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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA NUEVA LÍNEA PROGRAMÁTICA DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA SOCIALISTA

LA NUEVA LÍNEA PROGRAMÁTICA DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA SOCIALISTA

Si continuamos personalizando el proceso revolucionario bolivariano nada más que en la singularidad extraordinaria de Hugo Chávez, no estaremos contribuyendo a que éste se mantenga en el tiempo y en el espacio, puesto que la prédica constante de nuestro Comandante estuvo siempre relacionada con la construcción y fortalecimiento del Poder Popular como único medio para hacer la revolución bolivariana socialista en Venezuela. Así, cada revolucionario tiene una obligación moral con esta línea de acción, para lo cual es preciso tender a la fusión de los poderes creadores del pueblo con las diversas instancias del poder constituido, con inclusión efectiva y permanente de vocerías del poder popular, colectivizando de esta forma la función y la responsabilidad de la administración pública, lo cual hará que el Estado vigente sea totalmente transformado, convirtiéndose entonces en el Estado Comunal Socialista que se ha proyectado hasta ahora. Por consiguiente, la dirección a seguir en esta nueva etapa del proceso revolucionario bolivariano tendría que enmarcarse, hacia la construcción, desarrollo y consolidación del Poder Popular a todos los niveles, al mismo tiempo que gobernantes y funcionarios estatales cambian sus normas de conducta burocrático-representativas, puesto que ellas no coinciden en nada con lo que debe ser una democracia participativa y protagónica.

 

En tal sentido, el poder debe fluir desde abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, como se estila tradicionalmente bajo cualquier régimen de democracia representativa. Para ello es fundamental respetar y asegurar la autodeterminación de los sectores populares y el ejercicio pleno de la democracia directa como mecanismos de participación y protagonismo que rebasen y cambien radicalmente las estructuras limitantes del Estado burgués-liberal todavía vigente en el país. Adicionalmente a ello, tiene que activarse de forma sencilla e inmediata el derecho revocatorio del pueblo con la finalidad de sancionar moral y políticamente a quienes defrauden la confianza popular, estando los mismos obligados a trabajar en función de los intereses colectivos con un sentido realmente patriótico y social.

 

Por eso, el fortalecimiento y la continuidad del proceso revolucionario bolivariano aunque tenga, por lo pronto, un compromiso electoral muy importante que conquistar mediante la candidatura presidencial de Nicolás Maduro, además de las diferentes candidaturas a las alcaldías y a los concejos municipales, tiene que basarse más en la participación, la formación y el protagonismo de los sectores populares chavistas. Ésta es la línea programática que se debe adoptar de ahora en adelante, incluyendo a las diversas organizaciones políticas que respaldan al proceso revolucionario bolivariano. En su caso, ellas están obligadas a despojarse de sus clásicas actitudes sectarias y trabajar por alcanzar, eventualmente, la unidad definitiva y no limitarse a lo meramente electoral, sin que ello excluya la responsabilidad que tienen de ejercer la contraloría social sobre la gestión de gobierno al lado de las diferentes organizaciones del poder popular.- 

¿CUÁL ES EL VERDADERO LEGADO DE HUGO CHÁVEZ?

¿CUÁL ES EL VERDADERO LEGADO DE HUGO CHÁVEZ?

Al rememorar los años de gestión de gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías, el alcance de sus iniciativas sociales, su empeño en lograr la integración efectiva y complementaria de nuestra América (sin subordinaciones a ningún poder hegemónico) y la revitalización que le dio al socialismo revolucionario en el cual ya pocos creían, se podría extraer la esencia de su pensamiento revolucionario, de modo que no sea la simple referencia de un momento histórico determinado sino la resolución de llevar a cabo la titánica labor de construcción de un modelo de sociedad realmente emancipatorio, incluyente y democrático. Cierto, no será tarea fácil sistematizar todo lo hecho y proyectado por Chávez al frente del gobierno y del proceso revolucionario venezolano, sin embargo, es una tarea que no puede obviarse si estamos convencidos de la necesidad de profundizar y de consolidar sus logros, teniendo en cuenta que los mismos deben sustentarse, de forma permanente, en el accionar constituyente del poder popular.

