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NUESTRA AMÉRICA

NUESTRA AMÉRICA Y LA CORRESPONSABILIDAD PLANETARIA

NUESTRA AMÉRICA Y LA CORRESPONSABILIDAD PLANETARIA

En la reciente cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) celebrada en Cuba, el Presidente de Uruguay José “Pepe” Mujica expresó de una forma sencilla y, si se quiere, filosófica, la gran preocupación que embarga en la actualidad a los pueblos de la Tierra en su conjunto ante la hegemonía militar, económica y cultural de un imperio combinado de gobiernos y corporaciones transnacionales capitalistas (con Estados Unidos a la cabeza), cuya característica principal es la de no importarle para nada la suerte (o la muerte) de aquellos que tienen la desgracia de padecer sus embestidas arbitrarias. Y no es casual que esto haya ocurrido en nuestra América, el antiguo patio trasero de Estados Unidos, un amplio territorio donde los pueblos se han pronunciado en las últimas décadas por recuperar su dignidad, su identidad cultural y su total soberanía frente al despotismo de unas minorías gobernantes que sólo usufructuaron el poder y se contentaron con seguir, de forma estricta y sumisa, todos los dictados de Washington.

“Hay una corresponsabilidad planetaria, - expuso el primer mandatario uruguayo a sus pares de nuestra América y del Caribe- y esta es la batalla más dura, más larga; porque si no hay cambios culturales, no existe la fortaleza para la semejante tarea que tenemos por delante. Creo que el Hombre tiene que luchar por la felicidad concreta, y eso es tener tiempo para vivir. Para ser libre hay que tener tiempo, un poco de tiempo para vivir, para poder cultivar las 3, 4, 5 cosas inapelables, fundamentales, unidas a la vida; y después de eso, lo demás es bulla y lamento. Pero, para que las masas puedan tener ese tiempo hay que cuidar los recursos, y hay que cuidar la política, la imagen de la política. Nuestra vida, nuestra conducta, nuestra vidriera, precisamente, son las formas más directas de comunicación con nuestros pueblos. Y si perdemos la confianza de nuestros pueblos, si nuestros pueblos no entienden, y no entienden por nuestras gestualidades, a veces inútiles, porque también nosotros pertenecemos a una cultura invasora, agresiva”. Con ello compendió lo que le correspondería asumir a los diversos regímenes progresistas y revolucionarios, además de los distintos movimientos populares, que han emergido en este continente, ya que el colapso del sistema capitalista mundial, unido a la emergencia que padece el planeta entero debido a los cambios climáticos que nos afectan a todos, ha logrado que las luchas y los planteamientos revolucionarios de nuestros países sean hoy una referencia para el resto del mundo; cuestión que exige mucha claridad y mucha madurez político-ideológica de nuestra parte, sobre todo cuando se le ha dado nuevos ímpetus y una nueva interpretación a los ideales del socialismo revolucionario.

Así, nuestra América -con ese ejemplo integracionista dado en La Habana, a pesar de las evidentes disparidades existentes entre sus pueblos y sus gobiernos- podría adjudicarse un papel fundamental en la construcción de un nuevo orden social, político y cultural que sea reflejo de las aspiraciones y de las potencialidades creadoras de toda la Humanidad. Con todo, hay que estar conscientes que, como lo dijo el Presidente Mujica, “esta es la batalla más dura, más larga; porque si no hay cambios culturales, no existe la fortaleza para la semejante tarea que tenemos por delante”. Tales cambios son importantes y necesarios. Sin ellos cualquier tentativa por transformar las estructuras que sostienen el orden establecido sería inútil y nos conduciría a nuevos y trágicos callejones sin salida que sabrían aprovechar el imperio capitalista mundial y sus colaboradores de siempre, imponiéndonos un yugo mayor y más difícil de arrojar.- 

¡BOLÍVAR VIVE, NUESTRA LUCHA SIGUE!

