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EL MUNDO DEL CAPITALISMO

LA DIVERSIDAD SOCIOCULTURAL Y EL DECLIVE DEL SISTEMA-MUNDO

LA DIVERSIDAD SOCIOCULTURAL Y EL DECLIVE DEL SISTEMA-MUNDO

En «Ernesto Che Guevara y las fuerzas morales de la historia. Prólogo a la edición boliviana de En la selva. Los estudios desconocidos del Che Guevara (A propósito de sus Cuadernos de lectura de Bolivia)», Néstor Kohan nos descubre que «en la tradición de la memoria popular, se encuentra resumido “el ADN” de las luchas presentes y futuras. No son slogans ni imágenes publicitarias retocadas con los programas de computación Photoshop o Affter Effects, videoclips de marketing electoral, consignas de ocasión o discursos fabricados en serie para medir en las volátiles encuestas de opinión. No tiene que ver con un corto número de caracteres de Twitter, dos fotos de Instagram, tres mensajes de Whatsapp ni cualquier recurso de la última red social de moda. No. Se trata de algo infinitamente más simple e inconmensurable: ejemplos de vida que marcan al rojo vivo las decisiones vitales de millones de personas cada mañana, cada mes, cada año. Coherencia entre el sentir, el pensar, el decir y el ser. Unidad viviente de proyectos imaginados, objetivos propuestos y planes terrenales para llevarlos a la práctica jugándose el pellejo en lo que se predica, se escribe y se dice».

 

Una cadena de eventos suscitados en, por lo menos, los últimos treinta años de historia de la humanidad corroboran dicha afirmación; en el caso de nuestra América, la insurgencia popular del «Caracazo» en Venezuela en 1989 que hizo añicos la ilusión de armonía creada por las minorías dominantes gracias a la renta petrolera y la protagonizada, a su vez, a comienzos de 1994 por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México, lo que supuso el abordaje de la realidad política, económica, cultural y social de este país de un modo novedoso, según la perspectiva de aquellos que, desde la época colonial, siempre fueran invisibilizados por las minorías hegemónicas de la sociedad mexicana. Igual podrá citarse la larga lucha emprendida por los movimientos campesinos y ambientalistas por la posesión de las tierras y la preservación de la naturaleza frente a la insaciable voracidad mercantilista de los grandes consorcios transnacionales, responsables en gran parte de la catástrofe climática que se cierne sobre todo nuestro planeta. A ellos se suman, en un sentido más general, las organizaciones feministas, sexo-diversas, estudiantiles, gremiales y, más recientemente, los «chalecos amarillos» en Francia, entre otras más que pudieran resaltarse, en constante defensa de sus derechos.

 

Todas ellas coincidentes en cuanto al principal enemigo a atacar: el viejo Estado burgués liberal como soporte visible del sistema capitalista mundial. O lo que otros, sin carecer de razón, denominan el sistema-mundo.Tal cadena de eventos, también pone sobre el tapete un rasgo común aunque se trate de soslayar, convirtiéndolo en algo meramente circunstancial y, en algunos casos, simplemente emocional: El temperamento revolucionario de los sectores populares aflora y se somete a prueba toda vez que las distintas instituciones del Estado fallan en el cumplimiento de sus deberes y dejan de ser, así, garantes confiables de sus derechos constitucionales.

 

Por otra parte, vale resaltar que, debido a la lógica del capitalismo neoliberal, la cual tiende a imponer la preeminencia del éxito individual frente a las necesidades y los intereses colectivos, estos movimientos y grupos se han visto obligados a confrontar igualmente la creciente depreciación de los valores de la convivencia que han sido patrimonio intangible de los pueblos. Esto concuerda con la conclusión a que llegara Murray Bookchin, historiador, profesor universitario, investigador, ideólogo y activista ecologista de origen estadounidense, respecto a que «la vida urbana en la metrópolis moderna vive una situación de anonimato, de atomización social y de aislamiento espiritual que prácticamente no tiene precedente en la historia humana. Hoy en día, la alienación humana es casi total. En el espacio urbano, las prácticas de cooperación, de ayuda mutua, de simple hospitalidad y de decencia se han reducido de manera alarmante». Toda esta descomposición no parece casual. Ella le conviene hartamente a quienes controlan el mercado capitalista global por lo que la diversidad sociocultural de nuestros pueblos es vista como una seria amenaza que debe conjurarse a corto o mediano plazo, con cualquier recurso, incluyendo el asesinato selectivo de dirigentes populares (como sucede de un modo habitual en México, Centroámerica y Colombia) y la promoción sistemática de noticias falsas que desencadenen revueltas y atentados terroristas que deslegitimen a cualquier régimen que se oponga a sus pretensiones hegemónicas.

