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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA Y LA EXPLORACIÓN DE NUEVOS MODELOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA Y LA EXPLORACIÓN DE NUEVOS MODELOS DE INTERPRETACIÓN DE LA REALIDAD

Gran parte de la oposición en Venezuela suele considerar a los sectores populares (quienes son, al fin y al cabo, en una significativa proporción, seguidores y sustentadores del proyecto revolucionario bolivariano) como una masa abstracta, inculta, despreciable, manipulable e incapaz de entender y de protagonizar el más sencillo avance en la construcción de un nuevo modelo democrático en el país. Según su apreciación, manifestada a través de las diferentes redes sociales a su alcance, los sectores populares no serían personas y carecerían de derechos, aún los más elementales, haciendo gala así de un exacerbado racismo (muchas veces, sin tomar en cuenta su propio origen étnico y/o social), por lo que las opiniones, las aspiraciones y la existencia de estos últimos no contarían para nada, siendo apenas visibilizados en su discurso aparentemente democrático.

Para los sectores de la derecha, las nuevas realidades históricas, sociales, políticas, jurídicas, ideológicas, educativas, religiosas, ecológicas, étnicas y culturales que han tenido lugar en América Latina y el Caribe recientemente, con su carga subversiva, antiimperialista y anticapitalista, resultan totalmente inaceptables y a-históricas. Desconocen abiertamente que éstas son el resultado de las dominantes relaciones capitalistas de producción que se instauraron en nuestro continente prácticamente desde el momento mismo en que sus naciones proclamaran su independencia del imperio español. A ello se une su alienación y cultura colonizada que les hace ver como ideales el sistema político, social y económico de Estados Unidos. En su colmo, hasta han demandado la intervención militar directa estadounidense para, según su mezquino deseo, acabar con la rochela o el bochinche de sus inferiores, los sectores populares.

Esta realidad, para algunos inusitada en el país, para otros exagerada, nos sitúa ante dos grandes bloques antagónicos (con sus matices, sin ser completamente homogéneos) en relación al control del poder y la construcción y fortalecimiento de una nueva visión de lo que debiera ser la sociedad venezolana en el futuro. De hecho, el antagonismo entre ambos suele atribuírselo la oposición al discurso de Hugo Chávez; sin embargo, los hechos históricos de abril de 2002 y de los últimos tres años de mandato de Nicolás Maduro dan cuenta de las acciones violentas, discriminatorias y antidemocráticas (aparte de subordinadas a los dictados e intereses extranjeros) de quienes pretenden presentarse como seres superiores, cristianos devotos y verdaderos demócratas, es decir, los únicos capacitados para ejercer el poder y de manejar la renta petrolera, según sus intereses particulares y su libre albedrío.

Ello contrasta palmariamente con las reivindicaciones largamente postergadas y los deseos de los sectores populares de ejercer la democracia directamente, haciendo obsoleta la representatividad acostumbrada, y de acceder a un mejor nivel material de vida. Algo que vienen demandando desde el primer momento que se instaurara en 1959 el pacto de élites de Punto Fijo. Sin embargo, hay que hacer notar que, a pesar de hablarse de revolución y de socialismo, no se ha producido todavía un viraje ideológico y político, significativo y profundo, que dé cuenta de un avance definitivo en esta dirección, lo que ha constituido desde hace mucho tiempo una debilidad entre los sectores populares. No obstante, es posible que la nueva coyuntura presente del país (independientemente de cuáles sean los resultados de las medidas auspiciadas por el gobierno de Nicolás Maduro para superar la situación crítica de la economía venezolana) termine por impulsarlos a una definición del papel fundamental que les toca representar para que la Revolución Bolivariana sea entonces una realidad, redefiniendo las relaciones de poder y las estructuras y funcionamiento del Estado burgués-liberal vigente, así como la moralización del ejercicio político mediante la designación de voceros que respondan, verdaderamente, a la voluntad popular y no a intereses grupales y/o individuales. Los grupos opositores ven en todo esto una grave amenaza y habría que entenderlos, ya que ello supondría eventualmente la pérdida de sus privilegios habituales, especialmente los de tipo económicos, dado su parasitismo, extrayendo del Estado los recursos que requieren para mantener su status.

