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LAS NUEVAS DEMANDAS DEL PROYECTO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

LAS NUEVAS DEMANDAS DEL PROYECTO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

Al reconocer el Presidente Nicolás Maduro y demás integrantes del gobierno nacional que se llegó al final del rentismo económico, se crea la necesidad inmediata del surgimiento de un liderazgo revolucionario colectivo en reemplazo de la dirigencia y funcionarado burocrático-cupular-clientelista que hizo posible, con su proceder reformista, el avance de los sectores de derecha, dando como resultado que ésta conquistara la mayoría de curules de la Asamblea Nacional.

Es importante que chavistas y revolucionarios entiendan que hay una intención, orientada desde Estados Unidos y otros centros de poder internacionales, de torcer el rumbo del proceso de cambios revolucionarios protagonizado por el pueblo venezolano en función de los intereses de la burguesía parasitaria y de los grandes consorcios económicos norteamericanos, en una especie de gobernabilidad pactada que deje a un lado a los sectores populares. De ahí que no sea nada extraño que en Venezuela se esté repitiendo el mismo formato desestabilizador aplicado en Chile durante la presidencia de Salvador Allende, con un desabastecimiento artificial de productos esenciales para la población, una hiper-inflación inducida por los mismos sectores empresariales que ahora cínicamente le reclaman al gobierno la implementación de medidas de emergencia económica, la posibilidad de un corralito bancario y la desvalorización de la moneda nacional, incitando con ello un malestar popular que, eventualmente, terminaría con el mandato de Nicolás Maduro y restituiría a las viejas élites puntofijistas en el poder.

Además, es pertinente que chavistas y revolucionarios tengan en cuenta que no se pueden mantener intactas las mismas estructuras gubernamentales y partidarias del pasado como hasta ahora se ha hecho, ya que ellas responden a una visión de la sociedad que resulta incompatible con la realidad surgida en nuestro país durante las décadas recientes. Por consiguiente, es preciso que surja y exista una organización socio-económico-político-cultural-militar revolucionaria que sepa orientar e interpretar la lucha popular en su dimensión transformadora, clasista y plebeya, evitando que en su seno aparezca alguna clase de pragmatismo electoral, de sectarismo y de vanguardismo que precipite su desviación y atomización, de modo que pueda alcanzarse verdaderamente el propósito fundamental de la Revolución Bolivariana, es decir, la transformación estructural del Estado y, en general, de todo aquello que comprende e identifica el actual orden establecido.

En tal sentido, se requiere mucha madurez y voluntad política para enfrentar con éxito las embestidas programadas por la oposición. Ello debe producir un saldo organizativo y una redefinición de los valores sobre los cuales se erigió el modelo civilizatorio vigente, en lo que podría llamarse una coalición social y política revolucionaria que dé nacimiento a una nueva ciudadanía política, capaz de cubrir y protagonizar las nuevas demandas del proyecto revolucionario bolivariano.-

LA CONSPIRACIÓN DE PRIMER ORDEN CONTRA LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA CONSPIRACIÓN DE PRIMER ORDEN CONTRA LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

Generalmente, las conspiraciones son auspiciadas por grupos que, a su entender y conveniencia, se muestran contrarios a las políticas y vigencia de un régimen determinado, sea cual sea su naturaleza. Esto es entendible, predecible y hasta justificable en muchos casos, si el régimen en cuestión es todo lo contrario al régimen de libertades y derechos democráticos al cual todo pueblo aspira. Esto sería aplicable, incluso, a aquellos sectores dominantes que, siendo desplazados del poder por cualquier circunstancia, anidan la esperanza de recuperarlo y usufructuarlo, tanto o más que en el pasado.

Sin embargo, en la historia reciente de la República Bolivariana de Venezuela, en medio de la difícil (mas no imposible) construcción de un singular proyecto de revolución inspirado en el ideario republicano de soberanía popular, igualdad y justicia social de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, pareciera existir otro tipo de conspiración, más velada y, por lo tanto, menos perceptible, esta vez dirigida a impedir que dicho proyecto adquiera forma y suficiente autonomía a manos de los sectores populares. Algunos lo considerarán escandaloso e inverosímil, sin embargo, esto podría verificarse sin necesidad de un análisis demasiado profundo. Bastaría observar sencillamente lo acontecido durante este último periodo de la historia venezolana cuando un considerable porcentaje de burócratas de partido y de gobierno se han dedicado a aprovecharse de la fe popular, enriqueciéndose desvergonzadamente y sin temor alguno a la acción de la justicia, desvirtuando absolutamente la esencia y el significado de lo que debiera ser la Revolución Bolivariana y/o socialista.

