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LA ARREMETIDA DEL CAPITAL CONTRA LOS PUEBLOS

LA ARREMETIDA DEL CAPITAL CONTRA LOS PUEBLOS

Hay -sin duda alguna- un choque tácito entre la realidad del capitalismo y la realidad de la democracia, siendo comprobable en todo momento y en cualquiera nación. Esto se ve reflejado en la multiplicidad de acontecimientos que han derivado en crisis económicas sufridas en diversidad de naciones (incluido el paladín universal del capitalismo, Estados Unidos), algunas apenas paliadas por los gobernantes de turno, las mismas que han causado una depreciación significativa del poder adquisitivo de las personas mientras se incrementan los niveles de protestas populares, desempleo, pobreza y desigualdad social en cada nación afectada.

Los usufructuarios de los grandes capitales asociados buscan acelerar la reconfiguración de un mundo totalmente ajustado a sus intereses. Así, desde la era en que Ronald Reagan y Margaret Thatcher impusieron su visión política neoconservadora, políticos y empresarios forjaron una dupla encargada de establecer gobiernos y políticas públicas que beneficiaran altamente el modelo capitalista neoliberal a nivel mundial a costa de los recursos, bienes y los logros de los pueblos, tal como ocurriera en gran parte de nuestra América bajo gobiernos y dictaduras al servicio, primordialmente, de Estados Unidos.

Para alcanzar sus propósitos, las grandes corporaciones multinacionales (a través de la OTAN, el Pentágono y el Departamento de Estado gringo) han promovido la desestabilización y derrocamiento de regímenes considerados como hostiles a los mismos, así como guerras imperialistas bajo la excusa de defender la democracia y los derechos humanos, pero que tienen un objetivo bien claro: apoderarse de las riquezas existentes en sus países.

Durante tres décadas consecutivas, el capitalismo globalizado se ha dirigido a conseguir el control de la población mundial por medio de una estrategia de propaganda, caos y terror que induzca a las personas a sacrificar sus derechos democráticos por un clima de seguridad, así esto produzca la criminalización de los reclamos populares, la aplicación de leyes como la Ley Patriota, la guerra antiterrorista y aberraciones como la detención arbitraria de supuestos extremistas islámicos en la base naval de Guantánamo, ocupada ilegítimamente por Estados Unidos. Esto se refuerza a diario gracias a la industria ideológica, la cual contribuye a afianzar los valores que distinguen el modelo civilizatorio estadounidense-europeo mientras se empequeñecen, desvirtúan y ridiculizan aquellos pertenecientes a culturas y pueblos periféricos; desconociendo frontalmente cualquier tentativa por instaurar un mundo pluricéntrico y pluripolar, respetuoso del derecho internacional y toda soberanía.

Por tanto, la columna vertebral de la arremetida del capital contra los pueblos está conformada, principalmente, por esta industria ideológica, cuyas expresiones más visibles son la industria cinematográfica y de entretenimiento general, que influyen notablemente en la imposición de modas y consumo de drogas de todo tipo, sobre todo al nivel juvenil. Además de ello, las corporaciones cuentan con ejércitos privados, facultados para fiscalizar y ejecutar operaciones militares que normalmente estarían a cargo de los ejércitos regulares, una cuestión adecuada a los gobiernos que actúan a su favor para eludir las normas que restringen y penan la violación de los derechos humanos (casos de Afganistán e Iraq).   

En palabras de Michael Löwy y Samuel González (El capitalismo contra la democracia en Europa y América Latina, revista Memoria, México), “hay una necesidad apremiante de profundizar la democracia mediante la construcción de poder popular; un ejemplo muy significativo al respecto son las comunas generadas en Venezuela desde 2009. Es importante remodelar los Estados desde una visión que sobrepase y rompa con los designios de la democracia liberal y los dictados del gran capital. Las experiencias conquistadas en las asambleas constituyentes resultan fundamentales, sin perder de vista la necesidad de construir poder popular más allá de sus formas estatales, generando un puente y vínculo entre lo democrático y lo comunitario, como demuestran diversas experiencias en la actualidad, para repensar los horizontes anticapitalistas y comunistas de nuestro siglo”.

