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¿CON QUÉ CUENTA LA OPOSICIÓN?

¿CON QUÉ CUENTA LA OPOSICIÓN?

            En su terquedad para derrotar y derogar todo lo hecho por el proceso revolucionario bolivariano socialista, la oposición ha ideado una y otra fórmula a lo largo de quince años, tropezando siempre con el fracaso. Sin embargo, esto no amilana sus intenciones, contando con el auxilio siempre a la mano de representantes de la extrema derecha internacional y -cosa nada rara- del imperialismo yanqui. Para la contrarrevolución resulta más efectivo que dicha situación sea permanente, con sus altibajos, de manera que el gobierno venezolano tenga que ocuparse de ella mientras la población chavista -a pesar de conocer lo que debe hacer para expandir los logros revolucionarios- tiene que lidiar con los problemas estructurales generados por el sistema capitalista impuesto en el país, de tal suerte que la mayoría de las veces tiene que confrontar a una dirigencia y a un funcionariado sólo ocupados en su propio bienestar. Esto último pareciera constituir la baraja de triunfo de los grupos opositores, apostando éstos a que ello cause un mayor descontento del existente entre los sectores populares, quienes se verían defraudados y dispuestos a emitir un voto masivamente contrario a la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como se estilaba en el escenario electoral antes de la victoria de Hugo Chávez en 1998.

            No obstante, hay que considerar que, aun con las fallas presentes en la gestión gubernamental en sus diferentes niveles, un amplio segmento de la población sigue respaldando el proyecto político diseñado por el Comandante Chávez, lo que hace ilusoria cualquier tentativa de parte de la contrarrevolución para acabar con el mismo. Esta feliz circunstancia choca con los intereses de un estamento político que también maniobra con todos los recursos a su alcance para impedir que la revolución bolivariana sea una realidad cotidiana, sobre todo en lo que respecta a la organización del poder popular por medio de las comunas, cuestión que coloca a las bases chavistas entre dos aguas, por lo que estarían obligadas a definir su rol revolucionario, a pesar de todos los obstáculos con que puedan tropezar debido a unos u otros, “chavistas” u opositores.

            Ahora la oposición pretende, una vez más, conseguir unas elecciones presidenciales anticipadas, por lo que su anuncio de recolectar firmas para lograr la convocatoria a una nueva asamblea nacional constituyente representaría un primer paso en esta dirección, lo cual serviría de excusa para provocar mayores disturbios callejeros al no ver satisfecho su objetivo, ya sea porque el Consejo Nacional Electoral no reconozca la validez de dicha convocatoria o porque, sencillamente, no alcance el resultado electoral esperado. ¿Con qué contaría entonces la oposición? Inevitablemente habría que suponer que con una agenda extraconstitucional, acelerando las condiciones de ingobernabilidad en Venezuela que harían desear un cambio para conjurarlas, si antes las fuerzas revolucionarias no saben interpretar el momento histórico en que se halla este país y actúan en consecuencia para hacer la revolución popular y socialista que se procura.-  

 

TRIUNFO DE VENEZUELA EN LA ONU: BOLIVARIANISMO CONTRA DOCTRINA MONROE

TRIUNFO DE VENEZUELA EN LA ONU: BOLIVARIANISMO CONTRA DOCTRINA MONROE

Los 181 votos a favor que permitieron que la República Bolivariana de Venezuela fuera elegida para ocupar un puesto como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU representan un triunfo para nuestro país a pesar de las matrices de opinión que tratan de imponer una mala imagen del gobierno nacional y de lo que es el proceso revolucionario bolivariano. Asimismo, debe entenderse que ello es una contundente respuesta del conjunto de 181 países de los 193 que participan en la Asamblea General de las Naciones Unidas contraria a la política agresiva e imperialista de Estados Unidos y de sus aliados europeos, quienes se han encargado de delinear situaciones que van en contra de los postulados fundamentales del derecho internacional y de la propia ONU, socavando así la estabilidad de la paz mundial para satisfacer sus intereses y amenazando con desatar una guerra mundial de consecuencias impredecibles para toda la humanidad.

