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¿CÓMO LOGRAR UN GENUINO PODER POPULAR?

¿CÓMO LOGRAR UN GENUINO PODER POPULAR?

De entrada hay que advertir (cuestión que ha de saber todo revolucionario que se aprecie como tal) que el verticalismo y la representatividad que caracterizan al Estado vigente, en sus distintos niveles, resultan inadecuados y opuestos a la existencia y accionar del poder popular, salvo que se entienda que éste deba ser un apéndice inerte, sin poder decisorio alguno, que se asiente en la vieja práctica del clientelismo político. Si es esto último lo que algunos denominan interesadamente poder popular, entonces el mismo ni es poder ni es popular, ya que sólo sirve para distorsionar el ejercicio de la democracia en su concepto más profundo y pleno; contribuyendo a consolidar la hegemonía de la clase dominante por medio de la satisfacción parcial de necesidades, bienes y servicios a cambio de votos, sin alterar en esencia el orden establecido.

Para que exista, por consiguiente, un poder popular genuino, éste ha de desarrollar primeramente unas nuevas formas organizativas y expresivas que correspondan a la idiosincrasia, las experiencias de lucha, la cultura y los intereses generales (sin obviar los particulares) de los sectores populares, de un modo pluralista y en contra de todo aquello que originó su insurgencia. Sin esta comprensión del porqué del poder popular no habrá avances significativos en lo que sería entonces la edificación de un nuevo modelo de sociedad basado en la toma de decisiones, la participación y el protagonismo directos del pueblo conscientemente organizado.

Desde luego, no es algo ilusorio plantearse –de manera audaz, desde abajo y al margen de las relaciones de poder tradicionalmente aceptadas hasta ahora por la humanidad en general- el forjamiento de una fuerza social y política genuinamente emancipadora, capaz de producir una ruptura creadora que contribuya a crear las bases objetivas y subjetivas de una sociedad de nuevo tipo, una nueva economía y un nuevo Estado, en los cuales se manifiesten en todo momento la horizontalidad y el interés colectivo, con sus dosis de inclusión y equidad social. Ciertamente, su forjamiento luce complicado y enfrenta diversidad de obstáculos aparentemente insalvables que, en algunos casos, desaniman a muchos que no poseen una conciencia revolucionaria fortalecida, habituados a responder de manera casi automática a los dogmas del poder tradicional en los mismos términos y prácticas que le dan vida. Para ello es preciso desprenderse de los patrones de comportamiento que nos inducen a aceptar como válidos, naturales e inevitables la hegemonía y privilegios que detentan las clases dominantes, tanto internas como externas, en un proceso de cuestionamiento continuo y profundo que facilite desentrañar cuáles son las razones objetivas que causan los males de la sociedad presente, como la pobreza, el desempleo, la explotación capitalista de los trabajadores, la contaminación ambiental, la dependencia económica y científico-tecnológica, las injusticias sociales y un largo etcétera que es necesario resolver por nuestro bien y de las generaciones futuras.

Cabe afirmar entonces que el poder popular tiene que hallar sus propios cauces de organización, de expresión y de legitimación. No puede vincularse a una directriz clientelar de una clase o casta gobernante, ni de un partido político determinado, que ven en él su tabla de salvación, haciéndole algunas concesiones simbólicas que no amenacen el poder que tienen en sus manos. Como alguna vez lo escribiera Roland Denis; “el papel de un gobierno es de posibilitar el protagonismo de las masas sin imponerle una dirección”. Esto supone, en consecuencia, que la espontaneidad del poder popular lo es respecto al Estado y las diferentes instancias que lo justifican, no así en relación con un proyecto de emancipación integral que debería estructurarse conscientemente, de manera que el mismo se concrete en un plazo razonable, sin que ello signifique convertirlo en una utopía permanente, difícilmente realizable.-

¡BOLÍVAR VIVE, NUESTRA LUCHA SIGUE!

¡BOLÍVAR VIVE, NUESTRA LUCHA SIGUE!

