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LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LA ILUSORIA EXISTENCIA DE UNA DERECHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

LA ILUSORIA EXISTENCIA DE UNA DERECHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

 

Para evitar una mayor escalada de violencia que pueda revertirse en su contra, la dirigencia de la derecha democrática en Venezuela (si acaso existe) tendría que recapacitar y desmarcarse de los grupos violentos y fascistas que buscan aterrorizar a toda la población. No debería, por tanto, hacerse cómplice silenciosa de los desmanes cometidos por tales grupos, ya que de esta manera estaría estimulándolos para que continúen generando una reacción similar de parte del chavismo (ya no de los cuerpos de seguridad del Estado), envolviendo a todo el país en una situación lamentable, con víctimas de ambos bandos. Sin embargo, parece bastante ilusorio que semejante cosa ocurra, dado que desde hace tiempo los grupos más radicalizados (como Primero Justicia y Voluntad Popular) han sido los artífices y protagonistas principales de esta estrategia desestabilizadora, bendecidos y financiados, además, por la extrema derecha internacional.

 

Si diera señales de vida y de verdad estuviera interesada en defender la paz, la soberanía y la constitucionalidad de Venezuela, lo menos que podría avalar esta presunta oposición democrática es la destrucción nada espontánea de las edificaciones públicas, unidades de transporte de pasajeros, instituciones educativas y centros de salud, cuyos mayores beneficiarios son los sectores populares.

 

Si se le aceptara que su lucha es justa y democrática, tendría que exigírsele a los seguidores de este tipo de oposición que, en correspondencia con las banderas que enarbolan, adecuaran su lenguaje a la búsqueda real de soluciones ante la situación que denuncian, especialmente en lo concerniente al odio mostrado hacia los chavistas, con expresiones abiertamente racistas y homicidas. Esto implica, lógicamente, dejar de alimentar actitudes que predisponen un escenario de violencia, con lo cual solo estarían de acuerdo sicópatas y sociópatas.

 

En contraposición, a los chavistas, lo mismo que a los revolucionarios, les toca contribuir a que las medidas adoptadas por el gobierno nacional se concreten en beneficio del pueblo, condenando y denunciando todo aquello que sirva para justificar las acciones opositoras, tomando como primera referencia la gestión deficiente que puedan presentar algunas instituciones del Estado, sean éstas nacionales, regionales o municipales, y hacer todo lo posible porque se constituya y funcione un poder popular verdaderamente revolucionario e independiente, siendo éste capaz de marcar el rumbo en la transición hacia el socialismo.-

RAZONAR CON QUIEN NO RAZONA

RAZONAR CON QUIEN NO RAZONA

Con su violencia irracional de los últimos días, la oposición de derecha -estimulada por las diferentes empresas de la información, la jerarquía eclesiástica católica local y factores extranjeros interesados en incrementar los niveles de desestabilización del país- le demuestra una vez más al pueblo venezolano (como al resto del mundo sensato que observa) que al chavismo le será imposible razonar con quienes no entienden de razones ni están dispuestos a establecer y a respetar algún entendimiento mínimo posible entre ambos sectores, especialmente cuando todo lo negativo que es, piensa y hace lo atribuyen sin diferencia ni miramientos al gobierno y a sus seguidores, haciendo de la mentira una herramienta política cotidiana.

 

Esto desdice muchísimo de su pretendida vocación democrática y pacifista porque no se explica que se pueda lograr una paz y una democracia estables en Venezuela cuando quienes «protestan», aún siendo una minoría, fomentan terror, disturbios, odios y destrucción. ¿Acaso se puede calificar de demócratas a aquellos que desconocen adrede el orden constitucional y pretenden alterarlo para satisfacer sus propósitos particulares, lo que implica, además, despreciar -de un modo racista y clasista superlativo- a los sectores populares que representan la mayoría del país?

