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¿ACOMODAMIENTO, ABANDONO O LUCHA REVOLUCIONARIA?

¿ACOMODAMIENTO, ABANDONO O LUCHA REVOLUCIONARIA?

En Venezuela es innegable que se ha impuesto (o continuado, para ser algo más exacto) un marcado clientelismo político, el cual -sirviéndole de pivote a algunos gobernantes para la conformación de grupos y subgrupos con que arraigar su “liderazgo”- impide que se generen mejores condiciones para que haya una verdadera revolución popular, tanto en su aspecto organizativo como en lo teórico-ideológico. Al respecto, sería pertinente recurrir a las 20 tesis de Política elaboradas por el filósofo argentino Enrique Dussel para afirmar que el poder no es un ejercicio de dominación ni la política una administración burocrática, como se viene concibiendo en las diferentes naciones de nuestra Abya Yala desde sus albores republicanos, cosa que exige e impone la necesidad revolucionaria de modificar la manera y el entendimiento de hacer la política y, en consecuencia, de funcionar el poder, dado que una mayoría de quienes lo ejercen olvidan que éste les es delegado en nombre de la voluntad y los intereses de una colectividad de electores que confió en ellos, otorgándoles su voto.

 

¿Qué entrañaría, entonces, cambiar radicalmente la percepción común que se tiene en relación al modo de hacer política y de ejercer el poder, entendiendo que esto debe enmarcarse en la construcción colectiva de una revolución de carácter popular, socialista y antiimperialista, como lo sería, en este caso, el proyecto de la Revolución Bolivariana? Entrañaría (aunque suene bastante retórico y hasta utópico para algunos, sobre todo entre quienes han perdido su ímpetu revolucionario, decepcionados con la actuación reformista de determinados representantes del chavismo gobernante) oponer la ética de la solidaridad a la lógica del mercado. Es luchar denodadamente en oposición a la ideología imperante, según la cual nada podría cambiar en este mundo sin la anuencia de las elites dominantes. Así, en opinión del afamado pedagogo Paulo Freire, “el discurso de la imposibilidad de cambiar el mundo es el discurso de quien, por diferentes razones, aceptó el acomodamiento, incluso para lucrar con él. El acomodamiento es la expresión del abandono de la lucha por el cambio. Quien se acomoda carece de la capacidad de resistir, o la tiene muy débil. A quien ha dejado de resistir o a quien en algún momento pudo dejar de hacerlo, le es más fácil acomodarse en la molicie de la imposibilidad que asumir la lucha permanente y casi siempre desigual a favor de la justicia y de la ética”.

 

Por consiguiente, aquellos que se muestren incapaces de llevar a buen puerto la revolución popular -con su sustitución de paradigmas- y lo abrume el grave compromiso que la misma representa, también serán incapaces de confiar en la potencialidad creadora (y re-creadora), como sujetos históricos de vanguardia, de los sectores populares, en lucha por su propia emancipación. Entretanto, otros sólo se regocijarán con exhibir un radicalismo pasivo, cuyo rasgo más resaltante consiste en no sumar esfuerzos a una propuesta en concreto que haga viable la conciencia, la organización y la movilización revolucionaria de los sectores populares, con lo que logran afianzar -así sea en una expresión mínima y aparentemente insustancial- todo lo que critican. Será preciso que todo individuo que propugne la revolución socialista esté dispuesto a afrontar las diversas dificultades y desviaciones que pudieran surgir durante su curso de consolidación, conscientes de la eventualidad indudable que afloren inconsistencias y contradicciones, producto de la cultura política tradicional. Por esto es fundamental que, en vez de fortalecer las estructuras socio-ideológicas, políticas y económicas vigentes (creadas según los intereses burgueses, u oligárquicos), se desarrolle y se profundice la organización de un poder popular real, con características raigalmente revolucionarias, y totalmente autónomo respecto a cualquier tutela estatal y/o partidista que se le quiera imponer.-        

LA REVOLUCIÓN NO ES EL CAPRICHO DE UN SOLO INDIVIDUO

LA REVOLUCIÓN NO ES EL CAPRICHO DE UN SOLO INDIVIDUO

Gran parte de la estrategia desestabilizadora fraguada por la oposición y, así no se crea, por el imperialismo gringo, para acabar con el chavismo, saltándose todo tipo de normativa constitucional, legal, ética, moral y democrática existente, tiene como objetivo elemental -aparte del ya antes mencionado objetivo- que exista y se expanda una espiral degenerativa de la situación crítica que vendría atravesando Venezuela en los últimos años bajo la presidencia de Nicolás Maduro.  

