Blogia
Homar_mandinga

LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

LOS AUTOGOLES CHAVISTAS Y LA SUPUESTA CAÍDA DE MADURO

LOS AUTOGOLES CHAVISTAS Y LA SUPUESTA CAÍDA DE MADURO

Pese a que el gobierno se jacta de haberle propinado un golpe contundente a las mafias que lucraban con los billetes de cien bolívares en la frontera colombo-venezolana, obligándolas a «devolverlos»- a un porcentaje creciente de la población le invade todavía la sensación que éste se halla en un callejón sin salida o, en el más benévolo de los casos, se mueve en medio de un mar de contradicciones que conspiran contra sí mismo, facilitándole las cosas a sus enemigos internos y externos.

 

Algunos no lo perciben así y desmienten tal aseveración tomando en cuenta la movilización y concentración logradas este 17 de diciembre en Caracas, pero ello no rebate la realidad caótica que se vive en Venezuela, lo que obliga a plantearse nuevos escenarios y nuevos actores que permitan resolver, así sea coyunturalmente, lo que está ocurriendo. Al respecto, cabe admitir que gracias a las inconsistencias, debilidades, desviaciones, inmadurez y sectarismo políticos exhibidos de una u otra forma por el chavismo gobernante, la oposición de derecha pudo remontar su situación de minusvalía hasta alcanzar la fisonomía y el nivel actuales, con el control de la Asamblea Nacional y la desestabilización económica como partes esenciales de su estrategia para derrocar a Nicolás Maduro y adueñarse de todo el poder constituido, (incluida la administración de la apetecida renta petrolera).

 

Los descuidos y el triunfalismo del chavismo gobernante allanaron la vía para que los opositores recuperaran el aliento perdido en 2002, no obstante sus múltiples errores y su falta de tino para saber aprovecharse de la ocasión de desestabilización creada por ellos desde hace mucho tiempo. Mientras esto ocurría, las bases populares -atendiendo las exhortaciones del Presidente Hugo Chávez- procedían a organizarse, enfrentando en muchos casos la resistencia del funcionarado «chavista» que, a la usanza y semejanza de sus antecesores puntofijistas, poco o nada se muestra comprometido en hacer realidad la Revolución Bolivariana y menos a subordinarse al nuevo paradigma que supone el ejercicio -con características constituyentes- de una democracia consejista, directa, participativa y protagónica.

 

Sin embargo, lo anterior no significa que el proyecto de la Revolución Bolivariana esté hundiéndose. Existe un alto porcentaje de chavistas y de revolucionarios que siguen aferrados a la vieja idea de producir una verdadera revolución popular socialista en este país, lo que le concede al chavismo una posibilidad abierta de rectificar y reimpulsar revolucionariamente lo alcanzado hasta la fecha.

 

La «caída» de Maduro no se produciría por este motivo y hasta se podrá afirmar sin exageración alguna que tampoco por las acciones desquiciadas de la oposición. Su eventualidad depende de la superación pronta de las ambigüedades y falta de firmeza que corroe en general al chavismo gobernante. Pero, más importante aún es que los sectores populares logren comprender cuál es el verdadero papel que les corresponde desempeñar en la superación de los escollos que lo impiden y asumir entonces la construcción colectiva de esta revolución popular socialista, de una manera horizontal y diversificada.-

LA OPOSICIÓN Y LOS BILLETES DE A CIEN BOLÍVARES

LA OPOSICIÓN Y LOS BILLETES DE A CIEN BOLÍVARES

Quienes vaticinan situaciones peores para el país y critican la medida del presidente respecto a poner fuera de circulación legal los billetes de 100 bolívares son los mismos que comparten la idea de utilizar la crisis económica como herramienta política para acabar con el chavismo y toda expresión revolucionaria en Venezuela, además de aquellos que son artífices de todo lo ocurrido en esta materia en los últimos tres años.

