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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

POR ENCIMA DE TODO, PRIVILEGIAR LA ACCIÓN REVOLUCIONARIA DEL PUEBLO

POR ENCIMA DE TODO, PRIVILEGIAR LA ACCIÓN REVOLUCIONARIA DEL PUEBLO

En ocasión de la construcción del gobierno comunista en lo que sería la Unión Soviética, Trotsky decía que: "Las tareas del nuevo régimen son tan complejas que no se podrían resolver más que por la competencia entre diferentes métodos de construcción económica y política, más que por largas ‘discusiones’, más que por la lucha sistemática, lucha no sólo del mundo socialista con el capitalista sino también lucha de diversas corrientes y tendencias al interior del socialismo". Esto podría generalizarse a todo gobierno y Estado que procure diferenciarse del orden capitalista establecido, apelando al socialismo revolucionario. De igual modo, valdría también para justificar las torpezas, las ineficiencias e, incluso, las desviaciones ideológicas del nuevo estamento gobernante.

Sin embargo, lo más resaltante de la reflexión de Trotsky es el reconocimiento de la necesidad de aplicar fórmulas o alternativas simultáneas, dirigidas todas ellas a la construcción social, cultural, económica y política del socialismo. Es decir, para Trotsky (al igual que para otros teóricos revolucionarios luego de Marx y Engels) es saludable que dicho proceso de construcción esté caracterizado por luchas de corrientes y tendencias ideológicas, impulsadas por un propósito común, pero sin ningún espíritu sectario, puesto que las mismas servirían para obtener un modelo más acabado de lo que sería, finalmente, este socialismo revolucionario. Una posición más cercana a la realidad de las cosas, en contraste a lo que fuera -en la URSS y demás naciones bajo su órbita- la ortodoxia oficial, la misma que condenara al ostracismo y a la muerte a muchos que tuvieron la audacia de develar las inconsistencias, errores y desviaciones observadas, lo cual causó que éstas se prolongaran sin la más mínima revisión crítica, produciéndose -en su caso- un colapso total.

Como podrá deducirse, la vitalidad del ideario socialista no proviene -como muchos estiman equivocadamente- de la hegemonía alcanzada (copando todas las estructuras del poder constituido) sino de la diversidad que lo sustente. Pocos logran entender que la sociedad de nuevo tipo será producto de la transformación estructural de la actualmente existente, cosa que será difícil de alcanzar de recurrirse a las fórmulas gastadas de la socialdemocracia o, más concretamente, a las concepciones neoliberales capitalistas.

En opinión de Rosa Luxemburgo, "históricamente los errores cometidos por un movimiento verdaderamente revolucionario son más fructíferos que la infalibilidad del mejor Comité Central". Esto nos conduce a privilegiar la acción revolucionaria de los sectores populares aunque de manera general se invoque -desde las alturas del poder constituido- la conveniencia de la disciplina, puesto que son éstos quienes mejor conocen las vicisitudes que les ha tocado afrontar desde siempre bajo la expoliación capitalista y, por tanto, los mejor identificados con la exigencia de levantar en su lugar un régimen y un nuevo modelo civilizatorio más adecuados a sus intereses y a sus necesidades primordiales. Al hacerlo, los sectores populares conscientes y organizados no estarían más que ratificando su papel protagónico y participativo en el ejercicio constituyente de la democracia directa, derivada ella (como ha de ser) de la forja colectiva del socialismo revolucionario.-