 

Lo ocurrido con el desabastecimiento y encarecimiento inducido de una gran diversidad de productos, la falta de dinero en efectivo y el sabotaje de la plataforma de Internet de la banca pública, además del servicio de telecajeros, ocurridos en los meses finales de 2016, confirman las acciones de sectores interesados en que todo esto se agudice más cada día, endosándole la culpa de ello al gobierno de Nicolás Maduro, conscientes del grave daño que todo esto ocasiona a la generalidad de la población venezolana, cuya mayoría ha servido de soporte activo al chavismo durante dieciséis años consecutivos. Otros, siendo empresarios, simplemente buscan aprovecharse de la ocasión y así obtener ganancias. A éstos se unen quienes se la dan de “vivos”, explotando la necesidad padecida por sus mismos semejantes; confiados unos y otros en que ninguna ley les afectará o sancionará debido a la corrupción de las autoridades (civiles, militares y policiales) encargadas de hacer valer su estricto cumplimiento.

 

Al igual que años antes con el Presidente Hugo Chávez, la oposición ejecuta un golpe de Estado continuado (lo que otros identifican como guerra asimétrica o de cuarta generación y, también, golpe blando), dirigido principalmente a afectar a los sectores populares, de modo que estos se alcen en contra del chavismo gobernante y favorezcan un cambio de régimen. Sin embargo, con lo que no ha contado la dirigencia opositora es con la pertinaz resistencia popular para aceptar sus pretensiones, en vista que, a pesar de su discurso demagógico y de la notoria inconsistencia revolucionaria de muchos representantes del chavismo gobernante, la mayoría de los venezolanos no cree en sus ofertas engañosas.

 

Esta situación debiera motivar acciones puntuales entre quienes figuran como dirigentes del chavismo (al margen, incluso, de sus verdaderas convicciones ideológicas) antes que mantenerse en diatribas mediáticas que sólo sirven para promoverse a sí mismos y causar divisiones en las bases populares. Obviarla sería brindarle a la oposición en bandeja de plata la oportunidad de lograr mayores espacios, así como contribuir -de uno u otro modo- al incremento del descontento que podría anidar la población respecto a todo lo que viene ocurriendo. Pero, sobre todo, debiera conducir a propuestas y esfuerzos organizativos entre los revolucionarios que se concreten en la activación de un poder popular realmente revolucionario, socialista e independiente.

 

Cuando se proclama la urgente necesidad de una revolución popular se debe comprender que ésta no surge por simple capricho de uno o más individuos resentidos (o predestinados). Ella es fruto directo de las múltiples contradicciones e injusticias que caracterizan al sistema-mundo imperante, el cual, a pesar de las elecciones que se celebren y la adopción cada cierto tiempo de medidas coyunturales con que se busca aliviar las presiones reivindicativas de los sectores populares, no termina por satisfacer realmente las aspiraciones de todos, en un mismo nivel y al mismo tiempo. Por ello es importante determinar cuáles son los detonantes de una revolución y, en consecuencia, una vez iniciada, trabajar colectiva, creativa y denodadamente por lograr la transformación estructural que requiere, insoslayablemente, el modelo civilizatorio vigente, en beneficio de todos y no en beneficio exclusivo de una minoría privilegiada.- 

MADURO: ¿SIMPLE ENROQUE O VIRAJE DECISIVO?

MADURO: ¿SIMPLE ENROQUE O VIRAJE DECISIVO?

A fin de cumplir efectivamente con las instrucciones impartidas por Nicolás Maduro al momento de juramentarlos como su nuevo tren ministerial en este comienzo de año, los «nuevos» integrantes del gobierno tendrían que propiciar un viraje decisivo y sostenido respecto al modo cómo se maneja el Estado y las diferentes relaciones de poder que, desde sus entrañas, se originan y condicionan la forma de ser y de hacer de los venezolanos.

