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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LAS COMUNAS Y LA NUEVA INSTITUCIONALIDAD REVOLUCIONARIA

LAS COMUNAS Y LA NUEVA INSTITUCIONALIDAD REVOLUCIONARIA

 

 

       De acuerdo al marco jurídico actual en Venezuela, así como al imperativo existente de profundizar el proceso revolucionario bolivariano socialista, tal como lo planteara en su momento el Comandante Hugo Chávez, la conformación, la activación y el desarrollo de las comunas tendrían que orientarse forzosamente hacia la transformación estructural del Estado y del modelo de civilización capitalista dominantes, alterándolos significativamente, de modo que las diferentes instituciones públicas se conviertan en escenario propicio para el pleno ejercicio de la democracia participativa y protagónica; generando, en un primer momento, una institucionalidad revolucionaria, adaptada a los requerimientos de participación y toma de decisiones por parte de los sectores populares. Siendo ello así, habría que interrogarse si esta nueva institucionalidad que impondría la existencia de las comunas definiría objetivamente la construcción del socialismo revolucionario en Venezuela y en qué medida contribuiría a su definitivo arraigo, dada la innegable debilidad y/o inconsistencia ideológica que muestran algunos de sus propulsores, creyéndose que sólo bastaría enunciarla para lograrla. En lo que sí se podría coincidir con muchos revolucionarios y chavistas es que las comunas serían el punto de no retorno respecto a la transición al socialismo y la edificación de un nuevo tipo de sociedad. Para esto último es esencial comprender que se requieren condiciones objetivas y subjetivas que lo hagan realidad, sin que exista la amenaza latente de la restauración del sistema capitalista y la reproducción inadvertida de los viejos esquemas representativos; quedándose todo en sólo reformas parciales y/o superficiales que, a la larga, mantendrían intacta la situación que se pretende revolucionar junto con el pueblo.

    Tal como lo enuncia el artículo 11 de la Ley Orgánica del Poder Popular, “las organizaciones y expresiones organizativas del poder popular tienen como fines: 1.- Consolidar la democracia participativa y protagónica, en función de la insurgencia del poder popular como hecho histórico para la construcción de la sociedad socialista”. No obstante, cabría preguntarse un tanto ingenuamente cómo alcanzar este primer e importante objetivo cuando aún -desde muchos organismos públicos- se desestimula tal insurgencia, sometiendo a controles previos y clientelares a las diferentes organizaciones y expresiones organizativas populares. Existe, por tanto, una antítesis respecto a este punto, la cual pudiera contrarrestarse y abolirse mediante un mayor nivel de conciencia policía e ideológica que se manifieste de forma contundente frente a aquellos que, con su conducta reformista o pequeño-burguesa, impiden el avance revolucionario de los sectores populares, ahogándolos en un mar de procedimientos burocráticos que resultan inadecuados respecto a la realidad revolucionaria del socialismo.

       Haría falta entonces reemprender, ampliar y afianzar la formación teórico-práctica del socialismo revolucionario, sobre todo entre las nuevas generaciones, sin que esto signifique la imposición de dogmas incuestionables; cuestión ésta que debe tener como primera consecuencia la conformación de una verdadera vanguardia revolucionaria que le dé nacimiento a una nueva institucionalidad, de indudable contenido y características socialistas (no maquillada de “socialismo”) que allane el camino a las comunas y a la sociedad de nuevo tipo que las mismas deben prefigurar.-

 

ALCALDÍAS, ¿PIVOTES PARA LA REFUNDACIÓN DE LA PATRIA?

ALCALDÍAS, ¿PIVOTES PARA LA REFUNDACIÓN DE LA PATRIA?

Bien lo dijo alguna vez el Presidente Hugo Chávez Frías: “Es el pueblo el que decide; es la comunidad la que decide; no somos nosotros, no es Chávez el que va a decidir… son ustedes los que deciden, es el poder popular, es la democracia directa, a través de las asambleas populares, a través de la participación, el protagonismo”.

Sus palabras siguen siendo una exhortación constante -más dirigida a los diversos sectores populares organizados que a aquellos que tuvieron la buena fortuna de ocupar cualquier cargo de gobierno gracias al carisma de Chávez- en previsión que el proceso revolucionario bolivariano socialista pudiera sucumbir, eventualmente, víctima de la corrupción, de la mediocridad y de la falta de compromiso revolucionario de una dirigencia incapaz de entender medianamente la trascendencia del momento histórico que se desarrolla ante sus ojos.

