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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

PEDRO CAMEJO Y LA IGNORANCIA DE LA HISTORIA

PEDRO CAMEJO Y LA IGNORANCIA DE LA HISTORIA

 

El interés y el conocimiento de la historia están por encima de cualquier ideología y conveniencia política. Por ello, es inaceptable que algunos pretendan imponer a otros su ignorancia y desprecio de la historia, escudándose tras el pueril argumento que vivimos nuevos tiempos y, por lo tanto, que no existe conexión alguna entre el pasado y el presente que nos motive a estar recordando acontecimientos y personajes que jamás conocimos, como lo hiciera saber el presidente Obama en la última Cumbre de las Américas celebrada en Panamá.

Esto se pudo observar en redes sociales en la ocasión del traslado y siembra de los restos simbólicos de Pedro Camejo, el Negro Primero, al Panteón Nacional. Algunas personas hicieron gala de su ignorancia y hasta dieron muestras innegables de racismo, a tal punto que acusaron al Presidente Nicolás Maduro de desviar la atención del pueblo venezolano en relación a la problemática que se padece en el ámbito económico-productivo, resaltando especialmente lo que sucede con la especulación, el contrabando y las colas sin control en gran parte del país. Tales muestras son, sin duda, resabios de la cultura colonial, la misma que los avatares de la independencia y las sucesivas guerras civiles que se produjeron en Venezuela durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XIX no pudieron extirpar del todo y que en la actualidad exhiben sin rubor aquellos que se oponen tercamente a reconocer el derecho de los sectores populares a un mejor nivel de vida y de democracia participativa.

Lo positivo de todo el revuelo causado por la decisión del Presidente Nicolás Maduro, es que Pedro Camejo obligó a muchos conocedores de la historia a replantearse su significado histórico y hasta se podría afirmar también que su significado sociológico, al igual que el de otros hombres y mujeres de su condición que comenzaron a ser reconocidos por todos en Venezuela gracias al Presidente Hugo Chávez. En el caso de Negro Primero es algo muy significativo, pero hay que aclarar también que Camejo no fue el único oficial negro del Ejército Libertador, como se ha pregonado en algunos medios de información, pues sería desconocer que hubo otro, de igual origen llanero, arrojo y patriotismo, como lo es el Coronel Juan José Rondón, héroe destacado de la batalla de Pantano de Vargas el 25 de julio de 1819, a quien Simón Bolívar apreció mucho y cuyos restos se encuentran en el Panteón Nacional desde el 25 de agosto de 1896.

Este acontecimiento es, por consiguiente, un justo y merecido reconocimiento a los hombres y a las mujeres del pueblo que esparcieron su sangre en los campos de batalla y en las calles de nuestras ciudades en lucha por una plena igualdad y libertad, además de una mayor participación democrática, para todos y no de forma mezquina para una minoría, como lo pretendieron algunos en el pasado y aún siguen pretendiendo otros en el presente, sin considerar que mucho de lo que disfrutan en la actualidad se debe al esfuerzo y a la voluntad de quienes tanto han despreciado; como el Negro Camejo.-

LA URGENCIA DE UNA VOLUNTAD POLÍTICA PARA VENCER EL ASEDIO ECONÓMICO

LA URGENCIA DE UNA VOLUNTAD POLÍTICA PARA VENCER EL ASEDIO ECONÓMICO

 

Gracias al asedio impuesto por el sector privado de la economía, jugando una peligrosa estrategia desestabilizadora con que persigue destruir el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, se impone la necesidad —digamos, con carácter de urgencia— que sean los trabajadores y las diferentes organizaciones del poder popular quienes asuman tareas de control directo de la producción, la distribución y la comercialización de los productos de consumo masivo. Esta tarea tendría que estar, por supuesto, ampliamente respaldada por las diversas instituciones del Estado, a fin de reducir y dominar los efectos nocivos que tal asedio estaría ocasionando sobre la población, gran parte de la cual se ha visto obligada por las circunstancias a hacerse partícipe (y en algunos casos, cómplice) de la cadena de especulación, contrabando y acaparamiento que se ha extendido, prácticamente, a todo el país, complicando aún más las cosas.

