¿Por qué no creerle al gobierno?
Homar Garcés
Para los sectores de la derecha extremista resulta más cómodo explotar la rabia, la desesperanza y el malestar de la población que presentar un argumento lógico con que enfrentar al chavismo en cargos de gobierno. Así ha sido siempre. Desde la primera presidencia de Hugo Chávez Frías hasta el presente. Una y otra vez la ultraderecha vasalla repite las mismas narrativas, tratando de obtener el poder por cualquier medio violento a su alcance. Ahora que sus principales figuras han sido ignoradas por el presidente Donald Trump -a quien alabaron irrestrictamente y solicitaron una acción armada contra el país que dicen defender y amar- y, en su lugar, éste ha preferido entenderse y negociar con la presidenta encargada Delcy Eloina Rodríguez Gómez, están recurriendo a las mismas tácticas mediáticas de violencia callejera que utilizaron cada año, buscando sembrar caos y generar un estado de ánimo de igual tenor entre los chavistas que no comparten la situación que vive Venezuela desde el 3 de enero pasado. Ésta podrá ser la síntesis de la acción y el pensamiento de la extrema derecha, la misma que «huyó» del país, aduciendo sufrir una persecución inmisericorde de parte del gobierno, pero que todos veían como un show más, dirigido principalmente hacia afuera, para convencer a sus pares internacionales sobre los estragos causados por una dictadura de estirpe comunista que tiene secuestrada y aterrorizada a la población venezolana.
Para conseguir sus propósitos, esta extrema derecha no dudó en utilizar la mentira como detonante de los sucesos que derivaron en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002. Esto no se puede obviar bajo ninguna circunstancia, ni siquiera en aras de la reconciliación política en la que se halla embarcada la gestión de la presidenta encargada porque este hecho pone al descubierto el verdadero talante antidemocrático y antipopular de aquellos que ansían obsesivamente con alcanzar el poder y usufructuarlo. Todo lo que hiciera previa y posteriormente a este hecho gira alrededor de sus ambiciones particulares. Sería necio creer que su comportamiento general se basa en un ideal de democracia más profundo e inclusivo. Y eso se mantiene latente gracias al aporte de los medios de información tradicionales que actúan con un perfil político bien definido y orientado a no permitir la confianza que se pueda tener en relación con la gestión gubernamental, no obstante su empeño en denunciar que en Venezuela existe censura y falta de libertad de prensa. Ahora su efecto se multiplica a través de las redes sociales, lo que se vió durante la cobertura del desastre del doblete sísmico en La Guaira y otras entidades, buscando intensificar la zozobra emocional del pueblo y preparar el terreno para derrocar al chavismo, de un modo similar a lo logrado en Haití luego del terremoto del 12 de enero de 2010 cuando cerca de 16 mil efectivos militares de Estados Unidos se hicieron presentes en una supuesta operación humanitaria.
Como corolario del ataque a la soberanía territorial de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, los seguidores de la dirigente apátrida María Corina Machado han intentado vanamente calentar. Primero, con la exigencia de unas elecciones presidenciales inmediatas, en un segundo lugar, al procurar encabezar los justos reclamos de la clase trabajadora y jubilados por un ingreso estable y adecuado, al mismo tiempo que pretende incendiar el país con el asunto de la deficiencia y el racionamiento del sistema eléctrico nacional. Todo ello sin asumir responsabilidad alguna en cuanto a las causas de la problemática que envuelve a los venezolanos y las venezolanas cuando sabotearon dicho sistema e invocaron la imposición de sanciones económicas extranjeras más duras, de modo que colapsara totalmente la economía y eventualmente cayera el régimen, como gusta llamarlo la dirección opositora y se repite mediáticamente. Este «pequeño olvido» hace que los principales cabecillas de la oposición ultraderechista se comporten como los únicos, bienintencionados y más preparados para salvar la Patria de los estropicios causados, precisamente, por ellos mismos, sin que la acción de la justicia les afectara mayormente.
La desventaja del chavismo en este sentido tiende a incrementarse casi de modo exponencial con la proliferación indiscriminada de noticias falsas de todo tipo. No importa que sean inverosímiles. Al chavismo le ha correspondido un papel reactivo, desmintiendo y desmontando las matrices de opinión que se quieren instalar en el imaginario popular, redobladas desde el imperialismo yanqui y de sus vasallos de Europa y de nuestro continente, igual que pasa con Cuba a la cual se somete a un genocidio que, salvo la destrucción y muertes por las bombas, tiene las mismas malas intenciones y consecuencias que en Gaza. Tal cosa quebranta, de un modo u otro, a los chavistas de base que se ven obligados a defender a quienes los dirigen desde posiciones partidistas y gubernamentales siendo sus conductas opuestas a la esencia del proyecto de cambios revolucionarios que promovió el Comandante presidente Hugo Chávez. Aún con este elemento negativo, la oposición extremista no cuaja en su estrategia y tácticas, ahora menos cuando sus mentores del Norte prefieren entenderse y negociar con Delcy Eloina Rodríguez Gómez y garantizarle cierta estabilidad al frente del Estado venezolano que contribuir a una situación de enfrentamiento, revanchismo y caos que originaría, sin duda, si María Corina Machado y su combo llegan a ocupar el palacio de Miraflores.
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