Blogia
Homar_mandinga

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA VERDAD RELATIVA DEL SOCIALISMO EN VENEZUELA

LA VERDAD RELATIVA DEL SOCIALISMO EN VENEZUELA

 

El derroche de discursos y propaganda oficiales respecto a la existencia del socialismo en Venezuela ha causado que alguna gente sea pasto de la demagogia de los grupos opositores al gobierno chavista. Esto, por una sencilla y evidente razón: no existe tal socialismo en Venezuela. Algo escandaloso, si se quiere, pero que es preciso desnudar sin tapujos, de modo que ello provoque una reacción en cadena propositiva entre quienes aspiran y luchan por ver convertida en realidad plena esa alternativa utopista frente al modelo de civilización capitalista actual. Sería obligatoria la generación de un debate serio y profundo que dé cuenta del tipo de socialismo revolucionario que responda a la idiosincracia, las costumbres y las necesidades materiales y espirituales del pueblo venezolano, entendido éste como los sectores populares mayoritarios, los mismos que identificaron en Hugo Chávez la encarnación de sus luchas y esperanzas de siglos.

 

Ahora que la derecha nacional e internacional han enfilado con mayor énfasis sus ataques contra el gobierno de Nicolás Maduro, creando situaciones de proto-guerra que, de alguna forma, posibiliten una intervención abierta y a gran escala por parte del imperialismo gringo, se hace más que necesario ahondar más en las definiciones, las características y los objetivos de ese socialismo que muchos etiquetan como bolivariano y otros del siglo 21, pero que, en un sentido amplio y general, representa la mejor opción que tienen ante sí los sectores populares para acceder a un nivel superior de bienestar material, cosa que se les haría prácticamente imposible bajo el régimen de la lógica capitalista, sobre todo de estirpe neoliberal.

 

Es por eso que se replantea tal debate. Sin embargo, muchos lo limitan a los espacios de sus respectivas organizaciones partidistas, donde todos sus militantes estarían automáticamente de acuerdo, sin dejar lugar a una crítica y a una autocrítica reales que pudieran esclarecer y resolver las deficiencias, las inconsistencias y las contradicciones de las que adolecería la construcción y conceptualización de este nuevo socialismo bolivariano, o del siglo 21. Lo que conspira contra ello es el pragmatismo dominante en los partidos políticos, en los colectivos populares y, destacando por encima de éstos, en las instituciones (viejas y nuevas) del Estado demo-liberal-burgués, como lo denominara muchas veces en sus escritos José Carlos Mariátegui; prevaleciendo en todos el tareísmo, especialmente electoral, sin permitirse crear plataformas innovadoras desde las cuales se puedan anticipar y concretar espacios de protagonismo y participación popular que den nacimiento a una democracia más directa y, por tanto, socialista. Este sería un compromiso largamente diferido con el proceso de revolución patriótico-popular que habría en Venezuela, beneficiando especialmente a aquellos que ocupan y dirigen las diversas estructuras que conforman el Estado demo-liberal-burgués, incluyendo a sus partidos políticos legalmente constituidos.

 

Por supuesto, tal compromiso implica mantener una posición explícitamente subversiva, o subvertora, que demanda -a su vez- no sólo el cuestionamiento radical de todo lo que representa el orden establecido sino también, y fundamentalmente, elaborar una propuesta revolucionaria a ser adoptada, comprendida, compartida y enriquecida por los sectores populares que serán -al fin y al cabo- sus destinatarios y protagonistas principales; aun cuando la misma dinámica política oscile, por ahora, entre la oferta opositora y la oferta chavista, sin que (aparentemente) haya otras en perspectiva.