 

Cuestionadas y puestas en tensión, las estructuras de dominación establecidas(siendo, en su mayoría, muy similares entre sí) tienden a vincularse y a reforzarse bajo el pretexto permanente de una lucha interminable contra factores que van cambiando, incluso, de fisonomía, pero casi siempre externos, a los cuales es preciso erradicar para devolverles la paz y la seguridad a los ciudadanos, aun cuando ello suponga violar todo precepto y todo derecho conocidos. Esto complica el accionar de los distintos movimientos que, en un grado menor o mayor, son estigmatizados como subversivos y/o terroristas (como sucede de forma habitual con los mapuches en Chile y, extremando el ejemplo, con los palestinos), aprovechándose de los mecanismos de control y represión a disposición del Estado. Ya esto no se limita a acciones encubiertas, al estilo del Plan Cóndor ejecutado durante los años setenta por las dictaduras del cono sur latinoamericano bajo el patrocinio y la asesoría de la CIA estadounidense. 

 

Ahora se configura de una manera pública y abierta una internacional autoritaria pro fascista (otros la definen con términos diferentes, pero todos coincidentes en cuanto a lo que ésta representa), con Estados Unidos al frente, que podría precipitar situaciones graves en el terreno interno y externo de cada país al acordar y ejecutar acciones extraterritoriales y extralegales en beneficio de sus objetivos e intereses (del modo como se hace con Cuba, Nicaragua y Venezuela, por decisión unilateral de Donald Trump y su equipo de gobierno ultra reaccionario); conformando un gobierno corporativo que abarque toda la extensión de la Tierra. Esta última amenaza pudiera contenerse de una manera más efectiva que el poder de disuasión militar conjunto de China y Rusia si la diversidad de grupos, movimientos y organizaciones sociales armaran una estrategia común, extraída de lo que hasta ahora se les niega y del conocimiento adquirido respecto a lo que son, principalmente, el Estado burgués liberal y la economía capitalista, dada su estrecha conexión e historia. 

EL CAPITALISMO NEOLIBERAL Y EL SUJETO DE RENDIMIENTO

EL CAPITALISMO NEOLIBERAL Y EL SUJETO DE RENDIMIENTO

El antiguo concepto que catalogó por mucho tiempo a la economía como la ciencia encargada  del estudio de la producción de los medios de vida para satisfacer las necesidades de toda la sociedad pasó a ser, bajo la influencia del neoliberalismo capitalista, en la ciencia dedicada al estudiode los mercados y de la minimización de costos y maximización de ganancias; lo cual se traduce en la imposición de un individualismo economicista que descarta cualquier medida favorable a la mayoría de los seres humanos que no sea vista como una inversión redituable. Esto influye en el surgimiento de una progresiva eliminación de la empatía que debiera existir entre las personas (incluso a nivel familiar), lo que dificulta la factibilidad de algún tipo de lucha mínima para la satisfacción de objetivos y necesidades comunes.

Así, sin echar mano a un análisis demasiado complicado, se observa cómo la humanidad se halla subordinada, de un modo u otro, directa e indirectamente, a la lógica de la acumulación y reproducción de capitales manejados (sin control efectivo de muchos gobiernos) por las grandes corporaciones transnacionales, principalmente aquellas de origen estadounidense. Esto hace que mucha gente alrededor del planeta estime que, fuera del sistema capitalista, no existe opción alguna, por lo que cualquier esfuerzo debe orientarse a la regulación de su funcionamiento, con mejoras o reformas que le den un cariz más humano y equitativo, de manera que faciliten reducir los escandalosos abismos existentes entre ricos y pobres; cuestión ésta que ha resultado infructuosa en cada nación donde se pretendió hacerse, como ocurriera en Chile en el siglo pasado bajo la presidencia de Salvador Allende o en la actualidad con Venezuela. Gran parte de quienes comparten esta visión del capitalismo con "rostro humano" olvidan que «las relaciones socialistas capitalistas no son precisamente -como lo afirma Miguel Mazzeo en su libro “¿Qué (no) hacer?”- las más adecuadas para el desarrollo espontáneo de la horizontalidad y la autonomía»; es decir, el fomento y la práctica de la democracia (o soberanía popular) no encajan en lo que es el sistema capitalista, sobre todo neoliberal, por lo que generalmente éste actúa en su contra si percibe que puedan afectar gravemente sus intereses.

Para alcanzar sus propósitos, el capitalismo neoliberal requiere de una nueva clase de sujetos que se adapten sin coacción de por medio al mundo modelado a su gusto. En «Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder», el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han los llama sujetos de rendimiento y explica que «el neoliberalismo, como una forma de mutación del capitalismo, convierte al trabajador en empresario. El neoliberalismo, y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo». Esto ocasiona que «el sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad. Entre empresarios no surge una amistad sin fin alguno»; de ahí que no muestre mucho interés en sumarse a iniciativas de lucha que promuevan la profundización de la democracia (expresada en la vigencia del Estado de Bienestar con que se buscó disminuir la atracción por el comunismo entre los trabajadores y cuyo desmantelamiento operativo, además de su total control, es un requisito indispensable para la consolidación del capitalismo neoliberal), así ello signifique disminuir, sacrificar o perder todos los derechos sociales y políticos hasta ahora consagrados por vía constitucional.

