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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

UNA SITUACIÓN AÚN MÁS RIESGOSA PARA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

UNA SITUACIÓN AÚN MÁS RIESGOSA PARA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

      La construcción del socialismo revolucionario nunca debiera verse como un asunto u objetivo extraño y diferenciado de la experiencia y de la cotidianidad práctica de los sectores populares y, más concretamente, de los trabajadores. Esto obligaría a quienes se planteen la transformación radical del actual modelo civilizatorio a recurrir a un constante debate teórico -sin olvidar por ello la praxis- con la finalidad inmediata de contrastar el discurso frente a la realidad de las cosas, con lo que se logrará, sin duda alguna, eliminar y evitar todas las deficiencias, los errores y las debilidades durante el proceso de cimentación de la revolución socialista. Sin embargo, a pesar de reconocerse la necesidad de tal debate, muchos de aquellos que ejercen el poder en nombre de la revolución socialista prefieren ignorarlo y descalificarlo sin disponer de muchas razones de peso. Algunos de ellos simplemente aducen que ésta es una artimaña de los enemigos de la revolución para debilitar y dividir las fuerzas revolucionarias, lo que les facilita salvaguardar el poder conquistado para beneficio propio e inculcar en los sectores de base el convencimiento generalizado que nada podría cambiar y que, por consiguiente, cualquier esfuerzo tendente a ello resultará completamente inútil.

      A simple vista, dicha situación es aún más riesgosa que las producidas por la contrarrevolución, ya que desmoraliza y desmoviliza a la militancia revolucionaria, restándole un importante apoyo a la revolución en marcha. Muy escasamente, quienes se hallan frente a esta situación llegan a comprender cabalmente la necesidad de la organización y de la difusión masiva de sus propuestas respecto a la revolución, forzando así al debate a sus detractores. Esto permite que prevalezca una dirigencia de estirpe reformista, cuyo interés fundamental es la preservación y ampliación de sus cuotas de poder, muy contrariamente a las expectativas creadas entre el pueblo, de tal manera que pocos llegan a creer que exista algún tipo de socialismo revolucionario en todo lo que se hace desde las esferas de gobierno.

     No obstante, los únicos modos de asegurar el avance y la consolidación del proceso de cambios revolucionarios en cualquier latitud de nuestro planeta siguen siendo la toma de conciencia, la organización autónoma y la movilización permanente de los sectores populares. No hay otros. Esto, por supuesto, exige producir una forma política que garantice y vele por la emancipación colectiva y no solamente asumir el control de todas las instancias del viejo Estado liberal-burgués al cual estamos todos acostumbrados. La idea primordial en cada uno de los revolucionarios conscientes es que la construcción del socialismo revolucionario no es nada abstracto sino expresión viva de las experiencias acumuladas en la lucha de clases y de la acción práctica emancipatoria de todos los sectores populares. Al plasmarse esto en nuestra realidad cotidiana, su consecuencia visible tendría que manifestarse de lo interior de cada persona a lo exterior de la vida social, dando origen, por tanto, a una revolución de contenido e inspiración verdaderamente socialistas.-

EL ESTADO COMUNAL, UNA REALIDAD REVOLUCIONARIA PENDIENTE

EL ESTADO COMUNAL, UNA REALIDAD REVOLUCIONARIA PENDIENTE

 

El Comandante Hugo Chávez, reflexionando sobre el avance del proceso de constitución de las comunas en Venezuela como nueva realidad de la transformación política, social, cultural y económica a la cual debieran sumarse todos los revolucionarios y chavistas del país, indistintamente de su posición jerárquica y de su capacidad intelectual, expresó con cierta dureza a sus ministros el 20 de octubre de 2012: “Creo que tenemos unos nuevos códigos; creo que tenemos una nueva arquitectura legal, jurídica, empezando por la Constitución; tenemos leyes de consejos comunales, leyes de comunas, economía comunal, las leyes de los distritos motores de desarrollo; pero no le hacemos caso a ninguna de esas leyes; nosotros, que somos los primeros responsables de su cumplimiento Yo espero ver respuestas a estas reflexiones y a esta autocrítica pública que estoy haciendo.” Este ejercicio frontal de crítica y autocrítica revolucionaria del Comandante Chávez sólo tuvo un eco en los sectores populares, siendo un simple saludo a la bandera para quienes ostentan cargos gubernamentales y partidistas, quedando todo en una aspiración inconclusa. Sin embargo, las palabras de Chávez aún resuenan entre aquellos revolucionarios y chavistas que no claudican, a pesar de los múltiples obstáculos y adversidades que enfrentan en su empeño por hacer realidad los cambios y las condiciones que servirán de fundamentos para la construcción revolucionaria y socialista del Estado Comunal que regiría Venezuela en los próximos años.