 

Al mismo tiempo, este compromiso con la revolución patriótico-popular no puede estancarse en resaltar únicamente lo hecho y lo dicho por Hugo Chávez (sin hacerlo a un lado). Tiene que extenderse al rescate y valorización del ideal bolivariano, de la fe popular en el ideal socialista y de la capacidad creadora del pueblo venezolano para asumir el desafío de instaurar un nuevo orden social, económico y político donde su influencia, su cultura, su historia de luchas, sus decisiones y su participación sean elementos insoslayables en todo momento; evitando lo más que se pueda que el pragmatismo (a pesar de sus muchas justificaciones) termine por diluirlos y pervertirlos, haciendo del socialismo revolucionario una verdad relativa, pero jamás una realidad concreta (e inmediata) en Venezuela.-

 

VENEZUELA: ENTRE LA REVOLUCIÓN Y LA BURGUESÍA ESTÉRIL Y PARASITARIA

VENEZUELA: ENTRE LA REVOLUCIÓN Y LA BURGUESÍA ESTÉRIL Y PARASITARIA

Según se desprende de su historia, desde la época de Antonio Guzmán Blanco hasta el presente, lo que podría calificarse como burguesía en Venezuela no ha sido más que una burguesía (u oligarquía) parasitaria, estéril y antinacional que poco tendría en común con la existente en otras latitudes, salvo su propensión por obtener ganancias fáciles y cuantiosas. Así, su existencia se debe básicamente a las conexiones establecidas con quienes administran las diversas instituciones del Estado venezolano, ejerciendo un control sobre las leyes y medidas que éstas pudieran adoptar en algún momento, a fin de no afectar sus intereses; intereses que, al mismo tiempo, están ligados a los de las grandes corporaciones transnacionales capitalistas. Esta historia es interesante que se conozca y divulgue, ya que explicaría suficientemente el carácter «capitalista» de la economía nacional, además de lo que ha sido la lucha de «resistencia» que esta burguesía mantiene desde hace años contra un proyecto transformador, revolucionario y nacionalista que, de concretarse en un futuro inmediato, significará darle un mejor y seguro nivel de vida a la amplia mayoría que estuvo largamente excluida del goce de los dividendos obtenidos de la renta petrolera.

Recurriendo a lo escrito en “Venezuela violenta“ por Orlando Araujo, esta burguesía “no es una clase creadora de riqueza como históricamente fue la burguesía en las primeras etapas del capitalismo. Esta clase no imita el capitalismo en Venezuela, es sencillamente la proyección colonial de un sistema capitalista foráneo más avanzado. Su papel es el de un agente de ese capitalismo, su función es intermediaria y su poder económico es derivado de otro fundamental y mayor. Sus ingresos no provienen de una combinación arriesgada de factores de producción sino de una comisión: la comisión del intermediario que compra afuera y vende adentro. No es, pues, una burguesía productora sino una burguesía estéril». Como es fácil de deducir, su ideología está subordinada a los intereses de aquellos que rigen el sistema capitalista global, reflejada en la exigencia de una no intervención del Estado en el orden económico, las prácticas monopolísticas y la demanda permanente de divisas, créditos, exoneraciones y normas legales que vayan siempre en favor de sus objetivos, influencia e intereses como clase dominante; todo lo cual se halla en sintonía con el capital extranjero.

Por ello, apelando a lo puntualizado por Lenin en su obra clásica “El Estado y la Revolución” -y considerando las especificidades de Venezuela-, es fundamental que se actúe con resolución en la transformación de este modelo rentista en que se encuentra esta nación; hace falta que se pase a organizar la gran producción con “los obreros, partiendo de lo que ha sido creado ya por el capitalismo, basándonos en nuestra propia experiencia obrera, estableciendo una disciplina rigurosísima, férrea, mantenida por el poder estatal de los obreros armados; reduciremos a los funcionarios del Estado a ser simples ejecutores de nuestras directivas, ’inspectores y contables’ responsables, amovibles y modestamente retribuidos (en unión, naturalmente, de técnicos de todas clases, de todos los tipos y grados): he ahí nuestra tarea proletaria, he ahí por dónde se puede y se debe empezar al llevar a cabo la revolución proletaria. Este comienzo, sobre la base de la gran producción, conduce por sí mismo a la ’extinción’ gradual de toda burocracia, a la creación gradual de un orden -orden sin comillas, orden que no se parecerá en nada a la esclavitud asalariada-, de un orden en que las funciones de inspección y de contabilidad, cada vez más simplificadas, se ejecutarán por todos siguiendo un turno, acabarán por convertirse en costumbre, y, por fin, desaparecerán como funciones especiales de una capa especial de la sociedad.”