¡BOLÍVAR VIVE, NUESTRA LUCHA SIGUE!

Para asegurar la independencia de medio continente, Simón Bolívar no escatimó esfuerzo alguno. A su innegable condición de conductor y estratega militar exitoso, se unían una férrea voluntad y una personalidad política fraguadas a través de su formación ideológica autodidacta, sus lecturas selectas, su reflexión acertada y su contacto directo con personas que pudieran ampliar y enriquecer su visión del mundo, incluyendo a aquellas que fueran sistemáticamente segregadas por el injusto sistema de castas impuesto por el régimen colonial español, cuyos brazos y corazones ansiosos de libertad hicieron posible la Patria nueva de América. En este esfuerzo interminable por construir un modelo de sociedad republicana que sirviera de luz a los pueblos de la Tierra, El Libertador visualizó que ello sería posible librando más batallas contra el colonialismo heredado, implementando una nueva concepción educativa, cuyos fundamentos básicos exaltaran los valores que constituirían siempre la conciencia republicana y/o ciudadana de todos y todas, de modo que ya no existiera ninguna desigualdad ni privilegios basados en el color de la piel, la condición económica ni el lugar de origen.

 Todo esto, a la larga, tendría que materializarse en la conformación de una gran nación que -a diferencia de las ex colonias británicas al norte de nuestro continente, lo mismo que de Europa, pese a lo iniciado por los franceses en 1789- se destacara más por sus virtudes cívicas y demócratas que por la extensión de su territorio y sus grandes riquezas materiales, en donde cualquier hombre y mujer vivieran realmente en libertad, “buscando sólo el mérito”, según lo expresara el mismo Libertador. En tal sentido, a esto último habría que agregar lo que afirmara el Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa de este insigne caraqueño respecto a que éste “pensó en un hombre moral, capaz de hacer justicia y de pedirla para los otros, soldado de la libertad, respetuoso de la ley y amante de la Patria, es decir, el ciudadano completo”. Con ello siempre en mente, Bolívar veía en una educación popular ampliamente extendida y sustentada en la idiosincrasia del pueblo la vía más que adecuada para alcanzar realmente la independencia integral de nuestra América.

 Por eso mismo, “ese Bolívar ilustrado, librepensador, activo, fecundo, curioso, insatisfecho, inagotable -al decir del poeta Gustavo Pereira en su obra “Simón Bolívar, escritos anticolonialistas”- no había asumido la lucha emancipadora suramericana cual simple y pura rebelión para cambiar las formas. A diferencia de los aristócratas mantuanos a los que por orígenes pertenecía, su compromiso es de transformación total, no sólo de la realidad política. Su postura ante el mundo es la de quien se sabe instrumento no de un deber -deber, más que mandato expreso de las masas populares desposeídas, incorporadas en gran medida durante los primeros años de la guerra a los ejércitos realistas- sino de acendrados ideales de ruptura de un orden, de sed de gloria justiciera, de aquel fuego sagrado que impulsaba su voluntad a contrapelo de decepciones y descalabros”. En esto radica su vigencia y su grandeza, por lo que Bolívar, el hombre diáfano y de las dificultades a quien tanto temen las oligarquías internas y externas de siempre, seguirá viviendo en nuestras luchas y nuestras esperanzas revolucionarias de construir un mundo cada vez mejor que el actualmente existente.-  

ALLENDE Y LA VÍA CHILENA AL SOCIALISMO

ALLENDE Y LA VÍA CHILENA AL SOCIALISMO

Treinta y nueve años luego de acaecido el sangriento golpe de Estado perpetrado en Chile por las fuerzas armadas capitaneadas por el General Augusto Pinochet, aún se discute si el gobierno del Presidente Salvador Allende habría derivado o no hacia un gobierno eminentemente popular y radical que facilitara la construcción del socialismo revolucionario en dicho país. En tal sentido, mucho se ha afirmado -a veces sin una base argumental sólida- que todo ello fue causado por las pugnas y los fraccionalismos de los diversos factores políticos de izquierda que conformaran la Unidad Popular mediante la cual ganara Allende la presidencia de la república, aparte de las intrigas y el intervencionismo del imperialismo yanqui, como se comprobara después.

