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NUESTRA AMÉRICA

EL DESAFÍO HISTÓRICO DE NUESTRA AMÉRICA

EL DESAFÍO HISTÓRICO DE NUESTRA AMÉRICA

Las debilidades estructurales y funcionales del socialismo real en las naciones de Europa Oriental y Asia, que acarrearon posteriormente su declive y eclosión, abonaron las condiciones para que el capitalismo en su versión neoliberal llegara a proclamarse vencedor, a tal punto que muchos creyeron llegado el fin de la historia y, con ella, de toda ideología contraria. Desde entonces, Estados Unidos y sus socios de Europa Occidental -sin rivales que pudieran cuestionar y enfrentar su afán de hegemonía- comenzaron a configurar un mundo unipolar según sus intereses geopolíticos, echando a un lado el respeto de fronteras y límites jurídicos y éticos que obstaculizaran su objetivo primordial de dominio mundial.

 

No obstante, el predominio del mercado capitalista produjo otras consecuencias que se han mantenido y ampliado con el tiempo, abarcando la totalidad del planeta. Uno de tales frutos es el actual cuestionamiento a su validez, en vista de los resultados desastrosos obtenidos en la aplicación de medidas económicas neoliberales para superar las continuas crisis que se han originado en las dos últimas décadas, causando mayores niveles de pobreza, de desempleo, de desigualdad social, de desastres ecológicos, de inestabilidad familiar y de limitación de derechos constitucionales al combatir supuestamente los gobiernos las amenazas de un terrorismo internacional convenientemente ubicuo; todo lo cual se ha propagado gracias a las nuevas tecnologías en comunicación. Sin embargo, esta nueva realidad surgida en Europa y Estados Unidos todavía carece de elementos teóricos y políticos que oriente la lucha y le confiera coherencia, sistematicidad y perspectiva para transformarse en revolución. En este contexto, surgen protestas y experiencias comunitarias en las naciones de nuestra América que resitúan al socialismo revolucionario como la alternativa a construir frente a la lógica irracional del capital y de la democracia burguesa que lo ampara y legitima, justamente cuando los ejes históricos del socialismo ya han dejado de existir-salvo Cuba que enfrenta con dignidad revolucionaria un embargo económico de medio siglo por parte de los gobiernos gringos-, lo que supone para los defensores del status quo una contradicción que todavía no han sabido explicarse, incluso muchos de los llamados intelectuales de izquierda, sorprendidos todos por el ímpetu de las mayorías populares excluidas que desmoronó gobiernos en Argentina, Ecuador y Bolivia e impuso a Hugo Chávez como presidente de Venezuela.

Así, la última década del siglo XX es escenario de la rebeldía de los pueblos de nuestra América. En Venezuela había tenido lugar una revuelta popular contra el paquete de medidas económicas del Fondo Monetario Internacional, a la cual se sumaron dos insurrecciones cívico-militares en 1992. En México hubo la insurrección armada de indígenas y campesinos pertenecientes al Ejército Zapatista de Liberación en momentos que entraba en vigencia el Tratado de Libre Comercio que el gobierno de ese país suscribiera con Canadá y Estados Unidos. Con una realidad social, política, cultural, militar y económica de dependencia respecto al imperialismo yanqui, nuestra América comienza a transitar un camino propio, a contracorriente de lo sucedido a escala planetaria. Sus nuevos gobiernos se enmarcan en una política de izquierda aunque sin cambios estructurales significativos. Todo ello obligará al imperialismo yanqui a redefinir algunas estrategias, buscando minimizar el impacto de los cambios producidos que representan una correlación de fuerzas negativa a sus intereses hegemónicos. A pesar de promover durante mucho tiempo el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) como el remedio eficaz para superar el subdesarrollo, éste fue repudiado por los gobiernos y pueblos del continente, lo que significó un serio revés para la política imperialista estadounidense. En la actualidad, nuestra América se constituye en faro de las luchas de los pueblos del mundo contra el sistema capitalista globalizado, sosteniendo como principal bandera de acción la construcción del socialismo revolucionario. Esto ha servido de motivación para que gran parte del legado teórico de Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir Lenin, León Trotsky, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, José Carlos Mariátegui, Ernesto Che Guevara y muchos otros socialistas sea reivindicado y revalorado al calor de las luchas y experiencias populares en un vasto esfuerzo que fusiona el nacionalismo y el deseo secular de libertad, identidad cultural, soberanía, justicia social, independencia y de felicidad general que han caracterizado sus venturas y desventuras bajo el régimen capitalista. Queda por verse aún si esta amalgama se transforma en un instrumento ideológico y político bien definido, capaz de formar una sociedad de nuevo tipo que aventaje y remplace el orden imperante; cuestión ésta que supone un desafío histórico de nuestros pueblos frente a la realidad de crisis y barbarie impuestas por las potencias capitalistas al resto del planeta.-

