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LA ILUSORIA EXISTENCIA DE UNA DERECHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

LA ILUSORIA EXISTENCIA DE UNA DERECHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

 

Para evitar una mayor escalada de violencia que pueda revertirse en su contra, la dirigencia de la derecha democrática en Venezuela (si acaso existe) tendría que recapacitar y desmarcarse de los grupos violentos y fascistas que buscan aterrorizar a toda la población. No debería, por tanto, hacerse cómplice silenciosa de los desmanes cometidos por tales grupos, ya que de esta manera estaría estimulándolos para que continúen generando una reacción similar de parte del chavismo (ya no de los cuerpos de seguridad del Estado), envolviendo a todo el país en una situación lamentable, con víctimas de ambos bandos. Sin embargo, parece bastante ilusorio que semejante cosa ocurra, dado que desde hace tiempo los grupos más radicalizados (como Primero Justicia y Voluntad Popular) han sido los artífices y protagonistas principales de esta estrategia desestabilizadora, bendecidos y financiados, además, por la extrema derecha internacional.

 

Si diera señales de vida y de verdad estuviera interesada en defender la paz, la soberanía y la constitucionalidad de Venezuela, lo menos que podría avalar esta presunta oposición democrática es la destrucción nada espontánea de las edificaciones públicas, unidades de transporte de pasajeros, instituciones educativas y centros de salud, cuyos mayores beneficiarios son los sectores populares.

 

Si se le aceptara que su lucha es justa y democrática, tendría que exigírsele a los seguidores de este tipo de oposición que, en correspondencia con las banderas que enarbolan, adecuaran su lenguaje a la búsqueda real de soluciones ante la situación que denuncian, especialmente en lo concerniente al odio mostrado hacia los chavistas, con expresiones abiertamente racistas y homicidas. Esto implica, lógicamente, dejar de alimentar actitudes que predisponen un escenario de violencia, con lo cual solo estarían de acuerdo sicópatas y sociópatas.

 

En contraposición, a los chavistas, lo mismo que a los revolucionarios, les toca contribuir a que las medidas adoptadas por el gobierno nacional se concreten en beneficio del pueblo, condenando y denunciando todo aquello que sirva para justificar las acciones opositoras, tomando como primera referencia la gestión deficiente que puedan presentar algunas instituciones del Estado, sean éstas nacionales, regionales o municipales, y hacer todo lo posible porque se constituya y funcione un poder popular verdaderamente revolucionario e independiente, siendo éste capaz de marcar el rumbo en la transición hacia el socialismo.-

RAZONAR CON QUIEN NO RAZONA

RAZONAR CON QUIEN NO RAZONA

Con su violencia irracional de los últimos días, la oposición de derecha -estimulada por las diferentes empresas de la información, la jerarquía eclesiástica católica local y factores extranjeros interesados en incrementar los niveles de desestabilización del país- le demuestra una vez más al pueblo venezolano (como al resto del mundo sensato que observa) que al chavismo le será imposible razonar con quienes no entienden de razones ni están dispuestos a establecer y a respetar algún entendimiento mínimo posible entre ambos sectores, especialmente cuando todo lo negativo que es, piensa y hace lo atribuyen sin diferencia ni miramientos al gobierno y a sus seguidores, haciendo de la mentira una herramienta política cotidiana.

 

Esto desdice muchísimo de su pretendida vocación democrática y pacifista porque no se explica que se pueda lograr una paz y una democracia estables en Venezuela cuando quienes «protestan», aún siendo una minoría, fomentan terror, disturbios, odios y destrucción. ¿Acaso se puede calificar de demócratas a aquellos que desconocen adrede el orden constitucional y pretenden alterarlo para satisfacer sus propósitos particulares, lo que implica, además, despreciar -de un modo racista y clasista superlativo- a los sectores populares que representan la mayoría del país?

 

También vale preguntarse si es lícito y racional que algún «patriota» secunde la loca idea de una invasión armada foránea que destruya al país, únicamente porque no logra su meta «democrática» anhelada de obtener y usufructuar elitescamente el poder. ¿Será que amenazando sádicamente con matar a chavistas y a revolucionarios, como lo hacen saber los opositores a diario a través de las diferentes redes sociales, éstos le permitirán a los chavistas y a los revolucionarios que hagan también en su contra lo que actualmente hacen para tumbar al gobierno?