En atención a lo anterior, no extraña nada que la desconfianza de los grupos burocratizados esté orientada, principalmente y con mucho empeño, hacia los revolucionarios y los chavistas que cuestionan con argumentos sólidos en mano lo que es su proceder común y se atreven, además, a elaborar y a protagonizar otras alternativas revolucionarias para salir de las diversas situaciones conflictivas y de falta de definiciones por las que atraviesa el país; no sólo desde el momento en que Nicolás Maduro pasa a ejercer la presidencia sino desde mucho antes con Hugo Chávez como presidente.

Tal cosa ha exigido mucha voluntad política y conciencia revolucionaria entre quienes se han situado en contra de los sectores políticos tradicionales, con su apuesta a un pasado de país que pocos anhelarían en su sano juicio, y de aquellos que, manejando el «legado» de Chávez según sus intereses particulares, han terminado por parecerse demasiado a sus opositores. Por supuesto, para estos revolucionarios y chavistas la situación no es, ni ha sido, color de rosa, habida cuenta que no manejan los resortes del poder -con los recursos económicos que facilitan el oportunismo, la demagogia y el clientelismo político- y, muchas veces, el acceso a los diferentes medios de información en igualdad de condiciones con unos y otros, resultando así más dificultoso su accionar y la difusión de sus propuestas revolucionarias. Ellos serían los llamados a desenmascarar y a combatir esta conspiración de primer orden contra la Revolución Bolivariana.-

 

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA Y LA EXPLORACIÓN DE NUEVOS MODELOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA Y LA EXPLORACIÓN DE NUEVOS MODELOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD

Gran parte de la oposición en Venezuela suele considerar a los sectores populares (quienes son, al fin y al cabo, en una significativa proporción, seguidores y sustentadores del proyecto revolucionario bolivariano) como una masa abstracta, inculta, despreciable, manipulable e incapaz de entender y de protagonizar el más sencillo avance en la construcción de un nuevo modelo democrático en el país. Según su apreciación, manifestada a través de las diferentes redes sociales a su alcance, los sectores populares no serían personas y carecerían de derechos, aún los más elementales, haciendo gala así de un exacerbado racismo (muchas veces, sin tomar en cuenta su propio origen étnico y/o social), por lo que las opiniones, las aspiraciones y la existencia de estos últimos no contarían para nada, siendo apenas visibilizados en su discurso aparentemente democrático.

Para los sectores de la derecha, las nuevas realidades históricas, sociales, políticas, jurídicas, ideológicas, educativas, religiosas, ecológicas, étnicas y culturales que han tenido lugar en América Latina y el Caribe recientemente, con su carga subversiva, antiimperialista y anticapitalista, resultan totalmente inaceptables y a-históricas. Desconocen abiertamente que éstas son el resultado de las dominantes relaciones capitalistas de producción que se instauraron en nuestro continente prácticamente desde el momento mismo en que sus naciones proclamaran su independencia del imperio español. A ello se une su alienación y cultura colonizada que les hace ver como ideales el sistema político, social y económico de Estados Unidos. En su colmo, hasta han demandado la intervención militar directa estadounidense para, según su mezquino deseo, acabar con la rochela o el bochinche de sus inferiores, los sectores populares.

Esta realidad, para algunos inusitada en el país, para otros exagerada, nos sitúa ante dos grandes bloques antagónicos (con sus matices, sin ser completamente homogéneos) en relación al control del poder y la construcción y fortalecimiento de una nueva visión de lo que debiera ser la sociedad venezolana en el futuro. De hecho, el antagonismo entre ambos suele atribuírselo la oposición al discurso de Hugo Chávez; sin embargo, los hechos históricos de abril de 2002 y de los últimos tres años de mandato de Nicolás Maduro dan cuenta de las acciones violentas, discriminatorias y antidemocráticas (aparte de subordinadas a los dictados e intereses extranjeros) de quienes pretenden presentarse como seres superiores, cristianos devotos y verdaderos demócratas, es decir, los únicos capacitados para ejercer el poder y de manejar la renta petrolera, según sus intereses particulares y su libre albedrío.