 

Nada extraño resulta que lo hagan en vista que ellos no han aportado ninguna solución efectiva al grave problema que padece el pueblo, perjudicándose su poder adquisitivo, a pesar de elevarse el sueldo mínimo y el bono alimentario o de haberse implementado los Clap, de manera que no exista un mayor nivel de crisis y de desabastecimiento de productos básicos para las familias venezolanas. Al contrario de lo que pudiera esperarse de la gente de la oposición, ésta se ha afanado en tratar de destruir toda posibilidad de progreso y de recuperación económica de nuestra nación, creando matrices de opinión negativas que dan cuenta de una situación interna insegura e inestable para la inversión de capitales extranjeros, a lo que se une también la conspiración de gobiernos de la derecha que se plantearon la exclusión de Venezuela de Mercosur, alegando razones políticas sin bases suficientes.

 

Todo esto en conjunto nos demuestra a los venezolanos (y al mundo exterior) que no hay voluntad política ni una propuesta seria de parte de la oposición de ayudar a solventar los diversos problemas que confrontamos a diario, atribuyéndole sin mucho fundamento toda la responsabilidad de lo que pasa al gobierno de Nicolás Maduro. Incluso, azuza a gremios y sectores de la sociedad para que cerquen al gobierno con sus demandas, imponiendo un estado de ingobernabilidad donde los más afectados son, como siempre, los sectores populares, lo cual se incrementaría gracias a la ineficiencia y la corrupción de algunos funcionarios públicos, civiles, policiales y militares, que sólo velan por sus intereses particulares mientras el resto de la ciudadanía se queda en la intemperie, sin confianza en ninguna autoridad.

 

Por eso, a la oposición apátrida no le cae nada bien que Maduro asuma medidas, así sean algo tardías o de efectos moderados, que vayan en favor de los venezolanos, especialmente de los sectores populares, pues su obsesión compulsiva de tomar el poder la lleva a poner en práctica cualquier plan que precipite el caos en nuestro país y entonces salirse con la suya, es decir, ejercer el poder en función de sus propios intereses y del imperialismo gringo, a través de sus grandes corporaciones transnacionales que la respaldan financieramente desde hace ya diecisiete años consecutivos.-

 

 

¿UN «OBLIGADO» PASO ATRÁS DEL CHAVISMO?

¿UN «OBLIGADO» PASO ATRÁS DEL CHAVISMO?

No obstante haber innumerables reflexiones críticas -todas válidas e igualmente importantes aunque difieran mucho entre sí- en torno a lo que es y ha sido el proceso de cambios producido en Venezuela, existe la tendencia generalizada entre el chavismo a no prestarle demasiada atención a lo que realmente impulsaría, de un modo más efectivo, la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas del actual modelo civilizatorio; es decir, a la teoría revolucionaria para lograr, justamente, la revolución bolivariana. Tal tendencia es percibida por muchos como el factor que fracturaría al chavismo (más que la estrategia opositora), haciendo posible que éste dé un paso atrás, tratando de mantener sus cuotas de poder, al modo de cualquier élite tradicional, sin llegar a producir -en consecuencia- ninguna revolución.

 La mayoría de los chavistas, por lo general, tiende -pese a los reiterados llamados de Hugo Chávez a la lectura crítica de la historia y a la formación teórica revolucionaria sostenida- a asumir un papel extremadamente pragmático, especialmente en época electoral, en la puesta en marcha de las Misiones sociales o cuando se hace necesaria una movilización popular que sirva de alguna forma para repeler el ímpetu desestabilizador de los grupos opositores; algo relevante, pero que deja en evidencia un flanco descuidado que es aprovechado por quienes solo están motivados por satisfacer sus intereses personales. Como respuesta y resistencia a esta última situación, desde lo interno del chavismo tendría que manifestarse en toda su dimensión creadora, subversiva y constituyente una revolución, cuyo objetivo fundamental sea trastocar y abolir las relaciones de poder habituales, las mismas que han perdurado a través de la historia y que representan un serio obstáculo a vencer si se mantiene vigente la idea colectiva de lograr una revolución de características socialistas.

