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¿CUÁL ES EL PAPEL REVOLUCIONARIO A CUMPLIR AHORA POR EL PSUV?

¿CUÁL ES EL PAPEL REVOLUCIONARIO A CUMPLIR AHORA POR EL PSUV?

La conformación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) representó, en su momento inicial, la posibilidad de crear una organización política revolucionaria que -a lo interno, en su concepción teórica, su estructura, toma de decisiones y procedimientos- fuera capaz de prefigurar la sociedad socialista del futuro. Esto, a la luz de los diversos acontecimientos desarrollados con posterioridad, sobre todo, en lo que respecta a la escogencia de candidatos a los diferentes cargos de elección popular y de dirección partidista, no resultó como tal. Una prueba de ello es la reactivación de partidos políticos aliados de Hugo Chávez con ex dirigentes del PSUV, así como la dualidad de candidaturas surgidas del chavismo en las elecciones de gobernadores y legisladores regionales del 16 de diciembre pasado. Tales antecedentes han reducido el papel revolucionario e innovador a cumplir por el PSUV, convirtiéndolo en una eficiente maquinaria electoral difícil de vencer, pero incapaz de provocar una correlación de fuerzas que le permita a los sectores populares incidir en la transformación estructural del Estado liberal-burgués que subsiste aún en el país. En vez de ello, la dirigencia peseuvista reprodujo el clientelismo político que fuera norma habitual entre adecos y copeyanos durante sus cuarenta años de hegemonía política, a tal grado que estos últimos -preteridos por sus mismos partidos políticos- ahora disfrutan de los cargos públicos y demás prebendas que antes no consiguieran, a través del PSUV.

No obstante, en medio de este panorama negativo salta a la vista la existencia de un pueblo consciente que exige su propio espacio de participación y protagonismo revolucionario, tratando de llevar a la práctica los diversos aspectos contemplados en la Constitución Bolivariana, las leyes del poder popular y aquellos lineamientos estratégicos emanados de su máximo líder, el Presidente Chávez. En este caso, se puede percibir la madurez política alcanzada en estos últimos catorce años por la base chavista. Sin embargo, como lo expusiera en mi artículo “La batalla del PSUV”, publicado en 2007, “hace falta que toda ella se inculque la necesidad perentoria de la formación revolucionaria, así como su difusión en todos los rincones del país, porque la idea es que el proceso revolucionario bolivariano sea sustentado de modo autogestionario por las bases populares y no por una dirigencia que, en su mayoría, ha obstaculizado el cambio estructural y no ha generado nada diferente a sus antecesores en el ejercicio del poder”. Como complemento, vale recordar también las palabras emitidas por Hugo Chávez el 18 de mayo de ese mismo año, quien resaltara: “O inventamos o erramos. Inventemos nuestro socialismo. En esa invención estamos. Para que haya una creación heroica debe haber un creador heroico, y ese creador no puede ser un hombre, una mujer, un caudillo, ni un mesías. El único creador heroico capaz de lograr una Revolución Socialista es el pueblo culto y consciente”.

Lamentablemente, dichas palabras no han tenido un eco efectivo y permanente entre quienes -de una u otra forma- han dirigido, por ahora, el PSUV y ostentan -paralelamente- cargos de ministros, diputados, gobernadores, legisladores, alcaldes y concejales, entre otros, lo cual ha originado una brecha profunda que los separa cada día de la militancia de base. Y más lamentable aún es la dispersión de cuadros revolucionarios que pudieran armar una opción realmente revolucionaria, capaz de aglutinar la voluntad y los esfuerzos de los sectores populares en función de una efectiva refundación de la República Bolivariana, en momentos en que es crucial obtener mayores avances, profundizaciones y definiciones del proceso revolucionario bolivariano; una cuestión que no ha sabido asumir el PSUV, a pesar de Chávez.-

A CERRAR FILAS EN DEFENSA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

A CERRAR FILAS EN DEFENSA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

La coyuntura política actual nos obliga a todos los revolucionarios a cerrar filas en defensa del proceso revolucionario bolivariano, de manera que éste pueda mantenerse y profundizarse en beneficio del pueblo venezolano. Este es el momento en que debemos declinar posiciones sectarias o personalistas y demostrar hasta qué punto somos realmente revolucionarios, puesto que el proyecto bolivariano liderado por Hugo Chávez requiere de una acción unitaria y de una mayor responsabilidad de parte de todos, independientemente de todas las fallas, deficiencias y omisiones observadas desde el momento en que éste se pusiera en práctica, lo cual debe reflejarse en los resultados electorales del 16 de diciembre.