Sin embrago, frente a esta opinión generalizada, se levanta otra que establece que una gran cuota de responsabilidad recae en el martirizado Allende y su gobierno al intentar una vía al socialismo utilizando las herramientas de la democracia representativa, buscando apoyarse en una alianza con sectores de la burguesía chilena, obviando lo que la historia siempre ha puesto al descubierto: la imposibilidad de contar con la burguesía para hacer una revolución socialista que termine afectando sus privilegios e intereses capitalistas, en una hibridación ilusoria que nada más ha favorecido a los sectores burgueses desde que éstos empezaran a dominar la escena política al producirse la Revolución Francesa en 1789 y, mucho antes, cuando Oliver Cromwell hiciera lo propio en Inglaterra.

Desde entonces -y a la luz de lo que tiene lugar actualmente en naciones como Ecuador, Bolivia o Venezuela- se ha planteado y creído que la vía chilena al socialismo sería algo posible y permanente si se conquistan los mismos mecanismos legalizados utilizados por los sectores dominantes, esperando que algún día se concreten las condiciones subjetivas y objetivas que hagan del proletariado -en términos clásicos- el sujeto histórico de la revolución socialista. Esto ha supuesto diferentes modos de entender la realidad nacional en cada país, con el error común de quererlos aplicar como ley universal, sin atender a las peculiaridades de cada uno. Así, se recurre a formulaciones automáticas de aportes teóricos que pudieron servir coyunturalmente de guía de acción revolucionaria en algún tiempo y latitud, pero que hoy requieren redefinirse sin que se interprete como una negación -también automática- de su posible vigencia.

Por ello, la experiencia impulsada por Salvador Allende no puede simplificarse así nomás y terminar en el terreno común de señalar que la misma sólo hubiera sido consolidada mediante las armas, negando con esto las perspectivas que crearía un mejor nivel de organización, de movilización y de formación revolucionaria de los sectores populares, liderados por una vanguardia revolucionaria debidamente formada y consciente de la necesidad histórica de demoler radicalmente las estructuras políticas, sociales, culturales y económicas que han legitimado la explotación, las injusticias y la hegemonía capitalistas.

Basta ver cómo la correlación de fuerzas favorece en la actualidad a los sectores populares de nuestra América, conformando un abanico de opciones que, aun siendo diferentes en su concepción e intereses, coinciden en la necesidad urgente de trascender al capitalismo y de remover desde sus cimientos las relaciones perniciosas que éste ha generado para reproducirse en contra de los valores esenciales de la humanidad; todo lo cual podría concretarse de tomarse en cuenta los pormenores de la experiencia transformadora de Allende en Chile, de manera que esto sirva para cuidarse de los errores entonces cometidos.-        

VENEZUELA Y CUBA, EJEMPLO DE SOLIDARIDAD EN EL MUNDO

VENEZUELA Y CUBA, EJEMPLO DE SOLIDARIDAD EN EL MUNDO

Al hablar de los vínculos de solidaridad que unen a Cuba y a Venezuela en el presente siglo estamos obligados a hablar también de aquellos vínculos que hermanan a cubanos y venezolanos desde el momento de nuestra independencia cuando el abogado Francisco Javier Yánez, nacido en Camagüey, firma como diputado de la provincia de Araure el Acta mediante el cual Venezuela proclamó al mundo su voluntad irrevocable de ser libre. Desde aquel entonces han sido múltiples los lazos existentes entre Cuba y Venezuela. Acá tuvo un refugio José Martí cuando su empeño por ver independizada su Cuba natal se le hizo un peregrinaje y un objetivo fundamental en su vida, siguiendo la senda del Libertador Simón Bolívar, el cual -en su momento- también ideó enviar a la isla antillana (lo mismo que a Puerto Rico) una flota que comandaría el General en Jefe José Antonio Páez con el objetivo revolucionario de luchar por la libertad del pueblo cubano.

