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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

AFRICANIDAD EN VENEZUELA: LA LARGA MARCHA DEL RECONOCIMIENTO

AFRICANIDAD EN VENEZUELA: LA LARGA MARCHA DEL RECONOCIMIENTO

A diferencia de lo logrado por los pueblos indígenas o aborígenes, a quienes se les reconoce su condición de pueblos originarios en Venezuela, así como sus derechos étno-culturales y su inclusión legislativa por mandato expreso de la Constitución Bolivariana, la deuda histórica con los afrodescendientes se mantiene latente, sin que haya sido satisfecha en algún momento, ni en proporción ni en intención, a pesar de la política de inclusión social desarrollada durante el proceso revolucionario bolivariano que lidera el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías. A ello se suma la existencia cierta de barreras discriminatorias, generalmente no admitidas, pero que se hacen sentir, de una u otra forma, que segregan (aunque suene exagerado) a los negros.         

Por un tiempo demasiado prolongado, los afrodescendientes han estado librando una lucha casi silenciosa por el reconocimiento de sus derechos como grupo humano fundacional y fundamental de Venezuela. Tal lucha se ha manifestado a través del tiempo, desde que sus ancestros fueran secuestrados en su natal África y forzados a integrarse al sistema de producción impuesto en estas tierras por el dominio colonial, en un primer momento, y, posteriormente, continuado bajo la República que ayudaron a instituir con su sangre libertadora. Relegados de la memoria histórica nacional, salvo los casos emblemáticos de José Leonardo Chirino, el Rey Miguel, Andrés López del Rosario (Andresote), Hipólita y Matea, las dos nanas del Libertador Simón Bolívar, Pedro Camejo (Negro Primero), Juan José Rondón y, ya en el plano metafísico-religioso, el Negro Felipe y San Benito (víctima de los mismos feligreses católicos que lo irrespetan); se impuso la creencia generalizada de que este importante nutriente de nuestra venezolanidad carecía de valores que no fueran más allá de la cadencia de su música ancestral. A ello contribuyeron, quizás de manera inconsciente (aunque no todas las veces), la visión etnocentrista plasmada en los libros de historia, cuya conceptualización de negros esclavos o de esclavos africanos coadyuvaba a reforzar, extender y conservar la vigencia de ese desconocimiento interesado, impuesto por esclavistas y colonizadores europeos y sancionado por las autoridades eclesiásticas. Se quiso hacer de ellos meros objetos mercantiles y bestias de trabajo, cosificándolos y tratando de borrarles los nexos que pudieran conectarlos aún con su tierra nativa; de tal suerte que hubo necesidad de disimularlos o disfrazarlos mediante la cultura y la religiosidad impuestas y, aparentemente, aceptadas.

         Con tales antecedentes, no es difícil comprender que, hasta la fecha, los afrovenezolanos estén afincados en conseguir que se reconozcan sus orígenes, lo mismo que la cosmogonía, rasgos y tradiciones culturales de sus antepasados, los cuales se mantienen casi inalterables en las regiones donde fueran obligados a asentarse. Esta larga marcha por su reconocimiento, a pesar de los diversos obstáculos y prejuicios erigidos por la dominación colonial, tiene, sin embargo, unos hitos trascendentales que permiten anticipar una satisfacción plena, con lo cual la imagen de una Venezuela multiétnica y pluricultural será completa. Parte de estos hitos la comprenden los trabajos de investigación de, entre otros, Miguel Acosta Saignes, Federico Brito Figueroa, Michaelle Ascensio, Ligia Montañez y Jesús “Chucho” García, quienes -de uno u otro modo- generaron inquietudes en la población afrodescendiente por saber de sí mismos para ubicarse en el contexto de la sociedad venezolana actual. Tendentes todos a desmitificar esa concepción de incivilidad, de exclusión y de seres sin historia propia que rodeara desde siempre a los afrodescendientes. Aún así, la lucha es ardua y continúa, ahora con más ímpetu, avivada por el verbo revolucionario que se ha hecho sentir en todos los rincones de la Patria de Bolívar.