Esto nos coloca a los seres humanos en una disyuntiva muy importante para la sobrevivencia, la paz y la libertad de toda la humanidad. Ello implica emprender movilizaciones, nuevas formas de organización popular y una lucha sostenida contra las pretensiones del capital corporativo, echando mano al mismo desarrollo tecnológico e informático que éste ha promovido, de forma que exista una democratización comunicacional que trascienda las fronteras nacionales y permita el desenmascaramiento de la estrategia utilizada por los capitalistas en contra de los intereses de los sectores populares.

La principal línea de combate sería, entonces, en el rango ideológico-cultural, precisando modos nuevos de comprensión, desalienación y educación que fomenten, en primera instancia, un sentido de pertenencia en las personas y, en una segunda instancia, la firme convicción de poder resistir y vencer las ambiciones del capital corporativo de apoderarse de todo.-    

REVOLUCIÓN DESDE LA REALIDAD VENEZOLANA

REVOLUCIÓN DESDE LA REALIDAD VENEZOLANA

La articulación práctico-teórica de los saberes y las luchas populares es uno de los fundamentos sobre los que debería llevarse a cabo una verdadera revolución bolivariana, socialista y eminentemente popular en Venezuela. Sin ella -aunque se apele al conocimiento y práctica de experiencias históricas y aportes teóricos de otras latitudes y tiempos, todos importantes, sí, pero no totalmente adecuados a la realidad venezolana- todo proyecto revolucionario subsistirá como mera ilusión.

Así, es vital que se piense desde la realidad misma del país, recurrir a su memoria histórica de luchas, desde el momento en que nuestros pueblos originarios iniciaron su lucha de resistencia contra los invasores europeos hasta el presente, revisando las causas y las consecuencias de cada lucha emprendida, esencialmente, por los sectores populares, antes que fijarse mayormente en la figura de quienes se destacaron al frente de las mismas. Otro elemento fundamental a considerar es la comprensión respecto a la influencia ejercida por la ideología de los sectores dominantes sobre las capas y sectores subordinados, manifestada a través de diversos aspectos, pero escasamente percibida por estos últimos; contribuyendo dicha ideología a mantenerlos en un estado de indefensión, dependencia y sumisión perpetuo, pese a constituir el mayor porcentaje de la población y de atribuírseles el ejercicio inalienable de la soberanía nacional.

Desde este punto de vista, podríamos concordar absolutamente con lo expuesto por el Libertador Simón Bolívar ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819: “¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual? Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano, la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional”

Sin negar a rajatabla los estudios y orientaciones teóricos hechos con el propósito de darle explicaciones y viabilidad a lo iniciado por Hugo Chávez a partir de 1999, se hace preciso amalgamar en un todo -explicando, por supuesto, las diferencias existentes entre cada uno de los procesos históricos referidos, investigados o consultados- las resistencias y las rebeliones protagonizadas, en un amplio sentido, por el pueblo a través del tiempo, gran parte de las cuales estuvieron (y están) motivadas por demandas no siempre satisfechas en relación a obtener un mayor grado de mayor participación democrática y de justicia social.

Si todo esto fuera relevante y constante en la promoción y el desarrollo de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que tiendan a desembocar en una revolución popular irreversible, habría entonces un salto cualitativo, motorizado éste por un nivel de conciencia revolucionaria, forjado a través de la lucha y del debate constantes, algo que debiera reflejarse en la transformación estructural (en un sentido general) que se requiere para instaurar un nuevo modelo civilizatorio en el país.

Al respecto, habría que recordar con Chávez que “cada día habrá que construir más instrumentos para la democracia directa y romper la trampa de la democracia representativa, que termina siendo al final una dictadura, la dictadura de una élite en contra de los intereses del pueblo” Considerando estrictamente estas palabras de Chávez, se hace preciso que los movimientos populares se muestren capaces de trascender el viejo modelo representativo y asuman desde sus propios espacios, autónomamente, la definición, el diseño y la implementación de esta democracia directa. En la medida que los sectores populares estén dispuestos a alterar radicalmente las viejas reglas del juego de los sectores dominantes, imponiendo a cambio su hegemonía democratizadora y emancipadora, en términos de empoderamiento democrático, de disminución decidida de sus niveles de pobreza y de garantía efectiva de sus más elementales derechos humanos, existirá siempre la posibilidad de concretar la revolución bolivariana, socialista y popular que se procura hacer en Venezuela.- 

