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LA "GRANDEZA PATRIÓTICA" DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

LA "GRANDEZA PATRIÓTICA" DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

 

Ajustada a un guión de mentiras preestablecido, con el que persigue disminuir el efecto causado por sus innegables acciones desestabilizadoras entre la opinión pública, sobre todo exterior, la oposición venezolana no deja de ser noticia. De una u otra forma, sus representantes se hacen notar, ya sea a través de matrices de opinión difundidas en todos los medios de información que están a su entera disposición, con sus actitudes y mensajes abiertamente fascistoides, además de la violencia callejera con que intentan intimidar al pueblo, o lo más cumbre de su comportamiento, con el desprecio reiterado a todo aquello que simbolice de algún modo positivo un sentimiento patriótico.


Esto último no es cuento. Es una verdad verificable. La oposición siempre ha mostrado un desdén por los símbolos patrios, a tal punto que la Bandera tricolor sufrió una alteración de sus colores tradicionales, reemplazándose su azul por el negro, y colocándola en forma invertida para, aparentemente, manifestar su protesta contra el régimen que, según su mentalidad de clase, está acabando con los derechos del pueblo; negándose a aceptar la inclusión de una octava estrella, tal como lo solicitara Simón Bolívar y lo cumpliera el pueblo de Venezuela bajo el liderazgo de Hugo Chávez. Otro tanto ocurre con el término Patria, ahora revestido de una connotación más apropiada y más sentida que en el pasado, igualándolo con la necesidad de adquirir papel higiénico y otros productos de consumo masivo, acaparados, justamente, por quienes le siguen el juego a la oposición, sin considerar sus efectos nocivos a largo plazo en el país.


Y si le sumamos a esta breve relación de la "grandeza patriótica" opositora el hecho histórico terrible del 12 de abril de 2002, cuando arrumaron el cuadro del Libertador Simón Bolívar en un baño del palacio de gobierno de Miraflores sólo porque el Presidente Hugo Chávez lo situara en un lugar de honor, como merece estarlo siempre, y lo catalogara de ser el inspirador fundamental del proyecto transformador e ideológico que, desde 1999, adoptaron y han defendido los sectores populares venezolanos. Esto sería la guinda del pastel, como se dice, pero no ha sido así. Nuevamente, con su torpeza característica, la oposición se anota otro punto en eso de mantenerse vigente mediáticamente. Esta vez haciéndole comparsa a las intenciones gringas cuando Obama dió a conocer su decreto ejecutivo sobre Venezuela, calificándola de ser una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad y los intereses de Estados Unidos. Quizás sus máximos representantes pensaron en la inminencia de una invasión gringa que desalojara a Nicolás Maduro de la presidencia y les sería traspasada a ellos como garantes de la "pax" imperial y de la vuelta al pasado en territorio venezolano.


Hasta allí podría limitarse el expediente de actitudes y acciones que nos hablan de la "grandeza patriótica" de la oposición. Sin embargo, tal parece que su objetivo final es derruir por completo todo lo que cause orgullo entre quienes se consideran patriotas, ridiculizando a los próceres que identifican la gesta independentista, sin que haya una medida contundente de las autoridades para impedirlo. Como puede deducirse fácilmente, a la oposición no la motiva sino su mezquina ambición de poder. Si para satisfacerla tiene que lamer los zapatos de los poderes fácticos del imperio gringo, lo hará sin mostrar ningún empacho.

 

No en balde, durante cuarenta años sus "prohombres" del Pacto de Punto Fijo se amoldaron sin remilgos a la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos y fueron capaces de mantener una política oficializada de hambre, miseria y represión, sin que ninguna jerarquía eclesiástica u organismo internacional condenara en algún momento la barbarie encubierta instaurada en Venezuela. Así que la oposición, al reivindicar este pasado nefasto para los sectores populares, no podría asumir otra condición distinta a la exhibida hasta ahora, es decir, ésa que surge de la contrahistoria y le hace ir contra la corriente, a pesar de todos sus errores.-

