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DEFENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA O FACILITARLE EL CAMINO A LA OPOSICIÓN

DEFENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA O FACILITARLE EL CAMINO A LA OPOSICIÓN

 

En un sentido casi general, por no decir absoluto, la oposición antichavista quiere demostrarnos a todos los venezolanos que, de obtener la mayoría de los escaños del parlamento nacional, sería automáticamente derrumbado el gobierno constitucional de Nicolás Maduro y todo cambiaría inmediata y favorablemente en el país, incluyendo el bachaqueo que la misma promoviera; aún más, dejando entrever que se conservarán, en esencia, todos los logros impulsados por el Comandante Hugo Chávez para favorecer a los sectores sociales más necesitados.

 

Sin embargo, la realidad es otra. Su oferta electoral no pasa de ser más que las mismas expresiones contradictorias que han hecho conocer a lo largo de más de 15 años, quizás con un mayor énfasis en el desprecio hacia quienes representan el principal soporte del proceso de cambios revolucionarios que tiene lugar en Venezuela, es decir, hacia los sectores populares que buscan empalagar con promesas fáciles que ni siquiera estaría dispuesta a cumplir. Asimismo, las expresiones contradictorias de la oposición rebasan los niveles de la sensatez. Por una parte, se hacen eco a diario de mensajes de burlas, odio y muerte hacia los chavistas y, por otra, presenta una imagen sonriente, como si no tuviera culpabilidad alguna en los diversos hechos de violencia y sabotaje económico que ha generado, especialmente en estos dos últimos años.

 

Para quienes estén “confundidos” al respecto, sólo hay que rememorarles lo hecho por los “demócratas” de la oposición entre 2002 y 2003 cuando promovieron un golpe de Estado fascista, con su secuela de violaciones a los derechos humanos, y un paro empresarial que casi acaba con la economía venezolana. Si a estos antecedentes le anexamos lo hecho luego del triunfo electoral de Nicolás Maduro, con su saldo de violencia, destrucción y muerte de hombres, mujeres y niños, únicamente porque no quisieron reconocer su derrota a manos del pueblo, entonces cada quien podría deducir qué hará realmente la oposición, una vez que retome el poder en Venezuela.

 

Por tales motivos, es fundamental que todos los factores políticos y sociales revolucionarios y chavistas sepan discernir entre defender la revolución bolivariana o creer equivocadamente que se puede emitir un voto castigo, eligiendo a candidatos opositores, lo que equivaldría a darle un respaldo a la contrarrevolución, así éste se justifique haciendo resaltar los errores, las deficiencias y las contradicciones presentes en la gestión pública y en las actitudes evidentes de muchos de los dirigentes chavistas que no entienden mínimamente que se deben a la voluntad del pueblo, olvidando de paso que, gracias a ese mismo pueblo, detentan sus cargos actuales.

 

Además, es preciso no olvidar que la oposición sigue manteniendo bajo la manga un plan desestabilizador, el cual apenas retoca en algunos detalles, instigada cada vez por sus mentores extranjeros, principalmente por el régimen estadounidense, a través del Comando Sur y las cadenas empresariales de noticias, para que enfilen sus ataques mediáticos contra el proceso revolucionario bolivariano, tratando de socavar el nivel de apoyo popular que éste aún mantiene y, eventualmente, liquidarlo, como han sido sus aspiraciones no alcanzadas desde hace 17 años.-

¿SE SOLVENTARÍA LA “CRISIS” EN VENEZUELA CON LAS ELECCIONES DEL 6-D?

¿SE SOLVENTARÍA LA “CRISIS” EN VENEZUELA CON LAS ELECCIONES DEL 6-D?

 

  

De cara a las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre, la oposición ha insistido en presentarse demagógicamente como la panacea de la “crisis” en Venezuela, atribuyéndole la responsabilidad de todo lo que ocurre al gobierno de Maduro. Bajo esa óptica, muchos “chavistas revolucionarios” se han dejado envolver, coincidiendo con el punto de vista de la oposición, algunas veces impulsados por algún tipo de resentimiento contra quienes dirigen al Psuv y las instituciones del Estado, mientras que en la generalidad de los casos sólo es producto de su inconsistencia ideológica o de su evidente inmadurez política.

