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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA REVOLUCIÓN: UNA GUERRA EN DIFERENTES FRENTES

LA REVOLUCIÓN: UNA GUERRA EN DIFERENTES FRENTES

 

Tras ser regida durante un tiempo prolongado gracias a una concepción eminentemente elitista y autoritaria que le permitió a los sectores dominantes del país asegurarse -a sangre y fuego, incluso- el usufructúo del poder, Venezuela transita ahora la búsqueda y construcción colectiva de un nuevo tipo de sociedad y de Estado, esta vez de carácter socialista. Esto ha conseguido remecer los cimientos del orden establecido (ya agrietado desde 1989), dado el impulso que le imprimió en todo tiempo el Comandante Hugo Chávez a los sectores populares para alcanzar sus viejos sueños de liberación y de justicia social, cuestión que supone librar mayores luchas y cambios que terminen por profundizar y consolidar los cambios logrados hasta ahora. No obstante, la vieja cultura populista y demagoga aún se mantiene viva, mermando las potencialidades de la democracia participativa y protagónica establecida constitucionalmente al dársele cabida al clientelismo político, a la mediocridad intelectual y al burocratismo ineficiente, representados por muchos gobernantes y dirigentes políticos.

Por eso, el proceso revolucionario bolivariano socialista ha enfrentado, desde un primer momento, una guerra en diferentes frentes, tanto externos como internos, siendo éstos últimos los de mayor dificultad, en vista que sus protagonistas asumen ser revolucionarios y chavistas, muchos ubicados en posiciones de dirección política y de gobierno, que con su doble moral causan mayores estragos entre las bases militantes del chavismo que las mismas acciones desestabilizadoras de la contrarrevolución. En relación a ello, vale la pena citar lo escrito por Farruco Sesto en sus notas sobre el arte de gobernar en revolución escritas con la ayuda de un diablillo al oído “el uso del poder es una verdadera radiografía de la condición revolucionaria de quien lo ejerce. Porque el poder es del pueblo. Quien se lo devuelve cada día, está en la revolución. Quien cada día lo secuestra, esta con la revolución. Quien cada día ejerce el poder con sabiduría y humildad acierta. Quien lo ejerce con torpeza y soberbia (que suelen ir juntas) se equivoca de pleno. (…) hay algunos cuadros en funciones de gobierno que no merecen estar allí. Pues en el uso del poder han revelado su verdadera naturaleza reaccionaria”. Más claro no canta un gallo. Esto ha impactado de modo negativo en la percepción que se tiene respecto a la viabilidad del socialismo revolucionario en Venezuela, causando algunas deserciones y decepciones atentan contra el mismo al dejarle espacios vacíos a la derecha, lo cual es reflejo de la falta de un compromiso revolucionario acérrimo que impida alguna restauración del viejo régimen puntofijista o su versión remozada.

Por supuesto, en esta guerra que se libra en diferentes frentes -que es la revolución socialista bolivariana- se debe exigir un mayor nivel de formación de una conciencia revolucionaria que facilite atacar las desviaciones, inconsistencias y debilidades presentes en el proceso revolucionario socialista y, en consecuencia, aportar propuestas factibles que permitan superarlas y erradicarlas de modo definitivo. Sin embargo, esto no debe ser algo transitorio sino una iniciativa permanente de parte de todos los revolucionarios, cuya meta no sea otra que la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo, inclusiva, democrática, participativa y, por supuesto, socialista.-

REVOLUCIÓN vs. ESTADO. LA CONFRONTACIÓN PENDIENTE.

REVOLUCIÓN vs. ESTADO. LA CONFRONTACIÓN PENDIENTE.
Es muy fácil formular conjeturas respecto a la suerte futura de la revolución bolivariana, en especial cuando estás nacen de la incertidumbre creada por la desaparición física de un líder carismático como lo fue, sin duda alguna, Hugo Rafael Chávez Frías, un subversivo en Miraflores que supo entender su papel histórico en la conducción de un proceso de cambios que ya venía gestándose en Venezuela mucho antes de 1992. Ahora, frente a la coyuntura creada, básicamente, por la crisis en el orden productivo nacional y en el abastecimiento de ciertos rubros necesarios, la escasez y especulación en relación al dólar, además del burocratismo y la corrupción administrativa, no son pocos los analistas que ya anticipan, no sin cierta resignación, que estaría pronto el final de todo el proceso revolucionario bolivariano socialista al observarse que gran parte de lo hecho y predicado por el Comandante Chávez sólo ha servido para apuntalar el caduco Estado liberal-burgués bajo la dirección de una burocracia político-partidista corporativa que busca minimizar e impedir de cualquier modo y por alguno u otro motivo todo lo referente a la organización y a la activación protagónica de los sectores populares revolucionarios.

