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LA PUNTA DE LANZA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

LA PUNTA DE LANZA DE LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

Desde un primer momento, el poder popular -como punta de lanza de la construcción del socialismo revolucionario- tendría que consagrar sus esfuerzos en hacer posible un gobierno y unas instituciones públicas alternativas, lograr unas nuevas relaciones de producción a través de la autogestión económica, impulsar un desarrollo endógeno sustentable y una educación popular emancipadora, con valores realmente socialistas, entre otros cambios harto necesarios, que permitan superar la hegemonía y los antivalores del capitalismo. En efecto, de lo que se trata es de trascender el viejo modelo de sociedad y las relaciones de poder engendradas bajo la lógica capitalista, ya que es totalmente ilusorio creer que sólo bastan la buena voluntad y unas cuantas reformas legislativas puntuales para acabar con los múltiples problemas, las necesidades, las injusticias e, incluso, las guerras que ha generado el capitalismo a nivel mundial. Sin embargo, cuando se ha intentado, esto último no ha resultado suficiente como tampoco lo es copar todas las estructuras del poder constituido, si ello no está acompañado por una transformación a fondo del orden social y económico que pueda -y deba- repercutir en un cambio de conciencia de la ciudadanía, con paradigmas que coadyuven a la edificación de una sociedad de otro tipo que resalten la solidaridad, el amor, la justicia social, la igualdad, el respeto a la madre naturaleza, el interés colectivo, la soberanía y el protagonismo democrático del pueblo.

No podría ser de otra forma. Como lo demuestra la historia, el fracaso de muchas experiencias revolucionarias del pasado se debió, a grandes rasgos, al hecho de haber obviado sus dirigentes la necesidad irrenunciable de establecer el poder popular como una prioridad elemental del nuevo Estado por construirse, otorgándosele -en consecuencia- la suficiente o la total autonomía para promocionar y consolidar sus propios espacios de participación y protagonismo, ejerciendo la democracia directa.

En tal sentido, como bien lo expone Miguel Mazzeo en su libro El sueño de una cosa (Introducción al Poder Popular), “para evitar que un proceso de autoinstitución popular sea confiscado y profanado por una elite política, como para permitir que un gobierno popular se deslice por la senda de la radicalización y no impida el despliegue de la sociedad nueva que late en la vieja, se deben borrar las diferencias entre las funciones políticas y las administrativas. Esto significa que el poder popular, en su semántica más fuerte, implica el ejercicio de funciones políticas”. Todo lo cual constituye, hoy por hoy, más que un programa de acción política revolucionaria una alternativa de extrema necesidad colectiva frente a las crisis y los embates del capitalismo en su actual fase neoliberal, la cual ha producido mayores índices de pobreza, de desempleo y de deterioro creciente del medio ambiente a escala planetaria.

Lo que se impone entonces es que el poder popular -frente al poder constituido- se plantee a sí mismo impulsar un proceso constituyente permanente, generando en su seno iniciativas y nuevas formas organizativas revolucionarias que desarrollen un espíritu anticapitalista, evitando de este modo reproducir la representatividad y el burocratismo que son inherentes del viejo Estado burgués-liberal que se busca erradicar. Al alcanzarse este propósito revolucionario, se podría iniciar la transición definitiva hacia el socialismo y se modificaría sustancialmente la realidad actual del mundo.-       

SIN PODER POPULAR NO HABRÁ REVOLUCIÓN NI ESTADO COMUNAL SOCIALISTA

SIN PODER POPULAR NO HABRÁ REVOLUCIÓN NI ESTADO COMUNAL SOCIALISTA

En su fase actual, consideramos que el proceso revolucionario bolivariano socialista requiere hoy más que nunca de la amplia y decisiva participación de los sectores populares organizados, de manera que los mismos ejerzan un papel protagónico más activo en los asuntos públicos, transformando las estructuras burocratizadas del Estado burgués-liberal que aún rige en Venezuela. Se hace preciso, por consiguiente, que las diferentes entidades gubernamentales quieran transferirle realmente al pueblo gran parte de sus funciones administrativas y de la autoridad que ahora desempeñan, ya que, por razones lógicas, quienes padecen la incompetencia institucionalizada estarían más dispuestos a remediar los problemas y las necesidades que confrontan a diario sus comunidades que aquellos que usufructúan el poder. Esto representaría, sin duda, un avance significativo, un importantísimo salto adelante, en la construcción del socialismo bolivariano y en la conformación de un verdadero Estado Comunal socialista, contando siempre para ello con la participación y el protagonismo del poder popular.

