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LA CONSPIRACIÓN GLOBAL DE LA DERECHA

LA CONSPIRACIÓN GLOBAL DE LA DERECHA

 

El asedio sin cuartel que sostiene la derecha internacional contra varias naciones de nuestra América y con un énfasis muy especial hacia Venezuela, da cuenta de la amplia conspiración que tiene su nervio central en Washington y extiende sus tentáculos desde Miami, Bogotá, Madrid y otros centros, vasallos todos del imperialismo gringo. Ello se pone en evidencia a través de la activación continua de la gran maquinaria propagandística puesta a disposición de los sectores contrarrevolucionarios en nuestras naciones, secundada por cadenas empresariales dedicadas a la información que distorsionan y manejan a su antojo la realidad de nuestras naciones, en un intento deliberado de influir en la opinión pública, haciéndola que se incline ante los intereses de los sectores hegemónicos del capitalismo globalizado.

Esta es una realidad que no podrá ocultarse, por mucho control y manipulación ejercidos sobre lo que las personas tendrían que asimilar como la verdad de las cosas en países como Bolivia, Ecuador y Venezuela, blancos de una guerra de cuarta generación mediante la cual Estados Unidos y sus aliados aspiran modificar a su favor la correlación de fuerzas existente al sur del río Bravo. Para alcanzar dicho objetivo no han escatimado ningún recurso en planes y uso de personajes aparentemente influyentes, como fue el caso reciente de ex presidentes en Venezuela, buscando minar la confianza popular y actuar más decididamente, derrocando a Nicolás Maduro.

Para contraatacar esta conspiración global de la derecha en nuestra América y contrarrestar los posibles efectos que causarían en el ánimo de los sectores populares, es preciso que los gobiernos de nuestros países recuperen los pasos iniciales que les permitieron implementar cambios políticos, sociales, culturales y económicos, acompañados de un amplísimo apoyo de sus pueblos. No es con reacomodos políticos ni alianzas de tipo económico como podrán evadir y quitarse de encima el cerco mediático y económico impuesto por sus enemigos de la derecha. Aún cuando cada uno de estos gobiernos accediera a complacer sus mezquinos intereses, a la larga tendrían que desistir de su empeño en hacer una revolución de carácter popular, multiétnica y, sobre todo, socialista; salvo que los mismos pueblos asediados por esta derecha global asuman la iniciativa y cumplan con este objetivo vital.-

LA REVOLUCIÓN DEL VIEJO ORDEN Y LA EXIGENCIA DE UN NUEVO MODELO DEMOCRÁTICO

LA REVOLUCIÓN DEL VIEJO ORDEN Y LA EXIGENCIA DE UN NUEVO MODELO  DEMOCRÁTICO

El Estado-Nación -convertido desde hace siglos en una inmensa entidad corporativa-burocrática autosostenida, con sus redes de beneficiarios, colaboradores y testaferros- es un reflejo directo de la profundización de la crisis financiera, económica, energética, alimentaria, ecológica-ambiental, ética, social, ideológica, cultural, en definitiva, política y civilizatoria que, en conjunto, determina la naturaleza heterogénea de la crisis que, desde la última década del siglo pasado, atraviesa el sistema capitalista.


Siendo entonces el capitalismo un elemento relacionado al Estado-Nación, no resulta extraño que en la actualidad éste sufra un cuestionamiento generalizado, extendido por igual a todos los continentes de la Tierra. Por ello se hace imprescindible que sea totalmente erradicado, proponiéndose en consecuencia una revolución del viejo orden establecido, pero conscientes que sin cambios profundos en las áreas de la vida social que aquellos dominan, tal revolución se hará cosa difícil de alcanzar, por no decir imposible, incrementando los niveles de ingobernabilidad que caracterizan la época actual.


Partiendo del entendimiento que toda forma de Estado es opresora, ello supone también atacar y demoler sus bases ideológicas y jurídico-legales, reemplazándolas de raíz por otras que respondan más apropiadamente a las exigencias de un nuevo modelo de democracia, esta vez más directa, que tienda en todo momento a la eliminación de las redes de sumisión y de expoliación propiciadas por el poder corporativo-burocrático capitalista mundial en su desmedido afán de asegurarse el monopolio exclusivo de la producción y el mercado. Esto, a su vez, implica adoptar un nuevo tipo de conciencia, capaz de traspasar los límites impuestos por la ideología de los sectores dominantes e imponer nuevos paradigmas.