Se requiere, por consiguiente, de una voluntad política por parte del estamento gobernante que sea determinante para facilitar la aplicación de mecanismos legales que contemplen la corresponsabilidad del poder popular organizado en esta materia. Esto debe expresarse en un mayor nivel de compromiso revolucionario de todos para que se impida que los grupos minoritarios de la oposición continúen distorsionando el panorama económico nacional y logren finalmente sus objetivos desestabilizadores. De igual modo, es preciso que esta corresponsabilidad no se halla subordinada a intereses sectarios o de segundo orden, en momentos que la derecha internacional enfila sus baterías hacia Venezuela con la clara intención de propiciar la realineación de las fuerzas antichavistas internas.

Además, hay que tener en cuenta -como lo apunta el economista argentino Claudio Katz en artículo de su autoría, Las batallas de Venezuela- "el modelo económico actual permitió grandes mejoras populares, pero no transformó la estructura improductiva, ni permite afrontar los desequilibrios actuales. La confrontación por el destino de la renta petrolera es la causa de las tensiones cambiarias y la conducta de los capitalistas impide gestar una economía industrializada". En este sentido, existe una brecha muy importante entre lo político y lo económico que no se ha cerrado, cuestión que no ha sido abordada con la suficiente determinación para transformar realmente el aparato productivo y las relaciones de producción al modo socialista; lo que también ha incidido en el desconocimiento popular respecto a quiénes son los verdaderos responsables de lo que sucede con esta "guerra económica".

Por supuesto, esta tarea compartida entre las autoridades, los trabajadores y las diferentes expresiones del poder popular no es nada fácil. Ella tiene que ser manifestación de una conciencia revolucionaria y social plena, de forma que se entienda que si no se actúa a tiempo y con la contundencia requerida, podría acelerarse (sin ánimo fatalista) el eventual desgaste de todo lo que implicaría la construcción real del proyecto revolucionario bolivariano.-

NUESTRA PELEA SIGUE SIENDO LA MISMA

NUESTRA PELEA SIGUE SIENDO LA MISMA

 

Los revolucionarios y chavistas no debemos olvidar que nuestra pelea sigue siendo contra los sectores oligárquicos del país, los mismos que en el pasado hicieron todo lo posible por disminuir la dignidad del pueblo venezolano y que ahora, con el bachaqueo, la desaparición y la especulación abusiva de productos de primera necesidad, han buscado estimular entre toda nuestra población la descomposición y desaparición absoluta de los valores revolucionarios y morales enarbolados por el Comandante Hugo Chávez.

 

Así, frente a la situación de constante asedio que se ha desatado contra el proceso revolucionario bolivariano en Venezuela, los revolucionarios y chavistas no podemos cruzarnos de brazos, viendo cómo el cinismo de la oposición procura imponerse a través de las colas de los consumidores, cayendo en la trampa de creer que todo lo que ocurre en el orden económico y productivo se debe exclusivamente a la ineficiencia y la corrupción de las autoridades nacionales.

 

Con esto último, los opositores mantienen una estrategia de largo alcance, obligando al gobierno de Maduro a estar enfrentando a tiempo completo coyunturas de todo tipo, sin mucho margen para dedicarse a cumplir con su mandato constitucional; a lo que se añade la campaña mediática incesante de la derecha internacional y las acusaciones recurrentes del gobierno de Estados Unidos y países de Europa respecto a la presunta violación de los derechos humanos en nuestro país, desconociéndose todo lo hecho hasta ahora por quienes se dicen "presos y perseguidos políticos del régimen".