En este sentido, el Presidente Nicolás Maduro tiene ante sí el reto fundamental de hacer realidad la vieja consigna socialista de “todo el poder para el pueblo” y no quedarse nada más que en realizar un buen gobierno porque en esta coyuntura, con una oposición envalentonada, es necesario que el pueblo chavista tenga espacios propios de autogobierno mediante los cuales se sienta identificado con el proceso revolucionario bolivariano socialista y pueda contrarrestar, además, la ofensiva derechista. De ahí que todo chavista que se considere a sí mismo revolucionario tendría que activarse en beneficio de esta iniciativa, puesto que de ella dependerá en gran medida la continuidad del legado político del Presidente Hugo Chávez, siendo insuficiente el control total de las instituciones del Estado si el pueblo se muestra descontento ante el comportamiento aburguesado y la mala gestión cumplida de sus gobernantes, independientemente de cuál sea su nivel jerárquico y su militancia partidista.

Para los revolucionarios, el momento histórico que nos toca vivir, sin Hugo Chávez en la presidencia de la república, nos plantea la construcción inmediata de la unidad revolucionaria, al margen de cualquiera otra consideración que no sea la de hacer realmente la revolución bolivariana socialista. Esto, así no se quiera, pasa por realizar previamente un debate serio y objetivo que nos sirva para aclarar muchos puntos de vista y, claro, para la elaboración conjunta de una propuesta revolucionaria y socialista que todos utilicemos de guía de acción, sin estancarnos en lo meramente retórico y electoral. Sería, por tanto, un plan de acción que se sostenga en el tiempo, de forma que el mismo pueda ser adoptado en todas sus partes por las organizaciones del poder popular, aún en contra de la voluntad de aquellos que tratarían de impedirlo desde las instancias de gobierno que controlan por temor a ver amenazados sus intereses egoístas de constituirse en Venezuela un Estado Comunal de verdad.-

ENTRE EL CONTROL DESDE ARRIBA Y EL RECLAMO CONSTANTE DE LAS BASES

ENTRE EL CONTROL DESDE ARRIBA Y EL RECLAMO CONSTANTE DE LAS BASES

Entre el control desde arriba y el reclamo constante de las bases populares para que se les respete cabalmente su participación, su protagonismo y su soberanía, se debate -ahora sin su líder fundamental- la continuidad y la profundización del proceso revolucionario bolivariano socialista. Esta situación (siempre latente, aun en vida del Presidente Hugo Chávez) ha sido hábilmente aprovechada por la contrarrevolución que, segura del éxito de su estrategia desestabilizadora, no ha menguado en sus arremetidas mediáticas, habiendo obtenido su primer efecto en la significativa migración de votos nominalmente chavistas que incrementaron el tope electoral de la oposición el 14 de abril de 2013. Esto ha generado, como lógica consecuencia, algunos debates serios entre la militancia revolucionaria a nivel nacional, preocupada, sobre todo, por la aparente conciliación de clases adelantada por el Presidente Nicolás Maduro, aunque -hasta ahora- los mismos no han concretado una propuesta factible, a corto y mediano plazo, con la cual materializar sólidamente la revolución bolivariana socialista y que entusiasme y comprometa a los amplios sectores populares de la misma manera como lo hicieran, desde un primer momento, al favorecer al Presidente Chávez con sus votos, su amor y su lealtad.

Para algunos, éste sería el epílogo del proceso revolucionario bolivariano socialista, teniendo en cuenta el cúmulo de debilidades, corrupción administrativa e inconsistencias ideológicas que el mismo ha arrastrado consigo, lo cual fuera reiteradamente criticado en su momento por Chávez, pero que jamás motivaron una acción sostenida en el tiempo que pudiera minimizarlas y erradicarlas por completo. En la actualidad, éstas representan un lastre muy pesado respecto al papel que debe asumir Nicolás Maduro como heredero político del Presidente Chávez, cuestión que -de no asumirla y afrontarla con la firmeza y la seriedad revolucionaria que ella requiere- precipitaría eventualmente la caída del chavismo como factor de poder en Venezuela, dando al traste con catorce años de esperanzas, avances y conquistas políticas, sociales, culturales y económicas que resaltaran la dignidad del pueblo venezolano y optimizaran sus condiciones de vida, habiendo servido de ejemplo para los demás pueblos de nuestra América.

