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Claro que sí hay lucha de clases en el siglo XXI

Claro que sí hay lucha de clases en el siglo XXI


Homar Garcés


Siempre se nos ha hecho creer que el camino idóneo de nuestras realizaciones (particulares y colectivas) es el capitalismo, pero éste nos rodea de violencia estructural, exclusión social, crisis, guerras, corrupción, precarización y controles de todo tipo. Esto sin incluir los desastres irreversibles que el mismo produce en materia ambiental, lo que nos podría condenar a una extinción segura junto con diversas especies animales y vegetales, como bien lo han anticipado, con toda la seriedad que este asunto amerita, muchos científicos desde hace largo tiempo. ¿Sigue siendo éste, en consecuencia, el único camino a seguir? Por supuesto que no. Ya en su época, Karl Marx y Friederich Engels, lo mismo que Mijaíl Bakunin y Pierre Joseph Proudhom, y antes de todos ellos, los utopistas socialistas, habían adelantado lo que alternativas revolucionarias con qué erradicar las injusticias sociales, las asimetrías económicas, los abusos de poder y los conflictos geopolíticos que han agobiado a una gran mayoría de la población mundial.

Cuando el cyberfascismo (que algunos denominan también tecnofascismo o tecnofeudalismo) comienza a influir crecientemente en la economía, la sociedad y la política, y, simultáneamente con ello, la ola de intolerancia, racismo, misoginia, belicismo y autoritarismo que comienza a cubrir el mundo, no se puede obviar la lucha que se debe aún intentar y sostener para librar a la humanidad de todos los efectos negativos de esta nueva realidad. Es preciso, por tanto, disputar la agenda mediática impuesta por los factores reaccionarios internacionales y nacionales, no con simple propaganda sino con acciones organizativas que contribuyan a recuperar la capacidad crítica de nuestros pueblos al mismo tiempo que faciliten la elaboración y la puesta en práctica de propuestas viables, destinadas a preservar y a ampliar las diversas conquistas políticas, económicas, sociales y culturales -además de la soberanía nacional-  que ahora son amenazadas y lesionadas por el imperialismo gringo y sus vasallos del continente.


A pesar de lo dicho y proclamado por alguna gente que se considera de izquierdas en cuanto a suavizar o negar la lucha de clases en sus naciones y el mundo como concepto y motor de la realidad que experimenta la humanidad en su cotidianidad y expectativas de vida materiales, no se puede negar, a rajatabla, su persistencia histórica. De otro modo, al imperialismo gringo no le preocuparía en absoluto. Todo lo contrario, sino cómo explicar lo que motivó a convocar a los representantes de gobiernos y grupos de extrema derecha, reconociendo la grave amenaza representada por militantes de izquierdas, ambientalistas, feministas y una diversidad de grupos anticapitalistas. Tal evento es un reconocimiento de la desigual lucha sostenida desde mucho tiempo atrás por estas y otras agrupaciones contra las derivaciones nefastas del sistema capitalista globalizado en cada nación, en la que observan avances significativos de lo que aglutinan como izquierdas radicales que harían colapsar, eventualmente, el orden capitalista establecido. Es, por tanto, un reconocimiento tácito de la existencia de la lucha de clases, derivada, precisamente, de la existencia del capitalismo.


Con Iñaki Gil de San Vicente (Lucha de clases en el capitalismo en crisis), recordamos: «Si hay algo silenciado por la historia oficial, la escrita por las clases dominantes, es la lucha de clases, y más cuando el capitalismo se encuentra en la peor crisis de su historia. La burguesía necesita ahora mismo tres cosas fundamentales: explotar lo más posible a la clase obrera; reforzar la militarización para abrir nuevos frentes de guerra, y disciplinar a las burguesías y sectores sociales que dudan si sumarse o no a la guerra. En los tres casos, es una prioridad negar la existencia de la lucha de clases». Para la burguesía transnacional, desde las últimas décadas del siglo XX hasta ahora, se han hecho innegociables la disciplina o flexibilización laboral y la reducción de salarios y de derechos sindicales como elementos puestos sobre la mesa para invertir y obtener grandes dividendos en cualquier país que responda a sus intereses y condiciones, con lo que quedan gravemente reducidos los derechos democráticos de las mayorías. Y este es el recetario que tienen a la mano. Como síntesis, podrá afirmarse una vez más que sí hay lucha de clases (aunque con algunas nuevas características), como también que sin los pobres no hay ganancias tangibles para los dueños del capital.

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