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ECOLOGÍA

EL AGUA, ¿BIEN PÚBLICO O MERCANCÍA PRIVATIZABLE?

EL AGUA, ¿BIEN PÚBLICO O MERCANCÍA PRIVATIZABLE?

               Aproximadamente unos 1.200 millones de personas tienen limitaciones respecto al servicio de agua potable a nivel mundial. Entre ellas, una cifra superior a los cien millones habita el continente americano. Una realidad inquietante si consideramos que únicamente un 2.5 % del total del agua existente en nuestro planeta sirve para el consumo humano. Más todavía si tomamos en cuenta que los mayores reservorios de agua dulce se hallan, precisamente, en este continente y cuyo control y privatización estaría ya en la mira de los grandes consorcios transnacionales, cuestión que -de darse- impediría el acceso equitativo de todos al agua potable y podría convertirse en el detonante de un conflicto bélico de dimensiones mundiales.

Ya Bolivia padeció días de tensión, muertes y conflictos a raíz de la exigencia de agrupaciones populares al Presidente Evo Morales para que frenara la privatización del vital líquido. Algo parecido se dio, tal vez no con el mismo impacto, en Argentina, México y otras naciones, cuyos gobiernos orbitaron (u orbitan) alrededor del neoliberalismo económico. Lo cierto es que el agua ha pasado a constituir una nueva mercancía a ser privatizada en función de los altos intereses de las transnacionales. De ahí que la elite gobernante estadounidense se haya trazado como meta el control de toda la Amazonia, amplia región que comprende a Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Guyana, Surinam y Venezuela, forjando la tesis de su internacionalización, debido a la incompetencia mostrada por estos gobiernos para proteger este importante pulmón vegetal. Es claro que Estados Unidos y sus asociados europeos prevén la situación de escasez de agua dulce que podría afectarles en las siguientes décadas. Para impedirlo, cuentan ya con una cabeza de playa establecida en Colombia a través del Plan Colombia o Patriota, supuestamente orientado a eliminar el tráfico de drogas. También se tiene previsto el control del Sistema Acuífero Guaraní (SAG), “un verdadero océano de agua potable subterráneo que tiene allí su principal punto de recarga", como lo determinara una investigación del Centro de Militares para la Democracia de Argentina. Adicionalmente, Estados Unidos dispone de una decena de bases militares que circundan la Amazonia, aparte de los planes militares diseñados para dominar nuestra América y a ser ejecutados por el Comando Sur.

La problemática del agua dulce afecta, incluso, a aquellos países que poseen gran cantidad de acuíferos, dado que muchas empresas transnacionales tienen un consumo excesivo e irresponsable que no es frenado por gobierno alguno, evitando la migración de las inversiones extranjeras en su territorio. A esto hay agregarle la desertificación en auge de los suelos y la destrucción de ecosistemas, lo que originará una menor producción de alimentos y aumento de enfermedades infecciosas. Esta perspectiva no es impedimento para que la Coca-Cola, por ejemplo, vaticine la posibilidad de obtener en muy breve tiempo mayores dividendos con la venta de agua embotellada -a un precio superior al de la gasolina en algunos países- que con sus bebidas gaseosas tradicionales.

Por ende, la privatización del agua, acción respaldada por el Banco Mundial, sitúa a los pueblos frente a un combate aún por librar. No hay que obviar que el creciente mercado del agua se está volviendo cada día más codiciado, librándose una lucha que apenas trasciende a la opinión pública. Sin embargo, se comenzó a generar una importante toma de conciencia que, simultáneamente a la formada por la lucha antiglobalizadora en el plano económico, social y político, se destaca en la defensa del agua y demás recursos naturales estratégicos. Esto ha permitido que se denuncien algunas estrategias del imperialismo yanqui, como la denominada Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA), un apéndice del ALCA que busca establecer mecanismos de coordinación entre el sector privado, los gobiernos y los entes financieros multilaterales, con unos “corredores de desarrollo” para los cuales la explotación del agua es una pieza fundamental.-