REVOLUCIÓN DESDE LAS BASES

REVOLUCIÓN DESDE LAS BASES

La falta de una conexión orgánica permanente de las diferentes instituciones del Estado venezolano con los sectores populares organizados, especialmente con aquellos que respaldan decididamente el actual proceso revolucionario bolivariano socialista, podría provocar escenarios adversos a la marcha de este proceso; sobre todo si tomamos en cuenta la proximidad de las elecciones de diputados a la Asamblea Nacional y la persistencia de un desabastecimiento no resuelto de productos esenciales para la familia venezolana que minaría la confianza popular en la eficacia del gobierno nacional para contenerladel todo. Esto es algo que amerita cuanto antes la intervención activa de revolucionarios y chavistas para derrotar cualquier estratagema opositora, tanto la de aquella que propiciaría más violenciaen el país como la que simula ser democrática y pacífica. Además, cada colectivo revolucionario y chavista tiene ante sí un debate objetivo y constante, a fin de detectar cuáles son las fallas y los errores cometidos en lo que se refiere a la puesta en marcha de las diversas misiones sociales y la gestión de gobierno en todos sus niveles.

En este sentido, quienes se hallan actualmente al frente de las instituciones públicasserían los mejor llamados a una discusión seria y abierta sobre la realización de acciones a las que se sumarían los movimientos populares, lo mismo que los partidos políticos que respaldan al proceso revolucionario bolivariano socialista. De este modo, sería altamente posible no sólo enfrentar exitosamente a la oposición en cualquier evento futuro sino también crear las condiciones ideales para que exista entonces una verdadera unidad revolucionaria,desde las bases mismas, sin las apetencias personalistas y el comportamiento sectario que la han impedido hasta ahora. En esta situación, se requiere una revolución desde las bases populares que deje atrás los criterios de la democracia representativa einstituya en su lugar los correspondientes a una democracia directa, extendiéndose a todos los ámbitos de la vida en sociedad.

A todo ello hay que agregar la necesidad de poner en práctica los postulados fundamentales del socialismo bolivariano, de modo que esto sirva para determinar su viabilidad, sobre todo en materia económica, sin tener que recurrir a la lógica del capital cuando lo que se impone es su completa sustitución. Esto es algo que, de alguna forma, ha sido obviado, dándosele más énfasis a la política social del gobierno (lo que no podría descalificarse por completo del mismo modo como lo hacen los enemigos del proyecto revolucionario bolivariano) que a la implementación de una economía de tipo socialista, teniendo a la mano los ingentes recursos provenientes de la renta petrolera. Éste sería un gran reto por conquistar del gobierno de Nicolás Maduro y, con él, de todas las fuerzas chavistas y revolucionarias; máxime cuando se enfrentan las consecuencias de un desabastecimiento artificial de productos orquestado por el sector empresarial opositor. Por consiguiente, el gobierno no debiera confiar en soluciones parciales que no llegan al meollo del asunto, que no es otro que la existencia del capitalismo rentista y dependiente que desde siempre ha existido en Venezuela. Esto supone la ejecución de medidas revolucionarias que privilegien la acción directa de trabajadores y productores, estableciéndose unas nuevas relaciones de producción y una orientación de la economía que modifique radicalmente los paradigmas impuestos por la lógica capitalista.

2015: EL ÚLTIMO AÑO DE LAS DEFINICIONES

2015: EL ÚLTIMO AÑO DE LAS DEFINICIONES

2015 tendría que ser abordado como el año de la definición y de la construcción definitiva de la transición al socialismo bolivariano. Entendido este planteamiento, toda acción de gobierno se ajustaría por completo a este objetivo fundamental, puesto que las arremetidas imperialistas y opositoras no dejarán de manifestarse con alguna intensidad a fin de evitar que los sectores populares sigan apoyando el proceso revolucionario bolivariano socialista. Esto es algo que debe comprometer la conciencia y el comportamiento de quienes dirigen las instituciones del Estado y los diferentes partidos políticos identificados con la revolución bolivariana, tomando en cuenta que su primer deber es asegurar la transformación estructural de dicho Estado, de manera que exista entonces uno más ajustado al ejercicio pleno de la democracia directa.