LOS 5: TRECE AÑOS DE INJUSTA PRISIÓN

LOS 5: TRECE AÑOS DE INJUSTA PRISIÓN

Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González son nombres de cinco ciudadanos cubanos que se han dado a conocer a nivel mundial, generando masivas expresiones de solidaridad al conocerse en detalle la situación de injusta prisión a la cual han sido sometidos por las autoridades de Estados Unidos por descubrir acciones terroristas en ese país contra Cuba. A pesar de la falta de pruebas respecto a la serie de delitos que se les imputa, los tribunales estadounidenses decidieron condenar a Gerardo Hernández a dos cadenas perpetuas, al igual que Antonio Guerrero y Ramón Labañino, mientras que Fernando González y René González fueron condenados a 19 y 15 años, respectivamente; siendo éstas las máximas sentencias en todos los casos, acusándolos de cometer actos de espionaje, conspiración, conspiración para cometer actos de espionaje y de ser agentes extranjeros, todo lo cual ha quedado en entredicho en vista que el FBI (Buró Federal de Investigaciones) actuó de manera prejuiciosa, favoreciendo la opinión de organizaciones anticastristas radicadas en Miami. El 9 de agosto de 2005 el XI Circuito de Apelaciones de Atlanta abolió sus sentencias y decidió la realización de un nuevo juicio, pero los cinco continuaron en prisión. Posteriormente, la misma corte que los enjuiciara rechazó por mayoría tal dictamen, reiterando las condenas y rechazando la realización de un nuevo juicio.

A mediados de 1998, funcionarios de la Seguridad del Estado cubano, en un intercambio con el FBI, le entregan 230 páginas sobre las actividades terroristas contra Cuba, cinco videocasetes con conversaciones e informaciones transmitidas por las cadenas de televisión sobre acciones terroristas contra Cuba y ocho casetes de audio, ascendentes a dos horas y 40 minutos, sobre llamadas telefónicas de terroristas centroamericanos que estaban arrestados con sus tutores en el extranjero. Sin embargo, el FBI -contrariamente a lo que se pensaba- procedió a la detención de los ciudadanos cubanos el 12 de septiembre de 1998, iniciándose un verdadero vía crucis para ellos y sus familiares, obteniendo un trato totalmente violatorio de los derechos humanos, a tal punto que no se les permite visita alguna de sus familiares y se les expone a un completo aislamiento. Esta situación ha revelado al mundo el doble rasero con que actúa Estados Unidos al erigirse como paladín de la lucha antiterrorista, pero permitiendo en cambio la libre circulación por su territorio de connotados terroristas, como el funestamente célebre Luis Posada Carriles, declarado terrorista por los gobiernos de Venezuela y Cuba, acusado de ser el autor intelectual del atentado perpetrado contra una aeronave cubana en 1976 donde perecieron 76 personas a bordo y fugitivo de la justicia venezolana, sin que las autoridades gringas hayan cedido a la solicitud de deportación de tal personaje, desconociendo descaradamente los convenios internacionales existentes contra la piratería aérea y, en el caso de Venezuela, un acuerdo bilateral suscrito en 1922.

