Lecciones no aprendidas del terremoto del 24 de junio
Homar Garcés
Si hay alguna lección que se puede extraer de la desgracia que envolvió a numerosas familias venezolanas el 24 de junio es que toda vida importa y, sobre todo, la solidaridad que se manifestó espontáneamente en todo el territorio nacional, movilizando a personas sin ninguna preparación técnica para atender este tipo de emergencias junto con bomberos, Protección Civil, cuerpos de rescate, policías y militares; unos, quizá, más eficientes que otros, pero todos guiados por la voluntad de ayudar a sus semejantes, atrapados bajo los escombros; lográndose salvar a personas de diferentes edades como también a mascotas, recibiendo todas la atención médica y social adecuada. Sus acciones son las que deben enaltecerse, al margen de los tropiezos, incomprensiones y conductas condenables de algunos funcionarios del Estado que no supieron estar a la altura de las exigencias del momento y que han servido, lamentablemente, para alimentar el odio de aquellos que aún no quieren entender el daño terrible que le causan al pueblo que dicen defender, al considerar que cualquier cosa relacionada con el gobierno tiene que ser inmediatamente descalificada, por muy nimia que sea.
Estados Unidos, por su parte, una vez más, demuestra que su interés en Venezuela no es estrictamente humanitario. En lugar de derogar por completo el conjunto de medidas coercitivas adoptadas contra este país, su presidente solo se limita a emitir una declaración en la que promete ayudar al gobierno nacional y a las víctimas, aún cuando conoce la situación crítica de los recursos económicos de los cuales se dispone para afrontar la problemática general que se padece, agravada por el doblete sísmico. Igual actitud muestra la extrema derecha en el extranjero, entusiasmada por lo que cree que será el fin del régimen. Nada de coadyuvar a aliviar dicha situación, nada de liberar los activos venezolanos que se apropiaron ilegalmente y nada de ofrecer ayuda, pensando en que los méritos se los llevará Delcy Rodríguez. Tampoco nada de reconocer la enorme responsabilidad de sus actos en cuanto a los distintos sabotajes a la economía nacional, exigiendo sanciones, bloqueo e invasión militar de parte de Estados Unidos, lo que se refleja, justamente, en su campaña mediática para desprestigiar al gobierno venezolano.
Aunque la movilización popular fue casi instantánea, se debe considerar que pudo ser mejor organizada, tomando en cuenta la formación de distintas organizaciones de base que habrían asumido la primera línea de acción para actuar, posteriormente, en coordinación con los organismos de seguridad nacionales y los equipos rescatistas extranjeros. Esto habría contrarrestado la campaña de desinformación orquestada desde dentro y fuera del país. En todo caso, le corresponderá a dichas organizaciones contribuir eficazmente a rediseñar el nuevo escenario en que vive Venezuela, convertida por obra y gracia de Donald Trump en protectorado del imperialismo yanqui.
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Ezequiel Medina -