A pesar de la existencia de este sujeto de rendimiento del capitalismo neoliberal, han surgido en el horizonte unos nuevos paradigmas y unas nuevas relaciones sociales, así como la necesidad de reorientar la producción hacia el bien común. Estos son los elementos distintivos de la diversidad de grupos y movimientos que se han organizado de forma autónoma frente a la hegemonía neoliberal, mostrándose capaces de prefigurar un orden social hasta ahora diferente y, por consiguiente, inaudito. Entre sus características más resaltantes se encuentran la cooperación, la complementariedad, la utilidad social y la reciprocidad que, de llevarse a una expresión de alto grado, le otorgará a la democracia un mejor sentido del que posee en la actualidad, al hacer realidad la participación y el protagonismo de los sectores populares sin que exista algún factor de poder que pueda coartarlos bajo ningún concepto o excusa.

Esta herejía, interiorizada por los sectores subordinados, rompe -si no de una manera absoluta, como se quisiera, sí en alguna proporción significativa- con la lógica impuesta por los sectores dominantes. A diferencia del sujeto de rendimiento, tan acorde con el capitalismo neoliberal, quienes participan en este proceso de organización, sobrevivencia y resistencia colectiva comparten la necesidad de avanzar hacia nuevos derroteros de desarrollo integral de todo el conglomerado social (no simplemente de una minoría) y se convierten -de modo consciente o no- en los precursores del establecimiento de un modelo civilizatorio que bien podríamos llamar postcapitalista, con gobiernos de bienes comunes, que respondan al interés general (incluido en éste la naturaleza) y no en beneficio exclusivo (como viene ocurriendo) de las grandes corporaciones monopólicas capitalistas. - 

LA LIBERTAD PARADÓJICA Y EL DECHADO DE LA AUTOEXPLOTACIÓN

LA LIBERTAD PARADÓJICA Y EL DECHADO DE LA AUTOEXPLOTACIÓN

La concepción de hombres-cosa-mercancía impuesta por el sistema capitalista fue algo que supo vislumbrar Carlos Marx en su obra maestra El Capital. La conquista, anexión y colonización de la vida por parte de los mercados, parafraseando al sociólogo, filósofo y ensayista polaco Zygmunt Bauman, es un hecho tan cierto y tan cotidiano como la luz del sol. Cuestión que no sorprende al común de la gente; sin que esta misma gente, además, sepa explicarse a cabalidad el cómo y el por qué ocurren las diferentes circunstancias que le afectan a diario.

 

En una sociedad que tiende cada día a ser más fragmentada y dispersa, en lo que configura un desarrollo social absolutamente negativo bajo el imperio de la lógica capitalista, esta concepción de hombres-cosa-mercancía (lo que incluye, obviamente, a las mujeres) consigue que la heterogeneidad cultural ceda paso, sin mucha resistencia, a una uniformidad inspirada en los rasgos que caracterizan a la sociedad de consumo estadounidense; lo cual, además, refuerza la concepción eurocentrista, gracias a la cual el mundo se divide entre pueblos salvajes y pueblos civilizados. De este modo, en un mundo subordinado a la lógica preeminente del capitalismo neoliberal, toda ética y toda moral opuesta a la explotación, la desigualdad y la discriminación de las personas estará sobrando, por lo que se procura exaltar la individualización de las mismas en vez de exaltar todo aquello que enaltezca el sentido de justicia social, de solidaridad, de apoyo mutuo y de comunidad. 

 

Esta situación ha creado, en consecuencia, un nuevo tipo de sujeto. Uno que se adapta, a expensas de sí mismo, a las exigencias de rendimiento máximo del mercado capitalista; volviéndose prácticamente un esclavizado voluntario, a fin de encajar en el mundo competitivo de hoy. En su obra «La sociedad del cansancio», el profesor de estudios de filosofía y estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín, Byung-Chul Han, revela que «el sujeto de rendimiento se abandona a la libertad obligada o a la libre obligación de maximizar el rendimiento. El exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse”. En muchas personas insertas en este nuevo paradigma, afirma Byung-Chul Han, «la preocupación por la buena vida, que implica también una convivencia exitosa, cede progresivamente a una preocupación por la supervivencia».

 

La imposición de esta nueva realidad (absolutamente contrapuesta a los ideales democráticos que enarbolaran pueblos e individuos a lo largo de la historia) ha sido astutamente perfilada desde mediados del siglo pasado, sobre todo durante las dos últimas décadas del presente. Así, la socialización creada por el capitalismo neoliberal, gracias a las tecnologías que han «democratizado» la información y la comunicación en todo el orbe, tiene matices impersonales que tienden a expresarse y a multiplicarse en los demás ámbitos de la existencia humana. De este modo, se contribuye a fragmentar el espíritu gregario de personas y comunidades en función de la satisfacción egoísta de deseos y necesidades particulares. Esto, además, tiende a ampliarse a medida que mucha gente se convence a sí misma de hacer lo correcto, en un nuevo tipo de sociedad que Byung-Chul Han define como la sociedad neoliberal del rendimiento.