Por otra parte, puede afirmarse que tal triunfo es un reconocimiento a la política exterior venezolana, la cual se ha caracterizado por fomentar un proceso de integración y de cooperación con las naciones de nuestra América y del Caribe, siguiendo la doctrina iniciada por el Libertador Simón Bolívar, todo ello concretado en la creación de organismos multilaterales como la CELAC y UNASUR que han frenado hasta ahora las apetencias neocoloniales estadounidenses en nuestro continente. Esto, por supuesto, hará que el gobierno de Barack Obama continúe estimulando las acciones desestabilizadoras de la oposición en este país, tomando en cuenta que Evo Morales fuera ratificado como Presidente de Bolivia para un nuevo período, cuestión que habla mucho de una irreversibilidad de los cambios producidos en las últimas décadas en nuestra región, teniendo como ejemplo a lo iniciado en Venezuela por el Comandante Hugo Chávez. Es, innegablemente, un enfrentamiento ideológico entre el bolivarianismo que repotenció brillantemente el Presidente Chávez y la doctrina Monroe mediante la que pretende el imperialismo gringo justificar su vieja ambición de apoderarse de toda nuestra América, convirtiéndola en un apéndice de su territorio.

También cabe decir que este triunfo diplomático de Venezuela constituye una derrota para quienes, por más de una década, han difundido la idea que ésta se halla aislada internacionalmente, producto supuestamente de la continua violación de los derechos humanos de gente de la oposición que es perseguida, torturada y encarcelada sin ningún procedimiento legal. El hecho es que esta elección de Venezuela al Consejo de Seguridad de la ONU pone en evidencia que esto es totalmente falso, así la oposición y el Departamento de Estado de Estados Unidos inunden las redes sociales y los diferentes medios de información con mentiras que se caen por su propio peso.-

 

“LA REVOLUCIÓN NO SE LLEVA EN LOS LABIOS”

“LA REVOLUCIÓN NO SE LLEVA EN LOS LABIOS”

El Che siempre resulta adecuado cuando se trata de hablar de la revolución socialista. Sus escritos son resultado de sus propias experiencias y reflexiones, sobre todo de aquellas que compartiera con Fidel y el pueblo de Cuba -en la Sierra Maestra y luego al conformarse el nuevo gobierno revolucionario que sacudió las conciencias adormecidas de nuestra América-, enfrentando al más poderoso imperio que la historia haya jamás conocido: Estados Unidos. A la par de ello, su ejemplo de combatiente guerrillero, internacionalista y antiimperialista, sigue más vigente que nunca, cuestión que no han podido minimizar ni deslucir las más enconadas campañas mediáticas orquestadas desde la contrarrevolución para hacer del Che Guevara una imagen inocua que bien puede lucirse en una camiseta sin alterar nunca el statu quo.

Pese a los años, Che enriquece esa búsqueda constante por acceder a un mejor modo de vida bajo los ideales revolucionarios del socialismo. Lo que escribiera en su época sirve de brújula para sortear algunos obstáculos que puedan presentarse en cualquier latitud del planeta durante el período de la construcción de la transición hacia el socialismo, tomando en cuenta que algunas de sus advertencias respecto al mismo (negadas desde la ortodoxia marxista-leninista) se verificaron una vez producida la implosión de la Unión Soviética y del bloque de repúblicas bajo su hegemonía política. De ahí el interés desatado por muchos revolucionarios en torno a sus observaciones críticas en relación al modelo económico implantado en la URSS y el que debía construirse en Cuba considerando sus especificidades, sin calcos automáticos que hicieran de camisas de fuerzas.  

