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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

TRES FRENTES FUNDAMENTALES PARA LOGRAR LA REVOLUCIÓN

TRES FRENTES FUNDAMENTALES PARA LOGRAR LA REVOLUCIÓN

 

 Una medida revolucionaria de gran impacto en la coyuntura actual de Venezuela sería profundizar la organización popular a través de los consejos comunales, las comunas, los colectivos sociales, los sindicatos, los consejos de trabajadoras y toda otra forma de estructura político-territorial popular que surja, o haya surgido, al calor de la lucha revolucionaria, en tres frentes fundamentales: 1) El control directo de los medios de producción, modificando radicalmente las relaciones de producción y el sistema económico capitalista. 2) La constitución de un nuevo Estado, reemplazando las relaciones de poder vigentes mediante la práctica de la democracia directa. 3) La formación de una nueva ética político-ecológica, en función de los intereses colectivos, sin que ello signifique restringir la singularidad de las personas, la pluralidad y el debate del pensamiento, incluyendo las controversias que ello podría generar.


Esto debiera impulsarse mediante un amplio programa revolucionario que sea enriquecido, sin sectarismo alguno, por aportes provenientes de diversidad de corrientes ideológicas, al margen del escenario electoral clásico, bajo la comprensión que sin un poder popular organizado y consciente no habrá revolución posible. En este sentido, la consolidación de la movilización popular, lo mismo que la cristalización del proceso de concienciación al cual se debe todo revolucionario, tiene que materializarse en el fortalecimiento del poder de los sectores populares frente a las instituciones y estructuras que caracterizan al Estado liberal-burgués. Ella sería una vía apropiada para desmantelar la influencia perniciosa de la burocracia político-corporativa que administra el Estado, entendiendo que sus intereses son antagónicos al poder popular.


A la par de ello, habría que proponerse la construcción de una economía y de una producción social que, en un primer momento, sirvan para construir y asegurar, de manera verificable y constante, la soberanía alimentaria y la soberanía productiva que requiere el país, con lo cual se vencerían todas las estrategias implementadas por la contrarrevolución (externa e interna) para ahogar la economía nacional y, en consecuencia, impedir la estabilización definitiva de la revolución. En este caso, se impone la necesidad de desplegar modelos de desarrollo territoriales o comunales, con énfasis en el crecimiento agroecológico y la transferencia -incluso- de aquellas empresas socio-productivas en manos del Estado, donde se ponga en práctica esa nueva ética político-ecológica que debe distinguir el nuevo modelo civilizatorio por construir.


Si -como afirma la oposición en Venezuela- el escenario de transición post-chavista está montado, gracias a la campaña de desinformación generada con apoyo extranjero, los ataques de la derecha internacional, la corrupción administrativa, el desabastecimiento, la especulación y el contrabando continuados de diversidad de productos de consumo masivo; los sectores revolucionarios están obligados a fijarse una estrategia que resulte eficaz y pueda ser compartida por la población venezolana.


Como lo refiere Gramsci, "la particular cuestión del malestar o bienestar económico como causa de nuevas realidades históricas es un aspecto parcial del problema de la correlación de fuerzas en sus varios grados. Pueden producirse novedades, ya porque una situación de bienestar quede amenazada por el nudo egoísmo de un grupo adversario, ya porque el malestar se haya hecho intolerable y no se vea en la vieja sociedad ninguna fuerza capaz de mitigarlo y de restablecer una normalidad con medios legales. Por tanto, se puede decir que todos esos elementos son manifestación concreta de las fluctuaciones de coyuntura del conjunto de las correlaciones sociales de fuerza, en cuyo terreno se produce el paso de esas correlaciones sociales a correlaciones políticas de fuerza, para culminar en las correlaciones militares decisivas”. Esto implica superar el tareísmo y la militancia administrada, de manera que no existan frenos que obstaculicen el avance y la consolidación del poder popular, dando lugar al surgimiento de un tejido social que, a la larga, terminará por afectar la lógica capitalista en detrimento de la hegemonía ejercida por la clase dominante; siendo ello el objetivo primordial de la revolución.-

EL PUEBLO PARECE ESTAR MEJOR DEFINIDO

EL PUEBLO PARECE ESTAR MEJOR DEFINIDO

 

Si se pudiera extraer algo relativamente positivo de la posición sostenida durante década y media por la gente que desea destruir los avances sociales, políticos, culturales y económicos que prefigurarían la realización plena de la Revolución Bolivariana Socialista en Venezuela, sin duda alguna, ésta se comprendería y se incorporaría como un elemento más a esta lucha transformadora. Sin embargo, hasta ahora lo que ha dejado traslucir la oposición es una irracionalidad extrema que apenas permite plantearse el asumir como propia alguna de sus «propuestas democráticas».