Esto, que pudiera sonar a utopía para muchos, incluso para quienes se identifican como revolucionarios, pudiera iniciarse bajo el esquema de una economía comunal, estableciendo la propiedad social o colectiva de algunos (por no decir, todos) los medios de producción, salvo los estratégicos que aún, durante algún tiempo que no podríamos precisar, estarán en manos del Estado; dándose cabida a lo que ha de ser la democracia directa, revolucionaria y socialista.-

LA ULTRADERECHA Y SUS “NUEVOS” PLANES DE DESESTABILIZACIÓN

LA ULTRADERECHA Y SUS “NUEVOS” PLANES DE DESESTABILIZACIÓN

No causa sorpresa alguna, ni se puede dudar, que la ultraderecha busca reavivar nuevamente sus planes en contra de la estabilidad del país, por lo que sus dirigentes querrán relativizar y normalizar la violencia en todas sus formas, haciéndole creer al mundo que todo esto responde a una reacción espontánea del pueblo como parte de la supuesta descomposición social que se estaría sufriendo ante la situación creada por la especulación, el desabastecimiento programado y el contrabando de productos nacionales hacia la frontera colombo-venezolana.


Esto se haría tratando de inculcar miedo entre los electores e influir en su intención de voto para las elecciones parlamentarias de este año, desde luego, endosándole al gobierno venezolano la falta de un control efectivo sobre la violencia que causarían grupos paramilitares o, más bien, mercenarios, asociados a sus organizaciones partidistas reaccionarias, y haciendo ver que el Presidente Maduro boicotearía estas elecciones, a pesar de sus afirmaciones públicas en cuanto a que éstas se harán en la fecha determinada por el Consejo Nacional Electoral (CNE), así “llueve, truene o relampaguee”.


Ante este posible escenario, no le quedará más alternativa a las autoridades nacionales y regionales sino redoblar sus esfuerzos a través de permanentes Operativos de Liberación y Protección del Pueblo, de manera que sean detectados a tiempo los grupos que estarían fomentando la violencia al estilo de lo ocurrido desde hace tiempo en Colombia y aspiran someter a la población venezolana a un estado generalizado de inseguridad.


Esto, sin embargo, no debiera quedarse en el papel. Tales operativos tendrían que estar ampliamente respaldadas por todos los sectores sociales en vista que cada uno de ellos es, directa e indirectamente, afectado por las acciones violentas y delictivas de los grupos de la oposición, por lo que no se puede desconocer el origen y el propósito de las mismas, aun cuando otros (ubicados en el bando opositor, se entiende; pero sin descartar a otros supuestamente revolucionarios o chavistas) prefieran aprovecharse de la ocasión para acusar al gobierno nacional, una vez más, de estar violando los derechos humanos, en una presunta escalada hacia el fascismo, sin tomar en cuenta que tales derechos son violados por aquellos que procuran repetir el formato de la para-política colombiana a través de asesinatos supuestamente aislados o circunstanciales, además de las güarimbas.


