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EL MUNDO DEL CAPITALISMO

LA LEGALIDAD TAMBIÉN SIRVE PARA SOCAVAR LA DEMOCRACIA

LA LEGALIDAD TAMBIÉN SIRVE PARA SOCAVAR LA DEMOCRACIA

La legalidad también sirve de instrumento para socavar y destruir los derechos democráticos de cualquier sociedad. Como sucediera a comienzos del siglo pasado en Italia y en Alemania bajo el nazi-fascismo, los ejemplos más emblemáticos de lo que puede hacer una élite usufructuaria del poder del Estado, al igual que en Sudáfrica, con su sistema de apartheid, e Israel con sus leyes arbitrarias en contra de los derechos y la existencia del pueblo ancestral de Palestina, el orden establecido se arropa de legalidad, aún cuando se haga evidente que vulnera e ignora los más elementales derechos ciudadanos, estén o no reflejados en las distintas leyes imperantes.

 

Algo semejante se presenta en diversas naciones del mundo, invocándose generalmente razones de seguridad del Estado, las cuales -tarde o temprano- le impondrán a los ciudadanos el sometimiento a un régimen policíaco-militar omnímodo y omnipresente que vigilará, de ser posible, hasta el más insignificante detalle de sus vidas; lo que pudiera percibirse sobre todo en Estados Unidos (recordemos la Ley Patriota) y Europa occidental, donde el terrorismo internacional es el leitmotiv que justifica las acciones emprendidas en este sentido por sus respectivos gobiernos.

 

Un primer paso en esta dirección es la instauración de medidas económicas que, supuestamente, tienen por objetivo recuperar la estabilidad del régimen económico y brindarle a toda la población mejoras en sus condiciones materiales de vida, por lo que ésta debiera resignarse a perder gran parte de sus derechos y beneficios disfrutados en función de los grandes intereses del sector financiero-empresarial, causante (¡vaya ironía!) de las crisis que mitigarían tales medidas.

 

De este modo, se induce a las personas (agobiadas por una cotidianidad sumamente difícil) a aceptar el manejo del poder por parte de las élites, inoculándoles la idea respecto a que los sectores populares son totalmente incapaces de ejercer exitosamente funciones de gobierno, por lo que sería recomendable dejar tan importante tarea en manos de quienes sí pueden lograrlo, a semejanza de Donald Trump y otros empresarios elegidos presidentes.

 

Cuando esto resulta infructuoso, entonces se recurre al bombardeo de falsas noticias que distorsionen la realidad de la nación, cuyo gobierno se trata de subordinar y derrocar; algo que ya probó su efectividad en naciones de Oriente Medio y que, pese a su intensidad creciente, no ha surtido los mismos efectos en nuestra Abya Yala, en los casos concretos de Bolivia, Ecuador y Venezuela, frenándose los propósitos desestabilizadores de los grupos oligárquicos que aspiran recuperar el control del poder constituido.

 

Sin embargo, en Paraguay, Honduras y Brasil los resultados fueron otros, utilizando recursos legales para destituir a sus presidentes, a pesar de las masivas manifestaciones en contra de lo que se ha denunciado, con mucha razón, como golpes parlamentarios; cuestión que se quiso repetir vanamente también en Venezuela. En todas estas circunstancias, con sus lógicas excepciones, los sectores populares conforman, básicamente, una masa pasiva y expectante, muchas veces objeto de manipulación, lo cual le permite a las clases dominantes alcanzar sus metas, alejándolas de cualquier posibilidad real de emprender y protagonizar una revolución de corte socialista o, por lo menos, de ampliar sus derechos democráticos.

 

No obstante, este panorama pudieran modificarlo sustancialmente los movimientos populares revolucionarios mediante una contraofensiva mediática que evite la propaganda y sirva para ilustrar al pueblo respecto a las intenciones ocultas de sus enemigos de clase, incluyendo a aquellos que, validos de una simbología y un discurso revolucionarios, terminan por ser más de lo mismo, convertidos -por obra y gracia del poder delegado por dicho pueblo- en unos nuevos burgueses, sólo interesados en preservar los privilegios obtenidos, nunca en hacer una verdadera revolución socialista, ssobre todo, si ésta supone invertir las relaciones de dominación habituales.-

 

PALABRAS Y ACTITUDES QUE NO CUADRAN

PALABRAS Y ACTITUDES QUE NO CUADRAN

En general, la gente suele considerarse solidaria, pero sólo con aquellos que pueden devolverle el favor recibido. «Cristianos» (lo mismo que otros creyentes) que dicen amar a su dios, a quien no ven, pero matan, odian, insultan o menosprecian a sus semejantes, a los cuales sí pueden ver cada día, dotado de un rostro diferente. Sacerdotes y pastores que olvidan adrede la crítica de Jesucristo a escribas y fariseos, arrodillados devotamente ante el becerro de oro que les induce a olvidar su principal función religiosa.