LA GUERRA MULTIDIMENSIONAL DEL CAPITALISMO IMPERIAL

LA GUERRA MULTIDIMENSIONAL DEL CAPITALISMO IMPERIAL

El sistema capitalista mundial podría enfrentar la posibilidad inminente de una desaceleración económica, lo que plantearía consecuencias graves para las naciones periféricas, además de las principales naciones desarrolladas capitalistas (entre ellas, Francia y Alemania) que padecen en el presente los costos sociales de las recomendaciones neoliberales del FMI y del Banco Mundial para superar sus crisis internas; afectando también la estabilidad democrática y la garantía de respeto a las soberanías y los derechos humanos.

Es evidente que la economía global -centrada en el dólar- se duplicó durante los últimos 30 años, sin embargo, esto no significa que la riqueza se haya distribuido de un modo equitativo entre trabajadores y dueños de capital, lo que se traduce en mayores niveles de desigualdad económica y social, reflejándose en la situación desigual de un 1% que acumula diariamente más riquezas que el resto del 99% de la población mundial; lo cual supone la redefinición de la correlación de fuerzas, aparte de una situación signada de luchas y retos a asumir por los sectores populares empobrecidos, tomando en cuenta que la mayoría de los gobiernos favorecen políticas que le dan prioridad a las reglas del mercado, incluyendo aquellos que podrían señalarse de progresistas.

Esto obliga al diseño y debate de novedosas propuestas políticas y económicas que tengan, desde una óptica particular, pero sin obviar lo que acontece fronteras afuera, como eje central deslegitimar, enfrentar y derrotar a quienes pretenden controlar al sistema económico mundial, pasando por alto el respeto a los derechos humanos y la soberanía de los países víctimas de su apetencia de grandes ganancias. De ahí que no sean casuales situaciones como la disminución de los precios de productos primarios, como el petróleo en el caso venezolano, la aplicación estricta de planes de ajustes de gasto público y las solicitudes de préstamos de algunos gobiernos a las instituciones de crédito subrogadas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos; todo esto orientado a mantener la hegemonía de las grandes corporaciones transnacionales y a frenar el avance de las economías emergentes, además del potencial de preeminencia que China y Rusia representan en un futuro inmediato.

Todos conocemos que la expansión incesante del mercado capitalista requiere de territorios, de recursos naturales y de mano de obra barata que le aseguren la obtención segura de ganancias, lo que ha colocado a la humanidad (junto con toda otra forma de vida) al borde de un colapso total. Sin embargo, poco se ha hecho para contener esta apetencia desbocada de los grupos capitalistas corporativos y para eliminar, por parte de las economías periféricas, la dependencia primario-exportadora tradicional a que parecen estar condenadas indefinidamente, en lo que muchos califican de subdesarrollo; lo que representa un serio problema para todo régimen que aspire saltarse tal realidad.

En consecuencia, se ha ido desarrollando a la vista de todo el mundo una guerra multidimensional -con dispositivos de manipulación y de agresión de toda clase que lesionan gravemente la vigencia del derecho a la autodeterminación de los pueblos- por parte del capitalismo imperial. Para justificarla, cualquier argumento es válido: combate al narcotráfico y al terrorismo, ayuda humanitaria o, simplemente, la amenaza inusual y extraordinaria de un gobierno catalogado de dictatorial y violador de los derechos humanos fundamentales. Todo en función de defender, asegurar y reproducir la hegemonía del capitalismo. Por ello, todo gobierno de izquierda, centro-izquierda y/o progresista que quiera abandonar el redil, estará siendo condenado a sufrir las consecuencias. A fin de lograr sus propósitos, este capitalismo imperial dispondrá, sin rubor alguno, de los organismos multilaterales existentes, llámense FMI, Banco Mundial, ONU o, su brazo armado, la OTAN; lo que importa es el sometimiento incondicional de los gobiernos y pueblos a sus intereses económicos y geopolíticos, así esto cause un genocidio irreversible a escala planetaria.-

 

LA URGENCIA DE UN PRESENTE REVOLUCIONARIO CREATIVO

LA URGENCIA DE UN PRESENTE REVOLUCIONARIO CREATIVO

Nuevos desafíos estratégicos se le imponen a las fuerzas revolucionarias ante el avance logrado por los sectores de la derecha en nuestra América. El triunfo derechista en las elecciones presidenciales y parlamentarias de Argentina y Venezuela, respectivamente, así como en el referéndum en Bolivia, tendrían que abordarse en el ámbito social, político, económico y cultural, con una participación efectiva de los sectores populares, los cuales podrían efectuar un mejor diagnóstico sobre sus verdaderas causas, sin la demagogia ni la autocomplacencia acostumbradas del reformismo.

