que subsiste aún en el país. En vez de ello, la dirigencia peseuvista reprodujo el clientelismo político que fuera norma habitual entre adecos y copeyanos durante sus cuarenta años de hegemonía política, a tal grado que estos últimos -preteridos por sus mismos partidos políticos- ahora disfrutan de los cargos públicos y demás prebendas que antes no consiguieran, a través del PSUV.

No obstante, en medio de este panorama negativo salta a la vista la existencia de un pueblo consciente que exige su propio espacio de participación y protagonismo revolucionario, tratando de llevar a la práctica los diversos aspectos contemplados en la Constitución Bolivariana, las leyes del poder popular y aquellos lineamientos estratégicos emanados de su máximo líder, el Presidente Chávez. En este caso, se puede percibir la madurez política alcanzada en estos últimos catorce años por la base chavista. Sin embargo, como lo expusiera en mi artículo “La batalla del PSUV”, publicado en 2007, “hace falta que toda ella se inculque la necesidad perentoria de la formación revolucionaria, así como su difusión en todos los rincones del país, porque la idea es que el proceso revolucionario bolivariano sea sustentado de modo autogestionario por las bases populares y no por una dirigencia que, en su mayoría, ha obstaculizado el cambio estructural y no ha generado nada diferente a sus antecesores en el ejercicio del poder”. Como complemento, vale recordar también las palabras emitidas por Hugo Chávez el 18 de mayo de ese mismo año, quien resaltara: “O inventamos o erramos. Inventemos nuestro socialismo. En esa invención estamos. Para que haya una creación heroica debe haber un creador heroico, y ese creador no puede ser un hombre, una mujer, un caudillo, ni un mesías. El único creador heroico capaz de lograr una Revolución Socialista es el pueblo culto y consciente”.

Lamentablemente, dichas palabras no han tenido un eco efectivo y permanente entre quienes -de una u otra forma- han dirigido, por ahora, el PSUV y ostentan -paralelamente- cargos de ministros, diputados, gobernadores, legisladores, alcaldes y concejales, entre otros, lo cual ha originado una brecha profunda que los separa cada día de la militancia de base. Y más lamentable aún es la dispersión de cuadros revolucionarios que pudieran armar una opción realmente revolucionaria, capaz de aglutinar la voluntad y los esfuerzos de los sectores populares en función de una efectiva refundación de la República Bolivariana, en momentos en que es crucial obtener mayores avances, profundizaciones y definiciones del proceso revolucionario bolivariano; una cuestión que no ha sabido asumir el PSUV, a pesar de Chávez.-

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18/12/2012 13:18 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

A CERRAR FILAS EN DEFENSA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

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La coyuntura política actual nos obliga a todos los revolucionarios a cerrar filas en defensa del proceso revolucionario bolivariano, de manera que éste pueda mantenerse y profundizarse en beneficio del pueblo venezolano. Este es el momento en que debemos declinar posiciones sectarias o personalistas y demostrar hasta qué punto somos realmente revolucionarios, puesto que el proyecto bolivariano liderado por Hugo Chávez requiere de una acción unitaria y de una mayor responsabilidad de parte de todos, independientemente de todas las fallas, deficiencias y omisiones observadas desde el momento en que éste se pusiera en práctica, lo cual debe reflejarse en los resultados electorales del 16 de diciembre.

Resaltamos, por tanto, que los hombres y las mujeres que han apoyado al Presidente Chávez y al proceso revolucionario tienen ante sí la tarea de trabajar por una unidad orgánica en torno a lo que aún esté pendiente por hacerse para alcanzar la transición hacia el socialismo bolivariano, teniendo como principal soporte al poder popular. De ahí que cada uno debe recapacitar respecto a si es revolucionario o no continuar con posiciones personales que contradicen el propósito fundamental de la revolución socialista y, en consecuencia, hacer posible cada día esa unidad orgánica que hará irreversibles los cambios habidos en nuestro país bajo el liderazgo de Hugo Chávez. Este sería entonces el mejor momento para que todos nos hermanemos en profundizar dichos cambios, enarbolando la bandera de la unidad revolucionaria y generando espacios de mayor organización, participación y protagonismo del pueblo venezolano en vez de continuar con los viejos esquemas políticos del pasado. Esto último tiene que orientarse a la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas, cuestión ésta que no podrá hacerse si se continúa eludiendo un debate serio y permanente junto con los sectores populares.

De igual forma, se necesita que haya una revisión objetiva y exhaustiva de las distintas gestiones de gobierno y cuál ha sido -hasta ahora- su contribución real para adelantar esa transición hacia el socialismo revolucionario que muchos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en un estado larvario, lo cual debiera preocupar a toda la gente revolucionaria y progresista, ya que pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. De esta forma, podremos implementar medidas conjuntas que permitan obtener una mayor eficiencia y calidad revolucionaria en las instituciones públicas, sin las alcabalas burocráticas que todavía sobreviven en ellas y que restringen enormemente la acción del poder popular.

Asimismo, la actual coyuntura política exige la mayor movilización posible de los revolucionarios para evitar que todo este proceso revolucionario caiga en el vacío, desperdiciándose así catorce años de protagonismo popular y de confrontación abierta con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. De ahí que se necesite (con sentido de urgencia) la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista, ya que no podemos ni debemos actuar en razón de antipatías o simpatías que estarían contribuyendo así a la victoria final de los grupos contrarrevolucionarios.-

13/12/2012 07:08 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿QUÉ HACER PARA PRESERVAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO EN VENEZUELA?

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Si se anhela lograr, en verdad, el cambio estructural que exige el pueblo venezolano y que contempla el proyecto revolucionario bolivariano, habrá que pensar en la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal, institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas. Para ello será imprescindible que hombres y mujeres con una evidente formación revolucionaria asuman la dirección de las instituciones, con el compromiso de trabajar realmente por esta tarea, de modo que los postulados fundamentales de la Constitución en cuanto a la soberanía, la participación y el protagonismo del pueblo se conviertan en rasgos constantes del ejercicio del poder en la Patria chica de Bolívar.

Se impone entonces que sean los mismos sectores populares quienes se planteen a sí mismos el pleno ejercicio de sus derechos constitucionales y, al mismo tiempo, el combate frontal y decidido a toda manifestación de reformismo que posibilite la reproducción de las viejas estructuras puntofijistas que aún sobreviven y obstaculizan el avance y fortalecimiento de la democracia directa. En tal situación, es necesaria una revisión objetiva de las gestiones de gobierno y cuál ha sido su contribución real para adelantar la transición hacia el socialismo revolucionario que todos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en un estado larvario, lo cual pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. Esto amerita promover en todo el territorio nacional debates abiertos que fortalezcan la convicción revolucionaria de los movimientos populares, con propuestas generadas entre todos y una critica que desnude los vicios y desviaciones que pudiera estar sufriendo el proceso revolucionario bolivariano, sin que ello sea descalificado como una acción contrarrevolucionaria, encaminada a dañarlo.

Es preciso, por consiguiente, que los movimientos revolucionarios y progresistas emprendan igualmente una labor a favor de una eficiente y transparente gestión administrativa, la contraloría social y la democracia directa. Por  lo tanto, la actual coyuntura política debe contribuir a despejar la incógnita que se presenta entre unas y otras organizaciones políticas y sociales respecto a la continuidad o no del  proceso revolucionario venezolano. Esto requiere la mayor movilización de los revolucionarios para evitar que todo caiga en el vacío, desperdiciándose catorce años de protagonismo popular y de confrontación con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. No será una tarea fácil, dado que gran parte de la dirigencia chavista -renuente a suscitar cambios y saltos cualitativos que consoliden el avance revolucionario- no estará dispuesta a perder los privilegios que ahora goza, lo que determinará ineludiblemente un enfrentamiento y una agudización de las contradicciones que tienen en relación a los movimientos revolucionarios y populares. Esta última situación -postergada en base al liderazgo desempeñado por Hugo Chávez y a la necesidad de preservar y de ampliar los espacios de poder conquistados- impone la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista que puedan ser implementadas por las diferentes organizaciones del poder popular y sirvan de punto de partida para alcanzar el cambio estructural del Estado venezolano, unas nuevas relaciones de poder basadas en la participación popular y, por supuesto, la expansión democrática del proceso revolucionario bolivariano.-

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13/12/2012 05:14 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA COMUNA SOCIALISTA COMO HECHO REVOLUCIONARIO SIGNIFICATIVO

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La comuna en Venezuela debiera ser ciertamente una forma de gobierno popular revolucionario que supla el poder ejercido tradicionalmente por las autoridades constituidas. No se trata, por ende, de tutelarlas o de integrarlas a las diversas instituciones del Estado, coartando así el ejercicio de la democracia participativa y protagónica que debe caracterizarla en todo momento. Esto quizá sea un escándalo para aquellos que tratan de acceder al poder sin comprender que, como hecho revolucionario significativo, la construcción de las comunas representa un salto cualitativo en la evolución que debe producirse en lo que respecta a la consolidación del proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, del mismo modo que los sectores populares comprometidos con su activación y funcionamiento han de entender que éstas no pueden (ni deben) reproducir los criterios, la ideología y las estructuras burocrática-representativas del Estado vigente. De esta manera se evitará que el actual proceso revolucionario bolivariano derive hacia arreglos opuestos a la existencia, consolidación e influencia del poder popular, retornándose al sistema y a las prácticas de la democracia representativa en vez de profundizar el poder constituyente del pueblo como garantía y preámbulo de la construcción real del socialismo revolucionario.

Sin embargo, es de admitirse que aún existe un vacío en lo tocante a la formación de una conciencia revolucionaria que podría echar al traste con este propósito. Tal vacío representa el principal obstáculo que debe vencerse, de modo que la construcción de las comunas no sea simplemente un cambio cosmético que termine por dejar todo igual. De hecho, la difusión y discusión del Segundo Plan Socialista de Desarrollo de la Nación para el período 2013-2019 que se ha estado realizando en el país debiera convertirse en el instrumento inmediato para que este  hecho revolucionario significativo sea una realidad posible, a pesar del burocratismo incrustado en las instituciones del Estado que, de una u otra forma, conspiraría contra su existencia, desarrollo y funcionamiento autónomo. En este sentido, vale decir que los mismos sectores populares tienen que apropiarse del mismo, generando sus propios espacios organizativos, utilizando por lo pronto las distintas leyes del poder popular sancionadas por la Asamblea Nacional, lo cual -a su vez- debiera motivarlos a cuestionar las estructuras estatales, logrando que el Estado sufra un cambio estructural que esté acoplado a la necesidad de consolidar la participación y el protagonismo revolucionario del pueblo, deslastrándolo de los procedimientos burocrático-representativos que los imposibilitan.

Por ello, las comunas no deben convertirse en una consigna revolucionaria carente de contenido popular y, por supuesto, en parte de un cambio gatopardiano. Ellas deben ser consecuencia directa del debate y las aspiraciones de los sectores populares, adaptadas a cada situación específica, a cada región, siendo construidas desde abajo, sin interferencia alguna del Estado, sea cual sea su nivel; lo que redundará -sin duda- en el avance cualitativo del proceso revolucionario bolivariano.-

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13/12/2012 05:11 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EFICIENCIA POLÍTICA Y CALIDAD REVOLUCIONARIA EN EL GOBIERNO. ¡CÚMPLASE!

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Los revolucionarios tenemos que olvidarnos del conformismo y actuar en consecuencia para lograr la eficiencia política y la calidad revolucionaria sin importar si ello perjudica o no los intereses grupales y/o particulares de quienes les ha tocado en suerte dirigir las instituciones públicas en nombre del proceso revolucionario bolivariano. De ahí que lo manifestado este 5 de noviembre por el presidente Hugo Chávez en Consejo de Ministros sea pertinente, puesto que la mayoría de los electores venezolanos tuvieron en cuenta al momento de la elección presidencial del 7 de octubre pasado la necesidad de que haya, realmente, eficiencia política y calidad revolucionaria en las instancias de gobierno o, de lo contrario, será la noche, es decir, el acabose del proceso revolucionario bolivariano, tal como ocurriera con el bipartidismo puntofijista. No otra cosa podría hacerse, dado el evidente respaldo mayoritario recibido por Chávez en todas las elecciones realizadas, incluso favoreciendo a candidatos a gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos y Asamblea Nacional que dejan mucho que desear por su escasa sintonía con el pueblo y su inconsistencia ideológica con el socialismo revolucionario; lo cual representa actualmente un imperativo que no puede pasar por debajo de la mesa, si en realidad se aspira construir y consolidar una revolución socialista en Venezuela.    