 

En ésta, como lo establece Han, «el imperativo neoliberal de la optimización personal sirve únicamente para el funcionamiento perfecto dentro del sistema. Bloqueos, debilidades y errores tienen que ser eliminados terapéuticamente con el fin de incrementar la eficiencia y el rendimiento. Todo se hace comparable y mensurable, y se somete a la lógica del mercado. En ningún caso, el cuidado de la vida buena impulsa a la optimización personal. Su necesidad es sólo el resultado de coacciones sistémicas, de la lógica del cuantificable éxito mercantil». Dicho en breves palabras: la autoexplotación total. Con ello, el régimen capitalista neoliberal se asegura de generar un mayor rendimiento de forma incesante de cada persona subordinada a su lógica, instalada «en un campo de trabajo en el que es al mismo tiempo víctima y verdugo. En cuanto sujeto que se ilumina y vigila a sí mismo, está aislado en un panóptico en el que es simultáneamente recluso y guardián. El sujeto en red, digitalizado, es un panóptico de sí mismo. Así, pues, se delega a cada uno la vigilancia».

 

Aparte de lo ya anteriormente referido, el mundo contempla actualmente sin mucho aspaviento cómo las minorías hegemónicas hacen gala de sus artilugios de manipulación masiva en función de sus propios intereses, tanto dentro como fuera de sus fronteras, haciéndole ver a muchos que todo ello se hace para lograr un bienestar colectivo seguro y sin complicaciones. Gracias a tales artilugios, pocas personas se conmueven ante la represión sufrida por algún sector social o pueblo a manos de policías o militares, evadiéndose de tal asunto con sólo admitir que nada de lo sucedido les afecta directamente o, sencillamente, que nada pasaría si todos nos comportáramos del modo «correcto», es decir, sin ir en contra del orden establecido. El error está en que semejantes personas no quieren (o no saben) advertir, precisamente, que su conducta responde al interés fundamental de estas minorías de perpetuar su hegemonía y, en consecuencia, alcanzar mejores resultados que sus antecesores de siglos anteriores: una libertad paradójica (prefigurada por Mussolini, Hitler y Stalin) y un dechado de autoexplotación, del cual no tengan conciencia y se sientan orgullosos quienes resulten ser sus víctimas, sean pueblos o individuos. -

LA NUEVA FÓRMULA HITLER-MUSSOLINI PARA EL SIGLO XXI

LA NUEVA FÓRMULA HITLER-MUSSOLINI PARA EL SIGLO XXI

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange (asilado desde 2012 en la embajada de Ecuador en Londres) afirmó en fecha reciente que la generación que nacería sería la última libre a nivel mundial. Para una mayoría de personas, una afirmación de este calibre quizá no llame para nada su atención, envueltas como se hallan en la cotidianidad de su mera existencia. A otras, tal vez les alarme tal posibilidad; especialmente, si avizoran un mundo donde el libre conocimiento alcanzado en los últimos doscientos años termine subordinado al dogma de aquellos que aspiran mantener a la humanidad en un estado permanente de minoridad, domesticándola y haciéndola, en consecuencia, menos rebelde de lo habitualmente permitido. Una situación similar que ya fuera expuesta, en uno u otro sentido, por una extensa lista de escritores -en distintas épocas, como Franz Kafka (El proceso), Aldous Husley (Un mundo feliz), George Orwell (1984), Ray Bradbury (Fahrenheit 451) y Phillip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)- que da cuenta de las acciones absurdas y extremas de poderes absolutos, muchas veces invisibles y de larga data, cuyo objetivo central es la erradicación de todo rasgo de individualidad y de raciocinio propio de los seres humanos sometidos.

 

En el mundo contemporáneo, no son pocos los analistas que advierten que se está viviendo el advenimiento de una nueva época oscurantista e inquisitorial que tiende a uniformar la opinión pública y a borrar las opciones opuestas a los intereses de los factores de poder, aglutinados, en primera instancia, en las grandes corporaciones transnacionales que controlan la economía global. Algunos de ellos, al revisar los acontecimientos políticos suscitados, principalmente, en Estados Unidos, Brasil y Argentina, hablan de fascismo, aunque diferenciándolo del implantado en Italia, Alemania y España hace casi un siglo atrás.

 

Todos conocemos la fórmula con que Benito Mussolini cimentó las bases de su régimen fascista en Italia, «Todo por el Estado; nada fuera del Estado; nada contra el Estado», cuyos rasgos esenciales (nacionalismo, militarismo, corporativismo y totalitarismo) fusionaron orgánicamente Estado y partido, de una manera omnímoda que muchos ciudadanos evitaron enfrentar por temor a sufrir desenlaces negativos para sí y sus familias. Igual senda seguiría Adolf Hitler en Alemania, impidiendo toda manifestación de disidencia.