Sin embargo, no será cosa fácil ni inmediata. Se debe considerar que desde siempre ha existido una transferencia de la ideología de los sectores dominantes, por lo que tendría que haber un desmontaje deliberado y continuado de todo aquello que legitima el orden establecido y lo hace aparecer como algo fatal e insustituible. Así, conceptos y acontecimientos enmarcados en lo que serían entonces rebelión, resistencia y revolución desde el punto de vista de los sectores populares, tendrían que manifestarse en acciones que cuestionen y tiendan a transformar radicalmente el tipo de Estado, de gobierno y de economía vigente; lo que implica hacerlo extensivo contra los diversos soportes del modelo civilizatorio actual.

En este punto, son pocos los dispuestos a entender y a propiciar verdaderos cambios revolucionarios en tal dirección, condicionados como están por la ideología dominante, lo cual les hace limitarse a impulsar simples reformas que alivien momentáneamente las condiciones de vida de la mayoría popular, le faciliten a ésta un mayor acceso a la participación en el escenario político y reduzcan, hasta donde sea posible, los altos niveles de desigualdad y de explotación de la clase asalariada.

Sin embargo, porfiadamente, a contracorriente, muchos de quienes ocupan cargos gubernamentales optan por simplemente tratar de hacerlo bien (en los casos de aquellos que mantienen intacta su integridad, a pesar de las tentaciones presentadas) mientras que otros únicamente se adaptan e imitan los patrones de comportamiento de aquellos que les antecedieron, incluyendo su demagogia y corrupción. Esto -de no corregirse a tiempo, mediante una real y eficaz participación popular- provocará a la larga un debilitamiento creciente de los lazos de identificación común existentes entre gobernantes y gobernados, sobre todo cuando estos últimos detectan y se convencen que no existen planes o programas sólidos y viables que satisfagan sus múltiples problemas y demandas, como ya ocurriera en Venezuela durante el mandato binario de AD y COPEI.

Todo ello plantea la urgencia de un presente revolucionario más creativo y menos autosuficiente, menos limitado y menos sectario. De este modo, la situación creada en nuestra América por el avance obtenido por los sectores de derecha debiera estimular la conformación de un amplio movimiento revolucionario -diversificado en el plano organizativo, teórico y político, pero accionado con propósitos comunes- capaz de generar verdaderos espacios de participación y protagonismo popular, no ya con el objetivo único de acceder electoralmente al poder constituido sino con el de fomentar decididamente el rearme ideológico del pueblo y establecer en consecuencia una hegemonía popular que haga irreversible la Revolución.-        

EL PROBLEMA DE LA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO

EL PROBLEMA DE LA TRANSICIÓN AL SOCIALISMO

No obstante seguir siendo el socialismo un viejo sueño aún por construir, el momento histórico que se vive en Venezuela y gran parte de las naciones de nuestra América nos hace creer que éste se definirá -tarde o temprano- al calor de las luchas sociales. Ello supondrá, al mismo tiempo, la tarea de resolver las contradicciones inherentes a la cultura dependiente, las relaciones de poder y las relaciones de producción que persisten en nuestros territorios; traduciéndose, por consiguiente, en un esfuerzo colectivo carente de liderazgos mesiánicos que puedan desviar y truncar sus objetivos, de modo que haya la posibilidad real de crear estructuras novedosas donde no predomine la influencia de una dirigencia y un funcionariado burocrático-cupular situados de espaldas al pueblo.

Así, la construcción socialista de una sociedad de nuevo tipo impone la necesidad de una serie de etapas transitorias previas, las cuales debieran estar impregnadas, primeramente, de las experiencias de lucha de nuestros pueblos en contra del colonialismo, la explotación capitalista y la hegemonía imperialista, dándole cabida plena al protagonismo y a la participación de las sectores populares en la toma de decisiones y el ejercicio del poder.