 

Gobernantes que afirman ejercer sus cargos en favor de la soberanía y los intereses de los sectores populares, pero sucumben sin ninguna resistencia ante las tentaciones y exigencias de las élites. «Demócratas» que se esfuerzan en planificar y en lograr, por cualquier vía extralegal, incluso mediante el uso de la violencia, la caída de un gobierno legalmente constituido. «Patriotas» que reconocen tácitamente la tutela extranjera del país que proclaman defender, olvidando, por conveniencias personales, lo que representa y significa la soberanía nacional.

 

«Socialistas» (por no decir «revolucionarios») que predican un comportamiento fanáticamente anticapitalista, pero exhiben sin pudor alguno los mismos símbolos, aficiones y afán de lucro de la burguesía que suelen condenar en sus discursos. Militares y policías que se presentan a sí mismos como lo más inmaculado de la sociedad, pero no tienen ningún empacho en utilizar el rango de autoridad que se les delega para delinquir impunemente en todas las modalidades posibles. Jueces y fiscales que continúan aplicando una justicia clasista, movida por intereses políticos y sociales antes que por el saludable deseo de corregir y sancionar los delitos cometidos.

 

«Maestros» que limitan la inteligencia de sus estudiantes, armados de catecismos con que les obligan a obedecer y a actuar mecánicamente, sin que se les reconozca su derecho a cuestionar todo aquello que se le «enseña». Médicos que ven en sus pacientes algo ajeno a su sensibilidad humana, por lo que no dudan en aprovechar la ocasión que se les presenta de obtener mejores dividendos, sin importar que puedan contribuir a la recuperación de su salud. Periodistas, opinadores de oficio y empresarios de la información, cuya distorsión de la verdad los equipara con criminales de guerra, promoviendo odios irracionales con el fin de lograr beneficios personales.

 

Empresarios y «sindicalistas» que ondean sus banderas de triunfo a costa de la plusvalía generada por una masa uniforme de trabajadores, condenados a vender su fuerza de trabajo a cambio de salarios con los cuales reproducen la miseria en que «viven». Mujeres y hombres «feministas» que en sus hogares dan vida -a veces, de modo inconsciente- a los mismos patrones patriarcales que combaten. Padres y madres que manifiestan amar a sus hijos, pero que los arrojan irresponsablemente a la vida, sin dotarlos de los suficientes valores éticos y morales con que puedan enfrentar exitosamente las vicisitudes que les surjan diario. Hijos que lloran a sus padres y madres desaparecidos, pero que, vivos, jamás o escasamente supieron honrar dignamente.

 

Son palabras y actitudes que no cuadran. Ellas reflejan, sin mucho análisis científico, la crisis invisible (o invisibilizada) que recorre todo el espectro de la civilización en que nos desenvolvemos; así como también la necesidad -compartida o no- de cuestionarla y de transformarla radicalmente. Por el bien de todos, así suene para algunos ilusorio, desfasado o utópico.-

 

CUANDO LA VERDAD YA NO IMPORTA

CUANDO LA VERDAD YA NO IMPORTA

En la era actual, a millones de personas a nivel mundial poco les importa constatar el origen y veracidad de las informaciones que conocen a diario por vía de la prensa escrita, la radio, la televisión o las redes sociales existentes en Internet, tampoco interpretar los hechos que estas difunden, aun las más increíbles o absurdas. Esto ha dado origen a lo que muchos llaman falsa información, des-información o post verdad, coincidiendo en que ésta se ha convertido en una herramienta muy eficaz a la hora de descalificar a cualquier movimiento (político o social), persona o gobierno, según el parecer de los agentes imperialistas.