Más aún en la coyuntura representada por las elecciones municipales del próximo 8 de diciembre cuando el electorado tenga la ocasión de escoger candidatas y candidatos a las alcaldías y los concejos municipales de todo el país que faciliten al poder popular las condiciones objetivas para disponer de espacios de mayor amplitud e influencia a los conquistados hasta ahora. De ahí que tales elecciones sirvan de excelente oportunidad para adecuar las instancias del poder público municipal a las exigencias de una realidad todavía por transformarse, ciertamente, pero que ya se avizora de profundizarse el ejercicio de la democracia participativa y protagónica, de modo que ésta resulte más directa, convirtiéndose las alcaldías (y concejos municipales) en pivotes para la refundación de la patria bolivariana con una concepción nueva, audaz, socialista y revolucionaria.

Por consiguiente, el alcance de esta línea de acción revolucionaria no debe depender exclusivamente de la voluntad política de quienes asumirían estos cargos de elección popular, puesto que ello podría limitarla y desviarla, acabando por ser una simple referencia retórica, sin ninguna base de sustentación ni trascendencia. Son los sectores populares quienes no deben desperdiciar tal oportunidad de producir un impulso decisivo hasta lograr su completa realización. Para ello es necesario que incrementen su capacidad organizativa, formativa, de lucha y de movilización en función de cambiar la realidad circundante y de plantearse la cogestión y la autogestión no sólo en el plano socio-productivo sino también en el ámbito político, de forma que sean erradicados el burocratismo, la verticalidad jerárquica y la corrupción administrativa que caracteriza al Estado burgués-liberal.

Correspondería, en consecuencia, a quienes ejerzan la responsabilidad del gobierno municipal cumplir con lo establecido en la Constitución referente a la refundación de la república, sólo que ello tiene que ir de la mano con las diversas formas organizativas que conforman el poder popular. Esto es algo que no se limita a los nuevos gobernantes locales sino que se extiende a todo el conglomerado del poder constituido, a fin de consolidar, de ampliar, de diversificar y de profundizar los diferentes logros que han prefigurado la revolución bolivariana socialista, de manera que ésta se convierta en una realidad irreversible.

LAS TRES R Y LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

LAS TRES R Y LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

Las recientes detenciones de funcionarios de relieve de diferentes organismos públicos nacionales, acusados de incurrir en hechos de corrupción administrativa, deben estimular entre los sectores revolucionarios la necesidad de acompañar activamente al Presidente Nicolás Maduro en la lucha frontal contra tal flagelo, independientemente de la jerarquía y de la militancia partidista que tengan quienes deban ser investigados por este delito contra el patrimonio público. Se trata entonces de articular esfuerzos que hagan realidad la unidad del pueblo organizado y el gobierno, a fin de detectar los posibles focos de corrupción que existan en las diferentes Misiones sociales y en cualquier instancia gubernamental, sobre todo, considerando el estilo de vida adoptado por aquellos que se dicen revolucionarios, pero actúan como un burgués común y corriente.

Hace falta, por tanto, retomar las tres R (revisión, rectificación y reimpulso) que propusiera en su momento el Comandante Hugo Chávez, de manera que se produzca una mayor efectividad en el combate a la corrupción, tal como se desprende de lo realizado hasta ahora por el Presidente Maduro Moros, sin limitarse a la difusión de chismes o rumores infundados, sino entablando una verdadera batalla por el adecentamiento del proceso revolucionario bolivariano socialista, de modo que no existan más obstáculos en su profundización y consolidación. Al respecto, se debe recordar que, precisamente, el desborde de la corrupción administrativa de los gobiernos conservadores de AD y COPEI fue una de las causas que originaron y justificaron las dos insurrecciones cívico-militares de 1992, por lo que en la actualidad ésta representaría una grave amenaza que, si no se contiene a tiempo, afectaría seriamente la estabilidad democrática de Venezuela.