Esta demanda revolucionaria sitúa a quienes siguen a Chávez ante la disyuntiva de revelarse como verdaderos revolucionarios o, simplemente, destaparse como simples reformistas a los cuales no les interesa que nada cambie en cuanto al orden social, político y económico establecido, por lo que será altamente necesario que los sectores populares sepan distinguir acertadamente entre una posición y otra, a fin de no equivocar el camino, retrasándose -en consecuencia- la transición hacia el socialismo revolucionario y, con él, el pleno ejercicio de la soberanía popular. Esto nos exige a los revolucionarios la superación del individualismo y de la fragmentación tradicional del Estado burgués-liberal impuestos por los sectores dominantes, a tal grado que cualquier acción de gobierno se ve ajena a los ojos del pueblo, les afecte en uno u otro sentido. De ahí que tenga que cumplirse -ineludiblemente- con una serie de mecanismos participativos establecidos en la Constitución y en las leyes del poder popular para que el proceso de cambios revolucionarios avance y se profundice, ante lo cual no le cabe a los gobernantes regionales y locales (y el conjunto de servidores públicos) que se catalogan de revolucionarios otra cosa que contribuir efectivamente a la instauración de un nuevo modelo de Estado; en el caso venezolano, de un Estado comunal socialista, lo que implica la generación de un debate teórico respecto a sus fundamentos principales en atención a lo que significa el ejercicio de la democracia participativa y protagónica en contraposición a la democracia representativa.

Como sea, el reto del proceso revolucionario bolivariano va más allá de lo dicho por el Presidente Chávez, puesto que no es suficiente alcanzar la eficiencia política y la calidad revolucionaria si éstas no están orientadas hacia la consecución del cambio estructural del Estado vigente mediante la participación constante y consciente de las bases populares, además de la incorporación y actuación de verdaderos cuadros revolucionarios en las diferentes instituciones públicas con el objetivo de hacerlo realmente posible.-   

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09/11/2012 08:03 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

CONSIDERACIONES GENERALES EN TORNO AL FORTALECIMIENTO DEL PROCESO REVOLUCIONARIO VENEZOLANO

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Si se aspira a construir con suficiente solidez, eficiencia y participación popular el socialismo revolucionario en nuestro país es necesario comprender que la actual coyuntura política nacional, con una importante y decisiva victoria electoral lograda el 7 de octubre de 2012 que garantiza la legitimidad del mandato presidencial de Hugo Chávez y de su liderazgo al frente del proceso de cambios revolucionarios, requiere de elementos imprescindibles que ayuden a elevar la toma de conciencia, la organización y la movilización del pueblo en general, de modo que la gestión de gobierno se convierta también en instrumento que permita alcanzar esta meta.

Esto debiera implementarse con un mayor énfasis, dado que ello extendería el apoyo popular respecto a la necesidad de los cambios estructurales que debieran propiciarse en todas las instituciones del Estado vigente. De igual forma, hay que entender que algunas iniciativas revolucionarias han generado bastante resistencia no sólo de parte de los grupos de oposición tradicionales sino también dentro del chavismo cupular o gobernante, producto de una evidente falta de formación teórica revolucionaria y de un cabal discernimiento de los cambios que implicará la construcción revolucionaria del socialismo. Tal situación contribuye, incluso, a mantener un ambiente de desinformación que atenta contra su puesta en práctica, haciéndose más dificultoso su profundización y, eventualmente, su continuidad más allá de la presencia de Chávez.

A tal realidad se le debe sumar la ausencia de una conciencia revolucionaria y clasista sostenida entre los diversos sectores populares, lo cual les hace presas fáciles de la demagogia populista de algunos personeros del chavismo cupular o gobernante, además de la manipulación mediática orquestada por la oposición. Dicha ausencia es estimulada, de una u otra forma, por quienes ocupan cargos de gobierno y de dirección partidista, sometiendo a las bases del chavismo a un clientelismo político que explota sus necesidades materiales y les impide ejercer conscientemente la democracia directa, obstaculizando, a su vez, los espacios de gobernabilidad popular que pudieran gestarse, al aplicar el conjunto de leyes que les abren puertas al poder popular como primera y principal instancia organizativa del socialismo.

Con estas consideraciones de tipo general, precisamos que debe establecerse un plan de trabajo que ayude a fomentar la conciencia, la organización y la movilización populares, llevándose a cabo con criterios de amplitud y de sistematización, de acuerdo a las diversas experiencias que se deriven de su cumplimiento. En atención a estas consideraciones, es importante elaborar foros, talleres, charlas, debates, artículos de opinión, programas radiales y televisivos, así como también periódicos, mediante los cuales sea divulgado dicho plan, tanto en las diferentes instituciones públicas como en las comunidades, de manera que  se avance en este importante aspecto.

ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN ACTUAL DEL PSUV

El Partido Socialista Unido de Venezuela vive una situación atípica al plantearse ser un partido de masas y, al mismo tiempo, un partido de cuadros revolucionarios, sin profundizar mucho en el aspecto teórico-ideológico, sólo unido por el liderazgo indiscutible de Hugo Chávez y contentándose con mantener e incrementar su número de militantes, además de una hegemonía política-gubernamental mediante los votos obtenidos tras cada elección celebrada en el país. Esto ha permitido la reproducción de los viejos vicios clientelares de los gobiernos adeco-copeyanos, lo cual tiene su repercusión negativa en la conducción y ampliación del proceso revolucionario bolivariano en todos los ámbitos de la vida social en que se actúe, haciendo de las bases militantes objeto de la demagogia y, muchas veces, de descalificaciones extremas por parte de la dirigencia actual al no compartir su forma de actuar, contradiciendo abiertamente los lineamientos de su máximo líder.

Esta situación ha provocado algunas deserciones de militantes y dirigentes chavistas que han migrado hacia otras organizaciones partidistas al exigírseles una incondicionalidad absoluta, sin debates internos de ningún tipo que hagan realidad el pleno ejercicio de la democracia participativa y el contenido del Libro Rojo; facilitándose la penetración de elementos de comprobada trayectoria antichavista y contrarrevolucionaria, incluso en estructuras del Estado. Con ello, la apatía y el desencanto que podría estarse esparciendo entre muchos leales al Presidente Chávez y al proceso revolucionario bolivariano nos sitúa ante una perspectiva un tanto pesimista de persistir dichas condiciones inalterables en el tiempo.

A ello se agrega las acusaciones de corrupción administrativa que habría en algunas instituciones gubernamentales sin que exista una investigación convincente de las mismas de parte de los organismos encargados de hacerlo que minimice su impacto en la opinión pública. En tal sentido, la militancia del Psuv no ha asumido una posición de combate frontal contra estos presuntos hechos de corrupción, dejándose llevar por la creencia generalizada e inducida que esto perjudicaría al proceso revolucionario, olvidando que ésta fue una de las causas por las cuales hubo las dos insurrecciones cívico-militares de 1992.

Igualmente, la ausencia de un debate político-teórico serio, objetivo y consecuente a lo interno del Psuv limita enormemente la práctica revolucionaria de la crítica y la autocrítica, especialmente cuando aquellos que ejercen la dirección política y el gobierno se mantienen al margen, obviando los constantes llamados hechos por Hugo Chávez para que promuevan, asistan y tomen en cuenta las conclusiones de tal debate. Tal cosa incrementa la poca atención restada a la formación teórica, desacreditándola como algo desfasado, innecesario y demasiado complicado, optándose por un pragmatismo que -eventualmente- se manifestaría en el logro de una buena gestión pública. En algunos casos, no pocos funcionarios públicos llegan a afirmar que desconocen qué es el socialismo y, en consecuencia, lo que es la lucha de clases.

Otro elemento a considerar es la dualidad de cargos gubernamentales y político-partidistas en manos de una misma persona, cosa que legitima en ella la creencia de ser la encarnación de la revolución por lo que cualquier crítica a su gestión es inmediatamente invalidada, tildada de contrarrevolucionaria y de indisciplina. Asimismo, la existencia de grupos tribales con intereses comunes, pero sin ningún trasfondo político-teórico que pudiera atribuirles la condición de tendencias o corrientes internas del Psuv. Esto se ha manifestado con mayor ímpetu cuando tuvieron lugar las elecciones internas de candidatos al recurrirse a la compra de votos, violando el respeto a la dignidad de las personas, la igualdad de oportunidades y la ética socialista que debe prevalecer en este tipo de eventos. En ello ha influido el papel adoptado por Chávez como presidente del Psuv al elegir a dedo a unos cuantos candidatos, no obstante el enorme rechazo de las bases hacia los mismos, consiguiendo que algunos espacios políticos los esté ocupando la oposición actualmente.

Todo esto ocasiona que las diversas luchas sociales emprendidas por campesinos, estudiantes, jóvenes, comunidades y trabajadores en general sean mal vistas, atribuyéndoselas a planes desestabilizadores de la oposición, a pesar de la legitimidad de sus acciones y su indiscutible militancia en el proceso revolucionario bolivariano. Así, las luchas sociales han perdido la combatividad que las identificó en el pasado, minimizándose en función de una falsa disciplina revolucionaria que se debe acatar sin discusión alguna, no obstante la persistencia de Chávez para que el Psuv le haga acompañamiento a las mismas, teniendo en su dirigencia un eco prácticamente nulo.

A pesar de este conjunto de fallas, vicios, desviaciones y contradicciones, una buena porción de la militancia de base del Psuv confía en la viabilidad del proceso revolucionario bolivariano y en la oportunidad que exista una mejor vanguardia, capaz ésta de trabajar desinteresadamente en función del socialismo. Haría falta crear, entonces, grupos activos, interconectados a nivel nacional, estadal y municipal, con una dirección (si cabe el término) colectiva, horizontal, que apliquen los resultados del Congreso Fundacional del Psuv, lo mismo que los lineamientos programáticos del Libro Rojo; organizando, movilizando y formando, independientemente del cargo partidista o gubernamental que puedan ocupar sus integrantes, ahora o más adelante. Los mismos podrían llevar a cabo actividades de discusión de la situación internacional y/o nacional, sin obviar lo local, ligada a la marcha del proceso de cambios revolucionarios, que contribuya a elevar la conciencia política y teórica de todos sus participantes, convirtiéndose en puntos de referencia a lo interno, sin que se antepongan otros objetivos ajenos a dicho propósito, como el de aspirar a ser candidatos o candidatas en una próxima elección.

Es importante que se entienda que el Psuv no puede ni debe continuar al margen de las luchas populares, convirtiéndose en un cenáculo similar a los de Ad y Copei, siendo sólo una maquinaria electoral efectiva, pero sin promover espacios de protagonismo y de participación de sus bases que sirvan de antesala a la construcción del socialismo revolucionario que se pregona. A lo interno, habría que desempolvar todas aquellas líneas de acción estratégicas formuladas en su momento por el Presidente Chávez, de manera que el Psuv actúe de acuerdo al papel revolucionario que le correspondería.-

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27/10/2012 07:44 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¡SI QUEREMOS HACER REVOLUCIÓN (CON MAYÚSCULA), ACABEMOS CON LA “REVOLUCIÓN”!

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Desde el momento en que Hugo Chávez planteara que la solución a todos los problemas e injusticias inherentes al capitalismo está en la construcción del socialismo revolucionario, se generó un auge respecto a la definición y características de ese socialismo del siglo veintiuno que nada tendría -en lo inmediato- nada que lo vinculara con aquel que se pretendió implementar en la extinta Unión Soviética y en las naciones bajo su órbita imperial. Desde entonces, muchísimas han sido las reflexiones, algunas críticas y propositivas, otras repetitivas, aunque en medio prevalecen más aquellas que pecan de inmediatismo y emotividad, haciéndose eco automático de lo dicho por el Presidente Chávez, sin ahondar mucho. De esta forma, en Venezuela se habla con entusiasmo singular de socialismo, revolución bolivariana o, simplemente, de proceso revolucionario, siendo una nota común que ahora existan empresas socialistas, instituciones públicas socialistas de todo tipo, frentes sociales socialistas y profesionales socialistas (aun cuando su instrucción sea diametralmente opuesta), lo que causa la impresión -a vuelo de pájaro- que el socialismo revolucionario es una realidad consolidada en la patria chica de Bolívar.

Sin embargo, al detallar dicha realidad salta a la vista que la misma todavía está saturada de antivalores y vicios que caracterizaron al régimen representativo administrado por los partidos políticos tradicionales, Ad y Copei, juntamente con las cúpulas empresariales, sindicales, católicas y militares. Esto último es lo que ha impedido -desde cualquier ángulo que se le analice- el avance, la organización y el ejercicio verdaderamente democrático de los sectores populares, los cuales han captado la esencia de lo que significa una revolución socialista; de ahí el porqué del apoyo electoral brindado a Chávez el 7 de octubre, triunfo éste que se le quiere escamotear al pueblo chavista por parte de las organizaciones partidistas que le postularon como candidato a la presidencia de la República.

Esto nos ubica ante dos situaciones absolutamente diferentes, aunque hermanadas por un mismo discurso: por una parte, una “revolución” institucionalizada o burocratizada que tiene en la dirigencia partidista y en quienes ejercen cargos de elección popular a sus exponentes más distintivos, incapaces de promover cambios efectivamente revolucionarios y socialistas, aun cuando se mantienen plegados a una aparente incondicionalidad al líder, Chávez; por otra parte, coexiste a su lado una revolución, con una escasez de teoría que la sustente y profundice, pero mejor compenetrada con los ideales de justicia social, igualdad y democracia participativa que siempre fueron banderas de lucha del pueblo venezolano. Entre ambas hay un forcejeo constante que es apaciguado por la voz del máximo líder (Chávez), lo que ha favorecido mayormente a quienes ocupan cargos gubernamentales y de dirección política, a pesar del amplio rechazo de las bases ante su franca ineficiencia, corrupción e hipocresía. Todo lo cual impone la necesidad de que estas mismas insurjan alguna vez de manera contundente, haciendo irreversible el proceso revolucionario bolivariano y deslastrándolo de aquellos elementos y patrones de conducta pertenecientes al pasado.