Este nuevo año del proceso revolucionario bolivariano socialista debe orientarse, asimismo, a la construcción de un modelo económico verdaderamente socialista y no continuar aplicando medidas capitalistas, como en el caso de la guerra económica provocada por la oligarquía financiera y comercial del país, las cuales no hacen más que estimular la corrupción, la usura y la especulación. Por consiguiente, en esta fase los trabajadores revolucionarios tienen un papel esencial que cumplir y no atenerse a la conquista de mejoras salariales que, a la final, no hacen más que profundizar el consumismo y aumentar las ganancias de los capitalistas. Éstos debieran hacerse protagonistas y sujetos históricos de tal modelo económico socialista, ya que resulta altamente contradictorio hablar de socialismo y de revolución en Venezuela cuando la realidad es otra, es decir, una realidad económica netamente capitalista, dependiente en gran medida de la renta petrolera manejada por el Estado venezolano.

Hace falta, por tanto, que los venezolanos, en especial los revolucionarios y los chavistas, tomemos plena conciencia de lo que está ocurriendo en nuestra nación como consecuencia de la ambición de poder de los grupos de oposición, queriendo éstos recuperar por cualquier vía a su alcance la administración del Estado para así disfrutar de los beneficios económicos generados por la industria petrolera nacional, algo que ya evidenciaron en su momento cuando sabotearon el suministro de gas y gasolina al producirse el paro empresarial promovido por Fedecámaras, la CTV y la Coordinadora Democrática para derrocar al Presidente Hugo Chávez. Esto último no lo podemos olvidar los venezolanos de ningún modo, ya que ello permitió desenmascarar a los grupos opositores en cuanto a sus intereses y odio de clase al utilizar la escasez de productos como arma política para desestabilizar, como ahora, al gobierno chavista.

EL GRAN PROBLEMA DE LA REVOLUCIÓN EN VENEZUELA

EL GRAN PROBLEMA DE LA REVOLUCIÓN EN VENEZUELA

Si se abandona y no se le presta la debida atención a la brecha ideológica que debiera definir a quienes buscan precipitar la derrota total del proceso revolucionario bolivariano socialista y aquellos que, simplemente, se esfuerzan cada día por apuntalarlo -estableciendo una clara diferenciación entre unos y otros, sacando a la luz a los oportunistas y demagogos que se aprovechan vilmente de la confianza popular- será difícil que este proceso no sufra alguna alteración sustancial que lo desvíe de sus objetivos fundamentales. Esto (más allá de los discursos acostumbrados) servirá de fuerza centrífuga para determinar el grado de compromiso de los hombres y las mujeres que se dicen revolucionarios y revolucionarias, estimulando en aquellos/aquellas que sí lo son a emprender acciones que mantengan y/o aceleren el ritmo del avance del proceso revolucionario bolivariano socialista, tomando en cuenta que se ha de impulsar y afianzar en todo momento la transformación estructural del viejo Estado de estirpe burgués-liberal y, junto con ella, la garantía absoluta de la práctica de la democracia directa fórmula efectiva y constante que, dirigida por el pueblo consciente y organizado, permita producir entonces los cambios que aún hacen falta para la definitiva transición al socialismo.

Mediante tal cosa, podrá impedirse el estado de desaceleración y de desviación que presenta el proceso revolucionario bolivariano socialista, una vez sufrida la derrota electoral del 2 de diciembre de 2007, el cual -de no actuarse con verdadero espíritu patriótico y revolucionario- tendería a agravarse, sin una aparente solución inmediata. Esto exige, por otra parte, mayores esfuerzos y propósitos políticos, ideológicos, culturales, económicos, sociales y militares, encaminados a devolverle al proceso revolucionario bolivariano socialista el dinamismo y la espontaneidad de sus inicios. Esta vez, con el conocimiento suficiente del camino recorrido desde 1998 hasta el presente, lo cual contribuiría a visualizar mejor en qué se ha fallado y qué podría hacerse al respecto para que ello no vuelva a repetirse jamás en el futuro.