Esto, por supuesto, agudizará las tensiones y contradicciones entre aquellos que ostentan el poder (al estilo poco diferenciado de sus antecesores adecos y copeyanos) y quienes, desde las bases, pugnan para que la revolución bolivariana se convierta en una realidad irreversible, sin verse disminuida o afectada significativamente por las agresiones de la derecha y de su mentor principal, el imperialismo gringo. Sin la disposición de una teoría política y una concepción teórica del poder que faciliten vías diversas para la construcción de una sociedad de nuevo tipo, se hará más difícil la posibilidad que haya una comprensión más cabal del por qué ocurre lo que ocurre actualmente en Venezuela y de los esfuerzos que tendrán que hacerse a favor del bienestar integral de la población.

Muchos pasan por alto, quizás irreflexivamente, lo que hizo posible a Hugo Chávez y al chavismo. Olvidan que fue la insurgencia de un pueblo largamente postergado en sus aspiraciones democráticas e igualitarias; un pueblo reprimido y manipulado por una élite parasitaria combinada de políticos demagogos, empresarios vividores del Estado, clérigos legitimadores del orden establecido, militares adoctrinados por la tenebrosamente célebre Escuela de las Américas y sindicaleros que siempre estuvieron pendientes de su propio bienestar que el de los trabajadores que decían representar.

Esta insurgencia, sin embargo, no fue algo inmediato. Fue una insurgencia popular que se fue fraguando a través del tiempo. Unas veces de una forma ruidosa, violenta y espontánea, como las originadas por diversas reivindicaciones (laborales, sociales, estudiantiles) y, en un mayor grado, el «Guarenazo», mejor conocido como el «Caracazo», del 27 de febrero de 1989. En otras, silenciosamente, replegándose sobre sí mismo, autoorganizándose y siempre resistiendo a través de sus diversas expresiones culturales; deslegitimando con su aparente anomia al statu quo regimentado bajo el pacto de Punto Fijo.

En el presente, esa misma insurgencia continúa latente. Para algunos, ella se halla contenida en la polarización aparente entre el chavismo y la oposición, cosa que es reforzada a diario por los distintos medios de información, tanto a favor como en contra de uno u otro bando, dando así por descontada la posibilidad de otras opciones político-partidistas. No obstante, la realidad cotidiana parece contradecir dicha polarización aunque intereses de por medio quieran hacerle creer al mundo todo lo contrario.-

EL CHAVISMO Y LA OMISIÓN DE LA LUCHA DE CLASES

EL CHAVISMO Y LA OMISIÓN DE LA LUCHA DE CLASES

Muchos chavistas y revolucionarios han omitido -posiblemente de forma involuntaria, concediéndoseles el beneficio de la duda- que la lucha de clases y la movilización popular fueron elementos claves en los triunfos electorales consecutivos obtenidos por Hugo Chávez desde 1998, incluso en aquellos momentos coyunturales cuando los grupos de la oposición propiciaron y cristalizaron un golpe de Estado y un paro patronal, estimulados por Estados Unidos y su sed de poder.

 

Esta omisión propició que, de una u otra forma, el clientelismo político y la consiguiente conformación de una maquinaria electoral exitosa -representada inicialmente por el Movimiento V República (MVR) y, ahora, por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), resaltando ambos por encima del resto de partidos políticos identificadas con el chavismo-, ocasionaran la desmovilización popular. Esto sería aprovechado por la oposición de derecha, trastocando así la correlación de fuerzas que se inclinaba en su contra, lo que se manifestó en el control actual de la Asamblea Nacional, relegando al chavismo a un papel defensivo frente a la denominada guerra económica. Durante este tiempo, la oposición avivó -mediante una campaña mediática insistente, aunada a la crisis de abastecimiento y de especulación desmedida de productos- cierto descontento colectivo respecto a la efectividad del gobierno de Nicolás Maduro para paliar la nueva situación crítica padecida por el pueblo.