Estos antecedentes debemos tenerlos siempre presentes porque ellos nos señalan que no existen nacionalidades que dividan a los revolucionarios cuando los ideales por un mundo mejor son comunes y guían nuestros pasos, especialmente cuando los mismos se basan en el socialismo, siendo el internacionalismo y la solidaridad dos de sus elementos primordiales. Por ello, al ser Cuba un bastión de la construcción del socialismo revolucionario en nuestro América ha hecho gala de estos dos elementos en cualquier parte del mundo donde se necesite esa ayuda que no está apuntalada por el afán de ganancias económicas, como sucede en la sociedad capitalista, sino que está guiada por grandes sentimientos de amor a la humanidad, evocando lo dicho por el Che en algún instante de su vida.

Es así que hoy en Venezuela, bajo la iniciativa conjunta de Fidel Castro y Hugo Chávez, se han visto en marcha diversidad de misiones de contenido social que buscan promover una emancipación integral de la población, sobre todo de aquella que por muchísimas décadas fue marginada social y económicamente, a pesar de hablarse de igualdad, libertad y democracia durante los gobiernos del pasado. Esto ha sido un modo de saldar la deuda social acumulada por más de medio siglo y cuenta con la participación de cubanas y cubanos que vinieron a suelo venezolano con ese compromiso internacionalista que siempre ha caracterizado a Cuba. Esto causó, indudablemente, un gran impacto en las comunidades de Venezuela, dándosele una acogida entusiasta, al mismo tiempo que los grupos opuestos a la política socialista del Presidente Chávez comenzaron a satanizar la presencia de nuestros hermanos cubanos a través de todos los medios de información, echando mano a los argumentos trasnochados de quienes siempre adversaron la revolución cubana, hasta el punto de intentar saquear y destruir la embajada cubana durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002.

De ahí que nos quepa decir igualmente que cuando defendemos a Cuba, defendemos las Misiones sociales y al proceso de cambios en Venezuela, puesto que ambas naciones enfrentan a un enemigo común y peligroso, capaz de cometer cualquier tipo de atropello y de violaciones con tal de imponer su dominio a todo el planeta: el imperialismo yanqui. El mismo que hoy, violentando toda normativa legal y sin evidencias contundentes, condenó injustamente a prisión a cinco ciudadanos cubanos, simplemente por prevenir atentados que iban a cometerse contra su pueblo y su gobierno.

Esta situación común de confrontación con el principal enemigo de la libertad de nuestros pueblos nos obliga a compartir espacios y a asumir el compromiso de extenderlos a otras naciones de nuestro continente, con la misma visión estratégica de la integración promovida hace ya doscientos años por Bolívar y secundada luego por José Martí, teniendo ella una mayor vigencia que antes. Este ejemplo de solidaridad, por supuesto, incomoda grandemente a las cúpulas de poder mundial, fundamentalmente de Estados Unidos, dado que el mismo se propicia bajo una concepción integracionista y sin los compromisos abusivos de los tratados comerciales habituales. Con ello estamos definiendo nuestras potencialidades, actuando colectivamente como pueblo en la defensa permanente de nuestra independencia, compensando, además, la grandeza, el esfuerzo y el sacrificio de nuestros antepasados por hacerla posible.-