 

Si alguien osara responder afirmativamente estas interrogantes, sin darle oportunidad a la inteligencia, algo está definitivamente fuera de lugar, evidentemente, y constituye una invitación abierta para que se desencadene una confrontación de clases sociales en Venezuela, posiblemente más atroz que la producida en otras naciones y a lo que pudo ser el Caracazo en 1989.

 

En las circunstancias especiales por las que atraviesa este país, tiene que imponerse, forzosamente, la sensatez en vez de la intolerancia y el odio. Tanto el chavismo gobernante como la misma oposición de derecha tienen que asumir la responsabilidad compartida respecto a la situación de crisis que afecta por igual a todos los venezolanos. Ello no obvia que en medio de estas circunstancias especiales los sectores populares revolucionarios tengan que tomar plena conciencia también sobre la necesidad inmediata de organizarse de manera totalmente diferente y autónoma, contando con un programa revolucionario unitario que les permita llevar a cabo los cambios que se requieren para hacer posible la Revolución Socialista.

 

En relación con ello, los revolucionarios tendrán que deslindarse del reformismo dominante, responsable en gran medida del avance de la derecha y de los demás males que, de una u otra forma, han terminado por generalizarse, como el clientelismo político, la corrupción y la ineficacia gerencial de aquellos que integran el estamento gobernante. Logrado esto, los revolucionarios podrán cumplir con el papel que les corresponde, esto es, contribuir a que el pueblo ejerza realmente su soberanía y no sea más víctima de la manipulación de la demagogia acostumbrada de los dirigentes de la derecha como de aquellos que se dicen revolucionarios, pero que poco se diferencian de sus contendores por el control del poder constituido.-

 

TRUMP, DABIQ Y ARMAGEDÓN

TRUMP, DABIQ Y ARMAGEDÓN

Finalmente, el gobierno de Estados Unidos decidió ejecutar un ataque aéreo directo en contra de Siria, en vez de continuar haciéndolo de forma no oficial, aduciendo que lo hacía como represalia al presunto uso de armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad para reprimir a la población civil que lo adversaría. Al mismo tiempo, hizo detonar lo que se ha calificado como la madre de todas las bombas (Massive Ordnance Air Blast - MOAB) en suelo afgano. Esto constituiría un plan largamente calculado, tratando de contener la injerencia de Rusia y, en un grado menor, de China en esta nación del Oriente Medio.

 

Para muchos analistas, dicha acción bélica implica el desencadenamiento de una guerra de mayores proporciones en la que combatirían, además de Estados Unidos y Rusia, Irán, Arabia Saudita (que mantiene una agresión militar desproporcionada contra Yemen, sin mucha objeción de la llamada comunidad internacional), e Israel, siendo éste el mayor beneficiario de este conflicto mundial en potencia, lo que le permitiría expandir sus actuales fronteras, liberarse de la existencia del pueblo ancestral de Palestina y ocupar el amplio territorio que formó el reino de David y, luego, de su hijo Salomón.

 

En su primera orden de tipo militar, Donald Trump alega que el ataque del martes 4 de abril en contra de la provincia rebelde de Idlib, aparentemente perpetrado con gas sarín, con el saldo trágico de más de 80 civiles muertos, le impulsó a “prevenir y disuadir el uso de armas químicas mortíferas es en el interés nacional de Estados Unidos”.

 

Lo que no se revela es que tal ataque coincide con la derrota en ascenso de sus mercenarios del Daesh, así como con el atentado terrorista en San Petersburgo, Rusia. Tampoco se dice que desde hace décadas, en Estados Unidos, la clase gobernante -la más fanática en sentido religioso- se trazó la meta de contribuir con el pronto advenimiento de la guerra de Armagedón prevista en la Biblia, por lo que sus promotores y soldados no sienten ningún remordimiento, dado que están haciendo lo programado hace miles de años por su dios y creador; cuestión paralela a lo pretendido por el Daesh con Dabiq, sitio éste donde habría la batalla final entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.

 

Sin embargo, la situación general en el conflicto sirio no resulta tan simple, combinándose elementos diversos en  el mismo, pero entre los cuales destaca el interés geopolítico del imperialismo gringo de control directo de los ricos yacimientos de hidrocarburos que allí se hallan, además de los pertenecientes a Irak y Libia.