LA REVOLUCIÓN Y EL PAVOR ATÁVICO DE LA BURGUESÍA

LA REVOLUCIÓN Y EL PAVOR ATÁVICO DE LA BURGUESÍA

   Para alguien cuerdo en Venezuela u otra nación de este planeta, resultaría incomprensible y hasta extravagante el comportamiento disociado y la intolerancia extrema de la oposición venezolana (expresada en un discurso clasista y racista que los lleva a ignorar -tajantemente- la existencia de los sectores populares que eligieron a Chávez y a Maduro), cuando sus propósitos estarían apuntando a la conquista del poder constituido. Sus máximos representantes, tanto los que se hallan en el territorio nacional como aquellos que disfrutan de un auto-exilio dorado en el extranjero, principalmente Miami, han instigado sabotajes de servicios públicos, boicot económico, atentados terroristas, financiamiento de bandas de agitadores, asesinatos selectivos de dirigentes chavistas destacados, y desmoralización mediática, entre otras cosas, en un raro intento por captar la voluntad del pueblo y así lograr la meta que se han trazado de acabar con el proceso de revolución bolivariana, iniciado bajo el liderazgo del Comandante Hugo Chávez.

     En algunos casos (verificables, sobre todo en las redes sociales), hacen gala de un sifrinaje político con el cual parecen auto-congraciarse, queriendo demostrar una superioridad racial y social, remedando anacrónicamente a los mantuanos, sus antecesores de la época colonial, creyéndose estar por encima de la mayoría de la población, a la cual someten a todo tipo de insultos y descalificaciones. Esto los ha conducido a juzgar que sus intereses particulares son los mismos de la mayoría, además de estar revestidos de una inmunidad absoluta ante la aplicación de las leyes, de modo que cualquier acción del Estado para que paguen por los delitos cometidos (incluyendo un golpe de Estado mediante el cual quedaron abolidos todos los derechos constitucionales establecidos, violencia callejera, destrucción de edificaciones y vehículos públicos) es automáticamente desacreditada, culpándose al gobierno chavista de violar sistemáticamente los derechos humanos y de acosarlos y encarcelarlos por disentir de su ideología política.

     Por eso, cuando Chávez empezó a cambiar la correlación de fuerzas existente en el país, aplicando una redistribución de la riqueza social generada por la renta petrolera, sonaron las alarmas de la burguesía, una burguesía que a todas luces siempre ha sido parasitaria, obteniendo y asegurando su fortuna gracias al contubernio sostenido con los diversos gobiernos del pasado, además de su empalme con los intereses imperialistas de Estados Unidos. Como bien lo reconoce David Frum, en su artículo Venezuela: ¿abandonará el chavismo?: “Venezuela tiene una amarga historia nacional, y nadie había sido mejor vocero de los resentimientos y anhelos de sus clases subordinadas que Hugo Chávez. En una nación cuya élite históricamente parecía europea, el rostro de Chávez proclamaba su ascendencia indígena y esclavos africanos. Él bromeaba, se enfurecía, le concedía favores a los barrios y se hizo enemigo de las tradicionales clases altas”.

   Tal cosa era, y es, demasiado de soportar para una clase social que poco se involucraba directamente en la política y escasamente llegó a preocuparse por la suerte que corrieran sus "compatriotas" marginales. Máxime al oír de Chávez que se iniciaba en este país una revolución bolivariana, de carácter socialista, que les hizo revivir en esta burguesía parasitaria las viejas consignas anticomunistas de la Guerra Fría con que se atacaba a Cuba y a la URSS, destapando miedos atávicos que la impulsaron a respaldar alegremente el derrocamiento del gobierno en 2002. De ahí en adelante, ella activaría todo mecanismo de desestabilización diseñado por sus mentores gringos; a lo que se agrega el estrangulamiento y acoso económicos con que busca soliviantar, precisamente, a los sectores populares que tanto desdeñan. Hasta ahora, sus representantes se han mantenido en ese trance, absortos en su mundo de irrealidades, aún cuando manifiestan sus intenciones de participar en las elecciones parlamentarias que se realizarán este año, al mismo tiempo que acusan al CNE de fraude electoral, en una paradoja que no parece importarles mucho.-

TRES FRENTES FUNDAMENTALES PARA LOGRAR LA REVOLUCIÓN

TRES FRENTES FUNDAMENTALES PARA LOGRAR LA REVOLUCIÓN

 

 Una medida revolucionaria de gran impacto en la coyuntura actual de Venezuela sería profundizar la organización popular a través de los consejos comunales, las comunas, los colectivos sociales, los sindicatos, los consejos de trabajadoras y toda otra forma de estructura político-territorial popular que surja, o haya surgido, al calor de la lucha revolucionaria, en tres frentes fundamentales: 1) El control directo de los medios de producción, modificando radicalmente las relaciones de producción y el sistema económico capitalista. 2) La constitución de un nuevo Estado, reemplazando las relaciones de poder vigentes mediante la práctica de la democracia directa. 3) La formación de una nueva ética político-ecológica, en función de los intereses colectivos, sin que ello signifique restringir la singularidad de las personas, la pluralidad y el debate del pensamiento, incluyendo las controversias que ello podría generar.