Ello contrasta palmariamente con las reivindicaciones largamente postergadas y los deseos de los sectores populares de ejercer la democracia directamente, haciendo obsoleta la representatividad acostumbrada, y de acceder a un mejor nivel material de vida. Algo que vienen demandando desde el primer momento que se instaurara en 1959 el pacto de élites de Punto Fijo. Sin embargo, hay que hacer notar que, a pesar de hablarse de revolución y de socialismo, no se ha producido todavía un viraje ideológico y político, significativo y profundo, que dé cuenta de un avance definitivo en esta dirección, lo que ha constituido desde hace mucho tiempo una debilidad entre los sectores populares. No obstante, es posible que la nueva coyuntura presente del país (independientemente de cuáles sean los resultados de las medidas auspiciadas por el gobierno de Nicolás Maduro para superar la situación crítica de la economía venezolana) termine por impulsarlos a una definición del papel fundamental que les toca representar para que la Revolución Bolivariana sea entonces una realidad, redefiniendo las relaciones de poder y las estructuras y funcionamiento del Estado burgués-liberal vigente, así como la moralización del ejercicio político mediante la designación de voceros que respondan, verdaderamente, a la voluntad popular y no a intereses grupales y/o individuales. Los grupos opositores ven en todo esto una grave amenaza y habría que entenderlos, ya que ello supondría eventualmente la pérdida de sus privilegios habituales, especialmente los de tipo económicos, dado su parasitismo, extrayendo del Estado los recursos que requieren para mantener su status.

De ahí que sea inevitable la exploración de nuevos modelos de interpretación de la realidad nacional, de la adopción y experimentación de nuevas formas organizativas que privilegien el ejercicio sin coacción de la democracia directa, y una toma de conciencia respecto a la necesidad de la Revolución Bolivariana por parte de las amplias mayorías de proletarios y demás colectivos sociales para combatir y derrotar la barbarie capitalista en cualquiera de sus expresiones, nacionales e internacionales. Al hacerlo posible, el pueblo organizado y consciente hará efectiva su soberanía, asumiendo un carácter constituyente vinculante y permanente.-

 

LA REVOLUCIÓN Y LA CUESTIÓN DEL PODER EN VENEZUELA

LA REVOLUCIÓN Y LA CUESTIÓN DEL PODER EN VENEZUELA

La cuestión del Estado es la cuestión del poder. No se podrá avanzar en la transformación estructural del modelo civilizatorio actual sin la toma del poder. Por eso es importante entender que, básica y generalmente, el Estado burgués liberal (tal como se conoce en la mayoría de las naciones del planeta) responde a intereses de clase, siendo éste, en consecuencia, la forma política del capital dominante, como bien ya lo determinaran en su momento los principales teóricos de la revolución anticapitalista o comunista mundial.
 
Por ello, es significativo que mucha gente, con la finalidad de impulsar la revolución socialista bolivariana de un modo que no admita retrocesos, termine sumándose al juego electoral implantado por las elites gobernantes, confiando así en acceder al poder y permitirse entonces cambiar el orden establecido mediante algunas iniciativas de gobierno. Sin embargo, como lo expondría V. I. Lenin en su obra El Estado y la revolución, "la esencia de la cuestión no radica, ni mucho menos, en si seguirán existiendo los ’ministerios’, o habrá ’comisiones de especialistas’ u otras instituciones; esto no tiene importancia alguna. La esencia de la cuestión radica en saber si se conserva la vieja máquina estatal (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta la médula de rutina e inercia) o si se la destruye, sustituyéndola por otra nueva. La revolución no debe consistir en que la nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina del Estado, sino en que destruya esta máquina y mande y gobierne con ayuda de otra nueva". 
 
Esto, por supuesto, exige -forzosamente- la redefinición de algunos conceptos frente a las nuevas realidades que se pretenden crear. Así, el poder, la política y el Estado (lo mismo que la espiritualidad, la cultura, la economía y otros elementos que podrían abarcarse) tendrían que observarse y comprenderse bajo la luz de nuevos paradigmas, todos ellos como resultado de la acción y de la revisión constantes de organizaciones políticas revolucionarias de nuevo tipo. En consecuencia, el desarrollo de las fuerzas productivas, la conversión de las relaciones de producción capitalistas, la revolución cultural antiburocrática y el nuevo sistema político (invirtiendo radicalmente la pirámide de las relaciones de poder tradicionales) tendrían que ser el resultado de un esfuerzo colectivo creativo que no se limite a un reparto más equitativo de la riqueza social o a retribuir, desde el Estado, a un pueblo demandante de derechos. 
 