Sin embargo, se podría ser aún optimista respecto a la situación que vive el país, considerándola con criterios de urgencia y, si se quiere, con criterios realmente socialistas, de manera que se entienda que no basta con que el Presidente Maduro adopte medidas de tipo coyuntural que baje el clima de ingobernabilidad que pretende imponer la oposición y sus mentores imperialistas, o anhelar que ocurra un golpe de suerte que permita recuperar los precios del petróleo en corto tiempo y así disponer de los recursos económicos necesarios para mantener a salvo la economía del país.

De ahí que la desarticulación de las matrices de opinión elaboradas por los grupos opositores requiere de mayor contundencia del chavismo gobernante, siendo uno de sus pilares fundamentales lo logrado en la última década a favor de la inclusión y justicia social mediante una mejor redistribución de los dividendos de la industria petrolera. Esto podría lograrse sin mucho afán, pero lamentablemente quienes dirigen los partidos políticos y las diversas instituciones del Estado poco han hecho para fomentar un acompañamiento político-ideológico respecto a las misiones sociales ideadas por Hugo Chávez, siendo el eslabón más débil de todo este proceso de cambios en Venezuela, lo que ha contribuido -directa e indirectamente- a posicionar las matrices opositoras.

Por otra parte, la escasa efectividad que muchos perciben respecto al combate serio y firme que debiera sostenerse contra el flagelo de la corrupción y la impunidad fomenta disgustos y desconfianzas entre la población. Esto exige -si se comprendiese cabalmente la situación creada- un equipo político y económico que recupere y asuma decididamente el rumbo marcado por el Presidente Chávez en su alocución del golpe de timón, cuando fustigó a ministros y seguidores a efectuar las correcciones necesarias para profundizar las transformaciones pautadas por la revolución bolivariana, así como a no temerle a la crítica y la autocrítica.

Por ello, el reto de oxigenar la marcha del proceso revolucionario bolivariano, creando la transición hacia el modelo de civilización del vivir bien, obliga a derribar definitivamente el viejo orden establecido, no a maquillarlo. Para alcanzar tal objetivo es vital el ejercicio de la democracia directa por parte de los sectores populares mayoritarios, superando el marco meramente electoral.

No obstante, aún hará falta que quienes impulsen la revolución bolivariana en Venezuela, comprendan que se debe sobrepasar el marco de referencia creado bajo el chavismo; por lo que tienen que plantearse situaciones, estrategias y visiones que permitan superar el actual orden de cosas, sabiendo de antemano que -pese a los avances hechos en materia de redistribución de la riqueza nacional y de inclusión social- aún faltaría mucho por definir y por hacer respecto a lo que ha de ser realmente el socialismo bolivariano en Venezuela.

Aquellos que confían ilusamente en que un triunfo mayoritario de los candidatos y las candidatas de la oposición en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre sería la solución a lo que ellos llaman crisis, habría que decirles que no bastará con un simple cambio de gobierno mientras persistan la lógica, las relaciones de producción y las mismas estructuras del viejo sistema capitalista. En cuanto a revolucionarios y chavistas, habría que reiterarles que toda revolución que se pretenda socialista supone una transformación radical del modelo de civilización imperante, lo cual no se realizará jamás si no existe un nivel de conciencia revolucionaria, en contínua evolución y revisión crítica, entre quienes han llegado (o llegarían) a conformar su vanguardia.-

 

LA REDEFINICIÓN DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y EL VIVIR BIEN EN NUESTRA AMÉRICA

LA REDEFINICIÓN DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA Y EL VIVIR BIEN EN NUESTRA AMÉRICA

 

Para los grupos de la derecha no existen más mecanismos para resolver los problemas que aquejan a la sociedad que aquellos sugeridos y aplicados por los organismos económicos capitalistas, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Para ellos, cualquier medida gubernamental que atente contra la lógica capitalista debe ser satanizada y extirpada en función de los intereses de los grandes capitales; así esta medida represente alguna reivindicación favorable a los sectores populares mayoritarios.