Un primer paso en esta dirección sería la multiplicación de las diferentes organizaciones que conformarían el poder popular, ejerciendo éste una contraloría social directa sobre la gestión de gobierno, con la capacidad de enfrentar sin titubeo alguno la demagogia populista, el burocratismo y el clientelismo político heredados de Ad y Copei, además de afianzar las condiciones legales y extralegales que permitan el cambio de estructura del Estado vigente. Para lograrlo, hará falta también la formación teórica de cuadros revolucionarios que asuman la vanguardia en todos los terrenos (incluso, el electoral), de modo que la revolución sea un acontecimiento permanente, desprovisto de dogmas y sectarismos que obstaculicen y estigmaticen la crítica y la autocrítica que podrían contribuir a un mayor avance revolucionario. Sin embargo, hay que advertir que ello no será nada posible mientras no se tenga la audacia de comprender que la revolución implica cambios más allá del simple voto o discurso, dejándose atrás el viejo modelo de sociedad en el cual nacimos y vivimos.-              

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16/10/2012 22:26 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LAS ELECCIONES REGIONALES Y LA DEPURACIÓN NECESARIA DEL PROCESO BOLIVARIANO

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Quienes serán candidatos en nombre del Presidente Hugo Chávez y del proceso revolucionario bolivariano (aún en funciones de gobierno) ahora más que nunca estarán obligados a propiciar cambios sustantivos en sus respectivas gestiones, de modo que no se defraude esa fe popular manifestada a través del voto este 7 de octubre. Así, cada uno de ellos, lo mismo que las organizaciones partidistas del chavismo, debe contribuir efectivamente a la organización y a la formación teórica del poder popular, haciendo irreversible la marcha hacia el socialismo revolucionario, siendo parte de uno de los objetivos históricos dados a conocer por Chávez durante su reciente campaña electoral. En conformidad con este propósito revolucionario, es preciso generar cuanto antes un debate de altura respecto a lo que sería la nueva etapa del proceso bolivariano que se inicia con la reelección del Presidente Chávez y no confiarse nada más que en el acompañamiento pasivo de la población chavista. Con esto se podrían adelantar acciones tendentes a asegurar mejores niveles de conciencia política e ideológica de las bases chavistas, velando por lograr la efectividad y la transparencia de la gestión gubernamental y, por añadidura, la transformación del modelo de Estado burgués actual, convirtiéndolo en un Estado comunal de características realmente socialistas.

Se hace necesario, por tanto, no seguir atrapados en el círculo vicioso del sectarismo y el clientelismo político heredado del puntofijismo, algo que ha impedido sobremanera la independencia y un mayor avance de los sectores populares organizados en el ejercicio de la democracia participativa y la contraloría social. Lo mismo vale respecto a la prepotencia con que actúan muchos funcionarios públicos “revolucionarios”, desdeñando la participación y el protagonismo del poder popular, cuestión ésta que debe ser combatida en todo momento, puesto que -de continuar- hará dificultoso mantener en el futuro esa empatía lograda hasta ahora por Chávez con el pueblo venezolano, reflejada en esta última elección presidencial y en los demás procesos electorales realizados. Éste sería el momento oportuno para iniciar esa depuración necesaria del proceso bolivariano, contando con el apoyo de los sectores populares que reclaman eficiencia y efectividad de sus actuales gobernantes.

No se debe obviar que la madurez política del pueblo le ha permitido diferenciar la gestión de Chávez de aquellas que vendrían cumpliendo gobernadores y alcaldes, por lo que no sería sensato pensar que los votos del Presidente se endosarían automáticamente a cualquier candidato chavista, lo que exige mayor inteligencia de parte de los partidos políticos aliados, incluyendo al PSUV, para no permitirle a la oposición la conquista de espacios en las siguientes elecciones a través de una designación candidatural basada en simpatías o compromisos particulares. Aunque el tiempo sea relativamente muy corto para una reflexión más profunda al respecto, se podría iniciar diálogos abiertos con todas las fuerzas políticas y sociales que respaldan el proceso revolucionario bolivariano, conformándose mesas de trabajo puntuales que permitan visualizar las herramientas y las medidas a adoptar para que exista una compenetración real y permanente a nivel gubernamental con las organizaciones populares. Con ello en mente, podría hacerse realidad una plataforma unitaria revolucionaria basada en acciones y propuestas viables más que en acuerdos cupulares partidistas que, muchas veces, secuestran la participación de las bases, algo que debiera desterrarse a partir del momento en que la voluntad popular ratificara a Hugo Chávez en la presidencia de la república para el período 2013-2019.-

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14/10/2012 08:18 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA ESTRATEGIA DE DESCONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

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Tras el discurso “progresista” del candidato de los factores “democráticos” hay, indudablemente, un programa económico de estirpe neoliberal que no solamente atentaría directamente contra las condiciones socioeconómicas de los sectores populares -en el hipotético caso que él resultara electo presidente- sino que afectaría igualmente a la clase media y a los empresarios venezolanos, ya que se privilegiaría enormemente la participación de corporaciones transnacionales en condiciones flexibilizadas en la economía nacional, quedando ésta sometida al engranaje de la globalización económica bajo la tutela estadounidense y europea.

No es casual esta identidad  neoliberal (y neofascista) del principal candidato opositor, dada su extracción social y los vínculos ideológicos con los neo-con yanquis a través de organismos sobrevivientes de la Guerra Fría como la USAID y la NED. Para que esto tenga su efecto en los resultados electorales, la oposición activó una campaña propagandística que borra todo el pasado de corrupción administrativa, miseria y represión que representaron los gobiernos adecos y copeyanos, atribuyéndole a Hugo Chávez Frías todos los males habidos y por haber en Venezuela, además de todas las negligencias y omisiones cometidas o por cometer de la administración pública a nivel regional o municipal, haciendo irrelevante el hecho comprobado que un grueso porcentaje de funcionarios públicos provienen de aquellos gobiernos anteriores a 1998. De esta suerte, tales funcionarios adoctrinados en la socialdemocracia serían responsables directos de la negligencia y omisiones del Estado venezolano al no corresponder su práctica burocrática con la exigencia de cambio estructural impuesta por una democracia participativa y protagónica, dinamizada y empoderada por los sectores populares organizados.

Esta descontextualización histórica por parte de los grupos opositores le ha servido para presentarse ante el electorado como una opción de futuro cuando la realidad es totalmente inversa, al representar ese pasado atroz y antidemocrático que fuera confrontado y deslegitimado por el pueblo de Bolívar, produciendo una crisis generalizada que tendía a agudizarse a medida que transcurría el tiempo. Gracias a este recurso propagandístico, lo hecho por los colonizados liderados por el Libertador Simón Bolívar para obtener la independencia política de España resulta algo sin mucha relevancia para el presente y el futuro nacionales, un asunto obsoleto que atrasa al país respecto al mundo globalizado de hoy, razón más que suficiente para deslastrarse de Chávez y su propuesta de refundación de la república bolivariana. Según esta visión opositora, desde 1958 hasta 1998 Venezuela vivió una era democrática de idílica relación de clases sociales. Nunca hubo -por consiguiente-  represalia, encarcelamiento, tortura, asesinato y desaparición de militantes de la izquierda revolucionaria ni de dirigentes populares bajo su régimen representativo.

Esto ha permeado, incluso, la opinión de algunos chavistas, interesados como están en contar con cierta seguridad respecto al rumbo a seguir por el proceso de cambios bolivariano, pero sin los riesgos de una revolución socialista radicalizada, como lo demanda una gran mayoría de los movimientos populares revolucionarios. Por ello, se impone una lectura más profunda y objetiva de lo que está en juego el 7 de octubre y actuar en consecuencia para que el proceso de cambios bolivariano se haga una realidad irreversible, consolidando el protagonismo popular y la transición hacia el socialismo revolucionario.-

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22/09/2012 13:47 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

EL EFECTO MARIPOSA DE LA OPOSICIÓN

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Los grupos de derecha que se oponen al proceso revolucionario bolivariano dentro y fuera de Venezuela se hallan actualmente activando una campaña de rumores y matrices de opinión que siembren temores, dudas y zozobra entre los venezolanos a través de sus diferentes canales mediáticos, de tal manera que ella pueda precipitar resultados distintos a los proyectados hasta ahora en la mayoría de las encuestas que dan como seguro ganador al Presidente Hugo Chávez. Esta es una situación que -al margen de lo que se crea o no respecto a quién o quiénes estarían detrás de su planificación y ejecutoria- de no saberla enfrentar el gobierno nacional y las fuerzas políticas que le respaldan, podría desencadenar el efecto deseado por las fuerzas opositoras, avivando sus expectativas y estimulando la abstención de algún porcentaje de votantes chavistas al momento de efectuarse la elección presidencial. Esto se aprecia -sobre todo- en el ataque pertinaz de la dirigencia contrarrevolucionaria a propósito del fatal incendio ocurrido en la planta de refinación de PDVSA, ubicado en Amuay, atribuyéndole toda la culpa a Chávez y a su equipo de gobierno, a pesar de conocer que ello pudo ocurrir igualmente en cualquier refinería del mundo y conocer, además, la prontitud con que actuaron las autoridades respecto a la atención a las familias de las víctimas, tanto militares como civiles, y al incendio en sí.


Por ello, no obstante adoptarla oposición una apariencia demócrata, humanista e incluyente para posicionarse electoralmente frente a los sectores populares que siempre despreciaron sin disimulo alguno, tildándolos repetidas veces de hordas salvajes, la misma está afanada en provocar un clima de violencia política, de ingobernabilidad y de miedo que le permita generar el marco adecuado para desconocer los resultados electorales del 7 de octubre, algo que poco se han cuidado de disimular sus dirigentes, en la confianza que serán secundados en sus propósitos fascistas por el imperialismo yanqui, refrescando el guión aplicado en otros países bajo la excusa de defender la democracia. Así, esta campaña de rumores y matrices de opinión tendría un efecto mariposa, con una finalidad predeterminada, por lo que, en esta dirección, se requeriría una contraofensiva mediática de parte del chavismo que desnude los propósitos antidemocráticos, privatizadores y desnacionalizadores que encubren los grupos opositores con su oferta demagógica de “progreso”, desmantelándose, al mismo tiempo, su estrategia de manipulación informativa.

Esto es algo que el pueblo venezolano no puede ignorar ni pasar por alto, haciendo caso de los cantos de sirena de la oposición derechista, puesto que sus intereses no son los mismos de los sectores populares, tal como lo quiere hacer creer en la presente campaña electoral, eludiendo su identificación con el modelo capitalista neoliberal. Por dicho motivo, quienes defienden la posibilidad nunca descartable de organizar una verdadera revolución socialista en la patria bolivariana tendrían que articular esfuerzos alrededor de un mismo proyecto político revolucionario, con una ética socialista bien definida, sin sectarismos partidistas ni ambiciones personalistas que son contrarios al logro de este importante objetivo.-
 

 

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06/09/2012 15:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LO QUE ESCONDE CAPRILES RADONSKI

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El discurso de Capriles Radonski está dirigido primordialmente a una minoría de mentalidad reaccionaria o conservadora, a quien le induce a pensar solamente en el presente y en la satisfacción egoísta de sus propios intereses, sin tener preocupación alguna por los demás ni por el futuro de la nación. Esto último apunta -sin duda- al establecimiento de un proceso de desnacionalización progresiva, como lo apuntara no hace mucho tiempo Carlos Lanz Rodríguez, que cree en lo futuro las condiciones ideales requeridas para un protectorado de Venezuela por parte del imperialismo yanqui, respondiendo así al plan de dominación continental que éste se trazara décadas atrás, cuando apuntalara para ello el ALCA y los diferentes planes militares que harían de nuestra América una vasta colonia regida por Washington. Para Capriles Radonski y sus acólitos, la Patria es algo obsoleto, siendo lo deseable el estilo de vida de los estadounidenses, con lo que se estaría generando la misma situación de alienación, de psicosis y de discriminación que padece -desde hace más de un siglo- la sociedad de consumo norteamericana. Asimismo, se debe resaltar que la oferta electoral de Henrique Capriles Radonski y sus acompañantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) buscan esquivar el espinoso asunto de la explotación capitalista de los trabajadores (profesionales o no), enarbolando un supuesto progreso que alcanzará para “todos”, pero que no alteraría en absoluto la existencia de las dos clases sociales predominantes en el sistema capitalista a nivel mundial: burguesía y proletariado (trabajadores asalariados, profesionales o no), las cuales son antagónicas y bien diferenciadas, en tanto intereses y estilos de vida.