Se hace preciso inhabilitar el sello de la vieja sociedad a reemplazar. Esta es una cuestión que muchas veces se tiende a ignorar, calificándose algunas de sus expresiones cotidianas como inofensivas o irrelevantes. De ahí que se requiera instaurar un sentido común revolucionario, es decir, un nuevo esquema espiritual que facilite las condiciones adecuadas para reestructurar de una forma trascendente, ética y lógica el modelo de sociedad vigente. La conciencia revolucionaria es, por consiguiente, un elemento imprescindible e ineludible para alcanzar efectivamente todos aquellos propósitos que conduzcan a la realización definitiva de la Revolución Bolivariana en Venezuela, de manera que ella contribuya a evitar la subordinación apática de los movimientos populares en función de los intereses de una minoría.
 

Todo esto plantea que los movimientos, grupos, sectores y/o colectivos revolucionarios y chavistas asuman el reto de desarrollar entre sí la capacidad de integrarse en una plataforma unitaria para el logro de objetivos comunes, algunos de ellos apenas diferenciados -en condiciones de pluralismo, autonomía, igualdad, reciprocidad, respeto y complementaridad-, lo que les posibilitaría establecer y ejercer en todo momento la democracia consejista, o directa; prefigurando, de una u otra forma, el nuevo poder y el modelo civilizatorio que surgirían bajo los ideales de la Revolución Bolivariana.

¿CUÁL SERÍA EL MODELO DE DEMOCRACIA A CONSTRUIR ENTRE LOS REVOLUCIONARIOS?

¿CUÁL SERÍA EL MODELO DE DEMOCRACIA A CONSTRUIR ENTRE LOS REVOLUCIONARIOS?

La democracia que debe prevalecer entre los revolucionarios tiene que nutrirse, en todo momento y espacio, de la participación, de la influencia y del protagonismo que le corresponde al pueblo, tanto en la construcción como en la consolidación de la sociedad de nuevo tipo, no únicamente en el orden político sino en todos los demás órdenes, de manera que exista verdaderamente una revolución en lo estructural. Sin este rasgo característico, la democracia constituiría un fraude y, por consiguiente, sería completamente contraria al concepto de revolución.

"La democracia es el poder del pueblo y no el poder de un sustituto del pueblo", sentenciaba Muammar El Gadhafi en El Libro Verde. En tal caso, la democracia sería un proceso desde abajo hacia arriba, trascendiendo y haciendo obsoleto el concepto de la democracia representativa, lo mismo que sus relaciones jerárquicas de poder. Como consecuencia, la representación política tendría que ser trascendida ya que ésta siempre ha sido un medio de usurpación del poder del pueblo, a pesar de los postulados constitucionales tan comunes a nivel mundial, los cuales establecen que la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo.

Esto, por supuesto, exige de los revolucionarios redefinir de modo crítico y creativo el concepto y el ejercicio de la democracia, bajo parámetros totalmente diferentes, con toda la carga de novedad y de subversión que ello implica. De modo tal que, desde abajo, se ataque simultáneamente al régimen político representativo y al capitalismo, explicando adecuadamente las injusticias sociales que se derivan de ambos. Sin embargo, la carencia de una clara orientación socialista impide comprender las muchas contradicciones de la realidad imperante, deficiencia ésta que ha sido aprovechada por oportunistas, demagogos y reformistas de toda laya en su propio interés.

Hay que tomar en consideración que las diversas rebeldías populares ocurridas en las últimas tres décadas en nuestra América tienen como característica común la exigencia de acceso directo al poder, algo con lo que la clase dominante nunca estará de acuerdo. Por ello mismo, la construcción de un nuevo tipo de socialismo, ésta deberá enmarcarse en un proceso continuo de socialización y de renovación generacional del poder, evitándose en todo instante la imposición del verticalismo generado por las relaciones clásicas de poder. Ello implica crear espacios permanentes y suficientemente amplios, abiertos a la horizontalidad, de forma que se produzca realmente un cambio estructural, no una simple reforma, que afiancen el secular anhelo humano de justicia social, igualdad, democracia y libertad.-

SI LE TOMÁRAMOS LA PALABRA AL PRESIDENTE MADURO...

