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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LO QUE AMENAZA EL AVANCE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LO QUE AMENAZA EL AVANCE DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

La falta de claridad ideológica por parte de quienes se mantienen al frente de las distintas instancias del poder constituido respecto a cuáles serían las causas que originan los distintos problemas coyunturales y estructurales que afectan a la población venezolana es lo que ha permitido la persistencia de los mismos, lo que tiende a agravarse más al mantenerse prácticamente inalterables los métodos administrativos existentes en el pasado, cuestión ésta que impide grandemente el avance cualitativo -como las condiciones subjetivas y objetivas- que facilitarían la construcción socialista de un nuevo tipo de sociedad en el país. Tal falta es la piedra angular sobre la cual se asentaría eventualmente la ofensiva de los enemigos del proceso revolucionario bolivariano socialista, confiados en que ello les permitirá acceder al poder en cualquier momento, dada la separación evidente entre quienes ocupan cargos de gobierno y de dirección política y aquellos que, desde las bases chavistas, aún mantienen su empeño en hacer realidad la revolución bolivariana en Venezuela.

Al desdeñar de manera sistemática la formación ideológica y política de los sectores populares (al igual que el debate revolucionario permanente), optándose -básicamente- por la atención y la satisfacción primaria de sus necesidades materiales, la dirigencia del chavismo (sobre todo, aquella en influyentes cargos de gobierno) da pie para que el arraigo del proceso revolucionario bolivariano socialista se sostenga en base a promesas y gratificaciones económicas, especialmente en épocas electorales, empleando el clientelismo político clásico de adecos y copeyanos. Esto ha ocasionado que el entusiasmo y el compromiso revolucionario del pueblo en torno a la figura de Hugo Chávez esté, de alguna forma, diluyéndose paulatinamente, a tal punto que pudiera vaticinarse, con más pena que gloria, el fin del proceso revolucionario bolivariano socialista, por lo menos en lo que fuera su esencia fundamental en el comienzo, extraviándose, por tanto, su razón de ser.  

Ciertamente, el error de muchos de nuestros gobernantes "revolucionarios" es creer que al pueblo venezolano sólo le basta disponer de un mínimo de recursos económicos mediante los cuales satisfaga su largamente postergada hambre consumista. Esto los ha convencido además que el tema de la formación teórica es algo secundario, inútil y poco menos que incomprensible y aburrido para los sectores populares, minimizando y olvidando la tarea pedagógica emprendida por el Comandante Hugo Chávez a lo largo y ancho de Venezuela en todas sus intervenciones públicas, como también el importante papel cumplido por la gente de a pie en la defensa en todo momento de la constitucionalidad y de la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista; lo que contraría totalmente su posición reformista. Es así entonces que, por un lado, observamos a una dirigencia ensimismada en la conservación de sus privilegios y, por el otro, a un significativo contingente de revolucionarios y chavistas que continúan enfrascados en no permitir que el proceso revolucionario bolivariano socialista fracase de cualquier modo. En la definición y superación de esta contradicción, se halla contenida la sobrevivencia y vigencia del proceso revolucionario bolivariano socialista, cuestión que no podría prolongarse interminablemente, consumiéndose a sí mismo y reduciendo entonces las posibilidades de su triunfo definitivo.-   

LA PUNTA DE LANZA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO SOCIALISTA

LA PUNTA DE LANZA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO SOCIALISTA

 

Cada uno de los factores de la revolución bolivariana tendría que acompañar desde ya y decididamente la conformación de las comunas. Sin embargo, los mismos deben tomar en cuenta que ello no significa en modo alguno que las comunas y, por extensión, las demás formas organizativas del poder popular tengan que subordinarse, en parte o por entero, a aquellos intereses que serán siempre ajenos al ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica, ya que esto sería retrasar insensatamente el protagonismo del poder popular y, por consiguiente, sería darle vida a las mismas prácticas clientelares y burocráticas que caracterizaron en el pasado a los gobiernos reformistas de AD y COPEI. Para que tal cosa no ocurra, las comunas y las demás formas organizativas del poder popular están obligadas a adoptar una fisonomía y un contenido verdaderamente socialistas, con lo cual podrán entonces incidir directa y decisivamente en los diversos cambios que tienen que implementarse y que transformarán radicalmente al Estado burgués-liberal vigente, convertido en uno más cónsono con la práctica y el discurso revolucionarios. Las comunas representan, en este momento, la punta de lanza para la consolidación definitiva del proceso revolucionario bolivariano socialista, conformando espacios de convivencia, participación, solidaridad y acción revolucionaria en continuo debate y renovación.