Teniendo en cuenta la vigencia de las Leyes del Poder Popular, las cuales comprenden la Ley Orgánica del Poder Popular, la Ley Orgánica de Comuna, la Ley Orgánica de Contraloría Social, la Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal y la Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular, además de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que consagra el ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica por parte del pueblo organizado, es de comprenderse la indignación de Chávez, puesto que su aplicación es muchas veces saboteada por aquellos que dicen responder a la voluntad del poder popular, cuestión que ha dificultado sumamente que éste último pueda asumir el protagonismo que le corresponde y, en consecuencia, convertirse en el artífice de la nueva realidad por construirse en el país. Aun así, existen organizaciones e individualidades revolucionarias y chavistas que pugnan por llevar a cabo este importante cometido, tomando en sus manos el legado del Comandante Chávez.  

Convencidos de su tarea revolucionaria, estas organizaciones e individualidades chavistas y revolucionarias han delineado lo que serían los rasgos distintivos del Estado Comunal: 1.- El poder es ejercido directamente por el pueblo (Democracia directa). 2.- Conformación de un modelo económico de propiedad social y  de desarrollo endógeno sustentable (Bien común). 3.- La célula fundamental de conformación del Estado Comunal es la comuna (Transformación estructural del Estado). Su puesta en práctica, indudablemente, supone una confrontación con el viejo modelo civilizatorio existente; de ello dependerá que continúe y se fortalezca el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela para ejemplo de los pueblos de nuestra América y del mundo.-

LA LEALTAD REVOLUCIONARIA NO ES UNA LEALTAD A CIEGAS

LA LEALTAD REVOLUCIONARIA NO ES UNA LEALTAD A CIEGAS

La lealtad revolucionaria no puede ni debe ser producto de la obtención o satisfacción particular de necesidades materiales, como siempre se acostumbró en el escenario político venezolano, sino que ella debe derivarse de la convicción y del compromiso de cada chavista y cada revolucionario de contribuir efectiva y permanentemente con el establecimiento de un nuevo modelo civilizatorio bajo los ideales del socialismo bolivariano. Entendida de esta forma, la lealtad revolucionaria será por tanto ajena a las imposiciones de una dirigencia sólo interesada en conservar a toda costa su estatus, por lo que no discriminaría los medios a su alcance para descalificar a quienes tienen la osadía de señalar sus errores, su ineficiencia y, lo que es peor, su falta de compromiso real para acometer los cambios que hagan posible la revolución, atendiendo a los reiterados llamados hechos en su momento por el Comandante y Presidente Hugo Chávez para configurar un nuevo Estado (esta vez de índole comunal) y se constituyera en toda su potencialidad creadora y re-creadora el poder popular.

Sin embargo, alguna dirigencia (incluida en ella aquellos que han tenido la “buena fortuna” de ser elegidos o llamados para ocupar cargos gubernamentales de cierta importancia en el ámbito nacional, regional o local) han convertido a la lealtad revolucionaria en una especie de exigencia que ha de cumplirse irrestrictamente, sin opinión propia y a ciegas, por parte de la militancia chavista, por lo que el ejercicio de la crítica y de la autocrítica que recomendara Chávez -salvo que implique elogios y ocultamiento de la realidad- no es permitida, a menos que se quiera merecer la descalificación de escuálido o, sencillamente, de contrarrevolucionario. Esto ha ocasionado que exista un creciente descontento entre muchos chavistas y revolucionarios, lo cual pudiera ser aprovechado oportunamente a su favor por la derecha que busca establecer cualquier circunstancia -inventada o real- para acabar con el proceso de cambios iniciado en 1999 en Venezuela. Tal cosa pareciera hacerse a propósito, dado que las bases chavistas, ya en tiempos de Chávez, así lo advirtieron en muchas oportunidades, a tal punto que un significativo porcentaje expresó su descontento y protesta mediante el voto en algunas de las últimas elecciones celebradas, permitiendo que los grupos opositores retomaran algunos espacios perdidos. De mantenerse inalterable dicha situación, aunada a la ineficiencia y a la corrupción de algunos funcionarios públicos que, prácticamente, se jactan de ello, confiados en que la ley nunca los alcanzará, no es descabellado vaticinar que los sectores contrarrevolucionarios pondrían en serio peligro la continuidad y avances del proceso revolucionario bolivariano socialista al no contar éste con un sólido bloque de apoyo popular. Al respecto, muchos chavistas y revolucionarios ya han alertado al Presidente Nicolás Maduro y a quienes le acompañan en el PSUV sobre lo que pudiera ocurrirle eventualmente al proceso revolucionario bolivariano socialista si no se corrigen a tiempo las inconsistencias, las debilidades y las incompetencias presentes en la gestión de gobierno.