El problema de la transición al socialismo hace necesario, por tanto, un debate con toda la audacia, el espíritu crítico y el rigor científico que exige el plantearse la transformación estructural del Estado, de la economía y del modelo de sociedad (tanto en su aspecto cultural como espiritual). No puede limitarse a un simple cambio de nombres y de gobierno, como algunos pretenden. Tiene que ser algo integral.

Es lo que hace algún tiempo planteara Douglas Bravo en su libro “Utopía del Tercer Milenio” respecto a que un proyecto alternativo de nueva civilización “desarrollará un nuevo modo de producción, no capitalista, no industrializado, (…) no depredador. Será una manera de producir que también tiene mucho que ver con la reconstrucción de la memoria histórico-cultural que contiene las formas de alimentación, distribución y consumo que quedaron sepultadas en el proceso de occidentalización. Si la forma de producir no es alternativa al capitalismo, quedará atrapada finalmente como ocurrió con la economía del socialismo (…) Esa forma de producir caribeña reivindicará nuevamente las relaciones hombre-naturaleza en este espacio geográfico, político, social, religioso, cultural, tecnológico, económico”. En algo similar coinciden, entre otros, el General Francisco Visconti, líder de la segunda insurrección cívico-militar de 1992 en Venezuela y Álvaro García Linera, actual Vicepresidente de Bolivia, cada uno con un enfoque particular, pero animados del mismo espíritu de revolución de las ideas que debiera prevalecer en nuestra América toda para alcanzar la emancipación largamente anhelada por nuestros pueblos, prácticamente desde el momento mismo en que comenzara la lucha contra el modelo de civilización impuesto desde Europa. Más aun cuando se observa -pese a Estados Unidos y sus aliados europeos- el declive creciente y, al parecer, irreversible del sistema financiero y de la geopolítica resultante de la Segunda Guerra Mundial. La compleja situación que esto representa justifica que los nuevos desafíos a vencer no podrán acometerse con las melladas fórmulas del pasado, recurriendo al Che, lo que hará posible rearmar ideológica y políticamente a nuestro pueblo y, en general, al propio movimiento revolucionario-  

DEFINAMOS: ¿REVOLUCIÓN O GOBERNABILIDAD PACTADA?

DEFINAMOS: ¿REVOLUCIÓN O GOBERNABILIDAD PACTADA?

Por voz y empeño del Presidente Hugo Chávez, el chavismo gobernante hizo suyos el discurso, los colores y la iconografía revolucionarios que, anteriores a la aparición pública del Comandante, identificaron por largas décadas a las distintas agrupaciones políticas de izquierda y que tanto escandalizaran e intimidaran a un grueso porcentaje de la población venezolana, gracias a la represión y a la propaganda constantes de los gobiernos de Ad y Copei, bajo el patrocinio del imperialismo gringo. En adelante, se observaría a muchos de los ex militantes de estos dos partidos políticos de la derecha venezolana pontificando sobre las bondades del socialismo revolucionario y citando literalmente a Marx, Lenin, Mariátegui, Gramsci, Che Guevara y Fidel Castro, los antiguos demonios que incitaban su odio; mientras obtenían su ascenso vertiginoso en la escala del poder, convirtiéndose en los representantes del nuevo estamento político gobernante, incluso con la deferencia acrítica de quienes provenían de las filas izquierdistas.

Esta nueva realidad en el país tuvo, sin embargo, una consecuencia positiva: parte importante de ese mismo porcentaje de la población venezolana entendió que el socialismo revolucionario sería la mejor opción presentada para resolver satisfactoriamente los niveles de pobreza, explotación laboral, desigualdad social y la falta parcial o absoluta de parte de las autoridades; todo lo cual había servido de caldo de cultivo para que ocurrieran el estallido popular del 27 de febrero de 1989 y las dos rebeliones cívico-militares de 1992. Lo resaltante es el hecho que los sectores populares han interpretado este socialismo de un modo distinto a lo que entiende y practica el estamento gobernante y partidista, determinándose una diferenciación abismal entre ambos, lo que ya ha tenido por efecto que la derecha fascistoide domine el Parlamento nacional y, desde sus curules, amenace con desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro.