Al contrario de lo que pudiera ser «su» proyecto de país, la oposición sólo ha mostrado un odio de clase, racista y fascista en muchos casos, que poco tendría que envidiarle al existente en Estados Unidos y Europa; siendo en consecuencia una mácula que pareciera más bien traspasarse de generación en generación desde los tiempos de la colonia española, a pesar de las consecuencias igualitarias de la guerra de independencia y de las guerras civiles que acá ocurrieron durante gran parte del siglo XIX e inicios del siglo XX. Una realidad que resulta completamente distinta entre los sectores populares, quizás debido a la persistencia de la ideología de los sectores hegemónicos que les hizo no tener conciencia de clase o, sencillamente, al hecho de no albergar en su ser íntimo resentimiento alguno, a pesar de la explotación, la opresión y la discriminación de las cuales fueran víctimas por largo tiempo.

Tal cosa no ocurre con el programa de cambio presentado originalmente por Hugo Chávez a los venezolanos, donde la creación y existencia del poder popular constituye un elemento medular y, por tanto, difícil de extirpar. Recogiendo, consolidando y, por supuesto, ampliando lo que allí propone Chávez, se podrían recuperar el estímulo y los compromisos que requiere el pueblo para avanzar decididamente en la construcción socialista de un nuevo orden social, político y económico en Venezuela basado en una nueva concepción del socialismo revolucionario; evitándose así la eventualidad nada improbable que todo colapse y sea restituido el viejo orden puntofijista, con predominio de una élite burocrático-capitalista eminentemente neoliberal, vinculada a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales que rigen el sistema capitalista global.

Así, entre quienes ejercen el poder en nombre del chavismo y aquellos que representan a las cúpulas tradicionales, muy escasamente se ha hecho para romper la polarización que podrían éstos representar mediante una alternativa política válida que contribuya a dinamizar -sin demagogia- el avance revolucionario popular. En cuanto a ello, alguien podría oponer el argumento que existe una diversidad de organizaciones partidistas en lo que se considera el chavismo, pero ello no es suficiente, dada la hegemonía ejercida sin resistencia por el Psuv; cuestión que se observa en cada proceso electoral y que escasamente permite afrontar los desafíos de la oposición de una manera contundente.

En medio de ambos extremos, los sectores populares parecen estar mejor definidos en cuanto a mantener el rumbo trazado desde 1999 por Hugo Chávez. Esto confunde a propios y extraños, cayendo en una lectura demasiado simple de la realidad venezolana; lo que obligaría a adoptar entre los estudiosos de este tema una nueva forma de abordarlo, hurgando en su historia profunda, aquella que está enlazada, de una forma u otra, con las luchas que tempranamente se desarrollaron en el territorio nacional contra los primeros invasores europeos y que se extienden hasta nuestros días.-

PEDRO CAMEJO Y LA IGNORANCIA DE LA HISTORIA

PEDRO CAMEJO Y LA IGNORANCIA DE LA HISTORIA

 

El interés y el conocimiento de la historia están por encima de cualquier ideología y conveniencia política. Por ello, es inaceptable que algunos pretendan imponer a otros su ignorancia y desprecio de la historia, escudándose tras el pueril argumento que vivimos nuevos tiempos y, por lo tanto, que no existe conexión alguna entre el pasado y el presente que nos motive a estar recordando acontecimientos y personajes que jamás conocimos, como lo hiciera saber el presidente Obama en la última Cumbre de las Américas celebrada en Panamá.