EL SOCIALISMO SEGÚN CHÁVEZ

EL SOCIALISMO SEGÚN CHÁVEZ
En la instalación de la IV Cumbre de la Deuda Social celebrada en Caracas, el Presidente Hugo Chávez planteó la necesidad de librar una batalla ideológica y construir un nuevo mundo para la vida. Fue claro al afirmar que bajo el capitalismo no habría posibilidad alguna para el futuro de los pueblos siempre explotados por las potencias industrializadas del mundo y que el socialismo se imponía como la solución a los graves y profundos desequilibrios generados por este sistema económico. “Yo no tengo dudas, es el socialismo”, manifestó. Pero esto lo llevó a sugerir que, ante tantos socialismos conocidos, se debería inventar el socialismo del siglo XXI. “En Venezuela no hemos definido este proyecto como socialista. Lo digo a título personal para abrir el debate”, terminó expresando.
Quizás para algunos, semejante declaración por parte de Chávez constituya un alerta difícil de digerir, habida cuenta de la prolongada herencia cultural capitalista que arrastran consigo y que les hace ver como una aberración cualquier mención de socialismo o de comunismo, producto de la propaganda invariable que se ha mantenido al través del tiempo. Para otros, formados en la línea ideológica de Marx, Engels y Lenin, sería una prueba de que la revolución bolivariana está derivando hacia los cánones clásicos de la revolución mundial. Sin embargo, tal parece que lo afirmado por Chávez no entra en ninguna de estas categorías absolutas. En el tiempo transcurrido, se ha visto una mezcolanza de ideas y frases que parecieran indicar que el proyecto bolivariano se inserta en uno u otro rumbo de los socialismos conocidos, incluyendo el de los utópicos o utopistas. Así, las referencias a la revolución cubana, a Marx, a Lenin, al Che Guevara, a Mao Tse-Tung, al Libro Verde de Moammar Kadhaffy, y otros iconos revolucionarios, nos harían suponer que éste o aquel es la definición más aproximada de lo que ocurre en Venezuela.
Por ello, cobra relevancia el hecho que Chávez no eluda, sino que plantee el debate, especialmente cuando muchos nos preguntamos cuál debe ser la caracterización más acertada del proceso revolucionario venezolano. Más aún, al considerar que sus antecedentes históricos e ideológicos se pueden rastrear desde la época de la lucha guerrillera en Venezuela y se empezó a manejar la teoría de la toma del poder mediante una insurrección cívico-militar-religiosa, tal como lo esbozara en su tiempo el comandante y líder del PRV-RUPTURA, Douglas Bravo, aun cuando hubiera otras que pudieron gestarse en ese tiempo o posteriormente. Si partimos de esto, podría señalarse que este proyecto revolucionario bolivariano tiene mucho de socialismo, un socialismo depurado, que no coincide en muchas cosas con lo efectuado en la extinta URSS y en otros países “socialistas”, aunque en otras sí sean manifiestas las coincidencias.
Todo esto impone realizar una exhaustiva revisión de aquellos antecedentes y verificar cuáles son los elementos originales que se conservan todavía y cuáles no, además de determinar hasta qué punto se enlaza con los aportes ideológicos de Marx y quienes continuaron, tras de él, enriqueciendo la alternativa socialista a escala mundial. En tal sentido, todas las fuerzas revolucionarias y progresistas del país están obligadas a discutir en su seno y con el pueblo estos pormenores, puesto que de ello se desprenderá una mejor definición ideológica de lo que es, y debiera ser, la revolución bolivariana. Lamentablemente, la necesidad urgente de este debate ha sido obviado reiterativamente en función de los intereses electoralistas que se apoderaron del accionar y de la teoría (si es que la hubo alguna vez) de la mayoría de los partidos políticos afectos a este proceso; de ahí que se haya dejado a un lado y se espere que ello lo defina el mismo Chávez e indique, en consecuencia, qué hacer. Esta ausencia de debate es una gran deficiencia, ya que se observa cómo mucha de la gente que se dice revolucionaria repita, sin rubor y hasta sin culpa, el mismo tipo de conducta visto bajo el régimen puntofijista. Por eso, en opinión de algunos “chavistas”, la iniciativa socialista del Presidente pareciera desenfocada. Otros la estiman innecesaria, dado que creen que todo el proyecto revolucionario bolivariano está contenido en la Constitución. No obstante, cabe preguntarse: si todo el texto constitucional se cumpliera al pie de la letra, ¿cuál sería, entonces, el siguiente paso de la revolución bolivariana, enfrentada como está al imperialismo yanqui y a la globalización capitalista neoliberal? ¿Acaso no sería el socialismo o, por lo menos, un socialismo con tintes venezolanos?
Basta analizar el conjunto de acciones emprendidas por el Presidente Chávez para vaticinar que, si no es uno de los socialismo ya experimentados en otras tierras, por lo menos, es uno que se adapata perfectamente a la idiosincrasia de la nación venezolana, en lo que estaría cabalmente conectado con las recomendaciones hechas por el Libertador Simón en su famoso Discurso de Angostura respecto al tipo de gobierno y de leyes que le correspondería adoptar a la Venezuela republicana.-