 

Tendrían que romper con las viejas estructuras vigentes y trascender la disyuntiva que se le presenta a todo proceso revolucionario: estimular la organización de un poder popular (revolucionario, constituyente e independiente) o, contrariamente, negándose a sí mismo, inclinarse por el reforzamiento del Estado liberal burgués tradicional. Se trata, por lo tanto, de un reto definitorio que, de existir verdadera voluntad política y compromiso revolucionario por parte de quienes tienen la responsabilidad de dirigir las diferentes instituciones del Estado, representaría un avance importante en lo que sería la profundización del proyecto revolucionario bolivariano.

 

Sin embargo, en su contra existe un elemento que entorpece y hará fracasar este cometido: la burocracia. Un elemento que, de no haber de por medio esta voluntad política y compromiso revolucionario, hará que continúen las contradicciones, debilidades e inconsistencias (aparte de la corrupción existente desde largo tiempo en todas las instancias gubernamentales) que le permiten fortalecer su presencia y acciones a los sectores de la contrarrevolución. Por eso es fundamental que el nuevo tren ministerial elabore y ejecute políticas socioeconómicas dirigidas a darle consistencia a la actuación revolucionaria de los sectores populares organizados como primera línea de defensa de lo que sería la Revolución Bolivariana, gracias a lo cual estos podrán derrotar los efectos negativos del sabotaje económico y productivo al que se ha visto sometido desde hace ya tres años de parte de los grupos oligárquicos opositores y sus aliados internacionales en su persistente esfuerzo por derrocar al sucesor de Chávez.

 

Esto sería lo ideal, considerando que el chavismo requiere con sentido de urgencia renovar sus cuadros dirigenciales y concretar la transformación estructural que contempla, de modo general, el proyecto histórico de la Revolución Bolivariana Socialista; antes que la situación caótica termine por extenderse, acrecentándose el malestar y la desesperanza entre el pueblo. Además, a Maduro y a quienes le acompañan en las diversas tareas de control del gobierno les corresponde saber interpretar adecuadamente la protesta legítima de los sectores populares contra males y necesidades específicos en vez de descalificarla, sin indagar sobre sus causas, atribuyéndosela a factores de la oposición. Por otra parte, es vital que los diversos movimientos sociales y políticos revolucionarios lleguen a comprender cabalmente que ya no es suficiente con proclamar una unidad revolucionaria que, la mayoría de las veces, no pasa de ser un elemento meramente retórico y/o electoralista. Hace falta apelar a la construcción orgánica -desde abajo y en todos los frentes de lucha posibles- de una estructura de coordinación colectiva, basada en procedimientos y actuaciones de carácter consejista que conlleven al logro efectivo de tal unidad.

 

En función de ello, hay que comprender que, además, bajo la lógica perversa del capitalismo, la estructura social se ha diversificado a tal punto que no resulta ninguna novedad «descubrir» categorías y subcategorías sociales existentes en el mundo contemporáneo. Esto, ya de por sí, representa un alto desafío. Desconocer dicha realidad será continuar manejando los esquemas simplistas y legitimadores que moldearon el actual modelo civilizatorio, o sistema-mundo; por lo que toda acción o iniciativa debiera orientarse al logro efectivo de los cambios revolucionarios que marcarán transformación estructural definitiva, no únicamente superar alguna coyuntura, a semejanza de lo que haría habitualmente cualquier gobierno para asegurar su continuidad o legitimidad frente a sus adversarios.-

 

OTAN-COLOMBIA, ¿UN PELIGRO INMINENTE?

OTAN-COLOMBIA, ¿UN PELIGRO INMINENTE?

No resulta ninguna novedad el anuncio hecho por el presidente José Manuel Santos respecto al acercamiento o acuerdo que adelantaría oficialmente su gobierno con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ya que tal cosa él lo había dado a conocer tiempo atrás. Según lo afirmado por el ministro de defensa, Colombia no pretendería formar parte de la OTAN, pero sí lograr que sus Fuerzas Armadas sean más modernas, transparentes y entrenadas en tecnologías, en «lucha contra el crimen organizado y acceso a la información». Este es el argumento que se esgrime.

 

Pero, para algunos gobiernos de la región, esta decisión del presidente Santos representa una seria amenaza a la paz continental, a la que se agrega el hecho que las fuerzas armadas de Estados Unidos se hallan presentes -con inmunidad incluida- en territorio colombiano. Al respecto, se debe advertir que la OTAN -como ha sido evidente en los últimos tiempos- tiene como puntos elementales de su agenda de seguridad la lucha contra el terrorismo internacional, la proliferación de armas de destrucción masiva, la piratería y la ciberdefensa; algo que amplía enormemente su teatro de operaciones, más allá de lo que sería, estrictamente, el océano Atlántico norte, abarcando la totalidad del planeta.