 

En este caso, la falsa información, des-información o post verdad cumple un propósito abiertamente desestabilizador contra gobiernos y naciones que son foco de la atención de los poderes hegemónicos, encabezados por el imperialismo gringo y sus acólitos de Europa occidental (agrupados en la OTAN), interesados en lograr el control de estos y utilizarlos en beneficio de su conglomerado de corporaciones globales capitalistas. Iraq, Afganistán, Libia y Siria han sido pasto de esta des-información -al igual que ha ocurrido con los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Venezuela-, señalándoseles de cometer toda clase de barbaridades, a fin de obtener el visto bueno de la opinión pública local e internacional para, luego, iniciar un ataque más frontal, esta vez de naturaleza militar. Mediante esta estrategia, se instigan coyunturas insostenibles y comportamientos completamente disociados que, pese a quitársele la máscara a las mentiras divulgadas, continuarán su curso, pues de lo que se trata es de justificar sus acciones, violentas o no, contra determinado régimen o país. 

 

Esto lo ha refrendado el nuevo gobierno de Estados Unidos al disponer la creación de un “Centro de Compromiso Global”, cuyo objetivo es tutelar, sincronizar y conjugar los esfuerzos del gobierno federal para reconocer, comprender, exponer y contrarrestar, en perfecta sincronización con sus aliados de la OTAN, toda la propaganda y desinformación emanada de parte de -potenciales o declarados- Estados enemigos, lo mismo que de actores sociales y políticos, que representen una amenaza a “sus intereses de seguridad nacional”. Con ello pretenden afectar a su favor la opinión y las emociones de los receptores de su mensaje, de una forma que Paul Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich nazi, o George Orwell, autor de la novela distópica “1984”, con su personaje del Big Brother (o Gran Hermano), jamás hubieran concebido en su momento la posibilidad de una perfeccionada y masiva manipulación mediática como la que se halla en curso.

 

Frente a ello, en su análisis “Homo Post-verdadero”, Rodrigo Fresán apunta que “las `masas silenciosas´ ya no hacen lo que se espera de ellas por lógica y tradición. Se actúa por reflejo y no por reflexión. Se dispara primero y se apunta después. Se comment(a) antes de informarse. Y el modo de informarse previamente pasa por lo no verificado ni autenticado, pero sí por lo más post-verdadero. Es decir: por lo más gracioso, ocurrente, loco, imprevisible. Por el rumor, el insulto, la descalificación, lo falso y lo chistoso y pesado antes que por lo certero y auténtico”. Dicha realidad, justamente, es un campo abonado para que los poderes fácticos logren -en distintos grados- sus objetivos de dominación y de manipulación, aun cuando muchos aleguen que sus decisiones y reacciones ante acontecimientos que apenas conocen sean independientes, no sujetas al control de ninguna industria ideológica. A ello se agrega el hecho que la plataforma tecnológica utilizada, en el caso específico de Internet, no se origina en las naciones que son blancos de esta manipulación, manteniendo al respecto una dependencia que constantemente conspira en su contra.-  

EL SOCIALISMO Y LOS VIEJOS VALORES IDEOLÓGICOS CAPITALISTAS

EL SOCIALISMO Y LOS VIEJOS VALORES IDEOLÓGICOS CAPITALISTAS

En un doble sentido, la preservación y procreación de la vida humana le son esenciales al régimen del capitalismo: en uno, obtiene la garantía de contar con una fuerza de trabajo que se renueve siempre y, en otro, dispone de una masa de consumidores para la gama de productos, necesarios o no para su existencia diaria, vertidos al mercado que, además, responde a sus intereses. Esto permite entender que al capitalismo se le debe contemplar de un modo más amplio y no únicamente desde un punto de vista económico estricto.

 

De ahí que pueda citarse a Lenin, al hablar de los estudios de Carlos Marx sobre el capitalismo, en su obra “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”, respecto a que “allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de mercancías por otras), Marx descubrió relaciones entre personas”; es decir, entre una clase explotadora y otra explotada, lo que, al final, se traduce en una lucha de clases. Con ello en mano, se podrá entender igualmente la necesidad imprescindible de transformar totalmente las relaciones existentes entre los seres humanos en el tipo de sociedad en el cual viven, su modo de vida y el trabajo que desempeñan, abarcando aspectos que generalmente se pasan por alto o se dejan al azar, según se manifieste (o se deje manifestar) el libre albedrío de cada persona. No se podrá acceder a la construcción de una sociedad de nuevo tipo conservando intactos los rasgos capitalistas y representativos que caracterizan a la actualmente imperante, por lo que es menester extenderse a otros ámbitos substanciales de la vida humana.