 

Si se hubiera entendido medianamente la necesidad de afrontar la lucha de clases en Venezuela de una forma sostenida, posiblemente no existirían las circunstancias por las que atraviesa el proceso de cambios revolucionario. Incluso, el gobierno de Maduro habría tenido una mejor posición para atajar, de manera contundente, las intenciones opositoras de desalojarlo del poder.

 

También pudo servir de escenario para definir el rumbo económico y teórico a seguir, teniendo en cuenta la exigencia de construir el socialismo bolivariano como una opción válida y factible frente a la lógica perversa del capitalismo y sus relaciones de producción y consumo. Algo que es determinante y está ligado, asimismo, al compromiso de disminuir enormemente la dependencia de la renta petrolera y tender al logro de una diversificación tangible de la economía nacional, como tantas veces fuera anunciado.

 

 

Ahora, con una economía sometida a la acción inmoral de bachaqueros y empresarios (internos y externos), que responden a intereses políticos, que se amplía con la carencia de dinero en efectivo (sometiendo a los ciudadanos a una usura legalizada que pareciera aceptarse ante la imposibilidad de alternativas inmediatas por parte de las autoridades), los chavistas y los revolucionarios debieran enarbolar, sin desechar lo adelantado por Chávez, una nueva referencia revolucionaria que contemple y garantice la posibilidad irrecusable de consentir que sea el pueblo quien ejerza el poder de un modo protagónico en lugar de permitir el empoderamiento de fracciones burocráticas político-partidistas que sólo actuarían en su propio beneficio.

 

En su análisis “La implosión de la Venezuela rentista”, Edgardo Lander determinó que “el gobierno del Presidente Chávez, lejos de asumir que una alternativa al capitalismo tenía necesariamente que ser una alternativa al modelo depredador del desarrollo, del crecimiento sin fin, lejos de cuestionar el modelo petrolero rentista, lo que hizo fue radicalizarlo a niveles históricamente desconocidos en el país. En los 17 años del proceso bolivariano la economía se fue haciendo sistemáticamente más dependiente del ingreso petrolero, ingresos sin los cuales no es posible importar los bienes requeridos para satisfacer las necesidades básicas de la población, incluyendo una amplia gama de rubros que antes se producían en el país. Se priorizó durante estos años la política asistencialista sobre la transformación del modelo económico, se redujo la pobreza de ingreso, sin alterar las condiciones estructurales de la exclusión”.

 

Sin embargo, en descargo de Chávez, éste había expuesto en el preámbulo del Plan de la Patria que “la formación socioeconómica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista”, por lo que el proyecto revolucionario en construcción tendría que estar “direccionado hacia una radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso, pero sin aminorar el ritmo de avance hacia el socialismo.”

 

Aún con este importante detalle en contra, que se enlaza con la acción quintacolumnista de muchos burócratas, poco o nada involucrados con el chavismo o, en su defecto, con la simple gestión gubernamental, anclados como están en sus espacios de confort; los revolucionarios y los chavistas podrían emprender una estrategia orientada a la transformación radical de las condiciones materiales e ideológicas que caracterizan el viejo orden establecido. Éste sería, está demás decirlo, un buen momento para emprenderla y hacerla posible.-  

