Cuba, a pesar del imperialismo gringo
Homar Garcés
Muchas personas, tanto en el pasado como en el presente, han manifestado con mucha convicción (y más que convicción, con furibunda pasión, o fanatismo para ser más preciso) que el sistema comunista implantado en Cuba es un absoluto fracaso. Incluso, aquellas que, por su ignorancia misma, lo repiten sin percatarse de cuál es la realidad que rodea dicho asunto y, menos, sin conocer con exactitud las circunstancias históricas que facilitaron que en la Isla se proclamara el carácter socialista de la revolución que acabara con la dictadura de Fulgencio Batista, subordinada esta de forma incondicional a los intereses del capitalismo estadounidense. Gran parte de dichas personas sólo responden (irracionalmente) al miedo anticomunista que, desde principios del siglo XX, recorrió la América entera, atribuyéndole a esta ideología revolucionaria toda especie de males, incluso llegando a formar parte de las prohibiciones constitucionales en cuanto a su estudio, divulgación y militancia en naciones como Venezuela. No es poco lo sufrido por los cubanos y las cubanas durante más de medio siglo. Año tras año, el gobierno encabezado por Fidel Castro Ruz (y actualmente por Miguel Díaz Canel) ha tenido que sortear todas las estrategias y las tácticas implementadas por el régimen de Washington para impedir la consolidación de los programas socioeconómicos, técnicos y científicos que allí se han iniciado bajo la bandera del socialismo, lo cual sería poco si a ello no se sumaran los aliados políticos y comerciales de Estados Unidos, condenando a la población cubana a un bloqueo atroz con su secuela de sufrimientos de toda índole.
Con Marco Rubio convertido en el máximo instigador del endurecimiento de las medidas coercitivas aplicadas a Cuba, el presidente Donald Trump anticipa que habrá un cambio de régimen en la Isla cuando él así lo disponga y, como fue la ambición geopolítica de sus antecesores en la Casa Blanca, también habla de ejercer un control directo sobre ésta mediante la designación de su secretario de Estado como la máxima autoridad sobre el pueblo cubano. Si esto llegara a concretarse, no sólo significaría un grave retroceso para el pueblo cubano, independientemente de las promesas o perspectivas de crecimiento económico que supondría el tutelaje -directo o indirecto- del imperialismo gringo, también lo sería para el resto de nuestro continente al extinguirse la última experiencia de revolución socialista sobreviviente que mantuvo viva la esperanza de muchos pueblos oprimidos por el sistema capitalista e imperialista estadounidense. Esto es de gran trascendencia, si le sumamos el hecho de que Washington está decidido a segregar y a eliminar todo rasgo o elemento revolucionario del planeta, sin discriminación de individuos, ni de organizaciones sociales y políticas que reclamen sus derechos legales y constitucionales. Vistas así, las circunstancias creadas por Estados Unidos para cercar y asfixiar a Cuba representan igualmente el posible futuro que les tocará sufrir a nuestros pueblos si sus gobiernos se muestran reacios a no acatar los mandamientos de la Casa Blanca y abrir sus economías a sus grandes corporaciones transnacionales.
Así, al bloqueo económico establecido por Estados Unidos en la década de los 60 fueron añadiéndose las restricciones financieras, la prohibición de comercio aplicada a las empresas estadounidenses y a sus filiales de otras partes del planeta, las reiteradas campañas de desinformación (radio Martí) y de presión internacional y los ataques armados (Playa Girón), atentados (avión de Cubana de Aviación sobre Barbados) y sabotajes en distintos niveles. Todo lo cual, en conjunto, ha hecho que la vía escogida por Cuba para obtener un mejor nivel de vida se vea obstaculizada de una manera permanente. Para el imperialismo yanqui es un asunto de honor (si cabe el término) lograr quebrar a la Revolución Cubana. Para lograr tal meta, no escatimó ningún esfuerzo, incluso diplomático cuando convenció a las naciones integrantes de la Organización de Estados Americanos de expulsar a Cuba de su seno. A pesar de las acciones desestabilizadoras del imperialismo gringo, Cuba aún resiste. En condiciones difíciles que rozan los límites de la sobrevivencia, con escasez de combustibles, con enfermos que no pueden recuperar su salud por no disponer de los tratamientos médicos adecuados, sufriendo apagones eléctricos prolongados y con una infancia expuesta a la desnutrición, si el asedio de Washington no cede ante la presión internacional de pueblos, organizaciones y gobiernos solidarios.
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