Esto debiera impulsarse mediante un amplio programa revolucionario que sea enriquecido, sin sectarismo alguno, por aportes provenientes de diversidad de corrientes ideológicas, al margen del escenario electoral clásico, bajo la comprensión que sin un poder popular organizado y consciente no habrá revolución posible. En este sentido, la consolidación de la movilización popular, lo mismo que la cristalización del proceso de concienciación al cual se debe todo revolucionario, tiene que materializarse en el fortalecimiento del poder de los sectores populares frente a las instituciones y estructuras que caracterizan al Estado liberal-burgués. Ella sería una vía apropiada para desmantelar la influencia perniciosa de la burocracia político-corporativa que administra el Estado, entendiendo que sus intereses son antagónicos al poder popular.


A la par de ello, habría que proponerse la construcción de una economía y de una producción social que, en un primer momento, sirvan para construir y asegurar, de manera verificable y constante, la soberanía alimentaria y la soberanía productiva que requiere el país, con lo cual se vencerían todas las estrategias implementadas por la contrarrevolución (externa e interna) para ahogar la economía nacional y, en consecuencia, impedir la estabilización definitiva de la revolución. En este caso, se impone la necesidad de desplegar modelos de desarrollo territoriales o comunales, con énfasis en el crecimiento agroecológico y la transferencia -incluso- de aquellas empresas socio-productivas en manos del Estado, donde se ponga en práctica esa nueva ética político-ecológica que debe distinguir el nuevo modelo civilizatorio por construir.


Si -como afirma la oposición en Venezuela- el escenario de transición post-chavista está montado, gracias a la campaña de desinformación generada con apoyo extranjero, los ataques de la derecha internacional, la corrupción administrativa, el desabastecimiento, la especulación y el contrabando continuados de diversidad de productos de consumo masivo; los sectores revolucionarios están obligados a fijarse una estrategia que resulte eficaz y pueda ser compartida por la población venezolana.


Como lo refiere Gramsci, "la particular cuestión del malestar o bienestar económico como causa de nuevas realidades históricas es un aspecto parcial del problema de la correlación de fuerzas en sus varios grados. Pueden producirse novedades, ya porque una situación de bienestar quede amenazada por el nudo egoísmo de un grupo adversario, ya porque el malestar se haya hecho intolerable y no se vea en la vieja sociedad ninguna fuerza capaz de mitigarlo y de restablecer una normalidad con medios legales. Por tanto, se puede decir que todos esos elementos son manifestación concreta de las fluctuaciones de coyuntura del conjunto de las correlaciones sociales de fuerza, en cuyo terreno se produce el paso de esas correlaciones sociales a correlaciones políticas de fuerza, para culminar en las correlaciones militares decisivas”. Esto implica superar el tareísmo y la militancia administrada, de manera que no existan frenos que obstaculicen el avance y la consolidación del poder popular, dando lugar al surgimiento de un tejido social que, a la larga, terminará por afectar la lógica capitalista en detrimento de la hegemonía ejercida por la clase dominante; siendo ello el objetivo primordial de la revolución.-

LA INDEPENDENCIA Y LA REVOLUCIÓN POPULAR DE 1814

LA INDEPENDENCIA Y LA REVOLUCIÓN POPULAR DE 1814

Para los grupos dominantes de la Colonia significó un hecho terrible y escandaloso que las clases subordinadas (pardos, blancos de orilla y negros esclavizados) ahora —luego de proclamada la independencia de Venezuela y derrotada la primera República— pudieran ejercer el poder, comportándose como sus iguales y trastocando el orden «natural» de las cosas. Algo con lo que no contaron al momento de adherirse al movimiento independentista y a los ideales de igualdad, fraternidad y libertad que copiaran de la Revolución Francesa, algunos sin mucho entusiasmo de su parte y otros con un febril fanatismo.

Esto último lo resalta Caracciolo Parra Pérez, en su obra Historia de la primera República de Venezuela, al decir: «De la casta de los criollos saldrán los aristócratas revolucionarios, pero no todas las gentes de ella (la Colonia) abrazarán las ideas nuevas, porque la dominación de los mantuanos se temía por quienes no lo eran». Esto hará que el grueso de la población de entonces, los pardos, terminen enlistándose en las tropas realistas, dando rienda suelta a sus ansias de justicia social.