Como en otros casos en el pasado, el gobierno de Estados Unidos ha procedido según los intereses particulares de quienes lo conforman y no ajustado a las leyes de su país, menos a aquellas referidas al respeto de los derechos humanos, todo lo cual es una burla a sus propios ciudadanos y, por supuesto, a todo el mundo. No obstante, la solidaridad internacional -sumada a la nación cubana- se incrementa cada vez más, exigiendo la liberación inmediata de quienes, con justicia, son llamados los cinco héroes cubanos presos del Imperio, cuestión que no podría seguir ignorando olímpicamente el gobierno estadounidense sin exponerse al repudio de la opinión pública mundial.-

LA ÉTICA REPUBLICANA DE SIMÓN BOLÍVAR, SU VIGENCIA PERDURABLE

LA ÉTICA REPUBLICANA DE SIMÓN BOLÍVAR, SU VIGENCIA PERDURABLE

La vigencia del pensamiento y la obra del Libertador Simón Bolívar se manifiestan de distintas maneras. En el campo político, Bolívar se encamina hacia la autonomía de cualquier poder imperial; en lo jurídico hacia la unidad latinoamericana; en lo económico hacia la justicia agraria y en lo social hacia la igualdad de todos los ciudadanos. Para él, la Independencia no es un fenómeno político aislado, producto de las elucubraciones y la buena fe de algunos: es justicia económica, autonomía política, unidad latinoamericana, libertad de espíritu, igualdad social, perfección ética, progreso cultural y educativo. Todo lo cual implica darle nacimiento a una nueva sociedad, distinta en todo a las existentes en la vieja Europa y al coloso que emergía en aquel entonces al norte del continente: Estados Unidos.

En Simón Bolívar, el factor ético se expresa en la intransigencia patriótica, la condena al despotismo colonial, el odio a los que oprimen a la nación, la valentía política y la honradez a toda prueba; lo que servirá de estímulo para que exista una conciencia nacional sólida entre quienes harán posible la vida de las nuevas repúblicas americanas. Esta posición ética se debe asumir en la lucha por la independencia, en especial, en lo relativo al sacrificio personal, la satisfacción por el deber cumplido, el anteponer los intereses colectivos por encima de los propios y trabajar activamente por la independencia y la democracia. “Es preciso -afirmará en Carta dirigida al Cnel. Antonio Morales el 25 de febrero de 1820- el último rigor con los malvados, sean  godos o sean patriotas, porque la República tanto gana con la destrucción de un buen realista como de un mal ciudadano. El crimen en todos los partidos es igualmente odioso y condenable: hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad”.

Igualmente, para el Libertador la soberanía no es algo ajeno al pueblo, reservado para las elites gobernantes. Para Bolívar, ella es la única autoridad legítima de las naciones, por ello insiste en la necesidad de educar a los nuevos republicanos, inculcándole valores morales que les permitan ejercer cargos gubernamentales, elegir y ser electos, dado que conocían sus deberes y podrían reclamar con propiedad sus derechos. Al respecto, su posición es diáfana:Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices. Poniendo restricciones justas y prudentes en las asambleas primarias y electorales, ponemos el primer dique a la licencia popular, evitando la concurrencia tumultuaria y ciega que en todos tiempos ha imprimido el desacierto en las elecciones y ha ligado por consiguiente, el desacierto a los Magistrados y a la marcha del Gobierno; pues este acto primordial es el acto generativo de la libertad o de la esclavitud de un pueblo”.

Si bien es cierto que Bolívar estimulaba el respeto a la soberanía popular, no menos es cierto que buscaba que la misma descansara sobre los ciudadanos de un modo consciente, alejada de la demagogia de quienes sólo lisonjean al pueblo para usufructuar el poder. Esto lo dejará plasmado admirablemente en su Discurso al Congreso de Angostura, al proponer un cuarto poder: el moral. Con él, buscaba estimular y premiar la conducta cívica de los ciudadanos, con la finalidad de que éstos sirvieran de ejemplo al resto de la sociedad. Para su mantenimiento, Bolívar consideraba importante la responsabilidad de los empleados públicos en la organización y funcionamiento del gobierno, el respeto a la propiedad por parte del Estado, el respeto de la opinión pública y de la prensa, ésta última como medio de información y de orientación de la opinión pública, no como su manipuladora. De ahí que esta ética republicana tenga una vigencia perdurable en nuestra América, del mismo modo que su visión integracionista y antiimperialista, siendo referencia obligada de todas las luchas del presente.-

LA CELAC Y LA RUPTURA DEL MUNDO UNIPOLAR

LA CELAC Y LA RUPTURA DEL MUNDO UNIPOLAR

     La creación oficial de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) -planteada inicialmente para el 5 de julio de este año en Caracas- viene a rubricar los nuevos procesos sociales y políticos que se han originado en las naciones de nuestra América en la búsqueda de mayores niveles de democracia e independencia respecto a la hegemonía del imperialismo estadounidense. En este contexto, las experiencias previas de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), están enmarcadas en los principios de cooperación pacífica entre las naciones e impulso y consolidación de la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos que debe regir el Derecho internacional.