Para evitar que esto ocurra, el capitalismo requiere incrementar los niveles de anomia o insensibilidad entre los seres humanos, lo que haría que cada quien únicamente se preocupe de defender su puesto de trabajo, pensando en sí mismo, contribuyendo así inconscientemente a elevar la productividad y, por ende, las ganancias empresariales, quedando prácticamente desprotegidos, a merced de la explotación de los dueños de los medios de producción. Tal cosa tiende a ser aún más dramática en el caso de los migrantes que arriesgan sus vidas al cruzar ilegalmente las fronteras de Europa y de Estados Unidos, siendo sometidos (sin discriminación de edad ni sexo) a un régimen de servidumbre, de semi-esclavitud e, incluso (de mayor gravedad), de total esclavitud. De ahí que se observe la necesidad revolucionaria de un cambio estructural profundo, que apunte simultáneamente al desmantelamiento del Estado-nación y el sistema económico imperantes en función de lograr una dignificación y una emancipación integral de las personas.


Por eso es fundamental que los mismos sectores populares organizados, fundamentalmente aquellos inspirados en los ideales del socialismo revolucionario, dispongan de herramientas propias de expresión y participación social, de modo que -a pesar de la resistencia que le opondrán en cualquier momento los grupos hegemónicos y burocráticos que controlan el Estado- puedan avanzar resueltamente en la construcción consciente de un nuevo modelo de civilización, armados de conceptos endógenos que se desarrollen y revisen continuamente. Bastará, igualmente, su disposición en crear circuitos económicos productivos autónomos, ajenos a la red global del capitalismo, aunque su radio de acción resulte limitado. Todo esto, expresado y concretado en una nueva práctica política que deje atrás todo aquello que represente y recuerde al Estado-nación y al sistema capitalista.-

LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y LA REDEFINICIÓN DEL ESTADO BURGUÉS

LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y LA REDEFINICIÓN DEL ESTADO BURGUÉS

La estructura del Estado liberal-burgués y la lógica capitalista han logrado convencer a una gran parte de la población mundial que todos los problemas generados hasta ahora -económicos, políticos, étnicos, sociales y otros- jamás podrían resolverse fuera de los parámetros impuestos por ambos. Para los más "audaces", sólo bastaría con un cambio nominal de gobierno y, acaso, con la redacción y aprobación de algunas nuevas leyes, sin plantearse nada más allá de esto. Por tal motivo, la idea de una revolución transformadora de la realidad circundante choca inmediatamente contra quienes meramente aspiran mejorar su situación material personal, habituados como están a una vida predecible, moldeada por las formas de dominación (coercitivas y hegemónicas) de las elites gobernantes o predominantes.


Se impone así la necesidad de hacer la revolución socialista acompañada de un proceso de cambios, esencialmente culturales, que tengan una incidencia directa en el tipo de conciencia a ser asumido ahora por las personas que construyen el nuevo orden revolucionario. Lo más natural sería entonces que la revolución socialista -observando el caso venezolano y nuestroamericano- tenga raíces propias, alejadas en lo que más se pueda de los cánones impuestos por el eurocentrismo, visto y asimilado como "gesta civilizatoria", extendida a todos los continentes y expresión, por consiguiente, de la llamada "supremacía blanca".


En tal sentido, en algunas de las naciones del continente americano se han estado creando importantes escenarios políticos, sociales y culturales de resistencia ante la hegemonía capitalista que podrían estimular una redefinición bastante significativa y cercana a la idiosincrasia nuestraamericana en relación al concepto y al ejercicio pleno de la democracia, cuestión que -por ahora- se ha enmarcado en lo que debiera ser el socialismo revolucionario del siglo 21, ya no como algo abstracto, reducido a dogmas irreductibles, sino como realidad tangible e inmediata. Esto, por supuesto, exige igualmente una reconfiguración del marco jurídico-político sobre el cual descansa el Estado actual, estando más orientado a la legitimación del viejo orden establecido (dominado por las elites capitalistas y su desmedida apetencia de ganancias) que a la concreción de un verdadero ideal democrático. Esta reconfiguración es, por demás, necesaria. Tanto la estructura representativa del Estado liberal-burgués como la lógica capitalista, son opuestas a la noción de una democracia participativa y protagónica, más si se pretende avanzar hacia una democracia directa, sin que existan los tradicionales agentes intermediarios que terminan por distorsionar la voluntad y las expectativas populares.