 

También vale preguntarse si es lícito y racional que algún «patriota» secunde la loca idea de una invasión armada foránea que destruya al país, únicamente porque no logra su meta «democrática» anhelada de obtener y usufructuar elitescamente el poder. ¿Será que amenazando sádicamente con matar a chavistas y a revolucionarios, como lo hacen saber los opositores a diario a través de las diferentes redes sociales, éstos le permitirán a los chavistas y a los revolucionarios que hagan también en su contra lo que actualmente hacen para tumbar al gobierno?

 

Si alguien osara responder afirmativamente estas interrogantes, sin darle oportunidad a la inteligencia, algo está definitivamente fuera de lugar, evidentemente, y constituye una invitación abierta para que se desencadene una confrontación de clases sociales en Venezuela, posiblemente más atroz que la producida en otras naciones y a lo que pudo ser el Caracazo en 1989.

 

En las circunstancias especiales por las que atraviesa este país, tiene que imponerse, forzosamente, la sensatez en vez de la intolerancia y el odio. Tanto el chavismo gobernante como la misma oposición de derecha tienen que asumir la responsabilidad compartida respecto a la situación de crisis que afecta por igual a todos los venezolanos. Ello no obvia que en medio de estas circunstancias especiales los sectores populares revolucionarios tengan que tomar plena conciencia también sobre la necesidad inmediata de organizarse de manera totalmente diferente y autónoma, contando con un programa revolucionario unitario que les permita llevar a cabo los cambios que se requieren para hacer posible la Revolución Socialista.

 

En relación con ello, los revolucionarios tendrán que deslindarse del reformismo dominante, responsable en gran medida del avance de la derecha y de los demás males que, de una u otra forma, han terminado por generalizarse, como el clientelismo político, la corrupción y la ineficacia gerencial de aquellos que integran el estamento gobernante. Logrado esto, los revolucionarios podrán cumplir con el papel que les corresponde, esto es, contribuir a que el pueblo ejerza realmente su soberanía y no sea más víctima de la manipulación de la demagogia acostumbrada de los dirigentes de la derecha como de aquellos que se dicen revolucionarios, pero que poco se diferencian de sus contendores por el control del poder constituido.-

 

REVOLUCIÓN: LUCHA ABIERTA O APOYO CRÍTICO

REVOLUCIÓN: LUCHA ABIERTA O APOYO CRÍTICO

Cuando ya transcurrió más de una década de asumir por primera vez Hugo Chávez la presidencia de Venezuela e iniciar lo que comenzó a gestarse como la Revolución Bolivariana, un grupo importante de revolucionarios se ha estado planteando una revisión objetiva de lo que ella representaría en la actualidad, considerando especialmente el escenario político y económico fraguado bajo el gobierno de Nicolás Maduro; dando pie a una cantidad de diversidad de análisis que oscilan entre el enfrentamiento abierto y el apoyo crítico a la gestión de Maduro, confundiendo a propios y extraños.
 
En el caso de las críticas a quienes integran el gobierno y la dirigencia chavista, sus autores terminan -generalmente- por ser sellados como opositores, escuálidos o contrarrevolucionarios (como sucede con aquellos que publican sus artículos en Aporrea), sin indagar sobre si sus argumentos tienen o no alguna validez y, menos, que estos -chavistas y revolucionarios, en su mayoría- buscan advertir y hacerle unas cuantas recomendaciones a los gobernantes y dirigentes del chavismo sobre las transformaciones que debieran propiciar, de modo que la transición al socialismo sea una realidad menos retórica y pueda derrotarse contundentemente cualquier plan desestabilizador de la oposición de derecha y del imperialismo gringo. Advertencias y recomendaciones, por demás, que son olímpicamente ignoradas y, en algunos casos, ásperamente atacadas, sin dársele espacio a un debate serio; lo que se dificulta aún más ante la falta de medios de comunicación pluralistas, cuya apertura a otras tendencias del pensamiento facilitaría trascender el limitado marco de referencia actual del escenario político venezolano entre chavistas y opositores.
 