GUERRA DESINFORMATIVA CONTRA CHÁVEZ

GUERRA DESINFORMATIVA CONTRA CHÁVEZ

             Desde el primer momento en que Hugo Chávez asumiera la presidencia de Venezuela en 1998 -incluso, antes de ser oficialmente candidato presidencial- se desató una guerra mediática en su contra, tanto dentro como fuera del país. A lo largo de este tiempo, se le han negado reiteradamente sus credenciales democráticas, a pesar de ser el primer mandatario nacional en someterse a un referéndum revocatorio, de haber promovido la inclusión social de millones de venezolanos sin la oportunidad de una vida digna y de permitir, entre otras cosas, una libre expresión esencialmente oposicionista que llega al paroxismo más extremo. Aún así se sigue insistiendo en que Chávez ejerce el poder dictatorialmente, con persecución de periodistas y opositores, amenazas a la propiedad privada y ala paz regional, y destrucción de la economía venezolanas, sin mencionar sus presuntos vínculos con el narcotráfico y el terrorismo internacionales, en una inverosímil mezcolanza de malas intenciones y potenciales perversidades que lo equiparan con Adolf Hitler, Benito Mussolini e Idi Amín Dada.

Todo esto se mantiene sistemáticamente sin que haya cambiado un ápice esta guerra de desinformación sino que, al contrario, se incrementa con nuevos elementos como la alianza formada con Irán para producir armas nucleares y la carrera armamentista que estaría emprendiendo el gobierno de Caracas sin justificación alguna y sin que existan, supuestamente, amenazas de invasión o agresión por parte de otra nación. Hay, por tanto, un avieso propósito en crear una matriz de opinión favorable que permita una mayor y efectiva acción desestabilizadora, inspirada y financiada por el imperialismo yanqui en una clara demostración por impedir, a toda costa, el surgimiento y perdurabilidad de un régimen soberano al sur de sus fronteras, no obstante sus fuertes nexos comerciales, especialmente en materia energética.

Así, teniendo sus fuentes ubicadas en Estados unidos, los medios de comunicación internacionales se hacen eco de denuncias y hechos supuestamente originados en suelo venezolano, pero sin indagar lo suficiente para verificarlos, como les correspondería. Con ello se evidencia una cruzada propagandística que afecte la credibilidad de Chávez como líder apegado a las normas democráticas formalmente aceptadas por todos, pero que en el Presidente bolivariano son vistas como parte de su presunta estrategia manipuladora para perpetuarse indefinidamente en el poder. Es decir, a Chávez no se le quiere reconocer su empeño democrático en deshacer las ligaduras que mantuvieron excluidos social, política, cultural y económicamente a un grueso sector de la población venezolana por más de cuatro décadas consecutivas. En vez de eso, se le espeta el grado de corrupción administrativa de algunos de sus seguidores en cargos de gobierno, cuestión que el mismo Chávez ha afrontado públicamente, sin eludirlo, exigiendo su castigo, a pesar de que el sistema judicial se mantiene, a grandes rasgos, penetrado por funcionarios del antiguo régimen puntofijista. Ahora que adelanta una reforma constitucional, una ley habilitante, una educación con valores socialistas, el reordenamiento socialista de la geopolítica de la nación y el poder comunal, directamente ejercido por las comunidades organizadas, los que componen los cinco motores constituyentes; la estrategia desinformativa tiende a agudizarse cada vez más.