 

Esto también corresponde a lo seguido, con escasas o nulas excepciones, por los distintos regímenes existentes en todo el planeta, apenas diferenciados en cuanto a discursos, símbolos, nomenclaturas y modalidades, pero demasiado semejantes en cuanto a procedimientos y justificaciones; ahora en función de la preservación de los «sagrados» intereses del mercado global. Dicha fórmula, como se puede intuir, no requiere la existencia o vigencia de derechos colectivos e individuales que puedan eventualmente oponérsele, así que -simplemente- se desechan. Es lo que ha comenzado a hacer el capitalismo neoliberal global. A la vista de todos y a pesar de todos, supeditando así la vida social en general a la lógica e intereses capitalistas; tal como ocurre en la actualidad en nuestra América, más específicamente en Argentina y Brasil.

 

En esta categoría, el neoliberalismo capitalista requiere crear las condiciones adecuadas que le permitan imponer su fundamentalismo (anti)ideológico y su totalitarismo de mercado en la totalidad de los países; incluso recurriendo al uso de los ejércitos a su disposición y las amenazas de guerra.

 

Así, las diversas expresiones chauvinistas, xenófobas y reaccionarias que ahora conforman el discurso de odio de muchos dirigentes políticos, sobre todo, ultraderechistas -ampliamente divulgadas, además, a través de redes sociales y distintos medios de información- han ocasionado una depreciación creciente de los valores de la convivencia.

 

El elitismo económico dominante -delineado a partir de la década de los 80 de la mano del binomio derechista representado por Margareth Thatcher y Ronald Reagan, imponiéndose en algunos casos a sangre y fuego- creó en muchas personas la ilusión de un mundo próspero en constante expansión, al cual, luego de atravesar la senda de unos sacrificios individuales y colectivos -vistos y entendidos como algo forzosamente necesario e inevitable- se podría acceder finalmente en igualdad de oportunidades. Sin embargo, la realidad resultaría ser otra tras el colapso producido por el sector financiero internacional, lo que indujo a varios gobiernos -mayormente en las naciones al sur de nuestra Abya Yala, algunos considerados como progresistas y/o izquierdistas- a adoptar medidas que contrariaban en casi todo las recomendaciones ortodoxas del Fondo Monetario Internacional; permitiendo reenrumbar las economías hacia un horizonte un poco más diversificado y menos dependiente que el tradicional. Esto se plasmó, a contracorriente, en mayores posibilidades de mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares, resaltando en ello, inicialmente, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela, cuestión que permitió también que sus respectivos gobiernos consiguieran, a lo interno, un amplio respaldo popular.

 

La construcción de una sociedad postcapitalista y, en todos los aspectos, una que esté especialmente caracterizada por la hegemonía y la cotidianidad democrática de parte de los sectores populares (al mismo tiempo que ellas sirvan para reafirmar su soberanía por encima de cualquier razón de Estado u oligarquía gobernante) siempre ha sido una aspiración revolucionaria postergada. Por diversos motivos. Básicamente por la realidad histórica -común en diversas regiones del planeta- de unas relaciones de poder, engendradas (o derivadas) del modelo de Estado burgués liberal vigente y de los valores excluyentes heredados de la cultura eurocentrista. Esto podría cambiar y acelerarse, a medida que el capitalismo neoliberal confíe en que logrará, sin resistencia alguna, la sumisión total de los pueblos. - 

 

 

 

 

MIGRAR ENTRE LA ESPERANZA Y EL DESPRECIO

MIGRAR ENTRE LA ESPERANZA Y EL DESPRECIO


 

Carolina Vásquez Araya, en su artículo “Ola migratoria latinoamericana: El barniz se descascara”, nos expone que “en esta era de la comunicación instantánea y ante el desarrollo de los procesos migratorios masivos en algunos países de la región, llama la atención la abundancia de comentarios xenófobos y racistas contra quienes arriesgan su vida y la de sus hijos en la búsqueda de una vida mejor. Al parecer, olvidan su propio origen -producto de otras migraciones con similares motivos-, reniegan de sus ancestros y con ello hacen evidente que el lustre de barniz de solidaridad y empatía se descascara ante la menor amenaza a su marco de valores y estilo de vida”.


Salvo algunos pueblos nativos que aún permanecen en sus territorios ancestrales, toda persona es migrante. Los actuales Estados nacionales de Europa se conformaron gracias a las migraciones de los llamados pueblos bárbaros que asolaban regularmente las fronteras del viejo Imperio Romano. Estados Unidos se levantó sobre el exterminio de los pueblos originarios y la usurpación de sus tierras, en lo que posteriormente llamarían Destino manifiesto; lo que fue iniciado en nuestra América por el imperio español, siendo esto repetido, durante el último siglo, en Palestina. Así, sin escudriñar mucho en la historia, la conclusión es una: ninguna nación contemporánea puede reclamar cierta pureza en cuanto a su población y, por tanto, no se justifica el repudio que hace de ciudadanos provenientes de otras regiones del planeta.


