Blogia

Homar_mandinga

LA NECESIDAD HISTÓRICA DEL 4F

LA NECESIDAD HISTÓRICA DEL 4F

A pesar de la aparente estabilidad que arropaba al régimen representativo en Venezuela, en medio de dictaduras patrocinadas por el Departamento de Estado, el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, ¿quién imaginaría que en 1992, un 4 de febrero, un grupo de batallones comandados por una elite de brillantes oficiales de las Fuerzas Armadas Nacionales se desplazarían desde sus sedes hacia diversos sitios de Venezuela y estremecerían la conciencia de todos los sectores sociales, reprimidos, fatalizados y, hasta, adormecidos por la corrupción administrativa de los estamentos gobernantes desde 1958? Alguna gente preocupada por la grave descomposición moral, social, política y económica del país había advertido previamente tal eventualidad, tratando de influir en el ánimo de la clase gobernante para que se pusieran en ejecución los correctivos pertinentes, evitándose así una situación mayor a la ocurrida el 27 y el 28 de febrero de 1989 cuando los sectores populares enfrentaron en la calle la aplicación a rajatabla de las medidas económicas neoliberales que le impusiera el Fondo Monetario Internacional (FMI) al entonces presidente Carlos Andrés Pérez para capear la crisis económica nacional, acrecentando aún más la deuda externa, a pesar de los ingresos generados por la venta de petróleo. Tal descomposición generalizada también se manifestó en los cuarteles. Muchos oficiales con méritos profesionales vieron truncadas sus carreras militares al favorecerse a otros con vinculaciones con los partidos políticos gobernantes, Ad y Copei, incluso sabiéndose de su incapacidad y de su falta de integridad y de formación castrense para dirigir las Fuerzas Armadas; teniendo muchos que solicitar su pase a retiro ante la imposibilidad de ascender sin someterse a lo que consideraban una humillación ante congresistas indudablemente corruptos. Además de ello, estaba el factor social, ya que la mayoría de los oficiales y suboficiales, a diferencia de otros países, provenían de estratos medios y bajos de la sociedad venezolana, lo cual influyó en la decisión tomada, inspirados en las ideas y ejemplos del Libertador Simón Bolívar, el Maestro Simón Rodríguez y el General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora. Esto último fue compartido por los combatientes del Partido de la Revolución Venezolana y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (PRV-FALN), entre otros, que forjaron la guerra de guerrillas contra el bipartidismo adeco-copeyano desde los años sesenta hasta los años ochenta del siglo pasado, redefiniendo ideológicamente la lucha revolucionaria que debía emprenderse en Venezuela.

La fragua de la insurgencia del 4F no obedecía, por tanto, a una simple ambición de poder, tan típica del generalato de las fuerzas armadas de nuestra América, azuzados, entrenados y legitimados por el gobierno estadounidense. Esto cambió totalmente el panorama nacional al comprenderse los verdaderos objetivos que inspiraron a los integrantes del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), comandados por los Tenientes Coroneles Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta Hernández, además de oficiales medios y suboficiales, en conexión con algunos grupos políticos de izquierda.  Ello fue programándose desde hacía una década. Sin embargo, ya habían experiencias previas de captación de militares activos por parte del Partido Comunista de Venezuela (PCV), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y, finalmente, el PRV-FALN con el deliberado propósito de producir una insurrección cívico-militar-religiosa que permitiera causar cambios sustantivos en la nación venezolana bajo la perspectiva del nuevo socialismo revolucionario, enriquecido con el ideario de Bolívar, Rodríguez y Zamora, además de otros teóricos y combatientes revolucionarios de nuestra América y el mundo.