Pero lo más relevante del Che Guevara quizás sea su posición en cuanto a la nueva moral de la cual debían ser modelos los revolucionarios. Según él, “La revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella”. Frase ésta que ha tenido una gran difusión hasta ahora en todo el mundo, sobre todo en nuestra América, sirviendo para descubrir a los oportunistas y reformistas que desnaturalizan los objetivos primordiales de la revolución a su favor, traicionando la confianza puesta en ellos por los sectores populares. Además de esto, también ha servido para concitar a muchos revolucionarios a mantenerse firmes en sus convicciones, independientemente de las circunstancias amargas que pudieran vivir en medio de la lucha revolucionaria por la conquista del poder y la emancipación integral de nuestros pueblos. Con esta ideología hecha carne y hueso en sí mismo, el Che Guevara es uno de los revolucionarios teóricos más auténticos y completos de quien pudiéramos obtener enseñanzas permanentes. Como complemento, igualmente pudiéramos citar de él: “nosotros no podemos ser hijos de la práctica absoluta, hay una teoría; que nosotros tengamos algunas fallas, algunos motivos de discusión de algunos de los aspectos de la teoría, bueno, pues, perfecto, para poder hacer eso hay que conocer aunque sea un poquito de teoría. Ahora, inventar la teoría totalmente a base de la acción, solamente eso, es un disparate, con eso no se llega a nada…”  No podría ser menos el Che: hombre de acción y de pensamiento en función de la construcción de la sociedad socialista y de la humanidad nueva.-

FRENTE A LA OFENSIVA OPOSITORA, UNA REVOLUCIÓN MAYOR

FRENTE A LA OFENSIVA OPOSITORA, UNA REVOLUCIÓN MAYOR

Tanta es la preocupación que siempre ha embargado a los grupos opositores por derrocar al Presidente Nicolás Maduro que ya no la disimulan y por eso, llevados por su extremado fanatismo (alimentado a través de diferentes medios de información), no toman partido por ninguna medida que éste implemente en beneficio de la población venezolana en general. Así, buscan sembrar en el ánimo popular la idea que Venezuela está arruinada, en un callejón sin salida y al borde de un caos social, político y económico por culpa exclusiva de los desaciertos de Maduro, a pesar que éste promovió diálogos de entendimiento con el sector privado y la misma oposición para capear la crisis que estos últimos iniciaran desde el año pasado. Esto, lamentablemente, no ha podido conjurarse por completo. Hasta ahora, muchos chavistas y revolucionarios se han limitado al discurso, pero poco a las acciones que fomenten el poder popular en toda su dimensión creadora, sin atarlo a intereses grupales o personalistas que resulten totalmente contrarios a lo que debe ser la revolución bolivariana socialista en definitiva. Al mismo tiempo, éstos tendrían que contribuir a la contraofensiva del gobierno nacional en la guerra económica montada por los grupos de la oposición, ejerciendo la contraloría social y evitando que alguna gente inescrupulosa se dé a la tarea de aprovecharse de la necesidad de usuarios y consumidores sin pensar que están ayudando inconscientemente a crear las condiciones que aumentarían las posibilidades de una explosión social que, a la larga, los afectaría a todos por igual.

Indudablemente, esta situación de guerra económica ha podido ser contrarrestada de alguna forma, gracias a las previsiones estratégicas del Comandante Chávez, las cuales facilitaron una redistribución más equitativa de la renta petrolera en Venezuela, resultando así beneficiado un amplio porcentaje de la población, especialmente aquella que fuera marginada durante décadas por las elites gobernantes. Esto habría que enfatizarlo toda vez que se pueda, a pesar de las innegables deficiencias y contradicciones que presente el proceso revolucionario bolivariano socialista.