De ahí que sea inevitable la exploración de nuevos modelos de interpretación de la realidad nacional, de la adopción y experimentación de nuevas formas organizativas que privilegien el ejercicio sin coacción de la democracia directa, y una toma de conciencia respecto a la necesidad de la Revolución Bolivariana por parte de las amplias mayorías de proletarios y demás colectivos sociales para combatir y derrotar la barbarie capitalista en cualquiera de sus expresiones, nacionales e internacionales. Al hacerlo posible, el pueblo organizado y consciente hará efectiva su soberanía, asumiendo un carácter constituyente vinculante y permanente.-

 

LA REVOLUCIÓN Y LA CUESTIÓN DEL PODER EN VENEZUELA

LA REVOLUCIÓN Y LA CUESTIÓN DEL PODER EN VENEZUELA
La cuestión del Estado es la cuestión del poder. No se podrá avanzar en la transformación estructural del modelo civilizatorio actual sin la toma del poder. Por eso es importante entender que, básica y generalmente, el Estado burgués liberal (tal como se conoce en la mayoría de las naciones del planeta) responde a intereses de clase, siendo éste, en consecuencia, la forma política del capital dominante, como bien ya lo determinaran en su momento los principales teóricos de la revolución anticapitalista o comunista mundial.
 
Por ello, es significativo que mucha gente, con la finalidad de impulsar la revolución socialista bolivariana de un modo que no admita retrocesos, termine sumándose al juego electoral implantado por las elites gobernantes, confiando así en acceder al poder y permitirse entonces cambiar el orden establecido mediante algunas iniciativas de gobierno. Sin embargo, como lo expondría V. I. Lenin en su obra El Estado y la revolución, "la esencia de la cuestión no radica, ni mucho menos, en si seguirán existiendo los ’ministerios’, o habrá ’comisiones de especialistas’ u otras instituciones; esto no tiene importancia alguna. La esencia de la cuestión radica en saber si se conserva la vieja máquina estatal (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta la médula de rutina e inercia) o si se la destruye, sustituyéndola por otra nueva. La revolución no debe consistir en que la nueva clase mande y gobierne con ayuda de la vieja máquina del Estado, sino en que destruya esta máquina y mande y gobierne con ayuda de otra nueva". 
 
Esto, por supuesto, exige -forzosamente- la redefinición de algunos conceptos frente a las nuevas realidades que se pretenden crear. Así, el poder, la política y el Estado (lo mismo que la espiritualidad, la cultura, la economía y otros elementos que podrían abarcarse) tendrían que observarse y comprenderse bajo la luz de nuevos paradigmas, todos ellos como resultado de la acción y de la revisión constantes de organizaciones políticas revolucionarias de nuevo tipo. En consecuencia, el desarrollo de las fuerzas productivas, la conversión de las relaciones de producción capitalistas, la revolución cultural antiburocrática y el nuevo sistema político (invirtiendo radicalmente la pirámide de las relaciones de poder tradicionales) tendrían que ser el resultado de un esfuerzo colectivo creativo que no se limite a un reparto más equitativo de la riqueza social o a retribuir, desde el Estado, a un pueblo demandante de derechos. 
 
Se hace preciso inhabilitar el sello de la vieja sociedad a reemplazar. Esta es una cuestión que muchas veces se tiende a ignorar, calificándose algunas de sus expresiones cotidianas como inofensivas o irrelevantes. De ahí que se requiera instaurar un sentido común revolucionario, es decir, un nuevo esquema espiritual que facilite las condiciones adecuadas para reestructurar de una forma trascendente, ética y lógica el modelo de sociedad vigente. La conciencia revolucionaria es, por consiguiente, un elemento imprescindible e ineludible para alcanzar efectivamente todos aquellos propósitos que conduzcan a la realización definitiva de la Revolución Bolivariana en Venezuela, de manera que ella contribuya a evitar la subordinación apática de los movimientos populares en función de los intereses de una minoría.
 