 

Como se sabe, ahora el papel de la OTAN se orienta a obviar las diferencias regionales y a establecer vínculos y/o mecanismos de consulta y operaciones combinadas con gobiernos con los que compartan intereses comunes. En el caso del convenio militar suscrito entre Estados Unidos y Colombia muchos analistas anticipan la posibilidad que el Comando Sur de EE.UU. (SOUTHCOM) decida utilizar, por ejemplo, Palanquero –una base colombiana a la que tienen acceso las tropas gringas– como un corredor aéreo de la OTAN para su desplazamiento desde América del Sur a África, considerando que las estructuras militares de un Estado miembro y las de la OTAN estarán siempre interrelacionadas, por lo que una base de EE.UU. en cualquier país del mundo también lo sería de la OTAN.

 

Visto en un amplio espectro de eventuales escenarios, la decisión colombiana le abriría las puertas a una injerencia militar imperialista en cualquier parte de nuestra Abya Yala, convirtiendo el Atlántico Sur en una nueva zona de guerra, en defensa de los intereses capitalistas y geopolíticos de los poderes hegemónicos que integran su comando, tal como ocurrió con la disputa entre Inglaterra y Argentina por la soberanía de las islas Malvinas durante la cual el gobierno gringo desconoció la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), parcializándose con su par inglés. Lo cierto es que la dupla Colombia-OTAN no deja de ser una realidad, justamente en un momento histórico donde los pueblos de nuestra Abya Yala luchan por acceder a niveles democráticos, sociales y económicos que les faciliten vivir de mejor manera.

 

Un momento histórico que también se caracteriza por la reacción victoriosa de la derecha en varias naciones, recuperando el poder constituido. Además, queda pendiente lo que será el nuevo gobierno de Estados Unidos presidido por Donald Trump, sin que se descarte la posibilidad que éste continúe la política injerencista de sus antecesores en la Casa Blanca.

 

Ante ello, los movimientos populares y revolucionarios de nuestro continente tendrán que articular acciones en defensa de la soberanía de cada una de nuestras naciones; incluso, independientemente del signo ideológico de sus gobiernos. Esto abarcaría, necesariamente, la constitución de redes informativas alternativas e independientes que revelen la verdadera realidad de los diversos acontecimientos que ocurren en toda la extensión de nuestra Abya Yala, de modo que nuestros pueblos lleguen a entender sus causas y sus consecuencias, creando sus propios discursos y realidades, desechando todo lo impuesto durante siglos por las élites dominantes. Quizás entonces situaciones como la creada por la intención del gobierno colombiano de establecer vínculos con la OTAN dejen de ser decisiones de gobiernos dedicados a preservar los intereses de las clases dominantes y sea posible la realidad de un continente libre de guerra y de hegemonía imperialista.-

LOS AUTOGOLES CHAVISTAS Y LA SUPUESTA CAÍDA DE MADURO

LOS AUTOGOLES CHAVISTAS Y LA SUPUESTA CAÍDA DE MADURO

Pese a que el gobierno se jacta de haberle propinado un golpe contundente a las mafias que lucraban con los billetes de cien bolívares en la frontera colombo-venezolana, obligándolas a «devolverlos»- a un porcentaje creciente de la población le invade todavía la sensación que éste se halla en un callejón sin salida o, en el más benévolo de los casos, se mueve en medio de un mar de contradicciones que conspiran contra sí mismo, facilitándole las cosas a sus enemigos internos y externos.

 

Algunos no lo perciben así y desmienten tal aseveración tomando en cuenta la movilización y concentración logradas este 17 de diciembre en Caracas, pero ello no rebate la realidad caótica que se vive en Venezuela, lo que obliga a plantearse nuevos escenarios y nuevos actores que permitan resolver, así sea coyunturalmente, lo que está ocurriendo. Al respecto, cabe admitir que gracias a las inconsistencias, debilidades, desviaciones, inmadurez y sectarismo políticos exhibidos de una u otra forma por el chavismo gobernante, la oposición de derecha pudo remontar su situación de minusvalía hasta alcanzar la fisonomía y el nivel actuales, con el control de la Asamblea Nacional y la desestabilización económica como partes esenciales de su estrategia para derrocar a Nicolás Maduro y adueñarse de todo el poder constituido, (incluida la administración de la apetecida renta petrolera).