Esta situación bizarra en un proceso revolucionario, como el bolivariano socialista, que se estaría fundamentado esencialmente en el protagonismo y la participación del pueblo, sustituyendo al Estado tradicional por otro más adecuado a la nueva realidad venezolana, estaría conspirando contra la posibilidad de concretar realmente una revolución de carácter popular y socialista. Tal pareciera que al nuevo estamento político poco le importara lo que ocurre aguas abajo, de ahí que pareciera no acertar con medidas eficaces que reduzcan el impacto de las maniobras desestabilizadoras de la oposición y de sus mentores extranjeros. Por ello, mucha gente del chavismo de base comienza a decepcionarse y a apartarse del activismo político al percibir en el comportamiento de sus dirigentes la misma ambición de poder de sus enemigos ideológicos, a tal punto que semejante decepción -de extenderse masivamente entre las filas chavistas- podría precipitar situaciones que, en el corto tiempo, harían inestable el gobierno de Nicolás Maduro Moros (lo mismo que el proceso revolucionario bolivariano socialista).

Haría falta (si así llegaran a entenderlo alguna vez, con sensatez, quienes representan la dirigencia chavista) un sacudón hacia lo interno y jugarse el todo por el todo con el protagonismo y el debate crítico y propositivo de las bases chavistas, como lo manifestara recientemente este 6 de junio el Presidente Maduro en asamblea celebrada con las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH) del estado Miranda. Y entender que esto significará, en cualquier nivel y propósito, una confrontación pendiente e inevitable entre la Revolución y el viejo Estado que se niega a desaparecer, producto de la inmadurez de las condiciones subjetivas necesarias de aquellos que tienen la responsabilidad de administrar las diferentes estructuras públicas. De otra forma, se correría el riesgo de condenar al proceso revolucionario bolivariano socialista a su total extinción, por lo que la advertencia hecha por Chávez en su alocución del golpe de timón resultaría algo más pertinente en éste y en todo otro momento.-  

CUANDO BAJEN LOS CERROS

CUANDO BAJEN LOS CERROS
Si algo ha quedado palpablemente demostrado en Venezuela durante las últimas décadas del siglo pasado y lo que va del siglo XXI es la voluntad y la conciencia asumidas por los sectores populares en un abierto cuestionamiento al sistema de cosas imperante, expresado mayormente en su rechazo a lo que han sido elementos característicos de la actividad política tradicional: la corrupción y el burocratismo, elementos que acabaron por desparramarse -prácticamente- a la sociedad venezolana en general. Ello ha permitido que -con Hugo Chávez de Presidente desde 1998 hasta 2012-  estos sectores populares se hayan convertido, por obra y gracia de su voluntad y conciencia, en protagonistas de primera línea de la construcción de su propio destino. Sin embargo, en el transcurso de este tiempo, las cúpulas de todo tipo que usufructuaron el poder a sus anchas desde 1958 bajo el amparo del Pacto de Punto Fijo se han dedicado a idear y a ejecutar toda suerte de planes conspirativos, esperando que en algún momento caiga el gobierno y se restituya por completo el viejo orden, tal como se lo propusieron de un modo inmediato tras el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, siendo derrotados, de una u otra manera, por esa voluntad y esa conciencia de lucha del pueblo que por tanto tiempo sojuzgaron, marginaron, masacraron y explotaron en nombre de una democracia totalmente excluyente y subordinada a los intereses estadounidenses.