       Kléber Ramírez Rojas, ex combatiente del PRV-FALN ligado en un principio al MBR-200 durante la clandestinidad, autor del libro Venezuela, la Cuarta República (o la total transformación del Estado) en 1991, que sirvió de guía de formación y discusión a los militares rebeldes, y redactor de algunos decretos que se pondrían en vigencia con el nuevo gobierno revolucionario, explica en su obra Historia documental del 4 de Febrero, que “el 4F no coronó el propósito inmediato de la toma del poder, pero puso al descubierto el mar de fondo de las contradicciones con que se dirige a la nación venezolana y fue una sacudida política de tal magnitud que revitalizó la potencialidad de este pueblo imaginativo y peleador. Desde este punto de vista, ese acontecimiento fue una necesidad histórica. El 4F dotó a la nación de un objeto estratégico en lo político: la nueva democracia, y anuló la validez de los viejos planteamientos de todos los partidos existentes”. En tal sentido, los hechos posteriores han justificado plenamente esta primera insurrección cívico-militar (luego acontecería la del 27 de noviembre). Justificación que se expresa a través de los diferentes logros populares que han modificado la realidad social, política, cultural y económica de Venezuela bajo el liderazgo del ahora Presidente Hugo Chávez, pero que todavía requieren de mayores niveles de participación, de organización y de toma de conciencia revolucionaria, de modo que se alcance definitivamente la emancipación integral del pueblo venezolano.-    

¿SERÁ CAPAZ EL CHAVISMO DE EMULAR A CHÁVEZ?

¿SERÁ CAPAZ EL CHAVISMO DE EMULAR A CHÁVEZ?

La incógnita originada a raíz del estado de salud del Presidente Hugo Chávez y la perspectiva de unas nuevas elecciones presidenciales ante la imposibilidad que éste no pueda seguir dirigiendo el gobierno de Venezuela obliga a todos sus seguidores a plantearse seriamente si le darán o no continuidad al proceso revolucionario bolivariano, generando mayores mecanismos de participación popular y unas relaciones de producción que ayuden a erradicar la explotación capitalista. Con mayor énfasis en ello debiera actuar la actual dirigencia chavista, tomando en cuenta que -tras más de una década ininterrumpida- el proceso revolucionario bolivariano produjo mejoras sustanciales de las condiciones de vida de una amplia gama de familias venezolanas (incluso de aquellas que son propietarias de grandes medios de producción, las cuales han incrementado sus ganancias anuales, y aun así siguen adversando abiertamente al régimen de Chávez). Pero ello no es suficiente ni debe ser lo máximo que se podría aspirar alcanzar, a imitación de cualquier otro proceso de carácter nacionalista y socialdemócrata. La interrogante, por consiguiente, tendería a despejarse en la misma medida que el chavismo sea capaz de asumir decididamente el compromiso histórico de construir el socialismo revolucionario del siglo XXI.

El chavismo entonces tendrá que comprender que la unidad lograda por el carisma de Chávez debe concretarse mediante la elaboración, el debate y la ejecución de propuestas revolucionarias viables, a fin de asegurar la transición que haga definitivo el socialismo, en las cuales se remarque y respete la vital importancia de los sectores populares en la sustentación y orientación del proceso revolucionario bolivariano. Tratar de convivir con el enemigo ideológico que ansía su fin, sería un error táctico que acarrearía graves consecuencias a este último para que se mantenga en el tiempo, acabando por reproducir los mismos vicios y corruptelas administrativos existentes al amparo del pacto de Punto Fijo. En vez de esto, aquellos que se hallan al frente del gobierno, de los partidos políticos y de las diferentes organizaciones de base tienen ante sí el reto de refundar la República venezolana en lo que implicaría una real transformación socialista de la sociedad en todos sus órdenes, de una manera revolucionaria verdaderamente radical. Para ello es imprescindible sistematizar, extender y profundizar la formación de una conciencia realmente revolucionaria y socialista (no retórica) entre los sectores populares, sin dogmas y en medio de un debate abierto y constante como elemento característico del pensamiento y la práctica del socialismo bolivariano. Al mismo tiempo, tendría que abocarse al establecimiento de una dirección colegiada del proceso revolucionario bolivariano, provista de un programa revolucionario común que incluya todos los criterios y expresiones de las diversas agrupaciones políticas y sociales que lo impulsan.