En verdad, una de las más constantes preocupaciones del Presidente Chávez se centró en la organización de un poder popular dotado de una efectiva conciencia revolucionaria que le permitiera, además, darle direccionalidad y sustentabilidad al proceso revolucionario bolivariano. Ello podría abarcar el legado más importante de Chávez al hacerle ver a los sectores populares excluidos la posibilidad de ser actores de los cambios políticos, sociales, culturales, institucionales y económicos que definirían finalmente lo que es el socialismo bolivariano. En tal sentido, se hace imprescindible emprender una labor de formación sostenida que contribuya a derribar aquellos parámetros inculcados por los sectores dominantes que le hicieran creer al pueblo la imposibilidad de ser protagonistas de su propio destino. Sin embargo, dicha formación tiene que orientarse hacia  la promoción, la activación, la conciencia y la organización autónoma y revolucionaria del poder popular, de modo que éste consolide y profundice lo iniciado por Chávez. Corresponde, por tanto, al pueblo organizado (más que a los partidos políticos y a los gobiernos chavistas) concretar esta importante línea de acción revolucionaria, impulsando al mismo tiempo el desmontaje definitivo de las bases económicas y las relaciones de dominación impuestas desde hace siglos por el sistema capitalista. Sin la participación efectiva y constante de los sectores populares se hará imposible, más que difícil, la transición hacia el socialismo bolivariano, lo cual representa una cuestión medular que no se puede evadir en ningún momento o circunstancia.

Todo lo anterior -sumado a la preservación y defensa de la soberanía de nuestros pueblos- constituye, sin duda, el mayor legado de Hugo Chávez a las venezolanas y a los venezolanos de esta era, extendiéndose más allá de sus fronteras. Difundirlo, ampliarlo, definirlo y ponerlo en práctica será el mejor homenaje que se le pudiera hacer, creando en todo momento las condiciones objetivas y subjetivas que harán del socialismo bolivariano la guía necesaria para alcanzar la emancipación integral de las personas y de los pueblos en general.-        

¡HASTA SIEMPRE, COMANDANTE!

¡HASTA SIEMPRE, COMANDANTE!

 

Es difícil resignarse ante la muerte de un líder que despertó pasiones, emociones y conciencias entre millones de personas como nunca había ocurrido antes, tanto en Venezuela y en nuestra América como en el resto del mundo. Un líder que supo interpretar las necesidades, el sentimiento y las esperanzas de un pueblo que fuera engañado, humillado, marginado y masacrado a lo largo de cuarenta años por las elites gobernantes. Un líder que reavivó la confianza en el socialismo como alternativa revolucionaria frente a la depredación, el intervencionismo militar, las injusticias y las desigualdades generadas por el capitalismo cuando muchos aceptaron sin chistar el veredicto de sus apologistas al desmoronarse la Unión Soviética. Un líder, en fin, que supo comprender la trascendencia de su papel histórico y lo asumió a plenitud -sin mezquindad y a tiempo completo- en beneficio de aquellos que jamás perdieron la fe respecto a que él sabría y haría mucho por dignificar sus condiciones de vida. Por eso, decir que Hugo Chávez Frías ha muerto es una mala jugada de quienes, de una u otra forma, le acompañamos en este arduo camino de construir la patria nueva y la revolución bolivariana socialista. Sería concederles la razón a aquellos que, enceguecidos por sus apetencias personales de poder, mantuvieron posiciones de evidente lacayismo, subordinados siempre a los intereses del imperialismo gringo, con la vana ilusión de parecerse a sus amos capitalistas.

