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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

NUESTRO PEOR ESCENARIO

NUESTRO PEOR ESCENARIO

Para los apocalípticos de la oposición, a los que se ha sumado cierto número de «chavistas» (afectado por las matrices de opinión emitidas en contra del gobierno de Nicolás Maduro, a propósito del acoso y las irregularidades sufridas por la economía nacional) la situación en Venezuela sería extremadamente inestable, lo que -según sus vaticinios, aupados, además, por Estados Unidos- conduciría a una guerra civil, si no son satisfechos por completo sus intereses políticos y económicos. Ello, por supuesto, es inmediatamente replicado y magnificado interesadamente desde mucho tiempo atrás por las distintas empresas de la información, principalmente extranjeras, estableciendo que las venezolanas y los venezolanos padecen las arbitrariedades de una dictadura inhumana a la cual sería preciso derrocar, sin importar el costo en vidas ni los medios a utilizar, incluyendo entre éstos una agresión militar directa del imperialismo gringo.

Éste podría ser -para muchos- el peor escenario por padecerse en Venezuela; no obstante, habría que advertir, en un sentido aún positivo, que el mismo es relativo, tomando en cuenta el temple mostrado por la población venezolana ante las adversidades inducidas por los grupos antichavistas a través del terrorismo, la violencia y el desabastecimiento sostenido de productos de primera necesidad.

El peor escenario posible sería, entonces, que los sectores populares optaran en lo adelante por abandonar cualquier posibilidad de participación política, repitiendo en algún grado lo observado electoralmente antes de 1998 cuando se registraron grandes porcentajes de abstención en cada uno de los comicios realizados. Esta sería una manera de deslindarse de los dos bandos políticos enfrentados, chavistas y antichavistas, en un gesto de protesta generalizado ante lo que representaría (en la visión popular) una lucha de élites poco diferenciadas en actitudes, ofrecimientos e intereses.

En consecuencia, para los sectores revolucionarios, lo que haga o deje de hacer el chavismo gobernante tendrá, sin duda, serias repercusiones respecto a la idoneidad de los ideales socialistas y la posibilidad de lograr un cambio estructural definitivo en Venezuela; sobre todo, si cunde la decepción y la frustración entre los sectores populares, los mismos que siempre respaldaron al Comandante Hugo Chávez y que enfrentan, por ahora pasivamente, las arremetidas de la derecha. Muchos de ellos entienden que si la gran mayoría del pueblo asume semejante deslinde, se estará perdiendo la oportunidad histórica de hacer la revolución y, con ella, de decidir un destino mejor para todos y todas, lo que podría incidir de un modo u otro en las luchas que libran los pueblos hermanos de Nuestra América.

Al contrario de algunos chavistas, para cualquier revolucionario comprometido esto es lo peor que llegaría a ocurrir en Venezuela, si se produce y evidencia un eventual desgaste de las esperanzas de los sectores populares en relación al gobierno de Nicolás Maduro y la construcción del socialismo, admitiendo así el fracaso difundido por la oposición, lo que contribuiría significativamente a reforzar (y confirmar) la propaganda de siglos en contra de la factibilidad de esta alternativa revolucionaria.-

MADURO, TENEMOS UN PROBLEMA

MADURO, TENEMOS UN PROBLEMA

Al hacer referencia a Maduro, no nos referimos únicamente al Presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela y líder (por designación directa del Presidente y Comandante Hugo Chávez) del proceso revolucionario bolivariano en su fase actual. Nos referimos por extensión (y no sin cierta preocupación, además) a todo el estamento dirigente del chavismo, aquel que tiene en sus manos la enorme responsabilidad histórica de propiciar en el país una verdadera revolución socialista y que hoy pareciera hallarse sumido en una especie de laberinto complicado al no atinar qué hacer para disminuir efectivamente la crisis creada por los grupos opositores a nivel de producción y abastecimiento de productos (especialmente alimenticios) y contener, al mismo tiempo, los amagos intervencionistas de Washington. Todo esto porque no vislumbra adecuadamente lo que está en juego, más allá de un eventual derrocamiento de Maduro; ya que su mayor preocupación es afianzar y/o conquistar las cuotas de poder que cree merecer.