SI LE TOMÁRAMOS LA PALABRA AL PRESIDENTE MADURO...

 

El diálogo propuesto por el Presidente Nicolás Maduro debiera incluir, forzosamente, a todos los movimientos e individualidades, políticos y sociales, de un modo amplio, pronto y efectivo. De lo contrario, podría perderse, una vez más, la oportunidad de reimpulsar definitivamente el proceso de revolución bolivariana que, pese a este revés electoral, mantiene plenamente su vigencia, toda vez que el pueblo venezolano enfrentaría una contraofensiva de la reacción al sentirse ésta fortalecida con el control de la Asamblea Nacional.

Es decir, no se puede confiar únicamente a los factores que controlan el poder del Estado la tarea de revisar los hechos cumplidos, dada la posibilidad que no ahonden en las causas que precipitaron la derrota en estas últimas elecciones, acusando a elementos externos de algo que pudieron evitar a tiempo, si realmente hubieran estado compenetrados con los objetivos estratégicos, ideales y perspectivas inherentes a la consolidación y profundización del proceso revolucionario bolivariano; máxime al ya no estar presente físicamente su máximo líder, Hugo Chávez.

Sin embargo, es bueno advertir que este diálogo no podría ni debería limitarse exclusivamente a quienes dirigen las instituciones públicas y los diversos partidos políticos que conforman el Gran Polo Patriótico, excluyendo a aquellos que han mantenido posiciones críticas al modo cómo ellos han cumplido sus respectivas funciones; cuestión que podría imponerse, a fin de no ser víctimas de las críticas y las autocríticas a las cuales cada uno deberá enfrentarse, si realmente están comprometidos con la revolución bolivariana y quieren que ésta se desarrolle de acuerdo a los parámetros revolucionarios de la democracia participativa y protagónica.

También es preciso que se entienda en esta nueva coyuntura que se le presenta al avance del proceso revolucionario bolivariano la necesidad de deslastrarse de los modos y concepciones representativas que aún imperan en muchas de las instituciones del Estado, especialmente en las organizaciones políticas, donde se observan grupos y subgrupos en pugna por mayores espacios de poder, pero en definitiva alejados de una conducta realmente revolucionaria y socialista, lo que ha incidido en la atomización de los movimientos populares, a tal punto que frenan su desarrollo y total autonomía organizativa y funcional.

Principalmente, quienes integran lo que llamaríamos el chavismo gobernante tendrían que aceptar la existencia y accionar de un chavismo popular, conformado básicamente por personas y movimientos sociales que sí han entendido el legado de Chávez, interpretando adecuadamente lo establecido en las distintas leyes del poder popular, más aún la exigencia de transformar estructuralmente la economía rentista y el Estado burgués-liberal heredados del puntofijismo y que representan los principales obstáculos a vencer para acceder finalmente a la transición hacia el socialismo bolivariano.

Al mismo tiempo, chavistas y revolucionarios tendrían que prepararse en lo inmediato para confrontar las acciones reaccionarias de la oposición desde la Asamblea Nacional, ya que se requiere de nuevos actores y escenarios políticos que sirvan para consolidar y profundizar, verdaderamente, los logros revolucionarios junto al pueblo.
De ahí que veamos este momento coyuntural como una oportunidad para recuperar, redefinir y reimpulsar la esencia, los ideales y los objetivos de la Revolución Bolivariana, tal como se dieron a conocer en 1992 y que el Comandante Chávez buscó concretar en todo momento en beneficio de los sectores populares y no únicamente a favor de una minoría; cuestión que no podrá obviarse en ningún momento y bajo ninguna excusa.-

REVOLUCIÓN, SIN CONVOCATORIA PREVIA Y SIN ANUNCIO OFICIAL, O MÁS “MAREO” PARA LAS BASES

REVOLUCIÓN, SIN CONVOCATORIA PREVIA Y SIN ANUNCIO OFICIAL, O MÁS “MAREO” PARA LAS BASES

 

Frente al nuevo escenario político creado por los resultados de las elecciones legislativas del 6 de diciembre en Venezuela, algunos revolucionarios y chavistas exponen la necesidad inmediata de revisar, rectificar y reimpulsar el curso del proyecto revolucionario bolivariano, tal como lo propusiera en su momento el Presidente Chávez.