Para asegurar la independencia de medio continente, Simón Bolívar no escatimó esfuerzo alguno. A su innegable condición de conductor y estratega militar exitoso, se unían una férrea voluntad y una personalidad política fraguadas a través de su formación ideológica autodidacta, sus lecturas selectas, su reflexión acertada y su contacto directo con personas que pudieran ampliar y enriquecer su visión del mundo, incluyendo a aquellas que fueran sistemáticamente segregadas por el injusto sistema de castas impuesto por el régimen colonial español, cuyos brazos y corazones ansiosos de libertad hicieron posible la Patria nueva de América. En este esfuerzo interminable por construir un modelo de sociedad republicana que sirviera de luz a los pueblos de la Tierra, El Libertador visualizó que ello sería posible librando más batallas contra el colonialismo heredado, implementando una nueva concepción educativa, cuyos fundamentos básicos exaltaran los valores que constituirían siempre la conciencia republicana y/o ciudadana de todos y todas, de modo que ya no existiera ninguna desigualdad ni privilegios basados en el color de la piel, la condición económica ni el lugar de origen.

 Todo esto, a la larga, tendría que materializarse en la conformación de una gran nación que -a diferencia de las ex colonias británicas al norte de nuestro continente, lo mismo que de Europa, pese a lo iniciado por los franceses en 1789- se destacara más por sus virtudes cívicas y demócratas que por la extensión de su territorio y sus grandes riquezas materiales, en donde cualquier hombre y mujer vivieran realmente en libertad, “buscando sólo el mérito”, según lo expresara el mismo Libertador. En tal sentido, a esto último habría que agregar lo que afirmara el Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa de este insigne caraqueño respecto a que éste “pensó en un hombre moral, capaz de hacer justicia y de pedirla para los otros, soldado de la libertad, respetuoso de la ley y amante de la Patria, es decir, el ciudadano completo”. Con ello siempre en mente, Bolívar veía en una educación popular ampliamente extendida y sustentada en la idiosincrasia del pueblo la vía más que adecuada para alcanzar realmente la independencia integral de nuestra América.

 Por eso mismo, “ese Bolívar ilustrado, librepensador, activo, fecundo, curioso, insatisfecho, inagotable -al decir del poeta Gustavo Pereira en su obra “Simón Bolívar, escritos anticolonialistas”- no había asumido la lucha emancipadora suramericana cual simple y pura rebelión para cambiar las formas. A diferencia de los aristócratas mantuanos a los que por orígenes pertenecía, su compromiso es de transformación total, no sólo de la realidad política. Su postura ante el mundo es la de quien se sabe instrumento no de un deber -deber, más que mandato expreso de las masas populares desposeídas, incorporadas en gran medida durante los primeros años de la guerra a los ejércitos realistas- sino de acendrados ideales de ruptura de un orden, de sed de gloria justiciera, de aquel fuego sagrado que impulsaba su voluntad a contrapelo de decepciones y descalabros”. En esto radica su vigencia y su grandeza, por lo que Bolívar, el hombre diáfano y de las dificultades a quien tanto temen las oligarquías internas y externas de siempre, seguirá viviendo en nuestras luchas y nuestras esperanzas revolucionarias de construir un mundo cada vez mejor que el actualmente existente.-  

LAS TRES R Y LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

LAS TRES R Y LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

Las recientes detenciones de funcionarios de relieve de diferentes organismos públicos nacionales, acusados de incurrir en hechos de corrupción administrativa, deben estimular entre los sectores revolucionarios la necesidad de acompañar activamente al Presidente Nicolás Maduro en la lucha frontal contra tal flagelo, independientemente de la jerarquía y de la militancia partidista que tengan quienes deban ser investigados por este delito contra el patrimonio público. Se trata entonces de articular esfuerzos que hagan realidad la unidad del pueblo organizado y el gobierno, a fin de detectar los posibles focos de corrupción que existan en las diferentes Misiones sociales y en cualquier instancia gubernamental, sobre todo, considerando el estilo de vida adoptado por aquellos que se dicen revolucionarios, pero actúan como un burgués común y corriente.

Hace falta, por tanto, retomar las tres R (revisión, rectificación y reimpulso) que propusiera en su momento el Comandante Hugo Chávez, de manera que se produzca una mayor efectividad en el combate a la corrupción, tal como se desprende de lo realizado hasta ahora por el Presidente Maduro Moros, sin limitarse a la difusión de chismes o rumores infundados, sino entablando una verdadera batalla por el adecentamiento del proceso revolucionario bolivariano socialista, de modo que no existan más obstáculos en su profundización y consolidación. Al respecto, se debe recordar que, precisamente, el desborde de la corrupción administrativa de los gobiernos conservadores de AD y COPEI fue una de las causas que originaron y justificaron las dos insurrecciones cívico-militares de 1992, por lo que en la actualidad ésta representaría una grave amenaza que, si no se contiene a tiempo, afectaría seriamente la estabilidad democrática de Venezuela.