Esto no es admitido, por supuesto, públicamente por los representantes de la oposición, pero el análisis simple de sus “propuestas” de gobierno no dejan lugar a dudas al respecto, quedando en un limbo retorico todo lo referente a la democracia participativa y protagónica, la solidaridad, la inclusión social y la independencia nacional, cuya concepción y comprensión son diametralmente contrarias a aquellos que aprendió a valorar la mayoría de los venezolanos desde 1998. De esta forma, se apela al individualismo, dejando entrever que únicamente quienes estén dispuestos a sobresalir -en una competencia darwiniana promovida y amparada por el Estado- obtendrán el progreso que envidian a Estados Unidos, Japón y Europa (obviando las secuelas de la crisis actual del régimen capitalista neoliberal en todo el planeta); la cual, extendida a toda la nación bolivariana, suscitaría la ruptura de la unidad geopolítica y, por ende, el desequilibrio en la distribución del ingreso nacional, quedando a la zaga aquellos estados y municipios que no disponen de los recursos y las potencialidades económicas de los demás. Esto, forzosa e indudablemente, conduciría a Venezuela a una política de privatización de empresas y servicios a cargo del Estado, sobre todo, de PDVSA, la tan apetecida gallina de los huevos de oro, quedando la población venezolana a merced de los dueños del capital transnacional y de sus lacayos locales, decidiendo los mismos qué le “convendría” a ésta, sin afectar sus negocios e intereses.


Básicamente, Capriles Radonski, y la oposición en general, está reivindicando el viejo recetario neoliberal recomendado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que hizo detonar el alzamiento popular del 27 de febrero de 1989, así como lo contenido en la Agenda Venezuela bajo la presidencia de Rafael Caldera que significó la eliminación de las prestaciones sociales de los trabajadores y la privatización de la CANTV y otras empresas estatales.

Todo ello enlaza la opción opositora con ese pasado adeco-copeyano que niegan y no quieren asumir como propio; de ahí que reiteren las palabras cambio y futuro en su estrategia propagandística como un mecanismo para desmarcarse -aparentemente- de tal pasado nefasto y antidemocrático. Para lograr su cometido final, de resultar victorioso Capriles el 7 de octubre, la oposición tendría que desmontar pieza por pieza el marco jurídico-constitucional levantado en Venezuela por iniciativa (prácticamente) exclusiva del Presidente Hugo Chávez, precisamente todo aquello que ha elevado la moral, la dignidad, la convicción democrática y su razón de ser de los sectores populares, creyendo quizás, en su ceguera ante la realidad nacional, que éstos reaccionarán de modo pasivo e indiferente ante sus medidas de corte neoliberal.-

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06/09/2012 15:29 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

NO SE TRATA SIMPLEMENTE DE APOYAR A CHÁVEZ

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         En plena campaña electoral por la presidencia del país, las venezolanas y los venezolanos que respaldan a Hugo Chávez no deben olvidar que la trascendencia de su reelección radica más en la disposición de avanzar resueltamente en la construcción de un socialismo revolucionario verdadero  en Venezuela que en la obtención segura de una cantidad desbordante de votos a su favor el 7 de octubre. Esta es una circunstancia histórica que no sólo se reflejará a lo interno de Venezuela sino que tendrá también sus repercusiones en el ámbito internacional, sobre todo en lo que atañe a las luchas populares de nuestra América. Por ello, quienes se manifiestan de acuerdo con el socialismo revolucionario en esta nación tienen ante sí un compromiso que va más allá de la defensa de unas siglas partidistas, de un interés personal o de una gestión de gobierno determinada.

            Así, habría que recalcar que, al hablarse del reconocimiento de la soberanía del pueblo, se debe comprender que ello significa ser partícipes de la idea de transferirle a ese mismo pueblo el poder que tradicionalmente ha sido usufructuado por las elites gobernantes, eliminando todo rasgo de representatividad para dar nacimiento a la democracia participativa y protagónica en toda su potencialidad y originalidad creadora. De ahí que no basten los discursos ni las buenas voluntades para lograrlo. Hace falta producir una revolución desde abajo que termine por influir en el cambio estructural del Estado en todas sus manifestaciones, de manera que el ejercicio pleno de la soberanía popular marque el camino a seguir en la construcción y  el desarrollo del socialismo revolucionario, sin dogmas preestablecidos que afecten su organización y movilización, por lo que todas las instancias gubernamentales han de compartir esta nueva concepción del poder, lo que implicará que la gestión del gobierno (y, por extensión, del Estado) sea esencialmente popular. Habría que procurar, por tanto, una democratización del poder, expresada ésta en la autogestión de las comunidades organizadas, evitándose entonces el autoritarismo, la verticalidad y la jerarquización que caracterizan hoy por hoy, a nivel mundial, las relaciones de poder en beneficio de unas minorías dominantes. Como podría inferirse, todo esto escapa al escenario meramente electoral y supone una tarea permanente, sustentada en la elaboración, difusión y debate de una teoría revolucionaria que la explique y la consolide, definiéndose el socialismo revolucionario propiamente dicho. 

Otra de las cosas que debiera revisarse a profundidad -a la par de la campaña electoral- es lo que tiene que ver con el orden económico imperante, si aún estamos hablando de la construcción de un socialismo revolucionario que, aunque parezca algo trasnochado para algunos dentro del chavismo gobernante, representa la alternativa histórica para desmantelar definitivamente el sistema capitalista, explotador y depredador de plusvalía y de recursos naturales. No se pueden promover relaciones económicas capitalistas que, en el fondo, resultan ser relaciones eminentemente egoístas, y querer construir -al mismo tiempo- formas de convivencia de carácter socialista, siendo las mismas incompatibles, en esencia y objetivos; repitiéndose así, en cierto modo, la historia y planteamientos de los socialistas utópicos de hace siglos atrás, quienes creyeron ingenuamente que de esta forma se humanizaría el capitalismo. Hace falta ser más decididos en esta materia y no prolongar más las contradicciones que resultan de ello, dejando brechas abiertas para que se perfile una nueva clase burguesa, pero ahora con ropajes “socialistas”, manteniéndose en consecuencia los mismos grados de diferenciación entre ricos y pobres que siempre ha combatido el socialismo revolucionario en el mundo. De ahí que no se trate simplemente de apoyar a Hugo Chávez en estas elecciones sino de contribuir a la profundización y ampliación de los cambios hasta ahora alcanzados bajo su liderazgo.-

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26/07/2012 06:36 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

CINCO OBJETIVOS HISTÓRICOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIEDAD MEJOR

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Mediante los cinco objetivos históricos que forman parte de su propuesta de gobierno, el Presidente Hugo Chávez ha puesto de relieve asuntos de primer orden que debieran contribuir a una mayor definición de los diversos cambios políticos, económicos, sociales, culturales y militares que han tenido lugar en Venezuela, apuntando con ello a la realización, consolidación y profundización de una revolución socialista inédita y, por tanto, de nuevo tipo que sirva, a su vez, de guía para el resto de los pueblos que luchan por su liberación y su desarrollo integral. Por eso, el objetivo referido a la independencia no sólo abarca el derecho que asiste a  toda nación de existir de manera soberana en el contexto internacional, sino también a lo que la misma implica -de modo general- en el contexto actual cuando el imperialismo yanqui y sus socios de la OTAN pisotean la soberanía de nuestros pueblos para imponerles el control de sus recursos estratégicos, como ocurre con los países del Medio Oriente. Tal cosa no puede interpretarse como patriotería trasnochada, dando por entendido que nuestros países deban plegarse a los dictados imperiales de Washington para acceder a las “bondades” del mercado capitalista globalizado y así “modernizarlos”, tal como se desprende de la oferta demagógica de “progreso” de los sectores contrarrevolucionarios.

Pero ello no sería aún suficiente sino se consigue impulsar, consolidar y profundizar la construcción del socialismo revolucionario, modificando sustancialmente los patrones de conducta y las relaciones de poder actualmente existentes, de manera que correspondan a los esquemas de la democracia participativa. De este modo será posible también construir un nuevo esquema económico productivo, diametralmente diferente al capitalista, y un Estado acorde con las exigencias de mayor participación y de control democrático del poder popular. A la larga, una vez desarrollados estos objetivos históricos, Venezuela se transformaría en un país-potencia económica, política y socialmente que contribuya a la conformación de una zona de paz en nuestra América, en vez de la proliferación de planes y de bases militares bajo la tutela directa del Comando Sur estadounidense. De ahí que resulte fundamental entender que esto responde a la necesidad del establecimiento de una nueva geopolítica internacional -con un mundo multicéntrico y pluripolar-, que rompa así con la hegemonía mundial impuesta por las transnacionales capitalistas por medio de sus gobiernos y ejércitos imperialistas.

Con el quinto objetivo, se plantea la urgencia que tiene la humanidad de salvaguardar la vida en nuestro planeta, cuestión que nos obliga a proyectar un modelo productivo eco-socialista en el cual predomine la relación armónica de las personas y el medio ambiente por encima del interés comercial habitual. Así, conquistados tales objetivos históricos podrían alcanzarse los niveles de soberanía, de democracia, de cambio económico y de justicia social que aspira el pueblo bolivariano de Venezuela.-

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19/07/2012 12:32 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

PARA AVANZAR HACIA EL SOCIALISMO

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En su Propuesta Para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019 como candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez expone, entre otras cosas no menos importantes: “Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma de Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política”.

            Tal necesidad pasa por comprender que ello será posible si existe un cambio radical en la conciencia de las mujeres y los hombres de la revolución, adoptándose nuevos patrones de comportamiento que reduzcan, eliminen y se opongan siempre a los existentes bajo el dominio del capital. De nada valdrán reformas constitucionales y legales mientras persista en la gente esa manera de concebir el mundo, en el cual todas las relaciones humanas tienen -prácticamente- un matiz mercantilizado, siendo cosificadas las personas. De igual manera, es imperativo que haya un cambio en las relaciones de poder y de producción, de manera que el poder popular pueda, verdaderamente, asumir el protagonismo, el control y la participación democrática que le destina el socialismo revolucionario. Sin tales elementos en marcha, no perdurará ninguna revolución socialista, del mismo modo como ocurrió con la Unión Soviética y otras experiencias históricas revolucionarias.      

            De ahí que resulte fundamental la promoción de valores que sustituyan los antivalores inculcados por la sociedad de consumo, creados según los intereses egoístas, competitivos y depredadores del capitalismo; valores estos que ya se han difundido a través de muchas de las doctrinas religiosas y forman parte de la educación impartida a niños y adolescentes, pero que -ante el embate constante de la publicidad capitalista- pierden arraigo durante la edad adulta de las personas. Esto debiera representar un objetivo invariable de los revolucionarios, a fin de ir influyendo en ese cambio de conciencia que permitirá, finalmente, la construcción efectiva y duradera del socialismo revolucionario por parte de los sectores populares.

            No basta, por tanto, proclamar al socialismo como alternativa revolucionaria frente a la hegemonía del capital si ello no va acompañado por una firme resolución de cambio cultural y estructural que lo defina y lo consolide. Tampoco es suficiente suponer que la revolución socialista sólo requiere de líderes predestinados y organizaciones monolíticas que no dan espacio a la divergencia de opiniones ni a la crítica en nombre de una mal entendida disciplina de sus militantes, puesto que ello sería condenar de antemano al fracaso todas las tentativas de transformación social, económica y política que se plantearan bajo los ideales socialistas, además de restringir torpe y antidemocráticamente la actuación soberana del poder popular.-

23/06/2012 17:09 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

PERSPECTIVAS Y DEFINICIONES NECESARIAS DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

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De una u otra forma, el proceso de cambios revolucionarios en Venezuela ha entrado en una etapa vital de definiciones. Esta coincide con los comicios presidenciales del 7 de octubre, en los cuales se enfrentan dos concepciones de lo que debe ser la sociedad venezolana totalmente opuestas: una, de tendencia socialista; la otra, defensora del capitalismo, así de sencillo. Sin embargo, aguas abajo, los sectores populares se mantienen en pugna con el esquema tradicional de gobernar y de ser del Estado vigente que les impide ejercer e incrementar la democracia participativa y protagónica. Por ello mismo se podría afirmar que el proceso revolucionario bolivariano tiene, básicamente, dos definiciones que precisar: la primera respecto a quienes se oponen abiertamente al mismo y la segunda respecto a quienes, en nombre de la revolución socialista, no han contribuido a crear las condiciones para un mayor avance y consolidación de esta.

Esto, necesariamente, tiene que orientarse a producir una revolución anticapitalista, vislumbrando nuevas relaciones de producción en las cuales destaque el control obrero, evitando la alienación y la explotación a que son sometidos los trabajadores. En este sentido, si no se tiene el cuidado y la advertencia que el socialismo revolucionario supera y mejora cualitativamente los mecanismos democráticos logrados bajo el modelo capitalista, se contribuirá de modo inconsciente a concretar tal situación, generando en consecuencia una realidad que suprime la amplitud de criterios, el debate democrático y la vigencia de organizaciones populares soberanas respecto a las diversas instituciones del Estado, siendo esta la característica más resaltante del socialismo revolucionario.

Hace falta, por tanto, profundizar la lucha popular, sin limitarla al ámbito meramente reivindicativo, sino adoptándose una mentalidad de poder. Así, las perspectivas del proceso revolucionario bolivariano debieran apuntar a la conformación de una sociedad de nuevo tipo, cuestión que exige de quienes lo aúpan un mayor nivel de compromiso ciudadano y revolucionario. Esto supone también la adopción de una nueva ética y una nueva moral, basada en la formación teórica y práctica del socialismo revolucionario, con criterio de amplitud y responsabilidad con el futuro de nuestro país, y combate frontal a toda expresión de reformismo. Cabe entonces pensar que el proceso revolucionario bolivariano -de propiciarse mayores espacios de protagonismo popular- podrá enfrentar exitosamente cualquier pretensión de los grupos desplazados del poder, sobre todo, de la red capitalista global conformada por el gobierno de Estados Unidos junto a sus socios de Europa. En este último aspecto, el proceso revolucionario bolivariano tendría que ser antimperialista, siguiendo la senda del Libertador Simón Bolívar y de aquellos que, como él, estuvieron luchando por la emancipación absoluta de nuestra América, asumiendo una posición decididamente internacionalista en favor de la autodeterminación de los pueblos. Todos estos rasgos -en conjunto- podrían significar un salto cualitativo en lo que tiene que ver con su continuidad y consolidación definitiva.-

27/03/2012 09:25 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

¿CÓMO ORIENTAR EL EJERCICIO DEL PODER REVOLUCIONARIO?