 

Es la misma fórmula neoliberal que se aplicó a rajatabla en Argentina, Brasil, Ecuador, Perú y Chile, éste último con la dictadura fascista de Pinochet, y que quiso imponer Carlos Andrés Pérez al pueblo venezolano en 1989, cuando sucediera el Caracazo: privatizaciones de la salud, el agua, la elctricidad y la educación, entre otros, además de una congelación general de salarios, liberación de precios, divisas e intereses; elevación de los impuestos y una disminución significativa de lo que los capitalistas llaman "gastos" sociales. En el caso de Venezuela, dicha fórmula afectaría la continuidad de las distintas misiones sociales que iniciara el Comandante Chávez y que han sido sostenidas por Nicolás Maduro en beneficio de los sectores populares, a pesar de los contratiempos representados por el asedio económico orquestado desde el sector privado (buscando generar malestar entre la población afectada, culpándose al gobierno de ello) y por la disminución continuada de los precios petroleros.

 

Este panorama pareciera ganar terreno en algunas naciones de nuestra América (al menos, mediáticamente), sobre todo en aquellas donde la estrategia opositora a los gobiernos de tendencia izquierdista, populista y/o reformista se ha manifestado con mayor fuerza en el ámbito económico, dando por sentada la derrota (o el derrocamiento) de los mismos, gracias al supuesto fracaso de sus políticas económicas. Frente a ello, algunos de tales gobiernos han tratado de maniobrar, manteniendo su enfoque principal en lograr una mejor redistribución de la renta pública, pero sin plantearse ni alcanzar avances significativos en la transformación estructural del actual sistema económico (común a la generalidad de nuestros países nuestroamericanos); lo que incide, de una u otra manera, en la propagación de los problemas usuales provocados por la explotación, la corrupción y la desigualdad del capitalismo. Sin embargo, el amplio respaldo popular que aún les rodea pudiera permitirles obtener mejores y duraderos resultados, haciendo que estos tengan en el protagonismo y la participación popular como su sustento principal, de manera que se hagan totalmente irreversibles y permitan construir la transición hacia un modelo diferente al existente.

 

"Tenemos que poner en marcha un nuevo modelo civilizatorio que valore la cultura de la vida y la cultura de la paz, que es el Vivir Bien -dice la Declaración de la Conferencia Mundial de los Pueblos Sobre Cambio Climático y Defensa de la Vida, celebrada en Tiquipaya, Bolivia, del 10 al 12 de octubre de 2015-. El mundo precisa transitar hacia la visión holística del Vivir Bien, profundizando la complementariedad entre los derechos de los pueblos y los derechos de la Madre Tierra, que implica construir una relación de equilibrio entre los seres humanos con la naturaleza para restablecer la armonía con la Madre Tierra. El Vivir Bien en armonía con la Madre Tierra es el nuevo modelo de civilización para preservar la comunidad de vida, donde la Madre Tierra es un ser vivo sagrado y no un objeto para la explotación de los seres humanos".

 

Esta visión o concepción de un nuevo modelo civilizatorio precisa abolir la lógica, las clases sociales y las relaciones de producción originadas por el capitalismo. Si se preservan las viejas estructuras del capitalismo y, junto con él, las que dan forma a la democracia representativa, no podría profundizarse el ejercicio de la democracia ni la búsqueda de una mayor igualdad social, por mucho apoyo popular que exista.

 

Por tanto, la lucha por trascender el modelo civilizatorio vigente exige despojarse de los elementos práctico-teórico-filosóficos que lo legitiman, como si este fuera una fatalidad insalvable. Esto pasa por asimilar la idea revolucionaria de impulsar en todo momento una acción transformadora de la realidad del mundo que nos rodea, lo cual no será sencillo, pero que forzosamente debe nutrir ese deseo con propuestas enraizadas en la tradición de lucha e idiosincrasia de los pueblos de nuestra América, abandonando la vieja visión eurocentrista impuesta desde 1492, la cual los condenara durante siglos a la servidumbre y al desprecio de sus propios orígenes culturales. A través de ellas se podría acceder a una mejor redefinición de la revolución socialista que habría de derribar definitivamente al sistema capitalista, estableciendo un modelo civilizatorio más acorde con los anhelos de libertad, democracia y justicia social de nuestros pueblos.-

UNA PLATAFORMA DE CUADROS REVOLUCIONARIOS EN MEDIO DE LA COYUNTURA ELECTORAL

UNA PLATAFORMA DE CUADROS REVOLUCIONARIOS EN MEDIO DE LA COYUNTURA ELECTORAL

 

En esta nueva coyuntura electoral, los revolucionarios y chavistas tendrían que fijar su atención especial en lograr definitivamente la consolidación del proyecto de la revolución bolivariana socialista y así derrotar con sus esfuerzos diarios a quienes, desde adentro y desde afuera de Venezuela, se mantienen conspirando sin descanso contra los logros del pueblo y la gobernabilidad de nuestro país.