Es así que se requiere promover -en todo nivel y en todo momento- una contraloría social que someta a revisión exhaustiva a todas las instituciones públicas (sean municipales, regionales y/o locales), de manera que se genere una amplia confianza respecto al estricto cumplimiento de las leyes, como también en lo relacionado con la viabilidad, el avance y la consolidación del proyecto revolucionario bolivariano socialista. De ahí que resulte imprescindible para ello que los diversos sectores populares revolucionarios asuman sin temor ni condicionamientos de ningún tipo el protagonismo en la lucha contra este comportamiento asocial y contrarrevolucionario, aplicándole todo el rigor de las leyes venezolanas a quienes caigan en él, incluyendo el decomiso inmediato de los bienes y dinero mal habidos, tanto los que se hallan a su nombre como de sus familiares inmediatos.-

LA ESCISIÓN DE HUGO CHÁVEZ

LA ESCISIÓN DE HUGO CHÁVEZ

En Venezuela vuelve a ocurrir un fenómeno social que ha sido recurrente a lo largo de su historia y que, en muchos casos, tiene sus coincidencias con otros que tienen lugar en diferentes tierras de nuestra América. Esta vez, tal fenómeno se centra en la personalidad y obra de un militar singular, preconizador de un nuevo tipo de socialismo para el siglo XXI y que trascendió toda frontera: Hugo Rafael Chávez Frías. Ciertamente, en torno al Comandante y Presidente Chávez se ha originado una situación análoga a la suscitada respecto a algunos de los íconos de la fe católica, como Jesús de Nazaret, Santa Bárbara o el doctor José Gregorio Hernández, escindidos entre el culto oficial decretado por la jerarquía eclesiástica y el culto profesado a su modo por los amplios sectores populares, quienes depositan en ellos sus esperanzas en una especie de trueque ingenuo en el cual se funden -sin contradicción aparente- divino y lo terrenal, en una relación íntima que podría calificarse de amistosa y/o familiar.

Esta situación escasamente explorada se pone de manifiesto en lo que Chávez significa o representa para quienes han usufructuado el poder bajo su liderazgo carismático mientras que el pueblo lo hace parte importante de sus luchas y anhelos de redención social, del mismo que ya lo hiciera con el Libertador Simón Bolívar. Esta escisión de Hugo Chávez, en uno de signo gubernamental (legitimador éste de la posición de poder y/o de dirección política de quienes se consideran, con o sin razón legítima, sus herederos directos e indirectos) y otro de raigambre popular (con su discurso frontalmente subversivo y altamente cuestionador del burocratismo, la corrupción y la ineficiencia presentes en las diversas estructuras que conforman el Estado burgués-liberal actual), pudiera verse paradójico y hasta contraproducente en vista del aparente avance logrado por la contrarrevolución en la recién finalizada elección presidencial.

Sin embargo, la misma refleja -de una u otra forma- la diversidad ideológica que caracteriza al chavismo, entendiéndolo como una corriente política que amalgama, sin jerarquías especificas ni contradictorias, lo más resaltado del pensamiento revolucionario, ligando en un todo a Jesucristo, Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora, Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin, León Trostky, Rosa Luxemburgo, Mao Tse-Tung, José Carlos Mariátegui, Che Guevara y otros tantos luchadores y pensadores socialistas, extendiéndose a los aportes que pudieran extraerse de nuestras comunidades indígenas y de nuestra africanidad; en un crisol de ideas y vivencias sobre el cual se erige la construcción de un proyecto revolucionario socialista, cuyo eje central es la participación y el protagonismo de los sectores populares. No obstante, habrá que alertar sobre la posibilidad que a Hugo Chávez le sobrevenga una muerte segunda, producto de esta escisión, de no ser trascendida su figura emblemática por los cambios políticos, económicos y sociales impulsados en primer plano por el pueblo al que dedicó gran parte de su vida. De esta manera, se le evitará el triste destino de muchos que sólo son recordados cada cierto tiempo, pero que -en cuanto a su ejemplo e ideales revolucionarios- son ignorados prácticamente. Esto último pudiera evitarse, ubicando a Chávez en su justa dimensión en la historia común de las luchas populares. En este caso, el pueblo tendrá -como se dice- la última palabra.