Es preciso y, si se quiere, inevitable que este mismo estamento chavista entienda que su función primordial en esta crucial coyuntura de ataques de todo calibre contra Maduro y el proceso revolucionario bolivariano -dirigidos y monitoreados desde Estados Unidos- es la de sellar su compromiso con el pueblo mediante acciones efectivas orientadas a hacer realidad la expansión y actuación autónoma del poder popular; concretándose, por tanto, la posibilidad del cambio estructural que todavía se requiere.

El problema estaría focalizado, entonces, en la vigencia de la cultura política puntofijista, heredada, adoptada y reforzada por muchos de los que conforman la «vanguardia» del chavismo más que en la supuesta inhabilidad e ignorancia de los sectores populares para comprender y llevar a cabo los diversos cambios políticos, económicos, sociales y culturales que marcarán el rumbo definitivo de la revolución bolivariana; cosa que se ha puesto de manifiesto, desde el momento mismo que Hugo Chávez se convirtió en candidato presidencial en 1998. Así que la conclusión lógica es que esta pretendida vanguardia revolucionaria es la responsable, de una u otra forma, del avance obtenido por la contrarrevolución en estos últimos años, incluido el control de la Asamblea Nacional, pecando de ingenuidad y desidia al pensar que ésta y el imperialismo gringo respetarán el orden constitucional establecido.

En correspondencia con esto, los revolucionarios y chavistas de base tendrán que luchar por erradicar la modalidad verticalista y, en algunos casos autoritaria, que impusieran tiempo atrás los sectores dominantes tradicionales; sobre todo, lo que tiene que ver con la nueva costumbre política de delegar el trabajo de militantes revolucionarios entre quienes ocupan cargos de dirección en la administración pública, asegurándose de esta forma un mejor control de las instancias político-partidistas más que en la tarea de cumplir adecuadamente con las políticas revolucionarias en beneficio de los sectores populares a los cuales se deben. Esto ha tenido una alta incidencia, sin duda, en la inexistencia de esa fuerza social que actúe más allá de lo estrictamente electoral, del sectarismo y del clientelismo político hasta ahora observados.

Captando esto adecuadamente (expuesto y criticado desde largo tiempo por diversidad de intelectuales y analistas, quienes, en contrapartida, han merecido, como mínimo, la censura y el desdén de aquellos que debieran tomar en cuenta sus opiniones, observaciones y recomendaciones) se conseguiría armar una barrera sólida frente a la estrategia desestabilizadora de los sectores de la oposición. Según lo resume Marta Harnecker en su libro Reconstruyendo la izquierda, «lo fundamental es que quienes están en cargos de dirección hagan suya e implementen la línea de la organización política aunque no sean militantes de ella. Por el contrario, si se ha logrado conquistar muchos cargos en una determinada organización se debe estar atento a no caer en desviaciones hegemonistas. Es más fácil para quien tiene un cargo imponer sus ideas que arriesgarse al desafío que significa ganar la conciencia de la gente» 

Lamentablemente, esta percepción resulta ajena a la conducta, la inteligencia y la voluntad de un porcentaje significativo de dirigentes chavistas en todos sus niveles, habituados como lo están a cobijarse bajo las alas protectoras de quienes ocupan posiciones de poder (o están en vías de lograrlo), dado que no pueden ostentar un liderazgo propio, nacido del trabajo revolucionario constante y de la aceptación de las bases, cuestión que no los obliga, por otra parte, a exhibir una ética y una formación revolucionarias. Contrario a ello, cada uno de dichos personajes afortunados, desde sus cargos, debieran contribuir a la labor de conformar un Estado con hegemonía popular antes que dedicarse a mantener y a fortalecer al Estado burgués liberal vigente (como lo haría cualquier reformista). En ello radicaría parte importante del problema que confronta el proceso revolucionario bolivariano, aparte de no haber demolido a tiempo el viejo modelo económico rentista en aras de alcanzar una soberanía productiva total.-