Frente a semejante panorama no queda más que insistir, una vez más, en la necesidad de conformar, activar y movilizar a las diferentes organizaciones sociales que forman parte esencial del poder popular, como los consejos de trabajadores, las comunas y los consejos comunales. Asimismo, habría que fomentar espacios de discusión política y teórica que contribuyan al rearme ideológico de los sectores populares, incitándolos a la recuperación y superación del proyecto revolucionario bolivariano, de manera que éste sea guía constante de sus acciones revolucionarias y constituyentes.-       

EL RESPETO A LA DIVERSIDAD DEL PENSAMIENTO CHAVISTA Y REVOLUCIONARIO

EL RESPETO A LA DIVERSIDAD DEL PENSAMIENTO CHAVISTA Y REVOLUCIONARIO

 

 

Tomando en consideración que han transcurrido quince años de haberse iniciado el proceso de cambios revolucionarios liderado por el Comandante Hugo Chávez es fundamental que se promueva la diversidad del pensamiento chavista y revolucionario como una manera de evitar que sigan suscitándose situaciones que atenten contra la continuidad del proyecto chavista en Venezuela y éste acabe por convertirse en una versión “modernizada” de lo hecho por adecos y copeyanos en el pasado. En este sentido, las distintas fuerzas revolucionarias debieran dar un paso adelante, despojándose de su carácter esencialmente electoralista, e iniciar un diagnóstico descarnado del momento histórico que vive Venezuela, entendiendo que de la fortaleza del proceso revolucionario bolivariano dependerá mucho de lo que se haga o se deje de hacer a nivel de nuestra América, especialmente en lo tocante a la lucha que aún se ha de librar contra el imperialismo yanqui en pro de la emancipación de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños.

Hay que conjugar nuestras acciones políticas con aquella afirmación del Comandante Chávez cuando exhortaba que el pensamiento crítico, para que lo fuera plenamente, tendría que convertirse en propuesta revolucionaria para la transformación socialista de la sociedad actual, lo que implica darle espacio a la confrontación de ideas entre revolucionarios y chavistas, de modo que dicha confrontación sea un hecho cotidiano y permita corregir las fallas y las desviaciones que pudieran detectarse respecto al avance, la continuidad y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista. No hay otro modo y esto debieran comprenderlo quienes se presentan como líderes y dirigentes del chavismo en todos sus niveles, sea partidista o de gobierno, puesto que los sectores opositores tratan de obtener espacios de apoyo entre los sectores populares a consecuencia de la ineficiencia y la corrupción administrativa que identifican a algunas instituciones públicas, a pesar de los reiterados llamados del Presidente Chávez en su momento y del Presidente Nicolás Maduro en la actualidad para que el poder popular active la contraloría social y se castigue oportunamente a los responsables.

Por tales motivos, los distintos factores revolucionarios y chavistas tienen que contribuir al fortalecimiento de la conciencia revolucionaria del pueblo mediante un programa permanente de debates y de formación teórica que le permita distinguir, en una primera instancia, cuáles son los verdaderos propósitos de la oposición y, en una segunda instancia, descubrir y execrar  a quienes, desde sus posiciones de dirección partidista y de gobierno, solamente están motivados por sus apetencias grupales y personalistas. Esto, por supuesto, no tendrá ningún apoyo de parte de estos últimos, sin embargo, es lo más inmediato y lo más práctico que pueden idear y ejecutar los revolucionarios y chavistas en beneficio del proceso revolucionario bolivariano socialista en nuestro país, impidiendo que el mismo acabe siendo más de lo mismo, es decir, que se restaure el pasado.-

¿CON QUÉ CUENTA LA OPOSICIÓN?