Esto se pudo observar en redes sociales en la ocasión del traslado y siembra de los restos simbólicos de Pedro Camejo, el Negro Primero, al Panteón Nacional. Algunas personas hicieron gala de su ignorancia y hasta dieron muestras innegables de racismo, a tal punto que acusaron al Presidente Nicolás Maduro de desviar la atención del pueblo venezolano en relación a la problemática que se padece en el ámbito económico-productivo, resaltando especialmente lo que sucede con la especulación, el contrabando y las colas sin control en gran parte del país. Tales muestras son, sin duda, resabios de la cultura colonial, la misma que los avatares de la independencia y las sucesivas guerras civiles que se produjeron en Venezuela durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XIX no pudieron extirpar del todo y que en la actualidad exhiben sin rubor aquellos que se oponen tercamente a reconocer el derecho de los sectores populares a un mejor nivel de vida y de democracia participativa.

Lo positivo de todo el revuelo causado por la decisión del Presidente Nicolás Maduro, es que Pedro Camejo obligó a muchos conocedores de la historia a replantearse su significado histórico y hasta se podría afirmar también que su significado sociológico, al igual que el de otros hombres y mujeres de su condición que comenzaron a ser reconocidos por todos en Venezuela gracias al Presidente Hugo Chávez. En el caso de Negro Primero es algo muy significativo, pero hay que aclarar también que Camejo no fue el único oficial negro del Ejército Libertador, como se ha pregonado en algunos medios de información, pues sería desconocer que hubo otro, de igual origen llanero, arrojo y patriotismo, como lo es el Coronel Juan José Rondón, héroe destacado de la batalla de Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819, a quien Simón Bolívar apreció mucho y cuyos restos se encuentran en el Panteón Nacional desde el 25 de agosto de 1896.

Este acontecimiento es, por consiguiente, un justo y merecido reconocimiento a los hombres y a las mujeres del pueblo que esparcieron su sangre en los campos de batalla y en las calles de nuestras ciudades en lucha por una plena igualdad y libertad, además de una mayor participación democrática, para todos y no de forma mezquina para una minoría, como lo pretendieron algunos en el pasado y aún siguen pretendiendo otros en el presente, sin considerar que mucho de lo que disfrutan en la actualidad se debe al esfuerzo y a la voluntad de quienes tanto han despreciado; como el Negro Camejo.-

LA URGENCIA DE UNA VOLUNTAD POLÍTICA PARA VENCER EL ASEDIO ECONÓMICO

LA URGENCIA DE UNA VOLUNTAD POLÍTICA PARA VENCER EL ASEDIO ECONÓMICO

 

Gracias al asedio impuesto por el sector privado de la economía, jugando una peligrosa estrategia desestabilizadora con que persigue destruir el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, se impone la necesidad —digamos, con carácter de urgencia— que sean los trabajadores y las diferentes organizaciones del poder popular quienes asuman tareas de control directo de la producción, la distribución y la comercialización de los productos de consumo masivo. Esta tarea tendría que estar, por supuesto, ampliamente respaldada por las diversas instituciones del Estado, a fin de reducir y dominar los efectos nocivos que tal asedio estaría ocasionando sobre la población, gran parte de la cual se ha visto obligada por las circunstancias a hacerse partícipe (y en algunos casos, cómplice) de la cadena de especulación, contrabando y acaparamiento que se ha extendido, prácticamente, a todo el país, complicando aún más las cosas.

Se requiere, por consiguiente, de una voluntad política por parte del estamento gobernante que sea determinante para facilitar la aplicación de mecanismos legales que contemplen la corresponsabilidad del poder popular organizado en esta materia. Esto debe expresarse en un mayor nivel de compromiso revolucionario de todos para que se impida que los grupos minoritarios de la oposición continúen distorsionando el panorama económico nacional y logren finalmente sus objetivos desestabilizadores. De igual modo, es preciso que esta corresponsabilidad no se halla subordinada a intereses sectarios o de segundo orden, en momentos que la derecha internacional enfila sus baterías hacia Venezuela con la clara intención de propiciar la realineación de las fuerzas antichavistas internas.

Además, hay que tener en cuenta -como lo apunta el economista argentino Claudio Katz en artículo de su autoría, Las batallas de Venezuela- "el modelo económico actual permitió grandes mejoras populares, pero no transformó la estructura improductiva, ni permite afrontar los desequilibrios actuales. La confrontación por el destino de la renta petrolera es la causa de las tensiones cambiarias y la conducta de los capitalistas impide gestar una economía industrializada". En este sentido, existe una brecha muy importante entre lo político y lo económico que no se ha cerrado, cuestión que no ha sido abordada con la suficiente determinación para transformar realmente el aparato productivo y las relaciones de producción al modo socialista; lo que también ha incidido en el desconocimiento popular respecto a quiénes son los verdaderos responsables de lo que sucede con esta "guerra económica".