IMPERIALISMO, OPOSICIÓN Y REFERENDO

IMPERIALISMO, OPOSICIÓN Y REFERENDO

Como cuestión habitual en ellos, los dirigentes de la oposición repiten el esquema de la manipulación mediática y del autoengaño para desmentir, a propósito de la realización de las mesas de diálogo con representantes del gobierno venezolano, el fracaso de su estrategia para acabar de modo definitivo con el chavismo mediante la convocatoria y celebración del referendo revocatorio en 2016. Con esto pretenden, evidentemente, evitar que ocurra una masiva desbandada de sus seguidores (sobre todo, de los extremistas “espontáneos” que hay en sus filas), decepcionados al no ver unos resultados inmediatos y concretos que colmen sus aspiraciones revanchistas. La situación actual, ubicados en el ojo del huracán de la opinión pública en general, pendiente de sus posturas ambivalentes, lejos de hacerlos desistir de sus propósitos, los induce a fijarse acciones lindantes con el terrorismo, como única opción a la mano para obligar a Nicolás Maduro a dimitir, teniendo en cuenta las recomendaciones de Gene Sharp en su manual de guerra no convencional, aprobadas y financiadas por Washington; todo lo cual no exime la posibilidad que sigan usando el referendo revocatorio como excusa, a pesar de la imposibilidad legal de formalizarlo en lo que resta del año, para mantener así un ambiente de protestas y de violencia política que pueda extenderse por todo el país.

 

Para el imperialismo gringo -con Barack Obama aún de inquilino de la Casa Blanca- esta situación luce oportuna e ideal para socavar las bases de apoyo del chavismo en Venezuela, aprovechando las debilidades mostradas en el área productiva que, sin embargo, no han mellado tales bases con la fuerza suficiente que permitan pronosticar su total derrumbe. Por tal motivo, enfila sus baterías mediáticas cada vez que percibe el agotamiento de la estrategia opositora, incluso haciéndose partícipe -desde lejos- del diálogo propiciado por Maduro con la oposición, brindándole un estímulo compartido con otros personajes de la farándula y de la derecha internacionales que obvian situaciones aún más conflictivas y abiertamente contrapuestas al ejercicio de la democracia y al respeto de los derechos humanos -como “normalmente” acaece en Estados Unidos, Palestina, Yemen, Siria, México, Argentina y España- sin dar lugar a unas actitudes similares al respecto.

 

Alfredo Serrano, en “Geopolítica de América latina: entre la esperanza y la restauración del desencanto”, explica que "el pesimismo reinante en algunas filas autodenominadas ’progresistas o de izquierdas’ allana el camino para aquellos que realmente sí desean la restauración conservadora. Los momentos de vacas flacas son siempre propicios para aquellos que se apean en la siguiente parada. El desencanto creciente en nuestras filas abona el terreno para el retorno de las carabelas en versión siglo XXI. Esto sería conceder demasiada ventaja al enemigo en estos tiempos de disputa. La crítica es bienvenida siempre y cuando venga acompañada de búsqueda de soluciones, de motores generadores de nuevas esperanzas, sin terminar cediendo al chantaje del desencanto". Esta mella renueva los bríos contrarrevolucionarios, elevando la confianza opositora en que el final del proceso revolucionario está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, pareciera presentarse una especie de pausa que trastocaría los planes de la derecha en Venezuela, dado el triunfo electoral de Donald Trump, franqueando el paso a especulaciones diversas respecto a sus posibles acciones como presidente de Estados Unidos; lo que serviría al chavismo en el gobierno -de saber interpretarlo y aprovecharlo de forma adecuada, con un respaldo popular activado en todas las esferas de la vida nacional- para contener y vencer las intenciones de quienes propician su eventual caída.-

POLARIZACIÓN MEDIÁTICA. NI LOS UNOS, NI… ¿LOS OTROS?

POLARIZACIÓN MEDIÁTICA. NI LOS UNOS, NI… ¿LOS OTROS?

Vista la situación creada en Venezuela a raíz de los acaecimientos en los espacios de la Asamblea Nacional, pocas personas se han pronunciado objetivamente respecto a lo que éstos revelarían aguas abajo, más allá del mero hecho noticioso. A simple vista, se podría concluir escuetamente en que todo es parte de la alta polarización alcanzada en el país entre los sectores de la derecha y los sectores de la izquierda (entendiéndose que entre estos está representado el chavismo), dejándose establecido de antemano que a lo interno de ambos sectores existe una unidad monolítica, es decir, sin fisura alguna.