     De esta manera, el surgimiento de este nuevo bloque regional se acopla al proceso de luchas sociales, económicas y políticas libradas por nuestros pueblos desde finales del siglo pasado, las cuales han determinado, a su vez, que haya gobiernos de tendencia progresista y/o revolucionaria abocados a reivindicar la soberanía popular y demás derechos democráticos. Por ello mismo, las latinoamericanas y los latinoamericanos debemos comprender y compartir la trascendencia de este hecho indudablemente histórico, ya que nos permite ocupar un lugar propio en el amplio escenario mundial; ahora controlado por las apetencias de recursos y de territorios estratégicos por parte de Washington.

     En síntesis, la creación de la CELAC contribuye enormemente a romper con esa concepción de un mundo unipolar que ha provocado intervenciones y guerras de carácter neocolonial, ahora legitimadas por la ONU, una cuestión que han enfrentado los pueblos del mundo de una forma espontánea, pero que podrían asumir en conjunto los gobiernos de los países que se sumen a esta iniciativa integracionista, dando así un ejemplo a los demás bloques regionales existentes, dominados básicamente por intereses económicos.

     No obstante, es vital que a tal iniciativa se incorporen de manera activa y protagónica los movimientos populares, tal como lo han hecho con la ALBA-TCP, haciendo de la integración latinoamericana y caribeña un elemento fundamental de la lucha común que se libra contra la hegemonía capitalista, la explotación sin una compensación válida de trabajadores y de recursos naturales, y el ordenamiento imperialista de Estados Unidos. En la medida que esto sea posible, la integración de nuestra América podrá emprender exitosamente la consolidación de uno de sus sueños más caros y largamente postergados: su pleno desarrollo económico. Para ello requerirá de un amplio abanico de acciones e iniciativas colectivas que logre la ruptura de un mundo unipolar donde el acceso a los mercados de crédito, tecnología y comercio se halla dominado por las grandes transnacionales estadounidenses, europeas y japonesas; algo que no pueden obviar jamás los gobiernos de la región.-

LA LUCHA DEL PUEBLO MAPUCHE: IDENTIDAD Y RESISTENCIA DE SIGLOS

LA LUCHA DEL PUEBLO MAPUCHE: IDENTIDAD Y RESISTENCIA DE SIGLOS

La publicación “Mundo Indígena 2010”, informe anual auspiciado por el Grupo Internacional de Trabajo Sobre Asuntos Indígenas (conocido como IWGIA por sus siglas en inglés) da cuenta del progreso de las reivindicaciones de los pueblos indígenas a nivel mundial, en especial lo relativo al respeto de su identidad cultural y sus derechos sobre las tierras que han ocupado secularmente y que hoy son ambicionadas por las corporaciones transnacionales debido a las diversas riquezas naturales que contienen, contando para ello con la complicidad de algunos gobiernos que secundan el neoliberalismo económico. Esto hace realidad parte de lo establecido en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas aunque se observa todavía un abismo entre las Constituciones y las leyes aprobadas y su puesta en práctica, puesto que el derecho de los pueblos indígenas es echado a un lado en función de los intereses económicos de los no indígenas, sean estos criollos o extranjeros, sobre todo cuando se requiere la aprobación indígena para explotar los ricos yacimientos existentes en su territorio.

En la realidad actual latinoamericana resaltan las luchas y denuncias de los pueblos originarios de Chile y Venezuela, los mapuches y los yukpas, los cuales han tenido que enfrentar de forma asimétrica la institucionalidad y la legislación de sus respectivas naciones, a pesar de tener a su favor todos los derechos inherentes a un sistema democrático. A ello habría que agregarle la lucha emprendida en 1994 por los indígenas de Chiapas, en México, pertenecientes al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), al igual que la de sus hermanos de Guatemala, Ecuador y Bolivia, quienes han tenido un papel de importancia en procesos políticos que delinean -de una u otra forma- situaciones nuevas en dichos países, gracias a los cuales han alcanzado el reconocimiento de algunos de sus derechos ancestrales.