La necesidad de la coherencia entre la praxis y el discurso revolucionario

La necesidad de la coherencia entre la praxis y el discurso revolucionario

Dentro del chavismo se debe observar y obtener una coherencia real entre la praxis y el discurso revolucionarios, puesto que muchos de los actuales actores políticos usufructuarios del poder constituido tendrían que ser relevados necesariamente de sus funciones en vista que los mismos no han contribuido en nada en hacer realidad la revolución bolivariana socialista, tal como lo ha esperado la amplia mayoría del pueblo venezolano y lo predicó siempre su primer impulsor, el Comandante Hugo Chávez Frías.

Precisamente, ahora que hay en perspectiva unas elecciones de alcaldes y de concejales el 8 de diciembre de este año, se presta la ocasión para producir lo que resultaría ser una revolución en la revolución que le dé al proceso revolucionario bolivariano socialista una verdadera vanguardia revolucionaria en lugar de la caterva de demagogos, oportunistas y adeco-copeyanos convertidos de la noche a la mañana en todos unos revolucionarios, cuyos máximos ideales se resumen en la obtención de cargos públicos a través de los cuales enriquecerse sin mucho esfuerzo, como cualquier capitalista. De ahí que la selección de candidatos a alcaldes y concejales no pueda ni deba basarse nada más que en la amistad o la simpatía se le profese a algunos compañeros, ya sean del PSUV u otro partido político chavista, o porque -sencillamente- haya la obligación de devolver un favor concedido, cuando lo propio de un revolucionario es apelar a sus convicciones revolucionarias para calibrar si quienes aspiran a estos cargos de elección popular corresponden o no a la necesidad insoslayable de concretar el sueño de Chávez de darle poder al pueblo y construir realmente el socialismo revolucionario bolivariano.

En este último aspecto, hay que recordar que la migración de una importante cuota de votos chavistas y/o pro-chavistas al bando opositor fue consecuencia directa de la corrupción, la inconsistencia ideológica y la negligencia indiscutible de quienes están enchufados en muchas de las instituciones del Estado, disfrazados de revolucionarios, cuestión que pudiera revertirse favorablemente si hay una mejor disposición política de las bases del chavismo por lograrlo. De igual forma, la presente coyuntura (en la cual se proyecta una estrategia abiertamente hostil y desestabilizadora de parte del sector más derechista de la oposición con evidente apoyo extranjero) obliga a todos los revolucionarios a estar alertas ante las ofertas engañosas de aquellos que son chavistas por conveniencia, puesto que son tan enemigos del proceso revolucionario bolivariano socialista como quienes buscan su total destrucción. Esto implica, en consecuencia, que los revolucionarios deben encabezar una defensa consciente de este proceso de cambios revolucionarios más que desesperarse por favorecer a un determinado candidato a las elecciones municipales de diciembre próximo (a menos que el mismo asuma un compromiso verificable y franco de hacer posible la revolución bolivariana socialista y el activismo protagónico del poder popular en el desarrollo de su plan de gestión de gobierno), aunque muchos de los enchufados se esfuercen por impedirlo.-

DEL GRAN POLO PATRIÓTICO AL PODER PATRIÓTICO CONSTITUYENTE

DEL GRAN POLO PATRIÓTICO AL PODER PATRIÓTICO CONSTITUYENTE

El Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) debiera convertirse con el tiempo -si es que los diversos factores políticos que lo conforman no frustran y desvían su propósito original- en un poder patriótico constituyente, al modo como el Presidente Hugo Chávez lo instaló en Caracas el 4 de enero de 1999, con la responsabilidad de motorizar, coordinar, promover e impulsar el proceso constituyente que abarcase todos los sectores sociales del país. Mediante su decidida activación, los cinco objetivos históricos que integran el Plan de la Patria heredado de Chávez -sumados a las iniciativas asumidas por el gobierno de Nicolás Maduro para saldar la deuda social existente aún en Venezuela- tendrán una mayor fortaleza y mejores posibilidades de cumplirse al trascenderse su marco meramente institucional y trocarse en herramientas de alto contenido político e ideológico para el avance revolucionario socialista en este país bolivariano.