            A pesar de tales antecedentes históricos, la oposición de derecha mantiene intacto su empeño en derrocar -esta vez por la vía de la violencia terrorista- al Presidente Nicolás Maduro, contando con el ya nada disimulado respaldo de Washington y de sus satélites en nuestra América. Para obtener este objetivo la oposición fascista no escatima esfuerzo ni recursos económicos tratando de generalizar en todo el país un clima de terror que inmovilice a la colectividad venezolana (en especial a la chavista) al momento de defender al proceso revolucionario bolivariano socialista y, por ende, al gobierno de Maduro, implantándosele la matriz de opinión que responsabiliza al mismo gobierno de ser el causante del desabastecimiento de alimentos y otros productos necesarios, además de la violencia y las muertes causadas en algunas ciudades.

            Frente a semejante panorama, quienes constituyen el mayor porcentaje de toda la población nacional se mantienen expectantes y, en muchos casos, dispuestos a entablar la batalla, pero aún contenidos, aguardando que Maduro logre conjurar exitosamente la estrategia golpista opositora; lo que ha hecho preguntarse cuándo bajarán los cerros (igual que el 27 de febrero de 1989 y el 12 y 13 de abril de 2002). Al respecto, no sería nada aventurado vaticinar que ello ocurrirá, sin duda, cuando haya que refrenar y derrotar a la oposición fascista por la fuerza, lo que implicará un avance significativo en lo que corresponde a la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista, permitiéndose -al mismo tiempo- la erradicación de aquellos dos elementos que ya mencionáramos inicialmente y que también atentan, quizás con mayor contundencia, contra este proceso histórico de cambios revolucionarios: la corrupción y el burocratismo institucionalizados.-    

EL ARDID DEL GOLPE BLANDO

EL ARDID DEL GOLPE BLANDO
Mucho se ha reseñado respecto al llamado golpe blando aplicado para producir el derrocamiento de algún régimen determinado, resaltando el cambio cualitativo en cuanto a lo que fuera siempre un golpe de Estado tradicional, con despliegue de tropas y exilio consiguiente de los gobernantes derrocados, en el mejor de los casos, y, si no, su asesinato. Sin embargo, sus manifestaciones (manejadas y tergiversadas abundantemente por los grandes centros de información a escala mundial, especialmente de Estados Unidos) son poco percibidas por la población, lo que exige desarrollar una amplia estrategia comunicacional de parte de los gobiernos y movimientos revolucionarios y progresistas que son víctimas de tal estrategia. Así, en palabras de Luis Bruschtein, “el golpe blando consiste en travestir a una minoría en mayoría, amplificar sus reclamos, crispar las controversias y enfrentamientos y desgastar a la verdadera mayoría que gobierna, hasta hacerla caer por medio de alguna farsa judicial como fue en Honduras, o parlamentarista, como en Paraguay o forzando una intervención extranjera, como se pretende hacer en Venezuela. Es más complicado que los golpes militares, pero, a diferencia de ellos, tiene el colorido de estos tiempos, con sus arquetipos de tiranuelos bananeros en el bando de los malos, y un bando de los buenos con sus arquetípicos luchadores por la libertad, con sus simulacros de épicas remasterizadas y con sus falsos discursos de heroísmos ciudadanos, todos ellos, buenos y malos, diseñados como protagonistas de una película de acción clase Z por las grandes herramientas de dominación: las corporaciones mediáticas”.

Obviamente, frente a una embestida innegablemente terrorista de los grupos derechistas y ultraderechistas, tanto en Venezuela como en cualquier otra nación del mundo, no hay mejor respuesta que la unidad y la movilización de toda la militancia popular revolucionaria, lo que supondrá también la activación de una fuerte campaña divulgativa que contribuya a definir más objetivamente la realidad artificialmente creada a través de los grandes medios de información, sin contentarse con una simple negación de los hechos.

Esta situación obliga entonces a activar mecanismos de desmontaje mediático que contribuyan a esclarecer los hechos que se distorsionan a diario para favorecer las intenciones desestabilizadoras de la oposición y de sus tutores internacionales. Tal cosa debe hacerse en cada espacio de la administración pública, de las diferentes Misiones sociales y, por supuesto, en cada comunidad, aprovechando todas las oportunidades que se presenten, de modo que la población venezolana en general llegue a entender las razones, por ejemplo, del desabastecimiento de algunos productos de consumo masivo, incluyendo alimentos y productos de higiene diaria. Sin embargo, la mayor responsabilidad le corresponde al gobierno nacional, por lo que debe tener en cuenta que cualquier concesión a los sectores contrarrevolucionarios en vez de disminuir su agresividad y apetencias de poder sólo producirá un efecto totalmente contrario, a tal punto que puede afectar la credibilidad de los sectores populares en sus propósitos de continuar el legado del Comandante Chávez.-

GANÓ LA OPOSICIÓN ¿DIREMOS LO MISMO EN 2015?