 

Por tales motivos, los revolucionarios y chavistas debiéramos enfocarnos en la defensa a ultranza del proyecto de revolución bolivariana para lo que se hará necesario emprender acciones radicales que contribuyan a disminuir -en corto y mediano plazo- el clima creado por los sectores económicos y comprender que toda esta situación tiene un claro objetivo político como es el de facilitarles la victoria a sus candidatos en las elecciones parlamentarias a celebrarse este año. Y esta comprensión debe abarcar el papel jugado por las distintas organizaciones partidistas del chavismo en la promoción y desarrollo del poder popular, por cuanto su misión principal debiera manifestarse en todo momento en el desmontaje simultáneo de las estructuras políticas del Estado burgués-representativo y de las estructuras de explotación económica del régimen capitalista.-

 

LA REVOLUCIÓN COMO EXPRESIÓN CONSTANTE DE RESISTENCIA

LA REVOLUCIÓN COMO EXPRESIÓN CONSTANTE DE RESISTENCIA

Para enfrentar con éxito las tramoyas de la contrarrevolución y hacer irreversible la transición hacia el socialismo revolucionario en Venezuela, se hace necesario que los sectores populares creen redes de organización propias, dotadas de una autonomía suficiente -tanto en el sentido político como en el sentido económico- que les permita asumir un papel protagónico preponderante en la institución de un nuevo Estado, de un nuevo modelo económico y de un nuevo tipo de sociedad. Aunque habrá voces en contra (producto, básicamente, de la hegemonía ideológica capitalista), se debe insistir en ello, toda vez que sin el pueblo cualquier cambio estructural que se plantee realmente podría sufrir desviaciones y, eventualmente, obstáculos que lo harían algo imposible.


Esto nos hace rememorar lo dicho por el Comandante Hugo Chávez en 2006 en Barquisimeto, cuyas palabras mantienen total vigencia ahora: “La Revolución verdadera no es la de los fusiles, sino la de las ideas, la del estudio; ¡profundicemos la revolución moral!, ¡avancemos en la revolución social para que todos seamos iguales!, ¡potenciemos la revolución económica para que todos podamos vivir dignamente!”. Son tres los aspectos que resalta Chávez, todos unidos y orientados a asegurar que sean los sectores populares quienes finalmente dirijan, ejecuten y delineen los objetivos a cumplir por la Revolución Bolivariana, gracias a su participación y protagonismo permanentes. Logrados tales aspectos -fundamentales desde todo punto de vista- será posible transformar de una forma radical las relaciones de poder y de producción actualmente existentes, las mismas que soportan el modelo de sociedad basado en el auge del capitalismo; razón por la cual todas las luchas populares tendrían que enfocarse hacia su sustitución y demolición absolutas. Tal cosa hay que ubicarla -forzosamente- en una lucha de clases que ha de partir del carácter revolucionario que se le imprima, más aún si ésta se enmarca en la construcción del socialismo bolivariano.


Toca, por tanto, conseguir que la teoría revolucionaria del socialismo bolivariano sea ampliamente difundida, debatida y enriquecida con sus aportes prácticos y teóricos por los sectores populares organizados, confrontando la realidad de las cosas y tensionando, incluso, sus relaciones con el poder constituido. No debe ser un simple ejercicio retórico sino causa y efecto de ese deseo ancestral de alcanzar una emancipación integral, en este caso particular, de cada venezolano, al mismo tiempo que se refuerza y se sustenta el concepto de soberanía nacional. Debe ser expresión constante de resistencia y de cimarronaje frente a las pretensiones hegemónicas del capitalismo internacional, tomando en cuenta que Venezuela representa una presa codiciada por las grandes corporaciones transnacionales, por lo que no es simple casualidad la serie de ataques mediáticos emprendidos, primero, contra el gobierno de Hugo Chávez y, en la actualidad, contra el de Nicolás Maduro; divulgándose en todos los medios de información controlados por la derecha local y extranjera situaciones inexistentes que buscan explotar el malestar creado entre la población por los mismos que diariamente denuncian la ineficacia y el fracaso gubernamentales, además de una violación de los derechos humanos que sólo tiene lugar en sus mentes disociadas y en los informes emanados del gobierno imperialista de Estados Unidos.