 

Debiera llamar la atención que esto suceda cuando las fuerzas mercenarias del Daesh han tenido un importante repliegue del territorio sirio y la diplomacia rusa ha logrado cierto consenso respecto a la necesidad de un cese total de la guerra, ya que, de no lograrse en un corto plazo, sus consecuencias podrían manifestarse con creciente intensidad en las naciones europeas, gran parte de las cuales han respaldado, en diferentes niveles, los ataques a Siria.

 

La decisión de Trump no obedece a un hecho aislado ni está inspirada por una vocación justiciera, como se quiere hacer ver a través de las grandes corporaciones de la información, implantando matrices de opinión favorables a los planes desestabilizadores desarrollados en suelo sirio. Ello va más allá. Tiene como objetivo estratégico desplazar la presencia e influencia de Rusia y de cualquier otra potencia que represente una amenaza (cierta o eventual) para los intereses estadounidenses en una región que es vital para el estilo de vida capitalista de su población.

 

En todo caso, la agresión militar estadounidense a Siria no puede simplificarse ni observarse bajo los criterios manejados por la industria ideológica del imperialismo gringo. Hay que entender que sus efectos -de una u otra manera- se harán extensivos a todo el planeta, independientemente de si se origina o no, como en el siglo pasado, una nueva guerra de alcance global.-

LA LEGALIDAD TAMBIÉN SIRVE PARA SOCAVAR LA DEMOCRACIA

LA LEGALIDAD TAMBIÉN SIRVE PARA SOCAVAR LA DEMOCRACIA

La legalidad también sirve de instrumento para socavar y destruir los derechos democráticos de cualquier sociedad. Como sucediera a comienzos del siglo pasado en Italia y en Alemania bajo el nazi-fascismo, los ejemplos más emblemáticos de lo que puede hacer una élite usufructuaria del poder del Estado, al igual que en Sudáfrica, con su sistema de apartheid, e Israel con sus leyes arbitrarias en contra de los derechos y la existencia del pueblo ancestral de Palestina, el orden establecido se arropa de legalidad, aún cuando se haga evidente que vulnera e ignora los más elementales derechos ciudadanos, estén o no reflejados en las distintas leyes imperantes.

 

Algo semejante se presenta en diversas naciones del mundo, invocándose generalmente razones de seguridad del Estado, las cuales -tarde o temprano- le impondrán a los ciudadanos el sometimiento a un régimen policíaco-militar omnímodo y omnipresente que vigilará, de ser posible, hasta el más insignificante detalle de sus vidas; lo que pudiera percibirse sobre todo en Estados Unidos (recordemos la Ley Patriota) y Europa occidental, donde el terrorismo internacional es el leitmotiv que justifica las acciones emprendidas en este sentido por sus respectivos gobiernos.

 

Un primer paso en esta dirección es la instauración de medidas económicas que, supuestamente, tienen por objetivo recuperar la estabilidad del régimen económico y brindarle a toda la población mejoras en sus condiciones materiales de vida, por lo que ésta debiera resignarse a perder gran parte de sus derechos y beneficios disfrutados en función de los grandes intereses del sector financiero-empresarial, causante (¡vaya ironía!) de las crisis que mitigarían tales medidas.

 

De este modo, se induce a las personas (agobiadas por una cotidianidad sumamente difícil) a aceptar el manejo del poder por parte de las élites, inoculándoles la idea respecto a que los sectores populares son totalmente incapaces de ejercer exitosamente funciones de gobierno, por lo que sería recomendable dejar tan importante tarea en manos de quienes sí pueden lograrlo, a semejanza de Donald Trump y otros empresarios elegidos presidentes.

 

Cuando esto resulta infructuoso, entonces se recurre al bombardeo de falsas noticias que distorsionen la realidad de la nación, cuyo gobierno se trata de subordinar y derrocar; algo que ya probó su efectividad en naciones de Oriente Medio y que, pese a su intensidad creciente, no ha surtido los mismos efectos en nuestra Abya Yala, en los casos concretos de Bolivia, Ecuador y Venezuela, frenándose los propósitos desestabilizadores de los grupos oligárquicos que aspiran recuperar el control del poder constituido.

 

Sin embargo, en Paraguay, Honduras y Brasil los resultados fueron otros, utilizando recursos legales para destituir a sus presidentes, a pesar de las masivas manifestaciones en contra de lo que se ha denunciado, con mucha razón, como golpes parlamentarios; cuestión que se quiso repetir vanamente también en Venezuela. En todas estas circunstancias, con sus lógicas excepciones, los sectores populares conforman, básicamente, una masa pasiva y expectante, muchas veces objeto de manipulación, lo cual le permite a las clases dominantes alcanzar sus metas, alejándolas de cualquier posibilidad real de emprender y protagonizar una revolución de corte socialista o, por lo menos, de ampliar sus derechos democráticos.