No es simple casualidad que Washington renueve sus esfuerzos políticos y diplomáticos, tratando de meter una cuña en la alianza geoestratégica lograda por Chávez en el sur de nuestra América y neutralizar algún apoyo de la comunidad internacional, si las cosas en el interior de Venezuela ameritan una acción más directa y definitiva, como lo han sugerido algunas voces agoreras en estados Unidos, incluyendo la posibilidad de un magnicidio. Todo ello, sin embargo, sigue estrellándose contra la muralla de amplio respaldo popular que rodea al Presidente Chávez. Aún así, el proceso revolucionario bolivariano requiere disminuir y conjurar con resolución y audacia los peligros que se ciernen sobre el mismo, ya que ello le facilitará su consolidación y avance definitivos.-          

EL PARTIDO UNIDO: ALGUNOS RASGOS POR DEFINIR

EL PARTIDO UNIDO: ALGUNOS RASGOS POR DEFINIR

          En torno a la estructuración del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) propuesto por el Presidente Hugo Chávez se han vertido algunas ideas interesantes, todas coincidentes sobre que sus rasgos característicos sean por completo diferentes a los de los partidos políticos tradicionales, incluyendo a aquellos denominados de izquierda. Algunas de tales ideas pretenden definir el perfil que debe caracterizar a los futuros militantes de esta novedosa organización, así como destacar la necesidad de que éstos adquieran suficientemente una formación realmente socialista. Asimismo, que los dirigentes sean electos por las bases, a fin de evitar se perpetúen cúpulas partidistas que, con el transcurrir del tiempo, terminen por distanciarse de éstas y adopten conductas contrarrevolucionarias y antidemocráticas.           

Por eso es bueno tener presente con el Che Guevara que “quien aspire a ser dirigente, tiene que enfrentarse o, mejor dicho, exponerse al veredicto de las masas y tener confianza de que ha sido elegido dirigente o se propone como dirigente porque es el mejor entre los buenos, por su trabajo, su espíritu de sacrificio, su constante actitud de vanguardia en todas las luchas que el proletariado debe realizar a diario para la construcción del socialismo”. Esto constituye uno de los nódulos centrales que debe prevalecer en el PSUV, puesto que ello garantiza el ejercicio pleno y creador de la democracia participativa y protagónica, además de permitir que nuevas cohortes generacionales revolucionarias asuman el papel de la vanguardia revolucionaria, una cuestión que es de vital importancia, si se quiere asegurar la continuidad y profundización del proceso revolucionario bolivariano, evitando su estancamiento o, sencillamente, su posible desviación reformista.

Siguiendo con el Che, todos los dirigentes y militantes del PSUV “deberán ser creadores, deberán manejar la teoría y crear la práctica de acuerdo con la teoría y con las condiciones propias de este país en que nos toca vivir y luchar”. Sin ello, se corre el riesgo nada imposible de que los remanentes del reformismo puntofijista afloren de nuevo, con tanto o más ímpetu como ocurriera en el seno de los distintos partidos políticos que apoyan a Chávez, no obstante proclamarse revolucionarios todos. Por ello, es significativo que haya cierta reserva, toda vez que se rememora lo hecho por las principales cúpulas partidistas del chavismo, sin respeto alguno a los liderazgos naturales existentes en las regiones y municipios, lo cual incidió en la proliferación de organizaciones políticas afectas a Chávez.

Ahora, cuando se acepta la conveniencia histórica de activar esta nueva fuerza política, es imprescindible que ella cumpla un rol fundamental en la conversión de la conciencia de quienes apoyan el liderazgo de Chávez, aún asentada en el egoísmo y la búsqueda de soluciones fáciles, por una conciencia social que sirva de sustentación, a su vez, de una conciencia definidamente socialista. Tal conversión repercutirá, sin duda, en la transformación radical del país, no sólo a nivel político, sino al nivel económico, social y cultural. De ahí que la formación ideológica represente un pilar insoslayable, acompañada de una serie de valores sociales y ciudadanos esenciales que deben rescatarse de manera simultánea a dicha formación.

El PSUV debe ser instrumento político al servicio del pueblo y promover incansablemente el cambio estructural y el bien colectivo. Para que lo sea, es requisito que el socialismo emerja entre sus filas, fomentando una definición más acabada de sí mismo a la luz del acontecer venezolano, enlazado con el sueño integracionista y la lucha antiimperialista de nuestros Libertadores; siendo -en esencia- anticapitalista, a pesar de lo que se afirme en contra. No puede ni debe subordinar todo instrumento de articulación, de expresión y de organización de las masas, creyéndose la vía más adecuada de hacer la revolución. Al contrario, el PSUV debe verse como uno más de los instrumentos que se requieren para afianzar el hecho revolucionario en Venezuela, de tal suerte que complemente los logros revolucionarios hasta ahora alcanzados de la mano del Presidente Chávez.-