No obstante, aún existe la oportunidad de no dejar que ello ocurra. Lo que haría falta es que los diversos movimientos revolucionarios populares sean capaces de comprender la necesidad de promover, desde ya, un viraje crítico del proceso revolucionario bolivariano socialista, sin que el mismo dependa exclusiva y necesariamente de la voluntad del gobierno, por lo que tendrían que plantearse a sí mismos la autogestión en todos los ámbitos posibles hasta conformar lo que sería entonces un autogobierno; dando paso al establecimiento de un nuevo Estado, de carácter participativo, socialista y popular, que sustituya de forma radical el Estado burgués-liberal todavía vigente. De esta manera, los augurios pesimistas que ahora se ciernen sobre el proceso revolucionario bolivariano socialista serían disipados, recuperándose -en consecuencia- ese nivel de compromiso revolucionario, de activismo político y de entusiasmo popular que originara Hugo Chávez desde su primera aparición pública el 4 de febrero de 1992.-

¿TELEVISORAS POR “LA PAZ SOCIAL”?

¿TELEVISORAS POR “LA PAZ SOCIAL”?

No se puede censurar a priori la solicitud hecha por el presidente Nicolás Maduro a los propietarios de las empresas televisivas venezolanas para que contribuyan a crear un clima de paz a través de su programación diaria, de manera que ésta incida positivamente en la disminución de hechos violentos que afectan a la ciudadanía en general. Con esta descalificación tendenciosa se pretende inculcar la idea de un control de los canales de televisión por parte del gobierno chavista, ignorando adrede la responsabilidad social que los mismos deben cumplir, de acuerdo a lo establecido en la ley que regula su actuación en Venezuela.

En este sentido, es difícil hacerse de la vista gorda y desconocer la influencia que tiene la televisión al inducir un patrón de vida entre quienes recurren a ella diariamente, lo que muchas veces se ajusta al moldeamiento de una conducta que termina por legitimar la lógica del capitalismo, imponiéndonos modelos ajenos a nuestra realidad. De esta forma, se nota a leguas que quienes opinan en contra de esta solicitud del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, sean o no expertos en esta materia, están sencillamente ocultando que algunas de estas televisoras privadas del país frecuentemente difunden programas que estimulan antivalores entre la población, así como su actuación determinante en el desencadenamiento de los hechos violentos que indujeron el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en contra del Presidente Hugo Chávez cuando manipularon un video sobre quienes se hallaban situados en Puente Llaguno, defendiendo ese día el proceso revolucionario bolivariano.

Así que no puede ni debe confundirse libertad de expresión con este tipo de cosas que contradicen la objetividad y la imparcialidad que le corresponde asumir a todo medio de comunicación, incluyendo, por supuesto, a aquellos que están en manos del gobierno.

Lo que se requiere es que cada ciudadano venezolano, aun cuando milite en la oposición, esté ciertamente dispuesto a aportar su granito de arena en el logro de una sociedad cuyos valores se basen en el respeto mutuo, la paz, la seguridad personal, la igualdad y la justicia social, entre otros, mediante los cuales se formen y/o eduquen a las nuevas generaciones.

En consecuencia, todos los venezolanos estarían obligados moralmente a apoyar esta petición del Presidente Nicolás Maduro, puesto que la misma está sustentada en un sentimiento generalizado de la población venezolana, víctima de una programación televisiva que desdibuja tanto la realidad del país como del mundo y que refuerza cierto desprecio hacia nuestro rico patrimonio artístico-cultural en función de modas e intereses meramente económicos.

Esto jamás podría calificarse como una amenaza a la libertad de expresión, como se acostumbra decir cada vez que se le ha pedido a algún medio de comunicación que cumpla con su deber de informar de modo veraz o que no se parcialice demasiado con una postura política determinada, como muchos lo hacen sin ser sancionados por la ley.

