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Reciprocidad y humanismo frente a la naturaleza Homar Garcés

Reciprocidad y humanismo frente a la naturaleza  Homar Garcés

Homar Garcés 

En «Geobiohumanismo: repensar el humanismo moderno desde la perspectiva de la Complejidad», Rocío Arroyo Belmonte cree imperioso «descentrar al individuo como autoreferencia, para asumir su interconexión con el planeta (geo), reconocer la interrelación dialógica, recursiva y sistémica que mantiene con la naturaleza y otras formas de vida (bios), e integrar la multidimensionalidad de las interacciones sociales entre los individuos y las colectividades que comparten una unidad orgánica y biológica planetaria común». Si a ello agregáramos las nociones de buen vivir, de comunidad y lo común, se abre la posibilidad de establecer unas relaciones de reciprocidad dentro del modelo de sociedad actual, de un modo que éstas incidan, positivamente y en un primer momento, en cada uno de los órdenes que habitualmente se han conocido. No obstante, es obvio que bajo la lógica del capitalismo no se podrá alcanzar dicho objetivo, como lo demuestra la inutilidad de las cumbres y acuerdos internacionales para reducir las causas y las consecuencias del cambio climático, con participación de gobiernos y agrupaciones ecologistas, donde siguen prevaleciendo los intereses de las grandes empresas transnacionales de Europa, Japón y Estados Unidos, a pesar del incremento en cuanto a magnitud y frecuencia de los desastres naturales producidos últimamente en todo el planeta; lo que impone que se propicie una revolución a fondo, una transformación estructural del modelo civilizatorio actual, que reivindique la vida y los derechos de todos, tanto de los seres humanos como de la naturaleza en todas sus manifestaciones vivas.

Producto de la Modernidad instaurada por la Europa liberal, los avances tecnológicos y científicos de los últimos doscientos años han sido utilizados para la explotación del hombre y de la naturaleza -en muchos casos, de una forma totalmente indiscriminada- para cimentar la hegemonía del sistema capitalista, adquiriendo éste un carácter depredador cada día más voraz que amenaza con acabar con todo vestigio de vida sobre la Tierra. Su impacto negativo y destructivo es innegable. Una diversidad de estudios nos dan cuenta de los distintos estragos causados a nivel general, pero los gobiernos y las grandes corporaciones capitalistas continúan actuando y decidiendo a espaldas de la realidad catastrófica que se les presenta. No existe entre sus planes e intereses una reciprocidad y una visión humanista frente a la naturaleza y la misma humanidad. Todo lo que importa es generar grandes dividendos a costa de la vida, la cultura y el entorno de los pueblos, por lo que es altamente necesario que la humanidad se enfoque en comenzar a construir con sentido de urgencia alternativas viables frente al modelo de consumo, de explotación y de producción organizado y sustentado por los grandes consorcios transnacionales. Antes que el colapso se haga completo y se padezcan situaciones adversas jamás deseadas, pero que son, de algún modo, anticipadas por el genocidio de Palestina y la ingobernabilidad de Haití, quedando como opción el endurecimiento de la represión, la exclusión sistemática de los migrantes y de los pobres, y una condición legalizada de esclavitud en el área laboral. 

La humanidad debe emprender acciones de reciprocidad y de humanismo frente a la naturaleza. No puede ni debe verse a sí misma como ajena a la existencia y la sobrevivencia de su entorno natural, por muy lejano y ajeno que este le parezca. Esto es algo que se repite en cada escenario donde se aborda el tema del deterioro de los diversos ecosistemas existentes alrededor del planeta, con datos científicos irrefutables, pero cada día los gobiernos y las megacorporaciones capitalistas continúan negando e ignorando las advertencias dando prioridad a los intereses económicos, atropellando los derechos ancestrales de los pueblos originarios, a pesar de estar muchos de ellos contemplados en las constituciones. Hace falta, por consiguiente, una labor educativa y divulgativa que nos haga comprender a todos la urgencia de preservar y defender la naturaleza que nos nutre, todo bajo una nueva forma de humanismo y de reciprocidad, como hijos e hijas de la Tierra. Como lo afirmó el célebre explorador y oceanógrafo francés Jacques Yves Costeau, «cerrar los ojos a la naturaleza solo nos hace ciegos en un paraíso de tontos».

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