A LA CARRERA, ACABARON CON LUGO Y CON LA VOLUNTAD POPULAR PARAGUAYA

A LA CARRERA, ACABARON CON LUGO Y CON LA VOLUNTAD POPULAR PARAGUAYA

Ningún revolucionario -o quien pretenda serlo- puede confiar ciegamente en las estructuras verticalistas y burocratizadas del Estado, las cuales han sido moldeadas -desde siempre- por los designios de las clases dominantes, aun cuando éstas se guíen  por principios y procedimientos aparentemente democráticos. En este sentido, Marx y Engels expresaron: “Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el consejo de administración que rige los intereses de la clase burguesa”. Por ello no debe asombrar a nadie lo acontecido en Paraguay con la destitución del presidente Fernando Lugo por parte de sus opositores en el Parlamento. Los contrarrevolucionarios ya lo hicieron antes con el Presidente Salvador Allende en Chile, torpedeando su gestión de gobierno desde el poder legislativo hasta consumar el golpe de Estado en su contra y, más cercanamente en el tiempo, con el Presidente Manuel Zelaya en Honduras, aplicándole una formula leguleya similar a la sufrida por Lugo; sin dejar de mencionar la exoneración por parte del Tribunal Superior de Justicia de los responsables del derrocamiento militar del Presidente Hugo Chávez y las muertes causadas el 11 de abril de 2002 al dictaminar que hubo un “vacío de poder”, un absurdo jurídico jamás visto en el mundo entero.

Por eso no resultará suficiente que cualquier gobierno tildado de revolucionario o de progresista muestre un apego estricto y notorio a la institucionalidad ni haga concesiones permanentes u ocasionales a la contrarrevolución, creyendo que así podrá ganarse su buena voluntad y cumplir con su plan de gestión en favor de los sectores populares. Nada más alejado de la realidad. Es lo que acaeció en Paraguay y, así, a la carrera, los grupos conservadores acabaron con Lugo y con la voluntad popular paraguaya. Otra hubiera sido la conducta del Presidente, pero no supo o no quiso responder a las expectativas puestas en su mandato. La derecha sí supo y sí quiso responder a sus propios intereses. Como bien lo apuntara Atilio Borón, este acontecimiento es “una lección para el pueblo paraguayo y para todos los pueblos de América Latina y el Caribe: sólo la movilización y organización popular sostiene gobiernos que quieran impulsar un proyecto de transformación social, por más moderado que sea, como ha sido el caso de Lugo”. Algo que se ha evidenciado en los casos de Ecuador, Bolivia y Venezuela, por citar los países más emblemáticos de nuestra América donde los grupos derechistas -pese a su poder económico y al respaldo indiscutible de Washington- han fracasado en sus planes de desestabilización.

Sin embargo, es necesario aclarar que hace falta llevar a mayores niveles dicha movilización y organización popular mediante la formación crítica y permanente de una conciencia indudablemente revolucionaria, capaz de impulsar los diferentes cambios que se requieren en los campos político, económico, social, militar y cultural para consolidar la revolución, más aun si ésta se define como socialista. Esto es algo que no debe obviar jamás ningún revolucionario, a menos que esté dispuesto a claudicar ante la clase dominante y defraudar la voluntad popular, olvidando así su compromiso histórico de hacer la revolución.-

EL DESAFÍO HISTÓRICO DE NUESTRA AMÉRICA

EL DESAFÍO HISTÓRICO DE NUESTRA AMÉRICA

Las debilidades estructurales y funcionales del socialismo real en las naciones de Europa Oriental y Asia, que acarrearon posteriormente su declive y eclosión, abonaron las condiciones para que el capitalismo en su versión neoliberal llegara a proclamarse vencedor, a tal punto que muchos creyeron llegado el fin de la historia y, con ella, de toda ideología contraria. Desde entonces, Estados Unidos y sus socios de Europa Occidental -sin rivales que pudieran cuestionar y enfrentar su afán de hegemonía- comenzaron a configurar un mundo unipolar según sus intereses geopolíticos, echando a un lado el respeto de fronteras y límites jurídicos y éticos que obstaculizaran su objetivo primordial de dominio mundial.