Resaltamos, por tanto, que los hombres y las mujeres que han apoyado al Presidente Chávez y al proceso revolucionario tienen ante sí la tarea de trabajar por una unidad orgánica en torno a lo que aún esté pendiente por hacerse para alcanzar la transición hacia el socialismo bolivariano, teniendo como principal soporte al poder popular. De ahí que cada uno debe recapacitar respecto a si es revolucionario o no continuar con posiciones personales que contradicen el propósito fundamental de la revolución socialista y, en consecuencia, hacer posible cada día esa unidad orgánica que hará irreversibles los cambios habidos en nuestro país bajo el liderazgo de Hugo Chávez. Este sería entonces el mejor momento para que todos nos hermanemos en profundizar dichos cambios, enarbolando la bandera de la unidad revolucionaria y generando espacios de mayor organización, participación y protagonismo del pueblo venezolano en vez de continuar con los viejos esquemas políticos del pasado. Esto último tiene que orientarse a la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas, cuestión ésta que no podrá hacerse si se continúa eludiendo un debate serio y permanente junto con los sectores populares.

De igual forma, se necesita que haya una revisión objetiva y exhaustiva de las distintas gestiones de gobierno y cuál ha sido -hasta ahora- su contribución real para adelantar esa transición hacia el socialismo revolucionario que muchos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en un estado larvario, lo cual debiera preocupar a toda la gente revolucionaria y progresista, ya que pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. De esta forma, podremos implementar medidas conjuntas que permitan obtener una mayor eficiencia y calidad revolucionaria en las instituciones públicas, sin las alcabalas burocráticas que todavía sobreviven en ellas y que restringen enormemente la acción del poder popular.

Asimismo, la actual coyuntura política exige la mayor movilización posible de los revolucionarios para evitar que todo este proceso revolucionario caiga en el vacío, desperdiciándose así catorce años de protagonismo popular y de confrontación abierta con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. De ahí que se necesite (con sentido de urgencia) la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista, ya que no podemos ni debemos actuar en razón de antipatías o simpatías que estarían contribuyendo así a la victoria final de los grupos contrarrevolucionarios.-

¿QUÉ HACER PARA PRESERVAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO EN VENEZUELA?

¿QUÉ HACER PARA PRESERVAR EL PROCESO REVOLUCIONARIO EN VENEZUELA?

Si se anhela lograr, en verdad, el cambio estructural que exige el pueblo venezolano y que contempla el proyecto revolucionario bolivariano, habrá que pensar en la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal, institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas. Para ello será imprescindible que hombres y mujeres con una evidente formación revolucionaria asuman la dirección de las instituciones, con el compromiso de trabajar realmente por esta tarea, de modo que los postulados fundamentales de la Constitución en cuanto a la soberanía, la participación y el protagonismo del pueblo se conviertan en rasgos constantes del ejercicio del poder en la Patria chica de Bolívar.

Se impone entonces que sean los mismos sectores populares quienes se planteen a sí mismos el pleno ejercicio de sus derechos constitucionales y, al mismo tiempo, el combate frontal y decidido a toda manifestación de reformismo que posibilite la reproducción de las viejas estructuras puntofijistas que aún sobreviven y obstaculizan el avance y fortalecimiento de la democracia directa. En tal situación, es necesaria una revisión objetiva de las gestiones de gobierno y cuál ha sido su contribución real para adelantar la transición hacia el socialismo revolucionario que todos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en un estado larvario, lo cual pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. Esto amerita promover en todo el territorio nacional debates abiertos que fortalezcan la convicción revolucionaria de los movimientos populares, con propuestas generadas entre todos y una critica que desnude los vicios y desviaciones que pudiera estar sufriendo el proceso revolucionario bolivariano, sin que ello sea descalificado como una acción contrarrevolucionaria, encaminada a dañarlo.