EL 4 DE FEBRERO, QUINCE AÑOS DESPUES

EL 4 DE FEBRERO, QUINCE AÑOS DESPUES

         El 4 de febrero de 1992 dividió la historia contemporánea venezolana en un antes y en un después que se mantiene en el tiempo y el espacio. No fue simplemente la insurgencia justificada de un grupo de patriotas civiles y militares en contra de un régimen representativo que acabó por deslegitimarse a si mismo mediante el fraude, la represión sistematizada, la corrupción administrativa, la red de complicidades partidistas y la impunidad más descarada. Para entonces, las ofertas engañosas de los partidos políticos tradicionales, sumadas a la aparente desorientación de quienes se ubicaban en la izquierda, originaron en las masas frustración y desencanto, lo que -a la larga- les hiciera anhelar la aparición de un vengador social que castigara a aquellos que, desde las cúpulas, usufructuaron el poder, sin que ello resultara beneficioso para el pueblo en modo alguno. Las masas se hallaban, por tanto, predispuestas para apoyar cualquier acción en este sentido, sobre todo, luego de la insurrección popular del 27 de febrero de 1989, la cual fuera reprimida a sangre y fuego por el régimen adeco de turno y cuyo saldo real de muertes aún se desconoce con exactitud.           

Pero la rebelión cívico-militar del 4 de febrero no fue producto del azar. Ello respondió a un esquema desarrollado en el seno del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), escisión del Partido Comunista durante la época de las guerrillas, y de su brazo legalizado, el Movimiento Político Ruptura, dirigido a la captación de militares activos y penetración de las Fuerzas Armadas con el objeto de producir una situación revolucionaria en Venezuela. En el PRV-Ruptura se daba paso a un rompimiento parcial con el marxismo-leninismo, adoptándose ideas fundamentales de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. A falta de una concepción bien definida de lo que sería el Estado, se asumió la insurrección cívico-militar-religiosa como idea clave para hacer la revolución. Así, el Frente Militar de Carrera, cuyo génesis podría rastrearse a finales de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, tuvo una importancia de primer orden y con mayor énfasis a partir de 1977. Uno de los primeros militares contactados fue William Izarra, de la Aviación Militar, quien funda el R-83 (Revolución 83) y, más tarde, ARMA (Alianza Revolucionaria de Militares Activos). Para aquellos momentos, se crea igualmente el Comité de Militares Patriotas, Bolivarianos y Revolucionarios, antecedente inmediato del MBR-200 (Movimiento Bolivariano Revolucionario 200), denominado de esta forma por Hugo Chávez Frías. Paralelamente, otros grupos y células militares y cívico-militares discutían planes tendentes a cambiar la situación degradante en que se encontraba la democracia representativa. Todos coincidían que en el país se fraguaba una gran crisis que obligaría a las elites gobernantes a aplicar el recetario neoliberal del Fondo Monetario Internacional, lo que marcaría el punto crítico y la ruptura creadora que se esperaba.           

El planteamiento inicial era que se debían crear las bases de una sociedad de nuevo tipo que rompiera con los paradigmas del pasado y los modelos existentes, basándose en el ejercicio de la democracia directa y en la ruptura con el fundamento de la civilización capitalista, de una manera autogestionaria y libertaria. Se trataba de inventar o de errar, como lo consignara el Maestro Simón Rodríguez. Para ello era necesario proponerse la nacionalización del pensamiento revolucionario, partiendo de la realidad específica venezolana, sin que esto significara desconocer los aportes ideológicos y las experiencias revolucionarias originados en otras épocas y en otras naciones.           

Quince años después, venciendo todas las resistencias, el proceso revolucionario bolivariano se afianza cada día con mayor fuerza con el respaldo decidido de las masas populares, identificadas con la propuesta socialista enarbolada por el Presidente Hugo Chávez. Esto convierte al 4 de febrero en motivo de reflexión y de punto de partida respecto a los cambios políticos, sociales, económicos y culturales que se forjan actualmente en el país. Por ello, quince años después, se comprende la trascendencia del 4 de febrero y el por qué sigue esparciendo su espíritu reivindicador, rebelde y revolucionario sobre los corazones de quienes confían en el Presidente Chávez y en la buena marcha del proceso revolucionario bolivariano.-             