LAS RAZONES INCOMPRENDIDAS DE LA OPOSICIÓN

LAS RAZONES INCOMPRENDIDAS DE LA OPOSICIÓN

A riesgo de provocar molestias e indignación justificadas en las filas chavistas y revolucionarias, se podrían entender (no compartir ni legitimar) los miedos, las razones y las ganas insatisfechas de la oposición antichavista por derrocar al gobierno constitucional de Nicolás Maduro.

Sin embargo, lo que jamás se podrá entender y, menos, aceptar de la gente de oposición (sin cometer el pecado de la más absoluta insensatez y más descabellado extremismo) son los métodos paramilitares y terroristas empleados, su odio fanático, su servilismo pitiyanqui y su sed homicida de sangre y violencia (verbal y física) para lograr sus objetivos; especialmente cuando el blanco constante de sus ataques son los servicios e instituciones públicas que benefician al pueblo (sobre todo, de bajos recursos económicos), causando sin muestras de remordimiento alguno males mayores que aquellos que buscaría solucionar y que atribuye al gobierno chavista.

Habrá alguien que justificará, no obstante, tales métodos y acciones aduciendo que se llevan a cabo por la inexistencia de garantías políticas y en defensa de la democracia contra el castrocomunismo, como si aún nos halláramos en las décadas de la Guerra Fría, dejando ver así de qué pie cojea, es decir, secundando y mostrando su parcialidad hacia el imperialismo gringo, ambicionando disfrutar el estilo de vida "americana" y, quizás, compensar posiblemente la baja autoestima que sufre, convirtiéndose en un subordinado incondicional del régimen estadounidense. Incluso, algunos llegarán a negar que todo esto es cierto y persistirán en su "verdad", no importa que acabe siendo afectado directa o indirectamente por los hechos violentos desatados por sus mismos compañeros, como les ocurriera a unos cuantos opositores el 11 de abril de 2002 y, más recientemente, durante las güarimbas.

A pesar del amor y de los beneficios materiales que se les brinde, además de los llamados al diálogo y la concordia, a aquellos que prefieren aferrarse al oscurantismo político-económico, haciendo realidad los postulados humanistas de cualquiera revolución verdadera, tal parece que su mezquindad y su terquedad seguirán manteniéndose por encima de cualquier consideración lógica, así como de cualquier lazo afectivo con la Patria donde les tocara nacer.

 

REVOLUCIÓN DESDE LA REALIDAD VENEZOLANA

REVOLUCIÓN DESDE LA REALIDAD VENEZOLANA

La articulación práctico-teórica de los saberes y las luchas populares es uno de los fundamentos sobre los que debería llevarse a cabo una verdadera revolución bolivariana, socialista y eminentemente popular en Venezuela. Sin ella -aunque se apele al conocimiento y práctica de experiencias históricas y aportes teóricos de otras latitudes y tiempos, todos importantes, sí, pero no totalmente adecuados a la realidad venezolana- todo proyecto revolucionario subsistirá como mera ilusión.

Así, es vital que se piense desde la realidad misma del país, recurrir a su memoria histórica de luchas, desde el momento en que nuestros pueblos originarios iniciaron su lucha de resistencia contra los invasores europeos hasta el presente, revisando las causas y las consecuencias de cada lucha emprendida, esencialmente, por los sectores populares, antes que fijarse mayormente en la figura de quienes se destacaron al frente de las mismas. Otro elemento fundamental a considerar es la comprensión respecto a la influencia ejercida por la ideología de los sectores dominantes sobre las capas y sectores subordinados, manifestada a través de diversos aspectos, pero escasamente percibida por estos últimos; contribuyendo dicha ideología a mantenerlos en un estado de indefensión, dependencia y sumisión perpetuo, pese a constituir el mayor porcentaje de la población y de atribuírseles el ejercicio inalienable de la soberanía nacional.