De ahí que sea importante saber interpretar el momento histórico por el cual atraviesa Venezuela en la actualidad, considerando el malestar innegable que existe a nivel de las bases populares respecto a la actuación de los burócratas y oportunistas de la administración pública; sobre todo, conocer algo más de más cerca los errores, las deficiencias y las debilidades del proceso revolucionario bolivariano socialista, lo que le permitiría a cada chavista y revolucionario determinar con una mayor exactitud la manera de enfrentar las arremetidas de la contrarrevolución, tanto las internas como las externas, así como establecer una estrategia y unas tácticas que coadyuven a superar la coyuntura creada por ésta, especialmente en materia económica. Al respecto, chavistas y revolucionarios deben mancomunar esfuerzos y respaldar, si se quiere, de forma extrema, las medidas hasta ahora implementadas por las autoridades nacionales, a fin que se reduzcan los problemas suscitados, por ejemplo, con el abastecimiento de varios productos en el país y recuperar los espacios que, por una u otra razón, se habrían abandonado, dándole oportunidades a la oposición.

Por ello, la constitución de las comunas -lo mismo que las diferentes formas organizacionales del poder popular- tendrían que alterar significativamente todo lo existente, haciendo prevalecer en todo momento la soberanía del pueblo, y aprestarse, además, a defender con mucho celo la independencia que ha de caracterizarlas respecto al Estado. Esta tendría que ser entonces su orientación principal. De ser otra, el viejo sueño socialista no será jamás posible, aun cuando exista la mayor disposición para alcanzarlo, reduciéndose todo a un simple reformismo que no afectará en nada el modelo de civilización vigente, construido a imagen y semejanza de la lógica capitalista y, por consiguiente, incompatible con las aspiraciones populares de beneficiarse de un mayor grado de democracia, igualdad, justicia social y libertad, sin exclusiones de ninguna clase.-

UNA SITUACIÓN AÚN MÁS RIESGOSA PARA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

UNA SITUACIÓN AÚN MÁS RIESGOSA PARA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

      La construcción del socialismo revolucionario nunca debiera verse como un asunto u objetivo extraño y diferenciado de la experiencia y de la cotidianidad práctica de los sectores populares y, más concretamente, de los trabajadores. Esto obligaría a quienes se planteen la transformación radical del actual modelo civilizatorio a recurrir a un constante debate teórico -sin olvidar por ello la praxis- con la finalidad inmediata de contrastar el discurso frente a la realidad de las cosas, con lo que se logrará, sin duda alguna, eliminar y evitar todas las deficiencias, los errores y las debilidades durante el proceso de cimentación de la revolución socialista. Sin embargo, a pesar de reconocerse la necesidad de tal debate, muchos de aquellos que ejercen el poder en nombre de la revolución socialista prefieren ignorarlo y descalificarlo sin disponer de muchas razones de peso. Algunos de ellos simplemente aducen que ésta es una artimaña de los enemigos de la revolución para debilitar y dividir las fuerzas revolucionarias, lo que les facilita salvaguardar el poder conquistado para beneficio propio e inculcar en los sectores de base el convencimiento generalizado que nada podría cambiar y que, por consiguiente, cualquier esfuerzo tendente a ello resultará completamente inútil.

      A simple vista, dicha situación es aún más riesgosa que las producidas por la contrarrevolución, ya que desmoraliza y desmoviliza a la militancia revolucionaria, restándole un importante apoyo a la revolución en marcha. Muy escasamente, quienes se hallan frente a esta situación llegan a comprender cabalmente la necesidad de la organización y de la difusión masiva de sus propuestas respecto a la revolución, forzando así al debate a sus detractores. Esto permite que prevalezca una dirigencia de estirpe reformista, cuyo interés fundamental es la preservación y ampliación de sus cuotas de poder, muy contrariamente a las expectativas creadas entre el pueblo, de tal manera que pocos llegan a creer que exista algún tipo de socialismo revolucionario en todo lo que se hace desde las esferas de gobierno.