La idea de una revolución transformadora es, además, esencialmente subversiva. De ahí que sea severamente torpedeada desde los grandes centros de poder hegemónicos del mundo, aun cuando ella esté limitada a un solo país, dado el temor justificado que su ejemplo irradie hasta otros, multiplicándose y haciendo tambalear el dominio uniformista del capitalismo global. Por ello es crucial que el avance revolucionario de nuestros pueblos esté sustentado en la preservación de su identidad cultural, en vista que la globalización capitalista tiene como uno de sus objetivos básicos -por medio de la transculturización constante- derribar las barreras que dificultan su control, primero sobre nuestros diversos recursos estratégicos y economías, para luego extenderse sobre la vigencia y el respeto de la soberanía de los mismos pueblos que aspiran dominar.-

LA TRETA DEL DÓLAR Y LA "CATÁSTROFE" ECONÓMICA DEL SOCIALISMO

LA TRETA DEL DÓLAR Y LA "CATÁSTROFE" ECONÓMICA DEL SOCIALISMO

Una de las matrices de opinión que ha tratado de imponer insistentemente desde hace algún tiempo la oposición en Venezuela es la relativa a un supuesto fracaso del modelo económico socialista implantado por Hugo Chávez. Así, representantes de los diversos gremios del sector privado y voces agoreras del capitalismo neoliberal se unen en coro para anunciar que el país se halla al borde de una catástrofe económica inminente, por lo que se requeriría que el gobierno de Nicolás Maduro implemente la dolarización y  elimine todos los controles existentes para que se acabe entonces la ola de desabastecimiento, acaparamiento e inflación inducida que azota a la familia venezolana. Todo eso a pesar de disfrutar de la asignación de divisas para importaciones fraudulentas y permitirse imponer un tipo de cambio al margen de los controles establecidos por las autoridades nacionales, de modo que termina por afectarse el poder de compra de todos los trabajadores.

Hasta ahora, tal estrategia no ha funcionado a plenitud. El pueblo, a pesar de las colas cotidianas, se mantiene esperanzado en que Maduro resuelva finalmente esta situación. Sin embargo, sí se nota cierta erosión en el ánimo de alguna gente, lo que debiera activar las alarmas del gobierno y de quienes dirigen al Psuv y resto de partidos políticos aliados del chavismo, al percibirse que a las autoridades se les escapó de las manos el control de la situación, en especial sobre el mercado paralelo de dólares que tanto ha desequilibrado a la economía nacional.

Todo lo que ocurre en el orden económico no puede, en consecuencia, atribuírsele al fracaso del socialismo bolivariano. Como lo refiere Antonio J. González Plessmann, “la experimentación de una democracia socialista, a la venezolana, nace justamente del fracaso de las democracias liberales, representativas, de las economías de mercado. Estas fueron incapaces de generar igualdad sustantiva, participación real de las mayorías en los asuntos públicos, protección a los derechos humanos y garantías de preservación de la vida en el planeta. El modelo que realmente fracasó es aquel que divide en dos la riqueza mundial: 'casi la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante [lo que implica] el secuestro de los procesos democráticos por parte de la élites' (Informe Oxfam). Quienes denuncian 'fracaso' son justamente los operadores de unas elites que secuestran a las mayorías su poder de decidir”.

    Se debe tener en cuenta que la oposición siempre ha jugado al sico-terrorismo. Sus tretas se enfocan al desgaste moral de quienes luchan por la Revolución Bolivariana Socialista, por lo que su campaña mediática persigue neutralizar cualquier apoyo que ésta requiera, ya sea ante una agresión directa del imperialismo gringo o desde dentro del territorio venezolano. Para impedir que esto suceda eventualmente, el poder popular organizado tiene que empezar a crear y a manejar espacios autogestionarios desde los cuales se promuevan nuevas formas de hacer política y, en consecuencia, se haga posible construir un Estado totalmente nuevo, ajustado al ideario revolucionario socialista.-

LA REVOLUCIÓN Y LA DESCOLONIZACIÓN CULTURAL DE NUESTROS PUEBLOS

LA REVOLUCIÓN Y LA DESCOLONIZACIÓN CULTURAL DE NUESTROS PUEBLOS

 

Para la construcción definitiva de un modelo de sociedad de nuevo tipo, basado en los ideales del socialismo revolucionario, se impone revisar y transformar radicalmente la herencia histórica de nuestros pueblos, entroncada ésta con modelos de dominación provenientes de la vieja Europa e impuestos a sangre y fuego durante la época colonial, y que supone la aceptación fatalista de unas relaciones de poder que dejan al descubierto la existencia de dos clases sociales antagónicas, que se hace ineludible trascender en favor de conquistar mayores espacios de participación democrática y de justicia social por parte de las mayorías.