Es preciso, por consiguiente, que los movimientos revolucionarios y progresistas emprendan igualmente una labor a favor de una eficiente y transparente gestión administrativa, la contraloría social y la democracia directa. Por  lo tanto, la actual coyuntura política debe contribuir a despejar la incógnita que se presenta entre unas y otras organizaciones políticas y sociales respecto a la continuidad o no del  proceso revolucionario venezolano. Esto requiere la mayor movilización de los revolucionarios para evitar que todo caiga en el vacío, desperdiciándose catorce años de protagonismo popular y de confrontación con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. No será una tarea fácil, dado que gran parte de la dirigencia chavista -renuente a suscitar cambios y saltos cualitativos que consoliden el avance revolucionario- no estará dispuesta a perder los privilegios que ahora goza, lo que determinará ineludiblemente un enfrentamiento y una agudización de las contradicciones que tienen en relación a los movimientos revolucionarios y populares. Esta última situación -postergada en base al liderazgo desempeñado por Hugo Chávez y a la necesidad de preservar y de ampliar los espacios de poder conquistados- impone la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista que puedan ser implementadas por las diferentes organizaciones del poder popular y sirvan de punto de partida para alcanzar el cambio estructural del Estado venezolano, unas nuevas relaciones de poder basadas en la participación popular y, por supuesto, la expansión democrática del proceso revolucionario bolivariano.-

LA COMUNA SOCIALISTA COMO HECHO REVOLUCIONARIO SIGNIFICATIVO

LA COMUNA SOCIALISTA COMO HECHO REVOLUCIONARIO SIGNIFICATIVO

La comuna en Venezuela debiera ser ciertamente una forma de gobierno popular revolucionario que supla el poder ejercido tradicionalmente por las autoridades constituidas. No se trata, por ende, de tutelarlas o de integrarlas a las diversas instituciones del Estado, coartando así el ejercicio de la democracia participativa y protagónica que debe caracterizarla en todo momento. Esto quizá sea un escándalo para aquellos que tratan de acceder al poder sin comprender que, como hecho revolucionario significativo, la construcción de las comunas representa un salto cualitativo en la evolución que debe producirse en lo que respecta a la consolidación del proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, del mismo modo que los sectores populares comprometidos con su activación y funcionamiento han de entender que éstas no pueden (ni deben) reproducir los criterios, la ideología y las estructuras burocrática-representativas del Estado vigente. De esta manera se evitará que el actual proceso revolucionario bolivariano derive hacia arreglos opuestos a la existencia, consolidación e influencia del poder popular, retornándose al sistema y a las prácticas de la democracia representativa en vez de profundizar el poder constituyente del pueblo como garantía y preámbulo de la construcción real del socialismo revolucionario.

Sin embargo, es de admitirse que aún existe un vacío en lo tocante a la formación de una conciencia revolucionaria que podría echar al traste con este propósito. Tal vacío representa el principal obstáculo que debe vencerse, de modo que la construcción de las comunas no sea simplemente un cambio cosmético que termine por dejar todo igual. De hecho, la difusión y discusión del Segundo Plan Socialista de Desarrollo de la Nación para el período 2013-2019 que se ha estado realizando en el país debiera convertirse en el instrumento inmediato para que este  hecho revolucionario significativo sea una realidad posible, a pesar del burocratismo incrustado en las instituciones del Estado que, de una u otra forma, conspiraría contra su existencia, desarrollo y funcionamiento autónomo. En este sentido, vale decir que los mismos sectores populares tienen que apropiarse del mismo, generando sus propios espacios organizativos, utilizando por lo pronto las distintas leyes del poder popular sancionadas por la Asamblea Nacional, lo cual -a su vez- debiera motivarlos a cuestionar las estructuras estatales, logrando que el Estado sufra un cambio estructural que esté acoplado a la necesidad de consolidar la participación y el protagonismo revolucionario del pueblo, deslastrándolo de los procedimientos burocrático-representativos que los imposibilitan.

Por ello, las comunas no deben convertirse en una consigna revolucionaria carente de contenido popular y, por supuesto, en parte de un cambio gatopardiano. Ellas deben ser consecuencia directa del debate y las aspiraciones de los sectores populares, adaptadas a cada situación específica, a cada región, siendo construidas desde abajo, sin interferencia alguna del Estado, sea cual sea su nivel; lo que redundará -sin duda- en el avance cualitativo del proceso revolucionario bolivariano.-