En retribución a esa dedicación de Chávez en hacer realidad los anhelos republicanos, independentistas, igualitarios, integracionistas, ciudadanos y democráticos de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, además de otros próceres de la amplia geografía latinoamericana y caribeña, a los cuales se sumaran (sin contradicción) los contenidos en el socialismo revolucionario; los chavistas tienen ante sí el reto de mantener, profundizar y consolidar los cambios necesarios para que la revolución bolivariana socialista no naufrague y no se pierda ese gran esfuerzo hecho por el Presidente. Para ello es fundamental que se alcance la unidad orgánica de los revolucionarios sobre un programa común, sin los sectarismos partidistas que desde siempre han obstaculizado este propósito que -ahora más que nunca- es harto necesario para la continuidad del proceso revolucionario bolivariano. Dicho propósito, sin embargo, no podrá cumplirse sin que exista sinceridad de parte de todas las organizaciones sociales y políticas que respaldaron a Chávez en cuanto a la promoción, activación, formación teórica y organización autónoma del poder popular, con énfasis especial respecto al pleno ejercicio de la democracia participativa y protagónica, en una primera fase, para luego convertirse, en una fase posterior, en democracia directa, transformando radicalmente todas las estructuras de la sociedad existente.

Ahora sólo nos resta exclamar ¡Hasta siempre, Comandante!, reafirmando con ello el compromiso revolucionario que debe caracterizarnos a quienes hemos luchado por forjar una sociedad de nuevo tipo bajo los ideales del socialismo revolucionario, poniendo todo nuestro empeño en que dicha sociedad (incluyente, de unidad en la diversidad e internacionalista) sea algo posible y no simple discurso de demagogos y oportunistas.-

LA NUEVA HOJA DE RUTA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

LA NUEVA HOJA DE RUTA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO BOLIVARIANO

 

En la fase actual del proceso revolucionario bolivariano venezolano se impone la necesidad de  concebir y ampliar mecanismos de institucionalización y legitimación del poder popular/comunal a través del ejercicio pleno de la democracia participativa y protagónica, sin que exista algún tipo de tutelaje de los entes oficiales que coarte y desnaturalice su esencia y logros. Esto implica extender los cambios estructurales en el aparato productivo que hagan efectiva la transición hacia el socialismo revolucionario en vez de darle continuidad a la lógica y a las relaciones de producción capitalistas. Más aún, hará falta promover y consolidar también un cambio cultural que se manifieste en la adopción de nuevos patrones de conductas individuales y colectivas que enfrenten y sustituyan a los tradicionalmente admitidos por la sociedad de consumo.

En este caso, es ineludible que las distintas formas organizativas asumidas por los sectores populares converjan en la formación de un autogobierno que sea capaz de tomar decisiones vinculantes en relación a la gestión de las instituciones públicas, lo mismo que en relación a sus propias necesidades y anhelos, pero sin la práctica ni las peculiaridades de la democracia representativa, dejando en manos de unos pocos la responsabilidad de construir nuevas relaciones de poder. Como lo refiere la propuesta presentada por el General Francisco Visconti sobre el Poder Popular Comunal, “se trata de otra relación con el Estado, en tanto el pueblo ya no lo asume como un aparato dador de recursos. Se trata de que el pueblo, en el marco de una real conciencia colectiva (lograda a través de la formación social y política del colectivo venezolano) asuma lo que otrora se le impidió. Se trata de impulsar un gran plan de contingencia para la edificación del poder popular comunal, que se vuelva luego un plan estructural en el que estén armónicamente articulados civiles, militares, religiosos, organizaciones de base y otras formas de organización social y política, entre muchas, para lograr los fines que persiguen el Estado y el pueblo: lograr la construcción, desarrollo y consolidación de nuestro bien común”.

Ello debiera complementarse, por supuesto, con el establecimiento de un nuevo modelo económico, distinto en todo al modelo capitalista existente, donde los trabajadores tengan un papel primordial sobre los procesos de producción, distribución y administración de bienes y servicios, mediante la propiedad social y/o colectiva de los medios de producción; incidiendo de esta manera en la dinámica social, política, económica y cultural que debe caracterizar al proceso revolucionario bolivariano venezolano. En el logro de este nuevo modelo económico, los trabajadores tienen que despojarse de esa conciencia subordinada al capital que limita enormemente sus luchas, reduciéndolas a lo meramente reivindicativo, sin plantearse ir más allá de ello. Por lo mismo, se requiere un cambio cultural a través del cual exista la convicción revolucionaria de construir una sociedad de nuevo tipo, desechando -por consiguiente- aquellos (anti)valores inculcados al pueblo por las clases dominantes, los cuales se tradujeron en una anomia casi absoluta por más de cuarenta años. 