¿CON QUÉ CUENTA LA OPOSICIÓN?

            En su terquedad para derrotar y derogar todo lo hecho por el proceso revolucionario bolivariano socialista, la oposición ha ideado una y otra fórmula a lo largo de quince años, tropezando siempre con el fracaso. Sin embargo, esto no amilana sus intenciones, contando con el auxilio siempre a la mano de representantes de la extrema derecha internacional y -cosa nada rara- del imperialismo yanqui. Para la contrarrevolución resulta más efectivo que dicha situación sea permanente, con sus altibajos, de manera que el gobierno venezolano tenga que ocuparse de ella mientras la población chavista -a pesar de conocer lo que debe hacer para expandir los logros revolucionarios- tiene que lidiar con los problemas estructurales generados por el sistema capitalista impuesto en el país, de tal suerte que la mayoría de las veces tiene que confrontar a una dirigencia y a un funcionariado sólo ocupados en su propio bienestar. Esto último pareciera constituir la baraja de triunfo de los grupos opositores, apostando éstos a que ello cause un mayor descontento del existente entre los sectores populares, quienes se verían defraudados y dispuestos a emitir un voto masivamente contrario a la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como se estilaba en el escenario electoral antes de la victoria de Hugo Chávez en 1998.

            No obstante, hay que considerar que, aun con las fallas presentes en la gestión gubernamental en sus diferentes niveles, un amplio segmento de la población sigue respaldando el proyecto político diseñado por el Comandante Chávez, lo que hace ilusoria cualquier tentativa de parte de la contrarrevolución para acabar con el mismo. Esta feliz circunstancia choca con los intereses de un estamento político que también maniobra con todos los recursos a su alcance para impedir que la revolución bolivariana sea una realidad cotidiana, sobre todo en lo que respecta a la organización del poder popular por medio de las comunas, cuestión que coloca a las bases chavistas entre dos aguas, por lo que estarían obligadas a definir su rol revolucionario, a pesar de todos los obstáculos con que puedan tropezar debido a unos u otros, “chavistas” u opositores.

            Ahora la oposición pretende, una vez más, conseguir unas elecciones presidenciales anticipadas, por lo que su anuncio de recolectar firmas para lograr la convocatoria a una nueva asamblea nacional constituyente representaría un primer paso en esta dirección, lo cual serviría de excusa para provocar mayores disturbios callejeros al no ver satisfecho su objetivo, ya sea porque el Consejo Nacional Electoral no reconozca la validez de dicha convocatoria o porque, sencillamente, no alcance el resultado electoral esperado. ¿Con qué contaría entonces la oposición? Inevitablemente habría que suponer que con una agenda extraconstitucional, acelerando las condiciones de ingobernabilidad en Venezuela que harían desear un cambio para conjurarlas, si antes las fuerzas revolucionarias no saben interpretar el momento histórico en que se halla este país y actúan en consecuencia para hacer la revolución popular y socialista que se procura.-  

 

FRENTE A LA OFENSIVA OPOSITORA, UNA REVOLUCIÓN MAYOR

FRENTE A LA OFENSIVA OPOSITORA, UNA REVOLUCIÓN MAYOR

Tanta es la preocupación que siempre ha embargado a los grupos opositores por derrocar al Presidente Nicolás Maduro que ya no la disimulan y por eso, llevados por su extremado fanatismo (alimentado a través de diferentes medios de información), no toman partido por ninguna medida que éste implemente en beneficio de la población venezolana en general. Así, buscan sembrar en el ánimo popular la idea que Venezuela está arruinada, en un callejón sin salida y al borde de un caos social, político y económico por culpa exclusiva de los desaciertos de Maduro, a pesar que éste promovió diálogos de entendimiento con el sector privado y la misma oposición para capear la crisis que estos últimos iniciaran desde el año pasado. Esto, lamentablemente, no ha podido conjurarse por completo. Hasta ahora, muchos chavistas y revolucionarios se han limitado al discurso, pero poco a las acciones que fomenten el poder popular en toda su dimensión creadora, sin atarlo a intereses grupales o personalistas que resulten totalmente contrarios a lo que debe ser la revolución bolivariana socialista en definitiva. Al mismo tiempo, éstos tendrían que contribuir a la contraofensiva del gobierno nacional en la guerra económica montada por los grupos de la oposición, ejerciendo la contraloría social y evitando que alguna gente inescrupulosa se dé a la tarea de aprovecharse de la necesidad de usuarios y consumidores sin pensar que están ayudando inconscientemente a crear las condiciones que aumentarían las posibilidades de una explosión social que, a la larga, los afectaría a todos por igual.