De ahí que sea necesario que los diversos factores revolucionarios lleguen a comprender que, frente a la ofensiva opositora y la falta de un verdadero compromiso político con el proceso revolucionario bolivariano socialista entre muchos de los funcionarios de la administración pública, se impone desarrollar unitariamente una política revolucionaria junto al pueblo en la calle. Al mismo tiempo, es preciso que se promueva un rearme político-ideológico de los sectores populares, de manera que estos ayuden a determinar objetivamente cuáles son aquellos elementos que pudieran estar afectando el avance revolucionario en todas las instancias posibles, lo cual le daría, sin duda, un reimpulso significativo a todas las conquistas alcanzadas durante estos últimos quince años, abarcando todos los ámbitos de la vida nacional y combinando lo político con lo social.-

LAS NUEVAS FRONTERAS DE ESTADOS UNIDOS

LAS NUEVAS FRONTERAS DE ESTADOS UNIDOS

Es un secreto a voces que Estados Unidos busca mantener, reforzar y ampliar su hegemonía a nivel mundial. Esto ha impulsado al complejo militar-industrial que gobierna a Estados Unidos a emprender, a la vista de todos y con la bendición de la ONU y el acompañamiento incondicional de la OTAN, de una expansión militar sin precedentes en su historia particular, la cual -por lo inmediato- se hace sentir desde hace algo más de dos décadas consecutivas y con absoluta impunidad en los países de Asia, con un énfasis especial en la región del Medio Oriente, donde la presencia de una organización extremista como Daesh (mejor conocida como Estado Islámico) le sirve de excusa perfecta para incrementar sus acciones militares en “defensa de la comunidad internacional”, haciendo olvidar su responsabilidad directa en los acontecimientos que en dicha región tienen lugar.

De esta forma, la elite gobernante gringa demuestra su disposición de aplicar lo se ha dado a conocer como la “teoría del caos constructor” (o constructivo), la cual no es otra cosa que el plan diseñado por Washington para remodelar las fronteras, en este caso, de las naciones del Medio Oriente, teniendo en cuenta la riqueza petrolera allí existente, por lo que no es ninguna casualidad que naciones como Afganistán, Iraq, Libia y Siria sean blanco del mismo. Para esto, Estados Unidos ha desconocido y aplicado a su total conveniencia las normativas contempladas en los Convenios de Ginebra, además de sus Protocolos de 1949 y 1977, respecto a la “humanización” de la guerra, e incluso haciendo accesoria la autorización del Congreso al presidente para que ordene la agresión militar contra cualquier país soberano.

Así, considerando al planeta entero como su actual teatro de operaciones, el Pentágono se ha permitido rediseñar la doctrina militar que le fuera característico durante largos años, a tal punto que ha preponderado el número de efectivos activos y de equipos de sus fuerzas navales en cada mar y océano de la Tierra, sumado a la diseminación de bases militares de todo tipo que -como en la amplia geografía de nuestra América- tienen por misión primordial “custodiar” aquellas zonas con profusión de recursos estratégicos para los intereses y el estilo de vida capitalista estadounidenses. Bajo tal lineamiento imperialista y neocolonialista, las fronteras de Estados Unidos se han extendido a todos los continentes, lo que ya ha causado serias fricciones, por ejemplo, con Rusia, la cual se ve cercada y amenazada por vecinos alineados con los dictados gringos, así ello provoque eventualmente un conflicto bélico de incalculables consecuencias para toda la humanidad, aún mayores a las sufridas con la Primera y la Segunda Guerra Mundiales. Por tal motivo, a la humanidad y, por supuesto, a todos los gobiernos, no les debe ser indiferente lo que haga la Casa Blanca en su pretendida guerra contra el terrorismo internacional, puesto que ello sería como otorgarle la aprobación a sus pretensiones imperialistas y neocolonialistas de expandir sus fronteras “naturales” a costa de la soberanía de las demás naciones del mundo, esgrimiendo como argumento válido su presunto “destino manifiesto”.-   

 

¿REFORMISTAS DE PRIMERA, REVOLUCIONARIOS DE SEGUNDA?

¿REFORMISTAS DE PRIMERA, REVOLUCIONARIOS DE SEGUNDA?