Esto -de antemano- representa un proceso de descolonización cultural que, al mismo tiempo, debiera motivar un cambio sustantivo en los modos de dirigir el Estado liberal-burgués imperante, siendo éste un reflejo del modelo de dominación que excluye a las mayorías populares, por lo que tal cambio tendría que manifestarse a nivel estructural, a fin de permitir un ejercicio pleno y directo de la democracia que se plasme en todos los aspectos de la vida en sociedad.


No cabe aceptar, por tanto, cualquier medida que esté orientada a mantener inalterable el viejo orden establecido, así la maquillen de revolucionaria o de socialista. Mucho menos ha de aceptarse la práctica clientelar y demagógica, gracias a la cual los sectores populares son convertidos en trampolines para el ascenso social y económico de aquellos que sólo se interesan en su propio bienestar. Esto hace que el avance revolucionario, en general, resulte una tarea ardua y desalentadora para muchos, en especial cuando éstos carecen del entusiasmo, la constancia, la originalidad y el compromiso suficientes o mínimos que les hagan comprender la misión de forjar realmente una conciencia revolucionaria y, junto con la misma, de las acciones que definirán el curso final de una Revolución autóctona, enlazada con la memoria histórica de nuestros pueblos.


De ahí que resulte pertinente recordar a Lenin al señalar la importancia fundamental de la teoría revolucionaria para hacer la Revolución Socialista. Sin ella, la Revolución Socialista continuará siendo, indefinidamente, una quimera, un estado ideal de humanidad extremadamente difícil de alcanzar. Por eso, la Revolución Socialista no puede afianzarse solamente a través de medidas populistas, aunque persigan mitigar y solventar las necesidades materiales inmediatas de los sectores populares mayoritarios; cuestión que podría degenerar, eventualmente, en un asistencialismo pragmático permanente que terminaría por castrar las potencialidades revolucionarias del pueblo.


Si ello está orientado por un deseo particular por obtener y conservar dividendos electorales, la Revolución Socialista tendrá unos soportes bastantes endebles que harían que esta colapsara en cualquier momento, inclinando la balanza a favor del bando de la contrarrevolución. En este sentido, habría que esperar, con los pies en la tierra, que la teoría revolucionaria (sin llegar a ser dogmática) se haga sustancia viva entre el pueblo revolucionario organizado, extraída de ese proceso de descolonización cultural que debe mantenerse a través del tiempo, de modo que este mismo pueblo ya no dependa de seudos líderes revolucionarios sino de sí mismo, nutriendo con sus experiencias diarias de empoderamiento y de autogestión lo que sería entonces la Revolución Socialista en este nuevo siglo.-

LA REVOLUCIÓN COMO EXPRESIÓN CONSTANTE DE RESISTENCIA

LA REVOLUCIÓN COMO EXPRESIÓN CONSTANTE DE RESISTENCIA

Para enfrentar con éxito las tramoyas de la contrarrevolución y hacer irreversible la transición hacia el socialismo revolucionario en Venezuela, se hace necesario que los sectores populares creen redes de organización propias, dotadas de una autonomía suficiente -tanto en el sentido político como en el sentido económico- que les permita asumir un papel protagónico preponderante en la institución de un nuevo Estado, de un nuevo modelo económico y de un nuevo tipo de sociedad. Aunque habrá voces en contra (producto, básicamente, de la hegemonía ideológica capitalista), se debe insistir en ello, toda vez que sin el pueblo cualquier cambio estructural que se plantee realmente podría sufrir desviaciones y, eventualmente, obstáculos que lo harían algo imposible.


Esto nos hace rememorar lo dicho por el Comandante Hugo Chávez en 2006 en Barquisimeto, cuyas palabras mantienen total vigencia ahora: “La Revolución verdadera no es la de los fusiles, sino la de las ideas, la del estudio; ¡profundicemos la revolución moral!, ¡avancemos en la revolución social para que todos seamos iguales!, ¡potenciemos la revolución económica para que todos podamos vivir dignamente!”. Son tres los aspectos que resalta Chávez, todos unidos y orientados a asegurar que sean los sectores populares quienes finalmente dirijan, ejecuten y delineen los objetivos a cumplir por la Revolución Bolivariana, gracias a su participación y protagonismo permanentes. Logrados tales aspectos -fundamentales desde todo punto de vista- será posible transformar de una forma radical las relaciones de poder y de producción actualmente existentes, las mismas que soportan el modelo de sociedad basado en el auge del capitalismo; razón por la cual todas las luchas populares tendrían que enfocarse hacia su sustitución y demolición absolutas. Tal cosa hay que ubicarla -forzosamente- en una lucha de clases que ha de partir del carácter revolucionario que se le imprima, más aún si ésta se enmarca en la construcción del socialismo bolivariano.