     No obstante, los únicos modos de asegurar el avance y la consolidación del proceso de cambios revolucionarios en cualquier latitud de nuestro planeta siguen siendo la toma de conciencia, la organización autónoma y la movilización permanente de los sectores populares. No hay otros. Esto, por supuesto, exige producir una forma política que garantice y vele por la emancipación colectiva y no solamente asumir el control de todas las instancias del viejo Estado liberal-burgués al cual estamos todos acostumbrados. La idea primordial en cada uno de los revolucionarios conscientes es que la construcción del socialismo revolucionario no es nada abstracto sino expresión viva de las experiencias acumuladas en la lucha de clases y de la acción práctica emancipatoria de todos los sectores populares. Al plasmarse esto en nuestra realidad cotidiana, su consecuencia visible tendría que manifestarse de lo interior de cada persona a lo exterior de la vida social, dando origen, por tanto, a una revolución de contenido e inspiración verdaderamente socialistas.-

EL ESTADO COMUNAL, UNA REALIDAD REVOLUCIONARIA PENDIENTE

EL ESTADO COMUNAL, UNA REALIDAD REVOLUCIONARIA PENDIENTE

 

El Comandante Hugo Chávez, reflexionando sobre el avance del proceso de constitución de las comunas en Venezuela como nueva realidad de la transformación política, social, cultural y económica a la cual debieran sumarse todos los revolucionarios y chavistas del país, indistintamente de su posición jerárquica y de su capacidad intelectual, expresó con cierta dureza a sus ministros el 20 de octubre de 2012: “Creo que tenemos unos nuevos códigos; creo que tenemos una nueva arquitectura legal, jurídica, empezando por la Constitución; tenemos leyes de consejos comunales, leyes de comunas, economía comunal, las leyes de los distritos motores de desarrollo; pero no le hacemos caso a ninguna de esas leyes; nosotros, que somos los primeros responsables de su cumplimiento Yo espero ver respuestas a estas reflexiones y a esta autocrítica pública que estoy haciendo.” Este ejercicio frontal de crítica y autocrítica revolucionaria del Comandante Chávez sólo tuvo un eco en los sectores populares, siendo un simple saludo a la bandera para quienes ostentan cargos gubernamentales y partidistas, quedando todo en una aspiración inconclusa. Sin embargo, las palabras de Chávez aún resuenan entre aquellos revolucionarios y chavistas que no claudican, a pesar de los múltiples obstáculos y adversidades que enfrentan en su empeño por hacer realidad los cambios y las condiciones que servirán de fundamentos para la construcción revolucionaria y socialista del Estado Comunal que regiría Venezuela en los próximos años.

Teniendo en cuenta la vigencia de las Leyes del Poder Popular, las cuales comprenden la Ley Orgánica del Poder Popular, la Ley Orgánica de Comuna, la Ley Orgánica de Contraloría Social, la Ley Orgánica del Sistema Económico Comunal y la Ley Orgánica de Planificación Pública y Popular, además de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que consagra el ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica por parte del pueblo organizado, es de comprenderse la indignación de Chávez, puesto que su aplicación es muchas veces saboteada por aquellos que dicen responder a la voluntad del poder popular, cuestión que ha dificultado sumamente que éste último pueda asumir el protagonismo que le corresponde y, en consecuencia, convertirse en el artífice de la nueva realidad por construirse en el país. Aun así, existen organizaciones e individualidades revolucionarias y chavistas que pugnan por llevar a cabo este importante cometido, tomando en sus manos el legado del Comandante Chávez.  

Convencidos de su tarea revolucionaria, estas organizaciones e individualidades chavistas y revolucionarias han delineado lo que serían los rasgos distintivos del Estado Comunal: 1.- El poder es ejercido directamente por el pueblo (Democracia directa). 2.- Conformación de un modelo económico de propiedad social y  de desarrollo endógeno sustentable (Bien común). 3.- La célula fundamental de conformación del Estado Comunal es la comuna (Transformación estructural del Estado). Su puesta en práctica, indudablemente, supone una confrontación con el viejo modelo civilizatorio existente; de ello dependerá que continúe y se fortalezca el proceso revolucionario bolivariano socialista en Venezuela para ejemplo de los pueblos de nuestra América y del mundo.-