GANÓ LA OPOSICIÓN ¿DIREMOS LO MISMO EN 2015?

Para muchos, los recientes triunfos electorales de la oposición en San Diego y San Cristóbal vienen a representar una alerta temprana para el chavismo sobre lo que pudiera acontecer en Venezuela al momento de elegir a los diputados a la Asamblea Nacional en 2015. Sin embargo, pocos han acertado respecto a las causas probables que determinaron dichos triunfos, contentándose otros en señalar la transparencia del Consejo Nacional Electoral (CNE) como una manera de obligar a la oposición a un reconocimiento similar, de modo que ésta se vea precisada a bajar la guardia y a desmontar los grupos terroristas que ha estimulado desde comienzos de este año. En este último caso, es un pecado de ingenuidad creer que la oposición (sobre todo, las más inclinada al fascismo) esté dispuesta a abandonar la estrategia de hostigamiento permanente hacia el proceso revolucionario bolivariano socialista, instigada y financiada desde Estados Unidos y, ahora, desde Colombia.

Néstor Francia, en uno de sus más recientes artículos, describe que “no se trata de que los electores no entiendan que están votando por los guarimberos, es que no lo saben. Piensan que están votando contra el Gobierno. Y eso no significa otra cosa que el hecho de que estamos perdiendo la batalla mediática. La gente ha sucumbido a la falsa matriz que diferencia a los estudiantes de los guarimberos. Del mismo modo está siendo manipulada para que los actos de justicia sean identificados con represión. En San Diego y San Cristóbal, Vicencio Scarano y Daniel Ceballos aparecen como víctimas y no como victimarios. Y aún más sus esposas, dos pobres mujeres que han sido privadas de sus maridos y que valientemente ocupan sus lugares ¡Vaya manipulación exitosa!”. Y allí reside el meollo del asunto. Si la gente vota en contra del gobierno, entonces hay que revisar en qué se fallando, puesto que no se puede pensar que parte de la misma sea burguesa, masoquista o fascista para hacerlo, lo cual exige una explicación todavía más profunda, además de una autocrítica por parte de quienes se mantienen al frente del chavismo.

Para ello sería positivo tomar en cuenta lo escrito por Íñigo Errejón hace algún tiempo cuando establece “tres tareas de gran envergadura: la formación de la siguiente ola de intelectuales-gestores; la fragua de una nueva épica que nutra a las generaciones que no han vivido los hitos históricos que estructuran y cohesionan el relato chavista ni tampoco el pasado oneroso frente al cual la revolución es lo nuevo; y el trabajo en el estudio, la discusión, sistematización y desarrollo del chavismo, no como un viejo y querido álbum de fotos, ni tampoco como un conjunto de dogmas -recordemos al Marx de yo nunca sería marxista-, sino como los lazos y elementos que han articulado un sujeto político que desafió el fin de la historia y, a contrapelo de la evolución internacional, rescató la política como el arte de tomar las riendas del destino común por parte de los que no se tienen más que a sí mismos”. Quizás armados de esta idea, chavistas y revolucionarios pudieran recuperar los espacios, la mística y el ímpetu perdidos, renovando así las fuerzas que permitieron la insurgencia chavista en Venezuela.-  

 

EL SOCIALISMO BOLIVARIANO Y SU DEBIDA EXPRESIÓN EN LA ECONOMÍA

EL SOCIALISMO BOLIVARIANO Y SU DEBIDA EXPRESIÓN EN LA ECONOMÍA

El fracaso histórico del Estado burgués-liberal en garantizar y promover el ejercicio democrático de todos los estratos y las clases sociales -marcado, además, por el paradigma desarrollista que busca equiparar las economías de países, como los de nuestra América, con la gran potencia capitalista de Norteamérica- obliga a plantearse un cambio realmente revolucionario, el cual debe forjarse por igual en el terreno económico, social, político y cultural, basándose en la efectiva participación y el protagonismo del pueblo organizado y consciente. Este fracaso histórico es visible al constatarse la existencia de problemas irresolutos, tales como la pobreza, la delincuencia, el tráfico de drogas y la corrupción política, que responden a causas estructurales y no coyunturales como generalmente se piensa y son abordados por quienes dirigen, precisamente, el Estado burgués-liberal, algunas veces con políticas sancionatorias y represivas que, a la larga, resultan poco eficientes o, sencillamente, absolutamente nulas.