 

Los descuidos y el triunfalismo del chavismo gobernante allanaron la vía para que los opositores recuperaran el aliento perdido en 2002, no obstante sus múltiples errores y su falta de tino para saber aprovecharse de la ocasión de desestabilización creada por ellos desde hace mucho tiempo. Mientras esto ocurría, las bases populares -atendiendo las exhortaciones del Presidente Hugo Chávez- procedían a organizarse, enfrentando en muchos casos la resistencia del funcionarado «chavista» que, a la usanza y semejanza de sus antecesores puntofijistas, poco o nada se muestra comprometido en hacer realidad la Revolución Bolivariana y menos a subordinarse al nuevo paradigma que supone el ejercicio -con características constituyentes- de una democracia consejista, directa, participativa y protagónica.

 

Sin embargo, lo anterior no significa que el proyecto de la Revolución Bolivariana esté hundiéndose. Existe un alto porcentaje de chavistas y de revolucionarios que siguen aferrados a la vieja idea de producir una verdadera revolución popular socialista en este país, lo que le concede al chavismo una posibilidad abierta de rectificar y reimpulsar revolucionariamente lo alcanzado hasta la fecha.

 

La «caída» de Maduro no se produciría por este motivo y hasta se podrá afirmar sin exageración alguna que tampoco por las acciones desquiciadas de la oposición. Su eventualidad depende de la superación pronta de las ambigüedades y falta de firmeza que corroe en general al chavismo gobernante. Pero, más importante aún es que los sectores populares logren comprender cuál es el verdadero papel que les corresponde desempeñar en la superación de los escollos que lo impiden y asumir entonces la construcción colectiva de esta revolución popular socialista, de una manera horizontal y diversificada.-

LA AGENDA PRIMORDIAL DE CADA REVOLUCIONARIO

LA AGENDA PRIMORDIAL DE CADA REVOLUCIONARIO

La generalidad de las veces se obvia que la demanda de los sectores populares de mayores atribuciones estatales para la solución puntual de los problemas y necesidades que los agobian es una parte consustancial al modo como se constituyó el Estado moderno y cómo ha sido entendida y practicada la cultura política de los dos últimos siglos. Nada debiera extrañar entonces que el pueblo haga exigencias constantes al estamento político gobernante, en razón que éste también alimenta sus ilusiones al hacerle creer -y casi exclusivamente- que todo dependerá de las decisiones paternales de quienes ejercen el poder; correspondiéndole al pueblo un papel pasivo, sin mucha inherencia en lo que se haga o se deje de hacer a nivel gubernamental.

 

Ello dificulta que, al proponerse echar adelante una revolución socialista (con la instauración de unos nuevos paradigmas que marquen la diferencia respecto al sistema-mundo imperante, a través del ejercicio cotidiano de una democracia consejista, directa, participativa y protagónica) ésta llegue a reflejarse plenamente en la organización, la formación teórica y la movilización revolucionaria autónoma de los sectores populares. Tal dificultad sólo podrá superarse de existir, igualmente, la intención de descolonizar y emancipar la conciencia popular, ya sea por medio de la educación o de una revolución cultural que permita revelar a todos la realidad de las diferentes condiciones de dominación que, hasta ahora, han caracterizado sus vidas, mayormente sometidas al imperio de la lógica capitalista. Esto demanda una acción decidida de quienes intentan llevar a cabo la revolución socialista. Sus parámetros, por tanto, no pueden ni deben igualarse -hasta donde sea posible, sin considerarlo nunca irrealizable- a aquellos que le han facilitado a las clases dominantes conservar y ejercer su hegemonía. Hará falta, insoslayablemente, educar al pueblo (sin pretensiones mesiánicas) de modo que él por sí mismo empiece a generar sus propias expresiones organizativas (políticas, económicas, culturales, sociales y militares), haciendo suyo, realmente, el conocido concepto de la soberanía popular, pero esta vez sin el componente demagógico de la política tradicional.