 

Así, en “Nuevas perspectivas para la liberación de la mujer”, Stefan Engel y Monika Gärtner-Engel exponen que “la lucha de clases en el socialismo abarca tanto la transformación de las relaciones económicas y políticas como la superación de las viejas tradiciones, costumbres y conceptos morales. Es imposible remodelar las condiciones materiales de vida sin transformar el modo de pensar”. Los viejos valores ideológicos que legitiman el orden capitalista vigente serían entonces un serio obstáculo a vencer, ya que los mismos se revelarían, en algunos casos, de una forma inconsciente o imperceptible, en circunstancias que algunos califican sin importancia, pero que dejan mucho qué decir del carácter revolucionario que se pretende exhibir. Tales valores ideológicos se ponen en evidencia, por ejemplo, cuando comienza a instaurarse (y, por supuesto, a consolidarse) la hegemonía de una dirigencia de rasgos y comportamientos pequeñoburgueses que acaba por convertirse en una nueva clase burguesa que -corporativamente- asume el control del poder, ya sea éste político, económico o una combinación de ambos, en detrimento del protagonismo y la participación revolucionaria de los sectores populares.

 

Confrontar y derribar los viejos valores ideológicos capitalistas supone la adopción de una nueva ética y de una nueva moral, basada en la formación teórica y práctica del socialismo revolucionario, con un criterio de amplitud y de responsabilidad con el futuro del país en que moremos, incluso, de todo el mundo; además de mantener un combate frontal contra la corrupción administrativa en todas sus manifestaciones. Será, sin duda, una lucha contracorriente, sobre todo, en medio de la conformidad y el desconcierto que se apoderarían de algunos, haciéndolos abandonar sus ideales revolucionarios, frente a quienes ahora detentan el poder en nombre de los mismos.-

LOS OTROS MUROS QUE NADIE VE

LOS OTROS MUROS QUE NADIE VE

Ahora la moda es repudiar la decisión del nuevo presidente gringo de construir un muro que separe a su nación de México, que es decir de todo el resto del continente, cuyos habitantes cruzan de cualquier modo la frontera en busca del anhelado «sueño americano». Sin embargo, poco se habla (quizás por ser menos conocidos o publicitados) de los demás muros existentes desde largo tiempo que cumplen igual intención, incluso con el objetivo deliberado de exterminar a todo un pueblo, como ocurre con Palestina, víctima del sionismo. En situaciones más locales, se pasa por alto los otros muros que dividen urbanizaciones y barrios (o zonas marginales), con los cuales se evidencia el contraste de las clases sociales y pone en el tapete la necesidad revolucionaria de la transformación estructural que requiere el modelo civilizatorio vigente en nuestra Abya Yala y el resto del planeta.
 
Escasamente se conoce algo respecto a los muros construidos en Uzbekistán o Belfast, Irlanda del Norte; en Chipre; en Melilla, a orillas del mar Mediterráneo, el cual separa Españadel norte de África, o el que erigiera Marruecos en el Sahara Occidental; Egipto en su frontera con la Franja de Gaza; entre Iraq y Kuwait; entre Iraq y Arabia Saudita; entre Turquía y Siria; entre Zimbabwe y Botswana; entre India y Pakistán; y la candente zona desmilitarizada establecida desde hace décadas entre Corea del norte y Corea del Sur. Cada uno de ellos bajo diferentes razones, pero con propósitos similares, es decir, servir de instrumentos visibles de la dominación, la xenofobia, el odio, el racismo y la discriminación, algunas revestidas con elementos religiosos prejuiciosos, practicadas por unas naciones sobre otras, lo mismo que por unas clases sociales sobre otras. Entre estos cabe incluir (aunque no se vea o palpe) el bloqueo económico cincuentenario desplegado por Estados Unidos contra Cuba a fin de someterla y recuperarla como parte de su dominio imperial.
 
A todos ellos se suman los muros creados por las grandes trasnacionales de la información y la comunicación (secundadas por los demás agentes de la industria ideológica imperial-capitalista) que le impiden a un amplio porcentaje de la población mundial enterarse de las verdaderas causas de los acontecimientos que -de una u otra forma- afectan su destino, siendo víctima de una manipulación mediática descarada que se ajusta a los intereses de quienes representan y dominan el sistema capitalista global.  
 