Esto último ha situado al gobierno nacional ante la disyuntiva de avanzar sin titubeos por el camino revolucionario o, contrariamente, aceptar las reglas de juego de la burguesía parasitaria e instituir una gobernabilidad pactada que termine por desmantelar todo lo hecho y esbozado durante el período presidencial de Chávez, como única opción para sobreponerse al desabastecimiento y al asedio económico padecidos actualmente por la población venezolana en general. Tal cosa ha impulsado ya a varios movimientos políticos y sociales revolucionarios a fijar posiciones; unos (de forma interesada o no), a favor del gobierno de Maduro y, otros, planteándose alternativas revolucionarias que, sin renegar por completo de los logros del proceso revolucionario bolivariano liderado por Chávez, buscan profundizar y consolidar el avance, la conciencia, la autonomía y la organización de los sectores populares que tengan como objetivo fundamental la toma del poder.

Mientras Maduro y su equipo de ministros hacen malabarismos para lograr la puesta en marcha medidas que impulsen la actividad productiva del país, en alianza con los sectores empresariales (varios de los cuales auparon y financiaron los planes golpistas contra Chávez), estos movimientos políticos y sociales revolucionarios podrían representar el camino a seguir, tomando en cuenta que gran parte de sus postulados confrontan la lógica capitalista y el reformismo de Estado, elementos éstos que -en uno u otro sentido- se han convertido en grandes obstáculos a vencer; manteniendo aún vigente la responsabilidad histórica de llevar a cabo la Revolución Bolivariana, con toda la carga y el significado subversivos que la caracterizarían.-  

EN LUCHA POR UNA REVOLUCIÓN CON OPCIONES PROPIAS

EN LUCHA POR UNA REVOLUCIÓN CON OPCIONES PROPIAS

De no ganar terreno el conjunto de medidas anunciadas por el Presidente Nicolás Maduro para superar exitosamente las dificultades creadas en el ámbito de la economía nacional, estaría por definirse si ello representa una crisis económica o, algo de mayor gravedad, una crisis de Estado. En cualquier caso, esta situación que padece Venezuela aumenta la necesidad de redefinir los valores culturales, políticos, sociales y económicos sobre los cuales se erigió el actual modelo de civilización u orden social, especialmente cuando se ha tenido la pretensión -hasta ahora, fallida- de constituir uno nuevo bajo la inspiración del “socialismo del siglo21” Comprometidos con la subversión del orden existente, a los revolucionarios les corresponde no solamente denunciar el contexto de injusticia, de explotación o de discriminación de cualquier tipo que soportan los sectores populares sino luchar por una revolución con opciones propias, proponiéndose seriamente derogar dicho contexto de una manera definitiva, teniendo en cuenta las causas históricas que la produjeron.

Por esto, es fundamental que el poder popular (armado de una organización y una verdadera conciencia revolucionaria) se movilice de un modo constituyente, destituyente e instituyente, con respuestas soberanas, creativas y audaces que tengan por meta asegurar la transformación estructural del Estado burgués liberal, la ideología dominante y la economía capitalista que rigen al país; creando opciones propias, desde abajo, y asociadas a principios subversivos, críticos y radicales que permitan -en consecuencia- la revolución. No se puede olvidar, bajo ningún concepto o circunstancia, que la lucha popular sigue siendo contra la hegemonía de los grupos oligárquicos parasitarios, usufructuarios del poder y de la renta petrolera en el pasado; lo cual obliga a librar batallas ideológicas y culturales que la neutralicen de manera categórica, promoviendo un vasto proceso de formación y debates que genere una nueva conciencia entre los sectores populares.

No hay que llamarse a engaño. No basta con un simple cambio de gobierno ni de representantes políticos. De hacerse con el poder, los partidos políticos de la derecha aplicarían la misma fórmula neoliberal que quiso imponerle Carlos Andrés Pérez al pueblo venezolano en 1989, cuando sucediera el Caracazo: privatizaciones de la salud, el agua, la electricidad y la educación, entre otros, además de una flexibilización laboral y una congelación general de salarios, liberación de precios, divisas e intereses que beneficiarían considerablemente a los grupos oligárquicos parasitarios; elevación de los impuestos y una disminución significativa de lo que llaman "gastos" sociales, afectando la continuidad de las distintas misiones sociales que iniciara el Comandante Chávez en beneficio de los sectores populares. 