En vez de ello, debiera promoverse un debate abierto sobre el papel cumplido y a cumplir por las diferentes empresas de comunicación, de manera que el pueblo tenga una opinión mejor sustentada al respecto, sin manipulación de ningún tipo.-      

EL PODER POPULAR: CONSTITUYENTE, SUBVERSIVO, EMANCIPADOR E INDEPENDIENTE

EL PODER POPULAR: CONSTITUYENTE, SUBVERSIVO, EMANCIPADOR E INDEPENDIENTE

El poder popular debe ser, de modo inmutable, un poder constituyente, subversivo, emancipador e independiente de toda tutela gubernamental. Sin esta peculiaridad primordial, el poder popular resultaría en algo que, contrariamente, en vez de impulsar la transformación radical de la sociedad y de las históricas relaciones de poder instauradas por el sistema capitalista y la democracia representativa, contribuiría a un reforzamiento de estas, ahora con un discurso y una práctica aparentemente revolucionarias que son aceptados por los sectores populares. En tal sentido, el poder popular tendría que orientarse a la conquista legal y extralegal de aquellos espacios que -desde siempre- ha ocupado la clase dominante a través de las instituciones del Estado, alcanzando su legitimación mediante el moldeamiento metódico de la conciencia subordinada de quienes dirigen. De ahí que, al proyectarse la transformación y posterior abolición del sistema de cosas imperante, el poder popular tiene que asumir -indefectiblemente- la construcción de unas nuevas relaciones sociales, políticas y económicas que terminen por desplazar a las que hoy por hoy marcan el destino de nuestros pueblos, impidiéndoles alcanzar un desarrollo integral, en correspondencia con sus aspiraciones seculares y los ideales de la democracia participativa y protagónica.

Como bien lo expone en su ensayo “Poder popular, Estado y Revolución”, Guillermo M. Caviasca, “el poder popular es tal si se expresa a través de construcciones propias de las clases oprimidas que trasciendan la existencia de una organización revolucionaria (aunque esta haya ayudado a generarlo). Es decir, la organización popular no solo como retaguardia de la organización política sino como sujeto y estructura contrahegemónica más allá de la organización. Lo mismo puede decirse para el caso de un nuevo Estado: las organizaciones populares deberían tener una existencia propia y legitimante del nuevo orden de cosas, constituir las defensas profundas de la nueva sociedad más allá del Estado propiamente dicho”. Ello supone subordinar las viejas estructuras del Estado al poder popular, de forma que este último vaya prefigurando el nuevo Estado que ha de surgir como característica fundamental del socialismo revolucionario en construcción, sin que se le limite a un ámbito estrictamente institucional.

Por lo tanto, se hace requisito necesario el cuestionamiento subversivo de todo el orden establecido, con unos niveles de organización, de concienciación y de movilización de los sectores populares que permitan que tal cuestionamiento pueda encarnar propuestas y experiencias válidas y exitosas en la construcción de ese poder popular que dará forma y sustento al socialismo revolucionario. Ello representa, además, iniciar y afirmar un proceso permanente de auto-recreación que no puede, ni debe, condicionarse mediante leyes o razones de Estado que inutilizan sus potencialidades emancipatorias y el rol protagónico que le corresponde asumir en la construcción definitiva de la sociedad socialista.- 

LO QUE BUSCA LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

LO QUE BUSCA LA OPOSICIÓN EN VENEZUELA

Es indudable que los sectores de la oposición buscan generar las condiciones que propicien el intervencionismo de poderes extranjeros en los asuntos internos de Venezuela, aduciendo que el gobierno presidido por Nicolás Maduro es ilegítimo y que en nuestro país se estarían cercenando las libertades públicas. Con estas intenciones, sus representantes iniciaron una gira por algunos países con la finalidad de obtener apoyo internacional y así acusar al gobierno nacional de estar transgrediendo la carta democrática interamericana de la Organización de Estados Americanos (OEA), con lo cual se abrirían las puertas para que el imperialismo yanqui, el cual no reconoce al Presidente Nicolás Maduro, despliegue sus tropas y someta a nuestro país a un control directo, del mismo modo que el logrado en varias naciones del Medio Oriente, luego de haber desarrollado una permanente campaña mediática que condicionó la opinión pública internacional.