Todo esto plantea que los movimientos, grupos, sectores y/o colectivos revolucionarios y chavistas asuman el reto de desarrollar entre sí la capacidad de integrarse en una plataforma unitaria para el logro de objetivos comunes, algunos de ellos apenas diferenciados -en condiciones de pluralismo, autonomía, igualdad, reciprocidad, respeto y complementaridad-, lo que les posibilitaría establecer y ejercer en todo momento la democracia consejista, o directa; prefigurando, de una u otra forma, el nuevo poder y el modelo civilizatorio que surgirían bajo los ideales de la Revolución Bolivariana.

SI LE TOMÁRAMOS LA PALABRA AL PRESIDENTE MADURO...

SI LE TOMÁRAMOS LA PALABRA AL PRESIDENTE MADURO...
 

El diálogo propuesto por el Presidente Nicolás Maduro debiera incluir, forzosamente, a todos los movimientos e individualidades, políticos y sociales, de un modo amplio, pronto y efectivo. De lo contrario, podría perderse, una vez más, la oportunidad de reimpulsar definitivamente el proceso de revolución bolivariana que, pese a este revés electoral, mantiene plenamente su vigencia, toda vez que el pueblo venezolano enfrentaría una contraofensiva de la reacción al sentirse ésta fortalecida con el control de la Asamblea Nacional.

Es decir, no se puede confiar únicamente a los factores que controlan el poder del Estado la tarea de revisar los hechos cumplidos, dada la posibilidad que no ahonden en las causas que precipitaron la derrota en estas últimas elecciones, acusando a elementos externos de algo que pudieron evitar a tiempo, si realmente hubieran estado compenetrados con los objetivos estratégicos, ideales y perspectivas inherentes a la consolidación y profundización del proceso revolucionario bolivariano; máxime al ya no estar presente físicamente su máximo líder, Hugo Chávez.

Sin embargo, es bueno advertir que este diálogo no podría ni debería limitarse exclusivamente a quienes dirigen las instituciones públicas y los diversos partidos políticos que conforman el Gran Polo Patriótico, excluyendo a aquellos que han mantenido posiciones críticas al modo cómo ellos han cumplido sus respectivas funciones; cuestión que podría imponerse, a fin de no ser víctimas de las críticas y las autocríticas a las cuales cada uno deberá enfrentarse, si realmente están comprometidos con la revolución bolivariana y quieren que ésta se desarrolle de acuerdo a los parámetros revolucionarios de la democracia participativa y protagónica.

También es preciso que se entienda en esta nueva coyuntura que se le presenta al avance del proceso revolucionario bolivariano la necesidad de deslastrarse de los modos y concepciones representativas que aún imperan en muchas de las instituciones del Estado, especialmente en las organizaciones políticas, donde se observan grupos y subgrupos en pugna por mayores espacios de poder, pero en definitiva alejados de una conducta realmente revolucionaria y socialista, lo que ha incidido en la atomización de los movimientos populares, a tal punto que frenan su desarrollo y total autonomía organizativa y funcional.

Principalmente, quienes integran lo que llamaríamos el chavismo gobernante tendrían que aceptar la existencia y accionar de un chavismo popular, conformado básicamente por personas y movimientos sociales que sí han entendido el legado de Chávez, interpretando adecuadamente lo establecido en las distintas leyes del poder popular, más aún la exigencia de transformar estructuralmente la economía rentista y el Estado burgués-liberal heredados del puntofijismo y que representan los principales obstáculos a vencer para acceder finalmente a la transición hacia el socialismo bolivariano.

Al mismo tiempo, chavistas y revolucionarios tendrían que prepararse en lo inmediato para confrontar las acciones reaccionarias de la oposición desde la Asamblea Nacional, ya que se requiere de nuevos actores y escenarios políticos que sirvan para consolidar y profundizar, verdaderamente, los logros revolucionarios junto al pueblo.
De ahí que veamos este momento coyuntural como una oportunidad para recuperar, redefinir y reimpulsar la esencia, los ideales y los objetivos de la Revolución Bolivariana, tal como se dieron a conocer en 1992 y que el Comandante Chávez buscó concretar en todo momento en beneficio de los sectores populares y no únicamente a favor de una minoría; cuestión que no podrá obviarse en ningún momento y bajo ninguna excusa.-