Adicionalmente, sería oportuno determinar si, en el contexto venezolano, cabe hablar aún de paramilitares, en vista que -como lo define el antropólogo y sociólogo mexicano Gilberto López y Rivas en su artículo “Paramilitarismo y contrainsurgencia en México, una historia necesaria”, publicado en www.telesurtv.net, “los grupos paramilitares son aquellos que cuentan con organización, equipo y entrenamiento militar, a los que el Estado delega el cumplimiento de misiones que las fuerzas armadas regulares no pueden llevar a cabo abiertamente, sin que eso implique que reconozcan su existencia como parte del monopolio de la violencia estatal. Los grupos paramilitares son ilegales e impunes porque así conviene a los intereses del Estado. Lo paramilitar consiste, entonces, en el ejercicio ilegal e impune de la violencia del Estado y en la ocultación del origen de esa violencia”. Algo que se ha evidenciado profusamente en México y Colombia, del mismo que ocurriera en Venezuela y el cono sur del continente entre las décadas de los 60 y los 90 del siglo pasado. Éste no sería, al menos hasta donde se conoce, el caso actual de Venezuela, por lo que el término más exacto a utilizar sería, más bien, el de mercenarios, dado que la mayoría de quienes actúan bajo esta modalidad para-política (siguiendo lo impuesto) sirve en la guerra a un poder extranjero (léase, sectores reaccionarios, nacionales e internacionales) a cambio de una paga o remuneración por sus servicios.-


LOS OTROS SUJETOS DEL CAMBIO REVOLUCIONARIO

LOS OTROS SUJETOS DEL CAMBIO REVOLUCIONARIO

 

Para reforzar y ampliar las potencialidades del proyecto transformador de la revolución bolivariana en Venezuela, lo ideal sería fomentar el surgimiento de novedosas formas de organización popular, que reflejen la idiosincracia heterogénea del pueblo venezolano, siendo ésta -como lo es- producto del entrelazamiento étnico que hubo en este territorio luego de la invasión europea y la importación forzada de negros africanos esclavizados. Esto, además, contribuiría a desarrollar una identidad popular completamente diferente a aquella que quiso imponerse bajo los parámetros desarrollistas y reformistas que prevalecieron en el país durante los cuarenta años del régimen bipardista surgido del Pacto de Punto Fijo. Esto llevaría a replantearse, ineludiblemente, marcos teóricos que sirvan de orientadores respecto a las situaciones, tensiones y contradicciones surgidas en el camino transitado hasta ahora, proclamando la necesidad histórica del socialismo revolucionario, pero curtido y abonado con las experiencias extraidas del devenir venezolano.

 

Ello ha de conducir -aún sin quererlo- a un cuestionamiento y desplazamiento radical de la universalización del mercado y de la lógica capitalistas, las que han demostrado ser las causas de la problemática generalizada y los conflictos que aquejan a los pueblos en todo el planeta; incluyendo en esto la realidad y vigencia del Estado-nación, ya que ambos elementos están imbricados de tal modo que es difícil separar a uno del otro. De hecho, se debe objetar todo lo referente a estos elementos característicos del modelo de civilización actual, entendiendo de antemano que los mismos no son totalmente uniformes, pese a sus raíces comunes, sobre todo en las naciones de nuestra América.

 

Al mismo tiempo, aunque existan marcadas deficiencias teóricas respecto a cómo lograr una transición segura y enmarcada en un proyecto de revolución real, los excluidos y humildes (aquellos que sólo han servido para enriquecer a una minoría y encumbrar a unos oportunistas y demagogos en el poder) con todo lo que ello implica en su contra, podrían convertirse en sujetos del cambio revolucionario, configurando así una nueva situación desde la cual plantearse -en el terreno económico y productivo- una lucha de resistencia frente al sistema capitalista existente, excediendo la vigencia e influencia del sistema de partidos políticos. Para muchos, esto representaría una vuelta a la utopía que tanto combatieran en el pasado los seguidores del materialismo histórico, sin embargo, es una opción que abre posibilidades de engendrar algo más que la simple satisfacción de una necesidad política o material coyuntural; llegando a promover formas de propiedad social/comunitaria que allanen el camino hacia un modo de vida radicalmente distinto, basado en principios de reciprocidad, redistribución y/o autoabastaecimiento. Una buena oportunidad la ofrecen las comunas y los consejos comunales, si se les diera -sin disminuir el paso- esa visión revolucionaria de ir sustituyendo las estructuras y las relaciones de poder vigentes; transformando (a pesar de los remanentes de democracia representativa que todavía subsisten) la concepción que se tiene de la democracia participativa y protagónica a una de mayor significación y efectividad: la democracia directa.