 

Esto último, por supuesto, obvia la existencia de algunos grupos alternativos, más concretamente del lado que enarbola -a la par del chavismo- las banderas de una revolución popular y, por añadidura, de características anticapitalistas, nuestroamericanistas y antiimperialistas. Lo mismo podrá afirmarse en el caso de la derecha donde conviven extremistas “espontáneos”, inclinados sin mucho disimulo hacia el fascismo, y los moderados, favorecedores de consensos y fórmulas tradicionales como la socialdemocracia. Ello ha sido posible gracias al manejo mediático logrado por los representantes de cada uno de estos grupos antagónicos; reflejándose, a pesar de la diversidad de opciones candidaturales, en los votos obtenidos en todos los comicios realizados desde 1998 hasta el presente. Sin embargo, en la coyuntura actual pareciera que esta situación creada empezara a desdibujarse, dando paso al aparecimiento de propuestas novedosas, específicamente en el campo revolucionario, que suponen un cuestionamiento abierto en relación a la dirección política del proceso revolucionario bolivariano, siendo éste desvirtuado, en muchos casos, en función de intereses particulares, lo que es aprovechado por la derecha para obtener concesiones, mantenerse vigente y ocupar espacios, minando así la hegemonía chavista.

 

El problema de tales propuestas es que se concentran quizás demasiado en el marco electoral acostumbrado, desdeñando otras formas, igualmente legales y viables, de acceder al poder y de hacer la Revolución Bolivariana. Esto ha hecho que los chavistas y muchos en contra de las pretensiones de los grupos opositores (sin ser militantes activos) no puedan, o no sepan, distinguir las diferencias entre éstas y el Movimiento V República (MVR), en un primer momento, y, ahora, con el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lo que ha permitido la preeminencia electoral y organizativa de este último. En este caso, la polarización mediática conspira contra estas propuestas. Sin embargo, es posible que la última coyuntura que viven el chavismo y la oposición, mesas de diálogo de por medio en búsqueda de un ambiente de gobernabilidad consensuado, permita que finalmente se den a conocer ampliamente estas nuevas propuestas, diversificando el escenario político nacional, lo que obligará a los dos principales factores de la política venezolana a plantearse una nueva estrategia de entendimiento (si aspiran conservar su estatus) o, contrariamente, abrirles campo, neutralizando su beligerancia.

 

Quizás esto lo perciban unos y otros como una amenaza. No obstante, debiera interpretarse como una manera de fortalecer y de ampliar el ejercicio democrático en Venezuela, tomando en cuenta el nivel de participación política alcanzado por la población venezolana, en especial aquella que durante más de tres décadas fuera invisibilizada y marginada por las élites gobernantes del pacto de Punto Fijo; reflejándose en una lucha de clases sociales a la que pocos aluden y, menos, atinan a definir. Lo que quedará pendiente será saber si así lo entenderán las dirigencias de la oposición y del chavismo, evitando su propio desgaste y la posibilidad nada ilógica de ser substituidos ambos por unos nuevos actores políticos que terminen por confinarlos al pasado.-   

LOS EXTREMISTAS “ESPONTÁNEOS” Y LA OPOSICIÓN DICOTÓMICA

LOS EXTREMISTAS “ESPONTÁNEOS” Y LA OPOSICIÓN DICOTÓMICA

La dirigencia de la derecha local comienza a sufrir los estragos de sus propios errores al calcar el libreto de las llamadas revoluciones de colores que hubo en Europa y Medio Oriente y de tratar de aplicarlo sin éxito en Venezuela. Esta es una situación extremadamente peligrosa para el país, más que para el gobierno, al existir entre la oposición algunos grupos espontáneos que no obedecerían líneas de esta dirigencia que, a sus ojos, resulta moderada e indecisa en cuanto a las vías violentas que se deben seguir para lograr el derrocamiento definitivo de Nicolás Maduro y asegurar la eliminación política, moral y, hasta, física de los chavistas, como muchos lo dejan traslucir a través de las redes sociales.