LA LEALTAD REVOLUCIONARIA NO ES UNA LEALTAD A CIEGAS

LA LEALTAD REVOLUCIONARIA NO ES UNA LEALTAD A CIEGAS

La lealtad revolucionaria no puede ni debe ser producto de la obtención o satisfacción particular de necesidades materiales, como siempre se acostumbró en el escenario político venezolano, sino que ella debe derivarse de la convicción y del compromiso de cada chavista y cada revolucionario de contribuir efectiva y permanentemente con el establecimiento de un nuevo modelo civilizatorio bajo los ideales del socialismo bolivariano. Entendida de esta forma, la lealtad revolucionaria será por tanto ajena a las imposiciones de una dirigencia sólo interesada en conservar a toda costa su estatus, por lo que no discriminaría los medios a su alcance para descalificar a quienes tienen la osadía de señalar sus errores, su ineficiencia y, lo que es peor, su falta de compromiso real para acometer los cambios que hagan posible la revolución, atendiendo a los reiterados llamados hechos en su momento por el Comandante y Presidente Hugo Chávez para configurar un nuevo Estado (esta vez de índole comunal) y se constituyera en toda su potencialidad creadora y re-creadora el poder popular.

Sin embargo, alguna dirigencia (incluida en ella aquellos que han tenido la “buena fortuna” de ser elegidos o llamados para ocupar cargos gubernamentales de cierta importancia en el ámbito nacional, regional o local) han convertido a la lealtad revolucionaria en una especie de exigencia que ha de cumplirse irrestrictamente, sin opinión propia y a ciegas, por parte de la militancia chavista, por lo que el ejercicio de la crítica y de la autocrítica que recomendara Chávez -salvo que implique elogios y ocultamiento de la realidad- no es permitida, a menos que se quiera merecer la descalificación de escuálido o, sencillamente, de contrarrevolucionario. Esto ha ocasionado que exista un creciente descontento entre muchos chavistas y revolucionarios, lo cual pudiera ser aprovechado oportunamente a su favor por la derecha que busca establecer cualquier circunstancia -inventada o real- para acabar con el proceso de cambios iniciado en 1999 en Venezuela. Tal cosa pareciera hacerse a propósito, dado que las bases chavistas, ya en tiempos de Chávez, así lo advirtieron en muchas oportunidades, a tal punto que un significativo porcentaje expresó su descontento y protesta mediante el voto en algunas de las últimas elecciones celebradas, permitiendo que los grupos opositores retomaran algunos espacios perdidos. De mantenerse inalterable dicha situación, aunada a la ineficiencia y a la corrupción de algunos funcionarios públicos que, prácticamente, se jactan de ello, confiados en que la ley nunca los alcanzará, no es descabellado vaticinar que los sectores contrarrevolucionarios pondrían en serio peligro la continuidad y avances del proceso revolucionario bolivariano socialista al no contar éste con un sólido bloque de apoyo popular. Al respecto, muchos chavistas y revolucionarios ya han alertado al Presidente Nicolás Maduro y a quienes le acompañan en el PSUV sobre lo que pudiera ocurrirle eventualmente al proceso revolucionario bolivariano socialista si no se corrigen a tiempo las inconsistencias, las debilidades y las incompetencias presentes en la gestión de gobierno.

Frente a semejante panorama no queda más que insistir, una vez más, en la necesidad de conformar, activar y movilizar a las diferentes organizaciones sociales que forman parte esencial del poder popular, como los consejos de trabajadores, las comunas y los consejos comunales. Asimismo, habría que fomentar espacios de discusión política y teórica que contribuyan al rearme ideológico de los sectores populares, incitándolos a la recuperación y superación del proyecto revolucionario bolivariano, de manera que éste sea guía constante de sus acciones revolucionarias y constituyentes.-       

EL RESPETO A LA DIVERSIDAD DEL PENSAMIENTO CHAVISTA Y REVOLUCIONARIO

EL RESPETO A LA DIVERSIDAD DEL PENSAMIENTO CHAVISTA Y REVOLUCIONARIO

 

 

