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AFRICANIDAD EN VENEZUELA: LA LARGA MARCHA DEL RECONOCIMIENTO

AFRICANIDAD EN VENEZUELA: LA LARGA MARCHA DEL RECONOCIMIENTO

A diferencia de lo logrado por los pueblos indígenas o aborígenes, a quienes se les reconoce su condición de pueblos originarios en Venezuela, así como sus derechos étno-culturales y su inclusión legislativa por mandato expreso de la Constitución Bolivariana, la deuda histórica con los afrodescendientes se mantiene latente, sin que haya sido satisfecha en algún momento, ni en proporción ni en intención, a pesar de la política de inclusión social desarrollada durante el proceso revolucionario bolivariano que lidera el Presidente Hugo Rafael Chávez Frías. A ello se suma la existencia cierta de barreras discriminatorias, generalmente no admitidas, pero que se hacen sentir, de una u otra forma, que segregan (aunque suene exagerado) a los negros.         

Por un tiempo demasiado prolongado, los afrodescendientes han estado librando una lucha casi silenciosa por el reconocimiento de sus derechos como grupo humano fundacional y fundamental de Venezuela. Tal lucha se ha manifestado a través del tiempo, desde que sus ancestros fueran secuestrados en su natal África y forzados a integrarse al sistema de producción impuesto en estas tierras por el dominio colonial, en un primer momento, y, posteriormente, continuado bajo la República que ayudaron a instituir con su sangre libertadora. Relegados de la memoria histórica nacional, salvo los casos emblemáticos de José Leonardo Chirino, el Rey Miguel, Andrés López del Rosario (Andresote), Hipólita y Matea, las dos nanas del Libertador Simón Bolívar, Pedro Camejo (Negro Primero), Juan José Rondón y, ya en el plano metafísico-religioso, el Negro Felipe y San Benito (víctima de los mismos feligreses católicos que lo irrespetan); se impuso la creencia generalizada de que este importante nutriente de nuestra venezolanidad carecía de valores que no fueran más allá de la cadencia de su música ancestral. A ello contribuyeron, quizás de manera inconsciente (aunque no todas las veces), la visión etnocentrista plasmada en los libros de historia, cuya conceptualización de negros esclavos o de esclavos africanos coadyuvaba a reforzar, extender y conservar la vigencia de ese desconocimiento interesado, impuesto por esclavistas y colonizadores europeos y sancionado por las autoridades eclesiásticas. Se quiso hacer de ellos meros objetos mercantiles y bestias de trabajo, cosificándolos y tratando de borrarles los nexos que pudieran conectarlos aún con su tierra nativa; de tal suerte que hubo necesidad de disimularlos o disfrazarlos mediante la cultura y la religiosidad impuestas y, aparentemente, aceptadas.

         Con tales antecedentes, no es difícil comprender que, hasta la fecha, los afrovenezolanos estén afincados en conseguir que se reconozcan sus orígenes, lo mismo que la cosmogonía, rasgos y tradiciones culturales de sus antepasados, los cuales se mantienen casi inalterables en las regiones donde fueran obligados a asentarse. Esta larga marcha por su reconocimiento, a pesar de los diversos obstáculos y prejuicios erigidos por la dominación colonial, tiene, sin embargo, unos hitos trascendentales que permiten anticipar una satisfacción plena, con lo cual la imagen de una Venezuela multiétnica y pluricultural será completa. Parte de estos hitos la comprenden los trabajos de investigación de, entre otros, Miguel Acosta Saignes, Federico Brito Figueroa, Michaelle Ascensio, Ligia Montañez y Jesús “Chucho” García, quienes -de uno u otro modo- generaron inquietudes en la población afrodescendiente por saber de sí mismos para ubicarse en el contexto de la sociedad venezolana actual. Tendentes todos a desmitificar esa concepción de incivilidad, de exclusión y de seres sin historia propia que rodeara desde siempre a los afrodescendientes. Aún así, la lucha es ardua y continúa, ahora con más ímpetu, avivada por el verbo revolucionario que se ha hecho sentir en todos los rincones de la Patria de Bolívar.

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