Toda esta coyuntura representa una extraordinaria oportunidad para que el chavismo -en todas sus vertientes existentes- demuestre hasta qué nivel está dispuesto a llevar a cabo la revolución socialista bolivariana en Venezuela, y si es capaz de emular o no a Chávez, dedicando todas sus energías vitales a dicha meta a tiempo completo, y de medir sus potencialidades creadoras frente a las amenazas enemigas, jugándose no sólo el destino del país sino el de todos los demás pueblos de nuestra América que confían en su ejemplo y perseverancia.-          

      

LOS TRABAJADORES REVOLUCIONARIOS Y LA NUEVA SOCIEDAD SOCIALISTA

LOS TRABAJADORES REVOLUCIONARIOS Y LA NUEVA SOCIEDAD SOCIALISTA

          En una sociedad de nuevo tipo que busque sustituir a la sociedad capitalista imperante según los esquemas básicos del socialismo, no bastará con que la propiedad capitalista sea expropiada por el Estado para que se hable propiamente de una sociedad y una economía realmente de transición al socialismo. Ello debe acompañarse de otra condición que trascienda lo meramente económico y/o reivindicativo: la construcción de un Estado primordialmente popular y participativo, en el cual se haga efectiva la soberanía del pueblo y, por supuesto, de todos los trabajadores. De esta forma podrá perfilarse la edificación y permanencia de una sociedad postcapitalista, con los trabajadores controlando directamente los medios de producción que ahora se hallan en manos de una minoría; al mismo tiempo que se procede a la eliminación de todo rasgo de explotación, imposición o desigualdad que han sido generados por el sistema capitalista. Pero esto no debe confundirse -como ya ocurriera en la extinta Unión Soviética y las naciones bajo su influencia- con la existencia de una propiedad estatizada, dirigida y “apropiada” por una burocracia gubernamental que, a la final, produjo entre los trabajadores que éstos no se sintieran identificados de ningún modo con la llamada dictadura del proletariado y permitieran se restaurara el capitalismo en sus respectivos países, contribuyendo así a reforzar la imagen negativa que previamente habían elaborado del socialismo sus enemigos históricos.

            Igualmente, como lo define Rodolfo Sanz, “si los medios de producción son una función del Estado, es decisivo quién, qué clase o capa social detenta realmente el poder y maneja el plusproducto (o plusvalía estatizada). El problema radica en que si el poder no está en manos de la clase obrera, si es la burocracia la que se encarama en él, será esta burocracia la que tenga al Estado -y, por ende, a los medios de producción- como su `propiedad’ y maneje el trabajo excedente”. Por lo tanto, es preciso que las medidas iniciales de expropiación de estos medios de producción incluyan no sólo la definición jurídica de propiedad de los mismos, sino también su posesión efectiva por parte de los trabajadores como productores de plusvalía; haciéndose realidad entonces la socialización de la producción, además de la superación de la tradicionalmente aceptada división social del trabajo. De ahí que se necesite que la propiedad y la posesión efectiva de los medios de producción, el poder político y la capacidad de planificación estén en manos de los trabajadores, de manera que la transición al socialismo revolucionario sea consecuencia del ejercicio constante y amplio de una democracia más directa, participativa y protagónica, en beneficio de la totalidad de la nueva sociedad que se erige.

            Por otra parte, debe tomarse en cuenta que esta nueva sociedad socialista requiere, asimismo, de una nueva conciencia individual y colectiva que encaje lo más perfectamente posible en su práctica cotidiana. Al respecto, lo dicho por el Che Guevara en su oportunidad tiene una vigencia ajustable en la construcción de tal sociedad: "El estímulo moral, la creación de una nueva conciencia socialista, es el punto en que debemos apoyarnos y hacia donde debemos ir, y hacer énfasis en él. El estímulo material es el rezago del pasado, es aquello con lo que hay que contar, pero a lo que hay que ir quitándole preponderancia en la conciencia de la gente a medida que avance el proceso. Uno está en decidido proceso de ascenso; el otro debe estar en decidido proceso de extinción. El estímulo material no participará en la nueva sociedad que se crea, se extinguirá en el camino y hay que preparar las condiciones para que el tipo de movilización que hoy es efectiva, vaya perdiendo cada vez más su importancia y la vaya ocupando el estímulo moral, el sentido del deber, la nueva conciencia revolucionaria." Para lograrlo, es ineludible la formación teórica de los trabajadores, de modo que haya una plena correspondencia entre el discurso y la práctica, en constante revisión y avance, en función de garantizar la irreversibilidad de la revolución socialista en curso.-

