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La inesperada enemiga de la humanidad

La inesperada enemiga de la humanidad

Homar Garcés 

El Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, advirtió en fecha reciente que el desarrollo de modelos acelerados de inteligencia artificial pone en riesgo la vida de millares de personas, así como todos los derechos humanos en lo que respecta a la privacidad, la salud, la alimentación y la seguridad. En igual sentido, se pronunciaron Jacob Coxon (ex empleado de Anthropic), Geoffrey Hinton (conocido como el padrino de la Inteligencia Artificial y ex empleado de Google). El debate sobre la regulación de la inteligencia artificial en sí no es de reciente data, sin embargo, el interés puesto en el mismo da cuenta de la inquietud que abruma a mucha gente sobre sus alcances y consecuencias sin control humano. Todos ellos alertaron públicamente que los modelos de IA en desarrollo estarían ya en capacidad de actuar de forma autónoma, cuestión que podría afectar el funcionamiento de servicios esenciales, de líneas de comunicaciones, infraestructuras críticas e, incluso instituciones democráticas, especialmente en manos inescrupulosas que llegarían a controlar, de forma peligrosa, la normalidad cotidiana de cualquier país que no responda a sus intereses, como podría suceder con los magnates de las principales plataformas de telecomunicaciones e internet, algunos de los cuales han expuesto de manera abierta en foros y entrevistas el modo en que conciben el futuro de la democracia y el manejo de los Estados, excluyendo a las mayorías populares. Además de esto, no se descarta la activación de armas que funcionan automáticamente, lo que incrementa la posibilidad de una destrucción masiva de centros poblados alrededor del planeta, en un estado de guerra total solo concebible en muchas películas de ciencia ficción. 

Frente a la posibilidad de pérdida de control sobre la Inteligencia Artificial algunos expertos aconsejan retardar o moderar el lanzamiento comercial de nuevos modelos y establecer protocolos y auditorías cruzadas de seguridad. Lo significativo es que Elon Musk (X, Tesla y SpaceX), Dario Amodei (Anthropic), Sam Altman (OpenAI) y Demis Hassabis (Google DeepMind), coinciden en esta propuesta. Como se desprende de un artículo publicado por el canal de televisión Telesur (Desarrolladores y la ONU alertan por riesgos de agentes autónomos de IA), «expertos del sector que la transición de la IA generativa (orientada a crear contenidos) hacia la IA agéntica (diseñada para ejecutar tareas complejas de manera autónoma) incrementa la imprevistibilidad de los sistemas en infraestructuras clave como energía, finanzas y transporte». Para algunos analistas algo de esto ya estaría ocurriendo y citan el crimen de guerra perpetrado contra la escuela de niñas de la ciudad de Minab en Irán, además de lo aplicado con drones contra los palestinos en Gaza con el sistema de Inteligencia Lavender. Pero, en medio de lo difundido aparece la investigadora y especialista en ética tecnológica Timnit Gebru, quien declaró que las narrativas sobre la extinción humana a causa de la inteligencia artificial son una distracción deliberada. Afirmó que esto manipula la atención pública en relación con los impactos negativos del uso de esta tecnología, con lo que conseguirían atraer mayores inversiones. 

Aparte de lo anteriormente señalado, está el tema del uso de la IA y el enorme consumo de agua que esta requiere para que sus servidores automáticos funcionen y se mantengan a una temperatura adecuada. Según algunas estadísticas, «los centros de datos consumieron 222.000 millones de litros de agua para refrigeración en 2025 y, sin medidas para reducir su uso, la cifra podría acercarse a los 644.000 millones en 2030» (Héctor Sosa, editor de Motor Económeico); sin mencionar lo mismo en cuanto al consumo excesivo de electricidad. Esto representa un grave daño ecológico que, adicionalmente, terminará por perjudicar a las poblaciones aledañas, aumentando la problemática social, económica y política existente, pero que es eludido bajo la excusa de las grandes inversiones que se harán para su pleno funcionamiento, como pasa con OpenAI y Sur Energy en la región de Patagonia, Argentina.

Una consecuencia visible más es el reemplazo de los seres humanos en muchas empresas por robots coordinados por la Inteligencia Artificial, condenando a millares a la condición de desempleados. De igual forma, es bastante probable que ocurra la sustitución, digámoslo así, de la capacidad intelectual y crítica de las personas para la comprensión de los acontecimientos que tienen lugar en el mundo, así como para la elaboración de literatura, artes visuales y afines, cosa que es reforzada por la adicción a las plataformas de internet. Las corporaciones de los datos tienen entre manos, evidentemente, planes que no comparten la solución definitiva e inmediata de los muchos problemas que confronta actualmente la humanidad. Su alineación con posiciones ideológicas autoritarias y fascistas es prueba de ello, por lo que suponer que el uso y desarrollo de la Inteligencia Artificial estarían encuadrados con esto no es nada descabellado. Según el punto de vista compartido de Tica Moreno y Luiz Zarref (autores del artículo Multimillonarios de la tecnología se unen contra la soberanía digital del Sur Global. La pelea contra la “amenaza” china), «el punto determinante para las fuerzas revolucionarias está, por lo tanto, en entender cómo surge una nueva burguesía al controlar estos nuevos medios de producción, y cuál es la visión del mundo que esta nueva burguesía buscará imponer para seguir acumulando a partir del saqueo de la naturaleza y de la explotación de la capacidad productiva y reproductiva de las masas explotadas». Con esto presente, no será difícil calificar la amenaza que pende sobre el destino humano y entender por qué la Inteligencia Artificial podría convertirse en su inesperada enemiga.

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