Por supuesto, esta tarea compartida entre las autoridades, los trabajadores y las diferentes expresiones del poder popular no es nada fácil. Ella tiene que ser manifestación de una conciencia revolucionaria y social plena, de forma que se entienda que si no se actúa a tiempo y con la contundencia requerida, podría acelerarse (sin ánimo fatalista) el eventual desgaste de todo lo que implicaría la construcción real del proyecto revolucionario bolivariano.-

NUESTRA PELEA SIGUE SIENDO LA MISMA

NUESTRA PELEA SIGUE SIENDO LA MISMA

 

Los revolucionarios y chavistas no debemos olvidar que nuestra pelea sigue siendo contra los sectores oligárquicos del país, los mismos que en el pasado hicieron todo lo posible por disminuir la dignidad del pueblo venezolano y que ahora, con el bachaqueo, la desaparición y la especulación abusiva de productos de primera necesidad, han buscado estimular entre toda nuestra población la descomposición y desaparición absoluta de los valores revolucionarios y morales enarbolados por el Comandante Hugo Chávez.

 

Así, frente a la situación de constante asedio que se ha desatado contra el proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, los revolucionarios y chavistas no podemos cruzarnos de brazos, viendo cómo el cinismo de la oposición procura imponerse a través de las colas de los consumidores, cayendo en la trampa de creer que todo lo que ocurre en el orden económico y productivo se debe exclusivamente a la ineficiencia y la corrupción de las autoridades nacionales.

 

Con esto último, los opositores mantienen una estrategia de largo alcance, obligando al gobierno de Maduro a estar enfrentando a tiempo completo coyunturas de todo tipo, sin mucho margen para dedicarse a cumplir con su mandato constitucional; a lo que se añade la campaña mediática incesante de la derecha internacional y las acusaciones recurrentes del gobierno de Estados Unidos y países de Europa respecto a la presunta violación de los derechos humanos en nuestro país, desconociéndose todo lo hecho hasta ahora por quienes se dicen "presos y perseguidos políticos del régimen".

 

Por tales motivos, los revolucionarios y chavistas debiéramos enfocarnos en la defensa a ultranza del proyecto de revolución bolivariana para lo que se hará necesario emprender acciones radicales que contribuyan a disminuir -en corto y mediano plazo- el clima creado por los sectores económicos y comprender que toda esta situación tiene un claro objetivo político como es el de facilitarles la victoria a sus candidatos en las elecciones parlamentarias a celebrarse este año. Y esta comprensión debe abarcar el papel jugado por las distintas organizaciones partidistas del chavismo en la promoción y desarrollo del poder popular, por cuanto su misión principal debiera manifestarse en todo momento en el desmontaje simultáneo de las estructuras políticas del Estado burgués-representativo y de las estructuras de explotación económica del régimen capitalista.-

 

LA REVOLUCIÓN COMO EXPRESIÓN CONSTANTE DE RESISTENCIA

LA REVOLUCIÓN COMO EXPRESIÓN CONSTANTE DE RESISTENCIA

Para enfrentar con éxito las tramoyas de la contrarrevolución y hacer irreversible la transición hacia el socialismo revolucionario en Venezuela, se hace necesario que los sectores populares creen redes de organización propias, dotadas de una autonomía suficiente -tanto en el sentido político como en el sentido económico- que les permita asumir un papel protagónico preponderante en la institución de un nuevo Estado, de un nuevo modelo económico y de un nuevo tipo de sociedad. Aunque habrá voces en contra (producto, básicamente, de la hegemonía ideológica capitalista), se debe insistir en ello, toda vez que sin el pueblo cualquier cambio estructural que se plantee realmente podría sufrir desviaciones y, eventualmente, obstáculos que lo harían algo imposible.