Lo otro que se debe tomar en cuenta es el hecho cierto que los migrantes que rechazan Europa y Estados Unidos (y en una escala menor, algunos países latinoamericanos) parten de sus respectivos lugares de origen, básicamente, por motivos de sobrevivencia ante la falta de oportunidades en éstos. Sin embargo, pocos se animan a expresarlo, sin ahondar en sus verdaderas causas. Muchos de estos migrantes salieron del campo a la ciudad, buscando un mejor porvenir, pero acabaron engrosando las cifras de desempleo, del sector informal de la economía, de la pobreza urbana y de la desigualdad social y económica. En el caso de los migrantes centroamericanos, producto de los conflictos internos y de la represión sostenida de regímenes patrocinados por Estados Unidos. En términos más sencillos, habría que concluir que el capitalismo neoliberal es el principal responsable de la miseria de la cual huyen estos migrantes; especialmente, los latinoamericanos.


A éstos se agregan quienes se han marchado de Venezuela, los más publicitados por las empresas de información internacionales, ante la ineficacia mostrada por el gobierno frente a los embates de una crisis económica en la que convergen la estrategia de la oposición política (interna y externa) para derrocar a Nicolás Maduro, la corrupción extendida a todas las instituciones públicas, la falta de inversiones y de productividad de un estamento empresarial que sea independiente del Estado, y el asistencialismo que éste mismo promoviera y al cual se acostumbró una gran porción de venezolanos en las últimas décadas, haciéndolos dependientes de las dádivas gubernamentales, sin plantearse seriamente la generación de soluciones estructurales que transformen realmente el modelo rentista existente desde hace un siglo.

       

A propósito de esta inquietante nueva realidad mundial, en “La exclusión en el capitalismo contemporáneo”, Juan Grabois, abogado de origen argentino, expone que “el desacople entre variables poblacionales (crecimiento demográfico, flujos migratorios) y socio-territoriales (distribución poblacional, posibilidades de empleo) llegó tan lejos que sus causantes lo ven hoy como principal amenaza para la ‘estabilidad’ social. Es que la multitud de excluidos ejerce una constante presión sobre el muro. Tal vez por eso hoy reverdece una amplia variedad de teorías neo-maltusianas, algunas más sutiles, otras más explícitas, que en última instancia pretenden responsabilizar a los pobres de su propia situación y hasta planificar científicamente su exterminio. No es osado decir que el hambre, el narcotráfico, la muerte de miles de migrantes, las pandemias evitables, los ‘espontáneos’ brotes de violencia tribal, la indiferencia frente al sufrimiento humano más descarnado, son formas de terrorismo de Estado por omisión, plagas que se permiten, se promueven e, incluso, se planifican”.


Las migraciones han puesto a prueba, por otra parte, el respeto a la heterogeneidad cultural de parte de quienes -se suponía- estarían mejor dispuestos en defender los ideales democráticos representados por sus respectivas naciones. La experiencia observada es la difusión desmandada de discursos de odio, ahora utilizados como fórmulas políticas para asegurar votos y desviar la atención de la gente en relación con algunos problemas puntuales.

 

En el caso de los sectores populares, ello plantea la necesidad de una reelaboración de experiencias compartidas y protagonizadas desde abajo en oposición al sistema capitalista imperante. Esto implica sumergirse en un proceso emancipatorio en el cual entrarán en juego elementos de resistencia, de adaptación o de sujeción frente a los sectores dominantes, dando lugar a unas nuevas relaciones de poder, sujetas al interés colectivo, en el caso de prevalecer los sectores populares; o de sojuzgamiento abierto, en el caso de resultar victoriosos los sectores dominantes.

 

El mundo contemporáneo se halla sometido, por consiguiente, a una lucha donde la diversidad del género humano entra en contradicción con los planes e iniciativas de aquellos que, validos de su alta posición económica, pretenden ensanchar el abismo que los separa de las personas menos favorecidas, cosa que se pone de manifiesta a lo interno y externo de cada país mediante muros que hacen más ostensible la desigualdad y la discriminación generadas por el capitalismo en todo el planeta. -

EL HAMBRE A NIVEL MUNDIAL Y LA RACIONALIDAD PERVERSA DE LAS MINORÍAS

EL HAMBRE A NIVEL MUNDIAL Y LA RACIONALIDAD PERVERSA DE LAS MINORÍAS

En cualquier contexto que se produzca -principalmente a causa de las guerras, los desplazamientos forzados de poblaciones, las crisis económicas y/o los grandes porcentajes de pobreza extrema existentes en diversidad de naciones- el hambre siempre ha constituido un grave problema por resolver para la humanidad. A éste se agregan ahora los efectos del grave y, al parecer, inexorable deterioro climático que comienza a hacer estragos en una vasta porción de regiones de la Tierra, lo que acentúa gravemente aún más las complicaciones en la producción de rubros agrícolas y pecuarios necesarios.


En medio de este sombrío panorama, las grandes corporaciones del capital neoliberal global continúan actuando en resguardo de sus exclusivos intereses, con respaldo de gobiernos en manos de la derecha conservadora. De este modo, aceleran y aseguran el control directo de recursos y de territorios en desmedro de los derechos de los pueblos aborígenes y campesinos que los habitan, cuyos líderes son generalmente masacrados a fin de silenciar sus voces de protesta y acabar con las luchas en defensa de sus hábitats. Para estas grandes corporaciones transnacionales no es nada alarmante ni debatible el alto grado de contaminación ambiental que ocasionan, ni la vida o la cultura de los pueblos, menos el cuidado que pudieran prestarle a la naturaleza que explotan, sino los cuantiosos dividendos que obtendrían de ésta.