Desde este punto de vista, podríamos concordar absolutamente con lo expuesto por el Libertador Simón Bolívar ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819: “¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual? Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano, la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional”

Sin negar a rajatabla los estudios y orientaciones teóricos hechos con el propósito de darle explicaciones y viabilidad a lo iniciado por Hugo Chávez a partir de 1999, se hace preciso amalgamar en un todo -explicando, por supuesto, las diferencias existentes entre cada uno de los procesos históricos referidos, investigados o consultados- las resistencias y las rebeliones protagonizadas, en un amplio sentido, por el pueblo a través del tiempo, gran parte de las cuales estuvieron (y están) motivadas por demandas no siempre satisfechas en relación a obtener un mayor grado de mayor participación democrática y de justicia social.

Si todo esto fuera relevante y constante en la promoción y el desarrollo de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que tiendan a desembocar en una revolución popular irreversible, habría entonces un salto cualitativo, motorizado éste por un nivel de conciencia revolucionaria, forjado a través de la lucha y del debate constantes, algo que debiera reflejarse en la transformación estructural (en un sentido general) que se requiere para instaurar un nuevo modelo civilizatorio en el país.

Al respecto, habría que recordar con Chávez que “cada día habrá que construir más instrumentos para la democracia directa y romper la trampa de la democracia representativa, que termina siendo al final una dictadura, la dictadura de una élite en contra de los intereses del pueblo” Considerando estrictamente estas palabras de Chávez, se hace preciso que los movimientos populares se muestren capaces de trascender el viejo modelo representativo y asuman desde sus propios espacios, autónomamente, la definición, el diseño y la implementación de esta democracia directa. En la medida que los sectores populares estén dispuestos a alterar radicalmente las viejas reglas del juego de los sectores dominantes, imponiendo a cambio su hegemonía democratizadora y emancipadora, en términos de empoderamiento democrático, de disminución decidida de sus niveles de pobreza y de garantía efectiva de sus más elementales derechos humanos, existirá siempre la posibilidad de concretar la revolución bolivariana, socialista y popular que se procura hacer en Venezuela.- 

DEFINAMOS: ¿REVOLUCIÓN O GOBERNABILIDAD PACTADA?

DEFINAMOS: ¿REVOLUCIÓN O GOBERNABILIDAD PACTADA?

Por voz y empeño del Presidente Hugo Chávez, el chavismo gobernante hizo suyos el discurso, los colores y la iconografía revolucionarios que, anteriores a la aparición pública del Comandante, identificaron por largas décadas a las distintas agrupaciones políticas de izquierda y que tanto escandalizaran e intimidaran a un grueso porcentaje de la población venezolana, gracias a la represión y a la propaganda constantes de los gobiernos de Ad y Copei, bajo el patrocinio del imperialismo gringo. En adelante, se observaría a muchos de los ex militantes de estos dos partidos políticos de la derecha venezolana pontificando sobre las bondades del socialismo revolucionario y citando literalmente a Marx, Lenin, Mariátegui, Gramsci, Che Guevara y Fidel Castro, los antiguos demonios que incitaban su odio; mientras obtenían su ascenso vertiginoso en la escala del poder, convirtiéndose en los representantes del nuevo estamento político gobernante, incluso con la deferencia acrítica de quienes provenían de las filas izquierdistas.