Es cosa fácil decirlo, ciertamente, pero en todo ello radica la posibilidad de triunfo y de consolidación del proyecto emancipatorio de la Revolución Bolivariana. Quienes están al frente de las diferentes instituciones del Estado tendrían que contribuir a que esta meta pueda cumplirse en un corto plazo, acelerando los cambios revolucionarios que cada uno pueda propiciar desde los cargos que ejercen. En combinación con las organizaciones del poder popular, éstos harían más efectiva y palpable la acción revolucionaria en todos los órdenes de la vida social, lo que implicaría entonces el avance seguro de la Revolución Bolivariana con tinte socialista.-

LOS RECETARIOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LOS RECETARIOS DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

En Venezuela es cosa común que mucha gente se muestre preocupada por la suerte que corra el proceso revolucionario bolivariano socialista o, más sencillamente, la Revolución Bolivariana, máxime ahora cuando su conducción está en manos del Presidente Nicolás Maduro. Gran parte de esta gente espera que sus diagnósticos, advertencias y propuestas tengan eco en algún oído receptivo entre quienes asumieron la responsabilidad de dirigir las instituciones del Estado; confiada en que sus palabras servirán de algo para profundizar los diversos cambios adelantados hasta ahora y para deslastrarse de todo vicio burocrático-clientelar-cupular que se halle presente en los entes públicos. Todos apuntan a las estructuras, la composición y al modo de cómo se conduce el Estado liberal-burgués vigente, pero obvian (casi a propósito) el vital papel que le toca jugar al pueblo organizado en toda revolución que se considere verdadera, por lo cual sus recetarios para llevarla a cabo se limitan a ser un mero ejercicio retórico.


Ante ello, es importante entender que mucho de lo planteado respecto a la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo bajo el socialismo bolivariano debe diferenciarse ampliamente de las experiencias históricas sucedidas en otros tiempos y otros países, aunque existan similitudes que nos hagan creer que deba hacerse lo mismo en Venezuela. Ya en su momento, el Libertador Simón Bolívar, al igual que organizaciones revolucionarias de la época de la lucha guerrillera de las décadas de los 60 y los 70 del siglo pasado, como el PRV-Ruptura, los Comandantes Hugo Chávez y William Izarra, y el General Francisco Visconti, llegarían a la conclusión que la revolución venezolana tendría que nutrirse esencialmente de la historia de las luchas populares ocurridas desde el momento mismo que Guaicaipuro y los pueblos aborígenes se enfrentaran a los invasores europeos, pasando por la lucha de resistencia protagonizada por los negros esclavizados. En este entendimiento compartido pudiera rastrearse lo que requiere la Revolución Bolivariana para consolidar y ampliar sus grandes objetivos de transformación, sin que ello represente un desprecio total respecto a los aportes teóricos y prácticos provenientes de otras experiencias revolucionarias volcadas también a la construcción de una verdadera alternativa revolucionaria frente al capitalismo imperante.


Es más: todos los recetarios recomendados debieran partir de lo que hace, o buscan hacer, los sectores populares organizados y no sólo de la lectura fascinante de algún autor revolucionario afamado. Lo que se precisa es, en un primer plano, desmontar todo el andamiaje cultural levantado desde la época colonial hasta ahora, cuando la gran maquinaria propagandística que es Hollywood ha convencido a un número considerable de personas sobre las bondades del “american way of life” y de la fatalidad del imperialismo gringo. Esto nos conduciría a explicarnos desde nuestra propia historia lo que intentamos constituir en suelo venzolano, con nuevos paradigmas que den cuenta de la necesidad urgente de definir nuestra democracia mestiza, con conceptos endógenos que se desarrollen y revisen continuamente, de manera que se concrete -definitivamente- la nueva realidad creada por la Revolución Bolivariana Socialista.-