En tal sentido, se requiere ir conformando en todo el país una Plataforma de Cuadros Revolucionarios, con gente realmente comprometida ética y moralmente con la revolución socialista bolivariana, la cual sirva también para aportar propuestas que trasciendan el simple marco electoral, puesto que, más allá de ello, se necesita fijar estructuras, tácticas y estrategias que le permitan al pueblo organizado avanzar en la profundización de la democracia participativa y del poder popular.

De ahí que -coincidiendo con analistas nacionales e internacionales- deba considerarse de vital importancia el triunfo electoral del chavismo el próximo 6 de diciembre en todas las circunscripciones, en vista de hallarse en riesgo todo lo logrado durante más de una década bajo el liderazgo del Presidente Hugo Chávez, sea en materia social, económica y/o política, al depender las decisiones legislativas de la contrarrevolución y de aquellos que, proclamándose chavistas, se han dejado guiar por sus ambiciones, resentimientos y falta de consistencia ideológica, sirviéndole ambos elementos de peones a los intereses hegemónicos del imperialismo gringo.

Por eso no puede desestimarse que, al igual que en las demás elecciones anteriores, estas elecciones de diputados a la Asamblea Nacional representan una nueva oportunidad para que el pueblo revolucionario sea capaz de establecer su hegemonía y de acabar con la permanente campaña de desestabilización que los sectores de la oposición, junto con sus mentores extranjeros, sobre todo, mantienen contra la economía y la soberanía del país.

De este modo, no sólo se dispondrá de una Asamblea Nacional con mayoría chavista que respalde las iniciativas y el gobierno del Presidente Nicolás Maduro sino que también se podrá contar con esta misma mayoría de diputados (lo quieran algunos o no) para impulsar decididamante los cambios estructurales que aún requiere Venezuela, especialmente en lo que se relaciona al orden político como también económico, de manera que la revolución socialista y el poder popular dejen de ser realidades retóricas para convertirse en realidades históricas concretas.

Asimismo, la actual conjunción de partidos políticos y de movimientos sociales en el Gran Polo Patriótico (GPP) podría ser aprovechada para delinear y poner en práctica un liderazgo de carácter colectivo e inclusivo, donde se manifiesten y respeten todas las tendencias ideológicas existentes en función de trabajar activamente por la construcción de un nuevo modelo de Estado, al igual que en fortalecer de forma sincera al poder popular.

Para ello es imprescindible que el GPP (superando los sectarismos de sus componentes) pase a ser una instancia revolucionaria de consultas, propuestas y debates que sirvan para orientar la gestión de gobierno en todos sus niveles y, por supuesto, para blindar al proceso revolucionario bolivariano socialista contra los ataques de los factores de la contrarrevolución endógena y exógena. Esto le exigiría a todos los partidos políticos y movimientos sociales plantearse una integración efectiva y no meramente electoral, cosa que se dificulta aún más si su interés primordial es lograr cuotas de poder y no en fortalecer el avance revolucionario del pueblo venezolano.-



LA IMAGINACIÓN SUBVERSIVA Y EL CONSERVADURISMO “NEOLIBERAL”

LA IMAGINACIÓN SUBVERSIVA Y EL CONSERVADURISMO “NEOLIBERAL”

Si “el conservador rechaza toda idea de cambio por una especie de incapacidad mental para concebirla y para aceptarla”, como lo expusiera José Carlos Mariátegui en su artículo La imaginación y el progreso, escrito en 1924; en contraparte, el revolucionario tendría que diferenciarse de éste haciendo uso de su imaginación para cambiar la realidad imperfecta contra la cual le toca insurgir.

 

Es decir, mientras que los conservadores sólo están opuestos a cualquier posibilidad de cambio o revolución, por muy minúscula que esta sea, dada su limitación espiritual para imaginar algo mejor a lo ya existente y que represente, por consiguiente, un desarrollo integral de la humanidad, además de hallarse saturados de rutinas predecibles y de prejuicios heredados de todo tipo; a los revolucionarios les corresponde imaginar, promover y aceptar tal posibilidad, revolucionando, por tanto, la conciencia de sus semejantes o, como lo diría Paulo Freire, problematizando su conciencia, a riesgo de terminar adoptando las mismas posiciones reaccionarias de sus contrarios.