Con esta nueva hoja de ruta, el proceso revolucionario bolivariano tendría mayores posibilidades de profundizarse y consolidarse. Basta que así lo entiendan quienes conforman las diferentes estructuras del poder popular, de manera que sus acciones y propuestas orientadas a la construcción del socialismo bolivariano tengan un efecto práctico e inmediato entre aquellos que, por ahora, ejercen responsabilidades de Estado; incluso con un carácter constituyente que modifique sustantivamente la historia republicana del país.-

 

 

LA NECESIDAD HISTÓRICA DEL 4F

LA NECESIDAD HISTÓRICA DEL 4F
A pesar de la aparente estabilidad que arropaba al régimen representativo en Venezuela, en medio de dictaduras patrocinadas por el Departamento de Estado, el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, ¿quién imaginaría que en 1992, un 4 de febrero, un grupo de batallones comandados por una elite de brillantes oficiales de las Fuerzas Armadas Nacionales se desplazarían desde sus sedes hacia diversos sitios de Venezuela y estremecerían la conciencia de todos los sectores sociales, reprimidos, fatalizados y, hasta, adormecidos por la corrupción administrativa de los estamentos gobernantes desde 1958? Alguna gente preocupada por la grave descomposición moral, social, política y económica del país había advertido previamente tal eventualidad, tratando de influir en el ánimo de la clase gobernante para que se pusieran en ejecución los correctivos pertinentes, evitándose así una situación mayor a la ocurrida el 27 y el 28 de febrero de 1989 cuando los sectores populares enfrentaron en la calle la aplicación a rajatabla de las medidas económicas neoliberales que le impusiera el Fondo Monetario Internacional (FMI) al entonces presidente Carlos Andrés Pérez para capear la crisis económica nacional, acrecentando aún más la deuda externa, a pesar de los ingresos generados por la venta de petróleo. Tal descomposición generalizada también se manifestó en los cuarteles. Muchos oficiales con méritos profesionales vieron truncadas sus carreras militares al favorecerse a otros con vinculaciones con los partidos políticos gobernantes, Ad y Copei, incluso sabiéndose de su incapacidad y de su falta de integridad y de formación castrense para dirigir las Fuerzas Armadas; teniendo muchos que solicitar su pase a retiro ante la imposibilidad de ascender sin someterse a lo que consideraban una humillación ante congresistas indudablemente corruptos. Además de ello, estaba el factor social, ya que la mayoría de los oficiales y suboficiales, a diferencia de otros países, provenían de estratos medios y bajos de la sociedad venezolana, lo cual influyó en la decisión tomada, inspirados en las ideas y ejemplos del Libertador Simón Bolívar, el Maestro Simón Rodríguez y el General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora. Esto último fue compartido por los combatientes del Partido de la Revolución Venezolana y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (PRV-FALN), entre otros, que forjaron la guerra de guerrillas contra el bipartidismo adeco-copeyano desde los años sesenta hasta los años ochenta del siglo pasado, redefiniendo ideológicamente la lucha revolucionaria que debía emprenderse en Venezuela.