 

No obstante, este panorama pudieran modificarlo sustancialmente los movimientos populares revolucionarios mediante una contraofensiva mediática que evite la propaganda y sirva para ilustrar al pueblo respecto a las intenciones ocultas de sus enemigos de clase, incluyendo a aquellos que, validos de una simbología y un discurso revolucionarios, terminan por ser más de lo mismo, convertidos -por obra y gracia del poder delegado por dicho pueblo- en unos nuevos burgueses, sólo interesados en preservar los privilegios obtenidos, nunca en hacer una verdadera revolución socialista, ssobre todo, si ésta supone invertir las relaciones de dominación habituales.-

 

LA OEA Y EL COLONIALISMO IDEOLÓGICO DE LA DERECHA

LA OEA Y EL COLONIALISMO IDEOLÓGICO DE LA DERECHA

Aplaudir, aspirar y compartir la posibilidad, inminente o no, de una injerencia extranjera más directa en los asuntos internos de Venezuela no sólo merece que se le condene desde todo punto de vista sino que debe resaltarse como una muestra evidente del colonialismo ideológico de quienes lo hacen.

 

El reconocimiento tácito del derecho imperial de Estados Unidos de imponer en nuestro país un gobierno a su gusto y medida descalifica de por sí cualquier gesto o acción de la oposición en su supuesta defensa de la democracia y de los derechos humanos, lo que se cae por su propio peso cuando, además, se favorecen hechos violentos que atentan contra la paz y la vida del pueblo venezolano. Esto es algo sumamente grave, sobre todo si se calculan las consecuencias de lo que algo así generaría en nuestro país, sin que el sector gubernamental o la MUD, juntos o por separado, tengan un control real de la situación desatada.

 

Por eso resulta absurda la fanfarria opositora respecto a que una eventual aplicación de la Carta Democrática Interamericana por parte de la OEA al gobierno de Venezuela será la culminación triunfal de su estrategia desestabilizadora, ya que, lejos de solucionar la crisis creada, causaría males mayores a los existentes en la actualidad. Si realmente hubiera suficiente voluntad y compromiso entre estos bandos políticos para solventar sus diferencias en función del bienestar colectivo, sin interferencias foráneas, hace tiempo lo habrían logrado, sin arriesgarse ambos a ser rebasados por el pueblo que afirman representar y defender.

 

Para los revolucionarios, esta sería una coyuntura ideal y oportuna para formular y poner en práctica una propuesta revolucionaria que de verdad profundice los cambios alcanzados hasta ahora y le permita al pueblo movilizado, como debe ser, asumir el papel de sujeto histórico de la transformación estructural de todo el orden social, económico, cultural y político vigente.-         

PALABRAS Y ACTITUDES QUE NO CUADRAN

PALABRAS Y ACTITUDES QUE NO CUADRAN

En general, la gente suele considerarse solidaria, pero sólo con aquellos que pueden devolverle el favor recibido. «Cristianos» (lo mismo que otros creyentes) que dicen amar a su dios, a quien no ven, pero matan, odian, insultan o menosprecian a sus semejantes, a los cuales sí pueden ver cada día, dotado de un rostro diferente. Sacerdotes y pastores que olvidan adrede la crítica de Jesucristo a escribas y fariseos, arrodillados devotamente ante el becerro de oro que les induce a olvidar su principal función religiosa.

 

Gobernantes que afirman ejercer sus cargos en favor de la soberanía y los intereses de los sectores populares, pero sucumben sin ninguna resistencia ante las tentaciones y exigencias de las élites. «Demócratas» que se esfuerzan en planificar y en lograr, por cualquier vía extralegal, incluso mediante el uso de la violencia, la caída de un gobierno legalmente constituido. «Patriotas» que reconocen tácitamente la tutela extranjera del país que proclaman defender, olvidando, por conveniencias personales, lo que representa y significa la soberanía nacional.