LOS PERDEDORES QUE SIEMPRE GANAN

LOS PERDEDORES QUE SIEMPRE GANAN

Una de las características particulares más resaltantes de los grupos opositores a Hugo Chávez y al proceso revolucionario bolivariano es la tozudez con que se niegan a admitir la realidad imperante en Venezuela desde hace más de una década ininterrumpidamente. Tal tozudez -producto de una inducción constante a través de medios informativos parcializados y carentes de toda objetividad periodística, además de redes de difusión creadas por internet- les ha hecho convencerse, por ejemplo, que son víctimas de reiterados fraudes electorales, por lo que en Venezuela habría entonces un régimen de tipo autoritario y/o dictatorial, con secuestro de la autonomía de los poderes públicos, una libertad de expresión cercenada y una subordinación política respecto al gobierno de Cuba. Todo esto lo han repetido una y otra vez, persuadidos de conseguir que los gobiernos extranjeros y el pueblo venezolano terminen por desconocer y derrocar -algún día- a Chávez. También se han hecho eco de las matrices generadas desde Washington que dan cuenta de los vínculos estrechos que el gobierno chavista tendría con grupos narcotraficantes y terroristas, etiquetando como tales a los movimientos insurgentes de Colombia y al gobierno islámico de Irán, con el deliberado propósito de desacreditar al gobierno de Venezuela ante la comunidad mundial y así obtener un resultado intervencionista similar al de Panamá en 1989.

Esta falta de sintonía de la oposición con la realidad nacional le ha hecho sumarse y celebrar sin rubor alguno al golpe de Estado y al sabotaje empresarial que se escenificaron en 2002 y 2003, así como a buscar asesoramiento y financiamiento en Washington en una clara demostración de sumisión a las directrices e intereses disociación,imperialistas estadounidenses. A tal grado ha llegado su irracionalidad que no le ha importado desatar -prácticamente- una guerra civil, al mostrar un total desprecio racista y clasista hacia los sectores populares que apoyan mayoritariamente a Chávez, en un juego suicida del cual no parecen tener conciencia alguna. A ello se han unido quienes podrían integrar lo que sería el extremo democrático y consciente de la oposición, quizás entendiendo que cualquier asomo de aceptación de la legitimidad del gobierno de Chávez y de sus medidas sería interpretado como signo de debilidad y no como realismo político.

Así, con todas las derrotas sufridas a manos de la gran mayoría popular -en una realidad virtual que hace de los perdedores quienes siempre ganen, a pesar de las contundentes evidencias en contra- los grupos opositores no cejan en su empeño por liquidar en todos sus aspectos al proceso revolucionario bolivariano, ahora utilizando argucias leguleyas, acusando de inconstitucional al nuevo período presidencial de Hugo Chávez; de manera que se produzca eventualmente un escenario de protestas aparentemente ciudadanas, lo mismo que un pronunciamiento militar que termine con la “inestabilidad” política existente. Algo que exterioriza la disociación de la cual han sido protagonistas recurrentes.-  

       

 