En el libro «Teología profana y pensamiento crítico. Conversaciones con Franz Hinkelammert», de Estela Fernández, este afamado economista, filósofo y teólogo alemán expresa que «la exclusión de la población, la subversión de las relaciones sociales y la destrucción de la naturaleza, todo esto no es producto de una maldad, sino de una racionalidad perversa. Un malvado es capaz de matar a mil personas, pero termina fastidiado, y muchas veces, se suicida. Pero alguien que opera con una razón instrumental, mata a millones y no tiene problemas. Tiene capacidad infinita de matar. Es la racionalidad de nuestra sociedad la que produce las irracionalidades». Vistas la actuación de dichas corporaciones y la manera como se desencadenan diversos sucesos actualmente en el mundo (en apariencia, aleatorios y desconectados entre sí) no es desproporcionado suponer que éstos obedecen a una lógica de poder ajena a la percepción de la mayoría de la gente. Pocos concordarán con tal punto de vista, habituados como están a ver la realidad como algo normal, inevitable e inalterable, apenas afectado por el azar; pero, la realidad de las cosas les revela cuán equivocados están.


Según lo revelan algunas estadísticas, durante estos últimos años se incrementó el número de personas subalimentadas o que padecen una falta crónica de alimentos, lo que hace más difíciles las condiciones en que subsisten. Más concretamente, en países de África y América del sur. Algo que pudiera erradicarse por completo gracias a la ciencia y a la tecnología aplicadas a la producción de alimentos, incrementándola de forma masiva e intensiva, como nunca se vio antes en la historia humana. Sin embargo, esta producción masiva de alimentos está cruzada por el afán insaciable de ganancias de quienes controlan el mercado capitalista en todo nuestro planeta, lo que obstaculiza enormemente una distribución más equitativa entre los pueblos que adolecen de ellos.


Así, Boaventura de Sousa Santos, en su libro «Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social (encuentros en Buenos Aires)», nos revela que «la utopía del neoliberalismo es conservadora, porque lo que hay que hacer para resolver todos los problemas es radicalizar el presente. Esa es la teoría que está por detrás del neoliberalismo. O sea: hay hambre en el mundo, hay desnutrición, hay desastre ecológico; la razón de todo esto es que el mercado no ha logrado expandirse totalmente. Cuando lo haga, el problema estará resuelto. Tenemos que cambiar esta utopía conservadora por una utopía crítica, porque aún las utopías críticas de la Modernidad -como el socialismo centralizado- se convirtieron, con el tiempo,  en una utopía conservadora». Desentrañar, explicar y combatir las causas que originan el hambre entre muchos pueblos (principalmente de tipo económico) es parte de la solución que podría lograrse, especialmente si ésta es respaldada y proseguida por los mismos pueblos que ahora son víctimas de sus estragos; lo que habría de plasmarse en un amplio proyecto de emancipación colectiva que trascienda el marco de la realidad actual en todos sus aspectos y renglones. -

 

LAS TICS Y EL DESAFÍO DEL COMERCIO ELECTRÓNICO

LAS TICS Y EL DESAFÍO DEL COMERCIO ELECTRÓNICO

 

 

La acelerada concentración de empresas que brindan servicios en tecnologías de informática y comunicaciones ha obligado a muchos analistas de la economía capitalista a plantearse el estudio respecto a las nuevas realidades que están surgiendo en la actualidad y que, de un u otra manera, cambiarán totalmente el panorama mundial.

Respecto a este tema, algo que escapa a la comprensión de mucha gente alrededor del planeta es que los algoritmos utilizados por las principales corporaciones globales que acaparan la tecnología digital de una forma casi monopólica (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft), están diseñados para alinear y automatizar las decisiones de todos aquellos que recurren a ellas en búsqueda de información, lo que contribuye a cimentar una visión sesgada de la realidad y, por tanto, del conocimiento (lo cual implicaría una limitación enorme de nuestra capacidad de pensar por cuenta propia) en favor de quienes -así suene a ciencia ficción- pretenden ejercer un dominio incuestionable del mundo. En tal caso, los datos suministrados voluntariamente por los usuarios pasan a ser productos de estas grandes corporaciones, las cuales le darán el uso mercantil que sea necesario para incrementar sus elevadas ganancias.

“Estas corporaciones -explica Alfredo Moreno en su artículo ‘Las TICs. El debate: politizar o asumir el colonialismo digital’- cuentan con plataformas tecnológicas basadas en software que han logrado penetrar en la intimidad de cada ciudadano y ser el centro del deseo de pertenecer a la comunidad digital organizada. Las plataformas Uber, Airbnb, WhatsApp, Facebook, Instagram, Alibaba, etc. han empoderado a las empresas más ricas del planeta. Solamente con crear un ámbito para intermediar la conexión de personas y servicios pagos para los usuarios (ciudadanos) de las redes sociales y servicios TICs, nos integraron a un ecosistema donde no tenemos ni voz, ni voto. Si aceptas, perteneces y pasas a ser ‘usuario’, sino te quedas afuera”.