REVOLUCIÓN, SIN CONVOCATORIA PREVIA Y SIN ANUNCIO OFICIAL, O MÁS “MAREO” PARA LAS BASES

REVOLUCIÓN, SIN CONVOCATORIA PREVIA Y SIN ANUNCIO OFICIAL, O MÁS “MAREO” PARA LAS BASES

 

Frente al nuevo escenario político creado por los resultados de las elecciones legislativas del 6 de diciembre en Venezuela, algunos revolucionarios y chavistas exponen la necesidad inmediata de revisar, rectificar y reimpulsar el curso del proyecto revolucionario bolivariano, tal como lo propusiera en su momento el Presidente Chávez.

 

A favor de ello se ha pronunciado un enorme porcentaje de individuos y movimientos sociales revolucionarios, pero cabría interrogarse: ¿desde cuál perspectiva, desde el chavismo gobernante o desde el chavismo popular? Porque se debe reconocer que hay dos vertientes, ambas chavistas, prácticamente enfrentadas ideológicamente a lo largo de la última década, buscando cada una imponerse a la otra, aunque existan matices que impiden ser categóricos a la hora de definirlos puntualmente. En el primer caso, un chavismo instalado en las cúpulas del poder burocrático mientras que, el segundo, se mantiene en la calle, en cada espacio de lucha reivindicativa, tratando de trascender los marcos de referencia establecidos por el modelo de sociedad erigido y sostenido a través del Pacto de Punto Fijo desde 1959.

 

Es decir, esta confrontación a lo interno del chavismo tiene su punto central en la concepción del poder y lo que el mismo debiera representar para acceder finalmente a la transición hacia el socialismo revolucionario. Esto pasa por la exigencia imperativa, y largamente postergada, de modificar radicalmente el tipo de Estado burgués-liberal imperante, al cual muchos “chavistas” burócratas han accedido, aprovechándose de las diversas coyunturas electorales producidas en el país, en su deseo particular de enriquecerse y de mejorar su status de vida; Estado que tantos buenos dividendos les dió a las cúpulas empresariales, políticos, militares, sindicales y eclesiásticas hasta que Chávez fuera elegido Presidente.

 

Por eso es pertinente y hasta obligatorio plantearse en estos momentos de definiciones trascendentales si el llamado a reimpulsar y profundizar el proyecto de revolucion bolivariana en Venezuela será acatado por todos los chavistas y los revolucionarios, sin convocatoria previa y sin anuncio oficial, distanciándose ostensiblemente de aquellos que no admiten sus culpas, sus inconsistencias y sus errores como “vanguardia revolucionaria”, tanto los que surgieran con Chávez como con Nicolás Maduro.

 

Otra cosa que debe tomarse en cuenta es que los sectores transnacionalizados siguen siendo minoría, por muchos votos obtenidos, tanto en las elecciones realizadas en Argentina como en Venezuela. Si se cae en un análisis sectario, endilgando culpas y responsabilidades a quienes ostentan cargos de dirección política y de gobierno, sin admitir lo propio de parte de aquellos que integran movimientos y grupos sociales de base, éste no serviría de nada. Ya otros momentos en el pasado merecieron un tratamiento similar sin producir ningún saldo organizativo significativo, incidiendo de alguna forma en la conducción, fortalecimiento y caracterización del proceso de cambios revolucionarios en Venezuela.

 

De ahí que sea una exigencia ineludible que la Revolución Bolivariana tenga una visión clara de los objetivos estratégicos y tácticos que, en lo adelante, debe alcanzar, considerando que muchas de las observaciones, críticas y propuestas que se han dado a conocer tras la derrota electoral del 6 de diciembre tienen como fin primordial hacer que ésta se convierta en una realidad alcanzable y concreta, dejando de ser simple discurso y/o aspiración utópica.

