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La peligrosidad de ser bolivarianos insurgentes

La peligrosidad de ser bolivarianos insurgentes

Homar Garcés 

En carta dirigida a Pedro Gual, el 9 de febrero de 1815, desde Mompox, Nueva Granada, Simón Bolívar le expresó: «el error o la fuerza de las pasiones no deja acertar a los hombres a tomar el camino más recto, sino que, por el contrario, en las agitaciones ninguno conserva el puesto que le pertenece y, menos el todo de su carácter propio. Para juzgar de las revoluciones y de sus actores, es menester observarlos muy de cerca y juzgarlos de muy lejos; extremos que no pueden conciliarse, ni por el corto periodo de tiempo que ha transcurrido, ni por los personajes que han representado la escena en cuestión». Con ello, El Libertador señalaba la dificultad de emitir un juicio imparcial y objetivo respecto a los protagonistas y a las decisiones y acontecimientos que marcarían el rumbo y trascendencia de toda revolución. Sin embargo, muchos militantes de la revolución en Venezuela suelen pasar por alto esta advertencia de Bolívar, adjudicándole a unos y a otros culpas, inconsistencias y traiciones desde un punto de vista personal y no como producto de una reflexión crítica más profunda. Esto puede rastrearse a través de lo que ha sido la historia tradicionalmente contada donde se erige un panteón sacrosanto de héroes y heroínas, por una parte, y una fosa infernal para aquellos que se opusieron a sus proyectos y acciones; conformándose una especie de religión patriótica, con Bolívar en el pedestal más alto. Eso no contribuye mucho con la comprensión del papel histórico cumplido por Bolívar aunque sí a mantener viva su imagen. Este último elemento, visto en forma positiva, permite que exista un fundamento común con el cual unificar las luchas que tengan lugar en nuestros territorios.

Tal como lo expone Néstor Kohan en El legado insumiso de Simón Bolívar, «el ejemplo insumiso de Bolívar nos invita a recuperar la vocación de poder —trágicamente "olvidada" o denostada por los nuevos reformismos—, la ética inflexible y la rebeldía indomesticable de los viejos comuneros, los bolcheviques, los combatientes libertarios y comunistas, los partisanos, los maquis, los guerrilleros insurgentes y todos los luchadores y luchadoras del tercer mundo». Es una verdad innegable que los pueblos de Nuestra América/Abya Yala/Améfrica Ladina han librado una diversidad de luchas significativas, de mucha relevancia histórica, y han aportado experiencias que marcan una nueva definición de lo que sería la democracia en su nivel más igualitario, profundo y participativo, al contrario de la concepción excluyente de los sectores minoritarios que controlan el poder. Este acervo de luchas tienen que enmarcarse en la comprensión del tiempo presente, de manera que se vean como la continuidad de una misma lucha emancipatoria que aún no culmina y exige mayores esfuerzos, dada la magnitud de los recursos de los que disponen los principales enemigos de los pueblos de nuestro continente: el imperialismo yanqui y sus vasallos locales.

Se requiere una reconfiguración estratégica para las fuerzas populares, de izquierda y progresistas. Esto tiene una primera base de sustentación en la formación política y las acciones de solidaridad, así como en la activación de alianzas entre esta diversidad de factores que apunten a lograr una integración activa desde las bases populares. Se requiere, por otra parte, una renovación crítica de los postulados que hicieron posible la insurgencia del proceso revolucionario bolivariano con la intención de no repetir los mismos errores y las inconsistencias del pasado. Tiene que propiciarse una especie de Revolución Cultural, a la manera de la convocada por Mao Ze Dong en China, que extirpe las tendencias caudillistas, socialdemócratas y burocráticas que entorpecen el avance revolucionario del pueblo. 

Con ello en mente, es imposible que se produzca nuevamente el embalsamamiento del pensamiento político de Simón Bolívar, cuyo propósito central sería contener cualquier desbordamiento de masas que se aproxime o se oriente al desarrollo de una revolución profunda, transformadora de la realidad, de carácter izquierdista, comunista o socialista, según se quiera conceptuar. No es aceptable, por consiguiente, nada semejante a la pasividad de los diferentes movimientos o factores que están, nominal y doctrinariamente, en contra del imperialismo gringo depredador y de los grupos oligárquicos o ultraderechistas que lo respaldan de manera antipatriótica y antinacionalista. Frente a la unión que éstos han conformado, se tiene la tarea histórica de concientizar, organizar y movilizar, de manera unida y sin bridas burocráticas, a las fuerzas populares; teniendo presente que la lucha es la misma, por la soberanía nacional, la democracia y la justicia social, tanto en Venezuela como en todo el territorio de Nuestra América/Abya Yala/Améfrica Ladina. Al modo como la concibiera Simón Bolívar. En todo momento. Sin sumisiones de ningún tipo.

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