EL SALTO AL VACÍO DE LA OPOSICIÓN APÁTRIDA

EL SALTO AL VACÍO DE LA OPOSICIÓN APÁTRIDA

Es evidente que los grupos contrarrevolucionarios en Venezuela han tratado de crear, desde finales del año pasado, quizás contando para ello con el apoyo de organizaciones y algunos gobiernos extranjeros, las condiciones que propicien una salida extra-constitucional, a propósito de la imposibilidad momentánea del Presidente reelecto Hugo Chávez Frías de asumir su nuevo mandato el 10 de enero, como lo establece la Constitución venezolana vigente. Condiciones que desembocarían en una situación de ingobernabilidad, aduciéndose que existe un vacío de poder similar al argumentado en ocasión del golpe de Estado del 11 de abril de 2002. De este modo, la dirigencia opositora está presentándole a la opinión pública nacional e internacional su interpretación del texto constitucional, tratando de forzar un ambiente político adverso al chavismo que le permita recuperar el poder perdido, aun cuando la voluntad del pueblo venezolano quedó plasmada mayoritariamente en la reelección de Chávez el 7 de octubre último. Es un riesgo que pareciera no calibrar juiciosamente, empeñándose en un salto al vacío que precipitaría una radicalización del proceso revolucionario bolivariano que, a la larga, terminará por arroparla, haciéndola desaparecer por completo del mapa político.  

Al respecto, es preciso recordarle a la oposición apátrida que la reelección presidencial de Chávez tiene una lectura especial que pone de relieve cuál es el camino a seguir decidido por los venezolanos y las venezolanas. Algo que nadie -en su sano juicio- podría ignorar, a menos que sus intenciones estén enmarcadas en un absoluto desconocimiento de la soberanía popular. En tal caso, la minoría opositora intenta implantar en la mente de los sectores populares su propia visión en relación al momento histórico que está viviendo la nación bolivariana, inculcándoles fallidamente la sensación que habrá caos y una lucha intestina por el poder que encabezaría, por una parte, el Vice-Presidente Ejecutivo Nicolás Maduro y el Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, por la otra; cosa que afectaría enormemente -según sus cálculos- la paz social, la economía nacional y la continuidad del hilo constitucional.

En cierta forma, esta minoría (contando con una representación en el seno de la Asamblea Nacional) estaría repitiendo la misma estrategia desestabilizadora aplicada entre 2002 y 2003 cuando derrocaron a Chávez con apoyo de miembros del Alto Mando Militar y luego quisieron lograr su objetivo de desplazarlo del poder a través de un paro patronal que causó grandes pérdidas económicas al país, aunadas a un desabastecimiento generalizado de gasolina, gas doméstico y alimentos que puso en grave riesgo la vida de miles de familias venezolanas, sobre todo de aquellas de escasos recursos económicos. Asimismo, estaría echando mano a una interpretación sesgada de la misma Constitución que antes adversara con tanta virulencia, buscando establecer un paralelismo con lo sucedido en Honduras y Paraguay cuando, utilizando un tecnicismo legal se procedió a la destitución de los presidentes de estos países.

Vistas así las cosas, la dirigencia opositora se muestra dispuesta a desencadenar algunos acontecimientos extremos, sin considerar que los sectores populares afectos a Chávez tienen ahora una mejor conciencia política y pudieran desarrollar, en consecuencia, una contraofensiva que rompa definitivamente el delicado equilibrio político que -de una u otra manera- se ha mantenido en el país bajo el liderazgo de Hugo Chávez.-     

 

LAS TAREAS AÚN PENDIENTES DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

LAS TAREAS AÚN PENDIENTES DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

Si se anhela lograr, en verdad, el cambio estructural que exige el pueblo venezolano y que contempla el proyecto revolucionario bolivariano, habrá que pensar en la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal, institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas. Para ello será imprescindible que hombres y mujeres con una evidente formación revolucionaria asuman la dirección de las instituciones públicas, con el compromiso de trabajar realmente por el cumplimiento de esta tarea, de modo que los postulados fundamentales de la Constitución en cuanto a la soberanía, la participación y el protagonismo del pueblo se conviertan en rasgos constantes del ejercicio del poder en la Patria chica de Simón Bolívar.

Se impone entonces que sean los mismos sectores populares quienes se planteen a sí mismos el pleno ejercicio de sus derechos constitucionales y, al mismo tiempo, el combate frontal y decidido a toda manifestación de reformismo que posibilite la reproducción de las viejas estructuras puntofijistas que aún sobreviven y obstaculizan el avance y fortalecimiento de la democracia directa. En tal situación, es necesaria una revisión objetiva de las gestiones de gobierno y cuál ha sido su contribución real para adelantar la transición hacia el socialismo revolucionario que todos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en una condición larvaria, lo cual pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. Esto amerita promover en todo el territorio nacional debates abiertos que fortalezcan la convicción revolucionaria de los movimientos populares, con propuestas generadas entre todos y una crítica que desnude los vicios y desviaciones que pudiera estar sufriendo el proceso revolucionario bolivariano, sin que ello sea descalificado como una acción contrarrevolucionaria, encaminada a dañarlo.