En el caso de los mapuches, el Estado chileno les ha conculcado tales derechos desde hace mucho tiempo. De ahí que ellos exijan la restitución de sus tierras, el control de las deforestaciones por parte de algunas empresas hidroeléctricas y forestales, además, de la ratificación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Todo lo cual le da características únicas a sus luchas, tomando en cuenta que el reino de España habría reconocido el 6 de enero de 1641 la independencia del territorio conocido como Wellmapu, perteneciente al pueblo mapuche, mediante el Tratado Killin (o Quillin), siendo el río Bio-Bio la frontera natural entre ambos; sin embargo, los gobiernos republicanos han desconocido su vigencia.

Como antes frente a España, los mapuches mantienen hoy frente a las autoridades chilenas la lucha por el respeto a su identidad cultural y autodeterminación, siendo ésta una demanda histórica y permanente. Al mismo tiempo, demandan no se les aplique una ley antiterrorista legada por la dictadura pinochetista, la cual permite que se les someta simultáneamente a la justicia militar y a la civil. 

Para los mapuches ("la gente de la tierra"), al igual que para otros de los pueblos originarios de nuestra América, la tierra es la base fundamental de su cultura. Aunque una mayoría de ellos vive hoy en ciudades, empujados por las diferentes medidas gubernamentales en su contra, mantienen una resistencia tenaz contra quienes promueven su desaparición a través de la transculturización, el hostigamiento estatal y el desalojo forzoso de sus tierras.

Siendo acusados de terrorismo por actos de protesta o demanda social, los mapuches son víctimas también del uso de una violencia institucionalizada que incluye la tortura, en una abierta violación de los derechos humanos, todo lo cual constituye una absoluta injusticia contra quienes son considerados como ciudadanos de segunda clase en el seno de la sociedad chilena, tan preciada de ser democrática y moderna.-

EL TAITA BOVES Y LA IGUALACIÓN DEMOCRÁTICA DE VENEZUELA

EL TAITA BOVES Y LA IGUALACIÓN DEMOCRÁTICA DE VENEZUELA

            Para comprender el rol histórico cumplido por José Tomás Boves durante dieciocho meses en los acontecimientos que abaten la novicia República de Venezuela en 1814, habría que esculcar la vida colonial hasta entonces vigente, basada la misma en una diversidad de  prejuicios raciales, religiosos y de casta provenientes de España, los cuales marcaron diferenciaciones profundas entre sus habitantes hasta el punto que los mantuanos -quienes se estimaban a sí mismos como una nobleza criolla impoluta, heredera directa de los conquistadores- desconocieran, incluso, algunas disposiciones de la Corona en beneficio de las castas consideradas inferiores, sobre todo, pardos y canarios, ya que los indígenas apenas si eran tomados en cuenta. En este ambiente de ostentación, de censura al libre pensamiento y convencionalismos, irrumpen los ideales de la igualdad, la libertad y de la fraternidad, trayendo como consecuencia inmediata la declaratoria de independencia respecto a la metrópoli hispana y, junto con ella, el trastrocamiento de toda la estructura colonial, cosa que no fue prevista inicialmente por los mantuanos, puesto que su interés principal era el de apropiarse del mando, dejando todo intacto, en una jugada gatopardiana, según sus intereses de clase.

            Refiere Manuel Pérez Vila que los pardos y mestizos “dan rienda suelta a sus legítimas ambiciones de mejoramiento político y económico. Vehículo de ese ascenso social será el ejército, tanto el patriota como el realista, que vendrá a ser el gran crisol en el cual se funden las diferencias sociales de la Colonia”. En un primer momento, las contradicciones de casta afloran y desembocan en alzamientos de negros esclavizados y blancos de orilla que son reprimidos por los ahora representantes de la libertad, del mismo modo como lo hicieran los españoles durante siglos; evidenciándose que “el mando político -en palabras de Juan Vicente González- de los que eran sus señores naturales no era para el pueblo la libertad, sino una argolla más añadida a la cadena” que los sometía y discriminaba. Sin duda, tales contradicciones y acciones, sumadas al odio racial largamente incubado, dieron paso a una guerra cruenta y sin cuartel, confundiéndose todos en una masa armada que apenas diferenciaba entre la independencia del territorio venezolano y la subordinación a España. En tal escenario, según lo analizara Arturo Uslar Pietri, “José Tomás Boves representa en un momento lo que El Libertador ni los criollos se han atrevido a hacer, viene y promete al campesinado las tierras que sus libertadores les niegan”, lo que explica -en parte- ese ascendiente que hace de él un caudillo popular, capaz de levantar ejércitos de la nada, a pesar de las derrotas sufridas, infundiendo un gran temor entre las familias mantuanas, incluyendo a las realistas.