Tomando en consideración que han transcurrido quince años de haberse iniciado el proceso de cambios revolucionarios liderado por el Comandante Hugo Chávez es fundamental que se promueva la diversidad del pensamiento chavista y revolucionario como una manera de evitar que sigan suscitándose situaciones que atenten contra la continuidad del proyecto chavista en Venezuela y éste acabe por convertirse en una versión “modernizada” de lo hecho por adecos y copeyanos en el pasado. En este sentido, las distintas fuerzas revolucionarias debieran dar un paso adelante, despojándose de su carácter esencialmente electoralista, e iniciar un diagnóstico descarnado del momento histórico que vive Venezuela, entendiendo que de la fortaleza del proceso revolucionario bolivariano dependerá mucho de lo que se haga o se deje de hacer a nivel de nuestra América, especialmente en lo tocante a la lucha que aún se ha de librar contra el imperialismo yanqui en pro de la emancipación de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños.

Hay que conjugar nuestras acciones políticas con aquella afirmación del Comandante Chávez cuando exhortaba que el pensamiento crítico, para que lo fuera plenamente, tendría que convertirse en propuesta revolucionaria para la transformación socialista de la sociedad actual, lo que implica darle espacio a la confrontación de ideas entre revolucionarios y chavistas, de modo que dicha confrontación sea un hecho cotidiano y permita corregir las fallas y las desviaciones que pudieran detectarse respecto al avance, la continuidad y la consolidación del proceso revolucionario bolivariano socialista. No hay otro modo y esto debieran comprenderlo quienes se presentan como líderes y dirigentes del chavismo en todos sus niveles, sea partidista o de gobierno, puesto que los sectores opositores tratan de obtener espacios de apoyo entre los sectores populares a consecuencia de la ineficiencia y la corrupción administrativa que identifican a algunas instituciones públicas, a pesar de los reiterados llamados del Presidente Chávez en su momento y del Presidente Nicolás Maduro en la actualidad para que el poder popular active la contraloría social y se castigue oportunamente a los responsables.

Por tales motivos, los distintos factores revolucionarios y chavistas tienen que contribuir al fortalecimiento de la conciencia revolucionaria del pueblo mediante un programa permanente de debates y de formación teórica que le permita distinguir, en una primera instancia, cuáles son los verdaderos propósitos de la oposición y, en una segunda instancia, descubrir y execrar  a quienes, desde sus posiciones de dirección partidista y de gobierno, solamente están motivados por sus apetencias grupales y personalistas. Esto, por supuesto, no tendrá ningún apoyo de parte de estos últimos, sin embargo, es lo más inmediato y lo más práctico que pueden idear y ejecutar los revolucionarios y chavistas en beneficio del proceso revolucionario bolivariano socialista en nuestro país, impidiendo que el mismo acabe siendo más de lo mismo, es decir, que se restaure el pasado.-

¿CON QUÉ CUENTA LA OPOSICIÓN?

¿CON QUÉ CUENTA LA OPOSICIÓN?

            En su terquedad para derrotar y derogar todo lo hecho por el proceso revolucionario bolivariano socialista, la oposición ha ideado una y otra fórmula a lo largo de quince años, tropezando siempre con el fracaso. Sin embargo, esto no amilana sus intenciones, contando con el auxilio siempre a la mano de representantes de la extrema derecha internacional y -cosa nada rara- del imperialismo yanqui. Para la contrarrevolución resulta más efectivo que dicha situación sea permanente, con sus altibajos, de manera que el gobierno venezolano tenga que ocuparse de ella mientras la población chavista -a pesar de conocer lo que debe hacer para expandir los logros revolucionarios- tiene que lidiar con los problemas estructurales generados por el sistema capitalista impuesto en el país, de tal suerte que la mayoría de las veces tiene que confrontar a una dirigencia y a un funcionariado sólo ocupados en su propio bienestar. Esto último pareciera constituir la baraja de triunfo de los grupos opositores, apostando éstos a que ello cause un mayor descontento del existente entre los sectores populares, quienes se verían defraudados y dispuestos a emitir un voto masivamente contrario a la continuidad del proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como se estilaba en el escenario electoral antes de la victoria de Hugo Chávez en 1998.