 De esta forma, el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) dejaría de ser un botín harto apetecido por las organizaciones político-partidistas del chavismo para obtener ciertas prebendas y nominaciones candidaturales para las elecciones venideras. En vez de ello, es fundamental que todos los frentes y movimientos sociales revolucionarios adscritos al GPP-SB comprendan que su participación, protagonismo y autonomía resultan imprescindibles en el diseño, debate, ejecución, control y seguimiento de las diferentes políticas públicas que se lleven a cabo en los niveles de gobierno locales, regionales y nacionales con la finalidad de darle continuidad y solidez al proceso revolucionario socialista bolivariano. En consecuencia, cada uno de estos frentes y movimientos sociales revolucionarios tendrían una misión cardinal que cumplir, sin limitarse a un simple respaldo al Presidente Maduro, siendo actores pasivos, puesto que su visión particular respecto a la realidad venezolana actual contribuiría en mucho a definir de modo más amplio y democrático lo que deba hacerse para conseguir definitivamente la transición al socialismo revolucionario.

 Esto es más que necesario, en vista de mantenerse todavía vigentes las viejas estructuras del Estado burgués-liberal, con todas sus trabas burocrático-representativas que obstruyen, limitan e invisiblizan el protagonismo, la participación, la independencia y la organización revolucionaria de los sectores populares. Esta situación tiene que ser revertida, ya que -de mantenerse intacta- sería inevitable que los grupos de la reacción sigan consiguiendo más niveles de aceptación entre la ciudadanía resentida por la negligencia gubernamental, viéndose frustrada e impotente ante lo que muchos vienen cuestionando (incluso Chávez) desde hace algún tiempo.

 Por todo lo anterior, quienes integran el GPP-SB no deben dejar pasar la oportunidad brindada por el Presidente Maduro de ser co-partícipes de su gobierno, ejerciendo una contraloría social suficientemente objetiva y audaz, además de elaborar propuestas viables que beneficien la conformación de un poder popular realmente revolucionario y socialista. Todo ello en consonancia con la necesidad impostergable de darle vida y espacios adecuados (en lo subjetivo y en lo objetivo) a un poder patriótico constituyente, a fin de satisfacer las expectativas populares y trascender el legado del Comandante Hugo Chávez Frías.-

 

SIN PODER POPULAR NO HABRÁ REVOLUCIÓN NI ESTADO COMUNAL SOCIALISTA

SIN PODER POPULAR NO HABRÁ REVOLUCIÓN NI ESTADO COMUNAL SOCIALISTA

En su fase actual, consideramos que el proceso revolucionario bolivariano socialista requiere hoy más que nunca de la amplia y decisiva participación de los sectores populares organizados, de manera que los mismos ejerzan un papel protagónico más activo en los asuntos públicos, transformando las estructuras burocratizadas del Estado burgués-liberal que aún rige en Venezuela. Se hace preciso, por consiguiente, que las diferentes entidades gubernamentales quieran transferirle realmente al pueblo gran parte de sus funciones administrativas y de la autoridad que ahora desempeñan, ya que, por razones lógicas, quienes padecen la incompetencia institucionalizada estarían más dispuestos a remediar los problemas y las necesidades que confrontan a diario sus comunidades que aquellos que usufructúan el poder. Esto representaría, sin duda, un avance significativo, un importantísimo salto adelante, en la construcción del socialismo bolivariano y en la conformación de un verdadero Estado Comunal socialista, contando siempre para ello con la participación y el protagonismo del poder popular.

En este sentido, el Presidente Nicolás Maduro tiene ante sí el reto fundamental de hacer realidad la vieja consigna socialista de “todo el poder para el pueblo” y no quedarse nada más que en realizar un buen gobierno porque en esta coyuntura, con una oposición envalentonada, es necesario que el pueblo chavista tenga espacios propios de autogobierno mediante los cuales se sienta identificado con el proceso revolucionario bolivariano socialista y pueda contrarrestar, además, la ofensiva derechista. De ahí que todo chavista que se considere a sí mismo revolucionario tendría que activarse en beneficio de esta iniciativa, puesto que de ella dependerá en gran medida la continuidad del legado político del Presidente Hugo Chávez, siendo insuficiente el control total de las instituciones del Estado si el pueblo se muestra descontento ante el comportamiento aburguesado y la mala gestión cumplida de sus gobernantes, independientemente de cuál sea su nivel jerárquico y su militancia partidista.