Por ello, la democracia participativa y protagónica que se halla implícita en la propuesta del socialismo revolucionario bolivariano debe concretarse y expresarse simultáneamente en lo económico, en lo social, en lo político y en lo cultural, de manera que pueda romperse con los parámetros impuestos por la democracia representativa y, en virtud de esto, lograr un mayor nivel de consenso entre la ciudadanía en beneficio de sus intereses colectivos. Así, por ejemplo, en el plano de la economía la democracia participativa y protagónica debe significar algo más que el control general del funcionamiento de una empresa por parte de sus trabajadores a través de la autogestión, si en dicha empresa persiste la lógica capitalista y no se rompe el carácter de mercancía adquirido por la fuerza de trabajo bajo el capitalismo. Esto es algo fundamental, a pesar de existir la propiedad social de los medios de producción. Además, la democracia participativa y protagónica debiera expresarse en el control social del plan de inversión de dichas empresas, sirviendo de contrapunto a la dinámica del mercado capitalista, en vista que éste tiende fundamentalmente a la obtención de ganancias por encima de las necesidades humanas y lo que se requiere es, precisamente, que la producción satisfaga tales necesidades, sin que ello represente mantener una economía subsidiada por el Estado, puesto que, de hacerlo así, no importaría entonces si ésta fracasa o es exitosa.

A la par de lo que sería, en consecuencia, la democracia participativa y protagónica en el ámbito político, ésta deberá extenderse a lo económico, creando un binomio prácticamente indisoluble que tenga sus efectos en el amplio mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, del entorno natural y en la consolidación de un modelo de sociedad de nuevo tipo; lo que exige de los trabajadores, en un primer plano, proponerse un debate profundo respecto a lo que son como clase social explotada bajo el capitalismo, de modo que asuman el papel que les corresponde en la transformación socialista de la sociedad en que viven.-

LA VIRTUD HISTÓRICA DE HUGO CHÁVEZ

LA VIRTUD HISTÓRICA DE HUGO CHÁVEZ

 

Aun cuando el mismo Hugo Chávez en su momento y sus seguidores han hecho valer la afirmación respecto a que “Chávez somos todos”, lo cierto del caso es que la misma adolece de una evidente debilidad, digamos conceptual y/o ideológica, que es preciso enmendar, puesto que son muchos quienes la utilizan sin sopesar la gran carga de responsabilidad revolucionaria que implica dicha frase, sobre todo, proviniendo de aquellos que ejercen funciones de dirección política, gremial y de gobierno. Cada uno de ellos (incluyendo a los voceros del poder popular) debiera entender como mínimo que la virtud histórica de Hugo Chávez fue saber interpretar y trazar adecuadamente el destino de Venezuela en un momento de su historia en que todo parecía no tener más salida que la violencia en tanto una militancia de izquierda se ensimismaba en lo ocurrido fronteras afuera, en la Unión Soviética, en lo que muchos aceptaron como el fin de la historia al abortarse el sueño de la revolución socialista.

Sin embargo, se debe enfatizar que todo ello no fue producto del azar ni del empeño (en todo caso, sumamente valioso) de un hombre predestinado. Como tantas veces lo dijera Chávez, las insurrecciones cívico-militares del 4 de febrero y del 27 de noviembre de 1992 no habrían sido posibles sin que se hubiera producido previamente la rebelión popular del 27 de febrero de 1989, lo cual refleja -de una u otra manera- la acumulación de fuerzas que venía manifestándose cada día en Venezuela al calor de las luchas libradas por el pueblo, deslegitimando así, con sus acciones reivindicativas, el dominio de los sectores gobernantes.