 

Como ya se vio en pasadas ocasiones, estos grupos se alimentan del odio verbal que suele emitir esta misma dirigencia, la cual, debido a la impunidad con que se expresa y actúa, termina por avalar la violencia generada, aun cuando ésta tenga un saldo trágico, atribuyéndole toda la culpa al gobierno, cosa que se replica sin comprobación alguna en medios de información extranjeros y nacionales, aumentando y manteniendo vivo el resquemor hacia todo lo que implique chavismo; así se obtenga alguno de los beneficios sociales promovidos en su momento por Hugo Chávez y ahora por Nicolás Maduro. Todo esto, al no ejercerse ningún tipo de control contra estos grupos violentos, causaría una situación similar a la producida en Colombia con las bandas criminales, no siendo casual que algunos integrantes de tales grupos estén alineados activa e ideológicamente con el ex presidente Álvaro Uribe Vélez y su política de agresiones constantes contra Venezuela.

 

Sin embargo, lo que llama más la atención es la actitud, llamémosla sumisa y hasta cobarde, de los muchos representantes opositores frente a estos grupos violentos, prefiriendo quedarse callados y escurriendo el bulto antes que condenar públicamente su prontuario criminal, temerosos de ser señalados de cómplices del régimen, ahora dictadura, como gustan llamar al gobierno, constitucional, gústenos o no, de Nicolás Maduro Moros. Saben que les resulta imposible deshacerse del gobierno por la vía constitucional al mismo tiempo que intuyen que forzar su salida supondría la posibilidad de un estallido social de incalculables proporciones, apenas entrevisto con la irrupción de grupos chavistas al hemiciclo de la Asamblea Nacional el pasado 24 de octubre, cuestión que sorprendió a propios y extraños, dando pie a diversidad de conjeturas, entre ellas que hay un pueblo que empezó a cansarse del comportamiento y de las provocaciones de la derecha parlamentaria y que, incluso, podría rebasar al mismo gobierno chavista.

 

Los políticos de la derecha han mostrado muy poco respeto por la capacidad intelectual del pueblo venezolano (incluyendo, lógicamente, a sus seguidores) al tratar de hacerle creer que su insistencia en la realización del referendo revocatorio tiene un objetivo altruista, en defensa de la constitucionalidad y la democracia, y solucionaría, en definitiva, todo tipo de problemas existentes en el país. Mediante tal manipulación obligan a los diversos medios de información, prácticamente, a instituir una exclusión de la diferenciación que pudiera existir tanto en sus filas como en el chavismo, reduciendo todo a un enfrentamiento exclusivo entre ambas agrupaciones, es decir, negándose la posibilidad de opciones igualmente válidas en uno u otro bando, más allá de la simplicidad o estandarización de verse a unos como los buenos y a los otros como los malos.

 

Por supuesto, esta es una situación que pone en entredicho la moral “democrática y pacifista” de la representación de la derecha en Venezuela, resultando ambivalente y/o dicotómica, ya que, por una parte, acusa de violentos y antidemocráticos a los chavistas, incluso de vender al país a potencias extranjeras, mientras mantiene una actitud irresponsable de complacencia con sus seguidores, sin deslindarse de sus acciones evidentemente terroristas y, por tanto, violatorias de las leyes nacionales vigentes.-

 