 

A favor de ello se ha pronunciado un enorme porcentaje de individuos y movimientos sociales revolucionarios, pero cabría interrogarse: ¿desde cuál perspectiva, desde el chavismo gobernante o desde el chavismo popular? Porque se debe reconocer que hay dos vertientes, ambas chavistas, prácticamente enfrentadas ideológicamente a lo largo de la última década, buscando cada una imponerse a la otra, aunque existan matices que impiden ser categóricos a la hora de definirlos puntualmente. En el primer caso, un chavismo instalado en las cúpulas del poder burocrático mientras que, el segundo, se mantiene en la calle, en cada espacio de lucha reivindicativa, tratando de trascender los marcos de referencia establecidos por el modelo de sociedad erigido y sostenido a través del Pacto de Punto Fijo desde 1959.

 

Es decir, esta confrontación a lo interno del chavismo tiene su punto central en la concepción del poder y lo que el mismo debiera representar para acceder finalmente a la transición hacia el socialismo revolucionario. Esto pasa por la exigencia imperativa, y largamente postergada, de modificar radicalmente el tipo de Estado burgués-liberal imperante, al cual muchos “chavistas” burócratas han accedido, aprovechándose de las diversas coyunturas electorales producidas en el país, en su deseo particular de enriquecerse y de mejorar su status de vida; Estado que tantos buenos dividendos les dió a las cúpulas empresariales, políticos, militares, sindicales y eclesiásticas hasta que Chávez fuera elegido Presidente.

 

Por eso es pertinente y hasta obligatorio plantearse en estos momentos de definiciones trascendentales si el llamado a reimpulsar y profundizar el proyecto de revolucion bolivariana en Venezuela será acatado por todos los chavistas y los revolucionarios, sin convocatoria previa y sin anuncio oficial, distanciándose ostensiblemente de aquellos que no admiten sus culpas, sus inconsistencias y sus errores como “vanguardia revolucionaria”, tanto los que surgieran con Chávez como con Nicolás Maduro.

 

Otra cosa que debe tomarse en cuenta es que los sectores transnacionalizados siguen siendo minoría, por muchos votos obtenidos, tanto en las elecciones realizadas en Argentina como en Venezuela. Si se cae en un análisis sectario, endilgando culpas y responsabilidades a quienes ostentan cargos de dirección política y de gobierno, sin admitir lo propio de parte de aquellos que integran movimientos y grupos sociales de base, éste no serviría de nada. Ya otros momentos en el pasado merecieron un tratamiento similar sin producir ningún saldo organizativo significativo, incidiendo de alguna forma en la conducción, fortalecimiento y caracterización del proceso de cambios revolucionarios en Venezuela.

 

De ahí que sea una exigencia ineludible que la Revolución Bolivariana tenga una visión clara de los objetivos estratégicos y tácticos que, en lo adelante, debe alcanzar, considerando que muchas de las observaciones, críticas y propuestas que se han dado a conocer tras la derrota electoral del 6 de diciembre tienen como fin primordial hacer que ésta se convierta en una realidad alcanzable y concreta, dejando de ser simple discurso y/o aspiración utópica.

 

Pero ello tendrá como principal fundamento el ejercicio pleno de la soberanía popular, conformando un poder popular constituyente en actividad permanente, el cual pueda manifestarse en nuevas formas organizativas y en la transformación radical de las relaciones de producción capitalistas; lo que, en resumidas cuentas, representa el núcleo central de los reclamos, denuncias y propuestas de quienes se mantienen firmes en su determinación de luchar por la liberación nacional y el socialismo bolivariano, más allá de reformas y paliativos que terminan por abonar el camino de la contrarrevolución y la pérdida (total o gradual) de las diversas conquistas logradas por el pueblo venezolano.-

LOS TROYANOS DE LA REVOLUCIÓN

LOS TROYANOS DE LA REVOLUCIÓN

 

El embate sostenido de una campaña mediática engañosa (dentro y fuera del país), el desabastecimiento planificado, el encarecimiento desmedido de los precios y el incremento (o sensación) de la inseguridad ciudadana, además de la percepción generalizada respecto a la corrupción en que estarían envueltos gobernantes y dirigentes del chavismo, tuvo su impacto, indudablemente, en la intención de voto de mucha gente en estas últimas elecciones parlamentarias en Venezuela; partiendo, quizás, de una visión muy particularizada que le impidió entender lo que se estaba poniendo en juego, de resultar triunfadores los candidatos opositores.