Tal situación, sin embargo, no ha sido impedimento para que grupos e individualidades preocupados por el destino del proceso revolucionario se hallen elaborando propuestas, en función de lograr un mayor grado de conciencia y de organización de los sectores populares, enfrentando todo tipo de resistencias, incluso de aquellos a quienes dirigen su foco de atención: resistencia que, en el caso de gobernantes y dirigentes, tiene su explicación por su celo de no perder el poder ejercido y, en cuanto a las bases populares, producto de la ideología que en ellas todavía subsiste, inculcada durante tanto tiempo por las clases dominantes.
Esto último conforma un desafío de largo aliento y apunta a un proceso de descolonización del pensamiento que tenga como efecto trascendental una revolución cultural de un amplio alcance. En dicho caso, es imperativo lograr que los sectores populares dejen de actuar como agentes inconscientes de la reproducción del sistema de valores de su propia dominación, discriminación y explotación; condicionándolos a vivir en un estado de resignación permanente, en medio de unas relaciones de poder nada revolucionarias ni socialistas. De lograrse esto último, podría emprenderse la reelaboración de las experiencias compartidas y protagonizadas desde abajo por los sectores populares, de un modo que haga definitiva la transición hacia un modelo de sociedad completamente diferente al existente.- 

REVOLUCIÓN POR ENCIMA DE CUALQUIER RAZÓN POLÍTICA

REVOLUCIÓN POR ENCIMA DE CUALQUIER RAZÓN POLÍTICA

En el escenario político nacional actual, a los militantes revolucionarios y chavistas les correspondería asegurar, por encima de cualquier situación o razón política que trate de impedirlo, la Revolución y el ejercicio cotidiano de la democracia participativa y protagónica desde los espacios de construcción del poder popular, no bajo los parámetros representativos habituales que todavía perduran sino con un profundo contenido revolucionario y socialista, de una manera directa, lo que se reflejaría en la modificación profunda de las relaciones de poder al invertirse la pirámide jerárquica entre gobernantes y gobernados.
 
Esta tarea es vital para que puedan superarse todas las dificultades surgidas, especialmente en estos últimos cuatro años, incluyendo el hecho de tener gente reformista instalada en importantes cargos de gobierno, cuyo único mérito es haber aprovechado la oportunidad de ascender económicamente, pero nunca el de propiciar las condiciones adecuadas para lograr, en un primer plano, la transformación estructural del Estado liberal burgués vigente, como lo reiterara Hugo Chávez cientos de veces, y en un segundo plano la transición al socialismo revolucionario.
 
Esto supone deponer posiciones individualistas o sectarias que en nada contribuyen a crear e impulsar una propuesta revolucionaria viable, concisa y unitaria, que no se limite a lo estrictamente electoral, como ocurrió, por ejemplo, con la conformación del Gran Polo Patriótico, el cual sólo ha servido para aportarle votos a las candidaturas del PSUV y, en menor grado, para compartir alguna cuota de poder.
 
En tal sentido, los revolucionarios y los chavistas dispuestos a asumir esta propuesta (vista y entendida de un modo revolucionario novedoso) deberían estar dispuestos también a evaluar objetivamente la gestión gubernamental cumplida hasta ahora, lo cual ayudará a recuperar y a redireccionar los planes o programas implementados.
 
La idea central es que chavistas y revolucionarios comprendan que la coyuntura representada por la suspensión de los comicios regionales y municipales abre las oportunidades para que una propuesta revolucionaria de nuevo tipo surja y se multiplique, formando, organizando y movilizando a los sectores populares para que la revolución socialista sea una realidad permanente y no solamente retórica, como lo entienden y repiten muchos.-

EL 4-F Y EL RETO REVOLUCIONARIO DEL PRESENTE

EL 4-F Y EL RETO REVOLUCIONARIO DEL PRESENTE

 

La rebelión del 4 de febrero de 1992 fue, sin duda alguna, la desembocadura de un río de luchas populares que tuvo sus flujos y reflujos a partir de 1958, pero que jamás dejó disminuir su caudal, pese a la incesante campaña de represión, asesinatos selectivos y miedo que sostuvieron los distintos gobiernos surgidos del Pacto de Punto Fijo. Era, además, la expresión tornada en rebelión de un pueblo sometido a un régimen de exclusión política, social y económica, cuya retórica democrática ocultaba la sumisión a los dictados imperiales de Estados Unidos y la existencia de una oligarquía parasitaria que extraía sus riquezas de la renta petrolera, dejando en la miseria a un amplio segmento de la población; todo esto reforzado por grupos empresariales de la comunicación que daban cuenta al mundo del mejor sistema de democracia representativa vigente en nuestro continente.
 
