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¿SE SOLVENTARÍA LA “CRISIS” EN VENEZUELA CON LAS ELECCIONES DEL 6-D?

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De cara a las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre, la oposición ha insistido en presentarse demagógicamente como la panacea de la “crisis” en Venezuela, atribuyéndole la responsabilidad de todo lo que ocurre al gobierno de Maduro. Bajo esa óptica, muchos “chavistas revolucionarios” se han dejado envolver, coincidiendo con el punto de vista de la oposición, algunas veces impulsados por algún tipo de resentimiento contra quienes dirigen al Psuv y las instituciones del Estado, mientras que en la generalidad de los casos sólo es producto de su inconsistencia ideológica o de su evidente inmadurez política.

Sin embargo, se podría ser aún optimista respecto a la situación que vive el país, considerándola con criterios de urgencia y, si se quiere, con criterios realmente socialistas, de manera que se entienda que no basta con que el Presidente Maduro adopte medidas de tipo coyuntural que baje el clima de ingobernabilidad que pretende imponer la oposición y sus mentores imperialistas, o anhelar que ocurra un golpe de suerte que permita recuperar los precios del petróleo en corto tiempo y así disponer de los recursos económicos necesarios para mantener a salvo la economía del país.

De ahí que la desarticulación de las matrices de opinión elaboradas por los grupos opositores requiere de mayor contundencia del chavismo gobernante, siendo uno de sus pilares fundamentales lo logrado en la última década a favor de la inclusión y justicia social mediante una mejor redistribución de los dividendos de la industria petrolera. Esto podría lograrse sin mucho afán, pero lamentablemente quienes dirigen los partidos políticos y las diversas instituciones del Estado poco han hecho para fomentar un acompañamiento político-ideológico respecto a las misiones sociales ideadas por Hugo Chávez, siendo el eslabón más débil de todo este proceso de cambios en Venezuela, lo que ha contribuido -directa e indirectamente- a posicionar las matrices opositoras.

Por otra parte, la escasa efectividad que muchos perciben respecto al combate serio y firme que debiera sostenerse contra el flagelo de la corrupción y la impunidad fomenta disgustos y desconfianzas entre la población. Esto exige -si se comprendiese cabalmente la situación creada- un equipo político y económico que recupere y asuma decididamente el rumbo marcado por el Presidente Chávez en su alocución del golpe de timón, cuando fustigó a ministros y seguidores a efectuar las correcciones necesarias para profundizar las transformaciones pautadas por la revolución bolivariana, así como a no temerle a la crítica y la autocrítica.

Por ello, el reto de oxigenar la marcha del proceso revolucionario bolivariano, creando la transición hacia el modelo de civilización del vivir bien, obliga a derribar definitivamente el viejo orden establecido, no a maquillarlo. Para alcanzar tal objetivo es vital el ejercicio de la democracia directa por parte de los sectores populares mayoritarios, superando el marco meramente electoral.

No obstante, aún hará falta que quienes impulsen la revolución bolivariana en Venezuela, comprendan que se debe sobrepasar el marco de referencia creado bajo el chavismo; por lo que tienen que plantearse situaciones, estrategias y visiones que permitan superar el actual orden de cosas, sabiendo de antemano que -pese a los avances hechos en materia de redistribución de la riqueza nacional y de inclusión social- aún faltaría mucho por definir y por hacer respecto a lo que ha de ser realmente el socialismo bolivariano en Venezuela.

Aquellos que confían ilusamente en que un triunfo mayoritario de los candidatos y las candidatas de la oposición en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre sería la solución a lo que ellos llaman crisis, habría que decirles que no bastará con un simple cambio de gobierno mientras persistan la lógica, las relaciones de producción y las mismas estructuras del viejo sistema capitalista. En cuanto a revolucionarios y chavistas, habría que reiterarles que toda revolución que se pretenda socialista supone una transformación radical del modelo de civilización imperante, lo cual no se realizará jamás si no existe un nivel de conciencia revolucionaria, en contínua evolución y revisión crítica, entre quienes han llegado (o llegarían) a conformar su vanguardia.-

 

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