            Esto, aunado a su valor personal, llaneza, intrepidez, el escaso apego por la disciplina, la pompa y la adulación, el ser accesible a sus subordinados, la crueldad de la cual hacía gala y el halo de misticismo que le rodeaba, lo mismo que el ser agradecido y consecuente con sus amistades, hacen de Boves el verdadero destructor del orden colonial y, por consiguiente, el primer caudillo de la igualación democrática de Venezuela, no obstante su oscuro designio histórico, escasamente entrevisto.-  

FRANCISCO DE MIRANDA, VIGENCIA DE UN EMPEÑO LIBERADOR

FRANCISCO DE MIRANDA, VIGENCIA DE UN EMPEÑO LIBERADOR

            Pese a la diversidad de hechos insurreccionales que se suscitaron en la América colonizada durante los trescientos años de duro dominio español, le corresponde a Francisco de Miranda idear la emancipación de nuestro continente como un todo, asignándole, incluso, un nuevo nombre: Colombia, nombre que sería reivindicado por los patriotas, tanto al norte como al sur de este amplio y variopinto territorio.

            Ciertamente, Miranda muestra un mejor nivel teórico respecto a la causa de la independencia de la América meridional, lo cual le convierte -más que en un precursor- en el protolíder, como le llamara Alfonso Rumazo González, ya que éste “no anunció a nadie; promovió y organizó una revolución americana, como creación suya auténtica, diseñada en forma magistral, haciéndose el líder de su propia forja y luego actuando dentro de ella al momento de la acción militar”. Aunado a ello, es de reconocerse en Francisco de Miranda el empeño de tantas décadas en dotar de sólidos argumentos a los americanos colonizados que anularan la ideología de la dominación, con sus prejuicios y supersticiones inculcadas, sobre todo, por la religión. Para lograrlo, apelará a la diferenciación existente (mas no constatada) entre “el ser español” y “el ser americano”, clarificando el asunto de la identidad de los pobladores de nuestro continente, en “la afirmación constante de América frente a Europa y, en particular, frente a España”, como lo resume la historiadora Carmen L. Bohórquez-Morán, quien indica adicionalmente que “esta diferenciación constituye, además, el punto de partida en la construcción de una noción de pertenencia a una entidad cuya existencia no solamente puede ser disociada de la de España, sino que, más importante aún, es anterior a la presencia española en América”.

            Miranda cuestiona los razonamientos que terminaron por legitimar el imperio de España en nuestra América, tales como el derecho que le asistía al Papa Alejandro VI de “donar” estas vastas regiones a los llamados “Reyes Católicos”, en virtud de ser él “heredero o vicario de Jesucristo en La Tierra”, y, también, el derecho de conquista de los españoles, según el cual podrían adueñarse de las mismas, ya que se hallaban despobladas o, en todo caso, pobladas por salvajes incultos e infieles que era preciso catequizar, esclavizar y, si se resistían, simplemente exterminarlos en nombre de la civilización (como ocurre en la actualidad con Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, a la vista de todos, en contra de los musulmanes). Pero, aparte de esto, Miranda opone a la falta de libertad civil, política y económica padecida por los americanos, su necesidad vital y legítima de emanciparse e instaurar un sistema republicano distinto al experimentado en Estados Unidos y en la Francia revolucionaria; una cuestión que ha merecido poca atención de los estudiosos, limitando la trascendencia del prócer caraqueño a su relevante actuación militar en la independencia estadounidense y americana, como en la Revolución Francesa, ignorando o subestimando la reivindicación que hace de la indianidad como paradigma de la libertad.