Sus raíces y sus motivaciones tendrán, por consiguiente, que extraerse de esta larga historia de luchas populares, incluyendo aquellas que se derivaron del proceso independentista, de manera que pueda explicarse y ahondarse su significación, permitiendo y consolidando, a su vez, la elaboración, ejecución y revisión de un verdadero proyecto revolucionario de transformación estructural del modelo civilizatorio imperante en Venezuela.

Esto último constituye, de por sí, un vasto reto que debiera ser abordado de forma colectiva por los diversos sectores revolucionarios, sin dejarse arrastrar por el mesianismo de una «vanguardia» esclarecida que quiera obstaculizar cualquier posibilidad de expresión de poder popular que sirva de fundamento para la construcción de una nueva hegemonía, instaurando, en consecuencia, unas nuevas relaciones de poder. A tal reto debieran sumarse por igual hombres y mujeres que compartan la Utopía de un mejor mundo posible, donde dejen de ser una realidad fatídica la alienación, la desigualdad y la explotación que caracterizan el modelo de sociedad capitalista, lo mismo que la tutela imperialista tradicional de Washington.

La rebelión cívico militar del 4-F tendría que reivindicarse bajo estos parámetros, lo que impediría su degeneración en mito o leyenda, ya que de permitirse esta eventualidad ocurriría lo mismo que durante el largo período del régimen puntofijista: convertir a los sectores populares en meros espectadores de una historia que les correspondería protagonizar y modificar según sus propios intereses, sin ser ajenos a su desarrollo y, como efecto de su conciencia revolucionaria, participando activamente en el logro efectivo de su propia emancipación individual y colectiva. 

De este modo, el por ahora (y para siempre) del 4-F pronunciado por el Comandante Hugo Chávez adquirirá una resonancia mayor a la que él mismo y sus seguidores le han atribuido hasta el presente; convertido por obra y gracia de las mujeres y los hombres de la Revolución en el punto de encuentro para recapitular y poner en movimiento un andamiaje de propuestas revolucionarias que hagan factibles las aspiraciones seculares del pueblo venezolano; diferenciándose, por supuesto, ampliamente de lo que son posiciones netamente reformistas, carentes de rasgos y propósitos auténticamente revolucionarios. 

Por ello, la rebelión cívico militar del 4-F no puede catalogarse según el prisma interesado de una sola persona o grupo. Su carácter subversivo tiene que ser asimilado y sostenido por quienes aún mantienen en alto las banderas revolucionarias, así suene desfasado e inconveniente para quienes controlan (y anhelan controlar) el poder constituido; planteándose como objetivo político estratégico no sólo la toma del poder sino, básicamente, la transformación estructural que esto supone. 

Para los revolucionarios es algo esencial que este sea su norte, en todo momento, contribuyendo al mismo tiempo a elevar el nivel de conciencia revolucionaria de los sectores populares, su nivel de organización y su nivel de movilización, en función de crear las condiciones propicias para gestar la Revolución Bolivariana prefigurada el 4-F, aún cuando este no fuera -según el parecer de algunos- la intención original de dicha rebelión.

El 4-F se enlazaría así con el presente de luchas que siguen librando los sectores populares. Ya no sería una mera anécdota heroica que recordar cada año, con celebraciones irreflexivas que le restan comprensión apropiada a lo que fue la culminación de un estado creciente de efervescencia de la lucha popular contra las élites que dominaban el país bajo la «protección» estadounidense. Resultaría más adecuado -más allá de la apología oficialista, ya tradicional- que éste constituyera, realmente, un antes y un después que le permitiese al pueblo emprender, sin tutela alguna, el camino de su propia emancipación. Como un río indómito que, luego de sortear exitosamente todos los obstáculos geográficos en su trayecto, desemboca en el anchuroso mar.-

¿ACOMODAMIENTO, ABANDONO O LUCHA REVOLUCIONARIA?