 

En tal caso, la imaginación sería subversiva a los ojos de un modelo de civilización, cuyos valores en decadencia pasan a ser los fundamentos sobre los que se erigirán aquellos que, tarde o temprano, acabarán por reemplazarlos.

 

Anquilosados orgullosamente en una beatitud rígida, antihistórica, sectaria y con pretensiones de superioridad racial, social, cultural y/o intelectual que, sin embargo, los equipara a quienes más odian, producto de la angustia y el terror irracionales ante la nueva realidad que se supone construirá la revolución, los sectores conservadores estarán siempre dispuestos a destruir cualquier tentativa por modificar el orden establecido, así ello suponga transgredir las mismas leyes que aducen defender; tal como ha ocurrido en gran parte de nuestra América donde sus mejores ejemplos se hallan en Bolivia, Ecuador y Venezuela, contando con el apoyo político y financiero de sus mentores de Washington.

 

Así, la negación del conservadurismo “neoliberal” en reconocer la existencia, la dignidad y los derechos de sectores populares que han comenzado a prefigurar un tipo de civilización más humanizada y realmente democrática tendría que ser contrarrestada activa y efectivamente por esa imaginación subversiva que deben exhibir los revolucionarios para generar nuevas esperanzas y crear, en consecuencia, una nueva realidad, totalmente contraria a la existente.

 

En oposición a dicho conservadurismo, se pudiera insistir -desde la ortodoxia comunista- en la constitución de un modelo civilizatorio carente de propiedad privada, con una planificación económica, donde los trabajadores, en general, sean quienes controlen, administren y socialicen la producción y la distribución de la riqueza. Sin embargo, ello no significa desconocer la idiosincrasia y los modos solidarios de nuestros pueblos, trasplantando automáticamente experiencias revolucionarias de otras latitudes. Tampoco significa que sea posible instituir, contradictoriamente, de una forma duradera y orgánica, tal como ocurriera en la extinta Unión Soviética, una sociedad en donde haya una elite dominante en la estructura económica mientras que en el plano político haya otra; incapaces ambas de trascender al régimen de dominación que se pretende reemplazar y sepultar en nombre de la revolución.

 

Por eso, hay que situar las luchas que caracterizan el momento histórico en un contexto mucho más amplio de lo que pudiera ser. Como lo refleja John K. Galbraith en su obra La sociedad opulenta, “el primer requisito para la comprensión de la vida económica y social contemporánea es lograr una visión clara de la relación existente entre los hechos y las ideas que los interpretan. Ya que cada una de éstas posee vida propia y, por muy contradictorio que pueda parecer, cada una de ellas es capaz de seguir un curso independiente durante mucho tiempo”.

 

Como es natural, algunos entenderán esto bajo un punto de vista bastante particular, sin plantearse un estudio más profundo de lo que ocurre, lo cual ayuda, precisamente, a quienes se combate, en este caso, a las llamadas burguesías “nacionales” que, apoyadas por el imperialismo gringo, sabrán aprovechar inmediatamente cualquier duda y contradicción. Otros lo harán quizás de un modo más avanzado, pero sin entender ni tener en cuenta las peculiaridades del pueblo que buscan emancipar, contribuyendo también -de manera inconsciente- a fortalecer a los enemigos ideológicos de la revolución popular. En este sentido, la imaginación subversiva de los revolucionarios tendría que extenderse a todo lo que integra y caracteriza al modelo civilizatorio vigente, de forma que sea capaz de desmantelar la ideología, los rasgos y las relaciones de poder que legitiman, o podrían legitimar, al conservadurismo, ahora “neoliberal”.-

WASHINGTON, LAS BURGUESÍAS "NACIONALES" Y LA VIEJA FÓRMULA DEL FASCISMO

WASHINGTON, LAS BURGUESÍAS "NACIONALES" Y LA VIEJA FÓRMULA DEL FASCISMO

 

 

La burguesía vive a la espera del cataclismo inminente que la abolirá”. Esto lo extraemos de las páginas del libro de Simone de Beauvior “El pensamiento político de la derecha” y ello nos expresa una realidad que, desde hace décadas (por no hablar de siglos), siempre ha llenado de inseguridades y de temores a la clase burguesa, por lo que sus opciones no dejan de ser las mismas aplicadas durante mucho tiempo, es decir, la represión policíaco-militar, la imposición de leyes arbitrarias que respondan a sus intereses y las guerras que aseguren su preponderancia como clase dominante. Estas inseguridades y temores de la burguesía se manifiestan con mayor énfasis en nuestra América, donde esta -a pesar del dominio económico y político que aun ejerce en varios de sus países- sabe que cada día pierde espacios ante el avance (ojalá indetenible y triunfante) de los sectores populares, a quienes parecía corresponderle asumir fatalmente el papel de parias de la historia.