Es así que se requiere promover -en todo nivel y en todo momento- una contraloría social que someta a revisión exhaustiva a todas las instituciones públicas (sean municipales, regionales y/o locales), de manera que se genere una amplia confianza respecto al estricto cumplimiento de las leyes, como también en lo relacionado con la viabilidad, el avance y la consolidación del proyecto revolucionario bolivariano socialista. De ahí que resulte imprescindible para ello que los diversos sectores populares revolucionarios asuman sin temor ni condicionamientos de ningún tipo el protagonismo en la lucha contra este comportamiento asocial y contrarrevolucionario, aplicándole todo el rigor de las leyes venezolanas a quienes caigan en él, incluyendo el decomiso inmediato de los bienes y dinero mal habidos, tanto los que se hallan a su nombre como de sus familiares inmediatos.-

EE.UU. Y “SU” RESPETO AL DERECHO INTERNACIONAL

EE.UU. Y “SU” RESPETO AL DERECHO INTERNACIONAL

Prácticamente desde su nacimiento como nación, Estados Unidos se atribuyó un “destino manifiesto” sobre las demás naciones del mundo, comenzando por sus vecinas ubicadas al sur de sus fronteras, a las cuales debía extender su “protección” y su obligación “civilizadora”, y cuya mezcolanza étnica justificaba entonces ser dominadas por quienes eran portadores de la sabiduría occidental. A partir de esta convicción supremacista, los diferentes inquilinos de la Casa Blanca han seguido invariablemente un mismo patrón de conducta imperialista, ordenando todo tipo de tropelías en contra de la autodeterminación de los pueblos, en un juego de ajedrez geopolítico que les garantice la hegemonía mundial, sin rivales que se la disputen. De esta forma, Estados Unidos ha tenido una injerencia -directa e indirecta- en los asuntos internos de muchos países considerados estratégicos para sus intereses económicos, políticos y militares, a tal grado de ordenar el asesinato de presidentes y dirigentes políticos “disidentes”, el desembarco de marines, golpes de Estado y bloqueos económicos (como ocurre desde hace largo tiempo con Cuba); todo ello enmarcado en “la defensa de la democracia y de la paz universal”, que es decir todo aquello que beneficie y consolide dichos intereses.

A todas estas acciones imperialistas se suma la interpretación unilateral que ha hecho Washington del derecho internacional en la actualidad -según su propia conveniencia-, incluyendo lo pertinente a la Convención de Ginebra y el respeto a los derechos humanos, sin tomar en cuenta la posición contraria de gobiernos, organismos multilaterales y la opinión pública mundial. Así, los gobiernos de George Bush (padre e hijo) y de Barack Obama han violentado las normas establecidas por la ONU, han desconocido la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y han fijado como fronteras de su país al planeta entero, contando para ello con sus secuaces de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en lo que fácilmente podría catalogarse de actos de piratería internacional, además de representar una vuelta al colonialismo que los mismos protagonizaran en el pasado en África, Asia y nuestra América, exterminando a sus pueblos aborígenes y saqueando sus riquezas.

De ahí que no extrañe nada las medidas de coerción y control que ahora pretende aplicar la corporación gobernante estadounidense a escala planetaria, las cuales deben aceptarse sumisa e incondicionalmente, bajo pena de ser castigados, en una u otra forma. Por eso, lo sucedido a sus propios ciudadanos (exacerbando el miedo atávico a un enemigo externo incivilizado,  e inculcado sistemáticamente a través de los diversos medios de información), ahora EE.UU. lo aplica a todos los continentes, creando una amplia red de espionaje (sin respeto a la intimidad de los hogares) y de chantajes políticos que explica -en parte- ese silencio cómplice que rodea todas sus acciones de terrorismo de Estado; todo esto en una cruzada neocolonialista, injerencista e imperialista que es preciso denunciar y enfrentar en todo momento, si se quiere preservar todavía lo más sagrado para cada persona y cada pueblo: su libertad integral.-