GAZA Y LA SAGRADA IMPUNIDAD DEL SIONISMO

GAZA Y LA SAGRADA IMPUNIDAD DEL SIONISMO

A pesar del silencio cómplice de los gobiernos y de los grandes medios de información, que no sólo apoyan las agresiones constantes del sionismo contra el pueblo de Palestina, sino que tergiversan los hechos ocurridos en esa lejana región de nuestro planeta, la indignación de millones de personas se hizo manifiesta en muchos lugares ante el bombardeo desproporcionado recientemente desplegado por la Fuerza de Defensa de Israel contra Gaza, acribillando indiscriminadamente tanto a niños como a adultos, sin ningún tipo de reparación. La reacción de la Organización de las Naciones Unidas ha sido, como otras veces, poco menos que estéril y tardía, dada la indiferencia con que es recibida por las autoridades israelíes, apoyadas, como siempre, por el imperialismo yanqui y sus socios europeos, sin que ninguna resolución resulte decisiva para acabar con el martirio de los palestinos, cuya data traspasa más de cincuenta años entre desalojos forzados, detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos selectivos de dirigentes, masacres planificadas y bloqueos sistemáticos; todo lo cual ha configurado -sin lugar a dudas- un genocidio mayor al que proyectaron y ejecutaron los nazis en Alemania y Europa.

Todo esto ha sido constantemente esgrimido por los gobernantes sionistas como resultado de una estrategia antisemita de parte de quienes critican y condenan sus agresiones al pueblo palestino, lo cual ha logrado que muchísima gente crea que los agresores son los palestinos, fanatizados por su credo religioso, y no las víctimas, como sucede realmente. A esto ha contribuido el manejo de la información a escala mundial y las llamadas películas de acción que colocan a los árabes en el cuestionable papel de terroristas, capaces de activar una bomba nuclear en medio de cualquier ciudad europea o estadounidense. Esto -y más- le ha permitido al Estado de Israel hacer de las suyas sin que nadie se lo impida, convirtiéndolo en un Estado atípico y decididamente guerrerista. Como lo describiera el escritor Eduardo Galeano, “Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza?”

Por otra parte, no hay que olvidar la limpieza étnica sionista de 1948, buscando dejar sin población palestina los ancestrales territorios que venían ocupando antes de la creación artificial del Estado de Israel. Este procedimiento discriminatorio persiste -no obstante las Regulaciones de La Haya de 1907 y la Cuarta Convención de Ginebra de 1949 sobre el tratamiento del ejército ocupante de las poblaciones ocupadas-, impidiéndoles a los palestinos, incluso, el derecho a la salud y a la alimentación, como a una identidad cultural propia, obligándolos a ser parias en su propia tierra. Para perpetuar sus “hazañas” bélicas, los sionistas se escudan tras una supuesta amenaza de los palestinos contra su existencia como Estado soberano, tratando de hacernos olvidar a todos en el mundo el cuantioso arsenal que poseen, con tanques blindados, artillería pesada, helicópteros de combate y aviones F-16 y F-18, sin incluir las armas atómicas, frente a las escuálidas armas con que pretenden defenderse los palestinos, en una guerra asimétrica en la cual hay más víctimas palestinas que israelitas. La realidad es que la verdadera amenaza para el sionismo es la paz que se logre, en pie de igualdad, con el pueblo de Palestina. De ahí que no sorprenda el por qué se mantiene inalterable su propósito original: liquidar definitivamente a Palestina.-

 

LA REVOLUCIÓN Y LA EXIGENCIA DE UNA CONCIENCIA REVOLUCIONARIA

LA REVOLUCIÓN Y LA EXIGENCIA DE UNA CONCIENCIA REVOLUCIONARIA

Habitualmente, las revoluciones han tenido como rasgos distintivos el descontento y la violencia de los sectores populares excluidos en contra de los sectores dominantes, lo cual ha hecho que -en muchos de estos casos- los representantes de estos últimos fueran pasados por las armas, como ocurriera durante la Revolución Francesa y la Revolución Bolchevique, marcando así una ruptura radical con el orden establecido; o, sencillamente, terminaran disfrutando de un exilio dorado en Estados Unidos o en algún país europeo. Esto, sin embargo, ha cambiado sobremanera en las dos últimas décadas, especialmente en nuestra América, produciéndose situaciones en las que la hegemonía de las elites ha sido cuestionada, combatida y revertida, haciendo uso de los mismos mecanismos que las legitimaron, como las elecciones y la conquista de los diferentes espacios del poder constituido. De esta forma, en naciones como Bolivia, Ecuador y Venezuela (por citar las más emblemáticas) los sectores populares adelantan cambios de características indudablemente revolucionarias que, más tarde o más temprano, configurarán una revolución de signo socialista que se manifestará en una nueva estructura orgánica de poder, matizada por la toma de decisiones y la participación efectiva de las bases populares, lo que implicaría entonces el establecimiento de unas nuevas relaciones de poder.