Ciertamente, las múltiples trabas y ataques que sufriría cualquier experiencia revolucionaria tendrían que provenir, obviamente, de parte de los sectores dominantes y conservadores desplazados del poder. Lo duro y lo decepcionante es que esto lo protagonicen aquellos que, de una u otra manera, ocupan cargos de gobierno y de dirección política cuando lo lógico es que cada uno de ellos debería contribuir efectivamente con el avance revolucionario y la construcción socialista de una nueva sociedad. De persistir tal situación, la experiencia revolucionaria correría el riesgo de ser secuestrada por el reformismo que, en este caso, es lo mismo que la contrarrevolución, suscitándose entonces la paradoja de ver reformistas reconociéndose a sí mismos como personas de primera mientras que a los revolucionarios (sobre todo, a aquellos con una formación político-ideológica forjada a través del estudio y la lucha permanentes) se les ve y confina a un segundo plano, desestimando de antemano sus posibles aportes en la misión de transformar radicalmente el modelo de sociedad y Estado actualmente imperante, diseñado éste según los intereses capitalistas.

En nuestra América desde largo tiempo se ha reaccionado en contra del modelo civilizatorio impuesto por Europa y reforzado (para satisfacción de sus intereses) por el imperialismo gringo, lo que supuso el desarrollo de una gama de protestas e insurrecciones populares que sólo han cesado parcialmente en l actualidad gracias al surgimiento de gobiernos de inspiración izquierdista y/o centroizquierdista que buscan diferenciarse de sus antecesores conservadores y neoliberales. Esto ha llevado a plantearse seriamente la erradicación del viejo sistema político que excluyó por más de un siglo a los sectores populares y favoreció ampliamente a unas elites oligárquicas enlazadas descaradamente con los grandes centros de poder hegemónicos, especialmente de Estados Unidos, lo que convirtió a nuestras repúblicas en semicolonias de éstos, con una alta dependencia respecto a los mismos. Esta convicción comenzó a extenderse en las últimas décadas entre nuestros pueblos, a tal grado que hoy resultaría prácticamente imposible volver a las situaciones del pasado sin que esto llegue a provocar una sublevación popular incontenible. De ahí que, en correspondencia con ese estado de ánimo generalizado de nuestra América, tal como lo señala Marta Harnecker en su laureado libro Un mundo a Construir (nuevos caminos), “tenemos que crear un sistema político de representación, o delegación, pero éste debe ser muy diferente al sistema democrático burgués. Este último concibe a sus representantes como profesionales de la política y, por lo tanto, considera que deben recibir una remuneración por su desempeño y, una vez electos, su mandato es exclusivamente unipersonal, alejado de sus electores a los que sólo vuelven a contactar en un periodo electoral. El sistema de delegación o vocería que se propone como alternativa es la antítesis de estas concepciones y prácticas: las personas electas como representantes, delegados o delegados, voceros o voceras, deben mantenerse ligadas a sus bases, las que, a su vez, deben supervisar y guiar su trabajo y prevenir su burocratización. No un mandato libre por un cierto tiempo como los representantes burgueses, sino que deben guiarse por las decisiones y orientaciones de sus electores quienes deben evaluar su desempeño de acuerdo a las tareas que le van asignando. Esto es lo que los zapatistas han querido significar al plantear que hay que mandar obedeciendo”.

Por ello, al suscitarse una situación propiamente revolucionaria, con signos evidentes de querer construir realmente una nueva sociedad bajo los ideales socialistas en nuestra América, afloran en lo inmediato las contradicciones, las debilidades y las inconsistencias ideológicas, siendo todas ellas producto del tipo de cultura heredado, por lo que muchas veces el hecho revolucionario sólo se refleja en el discurso, mas no en la práctica. Indudablemente, tal circunstancia ocasiona un choque de visiones e intereses que termina por confundir a los sectores populares, dada su escasa o nula conciencia político-ideológica que los lleva a preferir a quienes le aseguren (aunque luego incumplan) la satisfacción de alguna pronta necesidad material, cuestión que acaba por brindarle oportunidades al bando contrarrevolucionario, cuando el compromiso debiera ser transcender la vieja práctica política burguesa y sus reglas de juego mediante un programa de contenido revolucionario, en articulación con los niveles de organización y de conciencia alcanzados por los sectores populares, manteniéndose en el tiempo y sirviendo de brújula para la acción revolucionaria permanente, lo que evitaría el reformismo y haría posible, en consecuencia, el surgimiento de una sociedad socialista de nuevo tipo.-