Cuando se imponga finalmente la organización consciente, mayoritaria y pluralista de los sectores populares (y, con ellos, de la clase trabajadora), tanto en la estructura productiva como sobre el resto de las estructuras que conforman el orden establecido, se podrá hablar entonces de la instauración revolucionaria de una sociedad, de unos valores culturales y de un Estado de nuevo tipo; construyéndose, en consecuencia, una hegemonía popular que erradique las causas y las condiciones históricas de la situación actual del país.-

 

LA ACULTURACIÓN Y LA REVOLUCIÓN ESPIRITUAL PERMANENTE

LA ACULTURACIÓN Y LA REVOLUCIÓN ESPIRITUAL PERMANENTE

A fin de ganar una legitimidad indeleble e incuestionable, el capitalismo requiere una cultura estandarizada que le facilite presentarse ante el mundo como una realidad irrevocable, por lo que sus agentes mantendrán activado, bajo distintos procederes (algunos perceptibles, otros no) un proceso de aculturación, en un manejo de códigos de manipulación, con la finalidad de imponer una sola visión o pensamiento a escala mundial, lo que convierte a los valores culturales de los pueblos originarios en algo prescindible y arcaico.

Quizás resulte vano y necio afirmarlo, pero es una imperiosa necesidad confrontar la subjetividad estructural que conforma la cultura del pillaje capitalista para asegurar el avance revolucionario de los sectores populares, que se genere una reflexión crítica respecto a este tema y se pueda reescribir la historia de nuestros pueblos bajo una perspectiva propia, sin el toque positivista, evolucionista, eurocentrista y/o estadounidense con que se reviste tradicionalmente el conocimiento adquirido en los centros educativos o académicos (externos y locales), tomando en cuenta que gran parte del mismo conduce a posiciones de corte racista y desvalorizadoras de las culturas autóctonas, en función de los intereses económicos y políticos de las clases dominantes.  

Según lo determinara el sociólogo mexicano Pablo González Casanova, los pueblos de nuestra América  vieron alterada su propia percepción en función de las ideologías, las utopías y las creencias culturales europeas, lo cual hizo que su identidad e historia no fueran explicadas a partir de la realidad vivida y sufrida por ellos, sino que se extrapolaban las ideas de la civilización europea, “cargando su visión de errores, prejuicios y carencia de análisis críticos”.

También, en este caso, bien se podrá compartir con Ludovico Silva, hablando de la plusvalía ideológica, “que la forma como el capitalismo suministra esa ideología es pocas veces la de mensajes explícitos doctrinales, en comparación con la abrumadora mayoría de mensajes ocultos, disfrazados de miles de apariencias y ante los cuales sólo puede reaccionar en contra, con plena conciencia, la mente lúcidamente entrenada para la revolución espiritual permanente. Y no sólo el hombre medio, sin conciencia revolucionaria, vive inconscientemente infiltrado de ideología, sino también todos aquellos revolucionarios que, como decía Lenin, se quedan en las consignas o en el activismo irracional, pues tienen falsa conciencia, están entregados ideológicamente al capitalismo, sin saber que lo están; la razón por la cual todos estos revolucionarios se precipitan en el dogmatismo es precisamente su falta de entrenamiento teórico para la revolución interior permanente”.

Con esto, la acción transformadora de la realidad del mundo en que vivimos tendría que revelarse, en un primer plano, en lo que querríamos ser como personas y naciones, es decir, convertirnos en reflejo de esta acción transformadora; en lo que sería entonces una revolución espiritual permanente. Esta visión o concepción de un nuevo modelo civilizatorio requiere, por tanto, de un esfuerzo constante, dirigido a evitar y a descubrir la aculturación inducida desde los grandes centros hegemónicos, centrándolo en la revalorización de los elementos culturales característicos de nuestros pueblos. Ello contribuiría a la abolición de la lógica, de las clases sociales y de las relaciones de producción originadas por el capitalismo por medio de su industria ideológica. En consecuencia, el desarrollo de las fuerzas productivas, la conversión de las relaciones de producción capitalistas, la revolución cultural antiburocrática y el nuevo sistema político (invirtiendo radicalmente la pirámide de las relaciones de poder tradicionales) tendrían que ser el resultado de una voluntad colectiva que se manifieste en lo creativo y no se limite a un reparto algo más equitativo de la riqueza social o a retribuir, desde el Estado, a un pueblo demandante de derechos.-