La urgencia de los elegidos de Dios
Homar Garcés
El acoso, la burla, la deshumanización y la constante violencia física y psicológica ejecutada en diferentes escalas, sumadas a la sobresaturación de noticias falsas divulgadas en prensa y redes sociales, han hecho del genocidio de Palestina una de las mayores atrocidades que se haya atrevido a cometer alguna vez un grupo humano. La impunidad que le rodea es muestra más que evidente de la complicidad de los distintos gobiernos y corporaciones económicas del mundo, a pesar de las fallidas resoluciones emitidas desde el seno de la Organización de las Naciones Unidas y de las exigencias populares en diversos países para que éste cese por completo y se reconozcan los derechos del pueblo palestino a existir también como nación soberana. Pero todo esto es ignorado deliberadamente desde hace más de medio siglo, aupado por intereses geopolíticos y económicos que buscan controlar y reconfigurar el amplio territorio de Asia occidental y, con éste, los grandes yacimientos petroleros que allí se hallan. De ahí que, a la par de los crímenes de lesa humanidad contra la población palestina, se producen los ataques militares contra Irán y el Líbano, conformando así una estrategia de mayores dimensiones que las admitidas mediáticamente.
La maldad organizada del Estado de Israel ha derivado en la producción de un proceso de desensibilización que se ha hecho una cuestión común alrededor del planeta, sin que exista hasta ahora una fórmula efectiva, a nivel internacional, que le impida por completo continuar devastando más vidas gazatíes. Esto se observa en una mayoría de naciones europeas y en Estados Unidos donde cualquier mención crítica o protesta pública pacífica es reprimida inmediatamente, sin miramientos, y sus promotores son encarcelados y condenados a una condición de parias, sin garantías constitucionales. El silenciamiento y la distorsión de la realidad en favor de los intereses del sionismo son abrumadores, a tales extremos que podría afirmarse que el Estado de Israel gobierna al resto de las naciones de la Tierra. Gracias a ello, Israel ha podido hacer de las suyas en Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria, en pos de la concreción de sus aspiraciones de «revivir» las fronteras del reinado bíblico de David y de su hijo Salomón; matizado con la manipulación de las religiones cristianas, haciendo creer a muchos que sus acciones (por terribles que puedan parecer) obedecen al cumplimiento de la profecía apocalíptica del juicio final y a su condición de elegidos de Dios.
Pero hay algo más que referir: La proyectada construcción del canal Ben Gurión como alternativa al canal de Suez. Este representaría la construcción de una ruta marítima que enlazaría el mar Mediterráneo con el golfo de Aqaba (Mar Rojo) a través del desierto del Néguev bajo el control del Estado de Israel; lo cual modificaría enormemente el comercio marítimo en la región del Asia occidental. Aunque se descarta su construcción, en vista del alto costo que el mismo supondría, Gaza seguirá siendo materia de atención para el Estado de Israel, ahora con el acompañamiento de Estados Unidos, a través de Donald Trump, quien ya anunciara no hace mucho tiempo su proyecto de convertir dicho territorio en una riviera del Asia occidental, con rascacielos y rutas turísticas, para lo cual sería indispensable desalojar por completo a la población gazatí en éste residente y crear las condiciones para una cuantiosa inversión extranjera. La urgencia de los llamados elegidos de Dios por exterminar a los palestinos tiene, por tanto, una gama de intereses geopolíticos y económicos que no ocultan del todo la macabra realidad que éstos sufren a diario, pero que podría revertirse si algún día los diferentes gobiernos del mundo así lo decidieran. A pesar de la gran influencia de los cristianos sionistas sobre Washington.