EL USO Y ABUSO DEL SOCIALISMO Y LA PROPAGANDA CAPITALISTA

EL USO Y ABUSO DEL SOCIALISMO Y LA PROPAGANDA CAPITALISTA

Sin necesidad de ser contrarrevolucionario, no sería difícil inferir que el uso y abuso del término socialismo, al igual que el de revolución, muchas veces funciona como cortina de humo para no hacer nada que trastoque (aún en lo más mínimo o básico) el sistema de democracia burguesa imperante, sirviendo de justificativo para esconder una simple ambición de poder y el deseo mezquino de conservarlo a toda costa. Esto, en momentos que los grandes centros del capitalismo mundial busca convertir al planeta entero en parte fundamental de su propiedad particular (en una combinación poco estudiada de alianzas, estrategias, tácticas y características que requeriría de un nuevo Karl Marx y un nuevo Friedrich Engels que la desentrañe con criterio científico), hace falta comprender que el tránsito al socialismo implica, incluso, su trascendencia histórica, lo cual no debe ni puede limitarse únicamente a la perspectiva electoral, haciéndole el juego, por consiguiente, a la democracia burguesa que se pretende superar y erradicar de raíz. Tal cosa ha hecho que mucha gente (incluso ilustrada) lo considere algo inútil de enfrentar, entendiéndolo como inevitable, casi que predestinado por fuerzas extrañas a la naturaleza humana. Así, en palabras de Oscar Enrique León en su libro Democracia burguesa, fascismo y revolución, “lo que el neoliberalismo hacía, y aún hace, era sustituir la idea de que el mundo mejor estaba por venir por la de que ya había llegado. Sólo que era uno un poco más estrecho de lo que todos habían supuesto, en éste no cabrían todos y no era tan mejor como lo habríamos deseado. Habría que luchar por él, claro, pero no en el terreno de la historia, sino en el de la economía y la democracia burguesa, y hacerlo como manda la naturaleza, comiéndose los unos a los otros. Con esta estética caníbal, no ya de corte darwinista, sino más bien de usurero shakesperiano, esperaba el neoliberalismo pasar por científico; trocar la noción política y moral de explotación y la injusticia en evidencia de sabiduría”.

Ciertamente, en ello ha influido bastante la maquinaria propagandística del capitalismo, la cual induce a un grueso sector de la población a aspirar, a esforzarse y a competir casi salvajemente a fin de poder gozar y merecer un modo de vida fácil, plena de abundancia y de comodidades materiales, haciéndole creer que ésa ha de ser su máxima y única meta por alcanzar, así esto signifique ser víctima de la más aberrante alienación, mercantilización y esclavitud bajo la lógica del capital. Sin embargo, hay esperanzas concretas que tienden a multiplicarse gracias, precisamente, a la avidez insaciable del capitalismo, especialmente financiero, de apoderarse de todo y colocarle un precio que a las grandes mayorías les resulta cada vez más difícil de cubrir, menos cuando se les exige despojarse de derechos sociales, políticos, económicos y culturales que tienen tras de sí una larga lucha acumulada por conquistarlos y que les garantizaba -al menos, en teoría- un nivel de existencia soportable.