 

No obstante, el predominio del mercado capitalista produjo otras consecuencias que se han mantenido y ampliado con el tiempo, abarcando la totalidad del planeta. Uno de tales frutos es el actual cuestionamiento a su validez, en vista de los resultados desastrosos obtenidos en la aplicación de medidas económicas neoliberales para superar las continuas crisis que se han originado en las dos últimas décadas, causando mayores niveles de pobreza, de desempleo, de desigualdad social, de desastres ecológicos, de inestabilidad familiar y de limitación de derechos constitucionales al combatir supuestamente los gobiernos las amenazas de un terrorismo internacional convenientemente ubicuo; todo lo cual se ha propagado gracias a las nuevas tecnologías en comunicación. Sin embargo, esta nueva realidad surgida en Europa y Estados Unidos todavía carece de elementos teóricos y políticos que oriente la lucha y le confiera coherencia, sistematicidad y perspectiva para transformarse en revolución. En este contexto, surgen protestas y experiencias comunitarias en las naciones de nuestra América que resitúan al socialismo revolucionario como la alternativa a construir frente a la lógica irracional del capital y de la democracia burguesa que lo ampara y legitima, justamente cuando los ejes históricos del socialismo ya han dejado de existir-salvo Cuba que enfrenta con dignidad revolucionaria un embargo económico de medio siglo por parte de los gobiernos gringos-, lo que supone para los defensores del status quo una contradicción que todavía no han sabido explicarse, incluso muchos de los llamados intelectuales de izquierda, sorprendidos todos por el ímpetu de las mayorías populares excluidas que desmoronó gobiernos en Argentina, Ecuador y Bolivia e impuso a Hugo Chávez como presidente de Venezuela.

Así, la última década del siglo XX es escenario de la rebeldía de los pueblos de nuestra América. En Venezuela había tenido lugar una revuelta popular contra el paquete de medidas económicas del Fondo Monetario Internacional, a la cual se sumaron dos insurrecciones cívico-militares en 1992. En México hubo la insurrección armada de indígenas y campesinos pertenecientes al Ejército Zapatista de Liberación en momentos que entraba en vigencia el Tratado de Libre Comercio que el gobierno de ese país suscribiera con Canadá y Estados Unidos. Con una realidad social, política, cultural, militar y económica de dependencia respecto al imperialismo yanqui, nuestra América comienza a transitar un camino propio, a contracorriente de lo sucedido a escala planetaria. Sus nuevos gobiernos se enmarcan en una política de izquierda aunque sin cambios estructurales significativos. Todo ello obligará al imperialismo yanqui a redefinir algunas estrategias, buscando minimizar el impacto de los cambios producidos que representan una correlación de fuerzas negativa a sus intereses hegemónicos. A pesar de promover durante mucho tiempo el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) como el remedio eficaz para superar el subdesarrollo, éste fue repudiado por los gobiernos y pueblos del continente, lo que significó un serio revés para la política imperialista estadounidense. En la actualidad, nuestra América se constituye en faro de las luchas de los pueblos del mundo contra el sistema capitalista globalizado, sosteniendo como principal bandera de acción la construcción del socialismo revolucionario. Esto ha servido de motivación para que gran parte del legado teórico de Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir Lenin, León Trotsky, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, José Carlos Mariátegui, Ernesto Che Guevara y muchos otros socialistas sea reivindicado y revalorado al calor de las luchas y experiencias populares en un vasto esfuerzo que fusiona el nacionalismo y el deseo secular de libertad, identidad cultural, soberanía, justicia social, independencia y de felicidad general que han caracterizado sus venturas y desventuras bajo el régimen capitalista. Queda por verse aún si esta amalgama se transforma en un instrumento ideológico y político bien definido, capaz de formar una sociedad de nuevo tipo que aventaje y remplace el orden imperante; cuestión ésta que supone un desafío histórico de nuestros pueblos frente a la realidad de crisis y barbarie impuestas por las potencias capitalistas al resto del planeta.-