 

Pero ello tendrá como principal fundamento el ejercicio pleno de la soberanía popular, conformando un poder popular constituyente en actividad permanente, el cual pueda manifestarse en nuevas formas organizativas y en la transformación radical de las relaciones de producción capitalistas; lo que, en resumidas cuentas, representa el núcleo central de los reclamos, denuncias y propuestas de quienes se mantienen firmes en su determinación de luchar por la liberación nacional y el socialismo bolivariano, más allá de reformas y paliativos que terminan por abonar el camino de la contrarrevolución y la pérdida (total o gradual) de las diversas conquistas logradas por el pueblo venezolano.-

LOS TROYANOS DE LA REVOLUCIÓN

LOS TROYANOS DE LA REVOLUCIÓN

 

El embate sostenido de una campaña mediática engañosa (dentro y fuera del país), el desabastecimiento planificado, el encarecimiento desmedido de los precios y el incremento (o sensación) de la inseguridad ciudadana, además de la percepción generalizada respecto a la corrupción en que estarían envueltos gobernantes y dirigentes del chavismo, tuvo su impacto, indudablemente, en la intención de voto de mucha gente en estas últimas elecciones parlamentarias en Venezuela; partiendo, quizás, de una visión muy particularizada que le impidió entender lo que se estaba poniendo en juego, de resultar triunfadores los candidatos opositores.

 

Como siempre, una gran parte del chavismo gobernante obviará irresponsablemente las causas reales de los resultados electorales del 6-D y acusará, como otras veces, a factores externos por la derrota sufrida, sin revisar -autocríticamente, como le corresponde asumir a un verdadero revolucionario- tanto su gestión como su comportamiento personal, en sintonía con el discurso aparentemente socialista del cual hace gala en mítines y medios de información. Esto ocurrirá, sin duda, independientemente de su responsabilidad directa o indirecta en este hecho que amenaza con destruir todo lo alcanzado por los sectores populares en Venezuela desde 1999. Es indudable que algunos representantes (destacados o no) de este chavismo gobernante se han dado a la tarea de desviar y truncar el avance revolucionario del pueblo, actuando como verdaderos troyanos de la revolución, controlando la maquinaria estatal y partidista, según su capricho e intereses.

 

Como lo dijera Miguel Ángel Pérez Pirela (conductor del programa televisivo Cayendo y corriendo), ya basta de ver bajo sospecha a quienes hacen críticas a la gestión cumplida, ignorando que el propósito de estas críticas es ayudar a consolidar y profundizar los verdaderos logros revolucionarios junto al pueblo organizado y consciente. No basta con tener el control absoluto de una institución ni de una estructura partidista si se mantiene una postura reformista con el simple deseo de obtener beneficios personales, con un séquito de aduladores alrededor que jamás le harán ver la realidad a quienes ejercen la dirección del Estado y buscarán mantenerlos alejados de aquellos que consideran extremistas o radicales, es decir, peligrosos para sus posiciones privilegiadas, por ser sencillamente revolucionarios.

 

Si habría que cobrarle esta derrota electoral a alguien, tendría que ser, principalmente, a quienes creen que la formación revolucionaria es cosa de una clase de catecismo acrítico, haciendo de la conciencia revolucionaria un elemento opcional, poco útil, y no un elemento altamente necesario para hacer realmente la Revolución Bolivariana. Aparte de ello, a la porfía de los diversos representantes gubernamentales en no producir el cambio estructural del Estado y de la economía rentista, no obstante las constantes arengas del Presidente Chávez para que se actuara a tiempo en tal sentido. Resulta, por lo tanto, absolutamente contradictorio que se hable en cada ocasión contra el régimen capitalista y aún así haya quienes terminan por legitimarlo mediante una conducta materialista y altamente consumista, que es inducida y reflejada, a su vez, entre quienes constituyen las bases populares de la revolución; las cuales optan por esperar todo del Estado y son escasamente estimuladas a la producción por su propia mano, con una visión bastante diferenciada de lo que es el capitalismo. Otra cosa innegable y resaltante es que muchos de estos formadores ideológicos mantienen intacta su formación socialdemócrata y/o socialcristiana, elemento que contribuye a prolongar la existencia del viejo Estado burgués-liberal en lugar de transformarlo de raíz.