Esto nos hace rememorar lo dicho por el Comandante Hugo Chávez en 2006 en Barquisimeto, cuyas palabras mantienen total vigencia ahora: “La Revolución verdadera no es la de los fusiles, sino la de las ideas, la del estudio; ¡profundicemos la revolución moral!, ¡avancemos en la revolución social para que todos seamos iguales!, ¡potenciemos la revolución económica para que todos podamos vivir dignamente!”. Son tres los aspectos que resalta Chávez, todos unidos y orientados a asegurar que sean los sectores populares quienes finalmente dirijan, ejecuten y delineen los objetivos a cumplir por la Revolución Bolivariana, gracias a su participación y protagonismo permanentes. Logrados tales aspectos -fundamentales desde todo punto de vista- será posible transformar de una forma radical las relaciones de poder y de producción actualmente existentes, las mismas que soportan el modelo de sociedad basado en el auge del capitalismo; razón por la cual todas las luchas populares tendrían que enfocarse hacia su sustitución y demolición absolutas. Tal cosa hay que ubicarla -forzosamente- en una lucha de clases que ha de partir del carácter revolucionario que se le imprima, más aún si ésta se enmarca en la construcción del socialismo bolivariano.


Toca, por tanto, conseguir que la teoría revolucionaria del socialismo bolivariano sea ampliamente difundida, debatida y enriquecida con sus aportes prácticos y teóricos por los sectores populares organizados, confrontando la realidad de las cosas y tensionando, incluso, sus relaciones con el poder constituido. No debe ser un simple ejercicio retórico sino causa y efecto de ese deseo ancestral de alcanzar una emancipación integral, en este caso particular, de cada venezolano, al mismo tiempo que se refuerza y se sustenta el concepto de soberanía nacional. Debe ser expresión constante de resistencia y de cimarronaje frente a las pretensiones hegemónicas del capitalismo internacional, tomando en cuenta que Venezuela representa una presa codiciada por las grandes corporaciones transnacionales, por lo que no es simple casualidad la serie de ataques mediáticos emprendidos, primero, contra el gobierno de Hugo Chávez y, en la actualidad, contra el de Nicolás Maduro; divulgándose en todos los medios de información controlados por la derecha local y extranjera situaciones inexistentes que buscan explotar el malestar creado entre la población por los mismos que diariamente denuncian la ineficacia y el fracaso gubernamentales, además de una violación de los derechos humanos que sólo tiene lugar en sus mentes disociadas y en los informes emanados del gobierno imperialista de Estados Unidos.


Es cosa fácil decirlo, ciertamente, pero en todo ello radica la posibilidad de triunfo y de consolidación del proyecto emancipatorio de la Revolución Bolivariana. Quienes están al frente de las diferentes instituciones del Estado tendrían que contribuir a que esta meta pueda cumplirse en un corto plazo, acelerando los cambios revolucionarios que cada uno pueda propiciar desde los cargos que ejercen. En combinación con las organizaciones del poder popular, éstos harían más efectiva y palpable la acción revolucionaria en todos los órdenes de la vida social, lo que implicaría entonces el avance seguro de la Revolución Bolivariana con tinte socialista.-

LOS RECETARIOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LOS RECETARIOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

En Venezuela es cosa común que mucha gente se muestre preocupada por la suerte que corra el proceso revolucionario bolivariano socialista o, más sencillamente, la Revolución Bolivariana, máxime ahora cuando su conducción está en manos del Presidente Nicolás Maduro. Gran parte de esta gente espera que sus diagnósticos, advertencias y propuestas tengan eco en algún oído receptivo entre quienes asumieron la responsabilidad de dirigir las instituciones del Estado; confiada en que sus palabras servirán de algo para profundizar los diversos cambios adelantados hasta ahora y para deslastrarse de todo vicio burocrático-clientelar-cupular que se halle presente en los entes públicos. Todos apuntan a las estructuras, la composición y al modo de cómo se conduce el Estado liberal-burgués vigente, pero obvian (casi a propósito) el vital papel que le toca jugar al pueblo organizado en toda revolución que se considere verdadera, por lo cual sus recetarios para llevarla a cabo se limitan a ser un mero ejercicio retórico.