 

Como lo refiere Simone de Beauvior, “el optimismo de la burguesía se sintió seriamente quebrantado. En el siglo anterior, la burguesía creía en el desarrollo armonioso del capitalismo, en la continuidad del progreso, en su propia perennidad. Cuando se sentía dispuesta a la justificación, podía invocar en su provecho el interés general: el avance de las ciencias, de las técnicas; a partir de las industrias fundadas sobre el capital aseguraba a la humanidad futura la abundancia y la felicidad. Sobre todo, confiaba en el porvenir, sentíase fuerte. No ignoraba la ’amenaza obrera’, pero poseía, contra ella toda clase de armas”.

 

Este optimismo se incrementó en la última década del siglo 20 con la implosión de la Unión Soviética, el primer Estado auto proclamado proletario del mundo. Sin embargo, luego del “fin de la historia” que otorgaba al sistema capitalista una victoria que parecía desmentir todos los esfuerzos e ideologías puestos en su contra, con un Estados Unidos convertido en un gendarme mundial sin competidor alguno, comenzó a germinar una nueva realidad en este territorio predestinado para la lucha revolucionaria.

 

Al triunfalismo de los monopolios transnacionales le sucedió un conjunto de secuelas que hicieron ver el fracaso de las medidas impuestas por el capitalismo neoliberal, lo que empujó a grandes contingentes a protestar en las calles, exigiendo solución a los distintos problemas originados por dichas medidas, fomentadas en gran parte por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. De ahí en adelante, los antiguos parias de la historia comenzaron a hacerse visibles, reescribiendo la historia y, por supuesto, dando a la burguesía razones para mostrarse insegura y temerosa ante su insurgencia; revelando así su vulnerabilidad.

 

De ahí que la burguesía (entendida esta como el sector dominante, opuesto a los intereses de los sectores populares mayoritarios de cada nación) se muestre dispuesta a recurrir, en el caso de nuestra América, a la vieja fórmula del fascismo, conformando -incluso- una internacional de la derecha (con apoyo directo de Washington), en la cual figuran el senador Marco Rubio en Estados Unidos; el ex presidente Sebastián Piñera en Chile; los ex presidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana en Colombia; los ex presidentes Felipe Calderón y Vicente Fox en México; los ex presidentes del gobierno Felipe González y José María Aznar en España, encargados de encabezar una cruzada contra el gobierno venezolano, explotando y magnificando la matriz de opinión que lo señala de violar los derechos humanos de los dirigentes opositores, encarcelados por cometer delitos contra el orden público e incitar a sus seguidores a tratar de derrocar al Presidente Nicolás Maduro; lo mismo que se ha planteado lograr en Ecuador, Bolivia y, más recientemente, en Brasil, de manera que la misma población que eligiera a Rafael Correa, Evo Morales y Dilma Rousseff termine por aceptar su salida de forma inconstitucional y la conformación de un gobierno, en consecuencia, de signo neoliberal.

 

A ello se agrega la estrategia diseñada por Washington para recuperar la hegemonía perdida en nuestra América durante estas últimas décadas, contando con algunos gobiernos derechistas a su favor. Para alcanzar dicha meta, Estados Unidos ha diseminado bases militares por todo este continente, apuntando a objetivos estratégicos, vitales para su modo de vida capitalista, entre estos los yacimientos energéticos y acuíferos, además de otros que se hallan en grandes cantidades en la mayoría de las naciones latinoamericanas. No obstante, en esta perspectiva de desestabilización general, los gringos no han logrado las condiciones ideales para alterar el rumbo tomado por los pueblos y gobiernos al sur de sus fronteras, aun cuando acaricie la idea de echar mano al fascismo para revertir a su favor la situación latinoamericana actual, como ya lo hiciera en el pasado; cuestión que a todas luces parece improbable.-

 

 

 

 