 Frente a este hecho que atenta abiertamente contra la soberanía nacional y pretende imponer el total desconocimiento de todos los poderes públicos por parte de los gobiernos de otras naciones, el pueblo venezolano y los sectores revolucionarios estamos obligados a activar de inmediato un plan de contingencia conjunto que minimice y neutralice de manera efectiva el plan desestabilizador montado por la oposición desde el año pasado, el cual se ha manifestado a través del desabastecimiento de varios productos, sobre todo alimenticios, y el desencadenamiento de acciones violentas que, hasta la fecha, han causado once muertes de ciudadanos a manos de los opositores, instigados por Henrique Capriles Radonski, manteniéndose impunes. Este plan incluiría, de ser posible, la activación de un boicot en contra de aquellas empresas que estarían propiciando dicho desabastecimiento, así como el control, seguimiento y decomiso de los productos de consumo masivo que estarían siendo acaparados por comerciantes inescrupulosos, incorporados al plan desestabilizador de la oposición, incluyendo a los minoristas que incurran en este tipo de delito.

 Esta situación, por otra parte, nos obliga a revisar también la gestión cumplida en algunas instituciones del Estado venezolano, puesto que la negligencia y la falta de compromiso revolucionario de quienes se hallan al frente de las mismas los convierte en cómplices de los planes de la oposición, como se ha evidenciado en el caso del servicio eléctrico, lo cual debe poner en práctica la contraloría social de parte de toda la ciudadanía, de los consejos comunales y otras formas organizativas revolucionarias del poder popular. A ello deben sumarse la militancia de todas las organizaciones partidistas que respaldan el proceso revolucionario bolivariano socialista, conformando un Estado Mayor revolucionario que sea capaz de advertir la naturaleza de la presente coyuntura política y de orientar adecuadamente a los sectores populares en la defensa de la constitucionalidad y de la seguridad alimentaria, actualmente vulneradas por los grupos políticos y empresariales de la oposición que con esto reeditan la estrategia aplicada en 2002 que culminó en el derrocamiento del Presidente Hugo Chávez, contando para ello con la complicidad de los mismos poderes extranjeros que ahora invocan para legitimar su malsana ambición de poder, sin importarles en modo alguno los intereses ni la voluntad soberana del pueblo venezolano.-

 

MENSAJE QUE QUIZÁS LLEGUE A LEER NICOLÁS MADURO

MENSAJE QUE QUIZÁS LLEGUE A LEER NICOLÁS MADURO

Con tantas evidencias a la mano, a alguna gente “ingenua” aún le sorprende que los diversos factores opositores en Venezuela continúen campantes en su propósito único de desestabilizar el país y, cual fruto a punto de caer del árbol, adueñarse del poder. Esta situación consuetudinaria ha terminado por legitimar todas las tretas utilizadas por la oposición, incluyendo las acciones vandálicas que, de vez en cuando, protagoniza en algunas localidades del país, aparentando luego ser víctimas del acoso y de la represión desplegados por el gobierno chavista, contando para ello con la complicidad de varias empresas informativas que optan por presentar sólo la versión que favorezca sus fines contrarrevolucionarios.

Se reproducen así los mismos discursos y los mismos personeros opositores en radio, prensa y televisión, echando mano a un guión preconcebido, con asesoría irrefutable de la USAID estadounidense, tratando de repetir en Venezuela lo logrado en algunos países de Europa oriental mediante las llamadas revoluciones de colores. De esta forma, lejos de resaltar alguna verdad posible sobre sus intenciones “democráticas”, al igual que los sucesivos gobiernos gringos con los cuales ha tenido que lidiar el proceso revolucionario bolivariano socialista desde sus inicios, promueve mentiras recurrentes que apoyen su agenda oculta. Por lo demás, hasta ahora muchos de los dirigentes chavistas han subestimado irresponsablemente la habilidad de la oposición para captar a quienes, por diversidad de causas, ya no quieren apoyar al proceso revolucionario bolivariano socialista, especialmente luego del fallecimiento de su máximo líder, como también la injerencia de poderes extranjeros en la ejecución de sus planes desestabilizadores. Con esta displicencia, tales dirigentes le están abriendo las puertas a la conspiración, confiando quizás en que, como en 2002, el pueblo saldrá a las calles a derrotar, otra vez, al fascismo opositor; cuestión que no pudiera suceder, dada la ausencia del Comandante Chávez.