El gran problema que se presenta es, justamente, cómo profundizar el nivel de formación teórica de los sectores populares, de modo que éstos comprendan adecuadamente el escenario actual del país y abandonen toda manifestación de pragmatismo reformista, toda vez que no existe el mismo liderazgo carismático del Comandante Hugo Chávez que pueda auspiciar mayores acciones revolucionarias desde el alto gobierno. Más ahora cuando los sectores opositores amenazan la hegemonía chavista mediante la implementación de una agenda de caos y violencia política que tratan de imponer con la finalidad de reducir el respaldo popular al proceso revolucionario bolivariano socialista, aprovechándose de la escasez inducida de diversos productos indispensables para las familias venezolanas, sometiéndolas a una economía de guerra, prácticamente, desde hace más de un año, a pesar de las medidas conciliatorias del gobierno nacional. Resolver semejante problema supone, entre otras cosas, asumir un gran desafío de parte de los revolucionarios, incluso de aquellos chavistas que nada más aspiran a que todo marche bien en Venezuela, sin que existan las secuelas nefastas del pasado puntofijista, por lo que se tendría que iniciar, desde ya, la reivindicación y la repotenciación del proyecto revolucionario original y nutrirlo con las experiencias de lucha acumuladas por los sectores populares revolucionarios y chavistas.-     

DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA A LA DEMOCRACIA DIRECTA

DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA A LA DEMOCRACIA DIRECTA

Con Hugo Chávez, el concepto y la percepción de la democracia dan un giro inusitado, sorprendiendo y alarmando a quienes -desde 1958 bajo el amparo del Pacto de Punto Fijo- habían usufructuado el poder en Venezuela al margen de las necesidades y aspiraciones de los sectores populares. Mucha gente para entonces -incluidos algunos de los participantes en los dos movimientos insurreccionales de 1992- se habían mostrado escépticos al respecto, creyendo que cualquier cambio que se planteara en referencia a las relaciones de poder sería cosa más que difícil, imposible. Sin embargo, la tesis de Chávez para impulsar un proyecto revolucionario en el país y tomar el poder mediante las mismas reglas de juego del sistema democrático representativo demostraría a la postre ser la más acertada, estimulando la participación popular más alta que haya consignado la historia electoral venezolana.

Luego vendría su convocatoria a la elección de una asamblea nacional constituyente, lo que para Chávez fuera su promesa electoral más importante y a través de la cual millones de venezolanas y venezolanos pudieron acceder a un debate sobre el tipo de república y de sociedad que debía construirse a partir de ese momento. El resultado sería una nueva Constitución que recogería y plasmaría (a grosso modo) los mayores aportes de la ciudadanía, convertida ahora en protagonista de su propia historia colectiva. El sistema democrático representativo que ya venía haciendo aguas desde algo más de una década atrás, producto de la inmoralidad manifiesta de una dirigencia política cleptocrática, unida a una burguesía parasitaria y antinacional, se vio cuestionado seriamente desde sus cimientos ante las exigencias de participación y protagonismo de los sectores populares altamente excluidos (social, política, cultural y económicamente), quienes empezaron a movilizarse, a debatir asuntos de interés colectivo y a organizarse en función de la defensa de los diversos cambios revolucionarios, destacando la aprobación del nuevo texto constitucional en 1999 y el respaldo decidido a todas las acciones de gobierno impulsadas por el Presidente Chávez.

La democracia, hasta entonces un concepto y una praxis restringidos, de uso casi exclusivo de las elites gobernantes, tuvo un salto cualitativo fundamental al convertirse en una democracia participativa y protagónica en manos del pueblo. De esta manera, la democracia participativa y protagónica se hizo carne y verbo entre el pueblo venezolano. A ello ayudó, sin duda, la pedagogía política puesta en práctica por Chávez desde Miraflores. En especial, cuando decretó la creación de las diferentes Misiones sociales que coadyuvarían a saldar una gran deuda social con el pueblo irredento de Venezuela en cuanto a salud, educación, vivienda, dotación de tierras, reivindicaciones laborales y reconocimiento de las culturas autóctonas y afro-descendientes, entre otros aspectos y elementos que le restituirían la dignidad perdida y mejorarían ampliamente sus condiciones materiales de vida. Ahora, consolidados estos cambios revolucionarios, en uno y otro sentido, el concepto y el ejercicio de la democracia tendrían que trascenderse, vivir una transformación que resulte esencial para hacer perfeccionar y fortalecer definitivamente el proceso revolucionario bolivariano socialista en el amplio territorio venezolano: volverse democracia directa, cuyo ejercicio pleno por parte del pueblo consciente y organizado haga realidad un nuevo modelo de civilización, con una nueva concepción del mundo y una nueva conciencia social, en beneficio de cada uno de sus integrantes.