CONSTRUYENDO LA NUEVA ERA REVOLUCIONARIA EN VENEZUELA

CONSTRUYENDO LA NUEVA ERA REVOLUCIONARIA EN VENEZUELA

Es importante acotar que la embestida de Hugo Chávez contra las viejas estructuras del Estado burgués y reformista heredado del Pacto cupular de Punto Fijo, una vez ratificado como Presidente mediante los votos del pueblo venezolano el 3 de diciembre pasado, no debiera extrañarle a nadie. Hasta el presente, el proceso revolucionario bolivariano se ha mantenido cabalgando sobre tales estructuras, con todos los inconvenientes y obstáculos creados por una metodología, una cultura y una burocracia afincadas en el reformismo; todo lo cual hizo que las iniciativas revolucionarias impulsadas por Chávez, como las Misiones, tuvieran que activarse de manera paralela al Estado vigente. Por eso, los opositores aún mantienen sus esperanzas en que, agotado el entusiasmo de las masas, las cosas volverán a su punto de partida, puesto que el viejo Estado, organizado para mantener el clientelismo político y la división social, sería incapaz de darle respuesta satisfactoria a las demandas y a las expectativas populares. Sin embargo, Chávez sorprendió a propios y extraños, generando todo tipo de hipótesis y de especulaciones, cuestión que lo sigue ubicando en la cúspide de la atención nacional e internacional porque está demostrando su disposición irreductible de producir el cambio estructural que le dará personalidad propia al proceso revolucionario que lidera y es ejemplo a nivel continental y mundial.

Así, su propuesta de constituir el Partido Socialista Unido de Venezuela -en vez de mantener la treintena de siglas partidistas que lo respaldan electoralmente, pero que escasamente tienen conexión social- hizo que muchos de sus seguidores acortaran los tiempos que creían debían cumplirse para arribar al mismo, especialmente en lo atinente a que surjan caras nuevas dentro de la revolución, promovidas por las bases populares en un ejercicio de democracia participativa y protagónica o de poder constituyente popular, cosa que elimina, de antemano, la posibilidad de que se eternicen los mismos cogollos que han evitado su desarrollo, autonomía y diversificación. En este caso, el Partido Unido no cumple, simplemente, la misión de agrupar a todos los revolucionarios bolivarianos sino que estará llamado a darle contenido real al socialismo, construido desde abajo por el pueblo, así como impulsar la organización, la formación ideológica, la movilización, la contraloría social, la iniciativa legislativa y la elección de verdaderos revolucionarios en cargos de elección popular. Esta propuesta va de la mano de la construcción, a su vez, del nuevo socialismo como alternativa al capitalismo y a la reforma liberal a que estamos acostumbrados. Ello, por supuesto, produce cierto desasosiego e incertidumbre entre algunos dirigentes de las cúpulas partidistas, ya que serían las bases militantes quienes sustentarían dicho partido, en consonancia con los lineamientos estratégicos diseñados por el Presidente.

Esto forzará la eliminación de la estructura excluyente y explotadora del viejo Estado, concibiéndose una diversidad de espacios que serán ocupados por las organizaciones, las estructuras e instrumentos de participación popular que se dé el pueblo a sí mismo. Pero no podrá limitarse a la estructura política. Tendrá que abarcar, asimismo, las estructuras económica y social, forjándose una nueva cultura, una nueva ética y una nueva moral que configurarán a la nueva mujer revolucionaria y al nuevo hombre revolucionario que edificarán la sociedad de nuevo tipo que se encuentra insertada en el socialismo en el siglo XXI. Para ello es requisito que los revolucionarios bolivarianos sean capaces de asumir con total responsabilidad la consigna de “inventamos o erramos” de Simón Rodríguez y de concederle a las masas el derecho a desencadenar sus poderes creadores. Esto supone romper paradigmas y establecer otros, nuevos, de modo que se engendre realmente en Venezuela una revolución inédita, pero posible. De esta manera, el proceso bolivariano se afirmará sobre fundamentos sólidos, aún con sus contradicciones y algunos retrocesos inevitables, pero que harán del mismo algo singular en la historia de los pueblos, del socialismo y de la revolución mundial. No será fácil, pero tampoco imposible. La nueva era del proceso revolucionario bolivariano anunciada por Chávez exige rebasar la conciencia conformista e individualista, moldeada bajo el capitalismo, y trabajar cada día por lograr sustituirla por una conciencia social, solidaria y firmemente revolucionaria; de ahí en adelante la revolución será un hecho cotidiano, sin anclarse en el tiempo, ni en los hábitos, ni en los cogollos.-