            No obstante la incomprensión de sus contemporáneos, a Francisco de Miranda no se le puede escatimar su dedicación al proyecto de liberación de nuestra América, así como su condición incuestionable de revolucionario, al margen de las anécdotas galantes que rodean su vida. Como nadie antes, percibió y desarrolló la posibilidad que América se sacudiera exitosamente el yugo ibérico, abriéndole nuevas perspectivas a las propuestas republicanas y de regeneración humana que ya eran conocidas en su tiempo y que, a partir de entonces, animarían las luchas de los pueblos en todo el mundo por alcanzar una libertad integral.-

 

 

¡BOLÍVAR NO ESTABA MUERTO!

¡BOLÍVAR NO ESTABA MUERTO!

            Cuando las campanas piadosas de alguna iglesia anunciaron en 1830 el fallecimiento de uno de los tres majaderos más grandes del mundo, sus enemigos fraguaron la idea homicida de borrar para siempre su memoria y su legado histórico, de modo tal que los pueblos que encaminó hacia la libertad fueran presas fáciles de su rapiña insaciable. Confabulados luego con el incipiente imperialismo anglosajón, la nueva jauría de depredadores se dio a la tarea no alcanzada totalmente de utilizar la figura de aquel singular majadero como el ropaje de legitimidad que requería para el dominio eficaz y permanente de aquellos pueblos irredentos, disminuyendo así el significado fundamental y aleccionador de la gesta libertadora cumplida bajo su guía. De esta manera, al destierro que sufriera en vida, vino a agregársele el más ominoso destino al concedérsele una gloria estatuaria inocua, descontextualizada y vacía, emparentándolo -incluso- con un panamericanismo bajo la égida imperial de Washington jamás compartido por él, ya que su convocatoria a una gran reunión de plenipotenciarios en el Istmo de Panamá estaba dirigida esencialmente a las recién independizadas naciones americanas, excluyendo explícitamente a Haití y a las antiguas colonias británicas.

            En esta centuria, El Libertador Simón Bolívar es un pensamiento vivo, hecho carne y acción gracias a las luchas libradas por los pueblos de nuestra América, la cual ha comenzado a andar con pasos propios -para escándalo de los herederos de la doctrina Monroe-, en un camino no exento de dificultades ciertamente, pero con el ánimo y la esperanza suficientes para ocupar el digno sitial que le corresponde y le fuera arrebatado tempranamente por aquellos que siempre se han considerado a sí mismos superiores, tanto los de la vieja como de la nueva Europa. Esta feliz circunstancia histórica representa el despertar nerudiano de Bolívar, convirtiéndose así nuestra América en la vanguardia de las luchas populares a nivel mundial, cuestión que molesta y atemoriza sobremanera a los principales beneficiarios de un modelo de civilización capitalista ya agotado, aunque aún capaz de engullirnos en su loco empeño de destruir al planeta entero para satisfacer sus mezquinos intereses económicos. Por ello, el pensamiento, la acción y el ejemplo del insigne caraqueño se han convertido en un referente histórico altamente subversivo, aún para quienes le invocan, seguros de su nueva ortodoxia.

Pero, hay que resaltar que, así como las elites dominantes aspiraron inútilmente desterrarlo definitivamente de la memoria colectiva de nuestra América, Bolívar se ha hecho ícono irreemplazable en sus múltiples luchas políticas, económicas, sociales y culturales. De nada valió que se aplicara en estas naciones la doctrina de seguridad nacional concebida por el imperialismo yanqui, ni la sumisión vergonzosa de tales elites, asesinando, encarcelando, desapareciendo o exiliando a cientos de miles de mujeres y hombres de distintas edades, cuyo único pecado fue determinarse a hacer realidad los ideales de Simón Bolívar y de otros próceres latinoamericanos y caribeños de una sociedad libre y democrática. De ahí que pretendan cercenar una vez más los sueños y las luchas de los pueblos de nuestra América. Sin embargo, éstos no se detendrán. Hay un camino que comienza a despejarse y tiene en el Libertador la mejor guía para transitarlo exitosamente, sin olvidarse por ello de las acechanzas de los imperialistas del norte y de sus aliados europeos, así como de la necesidad estratégica de la integración continental bajo parámetros absolutamente distintos a los meramente económico-comerciales.

            De esta forma, Bolívar vive. ¡No estaba muerto! Su espada -como lo proclama la consigna voceada en todo el continente- recorre la América Latina en un despertar de pueblos que signará, sin duda, el siglo que recién iniciamos.-