LA ESCISIÓN DE HUGO CHÁVEZ

LA ESCISIÓN DE HUGO CHÁVEZ

En Venezuela vuelve a ocurrir un fenómeno social que ha sido recurrente a lo largo de su historia y que, en muchos casos, tiene sus coincidencias con otros que tienen lugar en diferentes tierras de nuestra América. Esta vez, tal fenómeno se centra en la personalidad y obra de un militar singular, preconizador de un nuevo tipo de socialismo para el siglo XXI y que trascendió toda frontera: Hugo Rafael Chávez Frías. Ciertamente, en torno al Comandante y Presidente Chávez se ha originado una situación análoga a la suscitada respecto a algunos de los íconos de la fe católica, como Jesús de Nazaret, Santa Bárbara o el doctor José Gregorio Hernández, escindidos entre el culto oficial decretado por la jerarquía eclesiástica y el culto profesado a su modo por los amplios sectores populares, quienes depositan en ellos sus esperanzas en una especie de trueque ingenuo en el cual se funden -sin contradicción aparente- divino y lo terrenal, en una relación íntima que podría calificarse de amistosa y/o familiar.

Esta situación escasamente explorada se pone de manifiesto en lo que Chávez significa o representa para quienes han usufructuado el poder bajo su liderazgo carismático mientras que el pueblo lo hace parte importante de sus luchas y anhelos de redención social, del mismo que ya lo hiciera con el Libertador Simón Bolívar. Esta escisión de Hugo Chávez, en uno de signo gubernamental (legitimador éste de la posición de poder y/o de dirección política de quienes se consideran, con o sin razón legítima, sus herederos directos e indirectos) y otro de raigambre popular (con su discurso frontalmente subversivo y altamente cuestionador del burocratismo, la corrupción y la ineficiencia presentes en las diversas estructuras que conforman el Estado burgués-liberal actual), pudiera verse paradójico y hasta contraproducente en vista del aparente avance logrado por la contrarrevolución en la recién finalizada elección presidencial.

Sin embargo, la misma refleja -de una u otra forma- la diversidad ideológica que caracteriza al chavismo, entendiéndolo como una corriente política que amalgama, sin jerarquías especificas ni contradictorias, lo más resaltado del pensamiento revolucionario, ligando en un todo a Jesucristo, Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora, Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Lenin, León Trostky, Rosa Luxemburgo, Mao Tse-Tung, José Carlos Mariátegui, Che Guevara y otros tantos luchadores y pensadores socialistas, extendiéndose a los aportes que pudieran extraerse de nuestras comunidades indígenas y de nuestra africanidad; en un crisol de ideas y vivencias sobre el cual se erige la construcción de un proyecto revolucionario socialista, cuyo eje central es la participación y el protagonismo de los sectores populares. No obstante, habrá que alertar sobre la posibilidad que a Hugo Chávez le sobrevenga una muerte segunda, producto de esta escisión, de no ser trascendida su figura emblemática por los cambios políticos, económicos y sociales impulsados en primer plano por el pueblo al que dedicó gran parte de su vida. De esta manera, se le evitará el triste destino de muchos que sólo son recordados cada cierto tiempo, pero que -en cuanto a su ejemplo e ideales revolucionarios- son ignorados prácticamente. Esto último pudiera evitarse, ubicando a Chávez en su justa dimensión en la historia común de las luchas populares. En este caso, el pueblo tendrá -como se dice- la última palabra.

La necesidad de la coherencia entre la praxis y el discurso revolucionario

La necesidad de la coherencia entre la praxis y el discurso revolucionario

Dentro del chavismo se debe observar y obtener una coherencia real entre la praxis y el discurso revolucionarios, puesto que muchos de los actuales actores políticos usufructuarios del poder constituido tendrían que ser relevados necesariamente de sus funciones en vista que los mismos no han contribuido en nada en hacer realidad la revolución bolivariana socialista, tal como lo ha esperado la amplia mayoría del pueblo venezolano y lo predicó siempre su primer impulsor, el Comandante Hugo Chávez Frías.