EL DETERIORO AMBIENTAL Y LA DEPREDACIÓN CAPITALISTA

La reproducción mecánica, considerada lógica y legítima por las elites gobernantes, de los viejos valores del sistema capitalista (propiedad privada, explotación indiscriminada de trabajadores y recursos naturales, maximización de la ganancia, libre empresa, competencia monopolística, corrupción y malversación de fondos del Estado, entre otros) vino a ser –para los países del mal denominado Tercer Mundo- una excesiva sangría de riquezas que posibilitó el desarrollo económico sostenido de Europa y Estados Unidos, en tanto que estos países se hundían cada vez en la pobreza y apenas se contentaban con la vana ilusión, inculcada por sus gobernantes, de superar algún día el subdesarrollo al cual parecían estar predestinados.
Todo ello desembocó en la instauración de un orden social excluyente que impuso el sacrificio de la vida en las aras de la mezquindad materialista, tanto así que no importó que nuestros pueblos aborígenes perecieran inmisericordemente en explotaciones agrícolas y mineras, con tal de satisfacer el afán lucrativo de las cortes y burguesías europeas. Menos aún que se esclavizara a los habitantes del África negra y se les negara hasta la condición de humanos. Para las grandes metrópolis capitalistas, la búsqueda vehemente de metales preciosos convirtió al continente americano en una inmensa bocamina de la cual se extraían día y noche toneladas de plata y oro que iban a parar a las arcas de las cortes de España y Portugal y, luego, a los comerciantes y prestamistas del resto de Europa. Con muy escasa diferencia, el proceso de explotación continuó una vez alcanzada la independencia política. Ahora se manifestaba en la monoproducción de algunos rubros específicos, como café, caucho, estaño o petróleo, que se nos devolvían manufacturados y a altos precios. En su obra “Las venas abiertas de América Latina”, Eduardo Galeano expone que “la región sigue trabajando de sirvienta. Continúa existiendo al servicio de las necesidades ajenas, como fuente y reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan consumiéndolos, mucho más de lo que América Latina gana produciéndolos”.
Este prolongado proceso de depredación capitalista afectó enormemente el delicado equilibrio ecológico de nuestras naciones dependientes, a tal punto que desaparecieron grandes extensiones de bosques y sabanas (con su flora y fauna únicas) para ensanchar la cría de ganado y la agricultura intensiva, dando por resultado un empobrecimiento acelerado de los suelos y una contaminación de las aguas. Una deuda ambiental, sin duda, que mantienen con los países de América, Asia y África las actuales potencias industrializadas. “El drama adquiere mayor significado –escribió Omar Luis Colmenárez en reportaje publicado en 1991 en el diario El Nacional, de Caracas- si se destaca, además, la relación que existe entre el endeudamiento crónico de estas naciones subdesarrolladas y los problemas ambientales que padecen”. Esto ha hecho que se incremente aún más el deterioro ambiental padecido y se privilegie la inversión extranjera en regiones como el Amazonas.
Lo que merma grandemente la posibilidad de proteger el medio ambiente en nuestras naciones es la implantación y expansión de un modelo de desarrollo consumista que erradica las tradiciones conservacionistas de nuestros ancestros y campesinos a cambio de paquetes tecnológicos que aumenten el nivel productivo agropecuario, sin importar cual sea su impacto ambiental. Hay, por lo tanto, un vínculo estrecho entre este deterioro ambiental y la depredación capitalista de que son víctimas las naciones tercermundistas.
De no atenderse esta situación creciente con criterios de emergencia en el plano político, obligando a las naciones industrializadas a reconocer la deuda ambiental que tienen con nuestros países, el panorama futuro se vislumbra desalentador y terrible. Mientras se ignore tal vinculación, la defensa del medio ambiente seguirá siendo una lucha romántica de grupos e individuos situados en la periferia de la sociedad cuando, contrariamente a ello, debiera comprometer a todo el conjunto social, ya que en la misma está implícita la continuidad saludable de la vida en La Tierra.-