 

Como siempre, una gran parte del chavismo gobernante obviará irresponsablemente las causas reales de los resultados electorales del 6-D y acusará, como otras veces, a factores externos por la derrota sufrida, sin revisar -autocríticamente, como le corresponde asumir a un verdadero revolucionario- tanto su gestión como su comportamiento personal, en sintonía con el discurso aparentemente socialista del cual hace gala en mítines y medios de información. Esto ocurrirá, sin duda, independientemente de su responsabilidad directa o indirecta en este hecho que amenaza con destruir todo lo alcanzado por los sectores populares en Venezuela desde 1999. Es indudable que algunos representantes (destacados o no) de este chavismo gobernante se han dado a la tarea de desviar y truncar el avance revolucionario del pueblo, actuando como verdaderos troyanos de la revolución, controlando la maquinaria estatal y partidista, según su capricho e intereses.

 

Como lo dijera Miguel Ángel Pérez Pirela (conductor del programa televisivo Cayendo y corriendo), ya basta de ver bajo sospecha a quienes hacen críticas a la gestión cumplida, ignorando que el propósito de estas críticas es ayudar a consolidar y profundizar los verdaderos logros revolucionarios junto al pueblo organizado y consciente. No basta con tener el control absoluto de una institución ni de una estructura partidista si se mantiene una postura reformista con el simple deseo de obtener beneficios personales, con un séquito de aduladores alrededor que jamás le harán ver la realidad a quienes ejercen la dirección del Estado y buscarán mantenerlos alejados de aquellos que consideran extremistas o radicales, es decir, peligrosos para sus posiciones privilegiadas, por ser sencillamente revolucionarios.

 

Si habría que cobrarle esta derrota electoral a alguien, tendría que ser, principalmente, a quienes creen que la formación revolucionaria es cosa de una clase de catecismo acrítico, haciendo de la conciencia revolucionaria un elemento opcional, poco útil, y no un elemento altamente necesario para hacer realmente la Revolución Bolivariana. Aparte de ello, a la porfía de los diversos representantes gubernamentales en no producir el cambio estructural del Estado y de la economía rentista, no obstante las constantes arengas del Presidente Chávez para que se actuara a tiempo en tal sentido. Resulta, por lo tanto, absolutamente contradictorio que se hable en cada ocasión contra el régimen capitalista y aún así haya quienes terminan por legitimarlo mediante una conducta materialista y altamente consumista, que es inducida y reflejada, a su vez, entre quienes constituyen las bases populares de la revolución; las cuales optan por esperar todo del Estado y son escasamente estimuladas a la producción por su propia mano, con una visión bastante diferenciada de lo que es el capitalismo. Otra cosa innegable y resaltante es que muchos de estos formadores ideológicos mantienen intacta su formación socialdemócrata y/o socialcristiana, elemento que contribuye a prolongar la existencia del viejo Estado burgués-liberal en lugar de transformarlo de raíz.

 

Quienes quieran saber qué ocurrió en estas elecciones parlamentarias, vuelvan a la lectura y comprensión (si es que alguna vez lo hicieron o intentaron hacer) del Libro Azul, de la Agenda Alternativa Bolivariana, del Plan de la Patria y, para aquellos que militan en el PSUV, del Libro Rojo. Comparen lo que allí está plasmado con la realidad vivida hasta ahora. Especialmente en lo que tiene que ver con la transformación estructural del Estado y del capitalismo rentista que aún imperan en Venezuela, del ejercicio pleno de la democracia directa y el nivel de conciencia revolucionaria del pueblo organizado y consciente.

 

Para los otros que quedamos, nos corresponde recuperar aquella consigna de "propaga, agita y organiza", ya que ésta nunca perdió su vigencia en ningún instante, a pesar del alejamiento de algunos. Esta coyuntura fue anticipada por muchos, así que nos llegó el turno de actuar y de reimpulsar el avance revolucionario logrado, con sus retrocesos y empujones, a partir de 1989, 1992 y 2002, contando esta vez con las experiencias (buenas y malas) adquiridas.-