 

Por tal motivo, es imprescindible generar enclaves de poder soberanos y subversivos del orden establecido, lo cual tendrá que ser acompañado por nuevos valores individuales y colectivos que moldeen esa nueva cosmovisión enraizada en lo que se es, y se ha sido, históricamente como pueblo, en constante lucha por mejores niveles de vida, la igualdad social y la soberanía popular, entre otras aspiraciones legítimas, que den nacimiento a un nuevo tipo de modelo civilizatorio donde no sólo se restituya la dignidad de los seres humanos sino que sea restituida también su relación armónica con la naturaleza que lo sustenta.-

 

 

 

REQUERIMIENTO DE UNA ANTIÉLITE GENERACIONAL E IDEOLÓGICA

REQUERIMIENTO DE UNA ANTIÉLITE GENERACIONAL E IDEOLÓGICA

Vivo Hugo Chávez, en Venezuela algunos de los revolucionarios que lo respaldaran quisieron que éste acelerara los cambios que, según su parecer, serían necesarios para consolidar y profundizar lo iniciado en lo económico, lo político y lo social desde 1999, especialmente lo que contenía el paquete de leyes generadas por medio de la Ley Habilitante que, entre otras legislaciones relevantes, incluyó la Ley Orgánica de Hidrocarburos, la Ley de Pesca, la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas, la Ley General de Puertos y la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario; con las cuales empezó a delinearse una nueva realidad en el país, al mismo tiempo que escandalizaron a los sectores tradicionalmente dominantes, viéndose afectados en sus intereses. En algunos casos, esto los llevó a entablar -prácticamente- un enfrentamiento con el mismo Chávez, sobre todo en el campo electoral, al postular candidaturas opuestas a la línea oficial.

Es fundamental tener en cuenta que se impone cambiar en Venezuela no sólo ciertas formas políticas o económicas tradicionales, sino la forma de vivir y de entender la vida, con una visión multidimensional que dé vigencia real y duradera al socialismo bolivariano, o del siglo 21, del cual hablara siempre Hugo Chávez; yendo a la raíz de los problemas y no sólo a los síntomas. Por esto es imprescindible recuperar la voluntad y la tarea revolucionaria de construir unos nuevos valores y unas nuevas formas de organización sociales que reemplacen los valores hegemónicos y las instituciones vigentes sobre los que se ha erigido el modelo civilizatorio actual, reactualizando la necesidad histórica de la utopía subversiva. No son suficientes las pequeñas mejoras en materia de participación política, de legislación laboral o educativa, de vivienda o de salud, mientras el Estado y, con él, el modelo civilizatorio que le acompaña, no sean totalmente cambiados, privilegiándose la democracia directamente ejercida por una mayoría consciente y organizada.

De allí que se imponga el requerimiento del surgimiento -de ser posible, simultáneo- de una antiélite generacional y de una antiélite ideológica que puedan asumir, con la responsabilidad histórica que les corresponde, el estudio, la conducción y la orientación del proceso revolucionario emprendido en este país, de modo que haya un salto cualitativo que facilite la transición esperada mediante la instauración de paradigmas alternos que nazcan de una praxis formativa realmente revolucionaria; así como de nuevas estructuras autónomas, comunitarias y ecológicas que perfilen un nuevo Estado (hasta donde éste aún sea necesario) y un nuevo modelo civilizatorio, evitando la implantación imitativa de ideas y experiencias ajenas a la realidad particular venezolana, sin que ello signifique caer en un chovinismo trasnochado.