Para el bando realista había llegado el momento de saldar viejas cuentas con los mantuanos, acostumbrados como estaban éstos a imponer sus prerrogativas aristocráticas, justificadas por ser descendientes directos de los primeros aventureros españoles que conquistaron a sangre y fuego el actual territorio venezolano, y a ejercer, por cierto, su dominio de un modo totalmente despótico.

Por eso sus representantes, tanto los ubicados del lado de la Revolución independentista como también aquellos que aspiraban a la restauración del régimen colonial, coinciden en el temor que les inspiran las gentes que conforman el ejército que sigue a José Tomás Boves, convertido en caudillo popular; acicateados por sus deseos de justicia y de igualación sociales, negados en la práctica, mas no en el discurso, por las nuevas autoridades republicanas que reemplazan la antigua Capitanía General de Venezuela.

Ello obliga a muchos a abandonar sus hogares en busca de salvación ante el avance implacable de quienes fueran víctimas de su explotación y odio de clase. Incluso El Libertador Simón Bolívar llega a plantearle al régimen monárquico de la Gran Bretaña el auxilio para evitar que se repitan en Venezuela, al igual que en las posesiones coloniales inglesas en el mar Caribe, los mismos sucesos que en Haití al obtener su independencia y formar el primer gobierno revolucionario con ex esclavizados. Existían, entonces, intereses comunes en contra de la rebelión popular que se había desencadenado en territorio venezolano tras los acontecimientos de 1811, la cual —finalmente— habría de acabar con las estructuras sobre las que se mantenía el sistema colonial, aunque mucho de su ideología sería perpetuado por los nuevos representantes de los sectores desplazados por la guerra.-

EL PUEBLO PARECE ESTAR MEJOR DEFINIDO

EL PUEBLO PARECE ESTAR MEJOR DEFINIDO

 

Si se pudiera extraer algo relativamente positivo de la posición sostenida durante década y media por la gente que desea destruir los avances sociales, políticos, culturales y económicos que prefigurarían la realización plena de la Revolución Bolivariana Socialista en Venezuela, sin duda alguna, ésta se comprendería y se incorporaría como un elemento más a esta lucha transformadora. Sin embargo, hasta ahora lo que ha dejado traslucir la oposición es una irracionalidad extrema que apenas permite plantearse el asumir como propia alguna de sus «propuestas democráticas».

Al contrario de lo que pudiera ser «su» proyecto de país, la oposición sólo ha mostrado un odio de clase, racista y fascista en muchos casos, que poco tendría que envidiarle al existente en Estados Unidos y Europa; siendo en consecuencia una mácula que pareciera más bien traspasarse de generación en generación desde los tiempos de la colonia española, a pesar de las consecuencias igualitarias de la guerra de independencia y de las guerras civiles que acá ocurrieron durante gran parte del siglo XIX e inicios del siglo XX. Una realidad que resulta completamente distinta entre los sectores populares, quizás debido a la persistencia de la ideología de los sectores hegemónicos que les hizo no tener conciencia de clase o, sencillamente, al hecho de no albergar en su ser íntimo resentimiento alguno, a pesar de la explotación, la opresión y la discriminación de las cuales fueran víctimas por largo tiempo.

Tal cosa no ocurre con el programa de cambio presentado originalmente por Hugo Chávez a los venezolanos, donde la creación y existencia del poder popular constituye un elemento medular y, por tanto, difícil de extirpar. Recogiendo, consolidando y, por supuesto, ampliando lo que allí propone Chávez, se podrían recuperar el estímulo y los compromisos que requiere el pueblo para avanzar decididamente en la construcción socialista de un nuevo orden social, político y económico en Venezuela basado en una nueva concepción del socialismo revolucionario; evitándose así la eventualidad nada improbable que todo colapse y sea restituido el viejo orden puntofijista, con predominio de una élite burocrático-capitalista eminentemente neoliberal, vinculada a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales que rigen el sistema capitalista global.

Así, entre quienes ejercen el poder en nombre del chavismo y aquellos que representan a las cúpulas tradicionales, muy escasamente se ha hecho para romper la polarización que podrían éstos representar mediante una alternativa política válida que contribuya a dinamizar -sin demagogia- el avance revolucionario popular. En cuanto a ello, alguien podría oponer el argumento que existe una diversidad de organizaciones partidistas en lo que se considera el chavismo, pero ello no es suficiente, dada la hegemonía ejercida sin resistencia por el Psuv; cuestión que se observa en cada proceso electoral y que escasamente permite afrontar los desafíos de la oposición de una manera contundente.