La fragua de la insurgencia del 4F no obedecía, por tanto, a una simple ambición de poder, tan típica del generalato de las fuerzas armadas de nuestra América, azuzados, entrenados y legitimados por el gobierno estadounidense. Esto cambió totalmente el panorama nacional al comprenderse los verdaderos objetivos que inspiraron a los integrantes del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), comandados por los Tenientes Coroneles Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, Yoel Acosta Chirinos y Jesús Urdaneta Hernández, además de oficiales medios y suboficiales, en conexión con algunos grupos políticos de izquierda.  Ello fue programándose desde hacía una década. Sin embargo, ya habían experiencias previas de captación de militares activos por parte del Partido Comunista de Venezuela (PCV), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y, finalmente, el PRV-FALN con el deliberado propósito de producir una insurrección cívico-militar-religiosa que permitiera causar cambios sustantivos en la nación venezolana bajo la perspectiva del nuevo socialismo revolucionario, enriquecido con el ideario de Bolívar, Rodríguez y Zamora, además de otros teóricos y combatientes revolucionarios de nuestra América y el mundo.

       Kléber Ramírez Rojas, ex combatiente del PRV-FALN ligado en un principio al MBR-200 durante la clandestinidad, autor del libro Venezuela, la Cuarta República (o la total transformación del Estado) en 1991, que sirvió de guía de formación y discusión a los militares rebeldes, y redactor de algunos decretos que se pondrían en vigencia con el nuevo gobierno revolucionario, explica en su obra Historia documental del 4 de Febrero, que “el 4F no coronó el propósito inmediato de la toma del poder, pero puso al descubierto el mar de fondo de las contradicciones con que se dirige a la nación venezolana y fue una sacudida política de tal magnitud que revitalizó la potencialidad de este pueblo imaginativo y peleador. Desde este punto de vista, ese acontecimiento fue una necesidad histórica. El 4F dotó a la nación de un objeto estratégico en lo político: la nueva democracia, y anuló la validez de los viejos planteamientos de todos los partidos existentes”. En tal sentido, los hechos posteriores han justificado plenamente esta primera insurrección cívico-militar (luego acontecería la del 27 de noviembre). Justificación que se expresa a través de los diferentes logros populares que han modificado la realidad social, política, cultural y económica de Venezuela bajo el liderazgo del ahora Presidente Hugo Chávez, pero que todavía requieren de mayores niveles de participación, de organización y de toma de conciencia revolucionaria, de modo que se alcance definitivamente la emancipación integral del pueblo venezolano.-    

¿SERÁ CAPAZ EL CHAVISMO DE EMULAR A CHÁVEZ?

¿SERÁ CAPAZ EL CHAVISMO DE EMULAR A CHÁVEZ?

La incógnita originada a raíz del estado de salud del Presidente Hugo Chávez y la perspectiva de unas nuevas elecciones presidenciales ante la imposibilidad que éste no pueda seguir dirigiendo el gobierno de Venezuela obliga a todos sus seguidores a plantearse seriamente si le darán o no continuidad al proceso revolucionario bolivariano, generando mayores mecanismos de participación popular y unas relaciones de producción que ayuden a erradicar la explotación capitalista. Con mayor énfasis en ello debiera actuar la actual dirigencia chavista, tomando en cuenta que -tras más de una década ininterrumpida- el proceso revolucionario bolivariano produjo mejoras sustanciales de las condiciones de vida de una amplia gama de familias venezolanas (incluso de aquellas que son propietarias de grandes medios de producción, las cuales han incrementado sus ganancias anuales, y aun así siguen adversando abiertamente al régimen de Chávez). Pero ello no es suficiente ni debe ser lo máximo que se podría aspirar alcanzar, a imitación de cualquier otro proceso de carácter nacionalista y socialdemócrata. La interrogante, por consiguiente, tendería a despejarse en la misma medida que el chavismo sea capaz de asumir decididamente el compromiso histórico de construir el socialismo revolucionario del siglo XXI.