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Para muchos en el planeta, la revolución socialista representa un cambio radical de las relaciones de poder vigentes. No obstante, pocos son quienes asumen con convicción que tal revolución, al transformar las relaciones de poder, tendría que hacer lo propio respecto a la transformación radical de la sociedad en general. Generalmente, esto último se percibe como algo utópico, muy difícil de lograrse, dando por descontado que el pueblo no se hallará jamás preparado para ello, por lo que será preciso acometer algunas reformas bien intencionadas para satisfacer parcialmente las demandas y aspiraciones populares, lo cual implica reforzar las viejas estructuras del Estado que debiera abolirse para instaurar en su lugar otro con características completamente diferentes, tanto en lo que concierne a la soberanía como a la participación protagónica del pueblo. 

Así, el ejercicio del poder revolucionario tendría que orientarse en todo momento al desmontaje del Estado burgués vigente, facilitando las condiciones objetivas para que el poder popular se convierta en el motor fundamental de los diferentes cambios políticos, sociales, culturales y económicos que deben implantarse, de manera que éste reafirme su condición política y revolucionaria con atributos constituyentes, confrontando la lógica y estructuras que sustentan dicho Estado. Esto exige que no exista ausencia de autonomía y de rebeldía por parte de los diferentes colectivos revolucionarios, articulados entre sí, pero cada uno luchando por consolidar la revolución socialista según su ámbito y perspectivas de lucha. En tal sentido, la revolución socialista debiera constituirse desde diversos centros de dirección colectiva, sin la verticalidad que muchas veces se impone creyendo que, de esta forma, se hace más eficiente la lucha revolucionaria, ignorando el papel esencial que deben cumplir en todo momento las asambleas populares a la hora de las decisiones y de la planificación. Esto no puede verse como simple concesión sino que debe marcar la evolución de todo proceso revolucionario si se aspira a su profundización y continuidad, una vía insoslayable para lograr la erradicación definitiva de los valores y de la ideología capitalistas-representativos imperantes.

Sin embargo, hay que señalar que sin una apropiada formación teórica revolucionaria -en constante verificación frente a la realidad circundante- esta aspiración resultará nula, a pesar de ponerse en vigencia leyes de todo tipo que estén determinadas por un alto contenido reivindicativo que hagan pensar que ello es el socialismo revolucionario. Esta última tarea revolucionaria es algo permanente respecto al ejercicio del poder revolucionario. Además, exige mucha crítica y autocrítica de parte de los revolucionarios, de modo que se imposibilite cualquier especie de dogmatismo que termine por inmovilizar toda iniciativa revolucionaria, alejando la posibilidad de derrocar la realidad creada según los intereses del capitalismo.- 

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10/02/2012 08:42 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

4F-92, ¿REBELIÓN MILITAR O SACUDIDA POLÍTICA?

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Más que el típico golpe de Estado -de los muchos que han marcado y trastocado la historia de la mayoría de las naciones de nuestra América, dominadas tradicionalmente por  “elites” inmorales, parásitas y antisociales- la insurrección del 4 de febrero de 1992 en Venezuela merece catalogarse como un alzamiento patriótico que vino a develar el grave estado de desnacionalización neoliberal y de descomposición moral acelerada que se cernía sobre el pueblo venezolano. Este innegable hecho histórico parece perderse entre el anecdotario y la exaltación del entonces líder del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), el Teniente Coronel Hugo Chávez Frías, ahora convertido por obra y gracia de la voluntad popular en Presidente de la República Bolivariana de Venezuela; quedando siempre abierta la posibilidad de un análisis más exhaustivo y objetivo de las múltiples circunstancias que lo hicieron realidad, enriqueciendo así el pensamiento crítico revolucionario.

Ya antes, la espontánea protesta popular del 27 de febrero de 1989 había evidenciado de manera contundente cuál era la realidad que rodeaba a la partidocracia vigente en Venezuela desde 1958 cuando el estamento político-gubernamental se vio completamente deslegitimado por los sectores populares. A partir de tal fecha, sin un programa político revolucionario a la mano, el país estaba a la búsqueda de alternativas frente a la corrupción impune de quienes lo dirigían, situados en una realidad totalmente distinta a la vivida a diario por la mayoría de venezolanos excluidos.

Como lo refleja Kléber Ramírez Rojas en 1994, en el preámbulo de su libro Historia documental del 4 de febrero, “se produjo un deslinde en la sociedad venezolana entre los eternos usufructuarios del poder y la nación entera, la cual, al captar días después la esencia democrática que motivó esa gesta, le brindó su total solidaridad y apoyo. Esta acción elevó considerablemente el nivel político de la sociedad venezolana hasta alturas no vistas después del 4F. Hoy en día, independientemente del letargo en que se encuentre el pueblo, sabemos que allí hay ideas y sentimientos políticos más claros que antes del 4F-92”. Esto da cuenta de la dimensión política que comenzó a adoptar la rebelión militar, no obstante haber sido aplastada por las fuerzas leales al gobierno de Carlos Andrés Pérez, algo que aún siguen sin explicarse convincentemente algunos analistas e historiadores, lo cual confirma el abismo existente entre el pueblo empobrecido, a pesar de la riqueza petrolera, y quienes se erigieron como sus conductores iluminados.

Por ello es válido calificar de sacudida política lo realizado por los militares y civiles del MBR-200, dándole una estocada mortal al régimen instaurado bajo los lineamientos del Pacto de Punto Fijo, algo de lo que nunca pudo recuperarse y que, por supuesto, siguen sin aceptar sus principales beneficiarios, pero que -entre los sectores populares- tiene una connotación de renovación y de esperanza, otorgándose a sí mismos la oportunidad de protagonizar los cambios que harán más participativa la actividad política y más digna su propia vida. Esto, sin embargo, sigue siendo apenas uno de los muchos ángulos desde los cuales se pudiera caracterizar la rebelión cívico-militar del 4F, cuyo nuevo aniversario debiera estimular en todos los venezolanos una más amplia comprensión, dadas sus repercusiones en el presente y en el futuro del país.-

01/02/2012 15:17 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

“NI CAPITAL NI BURÓCRATAS. MÁS SOCIALISMO Y MÁS REVOLUCIÓN”

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Entre 2010 y 2011 hubo marchas de trabajadores y agrupaciones de izquierda en algunas ciudades de Venezuela que, pancartas en mano, exigían del Presidente Hugo Chávez una mayor profundización de los cambios con orientación socialista fomentados por su gobierno. En una de tales pancartas se proclamaba “Ni capital ni burócratas. Más socialismo y más revolución”, lo cual resume la posición política e ideológica de amplios sectores populares que respaldan a Chávez y al proceso revolucionario bolivariano que lidera. Ésta ha sido una exigencia constante, puesta de manifiesto en cada foro organizado, incluso durante el debate de las Cinco Líneas Estratégicas de Acción Política del PSUV, resultando fuertemente cuestionados los dirigentes y gobernantes chavistas actuales en cada uno de estos escenarios; algo que, indudablemente, habla de la necesidad de una mayor reflexión, puesto que se palpa y evidencia una falta de sintonía entre lo que se predica y lo que hace en nombre de la revolución socialista. Esta situación -poco advertida por quienes ejercen cargos de gobierno- imposibilita la organización y actuación de un verdadero poder popular revolucionario en el país, dadas las prácticas clientelares y demagógicas que subordinan a sus voceros a los intereses de quienes usufructúan el poder.

Esto, sin embargo, no ha sido obstáculo para que un alto contingente de la población venezolana esté dispuesto a seguir respaldando a Chávez y los diversos cambios de corte revolucionario que viene propiciando. Por ello, los grupos de oposición han buscado concentrar su poder de fuego sobre las deficiencias y contradicciones evidentes de muchos gobiernos locales, a sabiendas que el pueblo mantiene hacia ellos una actitud de rechazo, muy diferente a la que tiene respecto al Presidente. Pero, más allá de ello, el grueso porcentaje de revolucionarios y chavistas progresistas cree indispensables mayores medidas de parte del gobierno nacional, regional y municipal que tiendan a fortalecer el poder popular y, junto al mismo, un cambio estructural del Estado vigente que consolide el socialismo revolucionario. De ahí que el requerimiento en contra del capital y de los burócratas tiene una justificación válida al notar que estos han frenado -en uno u otro sentido- el avance y la organización revolucionaria del pueblo, suscitándose realidades abiertamente incompatibles con el socialismo. En esto último influye enormemente el hecho que gran parte de la dirigencia del chavismo tiene una formación socialdemócrata, con resabios anticomunistas apenas disimulados. Frente a tal circunstancia, no le resta sino a los revolucionarios y chavistas progresistas trabajar a diario por elevar el nivel de conciencia revolucionaria de los sectores populares organizados, apelando a los instrumentos legales y extralegales que contribuyan a darles un perfil de verdadero poder popular, siendo capaz de influir en las decisiones del gobierno.  Con tal orientación, los revolucionarios y chavistas progresistas podrían acelerar la profundización del proceso de cambios revolucionarios, superando la actual transición pequeño-burguesa. Para lograrlo, es importante que tengan en claro que “el reto no es sólo ganar las elecciones. Es ganarlas organizando, educando, movilizando y actuando para que el pueblo sea poder. Podemos ganarlas en las urnas y perderlas en la conciencia y en el inconsciente popular, si las ideas que quedan reforzadas son ideas capitalistas, que fortalezcan las soluciones individuales y, en general, las soluciones que vienen desde poderes externos, como el Estado, alguna iglesia o algún monopolio empresarial con `responsabilidad social’,” como lo refiriera Julio Escalona en uno de sus artículos. En este caso, la participación de revolucionarios y chavistas progresistas en las elecciones presidenciales (y cualquier otra) no tendría otro objetivo que asegurar las condiciones objetivas y subjetivas que han permitido hablar de revolución y de socialismo en Venezuela, antes que considerarla como la estrategia única o principal para alcanzarlo, subestimando así la democracia participativa y los poderes creadores del pueblo.-

07/01/2012 16:09 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

NI CABALLOS DE TROYA NI QUINTAS COLUMNAS

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“Tomar el poder puede ser relativamente fácil, pero, mantenerse ahí, es extraordinariamente difícil”, afirmaba Vladimir Lenin. Esta es una realidad que ha vivido todo gobierno a través de la historia, sea cual sea el signo ideológico que lo identifique y los intereses que defiende. Por eso, su desgaste progresivo representa una de las mayores preocupaciones que tienen ante sí quienes han accedido al mismo, olvidando el origen o causa que los catapultara al nivel privilegiado que ocupan, secundados muchas veces por el fervor de las masas.

Generalmente, tal situación ocurre cuando la concepción del poder resulta similar a aquella que se pretende desplazar, sin que haya un cambio estructural -sustancial- que dé cuenta de las transformaciones políticas, económicas, sociales, culturales y militares que integrarían el nuevo proyecto de sociedad. Si ello no está marcado por esta característica primordial sólo existe entonces una vulgar ambición de poder por el poder, así tal ambición se encubra bajo una retórica aparentemente revolucionaria. De ahí que surjan las exigencias de una incondicionalidad absoluta, carente de cualquier asomo de crítica o denuncia, que haga posible la perpetuación en el poder de una minoría en nombre de una mayoría, haciéndole saber a esta última que ello es necesario, por el bien de la Patria, inserto en una ideología acomodadiza, demasiado conveniente para muchos “dirigentes” mediocres, oportunistas y demagogos que explotan la credulidad de los sectores populares.

Así, se llega al colmo de señalar que las deficiencias, errores y desviaciones, sumados a la corrupción de algunos funcionarios públicos, es parte de las embestidas de una quinta columna y, en algún caso, de caballos de Troya, representados por enemigos encubiertos del gobierno que se dedican a minar su gestión desde adentro, sirviéndoles de excusa casi de manera permanente cuando la realidad es completamente distinta a la que se denuncia. De esta manera, aquellos que arribaron al poder, revestidos de un aura de renovación y revolución, terminan por actuar igual que sus antecesores, apegados a una especie de manual que los hace alejarse de las expectativas y las necesidades populares, repitiendo las mismas inconsecuencias de los gobiernos del pasado.

A ello habría que agregarle la estructura centralista y vertical del Estado burgués vigente, el cual obstaculiza un mejor desenvolvimiento democrático e independiente de los diferentes movimientos sociales que pudieran organizarse en la búsqueda de una mejor calidad de vida y en la defensa de sus derechos humanos y constitucionales más elementales, cuestión que facilita la vigencia de un clientelismo político que restringe y daña el ejercicio de una democracia realmente participativa y protagónica. Por esto mismo, difícilmente podría hablarse de quintas columnas y de caballos de Troya, puesto que la lógica del poder en nuestros países, principalmente, sigue los mismos patrones que en otras latitudes.