LOS 5: TRECE AÑOS DE INJUSTA PRISIÓN

LOS 5: TRECE AÑOS DE INJUSTA PRISIÓN

Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González son nombres de cinco ciudadanos cubanos que se han dado a conocer a nivel mundial, generando masivas expresiones de solidaridad al conocerse en detalle la situación de injusta prisión a la cual han sido sometidos por las autoridades de Estados Unidos por descubrir acciones terroristas en ese país contra Cuba. A pesar de la falta de pruebas respecto a la serie de delitos que se les imputa, los tribunales estadounidenses decidieron condenar a Gerardo Hernández a dos cadenas perpetuas, al igual que Antonio Guerrero y Ramón Labañino, mientras que Fernando González y René González fueron condenados a 19 y 15 años, respectivamente; siendo éstas las máximas sentencias en todos los casos, acusándolos de cometer actos de espionaje, conspiración, conspiración para cometer actos de espionaje y de ser agentes extranjeros, todo lo cual ha quedado en entredicho en vista que el FBI (Buró Federal de Investigaciones) actuó de manera prejuiciosa, favoreciendo la opinión de organizaciones anticastristas radicadas en Miami. El 9 de agosto de 2005 el XI Circuito de Apelaciones de Atlanta abolió sus sentencias y decidió la realización de un nuevo juicio, pero los cinco continuaron en prisión. Posteriormente, la misma corte que los enjuiciara rechazó por mayoría tal dictamen, reiterando las condenas y rechazando la realización de un nuevo juicio.

A mediados de 1998, funcionarios de la Seguridad del Estado cubano, en un intercambio con el FBI, le entregan 230 páginas sobre las actividades terroristas contra Cuba, cinco videocasetes con conversaciones e informaciones transmitidas por las cadenas de televisión sobre acciones terroristas contra Cuba y ocho casetes de audio, ascendentes a dos horas y 40 minutos, sobre llamadas telefónicas de terroristas centroamericanos que estaban arrestados con sus tutores en el extranjero. Sin embargo, el FBI -contrariamente a lo que se pensaba- procedió a la detención de los ciudadanos cubanos el 12 de septiembre de 1998, iniciándose un verdadero vía crucis para ellos y sus familiares, obteniendo un trato totalmente violatorio de los derechos humanos, a tal punto que no se les permite visita alguna de sus familiares y se les expone a un completo aislamiento. Esta situación ha revelado al mundo el doble rasero con que actúa Estados Unidos al erigirse como paladín de la lucha antiterrorista, pero permitiendo en cambio la libre circulación por su territorio de connotados terroristas, como el funestamente célebre Luis Posada Carriles, declarado terrorista por los gobiernos de Venezuela y Cuba, acusado de ser el autor intelectual del atentado perpetrado contra una aeronave cubana en 1976 donde perecieron 76 personas a bordo y fugitivo de la justicia venezolana, sin que las autoridades gringas hayan cedido a la solicitud de deportación de tal personaje, desconociendo descaradamente los convenios internacionales existentes contra la piratería aérea y, en el caso de Venezuela, un acuerdo bilateral suscrito en 1922.

Como en otros casos en el pasado, el gobierno de Estados Unidos ha procedido según los intereses particulares de quienes lo conforman y no ajustado a las leyes de su país, menos a aquellas referidas al respeto de los derechos humanos, todo lo cual es una burla a sus propios ciudadanos y, por supuesto, a todo el mundo. No obstante, la solidaridad internacional -sumada a la nación cubana- se incrementa cada vez más, exigiendo la liberación inmediata de quienes, con justicia, son llamados los cinco héroes cubanos presos del Imperio, cuestión que no podría seguir ignorando olímpicamente el gobierno estadounidense sin exponerse al repudio de la opinión pública mundial.-