 

Ciertamente, muchos revolucionarios, también adoctrinados con la ideología de las clases dominantes, quizás adolezcan de la creatividad y de la formación teórica que exige tal tarea, pero ello no sirve de excusa alguna para que sean indolentes y no se esfuercen en tratar de lograrlo. En esto consiste la Revolución (con mayúscula), como lo definió magistralmente el Comandante Fidel Castro Ruz: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”. Contentarse con logros parciales, rompiendo algunas barreras que signifiquen inclusión, justicia social y equidad económica para los sectores populares antes discriminados y explotados, podrá enmarcarse en lo que son cambios revolucionarios, innegablemente, pero no es suficiente para que comprenda una revolución de estirpe verdaderamente socialista.

 

Es decir, evitar el reformismo, utilizando las mismas armas melladas del capitalismo, como lo advirtiera en su momento el Che Guevara. Se debe precisar, en consecuencia, las desventajas que supone el mantenimiento de las viejas estructuras del Estado burgués liberal para el avance y la consolidación de un proyecto revolucionario, dirigido -nominalmente- a transformar radicalmente el orden establecido. En tal sentido, la agenda primordial de cada revolucionario no debe contemplar nada más que la toma del poder constituido, conservarlo y realizar una distribución más equitativa de la riqueza social. Como efecto inmediato del conocimiento de estas desventajas, se ha de trabajar denodadamente porque los sectores populares rescindan para siempre su condición de minusvalía a que fuera acostumbrado, dejando de ser sujetos subordinados para erigirse como sujetos históricos de su propia emancipación, solventando por sí mismos los problemas y las necesidades que los aquejan; dando origen, además, a nuevas relaciones de poder, lo que estaría orientado a la construcción de un modelo civilizatorio de nuevo tipo.-    

 

LA OPOSICIÓN Y LOS BILLETES DE A CIEN BOLÍVARES

LA OPOSICIÓN Y LOS BILLETES DE A CIEN BOLÍVARES

Quienes vaticinan situaciones peores para el país y critican la medida del presidente respecto a poner fuera de circulación legal los billetes de 100 bolívares son los mismos que comparten la idea de utilizar la crisis económica como herramienta política para acabar con el chavismo y toda expresión revolucionaria en Venezuela, además de aquellos que son artífices de todo lo ocurrido en esta materia en los últimos tres años.

 

Nada extraño resulta que lo hagan en vista que ellos no han aportado ninguna solución efectiva al grave problema que padece el pueblo, perjudicándose su poder adquisitivo, a pesar de elevarse el sueldo mínimo y el bono alimentario o de haberse implementado los Clap, de manera que no exista un mayor nivel de crisis y de desabastecimiento de productos básicos para las familias venezolanas. Al contrario de lo que pudiera esperarse de la gente de la oposición, ésta se ha afanado en tratar de destruir toda posibilidad de progreso y de recuperación económica de nuestra nación, creando matrices de opinión negativas que dan cuenta de una situación interna insegura e inestable para la inversión de capitales extranjeros, a lo que se une también la conspiración de gobiernos de la derecha que se plantearon la exclusión de Venezuela de Mercosur, alegando razones políticas sin bases suficientes.

 

Todo esto en conjunto nos demuestra a los venezolanos (y al mundo exterior) que no hay voluntad política ni una propuesta seria de parte de la oposición de ayudar a solventar los diversos problemas que confrontamos a diario, atribuyéndole sin mucho fundamento toda la responsabilidad de lo que pasa al gobierno de Nicolás Maduro. Incluso, azuza a gremios y sectores de la sociedad para que cerquen al gobierno con sus demandas, imponiendo un estado de ingobernabilidad donde los más afectados son, como siempre, los sectores populares, lo cual se incrementaría gracias a la ineficiencia y la corrupción de algunos funcionarios públicos, civiles, policiales y militares, que sólo velan por sus intereses particulares mientras el resto de la ciudadanía se queda en la intemperie, sin confianza en ninguna autoridad.

 

Por eso, a la oposición apátrida no le cae nada bien que Maduro asuma medidas, así sean algo tardías o de efectos moderados, que vayan en favor de los venezolanos, especialmente de los sectores populares, pues su obsesión compulsiva de tomar el poder la lleva a poner en práctica cualquier plan que precipite el caos en nuestro país y entonces salirse con la suya, es decir, ejercer el poder en función de sus propios intereses y del imperialismo gringo, a través de sus grandes corporaciones transnacionales que la respaldan financieramente desde hace ya diecisiete años consecutivos.-

 

 

¿UN «OBLIGADO» PASO ATRÁS DEL CHAVISMO?