¿ACOMODAMIENTO, ABANDONO O LUCHA REVOLUCIONARIA?

En Venezuela es innegable que se ha impuesto (o continuado, para ser algo más exacto) un marcado clientelismo político, el cual -sirviéndole de pivote a algunos gobernantes para la conformación de grupos y subgrupos con que arraigar su “liderazgo”- impide que se generen mejores condiciones para que haya una verdadera revolución popular, tanto en su aspecto organizativo como en lo teórico-ideológico. Al respecto, sería pertinente recurrir a las 20 tesis de Política elaboradas por el filósofo argentino Enrique Dussel para afirmar que el poder no es un ejercicio de dominación ni la política una administración burocrática, como se viene concibiendo en las diferentes naciones de nuestra Abya Yala desde sus albores republicanos, cosa que exige e impone la necesidad revolucionaria de modificar la manera y el entendimiento de hacer la política y, en consecuencia, de funcionar el poder, dado que una mayoría de quienes lo ejercen olvidan que éste les es delegado en nombre de la voluntad y los intereses de una colectividad de electores que confió en ellos, otorgándoles su voto.

 

¿Qué entrañaría, entonces, cambiar radicalmente la percepción común que se tiene en relación al modo de hacer política y de ejercer el poder, entendiendo que esto debe enmarcarse en la construcción colectiva de una revolución de carácter popular, socialista y antiimperialista, como lo sería, en este caso, el proyecto de la Revolución Bolivariana? Entrañaría (aunque suene bastante retórico y hasta utópico para algunos, sobre todo entre quienes han perdido su ímpetu revolucionario, decepcionados con la actuación reformista de determinados representantes del chavismo gobernante) oponer la ética de la solidaridad a la lógica del mercado. Es luchar denodadamente en oposición a la ideología imperante, según la cual nada podría cambiar en este mundo sin la anuencia de las elites dominantes. Así, en opinión del afamado pedagogo Paulo Freire, “el discurso de la imposibilidad de cambiar el mundo es el discurso de quien, por diferentes razones, aceptó el acomodamiento, incluso para lucrar con él. El acomodamiento es la expresión del abandono de la lucha por el cambio. Quien se acomoda carece de la capacidad de resistir, o la tiene muy débil. A quien ha dejado de resistir o a quien en algún momento pudo dejar de hacerlo, le es más fácil acomodarse en la molicie de la imposibilidad que asumir la lucha permanente y casi siempre desigual a favor de la justicia y de la ética”.

 

Por consiguiente, aquellos que se muestren incapaces de llevar a buen puerto la revolución popular -con su sustitución de paradigmas- y lo abrume el grave compromiso que la misma representa, también serán incapaces de confiar en la potencialidad creadora (y re-creadora), como sujetos históricos de vanguardia, de los sectores populares, en lucha por su propia emancipación. Entretanto, otros sólo se regocijarán con exhibir un radicalismo pasivo, cuyo rasgo más resaltante consiste en no sumar esfuerzos a una propuesta en concreto que haga viable la conciencia, la organización y la movilización revolucionaria de los sectores populares, con lo que logran afianzar -así sea en una expresión mínima y aparentemente insustancial- todo lo que critican. Será preciso que todo individuo que propugne la revolución socialista esté dispuesto a afrontar las diversas dificultades y desviaciones que pudieran surgir durante su curso de consolidación, conscientes de la eventualidad indudable que afloren inconsistencias y contradicciones, producto de la cultura política tradicional. Por esto es fundamental que, en vez de fortalecer las estructuras socio-ideológicas, políticas y económicas vigentes (creadas según los intereses burgueses, u oligárquicos), se desarrolle y se profundice la organización de un poder popular real, con características raigalmente revolucionarias, y totalmente autónomo respecto a cualquier tutela estatal y/o partidista que se le quiera imponer.-        