Tocará entonces a esta antiélite generacional e ideológica promover cambios, incluso al margen (y en contra) del Estado y del marco legal ahora vigentes. Cambios que podrán sustentarse en un mutualismo autogestionario, de un modo semejante al de las antiguas civilizaciones aborígenes de nuestro continente. Esto les permitirá convertirse en referencia de otros grupos que, al igual a ellos, exigen resolver satisfactoriamente las contradicciones e incongruencias contra las que se lucha y son herencia del viejo orden establecido.

¿QUÉ CAMBIARÍAMOS EN VENEZUELA: AL GOBIERNO O AL SISTEMA?

¿QUÉ CAMBIARÍAMOS EN VENEZUELA: AL GOBIERNO O AL SISTEMA?

 

Con los acontecimientos en pleno desarrollo, como diría el periodista y analista Walter Martínez cada noche en su programa televisivo Dossier, plantear una solución viable e inmediata ante el actual escenario económico venezolano es algo que se antoja difícil de hacer. Muchos economistas y analistas coinciden en la necesidad de aplicar medidas contundentes que frenen la ola especulativa, el contrabando de extracción y el acaparamiento de diversidad de productos de consumo masivo, pero éstas se estrellan ante la aparente imposibilidad de aplicarlas con los resultados esperados, dada la maraña de corrupción existente en diferentes niveles, incluyendo empresarios, autoridades civiles y militares, sin dejar a un lado lo propio de los sectores populares que se han sumado a la misma como manera fácil e inmediata de obtener ganancias y/o de mercancías necesarias para sus hogares. La situación, sin embargo, revela algunas incongruencias en la construcción de un modelo económico alternativo al capitalismo, incongruencias que surgen en vista que -básicamente- toda la estructura económica del país tiene su soporte principal en la renta petrolera, lo cual ha permitido que exista una "burguesía" parasitaria o bodeguera que naciera a la sombra del Estado.


Como lo resume el economista argentino Claudio Katz en su artículo Las batallas de Venezuela, "el proyecto socialista implica saltar el escalón inicial de reformas que introdujo el chavismo, para diversificar la economía, modificar la gestión del Estado y reducir la atadura a la factura petrolera. El logro de esas metas exige erradicar los privilegios de la burguesía". Esta sencilla reflexión recuerda lo afirmado en su momento por el Presidente Hugo Chávez en el Plan de la Patria: "No nos llamemos a engaño: la formación socio-económica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista. Ciertamente, el socialismo apenas ha comenzado a implantar su propio dinamismo interno entre nosotros. Éste es un programa precisamente para afianzarlo y profundizarlo; direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo".

 

Con esto presente, quienes le han relevado en la conducción del proceso revolucionario y del Estado debieran entender que no bastan las fórmulas populistas para acabar y reemplazar el sistema capitalista en Venezuela. Hace falta, como lo expuso Chávez en la introducción de dicho Plan, "un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva socialidad desde la vida cotidiana donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política".

 

Por eso la pregunta a responder sería más bien, ¿qué cambiaríamos en Venezuela: al gobierno o al sistema? A la oposición le resulta más cómodo hablar de cambio de gobierno y de fracaso del modelo económico, a sabiendas que el mismo es, fundamentalmente, capitalista. Para el gobierno, la tarea tendría que ser la de impulsar una verdadera transformación estructural en el campo político y económico, de modo que existan esas nuevas formas de gestión pública de las cuales habló Chávez y sean modificadas las relaciones sociales de producción. Para los sectores populares -comprometidos con la subversión del orden existente- es la oportunidad de cuestionar y transformar radicalmente todas las estructuras que distinguen al modelo societario o de civilización imperante en Venezuela, desnudando sus verdaderos intereses e ideología, es decir, los mismos intereses e ideología que legitiman a la clase y los grupos dominantes.-

LA "GRANDEZA PATRIÓTICA" DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

LA "GRANDEZA PATRIÓTICA" DE LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

 

Ajustada a un guión de mentiras preestablecido, con el que persigue disminuir el efecto causado por sus innegables acciones desestabilizadoras entre la opinión pública, sobre todo exterior, la oposición venezolana no deja de ser noticia. De una u otra forma, sus representantes se hacen notar, ya sea a través de matrices de opinión difundidas en todos los medios de información que están a su entera disposición, con sus actitudes y mensajes abiertamente fascistoides, además de la violencia callejera con que intentan intimidar al pueblo, o lo más cumbre de su comportamiento, con el desprecio reiterado a todo aquello que simbolice de algún modo positivo un sentimiento patriótico.