UN GENOCIDIO A CIELO ABIERTO

UN GENOCIDIO A CIELO ABIERTO

 

Mediante el asesinato masivo de pobladores palestinos, la expulsión y el sometimiento de millares de ellos y la confiscación de sus tierras y de sus bienes ancestrales, el Estado sionista de Israel ha implementado una limpieza étnica que, pese a la condena que ha merecido a través del tiempo de parte de organizaciones, gobiernos y pueblos de todo el mundo, mantiene inalterable, buscando así desterrar por completo cualquier vestigio que recuerde la presencia del pueblo palestino. Es, prácticamente, un genocidio a cielo abierto, presenciado desde todas las latitudes, sin que haya existido un mecanismo efectivo para contenerlo y erradicarlo, dándosele la oportunidad de vivir como pueblo libre a Palestina.

 

De este modo, el bloqueo ilegal e inhumano que el régimen israelista le impone a la población gazatí ha impedido la reconstrucción de sus viviendas, bombardeadas con frecuencia por sus fuerzas de defensa, sin considerar la muerte ocasionada a cientos de familias enteras. Lo mismo se observa con las restricciones respecto a la adquisición de materiales e instrumentos de primera necesidad, en lo que recuerda al viejo ghetto y el apartheid implantados, respectivamente, en la Alemania nazi y Sudáfrica. Todo ello, en conjunto, representa sin duda una gama innumerable de crímenes de lesa humanidad, violatorios del derecho internacional y de todas las normativas sancionadas y establecidas por la ONU; cuestión que no podría ignorarse, evitando el riesgo nada descartable de ser estigmatizado de antisemitismo.

 

No obstante, gracias a la ayuda política, financiera y militar de la Unión Europea y de Estados Unidos, Israel ha podido establecer sin marcha atrás un proceso de colonización y de despojo arbitrario en contra del pueblo palestino, incluyendo la aplicación de leyes discriminatorias y violatorias de los derechos humanos más elementales, a tal punto que se reprime, maltrata, asesina y encarcela a un gran número de niños y adolescentes, sin que la Unicef u otro organismo internacional pare tales atropellos.

 

Algo semejante ocurre con el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), cuyas conclusiones en 2004 sobre la construcción del muro de la vergüenza, determinaron entre otras cosas que el Estado sionista de Israel tendría la obligación de detener inmediatamente la construcción de este muro, destruir los tramos existentes, eliminar el sistema de asentamientos ilegales adyacente, además de reparar los daños causados a las familias palestinas afectadas. Igualmente, la CIJ señaló que “cualquier Estado” que sea Alta Parte Contratante de los Convenios de Ginebra “tiene la obligación de asegurar que se cumplan las exigencias de los instrumentos en cuestión” y que “la ONU, y especialmente la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, deben estudiar qué otras medidas son necesarias para poner fin a la situación ilegal que se produce como consecuencia de la construcción del muro”. Sin embargo, todo esto ha quedado en letra muerta. Entre tanto, la población palestina sigue siendo víctima de la represión y el odio de los israelitas, a tal punto que se les impide visitar sus lugares santos, como la mezquita de Al Aqsa.

 

Esta política -desde todo punto de vista racista y genocida- busca desconocer absolutamente la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, la cual decidió la culminación del mandato ejercido por Gran Bretaña sobre el territorio de Palestina y la partición del mismo en dos Estados: uno judío, con 14.500 km2 y otro árabe, con una superficie de 11.000; mientras que la ciudad histórica de Jerusalén quedaría como una entidad separada bajo la administración de la ONU. De esta forma, Israel -desplazando a sangre y fuego a los palestinos- tendría justificada su aspiración de poblar un territorio sin habitantes y re-crear lo que sus dirigentes sionistas han llamado el Gran Israel (Eretz Israel), dominando toda la extensión comprendida entre el río Nilo y el río Eúfrates, incluyendo a Siria, Líbano, la parte noriental de Irak, la parte norte de Arabia Saudita, la franja costera del Mar Rojo y la península del Sinaí de Egipto; lo que explicaría también su respaldo a los terroristas del autodenominado Estado Islámico junto con Estados Unidos.-

CHE, MÁS ALLÁ DEL MITO

CHE, MÁS ALLÁ DEL MITO

 

 

 

El 11 de octubre de 1967, Walt Rostow, asesor del presidente estadounidense Lyndon Johnson, le envía a éste un memorando donde analiza las implicaciones del ajusticiamiento de Ernesto Che Guevara: "Su muerte marca la desaparición de otro de los agresivos revolucionarios románticos... En el contexto latinoamericano, tendrá un gran impacto en descorazonar futuros guerrilleros”. A pesar de la sensación de triunfo que embargó a los sectores dominantes estadounidenses y latino-caribeños del momento, la desaparición física del Comandante Guevara no impidió que se mantuviera latente la lucha de resistencia de los pueblos de nuestra América por su liberación nacional.