Esto ha obligado a los movimientos revolucionarios a rediseñar sus visiones y estrategias, tratando de ajustarse al momento histórico, ya que las previsiones hechas respecto al sujeto histórico que conduciría la revolución socialista no se han concretado totalmente, haciéndose difícil aceptar que algunos aportes teóricos del pasado tengan alguna pertinencia en la actualidad. No obstante, ha habido avances, buscando orientar las nuevas realidades suscitadas bajo lo que se ha terminado por designar el socialismo del siglo XX, estableciendo una diferenciación con lo hecho en la extinta URSS y otras naciones de regímenes similares. Ello ha permitido incorporar elementos que anteriormente no se tomaron en cuenta o fueron minimizados, entre ellos la emancipación femenina, la agro-ecología, la lucha por la tenencia de la tierra, la autonomía de los pueblos indígenas, la preservación de la identidad nacional y la seguridad agroalimenticia, entre otros, que le han imprimido a la propuesta socialista peculiaridades más cercanas a la idiosincrasia de nuestros pueblos.

Tal cosa exige, al mismo tiempo, una conciencia revolucionaria, transformando los patrones de conducta que nos han hecho asumir como cosa natural la existencia del capitalismo y, con él, de las estructuras sobre las cuales han basado su dominio las cúpulas, tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Asimismo, ello exige agotar todas las vías posibles que faciliten el protagonismo y la participación de los sectores populares en la toma de decisiones trascendentales. Para lograrlo, es imprescindible la formación teórica revolucionaria permanente de los sectores populares. Sin esto último, la transición hacia el socialismo revolucionario seguirá retrasándose, dándosele cabida -en consecuencia- al oportunismo y al reformismo, sin afectar las estructuras del orden vigente.-    

EFICIENCIA POLÍTICA Y CALIDAD REVOLUCIONARIA EN EL GOBIERNO. ¡CÚMPLASE!

EFICIENCIA POLÍTICA Y CALIDAD REVOLUCIONARIA EN EL GOBIERNO. ¡CÚMPLASE!

Los revolucionarios tenemos que olvidarnos del conformismo y actuar en consecuencia para lograr la eficiencia política y la calidad revolucionaria sin importar si ello perjudica o no los intereses grupales y/o particulares de quienes les ha tocado en suerte dirigir las instituciones públicas en nombre del proceso revolucionario bolivariano. De ahí que lo manifestado este 5 de noviembre por el presidente Hugo Chávez en Consejo de Ministros sea pertinente, puesto que la mayoría de los electores venezolanos tuvieron en cuenta al momento de la elección presidencial del 7 de octubre pasado la necesidad de que haya, realmente, eficiencia política y calidad revolucionaria en las instancias de gobierno o, de lo contrario, será la noche, es decir, el acabose del proceso revolucionario bolivariano, tal como ocurriera con el bipartidismo puntofijista. No otra cosa podría hacerse, dado el evidente respaldo mayoritario recibido por Chávez en todas las elecciones realizadas, incluso favoreciendo a candidatos a gobernaciones, alcaldías, consejos legislativos y Asamblea Nacional que dejan mucho que desear por su escasa sintonía con el pueblo y su inconsistencia ideológica con el socialismo revolucionario; lo cual representa actualmente un imperativo que no puede pasar por debajo de la mesa, si en realidad se aspira construir y consolidar una revolución socialista en Venezuela.    

Esta demanda revolucionaria sitúa a quienes siguen a Chávez ante la disyuntiva de revelarse como verdaderos revolucionarios o, simplemente, destaparse como simples reformistas a los cuales no les interesa que nada cambie en cuanto al orden social, político y económico establecido, por lo que será altamente necesario que los sectores populares sepan distinguir acertadamente entre una posición y otra, a fin de no equivocar el camino, retrasándose -en consecuencia- la transición hacia el socialismo revolucionario y, con él, el pleno ejercicio de la soberanía popular. Esto nos exige a los revolucionarios la superación del individualismo y de la fragmentación tradicional del Estado burgués-liberal impuestos por los sectores dominantes, a tal grado que cualquier acción de gobierno se ve ajena a los ojos del pueblo, les afecte en uno u otro sentido. De ahí que tenga que cumplirse -ineludiblemente- con una serie de mecanismos participativos establecidos en la Constitución y en las leyes del poder popular para que el proceso de cambios revolucionarios avance y se profundice, ante lo cual no le cabe a los gobernantes regionales y locales (y el conjunto de servidores públicos) que se catalogan de revolucionarios otra cosa que contribuir efectivamente a la instauración de un nuevo modelo de Estado; en el caso venezolano, de un Estado comunal socialista, lo que implica la generación de un debate teórico respecto a sus fundamentos principales en atención a lo que significa el ejercicio de la democracia participativa y protagónica en contraposición a la democracia representativa.