El chavismo entonces tendrá que comprender que la unidad lograda por el carisma de Chávez debe concretarse mediante la elaboración, el debate y la ejecución de propuestas revolucionarias viables, a fin de asegurar la transición que haga definitivo el socialismo, en las cuales se remarque y respete la vital importancia de los sectores populares en la sustentación y orientación del proceso revolucionario bolivariano. Tratar de convivir con el enemigo ideológico que ansía su fin, sería un error táctico que acarrearía graves consecuencias a este último para que se mantenga en el tiempo, acabando por reproducir los mismos vicios y corruptelas administrativos existentes al amparo del pacto de Punto Fijo. En vez de esto, aquellos que se hallan al frente del gobierno, de los partidos políticos y de las diferentes organizaciones de base tienen ante sí el reto de refundar la República venezolana en lo que implicaría una real transformación socialista de la sociedad en todos sus órdenes, de una manera revolucionaria verdaderamente radical. Para ello es imprescindible sistematizar, extender y profundizar la formación de una conciencia realmente revolucionaria y socialista (no retórica) entre los sectores populares, sin dogmas y en medio de un debate abierto y constante como elemento característico del pensamiento y la práctica del socialismo bolivariano. Al mismo tiempo, tendría que abocarse al establecimiento de una dirección colegiada del proceso revolucionario bolivariano, provista de un programa revolucionario común que incluya todos los criterios y expresiones de las diversas agrupaciones políticas y sociales que lo impulsan.

Toda esta coyuntura representa una extraordinaria oportunidad para que el chavismo -en todas sus vertientes existentes- demuestre hasta qué nivel está dispuesto a llevar a cabo la revolución socialista bolivariana en Venezuela, y si es capaz de emular o no a Chávez, dedicando todas sus energías vitales a dicha meta a tiempo completo, y de medir sus potencialidades creadoras frente a las amenazas enemigas, jugándose no sólo el destino del país sino el de todos los demás pueblos de nuestra América que confían en su ejemplo y perseverancia.-          

      

LOS PERDEDORES QUE SIEMPRE GANAN

LOS PERDEDORES QUE SIEMPRE GANAN

Una de las características particulares más resaltantes de los grupos opositores a Hugo Chávez y al proceso revolucionario bolivariano es la tozudez con que se niegan a admitir la realidad imperante en Venezuela desde hace más de una década ininterrumpidamente. Tal tozudez -producto de una inducción constante a través de medios informativos parcializados y carentes de toda objetividad periodística, además de redes de difusión creadas por internet- les ha hecho convencerse, por ejemplo, que son víctimas de reiterados fraudes electorales, por lo que en Venezuela habría entonces un régimen de tipo autoritario y/o dictatorial, con secuestro de la autonomía de los poderes públicos, una libertad de expresión cercenada y una subordinación política respecto al gobierno de Cuba. Todo esto lo han repetido una y otra vez, persuadidos de conseguir que los gobiernos extranjeros y el pueblo venezolano terminen por desconocer y derrocar -algún día- a Chávez. También se han hecho eco de las matrices generadas desde Washington que dan cuenta de los vínculos estrechos que el gobierno chavista tendría con grupos narcotraficantes y terroristas, etiquetando como tales a los movimientos insurgentes de Colombia y al gobierno islámico de Irán, con el deliberado propósito de desacreditar al gobierno de Venezuela ante la comunidad mundial y así obtener un resultado intervencionista similar al de Panamá en 1989.

Esta falta de sintonía de la oposición con la realidad nacional le ha hecho sumarse y celebrar sin rubor alguno al golpe de Estado y al sabotaje empresarial que se escenificaron en 2002 y 2003, así como a buscar asesoramiento y financiamiento en Washington en una clara demostración de sumisión a las directrices e intereses disociación,imperialistas estadounidenses. A tal grado ha llegado su irracionalidad que no le ha importado desatar -prácticamente- una guerra civil, al mostrar un total desprecio racista y clasista hacia los sectores populares que apoyan mayoritariamente a Chávez, en un juego suicida del cual no parecen tener conciencia alguna. A ello se han unido quienes podrían integrar lo que sería el extremo democrático y consciente de la oposición, quizás entendiendo que cualquier asomo de aceptación de la legitimidad del gobierno de Chávez y de sus medidas sería interpretado como signo de debilidad y no como realismo político.