Esta nueva realidad en el país tuvo, sin embargo, una consecuencia positiva: parte importante de ese mismo porcentaje de la población venezolana entendió que el socialismo revolucionario sería la mejor opción presentada para resolver satisfactoriamente los niveles de pobreza, explotación laboral, desigualdad social y la falta parcial o absoluta de parte de las autoridades; todo lo cual había servido de caldo de cultivo para que ocurrieran el estallido popular del 27 de febrero de 1989 y las dos rebeliones cívico-militares de 1992. Lo resaltante es el hecho que los sectores populares han interpretado este socialismo de un modo distinto a lo que entiende y practica el estamento gobernante y partidista, determinándose una diferenciación abismal entre ambos, lo que ya ha tenido por efecto que la derecha fascistoide domine el Parlamento nacional y, desde sus curules, amenace con desestabilizar al gobierno de Nicolás Maduro.

Esto último ha situado al gobierno nacional ante la disyuntiva de avanzar sin titubeos por el camino revolucionario o, contrariamente, aceptar las reglas de juego de la burguesía parasitaria e instituir una gobernabilidad pactada que termine por desmantelar todo lo hecho y esbozado durante el período presidencial de Chávez, como única opción para sobreponerse al desabastecimiento y al asedio económico padecidos actualmente por la población venezolana en general. Tal cosa ha impulsado ya a varios movimientos políticos y sociales revolucionarios a fijar posiciones; unos (de forma interesada o no), a favor del gobierno de Maduro y, otros, planteándose alternativas revolucionarias que, sin renegar por completo de los logros del proceso revolucionario bolivariano liderado por Chávez, buscan profundizar y consolidar el avance, la conciencia, la autonomía y la organización de los sectores populares que tengan como objetivo fundamental la toma del poder.

Mientras Maduro y su equipo de ministros hacen malabarismos para lograr la puesta en marcha medidas que impulsen la actividad productiva del país, en alianza con los sectores empresariales (varios de los cuales auparon y financiaron los planes golpistas contra Chávez), estos movimientos políticos y sociales revolucionarios podrían representar el camino a seguir, tomando en cuenta que gran parte de sus postulados confrontan la lógica capitalista y el reformismo de Estado, elementos éstos que -en uno u otro sentido- se han convertido en grandes obstáculos a vencer; manteniendo aún vigente la responsabilidad histórica de llevar a cabo la Revolución Bolivariana, con toda la carga y el significado subversivos que la caracterizarían.-  

EN LUCHA POR UNA REVOLUCIÓN CON OPCIONES PROPIAS

EN LUCHA POR UNA REVOLUCIÓN CON OPCIONES PROPIAS

De no ganar terreno el conjunto de medidas anunciadas por el Presidente Nicolás Maduro para superar exitosamente las dificultades creadas en el ámbito de la economía nacional, estaría por definirse si ello representa una crisis económica o, algo de mayor gravedad, una crisis de Estado. En cualquier caso, esta situación que padece Venezuela aumenta la necesidad de redefinir los valores culturales, políticos, sociales y económicos sobre los cuales se erigió el actual modelo de civilización u orden social, especialmente cuando se ha tenido la pretensión -hasta ahora, fallida- de constituir uno nuevo bajo la inspiración del “socialismo del siglo21” Comprometidos con la subversión del orden existente, a los revolucionarios les corresponde no solamente denunciar el contexto de injusticia, de explotación o de discriminación de cualquier tipo que soportan los sectores populares sino luchar por una revolución con opciones propias, proponiéndose seriamente derogar dicho contexto de una manera definitiva, teniendo en cuenta las causas históricas que la produjeron.

Por esto, es fundamental que el poder popular (armado de una organización y una verdadera conciencia revolucionaria) se movilice de un modo constituyente, destituyente e instituyente, con respuestas soberanas, creativas y audaces que tengan por meta asegurar la transformación estructural del Estado burgués liberal, la ideología dominante y la economía capitalista que rigen al país; creando opciones propias, desde abajo, y asociadas a principios subversivos, críticos y radicales que permitan -en consecuencia- la revolución. No se puede olvidar, bajo ningún concepto o circunstancia, que la lucha popular sigue siendo contra la hegemonía de los grupos oligárquicos parasitarios, usufructuarios del poder y de la renta petrolera en el pasado; lo cual obliga a librar batallas ideológicas y culturales que la neutralicen de manera categórica, promoviendo un vasto proceso de formación y debates que genere una nueva conciencia entre los sectores populares.