Es preciso, por consiguiente, que los movimientos revolucionarios y progresistas emprendan igualmente una labor a favor de una eficiente y transparente gestión administrativa, la contraloría social y la democracia directa. De ahí que la actual coyuntura política deba contribuir a despejar la incógnita que se presenta entre unas y otras organizaciones políticas y sociales respecto a la profundización del  proceso revolucionario venezolano. Esto requiere la mayor movilización de los revolucionarios para evitar que todo caiga en el vacío, desperdiciándose catorce años de protagonismo popular y de confrontación con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. No será una tarea fácil, dado que una gran parte de la dirigencia chavista -extraída de partidos políticos tradicionales y renuente a suscitar cambios y saltos cualitativos que consoliden el avance revolucionario- no estará dispuesta a perder los privilegios que ahora goza, lo que determinará ineludiblemente un enfrentamiento y una agudización de las contradicciones que tienen en relación a los movimientos revolucionarios y populares. Esta última situación -postergada en base al liderazgo desempeñado por Hugo Chávez y a la necesidad de preservar y de ampliar los espacios de poder conquistados- impone la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista que puedan ser implementadas por las diferentes organizaciones del poder popular y sirvan de punto de partida para alcanzar el cambio estructural del Estado venezolano, unas nuevas relaciones de poder basadas en la participación popular y, por supuesto, la expansión democrática del proceso revolucionario bolivariano.-

EL PODER POPULAR Y LA CONTINUIDAD DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

EL PODER POPULAR Y LA CONTINUIDAD DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

La garantía del avance, la consolidación y la permanencia del proceso de cambios revolucionarios en Venezuela -dirigido a instaurar una revolución realmente socialista, bolivariana y popular- dependerá en gran medida de las condiciones objetivas y subjetivas que puedan generarse simultáneamente con la deslegitimación y el desmantelamiento del orden burgués capitalista imperante, ya que su persistencia adulteraría enormemente cualquier tipo de acción e iniciativas bajo tal orientación, por mucho esfuerzo que se haga al respecto. Se hace imprescindible, en consecuencia, que los sectores populares manifiesten la capacidad de asumir (sin reformismo ni clientelismo político de por medio) la trascendental  responsabilidad de transformar e invertir las relaciones de poder actuales, de modo que sean eliminados los antiguos patrones de conducta observados y criticados entre quienes ejercen cargos gubernamentales. En este sentido, la organización, la formación teórica y la reproducción del poder popular bajo esquemas ciertamente socialistas resultan ser un factor decisivo, una cuestión fundamental -e ineludible- para alcanzar estos propósitos. Sin ello, el proceso revolucionario bolivariano tendería a paralizarse, sin descartarse la posibilidad de una restauración de los viejos factores de poder, revirtiendo todos los cambios conquistados; lo cual requiere de un mayor compromiso revolucionario y de una mejor visión política para entender y llevar a cabo los nuevos retos que impidan este último escenario.

En todo esto, es primordial que el poder popular, en sus distintas diversificaciones, tome decisiones que contribuyan a definir el proceso revolucionario bolivariano en cuanto a lo político, lo social, lo cultural, lo militar y lo económico, sin que ello signifique conservar rasgos del antiguo orden, haciendo del ejercicio de la democracia participativa y protagónica un mecanismo permanente de construcción de la nueva sociedad socialista (incluyendo en ello a niños y adolescentes), puesto que éste permitiría la socialización necesaria del poder y un mejor modo de desplegar la contraloría social sobre las diferentes instancias del poder constituido.