 

Quienes quieran saber qué ocurrió en estas elecciones parlamentarias, vuelvan a la lectura y comprensión (si es que alguna vez lo hicieron o intentaron hacer) del Libro Azul, de la Agenda Alternativa Bolivariana, del Plan de la Patria y, para aquellos que militan en el PSUV, del Libro Rojo. Comparen lo que allí está plasmado con la realidad vivida hasta ahora. Especialmente en lo que tiene que ver con la transformación estructural del Estado y del capitalismo rentista que aún imperan en Venezuela, del ejercicio pleno de la democracia directa y el nivel de conciencia revolucionaria del pueblo organizado y consciente.

 

Para los otros que quedamos, nos corresponde recuperar aquella consigna de "propaga, agita y organiza", ya que ésta nunca perdió su vigencia en ningún instante, a pesar del alejamiento de algunos. Esta coyuntura fue anticipada por muchos, así que nos llegó el turno de actuar y de reimpulsar el avance revolucionario logrado, con sus retrocesos y empujones, a partir de 1989, 1992 y 2002, contando esta vez con las experiencias (buenas y malas) adquiridas.-

DEFENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA O FACILITARLE EL CAMINO A LA OPOSICIÓN

DEFENDER LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA O FACILITARLE EL CAMINO A LA OPOSICIÓN

 

En un sentido casi general, por no decir absoluto, la oposición antichavista quiere demostrarnos a todos los venezolanos que, de obtener la mayoría de los escaños del parlamento nacional, sería automáticamente derrumbado el gobierno constitucional de Nicolás Maduro y todo cambiaría inmediata y favorablemente en el país, incluyendo el bachaqueo que la misma promoviera; aún más, dejando entrever que se conservarán, en esencia, todos los logros impulsados por el Comandante Hugo Chávez para favorecer a los sectores sociales más necesitados.

 

Sin embargo, la realidad es otra. Su oferta electoral no pasa de ser más que las mismas expresiones contradictorias que han hecho conocer a lo largo de más de 15 años, quizás con un mayor énfasis en el desprecio hacia quienes representan el principal soporte del proceso de cambios revolucionarios que tiene lugar en Venezuela, es decir, hacia los sectores populares que buscan empalagar con promesas fáciles que ni siquiera estaría dispuesta a cumplir. Asimismo, las expresiones contradictorias de la oposición rebasan los niveles de la sensatez. Por una parte, se hacen eco a diario de mensajes de burlas, odio y muerte hacia los chavistas y, por otra, presenta una imagen sonriente, como si no tuviera culpabilidad alguna en los diversos hechos de violencia y sabotaje económico que ha generado, especialmente en estos dos últimos años.

 

Para quienes estén “confundidos” al respecto, sólo hay que rememorarles lo hecho por los “demócratas” de la oposición entre 2002 y 2003 cuando promovieron un golpe de Estado fascista, con su secuela de violaciones a los derechos humanos, y un paro empresarial que casi acaba con la economía venezolana. Si a estos antecedentes le anexamos lo hecho luego del triunfo electoral de Nicolás Maduro, con su saldo de violencia, destrucción y muerte de hombres, mujeres y niños, únicamente porque no quisieron reconocer su derrota a manos del pueblo, entonces cada quien podría deducir qué hará realmente la oposición, una vez que retome el poder en Venezuela.

 

Por tales motivos, es fundamental que todos los factores políticos y sociales revolucionarios y chavistas sepan discernir entre defender la revolución bolivariana o creer equivocadamente que se puede emitir un voto castigo, eligiendo a candidatos opositores, lo que equivaldría a darle un respaldo a la contrarrevolución, así éste se justifique haciendo resaltar los errores, las deficiencias y las contradicciones presentes en la gestión pública y en las actitudes evidentes de muchos de los dirigentes chavistas que no entienden mínimamente que se deben a la voluntad del pueblo, olvidando de paso que, gracias a ese mismo pueblo, detentan sus cargos actuales.