Por eso resulta válido lo afirmado por Fernando Buen Abad respecto a que el muro propuesto por Donald Trump no tapará “el drama del desempleo, la barbarie de la humillación, el infierno del hambre y la monstruosidad del despojo. Todo lo contrario. Deja a la vista la barbarie, la aberración y la bofetada auspiciadas por la burguesía que no tiene límites ni frenos en la fase depredadora en que se encuentra el imperio. El Muro es su espejo. Ellos ponen el Muro para callarnos y para acallar toda rebeldía, nosotros (todos) podemos poner el ejemplo y transformar al mundo. Que reviente el Muro con las luchas indígenas, campesinas y obreras... desde abajo y hasta el cielo. Que reviente el Muro antes, durante y después de que lo completen. Que reviente el Muro por obra y gracia de los trabajadores, de aquí́ de allá, inmigrantes y no inmigrantes... unidos esta vez para siempre” Los pueblos oprimidos, explotados y discriminados del mundo están obligados, por tanto, a derribar en conjunto los otros muros que nadie ve, incluso aquellos que -sin conciencia plena de lo que representan- justifican, incitados por la ideología dominante.-

TRUMP, ¿UN APOCALIPSIS MENOS DESTRUCTIVO?

TRUMP, ¿UN APOCALIPSIS MENOS DESTRUCTIVO?

A vuelo de pájaro, la elección del multimillonario Donald Trump como el sucesor de Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos ha sido catalogada como una revuelta de la población “blanca, anglosajona y protestante” (en algunos casos, percibida como una minoría) contra las élites políticas, económicas y financieras identificadas con el capitalismo neoliberal, cansada de ser víctima constante de sus manipulaciones y demás acciones para asegurar sus patrimonios particulares y/o grupales en detrimento de los ingresos, necesidades e intereses de la amplia masa laboral estadounidense. En consecuencia, su discurso antiglobalización tuvo un primer efecto en el ánimo de esta población, pero no podría interpretarse, a priori, como algo totalmente en su contra.

 

Atendiendo a sus palabras durante la campaña electoral, con Donald Trump en la Casa Blanca, según lo vaticinan algunos estudiosos del tema, todos los proyectos de la restauración económica neoliberal a nivel global podrían desbaratarse en función de una política económica nacional más proteccionista y, por ende, aislacionista. Así, los tratados de libre comercio que promovieran y suscribieran los gobiernos posteriores a la era de Ronald Reagan fueron satanizados y culpados de suprimir una cantidad considerable de puestos de trabajo tuvo su eco efectivo en las áreas más empobrecidas de Estados Unidos, lo que -de algún modo- sirvió para apuntalar el ascenso de Trump a la presidencia estadounidense.

 

Adicionalmente, la postura conservadora del nuevo presidente ha hecho suponer el inicio de un período que hará retroceder y limitar muchos avances en materia de derechos humanos. Por ejemplo, Emilio Marín, en su artículo “Un ‘remedio’ peor que las enfermedades del imperio”, describe que “dentro y fuera de EE UU el resultado supone un espaldarazo a políticas de derecha y ultraderecha, de limitación de los derechos civiles y avances elementales en cuestiones como el aborto, cambio climático y matrimonio igualitario, exacerbación de la xenofobia, sobre todo contra los mexicanos y musulmanes (estos, ‘el último orejón del tarro’ para el magnate y sobre lo cual los medios mucho no hablan) y la vilipendiada mujer, tocable y violable”.

 

Claudio Katz, por su parte, hace notar que “el nuevo presidente exhibe con orgullo su condición de potentado y reforzó la idealización del capitalista que impera en Estados Unidos. Reavivó también la fábula que asimila el éxito en los negocios con la capacidad para dirigir un país”.  Sin embargo, como lo menciona Katz, “olvidó recordar cómo refutaron esa creencia los últimos millonarios que habitaron la Casa Blanca”. Esto, obviamente, tendrá sus repercusiones en el caldo de cultivo explosivo que representa la gigantesca crisis política y social que embarga desde hace varios años a los Estados Unidos y, más allá de sus fronteras nacionales, a todo el sistema imperialista mundial, envuelto en toda clase de acciones intervencionistas y agresiones militares contra gobiernos y naciones opuestos a sus designios hegemónicos.