            No obstante, hay que considerar que, aun con las fallas presentes en la gestión gubernamental en sus diferentes niveles, un amplio segmento de la población sigue respaldando el proyecto político diseñado por el Comandante Chávez, lo que hace ilusoria cualquier tentativa de parte de la contrarrevolución para acabar con el mismo. Esta feliz circunstancia choca con los intereses de un estamento político que también maniobra con todos los recursos a su alcance para impedir que la revolución bolivariana sea una realidad cotidiana, sobre todo en lo que respecta a la organización del poder popular por medio de las comunas, cuestión que coloca a las bases chavistas entre dos aguas, por lo que estarían obligadas a definir su rol revolucionario, a pesar de todos los obstáculos con que puedan tropezar debido a unos u otros, “chavistas” u opositores.

            Ahora la oposición pretende, una vez más, conseguir unas elecciones presidenciales anticipadas, por lo que su anuncio de recolectar firmas para lograr la convocatoria a una nueva asamblea nacional constituyente representaría un primer paso en esta dirección, lo cual serviría de excusa para provocar mayores disturbios callejeros al no ver satisfecho su objetivo, ya sea porque el Consejo Nacional Electoral no reconozca la validez de dicha convocatoria o porque, sencillamente, no alcance el resultado electoral esperado. ¿Con qué contaría entonces la oposición? Inevitablemente habría que suponer que con una agenda extraconstitucional, acelerando las condiciones de ingobernabilidad en Venezuela que harían desear un cambio para conjurarlas, si antes las fuerzas revolucionarias no saben interpretar el momento histórico en que se halla este país y actúan en consecuencia para hacer la revolución popular y socialista que se procura.-  

 

FRENTE A LA OFENSIVA OPOSITORA, UNA REVOLUCIÓN MAYOR

FRENTE A LA OFENSIVA OPOSITORA, UNA REVOLUCIÓN MAYOR

Tanta es la preocupación que siempre ha embargado a los grupos opositores por derrocar al Presidente Nicolás Maduro que ya no la disimulan y por eso, llevados por su extremado fanatismo (alimentado a través de diferentes medios de información), no toman partido por ninguna medida que éste implemente en beneficio de la población venezolana en general. Así, buscan sembrar en el ánimo popular la idea que Venezuela está arruinada, en un callejón sin salida y al borde de un caos social, político y económico por culpa exclusiva de los desaciertos de Maduro, a pesar que éste promovió diálogos de entendimiento con el sector privado y la misma oposición para capear la crisis que estos últimos iniciaran desde el año pasado. Esto, lamentablemente, no ha podido conjurarse por completo. Hasta ahora, muchos chavistas y revolucionarios se han limitado al discurso, pero poco a las acciones que fomenten el poder popular en toda su dimensión creadora, sin atarlo a intereses grupales o personalistas que resulten totalmente contrarios a lo que debe ser la revolución bolivariana socialista en definitiva. Al mismo tiempo, éstos tendrían que contribuir a la contraofensiva del gobierno nacional en la guerra económica montada por los grupos de la oposición, ejerciendo la contraloría social y evitando que alguna gente inescrupulosa se dé a la tarea de aprovecharse de la necesidad de usuarios y consumidores sin pensar que están ayudando inconscientemente a crear las condiciones que aumentarían las posibilidades de una explosión social que, a la larga, los afectaría a todos por igual.

Indudablemente, esta situación de guerra económica ha podido ser contrarrestada de alguna forma, gracias a las previsiones estratégicas del Comandante Chávez, las cuales facilitaron una redistribución más equitativa de la renta petrolera en Venezuela, resultando así beneficiado un amplio porcentaje de la población, especialmente aquella que fuera marginada durante décadas por las elites gobernantes. Esto habría que enfatizarlo toda vez que se pueda, a pesar de las innegables deficiencias y contradicciones que presente el proceso revolucionario bolivariano socialista.

De ahí que sea necesario que los diversos factores revolucionarios lleguen a comprender que, frente a la ofensiva opositora y la falta de un verdadero compromiso político con el proceso revolucionario bolivariano socialista entre muchos de los funcionarios de la administración pública, se impone desarrollar unitariamente una política revolucionaria junto al pueblo en la calle. Al mismo tiempo, es preciso que se promueva un rearme político-ideológico de los sectores populares, de manera que estos ayuden a determinar objetivamente cuáles son aquellos elementos que pudieran estar afectando el avance revolucionario en todas las instancias posibles, lo cual le daría, sin duda, un reimpulso significativo a todas las conquistas alcanzadas durante estos últimos quince años, abarcando todos los ámbitos de la vida nacional y combinando lo político con lo social.-