 

Médico de profesión, pero revolucionario internacionalista de convicción, más allá del mito, el Che representa un ejemplo permanente de pensamiento y de acción en pos de la construcción de un modelo de civilización de nuevo tipo, como lo demostrara en diversos momentos de su vida, reivindicando una tradición de lucha revolucionaria que diera comienzo con el proceso independentista de las naciones de nuestro continente. En él no tenían cabida los prejuicios chovinistas exhibidos por algunos seudo revolucionarios para quienes la revolución es un proceso a desarrollarse fronteras adentro de sus países, sin llegar a comprender a cabalidad la dimensión de la lucha anticapitalista y antiimperialista al lado de todos los demás pueblos del planeta.

 

Esa visión internacionalista de la revolución le llevó a dejar Cuba, donde fácilmente pudo quedarse con su familia y ejercer funciones importantes de gobierno. Sin embargo, en vez de ello decidió incorporarse a las guerrillas que combatían el colonialismo belga en África. Incluso, tuvo la idea de unirse a la lucha guerrillera en Venezuela, pero por diferencias con quienes estaban al frente de la misma no pudo concretarse, teniendo que esperar su momento para ir a Bolivia y, desde allí, crear las condiciones necesarias para que la América nuestra insurgiera en masa contra el imperialismo gringo y sus lacayos tradicionales. Todo esto en un contexto generalizado de lucha antiimperialista, cuyos símbolos más resaltantes entonces eran Vietnam y Cuba, enfrentados en una guerra asimétrica contra el poderío militar y económico de Washington.

 

Pero, al margen de sus experiencias militares conocidas, el Che demostró sus dotes como teórico original del socialismo revolucionario, de modo que se pudiera contar con las herramientas ideológicas adecuadas a la realidad cubana, en un primer lugar, y que éstas, en un segundo plano, sirvieran para orientar lo propio en otras latitudes a fin de destruir el orden imperante de explotación y alienación creado por el sistema capitalista hegemónico. Esto lo condujo a teorizar sobre el hombre y la mujer nuevos, dejando a la posteridad un conjunto de reflexiones fundamentales para emprender la transición hacia el socialismo.

 

Como lo recordara el Comandante Fidel Castro el 15 de octubre de 1967 durante la velada en su memoria, el Che “no es que reuniera esa doble característica de ser hombre de ideas, y de ideas profundas, la de ser hombre de acción sino que Che reunía como revolucionario las virtudes de un revolucionario: hombre íntegro a carta cabal, hombre de honradez suprema, de sinceridad absoluta, hombre de vida estoica y espartana, hombre a quien prácticamente en su conducta no se le puede encontrar una sola mancha. Constituyó, por sus virtudes, lo que puede llamarse un verdadero modelo de revolucionario”.

 

Para el Che Guevara, la conciencia revolucionaria mediante el trabajo voluntario, sin percibir remuneración material alguna, como es habitual bajo la lógica del capitalismo, era un modo apropiado de formar y elevar la conciencia socialista de los revolucionarios y convertirla en fuerza vital para alcanzar los cambios estructurales que debiera impulsar y consolidar la Revolución en todo momento. Por ello, no elude la polémica (todavía vigente) frente al dogmatismo soviético, el cual contradecía los postulados ideológicos del materialismo científico y que, décadas después, confirmaría lo que ya anticipaba el Che respecto al verdadero carácter contrarrevolucionario y reformista del Estado y de la burocracia imperantes en la extinta Unión Soviética.

 

Del mismo modo que el Che lo alertara en su Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, en abril de 1967, “todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos. Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio”. En la actualidad, su legado revolucionario conserva toda una vigencia plena, fuera de todo dogma que pretenda limitarlo y siempre abierto a las nuevas generaciones de revolucionarios a profundizar en sus enseñanzas para la construcción definitiva y verdadera de la revolución socialista.-