Ante esta situación evidentemente desestabilizadora, con un desconocimiento en marcha de todos los poderes del Estado venezolano, al gobierno de Nicolás Maduro no le queda más alternativa que activar los mecanismos legales que limite, sancione y haga desistir a la oposición de sus propósitos anticonstitucionales. En ningún caso podría confiar en obtener un diálogo sincero con los personeros opositores que garantice, de alguna forma, la paz democrática en todo el territorio nacional. Sería de ilusos creer que esto sería posible. La única manera de alcanzarla es renunciando al legado histórico de Hugo Chávez, revirtiendo todos los cambios alcanzados en materia política, social y política que han beneficiado ampliamente a los sectores populares, y reeditar el Pacto de Punto Fijo con unos nuevos actores políticos y empresariales, marginando nuevamente al pueblo venezolano. Lo otro es acelerar el avance revolucionario del poder popular, siendo éste -por demás- la mejor garantía para la continuidad adecuada del proceso revolucionario bolivariano socialista y la opción que habría preferido el Presidente Chávez, antes que sucumbir al chantaje de la oligarquía.-     

LA VOLUNTAD “PACÍFICA, CRISTIANA Y DEMOCRÁTICA” DE LA OPOSICIÓN

LA VOLUNTAD “PACÍFICA, CRISTIANA Y DEMOCRÁTICA” DE LA OPOSICIÓN

 
Le guste o no a la oposición derechista encabezada por Henrique Capriles Radonski, la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano se expresó a favor de Nicolás Maduro Moros en la elección presidencial del 14 de abril de 2013. Esto no lo podrá cambiar jamás, así genere actos de vandalismo, muertes y agresiones de todo tipo que pudieran desembocar, eventualmente, en un cruento golpe de Estado, tal como ocurriera hace once años atrás contra el Presidente Hugo Chávez Frías. Así, desde el instante que el Consejo Nacional Electoral emitiera el boletín de los resultados electorales, la oposición derechista ha demostrado un patrón de conducta reñido con los ideales que afirma defender, ya que sus objetivos inmediatos de agresión lo han constituido los Centros de Diagnóstico Integral (CDI), en donde personal cubano presta servicios médicos, y los Mercados de Alimentos (Mercal); siendo éstos destinados a la atención de los sectores populares de limitados recursos económicos. El colmo de esta situación desestabilizadora es que Capriles Radonski y sus seguidores han terminado por calificar a los chavistas de fascistas, violentos y mentirosos, utilizando los diferentes medios de información de su propiedad que difunden sin ningún pudor noticias tendenciosas, convirtiéndolos en una caja de resonancia sin mucha diferenciación.
 De igual manera, la telefonía celular e Internet se han visto inundados de rumores y mensajes abiertamente discriminatorios mediante los cuales se estimula el resentimiento y la violencia de opositores fanatizados que no han dudado en agredir y asesinar a militantes del chavismo en diversas localidades de Venezuela ante la indiferencia de sus dirigentes, sobre todo de Capriles Radonski, quienes han manejado un doble discurso ante la opinión pública, confiando en que sus prédicas lograrán el efecto largamente deseado: la caída del proceso revolucionario bolivariano.
 No obstante, la mayoría del pueblo venezolano ha mantenido una posición de defensa de su voluntad soberana. En muchos casos, se ha movilizado para resguardar los CDI, haciéndose presente en plazas y calles, demostrando un alto nivel de conciencia política revolucionaria frente a la cual se ha estrellado la provocación y la manipulación opositora. Asimismo, los anuncios hechos recientemente por el Presidente Nicolás Maduro Moros permiten confiar en que no quedará impune la ola de violencia y asesinatos generada por el mensaje desestabilizador de la oposición derechista. Ello contribuiría, sin duda, a restablecer la paz interrumpida y a resguardar la continuidad del hilo constitucional en Venezuela. Sin embargo, hay que acotar que -paralelamente a las medidas a tomar por el nuevo mandatario nacional para enfrentar la estrategia golpista de la oposición- éste debe proceder a una revisión, a una rectificación y a un reimpulso de lo que han sido los logros del proceso revolucionario bolivariano durante la gestión del Presidente Hugo Chávez Frías; especialmente tomando en cuenta las denuncias y las sugerencias de las organizaciones de base, más dispuestas éstas a profundizar y a ampliar dichos logros que el actual estamento gobernante chavista. En esto último radicaría su mayor éxito y la derrota definitiva del fascismo en el país.-