 

«Socialistas» (por no decir «revolucionarios») que predican un comportamiento fanáticamente anticapitalista, pero exhiben sin pudor alguno los mismos símbolos, aficiones y afán de lucro de la burguesía que suelen condenar en sus discursos. Militares y policías que se presentan a sí mismos como lo más inmaculado de la sociedad, pero no tienen ningún empacho en utilizar el rango de autoridad que se les delega para delinquir impunemente en todas las modalidades posibles. Jueces y fiscales que continúan aplicando una justicia clasista, movida por intereses políticos y sociales antes que por el saludable deseo de corregir y sancionar los delitos cometidos.

 

«Maestros» que limitan la inteligencia de sus estudiantes, armados de catecismos con que les obligan a obedecer y a actuar mecánicamente, sin que se les reconozca su derecho a cuestionar todo aquello que se le «enseña». Médicos que ven en sus pacientes algo ajeno a su sensibilidad humana, por lo que no dudan en aprovechar la ocasión que se les presenta de obtener mejores dividendos, sin importar que puedan contribuir a la recuperación de su salud. Periodistas, opinadores de oficio y empresarios de la información, cuya distorsión de la verdad los equipara con criminales de guerra, promoviendo odios irracionales con el fin de lograr beneficios personales.

 

Empresarios y «sindicalistas» que ondean sus banderas de triunfo a costa de la plusvalía generada por una masa uniforme de trabajadores, condenados a vender su fuerza de trabajo a cambio de salarios con los cuales reproducen la miseria en que «viven». Mujeres y hombres «feministas» que en sus hogares dan vida -a veces, de modo inconsciente- a los mismos patrones patriarcales que combaten. Padres y madres que manifiestan amar a sus hijos, pero que los arrojan irresponsablemente a la vida, sin dotarlos de los suficientes valores éticos y morales con que puedan enfrentar exitosamente las vicisitudes que les surjan diario. Hijos que lloran a sus padres y madres desaparecidos, pero que, vivos, jamás o escasamente supieron honrar dignamente.

 

Son palabras y actitudes que no cuadran. Ellas reflejan, sin mucho análisis científico, la crisis invisible (o invisibilizada) que recorre todo el espectro de la civilización en que nos desenvolvemos; así como también la necesidad -compartida o no- de cuestionarla y de transformarla radicalmente. Por el bien de todos, así suene para algunos ilusorio, desfasado o utópico.-

 

CUANDO LA VERDAD YA NO IMPORTA

CUANDO LA VERDAD YA NO IMPORTA

En la era actual, a millones de personas a nivel mundial poco les importa constatar el origen y veracidad de las informaciones que conocen a diario por vía de la prensa escrita, la radio, la televisión o las redes sociales existentes en Internet, tampoco interpretar los hechos que estas difunden, aun las más increíbles o absurdas. Esto ha dado origen a lo que muchos llaman falsa información, des-información o post verdad, coincidiendo en que ésta se ha convertido en una herramienta muy eficaz a la hora de descalificar a cualquier movimiento (político o social), persona o gobierno, según el parecer de los agentes imperialistas.

 

En este caso, la falsa información, des-información o post verdad cumple un propósito abiertamente desestabilizador contra gobiernos y naciones que son foco de la atención de los poderes hegemónicos, encabezados por el imperialismo gringo y sus acólitos de Europa occidental (agrupados en la OTAN), interesados en lograr el control de estos y utilizarlos en beneficio de su conglomerado de corporaciones globales capitalistas. Iraq, Afganistán, Libia y Siria han sido pasto de esta des-información -al igual que ha ocurrido con los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Venezuela-, señalándoseles de cometer toda clase de barbaridades, a fin de obtener el visto bueno de la opinión pública local e internacional para, luego, iniciar un ataque más frontal, esta vez de naturaleza militar. Mediante esta estrategia, se instigan coyunturas insostenibles y comportamientos completamente disociados que, pese a quitársele la máscara a las mentiras divulgadas, continuarán su curso, pues de lo que se trata es de justificar sus acciones, violentas o no, contra determinado régimen o país. 

 

Esto lo ha refrendado el nuevo gobierno de Estados Unidos al disponer la creación de un “Centro de Compromiso Global”, cuyo objetivo es tutelar, sincronizar y conjugar los esfuerzos del gobierno federal para reconocer, comprender, exponer y contrarrestar, en perfecta sincronización con sus aliados de la OTAN, toda la propaganda y desinformación emanada de parte de -potenciales o declarados- Estados enemigos, lo mismo que de actores sociales y políticos, que representen una amenaza a “sus intereses de seguridad nacional”. Con ello pretenden afectar a su favor la opinión y las emociones de los receptores de su mensaje, de una forma que Paul Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich nazi, o George Orwell, autor de la novela distópica “1984”, con su personaje del Big Brother (o Gran Hermano), jamás hubieran concebido en su momento la posibilidad de una perfeccionada y masiva manipulación mediática como la que se halla en curso.