DESPLIEGUE CHAVISTA Y REPLIEGUE OPOSITOR

DESPLIEGUE CHAVISTA Y REPLIEGUE OPOSITOR
El reciente despliegue del chavismo en las calles y plazas Bolívar del país -a propósito de la conmemoración de los sucesos trágicos del Caracazo y la siembra del Comandante Hugo Chávez- le ha cerrado el paso a los fines desestabilizadores de los grupos de la oposición, demostrándose lo errado de su estrategia al querer envolver a los venezolanos en una “transición” que sólo existe en sus mentes disociadas. Esta recuperación de la iniciativa por parte del gobierno y de las fuerzas chavistas y revolucionarias ha servido también para enviarle un mensaje tácito a aquellos que, desde el extranjero, principalmente desde Estados Unidos, Colombia y España, se empeñan en distorsionar la realidad existente en Venezuela, colocando a los dirigentes opositores como paladines de la democracia y los derechos humanos a los cuales supuestamente se les somete a vejámenes de todo tipo y ni siquiera se les permite expresarse libremente a través de los medios de información.
 
Quizás la oposición esté rogándole al gobierno de Estados Unidos que invada nuestro territorio, confiados en que únicamente así podrá tomar el poder, sin considerar por un momento que una acción de este tipo sería el detonante de unas nuevas situaciones que forzarían a los factores revolucionarios y chavistas a una radicalización mayor. Posiblemente supongan sus dirigentes que el imperialismo gringo volvería a salirse con la suya, violentando nuestro derecho a la autodeterminación, tal como lo viene haciendo impunemente en otras naciones del mundo, subestimando la reacción patriótica del pueblo bolivariano y chavista.
 
Sin embargo, el repliegue de la oposición no supone que ésta vaya a desistir en sus planes conspirativos, así se muestre de acuerdo en participar en las próximas elecciones parlamentarias y hasta anuncie la celebración de unas elecciones primarias para la escogencia de sus candidatos. En tal sentido, el gobierno y las diversas fuerzas que apoyan al proceso revolucionario bolivariano socialista tienen ante sí la responsabilidad de contribuir a profundizar los cambios producidos en el orden político, económico, social y cultural del país, de modo que fracase por completo cualquier intento por perturbar el avance revolucionario de los sectores populares, garantizándose la paz, el desarrollo integral y la estabilidad que merecemos por igual todos los ciudadanos venezolanos.

UNA UTOPÍA NADA ILUSORIA

UNA UTOPÍA NADA ILUSORIA

      Los sectores populares confrontan desde hace ya quince años en Venezuela todas las maniobras inventadas y por inventarse de los grupos de la oposición, por lo que sería completamente estúpido confiar que mediante llamados al amor y a la paz, o dándole dólares a granel, éstos recapacitarían y abandonarían sus planes para desequilibrar y eliminar el gobierno actual. Sin duda, esta es una confrontación entre dos concepciones: una que defiende a ultranza la soberanía nacional y el derecho de los venezolanos a la autodeterminación mientras que la otra, defendida por la oposición, nada más plantea vivir de las migajas del imperialismo yanqui, imitando el estilo de vida estadounidense, revistiéndose de un complejo de superioridad como jamás se había observado antes desde la época colonial.

      Pero, si se escudriña bien en la lectura de los diferentes acontecimientos históricos sucedidos en este país de nuestra América, se notará que ellos se originan del hecho que las elites dominantes mantuvieron invisibilizados, explotados, discriminados y marginalizados a la gran mayoría -constituida por los sectores populares-, aun cuando adujeran representar y ser la mejor dirigencia democrática de este lado del planeta, contando siempre con el beneplácito del imperialismo gringo y de sus grandes corporaciones petroleras. Esto produjo conflictos de todo tipo a lo largo del tiempo, magnificándose luego que Hugo Chávez obtuviera por voluntad popular la banda presidencial en las elecciones de 1998, promoviendo una Constitución que modificó el esquema tradicional de las relaciones de poder en Venezuela y una revolución bolivariana, nacionalista, latinoamericanista y de corte socialista todavía en construcción.

         Tal realidad no se puede dejar pasar por debajo de la mesa. Más cuando la clase dominante desplazada no se resigna tan fácilmente a su nuevo status, calculando que el incremento de sus caudales ya no se hará más a la sombra de la renta petrolera. Por ello, echa mano a clichés pasados de moda, pero que, en su presunción, debieran reflejar los mismos miedos e intereses de la mayoría poblacional. Este conocimiento de las cosas que pasan en Venezuela habría que profundizarlo en cada espacio del territorio nacional.