¿UN «OBLIGADO» PASO ATRÁS DEL CHAVISMO?

No obstante haber innumerables reflexiones críticas -todas válidas e igualmente importantes aunque difieran mucho entre sí- en torno a lo que es y ha sido el proceso de cambios producido en Venezuela, existe la tendencia generalizada entre el chavismo a no prestarle demasiada atención a lo que realmente impulsaría, de un modo más efectivo, la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas del actual modelo civilizatorio; es decir, a la teoría revolucionaria para lograr, justamente, la revolución bolivariana. Tal tendencia es percibida por muchos como el factor que fracturaría al chavismo (más que la estrategia opositora), haciendo posible que éste dé un paso atrás, tratando de mantener sus cuotas de poder, al modo de cualquier élite tradicional, sin llegar a producir -en consecuencia- ninguna revolución.

 La mayoría de los chavistas, por lo general, tiende -pese a los reiterados llamados de Hugo Chávez a la lectura crítica de la historia y a la formación teórica revolucionaria sostenida- a asumir un papel extremadamente pragmático, especialmente en época electoral, en la puesta en marcha de las Misiones sociales o cuando se hace necesaria una movilización popular que sirva de alguna forma para repeler el ímpetu desestabilizador de los grupos opositores; algo relevante, pero que deja en evidencia un flanco descuidado que es aprovechado por quienes solo están motivados por satisfacer sus intereses personales. Como respuesta y resistencia a esta última situación, desde lo interno del chavismo tendría que manifestarse en toda su dimensión creadora, subversiva y constituyente una revolución, cuyo objetivo fundamental sea trastocar y abolir las relaciones de poder habituales, las mismas que han perdurado a través de la historia y que representan un serio obstáculo a vencer si se mantiene vigente la idea colectiva de lograr una revolución de características socialistas.

Esto, por supuesto, agudizará las tensiones y contradicciones entre aquellos que ostentan el poder (al estilo poco diferenciado de sus antecesores adecos y copeyanos) y quienes, desde las bases, pugnan para que la revolución bolivariana se convierta en una realidad irreversible, sin verse disminuida o afectada significativamente por las agresiones de la derecha y de su mentor principal, el imperialismo gringo. Sin la disposición de una teoría política y una concepción teórica del poder que faciliten vías diversas para la construcción de una sociedad de nuevo tipo, se hará más difícil la posibilidad que haya una comprensión más cabal del por qué ocurre lo que ocurre actualmente en Venezuela y de los esfuerzos que tendrán que hacerse a favor del bienestar integral de la población.

Muchos pasan por alto, quizás irreflexivamente, lo que hizo posible a Hugo Chávez y al chavismo. Olvidan que fue la insurgencia de un pueblo largamente postergado en sus aspiraciones democráticas e igualitarias; un pueblo reprimido y manipulado por una élite parasitaria combinada de políticos demagogos, empresarios vividores del Estado, clérigos legitimadores del orden establecido, militares adoctrinados por la tenebrosamente célebre Escuela de las Américas y sindicaleros que siempre estuvieron pendientes de su propio bienestar que el de los trabajadores que decían representar.

Esta insurgencia, sin embargo, no fue algo inmediato. Fue una insurgencia popular que se fue fraguando a través del tiempo. Unas veces de una forma ruidosa, violenta y espontánea, como las originadas por diversas reivindicaciones (laborales, sociales, estudiantiles) y, en un mayor grado, el «Guarenazo», mejor conocido como el «Caracazo», del 27 de febrero de 1989. En otras, silenciosamente, replegándose sobre sí mismo, autoorganizándose y siempre resistiendo a través de sus diversas expresiones culturales; deslegitimando con su aparente anomia al statu quo regimentado bajo el pacto de Punto Fijo.

En el presente, esa misma insurgencia continúa latente. Para algunos, ella se halla contenida en la polarización aparente entre el chavismo y la oposición, cosa que es reforzada a diario por los distintos medios de información, tanto a favor como en contra de uno u otro bando, dando así por descontada la posibilidad de otras opciones político-partidistas. No obstante, la realidad cotidiana parece contradecir dicha polarización aunque intereses de por medio quieran hacerle creer al mundo todo lo contrario.-