De aceptarse como cierta tal afirmación, los agentes de dichas columnas y caballos de Troya serían entonces quienes demandan una mayor compenetración de los gobernantes de turno con los ideales democráticos que enarbolaran para conquistar el poder (a través de las armas o por el voto popular), resultando en consecuencia “extraños” a la trama de complicidades e intereses de éstos y de su entorno. Para aquellos que usufructúan el poder, sería cosa sencilla endilgarles tal acusación, convencidos de la grave amenaza que representan para sus intereses, en vista que expondrían al sol las garrafales contradicciones de su gestión pública.-

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA, SI NO ES EL SOCIALISMO, ¿QUÉ ES, ENTONCES?

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            En la instalación de la IV Cumbre de la Deuda Social celebrada en Caracas, Hugo Chávez planteó la necesidad de librar frente a la hegemonía del capital una batalla ideológica y de construir un nuevo mundo para la vida. Allí afirmó que bajo el capitalismo no habría posibilidades para el futuro de los pueblos siempre explotados por las potencias industrializadas del mundo y que el socialismo se imponía como la solución a los graves y profundos desequilibrios generados por este sistema económico. “Yo no tengo dudas, es el socialismo”, manifestó, sugiriendo que, ante tantos socialismos conocidos, se debería inventar el socialismo del siglo XXI.

            Quizás para algunos esta declaración de Chávez constituyó un alerta difícil de asimilar, habida cuenta de la alienación ideológica que arrastran consigo, haciéndoles ver como una aberración cualquier mención al socialismo o al comunismo. No obstante, para otros, formados en la línea ideológica de Marx, Engels y Lenin, sería una confirmación de que la revolución bolivariana iría derivando hacia los cánones clásicos de la revolución mundial. Sin embargo, tal parece que lo afirmado por Chávez no entra de manera irrefutable en ninguna de estas categorías. En el tiempo transcurrido, se ha visto una mezcolanza de ideas y frases que, a nivel de discurso, parecieran exteriorizar que el proyecto bolivariano venezolano se inserta en uno u otro rumbo, sin llegar a una definición más aproximada de lo que ocurre realmente en Venezuela.

           Por ello, cobra relevancia el hecho que Chávez haya planteado el debate, especialmente cuando muchos nos preguntamos cuál es la caracterización más acertada de este proceso revolucionario venezolano. Más aún, si consideramos como sus antecedentes históricos e ideológicos lo hecho por gente de izquierda, los cuales parten de la década de los sesenta cuando el país estaba sumido en la lucha guerrillera y, luego de 1989, cuando se empezó a manejar la hipótesis de la toma del poder mediante un golpe de Estado cívico-militar-religioso, tal como lo esbozaran en su tiempo Douglas Bravo y sus camaradas del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) y del Movimiento Político Ruptura.

            Esto exige que haya una exhaustiva revisión de aquellos antecedentes y verificar cuáles elementos originales se conservan todavía y cuáles habrán cambiado a la luz de los nuevos tiempos. En tal sentido, las fuerzas revolucionarias y progresistas de este país debieran abocarse a discutir sus pormenores, puesto que de ello se desprendería una mejor definición ideológica de lo que es, y debiera ser, la revolución bolivariana. Sin embargo, poco se ha hecho al respecto, quedando todo en esporádicos debates que, prácticamente, denotan una completa ausencia de debate, por lo limitado de su convocatoria, influencia y participantes. Tal ausencia de debate favorece que mucha gente que se dice revolucionaria reproduzca, sin rubor y, en algunos casos, hasta, sin culpa, el mismo tipo de conducta observado bajo el anterior régimen puntofijista. Por eso, una iniciativa de esta naturaleza luce desenfocada, en opinión de gran parte de los dirigentes chavistas, al no controlar sus posibles e impredecibles consecuencias. Otros sencillamente la estiman innecesaria, ateniéndose sólo a la imagen de Chávez para todo. Otros creen que todo está reflejado en la Constitución de 1999. No obstante, cabe preguntarse, en este último caso: si todo el texto constitucional se cumpliera al pie de la letra, ¿cuál sería, entonces, el siguiente paso de la revolución bolivariana, enfrentada -en apariencia- a la vorágine de la globalización neoliberal? ¿Acaso no sería el socialismo, lo que implicaría una socialización del ejercicio del poder político y de la riqueza, en nada subordinada a las estructuras del Estado?

          Basta analizar el conjunto de acciones emprendidas por el Presidente Chávez para entrever de qué tipo de socialismo se trata, yendo más allá del simple discurso. Guiados por este espíritu, podríamos determinar hasta qué punto se estaría construyendo el socialismo en Venezuela y cuáles serían los pasos a seguir para que ello sea posible, sin caer en mero reformismo. Esto coincidiría con la iniciativa promovida recientemente por algunos colectivos revolucionarios, deseosos de ahondar en los cambios y la orientación socialista del proceso bolivariano en Venezuela.- 

           

 

EL RECLAMO DE LOS YUKPAS: PRUEBA DE FUEGO PARA LA "REVOLUCIÓN BOLIVARIANA"

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 “El gobierno le teme al pueblo…por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.” Sub-Comandante Insurgente Marcos, EZLN.

El reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas de Venezuela en 1999 supuso un avance positivo en la historia de segregación, explotación, marginamiento y desprecio consuetudinario que éstos padecieran desde la invasión europea al extenso territorio de Abya Yala, nuestra América. Sin embargo, la ponencia del Tribunal Supremo de Venezuela del pasado 31 de julio, a través de la Sala Constitucional, que declaró inadmisible el amparo procurado por representantes del pueblo yukpa de la Sierra de Perijá, en el estado Zulia, en contra del cacique Sabino Romero, deja prácticamente convertida en letra muerta dicho reconocimiento.

Los yukpas solicitaron que se declarara sin lugar la decisión de la Corte de Apelaciones Número 2 de esta entidad federal respecto al juicio que se le sigue a Romero, además de a otros indígenas, acusados todos de homicidio calificado y lesiones por un problema de tenencia de tierras (las cuales comprenden, por cierto, una franja de explotación de minerales de carbón, fosfato y uranio, además de ser apetecidas por hacendados), acaecido el 13 de octubre de 2009, considerando que el artículo 260 de la Carta Magna venezolana establece que “las autoridades legítimas de los pueblos indígenas podrán aplicar en su hábitat instancias de justicia con base en sus tradiciones ancestrales y que sólo afecten a sus integrantes, según sus propias normas y procedimientos (…)”, algo que se podría ampliar con la interpretación y aplicación del artículo 119 del mismo texto, al hablar del reconocimiento de las instituciones del Estado de su organización social, política y económica, sus culturas, usos y costumbres, entre otros derechos inalienables. Según el reclamo de los yukpas, la justicia ordinaria penal es incompetente para juzgar este caso, basándose en lo enunciado en la Constitución y en los acuerdos internacionales suscritos y ratificados por Venezuela que le reconocen a los pueblos indígenas una jurisdicción especial, algo que ahora se pone a prueba con este amparo denegado por el TSJ.

En esta situación, los poderes del Estado venezolano estarían contradiciendo el espíritu de la máxima ley de los venezolanos, no obstante conocer que los hechos se suscitaron en un territorio indígena, siendo protagonizados por indígenas, lo cual -de aceptarse la legitimidad del reclamo yukpa- no choca con los demás derechos admitidos y garantizados constitucionalmente. Sin embargo, es innegable que aún existe un prurito clasista y conservador en las instituciones públicas de este país que les impide adecuarse a las corrientes del tiempo histórico que se vive en éste y resto de naciones de nuestra América, en especial con lo que corresponde a la total transformación de los poderes públicos, en concordancia, precisamente, con los postulados de la Constitución bolivariana.   

Como escribiera, a propósito de este tema, Francisco Sierra Corrales: “Más valor y posiciones de avanzada ha tenido la judicatura Colombiana, a pesar de reinar un régimen terrorista de ultraderecha, gobernado por el narco-paramilitarismo y una constitución de democracia representativa y no obstante han tomado decisiones, en donde magistrados y jueces han enjuiciados a connotados jefes del régimen, le negaron la segunda re-elección al capo mayor y ahora le han abierto averiguación al hijo de Uribe y han destapado el caso de la fosa de la Macarena, con paracos armados hasta los dientes y las tropas yanquis de respaldo, apuntándolos al corazón o a la cabeza”. En tiempos supuestamente revolucionarios y socialistas, ésta sería la mejor oportunidad de demostrar la disposición de cambiar sustancialmente el viejo modelo civilizatorio en que nos desenvolvemos, sin las contradicciones ni las injusticias que le son característicos.- 

12/08/2010 09:01 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

COMUNAS: UN PROYECTO Y UNA EXPERIENCIA MULTIDIMENSIONALES

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Ahora  que se habla con tanto entusiasmo de comunas en Venezuela como una manera  organizativa de acceder al socialismo en un futuro no lejano, es preciso acotar que las mismas  debieran constituir siempre un proyecto y una experiencia multidimensional, dirigida -sobre todo- a que ese socialismo posible realmente trascienda los esquemas representativos de la democracia burguesa y de explotación capitalista, en un accionar constante y renovador del protagonismo y de la participación política de los sectores populares, sin que exista coacción alguna de parte de los poderes constituidos. Sería una suerte de ensayo de un nuevo tipo de civilización (o su punto de partida), basado en el principio ético y revolucionario antijerárquico de unidad en la diversidad, la autogestión y el apoyo mutuo, en oposición a los patrones de conducta egoísta, irracional y depredadora que han condicionado la vida de la humanidad desde hace, aproximadamente, dos últimos siglos.

Las Comunas, por consiguiente, no tendrían que decretarse oficialmente desde arriba, como es la tendencia aceptada, sino todo contrario, siendo ellas generadas y adecuadas desde abajo, como consecuencia lógica de las luchas, las necesidades, la voluntad y las perspectivas entrevistas por las mismas comunidades de construir un mejor nivel de vida, restableciendo -de ser posible aún- la armonía resquebrajada con la naturaleza y diferenciándose suficientemente de la sociedad consumista actual. Adicionalmente, las Comunas -como expresión genuina y primaria del poder popular por constituirse- habrían de echar mano a los distintos mecanismos legales y extralegales que permitirían realizar los cambios políticos, económicos, sociales, espirituales y militares que conformarán, a su vez, una revolución cultural definitiva, en la cual los entes públicos tendrán necesaria y forzosamente que transformarse en función de los intereses colectivos de las amplias mayorías.

Sin estas características básicas, las Comunas carecerían de sentido revolucionario y no abrirían cauce alguno para cimentar sólidamente la revolución socialista que se anuncia. De esta manera, las Comunas podrían cumplir un papel todavía mejor del que se cree comúnmente, asumiendo éstas unas funciones políticas y de autogobierno que harían absolutamente obsoletas las estructuras que componen el Estado burgués tradicional, ya que éstas últimas resultan totalmente incompatibles con el ejercicio del poder popular. En esta dirección, los movimientos revolucionarios populares debieran dar un paso adelante, siendo audaces en la formulación teórica de nuevos esquemas civilizatorios y organizativos, sin el lastre de los convencionalismos, prejuicios y certidumbres inculcados por la ideología de los sectores dominantes. De esta forma, podrían aprehender y explicar la realidad cambiante y caótica de nuestros tiempos, donde el concepto, la vigencia y la efectividad del Estado-nación estarían siendo seriamente erosionados, con una escasa asertividad de parte de aquellos que pretenden su reajuste, sea cual sea la dirección escogida.

Sin embargo, existiría siempre el riesgo no descartado que las Comunas reproduzcan en su seno justamente los elementos burocrático-representativos que desviarían y desvirtuarían su carácter revolucionario, lo cual exigiría de sus promotores e integrantes una revisión constante, además de debates reiterativos, no exentos de polémicas, culpas y responsabilidades.-                 

18/04/2010 13:43 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REALIDAD DEL PODER POPULAR, ESCENARIOS Y POTENCIALIDADES EN CIERNES

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La experiencia iniciada en Venezuela con la conformación de los Consejos Comunales ha posibilitado explorar los alcances, las limitaciones y las potencialidades que éstos pudieran tener y/o representar en la definición y práctica del socialismo revolucionario, aunque el mismo siga siendo una incógnita para muchos de sus promotores. Esto, sin embargo, representa cierto avance en el ejercicio de la democracia participativa y protagónica, desarrollando el nivel político de los sectores populares, lo cual -de mantener una línea ascendente- allanaría el camino a un nuevo tipo de organización del poder, edificado desde abajo, que pueda modificar substancialmente las relaciones políticas tradicionalmente establecidas entre gobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos; una cuestión que, tarde o temprano, tendría su incidencia en el funcionamiento y vigencia del viejo Estado burgués-liberal, transformándolo en muchos sentidos. No obstante, hay que admitir que lo hecho hasta ahora no significa que se haya logrado dotar de poder efectivo a los ciudadanos en todas las áreas de la vida social, sin que exista esa injerencia que estila todavía un grueso porcentaje de representantes de la administración pública, como sería lo ideal, y, menos, empezado a erradicar la dominación capitalista, lo mismo que la desigualdad social.