Toca, por tanto, conseguir que la teoría revolucionaria del socialismo bolivariano sea ampliamente difundida, debatida y enriquecida con sus aportes prácticos y teóricos por los sectores populares organizados, confrontando la realidad de las cosas y tensionando, incluso, sus relaciones con el poder constituido. No debe ser un simple ejercicio retórico sino causa y efecto de ese deseo ancestral de alcanzar una emancipación integral, en este caso particular, de cada venezolano, al mismo tiempo que se refuerza y se sustenta el concepto de soberanía nacional. Debe ser expresión constante de resistencia y de cimarronaje frente a las pretensiones hegemónicas del capitalismo internacional, tomando en cuenta que Venezuela representa una presa codiciada por las grandes corporaciones transnacionales, por lo que no es simple casualidad la serie de ataques mediáticos emprendidos, primero, contra el gobierno de Hugo Chávez y, en la actualidad, contra el de Nicolás Maduro; divulgándose en todos los medios de información controlados por la derecha local y extranjera situaciones inexistentes que buscan explotar el malestar creado entre la población por los mismos que diariamente denuncian la ineficacia y el fracaso gubernamentales, además de una violación de los derechos humanos que sólo tiene lugar en sus mentes disociadas y en los informes emanados del gobierno imperialista de Estados Unidos.


Es cosa fácil decirlo, ciertamente, pero en todo ello radica la posibilidad de triunfo y de consolidación del proyecto emancipatorio de la Revolución Bolivariana. Quienes están al frente de las diferentes instituciones del Estado tendrían que contribuir a que esta meta pueda cumplirse en un corto plazo, acelerando los cambios revolucionarios que cada uno pueda propiciar desde los cargos que ejercen. En combinación con las organizaciones del poder popular, éstos harían más efectiva y palpable la acción revolucionaria en todos los órdenes de la vida social, lo que implicaría entonces el avance seguro de la Revolución Bolivariana con tinte socialista.-

LOS RECETARIOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LOS RECETARIOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

En Venezuela es cosa común que mucha gente se muestre preocupada por la suerte que corra el proceso revolucionario bolivariano socialista o, más sencillamente, la Revolución Bolivariana, máxime ahora cuando su conducción está en manos del Presidente Nicolás Maduro. Gran parte de esta gente espera que sus diagnósticos, advertencias y propuestas tengan eco en algún oído receptivo entre quienes asumieron la responsabilidad de dirigir las instituciones del Estado; confiada en que sus palabras servirán de algo para profundizar los diversos cambios adelantados hasta ahora y para deslastrarse de todo vicio burocrático-clientelar-cupular que se halle presente en los entes públicos. Todos apuntan a las estructuras, la composición y al modo de cómo se conduce el Estado liberal-burgués vigente, pero obvian (casi a propósito) el vital papel que le toca jugar al pueblo organizado en toda revolución que se considere verdadera, por lo cual sus recetarios para llevarla a cabo se limitan a ser un mero ejercicio retórico.


Ante ello, es importante entender que mucho de lo planteado respecto a la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo bajo el socialismo bolivariano debe diferenciarse ampliamente de las experiencias históricas sucedidas en otros tiempos y otros países, aunque existan similitudes que nos hagan creer que deba hacerse lo mismo en Venezuela. Ya en su momento, el Libertador Simón Bolívar, al igual que organizaciones revolucionarias de la época de la lucha guerrillera de las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado, como el PRV-Ruptura, los Comandantes Hugo Chávez y William Izarra, y el General Francisco Visconti, llegarían a la conclusión que la revolución venezolana tendría que nutrirse esencialmente de la historia de las luchas populares ocurridas desde el momento mismo que Guaicaipuro y los pueblos aborígenes se enfrentaran a los invasores europeos, pasando por la lucha de resistencia protagonizada por los negros esclavizados. En este entendimiento compartido pudiera rastrearse lo que requiere la Revolución Bolivariana para consolidar y ampliar sus grandes objetivos de transformación, sin que ello represente un desprecio total respecto a los aportes teóricos y prácticos provenientes de otras experiencias revolucionarias volcadas también a la construcción de una verdadera alternativa revolucionaria frente al capitalismo imperante.