Esto es algo insoslayable. Aunque algunos quieran represarlo y disfrazarlo con medidas y discursos aparentemente revolucionarios que apenas llegan a rozar las estructuras del viejo orden representativo (capitalismo y democracia representativa, básicamente); lo que explica las grandes contradicciones, debilidades e inconsistencias presentes en el proceso revolucionario bolivariano socialista. Empero, a pesar de esto último, se nota un cambio positivo en la conciencia popular, aunque ayuna aún de liderazgos propios que luchen por sus más sentidas reivindicaciones y no sucumban ante las tentaciones materialistas del capitalismo. Tal cosa, sin embargo,  posibilita extensamente que la democracia directa no sea una concepción política abstracta sino que, al igual que la democracia participativa y protagónica, llegue a ser el instrumento cotidiano para el fortalecimiento y las conquistas del proceso revolucionario bolivariano socialista y sirva así de farol luminoso para el resto de la humanidad que lucha por su emancipación integral contra su mayor enemigo: el imperialismo gringo y el capitalismo globalizado.-     

DEL ESTALINISMO A LA CRIOLLA Y LA PREOCUPACIÓN DE CHAVISTAS Y REVOLUCIONARIOS

DEL ESTALINISMO A LA CRIOLLA Y LA PREOCUPACIÓN DE CHAVISTAS Y REVOLUCIONARIOS

 

EL ESTALINISMO A LA CRIOLLA Y LA PREOCUPACIÓN DE CHAVISTAS Y REVOLUCIONARIOS 
Homar Garcés 

Es imperativo que revolucionarios y chavistas estén dispuestos a rescatar el paradigma político del cual hiciera uso Hugo Chávez para las elecciones presidenciales de 1998 en relación a que la lucha electoral puede abrir nuevas vías democráticas y, junto con ellas, cambios realmente revolucionarios que beneficien a los amplios sectores populares desposeídos, explotados y excluidos del país. Especialmente ahora cuando se advierte cierta descomposición moral del chavismo (aún no totalmente extendida), producto de la práctica reformista (o cuartorrepublicana, como algunos gustan catalogarla) de quienes tienen la alta responsabilidad de dirigir las instituciones políticas, sean nacionales, regionales o locales, negándose a dar un paso decidido (y decisivo) para que la revolución bolivariana socialista termine por profundizarse y afianzarse. Esto exige, de paso, procesar y documentar todo lo realizado hasta el presente en nombre de la revolución. Cuestionar lo que haya que cuestionarse y poner en práctica algunas de las propuestas que muchos chavistas y revolucionarios creen necesarias para evitar que dicha descomposición se extienda por completo y se diluya entonces -con más pena que gloria- el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela, frustrándose, una vez más, las expectativas populares.

Por ello, es comprensible la preocupación mostrada en algunos medios de información por una variada gama de revolucionarios y chavistas con respecto a la tendencia conciliadora y reformista que parece orientar a la dirigencia política del chavismo, a lo cual esta última sólo responde con una condena inquisitorial a la crítica, aduciendo que quienes lo hacen son unos resentidos sociales y representan la quinta columna que perjudica el avance revolucionario. Así, muchos de estos chavistas y revolucionarios son víctimas constantes de esta especie de estalinismo a la criolla, tratando de acallar sus voces y su contacto cara a cara con los sectores populares revolucionarios organizados. Esto se pone de manifiesto sobre todo cuando se echa mano a lo expuesto, sugerido y exigido por el Comandante Chávez a lo largo de su mandato presidencial, algo que pone al descubierto el profundo abismo que separa a tal dirigencia de lo que ha de ser el proceso revolucionario bolivariano socialista al contrastarse su comportamiento pequeño-burgués frente al de los sectores populares.