No hay que llamarse a engaño. No basta con un simple cambio de gobierno ni de representantes políticos. De hacerse con el poder, los partidos políticos de la derecha aplicarían la misma fórmula neoliberal que quiso imponerle Carlos Andrés Pérez al pueblo venezolano en 1989, cuando sucediera el Caracazo: privatizaciones de la salud, el agua, la electricidad y la educación, entre otros, además de una flexibilización laboral y una congelación general de salarios, liberación de precios, divisas e intereses que beneficiarían considerablemente a los grupos oligárquicos parasitarios; elevación de los impuestos y una disminución significativa de lo que llaman "gastos" sociales, afectando la continuidad de las distintas misiones sociales que iniciara el Comandante Chávez en beneficio de los sectores populares. 

Cuando se imponga finalmente la organización consciente, mayoritaria y pluralista de los sectores populares (y, con ellos, de la clase trabajadora), tanto en la estructura productiva como sobre el resto de las estructuras que conforman el orden establecido, se podrá hablar entonces de la instauración revolucionaria de una sociedad, de unos valores culturales y de un Estado de nuevo tipo; construyéndose, en consecuencia, una hegemonía popular que erradique las causas y las condiciones históricas de la situación actual del país.-

 

LAS NUEVAS DEMANDAS DEL PROYECTO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

LAS NUEVAS DEMANDAS DEL PROYECTO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

Al reconocer el Presidente Nicolás Maduro y demás integrantes del gobierno nacional que se llegó al final del rentismo económico, se crea la necesidad inmediata del surgimiento de un liderazgo revolucionario colectivo en reemplazo de la dirigencia y funcionarado burocrático-cupular-clientelista que hizo posible, con su proceder reformista, el avance de los sectores de derecha, dando como resultado que ésta conquistara la mayoría de curules de la Asamblea Nacional.

Es importante que chavistas y revolucionarios entiendan que hay una intención, orientada desde Estados Unidos y otros centros de poder internacionales, de torcer el rumbo del proceso de cambios revolucionarios protagonizado por el pueblo venezolano en función de los intereses de la burguesía parasitaria y de los grandes consorcios económicos norteamericanos, en una especie de gobernabilidad pactada que deje a un lado a los sectores populares. De ahí que no sea nada extraño que en Venezuela se esté repitiendo el mismo formato desestabilizador aplicado en Chile durante la presidencia de Salvador Allende, con un desabastecimiento artificial de productos esenciales para la población, una hiper-inflación inducida por los mismos sectores empresariales que ahora cínicamente le reclaman al gobierno la implementación de medidas de emergencia económica, la posibilidad de un corralito bancario y la desvalorización de la moneda nacional, incitando con ello un malestar popular que, eventualmente, terminaría con el mandato de Nicolás Maduro y restituiría a las viejas élites puntofijistas en el poder.

Además, es pertinente que chavistas y revolucionarios tengan en cuenta que no se pueden mantener intactas las mismas estructuras gubernamentales y partidarias del pasado como hasta ahora se ha hecho, ya que ellas responden a una visión de la sociedad que resulta incompatible con la realidad surgida en nuestro país durante las décadas recientes. Por consiguiente, es preciso que surja y exista una organización socio-económico-político-cultural-militar revolucionaria que sepa orientar e interpretar la lucha popular en su dimensión transformadora, clasista y plebeya, evitando que en su seno aparezca alguna clase de pragmatismo electoral, de sectarismo y de vanguardismo que precipite su desviación y atomización, de modo que pueda alcanzarse verdaderamente el propósito fundamental de la Revolución Bolivariana, es decir, la transformación estructural del Estado y, en general, de todo aquello que comprende e identifica el actual orden establecido.