Ante ello, es importante entender que mucho de lo planteado respecto a la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo bajo el socialismo bolivariano debe diferenciarse ampliamente de las experiencias históricas sucedidas en otros tiempos y otros países, aunque existan similitudes que nos hagan creer que deba hacerse lo mismo en Venezuela. Ya en su momento, el Libertador Simón Bolívar, al igual que organizaciones revolucionarias de la época de la lucha guerrillera de las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado, como el PRV-Ruptura, los Comandantes Hugo Chávez y William Izarra, y el General Francisco Visconti, llegarían a la conclusión que la revolución venezolana tendría que nutrirse esencialmente de la historia de las luchas populares ocurridas desde el momento mismo que Guaicaipuro y los pueblos aborígenes se enfrentaran a los invasores europeos, pasando por la lucha de resistencia protagonizada por los negros esclavizados. En este entendimiento compartido pudiera rastrearse lo que requiere la Revolución Bolivariana para consolidar y ampliar sus grandes objetivos de transformación, sin que ello represente un desprecio total respecto a los aportes teóricos y prácticos provenientes de otras experiencias revolucionarias volcadas también a la construcción de una verdadera alternativa revolucionaria frente al capitalismo imperante.


Es más: todos los recetarios recomendados debieran partir de lo que hace, o buscan hacer, los sectores populares organizados y no sólo de la lectura fascinante de algún autor revolucionario afamado. Lo que se precisa es, en un primer plano, desmontar todo el andamiaje cultural levantado desde la época colonial hasta ahora, cuando la gran maquinaria propagandística que es Hollywood ha convencido a un número considerable de personas sobre las bondades del “american way of life” y de la fatalidad del imperialismo gringo. Esto nos conduciría a explicarnos desde nuestra propia historia lo que intentamos constituir en suelo venzolano, con nuevos paradigmas que den cuenta de la necesidad urgente de definir nuestra democracia mestiza, con conceptos endógenos que se desarrollen y revisen continuamente, de manera que se concrete -definitivamente- la nueva realidad creada por la Revolución Bolivariana Socialista.-

DESPLIEGUE CHAVISTA Y REPLIEGUE OPOSITOR

DESPLIEGUE CHAVISTA Y REPLIEGUE OPOSITOR
El reciente despliegue del chavismo en las calles y plazas Bolívar del país -a propósito de la conmemoración de los sucesos trágicos del Caracazo y la siembra del Comandante Hugo Chávez- le ha cerrado el paso a los fines desestabilizadores de los grupos de la oposición, demostrándose lo errado de su estrategia al querer envolver a los venezolanos en una “transición” que sólo existe en sus mentes disociadas. Esta recuperación de la iniciativa por parte del gobierno y de las fuerzas chavistas y revolucionarias ha servido también para enviarle un mensaje tácito a aquellos que, desde el extranjero, principalmente desde Estados Unidos, Colombia y España, se empeñan en distorsionar la realidad existente en Venezuela, colocando a los dirigentes opositores como paladines de la democracia y los derechos humanos a los cuales supuestamente se les somete a vejámenes de todo tipo y ni siquiera se les permite expresarse libremente a través de los medios de información.
 
Quizás la oposición esté rogándole al gobierno de Estados Unidos que invada nuestro territorio, confiados en que únicamente así podrá tomar el poder, sin considerar por un momento que una acción de este tipo sería el detonante de unas nuevas situaciones que forzarían a los factores revolucionarios y chavistas a una radicalización mayor. Posiblemente supongan sus dirigentes que el imperialismo gringo volvería a salirse con la suya, violentando nuestro derecho a la autodeterminación, tal como lo viene haciendo impunemente en otras naciones del mundo, subestimando la reacción patriótica del pueblo bolivariano y chavista.
 
Sin embargo, el repliegue de la oposición no supone que ésta vaya a desistir en sus planes conspirativos, así se muestre de acuerdo en participar en las próximas elecciones parlamentarias y hasta anuncie la celebración de unas elecciones primarias para la escogencia de sus candidatos. En tal sentido, el gobierno y las diversas fuerzas que apoyan al proceso revolucionario bolivariano socialista tienen ante sí la responsabilidad de contribuir a profundizar los cambios producidos en el orden político, económico, social y cultural del país, de modo que fracase por completo cualquier intento por perturbar el avance revolucionario de los sectores populares, garantizándose la paz, el desarrollo integral y la estabilidad que merecemos por igual todos los ciudadanos venezolanos.