Para los revolucionarios, el momento histórico que nos toca vivir, sin Hugo Chávez en la presidencia de la república, nos plantea la construcción inmediata de la unidad revolucionaria, al margen de cualquiera otra consideración que no sea la de hacer realmente la revolución bolivariana socialista. Esto, así no se quiera, pasa por realizar previamente un debate serio y objetivo que nos sirva para aclarar muchos puntos de vista y, claro, para la elaboración conjunta de una propuesta revolucionaria y socialista que todos utilicemos de guía de acción, sin estancarnos en lo meramente retórico y electoral. Sería, por tanto, un plan de acción que se sostenga en el tiempo, de forma que el mismo pueda ser adoptado en todas sus partes por las organizaciones del poder popular, aún en contra de la voluntad de aquellos que tratarían de impedirlo desde las instancias de gobierno que controlan por temor a ver amenazados sus intereses egoístas de constituirse en Venezuela un Estado Comunal de verdad.-

ENTRE EL CONTROL DESDE ARRIBA Y EL RECLAMO CONSTANTE DE LAS BASES

ENTRE EL CONTROL DESDE ARRIBA Y EL RECLAMO CONSTANTE DE LAS BASES

Entre el control desde arriba y el reclamo constante de las bases populares para que se les respete cabalmente su participación, su protagonismo y su soberanía, se debate -ahora sin su líder fundamental- la continuidad y la profundización del proceso revolucionario bolivariano socialista. Esta situación (siempre latente, aun en vida del Presidente Hugo Chávez) ha sido hábilmente aprovechada por la contrarrevolución que, segura del éxito de su estrategia desestabilizadora, no ha menguado en sus arremetidas mediáticas, habiendo obtenido su primer efecto en la significativa migración de votos nominalmente chavistas que incrementaron el tope electoral de la oposición el 14 de abril de 2013. Esto ha generado, como lógica consecuencia, algunos debates serios entre la militancia revolucionaria a nivel nacional, preocupada, sobre todo, por la aparente conciliación de clases adelantada por el Presidente Nicolás Maduro, aunque -hasta ahora- los mismos no han concretado una propuesta factible, a corto y mediano plazo, con la cual materializar sólidamente la revolución bolivariana socialista y que entusiasme y comprometa a los amplios sectores populares de la misma manera como lo hicieran, desde un primer momento, al favorecer al Presidente Chávez con sus votos, su amor y su lealtad.

Para algunos, éste sería el epílogo del proceso revolucionario bolivariano socialista, teniendo en cuenta el cúmulo de debilidades, corrupción administrativa e inconsistencias ideológicas que el mismo ha arrastrado consigo, lo cual fuera reiteradamente criticado en su momento por Chávez, pero que jamás motivaron una acción sostenida en el tiempo que pudiera minimizarlas y erradicarlas por completo. En la actualidad, éstas representan un lastre muy pesado respecto al papel que debe asumir Nicolás Maduro como heredero político del Presidente Chávez, cuestión que -de no asumirla y afrontarla con la firmeza y la seriedad revolucionaria que ella requiere- precipitaría eventualmente la caída del chavismo como factor de poder en Venezuela, dando al traste con catorce años de esperanzas, avances y conquistas políticas, sociales, culturales y económicas que resaltaran la dignidad del pueblo venezolano y optimizaran sus condiciones de vida, habiendo servido de ejemplo para los demás pueblos de nuestra América.

No obstante, aún existe la oportunidad de no dejar que ello ocurra. Lo que haría falta es que los diversos movimientos revolucionarios populares sean capaces de comprender la necesidad de promover, desde ya, un viraje crítico del proceso revolucionario bolivariano socialista, sin que el mismo dependa exclusiva y necesariamente de la voluntad del gobierno, por lo que tendrían que plantearse a sí mismos la autogestión en todos los ámbitos posibles hasta conformar lo que sería entonces un autogobierno; dando paso al establecimiento de un nuevo Estado, de carácter participativo, socialista y popular, que sustituya de forma radical el Estado burgués-liberal todavía vigente. De esta manera, los augurios pesimistas que ahora se ciernen sobre el proceso revolucionario bolivariano socialista serían disipados, recuperándose -en consecuencia- ese nivel de compromiso revolucionario, de activismo político y de entusiasmo popular que originara Hugo Chávez desde su primera aparición pública el 4 de febrero de 1992.-