A la par de todo esto, es ineludible tener presente que el proceso revolucionario bolivariano socialista sólo será posible en tanto la organización, la participación, la conciencia y el protagonismo del pueblo lo caractericen en todo momento. Suponer algo ajeno a esta condición, o reducirla a una representación meramente simbólica, sería contradecir totalmente la naturaleza fundamental del socialismo bolivariano. Por ello mismo, se debe reconocer la diversidad ideológica y política que éste contiene y origina, por lo que el espíritu de partido que algunos buscan imprimirle resulta indiscutiblemente inadecuado, ya que lo que tendría que predominar es la construcción de la hegemonía popular, de forma que se terminen por desmantelar las relaciones de poder tradicionales y se pueda erigir en consecuencia un nuevo tipo de Estado. Esto será un proceso que contribuirá, sin duda, al empoderamiento colectivo, constituyendo la mejor garantía que se pueda tener para la consolidación y la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista.-     

 

LO QUE AMENAZA EL AVANCE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LO QUE AMENAZA EL AVANCE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

La falta de claridad ideológica por parte de quienes se mantienen al frente de las distintas instancias del poder constituido respecto a cuáles serían las causas que originan los distintos problemas coyunturales y estructurales que afectan a la población venezolana es lo que ha permitido la persistencia de los mismos, lo que tiende a agravarse más al mantenerse prácticamente inalterables los métodos administrativos existentes en el pasado, cuestión ésta que impide grandemente el avance cualitativo -como las condiciones subjetivas y objetivas- que facilitarían la construcción socialista de un nuevo tipo de sociedad en el país. Tal falta es la piedra angular sobre la cual se asentaría eventualmente la ofensiva de los enemigos del proceso revolucionario bolivariano socialista, confiados en que ello les permitirá acceder al poder en cualquier momento, dada la separación evidente entre quienes ocupan cargos de gobierno y de dirección política y aquellos que, desde las bases chavistas, aún mantienen su empeño en hacer realidad la revolución bolivariana en Venezuela.

Al desdeñar de manera sistemática la formación ideológica y política de los sectores populares (al igual que el debate revolucionario permanente), optándose -básicamente- por la atención y la satisfacción primaria de sus necesidades materiales, la dirigencia del chavismo (sobre todo, aquella en influyentes cargos de gobierno) da pie para que el arraigo del proceso revolucionario bolivariano socialista se sostenga en base a promesas y gratificaciones económicas, especialmente en épocas electorales, empleando el clientelismo político clásico de adecos y copeyanos. Esto ha ocasionado que el entusiasmo y el compromiso revolucionario del pueblo en torno a la figura de Hugo Chávez esté, de alguna forma, diluyéndose paulatinamente, a tal punto que pudiera vaticinarse, con más pena que gloria, el fin del proceso revolucionario bolivariano socialista, por lo menos en lo que fuera su esencia fundamental en el comienzo, extraviándose, por tanto, su razón de ser.  