LA REVOLUCIÓN NO ES EL CAPRICHO DE UN SOLO INDIVIDUO

LA REVOLUCIÓN NO ES EL CAPRICHO DE UN SOLO INDIVIDUO

Gran parte de la estrategia desestabilizadora fraguada por la oposición y, así no se crea, por el imperialismo gringo, para acabar con el chavismo, saltándose todo tipo de normativa constitucional, legal, ética, moral y democrática existente, tiene como objetivo elemental -aparte del ya antes mencionado objetivo- que exista y se expanda una espiral degenerativa de la situación crítica que vendría atravesando Venezuela en los últimos años bajo la presidencia de Nicolás Maduro.  

 

Lo ocurrido con el desabastecimiento y encarecimiento inducido de una gran diversidad de productos, la falta de dinero en efectivo y el sabotaje de la plataforma de Internet de la banca pública, además del servicio de telecajeros, ocurridos en los meses finales de 2016, confirman las acciones de sectores interesados en que todo esto se agudice más cada día, endosándole la culpa de ello al gobierno de Nicolás Maduro, conscientes del grave daño que todo esto ocasiona a la generalidad de la población venezolana, cuya mayoría ha servido de soporte activo al chavismo durante dieciséis años consecutivos. Otros, siendo empresarios, simplemente buscan aprovecharse de la ocasión y así obtener ganancias. A éstos se unen quienes se la dan de “vivos”, explotando la necesidad padecida por sus mismos semejantes; confiados unos y otros en que ninguna ley les afectará o sancionará debido a la corrupción de las autoridades (civiles, militares y policiales) encargadas de hacer valer su estricto cumplimiento.

 

Al igual que años antes con el Presidente Hugo Chávez, la oposición ejecuta un golpe de Estado continuado (lo que otros identifican como guerra asimétrica o de cuarta generación y, también, golpe blando), dirigido principalmente a afectar a los sectores populares, de modo que estos se alcen en contra del chavismo gobernante y favorezcan un cambio de régimen. Sin embargo, con lo que no ha contado la dirigencia opositora es con la pertinaz resistencia popular para aceptar sus pretensiones, en vista que, a pesar de su discurso demagógico y de la notoria inconsistencia revolucionaria de muchos representantes del chavismo gobernante, la mayoría de los venezolanos no cree en sus ofertas engañosas.

 

Esta situación debiera motivar acciones puntuales entre quienes figuran como dirigentes del chavismo (al margen, incluso, de sus verdaderas convicciones ideológicas) antes que mantenerse en diatribas mediáticas que sólo sirven para promoverse a sí mismos y causar divisiones en las bases populares. Obviarla sería brindarle a la oposición en bandeja de plata la oportunidad de lograr mayores espacios, así como contribuir -de uno u otro modo- al incremento del descontento que podría anidar la población respecto a todo lo que viene ocurriendo. Pero, sobre todo, debiera conducir a propuestas y esfuerzos organizativos entre los revolucionarios que se concreten en la activación de un poder popular realmente revolucionario, socialista e independiente.

 

Cuando se proclama la urgente necesidad de una revolución popular se debe comprender que ésta no surge por simple capricho de uno o más individuos resentidos (o predestinados). Ella es fruto directo de las múltiples contradicciones e injusticias que caracterizan al sistema-mundo imperante, el cual, a pesar de las elecciones que se celebren y la adopción cada cierto tiempo de medidas coyunturales con que se busca aliviar las presiones reivindicativas de los sectores populares, no termina por satisfacer realmente las aspiraciones de todos, en un mismo nivel y al mismo tiempo. Por ello es importante determinar cuáles son los detonantes de una revolución y, en consecuencia, una vez iniciada, trabajar colectiva, creativa y denodadamente por lograr la transformación estructural que requiere, insoslayablemente, el modelo civilizatorio vigente, en beneficio de todos y no en beneficio exclusivo de una minoría privilegiada.- 

MADURO: ¿SIMPLE ENROQUE O VIRAJE DECISIVO?