LA DIETA DE MADURO BENEFICIA AL PUEBLO

LA DIETA DE MADURO BENEFICIA AL PUEBLO

La “dieta” de Maduro beneficia al pueblo de Venezuela. Al verdadero. Al de aguas y tierras profundas. Al que lucha -sin ninguna clase de egoísmo- por un mejor país. No a aquel que se presenta a sí mismo ante los diversos medios de información nacionales e internacionales como representante de la totalidad, del 100%, de la población del país, desconociendo la existencia de un porcentaje significativo de venezolanos que no comulgan con sus “filántropos” propósitos “democráticos”. Como tampoco a aquel que vive -parasitariamente- a expensas de las dádivas del Estado (aunque alegue hacerlo por su propia cuenta). Para muchos sonará objetable, cáustico y/o contradictorio. Dependerá del bando en que cada quien se ubique y qué tipo de intereses defiende. Sin embargo, ello es una realidad cotidiana irrefutable.

 

La llamada dieta de Maduro -metáfora ingeniosa para referirse a la situación de desabastecimiento y de especulación derivada de la estrategia desestabilizadora opositora para salir extraconstitucionalmente del gobierno de Venezuela, quizás surgida de alguno de sus laboratorios de manipulación social, tal como ocurriera con la expresión “pero tenemos Patria” ante la escasez de papel higiénico y de otros productos de consumo diario- nos da cuenta de la marcada asimetría existente a nivel comunicacional donde los factores de derecha tienen una cobertura cotidiana asegurada mientras que sus contrarios (los chavistas y los revolucionarios) apenas son visibilizados. Más aún: tal asimetría se profundiza a medida que surgen en el horizonte político nuevas opciones que, de una u otra forma, discrepan de los puntos de vista y de las acciones de la dirigencia de ambos bandos.  

 

Sin embargo, lo medular de toda esta situación adversa es que la gente percibe -aún con los pronósticos en contra- que debe organizarse y actuar por sí misma ante las embestidas del acaparamiento, desabastecimiento y especulación de diversidad de productos de consumo diario que protagonizan los denominados bachaqueros, funcionarios de distintas ramas del sector público y un porcentaje axiomático de empresarios nacionales y extranjeros que han obligado a muchos venezolanos a alterar sus patrones de consumo, como también a ingeniárselas para obtener todo aquello que requieren sus familias. Esta circunstancia podría servir para fomentar entre el pueblo una cultura del trabajo totalmente distinta a la seguida desde hace ya un siglo, sujeta a los vaivenes de la renta petrolera y, por tanto, escasamente acoplada a las nociones de una economía colaborativa, soberana y realmente diversificada. Hará falta que el gobierno nacional y, en general, la dirigencia chavista sepa comprender a tiempo la necesidad ineludible de generar cambios profundos en relación a la política y a la economía del país, contribuyendo a crear espacios de autonomía en donde los sectores populares organizados construyan, desde sus propios ámbitos y según sus propias experiencias de lucha, el socialismo bolivariano con que acontezca, entonces, la transformación estructural de todo el orden vigente.

 

En este caso, aquellos que disienten del proyecto de la revolución bolivariana (incorporados, obviamente, a las filas opositoras) verán en esta posibilidad una gran amenaza a sus intereses de clase e individuales, por lo que no resulta sorprendente que emprendan y sostengan una guerra abierta contra todo lo que se haga en esta dirección. Entretanto, quienes sólo ven un peldaño para sus aspiraciones de confort y poder (ataviados como chavistas y revolucionarios) tratarán de impedirlo a toda costa, recurriendo a los mismos procedimientos clientelares, coercitivos y administrativos utilizados en su momento por los antiguos gobernantes adecos y copeyanos. En medio de ambos segmentos se encontrarían, por lo tanto, los revolucionarios que se esfuerzan en debatir, elaborar y presentar alternativas viables con las cuales orientar el rumbo a seguir por los sectores populares para la construcción definitiva de la revolución bolivariana. Gracias a la “dieta” de Maduro se podría determinar con más propiedad en cuál bando ubicar a cada quien en Venezuela.-