LA ÉTICA REPUBLICANA DE SIMÓN BOLÍVAR, SU VIGENCIA PERDURABLE

LA ÉTICA REPUBLICANA DE SIMÓN BOLÍVAR, SU VIGENCIA PERDURABLE

La vigencia del pensamiento y la obra del Libertador Simón Bolívar se manifiestan de distintas maneras. En el campo político, Bolívar se encamina hacia la autonomía de cualquier poder imperial; en lo jurídico hacia la unidad latinoamericana; en lo económico hacia la justicia agraria y en lo social hacia la igualdad de todos los ciudadanos. Para él, la Independencia no es un fenómeno político aislado, producto de las elucubraciones y la buena fe de algunos: es justicia económica, autonomía política, unidad latinoamericana, libertad de espíritu, igualdad social, perfección ética, progreso cultural y educativo. Todo lo cual implica darle nacimiento a una nueva sociedad, distinta en todo a las existentes en la vieja Europa y al coloso que emergía en aquel entonces al norte del continente: Estados Unidos.

En Simón Bolívar, el factor ético se expresa en la intransigencia patriótica, la condena al despotismo colonial, el odio a los que oprimen a la nación, la valentía política y la honradez a toda prueba; lo que servirá de estímulo para que exista una conciencia nacional sólida entre quienes harán posible la vida de las nuevas repúblicas americanas. Esta posición ética se debe asumir en la lucha por la independencia, en especial, en lo relativo al sacrificio personal, la satisfacción por el deber cumplido, el anteponer los intereses colectivos por encima de los propios y trabajar activamente por la independencia y la democracia. “Es preciso -afirmará en Carta dirigida al Cnel. Antonio Morales el 25 de febrero de 1820- el último rigor con los malvados, sean  godos o sean patriotas, porque la República tanto gana con la destrucción de un buen realista como de un mal ciudadano. El crimen en todos los partidos es igualmente odioso y condenable: hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad”.

Igualmente, para el Libertador la soberanía no es algo ajeno al pueblo, reservado para las elites gobernantes. Para Bolívar, ella es la única autoridad legítima de las naciones, por ello insiste en la necesidad de educar a los nuevos republicanos, inculcándole valores morales que les permitan ejercer cargos gubernamentales, elegir y ser electos, dado que conocían sus deberes y podrían reclamar con propiedad sus derechos. Al respecto, su posición es diáfana:Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices. Poniendo restricciones justas y prudentes en las asambleas primarias y electorales, ponemos el primer dique a la licencia popular, evitando la concurrencia tumultuaria y ciega que en todos tiempos ha imprimido el desacierto en las elecciones y ha ligado por consiguiente, el desacierto a los Magistrados y a la marcha del Gobierno; pues este acto primordial es el acto generativo de la libertad o de la esclavitud de un pueblo”.

Si bien es cierto que Bolívar estimulaba el respeto a la soberanía popular, no menos es cierto que buscaba que la misma descansara sobre los ciudadanos de un modo consciente, alejada de la demagogia de quienes sólo lisonjean al pueblo para usufructuar el poder. Esto lo dejará plasmado admirablemente en su Discurso al Congreso de Angostura, al proponer un cuarto poder: el moral. Con él, buscaba estimular y premiar la conducta cívica de los ciudadanos, con la finalidad de que éstos sirvieran de ejemplo al resto de la sociedad. Para su mantenimiento, Bolívar consideraba importante la responsabilidad de los empleados públicos en la organización y funcionamiento del gobierno, el respeto a la propiedad por parte del Estado, el respeto de la opinión pública y de la prensa, ésta última como medio de información y de orientación de la opinión pública, no como su manipuladora. De ahí que esta ética republicana tenga una vigencia perdurable en nuestra América, del mismo modo que su visión integracionista y antiimperialista, siendo referencia obligada de todas las luchas del presente.-