 

Frente a ello, en su análisis “Homo Post-verdadero”, Rodrigo Fresán apunta que “las `masas silenciosas´ ya no hacen lo que se espera de ellas por lógica y tradición. Se actúa por reflejo y no por reflexión. Se dispara primero y se apunta después. Se comment(a) antes de informarse. Y el modo de informarse previamente pasa por lo no verificado ni autenticado, pero sí por lo más post-verdadero. Es decir: por lo más gracioso, ocurrente, loco, imprevisible. Por el rumor, el insulto, la descalificación, lo falso y lo chistoso y pesado antes que por lo certero y auténtico”. Dicha realidad, justamente, es un campo abonado para que los poderes fácticos logren -en distintos grados- sus objetivos de dominación y de manipulación, aun cuando muchos aleguen que sus decisiones y reacciones ante acontecimientos que apenas conocen sean independientes, no sujetas al control de ninguna industria ideológica. A ello se agrega el hecho que la plataforma tecnológica utilizada, en el caso específico de Internet, no se origina en las naciones que son blancos de esta manipulación, manteniendo al respecto una dependencia que constantemente conspira en su contra.-  

LA MUJER Y LA LUCHA POR SU AUTODETERMINACIÓN INTEGRAL

LA MUJER Y LA LUCHA POR SU AUTODETERMINACIÓN INTEGRAL

Un rasgo (o conclusión) constante respecto al tema de la liberación de las mujeres es la convicción que esta no resulta suficiente con la obtención de algunos planos de igualdad -en lo laboral, lo académico, lo político y lo jurídico, entre otros también importantes- frente a su contraparte masculina. Esto podrá ampliarse aún más si consideramos que muchas veces esta lucha por la liberación de las mujeres no cuestiona en profundidad los fundamentos mismos del sistema que las oprime, no simplemente el machismo o patriarcado, lo que en las naciones periféricas del capitalismo se plasma en un contexto de miseria, de explotación laboral y de desigualdad social donde éstas llevan la peor parte, habitualmente convertidas -por diversidad de circunstancias- en sostenes de sus familias.

 

Dentro de esta perspectiva, durante los debates del Tercer Congreso de la Internacional Comunista, Lenin expone que “el derecho electoral no suprime la causa primordial de la servidumbre de la mujer en la familia y en la sociedad y no soluciona el problema de las relaciones entre ambos sexos. La igualdad no formal sino real de la mujer solo es posible bajo un régimen donde la mujer de la clase obrera sea la poseedora de sus instrumentos de producción y distribución, participe en su administración y tenga la obligación de trabajar en las mismas condiciones que todos los miembros de la sociedad trabajadora. En otros términos, esta igualdad sólo es realizable luego de la derrota del sistema capitalista y su reemplazo por las formas comunistas”. Algo que se concretará sin que surjan en el camino distintas dificultades y prejuicios, dada la enorme carga ideológica (reforzada en mayor o menor medida por los preceptos religiosos usuales) que dan cuenta de la minoridad de la mujer, situándola en un plano de subordinación e inferioridad respecto al hombre.

 

La lucha por la autodeterminación integral femenina adquiere de esta forma una perspectiva de clase, transformándose en parte esencial e insoslayable de la revolución socialista (o postcapitalista), apuntando a una ruptura con todos los paradigmas, usos y costumbres que sustentan el estado de sumisión al cual se ha condenado a la mujer a través de los siglos, incluso el comportamiento al que se han visto obligadas, de una u otra manera, a asumir en funciones que antes eran exclusividad de los hombres.

 

Ello pasa -y así habrá que entenderlo, sobre todo bajo la inspiración de los ideales revolucionarios socialistas- por cambiar el modo de pensar, lo mismo que la división de roles de acuerdo al sexo de cada quien, puesto que todo esto no es otra cosa que la reproducción inducida de las relaciones de poder existentes en el orden social burgués establecido, algo que muchas veces se obvia, pensando que todo dependerá automáticamente del mejoramiento de las condiciones materiales en que se viva.-