DEL NUEVO SOCIALISMO EN CONSTRUCCIÓN

DEL NUEVO SOCIALISMO EN CONSTRUCCIÓN

          Al plantearse la alternativa socialista como sostén del cambio estructural que propicia el proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, Hugo Chávez desató no pocas especulaciones, análisis, temores y esperanzas de distintos calibres, tanto dentro como fuera del país. Algunos lo enfocan según la óptica del materialismo histórico. Otros, en cambio, pretenden hacerlo prescindiendo por completo de los cánones clásicos de la izquierda revolucionaria. Entretanto, Chávez ha expuesto -de modo sencillo- que este socialismo “se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad”, valores universales todos que resumen un amplio proyecto de emancipación integral al cual se adhieren, mayoritariamente, los sectores populares venezolanos, con una trascendencia continental. Este nuevo socialismo estará, por consiguiente, alejado del individualismo y del egoísmo, estableciendo nuevos valores sociales y humanos que enfrentarán, por igual, a la corrupción moral y a la corrupción material.           

Aún cuando pudiera confundirse con la tesis del liberalismo comunitario enarbolada por Jhon Rawls y Charles Taylor durante los años 80 en Estados Unidos, lo cierto es que la propuesta socialista bolivariana busca tener raíces propias, sin que ello signifique negar absolutamente el aporte ideológico generado en otras latitudes y en otros tiempos. Así lo ha hecho saber el Presidente Chávez, no obstante las referencias a la Revolución Cubana, Marx, Lenin, Gramsci, el Che, entre otros, cuyos aportes son invaluables y necesarios para la comprensión y la promoción del socialismo a escala mundial. “Estamos llamando a construir el socialismo del siglo XXI -lo dijo Chávez en Londres el 15 de mayo de 2006- un socialismo fresco y nuevo, no dogmático, flexible, impulsando la democracia participativa y la democracia protagónica”. Esto obliga a muchos a tratar de fundar los paradigmas de los cuales se revestirá este socialismo en plena fase de construcción práctica, cosa que no ha resultado fácil por la diversidad de puntos de vista y, además, por la presunción de que será Chávez quien tenga la última palabra al respecto. Es un debate que apenas comienza a coger forma y que, seguro, alejará a algunos. Sin duda, es asunto de una alta responsabilidad que no puede dejarse al azar y a quienes, desde el reformismo, no entienden ni desean el socialismo en el siglo XXI.           

Sin embargo, existen algunas señales claras de qué se trata este nuevo socialismo. El Presidente Chávez las deja entrever ala firmar que “una revolución política y una revolución social deben estar acompañadas de una revolución económica, si no, estaría condenada a morir, más temprano o más tarde”. Más abundantemente lo expresó el 15 de diciembre de 2006: “…no habrá socialismo sin transformación económica, no habrá socialismo sin democracia participativa y protagónica en lo político, no habrá socialismo sin ética socialista, el amor, la solidaridad, la igualdad entre los hombres , las mujeres, entre todos, esos son los elementos fundamentales del socialismo, de nuestro socialismo en construcción”. A la par de tales elementos, habrá que añadirle el compromiso integracionista, internacionalista y antiimperialista legado por Simón Bolívar y demás libertadores latino-caribeños. Todo esto, en conjunto, requiere formularse teóricamente a fin de que, partiendo de lo particular venezolano, sirva de base dinámica al proceso revolucionario bolivariano en marcha. Esto, necesariamente, tiene que afectar y trascender las típicamente aceptadas relaciones de producción capitalista, la institucionalidad del Estado, el poder constituido, la integración cívico-militar, el andamiaje cultural, la educación, la ética, la moral, la religiosidad, incluso, y todo aquello que forma parte de la cotidianidad social presente.           