 

No hay que olvidar que desde hace siglos, el imperialismo gringo ha explotado e inculcado el excepcionalismo o destino manifiesto que les concierne por la gracia divina para civilizar al mundo; lo que podría precipitar una situación quizás más extrema y belicista frente a las dos potencias que ahora le disputan la hegemonía global a Estados Unidos, Rusia y China, lo mismo que con aquellas naciones que han sido objeto de su constante atención, entre ellas algunas pertenecientes a nuestra Abya Yala.  Nada de esto significa que Trump sea un apocalipsis menos destructivo que el simbolizado por Hillary Clinton, incluyendo al saliente premio Nobel de la “paz”, Obama, con su estela de destrucción, violación de derechos humanos (dentro y fuera de suelo estadounidense) y guerras imperiales.-  

LA IDEOLOGÍA COMO FACTOR DE LA DOMINACIÓN

LA IDEOLOGÍA COMO FACTOR DE LA DOMINACIÓN

Generalmente, el pueblo siempre ha sido sugestionado -en un grado u otro- por las clases dominantes para que reproduzca una autoestima atrofiada y un endorracismo, de los cuales apenas tendría conciencia plena, generando en él un sentimiento extendido de impotencia y de incapacidad para enfrentar con éxito (así sea relativo) la realidad de injusticias, de desigualdades y de explotación en que éste se desenvuelve. De este modo, prosiguiendo las pautas impuestas por el colonialismo hispano en estas tierras de Abya Yala, las clases dominantes consiguieron que una gran mayoría (si no la totalidad) del pueblo se valorara a sí mismo como un elemento negativo -a pesar de sus cualidades, que las tiene, indudablemente-, induciendo en algunos individuos la preferencia por modos de pensar y estilos de vida foráneos; especialmente los provenientes de Estados Unidos, que dan cuenta de un tipo de sociedad moderna, mejor administrada, culta, pujante y donde se hallan a la mano (aparentemente) todas las oportunidades para superar la pobreza estructural de la que se es víctima y parte involuntaria.

 

Para ello, las elites dominantes recurrieron a la ideología, adoctrinando al pueblo según sus principios de clase, a través de la cultura, la instrucción, la religión y las leyes dictadas a su favor; todo lo cual convergió en la adopción de una visión fatalista de un mundo que jamás podría alterarse, por muchas rebeliones y revoluciones que se gestaran para lograrlo, persuadiendo a los sectores subordinados respecto al papel pasivo que les tocaría cumplir en éste. En referencia a este tema, explica Juan Carlos Barajas Martínez en “Las tres ideologías básicas del Homo Hispanicus”, que “la ideología, desde el punto de vista sociológico, no es simplemente que una persona sea socialdemócrata o liberal, esa sería una visión política. Para los sociólogos la ideología tiene que ver más con una visión del mundo, construida desde la infancia, sujeta a cambios a lo largo de la vida y con una clara influencia del entorno social y familiar. Pero se trata de una visión completa del mundo que rodea al individuo construida socialmente, al menos en parte. Si se trata de una visión completa convendremos en que la ideología contendrá a la ideología política, pero también una ética, formas culturales y económicas, hábitos o costumbres, leyes no escritas más o menos inquebrantables y formas religiosas y supersticiones más o menos asumibles”.

 

Adicionalmente, la realidad del mundo contemporáneo corrobora lo escrito puntualmente por Carlos Marx en "La ideología alemana" hace ya más de cien años: "Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante". Para conseguirlo, esta clase dominante no precisa de ejércitos exclusivamente para implantar su modelo político, económico y social. Ahora lo obtiene mediante el control desplegado sobre las redes sociales y los medios de entretenimiento y de información masivos, convirtiéndolos en elementos no convencionales de contienda, en lo que muchos concuerdan en designar guerra de cuarta generación, superando en mucho lo hecho por sus predecesores a través del tiempo. De este modo, se han asegurado que el control sobre los sectores dominados no dependa únicamente de agentes externos sino de la complicidad subconsciente de estos mismos, al hacerlos admitir la legitimidad e inevitabilidad del orden establecido, en un proceso de alienación que se reproduce de forma variada y permanente.