Esto último no es cuento. Es una verdad verificable. La oposición siempre ha mostrado un desdén por los símbolos patrios, a tal punto que la Bandera tricolor sufrió una alteración de sus colores tradicionales, reemplazándose su azul por el negro, y colocándola en forma invertida para, aparentemente, manifestar su protesta contra el régimen que, según su mentalidad de clase, está acabando con los derechos del pueblo; negándose a aceptar la inclusión de una octava estrella, tal como lo solicitara Simón Bolívar y lo cumpliera el pueblo de Venezuela bajo el liderazgo de Hugo Chávez. Otro tanto ocurre con el término Patria, ahora revestido de una connotación más apropiada y más sentida que en el pasado, igualándolo con la necesidad de adquirir papel higiénico y otros productos de consumo masivo, acaparados, justamente, por quienes le siguen el juego a la oposición, sin considerar sus efectos nocivos a largo plazo en el país.


Y si le sumamos a esta breve relación de la "grandeza patriótica" opositora el hecho histórico terrible del 12 de abril de 2002, cuando arrumaron el cuadro del Libertador Simón Bolívar en un baño del palacio de gobierno de Miraflores sólo porque el Presidente Hugo Chávez lo situara en un lugar de honor, como merece estarlo siempre, y lo catalogara de ser el inspirador fundamental del proyecto transformador e ideológico que, desde 1999, adoptaron y han defendido los sectores populares venezolanos. Esto sería la guinda del pastel, como se dice, pero no ha sido así. Nuevamente, con su torpeza característica, la oposición se anota otro punto en eso de mantenerse vigente mediáticamente. Esta vez haciéndole comparsa a las intenciones gringas cuando Obama dió a conocer su decreto ejecutivo sobre Venezuela, calificándola de ser una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad y los intereses de Estados Unidos. Quizás sus máximos representantes pensaron en la inminencia de una invasión gringa que desalojara a Nicolás Maduro de la presidencia y les sería traspasada a ellos como garantes de la "pax" imperial y de la vuelta al pasado en territorio venezolano.


Hasta allí podría limitarse el expediente de actitudes y acciones que nos hablan de la "grandeza patriótica" de la oposición. Sin embargo, tal parece que su objetivo final es derruir por completo todo lo que cause orgullo entre quienes se consideran patriotas, ridiculizando a los próceres que identifican la gesta independentista, sin que haya una medida contundente de las autoridades para impedirlo. Como puede deducirse fácilmente, a la oposición no la motiva sino su mezquina ambición de poder. Si para satisfacerla tiene que lamer los zapatos de los poderes fácticos del imperio gringo, lo hará sin mostrar ningún empacho.

 

No en balde, durante cuarenta años sus "prohombres" del Pacto de Punto Fijo se amoldaron sin remilgos a la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos y fueron capaces de mantener una política oficializada de hambre, miseria y represión, sin que ninguna jerarquía eclesiástica u organismo internacional condenara en algún momento la barbarie encubierta instaurada en Venezuela. Así que la oposición, al reivindicar este pasado nefasto para los sectores populares, no podría asumir otra condición distinta a la exhibida hasta ahora, es decir, ésa que surge de la contrahistoria y le hace ir contra la corriente, a pesar de todos sus errores.-