Además, en algo que se debe insistir (con reiteración casi obsesiva) es la formación de una conciencia revolucionaria reflexiva que no sucumba a las tentaciones del poder, tal como ha sido tradicional, sino que -contrariamente- sea el arma más eficaz para acabar con las posibles desviaciones, contradicciones, debilidades y corrupciones que pueda sufrir el proceso revolucionario bolivariano como secuela de la conducta reformista de sus dirigentes. Esto nos conduciría a la formulación de nuevas actitudes, al desarrollo de nuevas identidades y de nuevas subjetividades; además de una ética y de una moral basadas en la solidaridad, en la igualdad y en la justicia social, en abierta oposición a la lógica dominante del capitalismo.-         

SIGNIFICACIÓN HISTÓRICA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

SIGNIFICACIÓN HISTÓRICA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

Una de las cosas más resaltantes del proceso revolucionario bolivariano -proyectado, liderado y encarnado por Hugo Chávez Frías- es, sin duda alguna, la reivindicación del socialismo revolucionario, en momentos cuando mucha gente de izquierda se rendía ante lo que se creyó el triunfo definitivo del capitalismo (con Estados Unidos al frente) al producirse el derrumbe del bloque soviético. Además de ello, desde el primer momento en que se diera a conocer el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), los ideales del Libertador Simón Bolívar, del Maestro Simón Rodríguez y del General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora sirvieron de motores ideológicos para lo que sería en lo adelante la fragua de un proyecto político inédito en nuestra América, a tal punto de inspirar corrientes similares en muchos de sus países que coronaron sus esfuerzos con la instalación de gobiernos progresistas y/o de izquierda, causando una conmoción no superada aún entre la clase gobernante de Estados Unidos. Ambos elementos representan una cuota fundamental de lo que es el proceso revolucionario bolivariano, caracterizándolo sobremanera, por lo que ninguno podría aislarse respecto al otro, aun cuando haya alguna gente interesada en lograrlo, olvidando adrede que el ideario republicano bolivariano es parte esencial de la idiosincrasia popular, incluso más allá de las fronteras venezolanas, y que el socialismo revolucionario es intrínsecamente participación y poder popular; complementándose con aportes teóricos y experiencias revolucionarias antiimperialistas, tanto del pasado como del presente, muy importantes. De ahí que exista la imperiosa necesidad de profundizar ambos elementos, de forma que haya una interiorización y un empoderamiento de parte de los sectores populares que haga irreversible el avance y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano.

Esto supone, en una primera instancia, adecuar las estructuras del Estado vigente en beneficio del protagonismo y la participación popular, haciendo de la cotidianidad un campo propicio para los diversos cambios que han de producirse a fin de transformar el modelo de sociedad actual, lo que conlleva a plantearse igualmente un cambio cultural amoldado a los intereses colectivos en vez de servir de vehículo de legitimación de la clase dominante. Esto último representa una importante conquista de quienes fueron excluidos e invisibilizados desde hace siglos por aquellos que ejercieron el poder bajo una óptica eurocentrista (ahora anglosajona) que negó la existencia y significado de una cultura de resistencia (protagonizada por nuestros pueblos aborígenes, africanos esclavizados y sus descendientes marginalizados) que, en la actualidad, recobra su espacio vital y tiende a caracterizar el momento histórico que se vive en Venezuela, al igual que en otros países de nuestra América, aunada a una espiritualidad ajena a los aparatos eclesiásticos tradicionales.

Por ello, la significación histórica del proceso revolucionario bolivariano no podría aprehenderse a la luz de la llamada cultura occidental, ya que sus rasgos esenciales son (y debieran ser) precisamente aquellos que siempre fueron combatidos y execrados por los sectores dominantes, lo cual explica el por qué gran parte de sus herederos actuales no atinan a comprender, por ejemplo, la conexión emocional y/o sentimental del pueblo venezolano con su Presidente Hugo Chávez. Sin embargo, es preciso que se comience a ahondar -de manera exhaustiva y objetiva- en sus raíces, su evolución, sus potencialidades, sus características y sus perspectivas; concretándose en consecuencia la revolución socialista bolivariana que se aspira.-