Nuestra América: Entre el declive imperialista y el neocolonialismo
Homar Garcés
La erosión de la supremacía de Estados Unidos a nivel global ha obligado a sus conductores a asegurarse y a poner en un primer plano su dominio absoluto sobre los países al sur de su frontera. Con la formulación de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), que orienta su gestión, Donald Trump le ha asignado a nuestras naciones un papel de mayor subordinación y dependencia del que pudo antes tener. Ya no hay valores compartidos, ni cooperación ni soberanía formal que deban ser reconocidos. La Casa Blanca ha determinado que sólo su voluntad y los intereses geopolíticos y económicos estadounidenses son los que prevalecerán de ahora en adelante en su relación con los países al sur del río Bravo, dotados por la naturaleza de recursos de valor estratégico, contando con las vías navegables del río Paraná, las tierras raras de los Andes, el cobre de Panamá, la riqueza petrolera de Venezuela y el litio que se encuentra en el subsuelo de Argentina, Bolivia y Chile.
Con esto presente, no se puede ignorar, como bien lo apunta Aram Aharonian en su artículo «El presente no da lugar al futuro en América Latina», que «la crisis actual de América Latina es similar a las de los años 1930, con síntomas que se repiten: disputa hegemónica, ascenso de derechas autoritarias proestadounidenses, fragilidad institucional, guerras latentes. No se trata de una crisis económica ni política: es una crisis civilizatoria. No está en juego únicamente la reproducción del capital, sino la reproducción de la vida. Y también están en juego los recursos minerales, energéticos, el agua, que significan el presente y el futuro de las sociedades». Desde este punto de vista, la integración regional y la cooperación entre gobiernos y pueblos son elementos determinantes para confrontar con éxito las arremetidas y proyectos neocolonialistas del imperialismo gringo y de sus socios sionistas y europeos; lo que es torpedeado constantemente por Washington y sus asociados de la extrema derecha en nuestra región, valiéndose, principalmente, de la dependencia del dólar de nuestras economías subdesarrolladas. No obstante, el problema a resolver, a grandes rasgos y de manera seria, es evitar la reproducción del capitalismo neoliberal y la dependencia de la visión jerárquica y eurocentrista de lo que es la política y el ejercicio del poder. Hay que construir un modelo alternativo al capitalismo y descolonizar, al mismo tiempo, nuestro pensamiento y nuestra praxis diaria, de manera que podamos asumir realmente la construcción de una alternativa rupturista y revolucionaria, sin caer en un revolucionarismo propagandístico y caudillesco, como se acostumbró en la mayoría de los países latinoamericanos. La integración regional y la cooperación entre gobiernos y pueblos son ejes determinantes para confrontar con éxito las arremetidas neocolonialistas del imperialismo gringo y de sus socios sionistas y europeos.
La condición semicolonial de facto en la cual se halla actualmente Venezuela y la amenaza estadounidense contra Cuba obligan a plantearse más de una interrogación en torno al futuro colectivo de las soberanías de Nuestra América/Abya Yala/Améfrica Ladina y de los diferentes movimientos, grupos y partidos políticos que propulsan un cambio estructural en cada uno de nuestros países ante un imperialismo gringo que no respeta ninguna norma internacional establecida y está empeñado en asegurar, cueste lo que cueste, su hegemonía sobre esta porción del planeta. Las consecuencias destructivas que apenas aparecen esbozadas en el horizonte -tomando en cuenta el reciclaje de la propaganda anticomunista de la época de la llamada Guerra Fría, orquestado por Trump y replicado sin alteración por los representantes de la ultraderecha vasalla y el giro dado hacia candidaturas derechistas en los últimos procesos electorales realizados en países como Honduras, Chile, Costa Rica, Colombia y Perú- hacen vaticinar que la hegemonía imperialista y del capitalismo tendría una fase de un mayor control político, económico y cultural de Nuestra América/Abya Yala/Améfrica Ladina; quizás más profundo y prolongado que en su época inicial durante el siglo XX. Ante semejante perspectiva, los sectores populares, patriotas y revolucionarios no se pueden quedar de brazos cruzados y, menos todavía, colaborar con el nuevo régimen que se nos impondría porque eso sería condenar a nuestros pueblos a la condición de colonias o protectorados del imperialismo gringo, perdiendo por completo sus soberanías.
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