Al respecto, habría que recordar también que la indignación de grandes contingentes de seres humanos en oposición a las pretensiones fascistoides de las grandes corporaciones capitalistas mundiales poco ha incidido en una toma de conciencia colectiva que deslegitime por completo, de un modo radical, las bases legales, culturales e ideológicas que sostienen todavía al capitalismo, cosa que dificulta una acción revolucionaria contundente y sostenida contra el mismo que permita pensar que algún día será posible su eliminación. Nuestra América, en este caso, ya está abriendo brechas en este sentido, lo que habla de una revuelta generalizada contra el hegemonismo capitalista que ya dura más de veinte años en nuestros países, rompiendo los moldes de lo que ha sido hasta ahora el camino de la revolución emancipatoria de la humanidad, mal que le pese a muchos de sus detractores, antiguos y recientes, quienes -quizás sin saberlo- se hallan imbuidos de una visión ahistórica, estática y, por ende, desmemoriada que posibilita combatirlos con mayor facilidad al no disponer de un proyecto histórico propio.

LA REVOLUCIÓN: UNA GUERRA EN DIFERENTES FRENTES

LA REVOLUCIÓN: UNA GUERRA EN DIFERENTES FRENTES

 

Tras ser regida durante un tiempo prolongado gracias a una concepción eminentemente elitista y autoritaria que le permitió a los sectores dominantes del país asegurarse -a sangre y fuego, incluso- el usufructúo del poder, Venezuela transita ahora la búsqueda y construcción colectiva de un nuevo tipo de sociedad y de Estado, esta vez de carácter socialista. Esto ha conseguido remecer los cimientos del orden establecido (ya agrietado desde 1989), dado el impulso que le imprimió en todo tiempo el Comandante Hugo Chávez a los sectores populares para alcanzar sus viejos sueños de liberación y de justicia social, cuestión que supone librar mayores luchas y cambios que terminen por profundizar y consolidar los cambios logrados hasta ahora. No obstante, la vieja cultura populista y demagoga aún se mantiene viva, mermando las potencialidades de la democracia participativa y protagónica establecida constitucionalmente al dársele cabida al clientelismo político, a la mediocridad intelectual y al burocratismo ineficiente, representados por muchos gobernantes y dirigentes políticos.

Por eso, el proceso revolucionario bolivariano socialista ha enfrentado, desde un primer momento, una guerra en diferentes frentes, tanto externos como internos, siendo éstos últimos los de mayor dificultad, en vista que sus protagonistas asumen ser revolucionarios y chavistas, muchos ubicados en posiciones de dirección política y de gobierno, que con su doble moral causan mayores estragos entre las bases militantes del chavismo que las mismas acciones desestabilizadoras de la contrarrevolución. En relación a ello, vale la pena citar lo escrito por Farruco Sesto en sus notas sobre el arte de gobernar en revolución escritas con la ayuda de un diablillo al oído “el uso del poder es una verdadera radiografía de la condición revolucionaria de quien lo ejerce. Porque el poder es del pueblo. Quien se lo devuelve cada día, está en la revolución. Quien cada día lo secuestra, esta con la revolución. Quien cada día ejerce el poder con sabiduría y humildad acierta. Quien lo ejerce con torpeza y soberbia (que suelen ir juntas) se equivoca de pleno. (…) hay algunos cuadros en funciones de gobierno que no merecen estar allí. Pues en el uso del poder han revelado su verdadera naturaleza reaccionaria”. Más claro no canta un gallo. Esto ha impactado de modo negativo en la percepción que se tiene respecto a la viabilidad del socialismo revolucionario en Venezuela, causando algunas deserciones y decepciones atentan contra el mismo al dejarle espacios vacíos a la derecha, lo cual es reflejo de la falta de un compromiso revolucionario acérrimo que impida alguna restauración del viejo régimen puntofijista o su versión remozada.

Por supuesto, en esta guerra que se libra en diferentes frentes -que es la revolución socialista bolivariana- se debe exigir un mayor nivel de formación de una conciencia revolucionaria que facilite atacar las desviaciones, inconsistencias y debilidades presentes en el proceso revolucionario socialista y, en consecuencia, aportar propuestas factibles que permitan superarlas y erradicarlas de modo definitivo. Sin embargo, esto no debe ser algo transitorio sino una iniciativa permanente de parte de todos los revolucionarios, cuya meta no sea otra que la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo, inclusiva, democrática, participativa y, por supuesto, socialista.-