En medio de ambos extremos, los sectores populares parecen estar mejor definidos en cuanto a mantener el rumbo trazado desde 1999 por Hugo Chávez. Esto confunde a propios y extraños, cayendo en una lectura demasiado simple de la realidad venezolana; lo que obligaría a adoptar entre los estudiosos de este tema una nueva forma de abordarlo, hurgando en su historia profunda, aquella que está enlazada, de una forma u otra, con las luchas que tempranamente se desarrollaron en el territorio nacional contra los primeros invasores europeos y que se extienden hasta nuestros días.-

PEDRO CAMEJO Y LA IGNORANCIA DE LA HISTORIA

PEDRO CAMEJO Y LA IGNORANCIA DE LA HISTORIA

 

El interés y el conocimiento de la historia están por encima de cualquier ideología y conveniencia política. Por ello, es inaceptable que algunos pretendan imponer a otros su ignorancia y desprecio de la historia, escudándose tras el pueril argumento que vivimos nuevos tiempos y, por lo tanto, que no existe conexión alguna entre el pasado y el presente que nos motive a estar recordando acontecimientos y personajes que jamás conocimos, como lo hiciera saber el presidente Obama en la última Cumbre de las Américas celebrada en Panamá.

Esto se pudo observar en redes sociales en la ocasión del traslado y siembra de los restos simbólicos de Pedro Camejo, el Negro Primero, al Panteón Nacional. Algunas personas hicieron gala de su ignorancia y hasta dieron muestras innegables de racismo, a tal punto que acusaron al Presidente Nicolás Maduro de desviar la atención del pueblo venezolano en relación a la problemática que se padece en el ámbito económico-productivo, resaltando especialmente lo que sucede con la especulación, el contrabando y las colas sin control en gran parte del país. Tales muestras son, sin duda, resabios de la cultura colonial, la misma que los avatares de la independencia y las sucesivas guerras civiles que se produjeron en Venezuela durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XIX no pudieron extirpar del todo y que en la actualidad exhiben sin rubor aquellos que se oponen tercamente a reconocer el derecho de los sectores populares a un mejor nivel de vida y de democracia participativa.

Lo positivo de todo el revuelo causado por la decisión del Presidente Nicolás Maduro, es que Pedro Camejo obligó a muchos conocedores de la historia a replantearse su significado histórico y hasta se podría afirmar también que su significado sociológico, al igual que el de otros hombres y mujeres de su condición que comenzaron a ser reconocidos por todos en Venezuela gracias al Presidente Hugo Chávez. En el caso de Negro Primero es algo muy significativo, pero hay que aclarar también que Camejo no fue el único oficial negro del Ejército Libertador, como se ha pregonado en algunos medios de información, pues sería desconocer que hubo otro, de igual origen llanero, arrojo y patriotismo, como lo es el Coronel Juan José Rondón, héroe destacado de la batalla de Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819, a quien Simón Bolívar apreció mucho y cuyos restos se encuentran en el Panteón Nacional desde el 25 de agosto de 1896.

Este acontecimiento es, por consiguiente, un justo y merecido reconocimiento a los hombres y a las mujeres del pueblo que esparcieron su sangre en los campos de batalla y en las calles de nuestras ciudades en lucha por una plena igualdad y libertad, además de una mayor participación democrática, para todos y no de forma mezquina para una minoría, como lo pretendieron algunos en el pasado y aún siguen pretendiendo otros en el presente, sin considerar que mucho de lo que disfrutan en la actualidad se debe al esfuerzo y a la voluntad de quienes tanto han despreciado; como el Negro Camejo.-

LA URGENCIA DE UNA VOLUNTAD POLÍTICA PARA VENCER EL ASEDIO ECONÓMICO

LA URGENCIA DE UNA VOLUNTAD POLÍTICA PARA VENCER EL ASEDIO ECONÓMICO

 

Gracias al asedio impuesto por el sector privado de la economía, jugando una peligrosa estrategia desestabilizadora con que persigue destruir el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, se impone la necesidad —digamos, con carácter de urgencia— que sean los trabajadores y las diferentes organizaciones del poder popular quienes asuman tareas de control directo de la producción, la distribución y la comercialización de los productos de consumo masivo. Esta tarea tendría que estar, por supuesto, ampliamente respaldada por las diversas instituciones del Estado, a fin de reducir y dominar los efectos nocivos que tal asedio estaría ocasionando sobre la población, gran parte de la cual se ha visto obligada por las circunstancias a hacerse partícipe (y en algunos casos, cómplice) de la cadena de especulación, contrabando y acaparamiento que se ha extendido, prácticamente, a todo el país, complicando aún más las cosas.