A grandes rasgos, el socialismo en el siglo XXI representa una luz de esperanza para los pueblos del mundo, amenazados con ser engullidos por una globalización neoliberal militarizada atroz, racista y despótica que, ante la inminencia de su desplome definitivo, no vacila en fomentar el caos y la violencia internos. En este marco de circunstancias, el socialismo en construcción en Venezuela enfrenta el reto de estimular la liberación definitiva de nuestros pueblos y la edificación de una sociedad democrática de nuevo tipo, promovido y sostenido desde abajo, dotado de una clara orientación revolucionaria, a pesar de lo complejo que pueda resultar en su etapa inicial.-             

EL NUEVO HITO DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

EL NUEVO HITO DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA
Refiriéndose a la peculiaridad de la revolución cubana, el Che Guevara escribió: “Es esta una revolución singular que algunos han creído que no se ajusta a una de las premisas de lo más ortodoxo del movimiento revolucionario, expresada por Lenin así: “sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”. Convendría decir que la teoría revolucionaria, como expresión de una verdad social, está por encima de cualquier enunciado; es decir, que la revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella, aun sin conocer las teorías. Es claro que el conocimiento adecuado de ésta simplifica la tarea e impide caer en peligrosos errores, siempre que esa teoría enunciada corresponda a la verdad. Además, hablando concretamente de esta revolución, debe recalcarse que sus actores principales no eran exactamente teóricos, pero tampoco ignorantes de los grandes fenómenos sociales y los enunciados de las leyes que los rigen. Esto hizo que, sobre la base de algunos conocimientos teóricos y el profundo conocimiento de la realidad, se pudiera ir creando una teoría revolucionaria”. (Notas para el estudio de la ideología de la Revolución Cubana, octubre de 1960). Aplicando, con sus naturales diferencias, lo afirmado por el Comandante Guevara a la situación actual del proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, podría coincidirse en que ello está ocurriendo casi de la misma manera a como se originó la segunda etapa de la revolución en Cuba, a partir de la toma del poder en 1959.
            En el caso específico de Venezuela, si bien es cierto que las asonadas cívico-militares de 1992, simbolizadas en la figura del Teniente Coronel Hugo Chávez, se plantearon deponer al régimen de corrupción e impunidades de los partidos tradicionales de AD y COPEI, aun era prematuro para hablar de revolución. Sin embargo, al arribar Chávez a la Presidencia de la República las cosas empezaron a tomar otro tinte. Se comenzó a hablar de revolución abiertamente, lo que activó las alarmas de las clases dominantes conservadoras y de Estados Unidos; más aún, al apreciarse el acercamiento con Cuba. Al poco tiempo, las masas populares se identificaron plenamente con esta idea, a pesar que no se tenía precisión alguna respecto al rumbo a seguir. No obstante, el camino electoral transitado por Chávez, sumado a la convocatoria de una Asamblea Constituyente respaldada masivamente por el pueblo venezolano y el rescate todavía en proceso de la memoria histórica y de la identidad nacional, facilitaron en gran parte la germinación de una nueva mentalidad entre los venezolanos. En este sentido, la labor del Presidente superó grandemente a la de sus seguidores en posiciones de gobierno y militantes de una diversidad exagerada de partidos políticos que lo apoyan. En todo este tiempo, el proceso bolivariano ha estado huérfano de una teoría revolucionaria que lo sustente y explique, aunque para el pueblo sencillo esto no es lo principal, por eso acatan las líneas estratégicas de Chávez como su único líder y tratan de profundizarlas, incluso en contra de los cientos de gobernantes chavistas que, de modo opuesto, reafirman la vigencia de las viejas estructuras del Estado reformista.
            Por ello, la idea de Chávez de fundar un Partido Socialista Unificado representa un hito importante en las etapas simultáneas que le ha correspondido transitar al proceso revolucionario venezolano. Así, la posición expuesta por Chávez de que sean las mismas bases populares que lo hagan, escogiendo a los mejores cuadros revolucionarios, imponiendo que cada uno de ellos tenga un perfil moral y ético revolucionario y socialista comprobado, y, además, ejerciendo directamente la promoción y construcción del cambio estructural; enlaza por completo con la declaración del Che en cuanto a la revolución cubana. Es algo que enriquecerá, sin duda, la concepción que se tiene de la revolución a nivel mundial. Habrá errores y aciertos, como en todo lo humano, pero lo que sobresale de ello es que el pueblo tendrá, finalmente, una oportunidad de hacer valer su derecho a la participación y al protagonismo que le garantiza la Constitución. Para los revolucionarios verdaderos será una prueba de fuego, tocándole manifestarse en total sintonía con la nueva fase que se inicia dentro del proceso revolucionario bolivariano. Incluso, estos últimos, tendrán que demostrar en la práctica si sus ideales de edificar una sociedad justa, democrática y libre son auténticos, o si los impulsa, simplemente, un afán de poder.-