Es más: todos los recetarios recomendados debieran partir de lo que hace, o buscan hacer, los sectores populares organizados y no sólo de la lectura fascinante de algún autor revolucionario afamado. Lo que se precisa es, en un primer plano, desmontar todo el andamiaje cultural levantado desde la época colonial hasta ahora, cuando la gran maquinaria propagandística que es Hollywood ha convencido a un número considerable de personas sobre las bondades del “american way of life” y de la fatalidad del imperialismo gringo. Esto nos conduciría a explicarnos desde nuestra propia historia lo que intentamos constituir en suelo venzolano, con nuevos paradigmas que den cuenta de la necesidad urgente de definir nuestra democracia mestiza, con conceptos endógenos que se desarrollen y revisen continuamente, de manera que se concrete -definitivamente- la nueva realidad creada por la Revolución Bolivariana Socialista.-

RENOVAR EL SOCIALISMO AL CALOR DE LA LUCHA POPULAR

RENOVAR EL SOCIALISMO AL CALOR DE LA LUCHA POPULAR

Iñaki Gil de San Vicente, en artículo publicado en www.rebelión.org, titulado "Origen y presente del socialismo", da cuenta que "el socialismo está siempre en adecuación y adaptación porque el capitalismo, su enemigo mortal, se adapta y adecúa permanentemente. La lucha de clases es movimiento continuo a partir de las contradicciones sustanciales del capitalismo, lo que hace que la teoría socialista deba (re)crearse, descubrir e integrar los brotes que emergen de las raíces y las vivifican. Por esto, está condenada al fracaso cualquier definición cerrada, fija, dogmática del socialismo. La lucha de clases es la que impulsa con sus lecciones prácticas el enriquecimiento teórico del socialismo". Esto que, a simple vista, pudiera calificarse de esencial, resulta para algunos una cuestión casi indescifrable, carente de importancia y, por consiguiente, nada atractivo, a pesar de estar -aparentemente- comprometidos en la lucha por el socialismo revolucionario y por la construcción de una sociedad (post-capitalista) de nuevo tipo.

La actual situación que se está viviendo a nivel mundial con el reposicionamiento del capitalismo neoliberal (con sus secuelas de guerras, invasiones, amenazas a la soberanía de naciones, cuyos gobiernos buscan transitar un camino propio, y el resurgimiento del fascismo como opción preferente para imponer regímenes más adecuados a sus propósitos hegemonistas y de explotación, además de los trabajadores, de recursos naturales estratégicos), requiere que la teoría del socialismo esté renovándose al calor de las diferentes luchas populares esparcidas a lo largo y ancho de nuestro planeta. No puede concebirse, por tanto, que se crea obsoleto al socialismo sin antes intentar adecuarlo debidamente a las nuevas realidades que confrontamos actualmente, dispersándonos en disgregaciones que no resultan nada prácticas, imposibilitando que los sectores populares alcancen a tener herramientas apropiadas para derrumbar el orden social vigente.

Esto nos conduce a renovar lo expuesto por José Carlos Mariátegui respecto a que el socialismo en nuestra América no debía copia ni calco, algo que también buscó lograr el Comandante Che Guevara y, en los tiempos más recientes, el Presidente Hugo Chávez, tratando de edificar un modelo endógeno, diferenciado del existente en su momento en la extinta URSS. Sin embargo, hay que mencionar que la labor intelectual de teóricos del socialismo -aunque esté más ajustada a la realidad de su época y a sus países de origen- no es del todo desdeñable, como algunos pretenden, invocando cierta autonomía, pero sin desprenderse mucho del cúmulo de conocimientos adquiridos gracias a la ideologización capitalista. Una contradicción que exige solventarse, si realmente se quiere trascender el sistema dominante del capitalismo. Por ahora, lo que queda entender es que si al socialismo revolucionario no se le inyecta la comprensión y definición de las diversas luchas sociales del presente (no sólo las protagonizadas por los trabajadores contra la hegemonía del capital), obtenida de un serio debate, actualizado de forma permanente y que no de pie a dogmas rígidos que no puedan cuestionarse bajo ningún concepto; podrían algunos llegar a pensar que éste (al igual que durante el colapso del bloque soviético) que éste ya no tendría ninguna esperanza qué ofrecerle a la humanidad entera.-