Para muchos de los gobernantes locales y regionales -todavía influidos por la vieja cultura política reformista- la realidad del poder popular sigue (o debiera estar) subordinada a las directrices trazadas por el Estado y las leyes vigentes, sin permitirse un escenario distinto, a pesar del discurso oficial de aceptación del socialismo como alternativa al capitalismo y a la democracia representativa habitual. La mayoría de ellos supone que basta con efectuar una gestión medianamente aceptable que no se salga de los parámetros legales y ampliar los debates sobre los presupuestos municipales con las comunidades organizadas, muchas veces integradas por militantes de su mismo partido político, cosa que no equivale a construir ningún poder popular. Se debe admitir igualmente que, en la práctica, prevalece un escaso control popular sobre la gestión pública, debido principalmente a la falta de una auténtica autonomía de los movimientos sociales, dependientes en su gran mayoría del Estado, lo cual se ha manifestado en la persistencia del clientelismo político y la demagogia que caracterizaron a la dirigencia partidista y a los gobernantes que, teóricamente, prevalecieron hasta 1999, reflejando una enorme contradicción al hablar de revolución y de socialismo, ya que se adolece de una verdadera formación teórica revolucionaria, necesaria y fundamental para la tarea histórica de hacer una revolución estructural, antiburocrática, igualitaria y popular, con el socialismo como bandera de lucha.

De ahí que los Consejos Comunales -limitados a un espacio territorial determinado- precisarían de una mayor comprensión de su papel para generar poder popular, permitiéndose, incluso, formar lo que denominamos Comunas Legislativas, cuyo ámbito de acción abarcaría las normas de convivencia y de respeto a la diversidad en las comunidades, así como el control ejercido sobre algunos tópicos puntuales que, en la actualidad, son cuota de las competencias del poder municipal. A ello habría que incorporarle, en pie de igualdad, toda iniciativa de organización popular, extendiéndose la misma a todos los sectores sociales (estudiantes, mujeres, campesinos, jóvenes, trabajadores, y cultores, además de otros) en forma de Consejos Sociales, forjándose una comunidad de intereses mediante la cual se concretarían algunas de las líneas de definición y de construcción del socialismo revolucionario, ampliándose -en consecuencia- los grados de participación, de protagonismo, de planificación, de gestión y de control que debería asumir el poder popular. Se instituiría una nueva instancia organizativa de base popular, amplia, democrática, inclusiva, abierta siempre al debate constructivo y a la participación y al protagonismo del pueblo en todos sus niveles y manifestaciones, capaz de impulsar la invención de nuevas formas de organización colectiva que acentúen la transformación del escenario político, así como el orden económico y social existente en beneficio de las grandes mayorías populares, en una sociedad sin explotadores ni explotados, donde todos los ciudadanos y todas las ciudadanas desplieguen libre e integralmente todas sus potencialidades, en un clima permanente de paz y justicia social.-

18/03/2010 14:11 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

LA REVOLUCIÓN POPULAR Y EL ARRAIGO DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA

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Para la consolidación de la democracia participativa y protagónica siempre será  propicia la ocasión para que el poder popular se exprese espontáneamente, tenga asideros reales y no esté circunscrita a una simple consigna sin fundamento alguno. Quienes ocupen cargos de elección popular en nombre de dicha democracia participativa y protagónica, arrogándose la condición única de revolucionarios y de socialistas, están más que llamados a respetar y a cumplir al pie de la letra todas las promesas hechas al calor de la campaña electoral, en lugar de creer que la cuota de votos obtenidos les otorga una patente de corso para usufructuar el poder y desvalijar impunemente las arcas del Estado, como signo político característico de cualquier régimen de democracia representativa.

 

Esta es una condición a priori que deben observar aquellos que pretenden convencernos de hallarnos en un verdadero proceso revolucionario, camino del socialismo, por cuanto tienen que marcar una diferenciación clara respecto al pasado reformista que se aspira desechar y liquidar definitivamente. Semejante diferenciación debe establecerse en lo social, en lo político, en lo económico y, sobre todo, en lo moral, junto con una acción decidida de los sectores populares, los cuales le imprimirán a la misma el carácter popular y revolucionario que amerita, cambiando la manera antisocial actual de entender y practicar  la política. En ese sentido, es hora de impulsar decididamente el cambio estructural y, junto con éste, el poder popular que tendrá una incidencia directa en el desarrollo y en la consolidación de un proceso revolucionario inédito y, por consiguiente, abierto a todas las posibilidades y vertientes.

 

Esta misma tarea y propósito revolucionario compromete aún más a los  revolucionarios a no declinar jamás ante los elementos de derecha que quieran hacer de la  revolución una plataforma para complacer sus apetencias personales, desviando y desvirtuando por completo los ideales que le dieron origen, con la clara intención de dejar todo igual como en el pasado, sin permitir jamás la existencia de un Estado socialista y, menos aún, de un poder popular que les sirva a los sectores populares de instrumentos de transformación social e individual.

 

Por eso mismo, la revolución requiere de definiciones prácticas y teóricas que vayan más allá de cualquier coyuntura, electoral o no, aunque exista la convicción o resignación respecto a que es suficiente conquistar algunos espacios de participación y de protagonismo, pero sin plantearse seriamente acelerar y profundizar dichos espacios con el objetivo especifico de modificar radicalmente las relaciones de poder y de producir, en consecuencia, una verdadera revolución socialista y popular, sin que ello venga a significar erradamente que se deba aferrar interesada y fanáticamente a unas organizaciones partidistas, las cuales solo debieran verse como instrumentos del protagonismo, la inclusión, la formación y la participación popular y no de escalera de una minoría o cogollo partidista reformista, como se ha acostumbrado hasta ahora en toda Nuestra América.

 

Para lograr estos propósitos, la revolución socialista tiene que ser, ineludiblemente, subversiva, de lo contrario, toda iniciativa de cambio se limitará a una reforma sin consistencia que afianzará aún más la presencia de los elementos de derecha o reformistas, tanto en el gobierno como en las diversas organizaciones políticas y sociales que, hasta ahora, pudieran identificarse como socialistas y revolucionarias, pero que -a la larga- no estarán nunca dispuestas a construir un verdadero socialismo y un verdadero poder popular. Más que una “revolución” burocrática, lo que se debe impulsar es una revolución popular, sustentada en la gestión directa que desarrollen las masas y jamás tutelada por las instituciones del Estado, ya que constituiría una negación de sí misma y la apertura a un nuevo reformismo, marcado por el clientelismo político e incapaz de dar el salto cualitativo que requiere todo proceso revolucionario auténtico.-

 

 

 

 

LA REVOLUCIÓN ES UN ASUNTO DE CONCIENCIA

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           Generalmente aceptamos que una revolución trastoca, afecta y sustituye radicalmente el orden establecido; sin embargo, olvidamos a veces que esto debe tener su contrapartida en la conciencia de quienes auspiciamos, defendemos y sustentamos los ideales revolucionarios, en especial de aquellos que tienen su base teórica en el socialismo revolucionario. Esto es algo fundamental, ya que de ello depende en gran parte el éxito, la continuidad y la consolidación de un proceso revolucionario auténtico, más que de la derogación y la promulgación de las leyes que se requieren para dar cuenta de los diversos cambios políticos, económicos, sociales, culturales y morales que se pudieran gestar en un momento determinado, gracias a la acción decidida de las masas. Dicha conciencia -formada sistemática, crítica y continuamente- le facilitaría a la revolución un mayor y más eficaz blindaje, más que todo el arsenal moderno a su disposición, evitándose así que la misma naufrague a manos de caudillos y minorías cupulares que sólo buscan usufructuar el poder, como ya ha ocurrido en diferentes episodios del devenir humano. “Sin ese cambio -escribe Antonio Aponte en su columna Grano de Maíz- no hay revolución, todos los cambios materiales quedan sin efecto, son atrapados por el viejo sistema”.

         Esto último constituye una amenaza latente que es imperativo conjurar en todo tiempo, de modo que la revolución socialista pueda cumplir su cometido de erradicar finalmente el capitalismo. Volviendo a lo escrito por Aponte, “al trascender el capitalismo se dejan atrás todos los sistemas basados en la explotación del hombre por el hombre, todos los sistemas egoístas; de esta manera, la humanidad, según palabras de los clásicos, pasa de la prehistoria a la historia. Significa la realización del humano, el encuentro del humano consigo. Y este cambio requiere como ningún otro una alta dosis de conciencia, no es un simple cambio material, es el cambio más profundo, radical, que el espíritu humano ha experimentado”. Por eso resulta harto contradictorio que se predique el socialismo sin aludir para nada a la estructura económica que sostiene al capitalismo y la sociedad tradicionalmente aceptada. Sin este elemento de importancia, la noción del socialismo acabaría por ser una mera caricatura y no una verdadera  alternativa revolucionaria frente al capitalismo, terminando por remozarlo en lugar de liquidarlo.

El socialismo, para simplificarlo, es “la sociedad del ser que se sobrepone a la sociedad del tener”. Esto será posible siempre y cuando se fortalezcan sus logros materiales en ese nivel de conciencia revolucionaria que se hace necesidad impostergable entre el pueblo. De nada valdrán tales logros, si los cambios no se expresan también en lo interno de cada individuo, en su espíritu y en su cultura, en vista de que el mismo responde a esquemas ideológicos impuestos y preestablecidos por las elites dominantes a través de la alienación, la cual -a su vez- tiene sus nutrientes en la división del trabajo, la propiedad privada y la producción mercantil. Hace falta, por tanto, que la conciencia revolucionaria del pueblo sea algo primordial siempre para impulsar sin pausa la construcción del socialismo y de la revolución, sin olvidar -por supuesto- la solución satisfactoria y total de sus problemas.

Como lo sentenciara Carlos Marx, “la teoría logra realizarse en un pueblo sólo en la medida en que la realización de sus necesidades”, lo cual está íntimamente ligado a su nivel de conciencia revolucionaria, puesto que la revolución es un asunto de conciencia que no se puede dejar al azar ni soslayar jamás al hacer la revolución.-

EL PROPÓSITO QUE DEBIERA GUIAR A LOS REVOLUCIONARIOS

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La principal tarea de los movimientos sociales revolucionarios es llevar la iniciativa y pasar de la resistencia a la ofensiva frente a quienes adversan declarada o encubiertamente a la revolución, resultando un mecanismo eficaz y necesario para frenar sus tentativas de conspiración y desestabilización, desconociendo la voluntad general del pueblo. Con el manejo de una visión política acertada en torno a las oportunidades, las fortalezas y las debilidades del proceso revolucionario se podría detectar a tiempo las desviaciones y corrupciones que éste podría sufrir, especialmente si ya se ha accedido, de una u otra forma, al poder. Para ello, si bien es necesario el accionar de un partido revolucionario sólidamente blindado y disciplinado, es requisito insoslayable que exista la suficiente madurez política y un alto nivel de conciencia revolucionaria por parte de los sectores populares, de manera que el cambio estructural en ciernes se haga realidad desde abajo, contando con su participación efectiva en la toma de decisiones y asuntos de Estado.

 

En este caso, el propósito que debiera guiar a todos los revolucionarios por igual es que las comunidades adquieran rasgos socialistas y tengan una herramienta para articular sus luchas en forma soberana, permitiendo que la misma gente defina sus objetivos, delinee sus estrategias y defina sus planes de acción, sin que medie la tutoría de burócratas gubernamentales ni la manipulación reformista de maquinarias electorales aparentemente revolucionarias. Por lo mismo, es preciso que los revolucionarios -independientemente de su relación con el poder constituido- deben plantearse desde ya una plataforma que contraste radicalmente la realidad existente con las promesas demagógicas de aquellos que acceden a los diferentes cargos de elección popular, resultando de utilidad a la hora de  hacerle seguimiento y contraloría social a la gestión cumplida por éstos.

 

De ahí que sea vital que el pueblo mismo adquiera un espacio propio en el cual desarrolle y afiance su conciencia política, su capacidad combativa y el horizonte de visibilidad de un modelo de Estado y de sociedad distinto al heredado de las elites gobernantes. Para esto se requerirá vencer la extrema diversidad y las luchas sectoriales que originan divisiones en el campo revolucionario, las cuales siempre terminan favoreciendo a la dirigencia reformista que busca dejar las cosas al mismo nivel que en el pasado. Esto exigirá de los revolucionarios una mayor claridad ideológica para hacer de la revolución socialista y popular una realidad tangible e inmediata, a fin de no confundir los avances parciales que se pudieran lograr en determinado momento con la implantación definitiva de una sociedad socialista, confiando -quizás- en una evolución pacífica e ineludible de los esquemas tradicionales del capitalismo y de la democracia representativa, los cuales deben ser abolidos por la acción decidida de los sectores populares revolucionarios y no por simples decretos o modas.