Indudablemente, esta situación de guerra económica ha podido ser contrarrestada de alguna forma, gracias a las previsiones estratégicas del Comandante Chávez, las cuales facilitaron una redistribución más equitativa de la renta petrolera en Venezuela, resultando así beneficiado un amplio porcentaje de la población, especialmente aquella que fuera marginada durante décadas por las elites gobernantes. Esto habría que enfatizarlo toda vez que se pueda, a pesar de las innegables deficiencias y contradicciones que presente el proceso revolucionario bolivariano socialista.

De ahí que sea necesario que los diversos factores revolucionarios lleguen a comprender que, frente a la ofensiva opositora y la falta de un verdadero compromiso político con el proceso revolucionario bolivariano socialista entre muchos de los funcionarios de la administración pública, se impone desarrollar unitariamente una política revolucionaria junto al pueblo en la calle. Al mismo tiempo, es preciso que se promueva un rearme político-ideológico de los sectores populares, de manera que estos ayuden a determinar objetivamente cuáles son aquellos elementos que pudieran estar afectando el avance revolucionario en todas las instancias posibles, lo cual le daría, sin duda, un reimpulso significativo a todas las conquistas alcanzadas durante estos últimos quince años, abarcando todos los ámbitos de la vida nacional y combinando lo político con lo social.-

LA REVOLUCIÓN: UNA GUERRA EN DIFERENTES FRENTES

LA REVOLUCIÓN: UNA GUERRA EN DIFERENTES FRENTES

 

Tras ser regida durante un tiempo prolongado gracias a una concepción eminentemente elitista y autoritaria que le permitió a los sectores dominantes del país asegurarse -a sangre y fuego, incluso- el usufructúo del poder, Venezuela transita ahora la búsqueda y construcción colectiva de un nuevo tipo de sociedad y de Estado, esta vez de carácter socialista. Esto ha conseguido remecer los cimientos del orden establecido (ya agrietado desde 1989), dado el impulso que le imprimió en todo tiempo el Comandante Hugo Chávez a los sectores populares para alcanzar sus viejos sueños de liberación y de justicia social, cuestión que supone librar mayores luchas y cambios que terminen por profundizar y consolidar los cambios logrados hasta ahora. No obstante, la vieja cultura populista y demagoga aún se mantiene viva, mermando las potencialidades de la democracia participativa y protagónica establecida constitucionalmente al dársele cabida al clientelismo político, a la mediocridad intelectual y al burocratismo ineficiente, representados por muchos gobernantes y dirigentes políticos.

Por eso, el proceso revolucionario bolivariano socialista ha enfrentado, desde un primer momento, una guerra en diferentes frentes, tanto externos como internos, siendo éstos últimos los de mayor dificultad, en vista que sus protagonistas asumen ser revolucionarios y chavistas, muchos ubicados en posiciones de dirección política y de gobierno, que con su doble moral causan mayores estragos entre las bases militantes del chavismo que las mismas acciones desestabilizadoras de la contrarrevolución. En relación a ello, vale la pena citar lo escrito por Farruco Sesto en sus notas sobre el arte de gobernar en revolución escritas con la ayuda de un diablillo al oído “el uso del poder es una verdadera radiografía de la condición revolucionaria de quien lo ejerce. Porque el poder es del pueblo. Quien se lo devuelve cada día, está en la revolución. Quien cada día lo secuestra, esta con la revolución. Quien cada día ejerce el poder con sabiduría y humildad acierta. Quien lo ejerce con torpeza y soberbia (que suelen ir juntas) se equivoca de pleno. (…) hay algunos cuadros en funciones de gobierno que no merecen estar allí. Pues en el uso del poder han revelado su verdadera naturaleza reaccionaria”. Más claro no canta un gallo. Esto ha impactado de modo negativo en la percepción que se tiene respecto a la viabilidad del socialismo revolucionario en Venezuela, causando algunas deserciones y decepciones atentan contra el mismo al dejarle espacios vacíos a la derecha, lo cual es reflejo de la falta de un compromiso revolucionario acérrimo que impida alguna restauración del viejo régimen puntofijista o su versión remozada.