Como sea, el reto del proceso revolucionario bolivariano va más allá de lo dicho por el Presidente Chávez, puesto que no es suficiente alcanzar la eficiencia política y la calidad revolucionaria si éstas no están orientadas hacia la consecución del cambio estructural del Estado vigente mediante la participación constante y consciente de las bases populares, además de la incorporación y actuación de verdaderos cuadros revolucionarios en las diferentes instituciones públicas con el objetivo de hacerlo realmente posible.-   

SIN CAMBIO ESTRUCTURAL, LA REVOLUCIÓN NAUFRAGA

SIN CAMBIO ESTRUCTURAL, LA REVOLUCIÓN NAUFRAGA

Entretanto la acción revolucionaria esté circunscrita a lo meramente electoral -siguiendo las reglas impuestas por los sectores dominantes- y no esté orientada al cuestionamiento, la supresión y el reemplazo de las diversas estructuras que legitiman y naturalizan el orden social establecido, los ideales de la revolución socialista naufragarán y se diluirán en medidas y leyes de corte reformista que, a largo plazo, no tendrán un efecto duradero que realmente contribuya en hacer posible la emancipación popular. La cabal comprensión de esta situación implicaría asumir un compromiso revolucionario a tiempo completo, por encima de dudas y temores, incluso, que trascienda el marco de referencia personal o existencial de cada revolucionario, en un proceso continuo de desalienación que le dé una fundamentación segura -tanto en lo práctico como en lo teórico- a la revolución que se pretende construir según el ideario socialista. Aun así, cabe admitir que habrá mucho trecho aún por recorrer, entendiendo que las revoluciones -a pesar de ser lideradas por personajes considerados providenciales- son sostenidas, básicamente, por los sectores populares. Bajo este entendimiento, será elemento primordial e imprescindible la formación teórica revolucionaria, a nivel individual y colectivo; cuestión ésta que pudiera incrementarse si la gestión gubernamental en nombre del socialismo revolucionario se hace efectivamente transparente, participativa, oportuna y satisfactoria, de modo que exista un contraste positivo respecto a lo que hace cualquier gobierno representativo, esté o no inspirado por un deseo sincero de cumplir con las aspiraciones del pueblo.

Es fundamental, por tanto, que los revolucionarios lleguen a comprender que, sin un cambio estructural del Estado imperante, la participación y el protagonismo populares sólo cumplirán un papel simbólico, dejando en manos de burócratas la toma de decisiones, la planificación, el control y la ejecución de los diversos programas que involucran al pueblo, conservándose intacta la representatividad. Esto amerita promover iniciativas organizativas en las cuales los trabajadores y sectores populares desarrollen formas de autogobierno y de transformación de las relaciones de producción capitalista, de manera que las mismas tengan una incidencia significativa sobre las tradicionales relaciones de poder establecidas y se alcance finalmente la transición hacia el socialismo revolucionario. En este caso, no es admisible la reproducción del viejo modelo de Estado burocrático y representativo existente sino la constitución de un nuevo modelo en el cual sea elemento cardinal en todo momento la democracia participativa y protagónica.

Este objetivo revolucionario no debería distraerse jamás en aras de intereses particulares y/o partidistas, ya que el mismo tiene que catapultarse a través de la diversidad de organizaciones de base popular que, atendiendo a la búsqueda de beneficios comunes, pero sin olvidar el conjunto de la sociedad, le darán sustentabilidad al socialismo. Por ello es necesario que los revolucionarios estén en capacidad de enfrentar los síntomas de la corrupción del poder, tanto del ya constituido como del que emerja bajo la sociedad de nuevo tipo que se erija, ejerciendo la crítica y la autocrítica como antídotos poderosos para evitar que esto ocurra, a pesar de la resistencia que opondrán -sin duda- quienes lo ejercen, utilizando todos los recursos a su disposición.-