 

          Lo fundamental es que los revolucionarios se adhieran resueltamente a promover la constitución y funcionalidad del poder popular como un elemento primordial de la democracia participativa y protagónica que es inherente al socialismo, la cual debe ejercer influencia directa en los cambios que transformen de modo radical al Estado burgués vigente en un Estado verdaderamente popular y socialista. Esto pasa también por entablar un serio cuestionamiento de las estructuras que tradicionalmente han caracterizado al capitalismo y a la democracia representativa, resolviendo la cuestión nacional y el papel antiimperialista a adoptar por la revolución socialista que se impulsa, porque resultaría harto contradictorio hablar de revolución y de socialismo manteniendo intactas dichas estructuras, cercenando u obstaculizando la concreción del poder popular en manos del pueblo.-

 

EL PARASITISMO BURÓCRATA Y LA REVOLUCIÓN POSIBLE

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            Desde siempre, todo burócrata es mirado con recelo por el pueblo, al cual -por obligación de sus funciones públicas- debe servir; sin embargo, imbuido de una arrogancia que le hace olvidar sus mismos orígenes, invierte los papeles y le hace sentir al ciudadano común que es un afortunado al recibir su atención, como si fuera Dios concediendo milagros a la sufrida humanidad. Si a ello aunamos la vieja práctica de la corrupción administrativa (cobro ilegal de comisiones o tráfico de influencias) tendremos suficientes razones para entender el por qué de ese recelo popular, expresado de manera despectiva.

 

            Mao Tse-Tung distinguía distintos tipos de burocracia: la burocracia autoritaria, presuntuosa, integrada por “personas de `sí, señor´ para sus superiores y de tratos déspotas con sus `inferiores´, no tratan a la gente igualitariamente; la burocracia sin honra, la cual le atribuye sus errores a los demás y miente a quienes están por encima de ella y se burla de quienes están más abajo; le sigue la burocracia oportunista y egoísta, abocada a la satisfacción de intereses particulares con los recursos públicos y a la conformación de grupos o pandillas institucionalizadas; la burocracia que lucha por el poder y el dinero, por su parte, busca escalar en la jerarquía del Partido y presta gran atención a los salarios, se “porta agradablemente con sus camaradas si llega la ocasión, pero no se ocupa en absoluta de las masas”; la burocracia perezosa, afanada en hacer solo lo mínimo necesario y en dejar los asuntos a un lado; y, finalmente, la burocracia del formalismo, conformada por aquellos que “preparan muchas tablas y gráficos, comunicaciones; las reuniones son numerosas y de ellas nada sale, no se mueve sin una comunicación que lo diga, no tiene iniciativa ni valor”. Aunque es de reconocerse que todas pudieran engendrarse simultáneamente, con características comunes de uno y otro tipo, siendo las más recurrentes la lentitud, el exceso de trámites y la poca disposición a la toma de decisiones oportunas, lo que bien vale en cualquier Estado, sea éste reformista tradicional o revolucionario. La actitud siempre es la misma.

 

            Para el Che Guevara, “el burocratismo es la cadena del tipo de funcionario que quiere resolver de cualquier manera sus problemas, chocando una y otra vez contra el orden establecido, sin dar con la solución. Es frecuente observar cómo la única salida encontrada por un buen número de funcionarios es el solicitar más personal para realizar un tarea, cuya fácil solución sólo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario”. Con semejante traba, se haría muy difícil emprender exitosamente “la construcción profunda, lenta, estructural de un Estado democrático, de Derecho y de justicia, en palabras de Juan Carlos Monedero. Pero no es solo en este contexto que pudiéramos ubicar al burocratismo. También se halla en los partidos políticos, empresas y sindicatos. “Trasladados al partido revolucionario, los métodos burocráticos de dirección y gestión representan la sustitución del pueblo dentro y fuera del partido por cúpulas que deciden en su nombre. El estilo burocrático, en ese sentido, es la negación de la democracia o su desnaturalización. Allí donde se instala el burocratismo, el partido revolucionario pierde vivacidad, se instaura la rutina, el partido se distancia de las masas y se hace sectario”, a decir de Francisco Javier Velazco.

 

            De ahí que el burocratismo sea uno de los principales elementos a vencer y a erradicar en cualquier proceso revolucionario auténtico, ya que es absolutamente contrario a la iniciativa, la participación, el protagonismo y la creatividad que deben acompañar siempre el accionar revolucionario de las masas; de lo contario, solo se acentuará el estilo de gestión individualista, cargado de memorandos y medidas puramente administrativas que no conducen a nada y subestiman la capacidad creadora, revolucionaria y democrática del pueblo. Por ello, siguiendo lo afirmado por el Che, se debe “desarrollar con empeño un trabajo político para liquidar las faltas de motivaciones internas, es decir, la falta de claridad política, que se traduce en una falta de ejecutividad. Los caminos son: la educación continuada mediante la explicación concreta de las tareas, mediante la inculcación del interés a los empleados administrativos por su trabajo concreto, mediante el trabajo de los trabajadores de vanguardia, por una parte, y las medidas drásticas de eliminar al parásito, ya sea el que se esconde en su actitud una enemistad profunda hacia la sociedad socialista o al que está irremediablemente reñido con el trabajo”. Bajo tales premisas, pudiera erradicarse el parasitismo burócrata, así como el abandono de responsabilidades de los ciudadanos, y hacer la revolución posible.-         

08/09/2008 19:15 Homar Garcés #RyS. LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA No hay comentarios. Comentar.

SE BUSCAN REVOLUCIONARIOS (AS)

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            A dieciséis años de producirse la insurrección cívico-militar del 4 de febrero que comandara Hugo Chávez y ante la nueva encrucijada que se le presenta al proceso revolucionario bolivariano a fin de demostrar la viabilidad, eficacia, justicia y conveniencia de sus propuestas fundamentales, es preciso que en su seno se articulen esfuerzos teórico-prácticos tendentes a lograr su consolidación definitiva, en especial, en lo referente a la definición y la implementación del socialismo del siglo XXI. Esto ha sido una constante a lo largo de estos últimos años, a tal grado que ello ha incidido -de una u otra manera- para que existan aún las deficiencias administrativas a nivel de las diferentes instancias del Estado, el sectarismo exhibido por las organizaciones partidistas y la frustración que digieren de mala gana los sectores populares al organizarse y echar a andar los lineamientos estratégicos anunciados por el Presidente Chávez. De hecho, el comportamiento de la nueva clase política es, quizás, el factor de mayor influencia para que persista esta situación, puesto que el mismo es expresión de la cultura política reformista heredada de los partidos políticos tradicionales que gobernaron al país desde 1959 hasta 1998, año en que resultara electo Chávez, así como también de la escasa o nula formación teórica existente en lo que respecta al socialismo, dado el antiizquierdismo o anticomunismo inculcado durante el mismo período entre una vasta porción de la población venezolana.            

Si a lo anterior unimos la tradición de exclusión, sectarismo, atomización y dependencia ideológica que llegó a caracterizar por décadas a lo que se denominó como izquierda en Venezuela (entendiendo como tal a las organizaciones que se adherían al socialismo basado en las enseñanzas de Marx, Engels y Lenin), lo cual determinó también que se produjera un dilatado reflujo de las luchas populares, se tendrá un cuadro de cosas que conspira contra la vigencia y la profundización del proyecto bolivariano. Justamente en este aspecto se percibe en  quienes provienen de algunas de estas organizaciones un déficit a la hora de contribuir a definir teóricamente al proceso revolucionario actual, contentándose algunos con ser leales a Chávez, pero sin asumir el rol crítico y autocrítico que pudieran ejercer en algún momento ante cualquier desviación detectada, cuestión que entra en contradicción con su condición de revolucionarios. Por ello mismo, se hace necesario acelerar y sostener, de algún modo, la preparación de cuadros revolucionarios que estén dedicados a desarrollar nuevas estructuras organizativas y nuevos paradigmas que ayuden a generar y a afianzar la revolución socialista bolivariana en Venezuela.            

Esto supondrá desligarse, en cierto modo, del poder constituido y construir sin ambages ni tutelajes oficiales el poder popular que tanto se proclama, pero que es torpedeado y distorsionado desde los diferentes niveles que constituyen el Estado por burócratas de toda laya, aún por aquellos que ponen a la vista de todos su identificación con la revolución mediante alguna imagen del Che Guevara, ignorando acaso su combate tenaz contra el burocratismo en los años iniciales de la revolución cubana. Para esta importante tarea, los revolucionarios tendrían que promover la autogestión, la independencia política, la formación teórica (sin eludir el debate) y el poder constituyente de los sectores populares con lo cual se avanzaría en la consecución del cambio estructural, el bien común y, por supuesto, de una democracia más directa e identificada con sus expectativas no satisfechas. En consecuencia, los revolucionarios tendrían que diferenciarse absolutamente de los reformistas que sólo aspiran usufructuar el poder, sin pretender variar en lo más mínimo las relaciones habituales entre gobernantes y gobernados, a favor de quienes ejercen intransferiblemente la soberanía.           

De ahí que sea ineludible la convocatoria a todos los revolucionarios a crear las condiciones objetivas y subjetivas que allanarían el camino de la revolución socialista en contraposición al reformismo que ya estaría copando en Venezuela todos los escenarios políticos, económicos, culturales y sociales, impidiendo así que esto sea posible, a pesar del decidido respaldo de las amplias mayorías populares. Es decir, se buscan revolucionarios y revolucionarias cuyo máximo interés esté centrado en la transferencia del poder al pueblo y no en su interés personal, sin que se malentienda por esto que los mismos estarían sometidos a un ascetismo anacrónico y, menos, a un estado de gracia fanático, como fueran dibujados por la gente conservadora en todos los tiempos, incluyendo el nuestro.-

SIN CAMBIO ESTRUCTURAL NO HAY REVOLUCIÓN SOCIALISTA POSIBLE

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            Al mantenerse incólumes las estructuras y mecanismos del viejo modelo de Estado representativo en Venezuela, la revolución seguirá siendo un anhelo frustrante al creerse que nada podría cambiar más allá de los cambios políticos, sociales y económicos producidos hasta ahora, limitados a las iniciativas adoptadas al respecto por el Presidente Chávez. Quizás se alegue en descargo que el proceso revolucionario venezolano es pacífico, producto de la vocación democrática del pueblo, y, por lo tanto, debe evolucionar de modo gradual. Sin embargo, las expectativas populares parecen rebasar esta apreciación, aunque se adolezca de una conciencia plenamente revolucionaria, surgida de unos conocimientos conscientemente adquiridos. Cuestión ésta que constituye el punto más débil de todo el proceso bolivariano y sobre el cual poco se ha hecho, a excepción del empeño puesto por William Izarra y de otros destacados revolucionarios de todo el país de promover una instancia generadora de teorías revolucionarias harto necesarias, cumpliendo con tres objetivos primordiales, como lo son la difusión, la formación y la investigación que debiera comprender la misma, de manera que los adherentes al proyecto revolucionario aseguren el cambio estructural, el bien común y la democracia directa en todo momento, a pesar de todos los obstáculos culturales que persisten todavía.            

 Por lo mismo, se hace imperativo que los mismos sectores sociales revolucionarios comiencen a apropiarse de los distintos espacios donde puedan poner en práctica estas últimas ideas, de forma que el cambio estructural inherente al proceso revolucionario, basado en el ideario socialista del siglo 21, tenga una base de sustentación popular más real y efectiva que la generada desde el poder constituido. Esto tendrá que avivarse necesariamente desde abajo, venciendo la pertinaz acción reformista, la desconfianza y cierto menosprecio exhibidos por algunos dirigentes del chavismo que obstruyen (a veces de modo deliberado y otras de modo irreflexivo) la capacidad política y creadora del pueblo respecto al rol de sujeto revolucionario que le compete ejercer y cuya existencia se explica por el vacío teórico y el pragmatismo que se impuso desde posiciones de poder, amparándose en el liderazgo y la  imagen de Chávez. Esto expone la necesidad forzosa de una confrontación ideológica, tanto a lo interno como a lo externo del proceso bolivariano, facilitándose así que la lucha, el compromiso, la convicción, la disciplina y la organización de los sectores revolucionarios y progresistas se conviertan en murallas infranqueables ante los embates reiterados de la contrarrevolución, teniendo como consecuencia visible la superación de la transición en que se halla sumido este proceso; lo que implicará asumir frontalmente la alternativa del socialismo, sin que haya lugar a dudas o retrocesos. Esto contribuiría en mucho a reforzar la gestión de gobierno, principalmente en lo atinente al mejoramiento de las condiciones socioeconómicas de la población, con la participación y el protagonismo populares como una condición primaria insoslayable -cambio estructural de por medio- para hacer verdaderamente la revolución integral que se promueve en esta nación bolivariana.   

           La encrucijada crítica que se le presenta al proceso revolucionario venezolano debe generar en el mismo la adopción de medidas más radicales y evitar la conciliación que promueven, incluso, algunos de sus connotados dirigentes, convencidos de su eficacia para contrarrestar los constantes ataques opositores, pero acompañadas de la resolución de los diversos movimientos políticos y sociales que lo acompañan para redefinir los rumbos a transitar para la conquista del socialismo y el cambio estructural. Esto requiere de un efectivo debate democrático, crítico y autocrítico, que se extienda desde el mismo Presidente Chávez hasta el más humilde de sus seguidores, capaz de estimular una acción revolucionaria sostenida de ruptura de paradigmas y creación de otros que estén más en sintonía con lo que significa el socialismo del siglo 21. 

            Sin cambio estructural no hay revolución socialista posible, al igual que sin una ideología revolucionaria, como lo dijera Lenin, para escarnio de los reformistas qu