 

Además, es preciso no olvidar que la oposición sigue manteniendo bajo la manga un plan desestabilizador, el cual apenas retoca en algunos detalles, instigada cada vez por sus mentores extranjeros, principalmente por el régimen estadounidense, a través del Comando Sur y las cadenas empresariales de noticias, para que enfilen sus ataques mediáticos contra el proceso revolucionario bolivariano, tratando de socavar el nivel de apoyo popular que éste aún mantiene y, eventualmente, liquidarlo, como han sido sus aspiraciones no alcanzadas desde hace 17 años.-

¿SE SOLVENTARÍA LA “CRISIS” EN VENEZUELA CON LAS ELECCIONES DEL 6-D?

¿SE SOLVENTARÍA LA “CRISIS” EN VENEZUELA CON LAS ELECCIONES DEL 6-D?

 

  

De cara a las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre, la oposición ha insistido en presentarse demagógicamente como la panacea de la “crisis” en Venezuela, atribuyéndole la responsabilidad de todo lo que ocurre al gobierno de Maduro. Bajo esa óptica, muchos “chavistas revolucionarios” se han dejado envolver, coincidiendo con el punto de vista de la oposición, algunas veces impulsados por algún tipo de resentimiento contra quienes dirigen al Psuv y las instituciones del Estado, mientras que en la generalidad de los casos sólo es producto de su inconsistencia ideológica o de su evidente inmadurez política.

Sin embargo, se podría ser aún optimista respecto a la situación que vive el país, considerándola con criterios de urgencia y, si se quiere, con criterios realmente socialistas, de manera que se entienda que no basta con que el Presidente Maduro adopte medidas de tipo coyuntural que baje el clima de ingobernabilidad que pretende imponer la oposición y sus mentores imperialistas, o anhelar que ocurra un golpe de suerte que permita recuperar los precios del petróleo en corto tiempo y así disponer de los recursos económicos necesarios para mantener a salvo la economía del país.

De ahí que la desarticulación de las matrices de opinión elaboradas por los grupos opositores requiere de mayor contundencia del chavismo gobernante, siendo uno de sus pilares fundamentales lo logrado en la última década a favor de la inclusión y justicia social mediante una mejor redistribución de los dividendos de la industria petrolera. Esto podría lograrse sin mucho afán, pero lamentablemente quienes dirigen los partidos políticos y las diversas instituciones del Estado poco han hecho para fomentar un acompañamiento político-ideológico respecto a las misiones sociales ideadas por Hugo Chávez, siendo el eslabón más débil de todo este proceso de cambios en Venezuela, lo que ha contribuido -directa e indirectamente- a posicionar las matrices opositoras.

Por otra parte, la escasa efectividad que muchos perciben respecto al combate serio y firme que debiera sostenerse contra el flagelo de la corrupción y la impunidad fomenta disgustos y desconfianzas entre la población. Esto exige -si se comprendiese cabalmente la situación creada- un equipo político y económico que recupere y asuma decididamente el rumbo marcado por el Presidente Chávez en su alocución del golpe de timón, cuando fustigó a ministros y seguidores a efectuar las correcciones necesarias para profundizar las transformaciones pautadas por la revolución bolivariana, así como a no temerle a la crítica y la autocrítica.

Por ello, el reto de oxigenar la marcha del proceso revolucionario bolivariano, creando la transición hacia el modelo de civilización del vivir bien, obliga a derribar definitivamente el viejo orden establecido, no a maquillarlo. Para alcanzar tal objetivo es vital el ejercicio de la democracia directa por parte de los sectores populares mayoritarios, superando el marco meramente electoral.

No obstante, aún hará falta que quienes impulsen la revolución bolivariana en Venezuela, comprendan que se debe sobrepasar el marco de referencia creado bajo el chavismo; por lo que tienen que plantearse situaciones, estrategias y visiones que permitan superar el actual orden de cosas, sabiendo de antemano que -pese a los avances hechos en materia de redistribución de la riqueza nacional y de inclusión social- aún faltaría mucho por definir y por hacer respecto a lo que ha de ser realmente el socialismo bolivariano en Venezuela.