Precisamente, ahora que hay en perspectiva unas elecciones de alcaldes y de concejales el 8 de diciembre de este año, se presta la ocasión para producir lo que resultaría ser una revolución en la revolución que le dé al proceso revolucionario bolivariano socialista una verdadera vanguardia revolucionaria en lugar de la caterva de demagogos, oportunistas y adeco-copeyanos convertidos de la noche a la mañana en todos unos revolucionarios, cuyos máximos ideales se resumen en la obtención de cargos públicos a través de los cuales enriquecerse sin mucho esfuerzo, como cualquier capitalista. De ahí que la selección de candidatos a alcaldes y concejales no pueda ni deba basarse nada más que en la amistad o la simpatía se le profese a algunos compañeros, ya sean del PSUV u otro partido político chavista, o porque -sencillamente- haya la obligación de devolver un favor concedido, cuando lo propio de un revolucionario es apelar a sus convicciones revolucionarias para calibrar si quienes aspiran a estos cargos de elección popular corresponden o no a la necesidad insoslayable de concretar el sueño de Chávez de darle poder al pueblo y construir realmente el socialismo revolucionario bolivariano.

En este último aspecto, hay que recordar que la migración de una importante cuota de votos chavistas y/o pro-chavistas al bando opositor fue consecuencia directa de la corrupción, la inconsistencia ideológica y la negligencia indiscutible de quienes están enchufados en muchas de las instituciones del Estado, disfrazados de revolucionarios, cuestión que pudiera revertirse favorablemente si hay una mejor disposición política de las bases del chavismo por lograrlo. De igual forma, la presente coyuntura (en la cual se proyecta una estrategia abiertamente hostil y desestabilizadora de parte del sector más derechista de la oposición con evidente apoyo extranjero) obliga a todos los revolucionarios a estar alertas ante las ofertas engañosas de aquellos que son chavistas por conveniencia, puesto que son tan enemigos del proceso revolucionario bolivariano socialista como quienes buscan su total destrucción. Esto implica, en consecuencia, que los revolucionarios deben encabezar una defensa consciente de este proceso de cambios revolucionarios más que desesperarse por favorecer a un determinado candidato a las elecciones municipales de diciembre próximo (a menos que el mismo asuma un compromiso verificable y franco de hacer posible la revolución bolivariana socialista y el activismo protagónico del poder popular en el desarrollo de su plan de gestión de gobierno), aunque muchos de los enchufados se esfuercen por impedirlo.-

DEL GRAN POLO PATRIÓTICO AL PODER PATRIÓTICO CONSTITUYENTE

DEL GRAN POLO PATRIÓTICO AL PODER PATRIÓTICO CONSTITUYENTE

El Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) debiera convertirse con el tiempo -si es que los diversos factores políticos que lo conforman no frustran y desvían su propósito original- en un poder patriótico constituyente, al modo como el Presidente Hugo Chávez lo instaló en Caracas el 4 de enero de 1999, con la responsabilidad de motorizar, coordinar, promover e impulsar el proceso constituyente que abarcase todos los sectores sociales del país. Mediante su decidida activación, los cinco objetivos históricos que integran el Plan de la Patria heredado de Chávez -sumados a las iniciativas asumidas por el gobierno de Nicolás Maduro para saldar la deuda social existente aún en Venezuela- tendrán una mayor fortaleza y mejores posibilidades de cumplirse al trascenderse su marco meramente institucional y trocarse en herramientas de alto contenido político e ideológico para el avance revolucionario socialista en este país bolivariano.

 De esta forma, el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPP-SB) dejaría de ser un botín harto apetecido por las organizaciones político-partidistas del chavismo para obtener ciertas prebendas y nominaciones candidaturales para las elecciones venideras. En vez de ello, es fundamental que todos los frentes y movimientos sociales revolucionarios adscritos al GPP-SB comprendan que su participación, protagonismo y autonomía resultan imprescindibles en el diseño, debate, ejecución, control y seguimiento de las diferentes políticas públicas que se lleven a cabo en los niveles de gobierno locales, regionales y nacionales con la finalidad de darle continuidad y solidez al proceso revolucionario socialista bolivariano. En consecuencia, cada uno de estos frentes y movimientos sociales revolucionarios tendrían una misión cardinal que cumplir, sin limitarse a un simple respaldo al Presidente Maduro, siendo actores pasivos, puesto que su visión particular respecto a la realidad venezolana actual contribuiría en mucho a definir de modo más amplio y democrático lo que deba hacerse para conseguir definitivamente la transición al socialismo revolucionario.

 Esto es más que necesario, en vista de mantenerse todavía vigentes las viejas estructuras del Estado burgués-liberal, con todas sus trabas burocrático-representativas que obstruyen, limitan e invisiblizan el protagonismo, la participación, la independencia y la organización revolucionaria de los sectores populares. Esta situación tiene que ser revertida, ya que -de mantenerse intacta- sería inevitable que los grupos de la reacción sigan consiguiendo más niveles de aceptación entre la ciudadanía resentida por la negligencia gubernamental, viéndose frustrada e impotente ante lo que muchos vienen cuestionando (incluso Chávez) desde hace algún tiempo.