Como bien lo hace ver el periodista venezolano residenciado en Argentina Modesto Emilio Guerrero en su libro ¿Quién inventó a Chávez?, “el surgimiento de Hugo Chávez como la más relevante superestructura ideológica venezolana desde el año 1992, es un hecho progresivo en sí mismo. El punto débil de ese fenómeno asombroso es que el héroe nacional no fue acompañado por una organización revolucionaria fuerte que tuviera una sólida vanguardia politizada y educada en la democracia de base. Estas condiciones hubieran permitido que el mito -con toda su fuerza propulsora- funcionara como un instrumento del poder social y la organización, y no al revés, como resultó. En lugar de un mito asociado a, y regulado por, una fuerte estructura de cuadros políticos y organismos sociales probados en la lucha y las ideas, la historia venezolana tomó el camino del individuo sobredeterminado en el escenario”.

Este hecho, no obstante, pudiera revertirse a tiempo. Mucho de lo expuesto por Chávez cobra aun mayor vigencia que en el momento mismo que lo diera a conocer. Es por eso que Chávez trasciende las fronteras nacionales y es una referencia obligada de las luchas de emancipación que tienen lugar en nuestra América. El detalle está en conocer acertadamente lo que ha de hacerse para lograr -junto al pueblo organizado y consciente- el socialismo revolucionario en este país, teniendo como punto de partida lo iniciado ya por Chávez, correspondiendo a la virtud histórica que éste encarnara.-   

LA RESPONSABILIDAD DE TRANSFORMAR EL ESTADO BURGUÉS-LIBERAL

LA RESPONSABILIDAD DE TRANSFORMAR EL ESTADO BURGUÉS-LIBERAL

Frente a las diversas coyunturas creadas recientemente por la oposición fascista en Venezuela, los revolucionarios y chavistas tenemos la obligación ética y moral, (si es que somos realmente leales al legado político, ideológico e histórico del comandante Hugo Chávez) de cumplir con la gran responsabilidad de transformar de raíz el Estado burgués-liberal en uno esencialmente popular y participativo, convirtiendo al pueblo organizado y consciente en el eje central de todas sus acciones y decisiones.

Esto es algo en lo que se debe insistir a diario y aun en contra de quienes  actualmente ejercen funciones directivas y de gobierno que solo estarían interesados –egoístamente- en obtener su propio provecho sin proponerse en ningún momento en hacer realidad las ideas primordiales de la revolución bolivariana socialista que afirman defender.

Al respecto, hay que decir que esta circunstancia (de mantenerse por más tiempo sin una definición favorable y orientada a la plenitud del protagonismo del poder popular y a esa transformación necesaria del Estado vigente), le estaría dando mayores posibilidades a los enemigos de la revolución bolivariana socialista para que prosigan activando sus planes desestabilizadores, produciendo frustraciones y desencantos entre los sectores populares al no verse reflejados éstos en la conducta reformista de aquellos que se hallan al frente de las diversas instituciones públicas.

Aun así, chavistas y revolucionarios debemos mantener en alto la esperanza y anticipar que todo esto pudiera servir de caldo de cultivo para que se produzca un avance cualitativo de las fuerzas revolucionarias del pueblo venezolano, en el entendido que éste llegue finalmente a comprender cuál es su papel fundamental en todo lo que se refiere a la continuidad y al fortalecimiento de los cambios económicos, políticos, culturales y sociales que ya se han reflejado en la Constitución y demás leyes de la república, además de otros que se mantienen pendientes y que son altamente necesarios para consolidar la revolución en el país.

Lo mismo vale para el caso de la aplicación del Plan de la Patria 2013-2019 que precisa de mejores niveles de formación, de organización y de participación de quienes defendemos el proceso revolucionario socialista. Esto nos permite ser optimistas, sin pecar de idealistas, conscientes del largo y tortuoso camino todavía por recorrer para hacer entonces posible el socialismo revolucionario en Venezuela. Por ello ciframos nuestra confianza en los sectores populares organizados, ya que son ellos quienes conocen a profundidad la problemática que pueda aquejarles y pueden, además, ser parte significativa de su solución. Sólo faltaría que aquellos que dirigen al Estado en sus diferentes modalidades entendieran que sin la participación popular efectiva no se conseguirían jamás los objetivos revolucionarios bolivarianos socialistas y, menos, la construcción de un verdadero Estado comunal.-