Se requiere, por consiguiente, de una voluntad política por parte del estamento gobernante que sea determinante para facilitar la aplicación de mecanismos legales que contemplen la corresponsabilidad del poder popular organizado en esta materia. Esto debe expresarse en un mayor nivel de compromiso revolucionario de todos para que se impida que los grupos minoritarios de la oposición continúen distorsionando el panorama económico nacional y logren finalmente sus objetivos desestabilizadores. De igual modo, es preciso que esta corresponsabilidad no se halla subordinada a intereses sectarios o de segundo orden, en momentos que la derecha internacional enfila sus baterías hacia Venezuela con la clara intención de propiciar la realineación de las fuerzas antichavistas internas.

Además, hay que tener en cuenta -como lo apunta el economista argentino Claudio Katz en artículo de su autoría, Las batallas de Venezuela- "el modelo económico actual permitió grandes mejoras populares, pero no transformó la estructura improductiva, ni permite afrontar los desequilibrios actuales. La confrontación por el destino de la renta petrolera es la causa de las tensiones cambiarias y la conducta de los capitalistas impide gestar una economía industrializada". En este sentido, existe una brecha muy importante entre lo político y lo económico que no se ha cerrado, cuestión que no ha sido abordada con la suficiente determinación para transformar realmente el aparato productivo y las relaciones de producción al modo socialista; lo que también ha incidido en el desconocimiento popular respecto a quiénes son los verdaderos responsables de lo que sucede con esta "guerra económica".

Por supuesto, esta tarea compartida entre las autoridades, los trabajadores y las diferentes expresiones del poder popular no es nada fácil. Ella tiene que ser manifestación de una conciencia revolucionaria y social plena, de forma que se entienda que si no se actúa a tiempo y con la contundencia requerida, podría acelerarse (sin ánimo fatalista) el eventual desgaste de todo lo que implicaría la construcción real del proyecto revolucionario bolivariano.-

NUESTRA PELEA SIGUE SIENDO LA MISMA

NUESTRA PELEA SIGUE SIENDO LA MISMA

 

Los revolucionarios y chavistas no debemos olvidar que nuestra pelea sigue siendo contra los sectores oligárquicos del país, los mismos que en el pasado hicieron todo lo posible por disminuir la dignidad del pueblo venezolano y que ahora, con el bachaqueo, la desaparición y la especulación abusiva de productos de primera necesidad, han buscado estimular entre toda nuestra población la descomposición y desaparición absoluta de los valores revolucionarios y morales enarbolados por el Comandante Hugo Chávez.

 

Así, frente a la situación de constante asedio que se ha desatado contra el proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, los revolucionarios y chavistas no podemos cruzarnos de brazos, viendo cómo el cinismo de la oposición procura imponerse a través de las colas de los consumidores, cayendo en la trampa de creer que todo lo que ocurre en el orden económico y productivo se debe exclusivamente a la ineficiencia y la corrupción de las autoridades nacionales.

 

Con esto último, los opositores mantienen una estrategia de largo alcance, obligando al gobierno de Maduro a estar enfrentando a tiempo completo coyunturas de todo tipo, sin mucho margen para dedicarse a cumplir con su mandato constitucional; a lo que se añade la campaña mediática incesante de la derecha internacional y las acusaciones recurrentes del gobierno de Estados Unidos y países de Europa respecto a la presunta violación de los derechos humanos en nuestro país, desconociéndose todo lo hecho hasta ahora por quienes se dicen "presos y perseguidos políticos del régimen".

 

Por tales motivos, los revolucionarios y chavistas debiéramos enfocarnos en la defensa a ultranza del proyecto de revolución bolivariana para lo que se hará necesario emprender acciones radicales que contribuyan a disminuir -en corto y mediano plazo- el clima creado por los sectores económicos y comprender que toda esta situación tiene un claro objetivo político como es el de facilitarles la victoria a sus candidatos en las elecciones parlamentarias a celebrarse este año. Y esta comprensión debe abarcar el papel jugado por las distintas organizaciones partidistas del chavismo en la promoción y desarrollo del poder popular, por cuanto su misión principal debiera manifestarse en todo momento en el desmontaje simultáneo de las estructuras políticas del Estado burgués-representativo y de las estructuras de explotación económica del régimen capitalista.-