 Por todo lo anterior, quienes integran el GPP-SB no deben dejar pasar la oportunidad brindada por el Presidente Maduro de ser co-partícipes de su gobierno, ejerciendo una contraloría social suficientemente objetiva y audaz, además de elaborar propuestas viables que beneficien la conformación de un poder popular realmente revolucionario y socialista. Todo ello en consonancia con la necesidad impostergable de darle vida y espacios adecuados (en lo subjetivo y en lo objetivo) a un poder patriótico constituyente, a fin de satisfacer las expectativas populares y trascender el legado del Comandante Hugo Chávez Frías.-

 

EL DESDÉN IMPERIAL Y LA LUCHA COMÚN DE NUESTROS PUEBLOS

EL DESDÉN IMPERIAL Y LA LUCHA COMÚN DE NUESTROS PUEBLOS

Con infinito cinismo y desdén imperial, los gobiernos que han regido Estados Unidos, sobre todo los de las dos últimas décadas, regularmente dan a conocer una lista en la cual condenan a naciones y gobiernos que estarían (aparentemente) patrocinando y/o respaldando la violación sistemática de los derechos humanos, la impunidad del terrorismo internacional y el tráfico ilícito de drogas; en una especie de chantaje que siempre obvia los múltiples desmanes cometidos dentro y fuera por los propios Estados Unidos.

Como lo cita Yldefonso Finol en su libro La falacia imperialista de los derechos humanos: “Bajo el cobijo de la promoción de los valores de la civilización occidental, Estados Unidos, erigido en ejemplo y paradigma de la libertad, ha desarrollado una política exterior, cuyo emblema discursivo ha sido la democracia. Han variado muchas cosas, los estilos, los mecanismos, pero lo que se ha mantenido inmutable es la creencia estadounidense del ‘destino manifiesto’; es decir, el derecho que se atribuyen de dirigir el destino de todo un continente. El argumento de los derechos humanos cae a pelo a esta práctica y se trasmuta en falacia mayúscula ante los horrendos saldos cosechados”. Ahora mismo, esta falacia le sirve al imperialismo gringo para desplegar sus tropas en cualquier parte del planeta, contando con la complicidad de sus socios agrupados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Así, bajo la excusa de preservar la paz mundial, los gobiernos yanquis han creado matrices de opinión que se repiten cada cierto tiempo que legitiman lo que será mañana noticia de primera plana, esto es, la invasión militar a algún país considerado disidente o una potencial amenaza, tal como ocurriera con Afganistán (afirmando que era albergue de las presuntas células musulmanas terroristas que destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York), Iraq (acusando a Saddam Hussein de poseer un cuantioso e inexistente arsenal de armas de destrucción masiva), Libia (atribuyéndole a Muammar al-Gaddafi haber emprendido masacres contra su pueblo desarmado) y, últimamente, Siria (esgrimiendo que allí hay una tiranía que el pueblo sirio aspira sacudirse a través de las armas).

Sin embargo, al escrutar objetivamente las consecuencias de tales intervenciones, salta a la vista que las mismas siempre benefician los intereses económicos y geoestratégicos de Washington; quedando, por su parte, los países víctimas devastados o en peores condiciones a las supuestamente padecidas antes que ello ocurriera. Esta realidad -ocultada, minimizada y tergiversada sistemáticamente por las grandes empresas de la información- ha situado a los pueblos del mundo ante el dilema de sucumbir ante la nueva barbarie representada por Estados Unidos y sus socios europeos, o, por el contrario, luchar denodadamente por preservar su identidad cultural, sus recursos naturales y su soberanía, para lo cual será ineludible que se planteen a sí mismos la necesidad de la integración en bloques regionales, al modo de la UNASUR, la ALBA-TCP y la CELAC, promovidas desde Venezuela por el Presidente Hugo Chávez. De esta forma, la resistencia a las intenciones neocolonialistas e imperialistas estadounidenses y europeas se estrellarían, una a una, ante un muro de contención eficaz, cuyo soporte principal será la organización y la conciencia humanista, pluralista y democrática de nuestros pueblos, unidos siempre en un mismo objetivo y en una misma acción colectiva.