Por supuesto, en esta guerra que se libra en diferentes frentes -que es la revolución socialista bolivariana- se debe exigir un mayor nivel de formación de una conciencia revolucionaria que facilite atacar las desviaciones, inconsistencias y debilidades presentes en el proceso revolucionario socialista y, en consecuencia, aportar propuestas factibles que permitan superarlas y erradicarlas de modo definitivo. Sin embargo, esto no debe ser algo transitorio sino una iniciativa permanente de parte de todos los revolucionarios, cuya meta no sea otra que la construcción de un modelo de sociedad de nuevo tipo, inclusiva, democrática, participativa y, por supuesto, socialista.-

REVOLUCIÓN vs. ESTADO. LA CONFRONTACIÓN PENDIENTE.

REVOLUCIÓN vs. ESTADO. LA CONFRONTACIÓN PENDIENTE.
Es muy fácil formular conjeturas respecto a la suerte futura de la revolución bolivariana, en especial cuando estás nacen de la incertidumbre creada por la desaparición física de un líder carismático como lo fue, sin duda alguna, Hugo Rafael Chávez Frías, un subversivo en Miraflores que supo entender su papel histórico en la conducción de un proceso de cambios que ya venía gestándose en Venezuela mucho antes de 1992. Ahora, frente a la coyuntura creada, básicamente, por la crisis en el orden productivo nacional y en el abastecimiento de ciertos rubros necesarios, la escasez y especulación en relación al dólar, además del burocratismo y la corrupción administrativa, no son pocos los analistas que ya anticipan, no sin cierta resignación, que estaría pronto el final de todo el proceso revolucionario bolivariano socialista al observarse que gran parte de lo hecho y predicado por el Comandante Chávez sólo ha servido para apuntalar el caduco Estado liberal-burgués bajo la dirección de una burocracia político-partidista corporativa que busca minimizar e impedir de cualquier modo y por alguno u otro motivo todo lo referente a la organización y a la activación protagónica de los sectores populares revolucionarios.

Esta situación bizarra en un proceso revolucionario, como el bolivariano socialista, que se estaría fundamentado esencialmente en el protagonismo y la participación del pueblo, sustituyendo al Estado tradicional por otro más adecuado a la nueva realidad venezolana, estaría conspirando contra la posibilidad de concretar realmente una revolución de carácter popular y socialista. Tal pareciera que al nuevo estamento político poco le importara lo que ocurre aguas abajo, de ahí que pareciera no acertar con medidas eficaces que reduzcan el impacto de las maniobras desestabilizadoras de la oposición y de sus mentores extranjeros. Por ello, mucha gente del chavismo de base comienza a decepcionarse y a apartarse del activismo político al percibir en el comportamiento de sus dirigentes la misma ambición de poder de sus enemigos ideológicos, a tal punto que semejante decepción -de extenderse masivamente entre las filas chavistas- podría precipitar situaciones que, en el corto tiempo, harían inestable el gobierno de Nicolás Maduro Moros (lo mismo que el proceso revolucionario bolivariano socialista).

Haría falta (si así llegaran a entenderlo alguna vez, con sensatez, quienes representan la dirigencia chavista) un sacudón hacia lo interno y jugarse el todo por el todo con el protagonismo y el debate crítico y propositivo de las bases chavistas, como lo manifestara recientemente este 6 de junio el Presidente Maduro en asamblea celebrada con las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBCH) del estado Miranda. Y entender que esto significará, en cualquier nivel y propósito, una confrontación pendiente e inevitable entre la Revolución y el viejo Estado que se niega a desaparecer, producto de la inmadurez de las condiciones subjetivas necesarias de aquellos que tienen la responsabilidad de administrar las diferentes estructuras públicas. De otra forma, se correría el riesgo de condenar al proceso revolucionario bolivariano socialista a su total extinción, por lo que la advertencia hecha por Chávez en su alocución del golpe de timón resultaría algo más pertinente en éste y en todo otro momento.-