LA REVOLUCIÓN Y EL PAVOR ATÁVICO DE LA BURGUESÍA

LA REVOLUCIÓN Y EL PAVOR ATÁVICO DE LA BURGUESÍA

   Para alguien cuerdo en Venezuela u otra nación de este planeta, resultaría incomprensible y hasta extravagante el comportamiento disociado y la intolerancia extrema de la oposición venezolana (expresada en un discurso clasista y racista que los lleva a ignorar -tajantemente- la existencia de los sectores populares que eligieron a Chávez y a Maduro), cuando sus propósitos estarían apuntando a la conquista del poder constituido. Sus máximos representantes, tanto los que se hallan en el territorio nacional como aquellos que disfrutan de un auto-exilio dorado en el extranjero, principalmente Miami, han instigado sabotajes de servicios públicos, boicot económico, atentados terroristas, financiamiento de bandas de agitadores, asesinatos selectivos de dirigentes chavistas destacados, y desmoralización mediática, entre otras cosas, en un raro intento por captar la voluntad del pueblo y así lograr la meta que se han trazado de acabar con el proceso de revolución bolivariana, iniciado bajo el liderazgo del Comandante Hugo Chávez.

     En algunos casos (verificables, sobre todo en las redes sociales), hacen gala de un sifrinaje político con el cual parecen auto-congraciarse, queriendo demostrar una superioridad racial y social, remedando anacrónicamente a los mantuanos, sus antecesores de la época colonial, creyéndose estar por encima de la mayoría de la población, a la cual someten a todo tipo de insultos y descalificaciones. Esto los ha conducido a juzgar que sus intereses particulares son los mismos de la mayoría, además de estar revestidos de una inmunidad absoluta ante la aplicación de las leyes, de modo que cualquier acción del Estado para que paguen por los delitos cometidos (incluyendo un golpe de Estado mediante el cual quedaron abolidos todos los derechos constitucionales establecidos, violencia callejera, destrucción de edificaciones y vehículos públicos) es automáticamente desacreditada, culpándose al gobierno chavista de violar sistemáticamente los derechos humanos y de acosarlos y encarcelarlos por disentir de su ideología política.

     Por eso, cuando Chávez empezó a cambiar la correlación de fuerzas existente en el país, aplicando una redistribución de la riqueza social generada por la renta petrolera, sonaron las alarmas de la burguesía, una burguesía que a todas luces siempre ha sido parasitaria, obteniendo y asegurando su fortuna gracias al contubernio sostenido con los diversos gobiernos del pasado, además de su empalme con los intereses imperialistas de Estados Unidos. Como bien lo reconoce David Frum, en su artículo Venezuela: ¿abandonará el chavismo?: “Venezuela tiene una amarga historia nacional, y nadie había sido mejor vocero de los resentimientos y anhelos de sus clases subordinadas que Hugo Chávez. En una nación cuya élite históricamente parecía europea, el rostro de Chávez proclamaba su ascendencia indígena y esclavos africanos. Él bromeaba, se enfurecía, le concedía favores a los barrios y se hizo enemigo de las tradicionales clases altas”.

   Tal cosa era, y es, demasiado de soportar para una clase social que poco se involucraba directamente en la política y escasamente llegó a preocuparse por la suerte que corrieran sus "compatriotas" marginales. Máxime al oír de Chávez que se iniciaba en este país una revolución bolivariana, de carácter socialista, que les hizo revivir en esta burguesía parasitaria las viejas consignas anticomunistas de la Guerra Fría con que se atacaba a Cuba y a la URSS, destapando miedos atávicos que la impulsaron a respaldar alegremente el derrocamiento del gobierno en 2002. De ahí en adelante, ella activaría todo mecanismo de desestabilización diseñado por sus mentores gringos; a lo que se agrega el estrangulamiento y acoso económicos con que busca soliviantar, precisamente, a los sectores populares que tanto desdeñan. Hasta ahora, sus representantes se han mantenido en ese trance, absortos en su mundo de irrealidades, aún cuando manifiestan sus intenciones de participar en las elecciones parlamentarias que se realizarán este año, al mismo tiempo que acusan al CNE de fraude electoral, en una paradoja que no parece importarles mucho.-