MADURO: ¿SIMPLE ENROQUE O VIRAJE DECISIVO?

A fin de cumplir efectivamente con las instrucciones impartidas por Nicolás Maduro al momento de juramentarlos como su nuevo tren ministerial en este comienzo de año, los «nuevos» integrantes del gobierno tendrían que propiciar un viraje decisivo y sostenido respecto al modo cómo se maneja el Estado y las diferentes relaciones de poder que, desde sus entrañas, se originan y condicionan la forma de ser y de hacer de los venezolanos.

 

Tendrían que romper con las viejas estructuras vigentes y trascender la disyuntiva que se le presenta a todo proceso revolucionario: estimular la organización de un poder popular (revolucionario, constituyente e independiente) o, contrariamente, negándose a sí mismo, inclinarse por el reforzamiento del Estado liberal burgués tradicional. Se trata, por lo tanto, de un reto definitorio que, de existir verdadera voluntad política y compromiso revolucionario por parte de quienes tienen la responsabilidad de dirigir las diferentes instituciones del Estado, representaría un avance importante en lo que sería la profundización del proyecto revolucionario bolivariano.

 

Sin embargo, en su contra existe un elemento que entorpece y hará fracasar este cometido: la burocracia. Un elemento que, de no haber de por medio esta voluntad política y compromiso revolucionario, hará que continúen las contradicciones, debilidades e inconsistencias (aparte de la corrupción existente desde largo tiempo en todas las instancias gubernamentales) que le permiten fortalecer su presencia y acciones a los sectores de la contrarrevolución. Por eso es fundamental que el nuevo tren ministerial elabore y ejecute políticas socioeconómicas dirigidas a darle consistencia a la actuación revolucionaria de los sectores populares organizados como primera línea de defensa de lo que sería la Revolución Bolivariana, gracias a lo cual estos podrán derrotar los efectos negativos del sabotaje económico y productivo al que se ha visto sometido desde hace ya tres años de parte de los grupos oligárquicos opositores y sus aliados internacionales en su persistente esfuerzo por derrocar al sucesor de Chávez.

 

Esto sería lo ideal, considerando que el chavismo requiere con sentido de urgencia renovar sus cuadros dirigenciales y concretar la transformación estructural que contempla, de modo general, el proyecto histórico de la Revolución Bolivariana Socialista; antes que la situación caótica termine por extenderse, acrecentándose el malestar y la desesperanza entre el pueblo. Además, a Maduro y a quienes le acompañan en las diversas tareas de control del gobierno les corresponde saber interpretar adecuadamente la protesta legítima de los sectores populares contra males y necesidades específicos en vez de descalificarla, sin indagar sobre sus causas, atribuyéndosela a factores de la oposición. Por otra parte, es vital que los diversos movimientos sociales y políticos revolucionarios lleguen a comprender cabalmente que ya no es suficiente con proclamar una unidad revolucionaria que, la mayoría de las veces, no pasa de ser un elemento meramente retórico y/o electoralista. Hace falta apelar a la construcción orgánica -desde abajo y en todos los frentes de lucha posibles- de una estructura de coordinación colectiva, basada en procedimientos y actuaciones de carácter consejista que conlleven al logro efectivo de tal unidad.

 

En función de ello, hay que comprender que, además, bajo la lógica perversa del capitalismo, la estructura social se ha diversificado a tal punto que no resulta ninguna novedad «descubrir» categorías y subcategorías sociales existentes en el mundo contemporáneo. Esto, ya de por sí, representa un alto desafío. Desconocer dicha realidad será continuar manejando los esquemas simplistas y legitimadores que moldearon el actual modelo civilizatorio, o sistema-mundo; por lo que toda acción o iniciativa debiera orientarse al logro efectivo de los cambios revolucionarios que marcarán transformación estructural definitiva, no únicamente superar alguna coyuntura, a semejanza de lo que haría habitualmente cualquier gobierno para asegurar su continuidad o legitimidad frente a sus adversarios.-