 

Por supuesto, para los beneficiarios directos de la globalización capitalista, lo ideal es lograr sin resistencia una uniformidad total de pensamiento, conciencia, lenguaje y patrones de vida de quienes habitamos este mundo, aceptándola como algo inevitable y altamente beneficioso para nosotros; claro está, incrementando día a día, sin restricción moral o legal alguna, su patrimonio particular. En contrapartida, cualquier afirmación de soberanía, de identidad cultural, de lucha anticapitalista y/o de libertad económica que lesione, contraríe e impugne los métodos, la lógica y los objetivos de la globalización capitalista será móvil para que el imperialismo gringo y sus asociados promuevan una estrategia en su contra, de forma que no exista nada fuera de su dominio. Es por eso que se requiere echar mano a un cuestionamiento generalizado del modelo civilizatorio actual y no contentarse con reformas que no eliminan del todo las causas de los diversos problemas que aquejan a la humanidad, solucionando parcialmente sus secuelas; lo que sería -aun cuando no lo desearan algunos de sus promotores- una revolución postcapitalista, sea que se le califique de socialista o no, pero revolución en un sentido bastante amplio y pluralista, a tal punto de incluir en ella a todos aquellos sectores sociales que combaten, desde sus trincheras particulares, las amenazas y la hegemonía devastadora de la globalización capitalista.-    

LA DERECHA Y SU IDEOLOGÍA DE LA BANALIZACIÓN

LA DERECHA Y SU IDEOLOGÍA DE LA BANALIZACIÓN

A nivel nacional e internacional, los políticos de la derecha (y, en algunos casos, también de la llamada izquierda tradicional) han optado por banalizar, prácticamente, todo aspecto de la vida social, restándole la importancia y la seriedad con que debería abordarse cada uno, en función de sus carreras políticas y apetencias particulares de poder. Se ve tanto en Estados Unidos como en Europa y, más cercanamente, en Venezuela donde sus adalides parecen enfrascarse en una competencia por sobresalir en cuanto a la falta de inteligencia y a la escasa, por no decir inexistente, trascendencia de sus actitudes y afirmaciones. Esto, de alguna manera u otra, ha marcado la percepción de algunas personas respecto a los problemas coyunturales y/o estructurales que estarían padeciendo, sin indagar mucho sobre cuáles son sus causas reales y dejándose llevar por lo que se entiende frecuentemente por opinión pública.

 

Así, los políticos de la derecha en Venezuela (calco y copia de sus pares en otras latitudes) muestran repetidamente muy poco respeto por la capacidad intelectual de los sectores populares al insistir en hacerles creer que su solicitud del referendo revocatorio contra Nicolás Maduro tiene un objetivo altruista (incongruente, por demás), como lo sería la defensa de la constitucionalidad y de la democracia, lo que -según indican- solucionaría, en definitiva y de una manera instantánea, todos los problemas existentes en el país. Incluso obligando a los diversos medios de información a instituir, prácticamente, una exclusión de la diferenciación, tanto de aquella que pudiera surgir en sus filas como de la que se hallaría presente en las filas del chavismo, substrayendo la atención sobre sus debilidades ideológicas y haciendo ver que existe una alta polarización de fuerzas, sin opciones igualmente válidas más allá de unas y de otras. Tal situación se extiende y se mantiene sin mucha discrepancia, forzando al chavismo gobernante a mantenerse en esta misma línea, contrapunteando mediáticamente, sin plantearse un debate más profundo y, por consiguiente, sin suscitar una mejor conciencia y un decidido avance revolucionario de los sectores populares.

 

Es por eso que resulta vital entender que la lucha revolucionaria (lo mismo en territorio venezolano que en otros de nuestra Abya Yala) implica crear no sólo mejores condiciones sociales de vida y de trabajo, necesarias desde todo punto de vista, sino -básicamente- despojar al discurso de la derecha de ese carácter de ilusión redentora con que aún atrae a un porcentaje no desdeñable de personas descontentas o que, sencillamente, ansían igualarse algún día con los sectores tradicionalmente dominantes, en vista que el mismo le causa un enorme daño al ejercicio crítico y protagónico de la democracia por parte del pueblo organizado, sobre todo, si se apela a sus mismos recursos, incluyendo el clientelismo político. Es importante entonces que se plantee entre los revolucionarios la construcción de un nuevo lenguaje político con el cual se rearme teóricamente al pueblo, teniendo como consecuencia esperada la revolución socialista en todos los órdenes, no únicamente en cuanto a las formalidades políticas, de manera que exista una verdadera transformación estructural del modelo civilizatorio actual y se logre la supresión de las distintas repercusiones que tendría la ideología de la banalización de los sectores dominantes en los modos de pensar y de vivir de los sectores subordinados, ahora emancipados o en proceso de emancipación.-