Así, con todas las derrotas sufridas a manos de la gran mayoría popular -en una realidad virtual que hace de los perdedores quienes siempre ganen, a pesar de las contundentes evidencias en contra- los grupos opositores no cejan en su empeño por liquidar en todos sus aspectos al proceso revolucionario bolivariano, ahora utilizando argucias leguleyas, acusando de inconstitucional al nuevo período presidencial de Hugo Chávez; de manera que se produzca eventualmente un escenario de protestas aparentemente ciudadanas, lo mismo que un pronunciamiento militar que termine con la “inestabilidad” política existente. Algo que exterioriza la disociación de la cual han sido protagonistas recurrentes.-  

       

 

EL SALTO AL VACÍO DE LA OPOSICIÓN APÁTRIDA

EL SALTO AL VACÍO DE LA OPOSICIÓN APÁTRIDA

Es evidente que los grupos contrarrevolucionarios en Venezuela han tratado de crear, desde finales del año pasado, quizás contando para ello con el apoyo de organizaciones y algunos gobiernos extranjeros, las condiciones que propicien una salida extra-constitucional, a propósito de la imposibilidad momentánea del Presidente reelecto Hugo Chávez Frías de asumir su nuevo mandato el 10 de enero, como lo establece la Constitución venezolana vigente. Condiciones que desembocarían en una situación de ingobernabilidad, aduciéndose que existe un vacío de poder similar al argumentado en ocasión del golpe de Estado del 11 de abril de 2002. De este modo, la dirigencia opositora está presentándole a la opinión pública nacional e internacional su interpretación del texto constitucional, tratando de forzar un ambiente político adverso al chavismo que le permita recuperar el poder perdido, aun cuando la voluntad del pueblo venezolano quedó plasmada mayoritariamente en la reelección de Chávez el 7 de octubre último. Es un riesgo que pareciera no calibrar juiciosamente, empeñándose en un salto al vacío que precipitaría una radicalización del proceso revolucionario bolivariano que, a la larga, terminará por arroparla, haciéndola desaparecer por completo del mapa político.  

Al respecto, es preciso recordarle a la oposición apátrida que la reelección presidencial de Chávez tiene una lectura especial que pone de relieve cuál es el camino a seguir decidido por los venezolanos y las venezolanas. Algo que nadie -en su sano juicio- podría ignorar, a menos que sus intenciones estén enmarcadas en un absoluto desconocimiento de la soberanía popular. En tal caso, la minoría opositora intenta implantar en la mente de los sectores populares su propia visión en relación al momento histórico que está viviendo la nación bolivariana, inculcándoles fallidamente la sensación que habrá caos y una lucha intestina por el poder que encabezaría, por una parte, el Vice-Presidente Ejecutivo Nicolás Maduro y el Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, por la otra; cosa que afectaría enormemente -según sus cálculos- la paz social, la economía nacional y la continuidad del hilo constitucional.

En cierta forma, esta minoría (contando con una representación en el seno de la Asamblea Nacional) estaría repitiendo la misma estrategia desestabilizadora aplicada entre 2002 y 2003 cuando derrocaron a Chávez con apoyo de miembros del Alto Mando Militar y luego quisieron lograr su objetivo de desplazarlo del poder a través de un paro patronal que causó grandes pérdidas económicas al país, aunadas a un desabastecimiento generalizado de gasolina, gas doméstico y alimentos que puso en grave riesgo la vida de miles de familias venezolanas, sobre todo de aquellas de escasos recursos económicos. Asimismo, estaría echando mano a una interpretación sesgada de la misma Constitución que antes adversara con tanta virulencia, buscando establecer un paralelismo con lo sucedido en Honduras y Paraguay cuando, utilizando un tecnicismo legal se procedió a la destitución de los presidentes de estos países.

Vistas así las cosas, la dirigencia opositora se muestra dispuesta a desencadenar algunos acontecimientos extremos, sin considerar que los sectores populares afectos a Chávez tienen ahora una mejor conciencia política y pudieran desarrollar, en consecuencia, una contraofensiva que rompa definitivamente el delicado equilibrio político que -de una u otra manera- se ha mantenido en el país bajo el liderazgo de Hugo Chávez.-