En tal sentido, se requiere mucha madurez y voluntad política para enfrentar con éxito las embestidas programadas por la oposición. Ello debe producir un saldo organizativo y una redefinición de los valores sobre los cuales se erigió el modelo civilizatorio vigente, en lo que podría llamarse una coalición social y política revolucionaria que dé nacimiento a una nueva ciudadanía política, capaz de cubrir y protagonizar las nuevas demandas del proyecto revolucionario bolivariano.-

LA CONSPIRACIÓN DE PRIMER ORDEN CONTRA LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA CONSPIRACIÓN DE PRIMER ORDEN CONTRA LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

Generalmente, las conspiraciones son auspiciadas por grupos que, a su entender y conveniencia, se muestran contrarios a las políticas y vigencia de un régimen determinado, sea cual sea su naturaleza. Esto es entendible, predecible y hasta justificable en muchos casos, si el régimen en cuestión es todo lo contrario al régimen de libertades y derechos democráticos al cual todo pueblo aspira. Esto sería aplicable, incluso, a aquellos sectores dominantes que, siendo desplazados del poder por cualquier circunstancia, anidan la esperanza de recuperarlo y usufructuarlo, tanto o más que en el pasado.

Sin embargo, en la historia reciente de la República Bolivariana de Venezuela, en medio de la difícil (mas no imposible) construcción de un singular proyecto de revolución inspirado en el ideario republicano de soberanía popular, igualdad y justicia social de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, pareciera existir otro tipo de conspiración, más velada y, por lo tanto, menos perceptible, esta vez dirigida a impedir que dicho proyecto adquiera forma y suficiente autonomía a manos de los sectores populares. Algunos lo considerarán escandaloso e inverosímil, sin embargo, esto podría verificarse sin necesidad de un análisis demasiado profundo. Bastaría observar sencillamente lo acontecido durante este último periodo de la historia venezolana cuando un considerable porcentaje de burócratas de partido y de gobierno se han dedicado a aprovecharse de la fe popular, enriqueciéndose desvergonzadamente y sin temor alguno a la acción de la justicia, desvirtuando absolutamente la esencia y el significado de lo que debiera ser la Revolución Bolivariana y/o socialista.

En atención a lo anterior, no extraña nada que la desconfianza de los grupos burocratizados esté orientada, principalmente y con mucho empeño, hacia los revolucionarios y los chavistas que cuestionan con argumentos sólidos en mano lo que es su proceder común y se atreven, además, a elaborar y a protagonizar otras alternativas revolucionarias para salir de las diversas situaciones conflictivas y de falta de definiciones por las que atraviesa el país; no sólo desde el momento en que Nicolás Maduro pasa a ejercer la presidencia sino desde mucho antes con Hugo Chávez como presidente.

Tal cosa ha exigido mucha voluntad política y conciencia revolucionaria entre quienes se han situado en contra de los sectores políticos tradicionales, con su apuesta a un pasado de país que pocos anhelarían en su sano juicio, y de aquellos que, manejando el «legado» de Chávez según sus intereses particulares, han terminado por parecerse demasiado a sus opositores. Por supuesto, para estos revolucionarios y chavistas la situación no es, ni ha sido, color de rosa, habida cuenta que no manejan los resortes del poder -con los recursos económicos que facilitan el oportunismo, la demagogia y el clientelismo político- y, muchas veces, el acceso a los diferentes medios de información en igualdad de condiciones con unos y otros, resultando así más dificultoso su accionar y la difusión de sus propuestas revolucionarias. Ellos serían los llamados a desenmascarar y a combatir esta conspiración de primer orden contra la Revolución Bolivariana.-