Ciertamente, el error de muchos de nuestros gobernantes "revolucionarios" es creer que al pueblo venezolano sólo le basta disponer de un mínimo de recursos económicos mediante los cuales satisfaga su largamente postergada hambre consumista. Esto los ha convencido además que el tema de la formación teórica es algo secundario, inútil y poco menos que incomprensible y aburrido para los sectores populares, minimizando y olvidando la tarea pedagógica emprendida por el Comandante Hugo Chávez a lo largo y ancho de Venezuela en todas sus intervenciones públicas, como también el importante papel cumplido por la gente de a pie en la defensa en todo momento de la constitucionalidad y de la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista; lo que contraría totalmente su posición reformista. Es así entonces que, por un lado, observamos a una dirigencia ensimismada en la conservación de sus privilegios y, por el otro, a un significativo contingente de revolucionarios y chavistas que continúan enfrascados en no permitir que el proceso revolucionario bolivariano socialista fracase de cualquier modo. En la definición y superación de esta contradicción, se halla contenida la sobrevivencia y vigencia del proceso revolucionario bolivariano socialista, cuestión que no podría prolongarse interminablemente, consumiéndose a sí mismo y reduciendo entonces las posibilidades de su triunfo definitivo.-   

LA PUNTA DE LANZA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO SOCIALISTA

LA PUNTA DE LANZA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO SOCIALISTA

 

Cada uno de los factores de la revolución bolivariana tendría que acompañar desde ya y decididamente la conformación de las comunas. Sin embargo, los mismos deben tomar en cuenta que ello no significa en modo alguno que las comunas y, por extensión, las demás formas organizativas del poder popular tengan que subordinarse, en parte o por entero, a aquellos intereses que serán siempre ajenos al ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica, ya que esto sería retrasar insensatamente el protagonismo del poder popular y, por consiguiente, sería darle vida a las mismas prácticas clientelares y burocráticas que caracterizaron en el pasado a los gobiernos reformistas de AD y COPEI. Para que tal cosa no ocurra, las comunas y las demás formas organizativas del poder popular están obligadas a adoptar una fisonomía y un contenido verdaderamente socialistas, con lo cual podrán entonces incidir directa y decisivamente en los diversos cambios que tienen que implementarse y que transformarán radicalmente al Estado burgués-liberal vigente, convertido en uno más cónsono con la práctica y el discurso revolucionarios. Las comunas representan, en este momento, la punta de lanza para la consolidación definitiva del proceso revolucionario bolivariano socialista, conformando espacios de convivencia, participación, solidaridad y acción revolucionaria en continuo debate y renovación.

De ahí que sea importante saber interpretar el momento histórico por el cual atraviesa Venezuela en la actualidad, considerando el malestar innegable que existe a nivel de las bases populares respecto a la actuación de los burócratas y oportunistas de la administración pública; sobre todo, conocer algo más de más cerca los errores, las deficiencias y las debilidades del proceso revolucionario bolivariano socialista, lo que le permitiría a cada chavista y revolucionario determinar con una mayor exactitud la manera de enfrentar las arremetidas de la contrarrevolución, tanto las internas como las externas, así como establecer una estrategia y unas tácticas que coadyuven a superar la coyuntura creada por ésta, especialmente en materia económica. Al respecto, chavistas y revolucionarios deben mancomunar esfuerzos y respaldar, si se quiere, de forma extrema, las medidas hasta ahora implementadas por las autoridades nacionales, a fin que se reduzcan los problemas suscitados, por ejemplo, con el abastecimiento de varios productos en el país y recuperar los espacios que, por una u otra razón, se habrían abandonado, dándole oportunidades a la oposición.

Por ello, la constitución de las comunas -lo mismo que las diferentes formas organizacionales del poder popular- tendrían que alterar significativamente todo lo existente, haciendo prevalecer en todo momento la soberanía del pueblo, y aprestarse, además, a defender con mucho celo la independencia que ha de caracterizarlas respecto al Estado. Esta tendría que ser entonces su orientación principal. De ser otra, el viejo sueño socialista no será jamás posible, aun cuando exista la mayor disposición para alcanzarlo, reduciéndose todo a un simple reformismo que no afectará en nada el modelo de civilización vigente, construido a imagen y semejanza de la lógica capitalista y, por consiguiente, incompatible con las aspiraciones populares de beneficiarse de un mayor grado de democracia, igualdad, justicia social y libertad, sin exclusiones de ninguna clase.-