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La batalla decisiva de la guerra total

La batalla decisiva de la guerra total

Homar Garcés 

La inesperada resistencia y contraataque de la República Islámica de Irán, así como el hostigamiento del gobierno popular en Yemen, contra la agresión militar iniciada por la dupla yanqui-sionista contra dicha nación, comienza a tener repercusiones más allá del ámbito comercial petrolero para manifestarse como lucha de resistencia en una guerra imperialista de alcance global que tuvo sus inicios prácticamente al día siguiente de la implosión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, o simplemente Unión Soviética, y que se reveló al mundo con la guerra «antiterrorista» emprendida contra Afganistán e Irak por el presidente George W. Bush. Lo que los jerarcas políticos y militares gringos no calcularon, llevados por su arrogancia supremacista, era la reacción del gobierno y del pueblo iraníes ante la agresión sufrida y las cuantiosas pérdidas económicas que la misma ha supuesto en infraestructura y recursos militares destruidos sistemáticamente por las fuerzas armadas persis, por lo que, extrapolando sus circunstancias y resultados, equivale a una batalla decisiva en lo que respecta a la guerra total que estaría dispuesto Estados Unidos a librar para conservar su estatus de única y gran potencia mundial. En este caso, más allá de los prejuicios políticos y religiosos que cada quien albergue, Irán (junto con los hutíes de Yemen) está frenando la expansión estadounidense sobre una región altamente estratégica, con abundancia de recursos energéticos y rutas comerciales vitales para los mercados de Europa y Asia. Y eso es algo muy importante para la preservación de la soberanía del resto de naciones de la Tierra.

En este cuadro de cosas, la ultraderechización de Europa y Latinoamérica es una pieza más del proceso de hegemonización absoluta iniciado desde la Casa Blanca, contando adicionalmente con el respaldo entusiasta del conglomerado industrial-militar tradicional y de las grandes corporaciones transnacionales que controlan la industria digital, en un cruce de intereses que amenaza la libertad humana y el mermado equilibrio ecológico del planeta. No es, por tanto, una cuestión espontánea ni tampoco reciente. Es una amplia reingeniería social en progreso que, entre sus metas, pretende suprimir cualquier vestigio de resistencia democrática y de pluralismo ideológico y cultural que se oponga a los designios de las nuevas minorías capitalistas dominantes, lo que supondrá el auge de la represión social, como ya comienza a verse a propósito de las marchas de protesta que denuncian el genocidio continuo del pueblo palestino. 

La gran pregunta que debería hacerse todo el mundo es, de acuerdo con Andrés Piqueras en su análisis Para entender el desarrollo de la guerra global en curso, «¿cómo es posible que EEUU y su ente sionista no reciban ninguna sanción ni se les excluya de ningún ámbito de participación o foro mundial? En la pregunta va implícita la propia respuesta: porque esas instituciones que "regulan" el orden mundial están controladas por EEUU y forman parte de su poder blando -o no tan blando- mundial. Esto es, son elementos del orden mundial estadounidense, el mismo que hoy ha comenzado a carcomerse (igual que esas instituciones, que cada vez evidencian más lo que son y para qué son)». El contraataque iraní significa un serio revés para la Geoestrategia del Caos que Washington ha implementado para asegurar su presencia e influencia sobre el continente asiático y esto semeja en algo la traumática derrota sufrida por las fuerzas estadounidenses en Vietnam. Como se comprenderá, no se trata de acabar con la guerra sino mantenerla como una situación constante y lucrativa. Quienes obtienen dividendos de la muerte no son monstruos de fantasía.

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