Aquellos que confían ilusamente en que un triunfo mayoritario de los candidatos y las candidatas de la oposición en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre sería la solución a lo que ellos llaman crisis, habría que decirles que no bastará con un simple cambio de gobierno mientras persistan la lógica, las relaciones de producción y las mismas estructuras del viejo sistema capitalista. En cuanto a revolucionarios y chavistas, habría que reiterarles que toda revolución que se pretenda socialista supone una transformación radical del modelo de civilización imperante, lo cual no se realizará jamás si no existe un nivel de conciencia revolucionaria, en contínua evolución y revisión crítica, entre quienes han llegado (o llegarían) a conformar su vanguardia.-

 

UNA PLATAFORMA DE CUADROS REVOLUCIONARIOS EN MEDIO DE LA COYUNTURA ELECTORAL

UNA PLATAFORMA DE CUADROS REVOLUCIONARIOS EN MEDIO DE LA COYUNTURA ELECTORAL

 

En esta nueva coyuntura electoral, los revolucionarios y chavistas tendrían que fijar su atención especial en lograr definitivamente la consolidación del proyecto de la revolución bolivariana socialista y así derrotar con sus esfuerzos diarios a quienes, desde adentro y desde afuera de Venezuela, se mantienen conspirando sin descanso contra los logros del pueblo y la gobernabilidad de nuestro país.

En tal sentido, se requiere ir conformando en todo el país una Plataforma de Cuadros Revolucionarios, con gente realmente comprometida ética y moralmente con la revolución socialista bolivariana, la cual sirva también para aportar propuestas que trasciendan el simple marco electoral, puesto que, más allá de ello, se necesita fijar estructuras, tácticas y estrategias que le permitan al pueblo organizado avanzar en la profundización de la democracia participativa y del poder popular.

De ahí que -coincidiendo con analistas nacionales e internacionales- deba considerarse de vital importancia el triunfo electoral del chavismo el próximo 6 de diciembre en todas las circunscripciones, en vista de hallarse en riesgo todo lo logrado durante más de una década bajo el liderazgo del Presidente Hugo Chávez, sea en materia social, económica y/o política, al depender las decisiones legislativas de la contrarrevolución y de aquellos que, proclamándose chavistas, se han dejado guiar por sus ambiciones, resentimientos y falta de consistencia ideológica, sirviéndole ambos elementos de peones a los intereses hegemónicos del imperialismo gringo.

Por eso no puede desestimarse que, al igual que en las demás elecciones anteriores, estas elecciones de diputados a la Asamblea Nacional representan una nueva oportunidad para que el pueblo revolucionario sea capaz de establecer su hegemonía y de acabar con la permanente campaña de desestabilización que los sectores de la oposición, junto con sus mentores extranjeros, sobre todo, mantienen contra la economía y la soberanía del país.

De este modo, no sólo se dispondrá de una Asamblea Nacional con mayoría chavista que respalde las iniciativas y el gobierno del Presidente Nicolás Maduro sino que también se podrá contar con esta misma mayoría de diputados (lo quieran algunos o no) para impulsar decididamante los cambios estructurales que aún requiere Venezuela, especialmente en lo que se relaciona al orden político como también económico, de manera que la revolución socialista y el poder popular dejen de ser realidades retóricas para convertirse en realidades históricas concretas.

Asimismo, la actual conjunción de partidos políticos y de movimientos sociales en el Gran Polo Patriótico (GPP) podría ser aprovechada para delinear y poner en práctica un liderazgo de carácter colectivo e inclusivo, donde se manifiesten y respeten todas las tendencias ideológicas existentes en función de trabajar activamente por la construcción de un nuevo modelo de Estado, al igual que en fortalecer de forma sincera al poder popular.

Para ello es imprescindible que el GPP (superando los sectarismos de sus componentes) pase a ser una instancia revolucionaria de consultas, propuestas y debates que sirvan para orientar la gestión de gobierno en todos sus niveles y, por supuesto, para blindar al proceso revolucionario bolivariano socialista contra los ataques de los factores de la contrarrevolución endógena y exógena. Esto le exigiría a todos los partidos políticos y movimientos sociales plantearse una integración efectiva y no meramente electoral, cosa que se dificulta aún más si su interés primordial es lograr cuotas de poder y no en fortalecer el avance revolucionario del pueblo venezolano.-