       Para lograrlo, es necesario que así lo hagan las diversas Misiones sociales creadas por el Presidente Chávez, de modo que se entienda cabalmente la existencia de una lucha de clases perdurable que -a pesar del dominio cultural-ideológico ejercido por muchas décadas por la clase dominante- no podrá desconocerse bajo ningún concepto, especialmente cuando se considera que la misma ya se hizo evidente el 27 de febrero de 1989 al aplicarse el paquete de medidas económicas neoliberales impuestas por el FMI, así como durante los sucesos acaecidos tras el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y del sabotaje económico de 2002-2003 cuando se sometió al pueblo a un desabastecimiento general de mercancías y servicios que causó a la nación grandes pérdidas económicas, de las que apenas se ha recuperado, sin castigo aún para los culpables. Estos acontecimientos han de refrescarse para que se tenga en cuenta lo que está en juego actualmente y no dejar todo al azar, esperando que las cosas se resuelvan por sí solas, sin contar con una movilización y un protagonismo permanentes de los sectores populares, los que, al fin y al cabo, harán posible la utopía nada ilusoria de una revolución bolivariana socialista.-       

CUANDO LA OPOSICIÓN SE DESESPERA

CUANDO LA OPOSICIÓN SE DESESPERA

El magnicidio programado este 12 de febrero contra del Presidente Nicolás Maduro, nos da a entender que la oposición está desesperada, echando a un lado cualquier tipo de racionalidad y de garantía de paz social en nuestro país. Su conducta es, indudablemente, fascista al menospreciar la vida, no sólo del Presidente Maduro, sino de todo venezolano, puesto que su plan sería ejecutado en un acto público, algo que jamás se había visto en Venezuela desde la década de los sesenta del pasado siglo.

Ahora volverá la oposición a negar una vez más su vinculación con este y otros planes terroristas, haciendo ver que todo es producto de la fantasía gubernamental y sin concederle ningún grado de veracidad a las evidencias recabadas, ya que su estrategia es hacerle creer al pueblo que su único interés y su lucha es en defensa de la democracia y las libertades públicas cuando todos sabemos que ella responde a los lineamientos imperialistas de Estados Unidos.

Con este nuevo intento desestabilizador, la dirigencia derechista le hace el juego a lo previsto por el gobierno de Estados Unidos en su documento de Estrategia de Seguridad Nacional 2015, cuyo presidente, Barack Obama, adelantó la pretensión de torcerles el brazo a algunos países cuando no hacen lo que quiere el régimen imperialista estadounidense a través de métodos económicos, diplomáticos y a veces militares.

No se puede obviar este último elemento al medir el eventual escenario de una crisis de ingobernabilidad que pueda presentarse en territorio venezolano. En todas las circunstancias en que la oposición derechista se impuso el acoso y derrocamiento del Presidente Chávez -lo mismo que ahora con Nicolás Maduro- siempre hubo la injerencia imperialista de Estados Unidos. Es frecuente la alusión de sus funcionarios gubernamentales respecto a la violación de los derechos civiles, la persecución política y la vinculación con el terrorismo y el narcotráfico internacionales por parte del gobierno chavista, de modo cíclico, buscando influir en la opinión pública y así disponer de los argumentos requeridos para una intervención más directa en los asuntos internos venezolanos.

De igual forma hay que considerar que a la oposición le carcome la posibilidad de perder los escaños que ocupa en el parlamento nacional, además de no obtener los resultados esperados con el sabotaje económico al cual ha sometido a la población venezolana. Ambas cosas le han hecho precipitarse con este atentado, contando con un escenario de crisis generalizada que obligara a las fuerzas armadas a exigirle la dimisión inmediata de Maduro. Sin embargo, no han sabido calibrar el verdadero espíritu popular, lo que les conduce una y otra vez al fracaso en su ambición de adueñarse del poder y de los dividendos de la renta petrolera.-