Como muchos ya lo advierten, abriendo una brecha en medio de la cartelización creciente de la información, las tecnologías digitales y la automatización han provocado una serie de realidades que tienen un impacto profundo en la vida íntima de muchas personas, así como en todo el conjunto social. Cuestión que también tendrá sus repercusiones en las estructuras de la gobernabilidad, a tal punto que algunos analistas anticipan (en el mejor de los casos) que éstas podrían caracterizarse por una racionalidad, una transparencia, una efectividad y una democracia mayores a las actualmente existentes; de evitarse el control social que otros perciben mediante el uso de las redes sociales.

En su análisis “Comercio electrónico y la agenda de las transnacionales”, la periodista británica-ecuatoriana Sally Burch previene que “cualquier acuerdo comercial que regule (o desregule) el ‘comercio electrónico’ estaría de hecho sentando las bases globales para el conjunto de la nueva economía digital, hacia la cual estamos transitando velozmente, con enormes implicaciones para el modelo económico, el empleo, el desarrollo, la dependencia o soberanía nacional e incluso los derechos humanos”. El entendimiento de esta nueva realidad bajo el capitalismo debiera incitar el debate, la elaboración y la puesta en práctica de un vasto proyecto transformador y rupturista que abarque todos los elementos que conforman la realidad inmediata del sistema-mundo en que se halla la humanidad entera. Éste es uno de los desafíos ineludibles que nos impone a todos la economía digital. Su superación supone la construcción de un mundo menos desigual donde la autogestión y la independencia de toda dominación (interna y externa) sean sus principales elementos constitutivos. -

 

LA BATALLA MÁS IMPORTANTE DE LOS PUEBLOS POR SU EMANCIPACIÓN

LA BATALLA MÁS IMPORTANTE DE LOS PUEBLOS POR SU EMANCIPACIÓN

 

En el contexto del avance agresivo en el control de mercados y recursos de naciones periféricas por parte de las grandes corporaciones transnacionales y del apuntalamiento político-militar del capitalismo neoliberal a nivel mundial, la primera (y quizá más importante) batalla que les toca librar y ganar a los pueblos que ansían su total autodeterminación y emancipación es de índole cultural.

 

Mediante ella,podrían despojarse de la falsa conciencia que les ha sido inculcada a través del tiempo por los sectores dominantes, sometiéndolos y haciéndolos ciudadanos de segunda categoría (gran parte de las veces, sin considerarlos siquiera seres humanos, como se acostumbró en nuestra América con los pueblos originarios tras la invasión europea de hace más de quinientos años atrás). Por consiguiente, tiene que afincarse en valores,  tradiciones e historia propios,  aunque éstos se hallen impregnados de la visión e intereses de los sectores dominantes, pues de ellos podrán extraer los pueblos el impulso suficiente para emprender el proceso colectivo de participación y de protagonismo que les permita acceder a la construcción consciente de sus propios destinos; ya no marcados o subordinados por la concepción de la vida de quienes, por ahora, los excluyen del disfrute de mejores condiciones materiales de vida y, en consecuencia, de una vida libre y plena.

 

Una siguiente batalla -poco o nada distinta de la anterior, incluso, sin que sea éste el orden para que ocurra, pudiendo ser anterior o simultánea a ella- es reducir y evitar el silenciamiento de sus luchas, tanto aquellas que son sólo reivindicativas como las que se inscriben en la búsqueda de un mayor y efectivo grado de democracia social, política, cultural y económica. Ésta tiene por escenario cada uno de los medios utilizados para la difusión de opiniones, información y entretenimiento; lo que no será fácil en vista del entramado de capitales e intereses que une a los mismos, vinculados por lo general a las minorías usufructuarias del poder. No es un recetario único ni novedoso, tomando en cuenta que muchas de las grandes experiencias revolucionarias de la historia terminaron en fracasos al no comprenderse la necesidad perentoria de promover estas lides en el seno de los sectores populares, lo que abrió las compuertas a la restauración (inmediata o paulatina) del viejo orden.

 

Otra batalla, posiblemente la mejor percibida y la de mayores expectativas entre los sectores populares, se refiere al poder, a su naturaleza y a su manejo, donde se definen generalmente los pasos a seguir en lo adelante por la población en general. A pesar de su importancia, pocos se preocupan de vislumbrar y estudiar en profundidad su origen, sus mecanismos y los cambios radicales que deben propiciarse con la finalidad de construir colectivamente un modelo civilizatorio de otro tipo.

 

Acá es donde encallan muchas de las experiencias revolucionarias habidas a través de la historia al limitarse a un simple cambio de nombres y personajes, dejando intactas las estructuras y procedimientos administrativos del poder constituido. Así como su burocratismo corporativo. Lo que conspira inevitablemente contra la posibilidad real que el pueblo organizado y consciente asuma el cuestionamiento y extirpación definitiva del Estado burgués liberal imperante. -